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16 enero 2010

Ochentas Revival I

Corrían malos tiempos para la lírica y presentía el final. No había sitio para los dos. El tren de medianoche partía temprano y tú te ibas con él. Yo, que "siempre quise ir a LA dejar un día esta ciudad, cruzar el mar en tu compañía", me quedaba aquí, igual que dos años atrás. Ahogaba mi pena en Cuatro Rosas y me encontraba aturdida, como cuando pierdo el equilibrio, sumida en un mar de dudas. Me lo había jugado a cara o cruz, y había salido cruz. Ya no me ama. Quiero beber hasta perder el control, pensé.

De los Golpes Bajos que me habías dado este era el peor. Tus razones habían sido Elegantes eso sí: Que si llevas un tiempo como ido, Loquillo dices tú, que si son muchas llamadas al 091, que si estás sonámbulo, como salido del Gabinete del Dr. Caligari. Lo nuestro estaba en esa Frontera donde ya no hay Secretos y nuestra historia era digna de una emisora de Radio Futura.

(continuará)

















15 enero 2010

El arte religioso español del XVII y Tarantino

Ayer vi "Inglorious Basterds", la última peli de Tarantino. Hoy he visitado la exposición "The sacred made real" (lo sagrado hecho real) en la National Gallery. Pintura y escultura del Siglo XVII, con obras de Velázquez, Zurbarán, y escultores como Montañés y de Mena. Los menos conocidos , como Pacheco, los pintores de esculturas. Influenciaron tanto la pintura del momento que por ellos se empezó a pintar de una manera más tridimensional.

Este nuevo realismo diecisietesco parte de un intento de hacer lo sagrado lo más realista y accesible posible para el pueblo, nos cuenta la guía, desconocido en el resto de Europa. Es severo, austero, sangriento y gore. Se trataba, -y este es mi análisis-, a juzgar por las imágenes vistas hoy y con las que no me hubiera gustado quedarme a solas esta noche, de asustar a la gente. Qué bien le ha funcionado siempre el miedo al poder (sea cual sea) para controlar a los de a pie.



¿Y qué tiene que ver con esto el aprendiz Tarantino, el enfant terrible de Hollywood? En alguna entrevista le he leído que usa el gore y la violencia simplemente por estética, como recurso formal, no hay dobles lecturas. ¿Es posible que alguna vez no las haya?
Lo que no hay es nada nuevo bajo el sol, Tarantino. En cuanto a mostrar sangre, aún tienes mucho que aprender. Pásate por la National Gallery.

14 enero 2010

Mi hija Mini, aprendiza de di-va

Algunas veces he hablado lateralmente de Mini, aunque no tantas como del Pedalista. Será porque este último lleva más años por aquí y habla-de momento-algo más. Mini tiene un año y medio pasados, 21 meses. Para quien no tiene hijos, esta manía de los padres de hablar en meses, y de los futuros padres de hablar en semanas es desconcertante, o por lo menos lo era para mi, que tenía que andar haciendo cálculos. Como antiguamente, cuando la gente de los pueblos hablaba en duros. Sí, veinte duros estaba claro, pero cuando se ponían con ciento cincuenta duros la cosa se complicaba, por lo menos para alguien de corazón de letras como yo.

Mini cumplirá dos años el día del trabajo. Hasta en eso comenzó con buen pie: ¿Qué mejor día para nacer?, ¿querrá decir que va a ser una chica de puño en alto? Los más prosaicos daréis la aprobación por ser día festivo, pero os recuerdo que en el Reino Unido no lo es (paíiiis!!).

Mejorando la tradición familiar (su madre nació a la orilla de un canal (imperial, eso sí) en un barrio chic de Vetusta), Mini tuvo a bien hacer u primera aparición estelar a orillas del Támesis, frente a las casas del Parlamento y el Big Ben. Aún pienso con cierta nostalgia los días mágicos (y en particular las noches) que pasé en el hospital. De día, aprendiendo a conocerla. Por las noches, cuando todos se habían ido, quedándonos mirando el parlamento iluminado, con la paz del río. Tengo una foto en la que aún no tiene 24 horas en la que mira a la cámara con unos ojos enormes y redondos. Como está recién nacida, tiene todos los estigmas de la batalla, y parece un deshollinador, un moderno Oliver Twist. Con esa mirada, no podría ser otra cosa que la niña que se ha convertido.

