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06 agosto 2026

Tras poco domir, mírate 4 pelis en las 12 horas de avión y termina en la cama esponjosa de un apartamento de ex-pat [Méx 1]

Sábado, 12/07/26: Londinium-Frankfurt-CDMX

Primer día de viaje y como tal, no tengo ninguna foto. Menos mal que Mini sale a rescatarme: ella sí tiene algunas de este día de aeropuertos, esos no-lugares. Y lo hará muchas veces durante esta serie porque, aparte de que un iphone hace fotos mucho mejor que mi réflex, Mini -y no es pasión de madre-  tiene un ojo fotográfico que me encanta: tras una visita o un paseo, sus fotos siempre me dan varias vueltas.  

Antes de nada, y por si a alguien se le ha olvidado (esto será publicado en algún punto de agosto), en julio estamos en pleno mundial y voy a hablar mucho de ello. Sí, no me gusta el fútbol pero por algún pecado de una vida previa se me ha castigado con que a mis compas de viaje sí [Mini es una forofa en concreto de los mundiales y los "euros" como los llama ella] y luego, cuando -spoiler alert- Ejpein se hace con los laureles, recibimos continuas felicitaciones por parte de casi todo el que se nos cruza (un poema la cara del Peda aceptando los parabéms).  Así que la noche antes de nuestro vuelo era el Inglaterra-Noruega en el que además llegaron a la prórroga [2-1] y mis compas se van a la cama a la 01:00, sin importarles que el despertador iba a ser implacable a las 04:15.

Y lo es, tras tres horas de sueño. Al salir de casa, empiezan a pasar cosas: tres zombies sonríen forzadamente ante el símbolo del metro de nuestra parada (fotos de rigor), nos encontramos con otros zombies con la camiseta de Argentina que dormitan en sus asientos [nota: retengan esta imagen porque el tema Argentina va a dar para mucho, pero aún no lo sabíamos] y no podemos disfrutar de una de las ventajas de volar desde London Heathrow (LHR), que es que se puede llegar directamente en metro [en el resto hay tren]. Hoy, por aquel lugar común británico conocido como "engineering works" (trabajos de ingeniería) hemos de bajarnos en Hammersmith y allí nos ponen en el segundo lugar común, "bus replacement service" (servicio sustitutivo de bus). Nada es fácil pero, por fin ahí está, la Queen's Terminal... no por el grupo musical, sino porque somos queens... :)

No aburriré con las rutinas de aeropuerto: Pret (mis compas toman cafés), comprar regalos para la gente en cuyas casas vamos a acampar (ver abajo), y por fin embarcar. Viajamos cada uno con mochila de mano y una pequeña maleta de cabina, pero la del Peda les parece sospechosa, la pesan, y ante semejante monstruo, le obligan a facturar. Ay, está camino de Bangkok, suspira a ratos.

Esto de abajo es el aeropuerto de Frankfurt al que llegamos tras una hora y media de vuelo y una chocolatina Lindt, gentileza de Lufthansa. Cogemos una de la cestita a la salida, pero el Peda se hace ya con dos y, a partir de este vuelo, nosotras nos haremos con dos y él con tres. Somos así de delincuentes.


Esta foto de abajo no sé qué es, pero no se lleven a engaño si creen que semejante nudo de comunicaciones es futurista: el aeropuerto de Frankfurt no tiene cafés en condiciones [acabamos en un Starbucks] y es uno de esos reductos del primer mundo donde aún hay salas para fumadores, que consiguen que todos los pasillos huelan a tabaco: ¿Alguien recuerda los coloquios de "La Clave"? Ese es el ambiente que se "respira", imagino, ahí dentro. Nota: este giro de guión de vuelta del tabaco en pelis y tal, como lo de la religión, no lo vi venir. Tenemos que esperar un par de horas hasta pasadas las 13:00 que es cuando volamos hacia la Ciudad de México (CDMX).


El vuelo dura unas doce horas y, al ser de día, no duermo nada y veo cuatro películas, a saber:
  • "Mi amiga Eva" (Cesc Gay, 2025)
  • "Wuthering Heights" (Emerald Fennell, 2026)
  • "Mamma Mía" (Phyllida Lloyd, 2008)
  • "Michael" (Antoine Fuqua, 2026)
Antes de juzgarme, puedo explicarlo todo. La de Gay, porque un día vi "En la ciudad" y me enganché a su estilo Woody Allen barcelonés y a sus buenos diálogos - en esta además colaboraba Eduard Sola [el del maravilloso discurso de "orgullosamente charnegos"] como guionista. En este caso, me dejó algo fría y las interpretaciones no me las creí nada. 

La de Fennell es uno de esos placeres culpables por los que no se va al cine pero te dices, "ya la veré en algún avión". En fin, terrible. Ya conocemos los trucos de Fennell y sus impactos cada veinte minutos, pero así como disfruté con "Saltburn" o "Promising Young Woman", esta no hay por dónde cogerla, en particular el rollo sadomaso de Heathcliff con Isabella. Sí, soy vainilla.

"Mamma Mía" tiene aún más explicación: como viene Fashion a Londinium en agosto y planeamos ir a Abba Voyagedecidí "entrenar". Como dice uno de mis críticos de cabecera, Mark Kermode, por mala que sea, ninguna película podría aniquilar el poder de las canciones de Abba. En fin, que disfruto como una enana viéndola tras todos estos años y además, me lleva directa a Skopelos, isla maravillosa, donde me planteo que igual debería estar yendo en estos momentos. Mini me había hablado de una escena que no puede ver porque siempre llora [ "Slipping through my fingers"] y yo no recordaba cuál es el tema de la canción. Si vi la peli cuando ella era bebé puedo entender que ni me lo planteara, pero hoy, cuando falta menos de un mes para que Mini se vaya a la universidad, la madre pensando en que su hija se va... buf. Lloré mucho, ahí a oscuras, en medio del Atlántico, pero no me agarré al brazo del desconocido de mi derecha [a la izquierda el Peda, que dormía con la boca abierta tras sus 3 horas].

