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10 junio 2010

Judi en el teatro

El quirófano, ese lugar que la gente imagina como un templo de concentración, paz y silencio únicamente interrumpido por el "blip blip" de algún monitor, es en realidad un cuarto algo más limpio que el resto del hospital donde suena, de fondo, Cadena 100. Al menos en la península. Al menos en el hospital universitario de Vetusta. En el Reino Unido es diferente pero tiene un nombre que no invita en absoluto a la paz: "theatre" (teatro), que viene de aquellos días en los que los cirujanos operaban en una mesa rodeada por un anfiteatro, donde se sentaban los estudiantes (o incluso miembros del público) para ver las operaciones. Para los interesados en la historia de la medicina, en cualquier visita a Londinium no puede faltar el paso por The Old Operating Theatre en Guy's Hospital. Si no podéis esperar, aquí tenéis un viaje virtual. Está muy cerca del famoso London Dungeon, que es una especie de cueva del terror donde, curiosamente, uno de los apartados es el "operating theatre".

Pero divago. He de centrarme: hoy me he sentado al teclado para contar la última entrega de las aventuras de Judi, a la que dejamos esperando una laparoscopia pues nadie lograba identificar porqué le dolía la tripa (podía ser una somatización de niña de siete años para no ir al cole?) y tenía fiebre. Pero enfocar va a ser complicado, y por el Maelstrom cerebral que me acompaña, sospecho que igual me queda un divague todo corrientedeconciencia y monólogointerior, esas cosas experimentales que no entiende ni el autor tras unas horas, y que sólo es digerible y disfrutable si el mismo es irlandés y con sentido del humor. Y lo peor será que si me lanzo a este remolino y aún queda algún incauto lector de esta serie (Diva, Diva, da una señal, tú al menos estás ahí, que por eso se te paga) pensará, errónea e injustamente, que la que firma es una pretenciosa, una snob del teclado (de la pluma, antes era todo más chic), va de Diva (lejos de mí querer suplantar a mi co-, media (sandía) y mitad) o pertenece a los Real Visceralistas.

Pero lo cierto es que ese día Judi lo vivió más como una serie de fotografías en blanco y negro, con alto contraste y continuidad quebrada, que como una película cuyos fotogramas pasteles se deslizan suavemente uno sobre otro, con música de Kitaro de fondo. Fotografías que no se presentan en un amable álbum o powerpoint, sino como diapositivas de las antiguas proyectadas en un cuarto oscuro, donde si hay una música, debe ser los momentos donde enloquece el piano en la Appassionata, casi a ritmo con el clack, clack, clack, cada vez más rápido, del proyector. Fotos algunas quemadas que le obligan a cerrar los ojos por tanta luz, clack, clack, clack, paisajes que le obligan a abrir las pupilas de tan oscuros, clack clack clack.

8:30 am. Pasos, gente que viene y va. El móvil: diversos mensajes. Clack.

El anestesista. De unos 60, pero aún pecoso. Un día debió ser pelirrojo. Sonríe, explica algo, Judi no recuerda. Le cae bien. Clack.

El porteador. Gordo, con barba a lo geek. Arrastran la cama. Judi no recuerda nada del que debía ir en cabeza, ni del pasillo. Clack. Ni del ascensor. Clack.

La sala pre-anestesia. Clack-clack-clack. Hay un niño de unos dos años en una cuna, su padre al lado. Judi rompe a llorar. Dos enfermeras le sonríen y supone tratan de animarla. Clack.

El teatroquirófano. El anestesista vuelve. Judi recuerda disculparse por las lágrimas: "Soy una drama queen" mientras la ayudan a pasar de la cama a la mesa. "Aquí nos gusta siempre un poco de drama", sonríe él. Entonces, el foco. Clackclackclack. "Y ahora, en que termine con ésta (inyección que va metiendo en el dorso de su mano) te deberías dormir". CLACK.

No sé con qué querría haber estado soñando Judi entonces, así que la foto es de donde querría haber estado yo: el Lago Titicaca, desde la Isla de la Luna, lado boliviano, con la Cordillera Real nevada al fondo. Para mí el Titicaca es ese lugar donde verdaderamente sientes estar tocando el cielo, donde los azules hacen palidecer a cualquier otro color, donce quiero llevar a todos los que quiero (Mini, prepárate en unos años). Es mi lugar mágico, es mi "lugar en el mundo" (Aristarain, 1992).


-Judiiiiiiiiii, Judiiiiiiiiiiiiiiii, soy Carlosssssssss, llevas mucho rato dormida, vengaaaaaaa. 

Judi abre los ojos y se encuentra con un enfermero de reanimación filipino en su cara. Gritando. No puede hablar. Pasa de hablar. 

-Judiiiiii, no cierres los ojosssssssss , despiertaaaa

Entonces, la tabla de salvación, una figura amable en medio de ese caos: el anestesista. Qué ha pasado? Qué tenía? 

-Todo ha ido bien, Judi, no te preocupes. Quién lo iba a decir: tenías apendicitis 

-Apendicitissssssss???? 

-Sí, con presentación atípica, había sido envuelta por otros órganos, por eso no se veía con las pruebas de imagen... 

-Pero todo este tiempo??? Se habrá perforado? 

-Me temo que sí... pero está todo controlado. Irá todo bien. 

Everything's gonna be allright. Everything's gonna be allright. Judi se sube en una montaña rusa de emociones mientras se reanuda la proyección de diapositivas. Inmenso cabreo. Desconcierto. Pero al final, alegría: estoy aquí para contarlo. No es una enfermedad crónica. Algún día me reiré de esto. Porque, como dice el dicho, al final, todo estará bien. Y si no está bien, es porque no es el final.

...Y todo está bien. Así que por fín, de esta historia, aquí escribo el final.


09 junio 2010

Ricky Amigos

Nacido en Pau (los) Pirineos franceses, Ricky es español de corazón desde su niñez, cuando sus padres se afincaron en la Costa del sol, en Andalucía. Empieza su carrera como cantante de varios grupos de rock del Sur-Oeste de Francia a finales de los 70 y en 1980 se instala en Paris, donde, tras diferentes experiencias musicales, entre otras con Manu Chao que le acompaña a la guitarra, funda en 1983 el grupo RICKY AMIGOS, creador del Flamenco-rock y de la Rumba n'roll en Europa, muestreando así el camino, a otros grupos como Mano Negra o Les Négresses Vertes.

