9 de febrero de 2020

"Life after life" ("Una y otra vez") de Kate Atkinson: Por qué está Europa repitiendo el mismo error?

Me pregunto si mi experiencia de "Life after life" hubiera sido distinta si la hubiera leído cuando se publicó, en 2013. Y cómo habría sido mi divague en 2013. Porque entonces todavía no había pasado aquello: el terremoto que ha agitado inesperadamente a esta isla, dejándola con una grieta para la que no tengo palabra en castellano, pero que en inglés y en francés sé que es "crevasse". La aprendí, o por lo menos pasó a mi activo, en aquel docu de 2003, "Touching the void", que cuenta los avatares de un montañero que cae en un "crevasse" en los Andes. Y esta imagen es con la que me quedo como metáfora de la fisura que ha dejado "aquello", el Brexit, en este país, un terrible crack que recorre su orografía en mi imaginación, y en realidad, el que recorre a las personas. Por lo menos, mi corazón, con respecto a Inglaterra, es exactamente eso: un puño de hielo furioso partido por una enorme crevasse. 

Así que lo último que necesito ahora es leer libros, o ver pelis sobre la grandiosidad británica: no gracias, Sam Mendes, no tengo ningún interés en ir a ver tu "1917", ya me aburrí bastante con "Dunkerque". De qué va esta exaltación, justo ahora? Como no podéis mirar a la cara vuestro pasado colonial, ahora os escudáis en qué buenos fuisteis en la Segunda Guerra Mundial, luchando contra el fascismo. Oh, ahí lo disteis todo, una generación que hizo tantos sacrificios porque Europa no cayera ante la bota delirante alemana: pero qué habéis hecho ahora, con quién os estáis alineando con el Brexit?  

Al final de "Life after life" (traducida al castellano como "Una y otra vez") hay un post-scriptum en el que la autora, Kate Atkinson, hablando de su proceso de creación, dice que no sabe bien el tema principal de la novela, pero se aventura: tal vez va de "ser inglés, o lo que significa ser inglés en nuestras imaginaciones". Esto lo leo cuando llevo tal vez unas 100 páginas de sus 600, y obviamente no hace que lo abrace con más cariño. Leo algo más sobre Atkinson y veo que viene de una familia trabajadora de Yorkshire, con un abuelo muerto en un escape de gas de una mina, el otro por una bomba en 1941. Su padre trabajó en la misma mina que había muerto su abuelo, allí "sirvió" la guerra. Estos datos me parecen interesantes para entender porqué la familia de la novela es la típica de clase acomodada, que en aquella época en la que empieza la narración, 1910, tenía criados y cocinera, en una mansión en el campo. 

Cuando comienzo la lectura no sé nada de todo esto: me lo ha recomendado Elena Rius, de la que me fío muchísimo, y simplemente me sumerjo en la historia. Al principio, me cuesta entrar, por varias razones: la primera porque no encuentro "voz" a la narradora. Sí, me está contando cosas, pero cómo lo dice no me hace sacar el lápiz de subrayado demasiadas veces. La familia en la que nace la protagonista, Ursula, es esa familia inglesa de la que hemos leído ya tanto en Forster, Waugh, Austen el al. Se me hace confuso la misma escena, la de la gran nevada la noche que nace Ursula repetida varias veces. Miro la lista de capítulos, e intento entender de qué va a ir ese ir y venir temporal.


Poco a poco voy avanzando, creo que dejo atrás la infancia, aunque luego volveremos. Snow, nieve, la escena del nacimiento está presente hasta el final: qué habría sido del mundo si hubiéramos muerto en nuestro parto? Porque Ursula muere con el cordón alrededor del cuello algunas veces, y otras se salva, y en otras el "murciélago de alas negras" la atrapa tras un virus, o ahogándose en el mar, y otras se salva, y su vida, que irá tomando diversos derroteros, será muy distinta según si un encuentro casual con un mediocre profesor de historia, o la decisión de viajar al continente para perfeccionar su alemán. Esto me lleva a un tema que no ha sido recurrente, pero sí que hemos tocado a veces en el blog: las múltiples vidas que podríamos haber vivido, el camino que no tomamos, maneras de vivir. Imposible ignorar algunas coincidencias: yo también nací cianótica, bien azul tras un parto complicado y yo también estuve a punto de morir ahogada en el mar a los 10 -11 años. Para mí eso no hubiera supuesto nada, simplemente no existir, para el mundo, tampoco, mi trabajo lo podrían haber hecho otros. Es para los que te han querido para los que cambiaría la vida si esas olas se me hubieran llevado: aún recuerdo la confusión cuando por fin salí /me sacaron toda arañada por las rocas a las que me arrojaba el mar enfurecido, y se me volvía a llevar, una y otra vez, y mi madre llorando, y sobre todo a mi hermana, poco más que un bebé entonces, a la que seguro abracé: hoy me planteo cuántas horas de felicidad que hemos pasado juntas no habrían sido. La vida es de una fragilidad que duele, cómo una tontería puede cambiarla toda para siempre. 



