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22 septiembre 2019

Open House 2019: Keats, Erno Goldfinger, feminismo, biblioteca y art deco

Finales de Septiembre, luego toca el tradicional divague sobre Open House, el fin de semana de arquitectura de Londinium, puertas abiertas para entrar en múltiples edificios que de otra manera o no son accesibles, o hay que pagar. Ya hemos contado otros años en los que hemos ido a antiguos urinarios, hoy sala de arte (2015), cines espectaculares de la época dorada venido a bingo (2016), coles, teatros, panaderías (2017), piscina de 91 ms de 1906 (2018), entre otras cosas. 

Los edificios más populares entran en sorteo an Agosto. Todos los años se nos pasa la fecha y este año que lo recordé, estaba en Sudáfrica. Así que una vez más, me quedé sin entrar en la Trellick Tower de Erno Goldfinger, pero por lo menos nos llegamos a 2, Willow Road, las tres casas particulares que construyó en Hampstead en 1939. El vivió en la central, y esta es la que visitamos. De estilo modernista, fue una revolución arquitectónica en su época, e Ian Fleming, vecino de la zona, uno de sus principales detractores. Dicen que el malo de James Bond le debe el nombre al arquitecto húngaro.

Me encanta la casa, sobre todo porque realmente entras en otra época cuando pones tu pie en ella: el olor a papel antiguo, como de biblioteca o librería de viejo, tal vez mezclado con tabaco. La escalera de caracol que, de verdad es para quedarse allí toda la tarde. El escritorio (pasen a la segunda imagen con los cajones abiertos). Los radiadores. Los baños, con la grifería de la época, que el amigo G. diría que es la misma de su la casa de sus padres, que es la misma que la del palacio de Ceausescu (esto lo descubrió en un viaje, aún nos estamos riendo). Las vistas desde la parte frontald e la casa, a Hampstead Heath (mi parque favorito de la ciudad) son para morirse; pero las de atrás, que da a un jardín, y con todo el sol, lo mismo. Hay un montón de obras de arte, y el mobiliario es todo especial. Es una pena que no dejaran hacer fotos, y solo incluyo un par que hice con cuidado, como buena delincuente que soy. 

 




 




Antes habíamos estado en la casa de John Keats, el poeta (Wentworth Place), ya que en Willow Road te dan hora. Se trata de una mansión victoriana sin particular interés arquitectónico para mí, pero sí como nerda de la literatura. No que yo haya leído mucho a Keats, pero siempre me interesa ver cómo vivían, y aquí se entiende muy bien su inspiración, ya que está a pocos pasos del famoso parque. Como todo buen romántico, Keats murió muy joven de tuberculosis en Italia. Creo haber visto alguna peli sobre él, pero no recuerdo... tal vez aparezca en la reciente "Mary Shelley" de Haifaa Al-Mansour (2017), o tal vez no. En su casa hay un diván verde (que necesito ya para un rincón de mi sala), un piano, una (sencilla) cama, y unas grandes vistas al otoño. 







 La siguiente visita es el Isokon Building, otro ejemplo de arquitectura art deco que me encanta, pero no entramos por las filas. Ya he estado alguna otra vez por fuera.. simplemente necesito más paciencia, pero mi religión me impide hacer colas, a menos que sea absolutamente necesario. 







Pasábamos por aquí, por el viejo ayuntamiento de Hampstead, de camino a otro sitio, así que entramos. Y resulta que este sitio fue cuna de feministas, reclutaban a nuestros queridos brigadistas internacionales que vinieron a apoyar la República Española, de insumisos (Lytton Strachey fue el primer Objector de Conciencia, frente al Tribunal de Hampstead) y hasta tocaron Madness y The Pogues. Un centro de radicalismo en una de las zonas más ricas de la ciudad. El edifico es bonito, como tantos otros ayuntamientos de esta ciudad, pero para muestra, lo que pasó aquí...






Para concluir el sábado, la biblioteca de Swiss Cottage. Cualquier visita a biblioteca es ya de por sí chula. Esta, además, abierta en 1964, es un hito arquitectónico (Basil Spece) por algo. Las imágenes lo explican todo: no cometeré el mismo error de intentar explicarla que nuestro guía, un jubilado que hacía chistes malos, y que no nos dio absolutamente ningún contenido, pese a no parar de hablar. Bueno, por lo menos nos llevó a los archivos, en las tripas del lugar...





