2 de junio de 2016

El bloguero depresivo lee "The depressed person" de David Foster Wallace (2)

Así que, en el plan en el que hablábamos el otro día, se pone el bloguero deprimido (o es depresivo, o tal vez debería ser deprimente) a leer el relato que lleva por título "The depressed person" ("La persona deprimida"), en concreto el sexto del libro de relatos de David Foster Wallace (DFW). El bloguero deprimido llega a la conclusión de que con haber mirado el índice lo de "sexto relato" se habría contestado en un nanosegundo.

Lee una página y, de repente, algo que no le había ocurrido en meses, pasa: plink. Necesita un lápiz, quiere subrayar. El bloguero deprimido se extraña y, de entrada, no se lanza del sofá al bote en busca de lápiz: era algo tan arraigado pero que, a su vez, definió su nuevo estado estúpido (el bloguero depresivo está muy cabreado consigo mismo por sentirse así), que le cuesta sacudirse y llegar a la conclusión que, hey, sí, está pasando: se va a levantar-sumo esfuerzo- y va a buscar un lápiz.

Cuando vuelve ya no recuerda la idea que pensaba subrayar, o la anotación que iba a hacer, así que se hunde un poco más en el cómodo pozo de mierda pensando, para qué, era todo una ilusión. Pero empieza desde el principio...

"La persona deprimida estaba sumida en un dolor emocional terrible e imparable, y la imposibilidad de compartirlo o articular este dolor era en sí mismo un componente del dolor y un factor contributivo a su horror esencial. Desesperada de, entonces, describir el dolor emocional o expresar su totalidad a aquellos alrededor de ella, la persona deprimida, en su lugar, describía situaciones, ambas pasadas y presentes que estaban de alguna manera relacionadas con el dolor, con su etiología y su causa".
El bloguero deprimido parpadea. Se queda colgado de la manera cómo escribe Wallace: todo el párrafo, cuyo contenido es terrible, es perfecto. En inglés, reflexiona, aun es más musical: cómo se puede hacer ritmo de algo como una persona sumida en aquel, tan familiar, pozo de mierda?

La persona deprimida, sigue leyendo el bloguero deprimido, lleva mucho tiempo viendo a una terapeuta, que DFW tiene mucho cuidado de no llamar "psicoterapeuta" (therapist vs. psychotherapist) y el bloguero deprimido, que como DFW tiene casi un máster en salud mental, piensa que en el fondo DFW está haciendo trampa porque la terapia que la persona deprimida está recibiendo es, seguro, terapia sicodinámica, esa que asociamos con Woody Allen en un diván en Manhattan y que el bloguero deprimido, deprimentemente, no se puede permitir.

La terapia sicodinámica (o tal vez interpersonal, el bloguero deprimido se da cuenta que, vale, igual él tiene el máster pero DFW tiene desde luego la cátedra) se basa en intentar entender, vía tu transferencia y contratransferencia con la terapeuta (lo que sientes por ella, ella por ti, lo que evoca, representa, y demás) tus problemas de relación, generalmente como siempre remontándonos a la infancia y a unos padres que se divorciaron -en el caso de la persona deprimida, no en el bloguero deprimido- y que le usaron como arma arrojadiza, en particular se vuelve una y otra vez a las facturas de una ortodoncia que se tiraban a la cara.

La terapeuta-esto le hace pensar al bloguero deprimido que tal vez sea otra terapia, pero en todo caso qué morro- usa como intervención principal hacerle activar su Circulo de amistades o "Support System" (sistema de apoyo) a la persona deprimida, al que se supone tiene que llamar a cualquier hora dle día o de la noche, cuando la persona deprimida necesite hablar de lo suyo. Que es continuamente. Nótese, la terapeuta está para esos minutos que la persona deprimida paga, pero ni segundo más. El bloguero deprimido sigue leyendo sobre lo de "ni un segundo más", y al terminar el párrafo con el que llega esta conclusión suelta una carcajada:

"Lo mas problemático en términos de autoestima para la persona deprimida era el hábito de la terapeuta de mirar de vez en cuando muy rápido y casi furtivamente al reloj de pared, de manera que lo que acabó molestando más y más con el tiempo a la persona deprimida no era que la terapeuta mirase al reloj, sino que la terapeuta parecía intentar esconder o disfrazar el hecho de que estaba mirando el reloj".

