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06 septiembre 2010

Loquesea

Una de las consecuencias de esta crisis del ladrillo que nos está tocando vivir, es que ha dejado a mucha gente en el paro con una misconception sobre su persona y su valía. Me explico. Durante el boom inmobiliario había mucha gente sin cualificación que, trabajando 8 horas cada día (sábados y domingos no por supuesto) acarreando ladrillos o llevando una retroexcavadora se sacaban 300.000 pts o más al mes. Ya no te digo si eras fontanero, electricista o jefe de obra. Son gente que se compraron un BMW un Touareg o similar y ahora no llegan a todo. Mucha de esta gente está en el paro hoy en día cobrando por ejemplo 1.200 euros. Si les sale un trabajo para trabajar 8 horas a 1.000 euros, muchos prefieren continuar en el paro que reengancharse. Además algunos complementan el paro con chapucillas y entonces lo que se llevan al final de mes es superior a lo que ganarían trabajando. Otra cosa será cuando se acabe el paro.  Pero divago.

Volviendo a mi entrada del viernes y lo de "yo quiero trabajar en loquesea". Me ha ocurrido alguna vez, que alguien en una situación desesperada viene a pedir trabajo de loquesea y le buscas un lugar donde pueda trabajar con cierta urgencia. Al final estas cosas no suelen acabar bien. 

Lo ilustraré con un caso: Un señor viene un día a verme, situación desesperada, sin trabajo, loquesea me dice. Le encuentro un trabajo "apropiado", no es muy duro aunque tiene un componente de producción que no hacía antes. El tío estaba acostumbrado a sacarse 2.000 euros al mes y ahora le van a pagar 1.000 euros trabajando las mismas horas. De entrada le parece bien. A las dos semanas comienza a estar descontento. Me están explotando, piensa. Trabajo como un chino y cobro menos de la mitad que antes. Estos tíos son unos cabrones (palabras textuales). A los 3 meses, se va. Supongo que encontró algo mejor y por eso se fue. Hasta ahí todo bien. Ahora me lo cruzo por la calle y no me saluda.

Cuenta la leyenda que Mengano había sido alcalde de una localidad durante la guerra civil y también en la posguerra. Un día hablando con otro alcalde, éste le increpó: 
- Mengano, ¿tu no tienes miedo de salir solo a la calle?. 
- No - respondió este. No he hecho nunca favores a nadie.

04 septiembre 2010

Lo que el ojo no ve

Una sonrisa enorme




Un helado buenísimo a orillas del mar




Un castillo descubierto




Un hortera de bolera




Un comedor de cinco tenedores




Una reunión de primos


03 septiembre 2010

Tocada y ... hundida

Es curioso, el mismo día que escribo una entrada sobre lo que me gustaría un cambio en mi vida laboral me ocurre lo siguiente. ¿Una lección de humildad, un jarro de agua fría, un toque de atención, una señal? No lo sé, quizá todo eso y nada a la vez. ¿Debería conformarme con lo que tengo? ¿Es malo querer cambiar?

Me avisan de recepción que hay un señor que quiere verme, me dicen el nombre y no me suena. Yo por lo general recibo a todo el mundo aunque no me suene de nada. Luego les puedo dedicar más o menos tiempo, pero en general y si no estoy metida en un merdé, atiendo a todos y todas. El nombre no me suena, pero en cuanto lo veo lo reconozco. Es un carpintero de unos cincuenta y pocos. Me suena de cuando yo era pequeña. Había estado en mi casa haciendo alguna chapucilla. Lo recuerdo como un tipo simpático, eficiente y me parece que debe ser buena gente. Tras unas breves palabras de cortesía, entra sin rodeos: busca trabajo.

Que si la cosa está muy mal, que si abre el taller y no tiene trabajo, que si hay que anticipar el dinero a los proveedores, que si a él no hay ningún cliente que le anticipe, que se encuentra muy mal, que la cosa va de capa caída desde hace más de un año, que antes con la construcción se iba tirando, pero que ahora no hay más que proyectos pendientes pero que no se ejecutan,  que si empezó un trabajo y le dejaron colgado y por ende sin dinero, que si tiene miedo de caer en una depresión, que su mujer también está sin trabajo, que... a ver si yo puedo ayudarle, que trabajaría en lo que sea. 

