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25 julio 2013

Going Rodriguez: Sola en La City

Tengo a los ingleses locos con este concepto: "estar de Rodriguez". El primer fin de semana que se fue Mini con su aitá a sanfermines, y yo me quedé en La Ciudad sola, fue el finde Rodriguez por antonomasia. Pero para que se materializase, hubo que explicarlo cuidadosamente: sí, en Ejpania en la Edad Antigua, la abnegada amadecasa grillo del hogar se llevaba a los niños a la playa (o al pueblo, siempre ha habido clases), mientras que el Rodriguez se quedaba de Rodriguez. Oso-del que ya hablé aquí-, de Huesca, lo llamó "estar de Smith". Pero aquí lo llamamos por su nombre.

Total que el viernes aquel, que ahora se hace tan lejano, las de uno de mis trabajos montaron una noche Rodriguez. No hay ningún chico en ese equipo, antes de que me tiren los trastos a la cabeza. No me han interesado nunca esas salidas "de solo chicas" a quemar la ciudad. Pero a la fuerza ahorcan.

Aquella noche que, al mejor estilo inglés, comenzó en el enorme jardín de un pub (un must para el visitante al UK, si pilla sol, como ahora, qué tiempo glorioso, es beber en el jardín de un pub), el Duke of Edimburgh. Era un jardín que Mini y yo veíamos desde el  tren cuando íbamos a la guarde, y que por fin he pisado. Y al mejor estilo inglés, una Coronita (yo) y horripilante vino rosé (ellas tres).  

Cuando ya se han bebido una botella, habilidades especiales de las Rodriguez, de esas que no se comparten necesariamente por la mañana, se hacen patentes. Kirsty, por ejemplo (Minirrodriguez, la baby del grupo) tiene un poder, y es que adivina la talla de sujetador de cualquiera. Acierta la de Caroline y la de Joanna (y atención que hablamos de dos parámetros, contorno y copa), y se equivoca conmigo. Le digo lo que hay y ella: "Pues estás mal medida".

Ahora es cuando empiezan a contar sus aventuras de medidas por corseterías y demás establecimientos de la ciudad. Caroline estuvo en Selfriges, donde la medidora le dijo "mira, si no te importa, te quitas todo" y entonces le pesó las tetas con las manos y apareció con el sujetador perfecto. Caroline: "sentí que había perdido 10 kgs de vez". Vamos, que merecio la pena. 

He de ir a "Rigby & Peller", me dicen. Lo tienes en Chelsea o Knightsbridge... "y verás lo que te digo-continúa la pitonisa del busto-todo el mundo que va a R&P sale con una talla menos de contorno y una más de copa. Más feliz que un sidral". Igual he estado haciendo el canelo todos estos años. Te manosean, vale, pero te suben una talla. Lo pongo en mi "to do list".


Cuando cae la segunda botella de rosé y alguna otra Coronita la conversación ha desfasado más si cabe. Ojalá bromease: conversaciones harto soeces y desafortunadas que una señorita de Vetusta se siente incapaz de repetir en este foro. Pero solo una pequeña anécdota por puro interés antropológico, por profundizar en el estudio del autóctono de estas islas. El nativo, el inglesito, ese que se acaba bebiendo una cerveza que no le gusta después de que odiase la muestra porque "no quiere molestar" al camarero con nuevas pruebas.  Hete aquí un nuevo ejemplo de la amabilidad, la cacareada politeness británica: Caroline admite haber tenido una segunda cita con un tío con el que sabía no quería una relación. La razón? "La tenía muy pequeña... y claro, me sentí obligada para que no se sintiera mal pensando que no quería nada con él por su tamaño". Sweet Caroline...


16 julio 2013

Siempre nos quedará Bilbao

La gente como yo se opone a los congresos: cual es el punto, hoy en día, con videoconferencias, skype, smartphones y la transmutación a punto de llegar, en recorrer miles de kilómetros para ir a congresos? Por qué no lo puede hacer cada uno desde su ciudad, y luego hacer el networking desde la comodidad del salón de su casa, su oficina, o su cafetería con wifi? Sé lo que están pensando los divagantes: el follaje, digo, las relaciones personales, verse las caras, el recreo para el té y los croissantes en los que se habla con uno y con otro.

