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14 agosto 2010

Itaca, Cuba

No recuerdo cuándo fue la primera vez que Itaca cayó en mis manos. Lo que sé es que me causó mucha impresión: aún estaba yo en la edad de tomarme ciertas cosas muy a pecho. Cosas de la juventuzzz. Cual era mi Itaca, qué clase de vida quería llevar en pos de mis suenios, en fin, todas esas cursiladas.

Recuerdo con claridad cuando compré el librito de poemas (una antología de Kavafis) donde aparecía: fue en una libreria de viejo de La Habana, con el Pedalista y el Naúfrago Ro. Hacíamos por entonces los tres Cuba, mayormente Cuba la nuit (que es como hay que hacer esa isla). Las aventuras en los múltiples distintos antros de su geografía, siempre con la música maravillosa de fondo, darían para algún que otro divague (qué pena que entonces yo aún escribía diarios a mano, y qué pena que no tengo transcriptor ni paciencia para transcribirlos).

En un punto del viaje, nos separamos brevemente de Ro porque, tras conversaciones de esas llenas de hojas de menta y hielo picdo con quién sabe qué otro mochilero, nos lanzamos en busca de esa "playa paradisíaca deshabitada" que aseguraban nos estaba esperando tirando hacia Santiago. Desde entonces, no creo en el mito de la susodicha playa.

Como estaba tan remota, sólo se podía llegar en uno de esos taxis maravillosos (coches vintage yankis de los 50s) que alquilabas por una tarde. Nos hicimos colegas de Raúl, el conductor, que nos ponía incluso la música que le pedíamos. En aquella época a todos los cubanos les encantaba una infame canción de lo más cheesy de un tal Alex Ubago que yo nunca había oído antes "Me muero por conocerte". El Pedalista entraba en convulsiones cada vez que sonaba, y quién sabe porqué, a partir de entonces me empezó a interesar (ya he dicho mil veces que odio lo melódico, pero no hay que ser rígidos). El taxista nos ponía la canción, y la cantabamos a dúo ignorando la espuma en la boca del Peda.

Al llegar al fin del mundo, en la playa no estaba Di Caprio, ni siquiera la mala aquella que dirigía la comuna (The Beach, Dany Boyle, 2001). Muchas algas, rocas y cuatro chozas. Nos quedábamos a dormir siempre en casas de cubanos (ese sistema que tienen allí montado, como los paladares o restaurantes caseros). Tocamos en una choza y el hombre nos vio cara de "estos están en el fin del mundo, y miren qué hora llevamos", así que pidió la luna y los Pedalistas, avezados e intrépicos como lo son, cogieron la puerta. Como dice nuestro tótem (compartido con Ro) "en peores plazas hemos toreado", pero puestos a pagar, aquella noche decidimos que no hubiera libélula.

La única noche de mi vida en un "all inclusive" (esos hoteles donde te ponen pulsera y puedes comer y beber lo que quieras) fue aquella. Raúl nos llevó a la playa de al lado, que la había tomado el horrible hotel, y nos quedamos allí. No tengo palabras ni tiempo para describir el horror: con decir que tenía piscina de esa con bar dentro lo digo todo. Nosotros nos dedicamos a comer algo diferente a "moros y cristianos con pollo/langosta", que es lo que comimos el resto del viaje en los paladares y, una vez constatado el garrafón, a darle a la Cristal (cerveza institución cubana). Un aparte: si querías refresco de Cola, en Cuba era TuCola. Genial.

Y ahí es donde entra Kavafis: con la Cristal. Porque después de cenar ahí que nos apostamos los Pedalistas al lado de la barra a leer y comentar la poesía del griego, tan profunda. Es "Velas" optimista o pesimista, tú que crees? O que te parece "Deseo" que compara a los deseos insatisfechos con los cadáveres jóvenes? O, por supuesto, Itaca... qué son para tí las Itacas? Hay que ver cómo anima ese tipo de conversación la cerveza Cristal.

