10 de octubre de 2018

Serial. Uno.

Por supuesto, llovía. Las luces de los taxis- no era un mito, todo eran taxis- se mezclaban con las del Diwali, el festival hindú de la luz, pero eso lo sabría yo un tiempo después. Victoria Coach Station, la estación de autobuses del sur de Londres, estaba exactamente como yo la recordaba: en serio habían pasado 10 años, cuando era un antro mugriento para transeúntes sin rumbo y jóvenes europeos que venían a la isla del tesoro a por la panacea, lo que nos iba a salvar la vida, el idioma del imperio?

En aquella época la gente venía de Polonia o de Palencia a fregar platos, servir pintas, y matricularse en el Adult Learning Centre (el centro de aprendizaje -de inglés, aunque también harían horneado y tricotosa- de adultos) para hacer "el First", como su nombre indica el primer examen de la universidad de Cambridge, que creo que tiene hasta mi abuela. Las profesoras siempre se llamaban Carol Dunn, e indefectiblemente eran terroríficas. Los camareros, con licenciatura o no, -en aquella época no éramos la generación mejor preparada de la historia- todos tenían algo en común: por la noche lloraban con el sonsonete "quién teme a Carol Dunn?", y la respuesta, bajo el edredón era, si había autoconocimiento y honestidad, sí. I do. 

Yo no tuve una Carol Dunn, ya me vine llorada de casa. Sin dramas: el inglés siempre se me dio bien y allá, en la península, ya desde peque fui la enchufada de las profes del idioma de Queen, que eran siempre jóvenes, dinámicas y musicales. Yo podría haber sido una de ellas, por algo era joven, dinámica y musical, y de hecho ejercí un tiempo, en pequeños grupos de buperos que venían a mi casa los sábados por la mañana. Yo era su Carol Dunn local, mi sueño haber sido la mitad de terrorífica que la original. Pero, por alguna razón sin duda relacionada a partes iguales con mi madre y la megalomanía -pero culparé, claro, a la primera- me matriculé en Medicina en lugar de en Filología inglesa. Y ahí empezó el declive.

Pero por dónde empezar. Yo estaba en Victoria Coach Station, y llovía-no sé si lo he comentado, tal vez sí, venga sí, es un efecto perfectamente planeado: pero es que cuando llueve sobre paneles de plástico es mucho más llover, y si el olfato te lleva a momentos de la lactancia, el sonido de la lluvia en Victoria te lleva a la desolación. Y yo estaba en Victoria Coach Station porque, aunque recién licenciada, tenía la mentalidad del estudiante, y el poco dinero. Y las fantasías, porque antes de internet, casi todo ocurría en nuestras cabezas: alguien tenía una prima que había venido a Londres y se había gastado £32 en una compra básica en Tesco, qué barbaridad. Y los trenes, madre mía, eran esos animales mitológicos que iban hacia el norte, en los que con un poco de mala suerte te dejabas un rinión, y te tocaba dormir con un crápula cantautor, que te llamaba chica y él se creía un hombre. En lo del precio sigo teniendo razón: los trenes siguen siendo demasiado caros, y más si los compras el mismo día. Los ingleses tienen sus pequeñas maneras de castigar al que no planea: es raro poder organizar con ellos algo en este fin de semana, no hablemos de esta tarde-pero esto lo aprendí, también, más tarde, o quizás demasiado tarde, que me gusta más como efecto, igual que la lluvia. Si no planeas, olvídate, será mejor volar. Pero en aquella época, todavía no existían las companías sadomaso, que te llevan por 99 peniques (y £30 de maleta, y £15 de "preferity"-amo al que introdujo este concepto en mi vida, esa mezcla entre "priotity" y "preferencia", gracias papá-, y £20 por estirar las piernas y £12 por pasillo) y te tocan una corneta al tocar tierra.  Y tú todo lo que quieres es gritar "tócame la corneta"!