Desde el primer disco, el éxito es inmediato y la banda hace numerosos programas de televisión y conciertos en Europa. La música de RICKY AMIGOS es una sabrosa y explosiva mezcla de Flamenco, de Rumba gitana y de autentico Rock n‘roll, cantado en castellano y en francés, que transforma cada concierto en una súper Fiesta única.

 Extraído de su web http://rickyamigos.free.fr/


Os dejo con una de sus canciones que más bailé allá por los 80.




Si a pesar de esta canción queréis ver algo más os dejo con otro tema "Loco Loquito"


08 junio 2010

Hey Jude, don't be afraid

Comenzamos esta serie echándole la culpa a Judi , pasamos la primera noche surrealista con ella en el hospital eduardiano y hasta nos metimos con ella en el escáner. Usando excusas baratas del tipo "ha habido un tiroteo y estarán muy ocupados", me arrastró a casa, pero ya entonces la suerte estaba echada: Judi volvía a lucir el conjunto "gown-for-hospital-use-only," (con sus medias blancas antitrombosis a juego) el 27 de abril.

El oráculo (a.k.a. escáner) había por fín hablado, dictaminando: "areas de inflamación en zona pélvica", pero todavía muy inespecíficas. Se barajaban distintas posibilidades, pero nadie sabía. Como la otra vez, la bienvenida al hospital fue un "Nil by mouth" que suele hacer poca gracia cuando has pasado el día anterior soñando con donuts.

Como siempre, la noche del ingreso está llena de anécdotas blogueables (sinceramente Judi, te deberías abrir un blog) que me cuenta a la mañana siguiente. No tengo tiempo ni ganas de bloguear, pero escucho aparentando interés. Y es que Judi ha compartido sala con tres mujeres de armas tomar: a babor, una señora de unos 70 con enfermedad pulmomar obstructiva crónica, que a todos los efectos significa tener el equivalente de un generador de feria taladrando tu trompa de Eustaquio cuatro veces al día. No por su respiración, que también tiene lo suyo, sino por el aparato que la ayuda. Mientras me cuenta esto me traslado a aquella vez que vimos, en el parque, a una familia de picnic con un generador de todos los demonios. En lugar de llevarse la tortilla de patata y el bocata, habían optado por llevarse al parque, es un decir, sopa de cocido, con todos sus anexos: microondas y generador.

Pero divago: la segunda señora, a estribor (en imagen) parece no tener ningún problema a simple vista. La médica que viene a verla nos saca de dudas (hay que ver lo aburrida que es la vida en un hospital, esto supone el momento de máxima emoción matinal): "Así que, Señora Fairland, cuando sintió por primera vez el dolor precordial estaba usted jugando al bingo?" Me encantan los ingleses.

La tercera compañera parece muy mayor y frágil. Casi todo el día lo pasa con las cortinas corridas. Judi se levanta a medianoche con doble objetivo: uno, apagar la luz de la respiración a babor, que le está haciendo un tercer grado. Cuando llega dispuesta a apagar el maldito foco, se encuentra con 35 enchufes y acaba desviándolo (en su cara, hubiera querido) porque a saber de qué interruptor hay que apretar para no apagar el respirador, el oxígeno, el suero, en fín... De paso hacia el baño, Judi oye lo que parece un susurro de cadencia regular que la asusta bastante: bladibladibladibladiblá. El ruido sale de las cortinas de la anciana frágil. La curiosidad mató al gato, pero es que Judi sólo iba al baño, diría ante un tribunal. Bladibladibladibladiblá. Y mira por un resquicio la cortina y, arghhh! es un cura, dándole lo que supone que es la extrema unción!!! Pero qué mal rollo! Judi corre a su cama a esconderse debajo de las sábanas, como cuando era peque.

A la mañana siguiente aparezco yo, con un globo de "Get well" (nooo, es broma) y el nuevo equipo de cirujanos. Hay que admitir que ganan de entrada un montón de puntos tanto para Judi como para mí por el mero detalle de aparecer a las 8:30 am en lugar de a medianoche. Enseguida Judi me pone al día con las jerarquías (que están perfectamente delimitadas en este mundo también). En el pódium con laureles en la cabeza se sitúa el Consultant (un tipo de unos 45, mezcla interesante de negro y oriental, risueño y tranquilizador). En segunda posición, el Registrar avanzado (a punto de terminar su formación y llevar laureles), turco, griego, no sé. En tercera, el Registrar pipiolo, un indio tremendista que se ve en la obligación de detallar todos los posibles diagnósticos infames, y sus posibles terroríficas consecuencias cuando pasa luego él solito. Por debajo, las distintas variantes de juniors. Vamos, un mogollón de personal que escriben, debaten y al final nos echan el jarro de agua fría: mañana, a primera hora, laparoscopia. Dependiendo de lo que encuentren, se procederá.

Se procedequé???? Bramo cuando se van. Judi, siempre tranquilizadora, me explica: primero meten una fibra óptica por el ombligo, ya que no se ha visto en ninguna prueba qué pasa ahí adentro. Según lo que encuentren, pueden operar y entonces... hago como que escucho, pero mi mente está ya en otro sitio. Judi parece como si estuvieramos en una terraza, se come un yogur, y comenta el libro que estoy leyendo. Ella vio la peli, que le gustó. El libro está genial, digo, pero es, pienso, totalmente inadecuado para la ocasión: Fight Club. Existencialismo puro y duro.

Judi se duerme, miro por la ventana: veo una pared de ladrillo del que puso Eduardo VII, una cañería negra, por la que crecen hierbas salvajes, y una ventana que no se ha abierto en décadas. La desolación en tan inmensa que me deleito pensando en las fotos que saldrían en ese rincón infame. Encuentro unas florecillas minúsculas azules entre los hierbajos. Me vuelvo y Judi sigue durmiendo. Pienso que mañana por fín tendremos respuestas, y unas notas musicales me secuestran: Na na na, na na, na na na na... Y creo que esta letra fue escrita para ella...