Hoy domingo nos hemos quedado en el sur de Londinium y visitado "Pullman Court" en Streatham, otro conjunto de pisos de la época (construido en 1936). El arquitecto, Frederick Gibberd tenía 23 años! Hemos estado en un piso que enseña su dueña, que lleva 33 años viviendo allí. Como la casa de ayer, de Goldfinger, parece que el tiempo se ha quedado para aquí, es como viajar al pasado. Por la simplicidad de los muebles, el minimalismo, la belleza de cosas tan simples como los interruptores, las líneas de simetría de los balcones. 














Oh me encanta Open House. Yo creo que en otra vida debería haber sido arquitecta. Hasta el año que viene...


01 septiembre 2019

"Absolución" de Patrick Flanery. Intentando coser Sudáfrica

Gran parte de la literatura sudafricana se puede considerar anglosajona: era extraño que yo solo hubiera leído a un autor (J.M. Coetzee, Disgrace). Así que antes de embarcarme hacia este país investigué entre mis "mavens" de lo literario y terminé con cuatro libros. Comencé por "Absolución", recomendación de Elena Rius, que terminé hará una semana en una cabania en un parque natural, las antípodas desde donde hoy me lanzo a intentar escribir.  

Para mí, leer "Absolución" antes de, y a llegar a Sudáfrica, ha sido otra manera de encontrarme con el país, y a medida que viajaba, ir corroborando lo que Flanery nos cuenta, desde las cosas pequeñas -la sana obsesión que tienen con el ahorro de agua, el spray desodorante en todos los banios- hasta las enormes. Porque cuando una piensa en Sudáfrica, una piensa Apartheid, y de hecho, todas las novelas en el fondo, hablan de este horror. 

Me resulta muy difícil escribir este divague porque todavía no he "procesado" Sudáfrica. Cuando una llega de viaje, tiene varias montañas de colada que hacer, emails que contestar, últimos detalles para el comienzo del cole (Mini cambia a secundaria!) y una nevera que llenar. Eso sin hablar de ese pequeño show lateral que tenemos algunos llamado "trabajo a tiempo completo", con sus fantasmas habituales, algunos que ya han tenido a  bien aparecerse en sueños en las últimas noches del viaje. De repente, la vida al aire libre, la extraña libertad y desconexión del viaje desaparecen y aquí estás, de vuelta a la rutina y todos los días pasados quedan resumidos en unas cuantas imágenes, que sabes que, poco a poco, irán desapareciendo, y al final quedarán solo las fotos. Por eso desde siempre los viajeros han escrito sus periplos: porque cuando estás "ahí fuera" todo es excepcional y memorable, de alguna manera. Con esto quiero decir que, poco a poco, iré volviendo atrás a aquellos días para intentar contar(me) lo que pasó, lo que yo creí que pasó. 

Lo que creí que pasó, lo que los personajes de "Absolution" creyeron que ocurrió, cómo se lo cuentan a sí mismos y a otros, tanto en conversación como en forma narrativa. Porque la protagonista de la novela, Clare Wald, es una autora consagrada en el país que está ofreciendo entrevistas al narrador, un periodista que ha estado obsesionado con ella desde la infancia y que está componiendo su biografía, y además, en paralelo, está escribiendo ella misma una novela de "ficción" (con todas las comillas), titulada "Absolución" que tal vez tenga más de verdad que la historia oficial que le da al periodista. Completando el dicho de "la realidad a veces supera a la ficción", añado que en la ficción nos atrevemos tal vez a admitir cosas que no haríamos en la así-llamada-realidad. En todo caso, Wald es lo suficientemente sabia como para no intentar una autobiografía, esa imposibilidad, porque hay cosas que uno teme decirse incluso a una misma. 

