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17 marzo 2026

"Milkman" de Anna Burns: Claustrofóbica, feminista, antimilitarista y con sentido del humor.

Como llevo una etapa "el norte de Irlanda" desde que leí "No digas nada" de Patrick Radden Keefe, Elena Rius me recomendó "Milkman", la novela de Anna Burns que ganó el Booker Prize en 2018. Después de haber pasado las Navidades en Belfast y paseado por la costa hasta la "Calzada del Gigante", o haber visto "Kneecap", algunos episodios de "Derry Girls" y uno de "Cómo ir al cielo desde Belfast", estaréis conmigo en que soy una pequeña autoridad en el tema. Pero ninguna de estas lecturas, visitas, audiovisuales... me han acercado tanto al tema de los "Troubles" en los 70 en el norte de Irlanda como "Milkman".

Nota: No hay spoilers en el divague. En la novela hay bastante trama de la que no cuento nada. 


Empecemos con aspectos formales
Porque he leído varias veces que la novela es de difícil acceso. "La vista cuando tocas la cima no me compensó el duro trekking", dice James Marriott, un crítico admirado por escribir metáforas como esa.  ¿A qué se refieren? 

Burns no da nombre a ningún personaje y se les describe según las relaciones entre ellos; por ejemplo, la narradora es la "middle sister" (la hermana mediana), su noviete el "maybe boyfriend" (el quizás novio), su cuñado con el que va a correr, el "second brother-in-law" (el segundo cuñado), y así todo. La autora contó que lo intentó con nombres varias veces y no le funcionaba. También usa códigos para hablar del ejército británico o más generalmente de los protestantes ("defenders of the state"= los defensores del estado) y a los miembros del IRA o simpatizantes católicos ("renouncers of the state"= los que renuncian al estado impuesto por los británicos). O toponímicos especiales: el país "over the water" ("al otro lado del agua"= Gran Bretaña), el país "over the border" ("al otro lado de la frontera"= el resto de Irlanda). 

Pero enseguida se entra en esa nomenclatura; la potencial dificultad es el estilo de monólogo interior, con larguísimos párrafos que a veces duran páginas enteras y prácticamente pocos puntos y aparte. Pero a mí el estilo y la voz de la narradora me han gustado mucho.

Los dos milkman
Para quien no entiende inglés, el "milkman" es el lechero, esa institución que no sé si aún existe, pero que estaba muy viva y coleando en Grimsby en 1997: doy fe. Nos suscribimos a sus servicios durante un tiempo y cada mañana teníamos en la puerta de casa una botellita de cristal con nata en el cuello, tan directa de la vaca venía. Lo dejamos porque en poco tiempo nos engordamos unos kilos: verídico. Pero en "Milkman" hay un lechero real, un hombre que fue lechero que protagoniza una de las historias para mí menos interesantes de la novela, y luego el falso lechero al que todos llaman Milkman - la razón se desvela al final. 

La hermana mediana
Milkman es un capo del IRA que se interesa por una chica normal, la narradora o hermana mediana. O no tan normal: lee literatura del siglo XIX -porque no le gusta el siglo XX en el que vive- mientras camina al trabajo en el centro de Belfast, y vuelve a casa en el barrio obrero del oeste sobre el que escribí en el divague de Boxing Day, el de los muros que aún hoy separan la zona protestante de la católica. Sugiero volver para ver las fotos de los muros y recordar que en el norte de Irlanda (vs. Irlanda del Norte, llamarlo así -"north of Ireland" - indica que erea católico y "Northern Ireland", protestante) cada una de tus elecciones más banales no lo son porque te definen: tu equipo de fútbol, la cerveza y los licores que bebes, la marca de tu coche, los pubs donde vas, por supuesto, tu colegio.  

La hermana mediana tiene 18 años, vive con su familia numerosa (diez hijos: algunas hermanas mayores casadas, cuatro hermanos -uno muerto, otro "on the run" (fugitivo), otro en el extranjero- y tres hermanas pequeñas), y tiene un noviete no formal. Ella le da bastantes vueltas a esa relación -sobre si comprometerse más, o tal vez no- hasta que un día su vida cambia cuando Milkman para por primera vez su coche para decirle lo que le viene diciendo todo el mundo desde hace tiempo, que es rara por leer caminando en plena calle, y ofrecerse a acercarla a casa. La narradora describe esa presión que sentimos todas las chicas cuando un tipo cruza un límite, pero no es claramente algo terrible y nos preguntamos si seremos nosotras las locas:
"No parecía grosero, así que no podía ser grosera y seguir corriendo. Así que dejé que ese hombre que no quería cerca de mí me hiciera caminar más despacio"He didnt seem rude, so I couldn't be rude and keep on running. Instead, I let him slow me, this man I did not want near me".
Lo que comienza así -una conversación con un tipo que te habla de la manera como hablan los stalkers (*), en primera del plural en lugar de la del singular desde un coche en el que ni subes-, pasa enseguida a ser para la comunidad una relación romántica, porque absolutamente todo lo que haces es observado por mil ojos e inmediatamente repetido en mil orejas, tal vez corregido y aumentado en mil mentes, todo de manera exponencial. 

(*) Stalker es una palabra de difícil traducción: el diccionario dice "acosador", pero por concretar es alguien que te sigue y te observa de una manera obsesiva durante un periodo de tiempo. 

La comunidad, el contexto político
No es solo la descripción del stalker lo que hace de esta novela una experiencia increíble; es que Burns te hace sentir la opresión, la asfixia, el agobio de vivir en una sociedad cerrada donde todo el mundo sabe todo y es interpretado en clave política.  

El IRA sabía que su supervivencia como guerrilla armada en un ambiente anti-estado con una comunidad súper unida dependía del apoyo local en ese ambiente. Ellos eran además las instituciones de esa comunidad: la justicia, la policía, los que hacían  las leyes no escritas. Si había miembros del grupo cuya vida estuviera de alguna manera en contra de su filosofía, ellos se "encargaban". Para establecer su poder, por ejemplo, entraban en discotecas y pubs cubiertos con pasamontañas y con armas para inspeccionar a los "indeseables y los menores de edad". Era una simulación, porque nunca se llevaban a nadie, pero era una muestra semanal de su fuerza. Al rato, se repetía la misma operación con soldados del "ejército ocupador", estos vestidos de kaki, que entraban en busca de los del IRA. Y la gente en la discoteca bailando a Queen o Bon Jovi, teniendo que parar un rato para presenciar esta exhibición de músculo idiota. A todo te acostumbras, pero qué curioso (y ole por ellos) que siguieran con la fiesta. 

Otro ejemplo de su control de la comunidad es que en las tiendas les dejaban irse sin pagar por miedo a represalias - y nuestra protagonista lo vive una vez en un "fish & chips". Me recuerda al bullying (a falta de una palabra en castellano) que tuvieron que sufrir los perdedores de la Guerra Civil Española en los pueblos, por ejemplo. Mi padre me contó que mi abuelo que era manitas se hizo un gallinero y uno de los fachas le dijo, qué bonito gallinero, lo quiero para mí. Insoportable. 

Otro tema es que si tienes cualquier problema en ese contexto (como nuestra protagonista, un stalker, pero también puede ser una violación, un atraco, lo que sea) no puedes ir a la policía, igual que si tienes un problema de salud no puedes ir al hospital  porque si sacas un problema de la comunidad, te tomarán por "informador" y te acabarán matando. Es su propia ley. 