Hey Jude, don't be afraid
You were made to go out and get her
The minute you let her under your skin
Then you begin to make it better

And anytime you feel the pain, hey Jude, refrain
Don't carry the world upon your shoulders
For well you know that it's a fool who plays it cool
By making his world a little colder






Hey Jude, don't make it bad
Take a sad song and make it better
Remember to let her into your heart
Then you can start to make it better

Hey Jude, don't be afraid
You were made to go out and get her
The minute you let her under your skin
Then you begin to make it better

And anytime you feel the pain, hey Jude, refrain
Don't carry the world upon your shoulders
For well you know that it's a fool who plays it cool
By making his world a little colder

Na na na, na na, na na na na

Hey Jude, don't let me down
You have found her, now go and get her
Remember to let her into your heart
Then you can start to make it better

So let it out and let it in, hey Jude, begin
You're waiting for someone to perform with
And don't you know that it's just you? Hey Jude, you'll do
The movement you need is on your shoulder

Na na na, na na, na na na na, yeah

Hey Jude, don't make it bad
Take a sad song and make it better
Remember to let her under your skin
Then you begin to make it better

Better, better, better, better, better, oh!

07 junio 2010

Diva no, Divísssima

Plan de sábado. Cena con amigotes y otros anexos. Motivo: celebración de 40 cumpleaños de superprima. Prohibida la entrada a menores de 25. Unos 35 comensales. Menú simple: Pan con tomate, jamón, salchichón montañes, tortillas de patata por encargo, longaniza y chorizo a la brasa. Todo ello regado con caldos de la Ribera del Duero, cervecitas y lo que sea menester. Buen rollo. Gente maja. Cena estupenda. Regalos muy chulos. Justo cuando acabábamos de comer se pone a llover. Existe plan B. Todo calculado. Hay un porche donde resguardarnos y continuar con los postres y espirituosos. Procedemos a cambiar los tableros y las sillas. Llegan los postres: tortas y pasteles variados a los que no hacemos mucho caso porque vienen acompañados de botellas de bebercio. ¡Bien! Han comprado limas. ¡Mal! No hay Ginebra. Decido hacerme amiga de un tal Smirnoff que me acompaña toda la noche. Vasos generosos. Mucho hielo. Manolo es un crack. Se ha traído unos altavoces y una mesa de mezclas y ... ¡¡dos micrófonos!!! No me toques las palmas que me conozco... Miro al micro de reojo. No puedo. Lo intento. No voy a resistirme. Suena una canción, me la sé. Esta otra me encanta.... Se me van los ojos. Acabo la copa y voy. Quién tiene vergüenza ni come ni almuerza.  Diva en estado puro. Reina de la fiesta. Gente pidiendo bises y tal. Hasta teloneros tuve. Y coros y coreografía. Divisssima.

Resultado: cuatro cubatas (moderada estuve), cinco de la mañana (buena hora) y afónica. Lo normal.

Lo pasamos genial.

Al regresar al redil, espectacular tormenta eléctrica. No se puede pedir más.


06 junio 2010

Always look on the bright side of life


Esta foto ilustra porqué es vital llevar siempre una cámara encima, vayas donde vayas. La perla qus os incluyo estaba esperando a nuestro amigo B., al que conocimos en medio de la nada boliviana, en algún punto de su país, Colombia. Atención creativos del marketing de la lingerie por estos lares, tomen nota. O los del libro: compre tres libros, y le regalamos un abrelatas.




Y no sé si tiene mucha relación, "vayas donde vayas, lleva cámara" y "hagas lo que hagas ponte bragas" (o lleva un libro, añado), pero el caso es que el otro dia, llevamos ambas a un musical (Spamalot) que está basado en diversas gracias y películas de Monty Python. Y ésta fue su versión del famoso "always look on the bright side of life" (mira siempre el lado soleado/brillante/positivo de la vida) de "La vida de Brian" (Terry Jones, 1979). Es una cancion soleada de fín de semana.




Some things in life are bad
They can really make you mad
Other things just make you swear and curse.
When you're chewing on life's gristle
Don't grumble, give a whistle
And this'll help things turn out for the best...

And...always look on the bright side of life...
Always look on the light side of life...

If life seems jolly rotten
There's something you've forgotten
And that's to laugh and smile and dance and sing.
When you're feeling in the dumps
Don't be silly chumps
Just purse your lips and whistle - that's the thing.

And...always look on the bright side of life...
Always look on the light side of life...

For life is quite absurd
And death's the final word
You must always face the curtain with a bow.
Forget about your sin - give the audience a grin
Enjoy it - it's your last chance anyhow.

So always look on the bright side of death
Just before you draw your terminal breath

Life's a piece of shit
When you look at it
Life's a laugh and death's a joke, it's true.
You'll see it's all a show
Keep 'em laughing as you go
Just remember that the last laugh is on you.

And always look on the bright side of life...
Always look on the right side of life...
(Come on guys, cheer up!)
Always look on the bright side of life...
Always look on the bright side of life...
(Worse things happen at sea, you know.)
Always look on the bright side of life...
(I mean - what have you got to lose?)
(You know, you come from nothing - you're going back to nothing.
What have you lost? Nothing!)
Always look on the right side of life...

04 junio 2010

La primera regla de Fight Club es que no se habla de Fight Club


Comienzo incumpliendo la primera máxima de Fight Club (“El Club de la Lucha”) pero, ¿para qué están las reglas si no es para romperlas? Esta novela saca al pequeño ácrata que alguna vez hubo en ti.

El "Fight Club" de Chuck Palahniuk tal vez no sea el libro a leer cuando estás en medio de una crisis. Crisis de cualquier condición: mental, laboral, física, de futuro, de valores, de sociedad. Fight Club es el libro que te ayudará a "tocar fondo" si aún no has estado en ese oscuro lugar donde se oyen las cosas como con sordina. Pero El Fondo no está carente de ventajas: es el lugar preciso para tomar impulso (en cualquier dirección), y puedes bloguearlo luego.