Aparte de esta estructura de distintos narradores, la novela ocurre en dos tiempos: el presente, cuando las entrevistas ocurren, y los años 80, cuando el apartheid estaba en su apogeo. En la tapa lo describen como "thriller literario" y tal vez se refieran a que hay misterios por resolver en la vida tanto de Wald como del periodista, que las casualidades no existen, y que las cosas no son como parecen. Hay mucha muerte en la novela, lo que nos da una idea de lo que ha sido vivir allí en las últimas décadas. Hay tortura supuesta, no confirmada, solo expresada en los peores suenios y duermevelas de Wald, pero la descripción te deja atormentada por varias noches,

Para entender Sudáfrica hoy no solo hay que entender la historia más proximal de la que estoy hablando, sino remontarse más distalmente, a los primeros holandeses (boers) que llegaron a la Península del Cabo, más tarde los ingleses, lo que les hicieron a los africanos que allí vivían, y lo que se hicieron entre ellos. No voy a entrar en esto hoy, porque seguro que tendré oportunidades cuando ordene mi Sudáfrica particular en los divagues, o cuando escriba sobre "My traitor's heart" ("Mi corazón de traidor"), la biografía de Rian Malan, descendiente tanto de boers como de ingleses, que lo explica muy bien. Solo lo quería anotar porque remanentes de esa historia quedan plasmados en las relaciones interpersonales de la novela, donde los descendientes de anglosajones son más progresistas-dentro de estar perfectamente integrados en el sistema de abuso e injusticia-y descendientes de los boers (holandeses) son reaccionarios, lo que hoy llamaríamos "blancos supremacistas". Esto mismo se puede ver dentro de una misma familia, y es el caso de la de Wald: la rivalidad infantil con su odiosa hermana se acrecienta con su matrimonio con un boer.

Así que la complejidad del país es enorme, y la separación racial muy evidente. Hoy en día, y este es otro aspecto de Sudáfrica que queda claro tras leer a Flanery, esta grieta no solo se siente: se ve en los enormes muros con pinchos levantados entre los ricos y los pobres. Las empresas de seguridad florecen allí, y continuamente ves carteles de "casa protegida por". Los ricos viven en lo que en Brasil llamaban "condominios", grupos de casas con muros y guardias de seguridad en las puertas. Wald, progresista, siempre se ha negado a meterse en uno de estos, y de hecho, con su cambio de casa tras un asalto comienza la novela. Hay muchas reflexiones sobre lo que eso significa: 

"le disgustaba la idea de pagar por su propio encarcelamiento, pagar para que la observara una empresa de seguridad que muy bien le podría pasar su espionaje al gobierno o, peor, a una empresa que reuniría sus hábitos de consumo y comportamiento, que a su vez vendería esta información a otra empresa que le intentaría vender sus productos; productos manufacturados por las mujeres, hijas y hermanas de los ladrones de poca monta de los que se trataba de proteger con esta compañía de seguridad".

Se cierra el círculo, pero como dice un amigo del periodista, "es el precio que hay que hay que pagar por vivir en la plantación". Este amigo calcula que al año da el equivalente de 650 euros a gente que le pide dinero por la calle. Esto sin contar lo que paga por "servicios" a jardinero, criada, canguro, todos negros. Y acepta pagar así su privilegio, o mala conciencia. Eso sí, Flanery habla en otro punto de los frigoríficos con candados, que vienen así de fábrica, para que el "servicio" no se pase: esto no lo he llegado a ver en mi viaje. 

La novela toca muchísimos otros temas, como la culpa, la censura (y autocensura), las expectativas sobre las mujeres tras la maternidad en un país tan retrógrado como ese. De cómo la sorpresa y el escándalo y el enfado dan poco a poco paso a la resignación, a simplemente tratar de pasar el resto de tu vida tan poco afectado por el mundo como sea posible. Además, está escrita muy bien y para ilustrarlo, antes de terminar quiero poner una metáfora del mundo de la costura que me ha gustado particularmente

"this feeling runs like under-stitching through the fabric of the dreams, invisible but holding firm the lining that keeps everything else tidy, the seams obscured, the construction masked under a shimmer of subconscious satin".

He logrado que el divague me quede hilvanado y a la vez, largo, lo peor de ambos mundos. Pero espero tener cierta absolución porque en mi cabeza domina una jauría de imágenes y de ideas, y me espera la falda del nuevo uniforme de Mini para cogerle los bajos.

