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20 octubre 2026

De cómo los Pedalistas acabaron en una secta y de lo que allí aconteció [Méx17]

 Martes, 28.07.26: Ska-P, timados, bajona en Puerto Escondido, encontramos la luz

Tras un rato buscando alojamiento en Puerto Escondido por internet, encontramos un apartamento con buenas vistas y lo reservamos. Toca despedirse de Cocos -algunas con más pena que otras- e incluyo la vista de las piscina desde nuestra terraza para que se haga una idea el divagante de que era todo bastante discreto. Nunca vimos a nadie en pelota picada por los pasillos y, como dije, no te encontrabas a la gente como su madre los trajo al mundo en el buffet del desayuno- no había restaurante. Otra cosa era en otro de los hoteles que, según nos contó la mexicana del "puterío", le había dicho un repartidor que allí todos iban en bolas, desde los recepcionistas hasta los camareros.




Adiós Cocos y Zipolite, y hacemos el brunch en la playa en Mazunte, en El Pescador 

Cositas que una se encuentra en la calle principal de Mazunte en las fotos de abajo. Siento si con la primera os he pegado el "Vals del Obrero" de Ska-P. Nunca está de más recordarlo, pero a mí ya se me ha pegado y estará conmigo durante todo este divague.

En esta democracia hay mucho listo que se lucra
Exprimiendo a nuestra clase social
Le' importa cuatro huevos si tienes catorce hijos
Y la abuela no se puede operar
Somos los obreros, la base de este pueblo
En el que siempre pierde el mismo "pringao"
Un juego bien pensado en el que nos tienen callados
Y te joden si no quieres jugar
¡Resistencia!
¡Des-o-be-dien-cia!



De hecho, me va muy bien Ska-P porque en nuestro trayecto a Puerto,  encontramos a algunos de los iconos de la Revolución Mexicana: Pancho Villa, bueno, y el de abajo no sé si es un icono o un mero charro mexicano y yo me he venido arriba: ¡Viva México, cabrones!



El apartamento está pasado el aeropuerto, no queda claro por dónde ir con la bolita azul del googlemaps y de repente nos encontramos en medio de la nada, en camino de barro. Vemos una casa que podría ser, pero ahí no hay nadie. Pregunto en una tienda en la que sirven a través de rejas y nadie sabe nada. Hay unos hombres trabajando en la construcción que nos miran desde el tejado. Es todo desolador. Contactamos con el dueño por WhatsApp y nos dice que él no anuncia el sitio en esta plataforma, sino en otra: que le hagamos un ingreso y ya tal. Intentamos hablar con nuestra plataforma sin conseguirlo y, cuando ya está claro que es un timo, volvemos a Puerto a tranquilizarnos, tomar algo y decidir.

Esta es la playa de Puerto, que nos parece deprimente y llena de gente, después de donde venimos. Por favor, quédense con este nombre: Zicatela y la línea blanca de sus olas - es playa de la izquierda, y mañana entraré en ella. 

Vamos por la calle principal paralela a la playa buscando un café y lo más cercano es una tienda de Choco Mios -misma cadena que en Oaxaca-  donde nos ofrecían quedarnos a tomar un café en la terraza en medio de gente taladrando. Acabamos en un restaurante de pescado, pierdo un componente de la cámara -que luego encuentro - y otros despropósitos. Parece que no es nuestra día, pero tras un rato nos lanzamos, como cuando éramos aventureros, a ver si alguien bondadoso da alojamiento a estas cuatro almas. 




Hemos seleccionado cinco sitios para quedarnos: los primeros en Puerto o no existen o no hay recepción. Nos vamos a la otra zona, Brisas de Zicatela, que está en la playa aquella de las olas de la foto de arriba y allí en el segundo, por fin, nos aceptan. Ya es tarde, aún no de noche y el lugar tiene buena pinta, con una piscina central y unos cuantos edificios de colores alrededor del jardín. La habitación tiene cocina dentro y estamos enfrente de la piscina. 

