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30 octubre 2019

Para siempre recordar

Era Agosto del 98 cuando aterrizamos en nuestro segundo asalto a la Inglaterra Profunda, Derby, tras aquel puerto pesquero decadente en el que habíamos pasado un año. Como en todos los peores lugares, el trabajo ofrecía alojamiento barato y nos puso en la planta baja de una casa de dos plantas; tú vivías en la de arriba, desde hacía un tiempo. La colina del molino de viento. Cuando te conocimos, tuviste que enseñarnos el pasaporte para que creyésemos tu edad. 38 años? Eso era toda una persona mayor para nosotros, que estábamos en la mitad de los 20 y éramos unos indocumentados. Tú, con casi 40 no eras el senior de bigote de mi imaginario-cuarentón, sino "uno de nosotros" ("he's one of us, he's one of us"). Un Dorian Gray de esos con los que todos nos hemos cruzado alguna vez en la vida.

Tenías que pasar por nuestro recibidor para subir a tu piso, y no había ninguna puerta que independizara las dos estancias. Ello implicaba, por ejemplo, que cuando saltaba tu contestador automático, nosotros oíamos tu saludo, icónico, que jugaba con la onomatopeya de tu nombre: "auuuuuuu auuuuu. Soy el lobo. Deja tu mensaje". Y aullidos, regodeándote. También que compartíamos temperatura-ambiente, pero el termostato de la casa estaba al comienzo de la escalera, luego era mi territorio. Tú, como buen alemán, no comprendías mis temperaturas extremas, y como buen alemán, lo solucionaste enseguida. La calefacción, a partir del minuto tres,  sí fue separada. 

Los españoles (o "gente joven" como nos llamabas) supusimos aún más inconveniencias en tu  ordenada vida germánica. En la planta baja había vivido antes que nosotros un chico irlandés carne de takeaway,  nunca tocó la cocina. Cuando llegó nuestro bacon y salchichas, fue un pequeño choque cultural para ti, vegetariano de los piii. Además, el irlandés parece que solo usaba el salón, y te había dejado hacer lo que quisieras con lo que en su día debió ser el dormitorio. Resultado: un pequeño cuarto insonorizado con corcho por todas las paredes, y en el centro, tu batería. Cuando llegamos nosotros, tuviste que sacarla, pero dejamos los corchos, así que solo usábamos ese cuartucho para estrictamente dormir, en un colchón individual de aquellos de hospital recubierto de hule, en el suelo. Como sabes, allí dormimos el Peda y yo durante los seis meses que vivimos contigo en Derby. Lo que es el amor con 25, no nos importó nada apretarnos en ese zulo, ni ducharnos en el baño infame, que ante nuestras quejas por las arañas, encalaron: los ladrillos victorianos cubiertos de blanco-hospital, los grifos de Armitage Shanks, el baño con cadena.

Tú estabas en una fase de "aprendiz de brujo" más avanzada que yo. Yo me preparaba para el primer Gran Examen, y tú, durante aquellos seis meses, aprobaste el segundo Gran Examen, lo que te transformó en una semi-deidad a mis ojos. Recuerdo el día que llegó  tu nota: nos habías dejado una sartén de hierro especial que te había costado un ojo de la cara, que luego resultó que no se podía lavar.  Cuando viniste aquel día y nos habíamos cargado la sartén -obviamente tras lavarla a fondo con fairy-, simplemente te reíste, todo daba igual, tal es siempre la alegría de los aprendices de brujo al pasar esas tontas carreras de obstáculos.

Durante esos meses, llevaste al Peda a Nottingham en coche, donde tú estabas rotando en un trabajo por el que luego pasaría yo un tiempo después, y todo el mundo te recordaría con carinio por tu sentido del humor. Recuerdo contarle a la secretaria que te habías subido al tejado y "quitado la chimenea tú mismo" y ella pensó que era típico. El Peda había empezado un trabajo cutre a ver si se ponía las pilas con el inglés. A la vuelta de Navidad te trajo vino y siempre le recordabas que era de lo mejor que habías bebido. Imagina!

En aquel Noviembre de 1998, nosotros volábamos por primera vez a Nueva York. Tú habías viajado mucho más que nosotros, tenías una vida interesante: habías sido taxista tal vez en Frankurt, tenías un doctorado en neurociencia, habías vivido en Italia (y hablabas, además de inglés y alemán, italiano) y en Nueva York. Recuerdo las pinceladas que nos diste de América, el lugar donde habías visto "cosas como en ningún otro sitio... un mendigo que va por ahí con un carrito de la compra decorado con luces navideñas". Aunque nunca vi al mítico mendigo, esa siempre será para mí una de las imágenes de Nueva York.

Pasados los seis meses, nosotros nos fuimos a Nottingham, y tú encontraste trabajo, de Ultima-fase-de-Aprendiz-de-Brujo en Londinium. Cuántas veces nos decías que teníamos que venir, porque era "maravilloso, cines, teatros,  restaurantes de todo tipo".  El mito de Londinium.  Al final te hicimos caso, y fue verdad, y el primer recuerdo que tengo de mi barrio es desde tu coche: gente corriendo en el parque enfrente del que hoy vivo. 

Cuando en 2004 nosotros terminábamos nuestro viaje a Latinoamérica, tú lo empezaste. En Buenos Aires coincidimos tres semanas, también con el Naufrago Ro. Tú aprendías español en clases particulares, y luego lo refinaste durante el siguiente año, haciendo nuestro mismo viaje, pero en dirección opuesta. A la vuelta, nos trajiste la camiseta de Inca Cola de Perú,  aún la tengo por ahí, y en Panamá te cogiste el dengue, según tú en el hotelucho que te recomendamos.  Pero la última noche nuestra en el viaje aquel iniciático, la pasamos contigo sin dormir en bares extraños bonaerenses. Nos fuimos, qué brutos, al aeropuerto a las 4 am, a emprender un vuelo a Madrid que pasaba antes por Santiago de Chile y Bogotá. 