Por último, "Michael" el biopic de Michael Jackson. Creo que nunca he contado en el blog que lo mío con el Jackson de la época de Thriller fue lo más parecido al fenómeno fan que he tenido en mi vida. Se me pasó enseguida, pero en Séptimo de EGB me escuché ese LP mil veces y me aprendí todas las letras que nos fotocopió la profe de inglés. En aquella época en la que no teníamos todo a demanda, como ahora, era mucha la emoción cuando te llamaban tus padres porque salía el larguísimo video de los zombies por la tele. La peli, bueno, un lavado de cara pero cuando bailan Thriller los zombies, buá... tuve ganas de salir a hacer los pasos por el pasillo, supongo que ya sobrevolando el Golfo de México. 


Esto de arriba es el aeropuerto de CDMX que estaba todo de mundiales, también. Hay gente monísima esperando con globos, flores y pancartas de bienvenida. Los Uber no pueden entrar al aeropuerto y salimos a encontrarnos con él en uno de los hoteles. Nota: estoy en contra de Uber o cualquier broma de esas de "economía colaborativa" que no pagan impuestos, pero entono un mea culpa: en este viaje los hemos usado, dada la facilidad de la aplicación. En nuestro camino al alojamiento, se pone a llover, y es algo que pasará casi todas las tardes en CDMX porque es temporada de lluvias.

En CDMX nos vamos a quedar en casa de unos amigos, JA y E. A JA le conocí en la uni en 1992 vía un amigo común y tiene una vida muy interesante, además de dos tesis doctorales sobre Historia de la Ciencia (aunque estudió Físicas). Ha vivido en China, Nueva York y distintos lugares de México. Merece la pena clicar aquí para conocer su historia -y la de nuestra amistad- y leer parte de nuestra visita en el itacalog de 2004, cuando él vivía en el norte, en Monterrey. Allí conoció a E. el que es ahora su marido, que es precisamente de esa ciudad. Sin embargo, las dos primeras noches tienen visita [esto lo contaré mañana, o me alargo] y nos vamos a quedar en casa de J., en Polanco.

J. es un conocido del Peda del trabajo que, al saber que venimos a CDMX le insiste en que nos quedemos en su piso porque él no está. Es lo que se conoce como "ex-pat", o sea, alguien a quien la empresa le ha enviado aquí y su piso es... de ex-pat, en el barrio más caro de la ciudad. Polanco es el equivalente de La Moraleja o Pedralbes, y cuando JA se entera de que nos vamos a quedar allí, nos insulta como un mexicano: "son ustedes unos fresa", vamos unos pijos. Como viene a encontrarse con nosotros allí, cuando entramos en el apartamento -tras haber saludado al guarda de seguridad 24 horas- vía el ascensor que se abre directamente a la cocina, nos quedamos todos alucinados. Vamos, como en las películas [no sé si tengo fotos, si encuentro, las cuelgo mañana]. JA dice: "yo solo había visto esto en el cine"- "esto" es un vestidor entre el dormitorio y el baño. En fin, a todo plan, y nos está esperando la Sra. Mari, que es la limpiadora, y nos lo enseña todo. Cuando al final del viaje recordamos el apartamento de J. y todo el resto de los alojamientos que hemos tenido -hay que llegar al final porque prometo risas- nos damos cuenta de la "variedad" inusitada de noches que hemos pasado en México.

Salimos a cenar con JA en un local llamado "La Casa del Pastor", donde calentamos la cabeza al camarero -que se llama también JA- preguntando qué es cada cosa: diferencia entre tacos, gringas, alambres, tortas, costras, volcanes... y todo esto puede estar relleno de "pastor", chorizo, longaniza, suadero... y mil cosas más. De todo esto nos haremos expertos en unos días. Anotar que el mito del picante es real, pero solo si lo añades tú misma (las salsas van separadas) y que no recordaba que tienen en todos los sitios "agua de frutas" y tomo de hortacha - aquí comienzan las comedias de "¿es agua embotellada?", pero esto para más adelante.

Son las 22:00 del sábado en México pero las 5:00 am del domingo para nuestros cuerpitos europeos, así que tras comprar un yogur para el desayuno y despedirnos de JA, nos arrastramos al apartamento donde no pertenecemos.


Pub: 06.08.26

04 agosto 2026

"Calypso" de David Sedaris: Meh

David Sedaris es un escritor cómico americano que vive en un pueblo en el sur de Inglaterra. Es gay, woke, de baja estatura, neurótico y tiene una gran familia. Escribe en el New Yorker y en el Guardian artículos como este sobre lo guarros que son los chinos - sospecho que no le han hecho ganar precisamente muchos amigos allá. 


"Calypso" fue recomendado decididamente por unos amigos y me animé por lo del humor. No sabía nada de él antes y ahora siento que sé mucho de su vida. Vida que repite ahí por donde va: me bajé un par de podcast donde le entrevistaban, o incluso él llevó uno durante un tiempo, y enseguida lo dejé porque me quedó claro que iba a ser más de lo mismo. No quiero ser injusta: al final, con todo el mundo es todo siempre "más de lo mismo", pero… ¿por qué con algunas personas no podemos parar de querer saber de su vida y de sus ideas y de otras con una dosis ya quedamos conformes? Ah, y luego están aquellos que cerramos el libro, o cambiamos la canción o la peli a los tres minutos. Esto se puede extrapolar también a la vida "real". 

No ha sido Sedaris para no terminarlo, pero hacia el final me he aburrido: tenía ganas de acabar un libro de solo 250 páginas. Es gracioso y su sentido del humor, muy anglosajón, o sea, lleno de autoescarnio, pero como no hay nada tan serio como el humor, entre confesión y confesión, hay algunas que me han llevado a la conclusión de que igual no me iría con él a su casa de la playa. 