En muchos comportamientos, se empieza a vislumbrar la Mini que será. Es seria, pero le encanta reírse. No va a sonreir a cualquiera nada más que llegue, o porque se lo pidas para una foto. Si juegas con ella a hacer el bruto (con diferencia, su juego favorito) se reirá como si no hubiera mañana. Su risa es, definitivamente, el sonido que más me gusta de todo el mundo. Se incluye aquí Paco Ibañez, para los que han seguido otras entradas del blog.

Mini va a la guardería, y a las cuidadoras también se les cae la baba, no soy la única. Pero al que más se le cae, y no sólo metafóricamente es a Mateo, un niño de padres italianos que está loco con ella. Por las mañanas, cuando llegamos, Mateo se levanta de donde sea y viene corriendo a abrazar a Mini. Ella, como buena aprendiza de Di-va, se lo quita de encima con un empujón. Mateo sale despedido, pero le da igual: vuelve. Así son los hombres: "treat them mean, have them keen", que dicen por aquí. Yo le tengo que animar a que le devuelva los abrazos (aunque venga con mocos y babas que deja bien extendidos en su cara). Mini lo llama "Tayo" (pues su nombre entero lo pronuncian los ingleses algo asi como "Matayo") y me cuentan que hoy han estado "holding hands" (haciendo manitas) inseparables todo el día.

El Pedalista tiene sus opiniones sobre los italianos que acosan a sus mujeres, y no son del todo favorables. Esperemos que no lea hoy el blog.

El PP

A pesar del nombre, esta entrada no hablará de política aunque huela mal. Tampoco trata de San José, que ya terminaron las Navidades. PP es el nombre con el que he bautizado al pavo de Tito (véase entrada “el pavo y los regalos”). Aunque bien pudiera parecer un nombre coloquial, incluso cariñoso, realmente esconde un significado mucho menos afectivo: Puto Pavo.

Hechas las aclaraciones pertinentes paso a contaros mi experiencia de ayer. No tiene (o sí y mucho) desperdicio.

Como algunos de vosotros conocéis y si no pinchen en la entrada que menciono anteriormente, desde hace un tiempo estoy pluriempleada, con sus ventajas y sus inconvenientes. Ayer me tocó ir a hacer una guía para matar unas vacas viejas que ya no paren. En mi descargo diré que todas ellas han vivido de pistón, que ya querríamos algunos… Una guía es una autorización de traslado de animales que expide la zona veterinaria a la que estás “afiliado” y que te cobran en formato tasa. Al acabar el papeleo, me fui a llevar la documentación pertinente (guía, anexo, DIBS y certificado) a la granja para que todo fluyera. Según la tarea a realizar en la granja, me cambio de ropa o no. Ayer decidí no cambiarme. Se trataba de una visita rutinaria sin grandes cometidos a realizar.

Tito estaba ocupado en las tareas normales y el pavo (antes detector y delator) no abrió el pico. Así que fui a “dar una vuelta” por dentro de la granja, revisé los terneros, ví las nuevas incorporaciones, los recién nacidos,… todo iba bien.

Cuando acababa de hacer mi recorrido, Tito, se percató de mi presencia y vino hacia mí. Que si esto, que si lo otro, que si hay que hacer, que si hay que comprar, cambiar eso, tirar aquello que no vale pa ná… Lo normal.

- Niña ¿que llevas ahí?- me pregunta señalando una bolsa de plástico que llevo en la mano

- Nada, la huevera* - le digo regocijándome ante la proximidad de mis “regalos”.

- Vamos a ver si hay - me dice Tito, y sigue - Aunque no lo creo porque estas putas gallinas entre el frío y que se hacen viejas ya no ponen ni ná.