El bloguero deprimido piensa en las innumerables ocasiones en las que ha mirado un reloj furtivamente: en alguna clase tostón, en alguna película, corriendo en el parque, en alguna conversación. Entonces, no se le ocurría pensar que su interlocutor pudiera darse por aludido ("te aburro"?), porque él vivía en el mundo de la luz. Pero ahora.

El relato está cargado de notas a pie de página (como Infinite Jest), que a veces son más largas que la página, que representan muy bien el pensamiento intercalado típico de un depresivo. El bloguero deprimido se pregunta si podrá sobrellevarlo (ya que la fuente es muy chiquita, y su concentración aun más), pero le interesa, y de repente, se ha acabado la enorme nota y el bloguero depresivo se dice hurrah.

En algún punto se enfada con la terapeuta: en serio que cobra por reforzar la idea de que la persona depresiva ha de llamar a su Sistema de Apoyo para no sentirse sola? Aquí se inicia el ciclo de llamadas de la persona depresiva a gente que no son ya amigos, muchos son conocidos que viven a miles de kms, que tal vez compartieron habitación con ella en la uni un trimestre, pero que aún no han sido "quemados" y que escuchan pacientemente antes de carraspear y decir amablemente que han de colgar, pues han de volver-este es el análisis de la persona deprimida- a sus vidas interesantes, burbujeantes, aventureras.... a sus vidas.

La persona deprimida se siente "patética" molestando así al personal, y aquí sigue un párrafo impagable donde la terapeuta intenta hacerle cambiar este adjetivo por "vulnerable", porque la sensación de la terapeuta es que usando patética, la persona deprimida no implica solo auto-odio, sino también ser una persona dependiente e incluso de alguna manera manipuladora. "Patética" era un mecanismo de defensa para protegerse a sí misma de ser juzgada por la otra persona. La terapeuta tiene cuidado de dejar claro que no está juzgando o criticando el uso de la persona deprimida de la palabra "patética". Meta-meta-meta. Es simplemente genial, piensa el bloguero deprimido, y pienso yo.

Entonces, zas! no pensabais que iba a haber ninguna accion? La terapeuta muere por sobredosis de cafeína y pastillas herbales, "que solo alguien en profunda negación podría haber ignorado su intencionalidad" (suicida, claro). El bloguero depresivo está muriéndose de risa. La persona depresiva tiene que activar (más bien exprimir) su Sistema de Apoyo hasta límites que dejan de manifiesto su narcisismo extremo. El bloguero deprimido ríe en el fondo histéricamente, porque está muy irritado, está entrando en pánico de que esa persona pudiera, al cabo, ser él. Y entonces DFW lo pone en bandeja, nos da permiso para cabrearnos: la propia persona deprimida se da cuenta, en un momento de lucidez en el que su ombligo deja de ser lo más fascinante del planeta, que en realidad le ha dolido más perder a la terapeuta en relación con ella, pero que no le importa un comino que esté viva o muerta. Ha perdido (o nunca la tuvo) ninguna empatía.

El bloguero depresivo, que ha pensado, se ha reído, se ha cabreado, durante el relato, esta con lágrimas en los ojos. No por la terapeuta-que cualquiera en sus cabales que no esté en absoluta negación se dará cuenta de la clara intencionalidad de su sobredosis-, no por la persona deprimida, ni siquiera por él. El bloguero deprimido llora por David Foster Wallace, que durante toda su vida sufrió del zarpazo de la enfermedad mental, que se intentó automedicar con drogas, alcohol y tenis. Por ahí dicen "que nunca escribió de su enfermedad mental". La clarividencia con la que escribe este relato podría ser la de un outsider inteligente y observador; pero saber que acabó quitándose la vida hace que lectores como el bloguero deprimido abracen a su libro y decidan levantar la mirada de su ombligo e ir a abrazar a alguien, que tal vez lo necesite.




15 comentarios:

  1. Lo del terapeuta es tal cual. Yo se lo dije a la mía. Le dije, "esto está muy bien. Es un baño a mi ego. Vengo aquí y durante 45 minutos tú finges que lo que yo te cuento es lo más interesante que te ha pasado en el día y luego me voy y lo finges con otro".

    A mi no me sirvió para nada pero no quiero con esto decir que no le sirva a la gente. Y sí, enseguida te das cuenta de que están mirando el reloj, en mi caso lo tenía escondido detrás de una caja en la mesa que había entre las dos.

    para mi es persona deprimida. Depresivo implica que es alguien con tendencia cuando todos podemos tener una depresión. No sé, en fin, me voy.

