El problema conmigo es, me gusta cuando alguien divaga. Es más interestante y todo eso (Holden Caufield) Si no las escribo, las cosas no han llegado a término, solo las he vivido (A Ernaux) La vida real no está a la altura de escribir sobre ella (J Eugenides) Escribir es persuadir a un extraño de que se quede (R Cusk) El camino del exceso conduce a la sabiduría (W Blake)
an
27 octubre 2020
40 secciones del magazine diario
21 octubre 2020
Las no-vacaciones. Día 1
Lunes, 19 de octubre de 2020
Primer día de las vacaciones no-vacaciones. No hay nada que contar, pero me planteo que tal vez algún día en el futuro -no lejano, anhelo- me preguntaré, "qué hice una semana en casa, enmedio de Octubre, de vacaciones?" Si esto es un diario, no se puede dejar sin documentar este año-nebulosa. Si ya el futuro es pura niebla, no hay que permitir que lo siga siendo cuando miremos para atrás. O quizás esté equivocada y agradezcamos la amnesia, quién sabe.
Nota: Una vez conté una cosa raruna que me pasa llamada "sinestesia espacio temporal". Básicamente "veo" el tiempo cronológico. No es metáfora o recurso estilístico estas nubes en las que está inmersa mi rueda anual del 2020.
La divaganta Carmen ya me dió la idea, el pasado verano: escribir las mismas crónicas de viajes que normalmente se nutren de la novedad del escenario, ignorando que estamos mientras estáticos. Un profesor de clásicas de Fashion decía "los mejores viajes los he hecho en mi sofá". Ese es el espíritu. Paseos por esta ciudad interminable, con otros ojos, como de turista. Gran idea, pero ponerla en práctica, en un día como hoy, una labor monumental (sí, he devastado algunas de sus secciones en una conversación con un pobre hombre en un callcentre de la India, negociando mi abandono de su compañía telefónica, otras en páginas comparativas de gas/electricidad, el contrato también termina un día de estos. Ya solo me faltaba descongelar el ídem para redondear el día, tal vez pillarme la mano con la puerta del coche).
| Dulwich College |
| Esta casa me hizo sentirme en otro país |
Con este rollo de la compañía telefónica - con el que me estoy sacando un máster en telecomunicaciones - me he planteado temas existenciales a propósito de la velocidad de "bajar" o "subir". Nada aplicará fuera de este país tercermundista en cuanto a internet, aquí en casa aún no hay fibra. Lo raro es que no oigamos al módem aquel de los 90 conectándose. Total que se contrata una velocidad para bajarte cosas (pelis) y otra, un cuarto de la primera, para subir, que es lo que se necesita para el teletrabajo: subir tu careto a una reunión. Me planteo que hay gente que es "de bajar" y otra "de subir". Yo soy de ambas... una vez escribí un divague que ahora suena muy viejuno que se llamaba algo así como "esponjas y tamices". No hay nada nuevo bajo el divagar.
No sé si seguiré con esa serie de las no-vacaciones. Desde luego, no promete.
18 octubre 2020
Reflexiones aleatorias tras la lectura de "Such a fun age" ("Los mejores años") de Kiley Reid
A qué época se refiere Reid con el título, cuál fue la "época tan divertida" ("such a fun age") del título? La novela transcurre en 2016, al final de este año Obama deja la Casa Blanca y es sustituido por un racista, machista y (rellene su propio -ista) impresentable. Igual se refiere a lo que tal vez ahora algunos americanos recuerden como una cierta "belle époque", con todas sus sombras, con lo que iba a venir [Nota para mí: curioso que estoy divagando dos novelas seguidas en las que hablo del concepto "belle époque"- también lo hubo justo antes de la época victoriana en el libro de Thackeray]. Desde luego, lo que vino tras 2016 no fue bueno ni para los negros, ni para las mujeres, ni para los trabajadores. Y vuelven a votar en unos días.
Y precisamente estos tres temas: racismo, feminismo, clase, son los que recorren la novela. Y aunque no tengas la impresión de que esto sea "alta literatura", a mí Reid me ha enseñado algunas cosas desde un ángulo que no conocía, o desde el que nunca me había puesto a mirar, pese a tenerlo ahí.
