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27 marzo 2016

Lugares magnificient, Jardín Zen, el Quijote en japonés y sobredosis de gyozas (Kyoto, J10)

Sun, 27.03.16 Kioto

El domingo fue un día de visitas a varios sitios que yo en inglés llamo “magnificent”. Ya he explicado arriba que esto no entra en mi concepto viaje aunque sé que mucha gente (viajes en grupo) es todo lo que hacen: ser llevado de una lugar magnificent a otro, y tiro por que me toca.


El primero es el Templo Dorado. Que es eso: un templo con el tejado dorado en medio de un lago. Dicen que el susodicho tejado es de oro... en serio? Nunca he entendido la riqueza megalómana: quiero decir, si uno es rico gasta en cosas que mejoran tu vida, pero pensemos en los jeques aquellos que tienen los grifos de oro: por qué? En qué son diferentes de unos grifos Buenos del material que se hagan los grifos? (que desconozco). Pues lo mismo con este tejado: demostrar poder, a lo loco. La visita está petada de gente, como todas estas visitas. Hacer fotos se torna un medio reto: que te salga el templo sin gente con mascarilla y palo de selfie es complicado. Tus seres queridos se aburren de esperar. En un punto descubro dos monjes o hare chrisnas o lo que sea vestidos con túnicas butano y stalking no comienza a describir lo que hago con con ellos: son fotogénicos con los templos, yo qué le voy a hacer. Al final de la visita, ahumarnos con los inciensos y el monje que nos firma el libro, y de nuevo en busca de un bus que nos lleve al siguiente destino.




Que es el templo Ryoanji, que tiene un lago precioso (Kyoyochi) con islote y todo y dentro del edificio principal, el Kuri, el "Jardín de roca”. Yo pensaba que estos jardines combinaban rocas con plantas, pero oh sorpresa. Entras al templo, dejas los zapatos, todo es de madera, hay salas de esas grandes con puertas correderas y frente a una hay tres escalones de lado a lado que terminan en un rectángulo que está lleno de grava y como seis rocas grandes, ahí puestas. La gente está ahí sentada mirándolas: seguro que les dan mucha paz. Yo me pongo Lisi e invento una historia: hace mil años, los que construían la casa para el déspota de turno (este templo fue antes una mansion) se encontraron con esas rocas que tenían que quitar, claro, para crear un jardín, y como no andaban bien de percutora, a uno se le ocurrió: haremos un jardín de roca, que dará mucha paz. Y así. Pero este jardín me recordó un mini-jardín de grava (sin rocas grandes) que alguien que conozco (y n caigo quién) tiene con un rastrillo, que dice le relaja. Amiga, amigo: si me estás leyendo, manifiés-taté! Pero no todo es roca, esta mansión también tiene lago, y jardines como los dioses Mandan. Y además ha empezado el hanami!!! Photo opportunities galore!



Nuestro siguiente punto de turismo imparable: Ashimayara... está al lado de un río lleno de cascaditas artificiales, lo cual le da un sonido muy agradable. Antes nos marcamos unos ramen rápidos con algún frito típico. Kimonos andantes a tutiplén. Paseo, pero tal vez nuestra saturación visitil es tal que olvidamos que aquí hay un nuevo templo que ver, el famoso del “pasillo de bambú”... nos damos cuenta ya en uno de los buses que nos llevan a central kioto. Qué desastres somos, nos decidimos, sin demasiado dolor por habernos perdido otro templo más. Luego el Peda abre la guía y pone: “aunque no hagas otras cosa en kioto, no puedes dejar de visitor nosequé templo”. Otro que nos perdimos: pero de verdad, tal vez haya un límite de templos, que varía según la gente. Cada uno tenemos nuestro número, y una vez pasado, ya. Mi número de cala desierta griega es bastante alto, por ejemplo.




Una vez en la calle principal del centro, vamos a una librería que parece ser de las más grandes de Kioto, Murazen (o Muzaren?). Se trata de una cadena, y está en el subterráneo de un gran almacén elegante. Os tengo que informar que estamos en busca y captura en esta cadena de librerías, tras nuestra actuación en dos departamentos.


Primero, os acordáis del concepto “chotto” y cómo un conocido del Peda buscó sin éxito el Quijote en japonés? Bien, pues tras mirar libros un rato, me lanzo, y pido el susodicho. La dependienta asiente sonriente, y se pone a buscar en la estanterías de clásicos -en inglés. Lo encuentro yo antes que ella (no caía en ir a la “C”), pero le digo que o quiero en japonés. Le cuento (y espero que quede claro) que me ha pedido un amigo que le mire si lo tienen, dejando claro que no lo voy a comprar... ella sigue asintiendo y desaparece. Al rato, baja cargada de libros: una versión infantil, la obre completa en 4 tomos, y otra en dos tomos. Me siento fatal por haberla hecho ir a buscar todo eso, le digo que les hago una foto para enviarles a mis amigos, ella siente y sonríe, y me quedo con la duda de si me odia y jura en hebreo por dentro o no, son así de amables.


Segundo. Este es el país de la stationery (objetos de escritorio, me encantan) y le digo a Mini que le compraremos una pluma (he contado que en el cole les hacen escribir con “fountain pen”? En serio). Así que vamos a sección plumas y encontramos unas que no están mal y son baratas (no vas a mandar al cole a una ninia con una Mont Blanc). Pero luego hay una chulísima de uno de mis colores fav (verde lima), el triple de cara, pero que a Mini le gusta, así que nos decidimos: ella promote cuidarla como oro en panio. Cuando la llevamos al mostrador la dependienta nos dice que esa pluma es “F” versus “M”, que cual queremos. Me imagino que F es fina y M medium, pero a saber en este país. La dependienta nos hace unas demostraciones y Mini opta por M, pero justo esta no la tienen en M. Entonces vuelta a las baratas, donde Mini elige un color que a mí no me gusta (celeste), pero no digo nada. Total que ya vamos a pagar y la dependienta saca las cargas, y no me suenan de nada. Le preguntamos si estas cargas con “internacionales”, ella entonces nos saca unas plumas Pelikan, pero a Mini no le gustan. A la pobre mujer ya le fibrila el párpado como al del Martes y Trece con la empanadilla... finalmente el Peda pone la pasta sobre la bandejita de pago (aquí no se da en dinero en la mano, se ha dejar en una bandejita), ella ya tiene las vueltas dispuestas y entonces Mini dice que no la quiere, que “es muy fea” (en castellano, pero daba igual en inglés...ya os vengo diciendo que gran parte de las interacciones osn “Lost in Translation”) y que no. Pedimos perdón efusivamente, ella parece afectadísima, pero de una manera amable: afectada por no habernos podido ayudar más que por lo que debería estar trinando que es porque somos UNOS PESAOS.



Y cenar es posiblemente el highlight del día, porque el Peda nos lleva a un sitio recomendado en la guía, quede otra manera imposible encontrar. Es un restaurante muy pequeño, que más bien parece un bar de copas, está en la segunda planta de un edificio anodino en un callejón. Estos son los mejores! Al entrar te da una luz roja (es bastante oscuro) y solo tiene un par de mesas a la entrada y la barra donde se come también. Nos preguntan si tenemos reserva (pero señora! Si nos quedamos sin Palacio Imperial por nuestra cacareada planificación!), pero igualmente nos meten en la barra. Es un local donde se especializan en gyoza, esa especie de empanadillas de pasta que se unta en soja y que están buenísimas (que le pregunten a Mini, que no, y se limita a un cuenco de arroz, pobre hija). Allí delante de la barra tienen la plancha donde hacen 12 y los agrupan como si fuera un gran donut. Luego otros tres de otro tipo, y otros de más. Al final, con el set, también venían noodles! Excelsa esta cena.


No os aburriría con el 26 eterno de vuelta a casa si no fuera porque esta vez para en otra parada y el conductor nos pide dinero cuando le enseñamos el “pase de día”. En su inglés gestual nos indica que esta es una “compañía privada” que no entra en el pase de día. Pero vamos a ver: es un bus exactamente igual que el otro, se llama 26, qué me está contando? Claro que si hablas el mismo idioma, podrás usar todas las técnicas lógicas posibles para negarte a pagar... aquí, suspiras y acabas pagando. Mañana, al fin y al cabo, dejamos Kioto y sus lugares magnifients...

26 marzo 2016

Nara: templos, ciervos y okonomiyaki (Nara, J9)


Sat, 26.03.16 Nara


 Fashion y JAL estuvieron en Japón creo que el verano del año anterior que nació Mini (2007). Un día después del nacimiento de mi hija, el Primero de Mayo, en un lugar de Polonia nació un ser rubio y peludo que terminó en casa de los Fashion. Y ellos llamaron a la rubia golden retriever Nara, precisamente por cuánto les había gustado esta ciudad, que fue capital de Japón durante un tiempo, y se nota. Cuántos templos se pueden concentrar en un espacio no demasiado grande? Muchos.

Cogemos el tren en Kioto Station. Al principio no hay mucho sitio pero me logro sentar en una zona de cuatro con dos chicas en kimono que se pasan el viaje con sus teléfonos. Les hago alguna foto, así disimuladamente.

