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08 marzo 2022

Amparo Poch y un 8 de Marzo triste.

 

Gracias al divagante Andandos descubrí en enero a Amparo Poch. Al leer sobre su vida pensé que el Día de la Mujer le haría un breve divague (lo que es este divlog se conoce cariñosa-irónicamente como "haiku") celebratorio. Hoy no sé si me va a quedar así: shit happens. 

Vamos a intentarlo, empecemos con que es sorprendente -o más bien escandaloso- que yo no conociera a Amparo, por diversas razones. Primero porque nací y viví un cuarto de siglo en Vetusta -donde también nació ella. Segundo, porque cursé una asignatura anual llamada "Historia de la Medicina" precisamente en la Univetusta y en la misma facultad que ella. Y tercero, porque era feminista, antifascista y otras cosas a las que yo aspiro.  

Amparo nació en 1902, hija de militar que dijo que "la medicina no era una carrera propia de mujer" (será por la máxima del Naufrago Ro, aquello de "la medicina es muy guarra"?). Así que, de entrada, estudió magisterio pero en 1922 se pudo matricular por fin en medicina. Por lo visto la llamaban "la mujer sabia" y debía sufrir lo que entonces no, pero hoy sí tiene nombre, acoso (bullying), por parte de profesores y compañeros. En su promoción (1929) se licenciaron 97 hombres y dos mujeres. Muy fuerte: ella tuvo matrícula de honor en las 28 asignaturas. También le dieron el premio extraordinario de la licenciatura (el segundo quedó Ricardo Lozano Blesa, que luego serìa catedràtico y darìa nombre al Clìnico -y padre de mi profe de cirugía y padrino de promoción). A mí esto me sugiere que Amparo no era solo alguien que se lo curra, sino una persona de inteligenica muy superior a la media. 

Esto le hizo practicar la medicina con eso que se llama "visión", centrándose no solo en el problema práctico que tenía delante con cada paciente, sino elevándose para pensar en los factores del ambiente que aumentaban la vulnerabilidad de esa persona para ese problema.  Porque mal médico es el que no piensa en la prevención: ella trabajó en medicina preventiva y promoción de la salud, muy enfocada en la salud infantil y de la mujer. Por supuesto tocando temas como la anticoncepción y las Enfermedades de Transmisión Sexual (pensemos que estamos en los primeros años 30). En Vetusta abrió consulta en una habitación de su casa, con horario "especial para obreras": esto es otro tipo de "visión", para mí tan importante como la otra; van entrelazadas. 


Porque obviamente, Amparo era feminista, y toda la retahíla de cosas terminadas en -ista por las que te ponen hoy a parir en twitter: la primera, idealista, pero además, anarquista, ecologista, antimilitarista. Tras la victoria del Frente Popular en febrero de 1936, Amparo fue la presidenta de la recién creada Liga Hispánica contra la Guerra, la sección Española de la WRI (War-Resisters International). Estaba por el amor libre: relacionaba la monogamia con la propiedad privada y el capitalismo. Ella tuvo varias relaciones, pero abogaba por no casarse y terminar las relaciones cuando se acababa el amor (de tanto usarlo). Sinceramente: no puedo ni siquiera imaginarme lo que debía ser ser mujer en esa época y pensar así. Si hoy en día tenemos que leer los comentarios más patéticos, vertidos por oligofrénicos, cada vez que sale el tema de "la mujer", no quiero pensar lo que sería entonces, que estaban cuatro. 

Tampoco quiero aquí transcribir su biografía, quien quiera saber detalles puede ir a la wiki o a la página de las "Pioneras" de la Universidad de Vetusta aquí.  Pero sí quiero anotar que es apabullante, y que es imposible no preguntarse qué está una haciendo con su vida. De Vetusta se mudó a Madrid en 1934, donde fundó la revista anarcosindicalista y feminista "Mujeres Libres" en 1936, y a partir de ese año colaboró con Federica Montseny, primera mujer en ser ministra en España (de Sanidad). Durante la Guerra Civil fue médica miliciana y ayudó con las evacuaciones de niños a México, Francia y Rusia. En noviembre de 1937 se trasladó a Barcelona, donde fue directora de la "Casa de la Mujer Trabajadora", para ayudar a las mujeres obreras en el camino de ser económicamente independientes.

Pero claro, con este curriculum, en 1939 Amparo tuvo que exiliarse a Francia. Qué cerca nos queda el concepto de refugiados ahora: yo a ratos pienso en todas esas personas, ya más de un millón, en los gimnasios hacinados, esperando, esperando. A qué? Que alguien regularice su situación, aprender un idioma, que por fin alguien les ofrezca un trabajo, de lo que sea. Y empezar de nuevo: qué horror, cómo tienen fuerzas. Amparo en Francia tuvo que trabajar con sus manos hasta que en 1944 pudo volver a trabajar como médica. Intento imaginar esa inteligencia, esa fuerza, esa solidaridad con los más pobres, cinco años "plegando sobres, haciendo bolsos de rafia, pintando pañuelos". Todo mi respeto a la gente que hace esto, pero alguien como ella, que tuvo que luchar hasta con su padre para ser médica: me desespero. 

En 1965 le diagnosticaron un tumor cerebral y cuando quiso volver a Vetusta en 1966, sus hermanas dijeron que "no querían volver a ver a la persona que ha sido la ignominia de su casa, harto hacen con pedir por ella en sus misas y oraciones".  Y concluye la wiki: en la cartilla de la Caja de Ahorros tenía 16 francos con 29 céntimos.

Como estos días no son ya de por sí la alegría de la huerta, leer historias como estas me llena de turbulencias. Ningún derecho es ganado para siempre, la historia, de hecho, puede retroceder. Esto, hace unos pocos anios, yo no me lo creía: pensaba que el progreso era exponencial, que un día no habría hambre en el mundo. En serio: lo creía. No sé si todo empezó en el terrible 2016, con Brexit, Trump, luego la insidiosa irrupción de ciertos partidos, ciertos dirigentes, ciertas actitudes... Hoy hay más que actitudes, hoy se han traducido en sangre.

Sangre que costó ganar todos esos derechos, que se lo digan a las suffragettes. Anoche vimos la peli con Mini y su amiga. Ellas las están estudiando en Historia, yo ya la había visto cuando la estrenaron en 2015 (mi divague titulado "Suffragists, Suffragettes y Suffrajitsus" aquí). No me hace falta releerlo para recordar que lloré mucho en la sala: eso, sin saber lo que sé ahora, que hay muchos remando en dirección opuesta a la nuestra, en tantas aspectos de la vida. De esto se debió de dar cuenta Amparo Poch en su exilio en Francia ya en 1939. Qué soledad debe ser esa.

Con las niñas tuvimos un cine forum inocuo, un debate colegial sobre "si lo que hacían las suffragettes era terrorismo" al quemar buzones y romper lunas de escaparates, pero no les dije lo que yo he ido aprendiendo porque igual con 13 años debes todavía vivir pensando que, un día, todo irá a mejor. La imagen de Amparo Poch muriendo sola en el exilio y en la pobreza me rompe el corazón. No podemos retroceder a un mundo en el que eso sea otra vez posible.

Gracias, Dra. Poch
 

01 marzo 2022

Serial 43. Patrón de sueño invertido. Estella Havisham, corazón de hielo. No entres, le dirías a la prota desde tu butaca.

 
Lo que ha pasado era predecible: en esta semana de estudio, dejada a mi suerte, he terminado cambiando el patrón de sueño. Como una adolescente, cuyo ritmo circadiano -el proceso interno que regula nuestro ciclo de vigilia-sueño- es de veinticinco horas, en lugar de veinticuatro. Pero esto no es nuevo: tengo demasiado cerca en el tiempo esta metamorfosis de sanos jóvenes estudiantes -tal vez hasta deportistas- en pálidos Seres de la Noche. Unos pocos días de vacaciones en un pueblo perdido en el que no hay nada que hacer es todo lo que se necesita. ¿Para qué estar despiertos durante el día? De noche, sin embargo, hay la urgencia de tener veinte años. De noche se encuentran partes de una misma en contraposición a otros, se atisba lo que no va a ser tu vida (también por oposición: no sabes lo que quieres, pero sí eso que no) y se descubre qué cosas le gustan a tu cuerpo, ese extraño al que cada vez vas conociendo más. Esas cosas se barajaban y jugaban en ese nuestro territorio, cuando ya no quedaba nadie. La noche era siempre igual y su ritmo siempre el mismo. Teníamos tanto que contarnos y beber, y tanto por reír y tocar: como si no hubiera mañana.

Solo se dejaban los sofás desvencijados de esa casa vieja a la que llamábamos “peña” para ver amanecer. Los vampiros verdaderos ya se habrían retirado, pero nosotros por la carretera a las seis aún nos arrastrábamos hacia los rojos del cielo. Cuando se difuminaban, volvíamos y ya empezaba a salir la gente: mujeres con batas floreadas a barrer las calles, hombres viejos a dar vuelta a su huerta, el vendedor ambulante.... Y entonces era el momento para volver a casa y asaltar la nevera y cerrar las contraventanas. Hay cosas que no cambian: mi estómago en horas intempestivas se comería el mundo, también en Banderley cuando vuelvo de hacer un ingreso nocturno, pero aquí no hay contraventanas. ¿Habrán repetido estas noches este verano, el primero que no he estado allí? ¿Me habrán echado de menos, habrán dicho lo de “Mariona, ya era inglesa antes de irse”? Inglesa quería decir rara: no me reía de sus bromas de gangosos, o las de los negros. Definirse por contraposición.

