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07 mayo 2020

Serial. 13. Primera noche de guardia. Eros y Tánatos.

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Por supuesto que estaba leyendo "Drácula": nadie se habrá creído lo que le dije a Mark la noche de Halloween. Pero, imposible escapar: con el tiempo supe que esta lectura era un ritual de todos cuando empezábamos en Banderley.  Yo tenía una edición de Penguin -amo a esta editorial-, en portada una foto en sepia del vampiro sosteniendo a una mujer en brazos, de la peli de 1931 de Todd Browning. Era Bela Lugosi, y en la foto parece tan sorprendido como toda la gente en esa época. Por no hablar de la víctima. Me hablaba mi abuela de las pelis del conde que había visto en su juventud, "Drácula, saltador de tumbas", que no he podido localizar, así que creo que el lapsus sería la famosa "Drácula vuelve de su tumba", de 1968, con Christopher Lee como el conde. Esta fue la tercera película vampírica de la Hammer, la productora británica de pelis de terror y ciencia ficción. Creo que prefiero a Lee que a Lugosi, que al pobre no me lo puedo tomar en serio. Pero desde luego, me quedo con cualquiera de los dos antes que con Gary Oldman en la peli de "Drácula" de mi generación, la de Francis Ford Coppola. Oldman lo hace bien pero al pobre el físico no acompania. Hasta Keanu Reeves, ay pobre con su cara de chico bueno le dieron el papel del abogado acojonado, con una buena capa y su dosis de gomina habría dado mejor.

El caso es que no solo estaba leyendo Drácula, sino que además era mi primera noche de guardia en Banderley. Como si estuviera planeado: qué mejor para distraerse en las noches de una institución mental de arquitectura gótica, que cruje, y chirría, y respira? Esto ya no parecía una buena idea ni siquiera en ese momento, pero después de que mi "alma gemela" literaria, el tal Will, negase nuestra conversación de la fiesta de Halloween (no me lo podía sacar de la cabeza), no me quedaba a nadie a quien contárselo esta noche.

Me presenté en el mess (o cuarto comunal) de Banderley-C a las 5 en punto. Esa era la hora del "handover", cuando los residentes de las distintas plantas te contaban cómo estaban los pacientes, los que estaban agitados y tal vez necesitaran algo de medicación, y si había alguno en seclusión, al que habría que revisar cada cuatro horas.  Luego estaban los trabajos que quedaban por hacer, sacar alguna sangre, escribir recetas, explorar a alguno que le dolía algo, esas cosas. Esperé en aquel cuarto unos quince minutos. Era la típica sala de esparcimiento de los médicos, siempre desorganizada, con ejemplares del British Medical Journal y del British Journal of Psychiatry por ahí tirados en la mesita baja rodeada de sofás y un orejero. Al fondo había una encimera pequeña con tetera, microondas, y una fregadera llena de tazas. En el tablón de anuncios no estaba obviamente el mío, el del grupo literario: quien quiera que los había quitado no dejó nada al azar. En el otro lado había una mesa inmensa, con más revistas, libros, y alguna taza donde iba a crecer algo y echar a andar. En la esquina, otro sofá aún más grande: en ese momento todavía ignoraba sus posibilidades. 

Se abrió la puerta y entró un tipo alto, delgado, con pinta de holandés. Fue directo al mando a distancia en la mesita de café, y sin mirar a la tele, la encendió, a la vez que daba un saltito por mi carraspeo en la esquina.
-Hola, soy la nueva residente de...
-Hola, soy Michaël , pero aquí me llaman Michael. Soy holandés

Bingo: holandés. Y eso que, como quien dice, acabo de aterrizar en esta isla, pienso.

-Encantada-dije, sin embargo, haciendo un amago incómodo de extender la mano, rápidamente abortado porque él ya estaba a otra cosa. 
-Igualmente, te importa si miro el resultado del partido?
-No, no...

Pausa.

-Vaya, terminó. Estás de guardia para Banderley-C hoy?
-Sí, tú estás para...?
-Para las plantas adyacentes, pero he venido a ver si había alguien para handover, ya veo que no...
-Vienen aquí, no? es lo que había oído
-Sí, bueno, depende, a veces está esto muy animado, otras veces llamarán cuando se acuerden o te bliparán. Depende de quien tengas antes para tener esta información...
-Cuánto tiempo llevas aquí?
-Demasiado-suspiró-. Un día es ya demasiado en este lugar.
-Por qué?

Entonces sonó su bleep, ese monstruo del mal sobre cuyo graznido -"blip blip blip" haría yo un reflejo condicionado, como buen perro de Pavlov.  Miró la odiosa cajita negra que todos llevábamos en la cintura con fastidio, luego a mí diciendo "por esto-contestando a mi última pregunta-, disculpa", y marcó los números en uno de los teléfonos de la sala. Hice como que miraba una revista, mientras el decía "Yá Yá Yá" (o sea "Ja", o sea "sí" en holandés, que suena muy parecido al "Yeah"). Colgó con otro suspiro. 

-Algún problema? -esta era yo, haciéndome la simpática o buscando lío.
-Todo es problema de guardia, para eso estamos aquí. No te llaman para nada agradable, ni fácil. Te doy un consejo: llévate bien con los enfermeros jefes de cada planta durante las guardias. Te pueden hacer la vida más fácil, o un infierno. Te lo digo por experiencia.
-Has tenido broncas?
-Me lié con una de las Sisters.
-Entiendo...

En realidad, no entendía nada, liarse con una enfermera jeke, con una Sister Harding? Son acaso humanas? Mientras cogía una manzana del frutero, y se preparaba para irse, me contó que si estás de guardia en Banderley-C, no salía a cuenta irte a tu casa, porque te llamaban bastante. Si estabas en los anexos, era menos complicado, y a veces podías hasta dormir del tirón alguna noche. Y me advirtió que no me quejara, que teníamos la suerte de estar en medio de la nada y no veíamos a los borrachos que se presentaban en urgencias del hospital general de Whitby a media noche. Claro que ya me tocaría tener que bajar de guardia allá dentro de unas semanas, y ya le contaría. Y guiñándome el ojo, se fue. 

Mi mano se fue automáticamente a mi cintura, como un cowboy a su revólver: mi blip no sonaba. Me lo quité, miré la luz, le quité las pilas, se las volví a poner, me fuí al teléfono y me blipé a mí misma: sí, funcionaba, aquí estaba la extensión desde la que llamaba. Por qué nadie me llamaba? Con gran decisión ejecutiva, llamé a una de las plantas, la D3. No gracias, estaban bien, no me necesitaban. Y así fui pasando por todas las plantas de Banderley-C: era una  negra noche sin luna de Noviembre, una noche oscura del alma, iba yo recitando en mi cabeza, y nadie quería nada. Así que me senté a leer un rato en el orejero, me comí un yogur, miré por la ventana, comprobé los radiadores, puse la tele, apagué la tele, puse la radio, todo esto cambiando de posición en el orejero hasta hacerme un kamasutra yo ahí sola y comprobando el blip cada nanosegundo. Y aún eran las 8. 