27 agosto 2019

Se acaba Sudáfrica con un Big Bang (Theory) (SA16)

Martes, 27.08.19- De Ciudad del Cabo a Doha a Londoninium (SA16)

Hacer un divague sobre casi 24 horas de vuelos y aeropuertos es lo que vulgarmente se conoce como "más moral que el Alcoyano", porque si ni siquiera se vuela con la pintoresca "Ethiopian": a quién puede interesar? 

Pero claro, una se lía en esto del divagar: porque lo primero habrá que contar lo que es despertar en el racional Hotel Verde, donde el agua sale en espirales tan finas que una sopesa si pasar luego para rematar en una de esas duchas para mochileros sucios del aeropuerto. Luego, y aquí me descubro, mano en el pecho: El Desayuno Verde. Oh Senior, por dónde empezar a describir el buffetverde: barra con persona que maneja todo tipo de petición que envuelva huevo: desde tortilla campera, hasta escalfados, pasando por fritos. Diversa sección de calientes cuyo highlight son las espinacas con bechamel (por un momento -son las 9 am- dudo; pero hemos venido a jugar). Cereales de todo tipo, yogures, zumos, frutos secos, bollería... es el paraíso y yo creo que todas las fans del blog que me han abusado sobre las opciones gastronómicas sudafricanas (recordemos, ya en la nebulosa, aquel etíope que nos comimos hasta el mantel) se verán contentas de que por una vez, ya a punto de salir del país, comemos por lo menos cantidad. 

Con gran dolor nos encaminamos con nuestras escuálidas maletas de mano a la furgoneta ("shuttle" le dicen, y yo imagino una nave espacial), donde está "la extraña familia" con su enorme equipaje y cara de pocos amigos. Ya digo yo que es mejor viajar ligero. Hoy volamos con Qatar, una compañía sobre la que Fashion se he deshecho en elogios (cabe anotar que ella ha viajado con el curro, luego business, luego durmiendo en horizontal, con azafata arropándote mientras se lleva tu tercera copa de champán, y ya amas la vida y te da igual todo), y hacemos escala en el aeropuerto de Doha, sobre el que Fashion también ha cantado loas, "el mejor que nunca he estado" (claro que nuevo apunte: si una llega bien dormida, o borracha, todo le parece lo mejor). De entrada, nuestro "viajar ligero" no es entendido aquí y no nos dejan subir a cabina nuestras pequeñas maletas de equipaje de mano por nosequé norma absurda. Ergo, tenemos que hacer comedias sacando "básicos" que necesitamos para el vuelo como libro, tapones, antifaces, crema hidratante y demás. Nota: que ya sé de antemano las lectoras del divlog diferirán, hay salvajes que no usan hidratante!

Del primer vuelo no recuerdo demasiado, solo que entro en cierta barrena al constatar en el mapa de pantalla lo que ya sabía: Doha está muy al este y eso explica la cantidad de horas de vuelo que nos esperan. Me quejé de Addis Abbeba, y eso que no hubo ni que comerse las servilletas: ahora reflexiono sobre lo niña malcriada que fui en aquellos primeros divagues. En fin, en el vuelo veo una peli titulada "Red Joan", sobre una inglesa que espió para los comunistas en la época de la guerra fría, con Judy Dench (go Joan!) Y alguna otra sobre la que tal vez mi mente, en su amabilidad infinita, haya hecho un olvido activo. Pasan un par de bandejas, y no duermo nada. 

Ni idea de la hora que es en Doha cuando llegamos, puede ser que hacia la medianoche en nuestros cuerpos (decido no cambiar relojes y seguir en sudafricano, que es como en la península) , allí debe ser las 3-4 de la madrugada. Aún así, la actividad es frenética y esto parecen las rebajas. Multitud de gente que baja de un vuelo y busca otro, y tiendas super-brillantes de todas las marcas más reputadas, consume-carroña-consume, Toblerones gigantes, y a cuánto estará aquí el rimel de Clarins, y buy-more-shit-or-we-are-all-fucked, y hay que coger un trenecillo para ir a nuestra puerta porque el lugar es inmenso. En la puerta de embarque, alto ahí, el-terrorista-más-buscado: el Peda, y le hacen esa cosa que nunca entiendo de explorar la mochila con trocitos de tela pinchados en un palo (qué buscarán? restos de cocaína?). Luego nunca pasa nada. 

