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29 septiembre 2014

El Ratoncito Pérez y The Tooth Fairy llegan a Londinium

Son los bebés más monos: los que mantienen esa sonrisa desdentada. Esa era Mini: cumplió un año, andaba, y seguía sin dientes. Ahora, todos los niños de su clase ya van con agujeros en las encías y ella sigue manteniendo "sus perlitas" (Yaya dixit) intactas.

-Mummy, quiero wobbly teeth (que se me muevan los dientes)! Quiero que venga el Tooth Fairy*!

(*Para el divagante de por ahí abajo, Fairy evocará cierta marca de lavaplatos, que además se pronuncia /fairi/ claro. Pero no: un fairy /feiri/ es un hada, el hada de los dientes, en este caso). 

-Tranqui, Mini, ya se te caerán...

(Y vuelta a contar lo mona que era de baby /beibi/ sin dentetas)


De repente, al poco de llegar de las Américas: el Peda se la lleva al trabajo un día antes de que empiece el cole y a la vuelta afirma:

-"A Mini le está saliendo un diente de abajo detrás del de leche!"

QUÉÉÉÉ?

Internet me lleva a tropecientas páginas de mamis agobiadas con el mismo problema. En inglés hasta tiene un nombre: "Shark teeth" ("Dientes de tiburón"). En castellano no lo he encontrado.

A los pocos días se le empieza a mover el diente de leche. 

-Mummy quítamelo tú...
-No, te lo tienes que retorcer, eso es lo que hacía yo, creo...
-Nooo

Pasamos así unos días. Varios intentos de "operación" fallida.

El sábado 27, vamos a mirar cortinas que bloqueen el sol, hacer unas compras, comemos en un vietnamita:

-"He aprendido a comer por un lado"

Seguimos por Northcote Road. El Peda y Mini se compran un helado. Mini lo pide de vainilla... ya no sé si porque es su favorito, o porque a mí no me gusta y así no ha de compartir (quién teme al lobo feroz?) 

El cucurucho se le resiste. Me  ofrece:  algo aquí no encaja. Eres mi hija o un replicante?

-Mummy, el cucurucho está muy duro... el diente...
-Me dejas?
-Vale...
-A ver, a ver... ya ha salido!

En plena calle. Viva!!!! Esta noche viene el ratoncito Pérez, Tooth fairy y la tropa!

-No me ha dolido nada!


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Por la noche, el Peda y yo intentamos ver una peli. Mini se levanta:

-Tengo miedo de dormir sola.
-A qué tienes miedo (fiero lobo feroz)?
-Al Ratoncito Pérez...
-Nunca vi un ninio antes que tuviera miedo al Ratoncito Pérez... es como tener miedo a Santa! O a los Reyes Magos!
-Tengo miedo a Santa! Tengo miedo a los Reyes!

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2 am. Mini viene a la habitación:
-Daddy, puedo mirar debajo de la almohada?
-No. A dormir. 


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8 am. Es domingo.
-Puedo YA mirar debajo de la almohada?
-grrmpmpffff.... Vale...

FINAL FELIZ. El Ratoncito y The Tooth fairy han sido generosos y le han dejado dos lotes de rotuladores de olores que le encantan (uno que pinta brillantina y otro fluorescente) y £1. 

-Cómo sabían que me gustan estos rotuladores?
-Son fairies, lo saben todo...

Como todos los buenos finales, queda abierto: quién ha traído qué?

Para más información, habrá que esperar al siguiente diente. Y de momento, no hay más "shark" ni ningún "wobbly".



06 enero 2017

Quién teme... a los Reyes Magos?


Mini.


Ni al lobo feroz, ni a Virginia Woolf: Mini teme a los Reyes Magos. Han visto algo más raro? Ah, sí, antes le daba miedo el Ratoncito Pérez. Tristemente, este año-tras descurir la cajita donde tengo los dientes caídos- me dijo "creo que el ratoncito eres tú". Por supuesto lo negué, inventando rocambolescas historias de rtones que dejan los dientes en mi cajita,  pero se me escapaba la risa. "Mummy, di la verdad, eres tú!", y venga risas las dos. 

Sobre Santa, un día soltó lateralmente: "mummy, no será Santa como el ratoncito?". Noooo, Mini, en serio. 

