2 de abril de 2016

Pueblos de montaña. Aguas termales. "Hombres casi". Estudio: el pene japonés (Kurokawa Onsen, J16)

02.04.16-Kurokawa Onsen

Abro un ojo, me pregunto dónde estoy. Muevo un poco el edredón, miro el techo: podría ser cualquier sitio. Giro la cabeza y veo una ventana corredera con cuadritos de madera que rompe la lona blanca. Hay otras ventanas iguales detrás de las camas, y más al frente, y al lado del Kotatsu: es una habitación rodeada de ventanas menos en un lado. Estoy en casa de Junya y Shino, cerca de Kurokawa Onsen.


Hace frío cuando salgo del edredón: la estufa de aceite que funcionaba por la noche tiene un termostato y está apagada. Entonces corro una de las ventanas y me encuentro con árboles que se meten en la habitación. Voy a la pared de enfrente y abro la otra, y la otra... estamos en medio de un bosque. Qué ilusión. Alguna vez pasa eso de que te vas a dormir de noche y no has visto dónde te vas a despertar, y cuando la sorpresa es como esta, es genial.


Abro la puerta corredera, me pongo las zapatillas, cierro la puerta corredera. Me giro y abro la siguiente puerta corredera, salgo y la cierro. Estoy en el pasillo de ventanas de listones que descubrí anoche (las de nuestro cuarto tienen cristal, cuando mueves la parte que se corre sobre la otra, estas no), así que doy cuatro zancadas hasta el baño porque hace mucho frío. Antes de entrar, hay que cambiarse las zapatillas de casa por aquellas especiales de baño (como en tantas casas y hoteles japoneses). Es todo curioso y, hoy, maravilloso.

Tomamos un té en la mesa donde ayer pasamos tanto rato, y entonces viene Shino haciendo gestos de volante. Junya se ha ido a trabajar, pese a ser sábado. Es mecánico de coches en Kumamoto. Shinó nos lleva a Kurokawa Onsen, y nos deja en la plazoleta de información, donde nos irá a recoger al final del día, cuando le pongamos un email a Junya.


Kurokawa Onsen es un pueblecito de montaña lleno de onsens (aguas termales). Tiene un río en
cuyas orillas han crecido hoteles con onsen y creo que onsens sin hotel (para los que estamos en Junyas, caravanas y lossintecho-Nota: no tomarse esto literal, no he visto caravanas por estas montanias, parecen gente con dos dedos de frente). Según dice eldellibrodejuan, "a los japoneses no les llama irse de vacaciones a la playa: sus hobbies son comer e ir a los onsen". de ahí el éxito de pueblos como Kurokawa.


Para mí pueblo de montaña siempre será sinónimo de exotismo y sentirme muy muy lejos de todo. La razón es clara: toda mi infancia la pasé veraneando en el pueblo de la Yaya en el Pirineo catalán. Hace unos 8 años que no vuelvo por allá, pero la última vez había cambiado mucho: está lleno de torres-segunda residencia de la burguesía barcelonesa, incluso alguna zona en las afueras con terroríficos adosados. Cuando yo era pequeña, estaba el pueblo viejo empedrado que subía por calles estrechas hasta la plaza de la Iglesia, toda con arcos. Una de esas calles era el Carrer de l'Amargura-por lo que costaba subirla con nieve, decía la Yaya-, y al principio está Cal Patanó, la casa de unos familiares que, en tiempos fue una fonda donde se alojó Gustavo Adolfo Bécquer cuando se estaba curando de su tuberculosis en las montañas, y allí, en una mesa de madera larga, me dijeron que escribió "La cruz del diablo". Luego estaba la parte baja, por la ermita de San Roc, que iba a parar al Segre, y por allí había unos chalets impresionantes (fue mi primer contacto con la desigualdad social, supongo).

