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20 octubre 2026

De cómo los Pedalistas acabaron en una secta y de lo que allí aconteció [Méx17]

 Martes, 28.07.26: Ska-P, timados, bajona en Puerto Escondido, encontramos la luz

Tras un rato buscando alojamiento en Puerto Escondido por internet, encontramos un apartamento con buenas vistas y lo reservamos. Toca despedirse de Cocos -algunas con más pena que otras- e incluyo la vista de las piscina desde nuestra terraza para que se haga una idea el divagante de que era todo bastante discreto. Nunca vimos a nadie en pelota picada por los pasillos y, como dije, no te encontrabas a la gente como su madre los trajo al mundo en el buffet del desayuno- no había restaurante. Otra cosa era en otro de los hoteles que, según nos contó la mexicana del "puterío", le había dicho un repartidor que allí todos iban en bolas, desde los recepcionistas hasta los camareros.




Adiós Cocos y Zipolite, y hacemos el brunch en la playa en Mazunte, en El Pescador 

Cositas que una se encuentra en la calle principal de Mazunte en las fotos de abajo. Siento si con la primera os he pegado el "Vals del Obrero" de Ska-P. Nunca está de más recordarlo, pero a mí ya se me ha pegado y estará conmigo durante todo este divague.

En esta democracia hay mucho listo que se lucra
Exprimiendo a nuestra clase social
Le' importa cuatro huevos si tienes catorce hijos
Y la abuela no se puede operar
Somos los obreros, la base de este pueblo
En el que siempre pierde el mismo "pringao"
Un juego bien pensado en el que nos tienen callados
Y te joden si no quieres jugar
¡Resistencia!
¡Des-o-be-dien-cia!



De hecho, me va muy bien Ska-P porque en nuestro trayecto a Puerto,  encontramos a algunos de los iconos de la Revolución Mexicana: Pancho Villa, bueno, y el de abajo no sé si es un icono o un mero charro mexicano y yo me he venido arriba: ¡Viva México, cabrones!



El apartamento está pasado el aeropuerto, no queda claro por dónde ir con la bolita azul del googlemaps y de repente nos encontramos en medio de la nada, en camino de barro. Vemos una casa que podría ser, pero ahí no hay nadie. Pregunto en una tienda en la que sirven a través de rejas y nadie sabe nada. Hay unos hombres trabajando en la construcción que nos miran desde el tejado. Es todo desolador. Contactamos con el dueño por WhatsApp y nos dice que él no anuncia el sitio en esta plataforma, sino en otra: que le hagamos un ingreso y ya tal. Intentamos hablar con nuestra plataforma sin conseguirlo y, cuando ya está claro que es un timo, volvemos a Puerto a tranquilizarnos, tomar algo y decidir.

Esta es la playa de Puerto, que nos parece deprimente y llena de gente, después de donde venimos. Por favor, quédense con este nombre: Zicatela y la línea blanca de sus olas - es playa de la izquierda, y mañana entraré en ella. 

Vamos por la calle principal paralela a la playa buscando un café y lo más cercano es una tienda de Choco Mios -misma cadena que en Oaxaca-  donde nos ofrecían quedarnos a tomar un café en la terraza en medio de gente taladrando. Acabamos en un restaurante de pescado, pierdo un componente de la cámara -que luego encuentro - y otros despropósitos. Parece que no es nuestra día, pero tras un rato nos lanzamos, como cuando éramos aventureros, a ver si alguien bondadoso da alojamiento a estas cuatro almas. 




Hemos seleccionado cinco sitios para quedarnos: los primeros en Puerto o no existen o no hay recepción. Nos vamos a la otra zona, Brisas de Zicatela, que está en la playa aquella de las olas de la foto de arriba y allí en el segundo, por fin, nos aceptan. Ya es tarde, aún no de noche y el lugar tiene buena pinta, con una piscina central y unos cuantos edificios de colores alrededor del jardín. La habitación tiene cocina dentro y estamos enfrente de la piscina. 

