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08 octubre 2026

"La cabeza de mi padre" de Alma Delia Murillo: Que el malismo se pase de moda

 "La cabeza de mi padre" de Alma Delia Murillo ha sido el último libro mexicano de este verano, lo terminé a principios de agosto, justo al llegar a Londinium. Fue recomendación del Náufrago Ro antes de que supiéramos que veníamos a México, y cada vez que lo intentaba encontrar en una librería española, estaba agotado. Por fin, lo compré en la librería Ghandi de Coyoacán. Vengo diciendo que el tema de los hombres como pinches pendejos ha sido generalizado en mis lecturas sobre este país, y el de Alma Delia Murillo no va a ser menos. La otra noche, viendo la peli de Sorogoyen, "El ser querido", en la que Javier Bardem hace de un padre ausente y Victoria Luengo de su hija tremendamente enfadada, recordé el libro de Murillo: padres ausentes los hay en todos los sitios pero en el caso de México, la cifra de estos pinches pendejos es escalofriante. El 50% de los mexicanos vive sin padre.  


Murillo estudió Literatura Dramática y Teatro y después de múltiples trabajos en empresas, ahora se dedica a escribir. Empresas en las que pronto aprende que, como mujer, "no has de ser ambiciosa, ni pedir cambios, sonreír, complacer y hablar en plural de lo que hagas, aunque lo hayas hecho tú sola". A los 40 años, tras soñar que se iba a morir, decide salir a buscar a su padre, que había abandonado a su madre con nada menos que ocho hijos pequeños y se había largado a Lázaro Cárdenas, sin dejar rastro. La autobiografía comienza muy fuerte, con "las siete cosas que hacer en esa zona". 
"La primera es sobrevivir a la pobreza, la segunda es sobrevivir al hambre, la tercera es sobrevivir a la falta de servicios de salud, la cuarta es sobrevivir a la falta de oportunidades, la quinta es sobrevivir a la guerra criminal por el control del aguacate, la sexta es sobrevivir a la falta de educación, la séptima es sobrevivir al narco". 

Aunque justo antes ha dicho algo que me ha robado el corazón: "en este país todos somos hijos de Pedro Páramo". La lectura de este clásico fue una de las razones por las que quise volver a México: 
"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo". 
Y es verdad, Pedro Páramo es el hijo de todos los padres ausentes del mundo. Es Alma Delia Murillo, que no se queda en Rulfo, sino que usa muchas referencias en la novela, desde el  "King Lear"  de  Shakespeare, el "Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé! Golpes como el odio de Dios" de César Vallejo, hasta "La invención de la soledad" de Paul Auster, pasando por "Ordesa" de Manuel Vilas. 

Buah, las referencias le encantan a La Vampira de Referencias, pero hay algo que me gusta aún más, la metaliteratura, y de eso, este libro está lleno. En la primera página ya confiesa que escribe sin mapa ni guía en estrategia narrativa [escritura brújula, también la mía], y plantea el contar cómo empezó todo, que no el principio: "el principio no puedes escribirlo; quién sabe si alguien lo puede escribir". No descubre nada cuando reflexiona que todos escribimos la novela de nosotros mismos, más o menos encubierta, y que para controlar el pánico "hice lo que suelo hacer para controlarlo, me senté a escribir".  Porque "escribe, dice la voz del inquilino que me habita y que me regala la distancia para mirar a través de ella". Y la mirada, cómo la historia puede ser la misma, pero si mueves el lugar desde donde la ves, te das cuenta de que el verdadero milagro es cambiar el punto de vista (?es el destino maldito por quitarnos el padre, o maldito el padre por irse?). Y frases dramáticas de las que me gustan, como que "escribir es un acto mucho más cercano al abismo que al proyector de luces", o algo que me representa: que escribiendo aprendemos a mirar la condición humana. 



