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17 octubre 2021

Serial 36. Dime en qué idioma piensas y te diré quién eres. Constelaciones. Y una de ellos (gooble gobble).

Es medianoche en Banderley, cuando en teoría nada pasa; cuando pasa todo lo que merece la pena contar. Un grupito de cuatro, armados de linternas y mochilas, susurros y alguna risa, salen por una puerta lateral, herrumbrosa y abrumada de hiedra, que un día alguien se olvidó de cerrar. Debía ser usada para entrar el carbón, o como acceso al bosque. Han dejado atrás el engendro, entre catedral y fortaleza, que es la fachada frontal de Banderley-Central, iluminada por focos de luz cálida. Al grupo le sobra un miembro para ser la "Bande á part
Los de Bande á Part corriendo por el Louvre
" godardiana, pero podrían encajar perfectamente con la imagen de delincuentes corriendo
 por el Louvre como críos, los nueve minutos de rigor. Nuestra banda sigue por caminitos, a ratos casi cerrados por helechos gigantes, que se meten en las tripas del bosque, en la boca del lobo. Todos llevan jerséis -pese a ser 23 de Junio, cosas de la latitud- y ganas de sentir la insignificancia del ser - ese ejercicio ineludible cuando una se planta en cuasi-soledad bajo un cielo estrellado. No hay luna, y a medida que el grupito avanza en la noche, las luces de Banderley son solo un recuerdo. 

 Esto voy pensando mientras avanzamos, ahora ya en silencio, escuchando de fondo lo que deben ser animales, tal vez pájaros nocturnos. Y así es como voy a empezar a escribir lo que pase esta noche, y de ahora en adelante, todo lo demás. Tengo que, de alguna manera, empezar a anotar lo que ha ocurrido en todos estos meses que llevo en Banderley: para no olvidar, para pensar y, en plan ambicioso, quizás para entender. A esta band á parte nos une el delito del paseo astronómico de Richard, interesado y autodidacta de las estrellas. La formamos, aparte de nuestro guía, Isabel Archer, la que quiere ser psiquiatra solo como una vía para escribir ficción,  Will, con el que tengo algún asunto pendiente, y yo.

Es oficial: el bosque, tan de noche y una vez dentro, da miedo. Nos encaminamos hacia una pradera en un claro, subiendo la montaña. Ellos han hecho esto otras veces: siguen unas señales fluorescentes que nos flashean cuando las iluminamos con las linternas.  Detrás hemos dejado el camino por el que fui a hacer supervisión aquella mañana con Steen. O eso creo, imposible determinarlo con exactitud: la noche es otro país, otro continente del día.

 Isabel y Will son de la casa verde y Richard les cuenta lo que es vivir en la amarilla, con Duncan y su obsesión con los psicópatas, con Morgana, y con el caso clínico Sandip. Y conmigo, a quien acaba de conocer de otra manera desde que me escucha algunas tardes hablar por teléfono, que está en una esquina del salón, con Wences. Parece que "soy otra persona". 

 - Y además -continúa- los españoles habláis demasiado rápido. Hice A levels de español, y no pillo ni una palabra de lo que dices.

 -Los británicos siempre habéis hecho A levels de algún idioma europeo, y nunca habláis ni entendéis nada. -digo-  Lo tenéis demasiado fácil: el resto se esfuerza en entenderse con vosotros.  Y lo de la velocidad, yo no lo noto...

 -Pues dicen que es el segundo idioma que se habla más rápido en el mundo, por detrás del japonés. Por lo que he leído -Isabel lo ha leído todo- las palabras y las expresiones en español suelen ser más largas que en inglés. O sea, es un idioma "poco denso" y para decir lo equivalente a otros en el mismo tiempo, hay que acelerar. En inglés, masticamos más las palabras... es para darle sentido a cada palabra corta.

 -mmm, no lo había pensado, es cierto, -digo- en inglés se prefiere la brevedad, por ejemplo: "first come, first served"... estas cuatro palabras capturan algo que en castellano hay que decir de una manera muy larga: "el primero que llegue -o que se apunte, o lo que sea, porque aunque sea metáfora de restaurante, esto se extiende a todo- será servido en primer lugar".

 - De todo esto que habláis, lo que me interesa más es cómo hablar uno u otro idioma afecta a nuestra manera de pensar. - comenta Will-  Tuvimos un colega griego aquí hace un tiempo, ¿te acuerdas Richard?, que su manera de hablar y particularmente de escribir era tan retorcida, le costaba tanto llegar al centro de la cuestión, que yo me preguntaba si es que su idioma les hace pensar así...

-Bueno, eso tal vez aplica a mi lengua materna –les digo, pensando si somos retorcidos- Desde que estoy aquí me he dado cuenta de que el castellano puede ser en algunas cosas menos preciso, más ambiguo... en algunas cosas, eh, en tiempos verbales os ganamos en precisión. El inglés es más explícito, directo.. emm... más económico. He leído por ahí que necesitamos el 15% más de palabras en castellano para llegar al mismo nivel de estilo y exactitud comunicativa que en inglés...

 -Pobres traductores... los libros tendrán más páginas, claro -dice Richard que va el primero de la expedición pero está escuchando- Y además tenéis esa cosa tan curiosa de dos verbos diferentes para "to be", ¿no? 

 -Ah claro, "ser y estar" -digo en castellano- Con ellos se implica un estado permanente o transitorio: "ser aburrido versus estar aburrido", por ejemplo. O también se puede implicar ser más activo: "estar durmiendo versus estar dormido". Tú haces las cosas, no solo ellas te pasan. Aunque “estar enamorado", por ejemplo, no sé si pertenece al ejemplo de la transitoriedad o a que es un acto de la voluntad.

-Quiero pensar lo segundo -dice Will, y como no le veo la cara no sé si está siendo irónico.

 -Ahhh qué romántico Will -dice Isabel con una carcajada que me suena forzada - yo creo que con según quién, hay que esforzarse mucho para eso, hay que ser activo. Pero también hay gente que pasivamente se deja querer... 

-Esto lo aprendiste con Austen, ¿no? - contesta Will. Menos mal que no nos estamos viendo las caras. 

-Ermmm, precisamente, Will: recuerdo una anécdota sobre comparativas culturales de idiomas, una frase de aquel rey español, Carlos V - bien por Richard y su esfuerzo ímprobo por desviar el mal rollo.

 -No la conozco, cuenta! - mi voz suena demasido entusiasta.

-Este rey decía algo así como que... si era necesario hablar con Dios, usaría el español; si con amigos, el italiano; en actividades amatorias, por supuesto el francés, y si lo que quisiera es amenazar, el alemán.

 -Ahh, sí, sí... yo la conocía distinta: con su caballo hablaba alemán- digo, y todos se ríen. Prueba conseguida. 

 -No hablo español -dice Isabel- pero al oído me suena, no sé, ¿más poético, más lírico?

 -Bueno, yo no puedo ser objetiva - y me paro un momento - pero al ser la estructura menos rígida que en inglés, puedes dar matices a una palabra según dónde la pongas en la frase: esto es un gran recurso en nuestra literatura. 

-¿Y en qué idioma piensas? - este es Richard, y esta pregunta me la han hecho muchas veces.

 -Si hablo en inglés, en inglés... sin acento, eh? - y me río - y... también he recordado algún sueño en inglés.

 -Qué interesante...

- Y por supuesto,  hay cosas que puedo decir en un idioma y no en otro, me pasa con ambos.  Hay sentimientos o ideas que no tengo en el otro idioma. Y tienes razón, Richard, con lo que dijiste al principio de esto: creo que soy un poco diferente persona cuando hablo uno u otro... 

 -Total que convendremos que el inglés es más un idioma de negocios, de ciencia, de tecnología. Ir al punto sin perdernos, sin desviarnos… -resume Will.

 -Y el español es más retórico, lleno de redundancias...

 -Hey, chicos, aquí es! - nos grita Richard, que se ha adelantado.