Nara está a no llega una hora de Kioto. Al llegar hay una calle comercial y de restaurantes donde hay farmacia-tienda de higiene donde me lanzo en busca de una solución para los piojos (gracias No, por la sugerencia... en Londinium tengo tee tree oil, pero allí dicen que es para que no vengan, no para destruirlos cuando ya están). Voy buscando sola sin éxito, y entonces le pregunto a una mujer con gestos, sin éxito. Entonces eureka! Saco el teléfono y hago un google “piojos en japonés”, y sale tanto en grafía nipona como en cristiano: “shirami”. “O! Shirami!" dice, y me lleva directa a la zona donde están los champús para el antipático tema. Empezamos el día con un pequeño éxito.


Esta calle termina en la zona templos, que es enorme y es la que visitaremos hoy. Siempre cito al escritor de la Rough Guide de Centroamérica a propósito de Tikal: “Tikal will exhaust you before you exhaust Tikal” (que en inglés hace juego de palabras por el “exhaust”), pues bien, los templos de Nara acabarán contigo antes de que te los acabes, y eso es lo que pasa.


Comenzamos haciendo fotos como locos a los primeros. He contado que en todos los templos está la zona de purificación (Fuente con cacitos)? Cuando repase en Lonidnium pondré fotos y todo se ilustrará mejor. Luego está el cuenco donde pinchan las barritas de inciensos de colores.- me gusta el olor, y me recuerda que en su día, cuando viajábamos a Asia y éramos jóvenes nos traíamos de estos palos de incienso, a juzgar por el número de reposainciensos, ya obsoletos, que tenemos. Qué nos pasaba? Eramos hippies acaso? Es como las velas: por qué en todas las casas hay tantas velas? Yo ya lo dije en Navidad, no quería participar en el amigo invisible porque pasaba de que alguien me regalara una vela, llamadme Scrooge.


Seguimos con los templos, que me disperso: también hay tiendas de baratijas con significado religioso/supersticioso, una red metálica donde la gente ata su fortuna (que previamente han comprado en las tiendas de baratijas, como Mini hizo el primer día), otra zona para atar unas tablillas (que se han comprado también en la tienda, y que he visto desde la discreta rectangular, hasta con forma de osito o corazón). También están los que te escriben en el librito el símbolo del templo, da gusto verlo, cuesta 300 yenes por inscripción (unas £2), esto lo estamos haciendo desde el primer templo en Tokio (colgaré fotos). Y, por supuesto está la “shrine”, que es la zona de adoración, la casita donde está dentro Buda y demás parafernalia. Allí no se puede acceder, y justo delante hay como una caja de madera de lado a lado con barras donde echan el dinero: se ponen delante con las manos como para rezar, dan dos reverencias, dos palmadas, rezan, y una reverencia. Esto creo q lo he contado, sorry. Lo mejor del templo es la campana que hay justo allí donde rezan: al Peda y a Mini les gusta hacerla sonar. Gonggggg.


Avanzamos y vemos una pagoda de 5 niveles, y entonces ya empezamos a ver los ciervos: hay unos mil ciervos caminando tranquilamente por los templos de Nara. Venden una especie de galletas para darles de comer. Llegamos a un templo donde hay demasiada gente porque los cerezos alrededor están totalmente abiertos: preciosos. Seguimos hacia el mayor templo y allí descubrimos los helado “Cremia”... son unos cucuruchos con nata por encima, y como reclamo de venta dicen cosas como que tiene 25% de grasa en la leche y tal... en fin, que está buenísimo y me lleva a los helados de nata en Bellver, el pueblo de la Yaya en el Pirineo, donde la pastelería es exagerada a todos los niveles. Así que de Nara a Bellver, pura magdalena de Proust.


Mini está sin vivir en sí con los ciervos, un hombre le da una especie de frutos secos para que les dé, y ella los va racionando, todo por tener a los bichos cerca suyo. Cómo le gustan tanto los animales a mi hija? Fashion (otra amante) dice que yo soy una persona que pasa de ellos, pero en algo los atraigo... la misma Nara, (a la que hago caso, creedme, pero según Fashion no el suficiente) me ama, estoy sentada y viene a hacerme cucadas para que le rasque la cabeza. Bueno, pues aquí sufrimos una nueva interacción animal que yo desde luego no instigué (nunca las instigo, recordáis cuando una vez nos intentó atacar una gallina en Dorset? Aún tengo flashbacks). Estaba Mini dando de comer a uno de los ciervos, y entonces aparece otro más asertivo y , creyendo que Mini tiene más comida (que ya no), da saltitos y le medio muerde en la cintura. No contenta con esto, viene a mí! Y me muerde! Pero no os asustéis: son tantas las capas de ropa que llevo que se siente como cosquillas. De todas formas, es un susto porque aparte de los bambies, son bichos grandes y no mola tenerlos enfadados (les han cortado los cuernos, menos mal). Según el Peda, que asiste a la escena desde el final de la calle donde fotografiaba o algo, “hemos disturbado la paz del lugar” con nuestros gritos.


No voy a llevaros uno a uno por todos los templos que pasamos hoy. El enorme es bonito porque además hay fotogénico hanami. Mini quiere comprar un regalo a todos los niños de su clase (16) porque una companiera (odiosa) vino de Estambul el año pasado con un estuche de tela con algo en árabe para cada uno. Le decimos que no vamos a invertir un dineral en esta broma, pero precisamente allí encontramos unas bolsitas enanas de colores con cascabel que vale 100 yenes (60 peniques) y las compramos... claro que no sabemos si eso es un amuleto en contra de la gota o para que te perdonen deudas de juego. Cuando preguntamos, nos dicen que es “perfume para el bolsillo”. Seniorrr.


Seguimos caminando y aparte de los templos, aquí hay como 2000 farolillos de piedra preciosos, que los encienden todos dos veces al año... más ciervos y agotamiento. Salimos por una calle lateral y trastrabillamos agotados y hambrientos hacia la calle aquella de restaurantes. Compro 4 naranjas (que resultan saber amargas).


En un punto se hace la luz y vemos un restaurante enano que en realidad es una habitación que al fondo tiene una plancha gigante y dos mujeres cocina okonomiyaki. Esto es una especie de tortilla japonesa que yo ya probé hace mil años en Vetusta, cocinada por José Antonio, mi amigo mexicano (bueno, de vetusta pero vive en el DF), que vivió en Chengdú 4 anios, luego conoce bien Asia. Recuerdo que me gustó el okonomiyaki (huevo mezclado con mucha verdura, algo de bacon, por encima una salsa dulce, cebollas verde y jenjibre) pero aborrecí unos polvos que le ponen al final: uno es verde (algas) y el otro es de pescado (como la comida que les echas a tus peces de colores, tal que así). Total que le digo a la señora que no le eche los polvos a mi parte (el Peda se lo come), y está buenísimo. Nos dejan hacer fotos a ellas cocinando sobre la plancha y es una gozada. Por fin salimos de allí eufóricos porque hemos encontrado otra comida en Japón que nos gusta!!!


Tren de vuelta (donde había una pareja de españoles con dos niños pequeños), el famoso 26 y a casa....

25 marzo 2016

Lo que busco de viaje. El feminismo y las geishas. La levedad del cerezo en flor. Shirami. (Kyoto, J8)

Fri, 25.03.16 Kioto (Fushimi-Inari Taisha, Callejón del Ramen, Paseo del filósofo, Pontocho


Amanece un día soleado en Kioto, lo cual significa mucho más que simplemente “disfrutar la vida” para la que firma: aquí se trata de sobrevivir y el sol hace que el frío sea soportable mientras brilla. Salimos del apartamento y nos damos cuenta que tenemos debajo, coincidencias de la vida, “Sunny Day Bakery” (la panadería “Día Soleado”) y está abierta. Decidimos comprar bollos para desayunar al día siguiente, y el proceso, como todo en Japón es complejo: algunas cosas se ven claro lo que tienen dentro, pero otras... Detrás están dos panaderos que nos enseñan lo que va a entrar al horno y son todo bollos de lo más kawai: con forma de osito, pececito sonriente y demás. Les hago puntualmente fotos y cuando vuelva al UK y refresque estos divagues, los veréis.



