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28 agosto 2023

"Entretenimiento gratuito a bordo": en ferry a Formentera

Lunes, 28.08.23: Accidentada travesía Dénia-Formentera. Excesos en Eroski en lugar de en Pachá (en la Playa  de Els arenals). 

Como decíamos ayer, dejamos la península con granizo y futuras amenazas de dana, probablemente producto de mi personal "Depresión Aislada en Niveles Altos" (más bien Bajos) durante las siestas como sin-techo y no del cambio climático, rumbo a las Baleares.


El lunes por la "mañana" (qué tarde amanece en la península) nos levantamos a las 5:15 am porque a todo buen cuñado le gusta salir pronto (para asegurarse, había reservado el ferry a las 8:30). "Así aprovechamos el día" (odiamos a la gente que quiere "aprovechar el día"): a las 10:30 ya estaríamos en Formentera, dispuestos a todo. Pequeño detalle: el apartamento no nos lo daban hasta las 3 pm, pero eso qué más da con gente joven y dinámica (y un bebé). 


Amanece en Dénia

Cuando llegamos a Dénia está empezando a amanecer: todo el trayecto fue noche cerrada, como cuando era peque y salíamos a Bellver desde Vetusta (mi padre es otro para el que nunca se sale lo suficientemente temprano). Ya lo decía Freud, sister, nos acabamos casando con nuestros padres (menos yo: siempre llegamos los últimos a todo y el timo de "ver amanecer" desde aquella visualización del cóndor ya no nos lo meten más). En la terminal del ferry nos ponen en hilera, y tengo flashbacks de nuestras vacaciones griegas, saltando de isla a isla (flashbacks dolorosos, qué verano llevan con los fuegos y ahora inundaciones en nuestro amado Pelion). Como compramos los billetes separados, vamos en distinta sala: Mini y yo en butacas "Neptuno" y los Jekes y Roc en butacas "Sirena". Una vez dentro, vemos que son bastante parecidas y quedamos en que pasaremos de una sala a otra, por aquello de "estar todos con todos".


Antes de zarpar abro mi libro: ah, dos horas de lectura, maravilla. Hay mucho jaleo, todo el mundo habla muy alto, risas, ya se sabe: primer día de vacaciones. Mi breve rádar sociológico me indica que mis compas de pasaje son en su mayoría, "gente bien". Nada que ver con los tatuados de playa pensinsular, aquí la gente viste con camisas de plana arremangadas, jersey marinero al cuello, Nautimocs, ellos. Lino blanco, cestas de paja, sandalias de cuña de esparto, ellas. Yo, una vez más, no pertenezco: ni aquí ni entre los tatuados, ya lo decía Cernuda. 

No me fijo en el mar especialmente pero no parece estar muy agitado. Zarpamos, sigo leyendo, Mini a mi derecha mira su teléfono. Sigue el vocerío. Todo en orden pero entonces, oh, Mini apaga su teléfono: qué extraño. ¿Qué es ese ruido a su derecha? Me mira con horror: la mujer a su lado está vomitando. Y más o menos a la vez, se hace el silencio en la sala "Neptuno". Yo también cierro el libro. No sé qué me pasa: no me encuentro muy bien. 
El "entretenimiento gratuito a bordo"
nunca fue tan interactivo

Mini, que se auto-diagnosticó hace tiempo como "emetofóbica" me informa que se va "donde los tíos", así que me quedo sola. Las dos siguientes horas son uno de los peores ratos de los últimos tiempos (se incluye el visionado de esa peli iraní). El único consuelo es que no estoy sola.  Cada vez va todo a peor: se comienzan a oír arcadas generalizadas y los efluvios de ácido hidroclórico vienen por todos los flancos. Pasos torpes por los pasillos de los sufridos empleados de la compania repartiendo "bolsas de mareo" con el eslógan "contra viento y mareos" y le pido una por si acaso.

Tres veces. Necesito dos bolsas. Ahorraré detalles, pero no me divierto. Nadie se divierte. No tengo fuerzas de levantarme a ver la escena, ni para poder reportar aquí luego. En un punto viene Mini, "que qué tal estoy". Ella "ha conseguido no vomitar" pero ha estado a punto. "La tía está como tú y el tío está muy muy blanco" (recordemos, JAL es un lobo de mar con todos los títulos marítimos posibles, pero como dice Fransesc, el que asegura que nunca se marea, miente). Más tarde nos explica que cuando va con Roc de paseo a la cafetería las imágenes son dantescas: los empleados muriendo, las señoras mayores que habían comenzado muy felices desayunando allí están tiradas por el suelo con sus caras metidas en las bolsas. Roc también echa la pota allí mismo y otro desafortunado empleado (no les pagan extra?) con la fregona.  El problema radica, dice a toro pasado Lobo-de-Mar, en que "el viento iba de lado" y ese es el que marea. Yo no entiendo nada porque he viajado bastante ferry (incluyo las 30 horas del Portsmouth-Bilbao) y, aparte del temido Navimag cuando sale a mar abierto en el Golfo de Penas (me dormí con biodramina, porque avisan), nunca me he mareado . El Meltemi griego es famoso pero no es solo que nunca nos hemos mareado, sino que no se observa la "infraeestructura" de repisas para bolsas de mareo que tienen en Balearia. Aquí, no avisan. 

Salimos como podemos y nos hacemos unas fotos ya en tierra firme: parecemos la Pandilla de la Muerte. Eso sí: riéndonos porque la situación de aquel ferry recordaba mucho a aquella escena también de fluidos orgánicos en un crucero de lujo de la ganadora de Cannes de 2022, "Triangle of sadness", la peli de Ruben Östlund. 



Terraza 
Formentera es una isla pequeña: en la imagen de arriba se puede ver que desde el puerto (La Savina) hasta el pueblo donde estamos (Es Caló) hay solo 12 kms [Tranquis: este año como no hay ruta no voy a freír con googlemaps "de aquí a allí"]. Al llegar mientras terminan de limpiar el apartamento (al final nos lo dan antes) nos comemos los bocatas de tortilla de patata y jamón-de-los-dioses que nos había preparado mi madre viendo un mar espectacular al lado de unas rampas para bajar pequeños barquitos de pescadores (Caló de Sant Agustí) -más de esto otro día.