Joder. Me siento fatal en mi privilegiada situación. Casi culpable. Imagino que él no se siente nada bien tampoco. Por un momento me pongo en esa situación desesperada que describe y siento escalofríos. Debería de intentar hacer algo por él, pero en la empresa en la que trabajo tampoco están las cosas como para tirar cohetes, ni tampoco somos una ONG, además forzar una entrada de "loquesea" no suele dar buenos resultados en RRHH. Alguna vez he tenido un desencuentro por eso y me he comido algún sapo. Me quedo su teléfono y prometo que si sé de algo le llamaré. Ojalá pueda.


02 septiembre 2010

Tormenta veraniega



Esta foto la tomé al principio del verano volviendo de la granja. Me gusta la carretera comarcal desierta, el cielo amenazante, la luz de antes de la tormenta y la de después también y el contraste con el cereal listo para su cosecha, tan amarillo.

La imagen se corresponde con mi estado de ánimo. No es que haya vuelto de vacaciones y tenga depresión postvacacional. Yo es que la depre esta la tengo todo el año. Es más una alergia laboral. Necesito un cambio. Necesito ilusionarme y tener ganas. Necesito un nuevo trabajo. Ya sé que cuando no se tiene algo es cuando en realidad se valora y quizá tendría que perderlo para ponerlo en su justa medida. Además no están los tiempos como para andar despreciando nada. Quizá lo haya tenido todo y no valore nada. Probablemente hasta sea bueno mi trabajo: tengo un sueldo digno, mucha libertad, pero no me basta. ¿La razón? No aprendo.

Llevo fatal lo de no aprender, lo de no tener interlocutores válidos, lo de no crearme dudas razonables, lo de no cuestionarlo todo, lo de no observar y sorprenderme, lo de no viajar y empaparme de culturas nuevas, lo de no planear cosas diferentes, lo de no conocer a más gente, lo de no progresar. No quiero más rango, ni más dinero aunque nunca está de más, quiero avanzar como persona y como profesional y tengo la sensación de ir para atrás, de ser cada vez menos útil, menos empleable.

Para colmo concurren varias situaciones porculeras:

1. En la TV no hacen más que emitir programas de españoles por el mundo a los que les va de pistón, pueden conciliar perfectamente trabajo y familia y encima no curran nada (o eso parece). Cada vez que veo un programa de esos siento que tengo que emigrar y que estoy perdiendo un tren.

2. Cuando no son los españoles por el mundo, son los que viven en España pero de muerte, en unas casas de esas de revista que encima tienen la desfachatez de enseñarte. Son casas muy caras, que raramente se consiguen con un sueldo y que personas corrientes como yo, no alcanzaremos jamás o no nos podríamos permitir mantener ni aunque las alcanzáramos.

3. Todos mis amigos que no viven en el pueblo son superjefes de algo. ¿De qué? Da igual. Es un fenómeno curioso. No hay nadie que sea administrativo en un ayuntamiento o dependiente de Zara. Todos son jefazos. Preguntar a sus madres y lo comprobaréis. Además a todos les va fenomenal.

4. Estoy entrando en la cuarentena, en el ecuador de la vida. Es el momento en el que o cambias, o te resignas a vivir (con suerte) como ahora. Te das cuenta de que tus sueños se van a quedar en eso, sueños y que probablemente no los puedas realizar.

5. Descubres que todo lo que tienes no hace más que atarte: casa, coche, familia, hipoteca... Nunca es más cierto que cuanto menos se tiene se es más libre. Lo que pasa es que el que dijo eso no tenía dos pollitos a toda vela que requieren ciertas cosas. Quizá menos de las que les damos, cierto, pero nos condicionan. Ya no está en juego tu vida, tu situación. Lo que tú hagas tendrá un efecto real en ellos y ahí me han dado.

6 . La clase política de este país da asco y fomenta la mediocridad y la astenia a todos los niveles. El "te lo damos todo hecho" para que ni siquiera pienses, masticado y del sabor que queremos, nos está aborregando. Lo peor, no es estar en el túnel. Lo malo es que no se ve la luz. Es triste y nada motivador, ver como la cultura del pelotazo es la que se impone y el poner trabas a la gente que tiene un proyecto o a la que simplemente trabaja, está a la orden del día. Hay que atarse el cinturón mientras nuestra clase parásita, política derrocha nuestro dinero en chorradas varias.