En el segundo vuelo ya no tenemos a "la extraña familia": me pregunto a qué extraño país vuelan, y si les habrán investigado con la tela y el palo. Porque eran culpables. O secretas, nunca me queda claro. Este vuelo pasará a mi pequeña historia de tiempo perdido porque, pese a tener un gran libro por leer ("My traitor's heart", divagado aquí), descubro una serie. Aburrida de pasar por las películas, hay una sección de "series" que es donde yo he visto los pocos capítulos sueltos de "Friends" de mi vida. Tras el capítulo de rigor, detecto un título atractivo: "The Big Bang Theory". Solo me suena por haber leído algún artículo en el que se hablaba de uno de sus personajes, un tal Sheldon, como alguien claramente en el espectro autista. Así que le doy al capítulo, a ver qué es... y me engancho.

Parece que este serial ha estado 12 años en antena (yo dónde he vivido? en un monasterio?) y los capítulos sueltos que hay en el avión son de la temporada última. Más que reírme, que a veces lo hago, me encantan la manera de hablar totalmente encorsetada de Sheldon. Yo querría hablar siempre así, pero me doy cuenta que en ciertos círculos no sería entendida, y en casa cuando lo hago, el Peda, dice muy serio: "risas enlatadas". Lo cierto es que la vida sería mucho mejor si tuviéramos risas enlatadas de fondo; propongo tener un aparato, que si activamos con una "pera" (sí, ha de ser un conmutador de pera, y si no sabes lo que es, quiere decir que tu edad nos ofende en este blog) sale la risa. Así el resto de comensales sabe que es momento de reír. Y tal. 

Por fin, milagrosamente, llegamos a Londinium en lo que parece que son las 7 o las 8 de la mañana de un miércoles. Siempre es una sensación de irrealidad: cómo es posible estar aquí de nuevo, tras haber estado en esa cápsula de espacio-tiempo que es el avión. Hace 24 horas estábamos aún dormidos en el verde que te quiero Hotel Verde, ajenos a los efectos de las espinacas con bechamel para el desayuno, Teoría de la Gran Explosión. Y ahora ya estábamos en esta dirty mean old town, and you are so far away from me.... los elefantes folladores, el frutti di mari, las dunas blancas sin ostras, las ballenas, las tarántulas ajusticiadas, las noches en casitas de árboles que no eran tales, el frutti di mari, el Sex Shop de Ronnie, el Rey de la Espinaca en la favela, el frutti di mari, el Cabo de Buena Esperanza, el ver ponerse el sol desde una cabaña de madera, los vinos (hip!) en Falcon Crest, la Table Mountain, los amigos X y R que recomendaron y con los que cenamos frutti di mari, Robben Island, Nelson Mandela... todos tan lejos, y ahora tan cerca, gracias a los maravillosos ratos que he pasado en el divlog escribiendo sobre ellos. Otra cosas sois vosotras, divagantas. Pero toda sádica encuentra su masoquista. Os quiero. 

Y, como decían antes, "un viaje no se acaba hasta que se revelan las fotos", yo digo "un viaje no se acaba hasta que se escribe el último divague". Así que hoy, 21 de Octubre... se acaba nuestra aventura sudafricana. Hasta la próxima, babies. 




26 agosto 2019

De mamuts, óperas y vuelos internos (SA15)

Lunes, 26.08.19- De Addo a Port Elizabeth a Ciudad del Cabo (SA15)
Monito que viene a visitarnos a la cabaña
Esta noche no ha habido murciélago: no sabemos qué habrán hecho los limpiadores, pero claramente envolvía al ventilador de aspas del techo, porque se lo dejan encendido. Cuando llegamos la noche anterior no había manera de apagarlo, y nos enfrentamos por un rato a una noche con la esquizofrenia del radiador y el ventilador a todo trapo a la vez. Imagino una de las noches más frías de mi vida, ríete de la Laguna Colorada, pero al final, mis compas logran lo que no consiguieron con batman. Así que la noche pasa sin incidencias y a la mañana nos hemos de lanzar de nuevo (yawn) a la busca del animal exótico. 