Porque este libro te cuenta que se compró una segunda residencia en Carolina del Norte, en primera línea del mar, con la idea de reunir allí a su extensa familia -tres hermanas, un hermano, marido y padre- y pasar tiempo juntos. [Nota: no es que yo me plantee regularmente con qué escritores o famosos me iría unos días a una casa, pero vi trozos de una entrevista que le hizo hace poco Marc Giró a Gabriel Rufián y pensé, con estos dos me lo iba a pasar genial. Con Sedaris, no creo]. A la casa de la playa la bautiza "Sea Section", que suena como "C Section": o sea la "Sección del mar" en inglés puede sonar a cesárea (C-section es caesarean section). Cualquiera que haya tenido una cesárea seguramente no llamaría así a su casa. Este es un ejemplo de algunas partes de su humor que a mí no me han hecho clic; especialmente viniendo de alguien que nunca sufrirá una. 

El libro comienza con una introducción a su familia: su madre murió de cáncer y él pronto va a superar la edad con la que murió ella, lo cual le parece un poco anti-natura. Su padre se va normalmente de la habitación dejando a la gente a media frase. Sedaris nota que, cuando los invitados se van, él y su marido se convierten en unas "versiones menores de sí mismos", como si estuvieran interpretando la persona que quisieran ser todo el rato.  Una de sus hermanas se suicidó, y a ello dedica el segundo capítulo que me recordó vagamente a "Pequeñas desgracias sin importancia" de Miriam Toews, ambos intentando poner humor en una situación imposible. No hay que ser psiquiatra para darse cuenta de que su hermana tenía un trastorno de la personalidad, eso tan cruel y tan poco entendido. Lo mismo me ha parecido su padre, tal vez no de la misma severidad, pero el tipo de persona que, en uno de los espectáculos que Sedaris da por el país donde hay 2200 personas, se fija en los pocos asientos que quedan vacíos - y que insiste.  Sedaris intenta gustar a su padre, pero no hay manera. Me encanta esta metáfora de su desconexión: "Somos como un par de trapecistas malos, intentando agarrar la mano del otro cada vez, y fallando cada vez. Mientras tanto, los de seguridad del circo han empezado ya a enrollar la red"La madre, idealizada como suele pasar con los progenitores que fallecen prematuramente, tenía problemas con el alcohol. En resumen: todas las familias son disfuncionales a su manera. 

Políticamente, Sedaris es por supuesto anti-MAGA y anti-Trump, y eso que el libro fue publicado en 2018: el pobre aún no sabía lo que estaba por venir. Me gusta cuando chequea sus propios prejuicios de clase, porque encuentro que esto es algo que raramente ocurre - la gente desprecia a los menos inteligentes de la sociedad que por ello no han podido acceder a los mejores trabajos. En un enfrentamiento en seguridad del aeropuerto, cuando le hacen quitarse un chaleco y se resiste, tiene ganas de decirle a la agente: "¿Cómo se siente teniendo una posición de tanta importancia?", pero entonces se da cuenta de que eso sería su ira: "Es increíble lo que puede salir de una cuando está enfadada", intentando atacar su trabajo, o sea, su clase.  Tiene también una parte surrealista sobre posesión de armas, y otra donde anota cómo los dependientes le dicen "Have a blessed day" (algo así como que Dios bendiga tu día) en lugar de adiós, o pasa un buen día. Repito: 2018, me pregunto qué dirán en 2026, tal vez tengan el hisopo bajo el mostrador y te rocían a la salida. 

Su neurosis es entraniable y tan familiar. El capítulo en el que cuenta su adicción a contar pasos con el fitbit es genial, y eso que, por una vez, es una de las obsesiones que no comparto, pero sí que veo continuamente a mi alrededor. La combinación de recoger basura por el campo alrededor de su casa: decir "alrededor" no es exactamente el caso, porque alguien que camina 20 (?) km al día se aleja sustancialmente de su base. Ante esta manera de llevar una obsesión a un acto de civismo, me quito el sombrero: la mía sería, si no fuera porque me pillarían en cámara y tratarían como a un weirdo, ordenar las estanterías de los supermercados. 

Sedaris lleva toda una vida con su pareja, un tal Hugh que es pintor, y aparece continuamente - un sufrido Peda-en-el-divlog más. Se casaron en secreto en 2016 por la única razón que yo respeto para hacerlo: porque los estados se empeñan en discriminar en muchos aspectos -fundamentalmente, la pela- a los solteros. Él dice que le disgusta la palabra "marido" [a mí me pasa igual, me siento como otra persona si la digo] y perjura que su boda "no tuvo nada que ver con lo romántico". En estos días en que ha sido imposible no enterarse de que se ha casado la cantante y traidora Taylor Swift, sigo en mi estado continuo de perplejidad sobre que la gente se quiera someter a eso y se lo inflija al resto. Como dice Sedaris, "por lo menos antes los gays no hacíamos sentir culpables a la familia y a los amigos si no entregaban sus fines de semana para sentarse en sillas plegables en medio de agosto en nuestras ceremonias".  Hay algunas otras cosas gays que me han hecho reír, como que Jesucristo "siempre tiene un cuerpo fantástico, mostrado en su mejor versión en la cruz porque, admitámoslo, fue creada para hacer que la tripa y los hombros de un hombre se vean muy bien". Tal vez aunque solo sea por esto, merece la pena leer este libro: nunca se me había ocurrido ver a JC como potencial mito erótico; esto ha sido un poco como alguien nos abrió los ojos al potencial del abuelo de Heidi.  Ah, esto y que los fantasmas también viajan en antigüedades: no hace falta vivir en un viejo castillo escocés - si has comprado una cómoda vintage, igual además de carcoma, te metas a esa ancianita con cofia victoriana en casa. 