Pero, ¿cómo se siente una niña sin padre?  "No te conozco, pero he pasado tanto tiempo contigo, y lo primero fue la vergüenza". Desde las miradas en el colegio hasta cuando se echa un noviete y le pregunta aquello de "qué hace tu papá, qué hace tu mamá". Y, "no tengo papá". Y, el tipo desaparece: parece que a su familia no le gustó que la de Murillo no fuera "normativa", eufemismo actual de "normal".

Tal vez por la endémica ausencia de padres en México, existe veneración por las madres . El Día de la Madre es "un carnaval frenético del fanatismo que no conoce límites", pero  el problema de eso es, como siempre, quien se queda fuera [cómo no recordar el maravilloso "El domingo de las madres" de Swift aquí]. Una amiga suya sin madre vivía aterrorizada con ese día y Murillo compara: aunque a ella le incomodaba el Día del Padre, no tenía la carga demoledora de lo que le caía a su amiga. Antes, esto ni nos lo planteábamos; hoy en día, los almacenes envían mensajes a los clientes unos días antes, por si alguien quiere "quedarse fuera de los emails de promoción —al final, son eso: ocasiones para el consumo— del Día de la madre/padre/lo que sea".  Todo se va al garete, pero la sociedad es más empática, se plantea estas cosas, o no reírse de los gangosos, los cojos, los gordos. Y sigamos adelante con esto: no dejemos que el malismo gane.

Y eso que la relación con su madre es compleja, nada inusual en mujeres en las que ha habido un cambio cultural grande entre sus generaciones. Dice que de adolescente la odiaba, pero algo cambió cuando comprendió, con el viaje de los años, que no solo era su madre, sino que era una mujer. Cuando su madre se enamoró, Murillo fue testigo de su transformación en "fiera amorosa" y lo que le alegró verla vivir eso. Porque el enamoramiento -agotador como es- es el mejor estado de los seres humanos. Curioso lo de enamorarse como una bestia, cuando hacemos tantas cosas para no sentir, para habitar paraísos anestesiados. "No queremos experimentar emociones indomesticanas (...) pero solo en el amor somos depredador y presa, solo en el amor queremos matar y al mismo tiempo mostramos el cuello como lobo rendidos al alcance de un te amo que podría ser más letal que un disparo". Aquí enseña la patita su generación: nos enseñaron a vivir el amor como enfermedad, obsesión, descontrol, como "cuando no muere mata", y creo que los Z que vienen ahora verán esto un poco marciano.


La infancia de Murillo está recorrida por la pobreza -imaginemos, madre soltera con ocho hijos- y la describe como quien no ha estado ahí de turismo. La dentadura es un gran indicador de pobreza, y ella la tiene destrozada. Y hay que ser "bravo" porque no se sobrevive a la pobreza siendo "mansos y suavecitos", y ella vaya que si lo es. Odio la palabra "manso", casi tanto como cuando usan "humilde" para indicar pobreza. Ahora hay un nuevo eufemismo: vulnerable.

Los pobres salen de casa a las 4 de la mañana y vuelven, reventados, a las 10 de la noche: al horario laboral hay que sumarle seis horas al día en el metro para llegar al centro desde la periferia inmunda donde vivan; jornadas que acaban por enfermar a cualquiera. Murillo, tiene ansiedad -la combate con correr, "el más poderoso ansiolítico"- habla del miedo a que descarrile o lo que sea, y eso que aún no había ocurrido la tragedia de Tlahuác en la que un tramo del metro de la Ciudad de México colapsó y mató a 26 personas en 2021. Pero igual da que se hunda: a esos mismos millones de pobres no les queda otra que meterse en la ratonera, a veces solo para poder pagar el pasaje del día siguiente. 