Por fin hemos dejado atrás el bosque y estamos en un claro, arriba en la montaña. Richard está mirando al cielo mientras da vueltas sobre sí mismo, hasta que se para. Nos sentamos en el césped, apagamos las linternas. Sigue habiendo ruidos que no identifico, tal vez crujir de árboles. No hay viento, no hace frío. Huele a tomillo, a espliego. Se ve negro el brezo que de día es violeta. Especie protegida, muy hermanas Bronte. Will e Isabel abren las mochilas: cuatro vasitos y una botella de líquido transparente. Era una sorpresa, me habían dicho: un licor de Yorkshire hecho con enebro, de esos que te quema la garganta. Para ver estas estrellas no hacía falta haber subido hasta aquí. Ellos se toman cuatro seguidos. Yo me paro al segundo, el efecto es el mismo.

 Ahí estamos los cuatro, echados sobre el césped. Mirando al cielo en una isla no conocida precisamente por sus observatorios astronómicos. ¿Quién dijo noches de cielos claros?  Richard ha debido leer mi mente:

-Dentro de todo, la costa este que corre paralela a donde estamos, el Parque Nacional de los Páramos del Norte de Yorkshire, como sabéis, es de los mejores lugares para ver estrellas. - parece un verdadero profesor. Se hace un silencio, y sigue- Dicen que en algunas circunstancias, de septiembre a marzo, se puede ver desde aquí hasta la Aurora Boreal... aunque claro, lo mejor es ir hacia el norte, a las Shetland. Pero para estrellas, el bosque de Dalby o los acantilados de la costa entre Saltburn y Scarborough pueden ser una fiesta: ¿os animaríais a ir otro día? 


Nadie contesta. No puedo hablar por los demás, pero yo estoy tirando a hipnotizada (enebro e inmensidad allá arriba mediante). No quiero pensar en nada, solo que siga hablando. Si este momento tuviera banda sonora sería "Starman".

There's a starman waiting in the sky
He'd like to come and meet us
But he thinks he'd blow our minds

- Mirad, la galaxia Andrómeda es el objeto más lejano que se puede ver a simple vista desde los páramos. La doncella encadenada. Está a dos millones y medio de años luz... ¿veis, parece como unos rayitos así muy tenues bajo aquella constelación zigzag que es... Casiopea, otra galaxia espiral, similar a la nuestra, con 300,000 millones de soles y la tira de planetas.

 Richard se para un momento. Casiopea: siempre me gustó ese nombre, siempre me gustaron los nombres griegos, sus sonoridad: Cassandra, Calíope, Hipatia, Atenea, Hermiona, que suena un poco como Mariona... 

There's a starman waiting in the sky
He's told us not to blow it
'Cause he knows it's all worthwhile
 

  -Sabréis que las lluvias de meteoritos pasan en épocas definidas del año, por ejemplo, las Perseidas en agosto, las Oriónidas en octubre, las Leónidas en noviembre y Gemínidas en diciembre. Pero hoy lo que podemos ver -ya habréis visto alguna, ¿no? - es un montón de estrellas fugaces, causadas por detritus de cometas y asteroides cuando se chocan con la atmósfera terrestre, haciendo que se evaporen.

 Había que pedir un deseo, al ver caer una - y yo he visto millones en los eternos veranos de mi infancia. En aquel pueblo de vacaciones, por las noches, jugábamos a la goma o al descanso, o lo mejor, a polis y cacos con linternas por callejones oscuros, e incluso hacia la huerta. Si me tocaba con la amiga adecuada, que se atrevía a alejarse lo suficiente, llegábamos hasta el molino y nos echábamos junto al río a mirar el cielo. En la adolescencia, nos reuníamos en una casa vieja deshabitada, "la peña". Allí se hablaba, se jugaba al Trivial toda la noche, al póker de dados, se aprendía a beber y a besar.  Yo seguía queriéndome escapar de esas cuatro paredes para ver las estrellas y sentir lo mismo que siento hoy: que nada importa, en realidad, tanto.

I had to phone someone so I picked on you
Hey, that's far out, so you heard him too
Switch on the TV, we may pick him up on channel two

-Cuando miro al cielo una noche, pienso en cuánto han cambiado las ideas de las personas que lo han mirado décadas, siglos, milenios antes que yo -este es Will, que me ha devuelto con su voz a los páramos, a través de los años y los kilómetros.

-Cierto -dice Richard- la mayoría de las culturas antiguas vieron imágenes en las estrellas del cielo nocturno, pensando que estábamos en el centro del universo. Todo revolvía alrededor de nuestro pequeño planeta: por él ocurría todo, salían y se metían las estrellas. Las más lejanas dibujaban animales, dioses o personas gigantes en el cielo. Eran distintas según las estaciones. Hacían crecer a los animales, traían lluvias, decían a la gente si era bueno cultivar o casarse o matar a los animales. Decidían tu vida.

Ahora estoy en segundo de BUP, en latín con aquella profesora bajita y parlanchina que nos contaba historias de la mitología al final de cada clase. Como que Hefesto creó el escudo de Aquiles, sobre el cual hizo la tierra, el cielo y el mar, el sol y la luna, y todas las constelaciones. O que en el siglo V a.C., ya la mayoría de las constelaciones se habían asociado con mitos, y las estrellas ya no se identificaban simplemente con ciertos dioses o héroes, sino que se percibían como divinas. Recuerdo cuando nos hablaba de Ptolomeo de Alejandría, el primer catalogador de estrellas o de que, aunque usamos sus nombres latinos, los mitos detrás de las constelaciones se remontan a la antigua Grecia. Aquella profesora era una cuentacuentos nata, como lo debían ser aquellos griegos que empezaron a inventarse historias mirando al cielo en las noches de Creta o el Peloponeso.

Look out your window, I can see his light
If we can sparkle he may land tonight
Don't tell your poppa or he'll get us locked up in fright

-Los planetas. Primero Mercurio, solo 116 días por año; cuando morías, te enseñaba el país de los muertos. Venus, que te hacía enamorarte del primero que pasara por la calle. Marte, el dios de la lucha, joven y loco. Júpiter, el más fuerte de todos los dioses y su padre, Saturno, que controlaba el tiempo...

No sé cuánto tiempo pasa hasta que comienza a hablar de nuevo, he perdido la noción del todo y de todo. Entonces nos cuenta que, hace un par de noches fue el solsticio de verano, la noche más corta del anio. Y yo caigo que, precisamente, esta es la noche de San Juan. Richard habla de la magia asociada al solsticio y yo siento nostalgia (¿se puede tener nostalgia de algo que nunca se ha tenido?) tremenda por la noche de las brujas en una playa. ¿Por qué no fuí a La Lanzada -donde has de nadar siete olas-, aquella vez? Re-escribo: nostalgia de una noche de San Juan en una playa sin nadie: ¿eso existe? Esto son unos páramos perdidos al norte de Europa, pero lo importante: estamos solos. Richard está hablando de Stonhenge, donde se celebra en esta isla el solsticio: hordas -luego, no iré- de hippies abrazando las piedras. Parece que uno de los objetivos de los qu elo construyeron, hace 2500 anios, era crear un reloj o calendario, ya que alinearon las piedras cuidadosamente con los movimientos del sol. Aunque los cambios graduales de la precesión del eje rotacional de la tierra supone que los antiguos no veían el mismo cielo que se ve hoy.

 La entonación que ha usado Richard también es de cuentista, no se la había escuchado antes. No sé, de nuevo, si será el enebro, pero he sentido que me acunaba, que iba acompasada con el bum-bum de mi corazón. Luego sabré que lo que ha pasado se llama "pentámetro yámbico", un tipo de verso muy usado por Shakespeare. Cada uno suele estar compuesto de dos sílabas, no acentuada y acentuada, sin rima, y suena algo así como "da DUM da DUM da DUM da DUM". Es muy reconfortante: el galope de un caballo, o el retumbar de tambores de procesión dentro de tu caja torácica. Y así me encuentro, siguiendo su ritmo con mis dedos sobre el esternón. da DUM da DUM da DUM. Y Starman, claro.

Ruido de vidrio me devuelve a la noche a ras de suelo de los páramos. Isabel está sacando la otra botella y aunque es obvio que no lo necesito, bebo como los demás. Enseguida se ha roto la magia del espectáculo sobre nuestras cabezas, la mitología en clase de latín, las noches en el molino a reventar de estrellas fugaces.  Todos nos estamos riendo de un juego de palabras ni tan gracioso: es la fase en la que todo es hilarante. Lo siguiente es Will aullando,  Richard sobre él, pretendiendo reducirle, e Isabel llenando los vasos de nuevo. El licor es impresentable: ya no hay duda. Estado liminal, en el límite, en la barrera entre la desinhibición y el intento de control, gana la primera:

 -¿Sabéis una cosa? - les digo. Y ellos paran el forcejeo y se vuelven a sentar- He empezado a escribir.