Otra vez se abrió la puerta: era Sandip. Me saludó intentando evitar el contacto visual y con sus andares de C-3PO se acercó al frigo para comprobar que no quedaba ningún yogur. Tuve que decirle que estaba de guardia, a lo que contestó con monosílabos. No ofreció ni pidió información, y se fue. De repente, sonó mi blip. Blip blip bliiiip. Nerviosa, marqué la extensión y...

-La Dra Calleja al habla
-(risas) Dra Calleja!!!! Dónde está en su primera guardia?
-Yolanda?
-Sí!!! Te he ido a buscar a casa y no estabas
-No, estoy en el mess de Banderley-C, esperando a que me llamen...
-Pero estás loca? Vete para casa, no vas a pasar la noche en ese antro? Si la guardia es tranquila podrás dormir en tu cama, o por lo menos estar en la sala de Drummond, que es algo mejor que ese mess...
-En serio? Pensaba que me costaría mucho volver desde allí...
-Mariona, solo tienes que cruzar el prado... vale, que es grande, pero así haces ejercicio!

Volví al orejero. Mando a distancia, y daban un programa de obras de casas. Qué manía tienen los ingleses con este tema, siempre hay un programa de estos en antena. He de admitir que me enganché un rato. Puse música y enseguida tuve una revelación: Yolanda tenía razón, me iba a casa. Por qué pasar la noche allí sola? Crucé el prado con la retahíla de San Juan de la Cruz en mi cabeza, como una obsesión,

 En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

Pero al llegar, allí tampoco había nadie. Dónde estaba todo el mundo? Aquello parecía el fin del mundo, así que me iría a la cama con Bram Stoker, y seguiría leyendo otras historias de asylums (psiquiátricos), donde tienen a pacientes como Renfield, al que Drácula promete ratas. 

Blip, blip, bliiiiip. 
Blip, blip, bliiiiip. 
Blip, blip, bliiiiip. 

Ahhh: y me siento de golpe en la cama, con el corazón a mil. Ese ruido me está volviendo loca, que pare, dónde está, en la mesilla, donde también parpadea el despertador, que con sus números rojos me dice: las 3 am. Por fin lo paro, y con las manos temblorosas me dispongo a marcar la extensión. 

-Buenas noches, es la doctora Calleja.
-Buenas noches, doctora, le llamamos de la D4, psico-geriatría. Mire -y carraspea.
-Dígame?
-Siento despertarla a estas horas, pero me temo que va a tener que venir... a ... certificar una defunción.
-Qué?-se me cae el alma a los pies
-Sí, se trata de una anciana ingresada hace semanas con depresión, ha sufrido un paro cardíaco. No hemos podido hacer nada. 
-Voy para allá.

Afortunadamente, estaba vestida. Con el tiempo, desarrollaría un "uniforme de guardias", básicamente camisetas, jerseys y leggins. Todos los gatos son pardos en la noche, y si te llaman a las 3 de la madrugada, solo quieres saltar y salir. Por supuesto no me puse el abrigo, la adrenalina me llevaba, y cuando pisé el césped me di cuenta por primea vez de lo grande que era ese prado, y de la caminata que me esperaba hasta Banderley-C, solo acompañada por el conde Drácula en la parte derecha de mi cerebro, la que controla las artes y la creatividad, y los doctores Van Helsing y Seward que quieren destruirlo en la izquierda, la destinada a la lógica. Esta lucha fue más terrorífica de lo que parece, porque cada suspiro de los árboles, cada pájaro que graznaba de lejos, cada surco en el césped me hacía querer gritar, llorando, por favor, quiero salir de aquí. Y además la idea de lo que me esperaba en la D4: por favor, que esté en la cama, que no haya ataúd (ingenua, cómo iba a haberlo!), pero así era yo de bisonia entonces. Hoy en día tengo cierto callo, pero el terror a la parafernalia de la muerte sigue siendo el mismo. 

Al llegar a Banderley-C solo la mitad del horror había pasado: ahora tocaban pasillos interminables con eco, sin luz, con baldosines sueltos, y puertas cerradas, alguna entreabierta, tras la que, o aluciné o vi a Faggin. No era Banderley un "edificio inteligente": había que encontrar los interruptores y correr los 100 metros lisos con el ruido de fondo, el diapasón que era la cuenta atrás de cuando iba a apagarse, hasta que llegaras al siguiente. Al llegar a la D4 estaba ya con taquicardia severa yo misma, hiperventilando, temblando. El enfermero que me abrió la puerta era un senior negro de unos 50 años, todo paz y calma. Ante todo, tienes que tomar antes una taza de té, dijo, y se llamaba Roy. 

Roy ya sabía que lo que me esperaba no iba a ser fácil: no porque fuera un reto diagnóstico, sino porque yo había conocido a esa paciente en algunas revisiones de día, y era una ancianita adorable. Ethel: se había muerto su marido y, desde entonces, ya no veía el punto de vivir. Su hija me contó cómo se había ido apagando poco a poco, cada día, sin comer, sin dormir, hasta que decidieron ingresarla con una depresión severa. Tenía una melenita tipo "bob", pese a sus más de 90 años, y era pequeña y delgada. Siempre que la veía estaba sonriente, pese a la tristeza que se la estaba comiendo por dentro. Duelo patológico, decíamos, algunos pacientes ven al fallecido. Alucinaciones de verdad, o pseudo-alucinaciones, no sé qué diría Andrew Sims, el de "Symptoms in the mind", uno de los libros más complicados que he leído y que intentaba asimilar en aquella época. Aún recuerdo el día que le expliqué que le cambiábamos la medicación, que la otra no funcionaba, el farmacéutico y la enfermera jefa insistiendo en el cuarto de curas. Aún a día de hoy, muchos anios después, me pregunto si fue aquello lo que la mató. 

Nunca me esperaba lo que vi cuando entré en la habitación: Ethel ya no estaba allí. Sobre la cama había un muñeco, que nada tenía que ver con la mujer a la que cogí de la mano durante el día. Estaba medio encogida y su cara era de angustia. No tengo mejor palabra: un muñeco que ni de lejos se le parecía. Salí sin acercarme y me eché a llorar. Una enfermera me abrazó, "está bien, está bien". 

Y el resto lo recuerdo vagamente, tuve que firmar papeles, y al día siguiente alguien me dijo que cobraría el "ash money", un dinero extra por esa espantosa labor. Cuando salí de la planta aún era de noche, aunque se quería ver el alba, allá lejos, en el horizonte. Mientras pisaba el césped, bañado en escarcha, seguía recitando en mi cabeza enfermizamente la noche oscura del alma, ese poema escrito por un cura hace unos siglos, clara metáfora del orgasmo. Y yo venía de enfrentarme a mi primera muerte. 

