Domingo, 25 de Marzo 2018
Domingo, y me despierto demasiado pronto. Quién soy, dónde estoy, ah en mi litera de abajo. He soñado cosas. Entre las rendijas intuyo que sale un día soleado. J. es tan detallista: nos ha preparado un desayuno de lo que recuerda que nos gusta, basado imagino en estos divagues en los que hablo de aquellos desayunos griegos de granola y yogur y demás. Como los días de diario no me siento a desayunar (voy bebiendo té y como muesli con fresas mientras hago cosas), valoro mucho hacerlo tranquila los días festivos. 
Hoy vamos al Cabo Home, la punta más occidental de la ría de Vigo, justo enfrente de las Cíes, pasando Cangas. La carretera bordea el mar, y es precioso. "Mira Mini eso es un hórreo", recuerdo la ilusión que me hacía a mí verlos cuando venía por aquí de adolescente, "es para guardar el grano porque aquí hay mucha humedad". Mini, sabrá lo que es grano? Niña de ciudad. J. mientras da su particular visión de la esquina del mundo donde nació, "es una tierra de siervos; el gallego no protesta, el gallego emigra". "Así como en Euskadi o Catalunia sus idiomas fueron mantenidos y llevados con orgullo por la burguesía, en Galicia se ha visto como de aldeanos hablar gallego", cuenta. "Pontevedra es una ciudad sin interés, la han dejado bonita, y qué, conservadora al máximo, nadie se sale de la línea ni un milímetro".
En Home dejamos el coche y lo primero subimos por unas piedras para ver mejor las Cíes: qué ilusión, 31 años después, y tenemos billetes para el barco el martes! (y el rollo de permiso requerido de la Xunta). Nos lanzamos a explorar hacia arriba, por el Monte O Facho (qué nombre), el bosque animado de Fernández Flórez nos arropa y Mini es nuestra guía entre eucaliptos, caminos por los que bajan riachuelos y gorritos de minúsculas bellotas. En la cima hay yacimientos arqueológicos y la vista es aún más espectacular: el sol se esconde, y sale, y ese juego de luz nos echa una mano con las fotos, y me quedaría allí todo el día. Parece que se pone a llover, luego para, esto es Galicia. Bajamos y a Mini le duele la cabeza.
En una terraza con vistas pedimos unas croquetas que le quitan el dolor instantáneamente. Es una receta que tal vez me dé por patentar, o tal vez solo funciona con Mini, el monstruo de las croquetas? El caso es que no se encuentra demasiado bien el resto de la tarde. Vamos a Vigo y subimos a un monte, que J. llama "uno de sus dos pulmones", donde hay una iglesia y grandes vistas de la ría, con las Cíes de fondo y los astilleros donde se filmó "Los lunes al sol" (Fernando León de Aranoa, 2002) en primer plano. Hace siglos que vi esa película sobre las consecuencias del cierre de los astilleros de la ciudad: la misma amargura de "The full Monty" pero sin las risas. En el cartel de la peli los personajes van en el barco que une las dos partes de la ría de Vigo, el que cogeremos mañana. Pero nosotras somos turistas y yo no he olvidado la desolación de las escenas finales, con los personajes de la peli al sol los lunes, y los martes, y todos los días. Eso cuando no llueve. Los astilleros están en pleno incendio del atardecer cuando cogemos de nuevo el coche hacia el otro lado de la ría, qué maravilla... Mini no está demasiado bien y no quiere ni siquiera un yogur al llegar a casa. Se mete en la (mi) litera de abajo, y allí leemos un rato el libro que en el cole recomiendan leer con un adulto: "El niño del pijama de rayas", porque están estudiando la Segunda Guerra Mundial, el "Kindertransport", la "Kristallnacht", y todo lo demás. Llevamos más de la mitad del libro y hasta ahora ningún ninio con ningún pijama ha aparecido y solo hay un alemancito quejándose por irse de su casa de Berlín a una mucho peor. De verdad, no voy a hacer un divague de este libro infatil, que hasta Mini se queja de su estilo, dice: "la próxima vez que diga "puso su boca en forma de O", gritaré".
Mini se duerme y me pregunto cómo se despertará mañana...

