- No te pases Tito – le increpo. Tengo que salir en defensa de las que, hasta ahora, son mis preferidas.

Generalmente me gusta disfrutar de mi “momento gallinero” en soledad. Voy, entro, miro las gallinas, observo al pavo, paso por debajo de donde duermen, cojo los huevos con cuidado… Se ha convertido en todo un rito. Esta vez Tito me acompaña, para que no me manche, dice.

Entramos al gallinero, las gallinas se apelotonan por salir, pero a una voz de Tito renuncian. El pavo, huye enseguida hacia la esquina más lejana. ¡Pobre! Pienso, a lo mejor me he pasado con él, he sido injusta. En ese momento, ajena a lo que se me avecina, no entiendo que quien huye sin motivo aparente algo habrá hecho, por algo será. Ignoro que PP se siente culpable.

Pasa Tito por debajo del arco dónde duermen las gallinas y se pone a recolectar los huevos. Yo le sigo confiada, paso un pie por debajo del arco y me agacho. En este trance, el pie que he adelantado comienza a resbalar de manera sospechosa en una carrera imparable. Tanto, que me encuentro en una posición no digna para una “señora” de mi edad (creo que en gimnasia rítmica se le llama el sapo a esta figura que dibujo). Totalmente "escarranchada", noto un tremendo tirón en la ingle y me debato entre caerme de bruces o seguir deslizándome y acabar en el hospital.

Tito a lo suyo, sigue cogiendo huevos. No se ha percatado de nada para mi tranquilidad. No quiero testigos, así que en un arranque de valentía, decido salir de allí por mi propio pie y hundiendo las manos en la mierda, consigo incorporarme justo a tiempo:

- Toma niña – me dice Tito mientras me da la huevera llena.

Cojo la huevera con el meñique, que es el único dedo que me ha quedado limpio, mientras compruebo que a pesar de no haberme roto nada, mis vaqueros están llenos de residuos orgánicos frescos, en ambas piernas, por no hablar de mis deportivas.

De acuerdo que había llovido y fuera había barro como para resbalar, pero dentro del gallinero no llueve. No le encuentro otra explicación: PP me la ha jugado y bien. Lo miro buscando en él signos de culpabilidad y lo veo agazapado, con miedo, queriendo huir. Se le queda el gallinero pequeño. Veredicto: PP culpable.

¿Cómo sé que ha sido él? Una vez que mis polluelos fueron al gallinero, usaron los huevos como munición, lanzándolos contra la pared, para deleite de PP que se los comía con fruición. Así que no hay duda, no quiere que le toquen los huevos. Si no lo mato en ese momento es porque hay testigos y porque me duele la pierna demasiado. Además, sospecho que esa no es la única trampa que puede haber en el corral. Decido retirarme, abochornada pero viva.

Salimos del gallinero Tito a la cabeza y yo detrás, disimulando mi cojera. Vamos comentando cosas del tiempo que hace, de los animales… Yo intento disimular para que Tito no vea mi pantalón cagado y no ser (encima) objeto de sus mofas. Cuando creo que lo he conseguido, Tito se queda clavado y me dice:

- Niña, ¿Cómo te has puesto así? ¿Qué has hessssho? (tocado)

- No, nada que me he resbalado antes en el gallinero.

- ¡Si es que no valéis pa ná.! - dice Tito sonriendo. Aquí te querría ver yo una semana entera – remata (tocado y hundido).

Me voy hacia el coche y abro el maletero donde espero encontrar un kit de limpieza lo suficientemente eficaz como para que no me tenga que quitar los pantalones. Encuentro unas toallitas desinfectantes y un limpiacristales. Con una tablilla del suelo, voy sacando mierda de mi pantalón. Cuando he conseguido liberarme de las capas más densas, protagonizo un “momento boda griega” y voy empapando de limpiacristales mi vaquero con la esperanza de que no se note el despropósito causado por PP. No lo consigo.

