Recuerdo con claridad cuando compré el librito de poemas (una antología de Kavafis) donde aparecía: fue en una libreria de viejo de La Habana, con el Pedalista y el Naúfrago Ro. Hacíamos por entonces los tres Cuba, mayormente Cuba la nuit (que es como hay que hacer esa isla). Las aventuras en los múltiples distintos antros de su geografía, siempre con la música maravillosa de fondo, darían para algún que otro divague (qué pena que entonces yo aún escribía diarios a mano, y qué pena que no tengo transcriptor ni paciencia para transcribirlos).
En un punto del viaje, nos separamos brevemente de Ro porque, tras conversaciones de esas llenas de hojas de menta y hielo picdo con quién sabe qué otro mochilero, nos lanzamos en busca de esa "playa paradisíaca deshabitada" que aseguraban nos estaba esperando tirando hacia Santiago. Desde entonces, no creo en el mito de la susodicha playa.
La única noche de mi vida en un "all inclusive" (esos hoteles donde te pon
Pasó el tiempo, y cuando estuvimos viajando por Latinoamérica me obsesioné con Itaca. Aquellos meses fueron El Viaje en presente continuo, vivíamos On the road, éramos Thelma & Louise. Y pensaba mucho en las "numerosas manianas de verano", y me "detenía en los emporios de Fenicia" e "intentaba no apresurar el viaje".