Cuando nos estamos despidiendo del recepcionista, que nos ha puesto un garrafón de agua, loado, nos dice que "como hoy es martes, justo invitamos a cenar a los huéspedes". Aunque veo a mis compas reticentes -son así-, a mí me parece una magnífica idea el no tener que lanzarnos a las calles, agotados como estamos, a buscar un restaurante. No solo eso: por las mañanas a las 9:30 hay yoga y a las 15:30 Aqua-Gym en la piscina. Todo incluido, pero sin falta de pulsera. Es un hotel familiar y pequeño, y son simplemente amistosos.   

 Subimos, pues, conmigo a la cabeza, a la sala donde por la mañana ocurre el yoga y los martes por la noche el -nos enteramos en breve- "meet & greet". Al llegar, hay como tres grandes mesas corridas, con unas 20-25 personas sentadas esperando no se sabe a qué [a nosotros?] mientras una chica en una esquina toca el sintetizador con temas de ayer, de hoy y de siempre. Hay unas señoras mayores que están ya trajinando con la cena, pero antes tenemos que escuchar el "Piano man" o "American pie". 

Pero no, cuando termina la del sintetizador, entonces nos llama a levantarnos en un círculo y a presentarnos al grupo: nuestro nombre, de dónde venimos, esas cosas. Y en un lado del corro hay un anciano con un andador que parece es el fundador y dueño del lugar, que no habla español pero tiene a su lado a un traductor. 

W tiene 87 años y nos cuenta su vida: es yanki, estuvo en la Guerra de Vietnam, de donde salió poco menos que con un consejo de guerra y con trastorno de estrés postraumático. Entonces vio la luz, se cayó del caballo y se hizo cristiano. No me queda claro cómo acabó en Puerto, pero entonces montó este hotel, una comunidad de amor y paz. Tiene varios hijos que continúan su labor cristiana por otros sitios - no me quedó claro si en pequeña cadena hotelera. Yo todo esto de Yísus lo veo venir desde el principio, cuando leo en la parte superior derecha de la camiseta del traductor australiano, "Christian surfers" [surfistas cristianos]. Miro a mis compas que intentan no mantener contacto visual conmigo, pero yo todo lo que querría decirles es que estoy estática: esto es oro para mi blog, y para las cenas con amigos: huyendo de un hotel nudista, acabamos en una secta!

Comienzan las presentaciones: todos son mexicanos, menos un gringo casado con una mexicana y una familia que viene de París pero tiene conexiones mexicanas. Nosotros tres somos de los últimos, y yo tengo que pensar muy bien lo que digo porque tengo a la Policía del Cringe a mi izquierda, que se hará el harakiri si "sobrecomparto". Así que simplemente les cuento que semos ejpanioles y que estuvimos en México hace 22 años, que nos gustó tanto que hemos traído a nuestra hija. Por fin nos sentamos a cenar y en nuestra mesa causa gran simpatía el acento british de Mini [tenemos al gringo casado con mexicana y sus hijos] y la conversación fluye. La cena está muy bien, típica mexicana, y al terminar, damos las gracias y nos vamos. 

Yo me doy un baño nocturno sola en la piscina y a la salida, vamos a dar una vuelta por la calle comercial detrás del hotel en busca de sandía, que no encontramos, pero sí melón, mango, yogur y granola para desayunar. Cuando volvemos a dormir, cerca de la medianoche, nos damos cuenta de un pequeño detalle en el que no habíamos reparado al llegar  porque aún era de día: 


Oh   -   my   -   fucking   -   God

19 octubre 2026

Mini se planta: hemos de salir de Zipolite [Méx16]

Lunes, 27.07.26 - San Agustinillo, Playa Mermejita, Punta Cometa, atardecer en Zipolite

Anoche cuando llegamos estaban los chicos gays en la piscina iluminada dándose claras muestras de cariño. No supimos si estaban en bolas, pero Mini dejó claro que ya no podía más con Cocos.  A mí, por supuesto, esto me daba igual —quién no se ha dado besos en piscinas en la noche—, pero bueno, por la mañana, tras un cónclave pedalista, se decide buscar otro lugar. 


Así que cuando vuelve el Peda de correr -yo he estado todo ese rato bañándome sola, Mini duerme seguro que con pesadillas de lo de ayer- salimos hacia Mazunte, que era de todas formas nuestro destino de turisteo de hoy, con la idea de mirar un par de hoteles
 localizados por internet. 