Así que nuestra hermana mediana no podía denunciar el acoso no solo porque se hubiera convertido en informadora, sino que además las implicaciones de algo tan banal como que un tipo veinte años mayor ponga sus ojos en ti son de vida o muerte. Ya es desagradable que a una chica de 18 le entre un tipo de 40 y pico casado y con familia pero si no hay relación de poder, tal vez te lo puedas quitar de encima de una manera más o menos aséptica. Pero rechazar a un miembro del IRA podría salpicarle no solo a ella, sino también a todos los que quiere y a quienes se cruzan por su camino. Es aterrador. 

Por supuesto cosas serias como esta, o más banales como tener que comprobar tu teléfono antes de llamar por si estaba pinchado afectarían a la salud mental cualquiera y también para nuestra protagonista. Incluyo este párrafo para ilustrar el estilo tan seco, áspero y para mí bonito de Burns:
Se refería a depresiones, porque papá las había tenido: grandes, masivas, veloces, enormes, como nubes negras, infecciosas, como cuervos, cornejas, grajos, ataúdes sobre ataúdes, catacumbas sobre catacumbas, esqueletos sobre cráneos sobre huesos arrastrándose por el suelo hasta la tumba, ese tipo de depresiones.”
“She meant depressions, for da had had them: big, massive, scudding, whopping, black-cloud, infectious, crow, raven, jackdaw, coffin-upon-coffin, catacomb-upon-catacomb, skeletons-upon-skulls-upon-bones crawling along the ground to the grave type of depressions.”
Otros personajes 
>>Las wee sisters
Mis personajes favoritos de la novela han sido las "wee sisters".  [Nota de la traductora: "wee" es una palabra que los irlandeses ponen delante de casi todo y sirve para hacer el diminutivo, luego se traduciría como "las hermanitas"]. La narradora tiene tres hermanas de 7, 8 y 9 años que son como unas chispitas de luz en medio de tanta oscuridad: les interesa la ciencia, la geopolítica, la hermana mediana les lee Kafka por la noche, ellas leen periódicos ingleses tiradas por el suelo, sin darse cuenta de que esto o alguno de sus hobbies puede ser interpretado como "traición" dentro de esa comunidad. Una profesora intentó explicarle a la madre, viuda, que esas niñas eran muy listas, que se les quedaba pequeño ese cole, esa sociedad. Están llenas de energía, de alegría: representan la esperanza. Me encanta que por las tardes se van a la calle "a correr aventuras" igual que los perros. Hubo una época en la que los niños y los perros éramos libres: yo lo recuerdo. Como vivía en una calle de casitas, en verano de pequeña me dejaban salir a jugar con otros niños y teníamos un perro que también salía de paseo por su cuenta y siempre volvía. Ahora esa vida parece increíble: era la época de los pañuelos de tela, que también salen en la novela.

>>Los perros
El caso es que los perros de esta zona también salían "a correr aventuras", pero además con sus ladridos avisaban cuando venía la policía británica. Hay una escena terrible en la que los británicos matan a casi todos los perros de la zona y hacen una montaña con ellos: expresión más gráfica de la crueldad y la atrocidad que era el día a día es difícil imaginar; aunque ya no, con lo que estamos viendo hoy en día.  

>>El verdadero ex-lechero
Aunque he dicho al principio que la historia del final del verdadero milkman no me ha llegado, él, sin embargo, es interesante porque representa la voz de la disidencia con respecto a la situación de su país, pero desde una izquierda crítica:
"Habló sobre la tragedia en general, el malgasto, la falta de visión, de prevención, de todas las ramificaciones derivadas de la pobreza y de estos tercos y persistentes problemas políticos. Continuó, mencionando el abandono, la pobreza , la injusticia y la pérdida de  oportunidades, y por un momento pareció perderse en sus pensamientos". "He spoke of tragedy in general, its waste, the lack of foresight, of prevention, of all the ramifications stemming from poverty and these stubborn, entrenched political problems. He went on, mentioning neglect and disadvantage and disfavour and the loss of good opportunities and for a while seemed to go away in his thoughts". 
Feminismo y los grupos de mujeres que recorren la novela
También sabe el ex-lechero encontrar el potencial de las wee sisters y es que la novela es profundamente feminista: por eso, por la personalidad de la protagonista, por la importancia que tienen ciertos grupos de mujeres:

>>Las "issue women" (o mujeres problemáticas) 
Me encantan: son un grupito que se empieza a reunir para hablar de los derechos de las mujeres en un cobertizo, donde tienen colgados pósters de mujeres que nos inspiran al resto, supermujeres como las Pankhurst, Millicent Fawcett, Emily Davidson, Ida Bell Wells, Florence Nightingale,  Eleanor Roosevelt, Harriet Tubman, Mariana Pineda, Marie Curie, Lucy Stone, Dolly Parton.  Por cierto, los curas les dejan salas de la iglesia para que se reúnan los del IRA, pero no las mujeres problemáticas.

Toda la comunidad se preocupa por lo que hacen estas mujeres y es muy gracioso: "podrían estar haciendo actos homosexuales o abortos allí". No he comentado que la novela tiene mucho sentido del humor para un tema tan duro como este, por ejemplo, aún me estoy riendo cuando dicen que "usan terminología como 'terminología', sistémico, transhistórico, institucional, etc.

Las issue women logran crear lazos con organizaciones feministas fuera de la zona e incluso consiguen que venga una mujer de la central a dar una charla. Pero no se libran: todo esto es observado, analizado y censurado por el IRA y sus múltiples ojos, así que esa conferenciante no puede volver. 
  
Tal vez el último capítulo de la novela no me gustó porque me impliqué mucho con ellas -como con las wee sisters- y hubiera querido que las "mujeres problemáticas" hubieran tomado un rol más central.

>>Las groupies del IRA
Estas son las que están emparejadas con los del IRA. La madre de la protagonista, pese a tener un par de hijos de esa cuerda, le avisa para que nunca se líe con uno de ellos: "nada les para hasta que la muerte les para". 

Las llama "las groupies" (como si fueran fans enloquecidas de un grupo musical) y cuando creen que la narradora es una de ellas por su relación con Milkman, le enseñan cómo serlo en el baño de una discoteca: la lideresa la mira en el reflejo del espejo, luego se mira a sí misma, en concreto a su escote, parece satisfecha, se lo recoloca, más satisfacción, y le dice:
"Un hombre peligroso. Masculino. Mucho. Tiene que serlo. Me encanta ese tipo de cosas (...). Ponte guapa. Con clase. Siempre con vestidos. Nada de pantalones. Tacones altos, ah y joyas. Nunca le decepciones. Nunca vayas sola al bar. Nunca salgas a la pista de baile con otro hombre, nunca coquetees con otro. Nunca pienses en otra relación. Hónrale. Haz que se sienta orgulloso".  "A dangerous man. Masculine. Very. Has to be. Love that sort of thing (...). Look good. Look classy. Always dresses. No trousers. High heels, mind- and jewellery. Never let him down. Never go to the bar by yourself. Never go to the dancefloor with another fellow, never flirt with another man. Never consider another relationship. Honour him. Do him proud". 
Da miedo. Mucha política para liberar a tu estado oprimido, pero sus mismas mujeres siguen siendo más machistas y tradicionales que el Papa. 

>>Las mujeres piadosas
Como su nombre indica, son las típicas católicas irlandesas entre las que podría estar la madre de la narradora, que le advierte sobre las muchas plagas de langostas y que usa eufemismos graciosos para referirse a conceptos como quedarse embarazada o abortar. Ellas son las que hacen algunos de los trabajos sucios que no pueden hacer los profesionales del sector sanitario, desarrollando todo tipo de brebajes, operando en quirófanos de bricolaje y así todo.