El apartamento está fenomenal, cómo se nota que lo ha reservado Fashion y no yo. Tiene una habitación con una de esas camas más ancha que larga y una mezzanine donde hay dos camitas de niñas buenas para las niñas buenas Mini y moi. Tenemos una terraza ahí en la que me tiraré a ver las estrellas. Abajo está la cocina plan abierto con el salón, que da a otra terraza que se abre al mar donde hacemos la vida. 

Kuñado quiere salir YA pero el resto colapsamos, menudo díá llevamos. Al levantar vamos a una playa que le gusta a Fashion llamada "Es Arenals" (está más o menos a nuestra misma altura, atravesando la isla en transversal). No hay mucha gente pero detrás de ella está... Pachá! (Flashbacks de la Pachá Vetústica de los 80 en la calle Sevilla). Una sucursal en el formato txiringuito de la macrodiscoteca ibicenca. Hay música bastante alta y gente bailando. Cuando JAL se acerca persiguiendo a Roc, el de la puerta le dice "que no se admite que entre gente sin top" (vamos a ver: y con ninio de 15 meses!!!). 

Pero el mayor problema de esta playa son... sí, ellas, de nuevo. Las medusas: hay un montón, son pequenitas, marronáceas, y las traen las olas. Los socorristas nos dicen que "hoy hemos atendido a 30". Se nos quitan las ganas de nadar. El problema no es esta tarde puntual, el problema es mirar hacia un futuro en el que todos nos vamos a tener que replantear las vacaciones, porque desde luego para mí ir a la playa si no me puedo bañar es un no. 

En el Eroski (solo hay un gran supermercado en la isla), los Jekes se encuentran con un compañero de ferry, tal vez la única persona que no se mareó, con el que comparten batallitas. Allí se realiza una compra monumental, que tengo claro no nos dará tiempo a comer en menos de una semana, que es lo que estaremos allí. Pero no puedo quejarme porque les he persuadido que cenar en esa terraza, dado que llevamos bebé, es de lo mejor que podemos hacer... hoy llevamos pizzas. Estamos en una edad en la que los excesos se cometen en Eroski, en lugar de en la calle Sevilla de Vetusta...


Llegando a Els Arenals

Podría parecer una playa sudafriacna

Aquí ya se ve que no: hay gente

Hacia el otro lado (atención al detalle)

JAL compró una de esas cómodas
Quechuas de playa
pero Fashion se la hizo cambiar por esta,
que tiene más estilo

Nadie entiende que una sombrilla "tenga estilo", 
pero esto y más aprenderéis en estos divagues titulados genéricamente
"viajando con Fashion"





27 agosto 2023

Energía negativa en el Levante

Hará cosa de un año se narraron aquí los días de visita familiar a un destino playero del Levante de cuyo nombre no quiero acordarme. El divague se titulaba "Vacaciones playeras: instrucciones de uso" : acabo de leerlo y ya estoy cansada; esos días pasaron muchas cosas. Sin embargo, este año en esa misma visita casi no ocurrió nada, por lo menos los días que estuve allí sola con  mis padres y mi hija, hasta que llegaron Roc y sus padres los Jekes. Espero que se valore que no pase nada no es fácil, hay que currárselo: si una se despista, puede de repente encontrarse enmedio de una cena con los vecinos de arriba, un festival o incluso un supermercado. Pero tranquis, una tiene tablas (aunque al super tuve que ir de sherpa). Y claro, que no pase nada debería ser también un impedimento para escribir sobre esos días, pero esto se llama "divagando" por algo. Ahí vamos.

Medusas, medusas
La única actividad -por llamarla de alguna manera, en realidad me refiero a "salir de los metros cuadrados de la piscina de la comunidad"- de estos días consistía en caminar 200 metros a la playa a las ocho de la mañana a ver peces. Dejar en la orilla las chanclas, las gafas de sol, el sombrero y un pequeño pareo que me ato a la cintura, colocarme las gafas de bucear y nadar hacia dentro. Al rato hay una parte en la que a la roca le sale "un precipicio" y ahí viven un montón de peces. Entonces giro noventa grados y nado en paralelo a la pared, encontrando peces enormes, chiquititos, algunos plateados, otros grupos negros, alguno de múltiples colores. Hay muy poca gente a esta hora y me encanta. 

Pero, oh, uno de los días, descubro una cosa rarísima bastante grande de color rojizo: ¿una bolsa de naranjas con pequeños mejillones dentro? En un nanosegundo, la región alerta de mi cerebro a tope (alarmas, luces rojas): ¿es eso una medusa? Argh! Cuando lo pienso ahora, es cómico, porque me pongo a nadar en la otra dirección como si fuera un tiburón (atención a la situación de "una medusa persiguiéndome"). 

Este es el primer incidente "medusa" y aunque (spoiler alert) este verano no me ha picado ninguna (el año pasado, dos), han sido una amenaza constante. En el pasado no pensaba en medusas cuando me metía al agua y este es uno de los componentes que han contribuido a mi sensación (tan de primer mundo) de "ya no hay donde ir" (bueno, tal vez al Mar del Norte, con sus 14 grados).

Motivaciones para llamar a tu hijo Domingo
Al volver a casa, me hacía fuerte en una hamaca en un rincón de la piscina donde daba la sombra toda la mañana. Ahí estaba el portero -que se llama nada menos que Domingo: por qué?- pasando la manguera, que seguro no entendía nada: esta guiri se planta aquí a las diez a la sombra con su libro. Guiri de la peor clase porque habla castellano perfectamente y aún así lleva sombrero, gafas de sol y cuando entra al edificio parece la mujer invisible. Ah, que no he contado que cuando llegué aún estuve covid + durante unos días, así que había que sumar a la ecuación la mascarilla en interiores. La imagen que me devolvía el espejo del ascensor era dantesca.