Y dejo la frase ahí, a ver qué pasa. Como si supiera que eso iba a desencadenar algo. Como si no hubiera tenido elección, porque algo me decía que eso era la llave para abrir cosas. También aquel candado que alguien me regaló para Navidades. Pero tic-toc, tic-toc, interminables, no sé, ¿cinco segundos? Y solo se oye una lechuza y las ramas y los grillos y  cuando ya es insoportable, Isabel dice:

 -¿Por qué? ¿Por qué ahora? - ¿es agresivo, o me suena solo a mí? Como si la estuviera ofendiendo por algo, como si tuviera ella el monopolio de la escritura de Banderley. 

- Porque este último año ha sido... em, duro. La escritura me habría ayudado a entender por qué ha sido tan difícil.

 -¿Has escrito antes? -pregunta Will.

 -Sí, siempre he escrito, pero al llegar a Banderley cometí el error de no seguir. Estaba sobrepasada por todo, sin tiempo de nada. Bueno... excusas y un error.

 -¿Y para quién? - sigue Will. Y se da la vuelta sobre el césped hacia mí, sujetándose la cabeza con el brazo. Isabel y Richard siguen de espaldas mirando a las estrellas.

 -He escrito muchas cartas, y luego algún texto suelto para revistas en la uni. El resto, escribía para mí. 

 -Si no publicas, si no compartes, no eres escritora - dureza en la voz de Isabel, que no se ha molestado en mirarme.

 -Es que yo no quiero ser escritora, yo quiero escribir - le contesto, incorporándome. 

- Tener la valentía de dejarlo ir, que no sea solo tuyo. Que pase a ser de otros, que harán con ello lo que quieran. Y se transformará en otra cosa: de eso va escribir. 

 -Gracias, Isabel por la breve intro a la filosofía de la escritura -le digo, igual un poco agresivamente- Pero mepregunto por qué cada vez que he sugerido hacer un taller de escritura en Banderley, o se cambia de tema o alguien me quita los carteles.

 -¿Estás lista para una historia? -dice Will

 -Will... -le reprocha Isabel, que se acaba de sentar. 

 -¿Qué pasa? Mariona ya puede saber esto... es una de los nuestros. 

"Gooble Gobble Gooble Gobble
We Accept Her
We Accept Her
One of Us One of Us!".

 "She's one of us, she's one of us", pienso. Otra freak, como ellos. La escena de "La parada de los monstruos" destierra a Starman de un plumazo. Gooble Gobble Gooble Gobble. Soy una de ellos, una de ellos, una de ellos...  caigo de nuevo sobre mi espalda y vaya: a la vez que yo, cae una estrella fugaz. 




10 octubre 2021

"Viridiana" o fetichismo, necrofilia y vértigo existencial: Alguien da más para una noche de viernes?

 Sostenía yo en el pasado que el psicoanálisis era una patraña como intervención potencialmente curativa o incluso paliativa, y exhortaba a que se limitara al arte. Pero con el paso del tiempo, para mí ha acabado interfiriendo ya hasta en literatura y/o cine, y he de mirarme obras que incluyen interpretaciones psicoanalíticas con la distancia de quien ve burradas del pasado "que hay que poner en su contexto histórico", e.g. no censuremos "Lo que el viento se llevó", usémoslo para enseñar a los niños de dónde vienen los problemas raciales en los EE.UU. por ejemplo. Me fastidia esta situación -yo era más feliz cuando no pensaba en esto- porque el otro día consideraba si "Rayuela" me gustaría tanto ahora como con 20 (no lo he releído, aparte del maravilloso capítulo 93, que me sigue pareciendo maravilloso), pero al leer hace no mucho 62, modelo para armar, algunas de sus pedradas psicoanalítico-surrealistas me chirriaron. Pero debo ser yo (no sós vos, Julio, soy shó), que me estoy haciendo mayor.

El surrealismo es, como todo el mundo sabe, una corriente artística y literaria de principios de SXX, según la rae "que intenta sobrepasar lo real impulsando lo irracional y onírico mediante la expresión automática del pensamiento o del subconsciente". En una misma frase, irracional, onírico, subconsciente: amartillo el revólver. Así que ninguna sorpresa cuando André Breton en su "Manifiesto del surrealismo" de 1924, cita al Tío Sigmund como una de sus influencias. A partir de ahí, todo es posible: el surrealismo y el psicoanálisis están muy unidos. A ver, en artes plásticas (vs. literatura) no me chirría tanto: el Magritte con la Granny Smith en la cara no me ofende, un teléfono con una langosta, sea, y siempre me han gustado fotógrafos como Man Ray o aquí hablé de la exposición de Dora Maar. Pero en cine, el tema es que además de lo visual, tienes la narrativa, y aquí es donde se me meten los fantasmas de Lacan y Jung y Klein y por supuesto Dr Fraud, y dudo. Uno de los mayores representantes del surrealismo en cine es Luis Buñuel (cómo olvidar la escena de Un perro andaluz (1928) -colaboración con Dalí -con la que siempre me tapo los ojos ) y, por fin estoy llegando al punto que intentaba hacer desde la primera línea: este finde he visto "Viridiana".

Vale, me ha costado dos párrafos, pero es que tenía que introducir mis dudas sobre la narrativa (o más bien interpretaciones del) surrealismo antes de meterme a hablar de "Viridiana", una de esas pelis que una no recuerda si se vio en otra vida. Muchas escenas nos son familiares, tal vez porque han sido usadas repetidamente para ilustrar desde el fetichismo hasta los males del capitalismo y del franquismo. Hay que decir que los simbolismos que usa Buñuel se ven pelín básicos (un gato saltando sobre un ratón, en esta encerrona universal que es esta peli) hoy en día, pero volvamos al contexto, igual no haya que rasgarse las vestiduras al ver que el guionista de "Buñuel y la mesa del rey Salomón" escribió: “Buñuel era un misógino convencido, como todos los surrealistas. Su imaginación era desbordante, pero en lo personal era tremendamente convencional". Le excusa ser hombre de su tiempo? Desde luego no a los misóginos del día de hoy. Al lío:

Cámara, acción: un señor mayor rico pide, vía la Madre Superiora, que su sobrina novicia Viridiana vaya a verle para despedirse. Ella es una rubia tipo las que le gustaban a Hitchcock (otro que le daba también a la imaginería simbólica), pero cándida y muy santa. El tío, Don Jaime,  interpretado por Fernando Rey es un absoluto creep y no encuentro palabra exacta para traducirla al castellano: el verbo "to creep" significa trepar, arrastrarse, deslizarse, moverse con lentitud. Algo así como haría una serpiente o un animal untuoso, asqueroso. Creep además en inglés tiene la connotación de que da miedo, "creepy", y exactamente eso es este Don Jaime.  El tercer personaje principal representa lo contrario, la falta de represión, es el hijo bastardo que aparece más tarde, Jorge, interpretado por un joven Paco Rabal guapísimo y... qué voz.  Pero no hay que esperar a Jorge, cuando Viridiana llega a la mansión, ya empieza el festival surreal.

Uma Thurman en aquella gran escena de Pulp Fiction
Comparte Buñuel su fetichismo de los pies y los zapatos con otros como Berlanga y Tarantino. En Viridiana, los pies están presentes del principio a fin -es más, dicen que filmó setenta planos con pies, algunos eliminados. Hay pies de niñas saltando a la comba, hay pies que caminan, hay pies colgando, Jorge se lava los pies en un barreño, y por supuesto, lo más evidente, está el creep adorando un zapato de tacón fino, y finalmente poniéndoselo. Buñuel decía -en la línea también de Berlanga- que a él estas cosas le interesaban pero no por ello las ponía en práctica: lo veo plausible, cada uno aúpa con sus fantasías sexuales y fetiches, que no tienen porqué ser representados o "performados" luego.