Reid cita en sus referencias un libro de la socióloga Rachel Sherman que no he leído titulado "Uneasy Street: The anxieties of Alluence" (Calle inquieta: Las ansiedades de los pudientes") de 2017. En él la autora entrevista en profundidad a 50 ricos de Nueva York para entender sus elecciones vitales y su explicación del concepto privilegio. Dice Reid que le ha ayudado a construir a algunos de los personajes de la novela que muestran su incomodidad con su riqueza y que se esfuerzan en dar otra imagen, por ejemplo, intentando justificar compras caras, o enfatizar cómo esto o aquello es orgánico o Fair Trade o lo encontraron en rebajas. En la novela, este personaje lo representa una hija de "nuevos ricos"; durante su infancia perteneció a una familia normal, que de repente les cae un dineral del cielo (pensemos en el Woody Allen de "Small Time Crooks"). Pero la experiencia de esta chica y de alguien que venga de dinero de toda la vida es distinta. Por ello, aunque sé que ese personaje es potencialmente odiable, yo no encontré en ella mala intención, simplemente insensibilidad con otros y su experiencia. Para pararse a considerar a otro hay que tener por lo menos un segundo para considerar que existe, y oh la vida es tan ocupada.
El tema racial a alguien como a mí nos pilla mucho más lejos. Cuando crecíamos en aquella Ejpein de los 70, la sociedad era uniforme. A mi colegio vino una niña japonesa, y por ello era famosa. El único grupo no-blanco en Vetusta eran los gitanos, viviendo en guetos con los que nadie se mezclaba. Eso sí, no éramos nadie racista, claro, nos encantaba Magic Johnson. Cuando llegué al Reino Unido, me encontré con una sociedad multiétnica y cultural, pero cuyos grupos en el fondo se tocaban poco: no hay más que comparar los clientes del pub de la esquina (solo blancos), y en el de las pipas de agua (todos de Oriente Medio). Donde se me cae el alma a los pies es en la cafetería de Peter Jones (un gran almacén tipo ECI), un lugar que frecuento (frecuentaba, pre-pandemia) tras comprar desde los calcetines hasta la olla exprés, para esas encantadoras tazas de té con scone de la media tarde, por sus vistas preciosas sobre Chelsea. Por mucho que mantengas tus ojos fijos a través del ventanal, es imposible ignorar la demografía dentro: absolutamente todos los clientes somos blancos y todo el personal que recoge los platos, negros. Como en la novela, el servicio: la que fue nueva rica tuvo una criada negra y ahora emplea una canguro negra para que cuide a su hija. Se repiten patrones. Reid habla de pagar a alguien para que dé amor a tus hijos, de pagarles para que hagan el papel de miembro de tu familia, pero la realidad: que no deja de ser una transacción. Me recuerda a aquella película tan ácida de Fernando León de Aranoa titulada, precisamente "Familia" (1996).
Pero lo que haría sentirse bien a la canguro de 25 años no es que la inviten a la comida del Día de Acción de Gracias, sino que la aseguraran. Porque como millones de canguros, o profesiones similares, están trabajando unas horas a la semana, dinero en mano, sin ningún tipo de protección. El estrés de que tiene que salir del seguro médico de los padres a los 26: no "poder permitirse" ponerse enferma. El drama de la salud en los EE.UU. La gente que le contrata quiere ser su amiga, quieren que sea parte de su familia: sí, pero Pirámide de Maslow, hay necesidad básicas que cubrir antes. Ella no ha elegido a esta mujer blanca con pasta como su amiga, así que esas tazas de té al final del día para ponerse al día le sobran, y también las conversaciones sobre si tiene novio o cual es su brillo de uñas. Muy distinta es otra conversación en otro punto la que otra mujer se interesa por dónde quiere llegar profesionalmente después de dónde está ahora.