Recién emerjo de un congreso de lo más internacional: con decir que había kiwis* lo digo todo (*=neozelandeses). Y yankis, y chilenos. Mira que es grande Chile y, tirando del hilo,  las chilenas con las que hablé conocían a una persona común que no está en el "gremio"  (José Antonio, encantador, que nos alojó en Barrancas). Como dice Sábato, las casualidades no existen. Toda esta gente se ha cogido un vuelo desde su antípoda particular hasta Bilbao. Los espanis eran solo 40, así que ni se molestaron en hacer interpretación simultánea. Las chilenas me aclamaron porque era a la única ponente a la que entendieron. No parece que esto sea buena señal sobre mi acento, pero les sonreí igual.

Los pantalones verdes. Yo vengo traumatizada por los pantalones verdes que he visto andando por las calles de Bilbao. Pero vamos a ver, esto se me dice antes, porque una va desprevenida. Uno de los portadores, el que me causó el primer shock, era de hecho un madrilenio del congreso que hablaba muy alto. Pero claro, se lo perdoné todo cuando vino tras mi presentación y dijo: "Tú cuántos anios llevas en Inglaterra?" Y yo: "Demasiados" y él, "Ah, ya me iba a deprimir por mi acento". Pero vamos, era un hombre con pantalones verdes, tampoco echemos las campanas al vuelo. 

El cocktail de bienvenida. Aún estoy con lágrimas en los ojos. La charla de inauguración, el domingo por la tarde en el precioso Paraninfo de la Uni fue seguida por un cocktail. Me tiemblan las manos: jabugo!!! Y suma y sigue. Y luego, los días del congreso: comer en mesa! Enormes mesas redondas, como de boda, con su pan a la izquierda (como el corazón y las ideas), y sus copas. Parecerán nimiedades, pero recuerden: vivo y trabajo en el UK, donde nos dan sandwiches de pepino, y hay que comérselos de pie.

Y Bilbao. A ver, hay que comenzar aclarando que la que firma lleva casi toda una vida sufriendo un proceso que ríete de la lobotomía para desarrollar una aversión a todo lo bilbaíno. Les recuerdo que el Peda, mi compa de piso, es donostiarra y de La Real. Pues bien, ha llegado el momento: me encantó Bilbao. Repito: me encanta Bilbao (puedo ser expulsada del piso, pero me debo la verdad). Está claro que las múltiples veces que volábamos desde allí (pre-emancipación aérea vetústica) y Bilbao equivalía a un gris plomizo industrial, era todo atrezzo. Esta semana en la ciudad ha brillado el sol, y pasear desde Deusto por la ría hasta lo viejo, un gusto. El Gugen, gente corriendo, fuentes que salen del suelo intermitentes, seniores con txapela, puentes, y por fin la zona vieja, con sus plazas, sus escaleras, sus pintxos!!! Cómo comen los vascos, miren inglesitos míos, y ellos alucinados, claro. 

No solo ingleses (que éramos legión), también nuestras amigas de Barna, que nos invitaron a presentar hace un par de anios (aquí). Y no solo Bilbao, sino el banio que me di en Algorta: fría, pero siguiendo mi nuevo mantra, "YOLO" (You only live once), que me ensenió una adolescente hace unos días. Y no solo lo que aprendí en el congreso, que solo me dormí en una charla, también lo que expliqué que hacemos en mi equipo en Londinium, que creo que a muchos interesó. Total que no, tal vez todo esto no justifique volar desde las antípodas... pero ese jamón!!!


15 julio 2013

Puertas y ventanas

Esto da para mucho divagar: Puertas que cierran puertas y ventanas oscuras a las que asomarse para ver lo que hay afuera. 

Me suena a cuando nos atrincheramos, nos cerramos y no dejamos que nadie nos ayude porque nadie puede hacerlo, o eso creemos. Desde nuestra guarida, oscura pero conocida, contemplamos la belleza de lo que sucede, o simplemente lo que sucede, que no forma parte de nosotros porque hemos elegido no participar. Y eso es lo que nos perdemos.

 Las puertas se ven mejor desde fuera. ¿No os parece?

