Yo empecé Fight Club en plena forma y, de repente, la novela fue como una crónica de mi crisis, no-anunciada y terrible. Y no pude seguir leyendo. Pero es tan bueno, me estaba gustando tanto, que lo terminé cuando se empezó a atisbar un embrión de luz al final del túnel. Fight Club es salvaje, inmisericorde, agresivo, cruel, cínico, reflexivo, iconoclasta, ácido, enervante.

Tal vez sea aventurarme el escribir que el libro de Palahniuk es para gente joven. Por supuesto, no hablo del divino tesoro cronológico: hay viejos de 20 años y gente juguetona de 60. No quiero divagar aquí sobre la madurez (hay inmaduros de 40) o el estar dispuesto a irse de copas hasta las mil a los 55 (que es lo que alguna gente entiende por comportarse/ser joven). La juventud es un estado mental que nunca puede tener quien se toma a sí mismo demasiado en serio, y/o que le parece que ahí afuera (casi) todo está bien.

Dice Palahniuk que Fight Club es una "historia de amor". Definitivamente, pero la relación de Marla Singer con el narrador es atípica e interesante: nada que ver con tu chico conoce chica convencional. La relación de Marla con Tyler Durden es tan compleja como la del narrador con Tyler. ¿Un triángulo? No sé. Como dice el narrador en un punto "This isn't about love as in caring. This is about property as in ownership" (“Esto no es amor en el plan me importas. Esto es propiedad en plan eres mío). Con razón el narrador le dice a Tyler en un punto que Marla no necesita un amante, sino un "caseworker", un profesional que trabaje en su caso.

La novela va de vivir salvajemente. Los animales salvajes no se hacen viejos: mueren antes en la refriega. Muy salvajemente: no sólo flirteando con, sino abiertamente en el otro lado. Morir sin cicatrices es un oxímoron pues implica no haber vivido. Las cicatrices pasan a no ser únicamente metafóricas, sino reales. Puñetazos, lejía, lo que quieras.

Y es que el fondo de lo que Palahniuk plantea es que hay una generación perdida de hombres jóvenes que han crecido sin referencia paterna. Los padres ausentes, y estos chavales educados por grupos de mujeres que se han ayudado entre ellas pretendiendo que no importaba. El padre del narrador "inicia una nueva familia en una ciudad diferente cada seis años". "Franquicias" más que familias. Describe a la perfección lo que se han convertido muchas vidas del mundo así llamado desarrollado: tienes una cocina llena de frasquitos con condimentos, pero no hay comida real en la nevera. Tienes un apartamento y unos muebles (Ikea) que antes te pertenecían. Ahora les perteneces a ellos. Y es que si no sabes lo que quieres, acabas con muchas cosas que realmente no quieres. Gente que trabaja en cosas que odia para comprar más cosas que no necesita. Y todo eso pasa factura.

Pero hey, no todo son malas noticias. Porque cuando no tienes nada que perder, tienes un poder inmenso. Evidentemente esto conduce a un anticapitalismo feroz, donde la metáfora es llevada a extremos: Tyler hace jabón con la grasa desechada que roba a las clínicas de liposucción. Jabón que vuelve a vender, a precio de oro, a los ricos gordos que se succionaron la grasa previamente.

Te ríes con Palahniuk - no sabes bien si es risa histérica, pero risa al cabo. A Tyler la música alta le produce estreñimiento. Los boikots antisistema de Tyler en sus trabajos nocturnos de camarero (imaginen, imaginen "The nouvelle cuisine of anarky") o como proyeccionista de cine (infiltrando nanosegundos de pornografía en Mary Poppins). Ah, y además de las ideas, el tío escribe bien: "the front of Bob's shirt was a wet mask of how I looked crying" (tras llorar abrazado a Bob, se entiende).

Luego vino la película, para mí muy buena: me gusta la estética de Fincher. Y los actores, inmensos: ¿quién sería un mejor Tyler Durden que Brad? ¿Quién tiene más cara de decimonónica anémica que Helena Bonham-Carter para dar vida a la fronteriza Marla? Y Edward Norton, el narrador sin nombre.

No sólo me he saltado la primera regla de Fight Club, también la segunda.

Y es que la segunda regla de Fight Club es que no se habla de Fight Club.


03 junio 2010

Judi. Los malos. Iguazú. El donut.

Lo peor de los días en que desaparecí de la blogosfera para estar con Judi a mediados de abril fue la incertidumbre (lo de las noches ya lo he empezado a contar). Ninguna radiografía (ni las hechas con nocturnidad) y ninguna ecografía alevosa mostraba nada. La única que iba a cara descubierta era la sangre: leucocitos y proteína C reactiva elevados. Judi me contaba, flashbacks del Harrison's Principles of Internal Medicine, que ambos son marcadores de inflamación. Inespecifícos, eso sí, como el dolor. Nada concreto: todo parecía tener como último objetivo despistar a los hombres de celeste.

Precisamente por tanta inespecificidad, y porque la sangre se doblegó ante tanto antibiótico en vena, Judi acabó siendo dada de alta sin diagnóstico, pero con una cita para meterse en el donut. No se sabe si usar los donuts como metáfora del TAC (tomografia axial computerizada, o escáner) es apropiado o más bien responde a la imaginación calenturienta, hambrienta, o simplemente asustada de nuestra heroína.

Yo insistí en que no era buena idea irse sin respuestas, pero Judi me acabó convenciendo de que estaría mejor en casa ("there is no place like home"). Ya la empezáis a conocer: casi me canta "El mago de Oz" entera, y luego me intentó despistar (consiguiéndolo) con el debate "todas estas niñas de la literatura o el cine clásico siempre se van de aventuras trepidantes, pero siempre quieren regresar, o al final todo ha sido un sueño". Aquí al lado, sobrevolando Westminster, hace un siglo, la propia Wendy le pide a Peter Pan volver de "Nunca Jamás". A Alicia, Lewis Carroll le deja probar el "País de las Maravillas" por un ratito, y luego... todo ha sido un sueño. Lo mismo que a Dorothy, breve paseo por Oz y luego... "no hay ningún lugar como tu casa". Pero es tan verdad!

