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28 junio 2026

Gazpacho tirando a salmorejo

 Este era un post gazpacho normal, pero ahora que termino, veo que ha quedado un poco espeso: ¡hay tantos frentes abiertos! Vamos, que me ha quedado un salmorejo. 

Hace [ola de] calor
En mi descargo, culparé a la ola de calor en Londinium, que parece que hoy remite, pero que el viernes fue colérica.  Resolvamos la siguiente ecuación: en mi casa, 32 grados + humedad amazónica + moqueta - aire acondicionado = cerebro en ondas delta (explicación aquí). Si le sumas tristes ventiladores + mi viejo truco de meter la cabeza bajo el agua fría [mientras dura el pelo mojado, dura la "alegría", qué poco pedimos] =  cerebro en ondas theta.

Así que  no se espere mucho de mí hoy, pese a que han pasado cosas absurdas que hay que necesariamente documentar, como que me crucé a Darth Vader por la calle [solo la cabeza, no llevaba la capa, hasta él sufre los rigores estos], que parece que ahora están de moda las pelucas ["ya no saben qué hacer para vender", frase anticapi de la Yaya, pero en invierno igual tendrían su allá, un test para mí que nunca he llevado el pelo corto]. Y lo de los helados: en el curro -que pese a ser una pecera sin aircon es descrita sin rubor como "edificio inteligente"- las jefecillas traen helados para animar al personal: el jueves me comí dos y el finde pasado uno y medio en Delacreme (el mío y la mitad de Roc que tras dos chupadas se aburrió). 

Afonía del cortisol
Ah sí, que he pasado unos días en Barcelona visitando a la familia. No he llegado a lo de sanfermines, pero en algunos puntos, de tanto hablar, me notaba la voz tirando a afónica. O tal vez fuera la freudiana afonía histérica por lo que supone vivir en la constante cuerda floja cuando se es copilota de Fashion. No, no es que conduzca mal -aunque alguna línea continua hemos cruzado- sino por su actitud extremadamente liberal a la hora de aparcar frente a uno de estos símbolos, de los que Barna está repleta:


No recordamos de dónde vino el concepto "di pagar", pero es usado continuamente entre nosotras. Un ejemplo: "Queremos di pagar, pero ni aun así hay sitio. ¿Qué quieren que hagamos?". Esta es ella, claro, a la vez que aparca en un carga-y-descarga al que le quedan 20 minutos para ser legal, o sobre un dudoso badén al lado del carril bici en medio de Enric Granados.  Por supuesto, yo estoy en las antípodas de esa actitud: nunca aparco ilegalmente  y si me ponen multas son siempre por acciones sin alevosía ni nocturnidad. Claro que las dos últimas veces que he apelado escribiendo un panfleto que ríete de los divagues, han pasado de mí con un argumentario -lo que más me fastidia- que no responde a mi recherse-du-temps-perdú, sino con una narrativa que suena a corta y pega.  


Y vuelve el papa
Se infringió la ley también en Montjuïc, donde subimos a la Fundación Joan Miró. La foto de arriba muestra la ciudad con La Sagrada Familia ahí en el centro. A la gente de Barna, que ya tuvieron suficiente exposición al mundo con los Olímpicos y se les llenó esto de guiris, les hace mucha ilusión lo de la retransmisión internacional del papa inaugurando (para ellos, bendiciendo), que asegura nuevo tipo de turista -a añadir a los del brunch de aguacate en tostada-: el peregrino religioso. Pero volviendo a la basílica, a mí me gustaba más inacabada -en particular la portada de Subirach-, este añadido fálico me parece innecesario

Miró: meh
En la Fundación Miró disfruté más del edificio en sí -tiene un aire como ibicenco o "manrique", opinó Fashion- que de las obras, nunca ha sido santo de mi devoción. No es la primera vez que me pasa esto con un museo, que prefiero el continente al contenido. 



Roc aguantó allí 20 nanosegundos en un cuentacuentos en catalán, pero luego dibujó durante bastante rato bajo un olivo, donde podías dejar tu obra con unas semillas. Me perdí el simbolismo porque me abanicaba furiosamente en una sombra. Menos mal que a la salida dimos con una terraza muy agradable -de nuevo, con vistas- a la que llegamos en un estado lamentable, pero nada que no pudiera resolver una coca-cola con muchísimo hielo [tiene todo el sentido que el zumo yanki fuera concebido como medicina]. Y logré no pensar en nuestra última infracción vial durante todo el rato, un punto pa'mí. 



Modernismo, ciencia, Total Institutions
Y siguen las visitas culturales: esta vez a Cosmocaixa, un museo de la ciencia que por fuera es así de chulo. Era un antiguo asilo para ciegos, l’Empar de Santa Llúcia, del arquitecto Josep Domènech i Estapà y estuvo abierto hasta 1979. Cómo eran en el pasado institucionalizando a todo el mundo con problemas en lugar de ayudar a su integración en sociedad. 


El modernismo en Barcelona es maravilloso: así como disfruto de la arquitectura de Londinium todo el rato, en Barna hay edificios y palacetes para alucinar. Igual que aquí, construido sobre las espaldas de esclavos de las colonias: si logras que esta idea no pase por tu cabeza mientras ves toda esta opulencia, eres de esa gente que me cae mal. Si no, es 
otra oportunidad para educar políticamente a tus hijes y sobrines. 

Por dentro es también una chulada. Se baja por unas escaleras de caracol que rodean un árbol y abajo hay un acuario espectacular....



"El bosque hundido" lo llaman y esto es solo un ángulo... luego sigue y sigue por otros pasillos... El tamaño de los peces, de preocupar: más grandes que Roc! Recordaba algunos momentos buceando entre bancos de pececitos, pero esto es otro nivel.



 Y esto es una capibara... parece que hemos tenido muchísima suerte de verla o verlo, whatever.


Es todo muy interactivo en la sala "Universo"  hay desde física y química...



... hasta la doble hélix del ADN...



... pasando por el cerebro...


... la microbiota y muchísimo más. 



Cuando me jubile, he de empezar otro blog ligero con estos temitas. De momento, convento cisterciense a la salida...




