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14 abril 2026

«El movimiento del cuerpo a través del espacio» de Lionel Shriver: ¿cuál es el problema de nunca?"

Personalmente, creo que el título no le hace favores a esta novela del 2020 de Lionel Shriver: "The Motion of the Body Through Space" [en castellano la ha editado Anagrama y aún es peor: «El movimiento del cuerpo a través del espacio»], pero igual solo me lo parece a mí. Llegué a esta novela de una manera no convencional: en un restaurante pijo de Mayfair, donde un amigo celebraba su cumpleaños,  una mujer que no conozco de mucho me la recomendó, creo que porque salió el tema del Peda que sale a correr todas las ma
ñanas como un reloj a las 6:00 am. Fiarme de una desconocida no es algo que suela hacer tras algún fracaso de juventud, pero aquí hablábamos de Shriver, de la que he leído artículos, entrevistas y, sobre todo, Kevin.

Kevin, me refiero a "Tenemos que hablar de Kevin", que ha leído todo el mundo, así que no hará falta que me explaye. Además hay un divague, qué digo, dos: del libro y de la película. Mira que la peli es buena -y no podrían haber encontrado a nadie mejor que Tilda para protagonista-, pero el libro es espectacular. No por la historia que cuenta, sino por todas las reflexiones laterales que Shriver hace sobre el tema de la maternidad y el debate nature-nurture, del que hemos divagado aquí ad nauseam

Exactamente, eso pasa con «El movimiento del cuerpo a través del espacio»: la historia no importa demasiado, y sus giros como siempre no los voy a contar, pero lo que importa son todas las reflexiones que hace la autora sobre los grandes temas que aborda aquí. Y aunque mi recomendadora lo hizo tal vez porque salió el tema del ejercicio en tu pareja, lo cierto es que la aproximación del ejercicio en el que se embarca el marido de la protagonista nada tiene que ver con la de mi compa de piso. 

Serenata es una mujer de 60 años casada con Remington, un hombre de 65 que un buen día, tras haber sido jubilado prematuramente, le dice eso de "voy a correr una maratón". Esto provoca un shock en la homeostasis del matrimonio porque Remington, como yo, no había hecho ejercicio en serio en su vida. Sin embargo, Serenata había comenzado a correr, a nadar y a ir en bici (esto último como desplazamiento) desde su adolescencia. Eso sí, siempre por su cuenta y nunca con un grupo, o entrando en carreras populares o en deportes de equipo. Sin embargo, ha tenido que dejarlo porque tiene las rodillas fatal y lo que viene luego es la artroplastia (reemplazo) de rodilla. La pobre está fastidiada porque se tiene que limitar a tablas de gimnasia en casa, con lo que ella había sido. En un punto dice, "cumplir 60 la había subido a una colina en el sentido panorámico: había hecho cima y podía ver desde ahí el declive que tenía por delante".

Al leer la descripción psicológica de Serenata -Shriver es una maestra en esto, me pasa como con Franzen, me pregunto si han estudiado psicología o algo-, tengo la impresión de estar en el fondo leyendo una autodescripción de la autora misma. Conozco a una persona que conoce a una tercera que la conocía -la autora vivía en Borough, un barrio interesante al sur del río en Londinium- y me dijo que "era una tía muy rara". En este artículo en The Guardian contó su ruta de correr diaria por la orilla del Támesis de noche y lo tituló "Reluctant urban runner" ["reticente corredora urbana"]: Shriver disfrutaba del espectáculo que era su ruta nocturna (ciertamente, una chulada) y de la soledad ("del corredor de fondo"), pero no del ejercicio en sí. Lo único que le gustaba de correr era precisamente "haber corrido": el Peda cuenta que para él, es lo mismo. Y, como ella, no está particularmente interesado en correr maratones (aunque entra en el sorteo de la de Londinium, por razones sentimentales), ni correr con amigos, ni que nadie le felicite por haber corrido tanto. En el fondo, es lo mismo que me pasa a mí con  la bici: a veces me gustaría saber cuántos kms he hecho en un día, pero no lo suficiente como para aprender a poner aquel cacharro que medía eso y la velocidad (se lo devolví al kuniado que me lo regaló]). 

Ideológicamente, Shriver es una autora difícil de encasillar. Pese a que gran parte de su planteamiento de este tema y otros los comparto, ella misma dijo que "perdió gran parte de sus lectores liberales cuando se declaró pro-Brexit". Escuché una entrevista que le hizo la hermana periodista de Boris Johnson en su podcast "Difficult women" en el que lo explicaba.  También se declara en contra de "todo esto del género" y del concepto de "apropiación cultural" - le he leído por ahí decir que si no se va a poder escribir desde ningún otro punto de vista que el tuyo, ya solo quedará la autoficción. 

Esta visión se deja ver en la novela por ejemplo cuando describe las razones por las que hacen prejubilarse a su marido: -una chica negra a la que hacen jefa del departamento e instaura una serie de normas "woke", como el uso de artículos neutros- o la de por qué ella cada vez recibe menos trabajos -pone su voz para audiolibros, videojuegos,- porque "imitar acentos" de grupos desfavorecidos ya no es aceptable. Cuando la jefa acusa a Remington de misógino, él le contesta que "un misógino no se casa con una mujer más lista que él" (que es lo que él considera a Serenata). También opina que "el que tú te sientas de una manera no significa que eso sea la verdad. Yo me siento perseguido por ti, ¿significa que me estás persiguiendo?". Como digo, estoy de acuerdo en mucho de lo que piensa, pero también en desacuerdo con algunos de sus planteamientos, pero me parece refrescante. No es una persona que puedas categorizar y eso, si va acompañado de inteligencia, suele ser bueno. 

Y tras esta breve introducción, vamos con los temas:


Hacerse mayores, envejecer

Como Serenata tiene problemas de rodilla, a veces se "atasca" en un movimiento, y lo peor es que sabe que si no se opera, todo va a ir cuesta abajo.

"La transición para levantarse fue un éxito. Madre mía, qué logros miserables pasarán como un triunfo en el futuro. Recordar la palabra batidora". 