Hoy, con lágrimas en los ojos le ha dicho a su padre "por favor, daddy*, que no suban los Reyes a casa" (*para su horror, sólo dice aitá para referirse a él, pero cuando le llama es "daddy"). Nos ha recordado que el año pasado acabó viniendo a nuestra habitación con un saco de dormir porque estaba preocupadísima con que tres señores y sus camellos subieran al piso. 

Hoy le hemos asegurado que los camellos se quedarán en la calle y les pediremos a los Reyes que les bajen las aburridas galletas Malted Milk (en azul en la instantánea) a la salida. Hemos tenido que dejar el snack de los Reyes, a base de fresas y chocolate negro, en el rellano (los vecinos están de vacaciones, espero que no vengan esta noche) para impedir que pasen a casa. 

También les ha escrito una de sus cartas, pero esta vez me ha prohibido colgarla en el blog... (claro que cómo superar la de disculpa por haber roto una tacita de juguete en un airbnb, ella misma siente la presión). Luego me ha interrogado sobre lo que les voy a decir de ella y si les ofreceré té. Mañana seguiré el mismo discurso que me daba la Yaya: "han dicho que muy agradecidos pero que van con mucha prisa, que les quedan muchos niños que repartir".

Pero será un poco bola porque los Reyes tienen menos trabajo del habitual en Londinium: solo unas cuantas casas de emigrantes llenas de republicanos, y niños que les tienen miedo. 

Que os traigan muchas cosas...  

18 enero 2025

Ciática post-Roc

 
🐳 Ya han pasado casi dos semanas desde que volvimos de vacaciones de Navidad: voy muy tarde para mis "crónicas de Roc". Pensaba en la poca evidencia que tenemos los de mi generación de nuestra infancia: solo hay fotos, en mi caso no tengo ni siquiera videos. Bueno, hay uno: un familiar lejano tenía una Super 8 y me filmó una vez con 7 años bajando unas escaleras corriendo hacia la cámara en Puigcerdá. Lo recuerdo tan bien por lo inusual, por lo que me impresionó verme en la pantalla. Hasta recuerdo la ropa: un vestido azul marino de marinera que se llevaba en aquella época y con el que aún me hace bullying Tíovin.  Hoy lo niños tienen teras de imágenes, vídeos... y diarios? Eso no lo sé. A mí me hubiera encantado que cualquiera de mis tías hubiera escrito mis andanzas cuando tenía dos años y medio, así que aquí estoy yo, Roc.


Roc ha sido, de nuevo, el corazón de las fiestas, que no son lo mismo sin niños peques. De este viaje me quedo con lo mucho que habla. Supongo que estas expresiones solo me hacen gracia a mí,  que lo veo tan de cuando y cuando y cada vez lo siento despegar en el tema del lenguaje. Empezando por, claro, "Tía, te quiero", pero luego cosas como "muy mal, fatal", "me lo estoy pasando super-bien", "ayuda, Paaato!", "no te has ponido la coleta", "porque quiero hacer tonterías", "no veo la pupa". Jugando en el suelo: "sì, ya te lo enseño", "y falta este que està solito", "no se puede abrir, yo te ayudo... no puedo cerrar", "espera, te voy a dejar aquí esto", "mira lo que tengo....te voy a enseñar", "lo hemos perdido!". En el parque: " no tengas miedo, puedes bajar". Mini le dice: "eres un bully", y contesta, indignado:  "tù eres bully!". Cuando ve mi lengua azul tras comer arándanos congelados: "mira su lengua, papá... enséñale la lengua a papá, qué fea!

Luego está el mítico "a levantarrrr", que me encanta porque es el mejor ejemplo de que "la venganza es un plato que se come frío". Cuando yo era adolescente, venía la dulce hermanita Fashion, de 3 o 4 años a despertarme a los gritos de "a levantarrrr". Bien es sabido que a esa edad es cuando más sueño se tiene de la vida, y la muy petarda me estiraba de las sábanas hasta que me dejaba ahí y tenía que saltar de la cama. Pues bien: cuando llegó mi hija, aproveché para echársela a Fashion esas mañanas vacacionales, a los gritos de "a levantarrr". Me encantaba esa justicia poética. Ahora se ha cerrado el círculo: es Roc el que va a Mini con el sonsonete. Es maravilloso es duelo de titanes de esta familia. 
 