Pasó el tiempo, y cuando estuvimos viajando por Latinoamérica me obsesioné con Itaca. Aquellos meses fueron El Viaje en presente continuo, vivíamos On the road, éramos Thelma & Louise. Y pensaba mucho en las "numerosas manianas de verano", y me "detenía en los emporios de Fenicia" e "intentaba no apresurar el viaje".

En aquel viaje (iniciático? de qué?) escribí el embrión de un blog, que colgaba en una cutre página, desconocedora de blogger. Cuando, pasados los anios, pensé en que tal vez un día escribiría un blog, nunca nunca never ever podría haber imaginado que me costara tantos meses subir Itaca. Porque sin quererlo, hago mil veces referencia a ella, en el día a día.

Durante aquel viaje, me escribía mucho con mis amigos. Y un día les pregunté que eran para ellos las Itacas. Uno de los que me contestó fue Diva, por aquella época sólo amiga del Pedalista, pero empezaba a ser lectora de mis cro(ni)quetas.

En el siguiente divague lo que me dijeron... y premio para quien adivine quién es Diva.

13 agosto 2010

Ítaca/Ιθάκη

Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones y a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuando puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Ítacas.

Konstantinos Kavafis
*****************************************************

Ιθάκη
Σα βγεις στον πηγαιμό για την Ιθάκη,
να εύχεσαι νάναι μακρύς ο δρόμος,
γεμάτος περιπέτειες, γεμάτος γνώσεις.
Τους Λαιστρυγόνας και τους Κύκλωπας,
τον θυμωμένο Ποσειδώνα μη φοβάσαι,
τέτοια στον δρόμο σου ποτέ σου δεν θα βρείς,
αν μέν' η σκέψις σου υψηλή, αν εκλεκτή
συγκίνησις το πνεύμα και το σώμα σου αγγίζει.
Τους Λαιστρυγόνας και τους Κύκλωπας,
τον άγριο Ποσειδώνα δεν θα συναντήσεις,
αν δεν τους κουβανείς μες στην ψυχή σου,
αν η ψυχή σου δεν τους στήνει εμπρός σου.

Να εύχεσαι νάναι μακρύς ο δρόμος.
Πολλά τα καλοκαιρινά πρωϊά να είναι
που με τι ευχαρίστησι, με τι χαρά
θα μπαίνεις σε λιμένας πρωτοειδωμένους
να σταματήσεις σ' εμπορεία Φοινικικά,
και τες καλές πραγμάτειες ν' αποκτήσεις,
σεντέφια και κοράλλια, κεχριμπάρια κ' έβενους,
και ηδονικά μυρωδικά κάθε λογής,
όσο μπορείς πιο άφθονα ηδονικά μυρωδικά·
σε πόλεις Αιγυπτιακές πολλές να πας,
να μάθεις και να μάθεις απ' τους σπουδασμένους.

Πάντα στον νου σου νάχεις την Ιθάκη.
Το φθάσιμον εκεί είν' ο προορισμός σου.
Αλλά μη βιάζεις το ταξίδι διόλου.

Καλλίτερα χρόνια πολλά να διαρκέσει·
και γέρος πια ν' αράξεις στο νησί,
πλούσιος με όσα κέρδισες στον δρόμο,
μη προσδοκώντας πλούτη να σε δώσει η Ιθάκη.
Η Ιθάκη σ' έδωσε το ωραίο ταξίδι.

Χωρίς αυτήν δεν θάβγαινες στον δρόμο.
Αλλο δεν έχει να σε δώσει πια.

Κι αν πτωχική την βρεις, η Ιθάκη δεν σε γέλασε.
Ετσι σοφός που έγινες, με τόση πείρα,
ήδη θα το κατάλαβες η Ιθάκες τι σημαίνουν.