Libros
También he pasado por La Central, claro (ni que decir tiene que para ello el coche tuvo que de nuevo infringir la ley sobre alguna línea amarilla) y sigo sin encontrar el de Alma Delia Murillo que recomendó el náufrago Ro pero me compré "Temporada de Huracanes" de Fernanda Melchor.  Aquí empieza "Temporada de ropa interior tendida"... un aperitivo.


Me dan ganas de leer el libro de Pierre Bayard titulado "Cómo hablar de libros que no has leído", porque me parece un título provocador (en el divlog hay su divague de las sombras de Grey por ej, sin haberlo tocado ni con un palo de 12 metros), pero luego leo que el autor, además de catedrático de literatura, es psicoanalista: pongo la mano en la pistola. Sin embargo voy a incluir esta frase:
"Los libros que amamos ofrecen un esbozo de todo un universo que habitamos en secreto y en el que deseamos que la otra persona asuma un papel. Una de las condiciones para una relación romántica feliz es, si no haber leído los mismos libros, al menos haber leído algunos en común; lo que implica, además, no haber leído los mismos libros. Desde el inicio de la relación, por lo tanto, es crucial demostrar que podemos estar a la altura de las expectativas de nuestra pareja, haciéndole sentir la cercanía de nuestras bibliotecas interiores".
Piromanía institucionalizada
Ah, la noche de San Juan. Pienso en los pirómanos, pero no los de los chistes, sino las personas con este desorden de control de los impulsos, que no ganan nada con ello aparte de liberar cierta tensión interior. Imagino que esta noche es un "field day" para ellos. A mí no me gusta nada el ruido y nunca he podido entender los petardos, tracas, mascletás, así que se puede imaginar mi estupor cuando veo que hay unas tiendas efímeras que expenden este tipo de material, previa firma con DNI. Porque sí, los padres de Roc le compran unas "bombetas", que es lo que parece que los niños de 4 años hacen aquí. No tengo palabras y expreso mi horror, pero ¿quién hace caso a la tía, por mucho que sea la de América? En la plaza de detrás de casa, hay seniores hechos y derechos con náuticos y camisa de plana en plena cremá de distintas variaciones del tema. 

Menos quejas: ya expliqué aquí lo que sería una noche ideal de solsticio de verano pero, al final, esta casi lo parece. Salimos a cenar a la terraza y, de lado a lado del cielo, la gente está satisfaciendo su tensión interior con fuegos artificiales. Los vecinos del edificio de enfrente, como son ricos, han echado el resto y parecen fuegos organizados por el ayuntamiento. La foto no hace justicia, pero fue un ratito mágico: me recordó a Nochevieja en mi balconete en Londinium, y ver los fuegos muy lejanos en los distintos barrios de la ciudad. 


La manguera, diversión del pobre
Creo que ya he dicho alguna vez -el qué no habré dicho tras todos estos años- que el jugar con una manguera en verano me parece la diversión máxima del pobre en verano. ¿No tienes piscina pero sí un puntito de sadismo? La manguera es para ti. Ahora, además, las hay con difusión y lluvia primaveral y tal; ya no hay que meter el dedo para apuntar como en el Pleistoceno. 

Se preguntará el divagante la razón de la foto siguiente: es el sistema, ciertamente de otra época geológica, para lavar coches con manguera. Además, no se han molestado en cambiar el precio: por dos euros, lavado, aclarado y abrillantado. Fascinante también la sociología del lugar: tomado por los señoros amantes del motor, de esos que llevan su automóvil como un pincel -un poco mis antípodas, recordemos que a Wolfy hay que sacarle el musgo de vez en cuando. Como éramos las únicas chicas, pareció mal empezar a enfocarnos con la manguera -sección aclarado, ni que decir tiene-, no vaya a ser que terminásemos haciendo una fiesta de camisetas mojadas ahí con nuestros linos.  


Vamos a la playa, o-o-o-o-o, todos sin sombrero
A la salida terminamos en este parque ya autorizado para semejante cosa y mi principal observación es que a la península no ha llegado la religión de "un rayo de sol implica niño con  sombrero". Sería impensable en el UK tener a mediodía a esa panda de menores en plena solera descubiertos y este parque hubiera sido otro Field Day, esta vez para servicios sociales. Tampoco vi niños con bañadores enormes con protección solar. 


Pero en estas que, de repente, veo a una chica cuya cara me sonaba persiguiendo a un crío de la edad de Roc. Dudo porque, si es ella, no la veo desde 2019, cuando ella era una joven aprendiza de bruja que rotó por mi equipo. "Hola, eres S?", me lanzo, y ella me mira perpleja y entonces me doy cuenta que llevo gafas de sol y mi sombrero -yo sí- de viajes mugriento, así que me lo quito todo para que me reconozca. Qué ilusión: ahora trabaja de bruja ya titulada y recordamos batallitas. 

Brexit, lawfare, nuestra amada Latinoamérica
No voy a entrar en este tema, pero no sería fiel a la realidad de estos días si no contase que he estado escuchando podcasts o leyendo la prensa obsesivamente en ambos países donde no paran de pasar cosas en el ámbito político. El UK, ese país ingobernable tras el Brexit: a por el séptimo Primer Ministro en 10 años, y además miles de artículos para conmiserarnos de la década del maldito Brexit. Que el tipo que mintió descaradamente en aquella campaña tenga ahora posibilidades de ser nuestro siguiente PM es sobrecogedor. Mientras tanto, en Ejpaña, es como un thriller con tintes gore. En Latinoamérica, ni me meto. Es que no hay dónde huir. 

¿Por qué lleva esa señora una galleta en la cabeza?
Llega el día que me tengo que ir, y me da mucha pena porque Roc hace preguntas como este título frente a una botella de aceite "La Española". No he podido encontrarla online, pero en su botella, el clavel era amarillo, así que lo de la galleta es aún más plausible. 



La conversación es tan animada con Fashion en el camino al aeropuerto que no se me ocurre mirar la terminal hasta que estamos en una zona que no me suena de nada: ah, que voy a la T2, no a la T1. Nos hemos pasado la salida y, de repente, nos encontramos en medio del desierto de Atacama a las tres de la tarde. Sugiero que me deje en la T1 y "ya caminaré" pero se echa las manos a la cabeza, por lo visto no hay un amable pasillo refrigerado, sino gran distancia y peligro de golpe de calor, hasta con sombrero, en el intento. Tras horas de "la diligencia", llegamos, nos metemos en un parking innecesario y supongo que también ilegal, o Fashion no obtendría su dosis de subidón. 