Pasados unos días, en los que Judi hizo vida más o menos normal, llegó la cita del escáner. 26 de Abril a las 7 de la tarde, y hacía sol. La escena que nos encontramos al llegar al departamento era de esas del primer Almodóvar. Ay, "la belleza de vivir al filo de la navaja, me encanta Londres" (Judi), "esto dará para bloguear" (Di). Tomamos asiento pretendiendo que es absolutamente normal compartir sala de espera con varios policías armados con metralletas custodiando a un malo. Malo no al uso: sentado en silla de ruedas, luciendo un gown.

(Nota: El gown es uno de los basics o "must have" hospitalarios, la prenda que esta temporada todos debemos tener en nuestro armario. Se trata de una especie de camisón que se ata por detrás, permitiendo soltura de movimientos, y viene en varios colores. Algunos tienen el detalle de llevar escrito "for hospital use only", por si acaso alguien tiene dudas).

Durante la espera, y como preparación para meterse al donut, Judi tiene que beberse Iguazú. Yo tengo una asociación de lo más primaria: los Waterboys. Pero el caso es que el Fisherman's Blues se me pega y permanece como una intrusión no bienvenida el resto de la tarde. Light in my head/ You in my arms.

Judi se va con el técnico radiógrafo que le coge una vía, con cierto chapucerismo: tanto que el tipo murmura "bloody mess" (nunca fue "bloody" mejor usado) mientras busca maneras más o menos dignas de achicar la sangre apasionada, juguetona y de factor Rhesus negativo de mi querida amiga. Su segundo descuido, me cuenta luego Judi, es por omisión. El pobre debía estar nervioso con tanta metralleta y olvida comentar los efectos secundarios del contraste. Judi, ya metida en pleno donut siente alguna sensacion extraña, que ahuyenta con los Waterboys, que le he logrado pasar. Light in my head/ You in my arms.

Al salir, veo a Judi hablar con el técnico. Y es que Judi se cree que por pertenecer a este mundo en el que se creen todos elegidos, la clase médica, va a recibir trato de favor. Alucino: le está pidiendo ver el resultado! Di, discreta, hace como que escruta detalladamente un cuadro medio impresionista. Increíble: el radiógrafo le dice que llama al médico para que le explique. Judi me guiña el ojo. Cuando aparece, veo a Judi debatir con él unos minutos. Yo leo interesadísima un folleto sobre lavado de manos exhaustivo para terminar con las infecciones hospitalarias.

Pero su gozo en un pozo: el médico es junior, no se puede mojar sin supervisión, y su jefe está liadísimo en urgencias con el tiroteo. Miramos de reojo las metralletas y al pobre malo que está bebiendo pozales, esperamos que por castigo. Judi me habla muy deprisa, un tiroteo, un rollo de peli de acción, en cualquier momento explota un helicóptero. Judi, tenemos que ir a urgencias, tienes fiebre. Pero en urgencias no tienen aún el resultado, está lleno de malos heridos. Salimos y, en la puerta de urgencias, mil tocineras, menudo despliegue.

Judi me da una mano y con la otra, para un taxi.

Light in my head
You in my arms


02 junio 2010

Caperucita actualizada

Leyendo a Arturo Pérez Reverte, me encuentro con estas versiones de Caperucita mucho más acordes con los dictámenes de la Ministra de Igual-da, Bibiana Aído. Menos mal que hay gente que se preocupa de estas cosas. Si no, ¡pobres de nosotros!

La versión 2.1 es la que escribe Arturo y la 2.2 es un comentario a la primera. No tienen desperdicio.





Caperucita versión 2.1


 by Arturo Pérez Reverte

Caperucita Roja camina por el bosque, como suele. Va muy contenta, dando saltitos con su cesta al brazo, porque, gracias a que está en paro y es mujer, emigrante rumana sin papeles, magrebí pero tirando a afroamericana de color, musulmana con hiyab, lesbiana y madre soltera, acaban de concederle plaza en un colegio a su hijo. Va a casa de su abuelita, que vive sola desde que su marido, el abuelito, le dio una colleja a Caperucita porque no se bebía el colacao, ésta lo denunció por maltrato infantil, y la Guardia Civil se llevó al viejo al penal de El Puerto de Santa María, donde en espera de juicio paga su culpa sodomizado en las duchas, un día sí y otro no, por robustos albanokosovares. Que también tienen sus necesidades y sus derechos, córcholis. El caso es que Caperucita va por el bosque, como digo, y en éstas aparece el lobo: hirsuto, sobrado, chulo, con una sonrisa machista que le descubre los colmillos superiores. Facha que te rilas: peinado hacia atrás con fijador reluciente y una pegatina de la bandera franquista, la de la gallina, en la correa del reloj. Y le pregunta: «¿Dónde vas, Caperucita?». A lo que ella responde, muy desenvuelta: «Donde me sale del mapa del clítoris», y sigue su camino, impasible. «Vaya corte», comenta el lobo, boquiabierto. Luego decide vengarse y corre a la casa de la abuelita, donde ejerce sobre la anciana una intolerable violencia doméstica de género y génera. O sea, que se la zampa, o deglute. Y encima se fuma un pitillo. El fascista. Cuando llega Caperucita se lo encuentra metido en la cama, con la cofia puesta. «Que sistema dental tan desproporcionado tienes, yaya», le dice. «Qué apéndice nasal tan fuera de lo común.» Etcétera. Entonces el lobo le da las suyas y las de un bombero: la deglute también, y se echa a dormir la siesta. Llegan en ésas un cazador y una cazadora, y cuando el cazador va a pegarle al lobo un plomazo de postas del doce, la cazadora contiene a su compañero. «No irás a ejercer la violencia -dice- contra un animal de la biosfera azul. Y además, con plomo contaminante y antiecológico. Es mejor afearle su conducta.» Se la afean, incluido lo de fumar. Malandrín, etcétera. Entonces el lobo, conmovido, ve la luz, se abre la cremallera que, como es sabido, todos los lobos llevan en la tripa, y libera a Caperucita y a su provecta. Todos ríen y se abrazan, felices. Incluido el lobo, que deja el tabaco, se hace antitaurino y funda la oenegé Lobos y Lobas sin Fronteras, subvencionada por el Instituto de la Mujer. Fin.