Ya no volvimos a vivir en la misma ciudad, porque a la vuelta de las Américas tú dejaste Londinium, y tiraste hacia el norte. Pasaron los años, y siempre querías hablar con nosotros en castellano, con aquel acento argentino-alemán tan maravilloso ("má o meno"). Tenías varios amigos españoles, no sé si ellos te regalaron las figuritas del penitente y del guardil que tenías en tu piso en Derby, o bien las habías comprado tú en tu perplejidad cartesiana por nuestro extranio país. Aún así, no podías entender qué hacíamos en el Reino Unido, un lugar que acabaste odiando-te he acabado dando un poco la razón, tras el Brexit. Cuando te volviste al continente, en busca de montañas y pistas de esquí,  me quedé con tu coche, que hoy es mi mini, y sigue siendo un poco tuyo. 

 Tus emails siempre eran un regalo: nos reíamos tanto con tus ocurrencias. A veces se los mandaba al Naufrago Ro o a mi hermana, y todos los adoraban. "Qué país mas paupérrimo, qué lugar más escuálido!", escribiste para describir esta maldita isla. Te dimos el título de Naufrago de Honor. Todo esto te lo conté por teléfono, cuánto nos hacías reír, y que te queríamos. 

Aunque nunca olvidaste el castellano, sé que no leerás esto. Pero eso no me preocupa;  lo que temo es olvidarme yo de estos recuerdos que hoy están tan vivos en mí. Auuuuuuu. Por eso los he escrito, por lo de siempre: un plantarle cara al olvido y a los años y a la costumbre. Para siempre recordarte, aquí dentro, en mi corazón. 

04 octubre 2019

"Mi corazón de traidor" ("My traitor's heart") de Rian Malan: Por favor, no interfiera con nuestros mitos liberales

Creo que nunca antes se me había literalmente caído un libro en la cabeza. Desde luego, no uno de 519 páginas, con todo su peso real- que no es nada en comparación con su peso metafórico, su contenido. Esto ocurrió la noche del sábado 28 de Septiembre. Estaba profundamente dormida y empecé a gritar. Hasta ahí nada inusual, esto ha pasado otras veces, y siempre termina con el Peda sujetándome a los gritos de "Di, Di, una pesadilla, una pesadilla". Pero hoy había algo más, algo físico,: ahí estaba el libro junto a mi almohada. Al apagar la luz, lo había dejado en la estantería detrás de la cama, sobre una pila y, se confirma: la tierra gira. Pasado un rato, tomó vida propia, pero afortunadamente, mi versión es la maravillosa de tapa blanda (tendría traumatismo craneoencefálico con la dura) de Vintage Classics de Random House, con una portada que me he quedado mirando muchas veces al cerrar el libro: un corazón acribillado.

Esa anécdota me va muy bien para comenzar el divague porque "My traitor's heart" (que he visto en castellano han traducido como "Mi corazón de traidor") es un libro que, aunque no se te caiga literalmente en la cabeza, te golpeará, lector: no hay escapatoria. Michael Herr, el corresponsal de guerra dijo "nadie que lo lea podrá nunca olvidarlo". Yo lo terminé hace un par de días y tengo la sensación de que va a ser así.  

Yo llegué a Malan por recomendaciones de una sudafricana (la ex-profe de Mini) y un compa del curro interesado en racismo. Ninguno me engañó: era una "harrowing experience" (me encanta la palabra harrowing; harrow significa "grada", el instrumento para allanar la tierra después de arada: así te deja). Pero en mi afán de lectura de libros que me ayudaran a entender la historia y la realidad del país que iba a visitar, Sudáfrica, decidí "venga, lo que me echen". 

El título completo del libro es "Mi corazón de traidor: un sudafricano explora la locura en su país, su tribu y en sí mismo" y en su mayoría se basa en sus experiencias como reportero (trabajo que, como la medicina, te acerca verdaderamente a la realidad de un país), pero antes de nada nos da un paseo por su historia familiar, que sitúa el libro y el porqué de su "traición". 

Malan nació en Johannesburgo en 1954 y comienza el libro diciéndonos que su apellido lleva en Sudáfrica desde que el primer Malan, un hugonote que huyó a Holanda de la Francia de Luís XIV para evitar la muerte por su fe protestante. Los holandeses lo pusieron en un barco en 1688 y lo mandaron al continente oscuro, a la "ruda colonia holandesa" de la Península del Cabo. La poderosa "Compañía holandesa de las indias orientales" (The Dutch East India Company) tenía aquí una base importante, donde los barcos que venían de Holanda paraban para repostar en su camino hacia la India donde iban a por especias y demás. Poco a poco, los holandeses fueron expulsando a los africanos que allí vivían, los hotentotes, hacia el interior, lo mismo que a los elefantes y a los leones.  Hacia ese mítico interior también tuvo que huir uno de sus antepasados que se enamoró de una criada negra: escándalo. Este era un hombre, se supone, no extremadamente racista, pero tras años viviendo en "lo salvaje", volvió hecho un supremacista blanco, de esos que ahora otra vez tristemente abundan. Algo le había hecho la "Africa profunda", que lo transformó en aquello.

