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06 junio 2025

"Deteminados. La vida sin libre albedrío" de R. Sapolsky. Primera parte (la durilla)


Hace unos días terminé "Determined. Life without free will" ("Deteminados. La vida sin libre albedrío") de uno de mis héroes, el primatólogo y neurocientífico Robert Sapolsky [divagué de su anterior libro "Behave" hace un tiempo], y estoy todavía como el conejo que cruza la carretera de noche y le dan las luces. Shock no empieza a describirlo: no por el mensaje, sino por cómo voy a escribir de este libro monumental de 400 páginas, cómo recomendarlo a lectores sin base científica, cómo abarcar lo esencial. 

Qué ha determinado que haya terminado
con una puerta con pegatinas de floripondios
en mi casa?

Cuando digo que es uno de mis héroes es porque creo que si todo el mundo se enfrentara al mundo con la inteligencia y la compasión de Sapolsky, este sería otro. Hay muchas veces en la lectura en las que he sentido hasta ganas de darle un abrazo (además con ese pelo y esa barba que me lleva, que parece un abuelito benévolo), de darle las gracias, y de decirle: "a saber si todo lo que explicas será así (*), pero tienes el corazón en la lucha adecuada". 

(*) Esto es porque él mismo recuerda la famosa cita de Max Plank: "La ciencia progresa de funeral en funeral" ("Science progresses one funeral at a time"). De esto hicimos una entrada en casi en la prehistoria del divlog para que quedara clarísimo (esta vez citando a Karl Popper) lo que no podría ser nunca una ciencia (e.g. el psicoanálisis, porque una teoría que no se puede refutar, no es científica). O sea, lo que dicen los estudios en los que se basa Sapolsky puede que se mueva en unos años, o décadas. Pero así se avanza. 

Tenía buenas intenciones y no quería hablar de la primera parte del libro, que es tirando a seca (en inglés se dice "dry"). De verdad que no he incluido demasiado, pero necesitaba explicar, aunque fuera por encima, algunas de las bases biológicas del comportamiento (de las que, por otro lado, ya hemos hablado aquí antes). De otra manera, parecería que algunas de sus reflexiones en la segunda se las está sacando de la chistera. 


Ahí vamos...

Son todo tortugas de aquí para abajo (It's turles all the way down!!!")
Quiero empezar con esa anécdota seguramente leyenda urbana que es bastante conocida en el mundo anglosajón (no sé si en la península), como metáfora para ilustrar un punto fundamental del libro. Su equivalente existe en otras culturas, pero el protagonista siempre es un hombre docto que está dando una clase y la que interrumpe una mujer mayor (mmm un hombre nos explica cosas, otra vez?). El hombre puede ser Bertrand Russel, William James o similar, y está explicando la naturaleza de la vida y del universo. Entonces la mujercita le interrumpe y dice: "Se equivoca, Mr Russell, las cosas no son como dice: el mundo descansa sobre el caparazón de una tortuga gigante". A lo que él contesta: "puede ser, pero dónde descansa esa tortuga?". Y ella: "en la espalda de otra tortuga". Y él: "vale, y esa segunda tortuga, dónde descansa?", a lo que la mujer triunfalmente concluye: "no insista Mr Russell, son todos tortugas hasta abajo!".


La razón por la que Sapolsky empieza su libro con la famosa anécdota de "It's turtles all the way down!!!" es precisamente porque su libro nos va a explicar que absolutamente todos nuestros comportamientos -generados por el cerebro- se pueden explicar por algo que pasó antes. Algo que le precedió causó este comportamiento: son todo una tortuga encima de otra, no una tortuga flotando sin causa aparente. Sapolsky explica cómo la biología -sobre la que no tenemos ningún control - interacciona con el ambiente -sobre el que tampoco- para hacerte tú. Si la gente llama a un comportamiento sin causa (aparente) "libre albedrío", es porque no entienden los múltiples determinismos debajo de un comportamiento.


Uno de los conceptos principales cuando se piensa si alguien es responsable de sus actos es "si tenía intención de hacerlo". Para entender si hay intención deberemos entender qué pasaba en tu cerebro los milisegundos o segundos anteriores, o a las horas, a los días, a tu adolescencia, infancia, a ti como bebé, y aún diré más, al espermatozoide y óvulo que se unieron para formar tu genoma, y a los ancestros que desarrollaron la cultura en la que vives, y a la especie a la que perteneces hace millones de años (tortugas, de nuevo). Vamos a desgranarlo, ¿Qué ocurrió antes de tu intención para un comportamiento? 


El córtex prefrontal

Ya sé que cuando empiezo con neuroanatomía pierdo a la mitad de los divagantes, pero es esencial para entender la intencionalidad y finalmente, esto del libre albedrío. Les presento al lóbulo frontal, que es la última parte del cerebro en madurar (no termina hasta la mitad de la veintena): ha tenido 25 años de influencia del ambiente durante su desarrollo -por eso es tan importante lo que pasa en esos años.