El primero es "mi lugar en el mundo" - como la peli, pero sin la conciencia social . Yo siempre he dicho que mi chamizo en la playa no estará en primera línea, justo delante: estará arriba, en la montaña, y desde allí se verá el mar. Esto será influencia de las vacaciones griegas porque casi siempre, para bajar a las playas que has visto desde lo alto has de ir por carreteras tortuosas que zigzaguean hasta el mar. Vamos, yo lo que quiero es una adaptación de lo de Virginia Woolf: una terraza con vistas -y ya si nos ponemos una piscina infinita. Ambas cosas tiene Zazil , que es un retiro de yoga en un lugar mágico -e incluyo el enlace al video de promoción aquí para volver a él en algún martes oscuro y lluvioso de finales de enero. 


Pero, ay, Zazil tiene dos problemas: 
le falta aire acondicionado -que con mi neurosis del dengue es un innegociable- y la cuesta. El callejón de acceso da verdadero pavor, tanto que ellos mismos lo confiesan en su web. Dicen que la calle más empinada del mundo es Baldwin Street en Nueva Zelanda [35% gradiente], y la he mirado y esta es peor. No tengo demasiado vértigo, pero esto da vértigo. En fin, sería un sitio genial si tuviera un tren de cremallera, aire acondicionado y ningún hippie haciendo posturas de yoga imposibles que me recuerden mi terrible flexibilidad.  


Pero sí, atención a la piscina: esto era el paraíso. Programa: baño, lectura, baño, lectura... 


Cautivo y desarmado, el ejército pedalista se dirige a la playa de San Agustinillo por el Dragón Khan [de bajada da tal vez menos miedo] ahora a desayunar en un local de brunch, que tiene también habitaciones, La Mora Posada. Este mar es 
impresionante de ver, de escuchar: no me canso de sus olas. 

Haciéndome la milenial, pido una tostada de aguacate...

Las olas de Mazunte son menos fuertes que en Zipolite. Su nombre proviene de la frase en náhuatl "maxotetia" o "maxontetia", que significa "por favor deposita huevos aquí" o "déjame verte desovar", en referencia a la llegada de tortugas golfinas para criar aquí. Hay un museo de las tortugas con un acuario con tortugas enormes y un centro de investigación de las tortugas, pero está cerrado.


Pasado Mazunte, vamos a Playa Mermejita y allí vemos otro hotel. Este está en primera línea de playa, y el acceso es otra pesadilla: en ese caso, el callejón de acceso es el gran cañón del Colorado -temo que se nos encaje ahí una rueda y no podamos salir. Cuando le pregunto al del hotel qué pasó en el callejón, dice que a veces baja por ahí un río y que entonces quedan incomunicados varios días. Miro a los guiris que toman el sol en silencio tranquilos alrededor de la piscina: ¿tendrán esta información? Antes de irnos, nos saluda una iguana:


Punta Cometa también conocida como el "Cerro Sagrado" es un parque natural en una península rocosa, y el el punto más saliente en el Pacífico de México -el Finisterre mexicano, vamos. Parece que hay que ir al atardecer, claro, pero en nuestra línea estamos por allí a las 15:00, en plena canícula y, ¿desde cuándo las horas intempestivas han sido óbice para que los pedalistas suban a un castillo, vean un anfiteatro o hagan una caminata? Pues eso: el caminito mientras hay árboles y es de bajada se tolera. ¿Positivos? Hay poca gente, las vistas son espectaculares y nadie acaba en el hospital. ¿Negativos? Nuestra hija nos odia [y seguimos sin sustituto de Cocos].


Si alguien quiere conocer esta península mejor, he descubierto un doc de 20 minutos, "La esquina del mundo" en el que además hablan de las nefastas consecuencias de las matanzas de tortugas y de dejar a un perro suelto por los acantilados. 



Haciendo de Leo y Kate...

La calle principal de Zipolite está bastante animada cuando volvemos hacia Cocos: compramos unos bollos, Mini pregunta precios de manicura y tomamos unos helados en la playa. 


En la piscina de Cocos están la pareja mexicana del primer día y la mujer, con esa gracia mexicana, describe la jugada nocturna en la piscina como "un puterío". Les contamos nuestro fracaso con los hoteles en la zona, y que mañana por la mañana nos vamos a Puerto Escondido, a la aventura, porque la pequeña victoriana no quiere bajar ya a la piscina.

