"La gran fortuna" (1960) es la primera novela de una serie de seis titulada "Fortunes of war" ("Los azares de la guerra"), que se compone de dos trilogías: "La trilogía balcánica" y "La trilogía levantina", que concluyó su autora, Olivia Manning, en 1980. Cuando veo lo que me ha costado a mí terminar las crónicas de México, puedo entender que a la autora le costara veinte años completar los años de su experiencia personal viajando por Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
Antes de empezar, decir que me ha costado varios meses terminar la primera novela, porque compré una edición con los tres libros de la trilogía balcánica -ladrillo de casi mil páginas-, que no era buena compañera de viaje. Así que lo empecé antes del verano y lo retomé en septiembre, siendo luego una lectura lentísima porque este pasado mes he escrito mucho. A esta autora llegué por el mismo crítico literario que me llevó a la novela de las monjas del SXIV de la maravillosa marxista Sylvia Townsend Warner ["The corner that held them"]. Las monjas no están traducidas al castellano, pero he descubierto que la trilogía balcánica sí y editada por Libros del Asteroide.
Si una se fija en los personajes de la tapa... ¿quiénes son? Igual se ve un poco más claro abajo. ¡Sí, Emma Thompson y Kenneth Branagh! Ambos se conocieron en el rodaje en el que interpretaron a la pareja protagonista en la serie de la BBC 4 en 1987. Yo creo que los vi juntos por primera vez en "Los amigos de Peter" (1992), dirigida por Branagh, y al año siguiente en su adaptación del bardo "Much Ado About Nothing" ("Mucho ruido y pocas nueces") y me colgué de su interpretación y de la química entre esa Beatrice y ese Benedick. No me acordaba, pero hice un breve divague sobre esta peli en 2012, en el que colgué la maravillosa escena final ["Sigh no more"] y conté que la fui a ver al cine Sagasta con Fashion y la Yaya, que salió comentando "qué grandes enseñanzas se pueden sacar de esta película". O sea, más o menos como yo cuando, según Mini, intento hacer de todo "algo educacional": claro que en 2012 Mini aún no me debía decir esto porque no tenía ni 4 años, y la Yaya aún estaba por aquí compartiendo tanta sabiduría.
En fin, no se quejen: que esto se llama divagando por algo. Volviendo a las novelas, narran la vida de una pareja joven, los Pringle, que acaban de llegar a Bucarest, y luego seguirán por Grecia, Egipto y Palestina, y son lo que hoy llaman "autoficción", prácticamente autobiográficas. Harriett y Guy llegan a Bucarest en tren justo el día antes de que el Reino Unido declare la guerra a Alemania tras su invasión de Polonia el 3 de septiembre de 1939. Harriett tiene solo 21 años y se ha casado hace poco con Guy, que va a ser profesor de inglés en la universidad, financiado por el British Council. Guy Pringle es la típica personalidad "A", carismático, confiado, más grande que la vida, y profundamente de izquierdas: él no aspira a ser directivo de ninguna empresa ni a forrarse, él usa toda esa energía que le sobra en "el bien". Es uno de esos personajes perfectos sobre el papel, pero que acaban cargando: viene a ser el Viktor László de Casablanca, pero con quien tú quieres que se quede Ilsa es con el perdedor Rick.
Además, es que lo vemos todo a través de la mirada de Harriett, que tiene que sufrir en sus carnes toda esa bondad: que le dé su dinero a un refugiado que conoce en el tren, que aloje en su casa a uno que se dice expríncipe ruso con mucho morro, que, por muy tarde que ella llegue a una cita, él siempre va a llegar más tarde, eufórico con algo nuevo. Harriet se da cuenta enseguida de que él "está interesado en las ideas, mientras que ella está interesada en las personas; para él las relaciones personales eran algo menor, a él lo que le llenaba era el mundo de puertas para afuera". Su marido le daba la ilusión de seguridad, pero "empezaba a creer que tal no era nada más que una ilusión". Guy era uno de “esos puertos que terminan siendo demasiado poco profundos: no había manera de entrar en él”.