Metaliterariamente, totalmente de acuerdo con él cuando dice que "lo negativo siempre hace mejores historias". Nadie escribe una novela para hablar de felicidad sin aristas, nadie escribe un blog para contar lo fenomenal que es todo - porque no lo es, basta con abrir los ojos. Bueno, ahora pienso en esos influencers de IG o Tiktok que enseñan la parte bonita de un paraje, ocultando el gentío en otro, o que te enseñan su último éxito gastronómico (no, no envidio), o su cottage con cocina Aga sin rubor. Pero eso no interesa nada a la gente sensata, por eso no lo miramos; supongo que es una fase de la adolescencia, o de los que mentalmente permanecen anclados ahí. Este mundo extraño al que hemos llegado los chavales de los 80, lo describe Sedaris con una frase perfecta: "fotos que haces con tu teléfono para mandar a gente con la que ya no te comunicas hablando". Qué acertado, cuántos tenemos así. 

Tal vez he sido injusta con Sedaris al principio, tal vez es porque en muchas cosas nos parecemos, y siempre es duro observar tus fallos en otro. Igual si tú no eres neurótico, ni con familia disfuncional, ni has tenido una cesárea de emergencia, ni sufres con cada ascenso de la (ultra)derecha, pueda ser un libro para ti. 

~~

Nota: Entrada escrita el 10 de julio. El 12 cuando aún no habían puesto las calles nos íbamos de viaje, así que la dejé en el congelador. 




02 agosto 2026

México lindo y querido, si muero lejos de ti... [México 0]

Todo empezó hace varios años: un día cayó en mi pantalla uno de esos maravillosos hoteles coloniales de México y me dije, "tenemos que volver". Luego, en otoño de 2024 leí "Los recuerdos del porvenir" de Elena Garro y me maravilló; y de nuevo, la llamada de México. En diciembre vino "Emilia Pérez" y en primavera de 2025 salté a "Pedro Páramo", a las fotos de Juan Rulfo y a "El llano en llamas". Esta última entrada la titulé "México en vena": ya era demasiado tarde para dar marcha atrás.  Aquel verano aún no era su momento (fue el de Montenegro + Albania) pero enseguida empezó a contraatacar Mini, que había descubierto una esquinita del cine mexicano: "Y tu mamá también" (Alfonso Cuarón, 2001), "Amores perros" (González Iñárritu, 2000) y unos días antes del viaje revisitamos "Roma" (2018) [Mini por primera vez], también de Cuarón.  Total que este verano ha sido el de México. 


 Así que un año más, aquí estoy de vuelta de un viaje, escribiendo el "divague 0", o introductorio de una serie que no sé cuánto me costará escribir. Han pasado un montón de cosas en estas tres semanas: me he maravillado una vez más con uno de mis países favoritos (de hecho, uno de los pocos que hemos repetido,  he tenido miedo en diversas de sus fases (desde la "Venganza de Moctezuma" hasta el dengue, pasando por terremotos), he disfrutado hablando con la gente como en ningún otro sitio, me ha encantado enseñárselo a Mini y ver sus reacciones (resumen= flechazo) y me queman las yemas de los dedos por escribirlo todo. Porque como dice Annie Ernaux, "si no las escribo, las cosas no han llegado a término, solo las he vivido".

Como sabrá el divagante de pro, en junio empecé a releer mi diario de viaje por Latinoamérica de 2004 y colgué las entradas de los lugares de México a los que íbamos a volver. Haré referencia a ellas, claro, y las enlazaré: ahora las he movido todas a la fecha en que fueron escritas: si entras en la sección "Diario" y bajas hasta el 2004, ahí están todas. Ya dije que uno de mis proyectos es ir subiendo todo aquel diario poco a poco, cuando tenga tiempo. Creo que ya lo he dicho antes, pero lo repetiré: aquel diario fue probablemente la razón de este blog. Lo colgábamos en un rudimentario sistema de "msn groups" en documentos de word solo para amigos y familiares y una de las sufridas lectoras fue Diva, una amiga de la carrera del Peda. A partir de ahí, nosotras nos empezamos a mailear y un día de diciembre de 2009 ella me dijo, "montamos un blog?", y hasta aquí. 

En cuanto a mis lecturas, por supuesto, he leído a mexican@s, y mis di-squisiciones las iré colgando entre medio:
  • "La plenitud de la señorita Brodie" de Muriel Spark (1961). Autora escocesa porque me lo llevé empezado, sorry.
  • "Temporada de huracanes" de Fernanda Melchor (2023)
  • "Las muertas"  de Jorge Ibargüengoitia (1977)
  • "La cabeza de mi padre" de Alma Delia Murillo (2022)
  • "Nueva historia mínima de México" de Gonzalba et al (2004). Antes de que el Náufrago Ro dé uno de sus saltitos de susto, aclarar que este lo compró allí el Peda y él se lo esta leyendo. Lo añado aquí para poner presión porque le he pedido un divague-resumen (de momento, se niega). 
Justo antes de irme había terminado "Calypso" (David Sedaris, 2018) y escrito su divague, pero no lo colgué porque no iba a poder responder a los comentarios, así que será el siguiente que veréis aquí. Disculpas por el trasiego temporal, esto parece una de esas novelas o pelis con flashbacks, ffwds y necesidad de tomar notas. 

Escribo esto el 2 de agosto, mi primer día de vuelta en el que me he despertado, por primera vez en décadas, al mediodía, tras haber dormido 13 horas.  Un día lleno de coladas, bajar fotos, llamadas telefónicas, olla exprés, podcasts sobre la Odisea de Nolan, y evitación de cualquier pista que me pudiera recordar que mañana vuelvo al trabajo de día más cuatro noches de guardia nocturna; si no quieres taza, taza y media. 

Pero aún me queda tu luz y color, México, para darme energía durante un tiempo. A ver si os lo puedo contar bien, divagantes.


28 junio 2026

Gazpacho tirando a salmorejo

 Este era un post gazpacho normal, pero ahora que termino, veo que ha quedado un poco espeso: ¡hay tantos frentes abiertos! Vamos, que me ha quedado un salmorejo. 