Las mismas mentiras
Burns describe también las narrativas que se cuentan a sí mismas las gentes que viven en medio de un conflicto como este para sobrevivir: es tan viejo como la humanidad. Si te han matado a un hijo, la historia que te consolará es que "no murió en vano", y eso creen. Este cuento de hadas es el mismo que en estos momentos se estarán contando los padres de los soldados americanos que han muerto en Irán, si es que han comprado la narrativa del narcisista naranja. 

Pero es mentira: ya lo escribió Wilfred Owen en su poema: "Dulce et decorum est pro patria mori". Hoy que tanto se habla de "hacerse con el relato", el mío sigue siendo este: si todas las personas de a pie nos paramos y decimos basta [No-a-la-guerra], no continuaría ninguna de ellas. A esta conclusión llegó Vera Brittain (lean el libro o el divague del libro, que es casi tan largo como el ídem) y se hizo pacifista. 

Terminando, di que no
Hay una frase que me encanta que resume perfectamente a nuestra heroína, la protagonista:  "the privacy of the subtext of my own mind where nobody could witness me being me" ("la intimidad del subtexto de mi propia mente donde nadie podía presenciar yo siendo yo"). Por eso se evade leyendo novelas del siglo XIX por la calle, porque no quiere pertenecer a ese millón de ojos que observan, critican, reportan. No va a coger un fusil que en su caso es "vestidos-maquillaje-tacones-joyería-fidelidad-sexual-mal-entendida". Tampoco por el otro lado: no va a ser informadora y desde luego no apoya a los ocupadores. Simplemente, no ha comprado el relato, no es bonito morir por la así-llamada-patria. Lo que ya la gente quiere es poder ir a buenos hospitales, que las niñas pequeñas tengan oportunidades, bailar sin que un tipo con pasamontañas te ponga una linterna en la cara cada viernes. 

Como todas las grandes novelas, "Milkman" usa un punto concreto de la historia en un lugar tal vez muy lejano para ti para tocar temas universales y necesarios: te lleva a un pasado al que no querríamos volver y te deja varada en la playa de un presente en el que hemos de ponernos en pie y decir basta. 

08 marzo 2026

8 de Marzo y mis activismos vetústicos

No se asusten: no es que esté en una etapa "revival" pero es que estoy en Vetusta, y esto siempre justifica un paseo por "Memory Lane". Resulta que hoy es el Día de la Mujer Trabajadora y siempre que los astros se alinean, hago un divague: el último fue sobre conversaciones feministas con Mini, pero hemos tenido sobre mujeres como Amparo Poch, Virginia Woolf, las sufragistas y mucho más

El caso es que hoy, trasteando por cajones dormidos, he dado con mis agendas de juventud, de la editorial feminista Horasyhoras. Desde 1994, empecé a comprar "La agenda de las mujeres", que cada año tenía un tema. Gracias a ella conocí o recordé a mujeres artistas, escritoras, políticas, activistas. 


En 1994, "Mujeres imaginadas por mujeres", a Remedios Varo. En 1995 en "Sublimes" a Maruja Mallo. En 1996, en "De la República" a Margarita Nelken, a María de la O Lejárraga, a Federica Montseny, a Margarita Xirgu, a Victoria Kent, a Isabel Oyarzábal, Mari Pepa Colomer, Dolores Ibárruri, Clara Campoamor, Hildegart, entre otras. En 1997, "En la erótica", textos de autoras como Toni Morrison y Anais Nin. 1998: a "Poderosas, perversas, provocadoras" como Juana la Papisa, Brunigilda, Mata Hari, Coco Chanel. 1999, en las "Que pintaron el mundo" a artistas como  Paula Rego, Frida Kahlo, Georgia O´Keffeee, Suzanne Valadon, Angelica Kauffman. El 2000 fue el último año que la compré, pero acabo de comprobar con alegría que ahí siguen. La de 2025 se titulaba "Desmedidas" y la de 2026 "Que piden la luna". Me encantan los títulos: ese es el espíritu.  Como buen dietario feminista, venía con calendario menstrual...



He pasado demasiado tiempo esta mañana paseándome por sus páginas: entre "parcial de obstetricia", libros leídos, "informe de cual", pelis vistas y "quedada con nosequién", hay páginas en las que escribo, literalmente, un proto-blog: la vida que está pasando y pasándome. A ratos no me reconozco. ¿Me pasará también cuando lea esto dentro de 30 años? 

También hay páginas y páginas de citas que recopilaba e iba copiando: esto lo sigo haciendo, pero en un docu de word. Como sigo escribiendo ese embrión de blog aquí, en un blog ya adulto. Y como sigo siendo feminista, pero más y mejor que entonces, porque como la mayoría y gracias a todos estos años de lucha he aprendido y he crecido. 

Gracias a todas. El feminismo no ha llegado demasiado lejos. La lucha continúa. Sigamos siendo mujeres sublimes, republicanas, desmedidas, imaginadoras, que piden la luna.


05 marzo 2026

De cómo "Aitormena", himno del rock radikal vasco, volvió a nuestras vidas de Gen X



Normalmente, cuando pongo una canción, termina el divague. Hoy la pongo al principio porque me gustaría venderos un "divague-experiencia", que lo leáis con la canción de fondo. Apretad el triángulo, no tiene video. Es de Hertzainak, banda de Rock Radikal Vasco de los 80 -aunque esta versión esté en las antípodas de ese género musical  

“Aitormena" (“Confesión”) fue publicada en el disco "Amets prefabrikatuak", en 1990 y se convirtió en un himno de la música en euskera. Yo tengo una historia con esta canción: muchísimas veces hemos hablado en este blog de las cintas TDK que nos grabábamos los adolescentes de los 80 (hoy se nos llama "Gen X") entre nosotros, con amigos y novietes. Pues esta canción estaba en una de esas cintas. La letra va de dejar de ser esclavos de la rutina, de huir de ese lugar en el que te has convertido en el resto. Pero da igual no entenderla, la música lleva toda la emoción ella sola. 

Y esa emoción me cayó toda de golpe el otro día al ver "Los domingos" de Alauda Ruiz de Azúa. Al final de la película, durante la resolución con una escena que va encajando la acción en dos planos, comienza a sonar "Aitormena" y ahí me vine abajo. Intento explicarme. 

Como en el comienzo de Anna Karenina ["todas las familias felices se parecen y cada familia infeliz lo es a su manera"], "Los domingos" habla en realidad de una familia en crisis (¿cuál no lo está? ¿Hay familias funcionales?) y el drama de la adolescente que quiere irse monja es la punta del iceberg —metáfora manida donde las haya, pero lo veo así. Lo que hay por debajo, que es la parte de hielo más grande y con la que se chocan los barcos, es lo más interesante para mí de la narrativa. 

No entraré en ello, porque como digo, es la parte mayor; solo haré un comentario sobre la montania de hielo que vemos sobre el mar -el tema de irse monja-, porque lo que me ha parecido curioso ha sido las diferentes interpretaciones: algunos pensaron que era reaccionaria, la directora dijo en una entrevista en Carne Cruda que ella, aunque no creyente, no había querido tomar parte, sino simplemente exponer los hechos de una manera neutral (ay, si esto existiera), y luego estamos el Peda y yo, a los que nos pareció claro activismo, mostrándonos la vulnerabilidad de una adolescente a la que sobrevuelan unos buitres que ahí se llaman la Madre tal o el Padre cual, esperando a que caiga porque "si Jesús llama" y otras zarandajas por el estilo. 