🐳En este momento sus divertimentos top son -aparte de Spiderman, ahí le tenéis de spiderman retro corriendo la sansilvestre- la bruja de Blancanieves (en la peli de 1937, siempre prefiere los dibujos antiguos) y Mary Poppins. Nadie daba dos duros por esta última, pero cuando estuvieron en mi casa por Halloween se la puse en el proyector y, por supuesto, se enganchó. Es una peli maravillosa y usé su banda sonora para calmarlo de una pataleta que tuvo la mañana que lo dejaron a mi cargo. 


Era el 23, y sus padres se fueron a comprar regalos -pese a que se había acordado una política de no-regalos para adultos. Nosotros bajamos al jardín a hacer "sopa" (consiste en echar palitos, arena, hojas y lo que surja en un barreño). Esto duró lo que duró (no solo por él, yo también tengo un límite) y entonces le enseñé el cobertizo, que es tal como en las películas: lleno de polvo y trastos, algunos alcanzarían un valor en tiendas de antiguedades. Roc, como el buen granjero que lleva dentro, alucinó con las herramientas y aperos de jardinería. Se hizo con un pequeño azadón primero y salió dispuesto a cavar; cuando se lo quitó mi padre, encontró un rastrillo metálico incluso más peligroso. Tras mucho forcejeo se lo logré quitar y tuvimos la de San Quintín. "Rastrillo!!! rastrillo!!! Mamá!!! Mamá!!!" berreaba el muy rascal. 

Para distraerlo me lo llevé al parque infantil, él sin parar de berrear (de cuando en cuando, ya a menos volumen, decía "rastrilloooo", memoria de elefantito). Lo que hizo la magia fue ponerlo en un columpio y cantar canciones de Mary Poppins (que yo me sé en inglés, cosas de tener hija inglesa): no muy decidido, pero se calló. Luego subimos al tobogán, en el que me explicó que "ahí estaba su barco" y "esto eran las olas".  Ahí salió a colación el Capitán Garfio, ya que estamos también en la "era Peter Pan". Yo le conté que le tengo un particular cariño a Garfio porque fue el personaje que interpreté en la obra anual para la festividad de San José de Calasanz en 4EGB (siempre me daban el papel del malo, por aquello de alta, quiero esperar). Tengo que localizar el traje rojo de capitán que me hizo la Yaya, le encantará. El sombrero me lo dejaron y el garfio quedó hecho una porra porque era cartón envuelto en papel de aluminio.

En un punto le dije: "Roc, vamos a ver el paisaje"! (porque hay un mirador al final del parque y se ven las montañas de fondo) y él: "síííí, vamos a ver el paijaje". Cuando volvimos y le contó a sus padres que había visto el "paijaje" fue con esa energía y emoción de los niños pequeños: qué sería la vida si la viéramos siempre con esa intensidad. A medida que pasan los años nos vamos desponjando poco a poco de esa sorpresa, de esa sensación de novedad, de la certeza que hemos descubierto algo único, hasta llegar a la adolescencia en la cual, lo chulo es precisamente que te deje todo "cool", fresco, que no te afecte, porque lo sabes todo. Pero al final en esto también hay grados: no serás como un crío de dos y medio, pero tampoco como ese cuñado de la vida adulta que está de vuelta de todo, y que disfruta pinchando tus globos de ilusión... bueno, no disfruta, solo los intenta pinchar porque disfrutar parece que no disfruta mucho de nada. 

🐳 Este ha sido el primer año que Roc se ha enterado de lo de Santa (Papá Noel, lo llaman aquí). Había colgado uno mi padre de la ventana y había que cerrar la puerta con llave o salía a la calle para verlo. En mi infancia Papá Noel era algo lejano que se hacía en América; entonces solo existían los Reyes Magos y no había regalos en Nochebuena. Este cambio comenzó hacia mi adolescencia "con un detalle", pero los regalos seguían siendo en Reyes. El cambio total ocurrió en mi familia cuando nos vinimos a UK, ya que casi nunca pasamos Reyes en España (tengo un vago recuerdo un año con Mini como de 6 viendo la cabalgata). En la isla todo acaba el 1 de enero, aunque por supuesto Shakespeare escribió "Twelf night" ("La duodécima noche"), basada en los "Twelve days of Christmas" ("Los doce días de Navidad") que no son solo un villancico popular inglés tirando a canción enfadosa, sino los días de festividades que comienzan el Día de Navidad, le sigue St. Stephen o Boxing Day, luego el Octave o Año Nuevo (el día de la circuncisión de Jesús) y el duodécimo día es el 5 de enero, cuya noche es Epiphany Eve y el 6, el Día de la Epifanía. 