Luego está el tipo blanco, el woke, el cool, que se rodea de amigos negros, y que si miras su historial, solo ha salido con chicas negras. Hoy precisamente hemos visto con Mini la peli sobre la vida de Martin Luther King "Selma" (Ava DuVernay, 2014), en cuyo famoso discurso del "Tengo un sueño", King pide "no ser juzgados por el color de tu piel, pero por el contenido de tu carácter". Es el salir solo con chicas negras otra manera de objetificación, de fetichizarnos, de vernos a todos igual, se pregunta un personaje. Es una manera de decir al mundo mira qué bueno soy que salgo con una negra. Este mismo chico le pide que se deje el pelo "natural" (aprendí mucho del pelo de las mujeres negras en "Americanah"). Que es liberal, que se autodefine como "clase trabajadora" y la canguro de 25 sin seguridad social se pregunta cómo un tipo que trabaja en informática en una oficina donde todo brilla y tienen café y croissants gratis puede decir eso, que es clase trabajadora. Hablamos de "sentirse"? Hablamos de su origen familiar? Porque aunque algo reluzca, no todo es "oro" (entendiendo por oro la élite que viene de familias de dinero por generaciones). Tenemos en la novela una nueva rica (que repite patrones de los ricos de siempre) y un treintañero que trabaja en una oficina reluciente, donde habrá hijos de la clase trabajadora que, gracias a los logros de anteriores generaciones, via educación pública hayan llegado allí. Así que entiendo que se autodefina como "clase trabajadora" (vs. aquellos que olvidan sus orígenes) pero también la incomprensión de ella, que no sabe qué hará si mañana tiene apendicitis.
Las escenas con niños: por definición, en una novela con "canguros" hay niños, y no solo los protagonistas, también la madre tiene tres amigas con ídem. El libro está lleno de escenas con niños interrumpiendo conversaciones, niños siendo presuntamente monos, niños dando la brasa (no dicen que no hay que trabajar ni con animales ni con niños?). Abro el libro y en un párrafo que empieza: "las amigas disfrutaron de una comida sin los niños" he anadido en el margen "Thank Fuck". Tres hurras por el feminismo: siguen siendo ellas mayoritariamente, pese a tener canguros y trabajos exitosos, las que cargan con el peso físico y mental de los críos. En pleno siglo diecivenintiuno... qué pereza todo.
Y lo último (en serio, yo venía aquí a escribir un par de párrafos). Desde que terminé este libro he estado leyendo "La habitación de Jacob", el primer libro experimental/modernista de Virginia Woolf (escrito entre 1920-1922). Woolf odiaba la escritura tradicional de los realistas edwardianos (~ 1900-1914), especialmente a HG Wells o WE Norris, del que Woolf escribió "su método era contar su historia simple, sin ningún deseo de entrar en problemas o sugerir que todo no es como debería ser". Leer a Woolf es una experiencia totalmente distinta a leer a Reid, a medida que avanzas se ve claro cómo Reid va haciendo tick, pasando por todas las técnicas narrativas que deben enseñar en los cursos de escritura creativa (el anzuelo, el "punto instigador", la escalada, la noche negra, etc). Pero hace todo lo contrario que evitar problemas, o sugerir que todo está bien.
30 septiembre 2020
"Vanity Fair" ("La feria de las vanidades") de William Thackeray: Novela picaresca con sombreritos y corsés
También tenía otro interés oculto: como muchos escritores de la época (el mismo Dickens), "La feria de las vanidades" (a partir de aquí, "Vanity Fair", que es más corto) apareció publicada mensualmente en la revista satírica "Punch" a modo de serial. Como tal, tiene todos los tics propios del género, como dejar el capítulo en un "cliffhanger", en un momento culminante, para que el lector quiera volver. Como aspirante a serialista, tengo mucho que aprender.
"Vanity Fair" está subtitulada "Una novela sin héroe", no solo para indicar que se trata de una historia coral, sino para dejar claro que aquí pocos héroes vamos a encontrar: tras todas esas páginas será difícil no concluir que la perfección es algo utópico. Si hay una heroína -oscura- esa es Becky. Entrando en el tema de género, existe el concepto de héroe byroniano, héroe atormentado (aquí ya hemos hablado de la atracción que nos causan algunos personajes terribles en el cine y la literatura, y más de andar por casa, los malotes de tres al cuarto), pero sería cuestión de estudio ver cuántas de esas malas de la literatura ejercen similar atracción o son un modelo a seguir. En general son simplemente brujas malvadas que dan mucha vida a la misoginia rampante (pero aún quedamos algunas que siempre quisimos ser la mala, por lo menos en la obra de teatro escolar). Aún hay much@s que llaman a sus hijas "Penélopes" pero no conozco a ninguna "Circe"-por poner un ejemplo con las mujeres de uno de los héroes clásicos, el que va por ahí de viaje follando mientras la otra espera (eso sí, en un lugar muy bonito).