Hace [ola de] calor
En mi descargo, culparé a la ola de calor en Londinium, que parece que hoy remite, pero que el viernes fue colérica.  Resolvamos la siguiente ecuación: en mi casa, 32 grados + humedad amazónica + moqueta - aire acondicionado = cerebro en ondas delta (explicación aquí). Si le sumas tristes ventiladores + mi viejo truco de meter la cabeza bajo el agua fría [mientras dura el pelo mojado, dura la "alegría", qué poco pedimos] =  cerebro en ondas theta.

Así que  no se espere mucho de mí hoy, pese a que han pasado cosas absurdas que hay que necesariamente documentar, como que me crucé a Darth Vader por la calle [solo la cabeza, no llevaba la capa, hasta él sufre los rigores estos], que parece que ahora están de moda las pelucas ["ya no saben qué hacer para vender", frase anticapi de la Yaya, pero en invierno igual tendrían su allá, un test para mí que nunca he llevado el pelo corto]. Y lo de los helados: en el curro -que pese a ser una pecera sin aircon es descrita sin rubor como "edificio inteligente"- las jefecillas traen helados para animar al personal: el jueves me comí dos y el finde pasado uno y medio en Delacreme (el mío y la mitad de Roc que tras dos chupadas se aburrió). 

Afonía del cortisol
Ah sí, que he pasado unos días en Barcelona visitando a la familia. No he llegado a lo de sanfermines, pero en algunos puntos, de tanto hablar, me notaba la voz tirando a afónica. O tal vez fuera la freudiana afonía histérica por lo que supone vivir en la constante cuerda floja cuando se es copilota de Fashion. No, no es que conduzca mal -aunque alguna línea continua hemos cruzado- sino por su actitud extremadamente liberal a la hora de aparcar frente a uno de estos símbolos, de los que Barna está repleta:


No recordamos de dónde vino el concepto "di pagar", pero es usado continuamente entre nosotras. Un ejemplo: "Queremos di pagar, pero ni aun así hay sitio. ¿Qué quieren que hagamos?". Esta es ella, claro, a la vez que aparca en un carga-y-descarga al que le quedan 20 minutos para ser legal, o sobre un dudoso badén al lado del carril bici en medio de Enric Granados.  Por supuesto, yo estoy en las antípodas de esa actitud: nunca aparco ilegalmente  y si me ponen multas son siempre por acciones sin alevosía ni nocturnidad. Claro que las dos últimas veces que he apelado escribiendo un panfleto que ríete de los divagues, han pasado de mí con un argumentario -lo que más me fastidia- que no responde a mi recherse-du-temps-perdú, sino con una narrativa que suena a corta y pega.  


Y vuelve el papa
Se infringió la ley también en Montjuïc, donde subimos a la Fundación Joan Miró. La foto de arriba muestra la ciudad con La Sagrada Familia ahí en el centro. A la gente de Barna, que ya tuvieron suficiente exposición al mundo con los Olímpicos y se les llenó esto de guiris, les hace mucha ilusión lo de la retransmisión internacional del papa inaugurando (para ellos, bendiciendo), que asegura nuevo tipo de turista -a añadir a los del brunch de aguacate en tostada-: el peregrino religioso. Pero volviendo a la basílica, a mí me gustaba más inacabada -en particular la portada de Subirach-, este añadido fálico me parece innecesario

Miró: meh
En la Fundación Miró disfruté más del edificio en sí -tiene un aire como ibicenco o "manrique", opinó Fashion- que de las obras, nunca ha sido santo de mi devoción. No es la primera vez que me pasa esto con un museo, que prefiero el continente al contenido. 



Roc aguantó allí 20 nanosegundos en un cuentacuentos en catalán, pero luego dibujó durante bastante rato bajo un olivo, donde podías dejar tu obra con unas semillas. Me perdí el simbolismo porque me abanicaba furiosamente en una sombra. Menos mal que a la salida dimos con una terraza muy agradable -de nuevo, con vistas- a la que llegamos en un estado lamentable, pero nada que no pudiera resolver una coca-cola con muchísimo hielo [tiene todo el sentido que el zumo yanki fuera concebido como medicina]. Y logré no pensar en nuestra última infracción vial durante todo el rato, un punto pa'mí. 



Modernismo, ciencia, Total Institutions
Y siguen las visitas culturales: esta vez a Cosmocaixa, un museo de la ciencia que por fuera es así de chulo. Era un antiguo asilo para ciegos, l’Empar de Santa Llúcia, del arquitecto Josep Domènech i Estapà y estuvo abierto hasta 1979. Cómo eran en el pasado institucionalizando a todo el mundo con problemas en lugar de ayudar a su integración en sociedad. 


El modernismo en Barcelona es maravilloso: así como disfruto de la arquitectura de Londinium todo el rato, en Barna hay edificios y palacetes para alucinar. Igual que aquí, construido sobre las espaldas de esclavos de las colonias: si logras que esta idea no pase por tu cabeza mientras ves toda esta opulencia, eres de esa gente que me cae mal. Si no, es 
otra oportunidad para educar políticamente a tus hijes y sobrines. 

Por dentro es también una chulada. Se baja por unas escaleras de caracol que rodean un árbol y abajo hay un acuario espectacular....



"El bosque hundido" lo llaman y esto es solo un ángulo... luego sigue y sigue por otros pasillos... El tamaño de los peces, de preocupar: más grandes que Roc! Recordaba algunos momentos buceando entre bancos de pececitos, pero esto es otro nivel.



 Y esto es una capibara... parece que hemos tenido muchísima suerte de verla o verlo, whatever.


Es todo muy interactivo en la sala "Universo"  hay desde física y química...



... hasta la doble hélix del ADN...



... pasando por el cerebro...


... la microbiota y muchísimo más. 



Cuando me jubile, he de empezar otro blog ligero con estos temitas. De momento, convento cisterciense a la salida...




Libros
También he pasado por La Central, claro (ni que decir tiene que para ello el coche tuvo que de nuevo infringir la ley sobre alguna línea amarilla) y sigo sin encontrar el de Alma Delia Murillo que recomendó el náufrago Ro pero me compré "Temporada de Huracanes" de Fernanda Melchor.  Aquí empieza "Temporada de ropa interior tendida"... un aperitivo.