🐳 Pero divago. Dejemos las Navidades dickensianas (que influyeron un montón en la concepción victoriana de la Navidad en Reino Unido) y volvamos a la Nochebuena vetústica de mi familia en la que se repitieron tópicos que comenzaron con Fashion: comentar "ay, ya estará llegando por tal calle", o dar un par de golpes debajo de la mesa para hacer creer que alguien entraba por una ventana. Esto luego pasó a Mini a la que no recuerdo le diera miedo, así como sí le dio el Ratoncito Pérez y los Reyes Magos [en Londinium solíamos poner los tres zapatos y les dejábamos galletas y demás, pero no le hacía gracia que estos tres tipos entrasen en casa]. La Yaya me hacía creer que llamaban a la puerta y ella abría. Y qué te han dicho? "Pues que no podían parar mucho porque tenían mucha prisa, que aún había muchos niños a los que dejar los regalos". Cada año igual. Es curioso cuando empiezas a atar cabos y no te cuadra la historia. Aún a día de hoy, recuerdo a Mini con dudas del tema pero sin expresarlas, porque todos sabemos que en la vida, la mejor manera de que desaparezca cualquier magia (y también los malos rollos) es hablarlo. El otro día nos dijo que las Navidades de 2018, cuando vinieron toda la familia a Londinium y se enteró de que "Santa eran los padres" fueron las peores, precisamente por eso. 

🐳 En fin, que hubo ruidos y entonces mi padre le dió la mano a Roc  y comenzaron a seguir un caminito de pequeños santas que había recortado yo por las escaleras hasta el despacho, de cuya ventana estaba colgado Santa. Allí había un regalo, y mientras que él lo abría la Verdadera Santa -spoiler: yo- bajaba los sacos que habíamos escondido en "la primera habitación" (la que está justo a la subida de las escaleras). De nuevo, pese a la promesa "este año solo hay regalos para los niños" había la habitual montaña de paquetes por encima de nuestras posibilidades y de todo razonamiento. Desde libros hasta experiencias, pasando por sets de bomberos, y sets de "Pandora", todo excesivo, pero así son ellos. Discrooge claramente fue cambiada de cuna en la maternidad. El de la foto de abajo es uno de los libros que le traje a Roc (el otro, "Mary Poppins" claro, las obsesiones hay que alimentarlas): "We completely must go to London" de Charlie & Lola, unos libros ilustrados que leíamos con Mini. Es fundamental que crezca con ese imperativo: hay que ir  Londinium, siempre y ya. 


🐳 La mascletá fue el último regalo. Mini se había visto ya sobrepasada por todo tipo de agasajos y, cuando pensaba que había terminado todo, le tocó abrir un sobre misterioso que contenía tres vuelos: de LHR a JFK (en cristiano: a Nueva York). Llevaba siglos insistiendo en visitar la Gran Manzana y nosotros lo postponíamos hasta que, bueno, YOLO. La verdad, n
o la recordaba llorando de emoción así: nunca me voy a olvidar de esa cara y ese abrazo. La magia de niña buena y perlas tipo "eres la mejor madre" duraron un par de días. Tranquilos: ya ha vuelto a su ser normal.




🐳 Ah, y el título: ya han pasado casi dos semanas desde que me separé de Roc, pero la ciática [suave] que me causó intentar seguir su ritmo "ahí abajo" no me ha abandonado. Pese a todo, aquí estoy, contando las semanas que faltan para volver a hacerme con contenido para escribir estas crónicas. Porque, Roc, tendrás muchos vídeos y fotos pero a ciertas personas, mil palabras siempre nos hacen más ilusión que una imagen.