12 agosto 2010

Hay unos ojos



Hay unos ojos que si me miran
hacen que mi alma tiemble de amor
son unos ojos tan primorosos.
Ojos más lindos no he visto yo.


11 agosto 2010

En la siguiente vida, surfista. Segunda ola





La ola o las olas como metáfora: ahí rompió mi divagueola particular el otro día, y me dejó tirada en la playa pensando en dos escritoras (obvio a Hemingway y "The old man and the sea" [El viejo y el mar] porque nunca, ni de adolescente ni recientemente, he logrado conectar con este libro). La primera, Virginia Woolf, y su libro "The waves" (Las olas), publicado en 1931 y descrito como "novela experimental", en la que seis personajes hacen monólogos interiores altamente poéticos. La Woolf, otro de mis muchos puntos débiles.

La segunda es Susan Orlean, una periodista del New Yorker que se hizo famosa al escribir "The orchid thief" (El ladrón de orquídeas), que luego inspiró la peli "Adaptation" (Spike Jonze, 2002). El guión del genial Charlie Kauffman cuenta las penurias del propio Kauffman escribiendo el guión (metametaguión) de la novela de Orlean (que también aparece en la peli como personaje, intepretado por Meryl Streep).

Pero como siempre, divago. Susan Orlean escribió en 1998 un artículo para la revista Outside titulado "Life is swell" (juega con el doble significado de swell como "oleaje" y "estupendo"), que a su vez inspiró más tarde una peli titulada "Blue Crush" (Stockwell, 2002). Orlean describe su encuentro con las chicas surfistas de Maui (la segunda mayor isla de Hawaii), en concreto de la ciudad de Hana, un punto remoto donde, o surfeas, o... emigras. Surf or perish.

El surf es un deporte que ha estado tradicionamente unido al género masculino, pero ya en los anios 60 comenzaron a surfear más y más mujeres. Si el surf es, en el imaginario colectivo, equivalente a lo salvaje, lo libre, lo cool, ser chica surfista es todo esto elevado a diversas potencias. Es un dominio de hombres, donde si hay algún dinero por ganar lo harán ellos con patrocinadores. "Pero ser una chica surfista en un lugar cool como Hawaii es quizás el máximo exponente de todo lo que es cool y salvaje y moderno y sexy y desafiante", dice Orlean. "Las chicas de Hana están en el ápex-el punto donde lo que importa de verdad es ser valiente, capaz e independiente, y tener razones reales para llevar esas ropas surferas que otras chicas llevan por moda". Orlean se plantea la vida totalmente en el presente de estas chicas, el carpe diem por antonomasia: imposible pensar dónde o haciendo qué estarán dentro de 10 anios. Pero seguro que ellas no lo piensan: son demasiado jóvenes como plantearse que esta vida va a terminar. Mientras tanto, ride the wave.

No me canso de ver a los buenos surfistas en los lugares mágicos del planeta, donde las olas son como casas, y te ofrecen el mejor viaje a la vez que el mayor vértigo en su cresta, y donde la adrenalina, la sensación de libertad y la velocidad son cosa de otro planeta. Admiro su arrojo y su valentía que otros llamarán temeridad. Envidio el éxtasis que sienten y que tiene que ser imposible de describir.

Tal vez en otra vida. Cuando quizás yo sea una ninia que nazca en Hana, o en Mundaka, y, crezca mirando al mar, y lo haga parte mía, centro de mi vida aunque a ratos pretenda otros intereses e incluso mantenga un blog, quien sabe. Aunque a ratos disimule para que nadie sepa nuestro secreto: antes cantábamos para perder a los navegantes, ahora surfeamos para perder a los divagantes.