Dentro de este lóbulo, la parte más interesante es el córtex prefrontal (lo llamaremos PFC a partir de ahora), que es vital en la toma de decisiones (función ejecutiva, que se le llama), en concreto las decisiones más duras cuando tenemos ahí una tentación. En ello están implicados parámetros como el posponer la gratificación inmediata, el planear a largo plazo, el control de los impulsos, la auto-regulación emocional. Imagina que tienes una comida ultra procesada ahí delante que te encanta (no sé, gominolas de coca cola), pero sabes que es mala para tu salud. Tu cuerpo te pide "gratificación inmediata" (mmm qué bien sabrá cuando se deshaga el sidral -picapica- bajo tu paladar), pero entonces entra nuestro superhéroe PFC que controla los impulsos, te indica que a largo plazo hacer esto continuamente no te ayudará, y lo dejas. A alguien le sonará tal vez el ego y superego freudiano? Bueno, pues algo así, pero con base científica. 

Hacer lo adecuado requiere dos habilidades separadas por parte de este PFC: 1. mandar la señal de "hazlo" a la parte motora y más importante 2. mandar la señal de "y NO lo hagas" (aunque sea a lo que estás acostumbrada). O sea, inhibir el camino fácil. Si esto es así en decisiones como comer una gominola, imaginemos su importancia en el tema social (de hecho, esta parte del cerebro ha estado evolucionando durante milenios para darnos una ventaja social). El PFC es el centro de nuestro cerebro social y cuando más grande es nuestro grupo, más grande es.


Recordemos un momento la amígdala -de la que hemos hablado mucho en este divlog- esa estructura parte del sistema límbico clave para el procesamiento de emociones (especialmente ansiedad, miedo). Imagina que no eres racista y te enseñan imágenes de gente de distintas razas: un montón de estudios han replicado que en el 75%, la amígdala se activa (alerta! alerta!) en menos de una décima de segundo. Entonces llega nuestro superhéroe el PFC porque te sientes mal, tú no eres racista y la desactiva (en los abiertamente racistas, contentos con su actitud, no se desactiva).




Cuando el PFC está dañado (por ejemplo por accidentes, para un clásico véase lo que le pasó a Phineas Gage, o por demencia), ocurre el síndrome de desinhibición frontal: gente que dice y hace lo primero que le viene a la cabeza, sin filtro. Cuando alguien con 90 años se empieza a masturbar en la sala común de la residencia, llaman al neurólogo;  cuando lo hace alguien de 40, llaman al psiquiatra o a la policía, cuando en ambos casos hay una razón orgánica que ha de ser investigada y tratada. Hay un alto porcentaje de presos por violencia que han tenido antes una contusión cerebral y terminan con algo que por lo visto en US llaman "sociopatía adquirida", caracterizada por desinhibición, conducta violenta, comportamiento antisocial. Todo por dañar al PFC ¿Te da que pensar?

¿Por qué acaba de ocurrir ese comportamiento? (¿Por qué narices has hecho esto?)

O... más científicamente, ¿por qué el PFC funcionó de la manera que lo acaba de hacer cuando has hecho esto?


El segundo antes

Aquí hablamos de neurobiología pura y dura. Neuronas más o menos excitables, potenciales de acción... Neuronas que se despolarizan cuando pasan cositas. Cuando una neurona "dispara" hay potenciales de acción que dan lugar a iones que van a través de la membrana neuronal... esto puede pasar cientos de veces por segundo. 


Los segundos o los minutos antes

¿Qué información sensorial estaba llegando a tu cerebro que provocó que el sistema nervioso produjera ese comportamiento? Este es el mundo de los estímulos sensoriales, tanto exteroceptivos (lo que vemos, olemos, oímos, etc) como intraceptivos (información que viene de dentro del cuerpo: hambre, frío, nervios, etc) muchos de ellos percibidos inconscientemente. 


El PFC es la parte que más energía consume de nuestro cuerpo (en forma de glucosa). Cuando tiene déficit -y también de oxígeno- no funciona bien. Por ejemplo, esto puede ocurrir cuando estamos muy estresadas y toda nuestra energía va "para el pánico", o cuando estamos cansadas, o cuando estamos hambrientas. ¿Alguien recuerda el estudio de los jueces? Pues sí, que ponen sentencias más duras antes de comer. Esto está replicado en los juegos económicos: la gente es más generosa si no tiene la glucosa en sangre baja. Y todos sabemos cómo de irritables se ponen algunos cuando tienen hambre.



 


Minutos o días antes 

Aquí tenemos actuando a las hormonas: si googleas te saldrán como 75. Cada una se secreta a distinto ritmo y afecta al cerebro de distinta manera, porque hay distintos tipos de receptores para ellas. Todo por supuesto fuera de nuestro control o consciencia. Veamos algunos ejemplos:


1. Cortisol (un glucocorticoide), la hormona del estrés. 

Los glucocorticoides empeoran tu control de los impulsos, tu función ejecutiva, hacen menos probable que cambies de estrategia. Cada uno tenemos distintas variantes genéticas que afectan la producción y degradación de los glucocorticoides, y el número y la función de los receptores de glucocorticoides en el cerebro. Pero además, este sistema se habrá desarrollado de diferente manera según otros factores, como la cantidad de inflamación que sufriste como feto, el nivel socioeconómico de tus padres, etc. 