Conste que tenemos nuestras credenciales para opinar: el Peda estuvo en un retiro de esos en los que no se podía hablar en todo el fin de semana, y yo -como todas las chicas de la generación X educadas en colegios de monjas- al ver la peli podía oler el comedor, la sala de espera de las monjas, sentir su voz untuosa hablando de Cristo como un amante (vamos, flashbacks en toda regla). En fin, que sabemos demasiado como para siquiera plantearnos lo de "es su decisión". Yo soy la tía de la prota, perdiendo los papeles, gritándole que Dios no existe, sintiendo la impotencia del fanatismo. 

Me quedo con la mejor frase de peli que ocurre en una misa progre -o por lo menos no de clausura-, con la que aún me estoy riendo: "Porque los inspectores de hacienda hagan bien su trabajo, roguemos al Señor, te rogamos, óyenos". 

Y por supuesto me quedo con "Aitormena"...

Maitia lehen baino lehen aska gaitezan
Mi amor, seamos libres cuanto antes

"Monk by the Sea"
Caspar David Friedrich


01 marzo 2026

Viaje con nosotras sin salir de su ciudad: India, Bangladesh y... los ingleses

Hay otras maneras de viajar que no implican moverse: puedes hacerlo con una novela desde tu sofá (mi manera habitual), puedes tener viajes psicodélicos (algo que no he probado, sé demasiado sobre lo que es "un mal viaje" para que me dé miedo hacerlo), o puedes jugar a Marco Polo a través de la gente. De eso va mi divague de hoy.

Pasaje a la India
Tengo una nueva compañera de trabajo, T.  Es de la India, y con cada interacción me lleva no solo al subcontinente, sino que me mete en una máquina del tiempo. En el pasado -llamémoslo Banderley- trabajé con muchos indios, pero los que he ido conociendo en Londinium ya eran mucho más asimilados, algunos de segunda y tercera generación, pero T. está prácticamente recién llegada, y por eso es un documento etnográfico en sí misma, que me causa confusión y maravilla a la vez. 



Pero no son los únicos sentimientos: tiene una actitud deferencial hacia mí que me avergüenza: me llama por mi título y apellido y me echa piropos continuamente. Cuando le pido que me llame por mi nombre de pila, dice que sería "irrespetuoso". Como comparto con ella herramientas de trabajo que he ido creando a través de los años, me pregunta si de verdad no me importa, porque en su país son todos muy competitivos y nunca lo harían (de hecho, quiere que las publique en un libro- sonrío negando y pensando en lo que yo querría publicar). Hablando de negar, T mueve la cabeza a los lados como suelen hacer las personas de la India, pero mucho más; me imagino que es porque no hace mucho que ha llegado a la isla. 

Las fotos del divague son de una exposición de fotos de Benarés a la que fui el otro día en SOAS (School of Oriental and African Studies, University of Londinium) de Jateen Lad. Cuando se la recomiendo a T me dice que le encanta esa ciudad, aunque ella es del sur y que le encantaría "que un día fuéramos juntas". Me desarma con esto y con otras cosas que hace, como comprar jabón para un baño en el que nunca hay, en lugar de quejarse a recepción o cualquier cosa que haríamos uno de aquí.

 
Como llegó hace unos meses, aún no tiene el ILR (Indefinite Leave to Remain, el visado para poder quedarse). La otra tarde me abrió el corazón con su historia personal y casi rompe el mío.  El suyo se lo destrozaron hace mucho tiempo: en la facultad se enamoró de un chico pero sus padres no permitieron que continuara la relación; ya se sabe, él estudiaba con becas. La familia de T no era  rica pero "tenía propiedades": si se casaba con él, renegarían de ella. Y lo dejó y, como era predecible, cayó en una depresión. Aún tiene idealizada esa relación -"era de Romeo y Julieta"-, a sus 40 años, y su madre la presiona para que se case "con quien sea", ahora que aquel novio está casado y con hijos. Igual nos equivocamos en el pasado, parece que reconoce. Siglo XXI.


"Alguien como tú" (o sea, uno de sus supervisores en India) al verla tan dentro del agujero le dijo que dijera adiós a todo y se viniera a Reino Unido, para empezar de nuevo. Y así lo hizo: sin amigos, sin conocidos... se metió en un avión y aquí está, viviendo en habitaciones y buscándose la vida. Le intento devolver sus piropos con mentiras blancas como que es bonito su top floreado (no me gusta la ropa floreada — otra cosa es el animal print, ja) o sus pendientes colgantes (no me gustan los pendientes colgantes), pero cuando le digo que la admiro por su coraje de cruzar el mar y venir aquí, esto es muy verdad. 


Estoy segura de que cuando se vaya me hará un regalo: estas culturas son hospitalarias, agradecidas. Como personas, no están de vuelta de ningún sitio, no usan la ironía. Por eso me invade tanta ternura. Recuerdo cuando nosotros en la península éramos una versión suave de eso. 

En taxi por Bangladesh
El taxi aquel es un DeLorean de 2026. El conductor, pese a verme con libro abierto en las manos, no para de hablar. Es muy simpático: él gana, cierro el libro. O a ver quién gana: en esas conversaciones con extraños siempre termino, inconscientemente, empujándoles a hablar de temas sociales o políticos, meterme en sus vidas, en su realidad. Tal vez no sea tan inconsciente, porque ahora mismo estoy describiendo que lo hago, pero no salgo "a matar" - supongo que la cabra tira al monte. 

El taxista bangladesí me contó la historia de su familia: algunos de sus hermanos eran médicos. Les encanta estudiar medicina a los de las excolonias en contraposición con los ingleses que hasta hace poco no les interesaba nada, es una profesión muy dura y a ellos lo que les va es la "venta de humo". También es algo práctico, donde nunca faltará el trabajo y la gente de dinero se puede permitir estudiar escultura o filosofía. Luego los médicos se vuelven arrogantes y se creen por encima, pero eso es otra historia. 


Pero divago y yo estaba en Bangladesh. Que los hijos del taxista están en la uni, su mujer no habla inglés (le estaba traduciendo para una cita médica cuando entro) y él tiene una barba á la Abraham Lincoln, pero en mega.  Por fin lo llevo a nuestra experiencia común como inmigrantes y mientras pasamos por delante del maravilloso -estéticamente- Dulwich College, ponemos a parir a uno de sus tristemente más famosos exalumnos, Nigel Farage, el tipo que nos llevó al Brexit con mentiras y que ahora lidera la ultraderecha de este país. Qué harían en esta isla, de entrada, sin los inmigrantes que desempeñamos las profesiones que acabo de citar y tantas más: hacemos su trabajo sucio. Eso sí, pese a tener un alcalde musulmán -querido Sadiq Khan, que le ha plantado cara al Boniato Yanki- no le gusta no sé qué nuevo impuesto ecológico. Oh well. 

Es Ramadán y el pobre hombre se ha levantado a las 4:30am para comer algo antes de que amanezca. Por lo menos este año no cae en verano. Me cuenta toda la historia del islam, un cuento de hadas ridículo, pero como desde hace un tiempo soy candidata permanente al Goya a mejor actriz, asiento como interesada. Me pregunta por lo de "beber la sangre y comer la carne de Cristo" de los católicos, y le digo que nunca me he creído eso, ni como metáfora: la barba se mueve arriba abajo, o sea, ríe, y yo me pregunto si eso le parece una idiotez, cómo se cree que un "hombre alto que en realidad era un ángel que le dictó el Corán a Mohammed durante 23 anios" le parece más plausible. En fin, que ahora iba yo a empezar a preguntar por "lo de las mujeres", pero llegamos: salgo a la calle y es "Regreso al futuro". 


