9 de abril de 2019

Desierto: el tinder africano (M4)

Martes, 9 de Abril de 2019: Desierto
Por terminar en un punto alto, ayer no conté que al llegar a Merzouga, el pueblo que ha hecho del desierto su Meca turística, era noche cerrada y no había manera de encontrar el riad. Pasamos por una calle que recuerdo vagamente llena de hoteles y chamizos, terminamos en el patio de uno, y allí, gracias alGPS del Peda, logramos volver sobre nuestros pasos, calculo que unos 12 kms, hasta que llegamos al riad Mamouche, exhaustos y hambrientos. Es un sitio que está muy bien, preparado para las excursiones al desierto, así que tiene algo de albergue de mochileros, donde es todo básico, pero muy limpio y bien.

el baño
Nos dieron de cenar en un comedor muy grande: había grupos de gente, y creo que hubo una sopa bereber que no me gustó y tajina. Trepamos por escaleras y descubrimos distintas terrazas, y una especie de galería que hace las veces de chillout lleno de alfombras.  La habitación tenía las paredes de adobe, y el baño  pequeños compartimentos abovedados para la ducha y demás. Cuando me despierto en la noche, no se quién soy ni dónde estoy, y tengo una de esas sensaciones de deprivación sensorial: "pitch black" se dice en inglés, es una oscuridad agobiante, porque en un punto te preguntas si te has quedado ciega-no hay una ranurita de luz en ningún sitio.

Por la mañana el Peda vuelve de correr, asegurando que ha sido "una de las mejores carreras de su vida, llano y al lado del desierto". No podemos imaginar lo que tenemos fuera, nos dice, y subimos a una de las terrazas para comprobarlo y, en fin, es la leche. Ahí, frente al hotel, a unos 50 ms, hay un grupo de pobres camellos en diversos posiciones de espera, comiendo alfalfa o lo que sea q coman, y literalmente detrás están las dunas como en Lawrence de Arabia. Rojas, con filos perfectos, espectaculares. 

El desayuno buffet en este sitio juvenil es normal, pero claro, venimos del lujo africano en Fez. Allí debatimos las opciones de "diversión en el desierto" que el recepcionista del hotel nos ha contado. Por supuesto, vamos a hacer la turistada de los camellos y pernocta en el desierto, porque ha sido casi el único aliciente de aventura que le hemos dado a Mini para venir a Marruecos. Yo ya dije, tras el camello egipcio, hace muchos años, que daba esa experiencia por "tickada", pero, lo que son las cosas, voy a tenerme que subir de nuevo a ese bicho. Además, esta vez vengo preparada por Fashion que ha descrito esta excusión al desierto como galeras. Así que camello es inevitable, pero además, en un momento de debilidad con estos dos, acepto hacer por la mañana el "quad entre las dunas".

Antes, eso sí, le pregunto a nuestro amigo del riad si se sube a dunas altas, porque en ese caso, paso. No, no, tranquila, nunca altas! En serio? Si, tranquila, todo fácil. Bien, sea. Al poco rato aparece un chaval (Mustafa? Mohamed?) con tres quads. Mini tiene que ir con él, que nos guiará (mini esta muy decepcionada, ella quería conducir.. pues que conduzca y llévame a mí, Mustafá!), y nos da dos cascos al Peda y a mí. La niña no hace falta que lleve casco, que va conmigo. De verdad? si, si, no hay problema. Una pregunta: no iremos por lo alto no? Oh, no, no, tranquila, todo por dunas suaves. Bueno, vale. Todo suave. Ya. 

Me explica cómo hacer funcionar ese bicho, que es esencialmente un pequeño tractor descapotable. Hay que acelerar con el dedo de la mano derecha, frenar con el pie, y la marcha atrás es esto. Ay ay ay... nos ponemos en marcha y al arrancar tengo un problema con la dirección. No se puede decir que queda bien: que solo hay un matojo de palmera frente al hotel y me meto contra él. Vamos a ver, que esto parece de película de blanco y negro sin gracia, tarta en la cara y esas cosas, pero es que fue tal cual: acelero y me voy contra la palmera. El Peda y Mini pasaron luego varios días haciendo la imitación de la jugada, exagerando en su afán -fallido- humorístico. Yo, la verdad, pienso que debería haber sido un aviso para navegantes-en concreto el guía, sobre la clase de público al que guiaba. Opino que el tal Mustafa debería haber pensando, de haber sido alguien inteligente y cabal: esta señora Concha nos va a dar la mañana, quien sabe si esta me vuelca el quad. Piano, piano.