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  2. El bloguero deprimido cerró el libro y se levantó para mirarse en el espejo.
    Menudo pozo de mierda occidental en el que estoy. Si este estado lamentable está causado por una sociedad lamentable, tal vez es el momento de pegar un giro copérnico, o se dirá coperniciense ?; me gusta más un giro de tres pares, le da un tono matemático.
    Bajo al coche y rebuscó en la guantera donde guardaba sus viejas cintas cassettes del año de la Polca, o sería más preciso afirmar del año en el que Matusalén se sacó el carnet de conducir ?
    Allí estaba, Carlitos Santana y su increíble guitarra maulladora, o era más adecuado el término maullante ?; no, mejor mauamante, que es más bilabial y sexi.
    Abraxas. Una ópera caribeña firmada por Santana.
    Cargo combustible y puso el volumen alto.
    ...
    Cinco horas después aparcó junto al mar.
    Descendió del coche y pisó la arena.
    Se quitó la camisa y el vaquero, dirigiéndose a la orilla.
    Y allí, mientras sobaba Europa, sintió que el punteo de la guitarra de Carlitos era motivo suficiente para nadar en las aguas de un mar eterno.
    ...
    Al dirigir su cuerpo contra la primera ola fresca, lo vio claro.
    El miedo se quedaba flotando, mientras que su cuerpo y su mente culebreaban como un delfín bajo las aguas.
    Como si bucear fuera algo natural para lo que había sido creado.

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  3. https://m.youtube.com/watch?v=TCAeDIF2svc

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    2. Creo que Paco de Lucía era el abuelo, Carlos Santana el tío caribeño, Raimundo un sobrino amador de las cuerdas y Alejandro Sanz un vecino mío del barrio de Moratalaz, socio de todos.
      Coincido contigo que son la misma persona. Lo que pasa es que lo de la inmortalidad, la resurrección y ls reencarnación nos lo han explicado fatal.
      Y encima, nosotros lo hemos entendido mucho peor.
      ...
      Menos mal que ahí está la música para aclararnos lo que no somos capaces de ver.
      Y eso que lo tenemos delante de nuestras napias.

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  5. De Foster Wallace había leído algo, La chica del pelo raro, y me gustó "el clima" de su escritura, su "mirada" y sentido del humor màs allà de que se intuía la escencia depresiva del escritor, cosa que supe despúes de leerlo. Este otro relato, lo acabo de leer. El dolor emocional de la depresiòn es duro, el lo sabia y lo cuenta muy bien en el relato. Tiene sarcasmo, da risa por momentos, se rìe de si mismo, mecanismos de defensa, pequeños escapes para distenderse de tanto dolor frente a los otros.
    Cierto, mi terapeuta miraba el reloj, pero sin amagues, sin soslayos, el tiempo no es infinito en la terapia, està pautado, no solo por el costo si no por saludable para ambas partes. Muchas veces mi tiempo fue màs allà a pesar del reloj y eso a mì, como paciente, me hizo ver que mi terapeuta tambièn era una persona ademàs de una profesional y de su generosidad. Pero bueno, cada experiencia es segun personas en el mundo. Es un tema que tiene muchas aristas, motivos. consecuencias. Pero de la depresiòn se sale. Paco de Lucìa, Santana, Amador...que grandes que son. Un beso

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  6. Contaba DFW que a veces pasaba por delante de la puerta abierta del dormitorio de sus padres (me gusta la gente que tiene abierta la puerta y solo la cierra para protegerse del ruido exterior) y los veía acostados, cogidos de la mano y releyéndose libros en voz alta el uno al otro; DFW recuerda la relectura del Ulysses de Joyce).

    Unos padres así (matemático él y lingüista ella), tan inocentemente expuestos a las miradas de lo hijos, no parece que puedan estar en el origen de los problemas mentales de David. Nada más escribir esto me digo: ¡Mientes como una perra! Los padres son (o somos) siempre el tejado sobre el que los hijos tiran piedras, por una razón o por la contraria: es una costumbre sana. Y sobre ese tejado las lanzamos como hijos (en mi caso, lo sigo haciendo 56 años después de la muerte del Padre y 42 de la de la Madre).