Ahora son las 2 de la madrugada y no puedo dormir. Ya he aceptado mi derrota: lo que queda de semana estudiaré de noche y dormiré de día. Mejor dicho: hibernaré de día y el oso arrasará la nevera de noche. Como ahora, sí, las 2 de la madrugada y comiendo Tagliatelle en la mesa de la cocina, con los apuntes extendidos. Tagliatelle con la socorrida salsa de mi abuelo, que era bonaerense: llevaba sombrero y decía che todo el rato y hacía el mejor chimichurri. En este país de bárbaros, donde no hay ni almirez en la cocina, yo lo he adaptado para emergencias: añado los ingredientes como si fuera una ensalada. Ajo, aceite de oliva (en botellita ínfima, carísima), perejil (que no cilantro), chiles, parmesano, sal, pimienta. Le paso el rallador al parmesano varias veces, no me como el ajo, pero tras la inmersión con Sandip ya puedo con los chiles. Che, qué bueno está.

La otra noche, la que me desesperé porque aún no había asumido mi transformación temporal a Ser-de-la-Noche, fue horrorosa. Probar el método del ejército: repita DON'T THINK-DON'T THINK-DON'T THINK, en bucle, vaciando la cabeza. Nada. Levantarme a "cambiar de escenario". Nada. Mirar por la ventana. Nada. Volver a la cama. Salir a por un vaso de leche, tropezar con un taburete, un estrépito. Sopesar ir a la planta y sobornar a Derek, mi reino por una Zopiclona. Desestimarlo. Marear la perdiz: mejor aceptar esto cuanto antes, dejarse llevar y la semana que viene, cuando haya que volver a los dominios del día, se reevaluará.

Cuando termino, vuelvo al sofá amarillo, donde hay más apuntes y escondido, el fax de las pacientes de Marcé. Inútil pretender sorpresa en este párrafo: sé perfectamente dónde está el fax, tanto física como metafóricamente. Es tan central en mi vida en estos momentos (un psicoanalista diría, ¿qué te estás intentando ocultar con este juego de detectives?) que he tenido que hacer un contrato mental conmigo misma de no volver a actuar (no aspiro a no-pensar: imposible) hasta el examen (el psicoanalista contraataca: ah, ¿ahora te vas a hacer creer que lo que te consume es el examen?). Los archivos seguirán estando ahí, no hay prisa para resolver este misterio (el psicoanalista querría ahora buscar el otro misterio, el Misterio con mayúsculas que me azora, que no puede ser algo tan aburrido como un examen, tiene que ser algo oscuro, del pasado a ser posible). Pero, si lo pensamos, la realidad es: qué mejor ocasión que esta semana, despierta por las noches, para pasarme por el archivo (el psicoanalista dice: define el juego mental que nos ocupa). No, Mariona céntrate, hay mucho tema esta noche. Le doy a la tetera.

No ha funcionado: mi contrato mental, me refiero, porque el 172337XW sí, perfectamente. Acabo de entrar al archivo… pero solo un poco, solo para ver si puedo. De momento, nada nuevo, nada que no ocurra cualquier noche de guardia: cruzar la pradera, entrar por una de las puertas laterales de Banderley-C, caminar por el pasillo principal y, en lugar de girar a las plantas, o al Mess, o a la sala de ordenadores, meterme por la puerta de "Acceso restringido". Ah, y otra novedad: llevo una linterna. Esta parafernalia, el pasillo oscuro, puertas a los lados, la escalera, la sensación de transgredir y las sombras que proyecta la linterna me da miedo. Pero algún día lo podré escribir. ¿Quién dijo aquello de que todo lo que te pase hay que aprovecharlo como contenido? ¿Un retraso de avión? Contenido. ¿Un timo? Contenido. ¿Un divorcio? contenido. La ansiedad, si se la viste bien (y qué mejor que deambular por pasillos con linterna) es un gran contenido. 

172337XW. Un bosque de pasillos se extiende ante mí, y el par de nombres que he copiado en un post-it dan saltitos en el bolsillo. Estella Lawisham, la primera paciente: he elegido su nombre solo porque suena tan parecido a Estella Havisham de "Grandes esperanzas". Aquí está la ele, la a... a ver... Lancaster, Lane, Lange... al otro pasillo. Lask, Latham, Lauglin, Lawington, Lawisham. Aquí está: no hay más Lawisham, solo Estella. Estiro de la carpeta de notas, el amarillo del cartón tirando a amarillento. Solo estoy rompiendo un código deontológico profesional, pero pienso bobadas (¿Debería haber traído guantes?), en huellas dactilares, todo eso. Vamos a ver, Estella Lawisham: otra paciente con depresión postparto severa. Todos los papeles de ingreso en orden, hojas autocopiativas de color celeste, con tics dentro de cajitas: etnicidad, edad, religión, estado civil... esas cosas. Paso las páginas buscando la historia de ingreso y ahí me encuentra la inconfundible caligrafía de Sylvia Lannister. Estas elongaciones inferiores, esa letra medio rizada tan característica. Me da la impresión de que alguien que escriba así debe ser un poco artista. Me entra un flashback de la letra de mi abuela, tan rococó, tan bonita. Así les enseñaron a escribir las monjas, cuando tenían todo el tiempo del mundo: sus emes, querida Mariona, qué festival, sobre todo las mayúsculas. La cu también: Querida Mariona. Me envía cartas en las que el contenido es lo de menos: siempre similar y carente de noticias - si una lo piensa, eso debe ser la vejez, cada vez hay menos eventos del presente que compartir. Lo de más es el proceso, es la forma: es por lo que queremos a alguien incondicionalmente, da igual lo que diga. La letra de mi abuela es un placer puramente estético y todo lo que le acompaña, el olor de sus manos que creo adivinar en el sobre, la textura del papel. Pongo la cuartilla, cubierta con mi mano, sobre el esternón, que es lo mismo que decir junto al corazón.

Bajo los títulos de la historia clínica del ingreso, me decepciona ver que hoy Lannister solo hizo eso: anotar datos. No va siempre a escribir como en aquellas notas con las que me escandalicé y enamoré a la vez: para aquello hay que tener tiempo y en una planta a veces las cosas no van así. A veces has de escribir la historia contra reloj porque tienes otro paciente esperando. A veces tienes que dictar informes de alta, o sacar sangre, o salir a gritar en medio de la pradera porque no puedes más. Así que Lannister ha escrito, de una manera aséptica y profesional, la historia de la señora Lawisham: historia familiar, del desarrollo, educacional, de adicciones, forense, personalidad, examen del estado mental, impresión- formulación, diagnóstico, tratamiento. Es un ingreso corto, la paciente se recupera y es dada de alta en dos semanas. No hay mucho más. Pero aún así, aquí estoy yo para dejar volar la imaginación: Estella fue adoptada porque su padre terminó en la cárcel; su madre adoptiva era una señora mayor que nunca salía de casa y que le dio muy poco amor. Es más, como resultado de su fracaso amoroso vital, la crió para desconfiar de los hombres, para romperles el corazón. Y en el test estandarizado de personalidad, Estella ha puntuado en “cruel, manipuladora, cínica”. La paciente Estella es en mi cabeza Estella Havisham, tuvo a su Magwitch y su Miss Havisham: su vida es “Grandes esperanzas”. Me pregunto si el padre de su bebé sería Drummle o Pip.

"Robé su corazón
y puse hielo en su lugar"-
Miss Havisham (de Estella)
Mientras cierro las notas hago un nuevo ejercicio de despersonalización: verme a mí misma desde fuera, como si fuera una actriz sobre el escenario. Lo surrealista de la escena me golpea de nuevo: las tres de la madrugada, sentada en el suelo de un archivo subterráneo, con intrusiones dickensianas, enfocando notas con una linterna. Flashback de aquella película canadiense de hace unos años: Léolo, el niño leyendo con la luz del frigorífico.


Me levanto y saco el post-it: el otro nombre es Lorna Day. Bajo hacia el pasillo del principio de la dé. La señora Day tiene dos archivos unidos por unas gomas elásticas: varios ingresos, no todos en Marcé, pero en el postparto de sus dos hijos sufrió depresión psicótica, perdió contacto con la realidad. Nuevamente: una entrada aséptica de Lannister, de hecho casi nada, porque refiere al anterior ingreso con el primer bebé. Paso unas páginas llenas de resultados de análisis de sangre, notas de enfermería, y resultados de la “Edinburgh Postnatal Depression Scale”. Un momento, aquí hay letra de Lannister: título "Examen del Estado Mental". Algo que, en teoría, debemos hacer frecuentemente con los pacientes ingresados, porque puede cambiar de día a día. Se puede solventar con un párrafo, pero Lannister ha llenado la página, y me empieza a latir el corazón: leo en diagonal, y vuelvo a leer. Es el resumen de una entrevista larga que consideró debía hacer cuando la paciente le habló de sus ideas recurrentes de suicidio. Ideas que Lorna -la llama así, no “Señora Day”- considera un logro en sí mismas, porque cuando toca fondo, lo normal es estar con la mente en gris, en un barullo de algodón -ruidoso en su silencio opaco-, embobada. Así que no puede dejar de sorprenderse -y tal vez, de felicitarse- por tener una lucecita en su cabeza (plink!) que aunque sea un pozo negro como el “mátate” es algo. Sigo leyendo:

“Cuando la muerte venga, dice Lorna, como el oso hambriento del otoño, y se lleve todas las monedas brillantes del monedero, y zas, lo cierre de golpe... Ah, cómo lo quiero, cómo ansío ese momento, porque cuando venga como el sarampión, como un iceberg entre mis omóplatos... lo que voy a hacer es pasar por esa puerta con curiosidad, no con miedo, no con dudas, simplemente preguntándome cómo será todo en esa casita de campo de la oscuridad. Así que miro al tiempo como una idea más y a la eternidad como una posibilidad, y cada cuerpo como un león de coraje”.