12 julio 2013

Imelda May

Una vuelta a los orígenes. Buena voz, buena música, look totalmente rocker. Me acordé de muchos de vosotros. Me gusta.

03 julio 2013

En la consulta de la Dra. Di. Tragedia en 3 actos.

En la consulta de la Dra. Di. 

 ACTO I

Entra una pareja de unos 40. Ella, que parece una mosquita muerta, lleva una blusa blanca y unos pantalones marino. Va de plano y sin maquillaje. El pelo suelto, una melenita sobre los hombros. El va trajeado, una raya diplomática demasiado separada. Tiene mucho pelo, la Dra Di intenta alejar la imagen de él en bañador. Lleva gemelos y un ipad.

-Buenas tardes, pasen. En qué puedo ayudarles?

-Sí, mire, pues aquí... mi mujer, a ver cómo se lo cuento... esto ya viene de hace unos años, resulta que...

La mujer mira al suelo, juega con el asa del bolso

-Dígame (la Dra Di mira a la mujer, que repentinamente tiene que buscar algo en el bolso. El marido continúa)


-Sí, pues mire, como le venía diciendo, mi mujer, esto... yo... esto, bien, que hemos leído por ahí que han sacado la.... ehem... viagra para las chicas, usted me entiende... y... en fin, que nos gustaría que la probara (mira a su mujer con una sonrisa que no le alcanza a los ojos, pero ella ni se entera)

-A ver, un momento, bien, vayamos por partes, primero me gustaría hacerles una historia clínica, y...

-Historia clínica? Qué quiere decir?

-La historia psicoxexual, es importante porque...

-No, si no hay nada que preguntar... mi mujer, usted me entiende, nunca tienes ganas, bueno, al casarnos, sí, claro, luego vinieron los niños y claro, luego le dolía la cabeza, unas jaquecas terribles, verdad cariño?

Ella asiente.

-Pero ahora pues es que tiene... he leído, es que mire, doctora, yo leo mucho, y en internet me he informado de que sufre un trastorno, un balance erróneo de nosequé sustancias en el cerebro... a ver, si es que tengo aquí hasta el nombre... tiene "Desorden de deseo sexual hipoactivo"... (mira de reojo a su mujer, que carraspea)

-Un momento, pero lo primero es...

-Escuche, yo se lo explico... tiene  una disfunción en el cerebro por la que no quiere ... usted me entiende... hacer el amor...

La Dra Di da un respingo en su silla. Tantos años, y no puede soportar a la gente que dice "hacer el amor", maldito galicismo edulcorado. Pudiendo llamar a las cosas por su nombre. Pero disimula, inspira e intenta interrumpir...

-Cuánto tiempo hace que...?

-No, escuche, es que usted no me entiende... y usted solo quiere hacer preguntas que no son de su incumbencia... yo ya se lo he explicado: trastorno neuronal, u hormonal o las feromonas o las endorfinas, o las burbujas cerebrales... nos da la receta?


ACTO II

La Dra Di se va al cuerto de personal a tomar un té. Vaya, ahí está Alex, madre mía. Es una pena que Alex esté casado, porque bien es sabido que las feministas (como al Dra Di) nunca echarían los tejos a un hombre casado, por el tema de la sisterhood, la solidaridad entre mujeres. Estamos todas en el mismo barco, no sería justo. Pero vamos, que si llega a conocer a Alex en la universidad. Qué barbaridad, esas espaldas son reales? Esos brazos van así de serie? Ese cuello! La pobre Dra Di, como Woody Allen, piensa en un partido de beisbol para distraerse.

-Jei Di, cómo va la mañana?

-Buf, mira, se acaban de ir los Plómez... él me ha dado el diagnóstico y el tratamiento para su problema... no somos necesarios aquí, algunos pacientes ya hacen el trabajo por nosotros

-Y ella?

-No ha abierto la boca, la pobre

-Otra con "Disfunción cerebral" diagnosticada por el marido?

-Eso... menos mal que me voy de vacaciones la semana que viene...

-Sí, yo cubro tu consulta

-Gracias...

 ACTO III


Entra la Sra Plómez. Esta vez lleva una camiseta de tirantes y vaqueros. El pelo, en un recogido italiano. Un poco de maquillaje. 

-Buenas tarde, es la segunda consulta, no? 

