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22 agosto 2019

The Crags: La Mujer frente a La Tarántula (SA11)

Jueves, 22.08.19-De Teniqua Treetops a Plettenberg Bay (SA11)
Dicen que por la mañana vienen los enanitos del bosque y te dejan una cesta de desayuno en la puerta de la cabaña. Y sí, y además no puede ser más encantador: queso, zumo, fiambre, croissants, yogur, frutas del-nunca mejor dicho-bosque. Dice el Peda que en el divague de ayer "me dejé muchas cosas que contar de Teniqua", que era un sitio muy chulo. Hoy por la mañana más brasa a los pobres corderitos por parte de Mini, y comprobar que es un lugar más del que no me hubiera ido.






Escoba de plumas de, ay, avestruz



Mini y Norit

Knysna (lo pronuncian "Nisna", a mí no me pregunten) es una de las ciudades de la Ruta del Jardín, que no tiene vista directa al océano porque rodea a un lago. Vamos buscando algún barco que salga a buscar ballenas, pero no encontramos nada justo para entonces. Todo esto es cerca del centro, en un puerto deportivo con yates, y todo parece muy comercial. Nos llegamos a "Leisure Island", que está al otro lado del lago, y desde la que se ve el océano a través de "The Heads".  La playa de abajo no es Knysna, pero ya la memoria me empieza a tambalear, y los días que quedan de divague me veo llenándolos como los enfermos de Alzheimer: con fabulaciones.

Otra playa sudafricana más

Creo que esto es Knysna

Una township desde la carretera

Y seguimos hacia el este: Plettenberg's Bay (la llaman Plett) es el lugar más turístico de la Ruta del Jardín, y en verano es colonizado por la gente bien de Johannesburgo.  Así que es caro quedarse aquí y por esto, y por nuestro afán rural-huida-del-mundanal ruido, esta noche dormiremos en un sitio llamado "The Crags"  unos kms al este, por la famosa N2. Pero pasamos lo que queda del día en Plett, que tiene muchas playas y sobre todos puntos panorámicos para en teoría ver ballenas.

El hotel este de la imagen, odiado por el autor de la Rough Guide, es ciertamente una mole, pero por lo menos intenta imitar un barco: podía haber sido peor. Parece ser que antes era un lugar donde despedazaban las ballenas, que hasta 1979 aún se podía cazar en Sudáfrica. Fueron extinguiendo las distintas especies poco a poco, hasta tener que pararlo del todo. Allí cerca del hotel hay una playa inmensa y gente que hace figuras de arena.

Hotel ochentero vacaciones en el mar

Al final de la playa hay una pequenia península llamada Robberg Nature reserve, el suenio de los que hacen trekking. Una vez allí, hay una casita con su senior dispuesto a cobrarte por entrar. Nosotros no vamos a hacer trekking (por quién nos ha tomado? voy con un bikini-pantalón corto de Roxy) así que no entramos. A la vuelta pasamos por una panadería muy de locales donde compramos varias viandas, entre ellas la consabida coca de espinacas y feta, que siempre está saladísima. 


Nos los comemos en un mirador de ballenas que está en un alto, bahía maravillosa con las montanias azules esas sudafricanas de fondo. Por supuesto, no vemos una sola ballena, pero sí un montón de delfines... son tan monos!

Avistando delfines
Antes de ir a The Crags, donde dormimos, pasamos por un Spar. El Peda y Mini recuerdan a Green's, el mejor supermercado del mundo en Malta, y yo ahora pienso en el nuevo M&S que han abierto en Clapham Junction. No es un supermercado, es un "concepto": todo es muy cuqui, tienes un horno de pizza forrado como bola-discoteca, la verdura ordenada por colores, te regalan bolsas de tela verde donde pone "I Love SW11", se cultiva allí mismo el perejil y tienes la perpetua sensación de que te están clavando. A mí me han hecho la pascua porque en el viejo, tercermundista como solo los británicos saben hacerlo (vayan a Debbehams para la experiencia) compraba calcetines y ropa interior (este es el punto de M&S), y ahora tendré que ir a otro barrio. Pero divago. Yo quiero comprar salchichas para hacer una famosa "braai" (barbacoa sudafricana), pero estos como siempre me dan largas. 