En "Vanity Fair", Thackeray usa el paralelismo de la madre vs. la puta para hablar de las mujeres. Nos introduce al contrapunto de Becky Sharp, Amelia Sedley, ya en el colegio pijo para "señoritas", donde Amelia se está educando gracias al dinero de su familia para perpetuar roles (casarse con el hijo del rico de turno), mientras que Becky está allí gracias a las clases de música y francés que da a las niñas, ahorrandole un salario a la directora. Becky es huérfana, y se comenta que viene de "mala familia", su padre era "artista" y su madre no solo francesa, sino cantante de opereta, ambos de profesiones de muy mala reputación, como no olvida recalcar cada uno de los que se cruza con Becky- a su espalda. Me encanta la observación del autor cuando dice que Becky es pequeña en estatura pero que tiene "la precocidad de la pobreza". La falta de buena comida que le ha impedido crecer, la carencia de todo que la ha hecho negativamente precoz.
Lo que está claro y es sofocante es que en esta sociedad no hay piedad ninguna con las mujeres: están en el mercado como si fueran trozos de carne, y las madres son las encargadas de poner las piezas sobre el mostrador. Hay muchos tipos de explotación evidentes en la novela, pero la del género femenino es particularmente dolorosa. Becky se da cuenta desde el primer momento: ella no tiene una madre o similar que la "ayude" a estar en la feria de ganado, que la ponga a la venta, así que se va a tener que espabilar ella. Y así comienza su carrera. Cómo no empatizar con ella?
Es importante localizar la novela temporalmente. Thackeray la escribió en 1847, pero está ambientada unas décadas antes, a principio del SXIX, durante el reinado de George IV (un rey "campechano" al que le gustaba el comer, beber, la fiesta) y la segunda invasión napoleónica. Recordemos que en 1837 es cuando comienza su reinado la seta Victoria, hasta 1901: una época caracterizada por represión sexual, y conservadurismo. Ambientando la novela al principio de siglo, Thackeray retrata una especie de "belle epoque" donde la vida era más libertina que bajo el corsé victoriano.
Becky comienza de la única manera posible, como institutriz de la aristocracia, burda y analfabeta. El otro día viendo la versión de Hitchcock de "Rebecca" un personaje decía a otro que una persona debía tener las tres "Bs": "Breeding, Beauty and Brains" (abolengo/clase, belleza e inteligencia). Estos tres parámetros, o sus permutaciones aparecen constantemente en los personajes de "Vanity Fair" (me recuerda a aquel meme que iba por internet en el que te decían, con respecto a una potencial pareja: "elige dos: belleza, inteligencia, sentido del humor". Difícil eh? Parece que hemos cambiado la clase por el sentido del humor, aunque no me lo creo: la clase social -aunque algunos nieguen su existencia- sigue siendo primordial tristemente en las relaciones, pero es el elefante en la habitación.
Pero creo que no estoy dejando claro que el tono de Thackeray es eminentemente irónico: se ríe de todos y todo en la aristocracia y las clases medias-altas. Nos describe una sociedad como el título sugiere, llena de superficialidad, manipulación, avaricia y vanidad. "Omnia Vanitas" que decía la piedra en un cementerio de Yorkshire el pasado verano. "Ah Vanitas Vanitatum", la frase con la que termina la novela.
El caso es que, recordemos al Lazarillo de Tormes timando al ciego: todos queremos que tenga éxito, y nuestro corazón está con él, porque pasa hambre cuando no debiera. Como dicen Jones & Knowles, "el pícaro no puede permitirse las beldades de tener conciencia, el pícaro es amoral más que inmoral, y esa amoralidad es una victoria sobre la sociedad terrible y cínica a la que sirve". No es tan fácil con Becky como con Lázaro: la complejidad con la que nos enfrenta Thackeray es que Becky hace cosas realmente terribles, que como lectora me han horrorizado (personalmente, que intente timar a los ricos no me ofende, pero sí que lo haga con los pobres, unos sirvientes), pero a su vez celebra sus continuas reinvenciones a lo largo de la vida, como una Houdini que se escapa de sus cadenas y vuelve al terreno de juego, con una energía que cruza el papel, y los siglos.
Así que, "Becky Sharp C'est moi"? Para ello hay que leerlo y al final recordar, si se tienen remilgos con esta escaladora psicópata de salón, que, al final de "El silencio de los corderos" todos queremos que Aníbal se cene al Doctor Chilton.