La convencemos para ir a ver la puesta de sol a la playa, y subimos por una montaña que da a la cala de arriba -que descubro ahora se llama "Playa del Amor" [¿qué cabía esperar, aquí en Zipolite?]-, pero decidimos ir a ver el atardecer a la playa grande. 


En la primera parte, pegados al montículo del que bajamos, hay gente y pelícanos pescando: se tiran en vertical, qué feos son. Seguimos caminando y aunque no hay mucha gente, sí que hay algunos hombres en bolas. En la Rough, ya en el 2004 decían que "
su reputación como la playa más relajada se ha hecho legendaria, no solo para el nudismo, sino también por las drogas: es fácil acceder a alucinógenos, marihuana, ácido, aunque no es legal, pero más prevalentes que en ninguna parte de México". Qué buen ejemplo para una hija. 
, 

Mini y su padre se quieren meter al agua y les insisto en que desistan: hay corrientes de resaca muy bestias y los ahogamientos son muy comunes. Nadie me hace caso, se meten un poco pero enseguida oyen un silbato: salgan. 

Me doy la vuelta y es un hombre mayor, con un silbato viejísimo colgado de una cuerda que se cae a trozos. Me pongo a hablar con él y me dice que es un "voluntario" que sale impedir que la gente se meta al agua en días como hoy. Se presenta como "Pepe El Perro" y le elogio por su enorme misión. Mis compas salen fastidiados y dicen que ese hombre ha sido pagado por mí. Whatever.



Ya de noche, nos metemos de despedida los tres en la piscina de Cocos. Igual tendríamos que habernos ido de Zipolite aunque solo fuera porque ya hemos cubierto toda la oferta de restaurantes a los que se puede ir caminando: hoy, un japonés -ramen, crab sushi y yo me planto y unas papas fritas con bacon y queso. Hoy, a la vuelta, no hay puterío.


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17 octubre 2026

"El código de los Woosters" de P.G.Wodehouse: Qué historia más tonta, qué manera de reír

 No podía tener una lectura más radicalmente distinta a los tres últimos libros mexicanos, llenos de drama, abandono, pobreza, desolación, atrocidades, que este libro. No es solo cambiar las coordenadas espacio-tiempo de un país a otro, de una época a otra: es salirse de este planeta y de esta dimensión. "The Code of the Woosters" ["El código de los Woosters"] fue publicado en el Reino Unido en 1938 y es, según la crítica, el mejor de la saga de Wooster, un aristócrata chorlito y bobo, y Jeeves, su mayordomo -no exactamente, luego lo explico-, un hombre culto e inteligente. El autor escribió un total de quince libros con estos dos personajes -de ellos, 4 de relatos. Yo no había leído nada, pero Elena Rius es una gran fan y lo tenía en mi "pendientes". Cuando vi que había un podcast titulado "El código de los Woosters: ¿el libro más divertido nunca escrito?", decidí que iba a empezar por él. Esto ocurrió nada más llegar de México, a principios de agosto, para asegurar el shock cultural. 

De "Temporada de huracanes" a
temporada de geranios

P. G. Wodehouse nació en 1881 en Guildford, al sur de Inglaterra, un poco de rebote porque sus padres, que vivían en Hong Kong -entonces colonia británica-, pasaban por allí de visita. Tras sus primeros dos años en HK, criado por una canguro china, mandaron a los tres hijos de vuelta a UK, quedándose los padres en las colonias -costumbre arraigada en esta gente de clase alta. Aún quedan vestigios de esto hoy en día: los ricos en este país aún mandan a sus hijos a internados a la campiña tan pronto como pueden -una me dijo: "ellos mismos te lo piden"-, y también he conocido enviar a la hija con anorexia a una unidad en Sudáfrica. Cosas veredes. Pues bien, no sé si los hermanos Wodehouse lo pidieron, pero el análisis -psicología de sillón, tal vez- que leo por ahí es que esta situación dejó "cicatrices" evidentes en él y otros escritores que vivieron esta situación, como Thackeray, Saki, Kipling y Walpole. Pero ya en Londinium, los años más felices de su vida fueron los que pasó en Dulwich College, al que dejo a la derecha cuando me dirijo al curro -maldiciendo a los todoterrenos que van a dejar a los futuros dirigentes de este país, atascando mientras la South Circular. He escrito otras veces sobre este colegio, en general para mal, porque uno de sus exalumnos es Nigel Farage, el tipo que nos llevó al Brexit con mentiras, que ha recibido financiación ilegal de millonarios y que ahora aspira a presidir el país desde la ultraderecha más rancia, o porque podía ser parte de la "cultura de la violación".  Pero también tiene positivos, como su arquitectura -es precioso, pero no me pregunten de dónde vino ese dinero-, o como que dio a otras figuras literarias como a Raymond Chandler y Graham Swift (con beca), entre otros. 