El alojamiento de estas dos noches (sí! aquí lo tiramos!) es también en una casita en un sitio llamado Moonshine en Whiskey Creek (no traduciré). La dueña suena exactamente como la madre de Imogenia, una amiga de Mini: es una voz aguda, de señora mayor que intenta caer bien, muy fácil de imitar. Nos explica las normas, todas que ver con la ecología y cómo hacen de las casitas un lugar sostenible: hay que poner todo residuo orgánico en un compost, el agua de la ducha va a nosedonde, y eso. Sobre todo, lo bonito que es el paseo por el "creek": o sea, si seguimos el camino hacia abajo, terminaremos en un río, con una zona que en verano se bañan que es como un estanque. Nos ponemos en marcha que ya está atardeciendo y la experiencia la describiré en tres palabras: traigan-un-helicóptero. Cuando estás a mitad de bajada ya vas dándote cuenta que luego será subida, y que hasta la bajada es dura. Pero claro, ya estás ahí, y has de seguir: error. 

Lo mejor de la casita es que hay chimenea, que encendemos. Cuando ya estamos relajados leyendo alrededor, del baño sale horrorizado el Peda: ha encontrado una tarántula. Bueno, vale, igual no es justo de la especie tarántula, pero el tamaño no le va lejos. Yo, que estoy afiliada a bastantes de las fobias del mundo, justo no sufro aracnofobia, así que me meto a solucionar el tema. Pero, ay, aquí la señora de la voz no nos ha dado el instrumento para coger aracnidos y sacarlas a su hábitat. Así que he de entrar yo con mi instrumento (deportiva marca adidas) y cargármela, así, sin acritud, ni malos rollos. No es personal, arania: lo sería si fueras una paloma, pongamos, pero esto lo hago por el Peda. Y zas. Yo ya he contado el subidón de adrenalina que tuve al matar a escobazos a un ratoncillo que teníamos en casa, que pretendió retarme. Pues bien: lo de lo tarántula tal vez no es Tan Grande, pero está ahí, dado su tamanio monstruoso. Dejo el cadáver en una esquina del baño, ya hecho un barullo, y ahí se queda, prácticamente un trofeo para mí, el resto de los días. Puedo ver a la seniora de la voz entrando en convulsión al encontrársela ahí el día que va a limpiar. Seguro que a estas alturas ya cuenta con el instrumento que garantiza que "ninguna arania fue daniada durante estancias en Whiskey Creek". 

21 agosto 2019

Durmiendo en el bosque: atrapados por la ecología (SA10)

Miércoles, 21.08.19-De Oudtshoorn a Teniqua Treetops (SA10)


Lo mejor de la casita de la granja pija es la habitación menos decorada que hay a un lado (donde duerme Mini), que tiene ventanales a los cultivos. La temperatura es perfecta (raro que yo diga esto en el Karoo), porque es puro efecto invernadero con todo el solazo. De nuevo otro de los sitios donde podría quedarme leyendo toda la mañana. 

El desayuno, en la casa principal está genial-especial mención a una ensalada de frutas con yogur, servido por las señoras negras de uniforme, y la conversación tipo "está todo bien?" instigada por la Marion, señora blanca que nos había dado la bienvenida la noche anterior. Aprovechando que la tengo ahí, le pregunto por el montón de fotos enmarcadas que hay en la pared enfrente mía: un montón de tíos circunspectos. Solo hay una mujer en sepia, con gorrito victoriano, claramente la esposa del primer fundador de la granja, un senior de apellido Spies con perilla inmensa que parece tomarse a sí mismo muy en serio. Como digo, en el resto de generación tras generación, no se han molestado en añadir a las mujeres de la familia, e incluso hay fotos de un par de críos que serán los herederos de la granja. Le comento lateralmente a Marion si no le chirría lo del asunto de género y ella ríe nerviosa, precipitándose a añadir su no-pertenencia al clan Spies. En el asunto de raza, ni me meto, mientras una de las camareras me retira el plato. 