2. La testosterona 

Hace a la gente más impulsiva, con más autoconfianza, más proclives al riesgo, más centrados en sí mismos, menos generosos, menos empáticos y, en contra de lo que se cree, no crea agresión de la nada, sino que hace patrones preexistentes de agresión más posibles (o sea, más probable que reacciones agresivamente ante una agresión). La testosterona te hace ver caras neutras como agresivas.


3. La oxitocina

Aumenta la confianza, el ser social. La hormona de l'amourrrr (pero solo con los de tu grupo).


4. Estrógenos

Aumentan la función ejecutiva, la memoria de trabajo, el control de los impulsos, mejora el cambiar de tarea.


¿A dónde quiero llegar con todo esto? Todas estas hormonas afectan al PFC y dependen de mil factores fuera de tu control (qué momento del día es, si alguien se te cruzó en tráfico, si te dieron un abrazo justo antes, si habías comido, en qué día de tu ciclo estás...). Tu PFC actuará distinto según todo eso.



Meses y años antes

La experiencia y el medio ambiente han ido cambiando el funcionamiento de las neuronas del PFC, causando que crecieran ciertas conexiones y vías neuronales. Si tienes una larga historia de depresión y ansiedad, el PFC se atrofia (más cuanto más tiempo). Pero no es solo esto, hay una lista larga de reguladores que actúan durante los años: quita estrógenos y neuronas del PFC morirán, abuso de alcohol hace que se encojan ciertas áreas, uso crónico de cannabis que baje la sangre y la actividad... 


La adolescencia

Que es la época de la vida en la que una termina pareciendo físicamente adulta, pero en la que el lóbulo frontal todavía no ha terminado su desarrollo [hasta los 25!!!!]. El córtex frontal, al ser el último que se desarrolla, es el que menos influenciado por la genética está y más por el proceso de socialización y aculturación [asimilación de elementos culturales]. Y ha evolucionado así, madurando tan tarde precisamente por eso: para que aprendamos las leyes de la sociabilidad en grupo. 


Recordemos lo que hace el PFC, y pensemos en un pobre adolescente: Lleva el control de los impulsos, la regulación emocional, la función ejecutiva, el planear a largo plazo, el posponer la gratificación. En una palabra, son los "frenos" de ese vehículo con el que nos estamos tirando cuesta abajo. Y claro, los teens aún lo tienen en desarrollo (cuántas veces pienso esto cuando Mini da un portazo). Pero además, no olvidemos que en la adolescencia, a la vez, comienza un tsunami hormonal: estrógenos, testosterona, glucocorticoides,... imaginemos el reto. 


Qué ha pasado en tu adolescencia, cuando esa "obra del Pilar" de construcción estaba teniendo lugar es obviamente importante y variaciones en esa experiencia dará lugar a variaciones en el PFC del adulto que eres. Y entonces, tus comportamientos serán herederos distales de aquello. Pero el adolescente que ha crecido con terrible estrés, tendrá menos sinapsis, mientras que el que viva en un ambiente estimulante tendrá cambios en la regulación genética en el PFC, produciendo más factores de crecimiento neuronal como el BDNF. La buena noticia es que si la infancia fue mala, aún hay posibilidad de revertir algunos de sus efectos con una buena adolescencia (gracias, madres  y padres adoptivos).




La infancia

Esto no es una obra en la que faltan los últimos retoques, como en la adolescencia: esta obra está en su comienzo. Todo tu cerebro se está construyendo, creciendo circuitos neuronales, ocurriendo la mielinización, etc. Y en la infancia pueden pasarte cosas en un rango, desde buenísimas, como venir de una familia con recursos y amor, hasta terribles, en lo que hoy se llama ACEs (Adverse Childhood Experiences), como negligencia, abuso, problemas en la familia, y suma y sigue.  Cuantos más ACEs, más posibilidades de que la amígdala (recordemos, emociones, sobre todo ansiedad) haya crecido y que el PFC no se haya nunca desarrollado por completo.




Sabemos que tener alto estatus socioeconómico predice el tamaño, el volumen, y la materia gris del PFC ya en la guardería. ¿Cuáles son los mediadores? Como media, cuanto mayor nivel de glucocorticoides (cortisol, estrés, recordemos), menos nivel  de actividad en el córtex prefrontal y a los 6 años, esto ya se ve (y recordemos, cuanto más cortisol, menos actividad en el PFC). Y no solo en la pobreza de sus padres, sino en el barrio donde viven, porque el estrés elevado es la causa. Pero además, la pobreza predice un ambiente menos estimulante para el niño (pensemos en una madre soltera trabajando todas las horas del mundo que está agotada para leer a sus hijos cuando llega a casa). A los 3 años, un niño rico ha oído una media de 30 millones de palabras más que uno pobre. En un estudio, la relación entre estatus socioeconómico y actividad del córtex prefrontal estaba parcialmente mediado por la complejidad del lenguaje usado en casa. Dan ganas de gritar de lo injusto que es todo (esto lo podría decir yo, pero lo dice Sapolsky!)