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

Eros y tánatos, dos caras de la misma moneda: ya lo decía el impostor aquel de Sigmund Freud.

06 mayo 2020

Fuera de Serial



"Ya vale...este es el momento de terminar tu novela"
Cada vez que digo en casa que "estoy escribiendo una novela", o bien hacen un ruido parecido a pffff, sin fuerza siquiera de reírse, o me ignoran. 

Cuando se inició esto de la pandemia y la reclusión, como el del cómic de la izquierda pensé: esta es la mía, aquí le doy un empujón a Serial. Pero han surgido un par de problemas.

Uno, que la vida confinada y trabajando es muy ocupada. No hay ese tiempo extra que pensabas, sobre todo cuando hay que hacer más cosas de las que hacías habitualmente en casa (como bizcocho o puerros gratinados, yoga para el dolor de espalda causado por las innumerables horas trabajando en bonita silla madera estilo mid-century, jugar a Uno con la familia, hablar por teléfono que ya me he saltado los mil minutos mensuales de límite). Dos, que cuando hay tiempo, una escribe divagues sobre la vida confinada, que salen del tirón. Tres, y más importante: que yo misma no me acuerdo de lo que pasó en el capítulo anterior, que fue publicado la friolera de hace varios meses, ni en el anterior, así que cómo va a recordarlo el pobre divagante. 

Un día de esos de repaso, de refrescarme de qué va esto, me hice una especie de bitácora para mí misma, en la que cuento en tres líneas lo que pasa en ese capítulo. Como siempre he sido fan de los colores para estudiar, comencé coloreando el nombre de los personajes en azul, y el tema literario en rosa, y el tema psiquiátrico en rojo (si hay alguna nueva: transcurre en un psiquiátrico victoriano). Y entonces pensé, ja! podría publicarles esto también a los divagantes, si es que aspiro a tener alguna lectura en el futuro. Así que decido que el día antes de la publicación de la siguiente entrega de esta novela (por entregas) a la que de momento llamo "Serial", habrá este recordatorio.

Ya vale de excusas, de relámpagos y tiburones: este es el momento de seguir con tu novela. 

Capítulo 1-Viaje en bus nocturno de la prota (Mariona Calleja) de Londinium (donde ha llegado desde la península) a Whitby. Allí ha de esperar un tiempo a que salga un bus local a Danby. Localización temporal: estamos en Diwali (segunda quincena de Octubre). 

Capítulo 2- Haciendo tiempo en Whitby, Mariona sube a la Abadía, hoy en ruinas. Allí conoce a una gótica llamada Lucy fascinada con Drácula, y a su perro. Lucy, morbosa de lo oscuro, se impresiona con que Mariona vaya a vivir a Banderley, un hospital psiquiátrico en medio de la nada. Banderley es una "institución total", un campus donde conviven pacientes y personal. 

Capítulo 3- Mariona llega a Danby, el pueblo más cercano a Banderley, y espera en un pub, donde un ser misterioso (Faggin, con Inverness Coat) la va a  buscar. Por la noche llega a Banderley, que es un edificio victoriano como de película de terror. Allí la espera la temible enfermera jefa Sister Harding.

Capítulo 4- Mariona se despierta en su habitación y este capítulo es descriptivo: el edificio donde vive, uno más de los pequeños edificios de dos plantas que hay esparcidos en medio de  praderas enormes, que comparte con otros residentes. Este es un día laborable, así que está sola, se da un baño, pasa un rato en la cocina/sala comunitaria del edificio. Entra Sandip, un compañero indio con pocas habilidades sociales. 

Capítulo 5- Mariona va a Banderley-Central (Banderley-C), que es el edificio principal por el que entró la primera noche. Allí conoce a Yolanda, residente de psiquiatría forense, irlandesa, y muy vital. También conoce otros sitios de Bancerley-C como la tienda del pakistaní (Jafar), donde se compra un tubo de medio kilo de helado Haagen Daz.

Capítulo 6- Cuando vuelve a casa con el helado, otros residentes le han organizado una fiesta de bienvenida sorpresa. Entran más personajes que conoce por la noche. Este capítulo ocurre a la mañana siguiente cuando recuerda vagamente lo que pasó por la noche.  Mariona va a la maravillosa biblioteca en Banderley-C. Concepto psiquiátrico: Jaspers sobre diagnóstico.

Fuera de Serial: Aquí hago el primer "divague" Fuera de Serial, porque ha habido un vacío de meses, y tengo que refrescar mi memoria, y la de los divagantes. Así que me salgo y cuento lo que ha pasado antes, aunque no tan sistemáticamente como hoy. 

Capítulo 7- Primer día de trabajo. Va a su planta (Kraepelin), donde vuelve a estar la Sister Harding que le da miedo otra vez, y conoce a otros miembros del equipo. Entra Craig un fisio buenorro. Luego va a la oficina del psiquiatra jefe, Dr Cook, que es un matón que está reunido con sus juniors. 

Capítulo 8- Mariona queda con Yolanda en Serotonina, el bar que regentan los psiquiatras residentes que está en lo que fue una caballeriza. En este capítulo le cuenta la humillación con Cook, que la somete a un interrogatorio teórico que Mariona pasa bien. Aún así la manda a casa porque dice que ha llegado tarde. Y por llevar falda. Conceptos psiquiátricos: Neurotransmisores en esquizofrenia. Traducción de "delusion". El "ate". 

Capítulo 9- Mariona se levanta pronto, le cuesta decidir la ropa y en la cocina coincide con Morgana, que lleva gran perfume y ropa estilosa. Le dice que le tiene que presentar a Isabel Archer (de la Casa Edimburgo), que quiere es ser escritora y usa este trabajo para conocer al género humano.


Capítulo 10- Mariona entrevista a Violet Rubi (BAD). Luego queda para comer en la cantina con Isabel Archer, con la que hacen migas literarias. Hablan de las Bronte, de ir a visitar su casa en Harworth. También de hacer el paseo de Drácula en Whitby con Lucy. Mariona propone un club de lectura y a Archer le incomoda, pero acepta. Se acerca Halloween. 


Capítulo 11- Mariona aún no tiene que hacer exámenes, así que tras el trabajo, visita la piscina.  En la sala de ordenadores, Mariona imprime carteles para Club de Lectura. Correo interno. Los cuelga. Coge algo de cenar en cantina (y habla de las cenas en las casas). En casa Morgana le presenta a Duncan (forense), y le hablan de Halloween, disfraces de psicópatas y Thomas de Quincey. Hare, psicópatas (definición, no ansiedad, imágenes neutras). Mariona tiene miedo, y se va a dormir febril. 