Tito cabecea con la ídem, mientras masculla palabras que adivino critican mi forma de limpieza.

Resultado:

- PP = 1
- Diva = 0

*Aclaración: Una huevera es un artefacto similar a los de cartón, pero de plástico que lleva un cierre y puede reutilizarse. Actualmente, es un artículo en peligro de extinción. Sólo unos pocos elegidos llevamos una en el coche







13 enero 2010

Refritos

Dícese de aquellas entradas que no han sido escritas la noche antes, específicamente para DD, sino en otro tiempo, tal vez también en otro lugar. Para entender este concepto, hay primero que familiarizarse con el de "la cueva de Ali-Babá".

Cuenta el Pedalista que un día se zambulló en mi carpeta matriz en busca de una receta y casi no sale. Desde entonces, tiene miedo a esa hidra que son mis carpetas y subcarpetas, donde llevo guardando cosas desde que existen las Lilis (ordenadores). Lili se llamó nuestra primera-sí, era chica- computadora, como dicen en Latinoamérica. Vivíamos en un piso que había sido compartido antes por una tal Lili (en la imagen) y una tal Albertini. Las que fueron las habitaciones de las susodichas se siguieron llamando como sus anteriores dueñas, como si nosotros fuéramos unos intrusos, que nunca llegamos a habitar el piso: "¿dónde está mi reloj-medidor-de-pulsaciones-indispensable-para-correr?, y yo: "en la Lili". O, "en la Albertini". Como nuestra computadora se instaló en "el cuarto de Lili", pasó a ser "Lili".

Pero divago. Decía que hay miles (y no es una exageración) de carpetas que son el equivalente de los recortes físicos de los periódico de antaño. También hay viejos escritos míos, fotos, salamandras, artículos, poesías, proyectos y muchos documentos de excel.

En días como hoy, en los que la vida y los elementos me engullen (más nieve, más travesías-del-desierto, más fechas límite), tal vez me tome la libertad de adentrarme en la cueva de Ali Babá, perderme por sus múltiples laberínticos caminos, y pasar horas deliciosas deciciendo cual es más apropiado, para por fín, colgaros el refrito. Os aseguro que puede llegar a ser menos traumático que lo que yo pudiera escribir en un día como hoy.

Perfecto (casi)

De un tiempo aquí le he cogido manía a la palabra perfecto. No la soporto y trato de no utilizarla nunca. Ha pasado a ser tabú en mi lenguaje. Jamás la utilizo con mis polluelos porque me parece contraproducente.

Porque, veamos… ¿Quién determina qué es perfecto y en qué grado? Porque si algo está claro es que la perfección es algo subjetivo, diferente para cada uno, es decir, es un concepto tan abstracto que hay que “subjetivizarlo” de algún podo para poderlo entender.

¿Existe la perfección? No, por lo menos no en el ámbito humano.

Buscar la perfección en lo que hacemos ¿no es de antemano una partida perdida? ¿No conlleva acaso un estado de insatisfacción permanente? ¿Vale la pena hacer algo si no lo vas a hacer “perfecto”? Ante tal amenaza los hay que se quedan paralizados, incapaces de reaccionar. Es mucho más sano hacer las cosas lo mejor que uno sabe, o puede. Aún así, pueden salirte bien o mal, regular, desastrosas incluso, pero… ¿quién es capaz de hacer algo perfecto?

Cuántas de esas cruzadas son una crónica de un fracaso anunciado: cuerpo perfecto, madre perfecta, marido perfecto, casa perfecta…, hijos perfectos!! Cuánto negocio hay encubierto detrás de esos objetivos inalcanzables. Cuánta ansiedad. Cuánta presión. Cuánta decepción.

Esa búsqueda de la perfección es como la zanahoria delante del burro, inalcanzable y además puede hacer que, aunque “te hayas perdido el sol no llegues a ver las estrellas”, y por ende no las disfrutes porque andas concentrado en las imperfecciones de lo que haces. Sí, esas que hacen a cada persona única, diferente y qué deberíamos saber amar.