La sala donde se desayuna está llena de antiguedades que me encantan-imaginen, generaciones de trastos acumulados en una granja, y allí me doy cuenta de que se ha caído la tapa que cubre la batería de la cámara, y que no funciona. Por la mañana estaba, vamos a buscar por el césped, delante de las avestruces. Estamos allí un rato, yo ya sé que nunca encuentro nada buscando así. Entro a preguntarle a una de las camareras que están recogiendo el comedor: no han visto nada. Una de ellas, sale a ayudarnos y en cuestión de minutos, encuentra la tapa. Nos ha salvado!

Hoy dejamos ya el Karoo, y bajamos perpendicularmente al mar hasta el pueblo donde oficialmente comienza la "Garden Route" (la ruta del jardín), Mossel Bay. No tiene nada de especial, salvo una oficina de correos museo en el que no entramos, y en el puerto intentamos ver si sale algún barco a ver ballenas. Negativo.  Como ya hace un tiempo, no recuerdo detalles, pero sí que rescato un par de fotos del mar que añadir al divague. La primera, tipo que yo llamo "estoy en el cielo" y la segunda, una playa sudafricana más, que ya son tradición en esta serie. 






Seguimos bordeando la costa hasta llegar a Victoria Bay, una bahía muy pequeña que es una chulada. Está llena de surfistas blancos cogiendo olas, y al final del paseo, vemos unos chicos negros con toallas que se han bañado. Voy preguntándome porqué también hay razas en esto del surf, pero para mi alivio, cuando ya estamos para irnos vemos a un grupo de chavales negros con sus tablas, en un curso de iniciación, liderado por un blanco. Racismo es pensar que tal vez este sea un grupo de chicos en acogida y esto lo organiza el estado. Pero a la vez pienso que en las townships ni se mantienen censos y nadie sabe quién nace y muere, así que, cómo van a entrar ahí servicios sociales? También nos encontramos con una especie de "memorial", con placas con nombres de gente, que tal vez les gustaba ir a mirar el mar allí. Hay un grupo de ancianos guiados por un extraño cura con una túnica como la de Guillermo de Baskerville, pero en verde. Hacia la mitad hay un malecón de madera con locales pescando. 






En fin, que es un lugar encantador, y mis compas se toman unos batidos de algo demasiado espeso, en un lugar donde el techo está lleno de calderos de Coronita. Ah! quien pillara una noche de esas de cebras con amigos en aquel lugar, pero tenemos que irnos porque un Pedalista se debe a la aventura: hoy dormimos en unas casitas de árbol en un bosque. 







Aquí creo que tengo ciertas lagunas (ya más de un mes), pero es que además atravesamos por la N2 unos lagos que terminan todos en -vlei, y al llegar a Segfield dejamos la costa y subimos hacia el norte, a una zona de bosques. Cerca de Karatara hay un alojamiento llamado "Teniqua Treetops", un sitio eco-amistoso, construido milagrosamente sin talar un solo árbol. Está en una garganta y en medio del bosque de Knysna. La llegada es impresionante, con caballos, vacas por ahí y el bosque. 






El hombre que lleva el cotarro (blanco, ni que decir tiene) nos explica las instrucciones, y nos da un instrumento para atrapar arañas: las coges, sales al balcón y las devuelves al bosque, por supuesto. Todo muy eco. No es lugar para aracnofóbicos. Hay que seguirle en su quad (nosotros en coche) por unos caminitos adentrándonos en la wilderness. La casita está genial, y en la terraza los muebles están hechos de neumáticos reciclados. El agua de los grifos sale marrón, pero no quiere decir que esté sucia (para beber hay un grifito muy delgado, y para lavarte los dientes). Hay una bañera impresionante que se abre al bosque, pero qué psicópata se la llena con toda la flagelación de este país con el agua? En nuestro cuarto, además de la reglamentaria manta eléctrica hay una estufa de aire que hace como un daguerrotipo de fuego, que hipnotiza. Fashion me dice que también la tenían "Los Aguirres", unos hilarantes amigos suyos gallegos y que era "una fantasía". Parece que cuando llegaba un cargamento a Lidle, su expendedor, "había que estar atento, porque se las quitaban de las manos", Aguirres dixit. No puedo parar de reír con las tontadas de Fashion. 