Capítulo 12-Fiesta de Halloween, Mariona va de vampira. Mark va de Ted Bundy y Mariona considera la fascinación del personal por los asesinos en serie.  Aburrimiento: veranos de la infancia y aquí, "salen malas cosas del aburrimiento". Fuegos artificiales. Morgana le presenta a Suchandra (mal rollo). Mariona habla con Will de Bukovski, John Fante y Raymond Carver. Acuerdan co-escribir tesis sobre Cortázar.  Fiebre y por un pasillo o túnel con Will, hasta puerta con voces. Por la maniana: Morgana le asegura que estaba delirando, y que no fue a ningún sitio con Will. Duerme todo el día. Por la tarde, antes de su primera guardia, Will niega haber leído a Cortázar. Han quitado todos los carteles. 


Capítulo 13- Saldrá maniana...

03 mayo 2020

"Mothering Sunday " ("El domingo de las madres") de Graham Swift: Por que todas, un día, podamos ir al baile

"Mothering Sunday" (2016), la novela de Graham Swift, se ha traducido como "El domingo de las madres" en lugar de "el día de la madre", porque no es lo mismo, ni siquiera en inglés (Mother's Day). Se trata de una festividad que viene del SXVI, cuando la gente volvía en ese día (el cuarto domingo de cuaresma, llamado Laetare) a su "iglesia madre", a la que les bautizaron. Pasaron los años y en este día, los criados (muchos de ellos niños, los mandaban "a servir" a edades tan tempranas como diez años) tenían libre para poder ir a visitar a su familia, a sus madres. Dice la wiki que cogían flores en el camino para ellas: toda esta imagen me rompe el corazón.

Pero aún lo rompe más el imaginar qué sería un "Mothering Sunday" para alguna de estas criadas, las huérfanas, sin madre ni casa dónde ir este día, un "motherless mothering sunday". Y ahí es donde te lleva Swift en esta preciosa novela, que habla de tantas cosas, todas que me importan, todas que me mueven, y todas que me despiertan, como en los mejores libros, gratitud. A Swift y a la recomendadora, la divagante Marisa. :)

A nuestra protagonista le dan en el orfanato un nombre sencillo, impersonal, Jane, y también una fecha de nacimiento inventada, una que les parece bonita, y no es otra que el Primero de Mayo. Salto en mi cama (que es donde suelo leer), porque cuando lo leo ya llevo mucho de mí invertido en este lectura, y ese es mi día más importante del año, el que nació Mini. Jane cuenta esta historia desde la vejez, cuando se habrá convertido en escritora, su primer éxito rememora, cuando tenía... 48 años. Que es mi edad, aunque dudo que yo vaya a escribir nada de éxito que no sea este blog en el mes y poco de 48 que me queda. .

Del orfanato, pasa Jane "a servir"- qué palabra: "porque aquellos que servían, servían, y los que eran servidos, vivían". Se convierte en la típica criada inglesa, pero que a nadie le venga la imagen de "arriba y abajo", la casona llena de servicio de las películas y seriales británicos: en su casa solo quedan ella y la cocinera, que sirven a un matrimonio de cierta edad. Lejos ha quedado la época de bullicio, risas y zancadas por las escaleras: es 1924 y los dos hijos de la pareja han dejado sus vidas en la Primera Guerra Mundial. Que Swift haya localizado la novela precisamente en un día de primavera precioso, que parecía Junio, cuando casi todo el mundo ha sufrido una pérdida inmensa, de lo que articulaba y daba sentido a su vida, los hijos, es vital. Porque da un tono de melancolía que insulta ante un día tan soleado (no debería ser todo encapotado, sobre todo en Inglaterra?, como estos malditos días del virus, en el que el sol y los cielos azules no paran de entrar por las ventanas), y porque además contrasta con la pérdida (es pérdida la del que nunca ha tenido?) de Jane, que nunca tuvo madre.

Durante la novela, que sutilmente (cómo lograr esto, yo que lo soy tan poco, ni en la vida ni cuando escribo) es salvajemente antimilitarista, es imposible no odiar la guerra y a los que se encargan de hacer creer al pueblo que hay que salir a dar la vida por razones equis, cada cual más peregrina. La bandera, la patria, el extranjero. Y hasta las familias de bien mandan lo más preciado, lo que mas quieren, lo único que de verdad importa, a morir por esa causa. Hace más o menos 100 años, Europa estaba recuperándose de la que se llamó "La Gran Guerra", hasta que llegó la Segunda, y esta pasó a ser la Primera. Y la familia a la que sirve Jane, de la muerte de sus dos hijos, cuyas habitaciones ella limpia cada semana, cuidando que todo se quede "justo como estaba" Recuperándose -si alguna vez uno puede recuperarse de eso, yo creo que no- también están sus vecinos de la otra calle, que también perdieron dos hijos, aunque aún les queda Paul.

Paul es lo que ha quedado de ese segmento de la sociedad de los de arriba: un señorito que pese a haber perdido dos hermanos, que le sonríen desde una foto enmarcada en plata en su sinfonier, no ha cambiado nada: sigue encantando serpientes, prometido a una de su clase y esperando a vivir de las rentas, o vender humo. Tiene una seguridad típica de los "de su clase" ("of his kind", aquí clase significando "tipo"). Su habitación llena de parafernalia de los chicos ricos de la época, todo de plata (gemelos, cajitas, peines), que debe ser limpiado por otras sirvientas sin mover un centímetro, parafernalia que debe ser su insignia y que, tal vez, sea difícil no tener su cacareada seguridad si has crecido con ella.

Pero Jane no es como esas otras sirvientas: para empezar, no tiene el vocabulario de una criada. Porque ella lee. Comienza limpiando la biblioteca de la casa, llena de libros jamás abiertos (como los cuadros de la escalera de antepasados, que nadie mira, solo las criadas al limpiarlos), esa particular habitación que siempre fue en el fondo solamente un santuario de "no molesten" de los hombres de la casa, y donde ella sospecha que el señor va a llorar ahora . Ese mismo señor que le da permiso para coger prestados algunos libros, y ella comienza a leer los de aventuras para chicos, "La isla del tesoro" y "Moby Dick", en sus ratos libres, y así comienza su historia de amor con la literatura, que es la mayor historia de amor de la novela. Y sí, hay otras, la novela está subtitulada con "un romance", pero yo creo que se trata de un romance con las palabras y los libros porque aunque todo nos marca, nada es tan definitorio de quién será Jane Fairchild.