Me he reído con eso. De hecho, he puesto tantas caritas sonrientes en los márgenes: Shriver es muy divertida. Otro tema que menciona y que nos toca muy de cerca a los emigrantes es dónde vamos a envejecer: en nuestro país de acogida, de vuelta a donde nacimos, o en un sitio totalmente diferente? Serenata y una de sus grandes reflexiones:
"A Serenata nunca le importó demasiado dónde estaba: ella era su propio lugar. Pero cualquiera que terminara exactamente donde había empezado no podía evitar sino temer que, durante el tiempo que estuvo fuera, no había llegado a ninguna parte". "Serenata never cared too much about where she was: she was her own location. But anyone ending up precisely where he started could not help but fear that in the interim they had gone nowhere"
De eutanasia no se habla, solo deja una frase, que incluyo. Es un debate obsoleto, aunque los-de-siempre, con más fuerza que nunca, lo quieran mantener "conectado":
«¡Cuánto más compasivo habría sido apagarlo, como un electrodoméstico. Estar atrapado en un cuerpo que se va corrompiendo gradual y prolongadamente era una tortura digna de Guantánamo o Bergen-Belsen. Cada vejez era un cuento de Edgar Allan Poe.» How much kinder it would have been, to turn off, like an appliance. The gradual, drawn-out corruption of the body while its host was still trapped inside was a torture of a sort they would have contrived at Guantanamo, or Bergen-Belsen. Every old age was an Edgar Allan Poe story.”
También muy de acuerdo es en eso de que lo mejor de hacerse viejo es dejarse arrullar por el "me importa una mierda":
“The very best thing about getting old was basking in this great big not-giving-a-shit.”
Solo puedo decir: estamos trabajando en ello. Me pregunto lo que será este blog en unos años: ¿un panfleto ácrata que anima a ir en pijama por la calle? Watch this space

Al final, aceptar la vejez supongo que pasa por darse cuenta, como lo hace la protagonista, de que ya pasó tu momento, y no pasa nada. Serenata ya vivió la época en la que todos la miraban -dicen que envejecer es más pérdida para quienes fueron bell@s-. Aunque ahora había pasado, igual era decepcionante, pero no era trágico, y estaba bien. Tenía suerte de haber tenido siquiera ese momento. Ahora, era el momento de otras y otros. Supongo que eso es saber envejecer.

Relaciones de pareja

Serenata y Remington tienen una relación muy chula: los dos son muy dialécticos y toda su vida han tenido conversaciones descritas como "banter" (toma y daca ingenioso) "entre dos personajes de Noël Coward". Se dicen, "la hipérbole es la señal de alerta de un argumento débil" y cosas así. Retóricamente, estaban empatados, y el otro es la persona del mundo con la que mejor practican este "ping-pong verbal" -lo cual es para mí la medida de una gran relación. Ahora, cuando sus hijos son adultos, Serenata se da cuenta de que esa muestra de rapidez e inteligencia no les entretuvo; es más, fue una causa de antipatía en ambos hijos.
"Si acaso, en nuestra casa se ha sufrido un exceso de ironía; es una enfermedad común entre los que tienen mucha formación académica". "If anything, our household has suffered from an excess of irony, it's a common disease of the overaducated".
Aunque ella piensa que Remington puede a veces tomar las cosas demasiado literalmente ["the literalism had precedents"], en general su relación sigue fuerte e incluso se da cuenta de que él ha sido siempre físicamente atractivo, y sin gimnasio ni otras zarandajas se ha mantenido tío-bueno. Ahora, con 64, recuerda las distintas edades de su cuerpo y puede imaginar cómo será dentro de unos años, de anciano frágil. Me gusta esta reflexión: Serenata considera su trabajo el seguir viendo en él al tío de 27 del que se enamoró y más cuando él sea un anciano y el resto le vea como un viejo palizas. Es también su trabajo mirarlo con amabilidad, sin juzgar el michelín, la arruga, los ojos caídos. Y se supone que esto es bidireccional: él lo hará con ella. Es una parte del contrato de pareja de larga distancia ["Lo único bueno de envejecer era el permiso mutuo para ser imperfectos” “the only good things about getting old was mutual permission to be imperfect”]. Ella dice que "la medida de un buen matrimonio es militar: es una buena alianza" aunque a veces, cuando observas a algunas parejas mayores, más bien parece la "operación furia épica", pero en pasivo-agresivo. Esperemos no llegar ahí, a una de esas parejas que siguen juntas por "pasividad o por falta de imaginación". Este trato no escrito de las relaciones de larga duración que se quieren y se apoyan me parece muy bonito.

En fin, que hasta que empieza el nudo de la narrativa, son una pareja feliz y que se quiere, que no tienen problemas con los silencios, que eran fieles sexualmente pero se permitían "window-shop" [que es el equivalente de mirar escaparates, o sea, mirar] pero que cuando las cosas van mal, escuece: "igual es buena señal que aún me pueda doler".

Los hijos

Como he dicho, Shriver es una virtuosa de la descripción psicológica. Lo demostró con Kevin, y lo ha vuelto a hacer con los hijos adultos de esta pareja. Son ambos un desastre y a ratos me preguntaba si crea siempre estos hijos-pesadilla para tranquilizarse por no haberlos tenido ella. Ciertamente, tener un hijo es hacer una apuesta que puede desde superar tus expectativas hasta arruinarte y en medio, una innumerable gama de grises.


Y luego está la ciencia: el impacto de los padres sobre los hijos es negligible. Aunque esta gran verdad no se ha filtrado a la sociedad y la gente sigue poniéndose medallas por los éxitos de sus hijos, y a los que "les salen [diversos grados de] rana", quedan perplejos rumiando "qué hicimos mal".