¿En serio dijo esto Lorna, la señora Day? Esto es Lannister en estado puro: aquí tengo a la transgresora -pienso yo, ahí, con la linterna- que me enganchó cuando estaba en Marcé. Lo está haciendo otra vez. Paso la página y, hay una fotocopia de una carta: "Para Lorna", pone, y debajo ha copiado esta poesía:

When death comes
like the hungry bear in autumn;
when death comes and takes all the bright coins from his purse

to buy me, and snaps the purse shut;
when death comes
like the measle-pox

when death comes
like an iceberg between the shoulder blades,
I want to step through the door full of curiosity, wondering:
what is it going to be like, that cottage of darkness?

And therefore I look upon everything
as a brotherhood and a sisterhood,
and I look upon time as no more than an idea,
and I consider eternity as another possibility,

and I think of each life as a flower, as common
as a field daisy, and as singular,

and each name a comfortable music in the mouth,
tending, as all music does, toward silence,

and each body a lion of courage, and something
precious to the earth.

When it's over, I want to say all my life
I was a bride married to amazement.
I was the bridegroom, taking the world into my arms.

When it's over, I don't want to wonder
if I have made of my life something particular, and real.

I don't want to find myself sighing and frightened,
or full of argument.

I don't want to end up simply having visited this world

Mary Oliver.

No conozco a Mary Oliver, pero debajo hay otro párrafo, en prosa: "Lorna: yo es que, un día, cuando todo termine, para ti y para mí, un día, quiero que ambas podamos decir que fuimos la novias del asombro, del maravillarse, que cogimos el mundo entre las manos. Cuando termine, no quiero que nos preguntemos si hemos hecho de nuestra vida algo particular y real, o que nos encontremos suspirando, o llenas de razones. No quiero terminar, ni que tú termines, pensando que lo que hemos hecho, simplemente ha sido estar de visita por este mundo". Guau: cierro las notas con un gran suspiro teatral - no se puede de otra manera. Sylvia Lannister, transcribiendo el poema para Lorna: qué efecto tendría este poema en la paciente, si yo estoy casi sin respiración. Lannister: quién te hubiera conocido.

Y no ayuda lo siguiente: como en toda peli de terror convencional, tiene que haber un ruido enorme, una puerta metálica se cae al suelo - ese nivel de enorme. Se me escapa un grito y me quedo congelada. No puedo pensar, o más bien pienso muy rápido cosas que, incluso en esa situación, me doy cuenta que no tienen ningún sentido. Un portazo metálico, la puerta de una cámara: dentro hay cadáveres, ahí guardan los cadáveres en Anatomía Patológica. Y los órganos. Todo esto, con imágenes y todo, pasa frente a mis ojos en un nanosegundo. No hace falta echarle tanta imaginación, Mariona, pero la realidad es que sigo respirando muy fuerte, y he apagado la linterna. Camino con lo que creo que son pasos sigilosos hacia unos de los extremos de la sala, no sé con qué idea, con qué plan. Al llegar a la pared me paro, y espero. No pasa nada. Un buen rato: sigue sin pasar nada.


Allí me cuento la misma historia que les explicamos a los pacientes para que entiendan cómo nuestros pensamientos afectan a nuestras emociones, a nuestro cuerpo y a nuestros comportamientos. “Imagina que en mitad de la noche, estás dormida sola en casa, y de repente, un ruido inmenso abajo te despierta. El corazón a mil, casi no puedes respirar, las pupilas se te han hecho grandes, te sudan las manos y atención, pregunta: ?cuál es el primer pensamiento que viene a tu cabeza?” Indefectiblemente, la gente dice: “hay un ladrón abajo”. Aún no he tenido ningún paciente que conteste “es el viento que ha abierto una ventana”, siempre es algo peliculero. Se trata de ayudar al paciente a que llegue solo a la conclusión de que es su idea de ladrones la que está mantiendo su ansiedad. Si además, evita bajar a ver qué pasa, el miedo perpetúa el problema, pero si  baja y descubre que ha sido el gato que ha tirado una bandeja, la ansiedad desaparece. Así que ideas, comportamiento, sentimientos y síntomas físicos hacen carambolas entre ellos y el paciente que compra el modelo, ha comprado la pócima, y gana. Aunque las cosas son más complicadas a veces: ya sabemos que no deberíamos evitar esa tontería, pero lo hacemos. Ya sabemos que pensar eso es ridículo, y aún así.


No sé cuánto rato he pasado aquí, a oscuras, haciendo terapia conmigo misma. Me doy cuenta que aún tengo las notas en las manos.  Empiezo a caminar pegada a la pared, y  cerca de la esquina, hay una puerta. Está metida entre dos estanterías y aunque no activamente escondida, no está a la vista. A dónde llevará, a otras habitaciones, tal vez pequeños almacenes. El subidón de adrenalina que llevo es lo único que puede explicar por qué he vuelto a darle al botón de la linterna y estoy a lo Indiana Jones inspeccionando la puerta. ¿Voy buscando una cabeza de ídolo al que meterle los dedos en los ojos para ábrete sésamo?  Si supiera latín, seguro que hay una expresión tipo “entre dos libros” que te lleva a dar unos pasos, hasta una baldosa, que abre el misterio. ¿Por qué las cosas no son como en las pelis? ¿Por qué no tengo a mi hermana aquí?

En fin, que ya está bien por esta noche Mariona, que has conseguido bajar y leer un par de ficheros. Ahora devolver las de Lorna Day en el pasillo de la Da, y a casa. Vuelvo sobre mis pasos, y me cuento otra historia: ya sé que puedo bajar cuando quiera y sin miedo. Esto es un hospital antiguo, hay ruidos, hay tuberías, hay pasillos, hay cosas que se caen, hay ecos, pero no hay asesinatos ni nada. Lo de las cámaras del depósito de la asignatura lúgubre lo has traído tú solita a tu memoria. Seguro que es algo que algún día podré escribir y llevar a un taller de escritura a ver qué les parece. Son los nervios, como aquella vez que fui a un examen oral, y cuando me indicaron que era “la segunda puerta a la izquierda”, estuve a punto de girar el torno y meterme en la cámara. De nuevo imágenes de cabezas monstruosas, brazos, vísceras en bolsas entran en mi mente como flashbacks, imágenes intrusivas: vale de juegos mentales: solo me afecta lo que dejo que me afecte. Dejo las notas y entre tanto gore tengo otra idea: 172337XW. El código del archivo: ¿podría ser tan fácil cómo que esto fuera el acceso al cuarto?

De nuevo frente a la puerta: no hay caja de código, ya lo sabía (Indi, vuelve!) Y voy quitando libros de las estanterías de al lado, y, a la tercera: ahí está. ¿Quién es la puta ama? Ya solo falta que 172337XW funcione, y no. No podía ser tan bonito. Lo repito, esta vez pensando, estoy demasiado nerviosa 1-7-2-3-3-7-X-W. Y ay!, se mueve, se ha abierto.

En las pelis de terror siempre lo mismo: la chica (suele ser chica) se acerca a un sitio, donde espera el malo (suele ser hombre, o monstruo) y toda la sala se retuerce en el asiento a los gritos de: no entressss, no salgassss, no vayassss. Luego, he descubierto que en la vida real, en ocasiones oscuras similares, aunque pensemos siempre en el mantra de las pelis, acabamos entrando, saliendo, yendo, porque “esas cosas solo pasan en las películas”. Y esta vez no va a ser diferente: cuando ilumino detrás de la puerta no veo un cuartucho con libros y alguna escalera, lo que hay ahí es un pasillo con paredes de piedra, sin final a la vista: lo que viene siendo un túnel.

Entro, sujetando la puerta, porque una cosa es que los malos solo pasen en las pelis, pero que se me cerrara la puerta es factible. Ilumino las paredes y entonces recuerdo algo: mi regalo misterioso de Navidades. Una llave y una especie de mapa, que en un punto tenía la fórmula química de la Serotonina. Por allí bajé al túnel con Will y luego con Lucy, la chica gótica de Whitby. Está claro: ese mapa debe explicar los pasadizos y si lo tuviera aquí, podría llegar a serotonina: apuesto a que este túnel comunica con aquel.

Cuando salgo a la pradera ya está amaneciendo: debo tener más cuidado la próxima vez y salir de noche, no esperar a las señoras con batas de flores barriendo la calle. Si estuviera en el pueblo en el que nunca pasa nada, ahora cerraría las contraventanas y me iría a dormir todo el día. Pero cómo aquí, ahora, si mi ritmo circadiano está vuelta al aire. 



26 febrero 2022

"Where have all the flowers gone?" Y sensaciòn de futilidad ante el teclado.