Metemos todo esto a la procesadora, le damos al "on"... y a ver qué sale. 

16 junio 2026

"Carretera Azul: La historia de Edna O'Brien" [documental] y "Las chicas de campo" [novela]: Feminismo en la Irlanda de los 60

 Llegué a "Las chicas de campo" ("The country girls") de la irlandesa Edna O'Brien vía un documental sobre la autora que recomendaron de unos amigos. Me suelen gustar mucho los documentales sobre escritor@s, así que "Blue Road: The Edna O’Brien Story" (2024) de Sinéad O'Shea era para mí. 



Antes de verlo, leí su primer libro, "Las chicas de campo" (1960), que dice que fue "su libro más fácil de escribir" -  imaginen, lo escribió en tres semanas. Es el primero de una trilogía: le sigue "La chica de ojos verdes" ["The lonely girl"] (1962) y "Chicas felizmente casadas"  ["Girls in their married bliss"] (1964). Solo he leído el primero y en este punto, no voy a seguir con el resto porque, aunque entiendo [y voy a hablar] del valor histórico de estas novelas que fueron prohibidas y quemadas por los curas en todo el país, calificadas de "sucias", y criticadas por su propia madre, a mí formalmente no me ha parecido extraordinaria. Seguramente estoy equivocada, esta ópera prima recibió el premio Kingsley Amis [no sé por qué digo esto: no creo en los premios literarios], y la autora durante su vida muchos otros. Obviamente, el documental es un panegírico constante por parte de profesionales del tema  -para qué están los docus-, mientras que en los blogs personales, dilentantes de medio pelo  hacemos análisis sin usar el triste báculo de la teoría psicoanalítica -ya sabemos que la crítica literaria oficial tiene estas veleidades infumables-,  lo cual es un punto a nuestro favor.

Empecemos con el escenario, que será fácil de entender para cualquiera que haya tenido una madre que era joven en los 60. La situación de las mujeres en Irlanda en la época rimaba con la nuestra: otra sociedad dominada por la religión, los prejuicios,  el machismo. Un horror crecer allí como le tocó a Edna y a las protagonistas de su novela, Caitlin y Baba, dos chicas de 14 años que viven en un pueblo cerca de Limerick. La familia de Baba es algo más profesional -su padre es veterinario-, la de Caitlin son granjeros. Cuando digo profesional, me refiero obviamente al padre, su madre languidece en casa. El padre de Caitlin tiene problemas con el alcohol y es violento: la novela comienza con un primer párrafo que nos pone en alerta, aunque no es una novela que hable de la violencia machista en concreto: lo que nos queda claro es que Caitlin le desprecia y no puede esperar a irse de casa. 

La narradora es Caitlin en un estilo que uno de esos catedráticos de literatura describe como "estilo indirecto libre", en el que la narración adopta los sentimientos y el vocabulario del personaje. O sea, leemos la historia desde el ángulo de una Caitlin mayor y más sabia, que retoma su papel de joven y utiliza un estilo que reproduce sus percepciones juveniles.



La dicotomía Caitlin-Baba es interesante: por ahí he leído que Baba es "la hermana mala de Caitlin", o sea, la versión malota de lo que hubiera querido ser O'Brien. En el docu, O'Brien dice que Baba es todo lo que ella no era. Caitlin es la buena chica, con más miedo y aversión al riesgo que Baba, y más lista.  Por ello le dan una beca para ir a un internado de monjas ("convent school" que dicen en inglés) y Baba se une, pero pagado por sus padres. Una vez allí, Caitlin tiene buenas notas y Baba renquea, pero está siempre ahí como la voz de la desobediencia. Este análisis puede ser de una comida de coco de la crítica literaria, a saber si O'Brien pensó todo eso en las tres semanas en las que compuso la novela. 

A mí el personaje de Baba me cae mal: es cruel con Caitlin -me pregunto por qué la aguanta- y a medida que crecen durante la novela se convierte en una adolescente y una  joven con la que a mí no me interesa pasar mucho tiempo. Baba provoca algunos de los puntos clave de la trama -expulsión del internado, cita desagradable con dos tipos mayores ricos- pero teniendo todos los puntos para haber sido un personaje carismático por representar la rebeldía, no lo es. Y dudo que mejore en las otras dos novelas, creo que —¡sorpresa!- termina casada con el típico adinerado, seguro por su belleza interior. 

A ratos esta lectura me llevaba a "La amiga estupenda"  (2011) de Elena Ferrante: otra trilogía de amistad entre dos chicas, Lenu y Lila, que empieza en la infancia. Lenu era la narradora -otra Caitlin- pero recuerdo poco de Lila, la amiga estupenda, ni por qué lo era, aunque no me suena que me cayera tan antipática como Baba.  Mi mejor recuerdo es la ambientación de la Nápoles de los 50: la luz, el ruido, el caos. Pese a todo, no fue suficiente y no seguí con la trilogía por las mismas razones que con esta. 

Leer la vida sentimental de Caitlin me lleva a concluir que, aunque el mundo está claramente involucionando en casi todo, aún quedan actitudes que han mejorado en los últimos años o décadas - que espero sean inamovibles. Caitlin se enamora de un tipo francés casado que vive en su pueblo y al que todos llaman "Mr. Gentleman", ante la incapacidad de pronunciar su nombre real ("gentleman" significa caballero). Y es todo menos un caballero, porque da alas una Caitlin de 14 años encaprichada; aunque la relación no es abiertamente sexual al principio, es grotesco ver cómo un adulto cree que puede ser normal meter en el coche a una chica de 14, decirle cosas románticas, hacer manitas y darle algún beso. Más adelante, cuando Caitlin ya tiene 18 la cosa va a más y la descripción de la escena -sin ser explícita para los estándares actuales- sigue repeliendo. Luego le da un "gentle slap" (una bofetadita) y esto lo deja la autora ahí sin mayor consecuencia ni comentario, lo que me lleva a pensar que esto no era una rareza. La novela es muy buena en ayudarnos a meternos en ese contexto, la Irlanda de los 60, y constatar de dónde venimos. 