Pero no. Mustafa es un kamikaze, como queda claro en breves minutos, y le ha dado igual que yo mostrase mi destreza psicomotriz, le importa un pepino saber que puedo perfectamente volcar el tractor en un plano, y, en fin, Mustafa está determinado a que hagamos un pequeño París-Dakar.

Al poco de salir, ya manejando perfectamente la dirección le grito al Peda que va a ser "la hora más larga de mi vida". El se ríe, cree que bromeo. Nos vamos alejando de donde pacen los camellos y nos metemos entre las dunas. La verdad es que es divertido, pero yo tengo un problema. Vamos a ver, yo no es que tenga miedo a las alturas: yo he estado en montañas rusas reales y metafóricas, que ríete K2. Mi problema es el control-hay gente que piensa (erróneamente) que soy un monstruo del control (control freak). Wronggg: a mi lo que me da pánico aquí es precisamente estar navegando una montaña rusa donde YO tengo los mandos. 

Porque sí, créanme: eso es una maldita montaña rusa donde yo, Di Vagando, llevo las riendas. Al fondo se ve una montaña-duna inmensa, y, caminito caminito, allí que nos llegamos. La sensación casi continua es la de estar escalando una cuesta de 45 grados (dicen estos que no, ja!), de color rojo, eso sí, impresionante, con el cielo más azul imaginable (y no hablemos con gafas de sol polarizadas) de fondo. Un cuesta de la que no ves el final: lo único que sabes es que has de meterle candela o se te va  calar el monstruo, y cuando llegas arriba, puede ser el Abismo. Cuando por fin llegas arriba, afortunadamente nunca hay una bajada tan bestia como lo que acabas de subir, pero la hay, aunque esto no me da miedo. Mi pavor es subir sin ver el final, y saber que o pisas a fondo, o te vas a la porra. Un poco metáfora de la vida misma.

Por supuesto, una vez (solo una), me encallo. Es un total pavor, estoy con el freno puesto en un nivel superior de tensión, y el Peda me dice que lo suelte, que no se irá para atrás. Entonces vuelve el guía que logra, sacando arena tipo manguera desde la rueda, rescatar al bicho. Al Peda también le pasa una vez, conste. Otro de los momentos "divertidos" para mofa de Mini y Peda es cuando me salgo de la ruta y me quedo en bucle haciendo un círculo (todo por no poner la marcha atrás, que he decidido que no es lo mío).  Llegamos a una duna altísima, y desde allí me siento como cuando el demonio va a tentar a Nuestro Senior en el desierto, "todo esto haré tuyo si te sometes". En esos momentos yo me someto, vendo mi alma, no quiero nada, lo que haga falta porque me bajen de ahí. Pero el tal Mustafa aun quiere seguir más... no soy yo a turistonga que paga y exige? se la suda. Mis compas no ayudan.

En fin, para qué contar más de esta hora de pánico y emoción y éxtasis, todo a la vez. Que cuando volvemos y estamos vivos tengo ganas de bailar por el subidón de adrenalina, y tal vez huelo a azufre. Mini está fastidiada porque no ha podido conducir y no puede esperar a los 16 años cuando podrá. Yo ya y tal.

Pero no olvidemos, aún queda el camello! Antes de eso nos vamos al pueblo, compramos helado y naranjas, intentamos comer, sin éxito. En general, el pueblo es un sad affaire. De vuelta al riad, pasamos un gran rato en la piscina. El agua, que yo visualizo viniendo directamente de las montañas nevadas de ayer, esta ciertamente helada, pero son tales las ganas de juerga que tenemos que Mini y yo nos metemos, eso sí, gritando y a su vez persuadiendo al Peda con análisis como "es agua no fría, sino refrescante" (a medida que nos ibamos tornando azules). El Peda, que al final se nos une, difiere. Hay unas familias con niños de Ceuta, son musulmanes pero hablan español, y nos dan un trozo de su tarta. También tomamos un té a la menta, leemos y en general, permanecemos en negación sobre el hecho de que a las 17:00 hay que salir al camello.


