Se me ha hecho tarde: decidí romper el divague de Easter en dos y el mundo va tan rápido que ya nadie se acuerda de esos días; ni siquiera los que estuvieron en Lanzarote (¿por qué todo el mundo ha ido a esta isla estas fiestas?). Yo sí, aún me acuerdo de ese puente de cuatro días que al final fue hasta soleado, y el martes me costó horrores volver a trabajar: un par de noches antes ya soñaba con excels y con FP10s, todos verdes como ambos son. Verde que te quiero. Verde.
Pero las cuatro cosas que quería contar siguen en mi cabeza -y eso que también está el libro que terminé en un atracón ayer y del que tengo muchas ganas de escribir.
Cristina García Rodero: "España Oculta"
Escuchar la voz de esta fotógrafa enorme es como escuchar la de una jovencita a la que quieres dar un abrazo. Cada vez que la he oído en entrevistas me ha dado mucha ternura, tanto en la forma como en el fondo. La primera edición de su clásico "España Oculta" salió en 1989 y se convirtió en un libro de culto. Si lo buscabas por internet, alcanzaba precios como £1600. Pero el 2024 ha sido reeditado y ahí lo he comprado yo, claro.
No todas son de penitentes, pero sí que recoge una España rural entre 1974 y 1989, en la que vía sus fiestas y rituales nos recuerda de dónde venimos. Personalmente, quería hacerme con este libro sobre todo para verlo con Mini, porque para ella esto iba a ser (como de hecho ha sido) descubrir otro planeta. Ya se encuentra con otro país cada vez que vamos por la península de vacaciones -otro país que le gusta-, pero estas fotos hablan de una sociedad pobre, inculta, supersticiosa, gente que tiene miedo a la vez que disfruta mucho. El otro día le dimos una pasada juntas y jugué a mi test diagnóstico de lo que hace buena a una foto: el tiempo que te paras a mirarla. Y Mini, impaciente en casi todo, pasaba las páginas despacio: García Rodero, un triunfo. Para más, aquí.
Cómo la lectura nos ha hecho quienes somos [How reading made us]
James Marriott, periodista de The Times, ha escrito un libro que se publicará en junio titulado "The New Dark Ages. The End of Reading and the Dawn of a Post-Literate Society" ["Los nuevos Años Oscuros*. El fin de la lectura y el advenimiento de una sociedad posalfabetizada"] y lo que puede significar eso es tan deprimente.
(*) La Era/Años Oscuros no es una expresión que se use mucho en castellano -que yo sepa- pero las Dark Ages sí que se usa en inglés, y se refiere a esa época tras la caída del Imperio romano entre el SV y el SX, otros dicen el SXV.
Marriott acaba de grabar un podcast con la BBC sobre el tema que recomiendo mucho. Es espeluznante lo que se nos viene si dejamos de leer como sociedad. Según Marriott, cada vez lee menos gente [¿pero no proliferaron las librerías en la pandemia?]. Incluso en las universidades, los alumnos no pueden leer clásicos que se consideraban obligatorios y los profesores han tirado la toalla, porque incluso ellos notan que no leen igual. Nos han cambiado el cerebro.
Anécdota [sin la que pueden vivir perfectamente]: yo leo en la cama un ratito por la mañana con el teléfono al lado y por la noche sin él. Ambas lecturas tienen beneficios y problemas: con el teléfono busco palabras que generalmente entiendo pero quiero el matiz o saber cómo se dirían en castellano porque no me salen, o algunas que directamente no entiendo. Por la noche, sin él, sigo adelante sin buscarlas porque sigo entendiendo el texto. Con el teléfono, enriquezco la lectura con "hiperenlaces" (busco localizaciones o lo que surja); sin él, leo como siempre se ha leído.
"Las pantallas" se lo están comiendo todo. Personalmente [oh dear, disculpas, otra anécdota!], cuando me di cuenta de lo que hacían ciertas redes sociales -las algorítmicas- en mi cabeza, me las quité: nunca tuve Tiktok pero ya he dicho otras veces que Instagram, aquello que empecé para mirar fotos, se ha convertido en Lo Peor. Si alguna vez alguien me envía un enlace a IG, tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no "scrolear" o me quedo 20 minutos. Tiempo que se pasa volando, en el que crees que aprendes cosas importantes, pero que luego te das cuenta de que solo ha hecho "entretenerte". Imagino lo que será esto para los chavales, su cerebro, que está frito ya, como lo está el nuestro. Este tipo de redes sociales están diseñadas con el único objetivo de secuestrar nuestra atención [recordemos el mantra: "cuando algo es gratis, tú eres el producto"] y con ella nuestro tiempo y por ello las hacen adictivas. El punto final es, como siempre, que compremos algo [sea objeto o "experiencia"] o tenernos adormecidos.
