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15 enero 2026

"El fin de la novela de amor" de Vivian Gornick o cómo parir un divague imposible

Comparto mi dilema: no tengo ni idea de cómo divagar sobre "The end of the novel of love" ("El fin de la novela de amor"). O sea, normalmente, leo un libro y doy mi opinión, pero esto es un conjunto de ensayos de crítica literaria donde Vivian Gornick da su opinión. ¿Qué voy a hacer? ¿Opinión de la opinión? ¿Metaopinión?


Y no porque no la tenga, claro: Gornick es judía neoyorkina -como demostró sobradamente en "Apegos feroces"- luego tiene mucho boletos para estar adscrita a la charanga psicoanalítica. Si a ello le sumamos el hecho de que la crítica literaria frecuentemente cojea por ese lado (críticos: os pierdo el respeto cuando vais por ahí), tenemos que bastantes veces la amiga Gornick disecciona un texto desde esos parámetros. 

Esto no se lo he comprado, pero otras cosas sí. Además, he sacado un montón de referencias para otras lecturas, así que, aunque sea para que no se me olvide, me he dicho: venga, escribe algo breve. Allá voy. 

La premisa de Gornick es que si el amor romántico sirvió durante más de un siglo como metáfora para explicar el auto-entendimiento, hoy en día (fue publicado en 1997, o sea en 2026 mucho menos) ya no sirve. El enamorarse -y por supuesto, el matrimonio, esa institución - ya no son esos caminos para encontrarte a ti mism@: chic@s, hay que currárselo. En tiempos en los que algunos nos tratan de devolver a esa historia de miedo -las "trad wives" lo llaman- , es interesante leer cómo en la literatura se llegó a la conclusión que llega la autora. Porque según el análisis de Gornick, no se pasó de "el amor os hará libres" (vía el ser esclavas) a "una mujer necesita una habitación propia" directamente, sin dar tumbos, sin autor@s confundid@s: esto fue un viaje.

El libro está estructurado en ensayos separados que hablan de un autor, de una obra o de un tema en el que mete a varios autores.  A algunos los conozco y hay otros que desconocía. No voy a entrar en todos: de algunos pondré solo una cita, en otros ni entraré.  

La mujer para quien el amor solo ya no es suficiente
Este es el primer capítulo, y habla de un autor que yo no conocía. George Meredith escribió "Diana of the crossways", el mejor ejemplo de una "mujer que quiere libertad, sexo, un rol en la vida pública, reconocimiento intelectual", pero la sociedad en la que vive interpreta su independencia como inestabilidad mental, así que finalmente tiene que ser de alguna manera humillada. Gornick piensa que el autor ve el problema -Diana pide algo más a la vida-, pero no sabe solucionarlo en la novela.  

En este primer ensayo también habla de otros clásicos que empujan un poco más: "The house of mirth", de Edith Wharton y "Daniel Deronda", de George Eliot. Tampoco los he leído y ambos me apetecen.  La mejor frase de este ensayo es la cita de Meredith:
"By resisting, I made him a tyrant; by insisting, he made me a a rebel" ("Resistiéndome, le hice un tirano; insistiendo, me hizo una rebelde")
Clover Adams
La define como "la primera salonista", porque su conversación la hacía "la persona más interesante de la habitación" (hoy hay hasta libros titulados así...). Estaba casada con un tal Henry Adams (hijo y nieto de presidentes de US), y formaban un matrimonio que parecía perfecto. Un buen día, sin que nadie lo sospechara -meses antes había escrito cartas en las que quedaba clara su pasión por la vida-, se bebió una botella de cianuro. Esto lanzaba un mensaje al mundo de que había una parte de ella, la oscura, que nadie conocía. A su viudo no le hizo ninguna gracia, actuó como si ella no hubiera pasado por su vida: no la incluyó en su autobiografía, por ejemplo. Me encanta que el aburrimiento puede ser peligroso: mujeres asqueadas en sus salones, acaban haciendo esas cosas que los maridos ni el mundo esperan. Cuidado con el aburrimiento,  tradwives. 
"In winter 1883, she had become dangerously bored. Everybody and everything were tiresome to her". (En el invierno de 1883, había terminado peligrosamente aburrida. Todo el mundo y todo le resultaba cansino)
 "The unlived life is a little animal in a greatrage, barely permitted of survival. And sometimes not even that. And sometimes, it ends an assasin" ("La vida no vivida es un pequeño animal enfurecido, al que apenas se le permite sobrevivir. Y a veces ni siquiera eso. Y a veces, termina siendo un asesino")
Kate Chopin
Chopin empezó a escribir con 38, cuando se había quedado viuda del dueño de una fábrica de algodón. Diez años después, publicó "The awakening" ("El despertar") descrita como "de tradición europea, más Zola que Zola". No había estado casada mucho tiempo, pero ya descubrió que "el matrimonio era una oposición de voluntades". 
"Una parte de la pareja siempre termina soterradamente, amablemente, suavamente, dominada".
Jean Rhys
En la era predivlog -lloren, no hay hiperenlace- leí "Wild Sargasso Sea", la "precuela" de Jane Eyre, en la que Rhys imaginó lo que había sido la vida de la loca del ático y por qué Rochester la metió ahí. Ya no recuerdo de lo que habla Gornick aquí (leí esto en Belfast, parece que hace un siglo) pero sí que habla de las cartas de Rhys, y atención a la cita que subrayé:
"The letters are the life and the novels are the magic performed in the life". ("Las cartas son la vida y las novelas son la magia realizada en la vida").
Termina el capítulo hablando de ese gran concepto, la  "mujer inestable literaria británica", como la propia Rhys, Virginia Woolf, Antonia White y Anna Kavan.