No aburriré con los bichos que vemos y fotografiamos hasta la saciedad, porque ya lo hice ayer. Lo único para contar es el susto del mamut. Salimos por uno de los desvíos de la carretera, a un camino menor y cuando estamos en una curva (luego no vemos el horizonte) sale el mayor elefante del mundo, caminando a bastante velocidad hacia nosotros. Estooo... de qué va? Las amables imágenes de ayer quedan eclipsadas por comentarios de gente tipo "son muy malos los elefantes". Nos metemos con el coche hacia un ladito, y subimos las ventanillas: yo no sé si nos va a embestir, pero la verdad, sería algo mucho más glamuroso que reportar al seguro que la verdad, "se nos cerró una puerta encima". Me veo en la devolución del coche: "esta raya es el colmillo del mamut, este bollo la trompa dando al techo, esta cicatriz en mi mejilla, resultado de mi lucha hasta que conseguí reducirlo..." En fin, que el tío pasa como si nada a nuestro lado, muy cerca, y entonces vemos a otros cuantos, menores, siguiéndole. Oh, no me hablen, así es la jungla. 


Mamut viene hacia nosotros

Mamut duda

Mamut pasa

Salimos ya al final de la mañana porque según el mapa, el parque se extiende también por la costa, y hay una zona llamada "Colchester" donde podremos pasar un rato en la playa. Pero al salir nos anuncian que no está abierto, así que no nos queda otra que ir a Port Elizabeth, a pasar el resto de la tarde. La profe de Mini (mastermind de este viaje) ya había dicho que "PE no merece la pena"  realmente es otro de esos lugares que refuerza la idea de "Sudáfrica parece siempre las afueras" que dice Mo. Yo creo que los países pobres ("en vías de desarrollo", eufemismo donde los haya, yo me pregunto si no estamos nosotros "en vías de desastre") siempre parecen las afueras. Sudafrica es un país pobre donde hay una minoría de ricos, que casualmente son blancos, y que viven detrás de alambres de espinos. El resto, como en Marrueco, India y Brasil, son "las afueras".


Ejemplo comercios con encanto- Port Elizabeth
Aparcamos con cierta ansiedad porque está la calle desierta, aparte de un hombre uniformado que duerme la siesta sobre el césped del Museo de Arte Nelson Mandela. Bajamos hacia el centro, que tiene atracciones tipo "la ópera", y una se pregunta cuándo la imagen se va a plegar, como en "Inception", y aparecer otra realidad de la que estamos. Porque en esta calle es creo la primera vez que paso algo de miedo en Sudáfrica: locales cerrados, grupos de hombres que claramente no tienen nada que hacer en las esquinas, tiendas de esas sin género en los estantes. 

Por fin llegamos a una plaza-parque, la Donkin Square, con su faro, silueta de Nelson, y de gente que va a votar en las elecciones de 1994. Mucho viento. 


Donkin Sq


Bajamos hacia el mar, y hay una plaza llamada Market Square, con una estatua de la Reina Victoria, con eso lo digo todo. De vuelta al coche pasamos por "la ópera": aquí lo único que puedo añadir es, si pudiera, el emoji de uno al que le explota la cabeza.



En el aeropuerto tenemos que devolver el coche, y a la preocupación de siempre sobre medidas y peso de equipaje (en los vuelos internos operan distintas reglas que en los internacionales) hay que añadir la de devolver el coche con el tema del elefante. Afortunadamente no se lo toman personal, como aquella vez que yo rayé un coche de alquiler nada más llegar al UK por el típico error de conductor continental de pegarnos demasiado al lado derecho. Aquí simplemente toman los datos, y además son majos y nos imprimen la tarjeta de embarque. Del vuelo a Ciudad del Cabo qué puedo decir: que hacía tiempo que no volaba interno y es una gozada en comparación con las molestias de los vuelos internacionales (aún tengo flashbacks de la pesadez extrema de revisión de pasaporte en Marruecos). Mientras escribo esto, ya bien entrado Octubre, y con la amenaza del Brexit ahí en Halloween, se me cae el alma a los pies.