Cuando nos estamos despidiendo del recepcionista, que nos ha puesto un garrafón de agua, loado, nos dice que "como hoy es martes, justo invitamos a cenar a los huéspedes". Aunque veo a mis compas reticentes -son así-, a mí me parece una magnífica idea el no tener que lanzarnos a las calles, agotados como estamos, a buscar un restaurante. No solo eso: por las mañanas a las 9:30 hay yoga y a las 15:30 Aqua-Gym en la piscina. Todo incluido, pero sin falta de pulsera. Es un hotel familiar y pequeño, y son simplemente amistosos.   

 Subimos, pues, conmigo a la cabeza, a la sala donde por la mañana ocurre el yoga y los martes por la noche el -nos enteramos en breve- "meet & greet". Al llegar, hay como tres grandes mesas corridas, con unas 20-25 personas sentadas esperando no se sabe a qué [a nosotros?] mientras una chica en una esquina toca el sintetizador con temas de ayer, de hoy y de siempre. Hay unas señoras mayores que están ya trajinando con la cena, pero antes tenemos que escuchar el "Piano man" o "American pie". 

Pero no, cuando termina la del sintetizador, entonces nos llama a levantarnos en un círculo y a presentarnos al grupo: nuestro nombre, de dónde venimos, esas cosas. Y en un lado del corro hay un anciano con un andador que parece es el fundador y dueño del lugar, que no habla español pero tiene a su lado a un traductor. 

W tiene 87 años y nos cuenta su vida: es yanki, estuvo en la Guerra de Vietnam, de donde salió poco menos que con un consejo de guerra y con trastorno de estrés postraumático. Entonces vio la luz, se cayó del caballo y se hizo cristiano. No me queda claro cómo acabó en Puerto, pero entonces montó este hotel, una comunidad de amor y paz. Tiene varios hijos que continúan su labor cristiana por otros sitios - no me quedó claro si en pequeña cadena hotelera. Yo todo esto de Yísus lo veo venir desde el principio, cuando leo en la parte superior derecha de la camiseta del traductor australiano, "Christian surfers" [surfistas cristianos]. Miro a mis compas que intentan no mantener contacto visual conmigo, pero yo todo lo que querría decirles es que estoy estática: esto es oro para mi blog, y para las cenas con amigos: huyendo de un hotel nudista, acabamos en una secta!

Comienzan las presentaciones: todos son mexicanos, menos un gringo casado con una mexicana y una familia que viene de París pero tiene conexiones mexicanas. Nosotros tres somos de los últimos, y yo tengo que pensar muy bien lo que digo porque tengo a la Policía del Cringe a mi izquierda, que se hará el harakiri si "sobrecomparto". Así que simplemente les cuento que semos ejpanioles y que estuvimos en México hace 22 años, que nos gustó tanto que hemos traído a nuestra hija. Por fin nos sentamos a cenar y en nuestra mesa causa gran simpatía el acento british de Mini [tenemos al gringo casado con mexicana y sus hijos] y la conversación fluye. La cena está muy bien, típica mexicana, y al terminar, damos las gracias y nos vamos. 

Yo me doy un baño nocturno sola en la piscina y a la salida, vamos a dar una vuelta por la calle comercial detrás del hotel en busca de sandía, que no encontramos, pero sí melón, mango, yogur y granola para desayunar. Cuando volvemos a dormir, cerca de la medianoche, nos damos cuenta de un pequeño detalle en el que no habíamos reparado al llegar  porque aún era de día: 


Oh   -   my   -   fucking   -   God

19 octubre 2026

Mini se planta: hemos de salir de Zipolite [Méx16]

Lunes, 27.07.26 - San Agustinillo, Playa Mermejita, Punta Cometa, atardecer en Zipolite

Anoche cuando llegamos estaban los chicos gays en la piscina iluminada dándose claras muestras de cariño. No supimos si estaban en bolas, pero Mini dejó claro que ya no podía más con Cocos.  A mí, por supuesto, esto me daba igual —quién no se ha dado besos en piscinas en la noche—, pero bueno, por la mañana, tras un cónclave pedalista, se decide buscar otro lugar. 