 

Tras el ba
ño de realidad que es leer hoy la prensa, entro en el blog, como quien se da una vuelta, sabiendo de antemano que no voy a poder escribir nada: todo se me antoja sin importancia, frívolo e irrelevante. No voy a poder hacer un análisis, para eso están los profesionales: leo a Marina Hyde en The Guardian, "Es la historia de dos ciudades para Putin: Londres para sus oligarcas, Kiev para sus bombas", hablando de "Londongrad", el Reino Unido transformado en el "Mayordomo del Mundo", sirviente de oligarcas criminales (y ahora sanciones, Johnson?). Escucho la radio, veo imágenes en el teléfono: alguien ha colgado dos fotos en paralelo, el metro de Kiev, gente hacinada entre mantas de colores, y el metro de Londinium durante el Blitz, gente hacinada entre mantas en blanco y negro. La misma imagen décadas después. En la estación a dos minutos de mi casa se metían, estuve un día de visita, y conté lo que me impactó aquí. Alguien se lo puede imaginar? Salir de casa, con mantas, tal vez una botella de agua, unas barritas energéticas y bajar a dormir a la incertidumbre, por esas escaleras de caracol, nueve pisos hacia el centro de la tierra.  Qué me llevaría yo para esa noche? Un libro, un cuaderno, mucha ropa? O incluso, bajaría? Recuerdo las historias de la Yaya: su padre, cuando sobrevolaba "la pava" Bellver, no se unía al resto en el refugio. 

Pienso en un compañero ucraniano aquí en Londinium que no ha contestado a mi mensaje-pobre, bastante tendrá [Actualización: Dennis está llevando un ecógrafo portable que ha comprado de su bolsillo a la frontera en estos momentos. Si alguien quiere ayudar, aquí. Gracias]. Pienso en la conversación con mi junior de Latvia, que tenía pensado volver allí con su familia cuando termine la formación, y que ahora su mundo se tambalea: ellos pueden ser los siguientes. Pienso en la compañía de teléfonos prepago que uso solo cuando voy a España, Pepehone, que han escrito para decir que todas las llamadas a Ucrania de sus usuarios serán gratis. Pienso en la gente escapando, en el "General Invierno" napoleónico que debe hacer allí. Los niños, dice Plan UK. Los ancianos, las mujeres, los hombres, dicen otros. Pienso en las miles de peticiones que he recibido para practicar eso de "la lucha haciendo click". Nota: esto sirve para algo? no lo sé, todo el día estoy clickando,  siguiendo los principios del gran Javier Krahe ("Y habrá que documentarse sobre los delfines / Y habrá también que firmar muchos manifiestos / No todo va a ser follar ")

  Así que entro en el blog, sintiéndome culpable, y entonces, me saluda el blogroll, a la derecha: allí salen los divagues donde más se han metido los divagantes en los últimos siete días. Suelen ser los más recientes pero hoy hay tres antiguos, de gente que ha hecho una búsqueda de lo que sea y ha llegado aquí. Qué tienen en común? 

Los tres son antimilitaristas, los tres son poemas, canciones, cuadros en contra de la guerra:

"Dulce et Decorum Est", poema de Wilfred Owen, que murió con 25 años en la Primera Guerra Mundial. Maravilloso, y con él está el cuadro de de la alemana Käthe Kollwitz, de 1903, "Mujer con niño muerto".

"And the Band Played Waltzing Matilda", el clásico antimilitarista de 1971 de Eric Bogle, que describe la guerra como una carnicería sinsentido y critica a quienes buscan glorificarla. De nuevo el marco es la Primera Guerra Mundial en la Batalla de Galípoli, donde un joven australiano queda mutilado, y reflexiona después.

“The Road Not Taken”, de Robert Frost, fue escrita en 1916, y cuenta la leyenda que se lo mandó a Edawrd Thomas, también escritor, que al leerlo sintió que se tenía que alistar para luchar en la Primera Guerra Mundial. Murió en la batalla de Arras en 1917.

Me hace ilusión, que la gente esté buscando poemas y canciones del horror de la guerra en los mares de internet.  Me doy cuenta que no tengo un di-stintivo en el blog que se llame "antimilitarismo": además de estas, hay unas cuantas entradas más sobre el tema. Y lo añado, aquí está: antimilitarismo.

Y entonces también me acuerdo de "Palabras contra la guerra", y Marisa leyendo un texto. Esta gente, el colectivo Hipocresía infinita lleva juntando textos de no-a-la-guerra desde la de Irak. Hipocresía infinita, como la que describe Marina Hyde.

Y sí, facilón, pero voy a terminar con el clásico antimilitarista de Peter Seeger, "Where have all the flowers gone", interpretado Por Marlene Dietrich: oh, cuándo aprenderemos?

Where have all the flowers gone?
The girls have picked them every one.
Oh, When will you ever learn?
Oh, When will you ever learn?

19 febrero 2022

La italiana cuando besa (antropología folk de finde) y saludos desde el ojo del huracán Eunice

En imagen el mapa del Shipping Forecast (la emisión de la BBC sobre el estado de la mar alrededor de estas islas, una institución  que solo escuchaba cuando cogía aviones a las 5 am), explicando básicamente: NO. Luego los de los memes lo han aprovechado para chistes tipo "mayoría absoluta de Labour en el mar", pero en resumen: como anunciaron, tejados han volado, árboles han sido arrancados de raíz y los pobres que aspiraban a viajar se han desesperado. Eso y que yo no voy a poder coger mi bici, de momento son las principales noticias del día de Di, enviada especial de D&D en el ojo de la tormenta Eunice.

En estas circunstancias, viendo volar chimeneas y cubos de basura desde la ventana, es imposible no ponerse existencial y acabar escribiendo un divague haiku sobre las cuatro ideas fuerza de la última semana. 

Total que me quedé con la copla -tras ser definido como "feminismo barato" lo mío en el divague de "Grand Hotel Europa" -: fui acaso injusta con el autor y su aproximación a lo femenino? A ver si va a ser verdad que somos todas unas histéricas y soñamos con pasárnoslo por la piedra. Una de las anécdotas que no conté es cuando, saliendo de un restaurante con su novia genovesa, se encuentran con una ex, a la que él saluda civilizadamente. Al llegar a casa, su novia le monta una escena por "demasiado solícito" y luego pasa a atacar a la pobre ex, cuya culpa consistía haber salido con Pfeijffer (o sea, compartir mal gusto) y llevar una talla de sujetador desmedida. En serio una mujer normal haría eso? Ilja: no lo veo. 

Luego, hace un par de findes vi la última de Ridley Scott, "House of Gucci", drama shakesperiano sobre la famiglia toscana esta de la moda.  El papel de Ladymacbeth, la malísima Patrizia Reggiani, lo interpreta Lady Gaga y, qué puedo decir: solo por ella hay que ver la peli. Únicamente había visto a Gaga en "A star is born" en la que le roba el protagonismo a Bradley Cooper, y haciendo de italiana enloquecida también lo borda. Hay una escena, cuando le pregunta a la amante de su marido, una pija rubita civilizada,  "si ha robado algo en su vida", que da pavor. La pobre pija queda patidifusa, y ella sigue: "no me considero una persona particularmente ética, pero soy justa... y lo que no puedo entender es la gente que roba por ego, por placer, por satisfacción personal".



Claro, la pobre rubia se va, a-co-jo-na-da, como nos iríamos todas las personas normales, sin entender nada: ?"Robar" maridos?  Perdón, en qué mundo estamos, en el medievo? Entonces recuerdo a la genovesa del libro y aquel artículo de The Guardian de hace anios "Italia: el país que el feminismo olvidó", y considero si será cierto eso de que las italianas son todas unas locas del coño, una panda de armas tomar (literalmente), y que mejor no mires a su novio cuando entra al chiringuito a pie de playa a pillar birras con su speedo.  Novio que habrá sido, indefectiblemente, el que primero te ha hecho ojitos y pegado un barrido. Pero la napolitana te la lía a ti.   

Es entonces cosa de las enloquecidas italianas? No: recordemos este mismo papel aplicado a una española, esta vez bajo la visión de Woody Allen: Penélope en "Vicky Cristina Barcelona" da también mucho miedo "Me traicionaste con los ojos!"). Conclusión: igual esta imagen en la que se confunde pasión con dependencia engloba a todas las mediterráneas.  

Y para terminar de completar este collage, entra Rigoberta Bandini, a la que conocí hará diez días por la canción que arenga a "tomar la ciudad al puro estilo Delacroix" que aspiraba a  Eurovisión. Nota: solo por el hecho de que había elegido el apellido de su nombre artístico por Arturo Bandini, el protagonista de la maravillosa novela que estoy leyendo ya pensé: Respect Rigoberta! (John Fante escribió cuatro novelas con Bandini. Llevan en mi casa más de veinte anios, el fan era el Peda, que llegó a Fante por Bukowski. Por lo que sea, imperdonable, yo aún no las había leído). Ah, y más italianas: la abuela de Bandini es una enorme  mamma digna de temer, vestida de negro, con combinaciones blancas, con otro gran nombre, "Donna Toscana"

Pero divago. Decía que la cancióndeDelacroix que nos pasó Fashion -nuestro enlace con la cultura pop de la pieldetoro- ha sido un hit en casa con Mini: nos pasamos una semana cantándola (semana que estábamos "de chicas", o sea el Peda de viaje). De rebote, encontramos otra titulada "In Spain we call it soledad", que según Mini "es la canción más fea que he oído nunca", pero que a mí  me encanta, y que me lleva a cerrar el círculo con el mito "por aquí por el sur estamos fatal".