10 agosto 2010

En la siguiente vida, surfista-Primera ola

El otro día vinieron a cenar cuatro amigos: de las conversaciones de aquella noche podría alimentar varias manianas del blog. Todo empezó con el cine 3D, imágenes envolventes, un truco de los estudios para que la gente vaya a las salas y, las cosas del divagar, acabamos en el surf. Lo que, de nuevo, me parecía una aseveración en el polo opuesto de la polémica, generó un debate. Y es que ahora, que todo el mundo está loco por ver qué pasa en el fondo de los mares, lo que yo quiero ser en mi siguiente vida es ser surfista. Deslizarme por arriba.



Pero (la gente siempre reacciona igual), "Por qué en la siguiente vida? Qué te lo impide en ésta? Cuando vayas por los dominios del Peda, pásate por la Zurriola". A ver, veo que no me he expresado y con horror constato que, para que de verdad se me entienda, tal vez tenga que remontarme un poquito. Y lo he vuelto a hacer: en lugar de un divague, me va a quedar una serie. Let's ride the wave.

Es imposible saber desde cuándo se surfea, pero seguramente las culturas ligadas a los mares con oleaje lo han hecho siempre. Se sabe que los polinesios navegaron hacia el norte, guiados por las estrellas, las nubes y el viento, hasta llegar al punto más meridional del archipiélago de las Islas Hawaii. Muchos daríamos algo por haber estado en esos barcos: la visión de estas islas deshabitadas (sin tour-operador que te pone guirnalda de flores al aterrizar), de arena blanquísima y aguas turquesas con los volcanes de fondo debe de ser algo digno hasta de haberse pasado semanas en un cascarón. Además, por su situación en medio del mayor "bloque" de agua del planeta , las islas estan expuestas a olas de todas las direcciones. Vamos, que estas islas fueron creadas para surfear. Románticamente, una elige creer que estos polinesios, que dejaban el trabajo los días que había buenas olas, estaban en realidad buscando un lugar para coger las mejores. Y siento tener que repetir "olas" tantas veces durante el divague, los sinónimos de las ondas marinas en castellano pertenecen todos a la jerga del surf ("tubera", "orillera", "fofa", "barra" "hueca"): los polinesios sin embargo tenían casi tantas palabras para tipos de olas como los esquimales tienen para la nieve.

En 1778, el Capitán Cook llegó a las islas y con él, la pólvora, los virus y la religión. Repitiendo el patrón del colonialismo en otras partes del mundo, de 400 mil nativos hawaianos quedaron 30-40.000 en 1890. Con los misioneros protestantes alrededor del 1800 llegó la imposición de un cambio radical en las costumbres. Surfear estaba asociado a llevar ropa ligera (fuera esos taparrabos!), a sexo improvisado (tenían más de 12 palabras para sexo, pero ninguna para enfermedad venérea), a libertad. Poco a poco, la cultura del surf se fue desintegrando. Mark Twain, en uno de sus primeros libros, literatura de viajes semi-autobiográfica ("Roughing it"), publicado en 1872, entra en contacto con lo que queda de surf en las islas y describe a los misioneros como "ignorantes de la naturaleza humana y lo que es saludable para el hombre".

Quedó algún reducto en Honolulu, que, a principios del siglo XX comenzó a ser un lugar interesante para viajeros. Así que en 1907 llegó Jack London, escritor y aventurero, y cuando vió a un par de nativos sobre sendas tablas de surf, se dió cuenta de que allí había algo que contar. En Waikiki (un barrio de Honolulu) conoció a Ford y a Freeth, y se subió por primera vez en una tabla de surf. Me encantan sus descripciones de la sensación de cabalgar la ola: "la bendición del éxtasis de haber cogido la ola", el "instante en el que, cuando la ola se riza sobre tu cabeza, puedes ver la luz del día a través de su cuerpo esmeralda". También describe London con gran maestría la técnica básica del surfeo: ve con la ola, no te resistas, que nunca sea una batalla, o te matará.