Haber sufrido abuso produce niñ@s con PFC más pequeños, con menos materia gris y con menos comunicaciones entre las subregiones del PFC. Esto se ve ya a los 4 meses. Seguimos queriendo gritar.


El feto

No hay sorpresas aquí: lo que circulaba en la sangre de tu madre, circulaba por la tuya (hormonas, factores inmunológicos, moléculas inflamatorias, patógenos, nutrientes, toxinas, alcohol, drogas... ). 


Tomemos como ejemplo otra vez la hormona de moda, el cortisol: si tu madre estaba estresada durante el embarazo [o tomaba corticoides, ya sabemos que el cortisol es un glucocorticoide] esto predice que el niñ@ luego tenga problemas cognitivos, menos materia gris en el PFC, una amígdala hiperreactiva y cuando crece, como adulto, una respuesta hiperreactiva al estrés. Ah, y mi chapita política: ¿por qué se estresan las madres en el embarazo? Miles de razones pero una importantísima es de nuevo el bajo estatus socioeconómico: la pobreza. Pero tal vez son malos momentos históricos para escribir esto. 


Los genes

Y sigamos tirando para atrás (¡venga, tortugas!): los genes que heredamos claro que condicionan nuestro comportamiento. Pero este tema es fascinante y en absoluto lo que parece: "tienes gen X, luego serás violento" (recomiendo volver a la serie "Únic@, sobre cómo influye la biología en nuestro comportamiento, en concreto el capítulo de los genes para desarrollo sobre esto). 

Si pensamos en el ADN, sólo el 5% son genes: el 95% restante va de regular esos genes (Sapolsky los llama "interruptores", porque encienden o apagan los genes). Un gen se activa en un determinado ambiente, y la misma variante de un gen actuará distinto según el ambiente. Estamos interesadas en las variantes que explican por qué dos personas difieran en su comportamiento. Así que no puedes decir lo que un gen "hace", únicamente lo que hace en el ambiente que ha sido estudiado. De un par de hermanos ambos creciendo en una familia abusiva, uno se recupera y lleva una vida más o menos funcional y el otro no: este puede ser el principio de la explicación. 

La ciencia hoy sabe cómo algunas de esas variantes genéticas se relacionan con el PFC: por ejemplo, algunos están relacionadas con el neurotransmisor serotonina. Hay una versión de gen que influencia cuánto se relacionan el PFC y la amígdala y una variante determinada aumenta la probabilidad de comportamiento impulsivo y arriesgado que otra.

La cultura en la que naciste

Distintos medios ambientes también producen distintas culturas, y todo tiene siempre una explicación lógica. El que vivamos en un patriarcado y que hayamos sufrido una religión monoteísta no es casual. Por ejemplo, los que viven en selvas tropicales son más politeístas, mientras que los que viven en el desierto, monoteístas. Estos últimos son más guerreros y conquistadores que los de la selva tropical, y no es coincidencia que las tres religiones monoteístas sean ideas delirantes de pastores de Oriente Medio.

Esencialmente, mi edificio


Uno de los contrastes culturales más estudiados es el de culturas individualistas vs. colectivistas. El mejor ejemplo de individualistas son los yankis, porque es un país de emigrantes, proceso que en sí mismo selecciona a la población: aquellos que están dispuestos a dejarlo todo atrás. El colectivismo asiático también se explica con ecología: cultivar arroz ha llevado milenios construyendo terrazas, sistemas de irrigación: una labor que requiere cooperación. El cerebro (luego el PFC) de los niñ@s educados en estas dos distintas culturas serán distintos. 


Las culturas colectivistas e individualistas difieren en la incidencia de variantes genéticas relacionadas con la dopamina y la norepinefrina, variantes que quitan serotonina de la sinapsis y variantes de receptores de oxitocina. Ya sé que este párrafo es un rollo y no hace falta que lo entiendas, pero está aquí para que se vea que hay coevolución  de frecuencias de genes, valores culturales, prácticas del desarrollo infantil, reforzándose unas a otras durantes generaciones, dando forma a cómo el PFC será. 

Todo esto sigue afectando a la manera cómo percibimos el mundo. Los valores de tu cultura hace que seamos "el tipo de gente que venimos de tal sitio". De esa manera, tu cerebro refleja quiénes y cómo eran tus antepasados, y qué circunstancias ecológicas les llevaron a inventar los valores que te rodean. 

Corolario

 O sea, de dónde vino la intención de tu acto X?  De lo que vino antes. Y esto? De lo que vino antes. Y esto? Ya sabes la respuesta: son todo tortugas de aquí abajo... y con todos estos datos, sigues pensando que puedes juzgar a alguien que hizo lo que sea, desde dar una limosna hasta una torta, sin haber entendido todo lo que le pasó antes?