A menudo he hablado del tema de clase en la literatura inglesa: los de arriba, esos seres de "humor y capricho", que un día están de buenas y otro día te ladran, y has de estar preparada para todo. Este libro es una de esas novelas donde lo social está tan presente como en la que más, pero de una manera aún más dolorosa, porque los lazos personales establecidos de un mundo a otro, aún lo hacen más palpable, y te explota en la cara. Además de infinidad de ejemplos de la manera de relacionarse los de arriba con los de abajo, tenemos la vieja la historia del señorito durmiendo con la criada, relaciones de poder y abuso de las que aún se ven a día de hoy en todos los estratos del mundo laboral, desde el jefezuelo con la secretaria hasta el productor de cine con las estrellas de Hollywood, de eso va, en el fondo, #MeToo. Lo que hace distinta a esta relación particular de "El día de las madres" es precisamente la personalidad de Jane y su fuerza, que transforma esa relación de arriba-abajo por completo en el sexo. Es la magia, la política de la desnudez, la que despoja a la interacción de su calidad de master-criada, hasta que cuando todo termina, al vestirte te transformas de nuevo en la sirvienta. La carroza es de nuevo una calabaza y tú, Cenicienta: y no es casual que la novela comience como en los cuentos de hadas: "érase una vez" ("Once upon a time before the boys were killed and there were more horses than cars": qué gran comienzo), y que su epígrafe sea "You shall go to the ball!" ("Irás al baile!"), directo del hada madrina.

Swift describe con enorme sensualidad las horas que Jane y Paul pasan en la cama. También lo precario del momento, la sensación de urgencia, de que nunca había habido un día como ese, y que nunca lo habría de nuevo. Un "Mothering Sunday" sin madre en el que esta Cenicienta poderosa puede por una vez demostrar que el status no lo compra todo, en un escenario que nunca fue destinado a ella, la cama de su amante, lejos de los establos, los recodos del campo, el sótano de los vinos habituales. Al terminar, tal vez por no querer romper el hechizo, Jane se mantiene en su desnudez todo lo que puede, su cuerpo es todo lo que tiene, el cuerpo al final lo único que tienen los pobres. Desnuda en la cama mirándole mientras él se viste lentamente, "poniéndose de nuevo la vida que era la suya", preparándose para ir a ver su prometida, boda inminente en dos semanas. Y Jane no es nunca el ratoncito del que apenarse, ella sigue desafiando con su cuerpo frágil y fuerte y su desnudez, mientras piensa en algo tan prosaico como el semen que se está escurriendo entre sus piernas a las sábanas, que las criadas de esta casa, a las que conoce bien, van a tener que limpiar cuando vengan de visitar a sus madres, en este su día libre, el domingo de las madres. Bien entrenadas como están, verán y callarán: "all the emissions... all the omissions", gran juego de palabras. Ser invisibles y estar a mano, ese es el lait motif de las criadas.

"Todos somos combustible. Nacemos, nos quemamos, algunos más rápido que otros. Hay diferentes modos de combustión. Pero no haber ardido nunca sería una vida muy triste". Está claro que Jane ha ardido, y me choca cuando, al final de su vida, echa la vista atrás y la describe por épocas: "los años de criada", "los años de Oxford", "los años de la fama"... a veces son varias décadas. No había pensado nunca así en mi vida y, cuando lo hago ahora tras leer esto, me ha dado vértigo: cuando tienes 20, eso no se puede hacer, o bien son unos pocos. Cuando tienes 48, a veces ya son casi "los 20 años" de muchas cosas. En Junio hará 23 años que vinimos a la isla. Nunca hemos vuelto a Grimsby, la pequeña ciudad de puerto venido a menos donde vivimos el primer año. Jane nunca vuelve al pueblo aquel porque algunos lugares "toman una existencia que es más verdad en la mente". Hay gente que dice que no hay que volver a donde se fue feliz. No lo sé... en estos días de virus e incertidumbre, hasta el verbo volver suena aspiracional.

Jane es una cuentacuentos nata que ha aprendido a encontrar su lenguaje a través de la lectura (ama a Conrad, con esa obsesión que todos amamos a nuestros escritores favoritos). Y esto confirma también que esta novela es un romance con las palabras, porque Jane (o Swift?) deja claro que para convertirse en escritora hay que cruzar una barrera imposible: hay que encontrar un lenguaje, aunque tengas uno, hay que encontrar el lenguaje, eso es lo que es escribir.

Para mí, Swift ha encontrado el lenguaje, todos los temas, y mi corazón. Jane fue al baile, y este divague va porque todas las Janes puedan algún día ir. No puedo recomendar más esta novela.

Pero a vuestro lado

En el Pleistoceno del divlog, cuando aún estaba Diva, colgábamos canciones. Porque sí. Ahora hace tiempo que no lo hago, pero hoy una canción que, como a much@as de vosotr@s me ha llegado por whastapp, me ha encontrado. 

Esta canción delata mi edad, y la de muchos de mis amigos, (y de muchos de los divagantes!), que somos los que bailábamos a "Los Secretos" en los bares de las Vetusta. 

Pero además, Los Secretos son también para mí Soria: mi amiga M., superfan, se volvió a vivir a la ciudad del Duero y qué sanjuanes épicos de adolescente allí... por el boulevard de los sueños rotos...

Y también son Vetustilla de la Torre y el "Déjame" para canalizar una especie de amor de verano, de esos de los 80, en los que el pobre no se llegaba ni a enterar de tus miradas dignas y por tamaña osadía le dedicábamos el "Déjame" el resto del año con las compas del cole,e incluso riéndonos con mi madre en la cocina de casa.

"Déjame, ya no tiene sentido
es mejor que sigas tu camino"

y sobre todo...

"tuviste una oportunidad, ah ah ah
y la dejaste escapar".

Angelón, será un senior cincuentón aún ajeno a su éxito y posterior despecho juvenil. Una búsqueda rápida, revela que, pese a la edad avanzada del divlog, nuestro héroe solo tiene una aparición estelar muy lateral en una entrada titulada "I love Dick/Amo a las pollas".  Pensaba que ya no quedaban cosas que contar, pero ni siquiera el "Déjame" ha sido nunca colgado. Sin embargo aquí está el "Aunque tú no lo sepas", un día de 2011 que, en consonancia con el humor de la canción, no parecía yo muy animada. 

Hoy, sin embargo, en un punto algo más alto cuelgo el "Pero a tu lado". Hoy vuelvo a tener 15.

A VUESTRO lado. 

01 mayo 2020

DOCE AñOS, Princhipesca!

 Jei Mini!!!: Pero qué suerte tienes de tener tu cumple el mejor día del año, el Primero de Mayo! Hoy cumples doce y como tú dices "es el último "as a kid" (de niña), luego seré teen-ager" (por aquello de que con thir-teen, queda inaugurada en inglés la adolescencia, los "teens"). Un momento, que me voy a llorar al baño amargamente. 