Esa zona que yo he llamado "lo salvaje" en aquella época no estaba ni en los mapas (hic sunt dracones, otra vez) y en ella nadie sabía quién vivían, aparte de bestias terribles, indígenas y algunos blancos "de la frontera", que se vestían con pieles, y su regla era la del Viejo Testamento y la pistola.  Muchos eran analfabetos y su holandés estaba degenerando en un dialecto que luego sería el Afrikaans. Habían hecho de los totenhotes que no habían matado sus sirvientes. Eran los rubios de ojos azules descendientes de holandeses, los Boers. En 1779 empezó una guerra con los Xhosa, los negros indígenas, desarmados pero para qué si tenían brujería-obviamente fueron machacados. Y así empezó una guerra entre blancos y negros en Sudáfrica, que según Rian Malan, sigue hasta el día de hoy.  

Es importante contextualizar: en es época comenzaba la democracia en los EE.UU. y en Francia la Revolución Francesa y la Ilustración. En contraste, en Sudáfrica, estos descendientes de europeos, los Boers, decidieron apostar por la oscuridad.  Se llamaron incluso a sí mismo "Doppers", que quiere decir ese capuchón de hierro que se usaba para extinguir las velas. Para ellos, Rousseau & company eran una amenaza: ellos seguían siguiendo el ojo por ojo, y sobre todo, creyendo que los negros eran como animales, y como a tal había que tratarlos. 

Aquí es donde se encontraron con los británicos que, alucinemos, fueron aquí "los buenos" de la película. O mejor dicho, los menos malos, porque fue aquí donde se inventaron los campos de concentración, donde ponían a mujeres y niños boers: sí, los inventaron los ingleses y luego, como todo, los "perfeccionaron" los alemanes. Pero a mi isla de adopción parece que las burradas de los boers con los negros les parecían "inappropriate" y así se comenzó otra guerra sangrienta entre boers e ingleses, que estos últimos ganaron.  Otro de los antepasados del autor, Daniel Francois Malan con su Afrikaner National Party llegó al poder en 1948 con la promesa de dar una patada a los ingleses y solucionar el "tema de los nativos". La "solución" fue apartheid, y el resto... ya se sabe. 

Rian Malan es guapo
He incluido toda esta parte de la historia porque es fundamental para entender  lo que pasa hoy en Sudáfrica, y el germen de que a mitad del SXX se inventara esa atrocidad, el apartheid, que se basaba en la mentira "separados, pero iguales". Malan nos cuenta cómo en su casa, los criados (negros, por supuesto) no podían beber en los mismos vasos que los blancos, y cómo les hablaban con un inglés tipo Tarzán (pidgin). El padre de Malan era un Afrikaner (boer) y su madre era inglesa. El creció en un barrio del norte de Johannesburgo donde la mayoría de la gente eran blancos liberales, que hablaban inglés (vs. Afrikaner), y estaban en contra del apartheid,  pero eran tan pocos que no importaban al gobierno. Malan terminó siendo un joven con pelo largo, de izquierdas, y que fumaba maría.  Y que sin pasar por la uni, se puso a escribir informes de crónica negra para un periódico. Ahí es donde ve toda la miseria que nos cuenta en el libro, y su propia ambivalencia. En un punto, harto, asqueado, se va a EE.UU., donde vive 8 años. Sin embargo, vuelve, para escribir este libro. Piensa que hay una lápida bajo la que no quiere estar en Los Angeles que diga "Huyó". Además, tal vez moriría de aburrimiento: en Sudáfrica se vive en el límite.

De las historias que cuenta Malan en el libro, hay varias que me gustaría repetir aquí para que no se me olvidaran. Todas comparten un tema: intentar instalar la duda en la cabeza del lector. Malan nos dice que lo que se espera que un blanco liberal de izquierdas escriba sobre Sudáfrica es el mito, la historia simple de que hay buenos y malos: todos los negros son bondadosos y víctimas, de esos blancos opresores y malvados.  Pero Malan se atreve a romper un mito, y el libro está lleno de estas historias. 

En 1986, 32 mujeres ancianas negras fueron quemadas vivas acusadas de brujería, pues con ella "estaban interfiriendo con la lucha de liberación racial". Fueron quemadas por otros negros, que a su vez luchaban con otros negros, todos en esta lucha totalmente justificada para liberarse del blanco. Pero mientras tanto, se machacaban entre ellos, tan cruelmente como quemar a ancianas en vida. A mí todos los partidos y facciones me han recordado a la izquierda, históricamente incapaz de negociar y cooperar. También está la historia de Alcock, un boer que se salió del rebaño, inicialmente vendiendo a bajo precio los excesos de leche a los negros de su granja (en lugar de tirarlo al mar porque el excedente bajaría los precios), y que al final acaba viviendo en el Africa profunda, hombro con hombro con los zulú, siendo verdaderamente como ellos, en condiciones infrahumanas, todo por la pasión por su proyecto, y por su amor a Africa. Aún así, tras muchos años, los zulús le acaban asesinando. 

Pero la opinión internacional blanca liberal no quiere oír esto: según Malan, cualquier cosa que se separe del discurso blancos-malos y negros-buenos, te lleva a una etiqueta de racista, como se le dieron a su libro. Quieren fotos de negros sufriendo, y ciertos blancos saldrán con sus cámaras para dárselas. Los blancos en el mundo, por norma, suelen respetar por las culturas no occidentales, pero no es así  con los blancos en Sudáfrica. Pero para esta elite liberal blanca sudafricana, la salida de Mandela de la cárcel, el fin del apartheid y el terminar con los nacionalistas afrikaaners fue ver su sueño dorado cumplido. Sin embargo, pronto se fueron poco a poco del país: no podían vivir allí por la violencia y la inseguridad. 