Nosotros nos alojábamos en Casa Juan. Si lo piensas, era un primitivo Airbnb: Juan era un conco (solterón de unos 50, así los llaman en ese pueblo, donde había muchos y muchas) que vivía solo, y desde hacía muchos años alquilaba la casa a mi familia, pero él venía a dormir. Juan tenía unas botas de agua verdes que le llegaban hasta bien pasadas las rodillas, y su trabajo estaba relacionado con esas botas, algo de acequias, o de río, o de esclusas. Nosotros tomábamos la casa (otra "Casa Tomada") por todo el verano: yo me quedaba con la Yaya y el Yayo, y mis padres subían los fines de semana. El viaje "a la montaña" era siempre épico: costaba muchas horas, y había ciertos rituales, como parar a comer un bocadillo en el Pantano de Oliana, o parar en Els Banys de San Vicenc para que la Yaya diera un trago a las aguas sulfurosas que bajaban por la roca y nos contara que iba allí mucho con su padre en la época de "La montaña mágica" o así. Yo nunca estuve, pero tras meterme en su actual web... me han dado ganas. Luego venía Martinet, para cuando yo ya estaba totalmente mareada y mi padre cabreado como si fuera mi culpa (y no la suya, o la de los hados) y por fin, el puente del Segre, los prados y al fondo, la torre de la iglesia en la cumbre de la montaña donde está Bellver.


Pero divago: todo esto era por lo míticos que me resulta siempre los pueblos de montaña, el ruido de las aguas de sus ríos, la madera de sus casas, los bosques: todo. Así es Kurokawa Onsen y a mí me daba miedo que iba estar lleno de gente y superexplotado. Pero no: ni mucha gente pese a ser sábado y todo en concordancia con lo que debe ser un pueblecito de las montañas que, por una vez, no son el Pirineo ni los Alpes, sino las montanias de una isla volcánica en Japón.

Te puedes sacar un vale por tres onsens, y te hacen un descuento. Decidimos no hacerlo, porque con Mini nunca sabes si va a ser lo suyo. Vamos en busca de una panadería, y vemos que hay negocios cerrados: yo pensaba que en esta época era temporada alta, pero no. Bien. Enfrente de la panadería hay un pequeño templo muy mono, con todos sus aditamentos que ya habréis olvidado (fuentecita donde purificarse, tablitas con deseos, papelitos con más deseos anudados, inciensos). Al otro lado, unas especies de cajones de madera en una elevación, donde vemos que la gente mete la cabeza: resulta que sale vapor del volcán y debe ayudar a abrir los poros.

Nuestro primer onsen es el más recomendado por Junya y Shino: Yamamizuki. Nos subimos en un bus que pasa cada media hora y nos lleva hasta allí, porque está enmedio del bosque, algo separado del pueblo. Es también un ryokan donde la gente se queda: qué será pasar una semana allí haciendo absolutamente nada? (A ver, yo no puedo hacer eso, mi hiperactividad me lo impide, pero por "nada" me refiero bañar, leer, escribir... mmm). Dejamos las cosas en una taquilla y, cómo no, tenemos que comprar una "toalla de modestia". No tenemos: quiero decir, no tiene, el Peda NO tiene. Porque pese a ser el único que se ha traído una toalla de baño todo el camino desde la vieja Europa a Japón, se la ha dejado en casa de Junya. Mini y yo llevamos esos fulares gigantes que a todos nos han traído alguien de Marruecos o Tailandia o Estambul, fulares que tanto sirven para un roto como para un descosido: yo por ejemplo en Japón los he usado de bufanda, de echarpe (recordad, apretaba el frío), de burka, de funda de almohada... bien, pues su siguiente función es la de la "modestia". Porque sí, babies, estos onsens no son como el privado de Gora, estos son públicos y esencialmente estás en pelotas con otra gente. Los Yamamizuki son segregados, así que nos despedimos del Peda, y Mini y yo nos vamos por nuestro lado.


Avanzamos por una caminito hasta una caseta donde dejas tu ropa en unas cestas y enfrente ya tienes el lago donde hay unas 4-5 mujeres. Es precioso, tiene piedras enormes a su alrededor, cae un chorrito de agua del volcán (a esa zona, mejor no acercarse, estamos hablando de 80 grados) y de fondo tienes el río con ese sonido maravilloso, y los árboles y seguro que algún pájaro que haría las delicias de cualquiera menos yo. Mini cuando llegamos freaks out y dice que "no le apetece". Como la conozco como si la hubiera parido (y fue cesárea) le digo que no se preocupe por lo de estar en bolas: es totalmente natural, nadie nos va a mirar y esas cosas. Se anima.