Volvamos a Marriott [sin esto sí que no pueden vivir]: la lectura fue esencial para crear la democracia y lo será para mantenerlas: los ciudadanos necesitan entender conceptos complejos en profundidad para no dejarse dominar por tiranos. Nos estamos arriesgando a caer en el tribalismo y el caos de las sociedades pre-lectura. En el podcast, Marriott entrevista a Stephen Pinker, el psicólogo y psicolinguista canadiense y he aprendido cosas muy interesantes:
1. La lectura como artilugio de la empatía
Nuestros antepasados llevaban a los niños a la plaza pública a disfrutar espectáculos tipo cómo se evisceraba a reos, o les machacaban los miembros hasta que morían de hemorragia. ¿Qué era diferente en las mentes de esas personas de las nuestras de las que nos separa unos siglos?
Pinker habla de la segunda mitad del SXVIII, con la Ilustración, en la que algunas de esas costumbres atroces -e.g. formas sádicas de castigo y pena capital, la esclavitud- fueron abolidas. Esta todavía no es la época en la que dejó de haber enorme pobreza -que llegó en la segunda mitad del SXIX con la Revolución Industrial- , así que solo la [relativa] abundancia no puede ser la explicación. Sabemos que la imprenta se inventó en el SXV, pero la tecnología que permitió que el papel y el imprimir fueran más baratos y por tanto accesibles no llegó hasta esa segunda mitad del SXVIII, junto con un incremento de la alfabetización que en algunos países occidentales llegó al 50%. La teoría de Pinker es que es muy plausible que el hecho de que mucha gente comenzó a consumir novelas en esa época tuvo un impacto en su empatía porque, al final, ¿qué es leer sino meterte en la cabeza del otro? La lectura es un "artilugio para la empatía".
2. La empatía de la lectura vs. la de las imágenes
Y aunque también nos emocionamos con las películas, y puedan funcionar como otro artilugio pro-empatía, nunca te vas a meter en la cabeza del personaje como en un libro que va únicamente de eso. Ves sus comportamientos, no tus pensamientos.
3. Manipular con imágenes es mucho más fácil
Las imágenes nos llegan muy bien, pero si me vieras hablando de todo esto en un video, establecerías un montón de conclusiones sobre mí por mi imagen, la manera cómo me expreso, lo que tengo detrás [elegiría una estantería forrada de libros para hacerte creer que soy intelestuá, claro] y suma y sigue. Aquí, en el blog, únicamente tienes mis ideas. Algunas te tocarán, otras no, con algunas estarás de acuerdo, con otras nada, con las de más allá, parcialmente. Pero hay que hacer un esfuerzo extra para entrar en algo escrito. Por escrito, tienes que exponer tus argumentos, desarrollar ideas y persuadir al lector de lo que sea.
Las pantallas son un vehículo perfecto para mostrar tu personalidad. Por eso un influencer carismático puede arrastrar a gente menos sofisticada en poco tiempo; en esos casos ocurre aquello del "culto a la personalidad". Las imágenes son muy poderosas sin falta de profundizar: recordemos el documental de propaganda nazi de Leni Riefenstahl (El triunfo de la voluntad, 1935), críticos dicen que el "mejor de la historia en su género", que hizo seguro mucho más por el nazismo que el "Mein Kampf".
El medio es el mensaje, como dijo McLuhan y sigue aplicándose hoy en día: el medio da forma a nuestra percepción más que el contenido. Un artículo —o entrada de blog— de 4000 palabras es otra cosa que un video de unos segundos. Y parece que todo está terminando en eso: videos cortos son todo lo que mira la gente en el metro obnubilada. ¿Alguien recuerda la premisa de "Infinite Jest" de DFW? La gente moría sentada frente a la tele viendo un video que no podían dejar. Menudo visionario David.
Dejar de usar ChatGPT [QuitGPT]
Y ya que estoy con esto del boicot a las redes algorítmicas, dos por el precio de uno, os voy a intentar vender el boicot a ChatGPT. Hay otras IAs, simplemente usa otras. Que sí, que también tendrán sus manos manchadas de sangre, pero por algo hay que empezar y está demostradísimo que las campañas de boicot enfocadas contra una empresa particular tienen un poder increíble.
Todo esto te lo cuenta Rutger Bregman, que ya ha salido varias veces en el divlog en este artículo de The Guardian o en este podcast. Cuatro millones de personas nos hemos unido al boicot. ¿Algunas de las razones? El presidente de OpenAI donó 25m de dólares a la campaña del Boniato que grita "crazy bastards", su compañía está ayudando con las deportaciones de inmigrantes, y mucho más. Deja de usarlo. Ya.
Y, en serio, ya debo dar por finalizado el puente de Easter, por lo que me despido con algunas fotos tomadas en algunos de mis paseos con bici por la city.
1. Esto es Crystal Palace, un barrio donde pusieron el ídem tras la Expo Universal de 1851, pero que se quemó en 1936 [ya se sabe, el UK y el fuego]. Está en una de las colinas de Londinium y fui la Presidenta de la República [que no Reina] de la Montaña ese día. #hardwork.
2. Esto es Redcross Gardens, unos jardines secretos ya veis cerca de dónde, que descubrí gracias a un libro que le robé a la divaganta R. un día que fui a su casa, titulado "Quiet Londinium".








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