Me dan ganas de leer el libro de Pierre Bayard titulado "Cómo hablar de libros que no has leído", porque me parece un título provocador (en el divlog hay su divague de las sombras de Grey por ej, sin haberlo tocado ni con un palo de 12 metros), pero luego leo que el autor, además de catedrático de literatura, es psicoanalista: pongo la mano en la pistola. Sin embargo voy a incluir esta frase:
"Los libros que amamos ofrecen un esbozo de todo un universo que habitamos en secreto y en el que deseamos que la otra persona asuma un papel. Una de las condiciones para una relación romántica feliz es, si no haber leído los mismos libros, al menos haber leído algunos en común; lo que implica, además, no haber leído los mismos libros. Desde el inicio de la relación, por lo tanto, es crucial demostrar que podemos estar a la altura de las expectativas de nuestra pareja, haciéndole sentir la cercanía de nuestras bibliotecas interiores".
Piromanía institucionalizada
Ah, la noche de San Juan. Pienso en los pirómanos, pero no los de los chistes, sino las personas con este desorden de control de los impulsos, que no ganan nada con ello aparte de liberar cierta tensión interior. Imagino que esta noche es un "field day" para ellos. A mí no me gusta nada el ruido y nunca he podido entender los petardos, tracas, mascletás, así que se puede imaginar mi estupor cuando veo que hay unas tiendas efímeras que expenden este tipo de material, previa firma con DNI. Porque sí, los padres de Roc le compran unas "bombetas", que es lo que parece que los niños de 4 años hacen aquí. No tengo palabras y expreso mi horror, pero ¿quién hace caso a la tía, por mucho que sea la de América? En la plaza de detrás de casa, hay seniores hechos y derechos con náuticos y camisa de plana en plena cremá de distintas variaciones del tema. 

Menos quejas: ya expliqué aquí lo que sería una noche ideal de solsticio de verano pero, al final, esta casi lo parece. Salimos a cenar a la terraza y, de lado a lado del cielo, la gente está satisfaciendo su tensión interior con fuegos artificiales. Los vecinos del edificio de enfrente, como son ricos, han echado el resto y parecen fuegos organizados por el ayuntamiento. La foto no hace justicia, pero fue un ratito mágico: me recordó a Nochevieja en mi balconete en Londinium, y ver los fuegos muy lejanos en los distintos barrios de la ciudad. 


La manguera, diversión del pobre
Creo que ya he dicho alguna vez -el qué no habré dicho tras todos estos años- que el jugar con una manguera en verano me parece la diversión máxima del pobre en verano. ¿No tienes piscina pero sí un puntito de sadismo? La manguera es para ti. Ahora, además, las hay con difusión y lluvia primaveral y tal; ya no hay que meter el dedo para apuntar como en el Pleistoceno. 

Se preguntará el divagante la razón de la foto siguiente: es el sistema, ciertamente de otra época geológica, para lavar coches con manguera. Además, no se han molestado en cambiar el precio: por dos euros, lavado, aclarado y abrillantado. Fascinante también la sociología del lugar: tomado por los señoros amantes del motor, de esos que llevan su automóvil como un pincel -un poco mis antípodas, recordemos que a Wolfy hay que sacarle el musgo de vez en cuando. Como éramos las únicas chicas, pareció mal empezar a enfocarnos con la manguera -sección aclarado, ni que decir tiene-, no vaya a ser que terminásemos haciendo una fiesta de camisetas mojadas ahí con nuestros linos.  


Vamos a la playa, o-o-o-o-o, todos sin sombrero
A la salida terminamos en este parque ya autorizado para semejante cosa y mi principal observación es que a la península no ha llegado la religión de "un rayo de sol implica niño con  sombrero". Sería impensable en el UK tener a mediodía a esa panda de menores en plena solera descubiertos y este parque hubiera sido otro Field Day, esta vez para servicios sociales. Tampoco vi niños con bañadores enormes con protección solar. 


Pero en estas que, de repente, veo a una chica cuya cara me sonaba persiguiendo a un crío de la edad de Roc. Dudo porque, si es ella, no la veo desde 2019, cuando ella era una joven aprendiza de bruja que rotó por mi equipo. "Hola, eres S?", me lanzo, y ella me mira perpleja y entonces me doy cuenta que llevo gafas de sol y mi sombrero -yo sí- de viajes mugriento, así que me lo quito todo para que me reconozca. Qué ilusión: ahora trabaja de bruja ya titulada y recordamos batallitas. 

Brexit, lawfare, nuestra amada Latinoamérica
No voy a entrar en este tema, pero no sería fiel a la realidad de estos días si no contase que he estado escuchando podcasts o leyendo la prensa obsesivamente en ambos países donde no paran de pasar cosas en el ámbito político. El UK, ese país ingobernable tras el Brexit: a por el séptimo Primer Ministro en 10 años, y además miles de artículos para conmiserarnos de la década del maldito Brexit. Que el tipo que mintió descaradamente en aquella campaña tenga ahora posibilidades de ser nuestro siguiente PM es sobrecogedor. Mientras tanto, en Ejpaña, es como un thriller con tintes gore. En Latinoamérica, ni me meto. Es que no hay dónde huir. 

¿Por qué lleva esa señora una galleta en la cabeza?
Llega el día que me tengo que ir, y me da mucha pena porque Roc hace preguntas como este título frente a una botella de aceite "La Española". No he podido encontrarla online, pero en su botella, el clavel era amarillo, así que lo de la galleta es aún más plausible. 