Así que cuando vuelve el Peda de correr -yo he estado todo ese rato bañándome sola, Mini duerme seguro que con pesadillas de lo de ayer- salimos hacia Mazunte, que era de todas formas nuestro destino de turisteo de hoy, con la idea de mirar un par de hoteles
 localizados por internet. 

El primero es "mi lugar en el mundo" - como la peli, pero sin la conciencia social . Yo siempre he dicho que mi chamizo en la playa no estará en primera línea, justo delante: estará arriba, en la montaña, y desde allí se verá el mar. Esto será influencia de las vacaciones griegas porque casi siempre, para bajar a las playas que has visto desde lo alto has de ir por carreteras tortuosas que zigzaguean hasta el mar. Vamos, yo lo que quiero es una adaptación de lo de Virginia Woolf: una terraza con vistas -y ya si nos ponemos una piscina infinita. Ambas cosas tiene Zazil , que es un retiro de yoga en un lugar mágico -e incluyo el enlace al video de promoción aquí para volver a él en algún martes oscuro y lluvioso de finales de enero. 


Pero, ay, Zazil tiene dos problemas: 
le falta aire acondicionado -que con mi neurosis del dengue es un innegociable- y la cuesta. El callejón de acceso da verdadero pavor, tanto que ellos mismos lo confiesan en su web. Dicen que la calle más empinada del mundo es Baldwin Street en Nueva Zelanda [35% gradiente], y la he mirado y esta es peor. No tengo demasiado vértigo, pero esto da vértigo. En fin, sería un sitio genial si tuviera un tren de cremallera, aire acondicionado y ningún hippie haciendo posturas de yoga imposibles que me recuerden mi terrible flexibilidad.  


Pero sí, atención a la piscina: esto era el paraíso. Programa: baño, lectura, baño, lectura... 


Cautivo y desarmado, el ejército pedalista se dirige a la playa de San Agustinillo por el Dragón Khan [de bajada da tal vez menos miedo] ahora a desayunar en un local de brunch, que tiene también habitaciones, La Mora Posada. Este mar es 
impresionante de ver, de escuchar: no me canso de sus olas. 

Haciéndome la milenial, pido una tostada de aguacate...

Las olas de Mazunte son menos fuertes que en Zipolite. Su nombre proviene de la frase en náhuatl "maxotetia" o "maxontetia", que significa "por favor deposita huevos aquí" o "déjame verte desovar", en referencia a la llegada de tortugas golfinas para criar aquí. Hay un museo de las tortugas con un acuario con tortugas enormes y un centro de investigación de las tortugas, pero está cerrado.


Pasado Mazunte, vamos a Playa Mermejita y allí vemos otro hotel. Este está en primera línea de playa, y el acceso es otra pesadilla: en ese caso, el callejón de acceso es el gran cañón del Colorado -temo que se nos encaje ahí una rueda y no podamos salir. Cuando le pregunto al del hotel qué pasó en el callejón, dice que a veces baja por ahí un río y que entonces quedan incomunicados varios días. Miro a los guiris que toman el sol en silencio tranquilos alrededor de la piscina: ¿tendrán esta información? Antes de irnos, nos saluda una iguana:


Punta Cometa también conocida como el "Cerro Sagrado" es un parque natural en una península rocosa, y el el punto más saliente en el Pacífico de México -el Finisterre mexicano, vamos. Parece que hay que ir al atardecer, claro, pero en nuestra línea estamos por allí a las 15:00, en plena canícula y, ¿desde cuándo las horas intempestivas han sido óbice para que los pedalistas suban a un castillo, vean un anfiteatro o hagan una caminata? Pues eso: el caminito mientras hay árboles y es de bajada se tolera. ¿Positivos? Hay poca gente, las vistas son espectaculares y nadie acaba en el hospital. ¿Negativos? Nuestra hija nos odia [y seguimos sin sustituto de Cocos].