Ya. Total que estás preocupada por tu cumple, al que ya has calificado como "el peor de mi vida", porque es el primero que no estarán aquí tus abuelos y tus tíos y, encarémoslo, no te fías de tus padres. Ni en lo culinario, ni en la repostería, ni en los regalos, motivos centrales de todo cumple. Ya te oí decir a alguien el otro día que "no te importaba esta vida confinada, lo malo era la comida". Tuve un flashback del comedor de las monjas del paseo de los pájaros que cantan bien, en el que todas, frente a platos de garbanzos, soñábamos con la comida de casa. Tú no: la niña-hiena sueña con el comedor escolar desde casa. 

Es cierto que estas últimas semanas de tus once serán para siempre distintas: durante el día asistes a clases via Zoom, a veces hasta haces gimnasia. Dices que los niños levantan la mano para pedir permiso para ir al baño: encantador. Por las tardes estás escribiendo un diario y filmando las "Pedalistas News" (noticias Pedalistas), un noticiario muy dinámico de lo que ha pasado durante el día (nada) para toda la familia. Tu mérito es enorme: siempre hay sección del tiempo (como buena inglesa) y entrevistas a los habitantes de la casa (en perpetua sudadera con capucha y mala cara). Hoy hasta has contratado un reportero, el aitá, que te ha entrevistado a ti. 

Este año parece que no vamos a poder viajar en verano: lo tenemos asumido y damos gracias que nosotros hemos estado bien. Recordamos que el año pasado, durante tus once, fue de mucho movimiento: primero Marruecos, poco antes de tu cumple, que odiaste. A finales de Mayo fuimos con F. en su velero por las Cícladas y, aunque el agua estaba fría, te bañaste haciendo gala de tus genes vascos. En verano, estuviste en Donosti con tus aitonas e hiciste surf, "que es como volar", me escribiste. Como tienes el miedo desactivado, un día te dio una vuelta una olaza y acabaste en un breve periodo amnésico, tirada en la arena con todo el grupo a tu alrededor: te encantó, drama queen. Al final, el aitá y yo te fuimos a recoger, y la mayor hazaña de aquellos días fue desenredarte las rastas que te habían crecido tras dos semanas salvajes de sal y arena. Natural Mystic.  Lo mejor de esos días, ir a comer con los aitonas a Pasajes y la visita de los Iratis. 

No sé si recordarás el tren de Donosti a Madrid para comenzar tu viaje más soñado: Sudáfrica. En Madrid viste el Gernika -que habías trabajado tanto con Shan- en directo, y también a nuestros amigos Mo y NáN. De Sudáfrica seguro que lo recuerdas todo, así que no te lo voy a contar, pero nada más volver...

... era el principio de Septiembre y comenzabas en tu nuevo cole de secundaria, sin ese colchón llamado amigas de primaria, adelante mi valiente! Al poco de comenzar, te volviste una persona normal:  siempre querías volver al cole de primaria, los lunes, los Septiembres, después de Navidades o lo que fuera. Aquí, sin embargo, has empezado a valorar los findes, a no gustarte los lunes, y a querer que las vacaciones se hagan más largas. Bienvenida al mundo.  Llevas muy mal la disciplina del cole y sus "tarjetas de conducta", por cosas tan nimias como olvidarse un libro, o no llamar al profe "Sir". Tu favorita es la de inglés y literatura, y que eligió tu poema para representar a la clase en un slam poético. El que peor nos cae (es cosa ya familiar) es de física que siempre da la clase sentado, como las mojas de mi cole. Nuestra hipótesis es que quiere en realidad ser cantante pero que, a juzgar por su canal de youtube, no va a conseguirlo, así que por defecto taladra a niños y padres sobre las fuerzas y la energía. 

Durante el otoño estuvieron aquí tus aitonas para ayudarnos, porque el aitá hizo una de las suyas, dice que corriendo-claro que más bien parecía aquello un ajuste de cuentas. Así que te ibas caminando con el aitona todos los días, la amona nos cocinaba cosas ricas, y la vida era muy fácil. Ahí tuvimos un pequenio entrenamiento de confinamiento. Luego llegaron las Navidades que tanto te gustan, y Santa te trajo tu primer teléfono: tras tres días bailando frente a él descubrimos que eras una estrella del tiktok con 400 seguidores. Casi nos da un yuyu, y aunque no te creiste lo de que muchos de ellos son señores con bigote, accediste a solo dejar entrar a tus amigas. 

Al volver, en Enero, las mañanas y las tardes eran negras, así que sin aitona, volví a mi rol de taxista conversadora, a tu pesar- me queda claro que preferirías que no interfiriese con preguntas y comentarios en tu repaso al teléfono. A veces me planteo abrir una panadería porque lo de los martes y jueves, cuando tienes que estar en la piscina a las 7:30, no es normal. Para Febrero, el mismo almaenpena que te había regalado una piruleta de corazón el otro año, aspiró a "formalizar la relación", y le diste boleto. Pistoletazo de salida para el reguero de damnificados de una buena Vagando! Go girl!

De repente, todo paró. Ya no hay que madrugar y estamos aquí en casa. Maniana es tu cumpleanios, y temo que nos salga una birria. Requerimos tu comprensión: no somos la yummy-mummy de las cupcakes, ni el padre de la barbacoa llamada "La Bestia", date cuenta de que somos nosotros, los cutres de los Pedalitas, los desastres de tus padres. Y este año, por primera vez, sin equipo de apoyo (help!)

Felicidades Mini, y que cumplas muchos más!





19 abril 2020

De Drácula como "Literatura de Invasión" a las chabolas de Huelva

En un ensayo sobre Drácula que leo hablan de la novela de Stoker como un ejemplo de "Literatura de Invasión", género que comenzó hacia 1871, con "La batalla de Dorking" (de George Tomkyns Chesney) y duró hasta la Primera Guerra Mundial (o más). Parece que esta primera novela, en la que una entidad extrajera que hablaba alemán invadía la isla, devastándola, tuvo una gran influencia a nivel sociológico. Pensábamos que a los ingleses su actitud brexitera, "el continente aislado", etc les venía de su cacareado pasado imperial (bostezo), pero a saber si esto fue una influencia más. Una de las más famosas obras de este género, esta vez de ciencia ficción es "La batalla de los mundos" de H.G. Wells (1898), "Cuando vino William", de Saki o "Los 39 escalones" de John Buchan.

Alemanes, franceses, espías, seres sobrenaturales, todos amenazaban al Imperio Británico. Malos muy malos, pero nadie tan malo ni diabólico como Drácula, otro de esos seres fantásticos que invadían la isla desde el continente, en este caso desde el aún más misterioso este, Rumanía. 