Volvemos a la zona comunitaria de paseo, y allí Mini experimenta uno de los momentos álgidos del viaje. El hombre le había dicho que "a las 5 dábamos de comer a los corderitos"; resulta que nacieron gemelos y uno de ellos estaba muy débil, así que le daban biberón. Mini está feliz, la verdad es que Norit está para comérselo (no literal, graciosos) y a mí me recuerda hacer esto mismo en el pueblo, en casa de mi abuela. Me hacía una ilusión loca darles el biberón, casi puedo recordar la presión que hacían, el ímpetu. Hay más animales de corral- a mí las gallinas no me hacen ninguna gracia. Mini es Heidi y nunca olvidará esta tarde.




Tras la puesta de sol volvemos a la cabaña a cenar, que habíamos pedido algo que te trae un restaurante del pueblo. Cenamos como pepes, calamares y pasta y nosequé. Una vez más, quedarse allí con todo apagado mirando las estrellas es impagable, y la temperatura ya es mucho más aceptable que en las montañas. Aún así, dejamos mucho rato la estufa de los Aguirres: ya hemos hecho nuestro granito de arena por el planeta no llenando esa bañera, Extinction Rebellion!





20 agosto 2019

Los repelentes viajeros del "vivir la experiencia": dejar tu sujetador firmado en Ronnie's, nadar en aguas a -5 y comer avestruz (SA9)

Martes, 20.08.19-De Barrydale a Oudtshoorn (SA9)


El frío que hace en la granja de Barrydale esta mañana es de como de otra época y de otro lugar, en concreto de fin de semana invernal en casas de pueblo de la península en los 80. Puedes haber luego visitado Escandinavia, pistas de esquí, estepas rusas... pero en ningún lugar hace más frío que en esas casas de pueblo, porque representan el problema con mayúsculas: que no haya calefacción. Si la casa está toda caliente, ya puedes salir a las calles a lo que te echen, pero levantarte con la tristeza de tener que ir a ducharte con esa temperatura, que ya forma parte de tus huesos... eso es otra cosa. Así que la/el divagante avispad@ ya entenderá que esta mañana en la granja no soy feliz. 


Sin embargo, el desayuno me va cambiar de humor. Bertus nos da unos "vales" para ir a "la tienda". Resulta que en el otro lado del pueblo esta familia regentan un café donde además venden productos de la granja. Al llegar allá, nos encontramos con que es un sitio idílico. Hay un porche espectacular que da al campo, que está justo sobre un lago donde anidan unos pajaritos amarillos muy bonitos (han de serlo, para que yo lo diga), en los nidos más raros que nunca he visto. Tienen forma de corazón invertido, y de ellos están colgados, boca abajo, los pájaros. El lugar es la paz. 


Allí conocemos a Hannette, la madre de Bertus, que nos da la bienvenida y nos cuenta su vida. Una mujer urbanita que lloró cada día durante seis meses cuando se vino con su marido a la granja familiar en Barrydale. A los seis meses y un día, tiró los pañuelos y empezó a amar Barrydale. Su marido murió de malaria hacía 5 años, y entonces tuvo que reclutar a su hijo Bertus, que ya estaba independizado trabajando en un país de Oriente Medio, para que viniera a ayudarle con la granja. Su hija vive en Nueva York, y ella va a allí todo lo que puede. Le encanta el arte, el cine, la cultura, la política, todo eso lo echa en falta en Barrydale. Hablamos bastante rato de política: está muy al tanto de Brexit, Boris Johnson, aunque le pille tan lejos. También quiere visitar España, porque alguien le ha hablado de... hace ya más de un mes y no me acuerdo. 







Las cocineras (negras) nos traen el desayuno: un clásico de huevos, salchichas, tomate, tostadas... y un batido que nos encanta (cada uno un sabor, pero que no recuerdo, creo que el mío era de fresas y frutas del bosque). Hannette pone pan en la barandilla y vienen los pajaritos a comer. Mini lo echa al estanque y vienen peces de colores. Es como la nueva arcadia. 



Es un sitio donde podría haberme quedado todo el día leyendo y tal vez, quién sabe, mirando el infinito, ahora que me estoy entrenando con las ballenas. De salida nos encontramos con el colegio del pueblo, que me lleva a esa época en la que fue construido, cuando seguro que solo los niños rubios de los boer iban a las clases. "Hoerskool", podría poner "Boerskool".