Los británicos y la "Palabra-N" ("N-word")
Como el divague de hoy va de "viaje con nosotras a culturas exóticas", cómo no hablar de mi país de adopción, a propósito de la polémica de los BAFTAs de este año que no sé si ha llegado a la península.  Usaré a Mini porque no me lee -pero que me ha avisado de que si escribo sobre esto "y un día eres famosa, ese divague acabará con tu carrera"- como ejemplo de la actitud general del británico medio, para que se entienda el "choque de culturas" con el español medio.   Pero empiezo con contexto de la polémica:

El síndrome de Tourette es una enfermedad neurológica en la que el paciente presenta tics motores y vocales. Un tic es un movimiento incontrolado de un grupo muscular que se siente como una "urgencia" terrible, y tras hacerlo, hay relajamiento momentáneo, hasta que vuelve a subir la tensión, y hay que hacerlo otra vez. Puede ser tan simple (y, de hecho, empieza así, con movimientos simples) como tener que parpadear muy fuerte, fruncir el ceño, o puede evolucionar a tener que hacer movimientos complejos con los hombros; todo esto son toics motores. Los vocales comienzan como carraspeos, tosecitas y pueden evolucionar a ruidos, silbidos o, por lo que se han hecho famosos en los medios, por pasar de sílabas a palabras y aquí se incluye "coprolalia" (tacos, insultos, etc.).

Nota: esto es el (feísimo) "jardín japonés" del tejado de SOAS y las de abajo, fotos de mi librería favorita de Londinium (y esto es mucho decir): Waterstone's Gower St. No me puedo creer que esta librería no tenga un divague propio en la sección "bibliofilia". Lo tiene compartido con el de un libro que compré allí ("I love Dick"), y aquí se pueden ver las fotos. Pero volveré y queda pendiente el divague fotográfico detallado.



Hay un hombre llamado John Davidson que tiene un Tourette muy severo y ha dedicado su vida a hacer campaña: gracias a él se conoce mucho más este desorden. Cuando era niño, nadie sabía lo que era y sufrió todo tipo de bullying pero también incomprensión por su propia familia. Por sus méritos como "psicoeducador", la reina le dio una de esas medallas y, el pobre, en medio de la ceremonia, no pudo contenerse de gritar lo que muchas querríamos, pero él, en realidad, no: "fuck the queen" ("que se joda la reina!"). Así comienza el biopic dedicado a su vida, "I swear" (juego de palabras entre "digo tacos" y "lo juro") y por la que el actor que interpreta a Davidson ha ganado el BAFTA. 


Hasta aquí todo bien. Sin embargo, era de esperar que Davidson, invitado a la gala, se pasara parte de ella "jurando en hebreo", porque esos impulsos son parte de su neurodiversidad. Y cuando salieron dos actores negros a dar un premio, lo dijo: gritó la "palabra-N".

Si has visto "Pulp Fiction" en inglés, habrás notado que muchos de los personajes repiten la palabra-N continuamente. Para quien aún no lo sepa, la palabra-N es "Nigger", la peor palabra de toda la lengua inglesa, incluso por encima de "cunt", que se lo digan a DH Lawrence.  Proviene del castellano "negro", y aunque empezó como descriptivo, pasó a ser un insulto usado por los blancos para denigrar a los negros [interesante cómo el verbo "denigrar" proviene del latín denigrāre, compuesto por el prefijo de- (dirección de arriba abajo, o intensificación) y niger (negro)]. 


Ahora es una palabra tabú, tanto que no puede ser siquiera usada para contar esta anécdota, como hice yo el otro día en casa y Mini se enfadó tanto. Personalmente, no creo que solo decirla sin intención sea racista, pero me aseguran que sí. Pero lo que sí creo es que Davison, el hombre con Tourette, no pudo controlarse -de eso va su desorden- y la soltó sin intencionalidad racista; igual que no querìa ofender a la reina cuando le daba su medalla con el "fk the queen". 

La historia ha tenido muchas ramificaciones: que si la BBC debería haber cortado ese segundo de la emisión (aseguran que no lo oyeron, aunque sí quitaron el "Free Palestine" de un premiado), que si no tendría Davidson que haber ido a la gala (pero ¿no se trata de visibilizar esta neurodiversidad?), que si, que si… Pero la razón por la que he incluido esta anécdota es para demostrar a los años luz que estamos de esta sociedad en algunas cosas. En el Reino Unido son muy cuidadosos con las formas en el tema étnico, hasta el punto de que no puedes decir la palabra ni para explicar la anécdota, ni puede decirla un hombre con una enfermedad que está allí en teoría para concienciar sobre ella. 

Con esto no quiero minimizar la experiencia de las personas negras que se sintieron fatal cuando se dijo la palabra: son siglos de esclavitud, maltrato y ahora aún discriminación y racismo lo que llevan sobre sus hombros. Solo quería contar la anécdota como un ejemplo de un "choque de civilizaciones más". En la península, aún hay gente que dice la palabra "moros" de manera derogativa sin ningún problema - me chocó al principio en "El cautivo" de Amenábar, pero luego entendí que era poner a los personajes a hablar de la manera que se hablaba en la época de Cervantes. Pero esta ya no es la época de Cervantes. 

Y termino con una frase que ya he puesto otras veces porque me encanta, que añade el tiempo en el axis de abscisas. Hoy hemos viajado aquí y pensamos así: qué será en diez, veinte, treinta años?
"No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado, para darte cuenta de cuánto has cambiado tú”.



23 febrero 2026

"Testamento de Juventud" de Vera Brittain: Lectura obligada para el votante de quienes defienden el belicismo

"Testament of youth" ("Testamento de Juventud") es la novela autobiográfica de Vera Brittain sobre su experiencia como voluntaria en hospitales (VAD, Voluntary Aid Detachment ) en la Primera Guerra Mundial. Hace mucho que la recomendó Elena Rius, y ahí estaba, esperándome en una tienda de segunda mano de Oxfam - ya decía Borges que "la casualidad es una cita largamente acordada". 


Nota:  Que haya títulos en un divague suele ser un indicador de que, en un punto -o varios- se me ha ido de las manos. Que empecé a escribir un día, me fui, la vida fue la que se fue de las manos, volví, nada tenía sentido, y para intentar encauzarlo puse títulos para mí misma, que al final decidí dejar por afecto a los divagantes. Hay zonas de divagando-fuera-de-tiesto severas, instigadas casi siempre por la "topoliteratura" (cuando cosas pasan en sitios que conozco y lo cuento y en concreto, las fotos del divague son el resultado de una mañana muy fría de enero en que me subí en la bici y fui a fotografiar uno de los escenarios). También hay zonas que van por las partes del libro,  hay "grandes temas" y al final, una "performance" emocionante. 