Como en todo onsen, hay que ducharse exhaustivamente antes de meterte al agua. Las duchas están en otra casita al lado del río a la que se accede por un sendero. Mini y yo vamos medio dando saltitos (no se le puede llamar correr), cubiertas con nuestros fulares. En la casita de la ducha hay dos onsens más interiores: se trata de dos piscinas con vistas al río, con su cascada, todo muy bucólico. Hay un grupo de amigas en una de ellas y con Mini nos vamos a la vacía. meto un pie y... arghhh! Quema! Siempre digo que a mis pies les cuesta adaptarse, pero probamos varias veces y no hay manera: soy San Lorenzo. Entonces las chicas de al lado se van y Mini y yo pasamos a esta y es otra cosa. Aquí se puede estar. Pasamos un rato allí, una maravilla.

Por fin salimos a la exterior, estamos solas. No se puede hacer fotos del lugar, y es una pena porque se me acabará olvidando. Estamos un montón de rato. Mini sale y juega con esas gomas que no borran, pero que se pueden hacer combinaciones reposteras (poner la fresa en el pancake en lugar de la tarta, y suma y sigue). Yo soy la compradora, cuando me rescata del trance. Como estamos solas, hay una rato que estoy medio flotando en horizontal: ya no se siente el fresquito de fuera. Pese a no hacer mucho sol y estar en zona boscosa, a la noche me doy cuenta que podría haberme quemado: paradojas! Mini por supuesto pierde una bola de helado de su set entre dos pedruscos de aquellos. Intentamos sacarlo con unos palos improvisados, pero no. Por fin viene una mujer de unos 60 que la ayuda. Todo el mundo en este onsen, y de hecho en Kurokawa onsen son japoneses: no vemos ni un solo occidental.


Del onsen sales como flotando, muy relajada. Hemos quedado con el Peda que ha estado las casi dos horas solo, y cambiamos impresiones. Volvemos al pueblo en el shuttle y decidimos que el siguiente va a ser mixto. Pasamos por una tienda a comprar bebidas y snacks japoneses (vienen en bolsas como patatas fritas, pero a saber qué son). Nos sentamos en un camino para comerlo, al lado de una casa con campo y tractor, de fondo la montaña con todos los mismos arboles paralelos con tronco fino y muy altos.


Vamos a nuestro segundo onsen: tenemos una guía con las distintas características, y las recomendaciones de nuestros alojadores. Vamos a Yamabiko Ryokan, porque dicen que es mixto. Una vez que hemos pagado nos indican como pasar separados y es que lo han cambiado y son segregados. Les digo que el Peda "se aburre" solo, y como son tan amables, con una sonrisa nos devuelven el dinero y con los bártulos a otro sitio.


Hay otros que están cuevas, al lado del río en el centro, pero entro un momento y son demasiado pequeños, y con bastante gente entre el vapor (no entiendo el que pudiera entrar uno como pedro pro su casa en estos onsens, no sé si traspasé alguna entrada; solo se que me dio pudor el estar vestida con los otros desnudos, es intrusivo). Así que al final vamos a Ikoi Ryokan.


La impresión que me da este onsen fue muy distinta a la del anterior, en el bosque, donde todo era fuera. Aquí estás dentro de un hotel que se siente como un teatro de geishas, con múltiples pasillos y escaleras y puertas y escondrijos: casi un laberinto de madera. Al entrar están los típicos onsen-tamago (huevos duros en una fuente de agua del onsen) y en recepción me aseguro que los baños son mixtos. La recepcionista me mira con un brillo de terror en sus ojos, y añade: sí, "mixed, men almost". Y repite: "mixed, men almost": "mixtos, hombre casi" (se traduciría), yo ya entiendo que en los mixtos son "casi todo hombres". Aún así, qué narices: somos una familia, y esta gente no me va a ver en su vida más. No soy particularmente exhibicionista (a ver, tienes un blog, cacarearán los divagantes-me refiero a tema físico, cansinos) y no elegiría ir a una playa nudista. Pero si una playa maravillosa fuera solo nudista, me quitaría el bikini como la más hippie del cámping. O sea: porque no se aburra el Peda, lo damos todo!