Pero la gran duda existencial del camello es: Revenant o no Revenant? Parece contra-intuitivo, con el calor que hace a las 5 pm, llevarse el mastodonte-bisonte-plumífero en un camello. Me debato por varias semanas, pero ha llegado el momento de tomar la decisión, inútil retrasarlo más. Las fría noches del desierto, la laguna colorada, cambios dramáticos de temperatura, Fashion. En fin, Revenant es dedo pulgar para arriba. Impagable imagen para el futuro, mi Revenant así doblado a lomos del camello.



El naufrago Ro tuvo suerte en la excursión porque iban solos con su guía. Nosotros caemos con un grupo de yanquis gritones, pero los que van atados tras nuestros tres camellos son dos silenciosos japoneses. Yo encabezo el grupo (uno de los camellos se llama Bella, creo), me sigue Mini, y detrás el Peda, con los japos. El chico que lleva a mi camello se llama Mubarak. Debe tener como 17 años (creo que dice 24), lleva un turbante amarillo y a medida que avanza la excursión lo voy encontrando más guapo y beréber.

Mubarak
Al ir la primera, he de dar conversación a Mubarak, que camina estirando de mi camello. Me cuenta muchas cosas, por ejemplo que siempre hay muchos japoneses en este riad porque en el trabaja un japonés. Que ya hay cinco chicos como él, guías de excursiones de camellos, que se han casado con cinco japos y se han ido a vivir a Japón. Trato de imaginar a estos chavales en Japón. Entro en shock. Hace este trabajo cuando hay turistas. No logro clarificar qué hacen en este pueblo en temporada baja, cuando no hay pesados con dólares que quieren/queremos jugar a ser Lawrence. Habla bastante bien castellano, prefiere hablarlo para practicarlo, antes que el inglés. Tambien me dice palabras en otros idiomas, incluido, claro, japonés. Le pregunto si tiene novia, y Mini, que me oye, se escandaliza .. "daddy, le ha preguntado si tiene novia! Mummy, ya no quieres a daddy?" MIni, podría ser su madre (o quizás, abuela). Mubarak se ríe, se desvía la conversación, pero la vuelve a sacar.. "emm, volviendo a la novia, no no tengo... no me gustan las chicas de aquí, solo quieren estar en casa, tener hijos". En serio? Yo pensaba que son los tíos los que las hacen querer esa vida. "Me gustan las españolas", oh claro. Por lo visto, su hermano tiene novia española, la conoció, ahí, ene le camellismo, y ahora llevan la relación por whatsapp. Yo alucino con esas excursiones. Son el tinder norafricano.

Paramos mucho rato frente a unas dunas enormes. Nos dedicamos a subirlas, a bajarlas, a hacerle vídeos en cámara lenta a Mini bajándola, a hacer fotos, a escribir cosas en la arena, a quitarnos arena de las deportivas, a ponderar la triste vida del camello. Mubarak y los demás guías se echan al lado de los camellos. Llevan todos chilabas gruesas, "para la noche, refresca", me dice (yo paso mi mano por el Revenant, como el malo de Bond sobre su gato). Pero por la tarde, cuando todos vamos con camisetas, ellos igualmente llevan la chilaba: algo saben más que nosotros.

Volvemos a los camellos. No he comentado que subir al camello egipcio supuso un pequeño trauma, porque el movimiento del animal parece tan brusco cuando estás encima, que parece que te va a despedir hacia adelante, tanto cuando subes como cuando bajas. En estos camellos llevabas algo donde agarrarte en la parte delantera de la silla más alto y seguro que en Egipto, que lo recuerdo como una bola. Así que lo de subir y bajar ya no nos causa impresión (recordemos que vengo de dunas de 70 grados). 