"L'age d'or" (1930): Lya Lys chupa el pie de una estatua
"Yo no soy fetichista del pie, pero en muchas películas mías sale mucho el pie. Algunos críticos me llaman "pedófilo"... Ya desde La edad de oro, donde la protagonista chupaba el dedo gordo del pie de una estatua... Todos somos un poco fetichistas. Aunque algunos exageran... Puedo tener esa obsesión, como la de los insectos... En realidad, los pies y los zapatos, de hombre o de mujer, me dejan indiferente. Me atrae el fetichismo del pie como elemento pintoresco y de humor. La perversión sexual me repugna, pero puede atraerme intelectualmente".

Pero ahí entran los del psicoanálisis y las interpretaciones: que si Buñuel usa el pie / zapato como simbolismo  de "un amor que no puede ser consumado". En serio? Tenéis un problema si creéis que vuestra interpretación es lo real (a mí, en otro contexto, me han desmontado una interpretación porque la suya era la "válida"). Sobre todo, tenéis un problema porque no se puede ni podrá demostrar. 

Con Berlanga también comparte el interés por el sadomasoquismo (esa imagen de Catherine Deneuve atada en "Belle de Jour"-Es bella como la muerte y fría como la virtud”, dijo de ella), que no está tal vez demasiado presente en "Viridiana", porque al final este Don Jaime tiene que drogar a Viridiana para poder llevar a cabo otro de los intereses sexuales del director, la necrofilia. Esta escena es de lo más perturbadora (no hay contexto que valga, lo he intentado), y además no es anacrónica: no solo aún pasa el que te puedan echar algo ("spike") en una bebida en un bar, sino simplemente el que estés tan inconsciente tras haber bebido en lo que tú creías era una noche de juerga, que acabes siendo una Viridiana más, sin el vestido de novia ni el glamour de la mansión, en manos de cualquier tío que no ha entendido -o que se pasa por el forro- lo del consentimiento sexual, caballo de batalla de #Metoo, y del que hemos divagado ad nauseaum en este blog. 

El creep y su necrofilia 

Y no olvidemos otra tercera obsesión:  el voyerismo (la criada- con quien el creep se relaciona de una manera despótica, escuece verlo-  espía por la mirilla a Viridiana para contárselo al señor).  Buñuel explicó que le viene de mirar por los agujeros de las casetas de baño playeras en Donosti (vuelvo a inspirar). Fwd: el otro día escuché con nuevos oídos una canción que nos parecía tan normal en los 80 ("no sé lo que me pasa últimamente/no dejo de espiar a mi vecina de enfrente"), y fwd aún más, por poner una nota positva a este párrafo: por lo menos el "upskirting" (fotografiar desde debajo de la falda a alguien sin su consentimiento) es ahora delito. 

Otro de los temas subyacentes de la peli donde abunda la imaginería simbólica es el religioso (para empezar el título toma el nombre de una santa medieval). Buñuel estudió en los jesuitas de Vetusta -no hay más preguntas- y decía que era "ateo por la gracia de Dios".  Viridiana se lleva del convento no solo un crucifijo XL, sino también una corona de espinas (que en un punto arde: "simbología al alcance de todos"). Y claro, luegos nos preguntamos porqué los anglosajones piensan que los católicos están todos obsesionados con el sexo y follan como locos impulsados por la represión de siglos. [Nota: en primera escritura, me ha salido "los católicos estamos obsesionados con el sexo" (los actos fallidos), tal vez porque a mí ya me han dicho más de una vez los ingleses aquello de "una vez católico, siempre católico", al explicar que intento que el catolicismo no tenga nada que ver conmigo, que yo soy -ex (tienen hasta expresión, "lapsed catholic")]. Pero divago. Nosotros los divagantes ya sabemos que esta generalización no es cierta, pero quién puede culpar a los extranjeros que se han visto todos los ciclos de Buñuel: en concreto, esta película es un festival del tema que toca todos los tropos del catolicismo: la monja virginal incorruptible, que acaba siendo corrompida (ningún católico me ha dicho que se lo quiera montar con una monja, pero anglosajones, sí), la caridad cristiana con el grupo de indigentes que acaban liándola parda (y dando esa gran imagen de "La última cena", abajo), la culpabilidad sin haber hecho nada malo (y en el caso de Viridiana, intentando redimirse salvando a la panda de mendigos),  el otro crucifijo que se convierte en navaja, el pecar solo con la cabeza ("te ofendí solo con el pensamiento", le dice el creep a Viridiana cuando al final no la viola-cómo son estos católicos, pecar solo por no poder sacar al oso blanco de sus mentes). 

Al censor le gira 360 la cabeza con esta escena

La peli fue la primera que filmó en Espania Buñuel tras 20 años de exilio en México (en 1961),  producida por el marido rico de Silvia Pinel (la actriz que interpreta a Viridiana) junto con la productora española UNINCI (su dirección estaba bajo comunistas como Juan Antonio Bardem). Tras varias aventuras, Viridiana co-ganó Cannes (la única peli española hasta la fecha) pero creían que la poli es tonta, el diario oficial del Vaticano la encontró blasfema y fue censurada (cuando le preguntaron a Buñuel si tenía intención de blasfemar con la peli, lo negó añadiendo "pero el Papa Juan XXIII sabe más de esas cosas que yo", me encanta), y no fue vista en España hasta... 1977. Este tema de las prohibiciones siempre me ha fascinado: no hay nada para ciertas personalidades como que te prohíban ver o leer algo - hasta hay una entrada cuando el divlog era baby -cuando yo aún tenía el don de la capacidad de síntesis, ya perdido y sin solución, parece- dedicada a mi relación con "los libros prohibidos". Pero qué prohibir? Dicen que cuando Franco la vio en pase privado pensó que era "una sucesión de chistes baturros".

Y un par de notas antes de terminar, la primera sobre aspectos formales: la peli, en blanco y negro por supuesto, está tan bien fotografiada que solamente por eso merecía la pena verla. No es fácil iluminar escenas nocturnas: aburrida de ver pelis que se ven fatal. Aquí es fotograma tras fotograma perfecto. Por no hablar del coro del Aleluya del Mesías de Handel de fondo,  una maravilla, en particular en las escenas anárquicas y enloquecidas de los mendigos. 

La segunda es sobre la desesperanza, el pesimismo que en el fondo recorre la película: hay una escena, basada en una observación de Buñuel,  en la que Jorge ve a un perrito atado a una carreta, obligado a correr tras ella y al ser enfrentado a esta crueldad, se lo compra al carretero.  Enseguida, la cámara se gira y enfoca a otra carreta con otro perro atado de la misma manera, sufriendo lo mismo.  Cual es el punto de salvar a un perro o, igualmente a un grupo de mendigos como intenta hacer Viridiana, si hay tantos en el mundo? Esto da mucho más vértigo existencial que ningún crucifico-navaja o que gente chupando pies: claro que esto, como todo lo importante, se le escapa como siempre al Vaticano. Y a los psicoanalistas, que seguro que lo interpretan como la obsesión de Buñuel por su guapísima madre viuda. 

08 octubre 2021

Nara: No hay manera

 Deberías saber que lo que hiciste hace hoy un año no estuvo bien, Nara: nos rompiste el corazón. Eso sí, tuviste a bien dejarnos a tu fanstasma, al que sigo viendo recorriendo los lugares donde contigo fuimos felices. Aquí en Londinium es Brixton o la ladera de Brockwell Park donde te revolcabas por el césped y por la nieve; en Vetusta  es la tirolina, o la terraza o por el canal; en Barcelona hay tantos sitios: en tu esquina de la casa de los Jekes, paseos por El Born donde te sacaban agua en las terrazas, en las tiendas de el Paseo de Gracia y por supuesto, en La Central de Mallorca donde plantabas tu corpachón en el pasillo más transitado, obstaculizando al personal; en Bellver, encontrar por la mañana que te habías subido a dormir a una cama, nadando en las pozas del Salt del Molí, o en cualquiera de los paseos a Pi o a Talló.

Todo el mundo sabe que tú y yo teníamos una conexión especial y todo el mérito fue tuyo: no sé porqué te fijaste en mí. Nada más verme, venías a poner tu cabeza sobre mi pierna, y yo entonces te pasaba mis dedos por la frente, desde los ojitos para atrás y te decía en mi terrible catalán las cosas que aprendí de la Yaya: "petita bonica". Qué felicidad solo recordarlo. 