-Sí, vine la semana pasada

-Me llamo Alex, estoy aquí en lugar de la Dra Di... Leo en las notas que no pudo tomar la historia clínica porque...

-... porque mi marido, que es un bocas, se lo impidió.

-Esto (carraspea)... sí, a ver, es importante tomar una detallada historia psicosexual antes de lanzarnos a recetar porque...

-No, a mí no me lo tiene que vender, ya lo entiendo

-Pero veo que su marido se enfadó y ha puesto una queja a la clínica porque mi compañera se negó a recetar...

-Oh, sí, es un control freak.. ya se le pasará...

-Control freak? (risita nerviosa) Qué extraño que no haya venido hoy...

-No sabe que estoy aquí...

-Y eso?

-Yo sabía que la Dra Di estaba de vacaciones, y te había visto en el pasillo en la primera cita

Alex carraspea. Parpadea. Inspira.

-... y tengo una pregunta técnica... si las feromonas, neurotransmisores y demás mandagas están erróneos, si tengo un "desbalance químico"... por qué tengo estas ganas locas de follarte (1)?



TELON

(1) Doble punto para ella, que usa el verbo adecuado.




28 junio 2013

"Bella del Señor" de Albert Cohen: Bébetelo

Mis amigos los Iratis lo han tenido desde que recuerdo en su estantería, y cada vez que iba a su casa y, en mi revisión habitual me lo encontraba y les preguntaba por él, Marisa me decía "es uno de esos libros que siempre se me ha atragantado". Más tarde, en un divague titulado ¿Cuáles son los tres libros que más te han influido?, el divagante Justanotherspy , lo citó como uno de sus tres. Lo compré hace unos meses, y este mes de Junio, por fin, he leído "Bella del Señor", de Albert Cohen.


Cuando divago sobre libros, suelo seguir una técnica: primero vuelvo a mis subrayados, encuentro temas subyacentes, copio las frases que me han provocado, llegado, las que me han hecho pensar, las que hubiera querido haber escrito yo, las que formalmente me agitan ("Fulguraciones" que dice NáN), y algunas las suelo incluir. Ese proceso me ayuda a metabolizar el libro, a repensarlo, a aprender. Pocas cosas hay tan chulas como ir a la estantería, coger un libro amado, y mirar algún subrayado, así de pasada (luego la olla express ya ha pasado los 10 minutos, o lo que sea se ha quemado, pero esa es otra historia, en concreto la de mi vida).

Pero divago: todo el párrafo anterior para explicar que me siento paralizada ante la idea de escribir sobre "Bella del Señor". Es imposible intentar fijarlo con alfileres como otros libros: me declaro derrotada. Albert Cohen escribió una novela tan inmensa, compleja, con tantas variaciones, usando tantos recursos, que no podría más que ponerme a empezar una serie.

Los temas subyacentes no son demasiados, tal vez: la seducción, el amor, el deseo, su evolución, su saciedad, su hartazgo, la obsesión por atrapar lo inatrapable. Nunca he leído tanto sobre el amor en una novela, casi parece un ensayo a tramos. Esa historia de amor que reta, que confunde, que cabrea, que aburre, está enmarcada en la Suiza de 1936. Solal, uno de los protagonistas es un judío rico, que a manejar dinero es a todo lo que puede aspirar: increíble insight en lo que debía ser ser judío en la Europa de la época. La heroína, Ariane, es una aristócrata que se casó por debajo de su cuna pero, pese a tratarse de dos personajes en principio privilegiados, la novela no se lee como quien ve un retrato al óleo de la clase dominante de una época. A su manera, ambos son marginados, y hasta qué punto más adelante, presos en la cárcel del amor. 

"Bella del Señor" tiene imágenes que impactan como hacía tiempo que no me chocaba algo. Es tan profundamente pesimista, escéptica, nihilista, que tal vez se pueda entender con esta frase, que lo representa. Frase que por otro lado ahora no puedo encontrar, porque son 624 páginas de una densidad apabullante, muchos párrafos de monólogo interior sin un punto ni una coma, inmisericorde. La idea es, combinada con ese negativismo que acompaña a Solal en su visión del mundo que le hace ver a la gente como sus futuros cadáveres, la de pensar en lo ufanos que caminamos, sin darnos cuenta que los árboles con los que construirán nuestros ataúdes están probablemente ya sobre la tierra. 