Llegamos por fin a las jaimas donde vamos a dormir. Están alrededor de un patio lleno de alfombras, y son básicas pero están bien. Antes de cenar compartimos té a la menta y frutos secos con los japonenes. Como suele ser el caso, no hablan ningún idioma fuera de la lengua nipona, nosotros alucinamos de su valentía, cruzarse el mundo sin hablar nada! Nos cuesta horrores comunicarnos, aunque logramos establecer que son de Kyoto, así que podemos, vía gesticulación, decirles que estuvimos allí, y que el templo aquel de las puertas rojas y el del lago, y el jardin zen. Les contamos el resto de Japón que conocimos, y se alegran infinito cada vez que reconocen un sitio, ríen y asienten. A los pocos minutos, ya estamos todos haciendo reverencias como ocurre en Japón, se pega mucho todo aquello. Yo también hago el gesto de la cruz para indicar que no me gusta el pollo. Sí: para cenar hubo sopa bereber (puag) y tajina de pollo. Fue una noche sombría para mí en los gastronómico. Mini, por el contrario, que no ha comido tajina en todo le viaje, considera que aquella horrible de campaña fue tan rica.

Después de la cena, los chavales guía tocan los bongos. Los yankis se han traído botellas de vino (en serio, el Revevant en camello igual es no, pero camellos con botellas de vino...) y aguantan allí mientras se las beben. Nosotros salimos del complejo jaima y nos adentramos un poquito en el desierto para ver las estrellas, que están preciosas. No logro orientarme bien en ese cielo, dónde está el Carro de Santiago? Nos acordamos de Depablo, nuestro amigo que se orientó en el desierto de Libia gracias a las estrellas, y al que una vez llamamos con el naufrago Ro bajo el cielo estrellado de una playa de Almería, para que nos aclarase el cielo de allá.

Al volver, los yankis ya se han ido, y prácticamente solo quedan los guías. Uno de ellos me quiere enseniar a tocar el bongo. Es más dificil de lo que parece, o bien son mis pobres habilidades sicomotrices, tema recurrente de de este divague. Pero él, inasequible al desaliento, sigue intentando que yo haga algo de música, y mas tarde que "cante una canción de mi ciudad". Yo no puedo arrancarme con nada, no entiendo porqué lo único que viene a mi cabeza es "Asturias Patria Querida", que sinceramente, no lo veo con bongos. Entonces sale de la jaima Mini (el Peda hace rato que intenta dormir) y me salva, porque ahora es ella la que ha de aprender el bongo. Algunos de los chicos bailan, hacen esos grititos bereberes, y con el fuego, y la noche, y los yankis desaparecidos, el momento es casi mágico: estos chicos hacen esto porque verdaderamente les gusta, no porque han de entretener al turista. Solo quedan por ahi los japos, y él nos deleita con la que sera una de las canciones del viaje, "pícara pícara pícara", y todos muertos de risa.

Dormimos prácticamente vestidas. Hay un montón de mantas de colores, que pesan mucho. Me recuerda a la Laguna Colorada pero, a diferencia de aquella noche boliviana, hoy logro dormir pensando que ha sido un día de montaña rusa, con dunas en el quad de 80 grados... dormir hasta que nos despiertan para ver salir  el sol.




10 comentarios:

Driver dijo...

Una cosita sobre las estrellas y el desierto.
Son de verdad ?
Lo siento pero es que a mí me pareció que me echaron cannabis en la sopa y vi unos puntitos brillar, que comparados con los que estoy acostumbrado a ver en Europa, me parecieron que los Dioses le habían dado a un interruptor que no existe al norte del estrecho de Gibraltar.
Nunca sabré si efectivamente fui drogado y me hicieron el favor de mi vida, el caso es que esas luces de brillo contundente, se me quedaron grabadas para los restos y no me las puedo quitar de la cabeza.
Cuando volví a Europa y miré a la noche estrellada, sentí que nuestro hombre del tiempo, el Gobierno, los libros de texto y el Planetario de Madrid, eran los cuatro unos mentirosos compulsivos que me habían tenido engañado toda mi vida.
Las estrellas por debajo del paralelo cuarenta brillan de verdad.
Y nosotros, lo que vemos cada noche es una caricatura del David de Miguel Ángel dibujada con un bolígrafo Bic.
Y lo que se ve en el desierto es la Creación, dibujada con esmalte brillante

molinos dijo...