7. Deterioro físico. Que a los cuarenta no estás como a los 20 está claro. Además probablemente hayas conocido varios casos de putadillas y no quiero poner ejemplos. Amigos, familiares, incluso hij@s, estamos amenazados por tantas cosas que, lo raro es vivir, como decía el libro. Es una lotería, totalmente injusta, que siempre toca. Da miedo lo que te pueda tocar. Si no te ha tocado nada aún, tienes más probabilidades de que te toque y eso es mucho peor que todo lo demás.

Así que "tengo" que sonreír, a pesar de todo, podría estar peor.

31 agosto 2010

Sobredosis de refrito

A todo cerdo le llega su San Martín, y también les tenía que llegar a los divagantes. Pues sí, por fin llegó ese aciago momento en que, por unos días, los fanáticos del divlog tendrán que aplacar su sed de continuo estímulo intelectual con cutres refritos, escritos quién sabe ande, el cielo sabrá cuándo y bajo la influencia de qué sustancias.

Pero, oh lector, nuestra crueldad sí conoce límites, y este castigo ocurrirá únicamente a días alternos: la sin par Diva, mentora y musa de ésta mi parte fritanga del blog, estará cocinando a cuatro fogones a lo Berasategi para quitaros el empacho de los restos recalentados del dí-a anterior.

Importantes asuntos nos reclaman allí donde (los ángeles temen y) no hay sartenes, ni ollas, ni siquiera yogurteras. Allí donde la única opción para la abstinencia bloguera será darnos a los excesos y a la perversión.

Pero volveremos, y lo que no esté prohibido, engorde o sea delito, lo contaremos.

Salud y tantos besos.

29 agosto 2010

Mi flequillo: busquemos responsabilidades.

Desde hace más o menos un año llevo flequillo, por culpa de Isabel Coixet. No es nada nuevo, ya lo llevé en la uni, creo que estaba de moda por "Sensación de vivir" (glubbs). Si es que soy una fashion victim.

Y sí, si hay alguien responsable de mi flequillo actual es la Coixet. En serio. Corría Septiembre del 2009, y se estrenaba "Mapa de los sonidos de Tokio" en los Cines Renoir de Vetusta. Como está mandado, Vetusta supone sobredosis de cine en sala. Aquella tarde, primero refresco en el parque de enfrente con el naúfrago Ro y N y enseguida bajan las luces. La sala está llena. Mis ojos comienzan a dar vuentas por la pantalla, mi cabeza a jugar con que está detrás de la cámara. Qué mal el doblaje: en los Renoir, con ese nombre tan pichi que traes vagos flashbacks del gafapasta Curzon Renoir de Londinium, antes eran en versión original subtitulada. Pero el mercado manda. Creo que Sergi López se dobla a sí pispo, con resultados estremecedores. Céntrate. Tiene una tienda de vinos (cuán middle-class se puede ser?). No te estás centrando. La prota trabaja en un mercado de pescado y hace alguna otra cosilla como top-up (yo no cuento las pelis, tranquilidad, pero de esas cosillas va la trama). Oigo respirar al Peda a mi lado. La luz de "salida de emergencia", demasiado brillante. Malo. Cuando me disperso así, malo.

Como todo aspirante a fotógrafo sabe, qué buenas fotos salen en cualquier mercado. La Coixet, enamorada de Tokio, oh, ha descubierto lo que hasta un turista de primera generación hace en su primera visita: el mercado de pescados de Tokio es fotogénico! Pongamos a trabajar alli a la prota. Tengo ganas de ir al baño, cuánto falta? Necesitas Ritalin, Di, regresa. Nuevo punto en la trama: entre los personajes se aspira a que haya eso tan difícil que se llama "magia". Tengo frío, me pego al Peda. Y lo del frío es también metáfora de la frase anterior. De fondo hay sonidos de Tokio? No me acuerdo. Toda la peli está afortunadamente vaga en mi memoria, aparte de los retazos de este párrafo tambien vago y corrientedeconciencia. Y así es como me sentí en la peli, hace más o menos un anio.