In Spain we say "it's amargura"
In Spain we say "qué coño hago"
In Spain we say "joder qué largo"
In Spain we say "ay, qué desastre"
In Spain we say "ay, me desangro"
"Llama a alguien, que me muero
Que te quiero pero, ay, que me muero"
In Spain we call it soledad
In Spain we don't know where to go
In Spain our feeling are so strong
Sometimes our hearts look like bombs
Bombs, bombs, bombs, bombs, bombs, bombs

... con algunos de los versos me identifico plenamente: cómo no vamos a hacerlo en el país del Ciegamente, del de no verte estoy viendo que me muero, del de los días amargos, los suenios envenenados. 

In Spain we say "joder qué  divague tan largo"
"Llama a alguien, que me muero
Que te quiero pero, ay, que me muero"

Este mito del mediterráneo enloquecido hay que dosificarlo y usarlo solo en determinadas circunstancias en las que no puedo entrar, o esto no sería un haiku. Eso sí, en una retransmisión desde el epicentro del ciclón hay que mantener la calma. Como dicen los ingleses "keep calm and write your blog". 

Y hay que ver el video:

16 febrero 2022

"Grand Hotel Europa" de Ilja Pfeijffer: Un novensayo sobre la decadencia que llevamos dentro

“Grand Hotel Europa”, de Ilja Leonard Pfeijffer -debe ser el primer libro que leo de un holandés- está editado por Acantilado, a los que de entrada hay que agradecer que no pongan foto del autor en la solapa. Mi primer consejo a cualquier potencial lector de este novensayo (en breve explico este término que me acabo de inventar) es que, bajo ningún concepto busque una foto del autor (que dicen es también poeta: “no hace falta escribir poemas, sino ser poeta”, asegura) durante la lectura. Ya lo hice yo por ti y con uno de nosotros con cicatrices de por vida es suficiente. De nada, divagante.

El libro, feminista, no es
Por quitarme esto de encima antes de empezar el divague: la aproximación a todo lo femenino en esta novela es rancio, aburrido, abiertamente misógino. Como el protagonista de la novela se llama como él (es él? es esto auto-ficción?), es complicado saber si está escribiendo desde lo que ha entendido de las mujeres que han pasado por su vida (poco). A mí, viendo sus pintas, me da la impresión de que sí. 

Por ejemplo, Pfeijffer pone a actuar a las mujeres siempre en relación a él y como objetos sentimentales o sexuales (no, Ilja, la Ley de Bechdel la llevas a repesca). Primero está su novia, una historiadora del arte muy lista (según él, “un amor con el que hay estar a la altura”- zzz, acaso hay alguno con el que no?) que claro, está buenísima (Ilja, aquí me cuesta lo de la “suspensión de la incredulidad”: esta mujer se lía contigo?) pero que repite el odioso cliché de “mujer que está continuamente quejándose, dando la lata a su pareja”. La pobre podría haber escapado cuando él le dijo el primer día aquello de “opino que eres preciosa”, y le contestó “cuando piropees, intenta hacerlo como que es un hecho incontestable, no una opinión personal”, pero no: se queda (y hay que verle, esto es lo serio). La segunda es una poetisa francesa feminista enloquecida, con todos los posibles clichés de las feminazis llevados al extremo, físicamente una especie de Cruella sin el pelo ni los perros y mentalmente otra… amargada, claro. Y la tercera una adolescente -yuk- americana, hija de gordos que masca chicle. Todas, según él, quieren follarle y las escenas de sexo son inenarrables. En inglés se dice "cringe". Sinceramente, no puedo explicarlo mejor porque la palabra vergüenza ajena no empieza a cubrir lo que he sentido leyendo esos momentos. Máxime si te has quemado las retinas antes con su imagen (*), como es el caso.

* Nota: he salido con algún auténtico Ecce Homo, así que no se me puede acusar de frivolidad, de meterme con este hombre banalmente. El protagonista (él) va trajeado con aguja, gemelos y demás hasta a la playa, en una idea delirante de dandismo o nosequé. De repente, se pone a describir los atuendos con los que salen él y su novia, y creía que estaba leyendo "American Psycho" con su retahíla de marcas-marcas que por otro lado no he oído en mi vida, lo cual me tranquiliza. Tengo una amiga que le dijo a un imbécil, "tú con esa cara que tienes, cómo puedes permitirte el lujo de ser así de gilipollas?". Pues eso. Solo viéndole me podrían entender: pero resistan. 

El libro, alta literatura no es
Y ya por salir del todo del armario, atención a lo siguiente: no hace falta seguir muchas páginas para darse cuenta de que esto no es Gran Literatura. Sí, es una traducción (y no suelo leer muchas precisamente por esta razón), pero, señoros, he leído traducciones del polaco recientemente (la amiga Olga) y me he dado cuenta que es Literatura. Esto no, así de claro: es un libro que se lee del tirón (tres semanas me ha durado, y soy lectora muy lenta). 

Corolario: formalmente no aporta (y más en comparación con lo que leo ahora, que duele de bonito).

Justificado dedo acusador: Y por qué he seguido, entonces? [Y qué es un novensayo, aparte de un palabro invento mío]
          Pregunta: Entonces, ¿por qué yo, que dejo libros sin problemas (la vita é breve), he persistido con este que tiene la friolera de 647 páginas? 
             Respuesta: La misma por la que lo compré: quería ver cómo escriben una “novensayo” hoy en día la gente por ahí.

Si tuviera educación literaria formal (mi nivel, 2BUP, no lo escondo), tal vez sabría que, igual que hay géneros como el “Bildungsroman” o la “novela de campus” o lo que sea, existe este género que acabo de inventarme y bautizar “novensayo”, o sea, una novela-ensayo (ayuda, si alguie ahí fuera sabe). Una novela donde la trama no es lo importante, un ensayo donde pasa alguna cosilla -pocas- a los personajes, que en general están mas por hablar entre ellos, o incluso leer, que por hacer. Lo que interesa son las reflexiones del autor, los momentos en los que para la acción, ese rollo, y se va a divagar de cualquier tema. 

En el caso de “Grand Hotel Europa”, esos temas estaban definidos en la contracubierta y todos me interesaban: una “crítica al turismo de masas”, una reflexión sobre Europa escrita por un especialista en lenguas clásicas, y por ello una novela que dialoga con Virgilio, Horacio, Séneca”.

          Corolario: Total que por ver cómo se imbrica eso en una novela es por lo que he seguido leyendo. Si alguien llega aquí y ha visto ciertos divagues titulados “Serial y un número” se habrá dado cuenta de dónde viene mi interés. Cartas boca arriba.

Novensayos importantes para mí.
El ejemplo más claro, “La montaña mágica” (cuyo planteamiento es muy similar) de la que recuerdo muy poco porque, como el protagonista Hans Castorp, yo tenía 23 cuando la leí. El personaje que mejor recuerdo es Setembrini, el humanista del que aprendía tanto Castorp: de repente, abría la boca y empezaban tres páginas deliciosas sobre ilustración, democracia, derechos humanos, libertad. Me imagino (y esto me lo acaba de refrescar la wiki, mirando los personajes) que igualmente habría divagaciones sobre el radicalismo, el amor, el hedonismo, el sentido del deber… un festival, vamos.

El segundo ejemplo sería “El nombre de la rosa”, aún leído hace más tiempo (señor, qué miedo). Recuerdo que de lo que se quejaban mis amigas (“de repente para lo que está pasando y se pone a hablar uno de la risa en Aristóteles durante páginas”) era precisamente lo que más me atraía a mí.

Y por fin (y aquí no voy a entrar, o se me faltará), qué decir de La Ballena, una novela que de repente se para un capítulo para hablar enciclopedicamente de los tipos de ballenas o del color blanco.

         Otro corolario: estas novelas-divague, cuando son buenas, son lo más, y algo así ha intentado hacer Pfeijffer con “Grand Hotel Europa”.

          Nota: “The secret history” de Donna Tart podría haber sido un buen novensayo si la autora hubiera escrito más páginas del mundo clásico, en lugar de centrarse en aburridísima acción (lo más interesante, correr en túnicas por el bosque á la Bacco, pero el resto, bajar a llamar a la cabina, zzzz).

La mise-en-scene, el hotel decadente, me encanta. Mi experiencia en uno inglés (doble mérito)
El escenario, este “Grand Hotel Europa” -de nuevo, montaña mágica- es para mí lo más: un no-lugar en el que meter a los personajes, se agita y ver qué pasa con/ entre ellos (eso sí, nada como un manicomio victoriano en Yorkshire, no?). Es imposible no pensar en el “Gran Hotel Budapest” la peli de Wes Anderson de 2014 no solo porque ambos están en un lugar impreciso de las montañas de centroeuropa, sino porque la premisa del escenario es la misma: hoteles que un día fueron el epítome del glamour y el poderío, y que hoy son decadentes, pero esa historia todavía se palpa.