Así que aún tocada por esta vida que se entrelaza con la mía sigo leyendo y entonces estoy de lleno en la guerra, la Segunda Guerra Mundial que Ursula vive de distintas maneras: como mujer abusada por un marido cruel y patético, como madre atrapada en el Berlin pre-guerra, como soltera que trabaja para el gobierno por el día y por las noches sale en una patrulla de rescate. De todas estas vidas, ha sido la descripción detallada del Blitz, el bombardeo de Londinium durante la guerra, la que más de cerca me ha tocado. Londinium no es como Berlin, donde la Guerra está presente en cada rincón: a mí me impactó, me pareció estar en un decorado de la historia, con la salvedad de que no tenías la sensación de decorado, sino de algo muy real. Algo así como en el pueblo viejo de Belchite, que resiste de pie como un fantasma. Pero pese a no ser tan marcado como en Berlin-Belchite, en el Londinium del día-a-día todavía se sienten los destrozos del Blitz: el hospital de St. Thomas donde nació Mini fue bombardeado, y no hay duda de qué parte; en una tarde de compras en John Lewis, un gran almacén de Oxford St., te encuentras, junto a la cafetería, una línea del tiempo donde se explica que su ala Este fue bombardeada y la foto estremece; en muchas calles de casitas victorianas exactamente iguales hay, de repente, un par de edificios feos, cuadrados, sesenteros, hoy en día ocupados por viviendas protegidas: ahí cayó una bomba. Tengo un ejemplo a dos manzanas de mi casa, y a tres minutos, la aparentemente inofensiva parada del metro que, nueve pisos más abajo, fue el refugio de esta zona. De mi visita a este lugar divagué aquí: "Vivo sobre un refugio antiaéreo". De lo que pasó en la estación de Balham, a una parada de la mía, lo cuenta mucho mejor que yo McEwan en "Atonement" ("Expiación").

Así que leer lo que fue la vida en esta ciudad durante el Blitz ha sido para mí devastador. Esto es un cliché, pero oía el shhhh de las bombas, sentía su vibración, y la onda expansiva, y recordaba algunos de mis peores sueños, en los que me he despertado pensando lo mismo que Ursula ante un trueno gigante, seguido de paredes que colapsan, dejando al edificio como una de munecas: "Esto es, así es como me muero". Ursula trabaja de voluntaria de rescatando a los pocos vivos que quedan bajo los escombros, y sacando/catalogando cadáveres, un horror personal, silencioso: al igual que los soldados que nunca hablarían de las trincheras, imposible hablar de esto luego con tu familia, con tus amigos, para qué. Al leer, creía entender (seguramente de mala manera) la actitud de la gente cuando cada noche te bombardean. Cuando bajé al refugio hace 4 anios, me preguntaba cómo podían hacer baile ahí abajo, cuando igual a la maniana siguiente no tendrían casa, o tal vez vida... pero la gente sigue, tal vez haciendo cosas que el decoro u otras convenciones no permitirían en tiempos de paz pero, qué más da, follemos, si igual no estamos maniana, una tal Kathy "se guardó para nada", su madre ha escrito con su muerte. Y si "él te besa en la palma de la mano: captura ese momento, porque es bonito"; luego ha de irse, y no sabes (pero entra dentro de las posibilidades) que no le verás más. Caminar de la mano de extranios, cuando se queda la ciudad sin surtido eléctrico, y no hay luna, y cristales afilados en el suelo, igual ese tipo es un malvado, pero hay que confiar en que no lo sea, y tirar para adelante.  Cuando suenan las sirenas, buscar linternas, ropa de abrigo, el ovillo de tejer, un libro, y al refugio, que puede ser público, o del vecino de abajo si tiene un sótano. Dejo el libro al lado y le pregunto a Mini, "tú crees que si viniera una guerra Rose nos dejaría bajar a su sótano?", y ella: "Hell, no!". Aspirar, como un suenio dorado, que te llegue la muerte de una manera rápida. Vuelvo a escuchar el silencio: los domingos por la maniana no tocan las campanas de las iglesias durante el Blitz (alguna vez volvieron? yo ahora tampoco las oigo,  es para mí un sonido y a de la infancia, o tal vez de alguna vacación griega). Todas aquellas preciosas Iglesias de Wren, que se construyeron tras el Gran Fuego de Londinium, destruidas.  Los escritores de entonces querían ir a la guerra porque esto era su "experiencia", lo que luego, si sobrevivían, intentarían narrar; hoy en día la gente sigue buscando experiencias para subir a instagram. "Casa" es una idea, no es ni siquiera tu casa de la infancia, y como Arcadia está perdida en el pasado. Pero Ursula tiene una hermana, y se quieren. Hay cosas que no cambian. 


No he leído prácticamente literatura de guerra, y tal vez por eso me ha impactado tanto esta parte del libro: para mí, solo por esto, ya ha merecido la pena leerlo. Aunque fuera hoy, a principios de 2020, no en aquel 2013 post-euforia olímpica, cuando estábamos orgullosos de que esta isla había producido los Beatles, las Bronte y el NHS, y de haber sido aquí un mínimo granito de arena. Que se iba a llevar el mar, pero no de esta manera. 

