3 de junio de 2010

Judi. Los malos. Iguazú. El donut.

Lo peor de los días en que desaparecí de la blogosfera para estar con Judi a mediados de abril fue la incertidumbre (lo de las noches ya lo he empezado a contar). Ninguna radiografía (ni las hechas con nocturnidad) y ninguna ecografía alevosa mostraba nada. La única que iba a cara descubierta era la sangre: leucocitos y proteína C reactiva elevados. Judi me contaba, flashbacks del Harrison's Principles of Internal Medicine, que ambos son marcadores de inflamación. Inespecifícos, eso sí, como el dolor. Nada concreto: todo parecía tener como último objetivo despistar a los hombres de celeste.

Precisamente por tanta inespecificidad, y porque la sangre se doblegó ante tanto antibiótico en vena, Judi acabó siendo dada de alta sin diagnóstico, pero con una cita para meterse en el donut. No se sabe si usar los donuts como metáfora del TAC (tomografia axial computerizada, o escáner) es apropiado o más bien responde a la imaginación calenturienta, hambrienta, o simplemente asustada de nuestra heroína.

Yo insistí en que no era buena idea irse sin respuestas, pero Judi me acabó convenciendo de que estaría mejor en casa ("there is no place like home"). Ya la empezáis a conocer: casi me canta "El mago de Oz" entera, y luego me intentó despistar (consiguiéndolo) con el debate "todas estas niñas de la literatura o el cine clásico siempre se van de aventuras trepidantes, pero siempre quieren regresar, o al final todo ha sido un sueño". Aquí al lado, sobrevolando Westminster, hace un siglo, la propia Wendy le pide a Peter Pan volver de "Nunca Jamás". A Alicia, Lewis Carroll le deja probar el "País de las Maravillas" por un ratito, y luego... todo ha sido un sueño. Lo mismo que a Dorothy, breve paseo por Oz y luego... "no hay ningún lugar como tu casa". Pero es tan verdad!

Pasados unos días, en los que Judi hizo vida más o menos normal, llegó la cita del escáner. 26 de Abril a las 7 de la tarde, y hacía sol. La escena que nos encontramos al llegar al departamento era de esas del primer Almodóvar. Ay, "la belleza de vivir al filo de la navaja, me encanta Londres" (Judi), "esto dará para bloguear" (Di). Tomamos asiento pretendiendo que es absolutamente normal compartir sala de espera con varios policías armados con metralletas custodiando a un malo. Malo no al uso: sentado en silla de ruedas, luciendo un gown.

(Nota: El gown es uno de los basics o "must have" hospitalarios, la prenda que esta temporada todos debemos tener en nuestro armario. Se trata de una especie de camisón que se ata por detrás, permitiendo soltura de movimientos, y viene en varios colores. Algunos tienen el detalle de llevar escrito "for hospital use only", por si acaso alguien tiene dudas).

Durante la espera, y como preparación para meterse al donut, Judi tiene que beberse Iguazú. Yo tengo una asociación de lo más primaria: los Waterboys. Pero el caso es que el Fisherman's Blues se me pega y permanece como una intrusión no bienvenida el resto de la tarde. Light in my head/ You in my arms.

Judi se va con el técnico radiógrafo que le coge una vía, con cierto chapucerismo: tanto que el tipo murmura "bloody mess" (nunca fue "bloody" mejor usado) mientras busca maneras más o menos dignas de achicar la sangre apasionada, juguetona y de factor Rhesus negativo de mi querida amiga. Su segundo descuido, me cuenta luego Judi, es por omisión. El pobre debía estar nervioso con tanta metralleta y olvida comentar los efectos secundarios del contraste. Judi, ya metida en pleno donut siente alguna sensacion extraña, que ahuyenta con los Waterboys, que le he logrado pasar. Light in my head/ You in my arms.

Al salir, veo a Judi hablar con el técnico. Y es que Judi se cree que por pertenecer a este mundo en el que se creen todos elegidos, la clase médica, va a recibir trato de favor. Alucino: le está pidiendo ver el resultado! Di, discreta, hace como que escruta detalladamente un cuadro medio impresionista. Increíble: el radiógrafo le dice que llama al médico para que le explique. Judi me guiña el ojo. Cuando aparece, veo a Judi debatir con él unos minutos. Yo leo interesadísima un folleto sobre lavado de manos exhaustivo para terminar con las infecciones hospitalarias.

Pero su gozo en un pozo: el médico es junior, no se puede mojar sin supervisión, y su jefe está liadísimo en urgencias con el tiroteo. Miramos de reojo las metralletas y al pobre malo que está bebiendo pozales, esperamos que por castigo. Judi me habla muy deprisa, un tiroteo, un rollo de peli de acción, en cualquier momento explota un helicóptero. Judi, tenemos que ir a urgencias, tienes fiebre. Pero en urgencias no tienen aún el resultado, está lleno de malos heridos. Salimos y, en la puerta de urgencias, mil tocineras, menudo despliegue.

Judi me da una mano y con la otra, para un taxi.

Light in my head
You in my arms


7 comentarios:

  1. Tanto nombrecito raro y al final la tal Judi es vasca... No nos engañes más, Di, sal del armario.

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  2. Sigo pensando que sois la misma persona. Pero el trastorno de personalidad cada vez va a peor, porque estoy convencida que Judi la vasca no existe. Que sólo es una licencia literaria para divagar sobre lo que pudo pasarle a Maléfica los días que estuvo desaparecida.

    En cualquier caso, welcome back!!!!!

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  3. Judi, Judi, Judi... No sé quien es Judi. Pero y el Pedalista, donde estaba el Pedalista?

    Seguro que bebiendo cerveza con los amigotes...

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  4. Dios que intriga!!!!!
    ¿El malo al final hace algo o sólo es decorado?

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  5. Todos nos imaginamos quien es Judi, aunque ¿realmente es tan importante?

    Que haya vuelto de ese sitio tan tétrico es lo que importa, y que lo cuente.

    Pero... ¡ya! Que nos tienes en ascuas, Di...

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  6. Diva eres lo peor... primero poneis al pedalista como malamadre,
    luego le haceis currar de negro, haciendo posts froilanistas y ahora es un borracho sin corazón...

    Di, defiende al mozo o le hago un club de seguidores en el facebook.

    ... vuelvo a mis cronopios y a cenar, que con la tripa llena se escribe mejor

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  7. Qué monos, os hacen la pcr a la primera. Aquí a los adultos les toca llorar, pero para incubadoras se hacen pcrs por un tubo para ver si pueden dar de alta.
    Pero de graciosa la situación tiene poco, menos con una niña pequeña y sin familia cerca. qué angustia pasarías.
    Sobre lo de pedir los análisis, ¿no teneis derecho?, eso es simplemente quitarse problemas de encima, no me jorebes. Si no puedes tenerlos, menos armas para denunciar.
    Vengo de hablar con mi amiga. Está que se sube por las paredes de cabreo. Después será otra cosa, pero ha decidido dedicar el mes al cabreo con los médicos, cinco años buscando diagnóstico son demasiados para dejarlos pasar sin cabrearse.

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