En lugar del interminable bus 26, decidimos caminar como 20 minutos a una estación de tren, que nos dejará enseguida en Kioto Station. El paseo me reafirma en mi idea de Japón. Pensaba que tal vez Kioto fuera distinto, porque todo el mundo dice que es tan bonito, pero no: Kioto tiene templos, jardines, preciosos paseos en medio de una desolación tanto arquitectónica como urbanística bestial. Me explico: no me molesta el caos, la falta de simetría, lo viejo, lo sucio: algunos de mis mejores recuerdos de algunas ciudades son precisamente sus imperfecciones. El del librodejuan dice que es un país que vive inclinado hacia adentro, y no le dan ningún valor al exterior de las casas, sino al interior. Ello lleva a que los edificios sean bien feos, y si a ello unes el maelstrom de cables eléctricos y telefónicos, el resultado es... malo. Pero es que además, tanto tienes una casa aquí, un edificio allá, un solar vacío, una gasolinera, un descampado con un par de coches, otro edificio... y así. En nuestro “paseo” hasta al estación de tren me siento como perdida por un polígono industrial. En algún otro sitio he leído (y ya pierdo la cuenta de si lo he escrito, disculpas por las múltiples repeticiones-ya cribaré en Londinium) que como Japón es destruido cada pocas décadas por terremotos, volcanes, tsunamis... pues que no ponen mucho interés en su aspecto... No sé, lo que no quiero es que estas páginas den la impresión de que viajar a Japón no merece la pena porque es fea. Pronto llegaremos al ecuador del viaje (mañana, creo) y hasta ahora lo que más me interesado, como dijo exactamente Juan (no el dellibrodejuan) es la gente, y ver cómo viven. Experimentar una cultura tan distinta que en algunas cosas me parece mejor y en otras peor. Pero visualmente tal vez no sea lo mío, precisamente porque me gusta la arquitectura y disfruto muchísimo con los pueblos empedrados, las plazas de armas, los edificios art-deco... pero sobre todo, no los disfruto como “una visita” que hay que hacer, sino como algo vivido: yo paseo por una calle estrecha de Alfama con ropa tendida, compro unas ciruelas en una frutería de una esquina, me siento a tomar un té en una terraza, y alguien me pregunta de dónde vienes porque ha leído el mismo libro que ve en tus manos y así. El turismo de ir a ver “algo grande” (pongamos el Taj Majal) lo hago, pero tengo 44 y cada vez la fila e intentar hacer fotos sin que salga gente me va tocando más la moral. Sí, lo he visto, y? Eso no es para mí viajar... por supuesto hay cosas que hay que experimentarlas y una peli en 3D no logrará transmitirte lo que es estar ahí, pero creo que suele pasar sobre todo con las experiencias, más que con visitar un templo. Todo esto no pretendía ser una introducción a que no tuvimos en cuenta que, para visitar el Palacio Imperial, había que solicitarlo con antelación. Cuando nos metimos en internet vimos que hasta Mayo ya no hay plazas: bueno. No hay dolor.


Oi, cómo divago. Os había dejado en una especie de polígono (en el que nos perdimos y tuvimos que preguntar a unos tipos en una caseta, que guardaban un edificio que parecía oficial) y llegando a la estación. Un recuerdo que tengo de allá es una madre que se acercaba con un bebé y un niño de unos 6 años que, cuando nos vio, nos hizo la reverencia típica japonesa. Encantador: cosas así hacen que merezca la pena viajar, para mí.

Después de todo el párrafo sobre mi ...no desinterés, tampoco indiferencia, pero sí falta de ganas de dar saltitos ante las "visitas turísticas", vamos a un templo que hay en el sureste de la ciudad, el Fushimi-Inari Taisha, dedicado al Dios del arroz y del sake. Nada más llegar, vienen dos niñas de uniforme con su profesor a preguntarnos si nos podían hacer una entrevista, para practicar su inglés: cómo nos llamamos, de dónde venimos, si nos gusta Japón, cual es nuestra comida favorita.... Mini se lo pasa en grande, les decimos que somos fans de Doraemon, pero esto no parece calar mucho (a saber como se dice en japonés), y nos preguntan si conocemos a.. Tom Cruise! Que la pobre Mini, tan baby ella, no conoce afortunadamente. El profe habla castellano! Me dice que su familia es hispanoparlante y algo de que él creció en los USA, pero no se extiende. Al final, las niñas nos dan una pajarita de papel muy bonita, de esas de llavero en agradecimiento.


En el templo vemos muchas chicas en kimono... nos preguntamos si esto es como el día del Pilar, o la feria de Abril, que cualquier visitante se quedaría KO de tanta gente vestida de baturra o faralaes... no lo sabemos. Solo que los kimonos son espectaculares (no os descubro nada), pero no son una prenda pensada para que la mujer haga nada ni se lo pase bien en ella: solo pensada para ser (ad)mirada. Casi no pueden andar, porque aunque el calcetín blanco tiene una indentación para la meter el dedo de la chancleta-de-dedo (siempre me había preguntado porqué chancletas-de-dedo con calcetines). Casi no pueden moverse: si bailan no será subiéndose en un barril en la disco o fiesta de pueblo de turno. El peinado es maravilloso: yo quiero aprender a hacerme (o por lo menos a hacerle a Mini!) trenzas así, a lo Frozen, pero con florecitas, perlas y esas cosas insertadas.

Comenzamos lo que hace a este templo especial: un paseo de 4 kms de pasillos de toris rojos que suben hasta la cima de la montaña. Los toris son los emblemáticos pórticos japoneses generalmente rojos. En este templo hay uno tras de otro, de tal manera que parece un pasillo, y van subiendo hasta arriba, con paradas donde hay pequeños templetes. El zorro es el mensajero de ese dios en concreto, y por eso hay tantos. Los toris son muy fotogénicos, y nos ponemos hasta arriba de hacerles fotos, solos, con nosotros, con chicas en kimono que no se enteran (y que si lo hacen, nunca se enfadan o te piden que las borres). Subimos y subimos: en un punto hay un mirador. Cuanto más nos acercamos a la cima, se hace evidente que no había que luchar con las hordas: por arriba hay mucha menos peña. Luego hay que bajar y vuelta a la estación de Inari, y de allí a Kioto Station.


Creo que ya dije ayer que es una estación inmensa, y que se confunde (merge) con un centro comercial. Es raro porque entras por lo que viene siendo la zona perfumería de cualquier centro pijo, luego subes por las escaleras automáticas y vas pasando planta señora, caballero, niño... pero seguimos subiendo porque en la planta 10 está el “ramen alley” (el pasillo/callejón del ramen). Es curioso llegar allá porque de lo selecto del gran almacén pasas a estar en un barriobajo de una peli de Ang Lee. Hasta los techos son más bajos, haciéndolo apropiadamente claustrofóbico, y allí hay restaurantes para parar un tren. Antes, eso sí, hay que pasar por una zona en la que venden bollería, también con ese talante de mercado de barrio, mucha gente, muchas filas... y todo lo que venden pinta muy bien. Tengo que hacer una mención a las tiendas de dulces o bombones selectas en Japón: para ellos el empaquetado es muy importante (esto ya lo he dicho), y a mí me vuelve loca (soy eco-warrier): empaquetan en celofán hasta las naranjas individuales (que por cierto, son amargas! Malísimas: compré 4 en un ataque de ilusión al ver fruta-casi no se ve-y luego no hay quien las coma). Pues eso, que ni imagino la cantidad de papel y cartón que se devasta en este país: se comen el bento en unas cajas preciosas y elaboradas y luego, las tiran! Ni que decir que no te cobran las bolsas en el super para incentivar que la gente se lleve su bolsa de tela (esto es ya por ley en UK, no sé en otros países).

Sigo divagando: estábamos en el ramen alley, elegimos un sitio, pagamos en la máquina como se hace siempre aquí en este tipo de locales, y una chica muy simpática nos indica donde sentarnos. Comemos lo de siempre: gyoza (dumplings), ramen, y arroz (mini). Como creo que ya dije, esta comida me gusta, aunque me suelo quedar muy llena, como hinchada... y tampoco es tanto. No sé.

Al salir de allí, nuevo bus y por la tarde vamos al “paseo del filósofo”, que es eso: un paseíto al lado de un canal jalonado de cerezos que están empezando a florecer, pero solo empezando. Hay toda una ciencia en esto de la predicción de la floración: los primeros brotes se llaman kaika, y la floración ya abierta que se llama mankai ocurre una semana después. Y una semana tras el mankai las flores se caen y voilá! Está atardeciendo y el frío es intense. Hay unos cuandos espanioles también por ahí. Creo que más o menos en este punto mi turbante entra en acción, para horror de mis compas de viaje (particularmente Mini).

Mi turbante? Bien, por la maniana, al salir de casa ya salía convencida a comprarme un gorro (maldición! con los que tengo en casa!), tras la experiencia burka de la noche anterior. Sin emnargo, mientras empaco la mochila una luz de hace en mi cabeza: pling! Las medias de Mini!!! Traje una 3-4 leotardos azul marino, de esos de algodón y lana o lo que sea, muy calentitos, John Lewis (cadena de centros comerciales dodne los compro) te amo. La técnica es la siguiente: tú te pones los leotardos en la cabeza, yc laro, te salen dos antenas (las piernas), que te las cruzas por delante y en occipucio te las atas. No se nota en absoluto que son medias (da igual lo que diga una nina de 7 anios que quería subir en un cisne) y hacen su función: genial. Nada odio más que consumir a lo tonto.


Pues bien, en el paseo del filósofo, en serio que se necesitan las medias y todo lo que te echen. Cuando descubrimos un arbol tímido que quiere echar flor, venga a hacerle fotos! Y tras 2 kms de eso, nos encaminamos a una parade de bus. Ah, llegando allá miro el móvily me están llamando mis padres por skype! Una ilusión verlos allí (y a ellos ver a Mini, ya sé que los demás no contamos...).