Hacia el sur,
empezando a Richard Ford
Mis conversaciones con Domingo eran breves por mi motto  
de la semana "dejadme en paz", pero podrían haber dado para una serie. Domingo (necesito repetir su nombre) debe tener como 40, no es muy alto, juerguista de festivales y habla muy deprisa, como cuando pones los audios a 1.5, tal vez dos (siempre pensé que JAL o Mini lo imitarían bien). Dicen que los ricos hablan despacio porque tienen tanta sensación de privilegio ("entitlement"), que creen que todo el mundo tiene tiempo para escuchar todo lo interesante que tienen que decir. Los pobres, sin embargo, somos más de hablar rápido porque tenemos menos posibilidades en la vida, tenemos que meter nuestro mensaje en el poco hueco que nos queda. Una variante del "no quiero molestar" de Bryce Echenique. Pues bien, Domingo debe ser MUY pobre, aunque su status de whatsapp me revela que, como viene siendo ya una triste moda, posiblemente sea votante de la derecha. Y la razón por la que tengo su teléfono es la están pensado: un día llegaba un paquete y nosequé, pero podría haber sido otra. Un día me pregunta "por el que falta aquí" (aka El Peda) y yo, "que no ha podido venir, que si trabajo, que si fémur roto, que si la tía Sisebuta". Domingo, recogiendo la manguera dictamina: "Pues ya sabes, hay que aprovechar". Y yo, un ja-ja y un "totalmente", sin tener muy claro qué sugiere. Como diría Richard Ford (libro que estoy leyendo), "qué maravilla es el misterio". Todos los males vienen de querer aclarar las cosas. 

Exhibicionismo siestil

Después de comer, cambio de localización porque el sol ha girado y la única zona de sombra es al otro lado, bajo las palmeras. A esa hora tampoco hay nadie porque "la-ola-de-calor". Yo tengo que bajarme porque no me queda otra: no quiero estar en casa con la mascarilla (nota: conseguí no transmitir el covid a nadie, que en un apartamento de dos habitaciones tiene su mérito). Además, mis padres duermen la siesta en la Antártida: todas las persianas abajo, y un frío de esos por los que en invierno pones la calefacción. En fin, que soy una sin-techo a las horas que Salud e Higiene recomienda estar dentro. 

Pero eso sí, ese rato sin nadie -como pronto por la ma ñana- está genial (oh Señor, ¿qué será tener una piscina privada!?): me baño para refrescarme y me quedo frita en la hamaca, donde sueño cosas extrañas (¿bailo con Domingo a ritmo de Juan Manuel Soto en un festival?). Cuando me despierto a veces ya hay gente que me han debido encontrar en posición fetal, tal vez tapada, como si estuviera en mi camita. O sea: las antípodas de los elementos piscineros profesionales que toman vitamina D en decubito supino, tal vez prono, embadurnados de aceite y una cosa para cubrirse los párpados. A mí solo me falta el osito de peluche. Igual domir así en exteriores debería ser delito.

Dinamizadora reluctante
A partir de las cuatro, empiezan a bajar los sospechosos habituales de los que, según mi madre, me he hecho La Jefa (por lo menos desde su ventana). Vamos, que la piscina estaba de luto cuando me fui (mamá, ¿no será porque llovía?). De nuevo tiene mérito porque me he esforzado también en evitar toda relación social tanto 2.0 como vía el éter (luego hablaremos del drama del wifi): nadie más reacio a la dinamización grupal que yo. 

Aún así, imposible no rendirse ante Willy, el holandés que baja con un taca-taca y su mujer. Willy debe tener como 80, vive allí todo el año y no habla castellano. Su inglés nos permite comunicarnos con aguna confusión divertida y mejor así porque algo en su discurso me hace intuir cierto vestigio del discurso de sus políticos tan "frugales". Tiene esa típica cara de todo holandés y es simpatiquísimo: quiere hablar todo el rato pero se da cuenta que tengo un libro entre manos y sospecha que tal vez, no sé, quiera leer. 

Un rato más tarde baja un hombre argelino con su mujer que va en burkini. A esta gente la recuerdo del verano pasado cuando la Pool Police (unas mujeres que imponían la Ley-de-la-piscina) le llamaban la atención por meterse al agua vestida. A mí no me ilusiona que se meta con tanta tela, he de admitirlo, pero no le digo nada. Igual está más sucio el bañador-bermuda-larga de cualquier adolescente que el sayo de esta mujer. 

Su marido -por supuesto, con cómodo bañador occidental- es un pesado integral que la ha tomado con Willy: se sientan a su lado y montan "un corrinche". Un día me encuentro -por falta de planificación- trágicamente enmedio de ellos dos y rápidamente me ofrezco a cambiarme. Willy el pobre no quiere, pero el argelino ya está moviendo hamacas. Ni por la munición para divagues me quedo yo ahí. 

El otro "Viejo de los Alpes"
Luego están "los de arriba", una pareja de profes de secundaria de un lugar de la Mancha (y esto no es cliché, de cuyo nombre no puedo acordarme) que tienen dos hijas de la edad de Mini. Otros que solo quieren hablar y besar: los primeros días, cuando les digo que "tengo catarro" (da cierto palo dar la variante de la que estoy infectada) afirman "da igual, eso son los aires acondicionados". [Nota: la variante covid de agosto era la "Eris" pero he leído que ahora funciona la "Pirola" y no puedo expresar cuánto me gusta este nombre: para los vetústicos tiene grandes connotaciones porque "hacer pirola" es no ir a clase. Con el tiempo aprendí que cada zona de la piel-de-toro tiene su acepción: "borota" (Pamplona), "toros" (Soria), "campana" (viejuno), "pellas" (no sé dónde)]. Con estos vecinos hay que tener particular cuidado porque son muy fiesteros y tienen amigos y siempre están dispuestos a que te unas a sus festejos, restaurantes mexicanos y conciertos de Raphael. Pero "La vieja de los Alpes" se las sabe todas, especialmente avezada en esquivar, con grácil movimiento de cintura, esos avances. 

Necesidades básicas no cubiertas: Wifi
Del verano pasado rescatemos también al "ángel del infierno" argentino. Es otro residente de todo el año y también simpatiquísimo. Tiene una Harley y un día viene todo disfrazado tras su paseo matinal: Che, menos hablar y más invitarme a una vuelta. Le hace gracia que me baje a la piscina con un vaso de plástico donde llevo té frío y mi status de indigente digital. 