Dejamos todo en taquillas y nos vamos al principio a la parte de solo-chicas, que está arriba. Hay un primer onsen bastante profundo (ninguno te cubre demasiado, pero este llega al pecho) que tiene un tronco de bambú atado a unas cuerdas, y te puedes abrazar y columpiarte. Bajando por unas escaleras llegas a otro más grande, con cascaditas. Estamos solas. En el columpio hemos estado con 3 chicas sonrientes. Llega el momento de ir a buscar al Peda, de pasar por fin a la zona mixta. Nos ponemos de nuevo nuestros "fulares modestia" (que a estas alturas están no mojados, sino lo siguiente) y nos lanzamos a buscarle. Seguimos por un pasillo y acabamos en unas escaleras: sabemos que hemos de ir para abajo pero, oh destino: clicks y clacks típicos de una cocina. Atrás Mini! Recordemos que vamos ambas en bolas, con la fiesta de los fulares mojados encima. Volvemos al pasillo y nueva comedia de enredo, es por aquí, no por allá, unas nuevas escaleras, bajamos de puntillas y nos encontramos de bruces con... la recepción.


A la pobre mujer aterrorizada del "almost men" casi le da un yuyu cuando nos ve por el medio de recepción, mientras intentaba realizar su trabajo con clientes normales. Sale atoda prisa y se nos lleva por otro pasillo, con el gesto aquel del brazo (a lo Lina Morgan: "gracias por venir") y nos deposita en la puerta de los baños "almost men". Menos mal que son una cultura inexpresiva: esta mujer en Italia directamente nos da con el rodillo.
 
Abrimos las correderas. Zona de zapatillas. Cerramos las correderas. Nuevas correderas, sección cestas donde han dejado la ropa. Cerramos las correderas. Abrimos las últimas correderas que esperamos lleven ya al onsen-almost-men y al Peda. Salimos por las correderas, cerramos las correderas. Miramos.


No hay ni una tía. Hay varios tíos en pelotas, incluyendo el Peda, que se estaba saliendo del agua, ya aburrido (no le dije yo a la recepcionista que si no se aburre?).


Es una estancia bastante grande: al fondo hay una cascada y cubre muy poco. De allí nace como un riachuelo que termina en una piscina bonita más grande con un chorro-cascada que cae el centro. Dejamos nuestros fulares en al orilla, y nos metemos.


Allí en el agua recuerdo a Fashion, que me contó cómo las japonesas "alucinaban pepinillos cuado vieron mis tetas" cuando estuvo ella en un onsen. Básicamente, las japonesas no tienen tetas de las que hablar, así que cualquier cosa les parecerá algo. Sobre mi pequeña investigación, aportaré a la comunidad científica de divagantes que los japoneses (o tal vez solo los míos) no andaban muy allá en tema pene (me disculparéis, yo también querría poner "polla", pero me lee mi suegra). Es más, yo diría que andaban outliers, muy muy a la izquierda de la campana de Gauss. En esa estaba cuando uno se nos aproxima y empieza a hacer conversación: que de dónde somos, que porqué Kyushu... él era norteamericano (aunque oriental). Mi teoría de que los americanos son muy amistosos (recordad cómo nos hablaban en los Starbucks en los USA) se confirma hasta en un onsen en bolas. Oh, olvidaba que también había en un lateral sauna (tengo muy poco aguante, ni entré), otro onsen más pequenio y plunge (de agua fría). No sé si tiene paramedics, pero sugiero que los necesitan.
 
De nuevo salimos tan flotando que así deben ser las drogas. Nos cruzamos con una familia, todos vestidos con las yukatas de onsen, incluso una baby de como 2 anios. Enternecedor. Pero no hay tiempo de poesías: tenemos hambre. Y como suele suceder, no hay donde cenar. "Abren a las 8" o "tienen que reservar" o están directamente cerrados. Acabamos en uno que tiene habitaciones individuales con una especie de grills donde te cocinas tú la carne. Exacto: justo lo que necesitas cuando estás que ya directamente te merendarías a la (tierna, ponderas) niña de la yukata. Pero sobrevivimos, y vamos pidiendo más y más carne: la ternera, que no será de Kobe pero lo parece está buenísima. El Peda nos cuenta que les dan cerveza a las (sortudas) vacas. Yo les cuento que el secreto son las líneas de grasita que la recorren, como en el jabugo. Y entretanto, ya hemos maileado a Junya. y cuando subimos por las calles empinadas a Información, al poco ya llega Shinó con los niños.


Pasamos por una tienda en la gasolinera para comprar pan y cosas para el desayuno.... yo estoy ya fantaseando con la velada, porque me veo en aquella mesa, con aquella estufa, tomando tés, comiendo galletas y divagando...


Y eso es lo que hacemos. Y unas fotos con todos cuando llega Junya. Y por fin nos vamos a dormir, esta vez sí, sabiendo que estamos enmedio de un bosque...