Buscar la perfección predispone a la intolerancia, a una exigencia tal que reduce todos tus logros a migajas y te impide tener una visión global de lo que haces “sólo” bien.

Y es que, a veces, lo mejor es enemigo de lo bueno.


12 enero 2010

Souvenir Horror 1

Aquí tenéis mi entrada para el concurso. Ahora podréis entender porque tengo estas ínfulas de ganadora.

Se trata de un magneto-termómetro-barómetro-tridimensional-fluorescente. El pez superior no tiene el equivalente a su abdomen porque sufrió un accidente al cerrarse una puerta sobre sus escamas. Si lo veis ligeramente desenfocado es porque tiene un muelle debajo para acentuar su aspecto tridi, y para que pueda hacer boing-boing y nade.

Habita en la pared de mi cocina, junto a otros miles de magnetos que la Fashion Gurú parece collecionar vicariamente a través mía. Por supuesto, tamaño eccehomo sólo puede ser un regalo de alguien muy dañado: la susodicha Fashion y el Artista Local. ¡Yo también os quiero!

Y los demás: VOTADME!

Souvenir Contest

El otro día estuvimos Consuerte y yo en la ciudad condal. La verdad es que cogimos uno de los peores días del año: inicio de rebajas y un temporal con nieve incluido. Al final, hartos de tanto gentío, nos fuimos a vagar un poco, (sin Di, sino sería Divagar ;•). Es diferente vagar por las calles que tristear. ¿Lo habéis hecho alguna vez? Yo sí. Me gusta más vagar por eso. Pero divago (ahora con Di).

En ese vagar callejero, nos topamos con muchas tiendas de souvenirs o recuerdos regentadas por hindúes o indios y a las que al final tuve que rendirme y entrar. Todo tiene su porqué. Miraba yo embelesada la cantidad de chorradillas varias que uno se puede llevar de recuerdo a casa en una visita a Barcelona y al final me topé con esto que os enseño a continuación.

Enseguida me vino a la cabeza: pero… ¿Qué tendrá que ver una jarra cervecera en Barcelona? ¿No es más típico eso de Munich? El toro, las castañuelas, los dragones de Gaudí, abanicos, sevillanas, toreros, bolígrafos, dedales, quijotes, ceniceros, vasos, tazas, camisetas del barça, imanes, todo cuadraba menos la jarra. Precisamente ahí es dónde tiene su gracia: no cuadra.

Por eso es especial.

Superada la vergüenza inicial, que conllevan estos trámites, la compré ante el asombro de Consuerte. Me costó 6,90€ después de regatear. Me pedían 7,90€ porque dicen que está pintada a mano. Mentira. Cuando la compraba sonreía ante la sorpresa del dependiente, mientras planeaba lo que da título a esta entrada:




Bienvenidos al primer concurso de souvenirs de DD que se regirá por las siguientes

- NORMAS -

• Precio máximo de 6,90 € (que para eso el mío es el primero). Aunque cuánto más barato más puntúa.

• Tiene que ser algo que no tenga relación con el lugar donde se compró o por lo menos la menos posible, que no cuadre, que cante: por ejemplo un “manneken pis” en Dublín.

• También pueden presentarse a concurso souvenirs inútiles, creados para una función que no pueden cumplir. Como por ejemplo los dedales de porcelana.

• Cuanto más feo, más cutre, más kitsch, más pretencioso sea, más puntos obtendrá.

• Si no está bien terminado o si está mal hecho aumenta de valor.

• Si aparecen textos tipo, made in Taiwán o made in China puntúan doble.

• Los “recuerdos de…” valen triple.

• Los puntos se obtendrán del número de divagues o comentarios de cada una de las entradas. Cada uno es libre de “divagar” las veces que quiera.

• Las fotos las podéis enviar a Di o a mi (Diva) junto a la explicación o comentario que estiméis oportuno y nosotras la publicaremos sin alterar el contenido. Para ello podéis usar el siguiente correo:

divagandodivagando@gmail.com

• Por favor, avisad cuando hayáis enviado un mensaje.