Si alguien quiere conocer esta península mejor, he descubierto un doc de 20 minutos, "La esquina del mundo" en el que además hablan de las nefastas consecuencias de las matanzas de tortugas y de dejar a un perro suelto por los acantilados. 



Haciendo de Leo y Kate...

La calle principal de Zipolite está bastante animada cuando volvemos hacia Cocos: compramos unos bollos, Mini pregunta precios de manicura y tomamos unos helados en la playa. 


En la piscina de Cocos están la pareja mexicana del primer día y la mujer, con esa gracia mexicana, describe la jugada nocturna en la piscina como "un puterío". Les contamos nuestro fracaso con los hoteles en la zona, y que mañana por la mañana nos vamos a Puerto Escondido, a la aventura, porque la pequeña victoriana no quiere bajar ya a la piscina.

La convencemos para ir a ver la puesta de sol a la playa, y subimos por una montaña que da a la cala de arriba -que descubro ahora se llama "Playa del Amor" [¿qué cabía esperar, aquí en Zipolite?]-, pero decidimos ir a ver el atardecer a la playa grande. 


En la primera parte, pegados al montículo del que bajamos, hay gente y pelícanos pescando: se tiran en vertical, qué feos son. Seguimos caminando y aunque no hay mucha gente, sí que hay algunos hombres en bolas. En la Rough, ya en el 2004 decían que "
su reputación como la playa más relajada se ha hecho legendaria, no solo para el nudismo, sino también por las drogas: es fácil acceder a alucinógenos, marihuana, ácido, aunque no es legal, pero más prevalentes que en ninguna parte de México". Qué buen ejemplo para una hija. 
, 

Mini y su padre se quieren meter al agua y les insisto en que desistan: hay corrientes de resaca muy bestias y los ahogamientos son muy comunes. Nadie me hace caso, se meten un poco pero enseguida oyen un silbato: salgan. 

Me doy la vuelta y es un hombre mayor, con un silbato viejísimo colgado de una cuerda que se cae a trozos. Me pongo a hablar con él y me dice que es un "voluntario" que sale impedir que la gente se meta al agua en días como hoy. Se presenta como "Pepe El Perro" y le elogio por su enorme misión. Mis compas salen fastidiados y dicen que ese hombre ha sido pagado por mí. Whatever.



Ya de noche, nos metemos de despedida los tres en la piscina de Cocos. Igual tendríamos que habernos ido de Zipolite aunque solo fuera porque ya hemos cubierto toda la oferta de restaurantes a los que se puede ir caminando: hoy, un japonés -ramen, crab sushi y yo me planto y unas papas fritas con bacon y queso. Hoy, a la vuelta, no hay puterío.


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01 septiembre 2026

De Venecia a Donosti y el reencuentro [Interrail Mini 17]

 Martes, 1 de septiembre 2026: Venecia - Donosti
Aquí acaba esta serie fotográfica del Interrail de Mini. Como en este último día de viaje no envió foto, esta de la Playa de La Zurriola es mía. Ah, y lo que no he dicho es que Mini ha escrito un diario de viaje, pero no me ha dado permiso para colgarlo aquí.  Como tampoco hay diario de este día, lo voy a escribir yo... y lo voy a poder publicar. 



Un par de noches antes de viajar, Mini me escribió preguntando "cuáles eran los síntomas de la fiebre". No se encontraba bien y, cuando se los conté dijo, "ah, pues creo que tengo fiebre". Sus amigos estaban igual. Pero, según ella, "si te coges un catarro al final de Interrail es que lo has hecho bien". Me recordó a otros dos clásicos, made in sus padres: el "catarro de Sanfermines" de su aitá, o a la "afonía de Sanfermines" mía. Lo que no sabíamos entonces es que no era un simple catarro sino la Gripe A: "nunca he estado tan mal por un catarro", nos dijo ya en Donosti, y lo pudimos comprobar cuando 1. No se bañó en La Zurriola y 2. No comió helado en la Gelatería Boulevard [podría escribir un divague sobre las tesis doctorales de mis compas de piso sobre distintas heladerías de su predilección - esta, junto con Nardulli's, es una de ellas; delaCrem en Barna "nunca se consolidó"].