Pero entre la Irlanda rural y la vida en Dublín como mujeres jóvenes que no se han quedado en el  pueblo e intentan un punto de independencia -Caitlin trabaja en un colmado, a Baba le siguen pagando algún tipo de educación, aunque le irrita que Caitlin hable de libros- ambas pasan por el convento internado. Esto no fue planeado, pero mi lectura ha sido  inmediatamente después de la novela del convento de monjas del SXIV y coincidió con la escritura del divague, [noto que aquí también describen a las "lay nuns vs. choir nuns", las tontas y las listas, las con dote y las sin dote] y también con el del convento de Santa Catalina de Siena en Arequipa. O sea: ¿me persiguen las monjas? Basta!

En fin, que esta parte es terrible de otra manera, y me lleva a otro sitio donde no me gustaría volver pero, como venimos diciendo, está de plena actualidad. Quien quiera refrescar lo que era la vida en la que había que ponerse el camisón dentro de la bata y cosas así, lo puede hacer con este libro también. Lo que más me ha gustado del convento ha sido la sororidad de algunas chicas mayores con las pequeñas, pero en general son lugares lúgubres y de grandes tristezas -nada como los internados protestantes de Enyd Blyton y las chicas organizando la fiesta nocturna en la piscina [piscina en UK: qué flipada] con "cerveza de jengibre y pasteles de carne". Yo no estuve interna, pero en mi colegio las había y eran esos seres que nos miraban a las externas con ojos  lánguidos cuando nos íbamos a casa. Me quedé en medio pensionista y la mala comida del convento me ha resonado mucho: recuerdo que, ante según qué platos, había que planear un trueque, que alguien, por al amor de Dios, se comiera aquello que te asqueaba a cambio de otra cosa, o, si este fallaba, pasar al Plan B:  evasión del "dulce de membrillo" (*) camuflado en el bolsillo de la bata. (*) Ese postre infame venía en triángulos como los quesitos de "La vaca que ríe", los ponían con dos galletas malas, y la gente se hacía sándwiches monstruosos. Yo lo enterraba en la arena, una zona para hacer castillos. Otra cosa que compartimos con las chicas de O'Brien es la fascinación por los "cuarteles monjiles", donde hacían la vida. Era para nosotras un misterio saber dónde dormían, cómo sería su sala de estar y después de comer a veces emprendíamos excursiones con otras dos niñas a ver hasta dónde llegábamos. Una vez nos pilló una monja y nos iba a llevar a la superiora, fue un drama terrible, y tuvimos que dejar aquellas exploraciones. Nos separaba el mar y 20 años, pero las niñas irlandesas no eran muy diferentes a nosotras. 

O’Brien dio voz a una generación de mujeres, expuso la "colada sucia" de una sociedad  que se quería vender al exterior como pura pero que usaba la vergüenza de las mujeres como arma de control. Abrió el camino a otras muchas autoras como Sally Rooney, que también escribe explícitamente de sexo, de clase social, de sociedades represivas.  Pero en aquella época fue una hazaña increíble y esto queda muy claro en el documental, con el que termino. 




Dura una hora y 40 minutos y tiene mucho archivo, entrevistas que le hicieron a O'Brien cuando era joven, apariciones en programas de la tele en los que parece escandalizar al personal, y una entrevista cuando tenía 93 años, poco antes de morir.  La también irlandesa Jessie Buckley -la actriz que ganó el oscar por Hamnet por si alguien no cae-, que tiene una voz chula y muy personal lee entradas de sus diarios. Hay entrevistas a sus dos hijos, que decidieron irse a vivir con ella tras el divorcio de un cretino que iba de escritor y que no  pudo tolerar que su mujer tuviera éxito. Cuando los niños decidieron irse con su madre, cortó toda comunicación con ellos- este nivel de imbécil y malvado. 

Durante el docu, O'Brien reflexiona lo mala que ha sido durante su vida eligiendo hombres; en un programa dice "encontrar a alguien a quien amar y a alguien que cuide de ti con conceptos muy diferentes". Cuando se divorció se fue a vivir a Carlyle Square en Chelsea y tuvo un affair con un político que no se desvela -pero parece que bastante importante- que, como siempre, no dejó a su mujer.  Fue paciente -alucinante- del infame psiquiatra y psicoanalista escocés RD Laing,  el padre de la "antipsiquiatría". El farsante le dio LSD para sacar sus "demonios interiores" y la escena en la que describe sus experiencias psicodélicas da bastante miedo. Siempre he sentido curiosidad por ciertas drogas pero siempre me ha dado terror tener un "mal viaje", luego nunca me atrevería. En las alucinaciones de O'Brien salían ratones - sé lo que saldrían en las mías. 

Al final del docu, te quedas con la impresión de que, como me viene pasando con algunas mujeres escritoras, estás ante una persona muy especial.  Experimentó con todo, y estuvo en el centro de una vida social apasionante: por sus fiestas pasaron Robert Mitchum,  Richard Burton -que la impresionó mucho en el teatro y se quiso liar con ella-, Sean Connery, Marianne Faithful, Marlon Brando, Paul McCartney, Shirley McLaine... Cogió la vida por los cuernos, con un par, y la vivió a tope.  Se inventó carreteras azules, y de ahí viene el título, claro:  un concepto suyo con el que se metía el payaso aquel que tuvo por marido diciendo que no existían carreteras azules. Pero ella no se movió y, aunque aquí tal vez no se capte, en esta escena del docu,  este camino es claramente azul...





09 junio 2026

Jóvenes que vais a ver al papa: Tranquis, de esto también se sale

 Estoy horrorizada -y no de manera positiva- con las imágenes publicadas en un periódico de tirada nacional sobre la visita del papa a Madrid. No salgo de mi apoteosis de tanta idea delirante junta: políticos, famosos, los royals, gente de a pie, periodistas, jóvenes-cristianos-comprometidos (JCC a partir de ahora)... es una plaga. Veo el despliegue y me viene a la memoria el desfile de Cleopatra en la peli de Mankiewicz de 1963 - no sé en concreto por qué este desfile cuando tenemos miles de ejemplos en real de personas elevadas por el resto a un rango superior y a la que le rinden pleitesía. Tal vez porque los gastos están siendo faraónicos. 