Y lo peor de estar con alguien así es que no puedes abrir las pequeñas ruindades del corazón que todos -menos tipos como Guy- tenemos. Harriett desprecia a los campesinos, porque los había visto maltratar a sus mujeres y a los animales, o a los mendigos. Los describe como un “purgatorio de mendigos profesionales”, que piden con teatralidad, como plañideras, que la frustran con su insistencia. Mendigos que cuando cae el invierno no sobreviven a las noches de nieve. El capitán invierno.
El tema de los mendigos es terrible, reflejando la pobreza del país -siento que Harriet los deshumaniza-, pero no es solo con ellos: en general, los británicos viven muy separados del común de los rumanos, a los que miran por encima del hombro [“pueden absorber hechos, pero no pueden hacer nada con ellos”], los tachan de poco creativos. La novela describe muy bien al grupo de británicos expatriados en Bucarest durante la guerra, que se reúnen en el bar de la legación británica, un montón de personajes extraños: periodistas, académicos, diplomáticos, judíos banqueros, timadores. Gente que dice cosas como "Fulanita no se casó hasta que tenía 30 años - parece que esto ocurre con las mujeres con carrera profesional". Pero claro, era 1939 y Rumanía, hay que entender, amigas, que el machismo era una manera de entender la vida y aún no existía el concepto de mansplaining, pero es que los hombres en este libro no paran de "instruir" a las mujeres. En fin, que vamos para atrás, pero yo de verdad no creo que podamos como sociedad retornar a ese agujero.
Mientras tanto, "The great fortune" cubre un montón de acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, que ocurren de fondo: la descrita caída de Polonia, el asesinato del primer ministro rumano Călinescu [por la Guardia de Hierro, el movimiento fascista rumano], la guerra ruso-finlandesa, la invasión de Dinamarca y Noruega y luego los Países Bajos por Alemania, el golpe de Estado que reemplazó al primer ministro Gheorghe Argeșanu por Constantin Argetoianu, la caída de Francia y la evacuación de las tropas británicas de Dunkerque y la entrada de Italia en la guerra del lado de Alemania.
Volver a todo esto fue una de las razones para leer esta novela: sé muy poco de historia y me cuesta la literatura bélica, por eso me aproximo desde la visión de las mujeres, por ejemplo con "Testamento de Juventud" o "Una y otra vez". La segunda razón sigue siendo mi intento de entender qué debe ser vivir la vida diaria cuando hay una guerra - especialmente ahora que ya nos han dado instrucciones de supervivencia aquí en UK también "por lo que pueda pasar". Prefiero no pensar en ello; quedé muy impresionada por el refugio antiaéreo ese que hay cerca de casa, y estoy en negación ante la idea de bajar ahí, bailar foxtrot y salir por la mañana a ver si aún está mi casa.
En este caso, te puedes hacer una idea de lo que es observar la guerra desde una esquina, con el temor de que la invasión te llegue a ti. Me han chocado cosas como que ¿hay gente que aún esquía? Porque los Pringle se van un fin de semana a la montaña donde "los hoteles estaban vaciándose porque los esquiadores se iban a los Alpes": o sea, ¿los ricos siguen con su programa de festejos intacto? Eso y que parece que los no tan ricos también se olvidaron de la guerra y la amenaza de invasión durante las primeras Navidades de la guerra.
Otra cosa curiosa es cómo se informaban, porque avanzo que no había Tiktok (sorry Gen-Z): Harriet describe que en el escaparate del buró de información alemana había un mapa de Europa y la gente se agolpaba ahí para ver cómo avanzaba la guerra: comienza con Polonia repartida entre Alemania y Rusia, con una esvástica encima de Varsovia. Poco a poco, las flechitas rojas van avanzando y al final de esta primera novela, es desolador ver la esvástica encima de París.