Ya ha anochecido: esta vez el bus no lleva a Pontocho, una zona de noche donde dicen que tal vez se pueda ver a las geishas (o a las aprendizas, maikos), yendo a una de sus citas. No vimos ninguna. Todo el tema geisha me causa salpullido: imagina que eres japonesa y trabajas en un bufete, hospital, agencia (aunque en el librodejuan dicen que muchas mujeres al casarse se pasan al petardeo de grillo del hogar) o lo que sea, y que tu hija te dice: “ma, que quiero convertirme en aprendiza de geisha, quiero decicar mi vida a entretener a hombres, cantando, tocando instrumentos para ellos, dándoles conversación...”. Hara-kiri como única opción?

Al lado de Pontocho está Kawaramachi, que es una zona tipo centro de una gran ciudad: tiendas, bares, restaurantes, gente, pachinkos (estos son los locales de máquinas tragaperras con dolorosas luces de colores que pueden causar una convulsion epiléptica al más pintado)... Vamos buscando un café para tomar un té con pasta, y solo vemos un “Excelsior” que el Peda se va a explorer mientras Mini y yo miramos la tienda Disney con las mismas cosas que en cualquier otro punto del planeta. Mini sigue quejándose por mi turbante. Entonces llega el Peda yq ue ha descubierto en los grandes almacenes de enfrente... un Starbucks! (ya dije que nuestra política boikot se ve alterada en situaciones de extrema necesidad como esta).

Ah, qué maravilla ver la calle desde el sillón de Starbucks, donde me tomo un chocolate caliente con nata, hago WhatsApp con diversas víctimas, miro el email... Pasamos allí un buen rato y a la salida dos temas a tener en cuenta y que tienen por protagonista a Mini:

1. Mini insiste en echar 100 yenes a una de esas máquinas que tú mueves como un gancho y coges un peluche de abajo.Ya ocurrió en Santa Fe y le dijismo que nadie nunc agana nada en esa historia. Pero ela tiene claro que ganará el horrible peluche. Su padre le hace firmar un contrato por el que después de esta vez, ya no lo pedira nunca más. Mini firma. Mini pierde. Mini lloriquea y pide otros 100 yenes! Está convencida que etsa vez ganará! Zzz

2. He explicado más arriba el ciclo de la floración del cerezo. No he explicado aún en este blog el ciclo de reprucción del parásito rey en el cole de Mini también conocido como piojo. Mini había sido infectada -una vez más- hará 3-4 semanas, aplicamos el tediodo tratamiento (que envueleve buscar con ese horrible peine etc) y Mini quedó-en teoría-libre de los infames nits. Bien, pues este díá comenzó a decir que le picaba la cabeza, y como la pobre ya tiene el master, se autodiagnosticó. Mi única explicación es que le quedaran huevos que han nacido, aprovachando la floración. Terrible. Bien, pues al salir del Strabucks , en una esquina del amacén vemos una farmacia. Ahora, tengo una pregunta: cómo os haríai entender, queridos divagantes, cuando no habláís el mismo idioma y todo lo de los botes qu ete ensenian está en japonés? Muy mal. Hago gestos de champú (me lleva a la sección champú), hago gestos de ninio (me lleva a la sección infantile), hago gestos de rascar y digo “bugs” (bichos)... pero la pobre está a cuadros. Nos tenemos que ir con las manos vacías. Hoy sé que piojos se dice “shirami” y más cosas, pero eso os lo contaré otro día...

Porque este está terminando ... que es un decir porque ahora nos queda la travesía del 26... y maniana nos vamos a pasar el día a Nara...

No se escribe para entretener, ni para contar historias. Se escribe para atar al lector.

Un párrafo del libro que estoy leyendo que, como veis, no es una antología del haiku. Me recuerda a aquel de Bolanio y en general a cualquier conversación de aquellos a quienes nos gusta escribir pasadas las tres de la maniana y las tres coronitas.

Reverencias kiotokas...

"(...) Me acordaba de aquello tan sencillo y candoroso que se había preguntado Kafka en cierta ocasión: «¿Será cierto que uno puede atar a una muchacha con la escritura?» Pocas veces se ha formulado con tanta ingenuidad, tanta precisión y tanta hondura la esencia misma de la literatura.

Y la tarea misma que Kafka le iba a fijar a la escritura en general y a su escritura en particular. Porque contrariamente a lo que creen tantos, no se escribe para entretener, aunque la literatura sea de las cosas más entretenidas que hay, ni se escribe para eso que se llama «contar historias», aunque la literatura está llena de relatos geniales. No. Se escribe para atar al lector, para adueñarse de él, para seducirlo, para subyugarlo, para entrar en el espíritu de otro y quedarse allí, para conmocionarlo, para conquistarlo...(...)"

Enrique Vila-Matas (Kassel no invita a la lógica)

24 marzo 2016

De trenes Shinkazen y banios japoneses. Cuesta abajo: frío extremo y pollo (Gora-Kyoto, J7)


Thurs, 24.03.16 De Gora a Kioto

Despertarse en el ryokan encantador el segundo día nos reafirma en lo que Lux escribió en un comentario por ahí: podríamos hacernos a los futones y vida de bosque con variaciones térmicas al límite. Desayunamos en la mesa de samurai (no he comentado que las sillas, que vienen a ser un ángulo recto redondeado -si esto es possible- son bonitas, claro que hay que estar arrodillado, para lo que aún no llevo suficiente tiempo en esta isla) y nos preparamos para despedirnos de este sitio mágico y de las hadas que lo regentan. Pienso que una de las cosas que más me ha gustado del ryokan Kanon es lo básico que es, y a la vez lo elegante y acogedor. En las largas noches de búsqueda de alojamientos en Londinium (largas noches que aún me duelen, porque me impedían divagar, leer, hablar...) caí en muchas páginas de ryokans de lujo. O lo debían ser por el precio, que si ya parecía escandaloso, aún era peor al darte cuenta que era por persona. Para el que esté interesado, una de las páginas dará una idea de lo que hablo: Japanese Guesthouses. Pero Kanon lograba la magia sin los miles y miles de yenes. También he de decir que estábamos en la mejor habitación: era la última del pasillo, y por ello tenía la esquina del bosque. Este pasillo me recordaba a mi primer Agatha Christie que leí de ninia y que abrio una época en la que leí muchos: en el “Asesinato en el Orient EXpress”, Poirot ve a alguien por el pasillo, entre tal y tal hora clave de la noche, alguien que lleva un kimono. Como las dos casitas que forman el ryokan están separadas y, creo que lo dije, hay que salir por unas puertas correderas al bosque y entrar por las otras (un pasito), esto recuerda mucho también a un tren. En fin, que divago, pero lo importante es que no creáis que esta habitación del Kanon fue deliberado -debía ser la única que quedaba-, pero me alegro. Por fin nos vamos (sí, I promise!) por supuesto, comiendo el último helado.


En realidad el Peda va comiendo, como son polos (pero no de hielo) que van en su plástico, Mini y yo nos lo guardamos para el tren chuchú que nos llevará de Gora a Hakone-Kumoto. Tambien he leído que el tema terciopelo ha causado cierta desazón entre el par o tres de divangantes que no están de procesiones y torrijas. Ah, y el skái, pero nadie me ha aclarado cómo se escribe. Ahora me hacéis dudar, no sé si la composicion del asiento es 100% terciopelo así de sala de cine, lo que aseguro es que material orgánico, haylo (intento mucho que no se nos escurra el helado). Nos sentamos en los laterales porque Gora es de las primeras estaciones, pero enseguida el tren se llena y, oh destino, cuatro ancianas venerables suben con sus gorritos y bolsas. Qué hacer sino ofrecerles el asiento, que aceptan encantadas, todo sonrisas y reverencias. Los japoneses jóvenes no se inmutan, aparte de una chica a mi lado que se ve desplazada por el tsunami que suponen las cuatro ancianitas sonrientes. Mini se queda entre ellas y de vez en cuando hay aún más sonrisas-si eso es posible- y frases en japonés que suponemos incluyen “kawai”. El viaje es demoledor de pie: el trenecito de madera va bajando la montania, que va entrando por la ventana y yo me dedico a leer el teléfono de la chica que se ha visto obligada a levantarse (su amigo/novio permanece sentado tan tranquilo). Leer es un decir, más bien es mirar cómo hace un WhatsApp japonés en el que se suceden los selfies. He dicho que los japoneses están aún más obsesionados con sus teléfonos que nosotros? La gente viaja junta en un cercanías, pongamos, y ambas amigas o novios o madre hijo van mirando su teléfono, de vez en cuendo se dicen algo, pero es raro ver una conversación sin el aparato.