Vivécdota (gracias, Nadie): Como experiencia personal, cómo olvidar un findesemana hace siglos en el “Palace Hotel” de Buxton, un pueblo termal de Derbyshire, donde en el pasado debían ir los ricos a tomar las aguas. Nadie hace decadencia nostálgica como los ingleses, ni el “Grand Hotel Europa” podría nunca superarlo porque lo imagino con suelos de madera, y las moquetas son las moquetas. Pero divago: en fin, que el hotel es, como imaginan, una metáfora de La Vieja Europa y si piensan que esto se ve pelín facilón, sí, lo es. Y no es la única. Y no la peor.

Pero ya vale de vapulear al pobre Ilja, que ahora me meto con los prometidos temas de la cubierta, va a salir a la luz que estoy a partir un piñón con él:

Turismo en la Grecia Clásica: era una cosa
En la contraportada como he dicho hablan del " turismo de masas”, pero esto último sobra: se sobreentiende. Todo el turismo hoy en día es masificado y ovejuno, porque somos legión. Por lo visto,  ya había turistas en la Grecia clásica, pero eran pocos: Herótdoto, Pausanias, Séneca (que intentó vender su desacuerdo con que “viajar te ayuda a olvidar tus preocupaciones”-ya existía esa idea en esa época! -cuando tu cabeza la llevas contigo, por muy lejos que vayas).

Ilja y el mapa del mundo
en la época de Homero
La primera obra de literatura occidental va de un viaje, pero por mucho de que luego haya inspirado a Kavafis a escribir Itaca, Ulises lo que hace es “reflexionar sobre la necesidad de volver a casa”. Jasón también se lanza a un viaje con los argonautas en busca del vellocino de oro; finalidad: recuperar el trono. Eneas sale de una Troya en llamas para buscar un nuevo hogar. Los caballeros de la Mesa Redonda buscan el Santo Grial. En esa época, siempre se busca algo, nunca es “el viaje por el viaje”, eso que hemos comprado los mochileros y hemos hecho de ello el leit motif de nuestras vidas. 

Será que ya no hay nada que buscar, que ya no hay princesa que cantar?

El infierno son los otros turistas

En un punto hace una descripción de “tipos de turistas”: imposible no sentirse reflejada en alguno, es autoflagelación, porque nada peor para un turista que darse cuenta que lo es -todos querríamos ser “viajeros” como escribe Paul Bowles en “El cielo protector” y ya de paso que un bereber nos haga lo que a la Winger colgada de las vigas de la cabaña aquella. Y es que no hay nada que irrite más a un turista que otro turista [el infierno son los otros (turistas)]. 

Por tanto, hay que huir de los otros turistas y para ello cada uno tiene su Naufrago Ro particular de guardia, ese pionero o trailblazer que te orienta sobre sitios auténticos. Pero no cometas el error de creer que esa danza tribal que están haciendo es parte de su diversión semanal: cuando te vas se quitan los ropajes coloristas  y se ponen chándal.

La búqueda de la experiencia
El objetivo es ahora “buscar experiencias”, no hacerte la foto con el Taj Majal. Porque es mejor tener una historia que una foto (las mejores fotos, al final, son las que cuentan una historia). Ya todo el mundo sabe que está feo freír a las visitas con tu album de fotos, pero qué me dicen de abrumar a los amigos con los que quedas a cenar? Menos mal que quedados los discretos que escribimos, que tenemos la decencia de hacer sucintas crónicas de viaje que no hay porqué leer, a menos que se tenga un desorden (saludos a mis dos lectoras). 

Vivécdota: el otro día recordábamos con mis compas de piso (ellos ejemplos máximos de estos turistas de la experiencia) una cena en Fukuoka, una de las capitales “foodies” de Japón, donde lo de menos fue la comida y lo de más, los dos ejecutivos borrachos que conocidos por la calle que nos llevaron hasta allí y con los que cenamos.

Así paso mis vacaciones: dame un like!
Las vacaciones ya no son descanso, como en el pasado. Ahora son una manera de enseñar a los otros nuestra identidad. Soy solidaria, soy aventurera, soy inquieta, soy ciudadana-del-mundo, soy un-rollo-de-tía. Hay hasta turismo de orfanatos, de visitar favelas, de hacer supervivencia en las que hay riesgos reales (escorpiones, amputaciones tras congelación), de cementerios… hay hasta turismo de alquilarte la casita de Peloponeso de un autor! (depravados!).

Las ciudades-decorado: ciudades que han vendido su alma (algunas, placeres culpables)
Venecia es tal vez la más paradigmática. A ella se traslada el autor a vivir con su novia y gran parte del libro describe lo que supone vivir en una ciudad que ha sido vaciada de sus residentes y tomada por los visitantes. Allí ya no hay más que hoteles y Airbnbs. Esto implica un montón de desventajas para los pocos que quedan, desde tener que luchar con hordas de gente sin prisa cuando quieres moverte por tu ciudad, hasta no encontrar una floristería cerca (porque la loca deo conio de su novia se enfada y “a él ni se le ha ocurrido comprarle flores”. Ese es el nivel).

Amsterdam: Ya solo hay tiendas de Nocilla-Nutella, porque son los únicos que pueden pagar los alquileres en el centro.  Por no hablar de lo que molestan los turistas en bici (yo fui una de ellos, y aún me pregunto cómo circulabam las 35.000 bicis que acaban en el canal anualmente si yo salí airosa).

El Londinium desconocido
por los turistas: mi barrio
Barcelona es otro ejemplo de ciudad-decorado y todos sabemos de los esfuerzos locales por intentar ponerle un poco de freno. Mi experiencia en Barna -tal vez por la localización de la ONG que me acoge- es que verdaderamente hay muchos turistas, que cantan happy birthday en la calle a medianoche, por la maniana ya están pronto en las terrazas, ociosos e incluso hay peligrosos de “tercera generación” (aquellos que están de vendedores en librerías de segunda mano o de compras en Ametller Origen).

Londinium, sin embargo, es otra cosa: solo tengo sensación de ver turistas en los “sospechosos habituales”. Tal vez porque es tan grande que se difuminan, pero realmente nunca los encuentras en las mejores partes de la ciudad: sales un par de calles para dentro incluso en el puro centro, o en Knightsbridge, te alejas de Harrods 20 metros, y ya tienes la maravilla que es esta ciudad. Por no hablar de subir a Hampstead, o tirar para Richmond: habrá más gente que en la guerra en un sábado soleado, gilipollas en sus descapotables, pero por lo menos los reconoceremos como “locales”.

Los museos, todos venga a respirar ahí
Yo ya estoy en una edad que solo hago filas por la matona de Mini (Disneyland, ese horror: en una cola me dio para escribir un divague desde el teléfono, y no exagero: aquí la prueba). Veo a la gente esperar para un bar (muy común aquí) y alucino pero, los de los museos: cuánta gente de los que hacen horas de fila para entrar en la Uffizi son verdaderos amantes del arte? Cuántos lo han mirado antes, entienden algo? O es lo que hay que hacer en Florencia? Ilja, que cree que con su cara no es bastante y va de agent provocateur suelta un “se debe tener la Capilla Sixtina abierta expuesta a la respiración del populacho, millones cada año, que ya se sabe que la van a destruir?”

Europa, en caída libre: el patio de recreo del mundo
Pfeijffer comienza por presentar los cinco rasgos distintivos del continente según el erudito y crítico literario George Steiner, a saber: 1. Hay abundancia de cafés (y lo que pasa en ellos-conversaciones, debates, pensamiento), 2. La naturaleza está domesticada, 3. Está empapada de su propia historia. 4. Sus raíces están en Atenas (la razón) y Jerusalén (la revelación) y 5. Es consciente de su propia decadencia.

Pfeijffer es europeísta,  cree en el sueño de la Unión Europea, parece que en contraposición al resto del mundo. Él estudió clásicas y siendo amante de Grecia y Roma es también un gran amante de la tradición. Piensa que no hay tradición como la Europea y que en estos momentos, y hacia el futuro, solo podremos vivir de eso: de vender nuestro pasado. Aquí ya no se produce, y de todas formas, su tesis es que salvo el periodo de la Revolución Industrial (los ingleses y The Rockett), la posición de Europa en el plano económico ha sido siempre marginal. Solo volvemos a donde siempre hemos estado, y ahora nos vamos a convertir en el patio de recreo del mundo, donde vendrán los chinos a ver el coliseo y la catedral de Burgos.

Ni siquiera nuestras universidades son ya las mejores del mundo: UK vive todavía de los coletazos de esa idea, y con la pandemia hubo un susto de pensar qué iba a pasar si los chinos dejaban de venir a Oxbridge, que se paga en este momento con sus renminbis. Lo mismo ocurre con premios Nobel y patentes. No se puede decir que Ilja no se lo haya currado: da datos, rankings y todo tipo de detalles. Go Ilja!

La conclusión es que la identidad de Europa está anquilosada en el pasado. Y por este pasado esplendoroso, sufre la invasión bárbara que la destruirá. No hay futuro aquí, pero quién quiere ese futuro? Atención al siguiente párrafo.

Oriente Medio, donde atan a los halcones para la manicura
Hacia el final del libro, para hacer más evidentes los contrastes entre la cultura del viejo continente y el resto, el autor manda a los protas a una aventura a Abu-Dhabi, uno de esos centros de la horterez y el exceso árabes, donde hacen la manicura (no será pedicura?) a los halcones. 