Antes de empezar, un punto contextual importante es entender el rol de Jeeves, al que he descrito como mayordomo porque no conozco la palabra en castellano, pero no era exactamente eso. Si alguien recuerda el divague de la biblioteca de John Rylands, la fundadora Enriqueta era la "companion" de la segunda mujer del potentado. Lo de "lady's companion" era un legado de las antiguas "damas de compañía" de la corte: mujeres de buena familia que acompañaban a las ricas. Pues bien, Jeeves es el equivalente masculino [en inglés llamado "valet"], un sirviente que es un "caballero" ("a gentleman's gentleman") que está al tanto de las necesidades solo de su empleador, no de toda la casa, como lo estaría un mayordomo. Como las "lady's companion", esto es un legado de los "valets de chambre" de la corte. Hoy se les llama PAs (asistentes personales) y yo tengo a algunos colegas que llaman así a su secretari@ [yo prefiero "team admin", administrador del equipo], pero es erróneo, son sus "asistentes laborales", no "personales". Los muy ricos son los que se permiten tener esto último, alguien que te reserva el teatro, controla si hay que ir a la lavandería, o manda flores a tu amante [esto me suena de alguna peli que no localizo]. De nuevo: misma cosa con distinto envoltorio. 


Antes de empezar, aquí tenéis a esos dos grandes monstruos de la interpretación británica en la serie que hizo sobre esta saga la BBC de 1990 a 1993: Hugh Laurie y Stephen Fry.  ¿Quién pega más para el papel del arist
ócrata y quién para el "gentleman's gentleman"? Yo lo he tenido que buscar porque me parece complicado: los dos tienen un acento tan posh (pijo, fresa ;)) en inglés que eso lo complica aún más. Hagan sus apuestas y la respuesta, al final del divague (si pudiera, boca abajo).

Por fin, ahí vamos. Empezaré con lo malo: no suelo describir las tramas -salvo en contadas ocasiones, y aviso- y en este caso, tranquis, no va a haber spoilers. Es una típica comedia de enredo [si fuera visual sería "slapstick"] en la que un señorito se mete en líos despatarrantes y su mayordomo -en realidad no, pero- le saca del apuro. La historia, grosso modo, va de cómo una jarrita de leche con forma de vaca ("cow creamer" se llama, e incluyo foto abajo por si alguien, como yo, no visualiza que tamaño despropósito pudiera existir) que muchos codician desaparece y hay que encontrarla. Pero hablamos de 300 páginas, luego hay que darle vueltas y vueltas, y la historia, que al principio me parecía un poco boba, al final, de TAN boba me llegó a irritar. Terminé aburrida y con la firme decisión de "una y no más, Santo Tomás".


Ahora, habiendo sacado la bilis de mi cuerpo -y admitiendo que debo estar equivocada porque la crítica la pone por las nubes- voy a empezar con la forma. Este es un libro en el que, desde la primera página, me empecé a reír a carcajadas. Literal [bro]. Está escrito con ese inglés repipi que tanto nos gusta ["he took our entrance in the wrong spirit"], y en el que me encantaría ser fluida, que es una delicia de leer tan grande ["so I should be disposed to imagine, sir" o "it unquestionably takes the eye, sir"] que le perdonas toda la tontería que te está contando. Como sé que al Peda le gustan esas frases tanto como a mí, se lo recomendé pese a la historia bobalicona, y le gustó. Ahora, no sé si lo recomendaría en traducción, porque no sé si funcionará [si alguien lo ha leído, por favor, comenten!], o a alguien que lea por el contenido. Yo siempre digo que solo leo por la forma, que me da igual lo que me cuenten, pero aquí he tenido momentos de debilidad: la historia es tan terrible.