También conoce el hambre, y lo motivador para la acción que es. Por ello, dice, "las clases altas heredan generaciones de abúlicos, de huevones hipotiroideos, de desgano y atonía muscular, convertida en depresión". Se me dibuja el personaje claramente: los he visto, los conozco, les daría un tortazo. Tenemos muchas cosas en común, Murillo y yo: ella también se cabrea antes ciertas cosas, pero yo aún no me he roto la mano contra la pared o he pegado ese tortazo. "Confundía el enojo con un alto sentido justicia; pero el enojo también es un gran activo, puedes resultar inspirador y mover montañas". Totalmente, en este momento hay mucha gente acampando en Sol por rabia, por cabreo, por enojo que dirían en México. 

Y es que es imposible no cabrearse ante actitudes que encima te juzgan por tu pobreza: algo  habrás hecho, mira lo bien que me ha ido a mí, tú no te esfuerzas. Los patrones, las empleadoras y los maestros sermonean a los pobres por ser pobres, les insultan por haber osado traer al mundo tantos hijos: cómo se atrevieron. No puedo ni imaginar la rabia acumulada durante  toda una infancia, escuchando a los bienpensantes de siempre reprocharle a su madre que haber tenido tantos hijos es motivo de vergüenza. 



Pero salir de la pobreza, cambiar de clase social en México es casi imposible, si no has ido a universidades privadas casi no tienes posibilidades: las define como el robo más flagrante, donde pagan para obtener conocimientos sesgados y aceptación social, pero también es muy crítica con la educación pública: "la real y pontificia universidad virreinal determinó que la educación era un privilegio monárquico y condenó al analfabetismo a más de la mitad de la población, que sigue siendo la mayor tragedia de este país". Así que hacerte un hueco es difícil y no hablemos de si no tienes padre, o de si admites que
 "tu mamá trabaja aseando casas, vendiendo ropa, inyectando y limpiando el culo de viejecitas moribundas a las que su familia mezquina no quiso pagarles una enfermera de verdad y el trabajo recayó sobre la señora de la limpieza, tan linda, tan generosa, tan como de la familia, a la que siempre compensan con ropitas y zapatos usados".
Esta frase me lleva a las pelis de Cuarón: ya hablamos de "Roma" aquí, y en unos cuantos divagues, cuando cuente nuestro intento por llegar a las Bahías de Huatulco, "Y tu mamá también", aunque en esta solo se cita de pasada. Ay, las criadas de Cuarón, que le dejaron suficiente mala conciencia como para hacer esas pelis. Pero es tan verdad, y tan dura. 

La religión en México da consuelo a muchas de estas personas: es un verdadero drama. Los llama "cristianos tropicales", manipuladores del dolor ajeno, cuyo activo más valioso religioso es el miedo - "el escote, el leer cualquier texto que no fuera cristiano, la filosofía, la ciencia, todo lo que te quite el miedo no les gusta". Pero lo que los hace directamente unos sinvergüenzas -y de nuevo me (nos) hace hervir la sangre- es que les exigen el diezmo de lo ganado en esas jornadas inhumanas que he descrito arriba. De verdad que no se echan suficientes bombas. 

Nuestro mayor punto de desencuentro ha sido que ella haya sido abducida por la secta del psicoanálisis.  Escribe cosas como "construyendo la psique", "no se me escapa la relación de los arquetipos, pues el padre por antonomasia es Dios Padre, el más chingón de todos los padres" y hace interpretaciones psicoanalíticas que la confortan - e.g. "la esencia del amor de su padre era un amor que esquivaba, la manifestación más alta de su amor por su ausencia". Envuélvelo y ponle lazos, pero no. Tristemente, el psicoanálisis es como la religión: pura superstición y si los otros cobran el diezmo, los psicoanalistas no se quedan atrás. 


Y para terminar con otro de los grandes temas, cómo no, el feminismo, porque en México debería ser obligatorio: ser mujer y crecer en un país donde asesinan a 11 mujeres cada día es sobrevivir. Bolaño necesitó mil páginas para que aquello no se nos olvide jamás y Murillo, con muchas menos, logra también hundirme en un pozo negro, profundo, con su historia de abuso sexual. 