Una palabra viene a mi mente: pretenciosa. La peli es pretenciosa. La Coixet, una vez más: me pregunto porqué sigo pagando por ver sus pelis. La de la plataforma petrolífera, la de la esgrima, la de una que se muere y sus hijas nosequé. Joer, si las he visto todas! Mi masoquismo es infinito, no, es mi esperanza (positive reframing). Mi mejor recuerdo es aquella escena en la lavandería de su primera peli en la que la prota llora histéricamente porque no tienen su helado favorito a media noche en el 7/11. En realidad, llora por otras cosas, ya se sabe. Me siento casi como aquel personaje, pero con ganas de gritar por esta peli. Mi mente se va, navega por otros lugares, querría verdaderamente estar en Tokio, pero no en el de la Coixet, frío, listillo y condescendiente, sino en el de "Lost in translation", o el de "Tokyo story" o en el de "Kill Bill". Céntrate Di, que aún queda peli. Ah, mira, está bien el flequillo de la prota. Da igual lo que diga o haga, no te lo crees, no te importa. Mañana tengo que cortarme el pelo.. y si me cortara el flequillo?

Esta es la historia de mi flequillo y su culpable: aviso para divagantes de lo que aburrimiento en una peli puede hacer. Y no es un flequillo borroka, de esos cortos cortos, ni a lo Jane Birkin, que tapa los ojos. Es un flequillo a media frente, que me recorto yo cada pocas semanas, con resultados desiguales.

Y para que nadie se llame a engaño, yo de mayor no quiero ser la guapísima Audrey Hepburn, que ya se sabe que a mi las santitas tipo Sabrina no me inspiran nada. Yo de mayor quiero ser Uma Thurman en Pulp Fiction.


28 agosto 2010

Deseos

Como algunos ya sabéis nos hallamos en lo alto de los Pirineos disfrutando del fresquito, las chapucillas que hay que hacer a las casas viejas y los tábanos que abundan este año más que nunca.

Lo biueno de estar en un pueblo muiy pequeño es que los pollitos salen de casa y entran a su antojo y tienen esa sensación de libertad que los que crecimos en pueblos teníamos antaño y que tan difícil es de encontrar ahora. Así pues se van a explorar, a trepar, a descubrir, a los huertos, a las grnajas y vuelven cargados con un dedo de mugre, pero de la sana, ecológica o biológica que dirían los cool.


Ayer viene mi polluela de 6 años:

- Mamá, mamá he soplado unos angelitos (diente de león) y he pedido un deseo!

- Ah, sí y ¿qué has pedido?

- Mamá, ¡que no se puede decir hombre! - me dice indignada - Que si lo dices, los deseos no se cumplen, o es que no lo sabes?

- Tienes razon hijita, se me había olvidado...

- (Silencio)

- Pero bueno, a papá y a tí no os lo dejaré porque ya tenéis ordenador...

27 agosto 2010

Mineros de Chile: si por lo menos pudiera rezar...

La historia de los mineros atrapados en Chile ha estremecido al mundo. Como no soy nada original en esto del estremecimiento, a mí también. Escucho la BBC4 mientras me ducho, y cada maniana hablan de cómo esta historia "ha capturado la imaginación de la gente" a lo largo y ancho del globo, entrevistan a los de la Antártida y el cura de "Thought for the day" (el momento del día para poner el secador) dice lo esperable. Qué suerte, si yo pudiera rezar... pero qué nos queda a los ateos en estas circunstancias? Esperar que la física y la tecnología y la teoría de sistemas funcione como suele? Qué fragilidad la nuestra.

Una vez estuve en una mina: en Potosí (Bolivia), una ciudad a mas de 4000 ms sobre el nivel del mar y como turista. Sí, como leen: hacen tours guiados. Todo lo sabía antes de bajar al agujero, toda la rabia la había sentido ya. Vivirlo en primera persona fue otra cosa. Y así es como lo vi el 22 de Octubre de 2004.
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“En la planta 14 del pozo minero, de la tarde amarilla tres hombres no volvieron…” Esta canción ha estado resonando en mi cabeza durante gran parte de nuestra visita a una de las minas cooperativas de Potosí, hoy por la mañana. Y es que gran parte de la visita han sido recuerdos, flashbacks, porque la mina es oscura, y nada te distrae de los túneles, todos iguales, casi ni tus propios pensamientos. Estos vienen en forma de música, “Soy minero”, “El abuelo fue picador, allá en la mina, y sacando negro carbón, quemó su vida” o de imágenes: el padre de Billy Elliott (Stephen Daldry, 2000) en la jaula q los baja tras la claudicación en la huelga contra la Thatcher; los mineros de Germinal (Claude Berri, 1993), con sus brazos levantados, y el anarquista q termina boicoteándolo todo con una explosión; Indiana Jones en el Templo Maldito (Spielberg, 1984) escapando en una vagoneta a toda velocidad a la vez que libera a miles de niños q trabajaban en aquella mina imaginaria.