Yo no creo que este libro sea racista, sino más bien valiente y reflexivo. No puedo entender el nacionalismo, porque dentro de grandes grupos humanos como son los países, habrá siempre gente con empatía y generosidad, y gente cruel y egoísta. Una tal vez pueda generalizar en ciertos grupos, y por ejemplo estimar que, por ejemplo, en el Ku Klux Klan o Vox la mayor parte de la gente está en el segundo grupo, pero no en naciones enteras, solo por serlo. Por eso claro que habría también zulús malvados y blancos buena gente. Y Malan simplemente lo describe. Esto supone cruzar muchas líneas rojas.

Tras escribir "Mi corazón de traidor" dice Malan que casi no escribió nada, porque  sentía que se había vaciado allí. Tras leerlo, no me extraña. Se ha vaciado y al lector le ha dejado del revés.  He aprendido muchas cosas, por ejemplo que, así como la policía echaba agua tenida de verde en contra de los blancos en las revueltas, con los negros este agua debe ser roja o tirando a violeta, y la llaman "Purple Rain" (Prince, no volveré a escuchar la canción nunca como antes). Ha sembrado la duda en mí de si Mandela fue un mito blanco, vs. Steve Biko.  Que había misioneros irlandeses que decían que el apartheid no era nada en comparación con lo que los ingleses les hicieron a ellos (pero no dudaron en echar a los Alcock, que daban anticonceptivos a los negros). O que las Revoluciones no vienen en tiempo de opresión intensa, sino en épocas de liberalización y  reforma. Que lo que el apartheid quería es que los negros volvieran a su "tierra de tribus" (Pero, esta era su tierra!!!-parece que la serie ochentera "V" tuvo en Sudáfrica mucho éxito, y en la metáfora está claro quienes eran los lagartos), pero al final su verdadero objetivo es que hasta los blancos pobres tuvieran piscina privada, porque contaban con privilegios que nadie de su escala social tendría en ningún otro país, pero sí en Sudáfrica.  Me suena muchísimo a Trump, y su "make America great again", es lo que todos los rednecks que le votan quieren: que se vayan los negros y los latinos, y así ellos podrán tener piscinas. 

 Además, está bien escrito, y tiene para ser una crónica, frases con las que la misteriosa belleza de Africa  te llega sin darte cuenta: "after midnight, lonely gay men threw lonely shadows as theys stalked rent boys across it floodlit floor". El libro dejará sombras oscuras también en la cabeza y en el corazón de quien lo lea. El corazón acribillado. El corazón de traidor. 

22 septiembre 2019

Open House 2019: Keats, Erno Goldfinger, feminismo, biblioteca y art deco

Finales de Septiembre, luego toca el tradicional divague sobre Open House, el fin de semana de arquitectura de Londinium, puertas abiertas para entrar en múltiples edificios que de otra manera o no son accesibles, o hay que pagar. Ya hemos contado otros años en los que hemos ido a antiguos urinarios, hoy sala de arte (2015), cines espectaculares de la época dorada venido a bingo (2016), coles, teatros, panaderías (2017), piscina de 91 ms de 1906 (2018), entre otras cosas. 

Los edificios más populares entran en sorteo an Agosto. Todos los años se nos pasa la fecha y este año que lo recordé, estaba en Sudáfrica. Así que una vez más, me quedé sin entrar en la Trellick Tower de Erno Goldfinger, pero por lo menos nos llegamos a 2, Willow Road, las tres casas particulares que construyó en Hampstead en 1939. El vivió en la central, y esta es la que visitamos. De estilo modernista, fue una revolución arquitectónica en su época, e Ian Fleming, vecino de la zona, uno de sus principales detractores. Dicen que el malo de James Bond le debe el nombre al arquitecto húngaro.

Me encanta la casa, sobre todo porque realmente entras en otra época cuando pones tu pie en ella: el olor a papel antiguo, como de biblioteca o librería de viejo, tal vez mezclado con tabaco. La escalera de caracol que, de verdad es para quedarse allí toda la tarde. El escritorio (pasen a la segunda imagen con los cajones abiertos). Los radiadores. Los baños, con la grifería de la época, que el amigo G. diría que es la misma de su la casa de sus padres, que es la misma que la del palacio de Ceausescu (esto lo descubrió en un viaje, aún nos estamos riendo). Las vistas desde la parte frontald e la casa, a Hampstead Heath (mi parque favorito de la ciudad) son para morirse; pero las de atrás, que da a un jardín, y con todo el sol, lo mismo. Hay un montón de obras de arte, y el mobiliario es todo especial. Es una pena que no dejaran hacer fotos, y solo incluyo un par que hice con cuidado, como buena delincuente que soy. 

 




 




Antes habíamos estado en la casa de John Keats, el poeta (Wentworth Place), ya que en Willow Road te dan hora. Se trata de una mansión victoriana sin particular interés arquitectónico para mí, pero sí como nerda de la literatura. No que yo haya leído mucho a Keats, pero siempre me interesa ver cómo vivían, y aquí se entiende muy bien su inspiración, ya que está a pocos pasos del famoso parque. Como todo buen romántico, Keats murió muy joven de tuberculosis en Italia. Creo haber visto alguna peli sobre él, pero no recuerdo... tal vez aparezca en la reciente "Mary Shelley" de Haifaa Al-Mansour (2017), o tal vez no. En su casa hay un diván verde (que necesito ya para un rincón de mi sala), un piano, una (sencilla) cama, y unas grandes vistas al otoño. 







 La siguiente visita es el Isokon Building, otro ejemplo de arquitectura art deco que me encanta, pero no entramos por las filas. Ya he estado alguna otra vez por fuera.. simplemente necesito más paciencia, pero mi religión me impide hacer colas, a menos que sea absolutamente necesario. 







