21 de marzo de 2016

Desde la noria de colores (Tokyo, J4)

Mon, 21.03.16, Odaiba y Bahía de Tokio

Esta ha sido la noche del horror. La comenzamos de la manera habitual: el Peda a mi lado, Mini en el sofá cama. En un punto de la noche me despierto, totalmente despejada, y siento la llamada de la melatonina, tras la que me duermo como un tronco. En otro punto de la noche (ellos aseguran que a la 1 am) el Peda y Mini se despiertan y no consiguen dormir. Como por alguna superstición todavía no le damos melatonina a Mini, los dos se pasan despiertos hasta las 6 de la maniana (dicen). Solo sé que me despierto con Mini transversal en mi cama y el Peda en el sofá cama dormidos como si no hubiera maniana, a mediodía. No puedo ni empezar a explicar lo que nos cuesta mover en este estado: todo pasa como en cámara lenta, el desayuno, los hermanos Marx tocando el xilófono, baseball en japonés... con decir que salimos del airbnb pasadas las 3! De locos.

Hoy nos encaminamos a la zona del famoso mercado de pescado y la bahía de Tokio. Os acordáis el tostón de peli que me animó a cortarme el flequillo? (“Mapa de los sonidos de Tokio”, Coixet). La prota (guapísima, gran flequillo) trabajaba en el mayor mercado mayorista de pescado del mundo (sí, verosímil). Dicen que para verlo en su apogeo hay que ir a las 5 am: como veis, nuestros heroes los Pedalistas podrían estar ahí ya medio preparados para el día siguiente. En fin; que si casi nada hace q en vacaciones me levante yo a las 3 am (la de románticos amaneceres que me he perdido por no coger esa furgoneta llena de sufridos alemanes hacia la pirámide, catarata, montania hache), igual solo un avión y hasta eso intento sortear. Así que el Mercado va a ser que no. Pero sí sus alrededores (por la tarde-noche, ver abajo).


Primero vamos a la isla de Odaiba (se la robaron al mar) que la podría definir como una especie de “olimpics”... hay un trenecito que pasa por toda su superficie, y te puedes ir bajando para ver distintos puntos. Tiramos hasta la última parada en la que nos lanzamos en busca de un restaurante. Caemos en uno con bastante gente (fumando) y comemos gracias a un menu visual. Es típico aquí tener unos platos “esculpidos” en plástico con la comida en cuestión, aunque en este sitio afortunadamente solo tienen fotos. No sé si es este el lugar de empezar a describir mi historia con la comida japonesa (lo he hecho ya?). El caso es que los noodles fritos que dice Fashion yo creo que se lía con Tailandia, país donde me encantó la comida. Aquí aún no he visto. El pescado es un gran NO: todo huele igual, una especie de ahumado, y está frío o crudo. El sushi puedo comerlo si no tiene el alga aquella alrededor. Comedias. Los ramen, vale, pero nada que ver con la sopa Tad Pai con leche de coco del Yum-D del mercado de Brixton. En Kioto os cuento lo del pollo. Aquí comimos pasable, lo mejor los dumplings, y una especie de vegetales con arroz. Al salir casi es de noche, y nos subimos al trenecito de vuelta a parar en un par de estaciones.




En la primera vamos buscando gente de aquella cosplay, y acabamos en una especie de exposición de coches antiguos y otra de Toyota donde Mini conduce uno virtual. Salimos y allí está la noria inmensa que parece el icono de la isla (debate sigue sobre si es mayor o no que el Londinium Eye), pero las cestas son pequenias (máx 6 personas). Por supuesto Mini insiste en subir y nos lanzamos... la verdad es qur acaba siendo el highlight de la tarde porque las vistas son impresionantes, y la ilusión de Mini (y por extension, la de todos) más. De nuevo, Tokio la nuit es un espectáculo para ver desde arriba: el Rainbow Bridge, una version pequenita del de Brooklyn es de lo más fotogénico, y toda la skyline iluminada también.
 
La siguiente estación es la del puente en cuestión, que tiene (alucinad) una pequenia estatua de la libertad en su orilla! Lo mejor de esta parada es un edificio surrealista que tiene paneles de colores que van cambiando a la vez que parpadean a ritmo de Vangelis (banda sonora de Blade Runner, conste que titulé el divague del otro día sin esta influencia, al menos consciente). Acabamos en un Starbucks (sí, les hacemos bloquedo en Londinium, pero aquí estamos hablando de las bases de la pirámide de Maslow, supervivencia) tomando un té que nos salva la vida. Literalmente. Y tiene vistas al Puente de Brooklyn con la Liberty.



Terminamos la noche en la zona del Mercado de pescados, con todo el pescado vendido (ha ha). Muchas calles con sus carteles de neon, en lo que al Peda le da la impression de zona de farolillo rojo (no lo es). Antes de coger el tren, nos metemos en Big Ecco, cadena de karaokes, para enterarnos de las condiciones... no que tengamos ni un hilo de voz para ese momento, pero por lo menos nos indican que Mini puede participar, y que es más barato antes de las 7 pm.


Y para cantar, cualquier hora es buena. Watch this space.

3 comentarios:

  1. ¿Me lo parece a mí o estáis viviendo una especie de excitante, y agotadora, pesadilla; una invasión en toda regla, un asedio fotónico sin cuartel, una distopía pero bien real, un viaje al futuro que nos aguarda pero en presente continuo día y noche, día y noche…?

    ¡Marchad al campo, ya!

    ¡¡Huid a donde la paz os aguarda, nuestros queridísimos pedalistas!!

    ResponderEliminar
  2. Me entra sueño solo de leerte y eso que estoy en modo vacacional de leer hasta dormir y dormir hasta romper la cama.

    Lo del karaoke neceisto más datos además de saber queMini puede cantar ¿los temas son en inglés? por casualidad no tendrán algún título en español tipo como una ola de la jurado??

    necesito más.

    ResponderEliminar
  3. Japón sin millares de islas, luego es agua. Ahora entiendo lo de

    "Cada vez que me sorprendo con una expresión de tisteza que va en aumento ... comprendo que ha llegado la hora de hacerme a la mar cuanto antes. Este es mi sustituto para la pistola y la bala".

    ResponderEliminar

¡Bienvenid@ a DD!

Poniendo aquí tu comentario te arriesgas a que Diva o Di continúen divagando.

Quedas advertid@.

Gracias por divagar.