Intrahistoria, o cómo llegué
En realidad, compré "Testament of youth" con la esperanza de que fuera Mini quien la leyera, porque uno de los temas de su "A" level de inglés es los poetas de la "Gran Guerra" (como se la llamaba antes de que ocurriera la Segunda). Aparte del examen, les piden unos ensayos críticos sobre los libros del temario, con temas propuestos por los alumnos, que luego serán corregidos por examinadores externos (lo llaman "coursework"). Mini propuso: "Con referencia a factores contextuales relevantes y su lectura crítica más amplia, ¿hasta qué punto la "Poesía de la Primera Guerra Mundial" (una antología de poetas como Edward ThomasRobert Frost, Wilfred Owen, Siegfried Sassoon y Robert Graves entre otros) de Tim Kendall y "Regeneración" de Pat Barker presentan a los soldados como cómplices de la violencia o como víctimas del deber y las circunstancias?" Vera Brittain seguro tenía una opinión muy clara al respecto;  para mí ha sido toda una experiencia leer el trabajo de Mini a la vez que terminaba el libro. 


Pero quién debería leerla
Como no me gusta nada la cultura bélica -me aburren las pelis y los libros de este tema-, el meterme en 600 páginas de Primera Guerra Mundial se podría calificar de masoquismo clásico. Pero tenía que hacerlo: en el momento actual, en el que todo el mundo se está preparando (odio la famosa frase «Si vis pacem, para bellum»potencialmente para esos "eventos de destrucción masiva", la guerra, quería entender algo del proceso, aunque ya imaginaba que iba a terminar reafirmándome en el horror que es toda -y en particular- esa guerra, tal vez la más cruel - si puede haber competiciones en esto. 

Claro que no es que tenga que ser yo -que tengo un distintivo en mi blog llamado "antimilitarismo"- quien lea estas cosas, sino los votantes de aquellos que tienen poder para elegir o no este camino. Pero tal vez esos no lo lean nunca, cada uno leemos o escuchamos lo que no nos causa convulsiones con el té matinal: desde el periódico, hasta los podcast, pasando por libros y pelis. Yo a veces, siguiendo con el masoquismo, me paso por "el otro lado", y he de admitir que el cabreo y la desesperación me invaden. Y así seguimos, cada uno en nuestros silos y yo, a punto de divagar sobre una biografía de una mujer que terminó siendo pacifista convencida el resto de su vida. Aunque fuera una evolución, porque al principio también habla de aquellos "propagandistas antibelicistas" que calificaban al estado mental de la nación como "exaltación histérica" o "histeria idealista quasi-mística".

La vida diaria en una guerra
Esta no es una biografía para entender lo que es la vida de la gente de a pie cuando hay guerra, porque la autora se alistó como voluntaria y vivió la misma casi en primera línea.  Sería el equivalente de "Sin novedad en el frente" (1928) de Erich Maria Remarque -que leí en mi época de apoyo a ese gran movimiento. la "insumisión"- que cuenta los horrores desde el punto de vista de un soldado; pues esta novela es desde el punto de vista de una asistente de enfermería. 

He de decir que siempre me ha intrigado lo que es la vida diaria durante una guerra: conjuro imágenes de bombas cayendo del cielo que se ha tornado infierno sin interrupción, sirenas, gente corriendo, Dresden, Guernica, Gaza. Parece increíble que la vida "normal" pueda seguir, pero lo hace. Mi primer contacto con esto fue la Yaya, que tenía 16 cuando estalló la Guerra Civil y estaba en Bellver. Era un pueblo en medio de los Pirineos donde la vida parecía "normal", aparte de que cuando venía "la pava" se metían casi todos al refugio, cuya boca me enseñó. Y digo "casi" porque su padre, por ejemplo, no iba, se quedaba trabajando fuera en su herrería. Esto siempre me fascinó: alguien que decide seguir con su vida pese a que igual le caiga una bomba, no me entra en la cabeza. 

Aquí, en Londinium, también he atisbado lo que era vivir durante el Blitz, el bombardeo de la ciudad por la Luftwaffe en la Segunda Guerra Mundial, tanto por literatura ["The end of the affair" , "El final del affaire" de Graham Greene o "Life after life", "Una y otra vez" de Kate Atkinson] como por  tener los ojos abiertos: dos calles arriba de la mía hay unos cuantos edificios cuya arquitectura no es la victoriana típica de la zona: son casas feas de los años 60, construidas en el solar que dejó una bomba. He escrito bastante de esto, recientemente en un divague sobre Du Cane Court, un edificio en Balham que tiene mucha leyenda del Blitz, o en otro sobre el refugio que hay en la parada de metro cercana - allí se ve cómo gente como yo salía de su casa por la tarde-noche, cerraba la puerta, bajaba las nueve plantas hacia el centro de la tierra, y allí tenían literas donde dormir, pero antes, incluso organizaban bailes!! A la mañana siguiente, subir las nueve plantas, ir a ver si tu casa aún está ahí y supongo que irte al trabajo, o al colegio, los pocos que quedaron; aquí hay una foto increíble de una clase (scroll hasta el punto 7). 


Vida pre-guerra
Pero como digo, esto no es el caso aquí -aunque a veces se deje ver algo por la correspondencia de la protagonista con su familia. Esta biografía está dividida en tres partes y doce capítulos. Los primeros, casi cien páginas, los dedica a contarnos cómo era la vida en Inglaterra, en concreto en un pueblo balneario de Derbyshire llamado Buxton, donde ella vivió una "provincial young ladyhood" (juventud de señorita provinciana).  He visto por ahí comentarios sobre el exceso de detalle de esta parte, pero es importante para entender cómo se sintió esta generación después, a los que luego se llamó la "Lost Generation", la generación perdida, aquellos que llegaron a la edad adulta justo antes o durante la guerra. Hemingway usó el concepto en su novela de 1926 "Fiesta", para indicar el espíritu desorientado, sin dirección, vagante (¡yeah!) de los supervivientes en el periodo de entreguerras.  

Brittain venía de una familia de clase media alta -su padre tenía una fábrica de papel- con solo dos hijos, ella y su hermano menor, Edward, que amaba la música y era "inteligente en lugar de intelectual".  En la correspondencia con sus padres durante la guerra queda muy claro el tema de clase: continuamente se dice que su madre lo está pasando mal dado que "solo tienen a una mujer de servicio". ¡El peso de llevar ella sola el piso de Kensington! Esta situación de "servantless" la llevaron fatal los ricos durante la guerra y, de hecho, hay una vez que Brittain tiene que pedir permiso para volver a casa para ayudar por esto. Cada vez que sale ese tema, quiero gritar, pero ilustra de una manera inesperada para mí lo de "la vida diaria en una guerra".

La autora fue al internado donde daba clases su tía y decidió -en contra de la opinión de su padre- prepararse para entrar en Oxford a estudiar English (Literatura Inglesa). Me encanta la frase con la que comienza el libro:
"When the Great War broke out, it came to me not as a superlative tragedy, but as an interruption of the most exasperating kind to my personal plans". ["Cuando estalló la Gran Guerra, no fue para mí una tragedia enorme, sino una interrupción exasperante de mis planes personales"].
No está sola, es famosa la entrada en el diario de Kafka del 2 de agosto de 1914: "Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Nadar por la tarde"Me gusta porque resume perfectamente la falta de conciencia de lo que se venía encima por gran parte de la población, pero, sobre todo, porque a la gente no nos interesan esas decisiones que se toman en despachos, frecuentemente movidas por la necesidad de alguien de vender bombas y carros de combate. No estoy diciendo que esas sean las únicas causas de la Primera Guerra Mundial -aunque la misma Brittain confiesa que era ingenuos y que no se dieron cuenta de que había "explotación cínica de los jóvenes por mayores que se movían por su propio interés"-  pero sí que a la gente lo que le importa es tener un techo sobre su cabeza, poder ver a su novia, que su equipo gane la liga y, en el caso de Brittain, poder ir a Oxford, para lo que se estaba preparando. De repente, estalla la guerra y sus planes de vida se rompen. 