• El concurso está abierto a todo tipo de personas, sin importar género ni condición. Si tienen mal gusto… mejor. Horteras no abstenerse.

• Se aceptarán sugerencias, críticas e ideas en pro de mejorar las bases del certamen.

• Como premio, además de la admiración y estima de todo el blog y del mundo mundial, el ganador se podrá llevar un CD descargable con los Horror Hits o con las canciones del Singui Ntumi, lo que prefiera o las dos…o ya veremos.

Así que... miren, busquen, comparen y si encuentran algo peor… cómprenlo* y lo publicaremos.



















* Los ratas, cicateros y agrarraos, pueden sustituir aquí el comprar por el fotografiar (más barato).




11 enero 2010

Ellos las prefieren gordas, parte II. Mojándome.


Cuando una empieza a escribir una entrada, muchas veces no tiene el título. Bueno, a veces no tiene ni la entrada, ni un triste borrador con un mínimo de argumentación en la cabeza: necesitas ponerte a teclear para saber de qué va a ir, con qué vas a marear al personal. Te conviertes en una especie de Woody Allen, que no sé si se guarda el título de las pelis como estrategia de marketing, o es que verdaderamente no lo tiene.

Ayer fue uno de esos días en los que no tenía título, y además tuve que perseguirlo un rato: no se dejaba. Casi tiré la toalla: venga, a lavarme los dientes y hacer mis abluciones nocturnas, y entonces tuve una intrusión gurruchaguiana: "ellos las prefieren muy muy gordas", petardo de canción. Pero así es como ese estribillo acabó llevando la bandera de la entrada. Ni que decir tiene, que buscar un título es un ejercicio de marketing en sí mismo: si ya el encabezamiento te aburre, a qué límites te llevará todo el texto. El título ha de captar tu atención, aunque no esté demasiado relacionado (o nada) con el post. Por que nos leáis, todo vale. Así que, yo tampoco pienso que ellos las prefieran gordas: era mero oportunismo. Aunque alguna vez he oído a alguno que dice q las excesivamente delgadas, tampoco. Pero hay que tener mucha personalidad para estar con una gorda.

Entrando en opiniones. Evidentemente, si un blog no es para opinar, ¿para qué es? Pero la razón por la que quería explícitamente no opinar en el post de ayer era para ayudar a diferenciar hechos con opinión, cosa que la gente tiende a confundir. Lo que escribí ayer pertenece más al ámbito de los hechos, si por tales aceptamos la evidencia científica (sí, las ciencias sociales también son ciencia). Por evidencia me refiero a resultados de estudios que se han hecho con un número suficiente de participantes como para poder descartar la casualidad como causa de asociaciones encontradas entre los factores a estudio. O sea, hay gente que puede decir "yo no creo que las niñas de 5 años ya tengan ideas sobre la apariencia física”. ¿Pero en que basa su opinión? ¿Está avalada por un cuerpo de investigación serio, o por anécdotas? Lo que hace la vecina, o un primo de Cuenca igual le sirve a esa persona, pero esto-el resultado de un grupo de profesionales que han estudiado a un montón de niñas de esa edad-sirve a la población en general.

Mi opinión, en cierto modo, la ilustré con la imagen que puse: “sólo hay ocho así-llamadas supermodelos, el resto somos normales”. Por mucho que intente reírme de casi toda la estupidez humana (en el fondo como mecanismo de defensa, para por sobrellevarla), me cuesta mucho hacerlo con este tema, así que tal vez me quede una entrada un tanto gruñona. Pero es que todo esto me indigna:

1. Ver como el photoshop es hoy en día imprescindible en cualquier fotografía que se publique. Creo q fue Kate Winslet la que se quejó porque le habían quitado las curvas en una revista. Es totalmente falaz pretender que las mujeres tienen esas caderas y esas tetas a la vez. No ocurre asi en la realidad, Lara Croft, get real.