Hay que leer y escuchar que este señor es tan guay porque no se alinea con el boniato de la gorra, aunque esté en contra de derechos humanos como los de los LGTBIQ+, del aborto o de la muerte digna. Aunque pase de puntillas sobre los abusos de La-Mayor-Organización-de-Pedófilos-de-la-Historia (en una de las fotos aparecía "bendiciendo" -whatever- a un niño: pero, pero pero: ¿este hombre no tiene un equipo de comunicación? ¿Hace falta echar sal en la herida?). Hay que estar contentos porque dice cosas que hubiera dicho su amado líder, Jesucristo: los inmigrantes son nuestros hermanos, digo "nuestros queridos herbados". 

Y no solo eso: en medio de todo esto, trágicamente, he descubierto la existencia de "Hakuna Musical Group", que me ha dejado con fibrilaciones en el párpado. Se trata de un grupo de JCC típico: ellas con el pelo largo y liso (¿habéis visto "Los domingos"? -así), ellos con guitarras eléctricas y camisa de plana (aunque, calla, se les ha colado uno con pendiente!), y el cura colegui con alzacuellos en la batería. En otra época, esto es algo de lo que la gente normal se descojonaba [recordemos el "Amo a Laura -pero esperaré hasta el matrimonio" de mediados de los 2000]. Ahhh, qué tiempos: ahora es más bien risa nerviosa por lo que viene, aunque he de admitir que al verlos con los ojos cerrados entonando he soltado una risa de las buenas. Lo que viene es que los JCC de Hakuna y similar están aquí para quedarse: el Pus Dei está por ahí metido, luego se reproducirán como locos, recordemos aquel gráfico del Financial Times, mientras que los izquierdosos cada vez tenemos menos hijos.  

Pero ahora llega la parte confesional: divagantes, esta entrada pasa directamente a la sección "tengo un pasado oscuro" porque yo, aquí donde me veis, fui una de ellas: Di, azote marxista-leninista-anticlerical del éter de blogger, era una de esas lánguidas de pelo largo liso [OMG, con lo del pelo -que no languidez- lo sigo siendo], con guitarra incluida, a saber:

Primero, no hay nada nuevo bajo el sol y el rollo guitarra eléctrica -indicativo de "semos modernos"- ya existía a finales de los 80 en mi colegio en COU. Tras toda la vida en un colegio segregado, en COU las chicas y los chicos de la congregación nos juntábamos a estudiar este último año (qué liberales eh, las MM. y los PP. Escolapios, que nos llevan de excursión). Había un par de chicos que tocaban la eléctrica y nos parecía lo más, incluso hacían los maravillosos primeros acordes de "Héroe de Leyenda" hasta que empezaba la misa. 


Luego, los cantitos: "esta es la juventud del papa". Que sí, es cierto, igual hago tanta mala leche porque no estoy haciendo otra cosa que proyectar: yo fui una de los alienados que gritaban "Juan Pablo -Segundo- Tequieretodoelmundo!". Y no una, DOS veces. 

Puedo explicarlo todo. Corría 1982: yo tenía 11 años y todo mi ardor guerrero actual lo tenía entonces intacto, qué digo, peor. Y cuando Wojtyła -ese reaccionario- vino a Vetusta hice levantar a mis pobres padres a las 5 am para verlo pasar en su papamóvil de un punto de la plaza a otro. Creo que entonces aún me lo creía. También compré a las monjas unas postales conmemorativas en las que salían las catedrales españolas y una fotito del papa en una esquina. Lo que se hizo luego con las postales se contó en un divague titulado "Pisa este crucifijo" allá por 2010 -nunca se os ha ocultado nada. 



Pasaron siete años y en 1989 se celebraba la IV Jornada Mundial de la Juventud en Santiago de Compostela, congregando a más de 400.000 JCC. Pues bien: quién fue una de esos? Voilá. En mi defensa, diré que ahí estaba ya en plena "crisis de fe" y que fui por la fiesta y porque me encanta Galicia. Lo pasé bien en medio de todos aquellos JCC -el Ribeiro en tazones ayudó. Recuerdo bailar en la Plaza del Obradoiro con un grupo  que, con la distancia, tengo claro que era una secta. Recuerdo re-encontrarnos con gente que habíamos conocido en el "Monte del Gozo" donde se hizo una misa masiva de la que solo recuerdo el polvo (el del suelo), y que tropecientos curas salieron con paraguas abiertos (hacía sol) como si fueran guías turísticos a dar las hostias -por una vez no fue la madera [oi, fácil juego de palabras, disculpas]. Recuerdo ducharme en bolas con otras JCC extranjeras a cielo descubierto en una improvisada sala de duchas. Recuerdo que uno de mis colegas se perdió y ofreció su reloj a un camarero para que le diera un bocadillo, de hambre que tenía. 

Nota: la magia de internet, metes cuatro conceptos y, voilá, una cuenta llamada "FASCINADO POR EL MISTERIO" ha colgado aquella misa en-te-ra. Casi tres horas ininterrumpidas de diversión a la que podéis acceder aquí y hacer un "dónde está Wally", pero con Di. A mí me ha venido muy bien para sacar la foto de los paraguas, porque verdaderamente sonaba a inventada. Prueba: 



A la vuelta, empecé la uni, dejé de ir a misa, y ya no he mirado atrás. Como digo, ya estaba en el precipicio del ateísmo cuando fui al Monte del Gozo a gozar nada, aunque el auto-engaño con el agnosticismo tuvo su momento.  Cuando eras niña o adolescente en un colegio de monjas y la razón te asaltaba, al principio daba mucho miedo. Lo planteabas en convivencias, pequeños grupos y otros comecocos y te contestaban chorradas como [todas verídicas]  "en la confirmación, el espíritu santo te dará mucha fuerza" [en forma de lengua de fuego?, me preguntaba yo], "no te preocupes, solo reza que saldrás más fuerte", "Dios os quiere más a los que dudáis". Los razonamientos de la peña eran siempre de este nivel, y dudo que se hayan puesto al día para los nuevos JCC. Nota: no puedo acabar este párrafo sin contar otra anécdota ilustrativa, esta vez con el cura de religión de BUP. Un día afirmó (qué sentido tiene que un viejo soltero explique esto a unas chicas de 16, pero dejemos eso de lado) que "hay algunas parejas que se dan cuenta de que no son compatibles sexualmente en la misma noche de bodas". Ni corta ni perezosa, levanté la mano y pregunté cómo casaba esto con el mandato de no tener relaciones sexuales antes del matrimonio. Y el fulano, con todo su papo contestó -es que es como si lo estuviera viendo-: "Veo que no vas con mala intención, lo veo, y te lo voy a decir, Vagando:  eso se sabe, eso lo sabrás". Fk me. 