Si esta idea perturba, preparénse. Tal vez debería aclarar que una de las cosas que Cohen hace mejor es hacer sentir al lector. Para empezar, aburrimiento: hay un capítulo eterno en el que una familia espera a uno de los protagonistas a cenar. Y no llega. Y se extiende, y realmente parece que Cohen lo está contando en tiempo real, y que estás sentado junto a ellos. Te parece increíble que lleve tantas páginas, y pasas hasta el final del capítulo y… quedan otras tantas más! de estar sin moverte, toda exasperación y nervios de una espera, y te sientes de una manera muy similar a cómo se deben estar sintiendo los personajes. También te aburres algunos ratos cuando los enamorados se están aburriendo de su amor. Y se esfuerzan, e inventan nuevas estrategias para avivar una llama que se está apagando, y te sientes aislado con ellos, un Voyeur que ya forma parte de la pareja y su soledad, y su prisión.

Luego está la risa. Cómo puede una novela ser aburrida, trágica y a la vez, de lo más divertido que he leído nunca. Hay algunos grupos de personajes, los familiares judíos de Solal, y los suegros de Ariane que son absolutamente hilarantes, de reírse en alto, de partirse, de tener que ir a buscar a alguien para contarles la última frase.

Una gran parte de su comicidad viene por la extrema ironía con la que está escrito. Tanto es así que, no me extraña que al principio de la novela gente muy lectora como Marisa la dejen. Cuesta unas cuantas páginas establecer que esas frases barrocas, churriguerescas, son de hecho irónicas, y luego recorren la novela. Formalmente, impacta. La habilidad de Cohen con todos los registros es pasmosa, y el lirismo con el que habla del amor en muchos momentos desarma. 

La descripción de los personajes, aquello tan antiguo de bucear en el alma humana, a fondo, es magistral. No hay un solo personaje positivo, pero desde la mediocridad fastuosa del marido de Ariane hasta los monólogos de la criada, pasando por la inteligencia derivada a delirio de Solal, hay que descubrirse y, una vez más, decirle adiós a las ansias de escribir. Cohen es uno de esos escritores colosales que nos las quitan, que dejan cualquiera de las recientes actualidades que he leído a la altura de estudiantes aún en la tesina. Pero no es un libro para todos, es una novela que exaspera, que deprime, que te eleva... es para los que aman las sensaciones fuertes.

Me siento extraña por la desestructuración de este divague, podría ser un “Desmontando Belladelseñor”, me ha salido como algunos de los capítulos de la novela, y apenas sé lo que he escrito. Me conformaría con haber llegado a la suela del zapato a Cohen en aquello de crear emociones fuertes en el divagante, para el que la suerte está echada, ya que algo se le está revolviendo dentro: “He de encontrarlo ya” o “No tocaré ni su tapa jamás”. Abro al azar, para terminar con un subrayado, y ahí va:


"Absurdo, pero el amor estaba echado y había que beberlo" (...)


P.S., 4 años después: el divague de "Comeclavos", el segundo de la saga "Los Esforzados" (al que pertenece "Bella del Señor") lo tenéis aquí.  

23 junio 2013

"Before midnight": Delpy y Hawke nos persiguen a los de mi generación

Cuando yo tenía unos 20, ellos tenían la misma edad: estaban haciendo el interrail y se conocieron una noche en Viena. Una noche que se la pasaron hablando mientras paseaban por la ciudad. Esa primera película de Richard Linklater, "Before sunrise" (Antes del amanecer), protagonizada por Julie Delpy y Ethan Hawke cuenta lo que mucha gente de mi edad vivió en esa época en la que no había tecnología, y nos podíamos pasar la noche sin dormir hablando  de lo divino y de lo humano, decir adiós, y no tener al tostón del whatsup a los 10 minutos. Sin sonar "cualquiertimepopasadofuemejor", pero aquella parte del "sin fotos que publicar en la estupidez del Facebook para que nos vean un grupo al que les interesamos un pepino" en las noches de juerga... ah, eso sí que era mejor.