Por favor qué descojone. Es que te estaba viendo. Esta entrega se podía haber llamado "El desierto no es para mí" para homenajear la peli de Paco Martínez Soria de "la ciuda no es para mi". Y no me digas que no sabes quién es Paco Martínez Soria....

Lloro con que solo se te ocurriera Asturias Patria Querida... es que lloro de la risa.

Elena Rius dijo...

¡Ay, cómo te entiendo! Tus habilidades psicomotrices deben de ser como las mías. La primera vez que me subí a una moto hice lo mismo que tú, dármela contra el único árbol escuchimizado que había justo enfrente. Después de eso, claro, las motos no son para mí. Ni casi ningun otro cacharro con motor. Lo de los quads, bien que lo hayas explicado, así no caeré nunca en la tentación de montar en uno. Y mi único trayecto en camello (sospecho que fue en Lanzarote, o una turistada de esas) no me gustó nada. Tampoco repetiría.
Aunque no entiendo cómo no te arrancaste a cantar "Asturias patria querida". Apuesto a que hubiese sido un éxito con los muchachos de los bongos.

NáN dijo...

Suelo confundir la psicomotricidad con la psicosis, así que para qué te voy a contar desgracias. Solo las dos únicas veces que conduje una motocicleta. La primera fue una maravillosa noche estrellada y me dediqué a ver las estrellas. Se terminó la recta. Llegó una curva hacia la izquierda, que no tomé y... zataplán, vi otro tipo de estrellas. En la segunda, en la Uni, empecé a concentrarme en el velocímetro: 30, 40, 50, 60... y se acabó el camino. Más estrellas a pleno día.

En cambio, leer las tuyas me llena de bueno humor y ganas de reír. No cambies. Y no dejes de contarnos los detalles.

Luxindex dijo...

Primero: ¡alegría saber de NáN, ole!

Pero también diré que hay coincidencias, Di, que me ponen los pelos de gallina…

Margaretha Geertruida Zelle, más conocida como Mata Hari, en su célebre Manual compendioso para que un coqueteo quede impune contándolo como quien no quiere la cosa, pero que entre tú y yo se quede (21 volúmenes, 1898) escribió (Vol. VI; cap. XVII; págs. 630-635: Mis amores en Tamazgha):

«La mujer madura europea que quiera flirtear con un muchachito asín racial y güenorro procurará hacerlo en presencia de su marido [en aquellas épocas las solteras no se podían aventurar a viajes y menos tan exóticos] y prole de tenerla o cuanta parentela (si hay abuela: ¡abuela también!) le acompañare impidiéndole el abierto ligoteo. Ya sólo con lo anterior se saldrá con la suya, pues, pese a que el affaire sea patente para quienes tengan ojos en la cara y orejas a sus lados, disipará las sospechas por muy, insisto, fundadas que estuvieren. Empero, si alguna suspicacia quedare bastará con que telegrafíe sus amigos su devaneo eligiendo, eso sí, bien las palabras: al hacerlo deliberadamente público ¿cómo podría seguir alguien pensando que el coqueteo fue cosa privada, o íntima… y lo que surja!».

Luego, la Hari, relata cómo llevó a la practica su propio consejo anterior al conocer a un jovencito bereber cuya resignación diaria la soportaba con inocente pero inquebrantable rebeldía, mezcla que le trasmitió a la femme fatale una fuerza que quiso tomar. Y acabaron viendo atardecer, y anochecer, hablando —porque en realidad de eso iba todo— del carpe diem y el memento mori.

Ya acostados todos les llegó a ellos la hora de también “acostarse”. Y acabaron en una jaima tomando champagne helado (gaseosa calentorra, él, pues «el bueno musulmano no toma, no, nada, alcohol, no, no, no es, malo, malo») y ostras (berberechos, el bereber, que ser espía como la Hari no te quita de ser una agarrá como ella era).

Este libro —o joya— permaneció oculto hasta poco después del fusilamiento de la espía (1917) en la vetusta fortaleza de Vincennes (Francia). Hace un par de años (coincidiendo con el centenario de su ejecución) Tusquets Editores, en su colección La sonrisa vertical, lo editó en castellano, bellamente ilustrado con fotografías (aunque algunas están imperdonablemente pelín borrosas) de aquellos mares de arena, de aquellas inmensidades que nada contienen salvo lo esencial, que es justo eso: nada.

