Domingo, 7 de Abril de 2019: Fez (Marruecos 2)
Cuando me desperté, las 1001 noches seguían ahí: la lámpara de metal como de recortable en el centro de un techo de madera curradísima, las vidrieras de la puerta de colores, los azulejos con patrones. Quién soy, qué hora es, y qué hago aquí? (ya contamos que los Pedalistas no acostumbran a este tipo de alojamientos).
Con este cuerpo serrano nos adentramos en la medina, aunque antes pasamos un rato en el oasis, disfrutando del sol, de los pajaritos, Mini descubre tortugas (la bebé es una monada, la cojo y todo) y preguntándole a Sebastián cómo es que tiene una foto con Michael Jackson (que está colgada donde los desayunos), y es que trabajó en el hotel de Disneyland en LA hace muchos años. Oh, qué recuerdos.
La medina de Fez es imposible de entender y es mejor no intentarlo. En mi cabeza había como dos "grandes" "calles" (ni grandes, ni calles, más bien dos pasillos de mercado, todo con puestos a los lados) imperfectamente paralelas, de las que salen laberintos en todas las direcciones. Yo no sé que hubiera hecho con mis acompañantes, sin bromas: aún estaría dando vueltas. Así que voy a ahorrar la descripción del día de hoy, porque tal vez una pequeña muestra de las fotos den una idea de lo que es pasear por este lugar, tan mágico como caótico y que es mucho de la esencia de esta ciudad, y de Marruecos. (Nota: siento que blogger sean tan malo para colgar fotos, sería genial poder hacer un mosaico, pero así tendréis que darle a la rueda del ratón). Vagamente recuerdo que en un punto visitamos una medersa preciosa, Al Attarine, donde hacemos mil fotos, y subimos a la primera planta a mirar por los ventanucos de las celdas y hacer fotos del que está enfrente.
El Peda se va a explorar y Mini y yo nos quedamos allí un rato, viendo como pulen un suelo nuevo, traen plantas urbanas y demás. Al rato aparece el Peda que ha llegado a la base de las tenerías, se ha metido con un tío que se lo han enseñado, que apesta, y que tenemos que ir con él porque ese tío nos lo enseña por una propina-a determinar. Mini no está nada convencida: ya dictaminó en el coche del aeropuerto "es oficial: no me gusta marruecos", pero lo que le esperaba esta tarde ya era otro nivel, ya pasa al odio. De camino nos tomamos un zumo de naranja para hacer cambio en un puesto callejero donde, yuk, no hay "opción para llevar" y todo lo que hacen es enjuagar el vaso de cristal en un caldero. Desde aquí suena inaceptable, pero cuando estás allí, en el mogollón, tu nivel de activación del reflejo del asco no digamos desaparece, pero disminuye ostensiblemente.
Cruzamos una especie de riachuelo, por un precario puente de madera, nos metemos por una especie de cuartuchos que se comunican y que parecen cavernas y el trabajador que nos va a guiar se alegra muchísimo de vernos. Pasen, pasen y vean. Y de repente nos encontramos como si fuéramos pinceles en un juego de acuarelas gigantes. Y lo de pinceles puede ser doblemente metafórico, ya que, por ser el segundo día, aún vamos como ídems. Pero las acuarelas: pozas circulares, con las paredes de azulejos blancos de todos los colores. Antes de ellas, están las blancas, que son más cuadradas, y que el hombre nos dice "cuidado! amoniaco! no caer". Imagino el horror de resbalar y caernos en esas pozas infectas, porque el olor es insoportable. Los hombres están inmersos, muchos pasadas las rodillas, otros hasta la cintura, en las pozas de colores, tiñendo el cuero, mientras que pieles de otros animales esperan su turno secándose por las paredes.
