25 de marzo de 2016

No se escribe para entretener, ni para contar historias. Se escribe para atar al lector.

Un párrafo del libro que estoy leyendo que, como veis, no es una antología del haiku. Me recuerda a aquel de Bolanio y en general a cualquier conversación de aquellos a quienes nos gusta escribir pasadas las tres de la maniana y las tres coronitas.

Reverencias kiotokas...

"(...) Me acordaba de aquello tan sencillo y candoroso que se había preguntado Kafka en cierta ocasión: «¿Será cierto que uno puede atar a una muchacha con la escritura?» Pocas veces se ha formulado con tanta ingenuidad, tanta precisión y tanta hondura la esencia misma de la literatura.

Y la tarea misma que Kafka le iba a fijar a la escritura en general y a su escritura en particular. Porque contrariamente a lo que creen tantos, no se escribe para entretener, aunque la literatura sea de las cosas más entretenidas que hay, ni se escribe para eso que se llama «contar historias», aunque la literatura está llena de relatos geniales. No. Se escribe para atar al lector, para adueñarse de él, para seducirlo, para subyugarlo, para entrar en el espíritu de otro y quedarse allí, para conmocionarlo, para conquistarlo...(...)"

Enrique Vila-Matas (Kassel no invita a la lógica)

1 comentario:

  1. Di, si a la poesía no la consideramos literatura (porque no lo es) estoy de acuerdo con Vila-Matas.

    El literato se expone y, con suerte o mercadotecnia, conquistará al lector; el poeta se ensimisma y, con suerte o milagro, permanecerá vivo siendo leído (es como los niños chicos que para esconderse se tapan la cara con las manitas: Pobres, qué lástima).

    El literato escribe para otro; el poeta (el buen poeta) nunca.

    Es verdad (no nací ayer, no me chupo el dedo) que hay poetas que aprenden artificios que repiten sin pudor y que como caballos de Troya te invaden eficazmente el mismo corazón una y otra vez. Bueno, trucos… Pero los buenos poetas (tengo pendiente hacer una estadística) o dejan de escribir pronto o se dedican a repetir y repetir esos trucos.

    Por eso no hay poetas viejos: hay viejos poetas. Y ejemplos hay muchos.

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