Eso es cine, pero en Potosí, la mano de obra infantil en las minas es una realidad. El gobierno tiene escrito q nadie menor de 18 años debe trabajar en las minas, nos cuenta Edui, nuestro guía, pero la realidad es q hay niños de 14 años dejándose la piel allí, enterrándose en vida. La esperanza de vida para estos mineros no supera los 55 años: silicosis, exposición a los asbestos, desprendimientos, y gracias q en esta montaña no hay grisú, el gas criminal q recuerdo estudiábamos en E.G.B. Claro q uno podría contentarse pensando q la sociedad da pasos hacia adelante, si se tiene en cuenta q los españoles tenían indios 6 meses sin salir de la mina trabajando prácticamente hasta morir.

Esta montaña a la q se le conoce con el nombre de “Cerro Rico” (Sunaj Orcko), que estuvo llena de plata, zinc, cobre, estaño… tiene aún veta para un siglo más. Hay trabajando en ella entre 6000 y 8000 mineros. Tienen distintos salarios, según su posición: los picadores son los q más ganan, por ser el trabajo más duro, y el más arriesgado: 1200 bolivianos al mes (cada boliviano, la moneda del país, son 17 pesetas, así que saquen sus cuentas). Cobran 900 bolivianos los que llenan y arrastran la vagoneta, “pq es menos duro,” nos dice Edui, q es minero en época baja de turistas, y cuyo padre y hermano son también mineros. La vagoneta pesa media tonelada, y la llenan con una tonelada. Ello quiere decir que dos hombres empujan por los raíles una tonelada y media. Por no llega a 17.000 pesetas mensuales. Las vagonetas no son mecánicas, sólo lo fueron alguna vez en la mina del gobierno (q luego se privatizó), "porque es muy caro", nos dice Edui. Sale más barato que los hombres la empujen, y que le den vueltas a un torno para subir material de niveles inferiores. La electricidad es cara. Y por fin, los q están al aire libre cobran 600 bolivianos, pq su trabajo solo consiste en separar el mineral. Cobre. Plata. Etc.

Antes de meternos en la mina nos ponemos un traje de mineros, claro, con nuestro casco de topo y todo. La luz lleva una batería q se ata a la cintura, y q sólo cuando te la quitas te das cuenta de lo q pesa. Las botas son katiuskas, y cuesta un poco aprender a moverse con semejante equipo. Ya disfrazados vamos al mercado de los mineros, a comprar “regalos” para ellos. Ponemos 10 bolivianos por persona (ni 200 pts), y compramos botellas de refresco, y bolsas con hojas de coca. Otra gente compra alcohol de 96 grados y tabaco. Nunca había visto algo de semejante gradación que no fuera alcohol de quemar. Pero se lo beben. Y las bolsas con las hojas de coca, q empiezan a masticar (quitándole en nervio central) hasta q tienen una bola enorme q les ocupa todo el carrillo, y q les sirve durante varias horas. Eso les da “energía” para continuar. Trabajan de lunes a sábado, con descanso dominical, a turnos. No es de extrañar q necesiten de la coca, y del alcohol para seguir picando, bajo tierra.

Cuando llegamos a la mina, con sólo ver a los de fuera, los de 600 bolivianos, se me cae el alma a los pies. Pienso en la suerte q hemos tenido nosotros, de lo inhumano de este trabajo, de si merece la pena llevar una pulsera o exhibir un marco de plata en tu casa, cuando el precio q hay q pagar es la carne y la sangre de esta gente. El mundo no es justo, y cada vez q pienso esto me recuerda q una de las primeras frases q aprenden los niños ingleses para quejarse es “it’s not fair” (no es justo). El mundo es una mierda.

Entramos por el túnel siguiendo los raíles de las vagonetas. Vamos con Edui y un japonés, Taca, q no comunica demasiado salvo para pedir q le hagamos fotos. El suelo está a veces mojado, y hay muchos charcos. Nos iluminan sólo los focos del casco. El padre del Billy Elliott bajando al agujero con lágrimas en los ojos: la Thatcher estaba ganando. A veces nos damos en la cabeza con las vigas atravesadas, pero el casco cumple su misión (no rompernos la crisma). En nuestra mina, menos mal, podemos andar de pie todo el rato. En otras, hay gente q agacharse e ir a gatas.