25 septiembre 2020
Serial 19. De fantasmas, jinetes sin cabeza, ladrones de cadáveres y tacitas florales
No tardó demasiado tiempo en que los días que pasamos atrapados por la nieve tomaran la textura de lo onírico; ahora tras tantos años para mí están ya en sepia, como una película del Hollywood clásico. Fueron unos días tan estupendos que además, a fuerza de contarlos y re-contarlos, quien sabe si embellecerlos-toda narrativa es re-elaboración-, y pasaron a poseer como dije, el aura de leyenda entre la comunidad de la "Institución Total".
Por supuesto, la primera noche de vuelta a nadie le importó el cansancio y tuvimos que someternos a un interrogatorio por parte de los demás en Serotonina, el pub o metafórico diván de los residentes. Cuando terminamos, los de York no se fueron de rositas, y contra-atacamos. Remolonearon: bueno, lo habían pasado solo "mediocre", el punto álgido un medio-pedo en un pub por lo visto famoso, "The House of the Trembling Madness" (traduce algo así como "La casa de la temblante locura"). Ah, cómo resistirse a entrar -y triunfar, añadieron-viniendo de Banderley, la casa de locos de los páramos. El pub era un caserón georgiano, con un montón de habitaciones, algunas truculentas -hablamos de taxidermia colgada sobre las chimeneas- que hizo las delicias de esta panda de morbosos, atraídos por la quintaesencia de ciudad medieval, toda callejones oscuros y faroles de luz amarillenta.
No, a Sandip casi ni le vieron el pelo, seguía con su innumerable familia extensa, y no, Morgana no logró comprar ropa: eso como mejor se hace es sola, a quién interesa la opinión de nadie sobre lo que le queda bien a una? Yolanda tampoco había sacado tiempo para ir a tomar el té a Betty's: ella era muy irlandesa pero gran fan de la reina y del té de las cinco, esto incluye los sándwiches de pepino con mantequilla. Elogió su horrible presentación de tacitas florales con dorado en el borde a juego con platos de juguete y como colofón, una especie de bandeja vertical de tres platos en pisos -mismas delicadas flores- que nunca había visto yo antes de llegar a este país. Lo de las tacitas finolis lo tenía yo en un trastero de la memoria, como algo muy antiguo de tediosas meriendas en casa de la cuñada de mi abuela, que eran ricos. Tomaban ellas el té, claro; yo colacao caliente directo del cazo al vaso de duralex. Pero ahora parece que esta decandencia de a florecilla volvía: Morgana aseguraba que ella, cuando tuviera una casa, se haría con un juego de nosequé marca. Marla sin embargo, que mientras crecía pensaba que su vida, sus objetos, serían como los de su madre, había llegado a la conclusión de que "hoy, ya sé que nunca será así". Todo el mundo tenía opinión sobre el tema.
Mark no habló de rugby en todo el fin de semana, aseguraron, nos habíamos llevado nosotros a Richard, agradecieron. Por ese lado bien, pero fastidiado porque no lograron unirse a ningún paseo de fantasmas. Por qué era York una ciudad tan de fantasmas, se me ocurrió preguntar. En mal momento, pero disculpen: era nueva. Aquella noche fue mi bautizo en fantasmas, y no importa cuánto hayas leído, ni si tienes una camiseta de Poe, nada te prepara para mantener una conversación con gente en apariencia normal que "creen en los fantasmas". Con el tiempo conocería a muchos ingleses que iban de este palo. Y dirán, pero eres psiquiatra, pero no: señoras que hornean galletas para actos sociales, vendedores de coches de segunda mano, abogados que asisten a cursos de lenguaje cinematográfico. Todos estos y más, han descrito -y no en consulta-, sin un solo atisbo de ironía el fantasma que tenían en su casa, o en la de su prima. Al principio creía que iban de broma; pronto te das cuenta de tu error, y que si sigues riéndote en su cara igual parten la tuya. Así que has de adoptar una actitud así como con los creyentes de cualquier religión, pretender respeto intelectual, asentir seria, y tal vez algún ahá. Y te están hablando del fantasma del cuarto de la lavadora, porque los espectros no solo están en los castillos escoceses, ni entre las abadías deshabitadas. Un lugar favorito son los pubs, y hay miles con su fantasma residente: hay hasta listados por código postal, donde se describen sus síntomas (a falta de mejor palabra), "arrastrar cadenas y suspiros", por ejemplo.