Más de esto en
"La pirámide de Maslow, tan actual"
Porque mis padres tiran de datos, luego no han contratado ningún paquete de wifi para hacer más soportable esta distopía. Eso sí, me presentan a su vecina que es una jubilada de Madrid muy estilosa que se pasa todo el día en la playa. Su hijo Néstor, que vive en Tampa, EE.UU., es que el maneja esto de la informática, y le aconseja por teléfono, en riguroso directo, que no nos dé la contrase
ña porque tiene "poca velicidad" contratada: "yo solo lo tengo para ver el tenis". Le agradezco de todas maneras pero no será tan fácil huir: como todos en este edificio, quiere hablar. Me cuenta que va bastante a América a ver a Néstor pero que "volar ya no es como antes, que las azafatas te ayudaban" (entra un flashback de esas azafatas de los 70, todas ex-modelos profesionales, con gorrito y guantes, que asistían a los señoros ejecutivos a reclinar su asiento, y que te traían Bloody Marys a discreción: cierto, those were the days, desde que las clases populares tienen acceso a estas cosas, todo ha decaído, se ñora vecina). También me habla de su Audi deportivo automático "que no sé el número, pero mis hijos dicen que no me pega nada". A Fashion le pregunta cuando llega "en cuántos idiomas hablan a Roc", porque su ex era americano y tal). 

Cuando ya casi he tirado la toalla del Wifi, Domingo me rescata: le pide la contra al café de al lado. Como da el sol casi todo el día en la esquinita a la que llega, solo puedo de vez en cuando, bajar lo que sea contra-reloj, tirarme al agua y volver bajo la palmera. Es la triste vida de la emigrante sin datos. Y pensar que hay gente que paga por una detox digital. 

No a los "days-out"
No se enganien:
esta foto no fue fácil  
Por fin doy negativa en covid y puede venir Roc. En estos días con gente juvenil y dinámica, se me obliga a salir de mi agujero en busca de "playas mejores" (not really), helados de yogur, compras de regalos, compras de tartas y otros horrores. Claro que ninguno tan mayúculo como "el day-out" que se dice en inglés (dudo si traducirlo como excursión, es más bien una "visita turística"). Cuando viajas, aunque vayas independiente, siempre hay esos sitios a los que hay que ir con una "excursión turística". Hasta en el pueblo más remoto de Bolivia o Turquía tienen montado un chiringuito, por no hablar de los "parque naturales" sudafricanos y demás.  Nos sentimos mal porque no podemos ya ser aventureros -de incluso antes de que las azafatas buenorras te llevaran daikiris- á la Paul Bowles, cuando solo viajaabn los ricos y podías ser tú el único en la cascada de ensueño. Porque sí, la visita aquí fue instigada por Mini y al cauce de un río lleno de cataratas de ensueño, pero debido a la masificación fueron más bien cataratas de malsueño. Corolario: si se puede, hay que evitar estos días. Nunca mais. 

Abajo había hordas

Aquí se colaron un par


Finale
Entonar un mea culpa por lo gruñón del divague: creo que no me picaron las medusas porque ellas huían de mí. El último día no hubo tiempo para despedidas porque se puso a granizar y además no solo tocaba empacar para el día siguiente, sino rezar lo que se supiera para que todo entrase en el Mini de los Jekes. Los pobres tuvieron que comprar una caja de esas que se ponen en la baca (aún se llama así?) para acomodar nuestro equipaje y, por supuesto, el de Roc, que me río yo de la Reina de Inglaterra. Al día siguiente había que levantarse de noche para embarcarnos desde Dénia a otro destino Mediterráneo, pero eso lo contaremos mañana, comenzando con un "como decíamos ayer... granizaba". 





19 agosto 2023

"Invierno" de Ali Smith: Una lectura en verano -que no "de verano"

Demasía
Leo mi primer Ali Smith, la escritora escocesa, "Invierno" en lo más alto del verano. No, no es que haga calor y esté en la playa o bajo un ventilador de aspas, pero es agosto. Eso sí, en Londinium, lo cual implica más bien otoño, gris y lluvioso; otoño, tal vez la peor estación. No, no es la peor, esa es invierno: enero es el horror, tal vez febrero. En otoño están las luces de Navidad al fondo como medio esperanza, aunque no sé qué digo: no me gusta la Navidad. Lo que me gusta es la idea de Navidad. El build-up, esas cosas. Luego está la primavera, que es "el nuevo verano" en UK, de igual manera que cualquier edad son "los nuevos 30": es una época feliz de sol y cumpleaños, pero también es cuando nos ponemos malos. You can't win. 

Hoy no tengo tiempo de escribir, pero estoy paralizada en aquello de enfrentarme al día. He leído la prensa demasiado exhaustivamente, y la montaña de cosas por hacer insiste en esperame ahí. Pero anoche terminé "Winter": ¿qué mejor excusa para retrasar loquesea? 

"Winter" es la segunda entrega de la tetralogía de las estaciones de Smith. ¿Por qué elegí empezar por este? No sé: creo que porque, como en mi anterior libro, me atrajo el planteamiento. Cuatro personas en una casa en Cornwall por Navidades. El encerrar a un grupo de gente en un ambiente más o menos opresivo debe ser mi cosa. Que no puedan escapar, que tengan que enfrentarse a ellos mismos, a los fantasmas, a los turnos de ducha. Mi lado sádico. En este caso los cuatro son un hijo, Art, que paga a una chica llamada Lux para que se haga pasar por su novia Charlotte, con la que ha roto y no quiere dar explicaciones. Su madre, una mujer "conforme" que montó un negocio y le fue bien ("a girl clearly headed for Head Girl, and Head office, and then Head of her own bussiness ahead of the pack at a time when girls aren't meant to be ahead or a head of anything" -atención a la belleza de esta frase, relean). Su hermana Iris, una ex-hippie con la que nunca se llevó. Todos en una casa de quince habitaciones en esa zona mágina de esta isla cuando no hay gente - o sea, en días lluviosos y grises de finales de enero, calculo.