Lo sufrió por primera vez en manos de un vecino- claro, este abuso infantil lo cometen casi siempre personas del entorno. 
"Odié a Mariano, con el odio de una legión entera. Odié a mi madre por estar trabajando. Me odié a mí misma por ser capaz de entender lo que había ocurrido. Odié a mi padre, porque no estuvo ahí para cuidarme. Odio profundo, odio ácido, odio gigante en mi alma de 6 años. Odio y miedo. Rabia, resentimiento descomunal, pero ni una palabra. Aprendí a proteger con el silencio. Intui que hablar lo dinamitaría todo".
Ahí empezó todo, pero enseguida sigue la aventura de ser mujer en México. Elige tu propia aventura: en el metro, tipos masturbándose delante de ella o que la tocan de soslayo, o incluso uno que le mete la mano entre las piernas, y los agentes de la patrulla la tratan de disuadir de denunciar "porque es muy engorroso". Si pese a todo, decides seguir con la aventura de la denuncia, uno de los policías que te toma declaración, te llamará por la noche para invitarla a salir. 

Puedes pasar a la pantalla del abuso del médico, cuando tenía unos 20 años y el tipo unos 55. Ahí vive lo que está ya tan bien descrito no solo por otras mujeres, sino en los libros: no puede moverse. "Cuando me empezó a tocar, ya sabía que tenía que levantarme. Pero estaba paralizada en un estado de animal acorralado por la ansiedad. Por el miedo".

Cuando publica su historia, recibe mensajes con centenares de experiencias similares de otras mujeres: primero el padre, luego los tíos, los hermanos mayores, violan a la hija, sobrina, hermana, con la impunidad de un sistema que protege al abusador. Leyendo esto, nos cuenta, terminó de derrumbarse aquella fantasía suya del padre protector.

No sorprende pues, que las mujeres mexicanas tengan asumido que cada día en cada espacio público, en muchos privados y en cada intercambio profesional, habrá un hombre que las acose. Eso sí, cuando en 2019 distintos grupos de mujeres se manifestaron en CDMX desde el "por qué tan solita" de la calle hasta los feminicidios gritando consignas y grafiteando reclamos, la respuesta del gobierno fue violenta. Pero no solo ellos, sino también un sector importante de la sociedad, alarmados por paredes y monumentos manchados y cubiertos con diamantina rosa. Los de siempre. 

El libro es también México, "el impío barrio de Polanco", "las librerías de viejo por el centro histórico, donde me robaba libros" y algunas frases chulas "pero para que haya cicatriz se necesita una herida", "aquello era el más feroz de mis presentes" y muchas cosas más que -por increíble que parezca- no caben en un divague. Es un libro para cabrearse y desesperarse, y revolverse contra la injusticia y contra los que se ofenden porque nos rebelemos, porque el grafiti en una fuente no es plan, chica. Es un libro para identificar al enemigo: todos esos babosos hipotiroides de toda la vida y los que ahora, se han subido a la moda del malismo que no vamos a aceptar.



Y por terminar en una nota alta, aquí va una frase en la que Murillo hace referencia a su diario de viaje cuando se lanzó, como en una Road Movie, a buscar a su padre. 
"Hoy lo evoco todo como un sueño, y lo que sé con precisión no es porque me lo devuelva la memoria, sino porque tuve cuidado de anotarlo en el libro aquel que se convirtió en mi bitácora del viaje".
Hay que escribirlo, o no lo has vivido del todo (gracias, Annie): así que hasta la siguiente entrega de "Los Pedalistas en México", que ya quedan pocas.

05 octubre 2026

Huxley y los nazis. Monte Albán y el PPP [en pijama]. Mercados de Oaxaca y el mezcal [Méx12]

 Jueves, 23.07.26

A las 9:00 viene el taxi para ir a Monte Albán, el sitio arqueológico, antigua capital de los zapotecos y una de las primeras ciudades de Mesoamérica. Nos lleva Reynaldo, que en animada conversación nos dice que Oaxaca tiene 3 millones  de habitantes y se nos hace raro - luego comprobamos que son 258.000. Igual se refería al estado que son un poco más de 4 millones. Para la excursión del día siguiente a Hierve el Agua nos ofrece a €15 la hora y le decimos que lo pensaremos.  