2. Ver en las pasarelas niñas de 14 años vendiendo ropa que compramos luego las de veinteymuchos o treintaitantos. Esas niñas no deberían estar trabajando en ningún sitio, para empezar. Pero es que lo que pasa detrás, cuando se apagan los focos, es absolutamente asqueroso. Hace poco escuché un programa en la radio donde unas modelos inglesas decían abiertamente que a ciertos países (por ej, Italia) nunca irían solas. Esa industria atrae a un tipo de hombre con trabajos de nombre raro, que nadie sabe exactamente lo que hacen, y que personalmente no me gustaría tener ni cerca mía, ni de mi hija cuando tenga 14 años (ni nunca). Estas modelos los describían como “depredadores”.

3. Ver la hipocresía de ciertos anuncios. Hace un par de años había una valla por toda la ciudad que anunciaba un perfume. Para ello, un primer plano de una niña que no pasaría los 13-15, con un gesto que sugería claramente un estado postorgásmico (o eso, o que estaba hasta arriba de lo que se metieran en el momento). ¿Cuál era el mensaje de ese anuncio? ¿Por qué esta sociedad se rasga las vestiduras con el tema del abuso sexual infantil, pero no parpadea en poner vallas de con chicas prepuberales que parecen haber terminado de tirarse al fotógrafo? (perdón, el fotógrafo a ellas) ¿A qué estamos jugando?

4. Ver modelos en la pasarela maquilladas y peinadas de una manera (ya sin entrar en su peso) tan horrible, que queda claro que el que ha concebido ese estilo, odia a las mujeres. Todos alucinamos con las declaraciones de un freak como Karl Lagerfeld hace poco hablando de lo que deberían pesar las mujeres. Karl, eres un weirdo, y no estoy interesada.


El año pasado en Reino Unido, un grupo de psiquiatras que trabajan con desórdenes alimentarios levantaron su voz en contra de la talla 0. Creo que por una parte es importante que los profesionales digan bien alto todo esto, y que se haga más investigación (como el libro que comenté).

Pero por otra parte, también tenemos todos nosotros una responsabilidad. Pensad en nuestro poder como consumidores, todos juntos podríamos hundir a una compañía cuyo objetivo sea vender sin importarle la salud de la gente. Como decía Thoureau:"Procura por todos los medios no prestarte al error que condenas”.

No les compres. No todo vale.

10 enero 2010

Ellos las prefieren gordas


Leo “Imagen corporal, desórdenes alimentarios y obesidad en los jóvenes”, editado por Smolak y Thompson. Se trata de un texto de investigación seria, con datos contrastados en diversos estudios. No voy a opinar, pero querría compartir algunos de los datos que me han llevado a crearme una opinión:

Somos lo que comemos, dicen algunos. Es curioso cómo, desde que estamos en el útero, lo que come nuestra madre va a influenciar nuestro paladar. Si la madre comió, por ejemplo, muchas zanahorias durante el embarazo, el bebé tendrá una predilección por las zanahorias. De ahí, supongo, que los niños pakistaníes toleren el picante tan bien. Los niños nacen con una preferencia innata hacia los sabores dulces y rechazo a lo amargo o agrio. La preferencia por la sal empieza a los 4 meses. Presionar a un niño para que coma una determinada comida lleva a que acabe aborreciendo la comida en cuestión. Presionarles para que coman más es otro error: los niños pequeños tiene la habilidad de autoregular la energía que necesitan. Si los padres ejercen mucho control, esta capacidad se pierde. A los 7 años, los niños de padres que a los 5 habían ejercido más control sobre su alimentación tenían, de media, un IMC (Índice de Masa Corporal) mayor. Así que los padres deben guiar, en lugar de controlar, los patrones de ingesta alimentaria de los niños.