Esta es la situación de estos padres: hay un párrafo de Remington en el que explica de dónde vienen ambos (él, de clase trabajadora que vía la educación llegó a un buen puesto en el ayuntamiento y ella de clase media-alta con un buen trabajo) y lo que son sus hijos: "white trash" (basura blanca, un término que describe a pobres blancos en EE. UU.). Los pobres no saben qué podrían haber hecho para que sus hijos hubieran sido medio "normales":
"La gente siempre está con lo de la responsabilidad parental; pero poco se habla de la impotencia parental". "People are always harping on parental responsibility; too little was made of parental impotence"
La hija era una niña débil, sin carisma. Nada le interesaba, no tenía pasión ni interés por nada:
"Se les podía dar a los niños oportunidades, pero no forma (...). Si fuera posible comprarle a una hija pasión, intención, dirección y especificidad, Serenata habría corrido a la Tienda de La Identidad antes de que Valeria cumpliera diez años". "You could give children opportunity, but you could not give them form (...). Were it possible to purchase for a daughter passion, intention, direction and specificity, Serenta would have rushed to the Identity Store before Valeria turned ten"
En su adolescencia, ve la luz y se hace fanática religiosa (recordemos que el libro es previo a esta fiebre reciente por el tema). Sin oficio ni beneficio, se queda embarazada de uno de la iglesia y se mete en una carrera procreadora - al final del libro, ya van por seis. Les da instrucciones sin parar y, alucina, los críos la obedecen, y Serenata -cómo no voy a amarla- piensa:
"La compensación estándard de la madre que se queda en casa a cambio de exigir tan poco en cualquier otro ámbito". "The stay-at home parents' standard compensation for commanding so little elsewhere"
El hijo, por el contrario, era un no popular y carismático en el cole, nada seguidista y un cabrón. Era totalmente "hip"- dice Shriver: "si necesitas que te expliquen la textura de esta palabra, es que no lo eras. Y si no lo eras, no es algo que puedas ir a comprar o aprender". El ser cool viene de serie. Con todo ese encanto e hijoputez, no es difícil ver aquí un trasunto de Kevin, pero sin el arco y las flechas. De adulto, tiene una vida itinerante y se sospecha que es traficante de drogas. Es perezoso, astuto y no tiene brújula moral. Al final del libro, vuelve a casa un tiempo, y he de reconocer que me acaba cayendo bien de esa manera que los "charming psychopaths" te pueden hipnotizar: es gracioso, no se corta de decir lo que piensa, y tiene un punto ácrata que a su madre siempre le ha secretamente gustado, que sirve muy bien de contrapunto con otros personajes de los que hablaré luego.
"Lo de su hijo era desdén crónico, aunque no había logrado nada en la vida según los parámetros de la mayoría, así que resultaba un enigma de dónde provenía esa superioridad. Su madre había concluido que se trataba del desdén del que no-participa. No se había manchado deseando algo ni intentando conseguirlo, lo que lo protegía de cualquier sentimiento de fracaso o decepción". "Their son was chronically contemptuous, yet he had accomplished nothing in most people's terms, so it was a puzzle where this superiority was sourced. It was, his mother had concluded, the scorn of the non-participant. He hadn't sullied himself with wanting something and trying to get it, which protected him from any sense of failure or disappointment". 
No es difícil imaginarse a este personaje. En un punto su madre se refiere a él como "Mr. Who gives a shit" (el Sr. A quién le importa una mierda"). Me encanta.

Reflexiones [360 grados] sobre el ejercicio


~~ Eres lo que te mueves: el deporte como tu identidad~~

Serenata nunca se consideró una corredora ("runner", dicen que en castellano también usan el anglicismo), ciclista o nadadora. Ella corría, nadaba, iba en bici. Esto de la identidad es muy evidente con los ciclistas: llevan un uniforme. Yo, como Shriver, voy en bici y no soy ciclista: no me veréis con licras, aunque sí que me pongo un chaleco amarillo fosforito horroroso.


No sé qué conductista decía que asumir la identidad del comportamiento te ayuda a repetirlo, a hacerlo tuyo. Quién sabe: yo llevo 16 años con este blog y siempre pienso "que escribo", no que "soy escritora". No necesitas ese tipo de empujones si te gusta lo que haces. 


~~Dudas existenciales~~
Todos podemos tener este tipo de dudas sobre comportamientos que adoptamos en una fase más o menos dilatada de nuestra vida, o sobre las personas con las que [mal]gastábamos el tiempo [o de cómo perdí aquellosmaravillososaños con ese plasta]. Serenata lo piensa sobre este tema, claro:
"Se preguntó qué porcentaje de su vida hasta ahora había dedicado a este tipo de monotonía. Se acordó de la frase apócrifa de Jackie Kennedy en su lecho de muerte: por qué narices hice todas esas flexiones?"
El caso es que Serenata se siente así porque no le gustaba correr: en concreto, a nadie le gusta correr, cosa que me creo a pies juntillas porque es imposible.
No me gustaba correr. Y un secreto: a nadie le gusta. Lo fingen, pero mienten. Lo único bueno es haber corrido. En el momento, es aburrido y duro, en el sentido de que requiere esfuerzo, pero no en el de que sea un arte difícil de dominar. Es repetitivo. No tendrás ninguna revelación”. “I did not love running. Here's a pointer for you: no one does. They pretend to, but they are lying. The only good part is having run. In the moment, it's dull and hard as in effortful, but not as in difficult to master. It's repetitive. It does not open the floodgates of revelation.”
Es imposible por todo lo que dice mejor que yo. Ir en bici es divertido, el paisaje pasa rápido, puede ser emocionante, pero ¿correr? Además, esto me lo han confesado corredores, lo de que lo mejor de correr es "haber corrido". Yo a esto lo llamo "viaje a la India": ya he explicado otras veces que me alegro mucho de haber estado por los recuerdos, las fotos coloristas y poder hablar con indios ahora de partes de su país. Ahora, fue un viaje duro [algo conté aquí] y me gusta "haber estado", pero no volver a ir. 

~~El maldito capitalismo~~
Lo mejor del atletismo era lo de que era gratis. Pero claro: hasta esto han fastidiado. Ahora equiparse vale pasta (parece que hay que cambiarse las deportivas tras X kms), por no hablar de las maratones:
"En el pasado solía ocurrir que si querías poner un lugar en el mapa, organizabas un festival literario. Hoy en día, organizas una maratón". Serenata alucina de que cierren media ciudad al tráfico por ese "pasatiempo de la clase media que se mira el ombligo".
~~Corredores geriátricos~~
De verdad? No me lo había planteado, pero hay gente en la ochentena que sigue metida en este "cult" [secta] del correr. Los que van a las maratones están "todos disecados, amojamados "(a partir de los 40 o te ajamonas o te amojamas"), muy morenos, con relojes sicodélicos, con misión en la mirada".  Qué pereza.

