El problema conmigo es, me gusta cuando alguien divaga. Es más interestante y todo eso (Holden Caufield) Si no las escribo, las cosas no han llegado a término, solo las he vivido (A Ernaux) La vida real no está a la altura de escribir sobre ella (J Eugenides) Escribir es persuadir a un extraño de que se quede (R Cusk) El camino del exceso conduce a la sabiduría (W Blake)
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06 septiembre 2010
Loquesea
04 septiembre 2010
Lo que el ojo no ve
03 septiembre 2010
Tocada y ... hundida
02 septiembre 2010
Tormenta veraniega
31 agosto 2010
Sobredosis de refrito
A todo cerdo le llega su San Martín, y también les tenía que llegar a los divagantes. Pues sí, por fin llegó ese aciago momento en que, por unos días, los fanáticos del divlog tendrán que aplacar su sed de continuo estímulo intelectual con cutres refritos, escritos quién sabe ande, el cielo sabrá cuándo y bajo la influencia de qué sustancias.29 agosto 2010
Mi flequillo: busquemos responsabilidades.
28 agosto 2010
Deseos
27 agosto 2010
Mineros de Chile: si por lo menos pudiera rezar...
Eso es cine, pero en Potosí, la mano de obra infantil en las minas es una realidad. El gobierno tiene escrito q nadie menor de 18 años debe trabajar en las minas, nos cuenta Edui, nuestro guía, pero la realidad es q hay niños de 14 años dejándose la piel allí, enterrándose en vida. La esperanza de vida para estos mineros no supera los 55 años: silicosis, exposición a los asbestos, desprendimientos, y gracias q en esta montaña no hay grisú, el gas criminal q recuerdo estudiábamos en E.G.B. Claro q uno podría contentarse pensando q la sociedad da pasos hacia adelante, si se tiene en cuenta q los españoles tenían indios 6 meses sin salir de la mina trabajando prácticamente hasta morir.
Esta montaña a la q se le conoce con el nombre de “Cerro Rico” (Sunaj Orcko), que estuvo llena de plata, zinc, cobre, estaño… tiene aún veta para un siglo más. Hay trabajando en ella entre 6000 y 8000 mineros. Tienen distintos salarios, según su posición: los picadores son los q más ganan, por ser el trabajo más duro, y el más arriesgado: 1200 bolivianos al mes (cada boliviano, la moneda del país, son 17 pesetas, así que saquen sus cuentas). Cobran 900 bolivianos los que llenan y arrastran la vagoneta, “pq es menos duro,” nos dice Edui, q es minero en época baja de turistas, y cuyo padre y hermano son también mineros. La vagoneta pesa media tonelada, y la llenan con una tonelada. Ello quiere decir que dos hombres empujan por los raíles una tonelada y media. Por no llega a 17.000 pesetas mensuales. Las vagonetas no son mecánicas, sólo lo fueron alguna vez en la mina del gobierno (q luego se privatizó), "porque es muy caro", nos dice Edui. Sale más barato que los hombres la empujen, y que le den vueltas a un torno para subir material de niveles inferiores. La electricidad es cara. Y por fin, los q están al aire libre cobran 600 bolivianos, pq su trabajo solo consiste en separar el mineral. Cobre. Plata. Etc.
Antes de meternos en la mina nos ponemos un traje de mineros, claro, con nuestro casco de topo y todo. La luz lleva una batería q se ata a la cintura, y q sólo cuando te la quitas te das cuenta de lo q pesa. Las botas son katiuskas, y cuesta un poco aprender a moverse con semejante equipo. Ya disfrazados vamos al mercado de los mineros, a comprar “regalos” para ellos. Ponemos 10 bolivianos por persona (ni 200 pts), y compramos botellas de refresco, y bolsas con hojas de coca. Otra gente compra alcohol de 96 grados y tabaco. Nunca había visto algo de semejante gradación que no fuera alcohol de quemar. Pero se lo beben. Y las bolsas con las hojas de coca, q empiezan a masticar (quitándole en nervio central) hasta q tienen una bola enorme q les ocupa todo el carrillo, y q les sirve durante varias horas. Eso les da “energía” para continuar. Trabajan de lunes a sábado, con descanso dominical, a turnos. No es de extrañar q necesiten de la coca, y del alcohol para seguir picando, bajo tierra.
Cuando llegamos a la mina, con sólo ver a los de fuera, los de 600 bolivianos, se me cae el alma a los pies. Pienso en la suerte q hemos tenido nosotros, de lo inhumano de este trabajo, de si merece la pena llevar una pulsera o exhibir un marco de plata en tu casa, cuando el precio q hay q pagar es la carne y la sangre de esta gente. El mundo no es justo, y cada vez q pienso esto me recuerda q una de las primeras frases q aprenden los niños ingleses para quejarse es “it’s not fair” (no es justo). El mundo es una mierda.