Mark comenzó su disertación con que algunos decían que York era "la ciudad más encantada del mundo", pero él estaba convencido de que era Londres. Si en York se jactaban de tener -atención "140 fantasmas y 500 apariciones grabadas", según Mark, Londres le da mil vueltas, aunque solo fuera por el tamaño. Por supuesto, Mark había asistido a las manifestaciones del fantasma de la "Spaniards' Inn" (la taberna de los españoles) -me guiñó un ojo- cuando estudiaba la carrera en Kings, al sur del río-me volvió a mirar, (hizo la aclaración por mí?) Cuando pasados los años me adentré por fin en esa taberna, era más o menos como Mark la había descrito: un edifico listado que databa de 1585, habitación oscura tras habitación oscura, jardín con mesas de madera llenas de vasos de pinta (vacíos). Parece ser que uno de los dueños en el Siglo XVIII fue el padre de Dick Turpin, el asaltador de caminos, pero el fantasma ya estaba entonces allí. Parece que en el Siglo XVII los dueños eran dos hermanos españoles, Juan y Francisco Porero que se enfrentaron por el amor de una mujer -así sois los españoles, añadió (y, ojitos, o mi imaginación?), hasta que tuvieron que dirimir el tema de la única manera posible para caballeros de la época: el duelo.
En el punto más interesante, parece que estaba orquestado, alguien sacó otra ronda, y ese cambio de acto, telón abajo, los actores se reorganizan, me dio para hacer desvanecer el hechizo: Mark estaba flirteando conmigo, porque era la nueva, pero los papeles estaban aquí ya repartidos. Recordé la norma no escrita de Banderley: no estaba permitido que el personal entablara relaciones personales. No había noviazgos entre los residentes, porque parece que eso distraía del foco de tu aprendizaje: aquello parecía un sacerdocio. Hace unos anyos, hubo una pareja de alemanes que llegaron pretendiendo que no se conocían, y cuando se destapó que ya estaban juntos, les "tuvieron que dejar marchar" (uno de mis eufemismos favoritos de este país). Volviendo a Mark, tenía un par de puntos para que yo quisiera algo con él: era un armario de dos puertas (pero qué cuello! era eso real?) y tenía el carisma de los que les viene todo regalado (físico, dinero, educación) de la cuna. O tal vez porque admitámoslo, físicamente me recordaba a Germán. De todas maneras, sospechaba que, con prohibición o sin ella, algo debía estar ocurriendo entre él y Morgana. El Macho Alfa con la Abeja Reina.
-Y tú, te encontraste con Juan?
-No, aunque siempre era de los últimos, eso seguro.
Coro de risas. Y entonces Sandip, que estaba allí, siempre con esa actitud de me-voy-ahora, dijo que él quería ir a Londres para pasar por "The ten bells" en Spitafields, antes llamada "Jack El Destripador", por donde se pasea el fantasma de Annie Chapman, una de las víctimas del asesino en 1988. Will le preguntó si había leído "From Hell", la novela gráfica de Alan Moore, y Sandip no tenía ni idea, pero quedó en cogerla prestada, porque le interesaba el tema de Jack. Por supuesto, alguien sugirió ir todos un finde a Londres a hacer uno de los paseos por Whitechapel, esa zona que me sigue dando escalofríos porque siempre es niebla en los huesos, pasos en el pavés y sombras en las esquinas.
-Y otro tema que te interesaría -siguió Richard, mirando a Sandip- con tu fijación con los trenes sería visitar la estación de Waterloo. Por lo visto, hubo una vez una línea de tren llamada "Necrópolis" que servía para transportar cadáveres desde la ciudad hasta el cementerio de Brookwood, en Surrey, al sur. Una bomba en Waterloo en 1941 dañó la línea y cerró, pero aún queda un fantasma que da portazos.
Y aún más risas. Yo no sabía sin estaban tomándole el pelo al pobre Sandip, o si la línea Necrópolis existió. Pero ahí seguía a la carga Mark, con sus apariciones chulas en pubs:
-Yo tenía una novia que vivía en Highgate y como todos conocéis, 'The Flask'...-murmullo medio afirmativo, yo ni idea, que Isabel capta, y aclara para mí:
-El pub que regentaban Keats, Byron y Shelley, enfrente vivía Coleridge y su opio...
-Ese, pues, tiene dos apariciones oficiales. Una es el espectro de un caballero en uniforme, otra el de la camarera, otra vez española, en serio -más sonrisas, y todos uuuuuuuuuuuuuuuuu- que se suicidó después de que el tabernero le rompiera el corazón.