Aquí, me señala el "guía", aquí, "caca de pichón, para ablandar cuero", y me hace con sus brazos el signo de volar, a la vez que repite "pigeon, pichón". Madre mía, madre mía, el amoniaco no era nada, abrazo caer en el amoniaco, ser una nueva fantasma de la ópera, antes que caer en la poza con la "caca de pichón", donde aún se ve alguna pluma flotante. Pero a qué mente se le ocurrió un día coger este material para ablandar nada? Le sonrío así como hacen las señoritas finolis en las películas, soy una mezcla de Mrs Moore y Miss Quested del "Pasaje a a India", con los ojitos pequeños y la boca fruncida, intentando fingir el espanto que me recorre. Caer en esas pozas.Los hombres siguen trabajando aunque parecen divertidos de ver a tres turistas caminado por ahí, esos están ahí arriba, en la tienda, haciendo fotos. Vamos haciendo equilibrios por las pozas, y los guías (ya se han unido un par más, se trata de una pequeña comitiva) nos indican que subamos por aquí, que hay buenas vistas. Y hacemos más fotos, incluso el Peda y yo posamos con ellas de fondo-Mini rehusa porque en este punto no solo odia Marruecos, sino también a sus padres.

A la salida pasamos por un pasillo angosto que nos lleva a la calle donde estaban los de "suban a mi tienda". Allí esperan los pobres burritos, cargados hasta arriba de pieles. Yo les tengo mucho cariño a los burros: es un animal que siempre me ha caído simpático, no sé si es Platero o más bien el de Gloria Fuertes ("no me llame burro, profesora mía"). En este viaje me han dolido muchas cosas, pero una es cómo la pobreza de los humanos (cómo culparles) impacta en los animales. Hemos visto burros cargados hasta arriba, burros siempre depie (alguien sabe por qué nunca se sientan?), burros llevando a gente, burros de carga, como viene diciendo la frase hecha. Pobres animales. Y pobres hombres que trabajan en las tenerías: con qué cara te vas a poner a regatear por un cinturón, por un bolso, viendo las condiciones de trabajo de estas personas?
Igual me he pasado con las fotos (son una muestra!), pero con un poco expresión de como hay que sacarme de allí (y eso que las pituitarias siguen espantadas) y llevarme al riad, donde me quedo un ratito dormida en la terraza al sol, abrazada a mi libro. A las 6 pm salimos a cenar (sí, en esto somos estúpidos guiris) y nos volvemos a perder en el zoco buscando otro sitio recomendado del Peda que, si es ese, parece medio cerrado. Hay algún puesto del mercado donde hacen a la plancha unas masas de carne picada con cebolla y comino, y lo llaman kefta. Mis compas de viaje paran en uno y se comen a medias uno de esos bocatas de pan redondo. Mi reflejo del asco se activa afortunadamente aquí, tal vez porque el puesto está cerca de uno donde hay gallinas vivas. Será una huevería? (más de esto en Meknes).
Seguimos paseando de punta a punta de la medina, y las fotos de abajo son el resultado de aquello. En especial, hay que fijarse en la de los caracoles, ya que en el riad nos dieron como orientación, si veníamos por la otra calle, "torcer donde el hombre que vende caracoles (y gente bebe una especie de sopa con los mismo allí mismo). Por fin nos quedamos en un restaurante medio turístico que está en una hilera cerca de la Puerta Azul, todos con las mesas en la calle. No recuerdo el nombre, pero sí que ponía "depuis 1928" (en serio ese sitio lleva allí ese tiempo?). Mientras esperamos reflexiono en alto: "me da tranquilidad este sitio porque, mirad, en el cazuelo enorme, están echando agua embotellada". Los dos asienten, para, a los tres segundos, observar que el proceso continúa llenando la botella con de agua del grifo! Y asi todo, pero enseguida nos llegan unas tajinas (yo vegetariana, el Peda de patatas fritas, buenísima), pequeñas [pero cada uno por 4 euros (40 dh)].
Y aquí en imágenes la vuelta al riad...
| Tuerza en los caracoles |
| Fascinada por las tiendas |