Han pasado muchas cosas este año que no has estado aquí, algunas malas, otras muy muy buenas, que tengo muchas ganas de contarte cuando te vea por ahí - yo estoy atenta. La última vez fue este verano: estábamos en Bellver con los Jekes (sí, los que te tenían secuestrada, tú y yo sabemos que habrías querido venirte conmigo) y aquella noche terminamos, tras un par de jarras de sangría, en una verbena popular. Entonces sonó tu canción, que lo es porque yo no la conocía hasta que Fashion me dijo que eras tú. Y vaya si lo eres, reina: no podemos vivir sin ti. 


Yo me quedo para siempre con mi reina y su bandera

Ya no hay fronteras

Me dejaré llevar

A ningún lugar


No puedo vivir sin ti

No hay manera

30 septiembre 2021

"Behave" ("Compórtate") de R. Sapolsky: Leer esta entrada elevará tu dopamina, activará tu amígdala y sacará al pequeño primate torneo que llevas en ti

 

Armamentarium
para leer "Behave"
"Compórtate. La biología que hay detrás de nuestros mejores y peores comportamientos" de Robert Sapolsky (2017) es un libro imprescindible. El problema: no me puedo embarcar en una recensión como merece para explicar el porqué - ya se sabe cómo terminan esos proyectos- así que intentaré algo sucinto y a ver dónde nos lleva. 

Antes de nada, un par de avisos para nave(diva)gantes: el libro no se lee en un fin de semana. El Peda me regaló este ensayo para mi cumple en primavera tras escuchar una entrevista a Sapolsky, un catedrático de biología y neurología en Stanford, y lo he terminado ahora, finales de Septiembre. Hice una parada durante el verano porque pesaba mucho para llevármelo para un par de capítulos que me quedaban - son casi 800 páginas en inglés (en castellano serán bastantes más, vuestra manía de rizar el rizo). Luego: es un libro en teoría de "divulgación" pero si no tienes algún conocimiento de neuroanatomía o fisiología, igual has de imprimirte un "pinta y colorea" del cerebro para seguirlo y hacerte un par de mindmaps. Solventados estos dos pequenios temas ("enter at your own risk"), de los que os he avisado como el blog amigo que soy, ya todo sobre ruedas. Empiezo.

Recuerdo la primera página del "Sapiens" de Harari (uno de los ejemplos del arriba citado "ya se saben cómo terminan estas cosas") cuando leo la primera de Sapolsky y su planteamiento. Harari, historiador, se da un paseo cronológico por las ciencias: del Big Bang (esto es Física), a los átomos y moléculas (coalescencia de sustancia y energía, esto es Química); y a moléculas que se combinan para dar organismos (esto, Biología) y, por fin, organismos>especie>Homo Sapiens que forman culturas (esto lo estudia la Historia). Sapolsky nos hace un resumen que me ha recordado a esto, sobre cómo va a explicarnos el comportamiento humano, también cronológicamente. Veamos, un comportamiento ha ocurrido y la pregunta es:

  • ¿Qué ocurrió en el segundo antes? La primera categoría explicativa va a ser la neurobiológica, el estudio del sistema nervioso. 
  • ¿Qué ocurrió en los segundos o minutos previos que provocó que el sistema nervioso produjera ese comportamiento? Este es el mundo de los estímulos sensoriales, muchos de ellos percibidos inconscientemente. 
  • ¿Qué hormonas actuaron de horas a días antes para alterar la sensibilidad de tu sistema nervioso a tales estímulos? 
  • Y sigues expandiendo: qué pasó en tu medio ambiente las semanas, los meses, los años antes, que cambió las estructuras de tu cerebro para que las hormonas respondieran así a esos estímulos sensoriales?
  • Y qué pasó cuando eras un feto, qué influencias en tu neurodesarrollo sufriste en útero, y cuales estaban "escritas en tus genes"?
  • Y por fin abres aún más el objetivo: cómo la cultura ha modelado el comportamiento de un individuo según el grupo en el que vive, desde hace cientos y miles de años?
Así está organizado el libro, empieza con lo más árido -Sapolsky no hace concesiones para engancharte: el primer capítulo es pura neuroanatomía- y a medida que va avanzando ya se va suavizando con las ciencias sociales, psicología, cultura, y es mucho más accesible. Pero él va a estar haciendo referencia continuamente a conceptos anatómicos y fisiológicos de los primeros capítulos, por tanto hay que ir en orden. 

Neuroanatomía para divagantes 
Ya vais a ver qué fácil os explico las tres partes del cerebro (pero tened en cuenta que lo del "cerebro triúnico" nos sirve como metáfora, pero como concepto científico ya está superado):  
  1. una parte (en naranja) ancestral, llamémosla "reptiliana" (troncoencéfalo y cerebelo), donde se encuentra las funciones automáticas del cuerpo (control de la temperatura, músculos, esas cosas), 
  2. el cerebro emocional (en verde), llamémoslo "mamífero", es es "sistema límbico" (y contiene la amígdala, el hipotálamo y el hipocampo) donde se originan las emociones, y
  3. por fin el neocórtex (en azul) que hace pensamiento abstracto y complejo. 

Tú, yo y mi sistema límbico
Es mucho más complicado que esto, por favor no se tome literal. Pero una nota sobre la amígdala, ese interesante órgano con forma de dos almendritas que es crucial para entender nuestras respuestas de miedo y ansiedad. Si ves algo que te asusta (no sé, una paloma?), la amígdala va a hacer un respuesta "fight or flight"  (lucha o huída) mediada, por supuesto por neurotransmisores (a alguien le suena cortisol? adrenalina? si no, ya tardan en leer Serial, esa amable y accesible divulgación) Ahora, si la amígdala está continuamente amenazada por estreses imaginarios (ejemplos de miedos justificados: 
serpientes y depredadores en la saban o las palomas en Trafalgar Square), como hipotecas y aviones cancelados, contra los que no podemos ni luchar ni de los que huir, acabamos histéricos y  esto afecta a nuestra salud.  Y no solo ansiedad, también agresión: estimúlame la amígdala y voilá: cabreo y cositas desagradables pasan-lo cual abre una caja de Pandora sobre el tema legal, en el que no entraré. 

Como hemos dicho, la corteza cerebral (azul) es la responsable del pensamiento complejo, es "el adulto en la habitación", la parte del cerebro responsable de planear a largo plazo, de tomar decisiones estratégicas, de regular las emociones, resistir impulsos (recordemos el entrañable experimento de los marshmallows) y otras tareas abstractas y complejas, propias de humanos. Sapolsky dice que "te hace hacer lo difícil, cuando es lo que toca hacer". Este concepto está machacadísimo desde el Tío Sigmund (el "superego" que intenta dominar al pobre "ello" y sus bajos instintos animales) hasta Estopa ("hay un demonio que siempre me dice pruébalo / y un angelito que me dice quieto y reza, / a quién hago caso de los dos?). Pero básicamente, cuando está dañado el lóbulo prefrontal, esto nos va a hacer muy desinhibidos, nos va a quitar los frenos: por ejemplo, la agresión que se originó en la amígdala no va a ser filtrada y frenada.  

Dopamina: Todos queremos más
Uno de nuestros neurotransmisores favoritos, porque nos hace sentir bien, es la dopamina, y tenemos en el cerebro cuatro "autovías" que forman el "sistema de recompensa de la dopamina".  Comer y tener sexo libera dopamina- es más, PENSAR en tener sexo libera dopamina. Leer los divagues también, así que no os desviéis. 