"The whole method of surf-riding and surf-fighting, I learned, is one of non-resistance. Dodge the blow that is struck at you. Dive through the wave that is trying to slap you in the face. Sink down, feet first, deep under the surface, and let the big smoker that is trying to smash you go by far overhead. Never be rigid. Relax. Yield yourself to the waters that are ripping and tearing at you".

London y otros pusieron las primeras semillas del renacimiento de la cultura surfera. Como toda cultura, tiene sus ritos de paso, elementos simbólicos, y un estilo de vida típico. El surf es una metáfora sobre la vida, que también es una ola. En oleadas vienen las distintas épocas de nuestro paso por aquí. Puedes elegir subirte a la ola, como aconsejaba London, y cabalgar con ella. O permitir que la ola te maneje, dejarte a su merced. Puedes disfrutarla a la vez que temerla, dominarla a la vez que obedecerla.


Puedes oír el sonido que sucede el romper de la ola? Es la banda sonora de este párrafo, y la preparación del siguiente divague que, cómo no, es parte de la misma, pero diferente ola.

08 agosto 2010

Culibali

Mis padres se van de vacaciones y, como todo el mundo, desvían el fijo de Vetusta al móvil de mi padre. Hasta ahí, ningún problema. Nunca me queda claro quién paga qué, pero bueno. Inocente, como siempre, llamo. Tut-tut-tut-tut...

-Aló? (aló? desde cuándo aló? y esa voz de ultratumba? Le daré una oportunidad para que carraspee)
-Sí? Hola?
-Aló (misma voz. Claramente: no es mi padre)
-Hola, emm, podría hablar con F, por favor? (mi mente vuela: "hay okupas en mi casa", o "le han robado el teléfono" o "le han raptado")
-No, no ... (Di detective detecta un acento extranjero)
-Disculpe, me podría pasar a F.? (extra amabilidad, tal vez solidaridad de co-inmigrante)
-No, no F. aquí
-Ah, me he equivocado... lo siento, discúlpeme, de verdad...
-No, no problemma, tú llamas de dónde?
-Ah, de lejos, ya colgamos perdone, le va a salir muy caro.
Y procedo a colgar. Inasequible al desaliento, vuelvo a marcar, esta vez con más cuidado.

-Aló (oh no)
-Oh, perdóneme, soy la de antes, mire, es que intento hablar con mi padre (una luz se hace en mi cabeza: HA DESVIADO EL TELEFONO MAL)
-No, no problema, pero tú donde estás? (otra vez!!?)
-Ah, lejos, disculpe, no le volveré a molestar (pero en que estaría pensando mi padre al desvíar el teléfono?)
-Pero no en Espania?
-No, no, mire yo...
-Yo en Valencia, soy africano
-Ah, encantada, bueno, muchas gracias y disculpas.
-Adiós, adiós.

Cuelgo. Llamo al móvil de mi madre. Sí, una amiga de la familia ya llamó a casa y se encontró con el africano. Nos reímos, pobre hombre, siguiente tema.

Varios días después. Suena el teléfono en mi casa. Ring ring.

-Hello?
-Aló, acordar de mí? (cómo olvidarte, por los dioses)
-Ah, sí, vaya, qué sorpresa...
-Sí, africano de Valencia... nada, chica, cómo estás?
-Bien, gracias... y tú?
-Sí, bien también...
-Creo que no me quedé con tu nombre, perdona...
-Culibali (lo juro)
-Ah, encantada, yo soy Di (me dan ganas de soltar el ultrabritish "how can I help you?)
-Di, es bonito... oye Di, yo pregunta a ti cuando tú vienes a Espania próxima vez...
-EHHH? (Plonkkk)
-Podríamos encontrar? Yo venir de Valencia a Madrid (Madrid? ah, Madrid, Madrid, todo es Madrid...Vetusta no existe: dolida)
-Pero... por qué? Si no me conoces (los fans del blog cada día adoptan disfraces más arriesgados).
-Pero quiero conocer...
-Pero...

La realidad a veces supera a la blogosfera.