En Victoria había buses que salían hacia el Infierno, sin transbordos. A las 23:30 comenzaba mi particular noche del horror, en un bus que cruzaba Inglaterra en corte sagital hasta aquella ciudad mítica, Whitby. Aún no había leído a Stoker -aunque la peli de Scorsese, esas vampiras!, la vi de estreno con los compas de la facultad un tiempo antes- y con 24 años me creía gran lectora porque conocía bien un puñado de clásicos en castellano. Qué osada es la juventuzzz. Por esto y por todo lo que implica meterse en ese autobus nocturno, todo cristales empañados, gente de malvivir, oscuridad y bruma ahí afuera, donde no me atreví a mirar para evitar las alimañas de ojos rojos, y tal vez los fantasmas. 

A las 8 de la mañana, sin haber pegado ojo -suele ser el cliché, pero creo que los árboles a lo Tim Burton, el jinete sin cabeza y la chica de blanco o dama de la curva (o las mezclo?) debieron pertenecer al género pesadillas- oí a las primeras gaviotas, y quise oler a mar, pero recordemos que llevaba ocho horas en unos metros cuadrados con lo mejor de cada casa. 

Al bajar, de Whitby recuerdo el frío, como de otro planeta. Y tengo flashbacks de hombres toscos hablando en un idioma que no entendía, ahora viene cuando los adolescentes de los sábados en mi casa me demandan por impostora. Una sala de espera con sillas de plástico y una señora seguro jubilada, seguro voluntaria, seguro incomprensible, abriendo la persiana de un minúsculo establecimiento donde preparaba tés, nescafés y había, como toda oferta de galletas, Jaffa Cakes.  Qué quieres, love. Love y Jaffa Cakes: Whitby quería ser amable conmigo, los signos ominosos iban ya a terminar. "Un té con leche, por favor-gracias-lo siento": ya era una de ellos, claro que no tanto como para lanzarme al contacto visual- otro hombre tosco y mi autoestima linguística se iría por los suelos. En la ventanilla, una mujercilla desdentada y con gafas enormes (cuando aún no las habían vuelto a la moda los hipsters) me aclaró que el siguiente bus para Danby saldría en dos horas, pero que paraba en todos los pueblos, y que qué iba a hacer yo en ese pueblo de trescientos habitantes. Un silencio: "no, una vez en Danby tengo que encontrar un teléfono y llamaré y me vendrán a buscar". Otro silencio. Por qué tenía que dar explicaciones a esa mujer? "El doctor Konar, de... ehem... de Banderley Hospital".

Nunca olvidaré la cara de la mujer: está disociando, pensé, y eso que aún no había empezado a aprender mi oficio. De un plumazo, mucha prisa en terminar toda la conversación que me quería dar antes, muchas gracias-sin-love, esto es lo que más me doli, y desapareció por una trastienda. El reloj estaba parado. Desde allí veía chicles pegados bajo las sillas. Se podía clasificar como amanecer lo de la calle? Secretamente esperaba que aquella oscuridad aún fuera la noche. 

Banderley. Había oído cosas de Banderley, y todo en él me atraía: un viejo hospital psiquiátrico victoriano, con pasillos blanquísimos que no se acababan nunca, ventanales cuadriculados y psiquiatras reputados de los que aprenderlo todo. Vivir allí iba a ser experimentar una de las pocas "Instituciones Totales" que quedaban en Europa, conocer a los pacientes más complejos, estudiar sin interrupciones y, como única evasión de tanta enfermedad mental, leer a las Bronte. 