Una década después vino el re-encuentro: a los 30 ya todos empezábamos a tener una vida profesional, relaciones más o menos estables, algunos hasta se habían reproducido. En aquella época sin redes sociales, el verse de nuevo para los protas fue una bomba, y esta vez pasearon hablando sin parar todo un día, esta vez en París: "Before sunset" (Antes del anochecer). Para mí, ambos estaban más guapos (siempre creo que la gente está más guapa en la treintena que en la veintena) y las conversaciones las recuerdo como aún más interesantes (quizás me enganie la memoria). El final de la peli es genial, y ya lo colgué hace tiempo en el primer aquí verde del primer párrafo de este otro divague sobre otra peli, "Like Crazy".


  Hoy he visto "Before midnight" (Antes de la medianoche), la tercera peli del trío Delpy-Hawke-Linklater (de la que son, no solo actores y director, sino también los tres guionistas). Queda claro (y esto no es un spolier, sale en la primera escena) que lo que pasó después del baile de Nina Simone en "Sunset" fue sexo salvaje, y que la pareja ha estado junta estos últimos 10 anios: tienen gemelas y que los temas de conversación ya no van a ser ese enseniar las plumas,  las ganas de cambiar el mundo, el definir nuestra identidad como a los 20, ni la emoción de encontrar un amor mitificado durante 10 anios de los 30. Ahora tienen 40 y pocos (caramba, qué coincidencia), y sus temas de conversación van desde las complejidades de una familia a los dos lados de un océano, hasta feminismo, pasando por sexo (quién folla como Henry Miller?), amorllama-amorrescoldo, y muchas cosas más.


Es imposible que las mujeres inteligentes no se sientan a menudo identificadas con el discurso de Delpy, y eso que de quien es fácil enamorarse es de Hawke, que con su sentido del humor intenta salvar situaciones imposibles. Entre los dos actores hay una química espectcular: esta es la razón por la que siguen haciendo las películas, evidentemente. Pero además, "Before midnight" ha sido rodada en el que es uno de mis lugares del mundo: Grecia, en concreto Messinía, en el Peloponeso. Pasear por las callejuelas empedradas con el mar de fondo hablando sin parar con alguien con quien haya esa magia, esa inyección de sorpresa y curiosidad, y con quien te puedas reír de ti y del mundo... eso es un regalo de los dioses. 

Que por algo eligieron Grecia para perseguirse y encontrarse entre los olivos, antes de la medianoche... 

18 junio 2013

Igual él quería otra cosa

Hace mil años, cuando yo era junior en mi trabajo tuve una jefa a la que admiraba:  Superwoman. Era una señora de unos 60, una de los gurús de este país en su subespecialidad, de esas que había una conferencia donde se hablaba del tema, y Superwoman tenía que estar allí. En su trabajo no-académico era muy buena. Y dando clase era genial: fui también su alumna y era una de esas maestras con las que no te distraes un minuto. Te hacía reír, te hacía entrar en shock. Era teatral, dramática, controvertida.

Los seis meses que roté con ella los encaré al principio con cierta ansiedad (oh otra Diva!-la de este divlog está silente). Enseguida nos llevamos bien: se metía cariñosamente conmigo por tener novio y por "poder llevar" (decía ella) Levis 501 blancos (hace mucho tiempo, sí). Era muy feminista y, pese a ser de familia bien, nada tory.

Lo del novio era porque Superwoman estaba divorciada. Se había casado y tenido varios hijos con un hombre de negocios que la había dejado en la infancia de los niños por su secretaria. "Por la secretaria!-me decía-, imagínate, más cliché no pudo ser". Y al siguiente minuto me estaba preguntando qué marca de rimmel usaba, porque ya se sabe que en UK a las mediterráneas se nos considera las reinas del glamour. Moi, glamour! Yo, que cada vez que me compro algo y la chica de la tienda dice "bueno, claro, y a esto hay que ponerles los complementos", me dan ganas de darle una torta.

No salía de mi asombro. Mi Superwoman había sido abandonada por un tío, el padre de sus hijos. Una mujer tan fuerte, tan lista, tan energética,  tan encantadora de serpientes. Desde luego, a mí me había hipnotizado... cómo es posible que su ex-marido, del que aún llevaba el apellido con el que siguió publicando hasta que se jubiló, la cambiara por su secretaria? Nota: Todos mis respetos para las secretarias, aquí podría poner cualquier profesión, porque Superwoman era La Más en la mía, luego a lo que yo quería tender.