Pero qué van a explicar, ni entonces ni ahora, si es todo una mentira montada a través de siglos para controlar al populacho con vidas de mierda ante la promesa de que habrá otra vida maravillosa en el más allá. Cuanta más incultura, más religión. Que los jóvenes ahora necesitan espiritualidad, que están desnortados, que necesitan un sentido: a ver, los jóvenes lo que necesitan es poder meterse en un piso. Y luego volver a darse cuenta de que cantar al Creador con los ojos cerrados da vergüenza ajena y el descojono del resto es máximo. Volvamos a reírnos de ellos y de toda la gente que me ha traumatizado en esas imágenes como con "Amo a Laura", que sigue haciéndome la misma gracia que en 2006. 

Hola, soy Di y un día estuve viendo al Papa: Jóvenes que vais a ver al papa, de esto también se sale. 

01 junio 2026

"The corner that held them" de Sylvia Townsend Warner: Marxismo, feminismo y risas en un convento de monjas del SXIV

 Me lancé a leer "The corner that held them" ("La esquina del mundo que las guardaba", traducción libérrima mía -parece que la sacó del Libro de Salomón del Antiguo Testamento-  creo que no ha sido traducido al castellano) tras la recomendación de uno de mis críticos literarios británicos. La novela habla de la vida diaria de monjas en Oby, un convento benedictino perdido ("la esquina") en Norfolk, en el SXIV. Es una novela histórica bastante especial, porque quién podría imaginar que en ese contexto iba a haber feminismo, marxismo y humor - y antes de empezar, un ejemplo de esto último: las monjas consideran su aislamiento como algo beneficioso porque así tenían "menos peregrinos, pedigüeños y además podían ir andrajosas". 


El crítico admitió que gente de su club de lectura la había encontrado durilla, pero la idea de monjas encerradas en el final del medievo me parecía irresistible: ¡una novela de campus con monjas! Dame gente encerrada en cualquier sitio [convento, abadía, universidad, internado, hospital psiquiátrico...] y ahí estaré. Y lo que me convenció del todo fue leer un poco sobre su autora, Sylvia Townsend Warner: necesitaba saber más de una mujer con una vida como la suya - ¿y qué mejor manera de conocer a una persona que leyendo su ficción?



Sylvia: una vida de novela
Merecería un divague aparte, pero me arriesgaré a reproches de mi suegra por la extensión y lo meteré todo aquí. Sylvia Townsend Warner nació en 1893, hija única de un profesor de historia de la prestigiosa Harrow School. Fue educada en casa por su padre y otros profes del colegio. Su pasión adolescente era la música e iba a estudiar composición en el extranjero cuando estalló la Primera Guerra Mundial: como Vera Brittain, perteneció a esa "generación perdida", a la que Brittain tanto lloró en su "Testamento de juventud". Durante la guerra trabajó en una fábrica de municiones, pero cuando murió su padre se vino a vivir a Londinium sola, y trabajó en un proyecto académico de música eclesiástica de la época de los Tudores. Allí conoció a un tipo casado y con cinco hijos con el que tuvo un affair.



Vivía en Bayswater -barrio al noroeste de Hyde Park- y un amigo de Harrow la introdujo en el grupo de Bloomsbury. Warner escribía poesía y en 1925 publicó su primera novela, "Lolly Willowes", calificada como "subversiva" -se publicó dos años antes que el voto femenino, tres antes que "Una habitación propia"). Me encanta el tema: una "spinster" (solterona, que decían antes) que se da a la brujería tras la guerra como la única manera de ser independiente. Tuvo tanto éxito que Warner se pudo dedicar a la literatura y al periodismo -escribió relatos para el New Yorker. En 1927 publicó "Mr Fortune’s Maggot", la historia de un misionero "sodomita" [sic] que en lugar de convertir a un grupo de isleños de los mares del sur, pierde él mismo la fe - probablemente Unamuno no había leído a Warner cuando publicó "San Manuel Bueno Mártir" en 1931; mi teoría es que el espíritu de una época es lo que genera ideas en paralelo, incluso en lugares lejanos. 


En 1930 se compró un cottage en East Chaldon, Dorset, para huir del jaleo de Londinium, pero cuando conoció y se enamoró de la poeta Valentine Ackland se fueron a vivir allí. Se referían a su relación como "matrimonio" y escribían poesía abiertamente lesbiana. 

No solo eran outsiders por eso: en 1935 se unieron al Partido Comunista, escribiendo propaganda y recaudando fondos, lo que les ganó la etiqueta de "subversivas peligrosas" y fueron espiadas por el MI5 durante 20 años. Me encantaría que algún día alguien me considerase la mitad de eso. Solo he leído este libro, pero veo por ahí que los temas de su literatura eran rechazo a la Iglesia, empoderamiento femenino, y subversión de las normas sociales. 
"La gente más feliz que conozco son los que han tirado la toalla en lo de ser respetables"
Viajaron a España dos veces durante la Guerra Civil: en 1936 a Barcelona a trabajar con la Cruz Roja y en 1937 como delegadas en la Conferencia de Escritores Internacionales, donde hizo amigos izquierdosos que mantuvo toda su vida. Cuando cayó la República, volvieron a Dorset. Ella, como en mi opinión debería ser la izquierda, mantuvo siempre una posición internacionalista. "After the Death of Don Juan" ("Tras la muerte de Don Juan"), publicada en 1938, es una alegoría del surgimiento del fascismo en España. De rabiosa actualidad: me tendré que hacer con ella. 


