3 de abril de 2016

Se nos acaba Kyushu (Fukukoa J17)

Este parón está siendo mortal: hace ya casi tres semanas que volvimos de Japón, y me parece todo un sueño. Han sido semanas de órdago en el trabajo, y en la vida, y en el trabajo que ha salpicado la vida y las cosas diarias de las que suelo divagar y que se me acumulan (Shakespeare y Suffolk, The Dubliners y paellas, bobbies en casa y bricolaje, cumpleanios y cumpleanios). Total que miro las fotos de este día para refrescar mi cabeza, y el diario del Peda, y temo que los divagues no me vayan a quedar como antes: veremos.

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03.04.16: Fukuoka
Nos despertamos en el bosque y desayunamos por todo lo alto junto a la estufa. Hoy volvemos a Fukuoka, se nos acaba Kyushu. Para cerrar el círculo, pensábamos volver en otro de esos trenes míticos de Kyushu, el Yufuin No Mori Limited Express (me encanta esto último, me suena a peli en blanco y negro), que une el pueblo de onsens Yufuin con Fukukoa via una zona de paisaje impresionante. Como siempre, el bus de Kurokawa Onsen salía a una hora incompatible con coger este tren, así que asumimos que viajaríamos en otro, pero Shinó y Junya dijeron que "iban a ir a Yufuin de todas formas a pasar el domingo y hacer compras", y nos llevaban. La amabilidad de esta gente es increíble: da que pensar cómo están dispuestos a dar su tiempo de esa manera, comparado con el frenesí de Londinium donde todos corremos y para quedar con amigos hay que arreglarlo con dos semanas vista. Esta gente ha pasado tiempo con nosotros simplemente porque deben valorar
conocer gente de lejos, y son generosos y ayudar es algo que se hace porque sí. Con estas reflexiones nos metimos todos en su monovolumen (4 adultos, 4 ninios) y, a través de las montañas de la zona nos dejaron en la estación de Yufuin. Como no quisieron aceptar ningún yen ni siquiera por gasolina, Mini les hizo un dibujo y escondimos dinero entre los papeles, dándoselo cuando nos separamos. Ellos tenían regalos para nosotros: un pequenio trapo con famoso grabado de guerrero japonés, un abanico, y un espejito típico. Nosotros, evidentemente, no teníamos regalos para ellos, pero yo me fui decidida a mandarles una de esas cosas horribles que le compran en "Crest of Londinium" ("El mañico" londinense), por ejemplo un marco de fotos con el Big Ben o el Tower Bridge en un lado, con la foto de grupo... Claro que para ello tendré que asegurarme que Junya me dé una dirección postal: recordemos que aquí nunca nadie sabe donde está nada, así que dudo que correos y telégrafos sepa adjudicar una dirección a un cartero, y que este sepa a su vez encontrar la casa del bosque. Sobre su casa de Kumamoto, no sé que pensar: en las fotos que envió se la ve inclinada tras el terremoto, si es que es esa su casa. Con ellos estamos permanentemente "Lost in translation".


En Yufuin tenemos una media hora para tomarnos algo con unos rollos típicos japoneses: de chocolate, crema, y el tercero es verde: de té verde, claro. Es el peor, entre nosotros. Tambien asaltamos Lawsons (son como los Seven-Eleven, "tiendas de conveniencia" que decimos en UK) para un viaje insaludable (bollería, patatas fritas) en el tren verde que recuerda a una peli antigua.

El viaje es bonito, el tren también. Se pasan ríos de montania con grandes pedruscos y demás parajes idílicos. El Peda y Mini se van al vagón buffett (gran highlight, a juzgar por la fila) y vuelven con cerveza y chips. Dos horas. Cuando llegamos a Hakata (la estación de Fukuoka), sorpresa: no llueve.

Caminamos al hotel. El Peda ha anunciado a bombo y platillo que esta vez no vamos a "boutique hotel" (recordemos el de die-hard mochileros), sino a uno de postín. esto, conociendo a los Pedalistas hay que tomarlo siempre con precaución: con lo que estamos dispuestos a pagar por noche, no van a atar los perros con longanizas (a saber cual sera el equivalente cultural japonés de esta frase). El hotel se llama Excel y está frente al río, que es muy bonito porque hay sakura a rebosar (creo que es la mayor sakura que hemos visto hasta hoy en un ciudad en Japón) y porque hay miles de tulipanes de colores en las orillas. Muy fotogénico. Pero esto lo descubrimos en el paseo de después, porque vamos por unas calles en principio más directas y pasamos por un par con tiendas de cacharrería "Adult". Cerca del hotel, y ya en el río, hay unos establecimientos con nombres tipo "gachinko-doll.com", y aclaran: "sensuality space". En el pasillo de la puerta hay un burro de tienda con disfraces de criada antigua (negro, delantal y ribetes blancos) pero el hombre de la puerta me mira mal cuando intento fotografiar. Ahora me acabo de meter en su web, y tampoco invita a entrar. Mare mía con los espacios de la sensualidad...

Efectivamente, el hotel es una mole muy impresionante (de esos con un hall de wow), y está bien, pero la habitación es minúscula: prácticamente es una cama gigante que ocupa toda la estancia. Oh no, dormir con Mini, que corre la maratón en suenios. Nos sorteamos la mala suerte de quién dormirá en el centro, porque Mini, que se postula, claro, va a ser que no (para que se pierdan dos casas, que se pierda una/para que no duerman dos, que no duerma uno). Va a ser que me toca a mí.