Caperucita Versión 2.2

by Fernando FR

Érase una vez una persona joven llamada Caperucita Roja, la cual vivía en los confines de un área natural poblada por especies protegidas —especialmente los Strigidae Estrigiformes o búhos— y plantas raras; alguna de las cuales, probablemente, podría servir como cura alternativa para el cáncer, si alguien se tomara la molestia de estudiarlas.

Caperucita Roja vivía con un donante de alimentos y educación, al cual, a veces, se refería como “madre”; aunque este término no implicara que fuera a valorar más a una persona, por el simple hecho de estar unida a ella mediante un lazo biológico.

Tampoco era su intención denigrar el equiparable valor del cabeza de familia no tradicional, por lo que pedía perdón, si esa había sido la impresión causada.

Un día, su madre le pidió que llevase una cesta, de frutas cultivadas orgánicamente y agua mineral embotellada, a casa de su abuelita.

“Pero madre ¿no piensas que podemos estarle quitando el trabajo a los mensajeros sindicados, que durante años han luchado por el derecho de distribuir paquetes entre las gentes del bosque?”

La madre de Caperucita le aseguró a esta, que ya se había puesto en contacto con el jefe del sindicato y obtenido un formulario para realizar misiones especiales por razones humanitarias, el cual, después de ser debidamente rellenado y enviado de vuelta, obtuvo su correspondiente aprobación.

“Pero madre ¿no consideras que me estas oprimiendo, al pedirme que realice una tarea como esta?”

La madre de Caperucita le hizo notar que era imposible que una mujer oprimiese a otra, por el simple hecho de que todas las mujeres eran seres oprimidos por los hombres y, por tanto, esto no sería posible, hasta el día en que todas alcanzasen la libertad y la igualdad de sexos.

“Pero madre, si es así ¿no sería mejor que mi hermano llevara la cesta? Si partimos de la base de que el es un opresor, no estaría de más que aprendiese lo que significa sentirse oprimido”

La madre de Caperucita le explicó, que su hermano se encontraba participando en una manifestación por los derechos de las aves —en concreto la focha moruna— y, además, portar una cesta no era un estereotipo del trabajo femenino, sino más bien, un acto de afirmación que ayudaría a reafirmar el menoscabado espíritu comunitario.

“¿Pero no será considerado, desde el punto de vista de la abuela, un acto de opresión, al implicar que es un ser enfermo y, por esa razón, incapaz de acometer, independientemente, la realización de sus propias necesidades vitales?”

La madre de Caperucita le hizo notar, que no se podía considerar a la abuela, de forma alguna, una persona enferma o incapacitada, tanto física como mentalmente; y que con esto no quería dar a entender, que cualquiera de esas condiciones pudiera entenderse como inferior o degradante, al ser comparadas al estado que la gente consideraba como saludable.

Finalmente, Caperucita comprendió que no existían más argumentos validos en contra el concepto de llevar una cesta a su abuela, por lo que partió hacia la casa de esta.

Mucha gente pensaba que el bosque era un lugar funesto y peligroso, pero Caperucita había llegado a la conclusión de que estas ideas preconcebidas, eran producto de un miedo irracional, basado en un paradigma cultural, profundamente instalado en una sociedad patriarcal, que consideraba la naturaleza como un conjunto de recursos que debían de ser explotados y, en consecuencia, interpretaba a los depredadores naturales, como intolerable competencia.

Otras personas evitaban el bosque por miedo a ladrones y pervertidos, pero Caperucita Roja consideraba que en una sociedad —realmente— sin clases, cualquier persona marginada debería de sentirse lo suficientemente segura como para atreverse a “salir del bosque” e integrarse y ser aceptada como modelo de un estilo de vida diferenciado, pero igualmente válido.

En el camino a casa de su abuela, Caperucita pasó cerca de un leñador y, más adelante, abandonó la senda, para examinar detenidamente unas sencillas flores.

De repente, se encontró enfrente del lobo, lo cual, ciertamente, la sobrecogió.

Este demandó saber que había en la cesta

Su maestro solía advertirles que nunca debían de hablar con extraños, pero ella rebosaba de confianza en si misma y era capaz de controlar su incipiente sexualidad, por lo que decidió hablar con el lobo.

Le contestó: “Llevo, a mi abuela, algunos saludables tentempiés, como gesto de solidaridad hacia ella”

El lobo dijo: “Sabes, cariño, no es muy seguro, para una niña pequeña, caminar sola a través del bosque

A lo que Caperucita contesto indignada: “Encuentro tu comentario sexista y ofensivo en extremo. No obstante, voy a ignorarlo, al ser el producto de tu status tradicional como desclasado, en la sociedad moderna, que, sin duda, es la causante del estrés que te hace desarrollar una alternativa, aunque, por otra parte, completamente valida, visón del mundo. Y ahora, si me permites, desearía continuar con mi camino”

Caperucita regreso al camino y continuó en dirección a la casa de su abuela.

Precisamente, porque su status antisocial le había liberado de la esclavitud de adherirse a la forma Occidental de pensamiento lineal, el lobo conocía una ruta mas corta a la casa de la abuela.

Rápidamente alcanzó esta y de un bocado se zampó a la persona de edad avanzada, afirmando, por medio e esta acción, su naturaleza depredadora.

A continuación, libre de las rígidas y tradicionales nociones acerca de los roles sexuales, se vistió con el camisón de la mujer de la tercera edad y se introdujo en la cama, a la espera de lo que pudiera venir.

Caperucita entró en la casa y dijo: “Abuela te he traído algunos tentempiés gratuitos a modo de saludo y en consideración a tu rol matriarcal, lleno de sabiduría y buen hacer educacional”

El lobo dijo: “Acércate, pequeña, de modo que pueda verte mejor”

Caperucita dijo sorprendida: “¡Oh, dios mío! que ojos más grandes tienes”

“¿Te habías olvidado de que soy ópticamente incapacitada?”

“¡Y que nariz tan grande! pero finamente formada”

“Naturalmente podría haber hecho que me la arreglaran, lo cual me habría ayudado en mi carrera cinematográfica; pero no soy persona que cede a las presiones y hábitos sociales con facilidad”

“¡Y que dientes tan grandes y afilados!”