Vuelo Port Elizabeth-Cape Town

Como volamos mañana a mediodía, esta noche dormimos en el hotel del aeropuerto, así que antes de salir, por lo que pueda pasar, comemos una pizza. En la furgoneta que nos lleva de la terminal al hotel vamos con "la extraña familia", que al día siguiente cogerán nuestro mismo vuelo, hasta Doha. La madre es una señora negra muy alta y obesa. El padre, un blanco delgado y pequeño, con una gorra hacia atrás, así como el "Príncipe de Bel Air". Y llevan dos niños, cuyo fenotipo aún no aclara qué broma les depara la genética. Su equipaje es monstruoso.  Al llegar al hotel, agradable sorpresa porque ni de lejos podía imaginar lo chulo que es. Hotel Verde, se llama, porque todo en él es ecológico y sostenible. Y sin murciélago. Me estaré aburguesando?










25 agosto 2019

Sobredosis de La2: murciélagos junto a tu cama, elefantiasis en el lodo y cuidado con los leones-fantasma (SA14)

Domingo, 25.08.19- Addo (SA14)
Este va a ser un divague-haiku porque, qué se puede escribir de un día pasado íntegramente en el coche yendo para arriba y para abajo de una parque natural con el único objetivo de ver bichos entre los matorrales?

Pongamos las cartas sobre la mesa: nunca me gustó "El hombre y la tierra". En aquella época de pantalla única,  como mi padre era fan (también "Jara y Sedal" o cualquier otro documental de la 2: sí, habéis encontrado a la única persona en la península que ve esos documentales de la siesta), alguna vez de pasada veía a los saurios devorándose y otras lindezas, y nunca me llamó quedarme. No recuerdo haber ido a un zoológico con uso de razón, y nunca iré, porque pobres animales, pero además porque pobre Di, se aburre. Para Mini, sin embargo, este día y medio que pasamos intentando encontrar elefantes, cebras y leones en este inmenso parque es la pera, y el primer día nos hace levantar al alba porque parece que algunos de ellos van a cazar a esas horas. Señorrr. A mí, mi religión me impide madrugar (qué causa de fuerza mayor puede haber?) y además tengo flashbacks de una vez que nos despertaron de noche para ver el famoso cóndor (pasa) del Valle del Colca. El Peda y yo siempre lo recordamos ahora como aquella excentricidad de juventud, que nunca mais: "te acuerdas de cuando nos levantamos para ver el p... cóndor (pasa)?" Pues bien: hoy reincidimos, un ejemplo más de los extremos a los que puede llegar el amor de madre.

Pero ver bichos, ver bichos...  ya habíamos tenido nuestra inmersión la noche anterior. Nota: lo dejé para hoy porque el divague de ayer se me estaba haciendo largo, y el de hoy estaba claro que no iba a tener mucho tomate. Como contexto, las cabañas de dentro del parque tienen el techo de paja (detalle a la izquierda). Tras los restos de las salchichas que no quedan pegadas a la sartén y el yogur, ya a punto de ir a dormir, de repente sale un ser de la noche que revolotea por entre las vigas, y se esconde quién sabe dónde: un murciélago! Mini está aterrorizada, se pasa a nuestra cama y asegura que no va a dormir nada, que tenemos que capturarlo como sea. Pero qué dice? Nunca hemos sido capaces de capturar al Ratón Caramelón de turno que periódicamente visita mi casa (pero ni siquiera Bernardo, un amigo colombiano que ya se sabe son duchos), así que, cómo hacerlo con un ratón volador? Intentamos tranquilizarla, pero yo también estoy asustada: quién no ha oído esas historias de murciélagos que se pegan a tu cabeza? Díganme que es una leyenda urbana! A mitad de noche, parece que Mini lo oye en la viga sobre mi cabeza y se vuelve a su cama con cajas destempladas. 

A las 6 am, cuando nos levantamos, nos hace ir a recepción a ver si pueden hacer ellos algo. Allí nos encontramos con unos blancos haciendo el check-in, y una mujer muy alta y segura de sí misma le dice que no se preocupe, que son buenísimos para comerse los mosquitos, que había muchos en su internado, y que venga, vale de tonterías. Así que, tras nuestra primera aventura superada, nos vamos a explorar el parque. 