Tiramos hacia el este por la R62 (la mítica carretera del Karoo) y al poco rato nos encontramos con otro mito, Ronnie's sex shop, que aparece en todas las guías como ese lugar improbable que de repente adquirió status de culto, y que ahora todo el que viene por esta zona ha de visitar. El gancho es lo de "sex", pero parece ser que es todo una coña entre amigos. La tienda de Ronnie (Ronnie's shop) no se comía un colín, y sus amigos, echando unas risas, le añadieron la palabra "sex" (hasta el más zoquete estudiante de marketing confirmará que sex y gratis son las palabras claves en toda venta) y voilá! Lugar de peregrinación friki, o en nuestro caso, de turista que pasa por allí. 


Sujetadores colgados

Lo cierto es que , sin añadirle el "sex", a mí el lugar, en medio de la nada del Karoo, ya me parece emblemático. Es como la peli "Paris, Texas". Tiene delante un tractor donde Mini se sienta para fotos y yo me meto a explorar. Hay una terraza con un par de parroquianos y el que a todas luces es Ronnie, un sexagenario con larga trenza blanca. Hay varias salas, y entro en una con una barra (el lugar no sé qué vende, parece todo bar), tras la cual hay una chica bajo multitud de sujetadores firmados. No sonríe, así que no me planteo preguntar si puedo hacer fotos, y tampoco dan ganas de tomarse nada. Los sujetadores los van dejando supongo turistas en un momento de "exaltación del viaje", en el que olvidas las horribles sesiones de decisión en los probadores de John Lewis, con la señora de mediana edad con un metro alrededor del cuello, sobándote con la excusa de los tirantes o el contorno, o si no llenas la copa, ella te trae la otra talla. 


Sex Shop de Ronnie



Con esos flashbacks salgo yo de Ronnie's y, con la luz de la calle en los ojos, me doy cuenta de que mis compas han desaparecido. No están ellos, no está el coche: qué clase de broma es esta? Y aquí no hay pérdida: es un desierto y no se ve nada a kms a la redonda. Como soy un poco dramas, me dedico a pensar qué ha podido pasar, todo de lo más despatarrante, y que por tanto ahorraré a la osada divaganta que haya llegado hasta aquí. Por fin aparecen, que estaban "aprendiendo a conducir", algo que Mini siempre pide en los descampados: cómo no les leído la mente? 

Enseguida llegamos a Warmwaterbergspa, un pequeño balneario en el que planeamos darnos un baño. Nada más llegar, me doy cuenta que tendríamos que haber pasado una noche aquí: os imaginais ver las estrellas de anoche desde la piscina? El balneario es, además, un sitio muy básico, destierren todas las ideas de "spa" de lujo, o incluso de la Montaña Mágica. Es muy pequeño, en realidad una granja con varias casetas alrededor, y tiene dos piscinas muy calientes y otra... no hay palabras para lo fría que está. Las calientes tienen tantos minerales que parecen marrones (pero el agua está limpia). Allí coincidimos con un grupo de boers muy simpáticos, él tiene casi problemas para hablar inglés, tal es el acento Afrikaans. Como hace ya más de un mes, no recuerdo el contenido de la conversación: inconvenientes de no escribir el blog On the Road. El Peda y Mini se han metido brevemente en la piscina a la que drena directamente la Antártida, y no voy a ser menos ("it's the experince that counts", que dicen los ingleses-es la expericia lo que cuenta, ja).  Decido entrar a ese cubito de hielo gigante por el lado opuesto de la piscina caliente, y salir por el cercano, para saltar en ella como quien se mete bajo un edredón (con manta eléctrica, estamso en karoo). Al entrar, intento nadar pero creo que mis brazos no responden, me siento como espasmódica. No sé ni cómo llego, salgo como puedo y vuelvo al barro.


De nuevo en la R62, hacia el este, paramos en un pequeño pueblo que tal vez fuera Ladysmith a tomar algo, pero el único café está cerrado y acabamos comprando unas latas en un super medio desabastecido. Aprovechamos para re-arreglar los bañadores mojados en el salpicadero de delante, que es donde da el sol (una ya es una profesional).