(Yo ya pensando: qué mal rollo, chaval, ahí lo dejas? Pero no, sigue a la carga:)
-Además, no olvidemos por lo que es famoso Highgate...
-Por su cementerio? -me salió del alma, es lo único que sabía yo de la zona, que en su cementerio estaban los restos de mis tótems George Elliott y Karl Marx.
-Wow, Mariona, en serio que acabas de llegar a este país?
(Qué cara poner cuando te sientes como un delfín al que le han tirado una sardinita).
-Nooo, ahora vas a contar otra vez lo de que la primera autopsia de la historia ocurrió en la Sala del Comité del Flask?-esta era Marla.
-Alguien habrá que no lo ha oído. -Barullo general. Y se vuelve hacia mí- Mariona: has oído hablar de los ladrones de cadáveres del Siglo XIX?
-Sí, eso se estudia en historia de la medicina... el famoso cirujano de la que era entonces capital mundial de la anatomía, Edimburgo... cómo se llamaba?
-Robert Knox- saltó Richard-, imaginad la situación de los cirujanos entonces. Cada vez se estaba desarrollando más, pero no había cadáveres sobre los que estudiar! En Escocia solo dejaban diseccionar a los que habían sido condenados a muerte, a los suicidas, a algún huérfano... y cuando hay demanda, comienza la oferta...
-Y así surgió el oficio de ladrón de cadáveres... parece que les pagaban unas £10 en invierno, £2 más que en verano, que los cuerpos se conservaban peor...
-Qué mórbido... no quiero ni pensarlo. Os imagináis el terror de las familias?
-Por eso desarrollaron los "mortsafes"...
-Qué eran?
-Sistemas para proteger a los muertos. Depende de tu situación económica, como todo, podían poner una piedra enorme encima de la tumba, o una especie de jaula de hierro que la cubría...
-Tenemos que ir a Edimburgo a verlos!
-En algunos cementerios también hay unas torrecitas para observatorio, y hacían guardias.
-Qué espanto...
-Pero todo cambió con los asesinatos de Burke y Hare en Edimburgo... empezaron consiguiendo algún cadáver para Knox, pero al final debieron pensar, para qué desenterrarlos? Saltémonos ese paso: total que acabaron asesinando a 16 personas...
-Madre mía... asesinos en serie! Como Jack...
-Sí, pero a estos les pillaron, condenaron a muerte, y en un ejercicio de justicia poética, Burke fue diseccionado y al final, su esqueleto donado al Museo Anatómico de la Facultad de Medicina de Edimburgo. Sigue allí.
-Como consecuencia, se aprobó la Ley de Anatomía de 1832, y ya se permitió diseccionar cuerpos donados para ello...
-Toda nube tiene su línea plateada (o no hay mal que por bien no venga, por si la metáfora literal no traduce bien). Y carcajada general.
-Pero no me habéis dejado terminar, -Mark de vuelta a la carga- yo decía que en The Flask la autopsia había sido de un cuerpo robado del cementerio de Highgate... y así cerramos el círculo, y pedimos otra ronda?
En la confusión de la siguiente ronda tuve un flashback,una imagen que no me ha abandonado nunca, de aquel día en el que unos cuantos de la facultad, allá en la ciudad de provincias, íbamos al cementerio local el día que habían abierto las tumbas de los que ya iban a pasar a la fosa común a buscar "material" para la sala de anatomía. "Parecía una ciudad de muertos", dijo alguien. Pasar por las calles que hemos recorrido algunas veces para el Día de los Difuntos, tal vez con algún ramo, salpicadas de ataúdes antiguos, desvencijados, podridos por los lados, con las tapas abiertas. Luego hubo que llevar todo en sacos, y lavar los cráneos, y yo ya no pude dormir bien en semanas.
-Por qué os gusta tanto lo grotesco, lo terrorífico, lo bizarro aquí en Banderley? -se me ocurrió preguntar entonces, como para alejar aquella ciudad de muertos particular mía.
-Por qué dices eso? Totalmente injustificado!-y más risas
-Erais todos así, o una se vuelve?
-Podemos hacer el experimento contigo, tú eras así?
-Bueno, siempre me gustó la novela gótica, pero aquí las Bronte quedan en meras aprendizas! -risas- hey, que yo pasé miedo con la mano blanca en la ventana en "Cumbres"!... pero es que aquí, psicópatas asesinos, ladrones de cadáveres, fantasmas...
-Jinetes sin cabeza!