Múltiples estudios han demostrado que las niñas –¡hasta de 5 años!- quieren ser más delgadas. La talla está altamente correlacionado con la autoestima, y cada vez hay más adolescentes, e incluso niños, que se exponen a la cirugía plástica. En algunas culturas es tan aceptado que se ha convertido en un rito de paso, un regalo que se da a las niñas para su 15 cumpleaños. Sin embargo, mientras las niñas quieren ser todavía más delgadas, en los niños todo tiene que ver con la musculatura. Los medios de comunicación son más amables con los niños, existiendo un espectro más amplio de “cuerpos aceptables”, y menos mensajes en los mass media. Jugar a los videojuegos predijo un aumento del deseo de musculatura en los niños de 8-10 años de edad en un estudio. Ahora, si eres niño y malo en deporte, esto sí que es el acabose.

La mayoría de los problemas con la imagen corporal vienen porque las características del cuerpo del individuo no se ajustan a ciertas normas culturalmente determinadas. Imágenes en los mass media (¿qué decir de esto?), los juguetes (Barbie & Co.) y la gente que nos rodea (¿has visto a tu madre a régimen toda su vida?) son cruciales. Volviendo a las chicas, este deseo de ser más delgada está presente en todas las culturas, aunque es menos prominente en las afrocaribeñas, donde ser más gorda/grande es aceptable. ¿Por qué? Los padres, por un lado (propensos a transmitir actitudes positivas acerca de los cuerpos grandes). Las amigas, por otro. En un estudio, las chicas negras describieron más cohesión entre ellas (“sisters”), mientras que las blancas hablaron de competitividad y envidia.

Si miramos las diversidades étnicas, estudios en los EE.UU. han encontrado consistentemente que algunas minorías (incluyendo los hispanos) son más propensos a tener sobrepeso que los blancos. Pero pensemos en el círculo vicioso en que se encuentran: dado su inferior nivel económico, tienen menos acceso a alimentos frescos. Además, viven en barrios menos seguros, por lo que no salen tanto (sobre todo si sus padres están limpiando oficinas cuando ellos salen del cole), limitando la actividad física y aumentando las horas de actividad sedentaria, como ver la televisión, que bombardea anuncios de alimentos procesados sin fin. Se trata de un problema de salud pública. Pero además pensemos que estas minorías viven, al mismo tiempo, en una sociedad que a su vez bombardea con “el exceso de peso se debe evitar a toda costa”. Anuncio de hamburguesa, anuncio de pastilla adelgazante, anuncio de mahonesa, anuncio de máquina de ejercicio.

La imagen corporal, los trastornos de la alimentación y la obesidad comparten algunos factores de riesgo (característica individual o ambiental que aumenta significativamente la probabilidad de una patología). La teoría de cosificación ha destacado que las relaciones de poder tienen un importante papel en las diferencias de género en la imagen corporal. Esta teoría afirma que la sociedad atribuye distintos significados al cuerpo masculino y femenino. El cuerpo masculino está visto como “activo y funcional”, y su objetivo es conseguir cosas. Por el contrario, los cuerpos de las mujeres son para ser contemplados, como objetos (esto es el proceso de cosificación), y ésta es siempre una mirada sexual. El principal objetivo social de los cuerpos de las mujeres es proporcionar placer a los hombres, y las mujeres que no entran en este juego son objeto de bromas o condenadas al ostracismo. Las mujeres internalizan esta mirada de los demás y se auto-cosifican, juzgando a sus propios cuerpos para asegurarse de que cumplen las normas de la sociedad. Incluso niñas de primaria han interiorizado estas normas.

Hay muy pocas investigaciones sobre los factores de protección para estos problemas de imagen corporal que pueden acabar en desórdenes alimentarios, pero educar desde el principio sobre alimentación saludable, ejercicio y potenciar las habilidades para resistir el bombardeo sobre la delgadez puede ayudar. La identificación de las niñas que rechazan las imágenes de los medios de comunicación o tienen alta autoestima corporal puede dar pistas para el diseño de programas de prevención.

Los que me empezáis a conocer, sabréis que me ha costado no opinar (qué tentaciones de abrir paréntesis). Espero que os haya parecido tan interesante como a mi.

Di, corresponsalía científica de DD