El lobo ya no podía aguantar más aquellos perjuicios retrógrados, abundantes entre individuos de diferentes especies, por lo que, como resultado de una apropiada reacción, típica del entorno al que pertenecía, saltó de la cama, agarró a Caperucita y abrió sus fauces; tanto, que esta pudo ver a su abuela, aterrorizada, en el fondo de la barriga.

“¿No estás pasando algo por alto?” Demandó con bravura Caperucita. “Deberías requerir mi permiso, antes de proceder a un nuevo nivel de intimidad”

El lobo se quedó tan sorprendido con esta declaración, que aflojo la presa que ejercía sobre la niña.

Al mismo tiempo, el leñador irrumpió en la casa, blandiendo un hacha.

“Quítale las manos de encima” gritó.

“¿Puede saberse que está Ud. haciendo?” gritó Caperucita. “Si le permito ayudarme, en este momento, estaré mostrando una grave carencia de confianza en mis propias habilidades, lo que me conduciría a una baja auto-estima y empobrecería mi nivel de realización, lo que sin duda influiría en mis futuros exámenes de acceso a la universidad.

“Es tu última oportunidad, hermana ¡Quítale las manos de encima a esa especie protegida! Esto es una operación encubierta de la policía” gritó el leñador. Y al hacer Caperucita un movimiento repentino, este le cortó la cabeza.

“Gracia a dios que llegasteis a tiempo” dijo el lobo. “Esa pequeña y su abuela, me trajeron aquí engañado. Creí que no lo contaba”

“No te creas. Pienso que yo soy, aquí, la victima” dijo el leñador. “He estado controlando mi rabia desde el momento en que vi a esa mocosa arrancando las flores protegidas, hace un rato en el bosque. Y ahora, toda esta estresante y traumática situación. ¿No tendrás una aspirina, por casualidad?”

“Por supuesto que sí” dijo el lobo.

“Gracias”

“Comprendo tu malestar” dijo el lobo, al tiempo que daba unas palmadas en la firme y bien formada espalda del leñador. De repente, se le escapó un eructo. “¿No tendrás algo para la acided?”

01 junio 2010

La extraña primera noche de Judi en el edificio de 1909

Siguiendo con el divague en el que culpábamos de todo a Judi, nos quedamos con mi amiga "controlando" en aquel hospital, y conmigo intentando hacerle los días algo más cortos. Pero las noches... para entender porqué cada noche me la tuvo que contar ella a las mañanas siguientes, hay que conocer ciertas particularidades de los hospitales ingleses, que trataré de resumir hoy. Sin embargo, para comprender lo que en aquellas noches aconteció, tendremos que recurrir a métodos menos convencionales que las diferencias culturales, la razón, o la lógica... 

  El edificio fundado en 1909 por Edward VII 
Quien haya visto "Atonement" (Expiación), la película basada en el libro del mismo tít
ulo de Ian McEwan (recomiendo ambos, es difícil llevar a la pantalla un libro que hable sobre el proceso de la escritura), tal vez pueda hacerse una remota idea de lo que era un hospital británico en la Segunda Guerra Mundial: con sus salas grandes con cortinas separadoras de cada cama (ver los raíles en la foto y detalles abajo), y sus normas: aquí nadie se queda por la noche porque "no tenemos facilities". En líneas generales, y quitando el glamour de los uniformes de las enfermeras, siguen igual. 

 A tenor del susodicho hospital, y aunque esto suponga una ruptura cronológica en la narrativa, pecaré: no puedo resistirme a incluir aquí una conversación que escuchó Judi, días después en la cama de enfrente. La que se acabaría convirtiendo en nuestra heroína, Vera, 96 años, señora encantadora que nos sonreía siempre al menor indicio de contacto visual, sufría una de esas entrevistas para ver si hay signos tempranos de Alhzeimer. Y tres hurras por Vera: 
-Enfermera: ¿En que año estamos, Vera? 
-Vera: 2010 
-E: Muy bien, Vera. ¿Y quién es nuestro Primer Ministro? 
-V: Pues no lo sé, aún no está claro... 
-E: Muy bien Vera, nadie lo sabe (eran esos días de incertidumbre post 6 de mayo). ¿Y dónde estamos? 
-V: En... un edificio 
-E: Bien, Vera, pero ¿en qué clase de edificio? 
-V: Un edificio... grande 
-E: Sí, Vera, muy grande, pero ¿qué tipo de edificio es éste exactamente? 
-V: Emmmmm 
-E: ¿Es un colegio? ¿Es una oficina de correos? 
-V: Emmmmmm... no, es algo... médico.
-E: Muy bien, Vera, un hospital. 

 Bien por Vera la perifrástica: Edward VII puso el primer ladrillo del "edificio grande y médico" en el que nos encontramos, en 1909 y, aunque tiene alas nuevas, tiene otras en las que realmente parece que la enfermera de arriba va a aparecer de un momento a otro a hacerte un "bloodletting" medieval... 

  Las cortinas separadoras o rasssssss a medianoche 
Rasssss es la onomatopeya de una cortina que se corre/descorre, en cualquier sitio. En un hospital inglés, rassssss suele ser malas noticias: el paciente las ha cerrado por algún motivo (dormir, dormir, tal vez soniar?) y alguien las abre con la mayor brusquedad - aunque algunas almas amables dicen "nok nok" (y más onomatopeyas). Y hete aquí que, a eso de la medianoche, cuando Judi está profundamente dormida, esas cortinas se abren cual Teatro Nacional, y una luz le hace un tercer grado. Judi, con dificultad, logra recordar dónde está, quién es y qué hace allí. El siguiente nanosegundo lo pasa identificando a los diez tíos vestidos de celeste (ya no van de verde, ya no es lo que era) alrededor de su cama. Los cirujanos. 

  Los cirujanos, esos seres superiores 
Los cirujanos merecen un capítulo/divague aparte, y no quiero ni exaltarme, ni dedicárselo. Para los no-iniciados, los cirujanos pertenecen a una progenie especial del genérico médicos. Los cirujanos son odiados por los médicos porque "sólo entienden el cuchillo", y ellos, a su vez, desprecian al resto, porque ellos son Dios. 