La conversación es tan animada con Fashion en el camino al aeropuerto que no se me ocurre mirar la terminal hasta que estamos en una zona que no me suena de nada: ah, que voy a la T2, no a la T1. Nos hemos pasado la salida y, de repente, nos encontramos en medio del desierto de Atacama a las tres de la tarde. Sugiero que me deje en la T1 y "ya caminaré" pero se echa las manos a la cabeza, por lo visto no hay un amable pasillo refrigerado, sino gran distancia y peligro de golpe de calor, hasta con sombrero, en el intento. Tras horas de "la diligencia", llegamos, nos metemos en un parking innecesario y supongo que también ilegal, o Fashion no obtendría su dosis de subidón. 

Metemos todo esto a la procesadora, le damos al "on"... y a ver qué sale. 

16 junio 2026

"Carretera Azul: La historia de Edna O'Brien" [documental] y "Las chicas de campo" [novela]: Feminismo en la Irlanda de los 60

 Llegué a "Las chicas de campo" ("The country girls") de la irlandesa Edna O'Brien vía un documental sobre la autora que recomendaron de unos amigos. Me suelen gustar mucho los documentales sobre escritor@s, así que "Blue Road: The Edna O’Brien Story" (2024) de Sinéad O'Shea era para mí. 



Antes de verlo, leí su primer libro, "Las chicas de campo" (1960), que dice que fue "su libro más fácil de escribir" -  imaginen, lo escribió en tres semanas. Es el primero de una trilogía: le sigue "La chica de ojos verdes" ["The lonely girl"] (1962) y "Chicas felizmente casadas"  ["Girls in their married bliss"] (1964). Solo he leído el primero y en este punto, no voy a seguir con el resto porque, aunque entiendo [y voy a hablar] del valor histórico de estas novelas que fueron prohibidas y quemadas por los curas en todo el país, calificadas de "sucias", y criticadas por su propia madre, a mí formalmente no me ha parecido extraordinaria. Seguramente estoy equivocada, esta ópera prima recibió el premio Kingsley Amis [no sé por qué digo esto: no creo en los premios literarios], y la autora durante su vida muchos otros. Obviamente, el documental es un panegírico constante por parte de profesionales del tema  -para qué están los docus-, mientras que en los blogs personales, dilentantes de medio pelo  hacemos análisis sin usar el triste báculo de la teoría psicoanalítica -ya sabemos que la crítica literaria oficial tiene estas veleidades infumables-,  lo cual es un punto a nuestro favor.

Empecemos con el escenario, que será fácil de entender para cualquiera que haya tenido una madre que era joven en los 60. La situación de las mujeres en Irlanda en la época rimaba con la nuestra: otra sociedad dominada por la religión, los prejuicios,  el machismo. Un horror crecer allí como le tocó a Edna y a las protagonistas de su novela, Caitlin y Baba, dos chicas de 14 años que viven en un pueblo cerca de Limerick. La familia de Baba es algo más profesional -su padre es veterinario-, la de Caitlin son granjeros. Cuando digo profesional, me refiero obviamente al padre, su madre languidece en casa. El padre de Caitlin tiene problemas con el alcohol y es violento: la novela comienza con un primer párrafo que nos pone en alerta, aunque no es una novela que hable de la violencia machista en concreto: lo que nos queda claro es que Caitlin le desprecia y no puede esperar a irse de casa. 

La narradora es Caitlin en un estilo que uno de esos catedráticos de literatura describe como "estilo indirecto libre", en el que la narración adopta los sentimientos y el vocabulario del personaje. O sea, leemos la historia desde el ángulo de una Caitlin mayor y más sabia, que retoma su papel de joven y utiliza un estilo que reproduce sus percepciones juveniles.



La dicotomía Caitlin-Baba es interesante: por ahí he leído que Baba es "la hermana mala de Caitlin", o sea, la versión malota de lo que hubiera querido ser O'Brien. En el docu, O'Brien dice que Baba es todo lo que ella no era. Caitlin es la buena chica, con más miedo y aversión al riesgo que Baba, y más lista.  Por ello le dan una beca para ir a un internado de monjas ("convent school" que dicen en inglés) y Baba se une, pero pagado por sus padres. Una vez allí, Caitlin tiene buenas notas y Baba renquea, pero está siempre ahí como la voz de la desobediencia. Este análisis puede ser de una comida de coco de la crítica literaria, a saber si O'Brien pensó todo eso en las tres semanas en las que compuso la novela. 

A mí el personaje de Baba me cae mal: es cruel con Caitlin -me pregunto por qué la aguanta- y a medida que crecen durante la novela se convierte en una adolescente y una  joven con la que a mí no me interesa pasar mucho tiempo. Baba provoca algunos de los puntos clave de la trama -expulsión del internado, cita desagradable con dos tipos mayores ricos- pero teniendo todos los puntos para haber sido un personaje carismático por representar la rebeldía, no lo es. Y dudo que mejore en las otras dos novelas, creo que —¡sorpresa!- termina casada con el típico adinerado, seguro por su belleza interior. 

A ratos esta lectura me llevaba a "La amiga estupenda"  (2011) de Elena Ferrante: otra trilogía de amistad entre dos chicas, Lenu y Lila, que empieza en la infancia. Lenu era la narradora -otra Caitlin- pero recuerdo poco de Lila, la amiga estupenda, ni por qué lo era, aunque no me suena que me cayera tan antipática como Baba.  Mi mejor recuerdo es la ambientación de la Nápoles de los 50: la luz, el ruido, el caos. Pese a todo, no fue suficiente y no seguí con la trilogía por las mismas razones que con esta. 

Leer la vida sentimental de Caitlin me lleva a concluir que, aunque el mundo está claramente involucionando en casi todo, aún quedan actitudes que han mejorado en los últimos años o décadas - que espero sean inamovibles. Caitlin se enamora de un tipo francés casado que vive en su pueblo y al que todos llaman "Mr. Gentleman", ante la incapacidad de pronunciar su nombre real ("gentleman" significa caballero). Y es todo menos un caballero, porque da alas una Caitlin de 14 años encaprichada; aunque la relación no es abiertamente sexual al principio, es grotesco ver cómo un adulto cree que puede ser normal meter en el coche a una chica de 14, decirle cosas románticas, hacer manitas y darle algún beso. Más adelante, cuando Caitlin ya tiene 18 la cosa va a más y la descripción de la escena -sin ser explícita para los estándares actuales- sigue repeliendo. Luego le da un "gentle slap" (una bofetadita) y esto lo deja la autora ahí sin mayor consecuencia ni comentario, lo que me lleva a pensar que esto no era una rareza. La novela es muy buena en ayudarnos a meternos en ese contexto, la Irlanda de los 60, y constatar de dónde venimos. 