En Haone-Yumoto cambiamos de tren hasta Odawara y allí otro hasta Kioto. Este ultimo tren es un Shinkazen (el típico tren que todos asociamos a Japón con un primer vagón que es la Aerodinamia si alguna vez existió esta palabra). Tener una hora y pico para sentarte y escribir, leer, mirar por la ventana es una bendición, porque como se habrá podido comprobar, la idea del tren japonés no es siempre el shinkazen: hay mil trenes menores de los que te sientas en los laterales (terciopelo o no) en los que hay tantísima gente que siempre has de ir de pie. Hay hordas de personal en este país! Sé que no descubro la pólvora, son 127 millones de habitantes que viven en ¼ del terreno, pero verdaderamente es demasiado. Y esto lo dice alguien que viene de Londinium. Cuando nos visitan amigos a menudo comentan la cantidad de gente de la city, y no les hacemos mucho caso... ahora les entiendo, si sienten el WOW que siento yo en Japón. No solo en Tokio: en todos los sitios (que no sea el moridero) hay mucha gente. Puede ser parte del encanto de este país tan diferente que alguna gente me describió como “otro planeta” antes de venir. No sé si llegaría yo a definirlo como otro planeta, pero sí desde luego a una nave espacial donde hay humanos que se han tenido que organizar de maneras distintas.

Podría haberme quedado en el tren un rato más, obviamente, pero enseguida estamos en Kioto. Mini ha estado haciendo Bond Books,-cuadernos de matemáticas- y el Peda leyendo a Roth y mirando por la ventana. Llegar a la estación de Kioto es un nuevo deja-vu de Tokio. Es inmensa, muy vertical, tiene centros comerciales, plantas llenas de restaurantes, oficinas de información y sorprendentemente, trenes. El horror viene con la estación de buses que hay a la puerta, y el enorme y complejo sistema de buses que requiere de una ingeniería (o haber estudiado en uni privada) para descrifar. Se lo dejo al Peda, que cumple el segundo requisito y que asegura que hemos de coger el 26 al apartamento de airbnb en el que nos quedamos las siguientes 4 noches.

Como espero que vaya quedando claro en estos diarios de viaje, los Pedalistas son seres caóticos por naturaleza (aspiran a ser Cronopios, pero cuando la pifian no hace tanta gracia) así que nos presentamos en Kioto sin saber cómo vamos a entrar en el apartamento, ni cómo llegar. No es culpa del tal Shiro, el alquilador, que ya lo había dejado todo claro en la web, pero a saber hace cuántas semanas me leí yo aquello, y por supuesto no se me ocurre mirar las instrucciones impresas (sí, en el UK soy organizada, pero de qué sirve si no recuerdo? Yo también, no perdono pero olvido). Así que frío al pobre Shiro de mensajes cuando llegamos al wifi de la estación, y le veo casi llorando, ofreciéndose a venir a buscarnos. Afortunadamente, la brújula que es el Peda logra encontrar el 26 en aquella estación que llamaremos o bien Doncaster, o Castejón (estos son los “nudos de comunicaciones ferroviarias” primitivos de los Pedalistas, una estación de múltiples cambios, por ejemplo Vauxhall, siempre será Castejón/Doncaster).


Lo que parece son un par de calles en el mapa, por los dioses, se me hacen horas en el 26. En los autobuses japoneses entras por detrás y sales por delantes, que es cuando pagas. Creo -atención- que los asientos son de terciopelo. Tenemos que bajarnos en una parada cerca de un puente llamado Katxura Kobasi. Varios pasajeros nos intentan ayudar para ver dónde nos bajamos, pero es que el sistema de direcciones japonés es tan complejo que nadie sabe donde está nada. Es normal que preguntes una dirección que está a dos manzanas y la gente no sepa?
 

Bajamos del bus y tras una falsa alarma de irnos en drección equivocada llegamos al edificio. El Peda dice que es “entre esta calle y esta” y de verdad que, con la dirección que llevábamos es milagroso que llegásemos al edificio. Yo tengo una especie de flashback que me recuerda al edificio que vi un par de meses antes y nos metemos en el hall. Allí están los buzones, hay que incluír un código, no vemos el número de buzón... finalmente,encontramos el número, hacemos la contrasenia sin ninguna esperanza y voilá, se abre. Siento si este párrafo es un rollo, pero puede servir como aviso para navegantes de airbnb: hay veces que es dificil encontrar la casa, lo dejaremos aquí.



El piso está muy bien, como siempre diminuto pero tiene todo nuevo. El banio resume todo lo que es la experiencia del banio en Japón, así que aprovecho este divague para contarlo. En el frontal está el lavabo y a su lado la lavadora. Son muy distintas a las nuestras (carga superior) y si sigues las instrucciones, su ciclo dura mucho menos. Hemos hecho dos coladas en estos días, una de las razones la rapidez de secado por el tema de la zona ducha. A ver, a mano derecha de la zona lavabo-lavadora (zona que Shiro llama “balcony”, que en inglés es balcón, y cuando dice en instrucciones podéis usar lavadora en el balcony me pongo a buscar si hay algún ídem, por si eso es la secadora... le pongo un email y el pobre aclara que eso que hay al lado del lavabo es la lavadora. Balcony! Ha!)... decía a mano izquierda hay una puerta que conduce a la baniera.


La baniera está en un cuarto forrado de plástico de arriba abajo donde hay al fondo una baniera, una ducha-atención, que se cuelga en una pared que da al suelo, no a la baniera- y un taburete con un balde. Alguien va atando cabos? Alguien se acuerda del onsen, en Kanon? Bien, pues es que es así como se duchan los japoneses: fuera de la baniera, se sientan en el taburete, se enjabonan, harán queseéyo abluciones en el balde, se aclaran y, una vez limpios, se meten en la baniera. Es un sistema tan extranio: cuánto tiempo tiene esta gente para hacer eso cada maniana? Yo no entiendo nada. Total que nosotros tenemos que acabar duchándonos dentro de la baniera con el “teléfono” en la mano. Ah! Lo que me trae viejos recuerdos también: cuando el Peda y la que firma llegaron al UK por primera vez estuvieron en el alojamiento que facilitaba mi trabajo. Tambien allí tuvimos una sorpresa del orden higiene personal: había baniera pero no ducha. Para suplir el defecto, se ponía un sistema que era como un fonendoscopio de plástico de los grifos de la baniera, que terminaba en ducha cutre. No sé a los divagantes, pero a mí es que me gusta tener las dos manos libres cuando me ducho, por no hablar de cuando me lavo el pelo, en cuyo caso es absolutamente necesario. Así que el pobre Peda, los días que “tocaba pelo” tenía que ser mi asistente, ahí de pie sujetando la ducha, enfocando a mi cabeza. Bien, pues en casa de Shiro, me he lavado el pelo pero: Victoria! No he necesitado al Peda. No me preguntéis cómo.


Y ya terminando, volvamos al “balcony”. La puerta de la derecha lleva al toilet, al inodoro, que merece párrafo aparte. Muchos de los inodoros (odio esta palabra, pero la otra, la que recuerda a un objeto que se usa para la bebida y soy incapaz de decir en este contexto, manias, así que llamémosle toilet desde ahora), decía que muchos de los toilets, ya desde el aeropuerto de llegada son como un pequenio cohete: tienen un montón de botones que he de deciros aún no he probado (Mini sí, en un templo, luego os cuento) con las siguientes facilidades: se pueden echar un chorro de agua que no sé si es para chico y para chica, pero uno es Azul y el otro rosa. Luego hay otro con una nota musical, que dice Mini es el que pulsó en el templo para escuchar música, pero lo que hace es el ruido de agua para que no te oigan los demás a ti. Donde te sientas (me está costando contar esto, no puedo con la escatología) está caliente (le sale un enchufe! eso no puede ser bueno). Luego hay una toalla (para secarte, arghhh!) y, según ha observado el Peda, en dos casas de las que hemos estado hay un calendario colgado de la pared. Sí, yo tampoco lo entiendo y soy incapaz de escribir las conjeturas que estoy imaginando. Ah! Y lo ultimo: imaginad el tanque del banio, bien, pues en esa parte que normalmente la gente pone un bonito círculo de ganchillo y un osito de los que cambian de color con la temperatura, aquí hay un grifo que, cuando tiras de la cadena, se abre y echa agua a la superficie (que en este caso es cóncava) y por un agujero se rellena el tanque. Todo esto se verá más claro cuando ilustre con fotos los divagues al volver a casa (sé que no podéis esperar, pero en serio que vale la pena). Se me ha ocurrido republicar esto con fotos y añadir algún anexo de temas que se me olvidan , tipo “genéricos de Japón” como esto del banio y sus complejidades.


Por fin salimos hacia Kioto. Tenemos a nuestra disposición bicis si queremos, pero empieza a hacer frío y nos vamos en bus hasta Kioto Station. De allí caminamos hacia la calle Nikishi , que es un conjunto de pasillos tipo Mercado de Brixton pero mucho más grande y más pijo. En algunos puntos pierde el espíritu de mercado y se transforma en centro comercial: me recuerda al Gran Bazaar de Estambul, que me decepcionó (venía del zoco de Marrakesh que me había parecido muy auténtico, y el bazaar me pareció El Corte Inglés). Nos encontramos con un templo pequenio ahí enmedio (tónica de Kioto, donde hay miles de templos). Sacamos nuestra libretita para que nos hagan la firma del templo, pero no la hacen aquí.