Curiosamente, la cantidad de dopamina liberada es directamente proporcional a nuestras expectativas, y si te dan el doble de lo que creías, wow, subidón de dopamina; si te dan la mitad de lo que esperabas, meh, un miserable aumento de dopamina y si te dan justo lo que esperabas? Pues no gran cosa, otro meh. Y esto explica por qué nos aburrimos de la rutina: 
"Lo que era un placer inesperado ayer es lo que creemos que es nuestro derecho hoy,  y lo que no será suficiente mañana". Cuando aprendemos que un comportamiento va a dar una recompensa, empezamos a liberar dopamina antes del comportamiento, no después de la recompensa. Según Sapolsky (y la ciencia), somos más de la anticipación y la búsqueda del placer que de la experiencia de él. Quién no ha mirado mil veces su email esperando ese correo? O esa actualización de d&d? :)


De puntillas
Hay capítulos de hormonas (los sospechosos habituales, testosterona, oxitocina, glucocorticoides) interesantísimos (una vez más: las hormonas y otros factores biológicos no es que causen un comportamiento sino que modulan y alteran el límite para que un factor del ambiente lo cause) . Y recordemos: biológicamente, amor y odio intenso no son muy diferentes - lo que sí lo es, la indiferencia. Otros sobre las influencias tempranas del feto y el bebé (buenas noticias: el cerebro se recupera más de lo que se pensaba de adversidades como el abuso). De neuroplasticidad. Del cerebro adolescente -solo diré el título: "tío, dónde está mi lóbulo frontal?"- que igual te reconcilia momentáneamente con el bicho que tienes en casa (dije momentáneamente: aunque te enternezca un poquito ver que su lóbulo prefrontal no puede hacer eso de la regulación de los impulsos emocionales y el rechazo de sus pares, enseguida con la siguiente interacción se te olvida y quieres estrangularlos igual). 

Epigenética
También fascinante el capítulo de la epigenética. Porque los genes no significan determinismo, como se cree ahí afuera. La mayor parte de nuestros rasgos no están causados por los genes sino influenciados por ellos. Nuestro ambiente juega un papel crucial en cómo esos genes se expresan. El mismo gen puede tener distintos efectos depende del ambiente, por ejemplo, el gen 5HHT quita serotonina de las sinapsis y aumente el riesgo de depresión solo si has tenido un trauma en la infancia (esto es el medio ambiente, que ha interaccionado con el 5HTT).

La evolución del comportamiento
Aquí he de ser honesta: este capítulo no es una lectura refrescante veraniega. Todos conocemos la teoría de la evolución (que no es teoría, joder, que simplemente Es) con ejemplos simpáticos como las jirafas y sus cuellos. Pero aquí estamos hablando de usar a Darwin para explicar cambios de conducta, por qué ciertos comportamientos prevalecen, porqué algunos se extinguen. Tela. 

Lo primero, la evolución no es el famoso "survival of the fittest", sino pasar copias de genes, tema reproductivo ("pleiotrofia antagonística" son ragos que mejoran su músculo/fuerza reproductora, no tu longevidad). Los genes han sido moldeados tanto por selección natural (genes> rasgos que nos ayudaron a sobrevivir tenían más probabilidades de transmitirse) como por selección sexual (genes> rasgos favorecidos por el sexo opuesto). 

Y hay tres principios sobre la evolución del comportamiento, a saber: la "selección individual", la "selección de parientes" y el "altruísmo recíproco". No insistan: no me voy a meter en el berenjenal de explicar esto porque es fkin complicado y Sapolsky se ha ayudado de Teoría de Juegos con el Dilema del Prisionero y bueno, not tonight, babies. 

Hagan sus apuestas:
quién es torneo y
quién es vínculo de pareja?
Pero como ser superficial y frívolo, lo que sí os voy a contar es lo 
más curioso de este capítulo: cuando habla de los dos tipos de especies en animales, las de "vínculo de pareja" y las de "torneo". 
    • En el primer grupo, "vínculo de pareja", los machos y las hembras no difieren entre sí demasiado físicamente. Hay bajos niveles de agresión entre los machos. Casi todos los machos se reproducen unas pocas veces y eligen a sus parejas. Y se involucran en el cuidado de las crías (luego las hembras les seleccionan por esto mismo). Son los gorditos, los Héctores del mundo animal?
    • En el grupo "torneo", los machos y las hembras son muy diferentes físicamente entre sí (los machos han sido seleccionados evolutivamente por músculo). Hay altos niveles de agresión entre los machos. Solo unos pocos machos hacen casi toda la reproducción, con quien sea y como sea. Tienen mayores testículos y recuento de semen. Una vez que traca, se van y no se involucran en la crianza. Las hembras les seleccionan por genes, ya que nada más van a obtener de ellos. Son los malotes, los Aquiles del mundo animal?
  • Y ahora lo mejor, qué somos los humanos? Estaría bien tener una respuesta para justificarnos unos y otros ("yo no quise, pero es que somos torneo"). Pues no: aunque en principio hay bastante diferencia física entre hombres y mujeres, somos menos similares entre nosotros que especies monógamas, pero más que los polígamos/torneo -miremos los monos esos de la foto. La civilización occidental alaba las relaciones estables, aunque los humanos somos tentados y sucumbimos hacia alternativas en porcentajes muy altos. La conclusión es que no somos clásicamente monógamos o polígamos sino, como dice Sapolsky "flotamos en algún sitio por enmedio del espectro, lo cual nos hace una especie más maleable y resiliente, a la vez que nuestras vidas profundamente confundidas y messy". 
Más barrido
Como he dicho, los capítulos finales son más culturales y hablan de grupos, de cómo dividimos el mundo entre "ellos y nosotros" (y preferimos a los que englobamos en el "nosotros", y somos más prosociales con ellos). De jerarquías & obediencia ("cuando los humanos inventaron el estatus socioeconómico, crearon un sistema de subordinación entre la especie muy superior a lo que ha hecho nunca ningún primate"). De moralidad, de empatía & compasión (ni la capacidad de razonamiento moral ni sentir gran empatía necesariamente se traduce en hacer algo compasivo y valiente). De símbolos y "metáforas por las que matamos" (hay gente dispuesta a morir y matar por valores que consideran sagrados. Intentar entender y respetar esos valores sagrados puede ayudar a la paz-pensemos en Mandela). De guerra & paz y de libre albedrío (en casa, este capítulo nos ha dado para conversaciones y más en concreto, conias marineras que os ahorraré) & el sistema penal. 

Sapolsky dice algo que yo me planteo frecuentemente: "la certeza con la que actuamos ahora les parecerá horrible a las generaciones futuras, y a nosotros mismos en el futuro". Es importante para entender que muchas de nuestras Verdades ahora serán desmontadas en unas décadas. Al final, nuestros peores comportamientos son producto de nuestra biología... pero no olvidemos, los mejores, también. :)

No puedo describir este libro mejor que como un "tour de force". No sé si os pasa, pero yo solo con el índice ya sentía que no podía estar ni un día más sin leerlo. Mi dopamina de anticipación. Espero haber activado la vuestra con el título del divague y al llegar hasta aquí, como ya se habrá acabado el chute tras la recompensa, podéis empezar a pensar en la próxima entrega... 





27 septiembre 2021

Serial 35. Sobre el trastorno obsesivo-compulsivo, la futilidad de intentar convencer y sexo casual en el campus.

Es mi primer día de vuelta a la planta de Cook. Mi primer paciente, un señor de unos 60 con un trastorno obsesivo-compulsivo severo. Es menudo, con los ojos pequeños y lleva una chaqueta fina marrón de abuelo. Sus manos, separadas del cuerpo en "la posición del cirujano", para no tocar nada, ni a él mismo. Toda su vida sufriendo de esta dolencia, una de las más difíciles de tratar en toda la salud mental. Un desorden de ansiedad brutal, que se ha formulado un sentimiento de responsabilidad desplazada. Algo que ni te va ni te viene, pero que debes resolver o eso terrible pasará, y será tu culpa. Con mi paciente, la pesadilla comenzó en la adolescencia: un cristal roto en la acera fue el detonante. Lo dejó atrás en el suelo, pero no en su mente: entonces, la duda. ¿Y si alguien lo pisa y se corta? Y empieza a sangrar, y se infecta. Y sepsis, y muerte. Y hay que volver y coger ese cristal y ponerlo en un lugar seguro. Y lo mismo con los metales punzantes. Y, sin saber cómo, se va extendiendo a tantas cosas: tener que aspirar a la simetría de ciertos objetos antes de salir de casa, luego lavarse las manos hasta la saciedad, más tarde comprobar todos los cajones por la noche antes de dormir. Cuando le diagnostican, aprender que esos comportamientos, destinados a disminuir su ansiedad, se llaman "rituales o compulsiones". Me enseña sus manos, quemadas de lejía: se mete la cabeza entre ellas. Y antes del ritual, la idea intrusiva "lávate las manos", "cuenta hasta diez", "coge ese cuchillo y clávalo", "tírate por el acantilado". Es por estas ideas tan intensas, mezcladas con una depresión por lo limitado de su vida por lo que estaba ingresado. Conclusión: el suicidio, su única salida, no poder ni querer vivir más así.