Hola, Ali
Me encanta el principio: "God was dead. And romance was dead. Chivalry was dead. Poetry, the novel, painting, they were all dead, and art was dead." Se pasa dos páginas diciendo cosas que están muertas. Todo el primer capítulo. Luego descubres que es Art poniendo en google las palabras con el verbo estar detrás ["God is..."] y la sugerencia del buscador, basada en cosas que la gente ha buscado es "DEAD". Todo el mundo está buscando si esas cosas están muertas. Y sí, los blogs están muertos, eso aparece en la página 48. Art tiene uno llamado "Art in Nature" que su novia (Charlotte, la que le ha dejado) define como "irrelevante, reaccionario, a-político". No hay más preguntas sobre su relación. [Nota: todo es político. No hacer política es político. Lo que comes es político. Lo que viajas. Sobre todo, lo que consumes -o no- es político. Sí, lo que votas o lo que no votas, también. Lo que opinas, lo que callas. To-do.]
-¿Cual es la respuesta a los misterios de la vida?
-La respuesta es una pregunta: ¿el mito de quién eliges comprar?
El Peda me dijo: "aparece una cabeza que habla". No entiendo lo que quiere decir, pero enseguida me la encuentro: la madre de Art ve una cabeza de niño en un ángulo de su visión, y habla. Sí, es un libro surrealista. Luego va a Boots Optician, y yo llego a la conclusión de que es una miodesopsia (lo que se llama una "mosca flotante" de esas que se tienen en el ojo a veces). Es un ejercicio de estilo, le digo al Peda: no hay que ser tan literal.

Smith habla en el libro de Barbara Hepworth-
 en imagen su Trewyn Studio en Cornwall
(un recordatorio para mí misma y algún día hacer un divague)

Es un libro muy político. Ali Smith quiso meter los acontecimientos del momento (fue publicado en 2017) en la serie y aquí, como en "Autumn" es el Brexit.  Su impacto en la psique de este país, y en la de las personas individuales. En esa casa de Corwall hay distintas visiones: la de madre diría yo afectada por la miodesopsia esa (jaja), la de Lux, que es extranjera y llena de sabiduría e ingenio, y la de Iris, que toda su vida ha luchado batallas de izquierdosa entrañable, en este momento está justo de vuelta de Grecia de ayudar a refugiados (precioso el párrafo lleno de ironía en el que le explica a su hermana que no vuelve de Grecia de vacaciones como se cree: "sí, hay allí miles de veraneantes que vienen de Siria, Afganistán, Iraq... para city-breaks"). Recuerdo la isla de Léros, el verano pasado: tal vez en mejor baño del verano, y de fondo los barracones de los refugiados. Qué verguenza. 

Con el libro he aprendido lo que fue el "Greenham Common Women's Peace Camp" (Campamento pacifista de mujeres en Greenham Common), porque Iris participó. En 1981,
Foto de Edward Barber. Una piquete en la base (1982)
 un grupo de 36 personas (en su mayoría mujeres) marchó desde Cardiff hasta la base aérea militar de Greenham en Berkshire (120 millas) para protestar contra la decisión de la OTAN de colocar allí 96 misiles de crucero estadounidenses. Pedían un debate con el gobierno, pero como no ocurrió, acamparon allí durante 20 (20!) años. En diciembre de 1982, 30.000 mujeres rodearon la base haciendo un corro: "Embrace the base"). Me ha encantado leer sobre esto a la vez que me he escandalizado por no haber conocido esta parte de la historia de este país. Cuando me tuve que estudiar la historia de esta isla para aquel maldito examen, entre la Bayeau Tapestry y el Divorced-Beheaded-Died-Divorced-Behaded-Survived de las esposas de Henry VIII, no recuerdo mención de este movimiento civil antimilitarista. Así es la historia, según quienes la cuentan, y así se explican despropósitos como el Brexit.  

Como Trump: el libro termina con aquel infame discurso del hombre-naranja a los scouts cuando les dijo que, gracias a él "se podría volver a decir Merry Christmas otra vez". Fuck Trump, fuck Christmas. Y muchas más alusiones al momento que vivimos (peligrosamente-cliché), como cuando un MP tory ladró a una MP del SNP, o Boris Johnson, todo él (en contraposición con Samuel Johnson: "un hombre interesado en los significados de las palabras vs. un hombre cuyos intereses dejan a las palabras sin significado". Bravo, Ali). O cuando la extrema derecha recaudó fondos para interceptar los barcos que intentaban salvar a los que de otra manera se ahogaban en sus pateras. En serio, ¿qué lleva a alguien a hacer algo así?  Smith está perpleja, y era 2017, que dirá ahora. Y cambio climático: "Cierra los ojos, y estás muerto". Es así, estamos yéndonos a dormir como exploradores en los polos que comenten el error de dormir en la nieve. 

También hay amor romántico, contado super-bonito: cómo todo es perfecto, qué belleza esa lavandería que va con monedas, esa tienda de pollo-grasiento-para-llevar, esa increíblemente bonita acera. Quien lo probó, lo sabe. Y sexo, que no es follar, ni que te follen, ni empotrar, ni "hacer el amor"... es algo para lo que no hay nombre ni palabras, "so good it's frightening". Y amor-odio entre hermanas, que en un punto terminan durmiendo juntas (aquellos "me puedo pasar a tu cama? podemos juntar las camas?: suspiro), con la cabeza de una apoyada en el pecho de la otra.

Y luego están los estudiosos académicos que citan todas las referencias dickensianas ("Canción de Navidad", evidente, con su Scrooge de derechas que os he presentado), y las shakespearianas ("Cymbeline", esta no la sigo pero: "sobre un reino sumido en el caos, la mentira, el poder, la división, con mucho envenenamiento y auto-envenenamiento", vamos, el UK ), y las Woolfianas y las... Yo me quedo con el estilo sorprendente, con el humor, con el activismo, con las preguntas de la "outsider" Lux, con Iris. Con que hubo un día el que la gente protestaba por algo más que ellos mismos, su familia, su terruño: protestaban por todos nosotros, por el futuro.

Leo "Invierno" en verano y todo eso me da frío. 