 Al llegar a casa le conté esta historia al Pedalista, que ya había oído carros y carretas de Superowoman, suéxito, su carisma, su magnestismo. Y recuerdo perfectamente lo que me dijo:

"Igual él quería otra cosa"

12 junio 2013

La pequeña ácrata que llevo en mí

Queridos Urbex,

Os escribo esta solicitud con grandes esperanzas. Sin andarnos con rodeos, resulta que quiero ser parte de vuestro grupo. La principal razón es la envidia insana. Tambien hay admiración, pero queda pegajoso. Lo importantes es que tengo varios credenciales como para aspirar a ser uno de los vuestros.

En primer lugar, los divagantes (es que tengo un blog) puede hacerme una referencia: amo a Londinium sobre todos los lugares, y doy la paliza por activa, pasiva y neutra (eso cuando no hablo de tetas y otros temas profundos). A Londinium me la conozco por arriba y también por debajo. Ahora, me falta lo vuestro, porque lo mío es lo prohibido (entra música atmosférica, no sé Prokofiev pongamos).


Mirad, he estado en la Tower 42, en el restaurante ese llamado Vértigo, mola el nombre. Y a ver, no he sentido ningún vértigo (extra mérito porque me hicieron consumir ingentes cantidades de vino con queso). He subido en el Londinium Eye con los Smith, y ya sé que ir de turistonga con dos sexagenarios no cuenta. Ah y contaría la Guys Tower?  Añadir que  me vengo arriba (y canto) en cualquiera de las pequeñas colinas de la ciudad: en Hamsptead y Brockwell casi tengo pequeños momentos Opá, pero claro, para saber lo que es un momento opá tendréis que meteros en el divlog (se siente).

Sí, vale, lo admito, ni siquiera he pagado las £25 que cuesta subir a la cima del Shard. Es un robo pero es que además lo que yo quiero hacer es lo que hicisteis vosotros, subir al Shard cuando aún no estaba terminado, esquivando a los seguratas. Ver la ciudad desde ahí arriba, de noche, ver los coches y los buses que andan muy despacito... y sentir la adrenalina subiendo por el cuello y esa disociación que se siente mirando las estrellas, cuando te sientes pequeñita y muy lejos del mundo (entran fiolines). 


 















Lo último es que habéis subido a las chimeneas de la Battersea Power Station, uno de los edificios más molonguis de Londinium (ya lo supo ver Pink Floyd), con sus cuatro chimeneas y su cuarto de calderas art deco (donde aún están los diales originales y los niveles, ay, que me exalto!). Se añade que dentro de poco las hierbas y florecillas que crecen entre las grietas van a ser arrancadas para que nosequé multinacional malasiana haga apartamentos para fortunas igualmente lejanas, de esas que nunca vivirán allí. Pero esa es otra historia, y si estáis en contra de que lleve el bidón de gasolina que me suele acompañar, yo lo dejo.

No olvidemos que mi CV escalador está ahí. En fin, poniendo las cartas sobre la mesa, en mis años de "Di Exploradora" no destaqué por la escalada, pero en rápel era el terror. Ni Catwoman vamos: me encantaba lo de ponerme a 90 grados de la pared e incluso mirar para abajo, para horror del de abajo. Pero claro, entiendo que también hay que subir. Ay, lo haré sin grúa, lo prometo... imaginar la vista desde ahí!! Las Casas del Parlamento a la derecha, y todos los edificios iluminados que son parte del alma de esta nueva ciudad: el Gherkin, el Shard y de fondo, Canary Wharf. Entro en trance.

Sé que es peligroso, sé que es ilegal, sé que la policía no se anda con chiquitas. Sé que todos vosotros sois gente como yo: estudiáis,  trabajáis, escribís el PhD y de día sois ciudadanos ejemplares. Bueno, en eso diferimos.

Todo eso lo sé. Y viendo vuestras fotos y soñando Londinium desde las alturas ilegales, también sé por qué lo hacéis.

Una oportunidad quiero!

Yours,

 Di