Atravesamos muchas bifurcaciones, y por fin llegamos a un punto donde hay dos hombres haciendo agujeros en la pared, en el final del pasillo. Edui nos da un poco de plástico para q nos pongamos en los oídos. Están metiendo una broca gigante, y luego aire comprimido para secarlo. El agujero tiene q estar seco, porque cuando tengan muchos hechos, le meterán la dinamita, junto con manganato de sodio (no estoy segura, podría ser sulfato amónico, o cualquiera otra sal de esas de química), q hará la explosión más fuerte.

Edui nos cuenta q todos en la mina tienen un mote, y q son nombres en Quechua q no nos puede traducir (y sonríe picaronamente). A el le llaman “Cara de llama”, y entonces llegan Chupila y Orotes. Estos nos acaban contando q el primero significa “agujero” (y hace con las manos el conocido símbolo abortista, “nosotras parimos, nosotras decidimos”), y es segundo “las bolas de los hombres”. Nos reímos con la sofisticación de las bromas aquí bajo tierra.

Seguimos caminando por otros pasillos hasta llegar a un punto donde hay una escalera q sube a otro nivel superior. Escalamos como podemos, y llegamos a un pasillo estrecho donde un hombre esta dándole a la pared con un pico. Nos sentamos un rato, y mientras hablamos jugamos con las piedras. Todas ellas brillan cuando les ponemos el foco de nuestra frente encima y al chocarlas se rompen en polvo de plata. “Llévese de regalo”, nos dice Edui, y cogemos un par. Vemos la limpieza de la veta en la pared del pasillo, habría hecho las delicias de un geólogo. Edui nos explica cómo los ingenieros se encargan de ponerles sobre aviso de las zonas peligrosas. Según el, ganan como los picadores. Me extraña.

Bajar por la escalera aquella tiene su complicación, pero tenemos q ir a ver al "Tío" antes de mediodía. El tío es el diablo, al q los mineros veneran y hacen ofrendas para q les de buena suerte. Según Edui, vino con los colonizadores españoles, y q le llaman el tío pq los quechuas no sabían pronunciar la “d”, y de ahí, dios-tío. Me recuerda al Maximón de Guatemala (el santo malo). Los mineros también le ofrecen tabaco, alcohol y hojas de coca. Está excavado en la pared, es rojo, y con todas las pintas de un demonio, de los q nos pinta la iglesia, claro q éste, además de los cuernos, sufre de un priapismo digno de preocupar. Todos los viernes, los mineros van a hacerle sus ofrendas. En Febrero hay un carnaval en la mina del q aún quedan banderillas en el pasillo q conduce al tío.

Seguimos caminando hasta llegar a otro pasillo muerto. Hay tres o cuatro mineros cargando una vagoneta, y nos ofrecen alcohol de 96 grados (pero algo rebajado con agua). Puaggg, q asco. Uno de ellos lleva una buena, o eso me parece. Mas tarde, se les sale la vagoneta del rail, y colocarla de nuevo es toda una odisea. Los turistas miramos como imbéciles. Ya al final de la mañana, volvemos al punto donde estaban los picadores, que ya han puesto la dinamita. Solo falta encender la mecha. Cuando lo hacen, empezamos a caminar en dirección opuesta durante unos 50 metros. Entonces oímos las explosiones: bom, bom, bom. Impresionantes, parece q la montaña entera se va a caer. Edui dicen q han sido “muy buenas”. Seguimos nuestro camino hacia la salida. Los mineros tendrán q entrar mas adelante a recoger las rocas q ha sacado la explosión.

Seguimos caminando, y por los largos pasillos, Indiana Jones escapando en la vagoneta, en la Planta 14 del pozo minero, y Germinal de Zola. Y los españoles matando indios aquí para hacer bandejas de plata para el rey de turno. Y los chinitos que Indiana Jones libera saltando de júbilo. Pero para nosotros, sólo queda desolación: no hemos liberado a ningún niño, tan sólo hemos regalado unas bolsas de coca a estos pobres hombres, para q bajo su efecto sigan picando sin ver la luz del sol. A quien le quedan ganas de, una hora más tarde, comprar una pulserita de plata como souvenir?