Hace MUCHISIMO frío. Es de noche y hace viento y estamos a menos de 5 grados. Yo me he llevado una gabardina tres cuartos y mil capas, pero ni aún así. Cómo no me traje el gorro? (sin él en invierno estoy perdida). Nunca me imaginé que iba a hacer tanto frío. Acabo con el fular del cuello en la cabeza, como si fuera con burka o como se llame (la verdad es que si no me tapo los ojos es por no tropezar).



Al frío se le junta tener que encontrar un lugar para cenar (durante el día vamos tirando con snacks y comida así sin sentarnos): morimos de hambre pero por error, nos vamos alejando cada vez más de la zona de restaurantes y acabamos en un sitio de ramen totalmente desesperados. Tanto es así que, cuando al entrar nos notifican que se trata de un local de POLLO no tengo fuerzas para irnos. Me resigno, y les doy a mis compass de viaje mis trozos de pollo del ramen y yo me como el resto: los fideos, los vegetables, los palillos si te descuidas.

Salgo desanimada y odiando la vida: de nuevo pensamientos negros, con lo bien que estaba yo en Londinium, calentita en mi sofa y si salgo, con toda suerte de ropajes! (aquí voy a aparecer en todas las fotos con la misma ropa: las capas superiores siempre las mismas, solo cambian las camisetas de por abajo!). Con lo bien que estoy en Londinum, no solo no comiendo pollo, sino sometiendo a la dictadura de no-pollo a todos en casa! Ayyy


Tras la breve visita a un 7/11, donde nos hacemos con más bollería industrial para el desayuno del día siguiente, se nos levanta la mano (concepto “parar un taxi” del Náufrago Ro): tal es nuestra desesperación. No he visto “The Revenant”, pero por lo menos he oído que Di Caprio mata un oso para abrigarse: aquí no hay osos para renovar mi armario-gabardina, las calle es oscura, y a saber dónde estamos. El taxista, cuando le ensenio nuestra dirección me indica que no ve, que la haga más grande. No puedo, senior!!! Lléveme a la casa! Me lanzo a leer la dirección y el pobre no entiende nada, pero nos da igual: ya estamos dentro y no pensamos salir. Por fin, decimos las palabras mágicas: Katxura Kabosi (el nombre del puente, recordad!) y el taxista, malhumorado, por fin entiende...

23 marzo 2016

Intentando (ver) el Monte Fuji (Gora, J6)

Weds, 23.03.16 Monte Fuji


Pero antes de nada os tengo que presentar a Phil. Hará cosa de un aňo, ocurrió ese evento: nos cambiamos el colchón y el concepto "amo a Phil" entró en mi vida (y en mi cama, porque el tantra se suele repetir cuando vamos a dormir: y es el Peda el que lo suele invocar). Será porque es él el mayor beneficiado de Phil, pues era en su lado (y cada uno que saque sus conclusiones) donde el colchón ostensiblemente se hundía. El triste domingo por la tarde que nos acercamos por “Dreams” nos atendió un tal Phil, que nos vendió la actual base de nuestros sueños, y por eso amamos (unos más que otros) a Phil. Lamento que la vida en la city no me dejara tiempo en su día para hacer un divague titulado “Phil”, porque resultó ser un tipo hilarante: decía que había heredado una colección de coches antiguos valorada en unos tres millones de libras (y ahí estaba, vendiendo colchones los domingos por la tarde), intentó una actitud de solidaridad machista con el Peda tipo, "cómo son las mujeres, hay que hacer lo que ellas dicen" y, como highlight principalmente recuerdo nuestra conversación a tenor de una macrocama a la venta en la que, en la zona opuesta al cabezal ( los pies), le salía una pantalla plasma. Ya metida en mi papel de la Sra. Roper le pregunté, con pretendido escándalo ... "pero esto lo compran parejas????" a lo que Phil, sin inmutarse, respondió: "no, este modelo lo compran eminentemente bachelors" (solteros). Bien, pues la primera frase del Peda la maňana que despertamos en el ryokan encantador fue: "amo a Phil, donde está Phil". Porque parece que su noche en el futón no fue tan idílica.


Desayuno en la mesa samurai (han dejado té verde, del que no soy fan, pero aquí no me sabe mal: soy un camaleón) y ya salimos a hacer nuestro"trabajo" del día: así es la vida del turista, has de ver cosas. En recepción hay un seňor samurai super simpático que estudia castellano y me dice cosas sueltas cómo "estás satisfecho?". Nos hacemos con más helados (pobre hotel, política de helados gratis hasta que conocieron a los Pedalistas), espero que el "satisfecho" no fuera retranca por tema helados.


Cogemos el tren cremallera hacia la montania, ya viene con gente de Gora. Una vez arriba hay una especie de circuito turístico que parecía una buena idea en Londinium, pero luego, una vez allí, te das cuenta de que sufres los inconvenientes de viajar por tu cuenta para no tener que sufrir esto. Hago terapia cognitiva conmigo misma: elegí hacerlo por dos razones: 1. Era una manera fácil de ver el Monte Fuji para urbanitas desesperados como Los Pedalistas y 2. Estaría bien para Mini por funiculares etc. Me equivocaba. Olvidé que tengo una hija tocapiii, y mis predicciones no siempre funcionan.


Pero divago. Estábamos en la cima de la montaña en una fila esperando un bus, porque el funicular que sale de allí y desde el que se ve el Fuji desde el aire estaba cancelado esta época por el tema volcanes activos. Una se pregunta cómo de activo estará. Salen llamas? Cenizas? Luego oigo a unos guiris que explican que son los gases los que ahumarian a los viajeros de funicular... Y la verdad es que desde el bus veo en un punto una elevación del suelo de la que sale humo por un tubo!!! El Peda cita a los carboneros de la peli de Armendáriz, “Tasio”.


El bus nos deja en otro punto donde sí se puede coger el funicular. Y desde allí vemos la cima nevada del Fuji: maravillosa. Pero breves instante, desde el funi hay demasiados árboles para verlo bien y desde luego, no tengo la foto del Japan rail pass con la ramita de cerezo encuadrándolo ni aquella otra con el tren bala pasando por su base. Cosas del viajar: no siempre aciertas con el ángulo adecuado.



El funicular nos deja a la orilla del lago Ashino-ko y, siguiendo el talante turista, el circuito contiene un barco que nos lleva al otro lado del lago. Todo podría parecer correcto si no fuera porque es un barco... pirata. En serio. Pero, quiero saber: no haría esto las delicias de cualquier niňa de 7 aňos? Poz no. Mini decide que pasa de piratas y que quiere subir en unas barquichuelas de máximo 4 personas con forma de... cisne. Sí, lo sé, pero es mi hija y ya no se puede cambiar. Intentamos hacerla entrar en razón: no hay nadie en los malditos cisnes, porque debe haber como 3 grados y viento, hay medio olas que sinceramente yo necesito a alguien con el titulo de patron de embarcaciones de recreo (mínimo) para que lleve el volantito del cisne de marras y porque... lo digo yo, jolines! Mini se enfada con los dos y damos un paseo hasta el pueblo cercano, que acaba siendo otro moridero, porque está claro que la temporada alta de este sitio, si es que tiene alguna, no es marzo. Hay más cisnes varados oxidados en esa zona, lo cual no ayuda a la armonía familiar.


Embarcamos en el pirata y surcamos las aguas cual bucaneros. Arriba hace un frío mortal y abajo todos los japos han pillado asiento. Al llegar a tierra decidimos volver a Gora (moridero primigenio) por tierra, para así cerrar el círculo, como si eso fuera garantía de nada. Ahorraré los buses y trenecitos por los que pasamos y las dudas sobre si entrar en el museo al aire libre de Hakone. Precisamente su propio nombre nos hecha para atrás: “aire libre”, va a ser que no.


Pero, hey! que no decaiga! Ya va siendo hora británica de cenar y temiendo volver a Gora y vernos abocados a la pizzeria, nos metemos en un restaurante vacío cerca de una estación de aquellas donde para el tren chuchú. Nada más entrar el camarero y cocinero y todo pone el signo de “cerrado”, como si nos secuestrara. El Peda pide ramen (sopa de udon, fideos gordos con vegetales, cerdo, huevo y lo que le echen), Mini unos noodles blancos típicos de Fuji con la esperanza de que sean “pastas gallo” y yo un arroz con cerdo. El Peda se acaba comiendo los noodles blancos que a Mini no le gustan, Mini mi arroz, y yo parte de la sopa aquella. Para colmo, habían pedido de entrante pollo Teremiyaki, que la salsa (deduzco que el teremiyaki) me gusta pero, he hablado alguna vez de lo mío con el pollo? (Neuróticos Anónimos, este blog es vuestro lugar!) A ver, nunca fuí la mayor fan, digamos que comía pechuga, convenientemente extirpada de venas y tendones. Pero hará cosa de un anio leí un artículo en The Guardian sobre cosas que ya sospechaba y me empezó a dar tal asco que desde entonces, intento evitarlo. Pues eso: que mis dos compas se zamparon los entrantes también. Mini se empezó a agobiar, que no le gustaba la comida (aunque se comió la mía), que la música le resultaba deprimente y que “no quería que nos hagamos viejos”. Tal vez hablábamos alegremente de uno de esos planes de “cuando nos jubilemos”, pero es cierto que no le gusta oir que algún día seremos viejos (más de lo que ya lo somos). Total que acabamos saliendo por pies de allí. En el trenecito había unos espanioles que andaban algo perdidos con el sistema ferroviario, cremalleras, funiculares, cisnes y barcos, a los que los Pedalistas, viejos lobos del lugar (nuestra segunda noche) intentaron guiar. Por cierto, que hemos visto muchos espanoles viajando y varios con bebés o ninios de carrito. Para que luego digan nuestras madres que nos llevamos a Mini lejos!