 Intimidades despiadadas
En esta sección Gornick habla de varias novelas que no he leído: "Sons & lovers" (DH Lawrence), "The unlit lamp" (Radcliffe Hall), "Mary Olivier" (Mary Sinclair), "A rose in the heart of NewYork" (Edna O'Brien)  y una que sí: "To the lighthouse" ("Al faro") de Virginia Woolf. De todas estas quiero leer a Edna y también ver el documental sobre su vida de 2024 de Sinéad O’Shea, "Blue Road: The Edna O’Brien Story".

La frase de este capítulo que incluyo es una que viene tras muchos párrafos de psicoanálisis, así que cuando llegas a ella te sale espuma por la boca. Pero merece la pena:
"The task implicit in all loving relations: how to connect yet not merge, how to respond yet not be absorbed, how to detach but not withdraw." ("La tarea implícita en toda relación amorosa: cómo conectar pero no fundirse, cómo responder pero no ser absorbido, cómo despegarse pero no retirarse y abandonar". 
Hipoglucemia a medio divague
Como no divagué del libro nada más leerlo (las crónicas del viaje llamaban a mi puerta), ahora se me ha olvidado casi todo de los siguientes capítulos, que merjo en esta sección hipoglucémica: quiero recordar cuáles he de leer.

Creo recordar que Elena Rius habló alguna vez de Willa Carter, y su "Mi Ántonia" (1918) sobre los pioneros de Nebraska,  especialmente de las mujeres. Dice Gornick que describe su amor a la vida vía la descripción del paisaje americano: no sé si la descripción de grandes parajes es lo mío.

La historia de Hannah Arendt y Heidegger es conocida. Gornick le da una interpretación psicoanalítica, pero la propia Arendt despreciaba el psicoanálisis y a Freud, lo encontraba obsesivo y a medio cocinar, no pensaba que hubiera una realidad que importara detrás de eso. Decir que Freud es una fraude hoy no tiene mérito, pero en aquella época: chapeau Hannah. Te enamoraste de la manida figura del profesor, pero como diría Billy Wilder "nadie es perfecto".

La australiana marxista y con sentido del humor (¿qué hago que aún no la he leído?) Christina Stead y su "The man who loved children" y "I'm dying laughing"
"It wasn't that anger gave the work its power: anger was the work" ("No era que la ira le diera su poder a la obra: la ira era la obra")
Y la cuentista, pacifista, anarquista y feminista (¿qué hago que aún no la he leído?Grace Paley, cuyos personajes "no se enamoran unos de otros, se enamoran de la sensación de sentirse vivos", 

Hombres de buen corazón
Gornick afirma que hay un tipo de historia americana, representada hace 50 años por Hemingway, en la que el narrador es lacónico, duro, pero que en el fondo confía en que el amor romántico le rescate. Dice que los herederos de esta escuela son Raymond Carver, Richard Ford y Andre Dubus. 

De Ford les remito al divague de "The sportswriter" y de Carver sé que tengo algún libro en Vetusta del Pleistoceno, por ejemplo el que siempre me recuerda al rey emético ("Will You Please Be Quiet, Please?"-¿Puedes callarte por favor?), a saber si leído. Pero del que quiero hablar antes de terminar es del que no conocía y me ha interesado: Andre Dubus  (si alguien ahí afuera le ha leído, manifiéstese!). 

Según Gornick, es el más complejo de los tres. Era católico, sus personajes son gente de la clase trabajadora que pese a ser de mediana edad y haber pasado por muchos affairs en sus vidas,  permanecen devotos a la idea del amor romántico. Se resisten a aprender de su experiencia. Me encanta esta descripción, es la vida misma:
"casi no tienen conversación, y muy poca idea de las cosas más allá de sus necesidades inmediatas, comer, beber, follar. Cuando sufren se hacen cosas terribles así mismos y a otros. No hay nada que ninguno de ellos pueda hacer para aliviar ese sufrimiento. No se pueden autoeducar para salir de sus vidas. (...) Sentimos a esta gente tan atrapados en sus vidas que entran en nosotros".
No sé cómo he llegado hasta aquí, no daba dos duros por este divague, pero por lo menos tenemos anotadas unas cuantas citas para soltar en esa fiesta y sonar "como la persona más interesante de la habitación" y unas cuantas referencias que prometen, que seguro algún divagante agazapado habrá leído y esto podrá ser una fiesta de camisetas mojadas, a lo divlog. Les dejo con Gornick:
"Today, love as a metaphor is an act of nostalgia, not of discovery" ("Hoy, el amor como metáfora es un acto de nostalgia, no de descubrimiento")


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