Es que es "ahora o nunca. Vale, pero ¿cuál es el problema de nunca?" "It is now or never. So, what is wrong with never? " Me ha encantado esta frase, es de camiseta. Y me gusta porque me aplica, pienso esa frase muchas veces: por ejemplo, ahora estoy debatiéndome sobre si hacer la Londinium a Brighton (carrera ciclista). Unos amigos se han apuntado y me puedo unir a su grupo, pero la realidad es que no quiero entrenar para eso: irme a Richmond Park a hacer "loops" (dar vueltas como un pirulo junto con otros tropecientos ciclistas a los 11-12 kms de su perímetro). Me gusta ir en bici a ver lugares y, aunque Richmond es genial y voy de vez en cuando, ir y dar las mismas vueltas para prepararme para los 88 kms no me apetece. Pero entonces llega la frase: "es ahora o nunca". Igual he de aceptar que no hay nada malo con nunca.

~~Los gurús~~
No podía faltar este concepto que me ha recordado un poco al gurú del libro de Nick Hornby "How to be good" ["Cómo ser buenos"] que se llamaba "Goodnews". Nota: una pena, no hay hiperenlace, leído en Uruguay. Aquí se llama Bambi y es una gurú del deporte, por supuesto. Es tal vez el personaje más odioso de toda la novela:
"sabía cómo lucir su cuerpo. Porque eso era lo que llevaba puesto, su cuerpo. El vestido era algo secundario. Si acaso, era el vestido quien la llevaba a ella."(..) she knew how to wear her body. Because that's what she was wearing, her body. The dress was an afterthought. If anything, it was wearing her".
Bambi es la típica narcisista que cree que todo se refiere a ella, o acaba haciendo que todo termine en ella misma: incluso cuando alguien que ella ha entrenado pierde, lo transforma en su propio triunfo [¿una versión del "pide que parece que da"? ☺]. Crea un grupito de pánfilos como Remington a los que entrena para el siguiente reto -la triatlón- y todo parece que tiene mucho en común con una secta religiosa. Por ejemplo, así como Serenata hace las pocas migajas de ejercicio que le dejan sus doloridas rodillas en una habitación en casa, Remington se va al gimnasio a "adorar con su congregación". Estos feligreses amantes del deporte en en fondo se adoran a sí mismos, lo que Serenata considera el mejor bromuro para ella: "una no quiere follarse a un hombre que se desea a sí mismo".
«El rechazo de la carne era una constante en todas las religiones, cuyas corrientes fundamentalistas fomentaban el ayuno, la flagelación, el celibato y la abnegación. Durante la Cuaresma, se renunciaba a algo que se disfruta especialmente. La religión siempre ha sido hostil al placer. Al igual que muchas teologías antiguas este triatlón exaltaba el sufrimiento, el sacrificio y la conquista del espíritu». "Repudiation of the flesh was a near constant across faiths, whose fundamentalist strains encourage fasting, flagellation, celibacy and self-denial. During Lent, you renounced something you especially liked. Religion has always been hostile to pleasure. Like many former theologies (this triathlon) elevated suffering, sacrifice and the conquest of the spirit".
En esos grupos los "jóvenes buscan estatus, y los viejos buscaban sentido". Está lleno el libro de ideas como esta, o de crítica de la sociedad aborregada en la que estamos: gente que va por la vida de moda en moda (el deporte, el ozempic, la religión, el que las mujeres vuelvan a ser tradicionales, etc etc) sin darse cuenta de "las grandes fuerzas sociales que se esconden detrás". De un mundo donde la "narrativa" ha sustituido a la "historia".


Corolario
Al final hay una reflexión sobre la Inteligencia Artificial (el libro fue escrito en 2020, cuando no estaba ni de lejos tan presente como ahora): los ordenadores pueden hacer nuestros trabajos, tomar decisiones, escribir... les meterán todos los clásicos y podrán imitar (cosa que a ella le achacaban en su trabajo, "apropiarse de otros acentos") todas las voces y todos los estilos. A su vez, las calles están llenas de gimnasios, y los matados sufren allí para volverse robocops. Sereneta concluye:
"ahora que las máquinas se están convirtiendo en mejores humanos, lo siguiente es que los humanos nos convirtamos en mejores máquinas"
En este divague he seleccionado algunas de sus ideas, pero hay muchas más. Es un libro de ideas, porque la historia -"la narrativa"- realmente no es nada especial. Pero siempre nos ha dado igual que pase mucho en la trama de los libros, lo que queremos es que nos hagan pensar. Y desde luego, con Lionel Shriver -yo, de mayor, quiero ser así de lista- eso está garantizado. Un gran libro que tras mi divague espero corras (ji) a leer, pero si decides lo contrario también me parecerá fenomenal porque recuerda...
¿cuál es el problema de nunca?"






10 abril 2026

"España Oculta", de cómo la lectura nos hace nosotr@s, boicotea a los malos y otros flecos de la Semana de Pasión

 Se me ha hecho tarde: decidí romper el divague de Easter en dos y el mundo va tan rápido que ya nadie se acuerda de esos días; ni siquiera los que estuvieron en Lanzarote (¿por qué todo el mundo ha ido allí estos días?). Yo sin embargo aún me acuerdo de ese puente de cuatro días que al final fue hasta soleado y, como consecuencia, el martes me costó horrores volver a trabajar: un par de noches antes ya soñaba con excels y con FP10s, todos verdes como ambos son. Verde que te quiero. Verde. 

Pero las cuatro cosas que quería contar siguen en mi cabeza -y eso que también está el libro que terminé en un atracón ayer y del que tengo muchas ganas de escribir. 

Cristina García Rodero: "España Oculta"
Escuchar la voz de esta fotógrafa enorme es como escuchar la de una jovencita a la que quieres dar un abrazo. Cada vez que la he oído en entrevistas me ha dado mucha ternura, tanto en la forma como en el fondo. La primera edición de su clásico "España Oculta" salió en 1989 y se convirtió en un libro de culto. Si lo buscabas por internet, alcanzaba precios como £1600. Pero el 2024 ha sido reeditado y ahí lo he comprado yo, claro.