Tras pasar por la tienda de básicos, cremallera y al ryokan. Hoy toca el otro onsen, que es el mismo concepto pero más grande, y la baniera hace como un triángulo. El agua está un pelín menos caliente y se aguanta más. Una maravilla...


Por la noche, los mismos rituales: Mini se ve Spiderman 2, y los demás, tras el té y las pastas, leemos, escribimos, vamos a recepción a whatsappear o a colgar el divague, o, vale, me habéis pillado, en realidad a hacernos con más helados.

22 marzo 2016

Onsens: el paraíso de los ateos (Tokio-Gora J5)

Tues, 22.03.16 De Tokio a Gora(Hakone)
Hoy no hay peros ni jetlag que valgan: nos vamos de Tokio y hay que dejar Sopa de Ganso y la pared con motivos florales japoneses a las 10 am. Nos tenemos que poner el despertador, tal es el descontrol! Prueba conseguida: a las 10 y algo estamos en la calle, riendo de que el día anterior hasta las 3 pm no lo logramos y demás. Ha, con las risitas: no sabíamos el día que nos esperaba.


Al llegar a Shibuya, donde vamos a activar el Japan Rail Pass (es un bono de trenes que nos hacen a los extranjeros, que sirve para exactamente 2 semanas en nuestro caso: con él puedes viajar ilimitadamente en las líneas de Japan Rail, pero no en las privadas) antes de salir para coger el tren de la estación de Shiganawa, el Peda nos dice que esperemos unos minutos mientras él se va a sacar dinero a un cajero. Mini y la que firma se plantan en la plaza, sin caer inmediatamente que están cerca de Hashiko, el perro de bronce abandonado y ahumado, y por tanto ellas también terminarán lo segundo. La espera es más larga de lo aceptable por Mini (yo podría ver espécimenes pasar por semejante enclave durante un rato más). En un punto llega el Peda diciendo que no ha encontrado ningún cajero que le dé dinero, que ha de ser uno “internacional”. A ver, estamos en Shibuya, la ciudad del futuro, cómo que no hay un cajero internacional cuando lo hay en cualquier esquina de Vetusta? Así que nos vamos los tres a buscarlo.


Esta anécdota que en principio podría ser del grupo “inclemencias del viaje”, aburrida, es importante porque me sirve para introducer el concepto “CHOTTO”, también dellibrodejuan. Chotto es una palabra más o menos intraducible que significa aproximadamente “un poco”. Los japos nunca dirán NO, evitan la confrontación a toda costa, y es raro que te digan, según el del librodejuan, un no rotundo. Así que te dicen chotto, a la vez que giran la cabecita a un lado, y tú has de entender que eso es No. Eldellibrodejuan cuenta como anécdota cuando llegó a un hotel y no había habitaciones: el recepcionista, en lugar de despedirlos con la cruda realidad, se puso a hacer gestos para que esperasen, buscó un rato en su ordenador, incluso rizando el rizo fue a hablar con su supervisor. Al final, tras 15 minutos de esa performance dijo “chotto”, y ellos a la calle. Cómo pueden tener solo “un poco” de habitación? Otro ejemplo de chotto me lo contó el Peda: un conocido suyo se quería comprar una versión del Quijote en japonés. Dice que se recorrió 23 librerías en todo Tokio, y en todas lo tenían, en todas tuvo que esperar mientras hacían la pamema... pero se volvió a casa sin el libro.


El martes sufrimos nuestro chotto particular, y desde entonces hemos vivido algún otro, lo cual nos descoloca tanto a los europeos (y me imagino que especialmente a los españoles, que somos tan al pan pan y al vino vino) que ya no sabemos si confiar en lo que dicen. No es mala intención: es cultural. Hasta ahora los japoneses son gente encantadora, amabilísimos. Pero el martes, entramos en un banco, donde el así llamado cajero internacional tenía una caja delante sugiriendo fuera-de-uso, nos enviaron a la oficina de correos, donde el cajero no nos daba pasta (luego no era “internacional”), pero los empleados nos mandaron a otro banco. Estos a otro, aquellos al 7/11. Estuvimos literalmente más de una hora dando vueltas como pirulos. Al final, en un triste cajero en la trasera de un centro comercial... cajero internacional! Danza del cajero internacional todos!!!


El siguiente paso es la activación del Japan Rail Pass. Fila de occidentales y tres chicas haciendo el pase. Mientras esperas, te dan una proforma para que rellenes. Prácticamente está todo hecho cuando llegas a las tres chicas, que sacan el cuadernillo que te abrirá la puerta a los trenes -precioso, con foto de almendro en flor con monte Fuji- pero lo que podría ser algo totalmente computerizado se torna un proceso laborioso con los rotuladores fluorescentes (fosforitos en mi casa) como protagonistas. No haré justicia a los pasos que sigue la chica, pero más o menos esta se dedica a pasar rayitas primero verticales con el fosforito de color verde a algo de lo escrito. Luego le pasa fosforito rosa a otra zona. Luego, fascinante, le vuelve a pasar el fosforito verde en horizontal a donde antes había puesto en vertical! Y así con fosforito rosa. No contenta, se lo pasa a su colega que vuelve a pasar más fosforitos, y se lo devuelve. No entiendo nada , pero arigató, ha quedado muy bonito. Por fin, tenemos nuestros pases!!!


Tren a Shinagawa y allí cogemos un tren a Odawara, un lugar que está como a media hora para cambiar hacia nuestro siguiente destino: la zona de onsens (aguas termales) que hay cerca de monte Fuji (alrededores de Hakone). Pero, somos o no de pueblo? Quiero decir, no sabemos que en Londinium, donde cogemos trenes de vez en cuando, el tren de tu plataforma no tiene porqué ser el tuyo? Sí, lo sabemos: hay que comprobar la hora, si tu tren es el de y 52, no cojas uno que está parado allí y se va a y 50. Es un básico, pero parece que esas normas no aplican en oriente en nuestro cerebro-cacahuete, porque nos subimos en un tren que está en la plataforma 10, y una vez dentro- y más dramáticamente, en marcha- descubrimos que es un rápido hasta Hiroshima, y con un poco de suerte estamos incluso de ilegales, porque a saber si es un tren del Sistema Japan Rail Pass. Momentos de pánico: nos vemos en el parque de la paz de Hiroshima, durmiendo bajo un puente. Pero pasa el revisor que nos dice que nos bajemos en una tal Yokohama (el Peda: “siempre quise ir a Yokohama”) y allí cambiemos al tren nuestro que debía haber salido 4 minutos más tarde. Salvados por la campana.
 
Logramos coger el tren que de Yokohama va a Odawara (vemos su castillo blanco famoso desde la ventana) y allí, con pies de plomo, cambiar a Hakone-Yumoto. Este tren ya empieza a ser cercanías, en comparación con los otros, te sientas en los laterals y los asientos son de terciopelo. Tienen un sistema de calefacción debajo del asiento que hace mis delicias... no solo porque empieza a hacer fresquete (gran prota de los siguientes días), sino porque me trae recuerdos del Toko-Toko, el famoso Regional Express del domingo por la noche que unía las vetustas. Dejaba al Peda en su Vetusta y me tiraba en los asientos rojos de skay (cómo se escribe esto? Me dan ganas de poner skype) que eran como un sofacito (o sea, no reposamanos enmedio, con lo que si ibas sola te podías echar) y por debajo salía un calor inhumano: vamos, del que me gusta a mí.


Pero divago, estaba en Hakone-Yumoto y aquí por fin cogemos otro (todo esto, habréis notado, con casi ninguna espera: el día está siendo chungo, pero en este aspecto la vida nos sonríe-o es la frecuencia japo) trenecito de madera de lo más bucólico. Esta zona es de montaña, y el tren sube a su pasito, y en algún punto ha incluso de hacer “cremallera” como ya conté hace el que sube a Machu-Pichu. El tren va petado, y nos toca ir de pie. La gente se sienta en los laterales, de nuevo. El paisaje es pirenaico, tal vez menos dramático. Se anuncia un tren suizo, y en un punto pensamos si es una broma. Por fin llegamos a Gora, nuestro destino. De la misma estación sale un tren cremallera (perdón por la insistencia de cremalleras, pero aquí me refiero a esos trenes encantadores que trepan en línea recta la montaña). Porque Gora está bien empinada, y la gente usa ese trenecito (que lleva a la cima de la montaña, lo veremos mañana), para moverse por el pueblo.