Aldous Huxley también habla de Monte Albán en su libro de ensayos de viaje "Beyond the mexique bay" [Más allá de la bahía de México] (1934]: parece que quedó sorprendido al ver una montaña aislada en la unión de tres valles anchos. Nota interesante: Huxley sufrió un "bloqueo de escritura" mientras trabajaba en la novela que se convertiría en "Eyeless in Gaza" ["Sin ojos en Gaza"] y decidió "darse al viaje", partiendo en enero de 1933 con su mujer en el Britannic desde Liverpool hasta Jamaica, Honduras y Guatemala, donde convencieron al propietario de una plantación de café para que los llevara en mula a sus tierras en México. Esta visita y otras historias las registró en este libro de ensayos, que supuso la crítica de Huxley al totalitarismo y al fascismo, en particular al ascenso de Hitler [describió el régimen nazi como «una rebelión contra la civilización occidental»] . Este párrafo se comenta solo el día de hoy. 


Nosotros habíamos leído la guía, pero no estábamos preparados para lo que nos espera allí: imaginemos la parte de arriba de una montaña que ha sido allanada que ocupa como  750 metros por 250 metros (dice la Rough) con increíbles vistas a los valles. Esto es solo el centro de la ciudad; en las terrazas, vivía una población que, en su pico, fueron más de 20.000, usadas por los gerifaltes del momento para que trajeran agua en urnas en la estación seca, porque a quién se le ocurre construir una ciudad tan lejos de fuentes de agua. Imaginemos a los miles de egipcios construyendo las pirámides y a estos otros tropecientos zapotecas subiendo agua -tras haberse allanado y transportado los materiales para las pirámides.  El mundo ahora es una mierda, pero cualquier tiempo pasado no fue mejor. 


Este es el mapa de la Rough -que sí, se está convirtiendo en un componente más del grupo pedalista. Se entra por la gran plaza, a su izquierda está el campo jugar a pelota:


La galería y el edificio de los danzantes son las partes más interesantes de Monte Albán, dice la Rough.


La plataforma sur ofrece las mejores vistas y a su lado está el montículo J que seguramente era para hacer observaciones astronómicas. Por aquí se sube:


Y estas son las vistas desde la Plataforma Sur


Una vez arriba de la plataforma hay una explanada muy grande, y puedes rodear una construcción que hay en el centro. Me despisto un momento de mis compas haciendo fotos, y durante el encuadre entre dos cactus, me asalta un mexicano para que le haga una foto a él. Tendrá unos 35 años y va vestido con un conjunto que a todas luces parece un pijama de verano [tela granate sospechosa, bermudas, manga corta]. La conversación sigue por los usuales derroteros, de dónde es usted y viceversa: él se define como "un PPP", acrónimo de "pinche pendejo poblano". Ah, pues venimos de Puebla y nos ha gustado mucho. A su servicio, y sugiere que "nos compartamos redes sociales", lo que me hace sentir joven, pero solo por un nanosegundo: cómo explicarle que realmente no tengo redes -en lo de este blog decimonónico ni entro-, que no entro en IG por el tema "algoritmos, no". Vamos,  esto debe ser un pensamiento viejuno if there ever was one. Pero bueno, si quiere el PPP ver fotos viejas, pues ándele @di_vagando,  y el pobre prueba pero no lo consigue, y aquí tenéis su sombrero, que queda genial con el escenario.

Y la última foto está tomada desde la Plataforma Norte, donde por cierto, nos volvemos a encontrar con el PPP que sigue en pijama y ahora con novia, quiere que les haga fotos y cuando él nos la hace a nosotros, en el traspaso de móvil, según Mini a él cae al suelo y no se rompe, pero ay qué susto. Mini y el Peda no aprueban que yo hable con desconocid@s y este percance es un aviso y corrobora que es nefasto. 