25 agosto 2010

El ajuar

Cuando tenía 16-17 años, había una amiga a la que su madre le estaba preparando "el ajuar". Por supuesto, la joven Di había oído hablar de tal concepto refieriéndose a otro mundo, en otra galaxia. Si hubiera supuesto una mínima amenaza para ella, la joven Di habría convenientemente catalogado la idea como "conmigo no haréis esto", pero no era el caso. La amiga, mucho más madura, lo veía como una muestra de cariño de su madre, que le estaba bordando sábanas con sus iniciales y pajarillos.

Nunca me casé, luego nunca viví lo que supongo es ese periodo de preparativos cuando uno se compra las sábanas, los tenedores y las copas para su nueva casa. Y los platitos de plata para poner el pan, en las parejas "conforme", que diría la Yaya. El Pedalista y yo nos fuimos de casa sin firmar nada, con dos maletas, dos mochilas y un billete de ida de Iberia. En el aeropuerto, la madre del Peda lloraba y la mía reía histéricamente (que viene a ser igual que llorar, créanme). Dentro de las maletas no llevábamos nada para empezar una casa: mi madre, la Yaya y la madre del Peda tuvieron a bien no meternos de extranjis un mantel a juego con el delantal y los trapos de cocina (aunque sí algo de fuet y maza de jamón). Tal vez subconscientemente (si el subconsciente existiera), todos esperaban que la aventura saliera mal (bien), y a los tres meses regresáramos.

Dentro de mi maleta, yo llevaba principalmente libros y ansiedad: todo aquello que debería saber al terminar una carrera y que nunca me atreví a preguntar. Fatal pero a la vez ansiadamente, se avecinaba la hora de la verdad: ahora la gente se iba a sentar delante mía preguntando un par de cosas y yo debía hacer como que las sabía. La impostora se empezaba a gestar, y encima, sin ajuar.

Nuestra primera casa improvisada y base por 15 días (mientras yo hacía entrevistas de trabajo) a las afueras de Londinium fue la de Steve, un amigo que trabaja como cámara de cine, y que estaba entonces rodando un docu en el Himalaya. Una vez conseguido el puesto (sí, fue así de rápido), pasamos a vivir en una ciudad del norte en el alojamiento que proporcionaba mi trabajo para todos los que empezábamos en este gremio. Al entrar, olía tanto a curry que tuvimos que deshacernos de las cortinas y pedir ayuda a dirección (vivan los Pedas multiculturales). Después, abrimos los cajones y allí estaba todo, ¡plink! Incluso plancha: yo recordaba aquella peli de Icíar Bollaín ("Hola, ¿estás sola?") en la que Candela Peña decía que "una verdadera casa tenía que tener plancha". Ah, y sobre la encimera, el objeto tótem con el que nunca más podremos vivir sin: la tetera.

Un sábado fuimos a House of Fraser y compramos un duvet (edredón nórdico). Trece años después aún lo conservamos. Fantaseo con que nos acompañará siempre: simboliza todos nuestros años de "matrimonio" sin papeles. También compramos el cobertor que, para tranquilidad del lector, anotaré sí ha cambiado. En aquella casa no había lavaplatos y la lavandería se compartía con el resto de la comunidad (no, no había encuentros tan interesantes como en las pelis). También hacíamos barbacoas en la pradera cuando el tiempo acompañaba (o sea, pocas) y chili con carne y otras delicias de comidas del mundo (Pedalistas en proceso de inmersión) en los distintos apartamentos, y todos teníamos siempre el mismo juego de platos, vasos, y tenedores. Igual que la sábanas, tenían el membrete de la empresa que nos ingresaba la nómina a final de mes, la más grande del país, el mejor invento de los ingleses. Que tristemente se está yendo al garete. Snif.