    Así que pienso que en el caso de David fue la competencia intelectual feroz a la que se sintió obligado. No puede ser casualidad que se doctorara doblemente con dos tesis: una, matemática, sobre el infinito, y la otra en literatura creativa, con La escoba del Sistema, novela en la que me encontré en un excelente grado de “cocinado” de su literatura posterior.

    A los padres no se les puede perdonar ni que sean unos zotes ni que sean unos genios. Quizá, siendo de la escala media (me resisto a usar la palabra “mediocre”) nos salvemos como padres... ¡porque es muy incómodo tener las tejas descabaladas por las pedradas que recibimos!

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  7. Chaval, es cierto que "mis amigos son unos atorrantes que orinan en mitad de las veredas". Es lo que hay y me divierte lo que me divierte.

    Pero si leo un libro, veo una película, escucho música, veo una exposición... por favor, por favor, por favor, que el autor sea un genio.

    Creo que los dos hablamos de lo mismo (¿quizá desde los dos lados del cañón de un fusil?).

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    1. Chavalines, que sois unos chavalines los dos.
      Desde mi atalaya de los trescientos noventa y dos años ( si, sois listos, ésta es mi cuarta reencarnación), intervengo para aclararos, pues os veo a ambos más perdidos que un tímido en una playa nudista.
      En puridad, lo de ser genio no es sino un convencionalismo social. Mi larga vida a través de casi cuatro siglos así me lo hace ver.
      En vuestra primera vida sólo reconoceréis como genios a los que hacen obras geniales. Os comprendo, me pasó lo mismo a mí.
      En la segunda vida, y espero que la disfrutéis tanto como yo lo he hecho, la genialidad se relaciona con la capacidad de influir en la resolución de los problemas irresolubles para cientos de generaciones anteriores. Comprender que no ponga el listado de mis logros por problemas de espacio. Gracias.
      Lo realmente interesante viene en la tercera vida, pues es entonces cuando te centras en plantear las nuevas preguntas que se tardarán en resolver miles de años. Omito mis listados al respecto, por la misma razón anterior. Cuento con vuestra comprensión.
      A mí personalmente me gusta más la cuarta vida. Es que te da igual ocho que ochenta, te pasas el día como un crío chapoteando en los charcos, amando de forma intensa y apasionada, con un desorden que pa qué las prisas y con un desgüeve intenso.
      ...
      Espero que tras esta explicación universal y lúcida os dejéis de mirar ambos por el cañón del fusil.
      Las armas las carga el diablo, jovenzuelos.

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  8. Iba a igualar y ver tus cartas, Driv, pero subo la apuesta 16 libros del siglo XVII.

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    1. Perdona jovenzuelo, te igualo la apuesta y te la subo a una inscripción en árameo, inscrita en un frontispicio de un templo a las orillas del Eúfrates.

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  9. Hora de dejar de hacer apuestas y empezar a enseñar las cartas.

    Un párrafo de Lydia Davis en The New Yorker, acerca de Lucia Berlin:

    “Wait,” begins one story. “Let me explain . . .” It is a voice close to Lucia’s own, though never identical. Her wit and her irony flow through the stories and overflow in her letters, too: “She is taking her medication,” she told me once, in 2002, about a friend, “which makes a big difference! What did people do before Prozac? Beat up horses I guess.

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  10. Muy bien escrito y muy bien contado, Di.
    A mi DFW, por lo poco que lo he leído aquí, me parece un remolino muy interesante que te quiere llevar alegremente al desagüe con él.
    Pero me llama la atención esto de la psicoterapia, igual que a ti.
    Una persona deprimida puede haber llegado a serlo porque nació con esa simpática disposición, algunos neurotransores más vagos de la cuenta y con el tiempo se cocinó un plato bioquímico que la deja paralizada anímicamente en esa depresión.
    También puede haberse deprimido a pesar de tener unos neurotransmisores dignos de admiración, porque a raiz de tantos sucesos de la vida, y tanto planteársela, su deriva mental y vital la llevó por ahí.
    Si la persona deprimida lo está a tope, en plan vamos a enterarnos de lo que es una depresión así como si no hubiera mañana...¿de qué demonios le sirve contarle su vida a sus "personas de apoyo"?.
    No es más importante relajarle la bioquímica al depresivo, de forma que consiga parar su espiral de no importarle nada?.
    Al darle como solución que cuente sus problemas a quien pare un momento para oírle, no le estamos invitando a que se ralle en esos problemas, porque no sabe como salir de su angustia?

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