No todas son de penitentes, pero sí que recoge una España rural entre 1974 y 1989, en la que vía sus fiestas y rituales nos recuerda de dónde venimos. Personalmente, quería hacerme con este libro sobre todo para verlo con Mini, porque para ella esto iba a ser (como de hecho ha sido) descubrir otro planeta.  Ya se encuentra con otro país cada vez que vamos por la península de vacaciones -otro país que le gusta-, pero estas fotos hablan de una sociedad pobre, inculta, supersticiosa, gente que tiene miedo a la vez que disfruta mucho. El otro día le dimos una pasada juntas y jugué a mi test diagnóstico de lo que hace buena a una foto: el tiempo que te paras a mirarla. Y Mini, impaciente en casi todo, pasaba las páginas despacio: García Rodero, un triunfo.  Para más, aquí. 

Cómo la lectura nos ha hecho quienes somos [How reading made us]
James Marriott, periodista de The Times, ha escrito un libro que se publicará en junio titulado "The New Dark Ages. The End of Reading and the Dawn of a Post-Literate Society" ["Los nuevos Años Oscuros*. El fin de la lectura y el advenimiento de una sociedad posalfabetizada"] y lo que puede significar eso es tan deprimente. 

(*) La Era/Años Oscuros no es una expresión que se use mucho en castellano -que yo sepa- pero las Dark Ages sí que se usa en inglés, y se refiere a esa época tras la caída del Imperio romano entre el SV y el SX, otros dicen el SXV. 

Marriott acaba de grabar un podcast con la BBC sobre el tema que recomiendo mucho. Es espeluznante lo que se nos viene si dejamos de leer como sociedad. Según Marriott, cada vez lee menos gente [¿pero no proliferaron las librerías en la pandemia?]. Incluso en las universidades, los alumnos no pueden leer clásicos que se consideraban obligatorios y los profesores han tirado la toalla, porque incluso ellos notan que no leen igual. Nos han cambiado el cerebro.

Anécdota [sin la que pueden vivir perfectamente]: yo leo en la cama un ratito por la mañana con el teléfono al lado y por la noche sin él. Ambas lecturas tienen beneficios y problemas: con el teléfono busco palabras que generalmente entiendo pero quiero el matiz o saber cómo se dirían en castellano porque no me salen, o algunas que directamente no entiendo. Por la noche, sin él, sigo adelante sin buscarlas porque sigo entendiendo el texto. Con el teléfono, enriquezco la lectura con "hiperenlaces" (busco localizaciones o lo que surja); sin él, leo como siempre se ha leído. 

"Las pantallas" se lo están comiendo todo. Personalmente [oh dear, disculpas, otra anécdota!], cuando me di cuenta de lo que hacían ciertas redes sociales -las algorítmicas- en mi cabeza, me las quité: nunca tuve Tiktok pero ya he dicho otras veces que Instagram, aquello que empecé para mirar fotos, se ha convertido en Lo Peor. Si alguna vez alguien me envía un enlace a IG, tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no "scrolear" o me quedo 20 minutos. Tiempo que se pasa volando, en el que crees que aprendes cosas importantes, pero que luego te das cuenta de que solo ha hecho "entretenerte". Imagino lo que será esto para los chavales, su cerebro, que está frito ya, como lo está el nuestro. Este tipo de redes sociales están diseñadas con el único objetivo de  secuestrar nuestra atención [recordemos el mantra: "cuando algo es gratis, tú eres el producto"] y con ella nuestro tiempo y por ello las hacen adictivas. El punto final es, como siempre, que compremos algo [sea objeto o "experiencia"] o tenernos adormecidos. 

Volvamos a Marriott [sin esto sí que no pueden vivir]: la lectura fue esencial para crear la democracia y lo será para mantenerlas: los ciudadanos necesitan entender conceptos complejos en profundidad para no dejarse dominar por tiranos. Nos estamos arriesgando a caer en el tribalismo y el caos de las sociedades pre-lectura. En el podcast, Marriott entrevista a Stephen Pinker, el psicólogo y psicolinguista canadiense y he aprendido cosas muy interesantes:

1. La lectura como artilugio de la empatía
Nuestros antepasados llevaban a los niños a la plaza pública a disfrutar espectáculos tipo cómo se evisceraba a reos, o les machacaban los miembros hasta que morían de hemorragia. ¿Qué era diferente en las mentes de esas personas de las nuestras de las que nos separa unos siglos? 

Pinker habla de la segunda mitad del SXVIII, con la Ilustración, en la que algunas de esas costumbres atroces -e.g. formas sádicas de castigo y pena capital, la esclavitud- fueron abolidas. Esta todavía no es la época en la que dejó de haber enorme pobreza -que llegó en la segunda mitad del SXIX con la Revolución Industrial- , así que solo la [relativa] abundancia no puede ser la explicación. Sabemos que la imprenta se inventó en el SXV, pero la tecnología que permitió que el papel y el imprimir fueran más baratos y por tanto accesibles no llegó hasta esa segunda mitad del SXVIII, junto con un incremento de la alfabetización que en algunos países occidentales llegó al 50%. La teoría de Pinker es que es muy plausible que el hecho de que mucha gente comenzó a consumir novelas en esa época tuvo un impacto en su empatía porque, al final, ¿qué es leer sino meterte en la cabeza del otro? La lectura es un "artilugio para la empatía". 

2. La empatía de la lectura vs. la de las imágenes
Y aunque también nos emocionamos con las películas, y puedan funcionar como otro artilugio pro-empatía, nunca te vas a meter en la cabeza del personaje como en un libro que va únicamente de eso. Ves sus comportamientos, no tus pensamientos.

3. Manipular con imágenes es mucho más fácil
Las imágenes nos llegan muy bien, pero si me vieras hablando de todo esto en un video, establecerías un montón de conclusiones sobre mí por mi imagen, la manera cómo me expreso, lo que tengo detrás [elegiría una estantería forrada de libros para hacerte creer que soy intelestuá, claro] y suma y sigue. Aquí, en el blog, únicamente tienes mis ideas. Algunas te tocarán, otras no, con algunas estarás de acuerdo, con otras nada, con las de más allá, parcialmente. Pero hay que hacer un esfuerzo extra para entrar en algo escrito.  Por escrito, tienes que exponer tus argumentos, desarrollar ideas y persuadir al lector de lo que sea. 