Pasábamos por aquí, por el viejo ayuntamiento de Hampstead, de camino a otro sitio, así que entramos. Y resulta que este sitio fue cuna de feministas, reclutaban a nuestros queridos brigadistas internacionales que vinieron a apoyar la República Española, de insumisos (Lytton Strachey fue el primer Objector de Conciencia, frente al Tribunal de Hampstead) y hasta tocaron Madness y The Pogues. Un centro de radicalismo en una de las zonas más ricas de la ciudad. El edifico es bonito, como tantos otros ayuntamientos de esta ciudad, pero para muestra, lo que pasó aquí...






Para concluir el sábado, la biblioteca de Swiss Cottage. Cualquier visita a biblioteca es ya de por sí chula. Esta, además, abierta en 1964, es un hito arquitectónico (Basil Spece) por algo. Las imágenes lo explican todo: no cometeré el mismo error de intentar explicarla que nuestro guía, un jubilado que hacía chistes malos, y que no nos dio absolutamente ningún contenido, pese a no parar de hablar. Bueno, por lo menos nos llevó a los archivos, en las tripas del lugar...





Hoy domingo nos hemos quedado en el sur de Londinium y visitado "Pullman Court" en Streatham, otro conjunto de pisos de la época (construido en 1936). El arquitecto, Frederick Gibberd tenía 23 años! Hemos estado en un piso que enseña su dueña, que lleva 33 años viviendo allí. Como la casa de ayer, de Goldfinger, parece que el tiempo se ha quedado para aquí, es como viajar al pasado. Por la simplicidad de los muebles, el minimalismo, la belleza de cosas tan simples como los interruptores, las líneas de simetría de los balcones. 














Oh me encanta Open House. Yo creo que en otra vida debería haber sido arquitecta. Hasta el año que viene...


01 septiembre 2019

"Absolución" de Patrick Flanery. Intentando coser Sudáfrica

Gran parte de la literatura sudafricana se puede considerar anglosajona: era extraño que yo solo hubiera leído a un autor (J.M. Coetzee, Disgrace). Así que antes de embarcarme hacia este país investigué entre mis "mavens" de lo literario y terminé con cuatro libros. Comencé por "Absolución", recomendación de Elena Rius, que terminé hará una semana en una cabania en un parque natural, las antípodas desde donde hoy me lanzo a intentar escribir.  

Para mí, leer "Absolución" antes de, y a llegar a Sudáfrica, ha sido otra manera de encontrarme con el país, y a medida que viajaba, ir corroborando lo que Flanery nos cuenta, desde las cosas pequeñas -la sana obsesión que tienen con el ahorro de agua, el spray desodorante en todos los banios- hasta las enormes. Porque cuando una piensa en Sudáfrica, una piensa Apartheid, y de hecho, todas las novelas en el fondo, hablan de este horror. 

Me resulta muy difícil escribir este divague porque todavía no he "procesado" Sudáfrica. Cuando una llega de viaje, tiene varias montañas de colada que hacer, emails que contestar, últimos detalles para el comienzo del cole (Mini cambia a secundaria!) y una nevera que llenar. Eso sin hablar de ese pequeño show lateral que tenemos algunos llamado "trabajo a tiempo completo", con sus fantasmas habituales, algunos que ya han tenido a  bien aparecerse en sueños en las últimas noches del viaje. De repente, la vida al aire libre, la extraña libertad y desconexión del viaje desaparecen y aquí estás, de vuelta a la rutina y todos los días pasados quedan resumidos en unas cuantas imágenes, que sabes que, poco a poco, irán desapareciendo, y al final quedarán solo las fotos. Por eso desde siempre los viajeros han escrito sus periplos: porque cuando estás "ahí fuera" todo es excepcional y memorable, de alguna manera. Con esto quiero decir que, poco a poco, iré volviendo atrás a aquellos días para intentar contar(me) lo que pasó, lo que yo creí que pasó. 

Lo que creí que pasó, lo que los personajes de "Absolution" creyeron que ocurrió, cómo se lo cuentan a sí mismos y a otros, tanto en conversación como en forma narrativa. Porque la protagonista de la novela, Clare Wald, es una autora consagrada en el país que está ofreciendo entrevistas al narrador, un periodista que ha estado obsesionado con ella desde la infancia y que está componiendo su biografía, y además, en paralelo, está escribiendo ella misma una novela de "ficción" (con todas las comillas), titulada "Absolución" que tal vez tenga más de verdad que la historia oficial que le da al periodista. Completando el dicho de "la realidad a veces supera a la ficción", añado que en la ficción nos atrevemos tal vez a admitir cosas que no haríamos en la así-llamada-realidad. En todo caso, Wald es lo suficientemente sabia como para no intentar una autobiografía, esa imposibilidad, porque hay cosas que uno teme decirse incluso a una misma. 