Me pregunto cómo se escribirá esta historia dentro de unas décadas. Atkinson dedica un par de páginas a imaginar un mundo donde Hitler (inconcebible hoy entender el carisma que de hecho tuvo, histeria de masas por un amante de la operetta vs. la ópera) no hubiera existido: tal vez no existiría el conflicto árabe-israelí, tal vez Rusia no se hubiera hecho con Europa del Este, tal vez toda la cultura europea sería distinta, sino todos aquellos que tuvieron que huir a otros países, por ej EEUU. Me pregunto cuales son los "tal vez" que se escribirán entonces y, en fin, no quiero saber. 

Solo espero que no se cumpla la traducción de este libro al castellano: que "una y otra vez" hayamos repetido los mismos errores. 




4 comentarios:

Elena Rius dijo...

Me han interesado ese documental (y el libro que muestras) sobre la "crévasse". Los buscaré. Si no recuerdo mal, la parte que trata sobre la guerra en "Life after Life" es la más impactante del libro. Tanto, que su siguiente novela ("A God in Ruin"s) es una especie de spin-off de ésta. Te aviso por si en este estado de ánimo post-Brexit no te apetece seguir leyendo sobre el heroísmo británico en WWII, que de eso hay bastante en el libro.
La verdad es que leer sobre hechos históricos cuando te encuentras en el lugar donde sucedieron siempre les da un matiz distinto, más vívido. Recuerdo haber leído el libro de Beevor "Berlin, la caída" durante una estancia en Berlín y me ponía la piel de gallina recorrer durante el día los mismos puentes que había visto volar durante mi lectura de la noche anterior.

Di Vagando dijo...

Lo primero gracias ELENA por la recomendación. Como digo en el divague, es uno de esos libros en los q el contexto lector influye muchísimo, me ha dado mucho que pensar q habría sido otro libro si lo hubiera leído pre-brexit, q ahora es imposible q ese heroísmo no me afecte, está todo demasiado cerca. Recuerdo q estaba lyendo "The fight club" tras mi horrible apendicitis-peritonistis y lo tuve q dejar. No podía. Luego, ya bien, lo terminé y me encantó. Y asi todo, leer "La regenta" con la edad de Ana Ozores, o "La montania mágica" con la de Hans castorp, es diferente supongo de leerlo con 50... entonces tienes la ingenuidad de los personajes. Me imagino lo de Berlin q te pasó: muy fuerte. Parecido me ocurría a mí este verano en Sudáfrica...

El documental es muy bueno. Luego he visto alguna peli similar, como aquella de 127 horas o algo así. El libro no lo he leído... de hecho, nunca había oído de él, pero me gustó la tapa de esta edición.

besis!

di

marisa dijo...

Espero que alguien te escuche y de verdad no volvamos atrás. A veces pienso que una guerra es algo en lo que no piensas hasta que no te queda otro remedio, y pienso en Yugoslavia tan cerca y tan lejos ya, que de la noche a la mañana se encontró con una en el corazón de Europa hace cuatro días.
Es verdad que da mucho asco ese resurgir de banderas victoriosas, de imperios perdidos que parecen desearse de nuevo. Pero creo que es mucho ruido y pocas nueces, algo me dice que son ejercicios retóricos para atraer al personal pero sin mucha verdad por detrás, creo que no se lo creen ni quienes más lo pregonan. Pero bueno, Hitler no parecía muy sugerente de entrada y mira luego....
Yo no he leído mucho sobre guerras, pero me gustó mucho Los desnudos y los muertos de Norman Mailer. La guerra en lo cotidiano es un completo sinsentido, despojada de heroísmos y de épica no deja de ser un absurdo que hace sufrir terriblemente a personas a las que las causas de la guerra no les dicen nada. Y eso sin contar con las razones que las provocan. Los británicos, como muchos europeos deberían comenzar por reconocer la bola que le dieron a Hitler, con el que compartieron mucho más de lo que les gusta reconocer.
Muxuak

Di Vagando dijo...

Oh MARISA< igual es q estoy yo particularmente fatalista y lo q siempre digo: ojalá me equivoque, ojala este brexit y este Trump y este Orban y este Bolsonaro y este Vox sean tontadas de unos días, flores de verano, y luego todo vuelva a "como era antes" (y hablo de un reducto, en Africa ni me meto)... de evrdad, ojalá me equivoque... Pero por ejemplo leyendo este libro me daba cuenta de lo "normal" q seria la vida para la gente antes de al guerra y de repente cómo empezaron a escalar las cosas asi, insidiosamente al principio y bueno.. no sé. Ayer recordé aquella frase de Lula hace timepo q dijo "quiten las banderas q no veo a la gente". Ojalá sea mucho ruido y pocas nueces como dices, esta tontada de las banderas.

Y qué guay Mailer... tuve ese libro en mis manos tras "Los ejércitos de la noche" q leí y divagué, igual te acuerdas, y me encantó tb. CReo q no lo compré pq era enorme y tras el q había leído necesitaba un respiro, pero igual lo compro ahora, su mensaje es muy necesario, también bajar los humos yankis tras el triunfalismo de otra guerra.

Muchos muxus

di