Entramos por el túnel siguiendo los raíles de las vagonetas. Vamos con Edui y un japonés, Taca, q no comunica demasiado salvo para pedir q le hagamos fotos. El suelo está a veces mojado, y hay muchos charcos. Nos iluminan sólo los focos del casco. El padre del Billy Elliott bajando al agujero con lágrimas en los ojos: la Thatcher estaba ganando. A veces nos damos en la cabeza con las vigas atravesadas, pero el casco cumple su misión (no rompernos la crisma). En nuestra mina, menos mal, podemos andar de pie todo el rato. En otras, hay gente q agacharse e ir a gatas.
Seguimos caminando por otros pasillos hasta llegar a un punto donde hay una escalera q sube a otro nivel superior. Escalamos como podemos, y llegamos a un pasillo estrecho donde un hombre esta dándole a la pared con un pico. Nos sentamos un rato, y mientras hablamos jugamos con las piedras. Todas ellas brillan cuando les ponemos el foco de nuestra frente encima y al chocarlas se rompen en polvo de plata. “Llévese de regalo”, nos dice Edui, y cogemos un par. Vemos la limpieza de la veta en la pared del pasillo, habría hecho las delicias de un geólogo. Edui nos explica cómo los ingenieros se encargan de ponerles sobre aviso de las zonas peligrosas. Según el, ganan como los picadores. Me extraña.
Bajar por la escalera aquella tiene su complicación, pero tenemos q ir a ver al "Tío" antes de mediodía. El tío es el diablo, al q los mineros veneran y hacen ofrendas para q les de buena suerte. Según Edui, vino con los colonizadores españoles, y q le llaman el tío pq los quechuas no sabían pronunciar la “d”, y de ahí, dios-tío. Me recuerda al Maximón de Guatemala (el santo malo). Los mineros también le ofrecen tabaco, alcohol y hojas de coca. Está excavado en la pared, es rojo, y con todas las pintas de un demonio, de los q nos pinta la iglesia, claro q éste, además de los cuernos, sufre de un priapismo digno de preocupar. Todos los viernes, los mineros van a hacerle sus ofrendas. En Febrero hay un carnaval en la mina del q aún quedan banderillas en el pasillo q conduce al tío.
Seguimos caminando hasta llegar a otro pasillo muerto. Hay tres o cuatro mineros cargando una vagoneta, y nos ofrecen alcohol de 96 grados (pero algo rebajado con agua). Puaggg, q asco. Uno de ellos lleva una buena, o eso me parece. Mas tarde, se les sale la vagoneta del rail, y colocarla de nuevo es toda una odisea. Los turistas miramos como imbéciles. Ya al final de la mañana, volvemos al punto donde estaban los picadores, que ya han puesto la dinamita. Solo falta encender la mecha. Cuando lo hacen, empezamos a caminar en dirección opuesta durante unos 50 metros. Entonces oímos las explosiones: bom, bom, bom. Impresionantes, parece q la montaña entera se va a caer. Edui dicen q han sido “muy buenas”. Seguimos nuestro camino hacia la salida. Los mineros tendrán q entrar mas adelante a recoger las rocas q ha sacado la explosión.
Seguimos caminando, y por los largos pasillos, Indiana Jones escapando en la vagoneta, en la Planta 14 del pozo minero, y Germinal de Zola. Y los españoles matando indios aquí para hacer bandejas de plata para el rey de turno. Y los chinitos que Indiana Jones libera saltando de júbilo. Pero para nosotros, sólo queda desolación: no hemos liberado a ningún niño, tan sólo hemos regalado unas bolsas de coca a estos pobres hombres, para q bajo su efecto sigan picando sin ver la luz del sol. A quien le quedan ganas de, una hora más tarde, comprar una pulserita de plata como souvenir?
25 agosto 2010
El ajuar
Ahora veo claro que nunca tendré una casa como los dioses mandan, pues nunca seré "gente conforme". La mía se ha ido construyendo, como las familias estas nuevas reconstituídas, con pedazos de aquí y de allá. Así como los amigos que vienen a vernos han de dejarnos una receta (y sí, hay un excel, y sí, los platos tienen el nombre de su originario, pueden intentar entrar los lectores), también han de acostumbrarse a que de los platos amarillos modelnos gigantes (no entran en lavaplatos que es de media carga) sólo hay cuatro, y los perdedores acaban con los blancos con ribete verde de Lili. Y las copas son cada una de su padre y de su madre, si bien aquellas malditas ya no están. Por no hablar de los tenedores.
Creo que voy a hacer algo a tenor de esa olla express.