16 agosto 2023

"El mar, el mar" de Iris Murdoch: Dame sicópatas, dame obsesión, pero no me sirve tu plantilla de Arcadia


 Elegí empezar a leer a Iris Murdoch con "The Sea, The Sea" por su planteamiento: un hombre que se retira del mundanal ruido a una casa aislada frente al mar a escribir. No tenía ni idea de lo que me iba a encontrar, nunca había hablado con nadie de esta autora, de que la dicen tiene mucho de filosófico - o sea, salirse del texto para divagar de lo divino y humano. Ante mí, más de quinientas páginas de un libro que ganó el Booker en 1978, "una de las obras maestras de la literatura inglesa del SXX", dice Rodrigo Fresán (casi nada, eh, Fresán-mi opinión sobre esto luego), en maravillosa edición de Vintage Classics (su primera tuvo a la famosa ola de Kanagawa en portada, pero la mía también me encanta) y que tal vez me resuelva lo que podría ser mi vida dentro de unos años, si sigo los pasos del protagonista. 

Pero: lo he dejado. 

No suelo escribir sobre libros que no me gustan o que no me mueven (para qué), pero en este caso, quiero recordarme a mí misma qué pasó, no vaya a ser que me den tentaciones de retomarlo en el futuro. Una pena, porque empezó TAN bien. Estaba en Donosti, el Cantábrico como fondo perfecto para las futuras fotos de divague, muchos subrayados, anotaciones: esto prometía. Pero, una nube: mi suegra -por fin encuentro a alguien que lo ha leído- dice que a ella el principio muy bien pero "se le hizo difícil terminarlo". Mmm, ¿qué querrá decir? Pasadas las 200, ya en Londinium, empiezo a entender. Le comento mi crisis y dice "pues espera... te quedan 300 páginas". Pienso: "buf". A las 300, el bache se ahonda. Pienso: "me quedan 200". Consulto con el Peda, que es de esos de la religión "no puedo dejar los libros" (freud diagnosticaría "un super-ego atroz"), pero que siempre anima a los demás que lo hagamos ("tú que puedes, aprovecha", mientras me mira resignado desde el otro lado de su "Absalóm absalóm"-que incidentalmente me dice ahora que ha mejorado hacia el final). Insisto en contarle lo que me está cabreando de la trama, el que solo tengo una vida y una montaña por leer:  los sospechosos habituales. Pese a sus bendiciones, sigo un poco más, pero pronto lo dejo. 

Lo intentaré explicar, pero antes de nada, lo primero, el título: ¿no es una preciosidad? "The Sea, The Sea", "El mar, el mar". Y atención a la maravilla en griego:  («¡θάλασσα! ¡θάλασσα!», «¡Thalassa! ¡Thalassa!»), parece que la fuente original es la Anábasis de Jenofonte. "¡El mar, el mar!" fue lo que gritaron, llenos de alegría, los componentes de la Expedición de los Diez Mil cuando, en el 401 a. C. divisaron el Mar Negro desde Trebisonda, lo que equivalía a su salvación. Gracias wiki, que sigue con que la fuente directa es el poema "Le Cimetiére Marin"  de Paul Valéry:
 "La mer, la mer, toujours recommencėe" 
Luego, los temas subyacentes, que todos me interesan: la obsesión (en concreto el amor obsesivo), la idealización, el auto-engaño, la capa con la que nos disfrazamos llamada éxito profesional, entre otros. He leído por ahí que el amor es un tema recurrente en su literatura ("escribía novelas de ideas sobre el amor y ocasionales cartas de amor a las ideas", dice Sarah Churchwell), tal vez porque era muy importante en su vida ("love is to long and to long and to crave somebody else's company"). Poco recuerdo del biopic de Richard Eyre que vi cuando la estrenaron ("Iris", 2001), basada en el libro de su marido John Bayley sobre su vida juntos (Kate Winslet es la joven y Judi Dench la mayor, precipitándose en los brazos del Alzheimer) en el que debe hablar de sus amores. Parece que Iris hacía sexualmente lo que le daba la gana ya cuando conoció a Bayley en la universidad y luego siguió: se la ha descrito como "promiscua" y, pregunta retórica la de las editoras de su correspondencia ("Living on Paper: Letters from Iris Murdoch"): por qué a Iris se la cataloga así  y a Ted Hugues (el poeta, marido de Sylvia Plath) de "nomádico"? Todos sabemos la respuesta. 

Yo no he leído ni he visto "La tempestad" de Shakespeare, que comienza obviamente con una, y el resto de la obra transcurre en una isla donde vive Próspero con su hija Miranda y sus dos sirvientes, el monstruo Caliban (alguien recuerda el "Caliban's dream" de la ceremonia de inauguración de los Olympics aquí en 2012) y el espíritu Ariel, pero sé que los críticos profesionales (los que no se hacen fotos con libro en sus pies) comparan al protagonista Charles Arrowby con "Prospero", el viejo mago renunciando a su vida de poder y magia, en su reino junto al mar. 

Eso es lo que hace Arrowby, uno de los personajes más repelentes que he leído últimamente [pero atención a la maravillosa descripción de cómo ha envejecido su cara de Murdoch: "that faint air of quizzical cynicims which clever elderly people instinctive put on, a final defence (...) his face was full of wary watchful anxiety masquerading as wordly dettachment, as if he were cautiously wearing his wrinkles as a mask"]. Tras una vida como implacable director de teatro en Londinium, decide dejarlo todo atrás, huir de los focos [aunque como le dice un personaje: "el campo es el lugar menos pacífico para vivir. Te podría haber dicho que el lugar más pacífico y recogido del mundo es un piso en Kensington"] a una casa que compra llamada Shruffs End, donde piensa escribir sus memorias. Que deben tener bastante carnaza porque fue uno de esos solteros de oro con muchos líos amorosos (imaginen la intensidad, con actrices de teatro, Shakespeare en su mayoría, de las que cuando describe su acento fuera del escenario aclara, "si se puede decir alguna vez que ella está fuera de un escenario") con las que no se comprometió porque, oh, él seguía enamorado de su sweetheart del instituto, una tal Hartley, que le mandó a freír pimientos cuando él se fue a vivir a la City y no solo eso, en esa época sin internet ni teléfonos móviles (si lo piensas, maravilla) literalmente desapareció, y por mucho que él intentara encontrarla: rien. Así era la vida entonces, no la inventé yo.