Aparte de esta estructura de distintos narradores, la novela ocurre en dos tiempos: el presente, cuando las entrevistas ocurren, y los años 80, cuando el apartheid estaba en su apogeo. En la tapa lo describen como "thriller literario" y tal vez se refieran a que hay misterios por resolver en la vida tanto de Wald como del periodista, que las casualidades no existen, y que las cosas no son como parecen. Hay mucha muerte en la novela, lo que nos da una idea de lo que ha sido vivir allí en las últimas décadas. Hay tortura supuesta, no confirmada, solo expresada en los peores suenios y duermevelas de Wald, pero la descripción te deja atormentada por varias noches,

Para entender Sudáfrica hoy no solo hay que entender la historia más proximal de la que estoy hablando, sino remontarse más distalmente, a los primeros holandeses (boers) que llegaron a la Península del Cabo, más tarde los ingleses, lo que les hicieron a los africanos que allí vivían, y lo que se hicieron entre ellos. No voy a entrar en esto hoy, porque seguro que tendré oportunidades cuando ordene mi Sudáfrica particular en los divagues, o cuando escriba sobre "My traitor's heart" ("Mi corazón de traidor"), la biografía de Rian Malan, descendiente tanto de boers como de ingleses, que lo explica muy bien. Solo lo quería anotar porque remanentes de esa historia quedan plasmados en las relaciones interpersonales de la novela, donde los descendientes de anglosajones son más progresistas-dentro de estar perfectamente integrados en el sistema de abuso e injusticia-y descendientes de los boers (holandeses) son reaccionarios, lo que hoy llamaríamos "blancos supremacistas". Esto mismo se puede ver dentro de una misma familia, y es el caso de la de Wald: la rivalidad infantil con su odiosa hermana se acrecienta con su matrimonio con un boer.

Así que la complejidad del país es enorme, y la separación racial muy evidente. Hoy en día, y este es otro aspecto de Sudáfrica que queda claro tras leer a Flanery, esta grieta no solo se siente: se ve en los enormes muros con pinchos levantados entre los ricos y los pobres. Las empresas de seguridad florecen allí, y continuamente ves carteles de "casa protegida por". Los ricos viven en lo que en Brasil llamaban "condominios", grupos de casas con muros y guardias de seguridad en las puertas. Wald, progresista, siempre se ha negado a meterse en uno de estos, y de hecho, con su cambio de casa tras un asalto comienza la novela. Hay muchas reflexiones sobre lo que eso significa: 

"le disgustaba la idea de pagar por su propio encarcelamiento, pagar para que la observara una empresa de seguridad que muy bien le podría pasar su espionaje al gobierno o, peor, a una empresa que reuniría sus hábitos de consumo y comportamiento, que a su vez vendería esta información a otra empresa que le intentaría vender sus productos; productos manufacturados por las mujeres, hijas y hermanas de los ladrones de poca monta de los que se trataba de proteger con esta compañía de seguridad".

Se cierra el círculo, pero como dice un amigo del periodista, "es el precio que hay que hay que pagar por vivir en la plantación". Este amigo calcula que al año da el equivalente de 650 euros a gente que le pide dinero por la calle. Esto sin contar lo que paga por "servicios" a jardinero, criada, canguro, todos negros. Y acepta pagar así su privilegio, o mala conciencia. Eso sí, Flanery habla en otro punto de los frigoríficos con candados, que vienen así de fábrica, para que el "servicio" no se pase: esto no lo he llegado a ver en mi viaje. 

La novela toca muchísimos otros temas, como la culpa, la censura (y autocensura), las expectativas sobre las mujeres tras la maternidad en un país tan retrógrado como ese. De cómo la sorpresa y el escándalo y el enfado dan poco a poco paso a la resignación, a simplemente tratar de pasar el resto de tu vida tan poco afectado por el mundo como sea posible. Además, está escrita muy bien y para ilustrarlo, antes de terminar quiero poner una metáfora del mundo de la costura que me ha gustado particularmente

"this feeling runs like under-stitching through the fabric of the dreams, invisible but holding firm the lining that keeps everything else tidy, the seams obscured, the construction masked under a shimmer of subconscious satin".

He logrado que el divague me quede hilvanado y a la vez, largo, lo peor de ambos mundos. Pero espero tener cierta absolución porque en mi cabeza domina una jauría de imágenes y de ideas, y me espera la falda del nuevo uniforme de Mini para cogerle los bajos.

27 agosto 2019

Se acaba Sudáfrica con un Big Bang (Theory) (SA16)

Martes, 27.08.19- De Ciudad del Cabo a Doha a Londoninium (SA16)

Hacer un divague sobre casi 24 horas de vuelos y aeropuertos es lo que vulgarmente se conoce como "más moral que el Alcoyano", porque si ni siquiera se vuela con la pintoresca "Ethiopian": a quién puede interesar? 

Pero claro, una se lía en esto del divagar: porque lo primero habrá que contar lo que es despertar en el racional Hotel Verde, donde el agua sale en espirales tan finas que una sopesa si pasar luego para rematar en una de esas duchas para mochileros sucios del aeropuerto. Luego, y aquí me descubro, mano en el pecho: El Desayuno Verde. Oh Senior, por dónde empezar a describir el buffetverde: barra con persona que maneja todo tipo de petición que envuelva huevo: desde tortilla campera, hasta escalfados, pasando por fritos. Diversa sección de calientes cuyo highlight son las espinacas con bechamel (por un momento -son las 9 am- dudo; pero hemos venido a jugar). Cereales de todo tipo, yogures, zumos, frutos secos, bollería... es el paraíso y yo creo que todas las fans del blog que me han abusado sobre las opciones gastronómicas sudafricanas (recordemos, ya en la nebulosa, aquel etíope que nos comimos hasta el mantel) se verán contentas de que por una vez, ya a punto de salir del país, comemos por lo menos cantidad. 