Es imposible hacer a alguien "tener más fuerza de voluntad" (venga, ánimo, hazlo!) si no lleva la combinación adecuada de tortugas en su historial. Por mucho que admiremos a la gente que demuestra altos niveles de resiliencia, coraje, determinación, tesón, firmeza, valor, no son admirables, solo tuvieron suerte. Pero esto es provocativo porque es justo lo contrario de lo que estamos acostumbrados: vivimos en una sociedad que premia esos valores, sin tener en cuenta la mala suerte que tuvo el vago, el agresivo, el impulsivo, el inatento... de nacer así.

Este divague ha sido tal vez árido, pero espero que con él haya sentado las bases del siguiente en el que hablaremos de conceptos que antes trataba la filosofíá: si realmente eximimos a las personas de su responsabilidad, nos volveremos todos locos y haremos maldades? ¿Qué pasará con los asesinos si no es culpa suya el comportamiento? Y mucho más...



31 mayo 2025

"Los de Bilbao nacen donde quieren" de María Larrea: cuando la vida atropella y da marcha atrás para atropellar otra vez

El domingo vinieron a cenar unos amigos y Laeti, que es francesa, me trajo este libro. Estaba escrito originalmente en francés porque la autora, aunque nació en Bilbao -le hacen creer que sus padres vuelven solo para que pudiera decir que nació allí, yo conozco algún caso similar-, es en realidad parisina. Larrea viene a ser una Mini francesa, hija de españoles emigrados a Francia. En esta su primera novela -que ganó precisamente un premio por ello- cuenta, entre otras cosas, su experiencia de emigrante, de niña con pocas amigas, más morena que las demás, de lo que es ser "la española".

Esto daría por sí mismo para una novela entera, pero María Larrea mete eso y mucho más en menos de 200 páginas. Parece que pasa de puntillas, con levedad, sobre su autobiografía, que es muy densa, pero en absoluto. Cuando la termino -see lee en dos tardes- estoy medio en shock: he subrayado párrafos de belleza formal como no estoy acostumbrada a hacerlo en obras traducidas, a la vez que he leído retratos psicológicos magníficos-, a la vez que he llorado. También he de decir que hay expresiones que me han chirriado (sobre todo cuando usa la fisiología humana -"mezcla de apnea y espiración blanca", "la sangre me pasa trabajosamente por la coronaria y la aorta"- y al final en un punto explica que le interesa la medicina, igual es por eso). Pero los temas que toca están llenos de emoción para mí, no sé si de la misma manera que lo estarán para otros lectores: esa es la maravilla de escribir, tú lanzas algo y el resto hacen de él lo que sea. 

Sus padres chiflados
Ambos personajes me han conmovido a su manera. Ambos vienen de un pasado paupérrimo y marcado por el abandono y el abuso. Su madre, en una aldea de Galicia, es dejada con las monjas de muy pequeña por una madre atroz que la va a recoger a los 12 años para usarla como criada, ocupándose de la prole que ha ido naciendo, y para que la abuse sexualmente su padre. Es espantoso. El padre, hijo de una prostituta de Bilbao, dejado en "La Misericordia", el orfanato local, del que lo echan por blasfemar en la adolescencia temprana. "Mis padres chiflados", los llama una vez Larrea, con cariño: cómo van a ser de otra manera, cómo culpar a la madre de sus rarezas y al padre de su adicción al alcohol. 

Cuando se encuentran y se casan (los dos son guapos, casi el único capital de los pobres) deciden emigrar a París, donde el padre trabaja cuidando un teatro y la madre limpiando, restregando. Así hasta que el padre pierde el trabajo y la madre se hace con una portería. El padre vivirá bebiéndose lo que la pobre madre intenta ahorrar. 

La mala suerte
Por si todavía no les habían ya tocado suficientes malas cartas en la vida, además no logran el embarazo -claro que igual esto fue su única buena suerte que evitó haber quedado encinta de su propio padre. Son los típicos emigrantes que vuelven todos los veranos un mes a Bilbao y ahí se dedican, cabezarrotas, a quemar el dinero ganado en Francia. El padre siempre ha de ser el "más rico entre los pobres", tiene una de esas personalidades que no puede tener un duro en el bolsillo: imprevisible y no-previsor, extrovertido, algo paranoide, feligrés del YOLO. 

En uno de esos viajes, quedan con unos amigos tan pobres como ellos. La descripción del grupo de Larrea me parece bestial por lo perfecta, por su carga, por todo lo que implica: "se ríen enseñando los huecos de los dientes que les faltan". Por lo gráfica, es que parece que los veo (más adelante describe a una mujer burguesa por sus perfectos dientes alienados de ortodoncista carísimo). Esa pareja desdentada les hablan de un ginecólogo y unas monjitas que pueden conseguirles un niño. Solo hay que pagar. Y ellos, como chorlitos, locos de la vida, tal vez sin demasiadas luces, lo hacen sin sospechar que el pago es algo extraño y tal vez no muy limpio. No tienen consciencia de que podrían estar haciendo algo mal.