Vivécdota: Yo estuve allí hace años en un tránsito de los de dormir en hotel. Fue salir a dar una vuelta y espantarme, pero tengo otras referencias (tal vez más válidas que mis 24 horas) que repiten exactamente lo mismo que describe Pfeijffer: una amiga que se fue allí en teoría para cinco años se volvió a los dos porque no lo pudo soportar (ella era alguien “normal” aquí, pero allí tenía criada y chófer, primero porque la mano de obra es tan barata, prácticamente esclava y segundo porque no se podía ir a ningún sitio caminando, todo autopistas de 5 carriles más escalextric). Para qué vivir en una “villa con piscina” si no puedes salir a bañarte “por el calor”? Alguien cercano que acaba de volver de Dubai lo re-confirma: no hay aceras, en los centros comerciales se desarrolla la vida, y su única salida es el aparcamiento.

Gracias a la tarea de documentación de Ilja, he aprendido que en Abu Dhabi han abierto un Louvre: se han gastado todos los petrodólares del mundo no porque valoren el arte que irán poco a poco adquiriendo, sino porque ese arte es caro: “eleva sus pollas, no su espíritu”. Saben su precio, pero no su valor. Y como lo pueden pagar, lo hacen. Pero como carecen de tradición, no se dan cuenta de que los materiales con los que han sido pintados esos cuadros no van a resistir, por mucho aire acondicionado que le pongan, las condiciones climáticas de lo que es, esencialmente, vivir en un desierto.

Perdurabilidad y Arte moderno

Lo efímero mola
Lejos quedan los días en los que los pintores clásicos pasaban años en los talleres aprendiendo con los materiales a fabricarse su propia pintura. El que fueran de gran calidad ha contribuido a que las obras hayan perdurado. Hoy en día, hacen una patata con papel maché, una “instalación” que va a durar cinco minutos, no solo en la memoria del que la ve, sino también porque el material es efímero y cutre.

Pfeijffer dedica un capítulo a la exposición de Hirst en Venecia de 2017 “los tesoros del naufragio de El Increíble”, para lo cual sumergió en el mar macroesculturas hechas con materiales de gran calidad (bronce), solo para filmar la extracción con grúas, y les pegó los crustáceos y algas que tendrían si hubieran estado en el fondo del mar verdaderamente dos mil años, y luego pintó el bronce de colores para que pareciera plastiquete. No sé si Pfeijffer leyó en el folleto explicativo -o lo dedujo él- que es una reflexión sobre la perdurabilidad del arte. He de admitir que, en mi google imágenes paralelo, algunas piezas me gustaron, y eso que tengo graves prejuicios sobre Damien Hirst, no solo tras leer a Houellebecq, que le da pa’l pelo en el gran “El mapa y el territorio” sino porque yo, divagante, estuve en la famosa exposición de la Tate Modern hace diez años con el corte sagital de vaca y aún tengo residuos de estrés postraumático. Y como digo, lo que parece que no ha cambiado es lo del folleto explicativo: cuando te tienen que explicar el arte psicoanalíticamente, algo va mal.

“El arte no puede ser moderado. Todo lo que hace tolerable el trato con otras personas no tiene cabida. (...) El buen arte siempre es extremo, porque no admite compromiso”.

Política: refugiados, preservar la cultura, lo público
Ya he dicho que Pjeijffer va espolvoreando ideas “políticamente incorrectas” durante la novela, no sé si por adoptar una pose de provocador, ser el enfant terrible de los tulipanes. No sé cómo se sentirán los chinos, americanos, árabes y demás penia a los que dibuja como incultos, gordos, caprichosos (imagino que esto en España no llamará la atención) al leer el novensayo.

Pero luego se pone a hablar de los refugiados, que “han pagado más por su pasaje en la patera que los gordos de los cruceros” y hay un personaje simbólico en el hotel, el botones, que el autor usa para hablar de intertextualidad porque representa ese viaje, haciendo un paralelismo con los clásicos, en este caso La Eneida.

O sobre el error del afán de preservar “una cultura”, porque “el choque entre dos culturas no conduce al exterminio de una por otra, sino a una nueva donde las dos salen ganando”. Todas las culturas son un cóctel de culturas. “El turismo, esa invasión bárbara de europa que se ve como “modelo de negocio”, supone mucha mayor amenaza que la de los africanos que serán, a final, la único que puede ofrecer perspectivas de futuro al continente” .

O del dinero público: con él se pagan los destrozos que causan los turistas, la limpieza de sus potadas y sus visitas a la comisaría o urgencias tras los balconings de mis co-isleños. Pero los beneficios de sus alquileres y demás van a bolsillos privados, en su mayoría multinacionales extranjeras. El gobierno debería ser la entidad reguladora para acotar estos abusos, establecimiento mínimos, pero hoy en día no hay árbitro..

Habrá que ir terminando
Hay muchas cosas que he aprendido con este libro: tantas anotaciones son directamente proporcionales a la extensión (excesiva, desaforada, lo sé) de este divague. Me han dado ganas de investigar la personalidad de Caravaggio, un psicópata de libro. He querido leer a Virgilio, a Horacio, releer  “La muerte en Venecia” y haber estado en en la ciudad de los canales cuando Mann, Mahler, Hemingway paseaban por ahí. 

Y una última debilidad mía: me ha gustado su visión metaliteraria, el “no se experimentan las cosas de verdad hasta que no se escriben”, porque no he dicho (aquí no se desvelan tramas, pero si alguien ha llegado hasta aquí lo merece, por incaut@) que Ilja se retira al hotel para curar su mal de amor, y cómo mejor que escribirlo: “Quien no recuerda primero con detalle todo lo que quiere olvidar, corre el riesgo de olvidarse de olvidar ciertas cosas”. 

Igual que hasta que no se revelan las fotos (hoy, hasta que no se guardan en algún disco duro o alguna nube- el gran monumento de nuestra época, internet, es efímero) y se termina el diario de viaje no se termina este, "hasta que no se escribe una historia, no se cierra", dice Ilja. Aunque solo sea por verbalizar esta idea que todas las que escribimos implícitamente sabíamos: gracias Ilja. Y por hacerme ver que no hay que ser Melville para escribir un novensayo.




11 febrero 2022

Serial 42: No es país para siestas. Bombones desinteresados: ese mito. Ludus, o el flirteo por el flirteo.

La siesta a la que me he arrastrado hoy al mediodía es la única razón por la que he llegado hasta aquí: las dos de la madrugada, y estudiando. Parece que hace un mes de esta mañana, cuando he estado nadando, metiéndome colesterol en vena para el desayuno y luego estudiando como la máquina que soy. El error (tal vez acierto) ha sido venirme a comer a casa, encontrarme con Sandip que había hecho un dhal con leche de coco, que "en serio que no picaba". Debatible, pero no me han saltado las lágrimas (¿Estoy logrando la inmersión? ¿Soy una ciudadana del mundo?). Cómo no aceptarle luego unos Turkish Delights, -que ya sé que empalagan y que él no es turco-  como aderezo a su conversación, que gira obviamente en torno al examen. Va más retrasado que yo porque pasa muchísimo tiempo subrayando sus notas (me vengo arriba con el mal ajeno: hay alguien más obsesivo con los sistemas jerárquicos de subrayado fluorescente adolescente) y si no es perfecto, repite la página. Intento hacer desesperada terapia de choque con él -sabiendo que no hay solución-, pero se tiene que ir. Y yo también, pero de alguna manera -yo no quería- termino en mi cuarto y solo será un minuto y… 

Ha sido una siesta extraña, como esas de algún verano caluroso en algún pueblo igualmente sesteante, que se empiezan sin mala fe, y luego se te van de las manos, y acaban alargándose varias horas, y cuando te despiertas estás mucho peor que cuando te acostaste. Estás mareada, confusa, y de mal humor. Te tienes que lavar los dientes y no sabes si desayunar o toca recena. Siestas de dos horas que ya no recordaba, pero hey: ya nada que hacer, la tarde ha sido prácticamente devastada. Es aras del estoicismo y por centranos en "la línea plateada de toda nube" (me encanta este dicho): ahora estoy despejadísima, recién duchada y me encamino a la planta a ver a Derek. Que no sabe que voy a aparecer.

En la planta esta noche está el asistente de enfermería de las islas Mauricio (¿qué hace aquí este hombre?). Casi no habla inglés, aunque un día me enseñó fotos de donde vive su familia. Me caigo mal por pensar qué hace aquí: desde luego no ha dejado las aguas turquesas por un manicomio en Yorkshire por gusto. Se extraña: la planta está tranquila, no me ha llamado. Pero sí, Derek está en la oficina, la puerta abierta, la luz apagada, su cara iluminada por la de la pantalla del ordenador. Solitario. El juego, me refiero. Debe ser terrible un trabajo en el que has de llenar el tiempo - en el mío no me dan las horas. Su cara, entre la sorpresa y el susto: dice lo evidente, no me esperaba a las dos de la madrugada, sin estar de guardia. The small hours, las horas pequeñas.


-Hola... No me mires así, ya te dije que vendría- y me siento en una silla azul de oficina. Y ahora tengo un guión que me he preparado y hasta ensayado.

-¿Dónde están los bombones? -pregunta todo serio- Aparte del que tengo delante, claro...

Los dos nos reímos. Vaya, ya me está sacando del guión, tenía que haber contado con esto. Aunque un poco de juego no puede ir mal.

