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19 agosto 2026

Bosque de Chapultepec, voladores, mis vacaciones en librerías, conversaciones futboleras y nos instalamos en Copilco

Martes, 14/08/2026-Txapultepec, Copilco

La pasada ha sido nuestra última noche en este apartamento de "mayores". O sea, no de personas mayores/ancianos, sino de lo que yo pensaba de niña que eran "los mayores", o la vida adulta. Una amiga francesa decía que ella de peque pensaba que un día tendría una batería de cocina y una vajilla a juego, pero ya sabe que nunca sucederá. Pues bien, yo nunca tendré un piso así ni una cocina de isla (la verdad, me disgustan y qué haría yo ahí, me vendría grande), pero sería una impostora en él, una actriz. Incluyo una foto de la terraza, donde no salimos a desayunar porque hace fresco (sí, llorad). En la cocina hay una mesa alta, como si fuera una barra de bar (tampoco lo entiendo) y allí,  como pájaros, tomamos nuestros yogures. 


Recogemos todo y dejamos las maletas listas para volver a la una, que hemos quedado con la Sra Mari para devolverle las llaves. El objetivo de la mañana es llegar al Bosque de Chapultepec, pero antes he de dar los nombres de calles de Polanco: Plinio, Sófocles, Sócrates, Platón, Séneca, Horacio y luego otra manzana con Ibsen, Edgar Allan Poe, Calderón, Lafontaine... Claro, nos tenía que encontrar en Alejandro Dumas la "Cafebrería El Péndulo" que es una cadena -en ese momento no lo sabíamos- y nos quedamos maravillados:
 


Pasamos un rato muy chulo entre libros; en las mesas donde las selecciones observo que hay muchos libros españoles. La cafetería es el lugar donde yo quedaría con gente de vivir aquí. Me habría quedado el resto de la mañana, pero nadie dijo que la vida del turista fuera fácil.  

El Bosque de Chapultepec es el mayor parque de CDMX y en él hay un montón de museos, el más famoso e icónico, el Museo Nacional de Antropología al que esta vez, imperdonable, no entramos. El haber estado en 2004  supongo que no cuenta como excusa (claro que el Peda escribió "bien, pero no llega a las expectativas"), así que culparé al poco tiempo. 


¿Los voladores están ahí actuando todo el rato? Porque también los vimos en 2004. Es un rito ancestral que tiene que ver con la fertilidad y al principio bailan abajo al son de unas flautitas que suenan como lo que ponen de música de fondo en esos centros de yoga, por fin empiezan a subir sin ninguna seguridad por ese palo, luego pasan un tiempo que se hace eterno arriba atándose, y por fin se dejan caer colgados de un pie, amarrados solo por una mala cuerda. No entienden de arneses ni seguridades occidentales, ni se les debe subir la sangre a la cabeza, por no comentar lo del  mareo. Muy impresionante. 






Al cruzar el Paseo de la Reforma, a la orilla del lago está una de las sucursales de la librería Porrúa. Este es un sitio que no se olvida: hace 22 años que estuve aquí y sabía que quería volver. Está abierta completamente al bosque, por delante cruzan las barquitas y además han puesto unas alas hechas de libros -con el eslogan "conalasdelectura"- en las que Mini y yo nos hacemos prácticamente un book de fotos.  Creo que cuando me jubile y tenga mucho tiempo para viajar lo que voy a hacer es irme a estas librerías y pasarme allí el día: miraré libros, tomaré té, leeré mi libro y hasta -oh perfección- el portátil para divagar desde allí. Watch this space. 




A la salida, hay una exposición de fotografía en las vallas entre el lago y el paseo de la Reforma  titulada "Fragmentos de una ciudad infinita". No puedo explicar las fotos maravillosas de la ciudad que vemos; a algunas les hago foto pero tengo la esperanza de que esto tendrá su página web para poderlo ver tranquilamente desde casa y no: la página del gobierno no me lleva a nada. Incluyo una cualquiera: como siempre digo que me encantan las montañas nevadas (soy de la generación de Heidi), aquí tenéis una con la ciudad en sombra debajo y la montaña de fondo. 

Es un exceso lo de los museos en este parque, al Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec tampoco entramos, muchísima fila, 

y por el MAM [Museo de Arte Moderno]  -que sí estuvimos en 2004 y en el que sigue la exposición de Remedios Varo según nos dijo la chelista- ni pasamos.  Atravesamos un bosquecillo de cactus y llegamos al Monumento de los Niños Héroes, un mausoleo bastante feo [odio el mármol] conmemorativo de seis adolescentes cadetes que defendieron el Castillo de Chapultepec de los yankis. Vean por ustedes mismas, no se le encuentra un ángulo bueno:

Un pequeño recuerdo a mi duelo personal por no haber podido entrar al mausoleo de Lenin en Moscú y al de Ho Chi Minh en Hanoi.  En fin, que intentamos tomar un café ya en una de las calles de alrededor, sin éxito,  así que nos metemos en el metro para volver a Polanco. 


Hay mucha gente [claro que nada como la hora-pico aquella de 2004] y por fin al salir encontramos un sitios donde nos tomamos un frappé cada uno, que yo creo que bien pero que leo en el itacalog del Peda que califica de "uneventful" [ya veis, que si el Museo de Antropología decepciona, que si uneventful...]. En casa nos despedimos de la Sra. Mari y de nuestra impostura y vamos a buscar un sitio para ver la semifinal del Mundial España-Francia. 



Esta es la terraza con tele donde Mini come arroz negro, el Peda una birra [capítulo aparte lo buena que es la cerveza mexicana, y eso que a mí no me gusta demasiado: Indio, Bohemia... ] y yo agua porque aún estoy con miedo por "la panza".   Gana España 2-0, y no puedo evitar ser un poco demasiado expresiva cuando metemos gol. La camarera nos felicita, y esto no ha hecho más que empezar. En el taxi a casa de E y JA en Copilco tenemos una conversación muy animada de fútbol con el taxista. Hemos tenido tantas conversaciones futboleras con taxistas que no recuerdo el contenido de esta, pero en todas me lo he pasado muy bien: viene a ser como la cerveza, no soy una connossieur, pero como amateur lo he disfrutado.  

Llegamos sobre las 16:15 y nuestros amigos están ya todos ansiosos con sus maletones porque van a volar en tres horas. Últimas instrucciones sobre el piso: que si el desinfectante para la lechuga [ya he decidido que no comeré lechuga], que si cómo se tiende en el terrado, que si cómo se apaga la electricidad, cómo se pone la tele -E. es un "gamer" y tienen dos teles gigantes-,  las cosas que hemos de comernos y todo eso. Cuando se van, nos armamos de valor y vamos a un supermercado Walmart gigante que hay a diez minutos de casa: por supuesto, compramos sandía, porque esto no será Grecia, pero es verano, y verano sin sandía es menos verano.

Tras cenar, mis compas ponen una de las macroteles: es siempre una experiencia ver los canales en otros países y aquí hay asesinatos reales del cártel [preferiría pensar de los bandidos bang bang!] en, no sé, Zacatecas,  predicciones del tiempo y declaraciones de los políticos, todo con un acento muy mono que lo hace parecer una película. Yo todavía estoy leyendo una novela escocesa de 1961 ["La plenitud de la señorita Brodie"], que me parece del todo incongruente con el escenario en el que estamos, y eso que todavía no es inmersión total en el México profundo. Aun así, hay que terminar cuanto antes porque un colegio de señoritas en Edimburgo en el periodo de entreguerras y los voladores, los niños héroes y los bandidos de Zacatecas me van a cortocircuitar. 


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