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05 julio 2026

Museo de Antropología, Voladores, Remedios Varo en el MAM y Alameda

 Domingo, 08.08.04 Hotel Juárez (México DF)


Remedios Varo y el Museo de Arte Moderno (MAM) Viajar con un artista plástico (con un ex-artista diría yo, que ya no pinta porque acaba de decidir ser muralista tras tanto Diego Rivera, y no tiene espacio en un piso de 60 ms) tiene sus cosas. Y es que hay que cumplir con los rituales religiosos, i.e. visitar la galería de arte moderno que se ofrezca. Cuando esta es la New Tate (¿Cuántas veces, oh Señor, hemos de peregrinar al monte? —léase con tono de Cuaresma) o el MOMA, pues una hace examen de conciencia, dolor de los pecados y comulga. Otras, una hace solo dolor de los pecados. Y sin embargo, ¡oh sorpresa! En el Museo de Arte Moderno del DF (MAM) hay una exposición de Remedios Varo. Para los que no la conozcan, es una pintora nacida en España pero que emigró enseguida a México, cuyo universo tan particular es imposible de olvidar. Mi anterior contacto con su obra fue a través de una agenda feminista que compraba (y me empeñaba en regalar a pobres víctimas) cuando estaba en la facultad. “La agenda de las mujeres”, y cada año tenía un tema “Mujeres pintoras”, “Mujeres de la República”, “Mujeres fatales”, etc. Y hubo un año que usaron ilustraciones de Remedios Varo.

Me gustaría escribir sobre sus cuadros, pero me temo que acabaría teniendo que dedicar un documento entero a ello. El que más me gusta es uno llamado “Papilla estelar” en el que una mujer (siempre mujeres imposiblemente delgadas, espirituales, con ojos rasgados enormes) que tiene enjaulada a la luna le da de comer una papilla que una supone que es de estrellas, que aún brillan en el cielo. Varo fue influida por los psicoanalistas, como no será muy difícil entrever, y encontró algunos de sus cuadros disturbantes. Y hablando de psicoanálisis, no puede faltar la papilla esta vez mental en la planta baja del museo: había varios materiales en cajas transparentes, y debíamos escribir lo que nos hacía sentir (no quieran saber el vomitopapilla mental anti-todo que dejé ahí…). Y lo mejor, en la planta de arriba, una fotógrafa intercambiaba un disparo por un trozo de pan. La obra se llamaba “La repartición de los panes”. Vendimos nuestra imagen tan barata como eso porque, no, no hubo peces. (k, 9 ag)

Divagando: Breve nota escatológica no apta para pusilánimes
Sé que para algunos de vosotros (véase pareja del "blanco español" en los azulejos) esta realidad será insoportable, pero si no habéis llegado hasta aquí para comprobarlo, oh pequeños saltamontes, deberéis leerlo aquí de primera mano. El primer choque que la que escribe tuvo con la, digamos, higiene personal tras aguas mayores en países en vías de desarrollo fue allá por el 94 en una ciudad ahora emblema de rojerismo y alternatividad: Porto Alegre, Río Grande do Sul, Brasil. Aquí la dueña de la casa me indicó que el papel higiénico no se tiraba al baño porque las tuberías "no eran como en Europa" - se atascaban. Por ello había un cubo al lado que no, no era para poner los aros desmaquillantes. La bisoñez de la que escribe era tal en aquella época que no tuvo a mal aclarar algún punto que se le antojaba inaceptable, a lo que la brasileña contestó, en una de esas frases míticas que ya son parte de nuestras vidas: “xixí, en el cubo; cocó, lo puedes tirar al baño.” Mucho ha llovido desde aquello, y una ha sufrido de todo tipo de técnicas (ese grifito de Tailandia o la India) y humillaciones en diversos países. En México vemos que se estila de nuevo el cubo accesorio, pero la realidad ha mostrado que aquí “xixí, en el cubo; cocó, también.” (k)

¿Dónde está mi té?
Definitivamente en México no saben preparar té. En primer lugar, hay que llamarlo té negro; luego explicar que te lo pongan en vaso grande hasta arriba, y además pedir leche por separado (que una vez nos cobraron). A veces sufro intrusiones o incluso se podrían catalogar como flashbacks de mi taza de Concerta donde tomo mi té Red Label con mi leche semi de Sainsbury's. Ah!!!! El té… (k)

itacalog i
Despertamos muy pronto, 0630. K, inspirada, se pone a escribir mientras yo me ducho, afeito, etc. A las diez ya hemos dejado las mochilas en el nuevo hotel y estamos desayunando. K llama a España (Yaya en S.).

Cogemos metro en Zócalo para ir al Museo de Antropología, nos parece muy lejos, pero sin problemas. De camino al museo, vemos una exposición fotográfica al aire libre sobre el México de hace 100-150 años. En el museo hay que pagar por no ser mexicanos. Muy grande, bastante bien, aunque no llega a las expectativas.


Vemos los voladores, comemos algo y


luego al Museo de Arte Moderno, donde no hay que pagar, nos sacan una foto y nos dan un pan.

Volvemos en metro a casa, a las cuatro o así estamos en la habitación descansando un poco y viendo la tele.

Salimos sobre las siete a la Alameda, donde hay mucho ambiente, buscando un cyber que no encontramos. Cenamos más barato imposible en un chiringuito en la calle: ocho tacos (longaniza y pastor), consomé y coke 27 pesos, todo un récord.

Volviendo, vemos la Casa de los Azulejos y un Starbucks. Más Zócalo. Aquí a escribir y leer (i).



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