Normalizo aquello que nada tiene de normal, le trato de dar esperanza -en realidad un vago intento de calmar mi desesperanza-, le cojo las manos con la excusa de recetar alguna crema -pero porque lo necesito yo. Bromeo: “¿qué marca de lejía usa? Le entiendo, a mí también me gusta este olor”. Levanta la cabeza, me mira y se ríe. Cuando esa pequeña magia del humor funciona- no siempre, no en toda situación- es un momento de felicidad personal, por el que merece la pena todo. Entonces me dice que espere, que me quiere enseñar algo, y yo mientras escribo en su hoja de recetas una E45, la crema de todos los males de este país. Vuelve con un cuaderno de espiral cuadriculado, de aquellos que usábamos en el colegio. Lo abre, y me señala: cada cuadrito es un día y dentro de cada uno hay una letra: G, F o B, "Good", "Fair" o "Bad". Lleva 45 años de su vida, cada día, sin falta, escribiendo si su día había sido "bueno", "normal" o "malo". Todos-los-días-de-su-vida. Totalmente enternecida, salgo de la habitación y le subo la dosis de Clomipramina.

El psicólogo que le trata con Terapia Cognitivo-Conductual está hablando con Sister Harding. Intento pasar desapercibida: seguro que no le gusta la idea de que su intervención tenga que ser suplementada con viles inhibidores de la recaptación de la serotonina. Sonrío por dentro fantaseando decirle esta frase. Dejo las notas y salgo de la planta hacia la biblioteca. Pero enseguida:

-Doctora Calleha.

-Sí, Sister Harding ¿Me necesita?

-Me preguntaba si se iba usted ya y no vuelve hoy...

Harding ya no me da miedo, aunque aquella primera noche en la que me pareció la enfermera Rachel del nido del cuco podría haberme hecho un reflejo condicionado de terror para siempre. Pero desde que volví a Kraepelin -también conocida como la-planta-de-Cook-, Harding ha estado no digamos cálida, pero medio humana. Ni ella ni nadie me ha preguntado por qué he vuelto tan de repente. Como si no hubiera pasado nada. 

Su oficina es luminosa y aireada, parece el negativo de la de Cook, toda moqueta y marrones. No había estado nunca aquí. Harding me ofrece un té, no gracias, y comienza preguntándome si querría formar parte de un comité para desarrollar nosequé proyecto de vida saludable: parece que los pacientes se pasan todo el día sentados, no comen fruta, esas cosas. Justo estaba hablando con el psicólogo, me dice, que ha aceptado colaborar. Intenta una sonrisa.

La mayor parte de las veces que alguien te está hablando de lo que sea, lo importante es el subtexto: entender de qué está verdaderamente hablando cuando describe el comité.  ¿Solo quiere que colabore en ese estúpido proyecto de bienestar? ¿Que haga su trabajo? ¿Busca alianzas? ¿Qué quiere, en realidad, de mí? Tendría que entender qué "política de la planta" hay detrás de esto. Contesto obviedades que ella conocerá, mientras intento leer entre sus líneas. Lo primero que le digo es que todos los cambios han de ocurrir en el entorno, no en la mente: convenciendo a la gente nunca se ha cambiado nada. Persuadir puede funcionar momentáneamente para tomar una decisión de cambio, pero lo complicado es seguir con ellos tras un tiempo. Para hacer de un comportamiento un hábito, tienes que lograr meterlo en tu piloto automático. Tras múltiples repeticiones, los hábitos se auto refuerzan.

-Vaya, yo que había pensado que usted les diera una charla... -dice, toda seria.

-Sister Harding, sabe como yo que miles de campañas han fracasado basándose en el principio de que cambiar las creencias de la gente llevará a que cambie su comportamiento. ¿Recuerda el “Cinco-al-día”? (asiente). La gente ya sabe que tiene que comer cinco piezas de frutas y verduras, pero nada ha mejorado con la campaña. La evidencia no apoya que la información cambie comportamientos. La gente ya sabía que fumar causaba cáncer, pero toda esta información no alteró nada: solo el subir el precio, quitar las máquinas... dificultar el proceso. 

-Eso dicen los estudios, pero ¿en qué se basan? Me refiero, ¿en qué proceso mental se basan? - está jugueteando con un boli mientras habla.

-A ver, partamos de que es muy difícil intentar reprimir o controlar los deseos de nadie -Me paro un momento. Debe haber subtexto en lo que le digo, porque me gusta decírselo,  justo a ella- ¿Estamos de acuerdo? Piense en el experimento del oso blanco.

-¿El oso blanco?- pregunta, como si no supiera: no me lo creo, está comprando tiempo. 

-Sí, imagine que le digo "no piense en un oso blanco. Absolutamente: no piense en un oso blanco", ¿qué pasa? - me mira como fastidiada por lo que me va a contestar:

-Pienso en un oso blanco- lo dice avergonzada: ahá, no puede controlar su mente, Sister. Pequeña sensación de victoria, la mía.

-Exacto. Incluso aunque consiga no pensarlo unos segundos, enseguida se vuelve a filtrar. Las charlas no funcionan, tenemos que alterar el ambiente: solo fruta de postre, que no exista la tentación de natillas o galletas, esas cosas. Esto es salud pública: interferir con la supuesta libertad de la gente, ponerles difícil lo que sabemos que es malo. Por "fuerza de voluntad" no se cambia nada, o no se sustenta y recuerde: si quiere hacer de cualquier cosa un hábito, hágalo tan inconsciente y automático como pueda. Y si quiere interrumpir un mal hábito, encuentre maneras de hacerlo más consciente mientras lo realiza.

-Entiendo, pero el problema de estas cosas, o las mismas adicciones, es que las consecuencias negativas son a largo plazo. Sin embargo, inmediatamente, hacer esas cosas es muy gratificante- Se para, me mira y creo que ya sé a qué estamos jugando aquí. Como estoy ganando ya hago la pirueta: entren neurotransmisores!

-Sí, nuestro cerebro responde con dopamina cuando somos premiados, claro: ella ayuda a construir la asociación mental del hábito en nuestro cerebro. Y los premios que experimentas inmediatamente son los que van a ser más útiles en formar hábitos.

-Ya veo, hacer ejercicio y comida saludable, pese a sus beneficios a largo plazo, no producen subida de dopamina -y se queda pensativa- Gracias por la conversación, doctora Calleha...

-Sister Harding... me puede llamar Mariona - y le sonrío. La pobre se queda algo azorada - No creo que me necesite más para el proyecto: implementar los cambios que se requieren es cosa de ustedes, los gestores de la planta. 

Salgo hacia la biblioteca. Me he apuntado para hacer el examen del Colegio en otoño, tengo que empezar a estudiar a diario. Cómo encajar todo esto con el trabajo, las guardias, intentar vivir. Pasarme las vacaciones aquí encerrada estudiando, o en otro sitio, las dos semanas anteriores al examen por lo menos. Y me querían meter en proyectos de vida saludable...

Frente a mí, la puerta enorme, grandilocuente de la biblioteca y al lado, la puerta sin pretensiones de la sala de ordenadores. Entro para ver si ha contestado Wences, que solo mira el correo cuando va a la universidad: no, solo tengo un par de circulares de decanato, qué esperaba. Entonces entra Morgana, como siempre impecable con su vestido negro y esos zapatos salón. Me encanta cómo se pone el eye-liner y, sobre todo, cómo se le queda ahí todo el día. Tras unos minutos de lugares comunes -que incluye la marca de su eye-liner-, me ofrece unirme a su grupo de estudio para el examen y me cuenta qué se hace en Banderley en verano. Parece que hay una paleta de actividades deportivas aún más intensa que en invierno, he de preguntar a Marla, y además, en Serotonina sacan mesas a la pradera, y hay barbacoas, y Richard organiza paseos astronómicos, cuando hay buen cielo. Se me queda mirando, como considerando si me debe decir lo siguiente.