Las pantallas son un vehículo perfecto para mostrar tu personalidad. Por eso un influencer carismático puede arrastrar a gente menos sofisticada en poco tiempo; en esos casos ocurre aquello del "culto a la personalidad". Las imágenes son muy poderosas sin falta de profundizar: recordemos el documental de propaganda nazi de Leni Riefenstahl (El triunfo de la voluntad, 1935), críticos dicen que el "mejor de la historia en su género", que hizo seguro mucho más por el nazismo que el "Mein Kampf". 

El medio es el mensaje, como dijo McLuhan y sigue aplicándose hoy en día: el medio da forma a nuestra percepción más que el contenido. Un artículo —o entrada de blog— de 4000 palabras es otra cosa que un video de unos segundos. Y parece que todo está terminando en eso: videos cortos son todo lo que mira la gente en el metro obnubilada. ¿Alguien recuerda la premisa de "Infinite Jest" de DFW? La gente moría sentada frente a la tele viendo un video que no podían dejar. Menudo visionario David. 

Dejar de usar ChatGPT [QuitGPT]
Y ya que estoy con esto del boicot a las redes algorítmicas, dos por el precio de uno, os voy a intentar vender el boicot a ChatGPT. Hay otras IAs, simplemente usa otras. Que sí, que también tendrán sus manos manchadas de sangre, pero por algo hay que empezar y está demostradísimo que las campañas de boicot enfocadas contra una empresa particular tienen un poder increíble.

Todo esto te lo cuenta Rutger Bregman, que ya ha salido varias veces en el divlog en este artículo de The Guardian o en este podcast. Cuatro millones de personas nos hemos unido al boicot. ¿Algunas de las razones? El presidente de OpenAI donó 25m de dólares a la campaña del Boniato que grita "crazy bastards", su compañía está ayudando con las deportaciones de inmigrantes, y mucho más. Deja de usarlo. Ya.

Y, en serio, ya debo dar por finalizado el puente de Easter, por lo que me despido con algunas fotos tomadas en algunos de mis paseos con bici por la city. 

1. Esto es Crystal Palace, un barrio donde pusieron el ídem tras la Expo Universal de 1851, pero que se quemó en 1936 [ya se sabe, el UK y el fuego]. Está en una de las colinas de Londinium y fui la Presidenta de la República [que no Reina] de la Montaña ese día. #hardwork.



2. Esto es Redcross Gardens, unos jardines secretos ya veis cerca de dónde, que descubrí gracias a un libro que le robé a la divaganta R. un día que fui a su casa, titulado "Quiet Londinium". 


3. Y esto es Chumleigh Garden, lo que fueron almhouses del SXIX en las que vivían ancianas solteras. Son delightful y también lo descubrí gracias a mi robo. [R, lo devolveré, pero tengo que recorrerlo casi todo]. Están en pleno Burgess Park que yo no tenía ni idea de las dimensiones de su lago. Ahora sí, me voy, en serio.






05 abril 2026

Londinium: Semana de Pasión y otros lugares comunes sin aparente conexión (Parte I)

Si viajo al Easter -permítanme el anglicismo, Semana Tonta es demasiado largo y tal vez ofensivo dado el actual zeitgeist- del año pasado (mi manera de viajar es darle aquí), estaba exteriormente en una situación similar a la de ahora: sin salir de Londinium porque en unos días Mini empezaba los "mocks" o "exámenes predictivos". Este año, ou mama, es ya "The Real Thing", en mayo comienza los finales, que durarán un mes, así que aquí seguimos. No que nos importe, porque aunque fans de cierto tipo de viaje [cada vez "cierto tipo" se acota más, nos hacemos mayores, disminuye la paciencia], lo  nuestro es viajar desde nuestro sofá. Y pedalearnos la-ciudad-que-nunca-te-terminas. Claro que Dios es de derechas y mala gente, y siempre manda tiempo regulero para que penemos todos la muerte de su Hijo y blabla.

Leo ese divague titulado "Fragmentos en el páramo de Easter", que es una versión de mi género "gazpacho" y constato que es una forma que cuenta con cierta aceptación entre divagantes y extraños y, dando muestra de una empatía con quienes aún magnanimamente pasan por aquí -hay gente que cobra por esto, yo a veces pienso que tendría que pagar-, hoy comenzamos con unas cuantas ideas deslavazadas que ni siquiera tienen la excusa del año pasado, que era homenajear a "Pedro Páramo", el libro que estaba leyendo. 

Cosas del comer
Ya el año pasado hablé de la carencia de mona o huevos de Pascua en esta casa, aunque Easter sea únicamente un festival del chocolate en este país, al que preocupa tan poco Yísus (aunque cómo olvidar aquel año que fuimos a la Isla de Wight y vimos a un penitente haciendo trampas: arrastrando la cruz con rueda!).

Pero el otro finde, de camino a la mani anti-todo [me estoy dejando en lo del activismo, no he hecho divague], pasé por Marchesi, una pastelería italiana fundada en 1824 que solo tiene establecimientos en Milán y aquí, cerca de Berkeley Square. Aquí se puede apreciar -aparte de la maravillosa arquitectura en el reflejo- que los huevos a la venta son "de arte y ensayo", y que, pese a las £1,300 del ala de uno de ellos, están agotadísimos, al menos en la web. Padrin@s, ya sabéis: siempre podéis alegar que no había existencias. 






Los italianos, unos guarros
Disculpas, es el sintagma que me viene a la cabeza de seguido cuando se habla de los habitantes de ese país desde que mi padre explicó que en fútbol, "los italianos son unos guarros".  Es solo metafórico: según Doña Concha de Pélion, los guarros-literal son los franceses. Pero divago. 
 