Pero aún falta para eso, mientras tanto, nos duchamos, tomamos un té, admiramos las vistas desde la planta.. no sé, 11? Y cuando bajamos a pasear por Fukuoka, el mundo vuelve a estar en su lugar: llueve. El hotel presta los famosos paraguas transparentes, y sí, hoy va a ser el día que nos podamos hacer fotos "Singing in the rain" con los almendros en flor enloquecidos, los tulipanes, y el río. Pasamos por un edificio bonito, que tiene un jardín vertical que más bien parece un principio de jungla vertical, y mucho mejor que aquellos que son simplemente de mirar: este parece interactivo, con terrazas. Intentamos acceder, subiendo en un ascensor que da a pasillos de oficinas, y preguntado a unas senioras de información, que indican cerrado y que quieren saber de dónde venimos, para sus estadísticas. Siempre digo "Spain", y Mini se apresura a decir que ella es british, y que pese a ello "no es adoptada", para explicar la diferencia.


De paseo por el centro de Fukuoka, calles modernas de tiendas, nos encontramos con un Big Echo, un ejemplar de la gran cadena del karaoke japonés, que hemos visto mil veces pero que nunca ha sido el momento adecuado de entrar. Pero ahora aún falta un rato para cenar, así que nos metemos una hora. Nos dan una habitación en la primera planta, y al principio tenemos algunos problemas para aprender a programarlo. Primero hay que encontrar la versión en inglés, y luego intentar no emocionarse poniendo canciones en la lista de espera porque no sabemos borrarlas. Alternamos Mini-DJ y sus padres-DJ: Taylor Swift, Katie Perry, One Direction, Megan Trainor, del lado Mini. Como está el Peda a cargo de la aportación viejuna, y a falta de Barricada y Kortatu, aniade, a lo loco, alguna canción que los expertos del karaoke sabemos son un killer (que una canción te guste no implica que sea apropiada para karaoke como hemos explicado en el divlog hasta la saciedad), por ejemplo "American Pie", que no solo dura casi 9 minutos, sino que tiene sus trozos incantables. Y además, al terminar, comienza otra vez!!! Tenemos que llamar en busca de ayuda: una asistente sube y debe ponderar qué música cantan estos romanos... En otro punto nos volvemos a atascar y he de bajar a recepción, toda soduda (así decía Mini "sudada" hasta hace poco, problemillas del bilinguismo, y la hemos adoptado), porque nadie sube. Qué imagen: el recepcionista está atendiendo a una pareja joven de japoneses que van a pasar una hora cantando tal vez en su primera cita (fantaseo), o es algo que hacen regularmente en sus citas. Un planeta distinto. Ellos deben pensar quién es esta turista cuarentaniera toda soduda e impaciente.


Nuestra sesión, pese a todos los pequenios inconvenientes, es un rotundo éxito: a Mini le encanta (aj, cuántos anios de diversión me esperan de ahora en adelante) y el Peda, que se hace la esfinge (estado basal), pone su mejor cara de rock and roll en las fotos, lo que implica, os lo aseguro: triunfo total. Vagamos por las calles, ahora sí, en busca de cena. Lo típico de Fukuoka, según dice la guía son los yatais, unas camionetas-cocina que deben moverse por la ciudad, y que aparecen por las tardes-noches a la orilla del río, en la zona entre nuestro hotel y una mole de centro comercial llamado "Canal City". Viene a ser lo que en Londinium llaman "pop up", yo lo traduzco como setas que salen con diversos servicios por la ciudad, pero quién sabe cuánto durarán.

Intentamos elegir un yatai, pero el recomendado en la guía se resiste: sus nombres están en japonés, y
uno que nos quiere captar no dice que aquel que buscamos está de vacaciones. Cómo puedes saber si será así. La gente está sentada comiendo entre vapores alrededor de la cocina central, bajo plásticos, y llovizna. El espíritu del viajero intrépido: es uno de los pocos sitios que vemos occidentales en los últimos días, Kyushu es para los turistas de tercera generación (aka Los Pedalistas). Nos sentamos en uno, pero una vez allí, vemos tripas, la especialidad. Tras un nanosegundo nos levantamos: entre los vapores tal vez pasemos desapercibidos.

Acabamos en el "pasillo del ramen" ("lámen", como dicen ellos) de Canal City. Tal como en Kyoto, el centro comercial ultramoderno (oh, los banios eran espectaculares aquí, con la tapa verde lima que

se abría sola cuando entrabas al cubículo, y mil botoncitos) tiene una zona por las últimas plantas, donde los techos se bajan y parece que estás en los, valga la redundancia, bajos fondos. No hay un solo occidental (gran senial) y nos metemos en un sitio donde cenamos lo de casi siempre, muy rico: ramen, gyoza, arroz... tristemente constato que cada vez el ramen me deja más llena, como hinchada de estómago (y eso que Mini se suele comer gran parte de mis fideos, porque aún no se ha atrevido a pedir un ramen para ella sola). He llegado a mi tope de ramen? Mi cuerpo ha dicho vale?


Con el estómago como si saliera de una boda gallega llegamos a la habitación-cama del hotel, donde me tomo un té verde, divago, y me preparo para una noche durmiendo entre alguien que hace break dance en suenios y una mole inamovible en decúbito supino. Deseadme suerte...


4 comentarios:

  1. Sólo dos palabras para asegurar cualquier envío: CÓDIGO POSTAL. Ten fe en los servicios postales, Di. Con esos numeritos mágicos Shinó y Junya recibirán el regalito sin dudarlo.

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  2. ¡Ah! y ....¡¡¡Muchísimas felicidades, guapa!!!

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  3. El tren precioso y tu crónica viajera idem. Un beso

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  4. Creo que en japonés, "no se atan los perros con longanizas" se dice "los bueyes de Kobe no pastan en los jardines traseros".

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