-A veces bajamos unos pocos a Whitby, por la noche... ya sabes. 

¿Ya sé? No sé, pero no se refiere a las guardias.

-O a Middlesbrough -hace una pausa, para ver si sigo, yo asiento- Para... ermm... ¿conocer a otra gente?

Le da un tono medio interrogativo hacia el final, como pidiendo mi aprobación. Me queda clara la extensión del verbo conocer, como se dice por ahí abajo, "en sentido bíblico". No me extrania: siempre me ha parecido curioso cómo se lleva en Banderley a rajatabla la prohibición de relaciones románticas o sexuales entre sus habitantes, todos solos y desarraigados. Y no me sorprende que la norma exista, pero sí que se siga sin fisuras. Me lanzo:

- ¿Cual es el argumento de estas normas tan estrictas aquí? ¿para que no nos desconcentremos? Ya somos adultos ¿no? Y, sobre todo, ¿por qué las seguimos? Porque se siguen, ¿no?

-El argumento es que la cultura del "hookup" aquí, con el estrés y los pacientes, podría ser un cocktail molotov... Todos nos damos cuenta de que es así.

-Perdona, ¿qué es la “cultura del hookup”?

-Bueno, no lo conocerás por ese nombre, pero seguro que en tu uni también ocurría... En los campus universitarios -y Banderley, si te lo planteas, es vida de campus- los estudiantes tienen sexo sin ataduras. Se le llama “hookup” y lo curioso es que tiene una serie de normas sociales muy estrictas

-¿Normas? Yo lo recuerdo como un proceso espontáneo... -le digo.

-Qué va. Tenía una amiga que estudiaba sociología y lo hemos hablado muchas veces. 

-A ver, qué normas?-le pregunto, en Banderley se tienen teorías para todo. 

-El proceso: suele empezar de una manera tristemente tradicional: tú sales a bailar, y el chico que sea sale a bailar contigo. Tú miras a tus amigas, porque es la aprobación del grupo lo más importante... todo va de status, no de quien te guste. 

La miro alucinada. 

-Sí, sí -continúa- Si te gusta un chico verdaderamente no tienes sexo con él, pero te metes en esta carrera enloquecida con otros muchos de los que pasas porque son los que aprueba el grupo.

-De verdad que esto no era así en mi facultad... claro que había historias, pero no estas normas extrañas.

-Sería interesante hacer un estudio cultural comparado... esto es el campus anglosajón. Es como que nos odiamos a nosotros mismos: tener sexo con gente que no te gusta, a los que usas y  que te usan... Y sí, vale, que te usen es malo, pero es mucho peor que nadie te quiera usar... 

Nos reímos. No hay nadie en la sala, pero entonces se abre la puerta y entra el bibliotecario, que coge unos papeles y se va. Y sigue:

-Yo he conocido gente en la universidad que habían tenido sexo con múltiples personas pero nunca, por ejemplo, habían cogido de la mano a alguien: ese grado de intimidad no-sexual es tabú -así como el sexo casual lo era hace una generación. Lo más importante es que la relación no ha de significar nada, y para mostrarlo has de, primero, estar borracho o pretenderlo (el sexo sobrio es un no) y segundo, si en el sexo con alguien a que te importa intentas que el otro lo pase bien, aquí no. 

-Tu amiga la socióloga habló de si esto es positivo para la salud mental?

-Depende. Yo diría que, de toda la gente que estábamos en el campus, hay un tercio que no entran en esto en absoluto pero hay un 15% a los que les encanta, piensan que es parte de la experiencia de vivir en campus en la uni. 

-Qué perfil es este?- pregunto, aunque me lo imagino.

-Bueno, chicos, blancos, heterosexuales, convencionalmente atractivos y los de clase social más alta. Sorpresa no? Las minorías étnicas no están al mismo nivel... hay algunas que son consideradas como con más "capital sexual", ya sabes, las chicas asiáticas y los chicos negros, pero vamos, es un tema de blancos.

-Bueno, supongo que mi universidad era otro planeta, la multiculturalidad brillaba por su ausencia -pienso en el aburrido grupo cuasi-uniforme que formábamos.- Pero me interesa el aspecto género, cómo lo llevaban las chicas? Porque habría también chicas blancas heteros atractivas de la clase alta...

-Sí, había algunas... igual yo - y se ríe- A ver, este liarte con quien fuera, desde el feminismo se veía como empoderamiento: poder explorar y averiguar qué es lo que te gustaba... si te lo planteas, la revolución sexual y el movimiento feminista de los 60 lo que buscaba era que las mujeres tuviéramos oportunidad de hacer las cosas que hacían los hombres. De hecho, se pasó a animar a las niñas a que hicieran suyos rasgos masculinos: que jueguen con robots, y que sean buenas en matemáticas y en ciencias y tecnología. Desde peque, te premian cuando actúas en estos roles masculinos, en que seas un tío...-Morgana se ha ido indignando a medida que dice esto. En esta pausa la interrumpo con el corolario:

-Claro y cuando llegas al campus, tienes que seguir haciendo tuyos estos roles, luego implica meterte en la cultura del hookup ese, como lo haría un tío blanco cuadrado de clase alta, no? Reincides porque lo que siempre te han premiado es comportarte como ellos. 

-Exacto! Bueno, cuando bajamos a Whitby no es lo mismo... ya somos mayorcitos. Aquí hemos superado la aprobación del grupo - y se ríe.

Vuelve a entrar el bibliotecario. Me parece extraño imaginar a alguien como Morgana presionada por el grupo de esa manera. Volvemos las dos a mirar las pantallas del ordenador. ¡Ah, un cuadrito que pone “correo nuevo”!

De: wlinares@kcl.ac.uk

A: mcalleja@york.ac.uk

Estás loca y espero que ese email haya sido una broma, una de tus historias pseudoliterarias que ni como ficción tiene un pase. Por favor, bájate este fin de semana a Londres. Estás muy aburrida allá arriba, ese es tu problema. Esta noche salgo, pero te llamaré a la casa, sé que no estás de guardia.

¿Aburrida? No sabe de lo que habla. Morgana me pregunta quién me ha escrito, mirando mi pantalla. No sabe castellano, pero me molesta que mire. Le hablo de Wences y le quiere conocer. Seguro que hacían buenas migas. Vuelvo a casa y está Sandip en el sofá, con su revista de criquet. No me apetece estudiar, no quiero cocinar, no quiero leer, no puedo pensar en nadar. En una palabra, y como se dice científicamente, no sé qué hacer con mi culo. Eso sí, me embarco en la enloquecida tarea de explicarle a Sandip que si sonase el teléfono y preguntasen por mí, que diga que no estoy.

-¿Por qué?

-Sería largo de explicar. Si no quieres, no cojas, lo dejamos sonar.

-No, puede ser mi primo de York.

-Siempre tu primo de York, y nunca llama.

Suena el teléfono. Parecemos de una comedia de enredo, él lo coge todo tieso y yo de pie enfrente. 

-¿Hola? No, no está aquí, ha salido. -dice en su mono-tono, super-delator. Entonces tapa el teléfono y me mira-Dice que no se lo cree, que te pase. 

Hago gestos enormes de no, no, dile que no estoy.

-¿Hola? No está, tiene que creerme- no he visto nada menos convincente. Pobre Sandip, está pasando un mal rato, pero este ejercicio le va a ir bien para su "Teoría de la Mente"- ¿Quiere que le dé un mensaje? ¿No? Bien, gracias, tenga un buen día. 

-Gracias Sandip -le digo cuando cuelga- en serio, sé que no te ha gustado hacer esto. 

-Hola gente!!!!!!! -el que entra es Richard- Voy a hacer chile-con-carne, ¿os apetece?

-Vale, ¿te ayudo? -estoy con un pequeño subidón tras haberme quitado de en medio a Wences.

-No le pongas mucho chile, a la doctora Calleha no le gusta - dice Sandip, y se empieza a reír de esa manera suya, hacia un lado. 

-Oye Richard, me han dicho que haces unos paseos astronómicos en verano... ¿cuándo es el siguiente? ¿Me puedo unir? 

-Ah, sí, por supuesto... este sábado hay buen cielo, ya te diré. ¿Has visto el telescopio del tejado de Banderley-C? Empezaremos por ahí...