Así que cuando se publicó la novela de Stoker en 1897, el público estaba bien familiarizado con este tipo de literatura. Además, la década de 1880-1890 es en la que se establece la teoría de los gérmenes como contribuidores de patología. Recordemos que antes ni los cirujanos se lavaban las manos de operación en operación. Cuando la "Gripe Espaniola" (erróneamente llamada así, Espania era neutral en la guerra y no censuró la prensa, mientras que en UK, US, etc no se habló para no tocar la moral-eso lo explican en el párrafo 13 en adelante de este artículo) de 1918, en Zamora lo que hicieron fue organizar una novena para luchar contra la enfermedad, con resultados catastróficos, claro. Eso lo sabemos ahora: pero a finales del SXIX, era cuando Robert Koch descubrió el Bacilo de su nombre, causante dela Tuberculosis, o Pasteur estaba desarrollando vacunas que salvarían la vida a tantos.  

En el grupo que lucha contra Drácula hay nada menos que dos médicos, porque la novela está plagada de simbolismos, y Drácula es La Enfermedad. Algunos autores han identificado al conde con infecciones específicas, porque se transforma en animales típicamente transmisores de enfermedad: como la rabia (no es a ratos un lobo?), la peste (la Yersinia Pestis, transmitida por ratas, otro típico animal en el que se transforma), el coléra (Vibrio Cholerae, aguas contaminadas), la sífilis (quien haya visto la peli de Coppola sabrá de lo que hablo), la tuberculosis (palidez, "estar consumida", típicas características de los vampiros y los vampirizados), e incluso su transformación en niebla, simbolizando aire contaminado . Enfermedades que se transmiten por contacto, y que pueden ser metáforas de otros miedos de la época, como la inmigración, especialmente del este. 

Es curioso estar leyendo esto en los tiempos del covid. El inefable presidente del los EEUU y, sin ir tan lejos, algunos políticos más cerca se refirieron al virus como "eso que viene del extranjero" o "mis defensas españolas lucharán contra él". Ja. El miedo a la inmigración ya lo teníamos de antes, pero ahora el virus nos ha dado el tortazo: esto no se arregla levantando muros, sino tendiendo puentes. Somos tan débiles como nuestro eslabón más débil, dijo alguien. Esto me da cierta esperanza: igual que hace un siglo se hicieron tuberías y desagües para los pobres, no por caridad cristiana, sino para evitar que a los ricos les salpicase, igual hoy esto pueda ser la motivación para que nos pongamos a que en todos los sitios haya una sanidad decente: no por justicia, sino para que no nos salpique. 

Y hablando de salpicar, tuberías y desagües, esto me lleva a "Carne Cruda", el programa de radio independiente que os recomiendo. Hoy, al ver su entrada promoción del programa en Instagram me he echado a llorar: imágenes de los campos de chabolas de los que recogen la fruta en el sur de nuestro país, en Huelva, concretamente. Y es que la idea de tener en mis manos unos tomatitos cherries, de esos que consumo todos los días, del Tesco, "Product of Spain", se me ha hecho insoportable. De verdad soy tan ingenua o imbécil, como para no haberme nunca molestado en ver las condiciones de esta gente? Sí, claro, los de izquierdas siempre con la cantinela de que los derechos, y tal. Pero acaso imaginaba yo que esta gente vive sin tuberías que desagüen sus heces, sin agua corriente, en favelas de las que hemos hablado con horror, pero siempre refiriéndonos a Brasil, a Sudáfrica, esos países lejanos? Ahora resulta que los tomatitos tipo "Piccolo" de la gama "Finest" de un supermercado medio de UK son cogidos por personas que nos atrevemos a tener en esas condiciones, y algunos, aún peor, a identificar como La Infección. 

La Infección somos nosotros. Poco nos pasa. 


15 abril 2020

Proyecto Di-hemeroteca de algunas cositas covid

Vengo diciendo que no leo la prensa y la gente debe decir, qué brasas, si está venga a enviarnos artículos. Pobres: llevan razón.  Estas víctimas son algunos de mis contactos del whastapp. Algunos están solos y otros también son parte de un grupo. Hay algún pobre (el Peda) que está en varios grupos. 

A veces, cuando leo un artículo (nunca noticias, pero opinión) que me interesa, empiezo a rolar hacia abajo mi lista de contactos y lo mando siguiendo un criterio. El primero es el idioma, obviamente; luego pienso a quién le puede interesar, y por fin, hago un poco de experimentación con grupos. 

Lo bueno del grupo es que la gente no tiene ni que contestarte. Viene a ser como el blog, tú cuelgas algo ahí, y quien quiera lo accede. El blog se inventó para que, aquello que yo escribía y les enviaba a veces a mis amigos por email estuviera colgado en un sitio, caso de que fuera de interés, ji. 

Pero con mi experimento podría empezar a hacer casi un tractatus de "psico-sociología del whatsapp: funcionamiento y dinámicas". Mis grupos funcionan así: hay alguno que es de gente que comparte artículos y que agradece los míos. A ratos debatimos, con las limitaciones del whastapp, y las horarias, porque estoy pensado en uno que un participante vive en el DF. Hay otros grupos que son estrictamente humor: en uno de ellos hay dos que son ambos académicos (uno catedrático), y serían incapaces de interesarse por nada de lo que yo mando de orden político-social. Se hace el silencio. Otros grupos de humor te contestan a un artículo profundo con humor llamémoslo básico, que a mí ya me va bien, pero no quiere decir que a la siguiente remesa no les cueza otra vez. Del masivo grupo de promoción (del que ya habré hablado alguna vez, traumatizada no empieza a cubrir lo que me hace), qué puedo decir: nunca participo, estoy de observadora internacional, de vez en cuando entran en política y se lía parda, y entonces dicen "solo ciencia y humor", y luego ponen memes de la resurrección con puesta de sol. Os aviso que esta gente existe y yo me los tragando para que vosotros no tengáis que hacerlo. 

Pero el punto de este divague es que hoy, mientras contestaba a CARMEN, se me ha ocurrido compartir estos artículos que me han ido interesando sobre el covid, o más específicamente el mundo que queremos o nos espera tras el covid. "Eureka, abriré una hemeroteca", me he dicho, e iré colgando si encuentro estas perlas con las que no tengo porqué estar necesariamente de acuerdo, pero que me han hecho pensar... 

"Why outbreaks like coronavirus spread exponentially, and how to “flatten the curve”", de Harry Stevens, Washington Post (14.03.20)


"In the Battle Against Coronavirus, Humanity Lacks Leadership" de Yuval Noah Harari, Time, (15.03.20)

"Yuval Noah Harari: the world after coronavirus" , FT, (20.03.20)

"El cabrón es el macrófago", Dr José Luis Callejas (26.03.20)

"From Bats to Human Lungs, the Evolution of a Coronavirus", de Carolyn Kormann, The New Yorker, (27.03.20)

"Why this crisis is a turning point in history" de John Gray, New Statesman (01.04.20)

"The ten most dangerous coronavirus myths debunked", blog de Anna McLaughlin, Kings College London (08.04.20)

"My Dying Coronavirus Patient Was Concerned About Their Hospital Bill", por Susan Rinkunas, Vice (09.04.20)


El secreto letal de España: no teníamos “la mejor Sanidad del mundo”, por David Jiménez, New York Times, (09.04.20)


"Prepare for the Ultimate Gaslighting", de Julio Vicent Gambuto (10.04.20)


"The WHO v coronavirus: why it can't handle the pandemic" de Stephen Bujanri, The Guardian, (10.04.20)

"Will coronavirus change our attitudes to death? Quite the opposite" de Yuval Noah Harari, The Guardian, (20.04.20)

Esto, de momento, y bienvenidas las ideas, o si alguien sabe de los artículos traducidos (tristemente, la mayoría son en inglés, pero me consta que algunos han sido publicados en castellano). 