Lo primero que vemos son elefantes, por algo se llama Addo Elephant Park. Admito que quedo fascinada con cómo comen con esa trompa esos matorrales tan duros. Hay bastantes bebés, que son muy monos, y cruzan las carreteras por las que vamos los coches como Pedro por su casa. En un punto, mucho más allá durante el día, los vemos en una especie de lago-lodazal donde algunos se están bañando y un par "juegan". No colgaré el video porque dudo que sean apropiadas en un blog familiar como este: yo sinceramente creo que esos dos elefantes se estaban enrollando duro, con posibilidad de sexo oral (sin confirmar, no sé bien cómo será esto en elefantes). Y yo ahí, con Mini, la inocencia personificada, con cara de póker.



Comiendo

Papá, mamá, Goldilocks

Cortejo elefantil?
Eso en cuanto a elefantes. Luego, mi animal favorito de la selva, decido, es la cebra. Hay un montón y son preciosas, esa piel es una locura verla de cerca. Como pequeño homenaje, me compro un fular de cebra-print en el aeropuerto (recordemos placer culpable-siempre he tenido debilidad por el animal print, en especial de cebra).  Allí también vemos una pareja de yankis comprar una piel de cebra entera real como alfombra!! Eso no, veis? Tener al pobre animal ahí a mis pies... no. Aunque dirán que han muerto bajo los dientes de un león, y confirmo que vemos la carcasa del tórax de una por ahí tirada. O sea: hay acción cazadora en este parque, algunos animales mueren porque el rey de la selva necesita su ración. Suena como a capitalismo.

 


Este de los cuernos se llama kudu (antílope), y el de abajo, tan poco agraciado, es un warthog (en castellano, atención, un "jabalí verrugoso"). A mí me suena de haberlo conocido primero como dibujo animado. En las avestruces ni entro, tenemos en este blog un máster. 
Kudu
Jabalí Verrugoso


No todo es conducción por la estepa esta: también puedes ir al "campamento principal", que está hacia la parte norte, y tomarte un "desayuno inglés" tras tres horas de incansable búsqueda, o no comprar nada en la tienda de quincalla africana pija donde, eso sí, tienen sellos para nuestra postal al Naufrago de las Ostras (que luego nunca llega). También puedes parar en unas zonas así en lo alto, donde hay carteles edificantes como el de abajo: "Cuidado con los leones. salga de; vehículo bajo su propio riesgo" (cómo no salir y jugarse la vida para hacerse la foto, así como rugiendo?). Luego está la "zona de picnic de Jack", que es exactamente eso (y baños), y que está perfectamente vallada, con gente dentro equipada para las madres de todas las barbacoas (no entiendo cómo no hay filas de leones al otro lado de la valla). Aquí tenemos un incidente: la puerta corredera de hierro por la que se entra se nos cierra encima y nos raya el lateral del coche, y casi levanta el espejo. Me siento como en una peli de Indiana Jones o en aquella de La Guerra de las Galaxias con una pared que se te aproxima, sin salida, va a aplastarte.


Durante el día vemos muchos más animales: bufalos, tortugones, monos, tal vez un lince, diversos tipos de antílopes o ciervos y según un folleto que nos dan, un montón de bichos intraducibles, entre los que se encuentran algún otro de los dibujos animados (el meerkaat), pero que no vemos. Tampoco tristemente vemos ningún felino, y eso es una pena: ni leopardo, ni león, ni tigre. Ya lo imaginábamos, que para esto hay que ir al Kruger, pero hay malaria. 


Volvemos a la cabaña a leer un poco y que el Peda tome su chute diario de dopamina via el maldito correr. Mini y yo nos quedamos tiradas y recuerdo conversaciones interesantes en las que Mini parece sorprendida de que yo también fui un día niña, y tuve amigas, y hubo "dramas". Escucha como quien está suscrito a un podcast de historia: veamos cómo estos seres de la antiguedad solucionaron problemas.

Aún salimos un poco más para ver el atardecer: es totalmente la imagen de Africa que todos tenemos en la cabeza. Los bichos, eso sí, están todos ya durmiendo.