Cuando los "sin papeles" se cambiaron a su propia casa en otra ciudad un poco menos al norte, las cosas del ajuar no mejoraron. Resulta que Lili, una amiga de Margarito, se volvía a España y vendía un piso a toda prisa. Los Pedas, impulsivos y Cronopios ellos, fueron, vieron y compraron. Estaba tirado de precio, en el centro, cerca del trabajo. Se podía ir andando al cine y, muy importante, volver trastabillando de los bares. Luego descubrimos porqué era tan barata, pero cuando eres (aún más) joven, indocumentado y pre-Mini-zado esas cosas te dan igual. El caso es que Lili se volvió en coche a Barcelona y no pudo llevarse su ajuar. Así que los Pedalistas, una vez más, usaron los platos, los vasos y las sartenes que otros habían elegido, haciendo tal vez algún pequeño añadido como un juego horroroso de copas que parecían diseñadas para beber vino cabezón, alguna sartén con eso que no se pega (el Peda tiene algo con el menaje, no pregunten qué pues nos metemos en arenas diagnósticas), ensaladera presentable para las cenas, y tal. El Peda se obsesionó con una cucharilla y nos la tuvimos que llevar, pese a que yo lleve fatal mangar de esta santa institución pública. Aún nos acompaña, quiero decir, a él.

Las madres, la Yaya y la entidat han ido proveyéndonos de pequeños electrodomésticos a lo largo de los años. Sí, ya tenemos plancha propia y secador. Incluso yogurtera (el Peda y Mini prefieren los industriales a los que esta máquina produce). Y una colección de ollas a presión, tema fetiche del Peda, que siempre duran poco: empezamos con una de la entidat por ingresar el oro y el moro, luego la regalada que no quería mi madre pues la otra le explotó, y así. El otro día se compró una que parece salida de una peli de la Segunda Guerra Mundial. Debería estar prohibido tener esa olla, por su potencial Hiroshima.

Ahora veo claro que nunca tendré una casa como los dioses mandan, pues nunca seré "gente conforme". La mía se ha ido construyendo, como las familias estas nuevas reconstituídas, con pedazos de aquí y de allá. Así como los amigos que vienen a vernos han de dejarnos una receta (y sí, hay un excel, y sí, los platos tienen el nombre de su originario, pueden intentar entrar los lectores), también han de acostumbrarse a que de los platos amarillos modelnos gigantes (no entran en lavaplatos que es de media carga) sólo hay cuatro, y los perdedores acaban con los blancos con ribete verde de Lili. Y las copas son cada una de su padre y de su madre, si bien aquellas malditas ya no están. Por no hablar de los tenedores.

Creo que voy a hacer algo a tenor de esa olla express.


24 agosto 2010

Fantasy Girl

No tiene nada de erótico la entrada de hoy. Así que  los que albergaban alguna esperanza de ver aquí a la chica de sus sueños, lamento decirles que no, no va de eso. Lo siento.

Lo de Fantasy Girl, es un estado de obnubilación que suele ser pasajera, en el que una tiene la fantasía de que puede con todo, todos y lo que le echen. A veces dura un día, una hora, una semana y suele venir acompañado de una decepción por no conseguir lo que creías posible. También puede venir acompañado de sentimientos de culpa o simplemente tener efectos colaterales sobre tus allegados. Eso es así la mayor parte de las veces que no te das cuenta de que has caído en él. Así que lo de "ya está aquí la Fantasy Girl" es algo que me digo tan a menudo como me doy cuenta de que he entrado en ese bucle de superwoman (todo para mí y sin ayuda) que a veces se apodera de mi mente e incluso de la de Consuerte. Sí, sí, hay que ver en que embolaos me ha metido alguna vez Consuerte. Pero divago.

Ayer tuve un día Fantasy. Mi (nuestra) intención era levantarse, desayunar, hacer deberes, asistir a una reunión de comunidad de vecinos, preparar la comida, comer, dejar el apartamento limpio, hacer el equipaje, llegar a casa, deshacer el equipaje, volver a hacer un equipaje nuevo y diferente, partir hacía el Pirineo, por el camino comprar pan y tortas, llegar, cenar y deshacer el equipaje, ¡Con un par! Ahora cuando lo escribo me parece increíble, pero cuando lo planeé, lo visualicé como posible., Ayer, sin embargo, cuando estábamos limpiando el apartamento, sudando, cansada, me noté estresada, con ganas de asesinar a alguien y me paré a pensar. Diva, pero... ¿qué necesidad tenéis de pegaos semejante palizón si estáis de vacaciones? Ya está aquí la Fantasy Girl (no digo woman que suena más a vieja). Dicho y hecho. Me cambié y me fuí a la piscina.

Lo he de reconocer: Yo, hay veces que NO PUEDO.

Son las 12 de la noche y nos hemos quedado en deshacer el equipaje. Me felicito con esta entrada. Mañana más.