A la gente todo esto no nos va bien, y por ello los que nos llevan a eso han de organizar una campaña importante de comecocos (digo, propaganda) para persuadir a las masas de que entregar a sus hijos a la muerte en un barrizal merece la pena por valores tan irrisorios, para mí, como Dios, patria, rey, o lo que se diga ahora. Esto también lo he visto en el ensayo de Mini, en el que queda clarísimo que todos esos poetas creen, una vez que han pasado por allí, que todo ha sido en vano. Brittain nos cuenta cómo la prensa era cómplice de esta propaganda: por ejemplo, los titulares de un día eran "la grandiosa victoria de nuestros soldados en la batalla de Ypres", y a los dos días, de forma escalonada, las listas de muertos en combate.  Parece que, cuando informaban a las familias, todos habían muerto "de un disparo en la cabeza": claro, claro. 



Brittain se prepara mucho para poder entrar en Oxford pero en un punto siente que tiene que arrimar el hombro y se alista como voluntaria. Tengo opiniones encontradas sobre el tema: por una parte, me parece de una generosidad extrema, me quito el sombrero: ¿quién le exigía dejar una vida cómoda para enfrentarse con ese horror? [Aún así, en un punto dice que "un número de antepasados neuróticos me deprivaron de la virtud del coraje"]". Por otro lado, los primeros que fueron a la guerra fueron voluntarios (luego ya se hizo conscripción o reclutamiento obligatorio en 1916, la primera vez en la historia moderna de este país) porque creían que debían hacerlo por las razones arriba citadas o por las pegatinas que les ponen, como en la guardería (aquí las llaman "cruces militares") después de supuestas heroicidades. Si la mayoría no lo hubiera hecho, ¿qué habría pasado? Deberíamos recordar que somos siempre más que ellos, y nuestro poder juntos es inmenso; pero se nos olvida. 

Primer puesto: Camberwell
El segundo hospital donde trabajó Brittain (el primero fue en su pueblo de Derbyshire, pero era un poco como de la Señorita Pepis), fue en uno que se habilitó a partir de dos colegios en Camberwell, que entonces se llamó el "First London General Hospital". El personal venía del Bart's Hospital (del que hablé el otro día, a tenor de su maravillosa y hogarthiana North Wing (Ala Norte)


Fui a visitar lo que fue el hospital hace unos findes (como digo, de ahí son las fotos): está frente a Myatt's Fields, un parquecito muy victoriano, con su quiosco de la música y todo, donde Brittain cuenta que sacaban a los pacientes para que les diera el sol. Imaginarlos allí...


El College era San Gabriel's College, construido en 1900 -muchos de sus chicos se alistaron para ir a la guerra- con su capilla a la derecha, pero el más bonito era Charles Edward Brooke Girls' School. Yo iba por el parque sin saber lo que me iba a encontrar y de lejos vi las torretas. Cuando me acerqué, me encontré con que está todo el edificio cubierto de lonas verdes porque se está cayendo a trozos. 


Al lado del cole está la casita del caretaker (guarda), que sí está habitada: como me pilló mirando entre las rejas de la puerta, salió un chico que me contó que el edificio es del ayuntamiento, pero que no tienen dinero para arreglarlo (me extraña que no hayan recurrido al manido concepto "luxury apartments" en el que reconvierten todo en esta ciudad). 

A él le alquilan las casita del guarda (arriba), de la que funciona el buzón e incluso el timbre. Atención a esta monada:


Mientras Brittain trabaja en este hospital, vive en Denmark Hill y explica con detalle las penosas condiciones en el alojamiento que compartía con otras voluntarias y el viaje de tranvía con el que va al hospital -que a veces no podían coger porque iba lleno de trabajadores que viajaban al centro. Leer esta parte de la novela me ha tocado muy de cerca porque durante muchos años trabajé en esa calle, y de repente ponerla en sepia y ver durante tu lectura a tus personajes en un tranvía que hoy no existe -en su lugar hay un montón de líneas de bus-, es curioso. También me ha encantado saber que los números de las líneas de los buses de Londinium no han cambiado: ¡ahí está nuestro querido 88!


Puesto 2: La Valeta
El siguiente destino,  tras el hospital de Camberwell, es La Valeta, en Malta. El viaje en barco -el Britannic- que describe bordeando nuestra península por el Atlántico y lo que queda de travesía por el Mediterráneo es épico.  
"Empezamos el viaje hacia el oeste y cuando pasamos las Needles parecía que navegábamos directos el corazón de un atardecer dorado y lila (...) la emoción de pasar esas tierra lejanas y encnatadas (...) la costa rojo-ladrillo de Portugal (...) la noche que Gibraltar se alzó frente a nosotros, una sombra negra engarzada de luces, y a la maniana siguiente, los picos arrogantes de Sierra Nevada inclinados sobre las escarpadas cimas de las Alpujarras (...) las rocas lilas y grises de Cerdenia (...) el gigante Vesubio, cubierto de nubes. Messina, ese estrecho trágico perpetuamente guardado por el centinela azul, el Etna, se deslizó cuando lo pasábamos".
No entiendo por qué luego pasan por el "peligroso Egeo" y habla de algunas islas griegas como Lemnos antes de terminar en Malta: me parece un rodeo, aunque tal vez tenía que ver con la guerra. Porque aunque este viaje y su descripción (tal vez seré injusta luego cuando diga que el libro no es literario) me dejaron hipnotizada, no hay que olvidar que la travesía tuvo lugar con la continua amenaza de ser bombardeados;  suerte que de hecho sufrieron otros navíos.  

Una vez que llega a Malta, Brittain disfruta muchísimo simplemente con todo lo sensorial que tiene para ofrecer una isla mediterránea, como sabemos los fans. Esta parte de la novela me ha llevado a aquel viaje en esta isla y su compañera, Gozo, hace unos años, a sus colores, a su luz, y a la felicidad de simplemente estar ahí fuera, en cualquiera de sus acantilados. Curioso -volvemos a "la vida diaria de la guerra"- que Brittain cuenta cómo en La Valeta aún estaba en funcionamiento la ópera.

Puesto 3: Francia
La vuelta al continente es en tren y nada tiene que ver con Malta su último destino, un hospital en Francia cubriendo el frente. Lo que me ha quedado de esta parte se puede describir con  una palabra: barro, tanto real como metafórico es esta guerra de trincheras, la más cruel que ha existido, donde además, describe la vida como "aburrida" (de verdad que no logro imaginarme esa parte de la guerra). Y si pensamos en los números que cayeron o fueron heridos [la batalla de Somme, un millón de soldados!!!], ya te vienes abajo. He escrito "soldados" pero querría decir hijos de sus padres, hermanos de sus hermanas, novios de sus novias. Cada una de estas personas tenía una historia y dejó detrás, una familia destrozada. ¿Para qué?


Esto es algo que se pregunta Vera Brittain durante toda la biografía. ¿Por qué? ¿En nombre de qué? Lo que vio en todos los hospitales fue horrendo (mutilados, enceguecidos, sufridores de dolores terribles, muertos), en un punto describe ayudar a vestirse a un recién amputado como "un espectáculo que dé más pena no existe a este lado de la muerte", heridas tan monstruosas que solo se podrían solucionar con "la misericordia de la muerte". 