Como es de la generación de Brittain, vivió las dos grandes guerras. A veces me pregunto si nosotros nos escandalizamos de lo que está pasando en el mundo actualmente, que no lo vivimos de primera mano, qué tuvo que ser para esa gente: ser testigos de la repetición de la misma barbarie. Trabajó como voluntaria, alojando a refugiados del Blitz y en esa época empezó a escribir la novela de la que vengo a divagar hoy. 


La relación con su pareja atravesó épocas tormentosas ya que Valentine tuvo un largo affair con una escritora rica americana, Elizabeth Wade White, y en 1950 dejó el Partido y se hizo católica. Pobre Warner: pese a todo, cuando Valentine murió de cáncer, sufrió un duelo terrible y en 1998 se publicó un libro con la larga correspondencia entre ambas titulada "I'll stand by you", como la canción: qué bonito. Warner murió en 1978. No he estado en Dorchester pero leo que hay una estatua en la que Warner está sentada en un banco con su gato: también hay una igual en Richmond de Virginia Woolf, y con esa sí que tengo foto:

Virginia Woolf en Richmond

Virginia me da secretos de escritura
(que tenga una habitación propia, por ejemplo)


No hay trama en "The corner..."
O de eso avisó Warner y eso dice la gente en el podcast de Backlisted; o sea, la novela es un río que fluye a través de las décadas -de 1349 a 1392- y la autora es como si hubiera hecho un "corte longitudinal" en una línea del tiempo y simplemente nos hubiera contado lo que en ese espacio pasa. La novela no termina, simplemente, para, dijeron los críticos, aunque no sé si estoy totalmente de acuerdo: yo sí que le he encontrado un final. Pero tal vez sea cierto que ha habido muchos finales durante la narrativa: de hecho, muchos de los capítulos se titulan con el nombre de la abadesa de turno, y asistimos a los complots para elegirlas, a sus visiones de cómo liderar el convento, a sus muertes.  

Leí un rato en este columpio de Hilly Fields,
un parque con vistas que no conocía

Cosas de monjas medievales que igual no sabías
Las monjas de esta novela tienen todas el título de "Dame" (sería el equivalente de "Madre" o "Hermana" o "Sor" en órdenes contemplativas como las cistercienses o las benedictinas). Es a ratos complicado distinguir a Dame Sybilla de Dame Eleanor de Dame Isabel, y todas las demás -aconsejo hacerse un dramatis personae, que yo no hice, pero no ha sido un problema, se puede leer. 

Las monjas terminan en el convento por diversas razones -la de entregarse al Señor no me ha parecido una de peso- algunas por pobres. Otras son ricas -de familias de toda la vida de la zona- y traen dote [una de ellas, provisión de un año de vino!], y estas reciben un trato especial: ¡hasta criadas tenían!  Hay incluso facciones según los apellidos, e.g."no queremos a otra Stapleton de abadesa".  

Hay monjas ciegas o que se están quedando por el humo de las velas [una descripción de un ahogamiento la hace ella], monjas sordas o que se están quedando, monjas jóvenes tontas a las que se les da trabajos manuales, monjas que regentan la enfermería, monjas que se arrodillan para despedirse de otra haciendo un ejercicio de odio mutuo y autocontrol, monjas que tienen hijos, monjas viejas y poco agraciadas: "de nadie se podía esperar que mantuviera su belleza en Oby; como mucho, una expresión agradable"... y estoy usando el plural porque generaciones de monjas se van sustituyendo y estos rasgos se repiten. 

También hay algunas con sus rarezas particulares: Dame Lilia se quiere hacer anacoreta, o como se diga, aspira a que el obispo le dé permiso para meterse en una celda y ya no hablar el resto de su vida [pienso que esta debía ser una salida para las personas con autismo de la época]. Hay una monja tan mala que "hasta la muerte no quería llevársela y la tierra darle entierro" y su maldad venía de "excesivo aprendizaje: todo el día leyendo libros" y "a veces ladrando porque sabía tanto de gramática que podía transformarse en un perro". De verdad, me parto.  

No son las de Oby monjas buenas, sino que pecan todo el rato: hablan en las comidas, comen dulces en sus dormitorios, cotillean, toman el nombre de Dios en vano, y tienen mascotas. Por no hablar de comer y beber, que recordemos que les dejan como dote un año de vino.

Son un grupo de mujeres que, pese a vivir juntas y saber que les espera la muerte en ese mismo recinto, entre ellas, no se conocen, porque como dice Warner "para que haya intimidad debe haber antes libertad, la de elegir si te acercas o te alejas"-cosa que estas monjas obviamente no tienen. 


No solo monjas en el convento
También hay "corrodians", una de las palabras medievales que no venía en el diccionario: se trata de ancianas ricas que se iban a pasar los últimos años de su vida en el convento (yo conozco a unas monjas que tienen una "casa" en un barrio muy pijo de Londinium que también tienen a señoras ancianas de posibles: había una que se trajo hasta el piano a su habitación). Y una viuda que se trinca al cura, mejor dicho, al falso cura. 

Me explico: al principio de la novela aparece un tipo itinerante, Sir Ralph, que se hace pasar por cura y como el anterior se ha ido por la Peste Negra (detalles abajo), las monjas le dejan vivir allí pretendiendo -o lo creen de verdad? - que es cura. Sir Ralph se pasa con ellas el resto de la novela, sobreviviendo a varias abadesas y muriendo solo al final.  En un par de momentos de la narrativa, el cura se vuelve loco, y como método curativo bien establecido de la época le ponen "un gallo negro en la cabeza" -hasta que se corrompe y ponen uno nuevo y sucesivos- sin mucho cambio en su condición. El cura loco se convierte en una rutina de la casa, en una molestia a la que se han acostumbrado.

La Peste Negra
Es una novela histórica porque, pese a estar en una esquina a la que es difícil que llegue el mundo, la historia se filtra por sus muros. Cuando comienza la Peste Negra - que había empezado en Asia Central en 1338-9 y llegó a la isla en junio de 1340 vía un barco en Dorset- el cura anterior, el verdadero, les anuncia, "con calma, como se habla cuando no hay esperanza", que se va. Un par de monjas han muerto de "la pestilencia" (me encanta esta palabra) y él dice que tiene que abandonarlas porque ahí afuera la gente está cayendo en la herejía, "¡se están confesando o bendiciendo unos a otros!" (a falta de curas que o bien se han muerto, o han huido). Al cura no le importan las almas que van a morir sin sus bendiciones, sino que se extienda la herejía: de esta manera, perderían el control sobre la gente. Las monjas se agobian: ¿quién les va a dar a ellas la extrema unción? 