Los niños robados del franquismo-y postfranquismo
Porque claro, en los 70 quién podría imaginarse que aquellos ginecólogos sonrientes y esas monjitas con bigote pero inofensivas estaban robando niños a mujeres de izquierdas, o "descarriadas", para vendérselos a "buenas familias" de derechas que les darían valores cristianos como Dios manda. De esto ya escribí en otro divague hace mil años y dije más o menos esto: si tuviera que hacer un ránking sobre historias que más horror y tristeza me causan tal vez ganaría esta: que le digan a una madre que su hijo ha muerto y se lo arrebaten. Por esto titulé el divague de la pelicula "Philomena", que va de este tema, pero en Irlanda,  "grados de maldad". No puedo imaginar crueldad mayor. 

Sin embargo, en el caso de Larrea no es así: ella a ratos se pregunta cómo pudieron dar una hija a una pareja como sus padres que hoy en día no pasarían los estrictos controles de servicios sociales, pero que entonces no eran el matrimonio bien de derechas al que vendían los críos. Y al final del libro descubres que la madre biológica no era tampoco el prototipo de arriba, así que por ese lado no rompe tanto el corazón. A mí también me tranquiliza que no sean padres "nostálgicos del régimen" que la vayan a educar en el facherío y el clasismo. 

Los genes, el ambiente... los genes crean  el ambiente
Como he dicho, Larrea nos hace una radiografía psicológica, un relato al óleo de sus padres adoptivos, esos "dos tarados a los que solo les darían un hijo en una adopción ilegal", pero también se desmaquilla ante el lector, exponiendo toda su vulnerabilidad, cuando habla de ella misma. Podría haberse escondido en su faceta de estudiante de la prestigiosa escuela de cine de París, su matrimonio y sus dos hijos, y sus cortos y pelis dirigidas. Nota: en esta novela he aprendido el concepto de "Künstlerroman", que me ha encantado, ya que es una variedad del Bildungsroman, la novela de crecimiento de la que somos tan fans aquí. Esto se refiere al "crecimiento del artista como tal" y no es que la autora lo comente, pero habla de uno de sus libros favoritos, Martin Eden de Jack London, que lo es. Veo que viene divague con los Künstlerromans que he amado y los que me quedan por leer.

Pero "Los de Bilbao" no nos habla de su crecimiento como artista per se (claro que todo lo vivido contribuirá al arte), sino que nos muestra su trayecto de niña pobre peluda inmigrante, sobreprotegida, a la que los padres no dejan ir a las excursiones "por si hay un corrimientos de tierras o pedófilos", y reina de la casa absoluta, toda forrrada con fotos suyas, a adolescente enloquecida que bebe y toma drogas, que roba maquillaje en los grandes almacenes, que tiene que reírse -porque es lo que hay que hacer- con los dientes apretados de las bromas de los otros adolescentes, que si tiene pelos, que si se llama como su asistenta: "Yo domesticaba todo aquello riéndome con ellos, enterrando mi verguenza en un pozo. Pero me lo tenía que comer igual". Odiosa la gente bien que nunca han entendido nada. 

Y lo que más me ha chocado: que recurra al tarot para que le aclare la vida. Esta parte, demencialmente, juega un papel importante en el comienzo de la búsqueda obsesiva de su familia biológica, cuando se entera que es adoptada. Los del tarot le dicen "y lo que te ahorras en psicoanálisis": pues sí, la verdad, pongo ambas "disciplinas" exactamente al mismo infranivel, y por lo menos el tarot será marginalmente más económico. Es una pedrada total, pero también me habla de Larrea, del estar perdida, de necesitar algún tipo de ancla. Yo creo que básicos del funcionamiento de la mente humana se deberían dar en el colegio; pero claro, qué voy a decir yo. 

La sima
Ah sí, claro, que no lo he dicho: el último tabú, ocultarle a un hij@ que es adoptad@. Por supuesto, esto fue consejo, tal vez orden, del ginecólogo de los bolsillos llenos que aún los quería llenar más, de la monjita que seguía los planes del Señor. Esto se hacía en el pasado pero hoy cualquier especialista en adopción te dirá que es una idea fatal: imaginemos no la garganta o el barranco, sino el Gran Cañón del Colorado, la sima profunda de desconfianza que se tiene que abrir cuando se descubre. Y claro, cuando en una carambola Larrea destapa que es adoptada entra en bucle, en obsesión, y esa búsqueda se convierte en su vida. 