-Solo faltan los jinetes sin cabeza! No os lo apropiéis, ya tenéis bastante gótico en este país... la peli esta de Tim Burton, "Sleepy Hollow" está basada en un relato de Washington Irving, precisamente en un pueblo de Nueva York! O también tenéis por aquí cerca un jinete descabezado?
-Querida Marion -por primera vez hablaba Will, que había estado observando todo detrás de su pinta-.Todas las culturas tienen su jinete fantasma. Por supuesto tenemos una aquí, pero no en York, donde han ido estos pelagatos a ver fantasmas Disney.
(Por primera vez observé que daba a mi nombre un toque anglosajón. Y no me quedó claro si todos conocían de sobra estas historias, y las estaban repitiendo -tal vez representando-solo para mí).
-En el folklore inglés -continúa-tenemos una historia en Camelot, en el imaginario del rey Arturo. Se trata del "Caballero Verde", una figura gigante, sin armadura, que entra en la sala en su caballo -también verde- retando a cualquiera de los caballeros de la Mesa Redonda que le golpeen con su hacha. Eso sí, han de aceptar ser golpeados con el hacha en un año y un día. Gawain, el más joven de los caballeros acepta el reto, y le corta la cabeza. El Caballero Verde se levanta, recoge su cabeza y le recuerda la cita que tendrán al año que viene. Que por supuesto Gawain va a cumplir, demostrando caballería, lealtad, honor y esas cosas tan anticuadas...
-Oh sí, y en Irlanda tenemos el "Dullahan", otro descabezado sobre caballo negro, cabeza en brazo. -sigue Yolanda-. Suele ser un tío, pero también tenemos versión femenina. Dullahan conduce "la diligencia de la muerte" (Cóiste Bodhar, decimos en Irlanda)... es todo muy lúgubre: tiene una espina dorsal humana como látigo para su caballo y la diligencia... cuando para, alguien muere. Dullahan llama su nombre y... fulminante. Eso sí, igual a los vampiros no les molan las balas de plata, este con oro desaparece.
Miré por la ventana y decir que estaba oscuro no aportaría nada, porque en Diciembre aún se está avanzando hacia lo oscuro -no sólo metafóricamente. Entonces recordé el día que me esperaba: tenía que volver a la planta, enfrentarme a Cook después de tantos días fuera y por la noche bajar a Whitby porque me tocaba la primera guardia en urgencias, fuera de Banderley. No sé si el día o la noche me daban más miedo. Cuando volví a la realidad ya habían dejado los temas truculentos-si eso es posible en este lugar-y era Isabel Archer la que estaba corroborando que si todos habían vuelto con una asignatura pendiente de York, la suya había sido la visita a la casa de WH Auden.
-No entiendo tu obsesión por Auden-decía Will mientras se levantaba-. Está muy lejos de ser un Keats o un Elliott.
-Tengo debilidad por él... su ironía, su...
-Una vez más, tal vez me disculpéis por aquello de la extranjeridad, pero no he leído a Auden. Miré a Isabel-podrías algún día pasarme algo?. Cuando empezaba a asentir, terminé: solo conozco el poema tan triste del funeral de... "Cuatro bodas y un funeral"... "Parad todos los relojes, cortad el teléfono..."
El estrépito de una silla cayéndose me cortó. Isabel, con la cara descompuesta, salió corriendo. Las chicas fueron detrás. Los que quedaron, se miraron entre ellos, incómoda no empieza a describir la atmósfera que nos envolvió.
Dejé mi vaso en la barra y me fui, arrastrando los pies, hacia mi casa. Ya había tirado la toalla de preguntar, de intentar que alguien, incluso los que creía mis amigos me explicasen nada en aquel sitio, donde todo eran sobreentendidos y donde por la mañana nada había pasado. En la cama, me mecí para dormirme, aunque lo que de verdad quería hacer era llorar, mientras recitaba en mi cabeza los versos más bonitos del poema...
El era mi Norte, mi Sur, mi Este y Oeste,Mi semana de trabajo y mi descanso del domingo
Mi mediodía, mi medianoche, mi charla, mi canción;
Pensaba que el amor duraría siempre: estaba en un error.
13 septiembre 2020
Serial 18. "La filosofía está muerta. El humanismo, otra religión. El progreso no existe. Y demás". Manual de supervivencia cuando sabes que no estás a la altura.
. Metafísica.