Pero entre la Irlanda rural y la vida en Dublín como mujeres jóvenes que no se han quedado en el  pueblo e intentan un punto de independencia -Caitlin trabaja en un colmado, a Baba le siguen pagando algún tipo de educación, aunque le irrita que Caitlin hable de libros- ambas pasan por el convento internado. Esto no fue planeado, pero mi lectura ha sido  inmediatamente después de la novela del convento de monjas del SXIV y coincidió con la escritura del divague, [noto que aquí también describen a las "lay nuns vs. choir nuns", las tontas y las listas, las con dote y las sin dote] y también con el del convento de Santa Catalina de Siena en Arequipa. O sea: ¿me persiguen las monjas? Basta!

En fin, que esta parte es terrible de otra manera, y me lleva a otro sitio donde no me gustaría volver pero, como venimos diciendo, está de plena actualidad. Quien quiera refrescar lo que era la vida en la que había que ponerse el camisón dentro de la bata y cosas así, lo puede hacer con este libro también. Lo que más me ha gustado del convento ha sido la sororidad de algunas chicas mayores con las pequeñas, pero en general son lugares lúgubres y de grandes tristezas -nada como los internados protestantes de Enyd Blyton y las chicas organizando la fiesta nocturna en la piscina [piscina en UK: qué flipada] con "cerveza de jengibre y pasteles de carne". Yo no estuve interna, pero en mi colegio las había y eran esos seres que nos miraban a las externas con ojos  lánguidos cuando nos íbamos a casa. Me quedé en medio pensionista y la mala comida del convento me ha resonado mucho: recuerdo que, ante según qué platos, había que planear un trueque, que alguien, por al amor de Dios, se comiera aquello que te asqueaba a cambio de otra cosa, o, si este fallaba, pasar al Plan B:  evasión del "dulce de membrillo" (*) camuflado en el bolsillo de la bata. (*) Ese postre infame venía en triángulos como los quesitos de "La vaca que ríe", los ponían con dos galletas malas, y la gente se hacía sándwiches monstruosos. Yo lo enterraba en la arena, una zona para hacer castillos. Otra cosa que compartimos con las chicas de O'Brien es la fascinación por los "cuarteles monjiles", donde hacían la vida. Era para nosotras un misterio saber dónde dormían, cómo sería su sala de estar y después de comer a veces emprendíamos excursiones con otras dos niñas a ver hasta dónde llegábamos. Una vez nos pilló una monja y nos iba a llevar a la superiora, fue un drama terrible, y tuvimos que dejar aquellas exploraciones. Nos separaba el mar y 20 años, pero las niñas irlandesas no eran muy diferentes a nosotras. 

O’Brien dio voz a una generación de mujeres, expuso la "colada sucia" de una sociedad  que se quería vender al exterior como pura pero que usaba la vergüenza de las mujeres como arma de control. Abrió el camino a otras muchas autoras como Sally Rooney, que también escribe explícitamente de sexo, de clase social, de sociedades represivas.  Pero en aquella época fue una hazaña increíble y esto queda muy claro en el documental, con el que termino. 




Dura una hora y 40 minutos y tiene mucho archivo, entrevistas que le hicieron a O'Brien cuando era joven, apariciones en programas de la tele en los que parece escandalizar al personal, y una entrevista cuando tenía 93 años, poco antes de morir.  La también irlandesa Jessie Buckley -la actriz que ganó el oscar por Hamnet por si alguien no cae-, que tiene una voz chula y muy personal lee entradas de sus diarios. Hay entrevistas a sus dos hijos, que decidieron irse a vivir con ella tras el divorcio de un cretino que iba de escritor y que no  pudo tolerar que su mujer tuviera éxito. Cuando los niños decidieron irse con su madre, cortó toda comunicación con ellos- este nivel de imbécil y malvado. 

Durante el docu, O'Brien reflexiona lo mala que ha sido durante su vida eligiendo hombres; en un programa dice "encontrar a alguien a quien amar y a alguien que cuide de ti con conceptos muy diferentes". Cuando se divorció se fue a vivir a Carlyle Square en Chelsea y tuvo un affair con un político que no se desvela -pero parece que bastante importante- que, como siempre, no dejó a su mujer.  Fue paciente -alucinante- del infame psiquiatra y psicoanalista escocés RD Laing,  el padre de la "antipsiquiatría". El farsante le dio LSD para sacar sus "demonios interiores" y la escena en la que describe sus experiencias psicodélicas da bastante miedo. Siempre he sentido curiosidad por ciertas drogas pero siempre me ha dado terror tener un "mal viaje", luego nunca me atrevería. En las alucinaciones de O'Brien salían ratones - sé lo que saldrían en las mías. 

Al final del docu, te quedas con la impresión de que, como me viene pasando con algunas mujeres escritoras, estás ante una persona muy especial.  Experimentó con todo, y estuvo en el centro de una vida social apasionante: por sus fiestas pasaron Robert Mitchum,  Richard Burton -que la impresionó mucho en el teatro y se quiso liar con ella-, Sean Connery, Marianne Faithful, Marlon Brando, Paul McCartney, Shirley McLaine... Cogió la vida por los cuernos, con un par, y la vivió a tope.  Se inventó carreteras azules, y de ahí viene el título, claro:  un concepto suyo con el que se metía el payaso aquel que tuvo por marido diciendo que no existían carreteras azules. Pero ella no se movió y, aunque aquí tal vez no se capte, en esta escena del docu,  este camino es claramente azul...