En mi experiencia, los niños adoptados reaccionan de distinta manera ante la idea de la adopción y sobre sus padre biológicos, obviamente muy influenciados por la narrativa que se les ha dado desde peques. En su mayoría suele ser "tus padres te querían pero no podían mantenerte segur@ porque estaban enfermitos". Hay críos que reaccionan con la idealización ("a los 18 querré conocerles"), otros con ira, los menos con indiferencia. En todos los casos da mucha pena que piensen que son culpables de alguna manera porque sus padres no pudieran hacerse cargo, y que lo conceptualicen con el verbo "abandono". De nuevo en mi experiencia, la mayoría de estos padres no eran terribles, sino que la vida les había llevado a lugares espantosos. Ellos mismos habían sufrido negligencia, abuso, tenían problemas psiquiátricos, o de addiciones. Son dignos de compasión más que de odio.

La madre me provocó tanta ternura
No voy a hablar de la biológica, sino de su madre real, la que le compró los zapatos y estuvo al pie de su cama cuando tenía fiebre (por eso la llamo solo su madre, sin adjetivo). Su nombre es como una mala broma, tras su vida: Victoria. 

A mí Victoria ha sido el personaje que más me ha conmovido, al que más veces he querido abrazar. Una mujercita guapa de piel perfecta y no lo sabe, pequeña, siempre esperando a que opinara y decidiera su marido, como tantas de la época, sobre todo si tenías un marido expansivo y personalidad "A" para lo malo, como el suyo. Una mujer que se dedicaba a trabajar como una burra para ahorrar dinero que se bebía el muy cabrón, y que se drogaba con valium del baño de los señores donde limpiaba. Larrea lo describe todo mucho mejor que yo: "la vida la había atropellado y luego había dado marcha atrás para atropellarla otra vez". Esta frase me escuece. 

Una mujer que, cuando llega a abuela, como todas las abuelas españolas, les da 50 euros recién salidos del banco a los nietos. Las abuelas son mucho de efectivo: aún recuerdo a las mías. Mi abuela V. aún me daba la paga cuando yo volvía de vacaciones a Vetusta desde aquí. Me azoraba que una jubilada le diera dinero a una joven profesional: "abueeela, que ya gano yo suficiente". Le daba igual, yo siempre sería su nieta. 

Ser grupi y bloquearte
Larrea va a una presentación de libro de Jean Winterton, la autora de "Las naranjas no son la única fruta" (1985), donde nos narra también su adopción, también con otros padres enloquecidos, pero estos peor, religiosos extremos. Yo lo divagué aquí, pero "Fruta prohibida" (atención: esa fue la traducción al castellano) no me gustó tanto como este. La autora hace fila para que Winterton le firme su libro, comparten unas frases. Larrea describe "un malestar de grupi a la que no se le ocurre nada brillante": me siento muy identificada, me pasó con Maruja, me pasó con Almudena. Ya me da miedo conocer a mujeres que admiro porque me vuelva a pasar lo mismo. 

Me encantaría conocer a Larrea, contarle que, aunque ni de lejos lo mismo, yo tambien busco a una tal Felisa desesperadamente (no así, pero ese adverbio siempre me sale ante el verbo "buscar"-es una referencia cinéfila que si tienes cierta edad y sabes que Madonna "actuaba" conocerás), que he conocido a muchísimos niños adoptados a los que he tenido el honor de intentar ayudar, que en muchas familias hay "Secretos del corazón", como en la peli de Armedániz. Y que me encantaría que, con su sensibilidad, dirigiera la peli de alguna de mis historias. 

Seguramente me bloquearía como buena grupi empanada, aunque llevaría el dedo entre dos de las páginas hacia el final donde ella ha escrito una de esas frases que me han hecho empañar los ojos y dar un salto al corazón:
"... mis rústicos padres, los que no tenían nada y me lo dieron todo. Quiero protegerles de los juicios apresurados sobre sus ignorancias, sus torpezas, y su pobreza. Mi única herencia fue su amor".

23 mayo 2025

Lo onírico

 Ya dijo Chuck Palahniuk en el punto 3.8. de su libro de consejos para escritores: SUEñOS NO. Cuando lo ví me pareció una gran verdad, y eso que aún no había leído a Mircea Cărtărescu. Hoy, se confirma: no me gusta lo onírico.

Creo que esta debe ser la razón por la que no me he enganchado nunca a Borges. No me interesan esas escenas descriptivas de imaginería extraña, pobladas de enredaderas de hojas que gotean, babosas que dejan un camino brillante por el que transitan arañas esbeltas, maliluminadas escaleras de caracol sin pasamanos, jarras de cristal con fenomenales fetos no-viables de pájaro. Me aburre hasta conjurar las escenas para escribirlas.

Empecé "Nostalgia", que está compuesta de varias pequeñas novelas como de cien páginas, y la primera, "El ruletista", me gustó bastante. Al principio me engañó el truqui de la metaliteratura, un gancho fácil para atraparme -aunque no estoy de acuerdo: afirma que la literatura no es el medio para decir algo real sobre una misma... anda que no. Mircea: en ficción se pueden contar cosas que igual no se contarían de otra manera, y lo sabes. Y luego con metáforas interesantes como "la literatura es teratología". Nota: la teratología es la rama que estudia las malformaciones congénitas y esto me trae una instrusión del obispo ese que ha dicho que "los niños que nacen con discapacidad física o intelectual o psíquica, esto ya es herencia del pecado y del desorden de la naturaleza". En serio, dijo eso y a mí me dan ganas de despertarme, porque se verdad que solo puede ser una pesadilla esto. Varios exabruptos que empiezan por "grandísimo" vienen a mi cabeza, pero ninguno hace justicia a lo que ese individuo es: lo dejaré pasar. 