Hacia las 11:30, cuando salimos, está ahí todo el mundo y su prima esperando a los buses de los viajes organizados: llámenme snob, pero cada día soporto menos esas excursiones que hay que contratar cuando llegas a un sitio, porque es muy difícil -a veces imposible- ver ciertas cosas por tu cuenta. Lo peor es cuando te llevan al centro de artesanía de turno, aunque también algunas de estas excursiones nos han dado a lo largo de la vida grandes momentos hilarantes. Vemos un bus local con el que podríamos bajar a Oaxaca pero se nos escapa, así que por ahí pasa un taxi y se nos levanta la mano. Taxi, por otro lado, ejemplo vivo ["cautionary tale", intraducible] del fracaso de Salud e Higiene: sin cinturones, prácticamente vamos sentados en el chasis. Sorprendente,  pero pasado un rato nos deposita en la plaza de la iglesia de Santo Domingo donde nos tomamos un frappé tranquilamente y con vistas. 



Volvemos poco a poco a casa, donde toca el ya clásico "recargar baterías metafóricas y reales" (en el caso de mis compas cuyos teléfonos de verdad que me ponen mala). El Peda se baja a alimentar su ya oficial adicción al café a un "café de especialidad" al otro lado de la esquina. Yo leo en el sofá y creo que algo me duermo...


Salimos a las 18:00, y aquí la merienda se llama Choco Mio. En el Mercado Benito Juárez venden artesanías, "rebozas" (chales) y flores... Hay un puesto donde hay máscaras de luchadores mexicanos y la señora nos hace una breve introducción al tema: terminamos comprando la del Huracán Ramírez para Roc.



Huracán Ramírez

De ahí al Mercado 20 de noviembre, que está cerquita y es de comida, probamos mezcales de distintos sabores. Me recuerda a NáN, que nos llevó a una mezcalería aquella noche...





Chapulines

Pan

Mole
De vuelta al zócalo sigue el festival Guelaguetza y pasa una charanga enorme con bengalas, bailes regionales, mucho mezcal y mucho ambiente. Una fiesta bien padre, como dicen los mexicanos. 

Ya hacia casa, pasamos por el Museo Textil de Oaxaca, un edificio muy chulo donde hay una exposición titulada "Gaza Permanece. El bordado y la cultura de Palestina" 


Por el camino compramos cervezas y crisps y al llegar a la esquina de nuestra calle sabemos que ha llegado el día de El Lechoncito de Oro. Se trata de un carrito ambulante que abre a las 20:00 y está, con fila crónica, hasta las 3 am. Nos tiene fascinados: tiene nueve empleados y solo vende lechón en tres formatos. Nos dice el del apartamento que un influencer, un tal Arturito, lo puso un día en sus redes y hasta ahora. Pedimos unos tacos, una tostada y una torta: no entendemos el hype, porque al final es cerdo al vapor. Pero lo comemos en la terraza donde Oaxaca desde arriba hace la magia.



03 octubre 2026

Oaxaca: Color, lucha, iglesias barrocas, chapulines, chocolate [Méx11]

 Miércoles 22.07.26:  Oaxaca

Pese a los malos augurios del Peda anoche desde el restaurante conocido como "Tlayudas Libres Doña Martha"  -que descubro ahora lleva funcionando desde 1952 y está "liderado por mujeres"-, no dormimos tan mal y amanecemos pronto porque, como diría Richard Ford, "somos viejos y no necesitamos el sueño". Como creo que aún no había incluido una de las tradicionales coladas a mano de todo viaje pedalista, ahí va la de hoy. Nota aparte: creo que el Peda debería pasarse a los tipo-Speedo durante los viajes porque los boxers tardan mucho en secar. 