Así como estuve bastante tranquila durante todo el viaje, disfrutando vicariamente de cada lugar que visitaba, feliz de que lo estuviera pasando tan bien, las dos noches en las que sabía que estaba malita no fueron buenas. Sé lo duro que es ponerse enferma de viaje -ni entremos en que te fuerzas a turistear porque estás allí- y tenía ya muchas ganas de que volviera. 

Le habíamos dicho que esperábamos en Donostia, que cogiera el bus del aeropuerto de Bilbao, pero decidimos ir a darle una sorpresa. Así que cogimos el coche y nos lanzamos a la carretera, que es preciosa, un festival de caseríos, vacas, bosques... algo así como la de Pamplona a Donosti, que siempre digo que me encanta. Cuando llegamos, en la cafetería, evaluamos cómo deberíamos darle la sorpresa: esperando frente a salidas, así en plan "Love actually"? Claro que Mini, como adolescente cool, no aprecia mis muestras efusivas en público y... en esas estábamos cuando una luz se hace en mi cabeza: Peda, puede ver dónde estás en Snapchat?

Para quien no tenga teens en su vida, Snapchat es una aplicación de chat donde los avatares de tus amigos aparecen sobre el mapa: me hace gracia el de Mini porque está en bata de estar por casa y con antifaz de dormir. Actitud vital [el mío, aunque no entro nunca, es una versión falsamente monísima de la Di de 20, con coronita de flores incluida]. Así que el Peda se mete enseguida para desactivar la localización, y entonces nos llega un whastapp.

-Estoy esperando la mochila. Daddy, en Snap apareces en Bilbao?

Nos miramos en pánico: nooo, nos ha descubierto. ¿Cómo se ha metido ahí el nanosegundo tras aterrizar?  Ah, claro, tiene 18. El Peda reacciona: 

-No, no estoy en Bilbao, debe ser la última vez que me metí en Snap, que lo tiene así guardado. 
-Ah, OK.

Nos volvemos a mirar en pánico renovado: ¿se lo habrá creído? Ha sonado plausible, ¿no?. Decidimos por fin escondernos en un lateral, porque concluimos que preferirá lo que sea sin público. Minutos de alta tensión: nunca le ha costado tanto salir a una maleta [mochila] de la cinta, tengo palpitaciones de la emoción. Al fin, creo que es la última pasajera que sale. Primero se va hacia el otro lado y enseguida viene hacia el nuestro. Cuando pasa, salgo y ... 

- Ah, hola, ¿estáis aquí? - dice la esfinge. 
- ¿Sabías  que estábamos aquí? 
- Obviamente, no me he creído la bola del aitá, ha estado en Snap después de que llegárais a Bilbao hace tres días. Bueno, cuando he salido y no os he visto ahí enfrente he pensado, pues va a ser verdad que no están...

Llevamos un bocata de jamón como una flauta travesera que se come en el asiento de atrás sin pestañear [ha sufrido de "starvation", por lo visto] y love-is-in-the-air [nos va a querer mucho estas dos semanas pre-irse a la universidad]. En casa nos esperan los cuatro abuelos, de ahí lo de reencuentro. Bienvenida Mini, por unos días...

28 agosto 2026

No alcanzo a comprender, con las fotos de esta caminata, la necesidad de casco - pero tranquis, hay cinco mil más que veremos a su debido tiempo [Interrail Mini 13]

  Viernes, 28 de agosto de 2026: Lago Bled [Vintgar Gorge]






Nota breve: Se pausa momentáneamente esta serie, a no ser que sea capaz de publicar desde el teléfono desde Donosti, ese lugar al que no se va por la calidad del wifi.