Otra era en el cine, donde proyectaban películas informativas de la guerra: un día llegaron noticias del bombardeo de París y una película francesa mostraba refugiados caminando destrozados por una carretera. Pedían que se les tuviera compasión. Pero la película alemana que le siguió despreciaba la compasión - me la imagino como aquellas bellas imágenes de "Olimpia" de Leni Riefenstahl. Luego mostraba la toma de algunas ciudades francesas sin resistencia y Manning describe a los nazis:
“los jóvenes rubios, de pie sobre los tanques, riéndose desde las ruinas. Mantenían sus cabezas hacia el sol y cantaban «qué importa si destruimos el mundo, cuando sea nuestro, lo construiremos de nuevo». (...) Los miles de tanques parecían monstruosos desde esos ángulos de la cámara. La audiencia, que todavía pensaba en guerra de caballería, los miraba en silencio. Al salir, Harriet escuchó una conversación de tres chicas: «Qué guapos estos jóvenes, parecían los reyes de la guerra». A Harriet se le hizo extraño al salir a las calles, ver los edificios todavía ahí, de pie".
Este párrafo me ha impactado por la banalidad con la que esas chicas de hace no llega un siglo hablan del fascismo -que en nada tendrán a las puertas- y el terrible paralelismo con el momento actual. Porque hoy estamos muchos asustados, pero luego hay una gran parte de la población que está asumiendo ciertos discursos como válidos. Los derechos actuales les han venido dados y no tienen ni idea de lo que es vivir bajo los ideales de esa gente, eso los jóvenes; los mayores, no sé qué pensar.
El notar esa infiltración de ideas en lo que leo -afortunadamente, no la vivo en primera persona porque trabajo en un "nido laborista", como dice el Peda- me recuerda a cómo avanza todo esto: imposible no recordar al gran poema de Michael Rosen: "el fascismo llega como tu amigo". En la novela, el avance es también gradual, los alemanes "ocupan" el bar de los británicos, y nadie reta ese gesto: "al final, los alemanes tenían la ventaja de sus agresivos malos modales y los ingleses, la desventaja de su aversión a hacer una escena". Gradual, pero agresivo:
“la atmósfera política iba cambiando: un día aparecieron folletos debajo de los cristales de las mesas de los café indicando que estaba prohibido, bajo la amenaza de arresto, hablar de política. Se podría terminar en uno a de los nuevos campos de concentración organizados siguiendo el modelo alemán en algún sitio en los Cárpatos remotos”.
Cuando termino el libro ocurre una de esas serendipias de la literatura: estoy divagando sobre el último de Rachel Cusk ["Kudos" ] con casi dos meses de retraso, y me doy cuenta de que ha sido justamente Cusk la que ha hecho el prólogo de la última edición de "The great fortune" - no está en mi edición que es de 1981 pero veo que sí en la de Asteroide. Cusk me gusta y aprendo de ella, pero cada vez noto más que se tira demasiado al monte del psicoanálisis. Pues bien, en este divague suyo del libro ha perdido totalmente el oremus: atención a su tesis. Hay un momento en la novela en el que Harriett le dice a otro personaje que sus padres no la quisieron. Según Cusk, este es el eje central de toda la saga, y que "el conflicto central es entre la necesidad de Harriett por apego, amor y comprensión y el compromiso de su marido con ideales sociales más amplios"
"El mundo se derrumba, y nosotros nos enamoramos", como le dice Ilsa a Rick. Pero es una peli de 90 minutos. Reducir esta novela -no he leído las cinco que quedan- al conflicto emocional de una testigo me deja perpleja. Igual hace 30 años me hubiera preguntado si me había perdido algo, ahora ya sé cómo se las gastan quienes usan ese marco mental para explicarlo todo.
Si me hacen resumir el eje central en una frase, para mí sería el clásico de Santayana:
"Aquellos que no pueden recordar el pasado, están condenados a repetirlo".