Quería hablar de los italianos -unos guarros- y su capacidad para el marketing — creo que lo escribí en un comentario: todo lo que tocan lo convierten en oro. Lo último es la "Colomba di Pasqua", de la que nunca oí hasta hace unas semanas en Barcelona, donde me di de bruces con un estante lleno de colombas en un supermercado orgánico a los que me hacen ir los Jekes. 



En Marchesi me las encontré de nuevo, y eso ya me obligó a hacer una búsqueda y resulta que la colomba es la semanatonta equivalente del navideño panettone. Enfurecida, iba ya a hacer una arenga sobre el capitalsmo y la creación de cada vez más mierdas para comprar, pero según dice la www, esto viene de lejos. Parece que ya está también en supermercados estándar. Será tan mazacote como el panetone, cuyo sabor está bien pero no puede competir con la masa del roscón? Nacionalismo de la pattisserie. Maremía como descubra este post Vox, me hacen una oferta. 

Y por terminar con L'Italia, el otro día vi la última de Sorrentino, "La grazia". Nada como "La grande bellezza", pero me sigue encantando Toni Servilo, el actor-gurú del director, y me encanta su uso de la música tecno en una peli de un tema tan sobrio. De repente, sonaban unos acordes de club de esos que has de entrar con gafas de sol, tapones y anfetaminas, y yo quería responder con un "I've got the power!". Supongo que escucharlo sin la peli no tiene el mismo efecto, pero a mí me dan muchas ganas de bailar, algo así como en el final de la actuación de Rosalía en los Brit. Pasen al minuto 2:44, y no cometan el error de saber qué dice la letra [I'll fuck you till you love me"="Te follaré hasta que me quieras": WHAT THE FUCK?, la confusión es máxima, pobres zetas].

Aquí, certezas
Y siguiendo con confusiones, una cosa hay cierta: podrán arrancar las flores pero cada año está aquí la primavera. Londinium in the bloom, Sakura en Londinium. Las fotos son de mis jardines favoritos de la ciudad, que es top secret luego no pondré sus coordenadas en un blog tan viral. La descubrí en mi año de baja maternal con Mini en el que me dediqué a descubrirlo todo armada de un carrito y mapas de papel. Era esa época. 



También era esa época en la que pretender que tienes La Verdad (el Cheeto narcisista llama a su red social "Truth Social") o que lo sabes todo ("Aquí, certezas", eslogan de la campaña del PP en Castilla) hubiera hecho reír mucho.  En nuestro mundo, dinamitado de incertidumbres, aún hay gente con tan poco respeto intelectual por su electorado que pretende que tiene todas las respuestas, todas las certezas. ¿Os imagináis mi cara mientras tecleo esto?




Los actores no envejecen, pero yo tampoco
Voy a recoger mis nuevas gafas y paso por una casa donde vivió un tiempo Jimi Hendrix, y 200 años antes, al lado, George Frédéric Haendel. Os aseguro: no es mala plaza (Brook Street). Los han juntado y puedes visitar ambos en la "HandelHendrixHouse". Hendrix es la de la izquierda, el taxi era por lo de la composición. 


Paso por otra donde vivió Audrey Hepburn, que me recuerda a Katherine (Hepburn, claro), aunque no estuvieran relacionadas. El otro día vi "Suddenly, last summer" ("De repente, el pasado verano", la peli de 1959 de Mankiewicz, basada en una obra de Tennessee Williams en la que Hepburn interpretaba a una rica sureña que hace maldades. Miro su edad en la peli en la internet: 52 años. Me parece mayor que yo, lo cual puede tener un pase, pero también me lo parece Montgomery Cliff y la guapísima Elizabeth Taylor, pese a que tendrían como  30. ¿Qué pasa aquí? Pues que esos actores clásicos o los de mi infancia siempre me van a parecer mayores: iba a decir es curioso, pero no lo debe ser porque al Peda también. Lo es porque no es que ellos no envejezcan en el celuloide, es que los que nos quedamos parados en edad al ver esas películas somos nosotras. 



Demasiadas más ideas sueltas, así que se quede este como el primero de una serie de divagar-proper.  Y en la búsqueda de fotos de huevos de chocolate, flores y placas azules, me han salido al encuentro las de la mani, así que termino con un par. Nota: aunque el tema principal era "en contra de la extrema derecha", fue tan multi-todo que cada uno llevaba su cartel-woke a medida: que si Fuck Trump, pro-Palestina, inmigración, feminismo, Irán, no-a-la-guerra, refugiados bienvenidos, los gays y del género, en contra del fascismo... en particular me enterneció algunos que reciclaron las banderas europeas anti-brexit y los que siguen -seguimos- con el mantra de la Seguridad Social pública.

Una mani un poco gazpacho, como este divague. Vamos a por el otro...




01 abril 2026

"Chéri" de Colette: Cómo me he aburrido

 Colette era su apellido -su nombre completo, Sidonie-Gabrielle Colette- y yo la recordaba como la autora de múltiples citas ingeniosas escritas en mi carpeta de adolescente. Como leo muy poca literatura que no sea en castellano o inglés, al escuchar el podcast de "Grandes infelices" -ya he hablado antes de lo que pienso de ese título y de la deprimente voz del autor- que hablaban de Colette, decidí leerla. 


Como no sabía por dónde empezar, pregunté por ahí y ni siquiera una amiga francesa me supo decir: "no recordaba haberla leído" (esto seguro explica cosas, pero en ese momento no lo vi). Dicen en "Grandes infelices" que son famosas sus novelas de Claudine -aseguran que con ella se inventó el concepto de adolescencia-, o Gigi -de la que Vincent Minelli hizo una peli en 1958 y fue el papel que lanzó a la fama en el musical de Broadway a Audrey Hepburn-, o su "obra maestra" según el narrador del episodio deprimido y mi prólogo, "Chéri".

En mi edición -si no quieres taza, taza y media- no está solo "Chéri" sino también su secuela "El final de Chéri" (atención, spoiler en el título): ambas son novelas de 120 páginas. Me las he visto y deseado para terminar la taza, así que no se pida que dé detalles morbosos sobre el final de Chéri (reto a que alguien quede interesad@ tras este divague, pero para ell@s, sugiero wikipedia). 