Marxismo
No es esto el único ejemplo de anticlericalismo en una novela sobre monjas: ya hemos dicho que Warner era subversiva y comunista y, de hecho, esta obra ha sido calificada de "marxista" por los académicos. Esto es así porque, en contraste con las novelas burguesas cuyo motor es la vida interna emocional de los personajes, aquí el personaje principal es una comunidad que vive en un mismo edificio, y su vida diaria nos da un atisbo de lo que era la sociedad en la Inglaterra del SXIV, donde los braceros o los jornaleros tenían que vivir itinerantes en busca de trabajo porque total, sin un techo sobre la cabeza "te puedes ir sin pena. Si no tienes tierras, no tienes que quedarte". 

Y una de las principales preocupaciones de las monjas es, por supuesto, las finanzas: lo que entra y sale para mantener el convento. Vamos, que los modos de producción de lo material determinan la vida social, política e intelectual. ¿Hay algo más marxista que eso? Se habla mucho de las dotes que traen las monjas y hay una crítica a algunos de fuera del convento que piensan que las monjas han de vivir en pobreza: qué tontería es esa? De hecho, a una de las abadesas se le mete en la cabeza la construcción de una torre, y siguen adelante con ese proyecto con el dinero que podían haber compartido con los pobres del pueblo, afectados por la Peste Negra. La imagen popular era que las pobres monjitas vivían "de avena y rocío", cuando en realidad, como he dicho, las monjas tenían sirvientes y "las monjas y los sirvientes se hicieron al lujo que hubo que contratar a más sirvientes para las monjas, y más para servir a los sirvientes"  Espero que con estos ejemplos esté logrando transmitir el tono y el humor de Warner, pero el mensaje es claro: las monjas no eran mejores que los curas, "impostoras, timadoras, avariciosas, opresoras del pueblo", se dice en algún punto.

Y por último, el momento histórico que elige Warner para cortar la historia es la Revuelta de los Campesinos de 1381, causada por una combinación de factores como la Peste Negra que venían arrastrando por décadas, los altos impuestos por la Guerra de los Cien Años, y el sistema feudal de servidumbre. Dicen que esta revuelta ha sido usada como símbolo de la izquierda y en la literatura socialista -incluyendo por William Morris, que además de sus diseños de textiles era uno de los nuestros. 

Feminismo
Con las credenciales de la autora, una lesbiana marxista leninista, no hace falta que explique que la novela es profundamente feminista. Un grupo de mujeres que se autoorganizan, aunque la sociedad les obligue a pretender que obedecen a curas, custodios y obispos. Ahí van unas citas:
"El obispo se había enfadado con nosotras porque mostramos demasiada independencia rechazando a Dame Emily. No nos queremos hacer un nombre por tener demasiada independencia".
"Sin duda, al obispo le molestaban las monjas estudiosas". 

"La viuda era una mujer sin hijos y con suficiente riqueza y buen humor como para no querer otro marido

"No tenía ninguno de los instintos de las mujeres que no viven en conventos de obedecer a los hombres"

La muerte
Y como con ella termina la vida, con ella intentaré terminar el divague. Como hemos seguido de cerca lo que pasa en Oby, un punto geográfico, a través de los años, los personajes vienen y se van o, más frecuentemente, mueren, con lo cual hay bastantes reflexiones sobre la de la guadaña. Una cosa que me impactó de la película "Camino" (Fesser, 2007) sobre una niña del Opus Dei con cáncer es que toda su familia decía que estaba feliz porque al morir iba a estar enseguida en el cielo, qué suerte, y en la escena de la muerte, familia y personal sanitario aplauden. Me dio muchísimo miedo esa película y sobre todo esa gente, los fanáticos religiosos, por sus ideas delirantes y su capacidad de autoengaño. 

Pues bien: aquí hay una monja de solo 23 años que se está muriendo pero que piensa que, después de todo, "le daba pena cambiar la ambigüedad de este mundo por las certezas del siguiente". La abadesa también había lanzado loas a la muerte con los mismos argumentos que los del Opus, pero esta monja moribunda sabía que era por los problemas económicos del convento -hay un momento en el que una de las abadesas piensa que la muerte de dos monjas jóvenes que han traído buena dote al convento es un gran beneficio: buen balance entre beneficio y pérdida.

Pero además, la monja joven reflexiona sobre la vida que ya no tendrá, y me ha encantado porque ese mismo sentimiento tuve yo en un hospital mugriento hace ahora... 16 años: "se dio cuenta de los años que se perderá, de los eventos que pasarán que no verá, de los muchos pensamientos que podría tener -y que nadie los pensará. El mundo era profundamente interesante y un convento el lugar ideal para meditar sobre él". Me encanta que una mujer a principios del SXX ponga estas ideas en un personaje del SXIV y sea algo tan actual hoy, en el SXXI: al fin y al cabo, es una de las magias de la literatura.

Y luego está el otro lado: el cuidado de una monja a la que le cuesta mucho morirse y las pobres terminan agotadas y desilusionadas de tanto velarla, porque "desilusiona constatar que la compasión, estirada demasiado, se materializa en nada más que en una carrera de resistencia". Esto es terrible, pero es así.

Corolario
Así se mueve la novela,  entre reflexiones de gran profundidad como las de arriba e ideas graciosas ["la frecuente calamidad de los encamados, ser visitados por gente aburrida"], Warner te acaba metiendo en el día a día de una comunidad cerrada en la que no pasa nada [sí, hay un asesinato al que no se le da ninguna importancia, no es esto "El nombre de la rosa"] y pasa todo. Porque es en las relaciones de los personajes donde los autores de novelas de campus te muestran su cosmovisión, su manera de ver la vida. Y quién iba a decir que convento medieval, marxismo, feminismo y risas iban a entrar en la misma frase.

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PS.  El Náufrago exazerbayano en su comentario ha hablado del convento de Santa Catalina de Siena en Arequipa, y aquí está el divague donde pueden ver unas fotos. Gracias al Náufrago R!