Mientras nos preparamos, el Peda se va al Mercado de la Merced a por sandía -siempre un huequito para el verano griego en mi corazón. Cuando caminamos hacia el centro, nos damos cuenta de que habíamos olvidado que Oaxaca es una ciudad reivindicativa - nuestros recuerdos en ese aspecto eran todos obviamente sobre Chiapas [tengo hasta un llavero zapatista]. Para nuestra, estos botones:










Como escribo estos divagues con tanto retraso, me ocurre que la así llamada actualidad llama en mi ventana, tok tok tok, y me pregunta, ¿no vas a escribir, por ejemplo, sobre lo que está pasando, hay gente de nuevo acampada en Sol? Y mi mala conciencia, ¿vas a seguir aquí colgando fotos coloristas de vacaciones transatlánticas con la que está cayendo? Me digo, cualquier día puedo parar y comentar de qué lado estoy, aunque yo haya tenido mucha suerte -y sí, lo llamo suerte no "me lo he ganado". Pero hoy me va muy bien que toque Oaxaca, y haber hecho foto los carteles que pueblan las paredes de colores de sus calles. Todos los suscribo, y todos son relevantes para hoy, 3 de octubre.

En Oaxaca [pronúnciese Uajaka] ya hace más caloret que en CDMX -está a 500 kms de esta- o Puebla porque está "solo" a 1600 metros sobre el nivel del mar. Si tiras para abajo en el divague, enseguida vas a ver que si México es color, Oaxaca es Color. Pero además tiene folclore, festivales (justo estos días),  mercado indígena, centro colonial, lo cual la hace, claro muy turística, pero incluso el turismo de vacaciones organizadas no ha logrado quitarle su encanto. 






Salimos a explorar, entramos en el Quinta Real, hotel de lujo que fue el convento de Santa Catalina de Siena -no confundir con el de Arequipa- en el pasado y donde ya habíamos estado hace 22 años. Parece que se le conocía como el "Monasterio del Rosario de María", fundado por Fray Bernardino de Alburquerque en 1576. En 1862 fue tomado por el gobierno de Benito Juárez para convertirlo en oficinas municipales y cárcel. Juárez fue el primer presidente indígena democráticamente elegido en la América postcolonial; gobernó de 1858-1872. En 1976 lo convirtieron en el hotel y se le declara tesoro nacional.




Me sigue encantando este sitio: me imagino a las monjas de hace todos estos cientos de años navegando por los pasillos con esos hábitos almidonados. Este era el lavadero; 





Salimos y seguimos paseando, pero este p
asadizo gentrificado no lo logro localizar. En él hay galerías de arte, chocolate y artesanía para el turista


Pasadizo que estaba de camino a la Iglesia de Sto. Domingo, otra iglesia barroca más, que según la guía fue del gusto de Aldous Huxley que pasó por aquí en su día: "una de las iglesias más extravagantemente maravillosas del mundo". Oh well.



A mí lo que verdaderamente me gusta de Oaxaca es la calle. Te sientes en la peli "Coco" ["que estoy un poco locoooo", alguien no conoce la canción? porfa clicken] 




Esto, aunque no lo parezca, es un hospital, el Ángel Vasconcelos. Nos lo encontramos por casualidad y yo entro y me dejan hacer fotos. Es rarísimo, un hospital en un edificio colonial, pero me encanta. Es muy tranquilo, más bien parece un convento. 



Una de sus puertas laterales da a una capilla, la del Sagrado Corazón de Jesús (construida alrededor de 1850). Dentro hay una mujer con un bebé y un hombre que trabaja allí. Al principio parece desconcertado por mi presencia allí, pero tras mi rollo y profuso agradecimiento por esa oportunidad, me termina contando cosas de la iglesia, como que tiene una salida a la calle [Tinoco y Palacios], pero lo verdaderamente interesante es que tiene un pasadizo que la comunica con -ahora no recuerdo qué, pero lo puedo fabular: con otra iglesia y los curas pasaban por ahí para no tener que andar cambiándose las casullas. Quién sabe, porque internet no ayuda. Esto es un ejemplo de dato inventado que la IA, sin criterio ni dos dedos de chip, le dará como un hecho a algún incauto confiado. 