Con gran dolor nos encaminamos con nuestras escuálidas maletas de mano a la furgoneta ("shuttle" le dicen, y yo imagino una nave espacial), donde está "la extraña familia" con su enorme equipaje y cara de pocos amigos. Ya digo yo que es mejor viajar ligero. Hoy volamos con Qatar, una compañía sobre la que Fashion se he deshecho en elogios (cabe anotar que ella ha viajado con el curro, luego business, luego durmiendo en horizontal, con azafata arropándote mientras se lleva tu tercera copa de champán, y ya amas la vida y te da igual todo), y hacemos escala en el aeropuerto de Doha, sobre el que Fashion también ha cantado loas, "el mejor que nunca he estado" (claro que nuevo apunte: si una llega bien dormida, o borracha, todo le parece lo mejor). De entrada, nuestro "viajar ligero" no es entendido aquí y no nos dejan subir a cabina nuestras pequeñas maletas de equipaje de mano por nosequé norma absurda. Ergo, tenemos que hacer comedias sacando "básicos" que necesitamos para el vuelo como libro, tapones, antifaces, crema hidratante y demás. Nota: que ya sé de antemano las lectoras del divlog diferirán, hay salvajes que no usan hidratante!

Del primer vuelo no recuerdo demasiado, solo que entro en cierta barrena al constatar en el mapa de pantalla lo que ya sabía: Doha está muy al este y eso explica la cantidad de horas de vuelo que nos esperan. Me quejé de Addis Abbeba, y eso que no hubo ni que comerse las servilletas: ahora reflexiono sobre lo niña malcriada que fui en aquellos primeros divagues. En fin, en el vuelo veo una peli titulada "Red Joan", sobre una inglesa que espió para los comunistas en la época de la guerra fría, con Judy Dench (go Joan!) Y alguna otra sobre la que tal vez mi mente, en su amabilidad infinita, haya hecho un olvido activo. Pasan un par de bandejas, y no duermo nada. 

Ni idea de la hora que es en Doha cuando llegamos, puede ser que hacia la medianoche en nuestros cuerpos (decido no cambiar relojes y seguir en sudafricano, que es como en la península) , allí debe ser las 3-4 de la madrugada. Aún así, la actividad es frenética y esto parecen las rebajas. Multitud de gente que baja de un vuelo y busca otro, y tiendas super-brillantes de todas las marcas más reputadas, consume-carroña-consume, Toblerones gigantes, y a cuánto estará aquí el rimel de Clarins, y buy-more-shit-or-we-are-all-fucked, y hay que coger un trenecillo para ir a nuestra puerta porque el lugar es inmenso. En la puerta de embarque, alto ahí, el-terrorista-más-buscado: el Peda, y le hacen esa cosa que nunca entiendo de explorar la mochila con trocitos de tela pinchados en un palo (qué buscarán? restos de cocaína?). Luego nunca pasa nada. 

En el segundo vuelo ya no tenemos a "la extraña familia": me pregunto a qué extraño país vuelan, y si les habrán investigado con la tela y el palo. Porque eran culpables. O secretas, nunca me queda claro. Este vuelo pasará a mi pequeña historia de tiempo perdido porque, pese a tener un gran libro por leer ("My traitor's heart", divagado aquí), descubro una serie. Aburrida de pasar por las películas, hay una sección de "series" que es donde yo he visto los pocos capítulos sueltos de "Friends" de mi vida. Tras el capítulo de rigor, detecto un título atractivo: "The Big Bang Theory". Solo me suena por haber leído algún artículo en el que se hablaba de uno de sus personajes, un tal Sheldon, como alguien claramente en el espectro autista. Así que le doy al capítulo, a ver qué es... y me engancho.

Parece que este serial ha estado 12 años en antena (yo dónde he vivido? en un monasterio?) y los capítulos sueltos que hay en el avión son de la temporada última. Más que reírme, que a veces lo hago, me encantan la manera de hablar totalmente encorsetada de Sheldon. Yo querría hablar siempre así, pero me doy cuenta que en ciertos círculos no sería entendida, y en casa cuando lo hago, el Peda, dice muy serio: "risas enlatadas". Lo cierto es que la vida sería mucho mejor si tuviéramos risas enlatadas de fondo; propongo tener un aparato, que si activamos con una "pera" (sí, ha de ser un conmutador de pera, y si no sabes lo que es, quiere decir que tu edad nos ofende en este blog) sale la risa. Así el resto de comensales sabe que es momento de reír. Y tal. 

Por fin, milagrosamente, llegamos a Londinium en lo que parece que son las 7 o las 8 de la mañana de un miércoles. Siempre es una sensación de irrealidad: cómo es posible estar aquí de nuevo, tras haber estado en esa cápsula de espacio-tiempo que es el avión. Hace 24 horas estábamos aún dormidos en el verde que te quiero Hotel Verde, ajenos a los efectos de las espinacas con bechamel para el desayuno, Teoría de la Gran Explosión. Y ahora ya estábamos en esta dirty mean old town, and you are so far away from me.... los elefantes folladores, el frutti di mari, las dunas blancas sin ostras, las ballenas, las tarántulas ajusticiadas, las noches en casitas de árboles que no eran tales, el frutti di mari, el Sex Shop de Ronnie, el Rey de la Espinaca en la favela, el frutti di mari, el Cabo de Buena Esperanza, el ver ponerse el sol desde una cabaña de madera, los vinos (hip!) en Falcon Crest, la Table Mountain, los amigos X y R que recomendaron y con los que cenamos frutti di mari, Robben Island, Nelson Mandela... todos tan lejos, y ahora tan cerca, gracias a los maravillosos ratos que he pasado en el divlog escribiendo sobre ellos. Otra cosas sois vosotras, divagantas. Pero toda sádica encuentra su masoquista. Os quiero. 

Y, como decían antes, "un viaje no se acaba hasta que se revelan las fotos", yo digo "un viaje no se acaba hasta que se escribe el último divague". Así que hoy, 21 de Octubre... se acaba nuestra aventura sudafricana. Hasta la próxima, babies. 