Así que en esas estamos en el principio del libro, que me encanta, porque al prota le gusta el agua tanto como a mí, y se baña todos los días en ese Mar del Norte que ya he probado y fukinghell. Murdoch describe el mar de una manera tan bonita, desde la casa y desde el agua (su lucha la mayor parte de los días con las olas para salir, ayudado por cuerdas que se ata a las rocas). La casa no tiene electricidad ni calefacción y él vuelve a un estado tipo Walden, en el que piensa en lo que le rodea, su escritura, y la vida que dejó en Londinium. Cuando digo que yo estaba por testear lo que sería mi reacción a este tipo de movimiento en mi vida, es porque es una idea que frecuentemente me planteo: cual será mi siguiente Gran Cambio, podré decidirlo yo, o me vendrá dado. Si lo primero, vivir en un lugar aislado frente al mar, pero no precisamente en el Mar del Norte, sino uno con otra luz, con otro azul -de hecho, verde-, con otras -pocas- olas, con el fondo claro y transparente [Me río porque el prota dice en un punto: "oh bendito el Mar del Norte, con sus limpias y misericordiosas mareas, no como ese maloliente tirando-a-sopa Mediterráneo!"-qué sabrá]. Y vivir en una casa básica como la suya (no llego al no electricidad, ni siquiera al no-wifi, supongo), no una horterada de nuevos ricos o de viejos ricos me da igual decorada "con gusto", cestas que nunca llevaron nada de las que sale una mantita que nunca abrigó a nadie. Y escribir. 

Porque el prota quiere escribir un blog, en la época en la que estos no existían:
"He considerado escribir un diario, no de cosas que pasan porque no habrá ninguna, sino un registro de pensamientos entremezclados, y observaciones diarias: "mi filosofía", mis "penseés" con un fondo de descripciones simples del tiempo y otros fenómenos naturales". 
En concreto, quiere escribir este blog. :) Más adelnate dice que está escribiendo una novela y que "era cuestión de encontrar la forma, y de alguna manera la historia, mi historia, ha encontrado la forma por mí".


Algunos de estos sueños míos se están viendo amenazados por el maldito verano de calor y fuegos por todos los sitios (igual el Mar de Norte no es tan mala idea, al fin y al cabo), pero también porque tal vez ese sitio en mi cabeza sea una eutopía y no exista.  Pero desde luego, no por lo que le pasa a Arrowby a partir de la página 200, que es cuando decido dejarlo. La trama de Arrowby es despatarrante y a mí no me ha  servido como plantilla para nada: quien vaya buscando respuestas a cómo reacciona alguien a este tipo de giros vitales, aquí no es.

La novela se transforma entonces en un sainete. Pueden buscar las explicaciones que quieran, encontrar "temas subyacentes" a una trama de vodevil, pero eso es lo que a mí se me antoja. Porque todas las amantes de Arrowby vuelven a molestarle y oh, parece que nunca le han olvidado. Él que siempre ha usado a las mujeres desde choferesas hasta maestras, pasando por material sexual, las tiene a todas aún colgadas. Gran descripción de Rosina, una de ellas a la que amó de una manera enloquecida: "sus besos eran de tigresa, tenía el encanto feroz de la chica mala en el cuento de hadas que no se queda con el príncipe, pero que es más interesante que la que lo hace, y tiene las mejores frases también" o "su oscuridad es lo que me hizo amarla"). A otras de una manera soñadora y tranquila, aquellas a las que "el riesgo de que les rompa el corazón no les disuadirá", nunca lo suficiente: él sigue enamorado de alguien que ya no existe: porque obviamente Hartley, su amor de adolescencia, ya no es la misma persona que la Hartely de 60 años. 

Con la que, por cierto, se reencuentra por casualidad. Sí, sí, 40 años buscándola y justo va y ella se ha instalado también en el pueblo cerca de Shruff's End. Qué cosas eh.  A ver: yo por esta y otras casualidades delirantes no he dejado la novela. Lo de la "suspensión de la incredulidad" lo tengo más que asumido en ficción y si así lo decide la autora, sea. Pero es que la obsesión que desarrolla con la pobre Hartley, que pasa millas -aunque está anclada en un matrimonio no feliz pero sí "satisfactorio"-  es al principio molesta y a medida que avanzas directamente irritante. Me recordaba todo el rato a aquel pesadísimo Florentino Ariza de "El amor en los timepos del cólera", o al brasas Jay Gatsby y su continuo "old sport". Pobre Fermina Daza, pobre Daisy Buchanan. Y conste que nada en contra de la obsesión como concepto, como motor vital, como patología: mi libro favorito va del tema, y yo misma lo soy un poco... pero dejemos a las ballenas y a la gente en paz si no están por la labor de obsesionarse con nosotras también. Para las patologías hay Citalopram y CBT. 

Releo el divague en diagonal y al meterle las citas en cursiva tengo un momento de duda (sabía que me iba a ocurrir): con lo bien que escribe, y con lo que me gusta leer sobre sicópatas, gente sin empatía ni remordimientos, narcisistas perdidos -cosa que sin duda es Arrowby-, y con el mar de fondo, en este terrible verano sin fin. Tal vez por eso.  Mal comienzo entre Murdoch y yo, auqnue espero no sacarla de mi vida lectora, y volver a otro de sus libros algún día. Sería una buena venganza, casi justicia poética, hacerlo frente al mar, el mar, el mar...

02 agosto 2023

Más días aquí que allí [Alerta fotos: no, el divlog no ha sido hackeado]

 Cuando se cumplieron 10 años de nuestra llegada a la isla -corría 2007, era predivlog-, recuerdo que envié un email a los amigos que había hecho durante ese tiempo con una imagen de una de esas mujeres vintage que decía: "ha sido lovely, pero ahora tengo que gritar" [Si alguien la quiere ver, también la reciclé en un divague aquí, para celebrar los 14 años]. 