Seguimos caminando por la reivindicativa Oaxaca hacia la la Basílica Nuestra Señora de la Soledad [incluyo foto por poner], 

y justo al lado hay baile. Resulta que es la Guelaguetza (del idioma zapoteco guendalizaa, "cooperar") también conocido como los "Lunes del Cerro" [los dos lunes consecutivos más cercanos al 16 de julio, porque es para celebrar a la Virgen del Carmen] y hay todo tipo de actividades, que nos vamos a encontrar por las calles estos días.




"Bastante gente y ambiente, es donde más turistas estamos viendo", dice el Peda en su diario. Nosotros no teníamos ni idea, pero estas semanas Oaxaca se llena de gente de todo el país, el precio de los hoteles se duplica: deben ser sus sanfermines. Y, oh, ha llegado el momento de introducir el Choco Mio, una malteada de chocolate típica de aquí que está bastante buena, aunque Annapetons avisó de que era "un colacao frío" [😂]. Igual porque íbamos sin expectativas, no nos parece tan mal y a Mini le encanta. Tomaremos bastantes en estos días, también porque huele fenomenal en sus tiendas. Aquí las máquinas de triturar chocolate:




El zócalo está cerrado al tráfico, tiene un kiosco de la música en el parquecito del centro y está rodeado de portales con cafés y restaurantes. Del Jardín ya salía en la guía de 2004, así que puede ser una garantía y nos quedamos en su terraza. Lo que aparece a la izquierda de la foto son chapulines, que nos traen para probar y me siguen sin gustar. No sé, tienen un deje a gamba salada ahumada cutre: si el futuro proteico son los insectos, vamos mal.  El Peda opina que "la cerveza, de barril, muy buena".  Ya se sabe que los mexicanos son maestros cerveceros, arriba las chelas.


En el noroeste del zócalo está la catedral que se empezó en 1544 y se completó en el SXVIII. Fachada barroca, muy grande, y sí, sobredosis de iglesias, a la que cruelmente os someto también a vosotr@s, pero seguro que a mi suegra le gustan.





De camino a casa compramos jabón y granola y comemos sandía. 

 
Volvemos al Mercado de la Merced -sin Mini, que se queda a recargar su "batería social" y esnapear con sus colegas- a comprar fruta, aunque ya están cerrando. 





Sobre las 18:00, Mini nos guía a Jalatlaco, uno de esos barrios que no salen en la ya famosa guía del 2004, pero sí en Tiktok o IG o el algoritmo comecocos de turno. 
Oaxaca es el centro artístico de México, con muchas galerías privadas y públicas, artistas residentes y todo ese jazz, y este barrio es la versión muralista de este aspecto. Algunas imágenes algorítmicas -digo, aleatorias: 










 Damos un paseo grande de casi dos horas, que no va a quedar reflejado en el mapa del final porque, quién sabe: por la noche todos los gatos son pardos. Sé que en un punto pasamos por un parque donde hay varios grupos aprendiendo a bailar, y lo único que me sirve de anclaje es el Templo de San Matías Jálatlaco [concluida en 1713].


Y un mercado de puestos callejeros de pulseras, collares, mezcal, ropa y souvenirs, y música en la puerta de la catedral y muchísima vida.  No puedo dejar de incluir esta foto, con la que aún me estoy riendo: atención, que hay fotos del galeno (iba a poner fulano) con su bata de chamán o sosteniendo a un neonato. Yo qué sé: viva México, cabrones.


Cenamos en un sitio "barato y ruidoso" (de nuevo, alguien reconoce al Peda?)  y volvemos a casa tarde,  metafóricamente borrachos de semejante lugar.


"La tierra es de quien la trabaja"
Emiliano Zapata

“Abajo y a la Izquierda está el Corazón!”
Subcomandante Insurgente Marcos