-Me he preparado especialmente para ti, querido -voy con la cara lavada, pelo revuelto y una sudadera con capucha dos tallas grandes-  Te dije que vendría a despedirme y aquí estoy.

No voy bien. El sabe que estaré de guardia cuando termine esta semana y le veré a las diez de la noche, con el handover, no tengo porqué venir hoy. Lo de no podía dormir y Aute, pasaba por aquí, no va a colar. Con lo bien que sonaba en casa. Él se da cuenta y me da un balón de oxígeno.

-¿Te apetece un té? Yo me iba a hacer uno.

Acepto, claro, y me quedo sola en la oficina unos minutos, en teoría para ordenar mi cabeza, pero en la práctica estoy pensando en círculo, naufragando. Pienso en el examen oral, cómo voy a enfrentarme a un panel de tres tíos si no puedo con uno. Claro que este es un tema espinoso, ilegal. Y bien, qué tontería / No soy nada sutil / Si yo solo pasaba / Pasaba por aquí: claramente, se me ha pegado una canción. Cuando llega, deja las tazas en la mesa baja de la esquina, da una luz lateral, intentando tal vez un ambiente cálido y cierra la puerta. Me hace una indicación para que pasemos de las sillas de oficina a unos módulos individuales en ángulo recto alrededor de la mesa. “Aunque un poco de juego no puede ir mal”, pensaba la ingenua. Este tío se me come con patatas. Por si no queda claro que estoy perdiendo el control de la situación, comienza, sin rodeos:

-¿Qué pasó en Marcé? ¿Por qué saliste tan precipitadamente? -pregunta, medio divertido.

-¿Qué dicen por ahí? - realmente me lo pregunto, no es para ganar tiempo.

-Nada. Solo he sabido que aún no había vuelto el residente que fuiste a sustituir, y que han tenido problemas para encontrar otro. Me extrañó. Sé cómo trabajas: esto no fue un fallo clínico... ¿eh?

Vale, el tío se ha imaginado que fue un tema personal, pero no sabe los detalles. Intento balones fuera.

-Emmm sí, tuve un enfrentamiento con alguien allí... Fue desagradable, y se decidió que me fuera - para mí que sueno convincente pero igualmente, tierra trágame, quiero irme a casa. 

Derek deja la taza en la mesa. Se inclina como si me fuera a decir un secreto, los antebrazos sobre las rodillas, mira al suelo.

-¿Puedo preguntar con quién? - la pregunta termina en una especie de suspiro, y entonces me mira, desde ese lugar que no sé si es paciencia o exactamente lo contrario.

-Con una de las enfermeras - digo así, en tono grave, y ganas de ponerme la capucha.

-Ya.

Madre mía: solo le faltaba un “venga” delante. Venga ya. Estoy a un tris de confesar, como un atracador de tercera que ha perdido el dilema del prisionero en el interrogatorio . No sé de donde saco la fortaleza, pero me recompongo y vuelvo al Plan B, que en realidad es el A si él no me hubiera distraído.

-El caso es que, Derek, tengo un favor que pedirte -en algún punto se tiene que saber que esta visita no es del todo desinteresada. Hablo rápido para que no interrumpa- Resulta que yo estaba haciendo una auditoría allí, ya sabes, necesitamos hacer una en cada rotación que estamos. Estaba mirando notas para comprobar cuántas mujeres que se les da el diagnóstico de "depresión postparto" tienen en realidad síntomas de ansiedad. Todo porque en esos meses vi varios desórdenes de pánico, trastornos obsesivos-compulsivos y ...

Cojo la taza, y él dice que suena interesante. No sé cuánto debo de hablar del contenido de la auditoría -que por otro lado había verdaderamente planeado antes de que me echara Steen. Si le interesa, podría meterme ahí un rato, marear la perdiz, pero decido ir al grano:

-Bueno, el caso es que... como tuve esos problemas, me da mucho palo ir a los libros de ingreso de enfermería a hacerme una fotocopia de los casos de los últimos años... y me preguntaba si tú podrías ayudarme 

No termino en inflexión interrogativa, sino afirmativa. Se hace una pequeña pausa, él cambia de posición: se echa para atrás, cruza los brazos, entra en defensa.

-A ver, a ver... ¿me estás pidiendo exactamente qué? ¿Que vaya a la planta una noche, coja el libro, lo fotocopie, y te lo pase? - el tono es pretendidamente indignado. Pero pese a lo -vale, de acuerdo- enloquecido de la petición, sé que no lo está.

- Espera.

Lo sabía: si alguien podría meterse en este berenjenal es el boxeador de serie B. Se levanta y mira en el tablón de la oficina el personal de turno esta noche en Marcé. Parece que estoy de suerte. Tracy. Marca una extensión y mientras espera se mediosienta en la mesa de la oficina y mira por la ventana. Cuando contestan y es Tracy, yo he desaparecido para él, y soy testigo en los siguientes veinte minutos de una representación que merece, por lo menos, una nominación. Ahí tengo a Derek, desplegando todo su carisma con la jefa de planta Tracy, una enfermera que de normal parece una institutriz nórdica. Pero Derek la ha transformado en otra cosa, porque “it takes two to tango”: aunque no la puedo oír a ella, solo por esta parte de la conversación me da que se lo está pasando tan bien como Derek.


Tengo delante a un encantador de serpientes, que intenta -con éxito- hacer creer a las mujeres que somos los bombones que no le he traído. Y lo peor: nos los creemos. Me sé la fórmula: es divertido, es gracioso, es irónico y no se toma a sí mismo nada en serio. Representa el sentido más amplio del concepto seductor, porque cautiva, no con el propósito de terminar en la cama -o sobre la fotocopiadora, en este contexto. Me siento mal por haberme preguntado si habrá tenido sexo con la Tracy de turno. Eso solo demuestra lo cuadriculada que soy, mi carencia de imaginación: ¿acaso me ha dado a mí la más mínima muestra de aspirar a que algo sexual pase entre nosotros? Nunca, nos hemos quedado en el ping-pong verbal, que es super-divertido. En el rato que dura su conversación me doy cuenta de que este hombre es así: nunca va a parar de jugar, en su vida. Y probablemente ese juego no lleve a nada, será juego por el juego, arte por el arte, disfrute dialéctico, competición de quién es más ingenioso, un empujón para su ego y para el de la contrincante -porque es una batalla. Y ya. Claro que como todo juego, tiene peligros: no todo el mundo sabe jugar. Pero en teoría se desarrolla un sexto sentido para saber con quién se puede tensar. La realidad es que es un deporte de riesgo. Me viene a la cabeza la canción -pura sabiduría, un clásico disfrazado de pop- de Britney…

Oops, I did it again
I played with your heart,
got lost in the game
Oh baby, baby
Oops, now you think I'm in love…


Ups, me perdí en en el juego. Ese toma-y-daca es la base de las comedias románticas clásicas, lo que pasa es que en ellas se hace con un fin. Como en “Mucho ruido y pocas nueces”, qué mona la versión en cine de Branagh (iré algún día a verla al Globe?) y qué mona la relación de Beatrice y Benedick, que se pasan la obra discutiendo. Benedick, el eterno soltero; Beatrice las antípodas del ideal femenino isabelino, toda opiniones y carácter. Frente a ellos, Claudio y Hero, el héroe y a la heroína clásica, cortejándose muy serios e intensos: un rollo de tíos. Pero tanto en Shakespeare como en Capra, parece que siempre hay que terminar con alguien en el sofá. ¿Es esto el “final feliz”? Mi tesis sobre Derek es que para él no hay destino, que está ahí por el recorrido. El destino siempre decepciona: no hay realidad que pueda superar una idea. ¿Quién dijo eso?

No deja de mirar por la ventana y cuando noto que va terminando la conversación pretendo leer el British National Formulary como si fuera interesantísimo.

-Voilá! -me dice mientras cuelga el teléfono y me guiña el ojo - Prueba conseguida.

-¿En serio? -balbuceo-. Derek, gracias!!!

-Dale unos minutos, y debería entrar un fax...

Pero estamos en una planta de ingreso de agudos: ya tardaban los gritos. Derek sale corriendo y yo no debería moverme de allí. No estoy de guardia, y mejor no entrar en qué hago ahí a las tres de la mañana. Portazos, más gritos, juramentos, pasos. Mi predicción: este paciente acaba en confinamiento supervisado. Pero no, escucho la voz de Derek, le está hablando tranquilo, le ofrece un poco de medicación, hay una negociación que no entiendo, la voz de Derek parece haber sido creada para esto, el paciente ya no grita, creo que solloza, it's ok, it's ok. Y a mi derecha un ruido, comienza a entrar un fax.

Aquí está, el listado de pacientes de Marcé de hace cinco años. Me empieza a cabalgar el corazón, creo que hiperventilo. Entra Derek, me deshago en agradecimientos, no sabes cuánta ayuda esto es para mi auditoría, de verdad... me dejo llevar un poco por la excitación del momento. Afortunadamente, él me para:

-Que esto quede entre nosotros - dice.

-Por supuesto - asiento. Los dos hemos infringido la ley, supongo que yo más que él. No hay duda de que ninguno vamos a romper el secreto.

-Y me debes los bombones.

-Gracias por enfatizar lo desinteresado de esta amistad.

Me da la espalda, empieza a meter su contraseña en el ordenador y cuando voy a abrir la puerta para salir, su voz:

-Y no pienses que me he creído la historia que me has contado.