Luxindex dijo...

Por otra parte, respecto al accidente matojo de palmera vs. quad yo de ti, Di, no le daría más vueltas. Son cosas que pasan. Que pasan, ojo, con más frecuencia de lo que pensamos. Igual que ha hecho NáN, pondré un ejemplo que viví. Hablo ahora de las pistas de esquí de la Marmolada (Arabba, Italia). En sus más de 60 km de míticos descensos solo hay UN arbolito milagrosamente aferrado a la vida. Pues bien, y mira que hay miles de metros cuadrados, y más, libres de obstáculos para esquiar: todos los días, al acabar la jornada se tenía que pasar por ese punto nigérrimo un maquinón quitaturistas; a puñados o manojitos se estampaban. Era, efectivamente, como un quitanieves mediante turbina pero en versión turista yacente y finado. Quiero decir que esa extraña atracción en los parajes diáfanos por el obstáculo ha de ser, de verdad lo pienso, alguna ley de la física aún no enunciada (no sé, debería repasar las leyes Murphy).

Bueno, ya vale.

En realidad, lo que más me ha gustado de la crónica de hoy, aparte de todo, es el momento «Estos chicos hacen esto porque verdaderamente les gusta, no porque han de entretener al turista». Sí, Di, como dices debió ser un momento mágico. Ese momento en que uno deja de ser el siempre apurado por sus escrúpulos de conciencia turista y el otro, el condenado guía a sueldo. Al leerlo he sentido un pellizco. Bah, la nostalgia, como siempre.

En la luna de miel nos fuimos a un país entonces exótico (hoy en día creo que para un español lo más exótico sería ir a pasar la luna de miel a Albacete). Cuando ya llevábamos varios días allí comiendo cosas raras descubrimos un restaurante “español”: caracoles en salsa, tortilla de patatas, paella, gazpacho… “Español…”. Bueno, el dueño era chileno, el camarero argentino y el cocinero cubano. El caso es que al enterarse el dueño que estábamos de luna de miel nos invitó a la cena e, incluso, nos cantaron algo, ya no recuerdo qué. Pero la invitación nos dio un apuro tremendo: ¡si no nos íbamos a volver a ver las caras en la vida! ¿Cómo corresponder a una generosidad tal, a la genuina generosidad?

Pero la cosa siguió. Terminamos, una vez que se fueron los clientes, haciendo un resopón pero en la propia cocina; uno sentado en la encimera, otro en el suelo, otro yendo y viniendo… Nos negamos a ser servidos y les hicimos un revuelto de ajetes (aunque, claro, sin ajetes, que no había, sino con algo parecido de lo que no recuerdo el nombre). Lo pasamos muy bien. Es un recuerdo precioso. Entrañable.

Ya de vuelta a la casa patria, le envíamos a Sauce (así llamaban todos al dueño) un buen hatillo con surtidas especias, productos de matanza, aceite de oliva (mucho), vinagre de Jerez (mucho también), vinos de manzanilla y fino (mucho más)… No sé, un montón de cosas que, menos mal, le llegaron sin problemas aduaneros.

Tras aquella confirmación de que el paquetón lo recibieron, no volvimos a saber de ellos (era cuando las llamadas telefónicas eran carísimas y el correo, postal, que no electrónico).

Sauce… Todas sus posesiones cabían en una maleta. Y no quería nada que no cupiese en ella. Maleta que, aún llevando diecisiete años allí, mantenía lista detrás de la puerta de su dormitorio por si algún día podía volver.

Volviese o no, ojalá su buen corazón se haya visto recompensado. Apuesto a que sí.

Di Vagando dijo...

Hola darlings, sois más monos... gracias por los comentarios, y por las risas. Unas breves notas, no me enrollo q me quedan muchos días por escirbir, y si no, nunca acabaré la serie!