07 agosto 2010

La Trilogía de Nueva York

Era uno de los que tenía en mi must read. No había leído nada de Paul Auster y la verdad, no ha estado mal aunque me ha defraudado un poco.

Me aburren las excesivas descripciones que hace de según que cosas a mi parecer banales, a veces una página entera dándole vueltas a lo mismo. Eso, podría ser algo obviable porque el libro está bien escrito, tiene tempo y el autor sabe hacer una trama interesante. Sin embargo lo que me ha dado mucha rabia es el modo de concluir las tres historias. En ambas tres me había atrapado, las tres eran interesantes, originales, un poco kafkianas, esperpénticas y en las tres me he quedado con ganas de más, como si no me hubieran contado el desenlace (que no lo hace). Quizá ni él mismo sabía qué desenlace escribir y por eso lo de la trilogía.

Es cierto que en la última de los tres relatos hace una breve mención a un personaje de la primera. Ahí me animé y pensé: ahora es cuando todo va a tener sentido. Pero no fue así, simplementente era eso, una simple incursión pero no había mayor hilo, no había más y por eso me queda un cierto sabor a poco.

Le doy un 7.

06 agosto 2010

Arquitectura, verano, the city

Me encanta el verano en Londinium: hay menos gente, los días son larguísimos, hay festivales, terrazas, parques inmensos tomados, conciertos en museos, cine al aire libre... Me gusta en esta época hacer "London Walks" (hay varios libros de Timeout con paseos temáticos: Londinium por el río, Londinium fantasma, Londinium dickensiana, ese tipo de cosa). Cuando la gente cree que me gusta Londinium por "los teatros, los musicales, los cines, los conciertos, los museos"... en fin, toda la inmensa oferta cultural de la ciudad, se equivocan. También se equivocan los que piensan en los "sights": el London Eye, el Big Ben, Trafalgar Square, y todo lo demás.



Como urbanita compulsiva, me encanta la arquitectura. O tal vez es una carrera frustrada, un complejo de Electra mal solucionado que diría aquel, porque mi padre quiso algún día que fuera arquitecta. Por supuesto que toda la oferta cultural mencionada es muy importante y contribuye al "feel" de una ciudad, pero lo que no acaba nunca de sorprenderme lo que se pued disfrutar sólo perdiéndose por muchísimas de sus calles. Edificios de arquitectura tudor, georgiana, victoriana... me atrapan. Me paro a mirar este enmarcado de una ventana, o aquella cornisa, o esa hilera de casas tan perfecta... todo ejemplo del gusto por el detalle y por las cosas bonitas. Pienso en los que planearon e hicieron esas casas, los imagino paseando por estas mismas calles.

También me apasiona la arquitectura moderna. Me gusta La Defénce, me gusta toda la parte nueva de Berlín, supongo que me gustará mucho Chicago cuando vaya. En Londinium tenemos Canary Wharf, la zona de los negocios, en la Isle of Dogs. Imponente sobre todo de noche y de lejos, de cerca no hay ningún edificio que resalte por otra cosa que por su aluminio, su cristal y su altura. Pero en general, aún hay poca arquitectura moderna en Londinium: Foster ha hecho aquí algunos edificios interesantes como el famosísimo Gherkin o el
Albion Riverside.

Pero las cosas están cambiando. Incluso en la ciudad de las casitas están llegando los rascacielos, poco a poco. Algunos impresionantes: The Cheesegrater (el gratinador, digo, el rallador, gracias Anijol!), The Walkie Talkie, The Pinnacle, la Heron Tower y The Shard. Dejo a la imaginación del lector el unir el nombre con la imagen...