 

11 comentarios:

  1. ¿¡Y no está permitido llevar traje de baño!? ¡Maldita sea! Otro sitio que me voy a perder por mi ridículo sentido del pudor. Ni muerta me desnudaba en público cuando tenía veinte años, muchísimo menos ahora que la malvada ley de la gravedad va desplazándolo todo cada vez más abajo...

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    1. C. S., déjatenos de rollos: si la que tuvo, retuvo, ¡cuánto más la que sigue teniendo!

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  2. Os confesaré que, si bien yo soy pudoroso, me resulta curiosa la modestia.

    Y me resulta curiosa porque, aunque se supone que la modestia es una sofisticada prevención de lo más civilizada, en realidad es, pienso, lo más instintivo o animal que tenemos.

    Parecería, digamos, que el pudor es un código alambicado y cambiante según épocas y latitudes pero siempre fue, es, igual: un paño, o mantener una distancia, o es evitar mirar de hito; son gestos, posturas… Pero, ya digo: es instintivo, no se aprende.

    Creo que la modestia humana daría para uno los llamados Un documental de la 2.

    La mujer… La mujer siempre lo relativiza (el pudor), lo cuestiona, se ríe de él, no lo comprende… pero lo cumple de pe a pa y ¡ay de quien no lo cumpla en su presencia! Ella lo cumple, ojo, a su pesar: querría ante cualquier agradable fenómeno natural (sobre todo si hay agua de por medio: una poza termal, o un mar, cascada, playa, río, laguna o charca o una lágrima misma…) estar o nadar en bolas de aquí para allá como posesa sin pegas. Pero no le dejan. No.

    El hombre… El hombre, en cambio, [y ahora que complete esto quien quiera que no quiero que me emplumen aquí así como así].

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  3. Ah, y otra cosa, que se me olvidaba: la mujer detesta que digamos "la mujer". Tenedlo en cuenta, varoncitos.

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  4. Darlings:

    CESI, no, no está permitido el traje de baño, entran en bolas con naturalidad. Yo q no soy de bolas, como he dicho, tb me sentiría rara entrando en un onsen q estuvieran todos desnudos y yo con bikini...

    LUX parece q me describe con lo de "la mujer querría ante cualquier agradable fenómeno natural (sobre todo si hay agua de por medio: una poza termal, o un mar, cascada, playa, río, laguna o charca o una lágrima misma…) estar o nadar en bolas de aquí para allá"... lo de lso hombres crees q es por comparaciones?

    No os he dicho q ellos se ponen la toallita de modestia en la cabez amientras están ene l agua... pero que os digo a vosotros dos justamente, fans de DORAEMON!!! Que MIni me dijq salen en el onsen y se ponen la toallita en la cabeza!!!

    abrazontes y decidme porqué no se actualiza esto en otros blós...

    di

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  5. Tu suegra no se asusta por tan poca cosa....

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  6. Este es un dos por uno, los recuerdos de niñez y el periplo osen. El desnudo es habitual en muchos lados, por acá nones. Los osen de los links aunque de diferente estilo, me encantaron. Un beso

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  7. ¡¡Ocho añazos ya!! ¡Felicidades, Mini!

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  8. Hola!! Estamos planeando ir a Japón el próximo mes de agosto, y estamos buscando alojamiento cerca de Kurokawa. Te agradeceria, que nos facilitases el nombre o contacto de donde os habeis alojado vosotros. Nos han gustado mucho tus aventuras en el Onsen, son realmente divertidas. Gracias!!

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  9. Voy con restraso darlins, veamos:

    Mi suegra claro q no se escandaliza por estas cosas! si lo hiciera no bromearía...

    Fiorella, me han echado la bronca en un foro de blogger (no actualizaba el blog) "pq los posts son demasiado largos".... ha ha ha... si me pongo a hablar de recurdos de infacia!!! soy una rollera... Me alegra q te gustaran los onsens, son chulísimos.

    cesuchiii... besis

    Hola Encarna, me alegro q hayas lleago hasta aquí! Te paso el contacto de Junya y Shinó, son una pasada, puedes leer otras reviews:

    https://www.airbnb.co.uk/rooms/8876800?s=hp23Xnmc

    Espero que lo disfrutéis.

    Muxus

    di

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  10. Muchas gracias!! seguro que lo disfrutamos, es un país super interesante, y creo que con una gente admirable.

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