PS. Los del whastapp no es que pueden descansar, el experimento continúa...

11 abril 2020

El amor en los tiempo del Covid

"El amor en los tiempos del Covid"
Va para ti, tú ya sabes...

 La foto es de pésima calidad, pero es que la tomé a toda prisa desde la ventana con mi teléfono jujano, porque me quedaba perfecta para el título del divague: "el amor en los tiempos del Covid". Sí, divagantas, hay amor en los tiempos del covid, algunos incluso se atreven a fardar en los parques. Hablando de parques, hoy he leído un artículo en The Guardian sobre el profundo dilema moral del momento: "Puedo tomar el sol en el parque?" y sigo si salir de mi apoteosis. Para alguna gente, esto es un dilema moral: si el bien general supera la "libertad individual", y ahí está una filósofa de Oxford para explicárselo, con ayuda de estos chavales nuevos,  John Stuart Mill y su "mayor felicidad para el mayor número", Marx, Rousseau, la solidaridad y esas cosas. 

Oh, la solidaridad, la ternura (yo digo, el amor) de los pueblos. Me da la impresión de que hay en estos momentos tres grupos de gente: los que afortunadamente para ellos no han sido tocados por el virus, los que lo han sido o bien trabajan en el "frente", y un grupo intermedio que, sin haber sido tocado, ha visto o está atisbando "el otro lado". 

Dentro de todos los grupos hay gente con distintos grados de solidaridad, empatía, piel, lo que sea (es que empatía me sigue recordando a aquel ministro que la denigraba: "la piel, la empatía" no iba con él, nos decía con su voz nasal). El primer grupo habla de su experiencia de confinamiento (algunos siguen en bucle con la historia de no poder salir -véase a los que hay que explicarles con una filósofa el tema), o hablan de economía, el piñón de la rueda dentada tiene que volver a su posición en el engranaje (el chiringuito se va al garete), o hablan de culpables, incompetentes, ellos sabían mejor todo ("lo que no me aporte, lejos!"), o luego los que -mejor dotados en el departamento "piel-empatía"- simplemente callan con respeto, agradeciendo cada día al azar o a quien sea su buena suerte ("doy las gracias y mi tiempo lo dedico a quien yo quiero"). El segundo grupo está viviendo "el horror en los tiempos del Covid" ("Sabes? he pasado mucho miedo"), y no hace falta que lo describa, porque hasta el ex-ministro "sin piel" debería imaginarse lo que es morir sol@, o que alguien que quieres muera sol@. No quiero imaginar lo que es para ellos leer lo de algunos del grupo primero ("se me parte el alma y a llorar"). Y aquí incluyo a compañer@s míos del frente, en ambos países, que están jugándose la vida mientras escribo esto, y otros que ya se la han jugado. Antes de que se pueda dar tratamiento a todos y cada uno de los que caen enfermos -por covid y por otras afecciones, las peritonitis y las anginas no se paran por este show-, lo siento, el engranaje ha de esperar. 

El otro día una presentadora de la BBC, Emily Maitlis, pegó un baño de realidad al abrir las noticias, y en parte fue otra carta de amor (en los tiempo del Covid) para toda esa gente del grupo 2 que son los peores pagados de la sociedad, que no pueden dejar de trabajar: cajer@s de supermercado, conductores de bus, basurer@s, cuidador@s...  Este virus no es "el gran igualador", como se va diciendo por ahí. Al contrario: las diferencias sociales se hacen más palpables. Y como en todas las enfermedades, tampoco es útil usar la metáfora de la batalla: "es un luchador"-dijeron de Johnson para indicar que saldría ("esta vida me ofreció otra oportunidad"). Qué estupidez, como si dependiera de "luchar". Esto es una lotería macabra donde está implicado el macrófago y las tormentas de citoquinas (hey Fashion!) y muchas más cosas del sistema inmunológico que no entiendo y que recuerdo como complejas cuando hacía la licenciatura (claro que ahora cualquier cuñado te lo explica) ("Sabes? he aprendido tanto tanto"). Qué pasa, que los que han fallecido no "lucharon bastante"? Que no tenían fortaleza? Que eran peores? Y luego la vergüenza ajena de Trump, rezando por Johnson: no puede rezar también por los miles de americanos, ya que le ha ido tan bien con el Primer Ministro de esta isla?

Pero empezábamos con el amor, y quiero terminar también con él ("Y si me levanto y miro al cielo, doy las gracias y mi tiempo lo dedico a quien yo quiero"). Primero con unas fotos del balconete donde paso ahora las mañanas festivas: ya se ve que es enano y ni siquiera tengo un puff, así que me echo sobre una bolsa de traje llena de ropa de cuando Mini era peque, de esa que no me deja dar "por valor sentimental" ("Si alguien detiene mis pies, aprenderé a volar"). Allí paso las horas hablando por teléfono, leyendo e inyectándome Vitamina D (ayer me quemé las piernas, "el empeine es lo más jodido" frase lapidaria del Peda).



 También podía haber titulado el divague "el balconete indiscreto", porque me estoy familiarizando con los vecinos de las casas de al lado (no conocemos a nadie, welcome to Londinium). En el jardín de la izquierda están una chicas haciendo yoga con un portátil y en el de la derecha un cachas que el otro finde quitó un montón de arbustos y hoy parece que va a plantar un pequeño huerto. No recuerdo si esto lo conté. Igual ya me repito, disculpas, entiéndame, son 10 años. El caso es que aún no ha plantado nada. Las chicas a veces están leyendo y nos decimos adiós con la mano. 

Como dije hace días, no leo apenas la prensa, pero pertenezco a ese grupo intersección, en el que vicariamente sufro por los del segundo, y por la falta de amor de algunos del primero. Nunca había oído la canción que incluyo al final hasta el comienzo de esta pesadilla, que alguien al colgó en un whatsapp. Fue escrita creo que para el cáncer de mama, pero qué bien va la letra para hoy. Va para tod@s l@s divagant@s, y para tod@s del grupo 2 y toda la buena gente de cualquier sitio que nunca leerán esto. Con todo mi amor. 

Nosotr@s saldremos de aquí!