05 agosto 2010

Modo aleatorio


Up where we belong. No podría sonar mejor canción, me recuerda al anuncio de Azur de Puig en la que una pareja jugaba en la playa, hace tiempo que no la oía. Noto el sol que me arropa y me dejo llevar. Vogue de Madonna, tiene ritmo, ese tío que va andando lo hace al ritmo de la canción, esa chica también… ja, ja...Cambio de canción. You are beautiful de James Blunt, es un tema que también pega para estar tumbada en la hamaca. Me relajo. Los pollitos están con su padre y yo puedo estar ausente. Le sigue More than this de Norah Jones. ¡Qué pasada! La voz de esa chica es como la brisa que sopla hoy y que te acaricia el cuerpo.Respiro hondo. Suena después We´ll be together de Rod Steward, no tears, no fears… Las olas que tengo al lado le hacen los coros. Mola. Hace mucho que no oigo nada suyo. Recuerdo cuando nos lo encontramos en Harrods hace unos … 14 años!! Qué joven era… Continúa Para toda la vida de Efecto Mariposa, me gusta. Intento acordarme de otro tema que cantan y que también me gusta. Veo que la tía de al lado me observa según muevo los pies al ritmo de la música. "Para, para, para, para, para qué quererte tanto. Si después, después, si después te vas…. " Me gustan mucho Fito y los Fitipaldis. No puede ser!!! Memorias de Africa, ahora sí que me duermo…. Me despierta de mi letargo Lila Down, no me gusta para este momento.Cambio de tema. Every breath you take, every move you make…. Este sí, este sí….

04 agosto 2010

To Speedo or not to Speedo

Leo con interés las descripciones playeras de mi cobloguera. Vaya, vaya, aquí no hay playa, pero desde mi ventana veo bikinis y torsos en toallas al primer rato de sol. Sí, en un parque. A todos mis visitantes de allende los mares les parece curioso.


Pero de lo que quería hablar hoy es de los Speedos, los "bañadores pretos" que describía Diva, que fueron un diseño revolucionario australiano allá por los años 30. No sorprende que los australianos sean líderes en esto de diseño de bañadores, y puedo corroborar que siguen la tradición: está Londinium llena de vallas con tíos un poco pasados de tableta de chocolate para mi gusto (demasiado gimnasio, qué pereza) de una marca llamada "Aussiebum" (traducción libérrima "culo australiano"), cuyo eslogan es "If you doubt yourself, don't wear them" ("Si no lo tienes claro, no te lo pongas").


Volviendo a los Speedos y la controversia que generan. El año pasado fueron prohibidos en Alton Towers, que es un parque temático británico, con su sección acuática. A mis co-isleños los British les parecía que atentaba a la moral y las buenas costumbres llevar Speedos en un parque familiar como el suyo... así que prohibidos. Los hombres que van a Alton Towers pueden entonces llevar cualquiera de las modalidades que ha mentado Diva: shorts, bermudas, piratas et al.


Sin embargo, ¿qué pasa con nuestros vecinos? Con sólo cruzar el Canal de la Mancha (¡algunos lo hacen nadando!) nos encontramos con que los inglesitos que sólo tengan shorts o bermudas no tendrán mucha vida en las piscinas franchutes. El socorrista, luciendo unos Speedos que ni os cuento, usa el silbato para sacarlos del agua y reprenderles (si alguien sabe qué ha de llevar una tía para que te saque ese mismo socorrista, por favor contacte). En Francia, los Speedos son obligatorios. Y parece que tienen unos cuantos al lado del botiquín que uno puede tomar prestados. Esgrimen razones higiénicas: los shorts, bermudas o piratas son mas grandes, pueden coger arena, césped, y trillones mas de ácaros que un Speedo apretadito. Por esa lógica, ¡Speedos pour tous!

Pero no me quiero líar hoy, que luego la armo, sin querer, como el día de los tirantes en Roma. Y sí, lo sé, cada uno en su casa puede hacer lo que quiera, pero... ¿y lo interesante que es divagar sobre lo que hay detrás de todas estas prohibiciones/imposiciones?


Sé muy bien en qué lado del canal prefiero ir a bañarme.