Podría ahora contar la vida no precisamente rutinaria de la autora: realmente su idiosincrasia, rebeldía, excentricidad, reto temprano a los roles de género y talante aventurero fueron también parte de la atracción para leerla. Hay una peli de 2018 en la que la interpreta Keira Knightley y aquí se encuentra el tráiler en el que se resume su vida y se dan detalles del abuso de uno de sus maridos que pretendió que él era el autor de su obra durante mucho tiempo (qué raro, esto nunca ha pasado antes) porque "las mujeres no vendían". Luego él sí que vendió los derechos de todos los Claudines por cuatro francos y aún así murió arruinado. Siento no desarrollar, pero tras terminar el libro no me dan ganas de hablar de su azarosa vida ni de hacer una arenga feminista ni de ver la peli. #Pereza. 

Y sin más dilación, la novela, a ver si me aclaráis unas dudas.  Empecemos con la protagonista, una tal Léa, "antigua cortesana" (menos mal que lo dicen en la contraportada) de 48 años - "la edad en la que las mujeres han parado de vivir": pásenme las sales- que  va de flor en flor con jovencitos: ¿quién mantiene su estilo de vida? ¿Aún vive de las rentas del pasado "cortesano"? Ya sé que no es el tema, pero el dinero es poder, por tanto importa de dónde viene. 

Léa se lía (perdonen la rima fácil) con el hijo de una "frenemy" (una amiga-enemiga con la que lleva toda la vida compitiendo) al que ha visto -atención- nacer y crecer. Se llama Chéri, tiene 24 y es guapísimo -rollo ay-que-me-quedo-muerta- y nos queda claro que sus pestañas son muy tupidas. El estudio "Joven desnudo frente al mar" de Flandrin de la portada de mi edición (arriba) me ha ayudado significativamente a seguir adelante.  Chéri me cae mal, o peor: no podría decir mucho de él, aparte de las pestañas y de que me lo imagino como a Louis Garrell en "The dreamers" (2003) [no ahora por esa manía del bigote: no puedo tomarme en serio a los tipos de mi edad o más jóvenes con bigote].

Pero divago, volvamos al agit-prop: personalmente, me daría dentera máxima tener un affair con un chico 30 años menor (con un anciano 30 años mayor, no hay palabras), pero que encima fuera un chaval que he visto nacer... hay que tener estómago: es como comerte un conejito de compañía [tal vez no sea la metáfora, pero como imagen la veo con fuerza]. En fin, entiéndanme: no. Y eso que yo no era refractaria a leer sobre una relación entre una mujer "mayor" y un hombre joven,  dada la prevalencia del caso opuesto, pero los muchos ejemplos de esta relación  como madre-hijo me ha tirado aún más para atrás: Léa lo mece "como al mocoso niño de pecho que no había podido tener" o le reconviene "como malos hábitos como ese, te pasará aquello" o le tiene preparado el Cola-Cao (literal, bueno dicen chocolate caliente). No puedo.

No recuerdo si he escrito en el divlog sobre las relaciones en las que hay mucha diferencia de poder (no solo edad, también de capital económico, social o cultural - por eso estaba interesada en el económico de Léa). Pero seguro que he escrito que me subo por las paredes cuando la gente -generalmente tíos- me hablan de decisión personal, el amor no se elige y cuartetos de cuerda. Dime, si tienes una hija: ¿querrías que a los 22 te venga a casa con un fulano de 45 palos? Justamente he leído estos días un artículo titulado "Amor y sexo con desnivel", que comienza con aquel famoso relato del New Yorker que dio el pistoletazo al #Metoo titulado "Cat person" de que divagamos aquí en profundidad. Esto no es nuevo, pero la novela fue publicada en 1920, así que reconozcámosle esto al menos. 

Aunque Lea sea en general una depredadora, hay un punto en el que se plantea que tal vez "podría hacerle daño" y al final se da cuenta de que este "desnivel" es patológico. Entonces le dice a su amante que vuelva con su mujer, esa sosa chica de su edad, porque "ella sufrirá como una amante, no como una madre confundida, le hablarás como su maestro, no como un gigoló caprichoso".  Hay que leer a los autores en su época y lalala, pero entonces también escribía Virginia Woolf o Vera Brittain. No supero que una mujer tan moderna como ella escriba cosas así:
"Se había preservado de la indiferencia degradante que lleva a las mujeres mayores a dejar el corsé, luego de teñirse el pelo y finalmente de ponerse lingerie"
... tal vez sea su manera de invitarnos a una reflexión sobre el proceso de hacernos mayores, pero en serio: si ni siquiera en la vejez te puedes soltar un poco el corsé y llevar zapatos cómodos, váyase usted por ahí. Hoy en día como ya han tirado la toalla de vendernos más zapatos manolos (por Dior, que los vi el otro día en el escaparate de la tienda del centro, qué instrumentos de tortura de diseño), hoy nos intentan vender gimnasios y pesas por aquello del entrenamiento de fuerza (de ahí, por si alguien se preguntaba, el bodegón inicial): el caso es vender, qué pereza todo.   Justo estoy leyendo ahora un libro que toca el tema envejecer también, así que tendré oportunidad de divagar sobre esto más adelante. Pronto en su quiosco. 

Si fuera una novela que me hubiera tocado, escribiría ahora sobre La Belle Époque y lo de que la obra de Colette es muy sensual, y todo eso. Lo de sensual a mí se me ha escapado, en primer lugar porque hay muy poca narración en la que están juntos, aunque esta descripción me hace perdonarla un poco...
"ella le besó tan fuerte que se retiraron borrachos, vencidos,  sin respiración, temblando como si acabaran de tener una lucha"
Y alguna otra de enamoramiento desesperado, esa cosa que pasa en el cerebro más que en los sentidos propiamente, esas cosas de película que se dicen tras esos besos que te dejan como bajo-las-sustancias:
"Me importa un pepino no ser tu primer amante; lo que quiero es ser el último".
 Y tras estos excesos amorosos -que espero no enreden a nadie, yo avisé-  termino con una de esas frases de Colette que debía tener copiadas en mi carpeta clasificadora cuando era yo una Claudine, una de esas adolescentes de la literatura que tanto nos gustan. Esa es la actitud!:
"Como va a ser necesario vivir de esta manera, empecemos"