Volvamos, que divago: en "El ruletista" ya aparecen "ovillos de harapos y cartílagos" e "infinitos témpanos de brea" pero aún no me aburro. Me presenta el concepto de "Agartha", según la tradición brahmánica, un reino construido por galerías subterráneas que se extienden por toda Asia, que me parece interesante, supongo porque lo deja ahí, porque no se mete a describir seres fabulosos que vagan por esos pasillos. Pero la historia es interesante por mórbida y macabra [un hombre que juega a la ruleta rusa consigo mismo, ante espectadores], y sobre todo por sus simbolismos [una sociedad opresora -el partido comunista lo censuró- y la la la]. 

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Pero luego paso a la segunda, "El Mendébil" y me aburro muchísimo, y luego a "Los gemelos" que aunque al principio me interesa vagamente, cuando se pone con los flashbacks de la adolescencia, necesito gritar. La visita al museo de los horrores (es como un paseo por el Hunterian Museum) es la guinda final: no sigo con el resto. Le pongo nombre (sí, onírico), decido que no es lo mío, lo hablo con Daniela, que lo ha leído en original y me confirma, y ya lo dejo, tranquila. Dejo los libros si me aburro, sin ningún problema, no me flagelo. 


Siguiendo con lo raruno, el otro día bajé a una cripta. Podría haber hecho una entrada onírica al respecto: sé hacerlo, remito al párrafo dos. Pero me aburro y hay otra gran verdad de la escritura: si quien escribe se aburre haciéndolo, nunca podrá no aburrir al lector. Verbo aburrir usado tres veces en la misma frase: querido Watson, saque conclusiones. 


Volvamos a la cripta con voz Di Vagando (que por cierto, la pregunté a una IA cual era, y me dijo unas cuantas cosas, entre ellas "lírica/reflexiva" y luego le pregunté qué paleta de voces tenía y, claro, se sintió pillada: "muy buena pregunta", y me dio como 7-8 que debe tener ahí almacenadas). Era una jornada de puertas abiertas en el cementerio de Nunhead, en el barrio de Peckham. Es el día en el que van todos los góticos a encontrarse, pero también gente aburrida, tipo familias. A mí me costó tanto decidirme a la maternidad por culpa de esas familias que pueblan los "open days". Luego, me lancé al vacío, fui una de ellas (sin tonterías, ya hay blog de esa época) y ahora ya se ha pasado y me parece otro mal sue
ño. Yo, repartiendo "party bags" a una hilera de mocosos histéricos. Las pesadillas, de nuevo. 


Pero divago, volvamos a la cripta, que es la estrella de la visita: está debajo de lo que son las ruinas de una iglesia muy chula (el "Strawberry Thieves Choir" estaba cantando), me llevó un poco a los páramosde Yorkshire donde, aparte de rodarse Serial, pasamos por un montón de esqueletos de abadías. Nos abre la puerta un voluntario que explica un poco la historia y la verdad es que es un sitio muy tétrico: no hay lápidas delante de los nichos y directamente se ve madera, tal vez ataúdes. Hay uno de plomo, parece que los ricos victorianos creían que así se conservarían. Hay otros cubiertos de tela. Las bóvedas son muy chulas. 
Me extrania que, a estas alturas, no hayan hecho ahí una cafetería, como en St Paul's -donde te puedes casar, alucina- o en St Martin's in the Fields. 



Bueno, no solo la cripta merece la pena en este cementerio, también caminar por entre las tumbas: te puedes encontrar de todo. Es uno de los "Magnificient Seven" cementerios de Londinium, este en concreto comenzó alrededor de 1840. Hemos hablado aquí por supuesto del de Highgate (tenemos a algunos de nuestros mitos allí, e.g. George Elliot y Karl Marx), el de West Norwood, Kensal Green, Abney Park, Brompton (donde está enterrada otro mito personal, Emmeline Pankurst), Tower Hamlets, y este, el de Nunhead. Abajo está la capilla que fue quemada en un ataque en los 70, y la cripta fue vandalizada - y por vandalizar se refieren a "sacar los cuerpos". Hablando de pesadillas.




Y para un divague titulado "lo onírico", qué mejor para terminar que esta foto que me encontró cuando me perdí en el bosque que es Nunhead: las raíces del árbol que abrazan feroces, avariciosas, a la lápida de una tumba. Tal vez impidiendo dejar escapar a la energía que intentaba forcejear contra su destino mineral. A veces la realidad supera a la ficción. Borges, Cărtărescu y demás escritores flipados, no hay nada nuevo bajo el sol: la naturaleza lo ideó antes.