DRIVER, me ha gustado mucho lo del "interruptor bajo Gibraltar"... aunque yo te aviso q en Vetustilla de la Torre tb he visto buenos cielos, o tal vez es q yo tenia 15 y era la compañía :)

MO, tristemente sé quién es Paco MSoria (qué espanto), tiene hasta una estatua en Tarazona.. pero incluso prefiero uan canción muy ochentera q igual tu tb recuerdas "la noche no es para mí, no para mí....." ni idea de quién la cantaba.. :)

Y ELENA, bienve al club palmera-arbusto! Nota aparte: Sé q os he decepcionado tanto a ti como a MO q no ha habido colada hoy, pero... atención a mañana !!!

Gracias NaN... TU historia en muy naniana, y no entras en el club palmera-arbusto, pq ni ELENA ni yo nos habíamos pimplado nada...en esta línea me ha gustado el arbolito de la pista de esquí de LUX, que "milagrosamente se aferraba a la vida", y contra el q nuestro LUX se chocó, pero ha intentado la hipérbole para echar balones fuera, q si tantos turistas y tal.

Oh LUX, y más cosas... no sé si leo entre líneas q te apuntas al equipo-Mini q sugiere q la pobre indefensa seniora-mayor Di-Hari estaba flirteando outrageously con Mubarak (tengo solo una foto, así muy lateral, os la cuelgo).. lejos de moi!!! Yo tengo una aversion por los outlierss, y nunca con un yogurín.. NUNCA! Ah, y preciosa la historia de Sauce, me encanta.... ves como te tenias q abrir un blog? Oh, contar todas esas historias.. si no, se olvidan! (o a mí por lo menos)

Love

di-hari

Luxindex dijo...

Lo admito, Di. Admito que fui uno de los que aquella mañana de hace veintiún años se chocó contra el tenaz arbolito de la porra en Marmolada (tengo un costurón de, también, veintiún puntos —más bien rayas— en el lomo que lo atestigua). No sé, igual fue el viento que ululó mucho más de la cuenta que yo me había hecho la inquieta noche anterior, o que me despistó un espacio tan, digamos, succionador, centrípeto, tan sustancial como el más recio y desprovisto Atlántico pero en tierra firme (¿tierra?, ¿firme?), o quizás hablamos del vértigo ante la velocidad por mí producida sin haberla en ningún momento procurado… El caso es que, supongo, como un animalito desamparado bajo la lluvia más inclemente —todo carusa y ojazos espantados—, busqué, supongo, instintivamente cobijo en la primera forma viva, erguida, orgánica al menos, que vi… Y pumba: ¡me comí el arbolito en desastroso abrazo! Hablamos de segundos. Todo pasó muy rápido. Todo inevitable… ¿Culpable de qué sería?

Pero tú, Di, admite que tuviste un tonteíllo gordo-gordo con el cándido musschachito del turbante. Y que no fueron precisamente segundos, ni nada en tu caso pasó rápida, inevitable o inconscientemente. ¿Inconsciente tú! ¡Ja! ¡¡Vieja verde, asaltacunas!!

Driver dijo...

Según el Teorema del Castañazo de Bernoulli, expresado en 1.673 como simple axioma y probado como Teorema en 1.867 por Gauss, "todo cuerpo acelerado que transita por un plano inclinado con trayectoria aleatoria, tiene una probabilidad mayor del 95% estampillarse contra el cuerpo rígido más próximo, independientemente de su abundancia y densidad, siendo las fuerzas de atracción directamente proporcionales a la aparente soledad del cuerpo rígido e inversamente proporcionales al grado de control de la trayectoria del móvil errante".

Di Vagando dijo...

Morning darlings... LUX, todos sabíamos que eras tú el que se fundió con el arbolito en desatroso abrazo. Si además le unimos el Teorema del Castaniazo de DRIVER (qué de Bernoulli, driver, no seas modesto!) y q estamos algunos que atraemos a este tipo de eventos, lo tenemos: voilá, un nuevo teorema (de drivagando?). No intentes desviarnos más: lo sabemos. Lo de MUbarak... ja ja ja... me estás iamginando a la Debra Winger en ese cuartucho q la meten los bereberes... Por cierto, vi la peli de nuevo y pensé en lo recatados ypuritanos q nos hemos vuelto... allí Bertolucci aprovecha cualqueir cosa para empezar un plano con el pene de Malcovik!

love

di