En el coche, de nuevo a empaparnos con la inmensidad del Karoo...









Calitzdorp es un pequeño pueblo desde el que hay que desviarse para hacer el valle de Groenfontein, que deja a las montañas de Swatberg al norte. Comenzamos el desvío y, de nuevo, carretera de ripio. Hacemos unos kms de lo que  la guía define como "uno de los mejores drives que harás en Sudáfrica", pero la gravilla otra vez toca nuestra moral. 70 kms así: no podemos encararlo. Así que nos damos la vuelta y tiramos por la R62 hacia Oudtshoorn. Ripio 2, Pedalistas 0. 


 Oudtshoorn es la capital mundial de las avestruces y esta noche vamos a dormir en una granja, afortunadamente no de avestruces (aunque tienen dos por eso de los turistas, imagino). Hay que tirar hacia el norte de este pueblo, y luego desviarse por un camino. Cuando llegamos, hay una de esas iglesias boers que de nuevo dan pavor, con la puesta de sol detrás: Dios existe!



Una vez en al granja, la amable señora blanca de recepción nos da la bienvenida y nos presenta a Emily y King George, las avestruces. A mí, claro, me parecen bichos espantosos, pajarracos gigantes, pero debo ser yo, que tengo problemas.  En la foto de abajo podéis ver la cara de pocos amigos del tal Rey Jorge, bajo el triángulo invertido está Emily, incubando esos huevos gigantes que están por toda la granja, y la casita del fondo es nuestra habitación. Que nos encanta porque no solo tiene manta eléctrica (se confirma: accesorio de primera necesidad en el karoo), sino albornoces, secador, florecitas de lavanda en el sellado del rollo de papel higiénico. Iba decir spray de baño (desodorante), pero esto es algo que hemos visto en todos y cada uno de los baños de Sudáfrica: estan muy preocupados por ese tema. Y por si alguien se pregunta, no, no es un spray blanco con una rosa dibujada, suelen ser botellitas con líquido transparente.  con la habitación, que me despisto: tiene también un ala donde hay una cama extra para Mini, que está toda acristalada, con vistas a los cultivos (zona libre de avestruces) y por la mañana con el sol ahí se está en el cielo. Al final de la cristalera hay una cocina que no usamos porque mis compas, claro, quieren salir a restaurante a comer avestruz. 




Este es el restaurante que nos ha recomendado la de nuestro hotel, y para el que hay que coger el coche y salir a la carretera principal, y tirar para el norte. Se llama The Old Mill en boer y cuando llegamos, noche oscurísima, me parece que los que lo atienden son indios. Hay una gran sala inicial fea, que parece decorado medieval, lo opuesto a acogedor, pero nos pasan a otra donde por lo menos hay una chimenea, pero sigue siendo oscura y con acumulación de objetos a modo de museo del horror en una pared (una mecedora, una vieja prensa de vino, no sé... todo cosas que potencialmente pueden ser chulas por separado, pero que ahí no tienen sentido). 

Con la carta frente a mí, siento el corazón caer a mis pies: no hay nada que quiera comer en este lugar. El Peda, venga valiente, se pide el filete de avestruz y Mini la hamburguesa de ídem, según ella no porque le apetezca sino "por la experiencia" (digamos todos a una: "it's the experience that counts"). Yo ni recuerdo lo que pido, creo que un bobotie que me como con aprensión. Tenemos una ensalada al centro que, tras pedir el consiguiente aliño, está comestible. En aras de "la experiencia", le digo al Peda que voy a probar un bocado de su avestruz. Ni que decir tiene que está el Rey Jorge mirándome fijamente a través de sus pestañas L'Oreal mientras lo mastico. No podría explicar su textura: yo esperaba que sería tipo pollo, aunque dicen que es más tipo carne roja, pero ni lo uno ni lo otro: es lo más parecido a masticar un neumático que espero hacer. Mis compas lo comen, sin entusiasmo aparente.  

Por no terminar con la bajona de la avestruz, incluyo unas fotos del paseo que damos por la granja  antes de salir a cenar... esta es la clase de experiencia que me gusta a mí.