Hay gente que nunca lo supera y tal vez ella fue de ellos. En la introducción escrita por su hija Shirley Williams (que fue en los 70 miembro del parlamento por los Laboristas pero en los 80 se pasó a los Liberales Demócratas) dice lo difícil que era para su madre reírse a carcajadas, que "estaban esas hileras de cruces clavadas en su ser para siempre".  Y es que ya al principio de la guerra, alguien le dice que todos los soldados son otras personas: "todos han cambiado, después de dos o tres meses allí, ya no son los mismos". Ese es el tema: los que sobreviven quedan con cicatrices para siempre, la misma Brittain habla de unos sueños recurrentes que le duraron diez años después de terminar la guerra, y la culpa del superviviente ("¿por qué no he muerto yo? Soy un naufragio de la guerra"): trastorno de estrés postraumático en toda regla. 


Brittain pierde en las trincheras primero a su novio Roland, luego a dos amigos [que por cierto, le envían flores durante una convalescencia de ella: en la guerra se mandan flores!] y por fin, casi al final de la guerra, a su hermano pequeño Edward, un chico que solo quería tocar el violín- porque por lo menos Roland estaba muy interesado en "la gloria" pero, el pobre Edward? Al principio de la guerra, ante una tumba de un soldado cualquiera piensa la autora: "Y aún así, un día alguien amó al soldado que yace aquí". Años después viaja a la desolada montaña italiana donde yace su hermano y es ella la que se enfrenta a la soledad de su tumba, a tenerlo que dejar ahí solo: para mí este es el momento más desolador de la novela - y eso que hay muchos. Brittain piensa que le han robado su pasado, todos esos recuerdos de infancia que solo compartía con él y ya con nadie nunca más; y su futuro, todas esas encrucijadas de la vida en las que hablaría con él y ya no podrá. 

Tenemos las imágenes de la Guerra de Vietnam, en la que los cadáveres de los soldados americanos se repatriaban en bolsas, pero en la Primera Guerra Mundial se quedaban allí para siempre. La gente, los colegios, viajan a Francia a visitar estos cementerios de cruces blancas. Mini estuvo con el suyo y rindieron tributo -coronas de laurel y esas cosas- a los muertos británicos, entre los que estaba el bisabuelo o tatarabuelo de un compañero. 

El caso es que no fue hasta que leí esa escena de Vera Brittain frente a la tumba perdida de su hermano Edward,  que me puse como nunca antes en primera persona del drama:  lo que debía ser que te lo notificaran, o luego leer la lista de muertos en el periódico y ahí se acababa todo, con suerte tener un lugar donde ir cuando se acabara la guerra a ver si lo encontrabas. También me ha ayudado a ver aún más claro el "tema cunetas" de los desaparecidos de la Guerra Civil Española. No hay nada como la literatura para hacernos entender y sentir estas cosas.


Historia del SXX
Al terminar la guerra, Brittain decide centrar todos sus esfuerzos en la paz. Vuelve a Oxford pero cambia la carrera: en lugar de Literatura decide estudiar Historia, porque necesita entender qué ha pasado en Europa, para poder seguir su campaña pacifista. La universidad no espera a esta "generación perdida" precisamente con los brazos abiertos: Brittain se siente una alienígena que no pertenece a ningún sitio, está deprimida, a ratos parece psicótica. Cuando termina, se dedica a viajar por Europa dando charlas, en la Liga de Naciones ("ese experimento internacional para la búsqueda y mantenimiento de la paz") y observando los efectos de la guerra. 

En uno de sus viajes a Italia oye por primera vez la palabra "fascismo" y en uno a Alemania describe cómo se vivió la guerra en Berlín ("sin velas, sin calefacción, sin nada que comer") y cómo, en esos momentos, en Alemania la "amargura y el estrés eran más psicológicos que económicos". Desconocían que Inglaterra y Francia hubieran sufrido en absoluto y expresaron un odio hacia Francia "con un cinismo frío más terrorífico que si hubiera sido apasionado". "Un día, nos vengaremos" dijo un alemán y Brittain escribió: "este país me asusta". Hoy sabemos que tenía razones. 


Feminismo
Cuando tomo notas de los libros, lo suelo hacer por páginas, pero en este libro enseguida comprendí que tenía que hacer dos grandes temas que iban a salir constantemente: pacifismo y feminismo.  Tengo tantísimas notas sobre ambos temas que sería imposible incluir todo lo que hace a Brittain una mujer excepcional en ambos. Sobre pacifismo he ido dejando miguitas durante todo el divague así que solo dejaré una frase ["Que estemos en esta época de teléfonos, aviones, coches y no hayamos superado la fase de matarnos unos a otros"] y una performance que explicaré al final.

De feminismo, desde el principio, como adolescente se resiste a su padre que quería que fuera una joven "enteramente ornamental". Cuando está en Malta, envía a casa dos acuarelas y le dice a su madre que son para "su estudio en Oxford", si logra sobrevivir. Piensa que no concibe una vida sin un estudio, que lo prefiere incluso a un dormitorio. Aún no había publicado Virginia Woolf su clásico "Una habitación propia" (lo hizo en 1929). No me puede gustar más esta idea, pensada por estas mujeres hace más o menos 100 años, tan actual. Por fin, cuando se casa, mantiene el apellido de su familia (no adoptar el del marido debió ser anatema en esa época) y siempre dijo que la "libertad en el matrimonio era incompatible con dependencia económica del marido". 




Aspectos formales. El estilo
Más de seis semanas me ha costado leer este libro y un par de veces he estado a punto de abandonar. En ambas ocasiones me he alegrado luego de haber continuado, porque he seguido aprendiendo y pensando. Pero el estilo de Brittain, correctísimo, no es literario en el sentido que a mí me gusta. ¿Qué quiero decir? Pues por ejemplo para mí es literario  "Matadero 5" de Kurt Vonnegut, otro libro bélico antibelicista completamente distinto en la forma en que está contado cosas parecidas. Brittain te cuenta los hechos muy bien, no hay página sin un subrayado y varias páginas de notas, mayoritariamente de hechos que desconocía o de ideas con las que sintonizo en todo. También sintonicé con Vonnegut, pero le admiré la forma más que a Brittain. Es la diferencia entre ver un documental muy bueno, o ver una peli de autor con una visión que te gusta. 


Y ya termino con la prometida performance pacifista que tuvo lugar en varias ciudades británicas como conmemoración del centenario de la Batalla del Somme. Alrededor de 1500  voluntarios vestidos con uniformes de la Primera Guerra Mundial que representaban cada uno a un soldado individual que murió el  1 de julio de 1916 aparecieron inesperadamente en lugares de todo el Reino Unido de 7 am a 7 pm, visitando centros comerciales, estaciones de tren, playas,  y calles principales para servir como recordatorio de los 19,240 hombres que murieron hacía 100 años el mismo día, el primer día de la Batalla del Somme. Encargado por 14-18 NOW (el programa de arte del Reino Unido para el centenario de la Primera Guerra Mundial), la obra se inspiró en parte en relatos de avistamientos durante y después de la Primera Guerra Mundial por parte de personas que creían haber visto a un ser querido muerto. Cantaban una versión irónica del mítico "Auld Lang Syne" (la que cantan los anglosajones en Nochevieja) que decía "Estamos aquí porque estamos aquí" ("We're here because we're here"), indicando que, como los amigos de Vera Brittain, sus pacientes, y ella misma, no sabían por qué estaban o habían luchado en esa guerra. 

Somos más, siempre: no aupemos al poder a los que nos pueden llevar a todo ese horror.