 La división historica entre médicos y cirujanos está bien documentada. Estos últimos pertenecían al gremio de los barberos en la Edad Media, y tanto afeitaban, como sacaban muelas, como cortaban tripas. Una descripción (patético best seller) se encuentra en "The physician" de Noah Gordon. El caso es que, hasta el día de hoy, los cirujanos no usan el titulo "doctor", sino "mister/mistress/miss". Porque al principio los médicos no los consideraban médicos (dr.), y ahora porque les da cierto aura ir de Míster en un mundo en el que todos, hasta los pobres anatomopatólogos, son doctores. 

Entrevista con el vampiro 
Tras esta anotación al margen, volvamos a la medianoche de Judi, rodeada de cirujanos de distinto nivel (hay que ver todos los múltiples grados de residentes y residentillos que le siguen al cirujano máximo). Máximo debe tener 103 años (tanto tiempo de formación...) y no se ha quitado ni el ridículo gorro de quirófano. Judi piensa, a ver, chato, que si vuelves al quirófano te tendrás que quitar ese pijama, hace mil horas ya no-estéril, por no hablar del gorro, pero qué pintas. Máximo le dispara a Judi a bocajarro: 
-M: ¿Tienes hambre? 
-J: Estooooo (Nota: Judi lleva "Nil by mouth" -sin comer ni beber- desde la mañana, pero repasemos: es medianoche y lleva cuatro horas dormida)... pues ahora... no 
-M: ¿Puedo explorarte la tripa? (los otros escriben como posesos) 
-J: Bien... ouch... ouch... ouch... ouchhh (ay, ay, ayyyyy) 
-M: Bueno, sigan con los antibióticos intravenosos y ahora mismo una radiografía abdominal 
-J: Gracias (¿¿¿¿ahoraaaa???? ¡¡¡Pero si llevo aquí desde el mediodía!!!) 

  El porteador nigerano de Córdoba 
Las 2 a.m. Judi se ha vuelto a dormir, y cuando la despierta un nuevo rasssss se pregunta si la visita de los de celeste ha sido el prólogo de una pesadilla. El que la requiere ahora es el porteador (di-adaptación de la palabra "porter" que me gusta mucho más que la horrible "celador") para bajarla, en silla de ruedas, a rayos. 

 El funcionamiento del edificio de Edward VII está supeditado a este grupo de personal, tan vital como el de los cirujanos. Los susodichos porteadores están increíblemente solicitados, y siempre toca esperarles. Porque aunque Judi pueda caminar al departamento de radiografía, en el mundo institucional que es el hospital, el paciente ha de ir sobre ruedas (y el grado de inclinación del medio de transporte dependerá de cuánto esté uno echando las tripas). En el caso de Judi: 90 grados, luego no está tan mal. Judi me cuenta que, por primera vez, entiende cómo se sienten los bebés en las sillitas de paseo. El porter gira que es un primor, y la muy finolis casi se marea. Cierra los ojos e intenta seguir la conversación: es nigeriano, vivió quince años en Córdoba, donde aún tiene su familia. Habla castellano perfectamente, con acento andaluz, y es que "como en ehpaña no ze vive en ningú zitio". 

 Las 3 a.m. Judi alucina y piensa que seguro que esto es la parte amable del sueño... pero a la vez ... 

I see the bad moon arising 
I see trouble on the way I
 see earthquakes and lightin' 
I see bad times today...

31 mayo 2010

El libro enquistado

Un libro enquistado no se lo deseo a nadie. Es de las cosas más desagradables que te pueden suceder con un libro.

El proceso de enquiste es el siguiente. Eliges un libro por lo que sea: te lo han recomendado, viste alguna crítica, te gusta la portada, leíste algo de su autor y te ha animado a continuar...

Lo abres esperanzada, quieres meterte de lleno en él y volar lejos, visitar estados de ánimo o sumergirte en océanos de pasión, sentir todo aquello que te hace continuar leyendo y leyendo hasta que se acaba y te quedas con esa carita de tonto, contento y con buen sabor de boca. El libro enquistado no hace eso. A veces, como en este caso, el primer capítulo prometía, pero después, salvo algún párrafo inteligente que no puede subrayar por no llevar a mano un lápiz o un bicolor, todo era cuesta arriba. Neuras, aburrimiento, trama sosa, personaje difícil...

Te das cuenta de que se ha enquistado cuando te gana la batalla. Está presente en todos los sitios y en ninguno te apetece leerlo. Se ríe de tí porque postpone otras lecturas que seguro serán mejores y usa tu amor propio como felpudo. Os preguntaréis por qué no lo dejé. No podía. Estaba convencida de que su autora no me defraudaría y de que iba a descubrir algo que hiciera el libro especial. No fue así. Creo que ha sido el libro más viajado de la historia de mi vida. Hubo un tiempo que iba conmigo en mi bolso y me reclamaba su atención cada vez que lo abría. Fue en el AVE dos veces a Barcelona y una a Zaragoza, pero me tentaba mucho más un periódico o mirar por la ventanilla.

El baño es de esos pocos lugares donde una reclama su soledad y la respetan. Así que lo dejé en el baño, por ver si en algún tiempo muerto iba pasando. Creo que en la vida he ido al baño tan rápido.

También lo tuve en la mesilla de noche, acusador, "no me lees, no me lees" me decía antes de irme a dormir. No podía desterrarlo a la estantería. Lo tenía que acabar como fuera para que no me siguiera mirando así, con ese lomo brillante color victoria. Lo veía como ese sapo que te vas a comer tarde o temprano y lo postponía siempre que se daba la ocasión. Yo no podía, no quería, perder el asalto, deseaba leer más libros (pero soy mujer de uno cada vez) así que el otro me día me di un ultimátum y lo acabé. ¡Buf que descanso! Parece que respiro mejor y todo.

No es que tuviera muchas páginas, que va.  Es que no me ha interesado lo más mínimo. Creo que con leer el primer y el último capítulo bastaba. El resto me parece una serie de sinsentidos quitando, como ya he comentado, alguna frase decente:


"Desde que el mundo es mundo, vivir y morir vienen siendo la cara y la cruz de la misma moneda echada al aire, pero si sale cara, es todavía más absurdo. Para mí, si quieren que les diga la verdad, lo raro es vivir".

Carmen Martín Gaite -  "Lo raro es vivir"