26 agosto 2019

De mamuts, óperas y vuelos internos (SA15)

Lunes, 26.08.19- De Addo a Port Elizabeth a Ciudad del Cabo (SA15)
Monito que viene a visitarnos a la cabaña
Esta noche no ha habido murciélago: no sabemos qué habrán hecho los limpiadores, pero claramente envolvía al ventilador de aspas del techo, porque se lo dejan encendido. Cuando llegamos la noche anterior no había manera de apagarlo, y nos enfrentamos por un rato a una noche con la esquizofrenia del radiador y el ventilador a todo trapo a la vez. Imagino una de las noches más frías de mi vida, ríete de la Laguna Colorada, pero al final, mis compas logran lo que no consiguieron con batman. Así que la noche pasa sin incidencias y a la mañana nos hemos de lanzar de nuevo (yawn) a la busca del animal exótico. 



No aburriré con los bichos que vemos y fotografiamos hasta la saciedad, porque ya lo hice ayer. Lo único para contar es el susto del mamut. Salimos por uno de los desvíos de la carretera, a un camino menor y cuando estamos en una curva (luego no vemos el horizonte) sale el mayor elefante del mundo, caminando a bastante velocidad hacia nosotros. Estooo... de qué va? Las amables imágenes de ayer quedan eclipsadas por comentarios de gente tipo "son muy malos los elefantes". Nos metemos con el coche hacia un ladito, y subimos las ventanillas: yo no sé si nos va a embestir, pero la verdad, sería algo mucho más glamuroso que reportar al seguro que la verdad, "se nos cerró una puerta encima". Me veo en la devolución del coche: "esta raya es el colmillo del mamut, este bollo la trompa dando al techo, esta cicatriz en mi mejilla, resultado de mi lucha hasta que conseguí reducirlo..." En fin, que el tío pasa como si nada a nuestro lado, muy cerca, y entonces vemos a otros cuantos, menores, siguiéndole. Oh, no me hablen, así es la jungla. 


Mamut viene hacia nosotros

Mamut duda

Mamut pasa

Salimos ya al final de la mañana porque según el mapa, el parque se extiende también por la costa, y hay una zona llamada "Colchester" donde podremos pasar un rato en la playa. Pero al salir nos anuncian que no está abierto, así que no nos queda otra que ir a Port Elizabeth, a pasar el resto de la tarde. La profe de Mini (mastermind de este viaje) ya había dicho que "PE no merece la pena"  realmente es otro de esos lugares que refuerza la idea de "Sudáfrica parece siempre las afueras" que dice Mo. Yo creo que los países pobres ("en vías de desarrollo", eufemismo donde los haya, yo me pregunto si no estamos nosotros "en vías de desastre") siempre parecen las afueras. Sudafrica es un país pobre donde hay una minoría de ricos, que casualmente son blancos, y que viven detrás de alambres de espinos. El resto, como en Marrueco, India y Brasil, son "las afueras".


Ejemplo comercios con encanto- Port Elizabeth
Aparcamos con cierta ansiedad porque está la calle desierta, aparte de un hombre uniformado que duerme la siesta sobre el césped del Museo de Arte Nelson Mandela. Bajamos hacia el centro, que tiene atracciones tipo "la ópera", y una se pregunta cuándo la imagen se va a plegar, como en "Inception", y aparecer otra realidad de la que estamos. Porque en esta calle es creo la primera vez que paso algo de miedo en Sudáfrica: locales cerrados, grupos de hombres que claramente no tienen nada que hacer en las esquinas, tiendas de esas sin género en los estantes. 

Por fin llegamos a una plaza-parque, la Donkin Square, con su faro, silueta de Nelson, y de gente que va a votar en las elecciones de 1994. Mucho viento. 


Donkin Sq


Bajamos hacia el mar, y hay una plaza llamada Market Square, con una estatua de la Reina Victoria, con eso lo digo todo. De vuelta al coche pasamos por "la ópera": aquí lo único que puedo añadir es, si pudiera, el emoji de uno al que le explota la cabeza.



En el aeropuerto tenemos que devolver el coche, y a la preocupación de siempre sobre medidas y peso de equipaje (en los vuelos internos operan distintas reglas que en los internacionales) hay que añadir la de devolver el coche con el tema del elefante. Afortunadamente no se lo toman personal, como aquella vez que yo rayé un coche de alquiler nada más llegar al UK por el típico error de conductor continental de pegarnos demasiado al lado derecho. Aquí simplemente toman los datos, y además son majos y nos imprimen la tarjeta de embarque. Del vuelo a Ciudad del Cabo qué puedo decir: que hacía tiempo que no volaba interno y es una gozada en comparación con las molestias de los vuelos internacionales (aún tengo flashbacks de la pesadez extrema de revisión de pasaporte en Marruecos). Mientras escribo esto, ya bien entrado Octubre, y con la amenaza del Brexit ahí en Halloween, se me cae el alma a los pies.


Vuelo Port Elizabeth-Cape Town

Como volamos mañana a mediodía, esta noche dormimos en el hotel del aeropuerto, así que antes de salir, por lo que pueda pasar, comemos una pizza. En la furgoneta que nos lleva de la terminal al hotel vamos con "la extraña familia", que al día siguiente cogerán nuestro mismo vuelo, hasta Doha. La madre es una señora negra muy alta y obesa. El padre, un blanco delgado y pequeño, con una gorra hacia atrás, así como el "Príncipe de Bel Air". Y llevan dos niños, cuyo fenotipo aún no aclara qué broma les depara la genética. Su equipaje es monstruoso.  Al llegar al hotel, agradable sorpresa porque ni de lejos podía imaginar lo chulo que es. Hotel Verde, se llama, porque todo en él es ecológico y sostenible. Y sin murciélago. Me estaré aburguesando?