En Gora nos alojamos en un hotel, pensamos, porque ya he perdido la cuenta de lo que he reservado. Una anciana en la oficina de turismo nos dice que para llegar al hotel “mejor un taxi”, y no le hacemos caso porque es un pueblo enano y en el mapa parecen 10 minutos. Nos tiramos a andar y sí, son 10 minutos en pendiente prácticamente vertical: en fin, que lo que el cremallera se hace en 3 estaciones nos lo hacemos andando.... No podía decir la senior cojan ustedes el tren cremallera??? Que para eso tenemos un pase multidiversión de la zona que nos podemos subir en todo los 3 días!!!

Llegamos al hotel extenuados (yo), y odiando la vida (yo) y quién me mandará a mí ir de viaje con lo bien que se está en Londinium (o Donosti, añade mi suegra, la oigo) (yo), llamamos a la puerta y sale una señora mayor que debe ser un hada. No habla inglés pero todo son sonrisas y reverencias (bows) y hospitalidad. El hall está lleno de zapatillas en hilera para que cojas tu par y te despidas de tus deportivas hasta que salgas. La seniora tiene unos papeles donde las instrucciones que nos quiere dar están en japo y en inglés. Lo primero, en la pared del fondo hay unas estanterías con distintos tipos de kimonos, y nos da uno a cada uno. Nos explica las instrucciones del onsen, ya que este sitio tiene dos onsens solo para clientes. Entonces me doy cuenta que este sitio es un ryokan, un hotel tradicional japonés y me dan ganas de dar saltitos y abrazar a nuestra fairy. Ah, y además, hay pelis para coger tantas como quieras (a Mini le hacen los ojos chiribitas) y... barra libre de helados!!! La seniora abre un congelador con cajones y los ojos de Mini se salen de las órbitas.


Onsen. Como es sabido, Japón es una isla volcánica y hay muchas zonas con aguas termales. A los japoneses, según ellibrodejuan, no les va demasiado ir a la playa de vacaciones sino “comer e ir a un onsen resort”. En este ryokan, tienen dos y son toda una experiencia: has de bajar unas escaleras y atravesar dos puertas correderas: allí hay una primera sala donde hay lavabos, y toda suerte de elementos de higiene que tienes en tu casa para antes y después de la ducha: crema desmaquillante, tónico, toallitas, algodones, secador, y unas cestas donde dejar un kimono. Está todo cubierto de madera y da la impresión de sauna, aunque no lo es. Cuando te da un tortazo tipo sauna es cuando abres la siguiente puerta corredera y te encuentras con el onsen. Esta es otra habitación que tiene dos duchas bajitas, con un espejo y un pequeño taburete, y un pozalito de madera. Aquí te tienes que enjabonar bien y duchar antes de entrar al onsen. En ellibrodejuan dicen que los japoneses viven “muy cerca de suelo”, esto se traduce en que su mundo tradicional pasa realmente pegado a la tierra: las mesas son bajas y se arrodillan para comer, duermen en futones en el suelo, y las duchas ya he dicho dónde están. Pero divago: una vez que te has duchado bien, puedes entrar al onsen, que es como una bañera muy grande, que parece excavada en la roca, y de hecho de una roca sale agua muy caliente constantemente, que viene del volcán en la montaña. El agua es de un color medio marrón medio verdoso, y cuando estás dentro te das cuenta de lo limpia que está pese a su turbiedad: esto es así porque está llena de minerales, en particular metales, o así me parece que huele. Es un olor particular que, aunque te duches a la salida de nuevo, se queda contigo, y cuando te despiertas de noche, crees que estás durmiendo con el diablo, porque es algo azufroso. La temperatura del onsen es... caliente. Esto lo cuento más adelante porque probamos los dos del Kanon (así se llamaba el ryokan).


Pero volvamos a la señora que nos estaba dando los kimonos, abriendo el congelador y enseñándonos dónde nos podíamos hacer café. Nos guía por el pasillo a nuestra habitación. Siento si esto está quedando demasiado largo, pero fue una experiencia tan chula que no quiero que se me olvide... subimos unas escaleras, pasillo, las volvemos a bajar.... salimos del edificio como quien sale entre dos vagones de tren, y por fin llegamos a nuestra habitación, al final del pasillo, que luego descubro es la mejor de todo el ryokan. Entras por un pasillito y a tu derecha tienes un par de sets de puertas correderas de madera y papel, precisamente la idea japonesa que tenemos todos en la cabeza. El suelo es de esterilla, y al entrar en la habitación nos quedamos a cuadros: dos estancias, todas rodeadas por puertas correderas, que también separan las estancias entre sí. En una hay una mesa baja con cuencos de porcelana para tomar té verde (aparte de una tele, y una máquina de agua hirviendo), y en la otra, nada: suelo de esterillas. La señora nos enseña dentro del armario los futons y los edredones para dormir. Que los extendamos y si tenemos frío, “más edredones”. Hay unas estufas que las enciende y dan mucho calor, pero no vamos a dormir con esas bombas de calor... También nos enseña unas casacas azul marino de samurais, que se ponen sobre el kimono, y corre una puerta de la pared opuesta a la que hemos entrado y hay un pasillo de cristales, y un baño. Cuando se va, corremos el resto de las paredes que son por supuesto puertas correderas y vemos que estamos en un sitio genial: rodeados de un pasillo de cristales que da al bosque. Así que puedes estar en tu mesa tomando tu té y con cristaleras hacia la montaña. Una maravilla.


Pese a todo, el espíritu de la aventura nos llama... tenemos que bajar a Gora a cenar (la mujer nos ofrece llamar a restaurante para que nos traigan la cena pero no: somos bobos, recordemos que era el día que empezó accidentado). Descubrimos que podemos bajar en el tren cremallera, y al llegar a Gora... qué es esto? No hay nadie! Es un pueblo fantasma! Lo que mi amiga Aurora (gran creadora de conceptos, os he hablado del “gallinazos”? que no se me olvide a la vuelta) llama un "moridero" (Ignacio el marido de Aurora era colombiano, y de ahí muchas de estas perlas). Bien, pues estamos enmedio de la nada, con un frío de montaña que pela, claro que he sido lista y me he puesto la casaca de samurai entre mis múltiples capas de jerseys y camisetas y la gabardina que llevo... no sé ni cómo me puedo mover. Decía, estábamos enmedio de un pueblo abandonado, con hoteles y restaurantes que en algún otro punto del año se deben ver abiertos pero ahora: rien. Por fin encontramos dos restaurantes abiertos consecutivos: el japonés donde come la gente en la barra tiene gente esperando (“40 minutos”, con este frío???) y el otro... en fin, no sé bien cómo escribir esto, casi me arrepiento de no haber esperado los 40 minutos... El otro es una pizzeria.

Moridero, pizzeria... no entraré a lo que comimos allí, porque las pizzas eran como esas que hacía yo con 14 anios de base Findus, y el Peda aún logró encontrar algo japo en el menu, que era igualmente una tristeza. Una cena para olvidar enteramente, y de allí a la única tienda abierta pra hacernos con yogur, leche y terrible bollería industrial que no entra en casa en todo el anio, pero aquí no estamos para exigir muesli orgánico.

El cremallera nos devuelve a Kanon, qué maravilla, es entrar en otro mundo, que aún choca más viniendo del moridero. Nos metemos en nuestros kimonos y bajamos al onsen más cercano a nuestra habitación y más pequenio (la baniera es rectangular). El agua está MUY caliente, incluso para mis estándares (soy friolera, mi ducha siempre más alta que el Peda y Mini). Yo, que tengo los pies termolábiles (en serio, muy sensibles a las temperaturas), es que no puedo tenerlos dentro hasta pasado un rato. Describir esos 15 minutos como la gloria es poco: esto debe ser el cielo de los ateos. No se puede estar en el agua más de 15 minutos seguidos (razones obvias) y aconsejan salir y entrar, y en total no estar más de 50 minutos. El Peda aguanta sin salir, yo me agobio y he de salir cada ratito. Es el paraíso, pero en pequenias dosis. Mini se bania un rato pero luego sale y se dedica a “hacer experiementos” con el gel, champú y acondicionador (en resumen ver cómo se hace espuma). Ah, no he comentado que en los onsen se entra en pelota picada. En este pones un cartel en la puerta diciendo que está ocupado... en los públicos, te metes con desconocidos. Sí, hablamos de la misma sociedad que tiene vagones para chicas solas o ellos se frotan.

Al salir del agua llegas a la habitación como flotando. Mini se dedica a traernos helados (de yogur, qué buenos), y se pone “Spiderman”. Yo mientras escribo el blog, y levanto la mirada cuando salen escenas de volando por Nueva York, y el Peda lee. No tenemos wifi en la habitación, y cuando he escrito en word, salgo a la recepción a colgar la entrada y a hacer WhatsApp con la family.

Por fin, llega la hora de dormir... me pongo dos edredones de plumas-por si acaso-y cierro los ojos. A media noche pongo uno de los edredones entre el futón y yo... tengo calor y además... será que el suelo no es tan amable como una cama? Mañana os hablaré de Phil.