Por esa época el Peda conoció a un mexicano (ahora resulta que era asturiano) que le dijo que había vivido aquí 20 años y añadió la que se ha convertido es una de nuestras frases recurrentes: "Y cómo se pasaron". En ese momento nos hacía mucha gracia (no nos iba a a pasar esto, ya saben) pero ahora, cuando el año pasado se celebró nuestro cuarto de siglo en el Reino Unido, ya no da tanta risa. Por supuesto, olvidé hacer entrada ese día (como olvidé la del divague mil), pero si alguien quiere la de los 24, ahí va. 

La efemérides que se celebra hoy va por ahí, y desde luego yo no habría llegado a ella sola (soy obsesiva, pero hay niveles). El Peda (sí, es él), ya pasó el mojón de "este es el piso en el que más años he vivido de mi vida" (los ingleses, que se cambian tanto, alucinan que llevemos una vida en este y sin intención de mudarnos - a no ser a una isla semi-deshabitada). Luego empezó con lo de "pronto va a ocurrir que llevaremos más tiempo en la isla que en España". Y según sus cálculos, ese día es HOY para mí (para él, que es nueve días menor -jovencitos, a mí-, fue el pasado 24 de julio). Hoy llevo 26 años, un mes y 15 días en la isla. Y cómo se pasaron.

Ayer aún mi infancia, adolescencia y universidad, superaban mi tiempo de veinteañera residente, treintañera de sabático al principio y madre hacia el final, cuarentañera bloguera y cincuentañera juvenilydinámica y en breve autora de renombre. 

Y para celebrar que he cruzado ese rubicón, hoy mi compa de piso y yo nos hemos ido a hacer algo muy inglés: tomar el té a un hotel de esos donde el personal pretende que eres rico y tú quieres aclararles en todo momento que no (recordemos los baños romanos aquellos). Por supuesto en el hotel no había casi nadie, aparte de mujeres con la cara tapada que parece que reservan toda una planta para dejar sus maletas vacías que llena en Harrod's. La crema de manos del baño me la he aplicado hasta en las piernas ("invigorating" con eucalipto, pepermint y lavanda): aún huelo fenomenal. 

Y aquí viene lo del no-hackeo:  tranquis, soy yo, aunque creo que nunca había puesto fotos de comida en el divlog que no fuera sandía (dejemos de lado el momento kombucha). Pero como me consta que alguna foodie me lee, y como en la mesa hay un libro de cocina muy divertido que tengo que comentar, ahí va. 

El libro ("The pleasures of eating well") es de esos de "coffe table" (enormes, tipo aquella editorial Maison Ausseline de la que se divagó aquí) de una tal Christina Ong, que luego descubro es la dueña de la cadena de hoteles y una de las  personas más ricas de Singapur, que será más o menos que decir del mundo mundial (ay, yo debería haber estado en Singapur este verano, pero seguro que no en uno de sus hoteles, let's face it). El libro es de recetas: todo cosas saludables, crudas, "ricas en enzimas" (empiezo a detectar tortazo), "que regulan los niveles de azúcar" (solo miren las últimas fotos) y que "limpian el cuerpo de dentro afuera" (really? cómo en la otra dirección?). Loquesea. 

El "executive chef" es español y sale a explicarnos cada plato con el orden que hay que comerlo. Ah, olvidé decir que como haciendo tiempo ya me he pimplado una copa de champán, todo me parece bien y razonable (hasta lo de "una cocina que combina ciencia moderna con curaciones holísticas" -no invento nada). El pobre executive debe pensar "otra vieja millonaria sonriente más" (pero divagantes: todo burbujas).  Nota: por qué a todos estos sitios pijos les da por la "espiritualidad"? Recordemos al "conserje espiritual" de aquel otro sarao.

Lo primero sacan unas toallas calientes que huelen sospechosamente como la crema que me he aplicado y un tal Andris, húngaro, nos explica cosas. Yo quiero hablar de Budapest (ciudad de spas, cómo disfruté, el pobre asiente) y me dice que hoy en día hace mucho calor: deu meu, es que no hay dónde ir! (mientras llueve intensamente en la calle). Luego saca unas piedras que como tengo hambre confundo con setas, a las que les echa agua del mismo olor, para nosequé de la experiencia. Entretanto, sigo con el estómago vacío y sonrisa injustificada (nota: no soy fan del champán pero de este sí).

Por fin: dos pequeños smoothies que superan en mucho a los del Peda (ahora se explica que Ong tenga un imperio hotelero y él no). Se pueden encontrar las recetas de todo en su libro, y yo a algunas, por ejemplo estas, hasta les he hecho fotos (a quién intento engañar?). Hay que tomar primero el verde (Avocado Crush) y luego en magenta (Blood of the earth), que está riquísimo pese a tener en su receta remolacha que no me gusta (también manzana, apio y jenjibre). 


Esto es el plato principal, que no enumero, porque entonces sí que habría que reportar que una inteligencia superiror me ha reclamado en su planeta. Anotar que he comido todo (menos el pollo, obvio).


Los postres... mmm. Ha sido duro decidir cual mejor. "Fresas de chocolate blanco con hibisco y sandía" pujan con la "tarta de queso de mango y fruta de la pasión". Normalmente tampoco me gusta esta última fruta, pero qué rico: quitémonos el sombrero ante Ong y su "laboratorio", o quizás el champán (Taittinger, no lo había oído en mi vida, así semos el lumpen, pero recomiendo). 



Sin olvidar el té: aj, qué pasada. Dicen que ha estado cuatro horas "brewing" y lleva zumo de limón, miel y jenjibre: pica y todo. 


Y cuando ya crees que estás en una boda gallega, aún sacan unos pequeños dulces más en una de esos objetos que tiene la gente que busca relajarse con arenita y un rastrillo. Aquí la arenita es comestible: el rastrillo no (por probar que no quede: cómo olvidar aquel restaurante etíope donde los manteles eran lo mejor). Yo en este punto no necesito ya relajación ninguna, aunque la idea de más días aquí en la isla que allá en la península me siga dando taquicardias. Jefe:  otra de Taittinger.