Porque esto eran los North Yorkshire Moors, una esquina brumosa del mundo, alejada del ruido y de la vida. Cercana a la muerte pero, como tantas cosas... yo eso tampoco entonces lo sabía. 


~~~Continuará~~~

9 comentarios:

Luxindex dijo...
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Luxindex dijo...
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Di Vagando dijo...

Querido LUX, pero qué mono comentar aquí, gracias. Y también por tu breve opinión (la "contenida nostalgia" se encuentra con "los divagues").

Lo de los capítulos-te cuento (y no te va a gustar nada). Este verano se me ocurrió una historia... bueno, miento, se me ocurrió un lugar, q es precisamente un brumoso manicomio de los q ya no existen, donde pasan cosas. La otra tarde me senté al teclado y esto salió de seguido. Ayer lo releí, cambié unas cuantas frases aburridas y le di a publicar. Lo mejor es q me lo pasé en grande escribiendo. Cuando me fui a la cama, me puse a pensar en el capítulo dos. Se me ocurrían un montón de cosas!!! Llegaba nuestra prota al manicomio, o se quedaba en Danby atascada un par de días, donde conocía a siniestros brexiteros q aun no sabían q lo eran, porque la cosa está ambientada hace 20-25 anios? Hoy, cuanod MIni se vaya a dormir, tengo muchas ganas de seguir escrbiendo, a ver que sale... no espero más q pasarlo bien, y si os gusta, aún mejor... Pienso: el serial no puede ser peor que las crónicas de viajes! :)

Y todas las opininones (también las malas, por supuesto-ya he tenido alguna de esa hoy en casa), son bienvenidas! :) ...

hugs

di

Luxindex dijo...
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Driver dijo...

Vi a la nueva.
Era nueva, nuevísima.
Extranjera del extranjero lejano.
...
Y ese día lo supe.
Ella iba a ser la última oportunidad de mi vida.
Yo no estaba loco, ni siquiera enfermo.
Herido ?, sí, tal vez.
Tenía que hablar con ella como fuera.
Tras ocho años enterrado en vida, tenía que salir de allí y volver a ver el mar.

C.S. dijo...

¡Una novela por entregas! no había leído una desde que publicaron "Sin noticias de Gurp" en El País. ¿Y va tener día fijo de publicación?

Di Vagando dijo...

Hola darlings, una vez más, gracias por todo! Por las propuestas q son buenísimas (no deberíamos hacer un "elija su propia aventura"? alguien se acuerda de esos cuentos?)... el psiquiatra loco en Danby, la visión desde el ojo del enfermo (es un hospi de alta seguridad? shuttle island? o más bien una benévola versión mental de la montania mágica, o del Best Budapest Hotel?)

Sobre el día de publicación... el Peda ya me ha echado la bronca pq dice q (qué fácil es mandar) "tendría q tener 4 entregas, o 5, dice el tío, así en el cajón para q haya una regularidad etc... pues no, no tengo nada en ningún cajón y creo q intentar un día por semana estará bien, aunque atravieso una época complicada... ya sé q salisteis hartos del Paper (por cierto, no han hecho ni decir gracias, ha llegado), pero es q tengo también el problema Mini con sus exámenes aquellos de secundaria... cada noche el Peda y yo intentamos hacer extra con ella (hoy he descubierto lo q era el "BODMAS", en mi época había paréntesis, no bodmas) y acabo exhausta, pq no se puede decir q sea una alumna agradecida, ávida de saber, sino una, a estas horas del día, irritable, y q niega lo q le dices pq ella lo sabe mejor (y, qué verguenza, a veces es cierto, lo sabe mejor!).

En fin... q veremos q sale, pero vuestro interés me da ganas de daros muchos besos

LOve

di

NáN dijo...

Me alegra de que me avisaras de que había un capítulo Uno publicado cuando todavía no acudía yo al ordenador.
¡Me apunto a la serie!

NáN dijo...

Y también me alegra que pusieras un "ver todo" (menos el 4) que me ha permitido volver cómodamente (sí, me he vuelto muy comodón) a reempezar desde el UNO y enterarme mejor de todo.

Ya tengo plan para lo que queda de mañana.

Ahora dejo la cocinacomo los chorros del oro y vuelvo aquí, a por el Dos.