Como he dicho, no tiene ninguna reflexión social, no pone nada en su contexto histórico, más que en una ocasión: hay un personaje -de los malos- que es el líder de un grupo llamado "Los Salvadores de Inglaterra", una agrupación fascista (dice la palabra, no es cosa mía) mejor conocida como los "Black Shorts". Esto se traduciría literalmente como los "Pantalones cortos negros", pero hace el juego de palabras con los "Black Shirts" que eran los "Camisas negras", milicias fascistas italianas [un ejemplo de su humor finísimo y de la desolación de que estos salvadores de la patria existen en todo momento y lugar]. Bueno, igual soy injusta: también se mete con la poli "el policía no tenía nada en su cabeza aparte del casco", y con los curas gordos: "tanta mantequilla local y la vida fácil de estos curas... me parece que uno los tiene que pillar en Cuaresma". Pero también la inevitable misoginia, el ruido de fondo de la vida en los años 40, a los que volvemos: "hay ciertas mujeres que uno respeta, admira, reverencia, pero solo en la distancia", "la tendencia de no poder distinguir entre el bien y el mal de las mujeres es notoria" o incluso "no le he levantado nunca la mano a una mujer". Guau: gracias Wooster. 


Me encanta el continuo "banter" (toma y daca) entre Wooster y Jeeves, en el que queda claro que Jeeves es el hombre de alta cultura y el solucionador de problemas, mientras que Wooster es el aristócrata sin intereses "high brow" (cultura elitista), básico por demás. Venga, un par de ejemplos: "¿Sabes a quién me refiero, Jeeves, el tipo del gato?", "Macbeth, señor, un personaje de una obra del difunto William Shakespeare". Y al rato, "Eureka! - como dijo Arquímedes" "Oh, fue Arquímedes el que dijo eureka? Pensaba que era Shakespeare". También me he reído mucho cuando a Wooster no le sale la palabra "es un recluso confirmado; así es como lo llamarías si  por casualidad supieras la palabra" y a menudo, Jeeves sale en su  auxilio. Pero pese a todas las referencias high-brow en la novela -había que tener un cierto capital cultural para entender todas ellas- Wodehouse era publicado en revistas por capítulos a modo de folletines y se consideraba a sí mismo un escritor "middle-brow". 

Es un maestro de la descripción, sobre todo de Jeeves, que es la quintaesencia del mayordomo inglés imperturbable: "No diría que sonrió -prácticamente nunca lo hace-, pero un músculo sobre la boca pareció temblar un poco por un instante" ["I wouldn't say he smiled—he practically never does—but a muscle abaft the mouth did seem to quiver slightly for an instant"].

Y la voz que consigue para Wooster es también genial: usa expresiones de slang de la clase alta urbana ["if he had seen anything of old So-and-so lately or knew what had become of old What's-his name", "mens sana in corpore whatnot"] y abreviaturas que a mí me parecen hilarantes: "the gravity of the situash" ("la gravedad de la situash"). O palabras que últimamente se han puesto de moda como el "¿estás cucut?" ["have you gone cuckoo?"] o el delulu ["do you agree with me the situation is a lulu?"]. 


En fin, que la dinámica del mayordomo siendo mucho más listo que el aristócrata me encanta [Wodehouse ya sabía entonces que el humor siempre ha de disparar hacia arriba], y ahora toca ver si el divagante ha adivinado quién representa mejor al más agudo del tándem Laurie-Fry. Está claro, ¿no? Fry es Jeeves. Y tal vez seguiría leyendo estas tramas tontolinas si Wodehouse me diera más Jeeves y menos Wooster. Es mi héroe: parece que le puedo oír diciendo cosas como "Recuerdo el incidente vívidamente, señor" ["I recall the incident vividly, Sir"] o "Estoy contento si le di satisfacción" ["I am glad if I gave you satisfaction"].

No sé si he dado mucha satisfacción con este divague, dando pistas de si este libro es o no para el divagante. Quedo a la escucha.

11 octubre 2026

La hija pródiga vuelve el finde: "A Tale of Manchester Life" ["Una historia de la vida en Mánchester"].

 Este fin de semana ha vuelto Mini de Mánchester por primera vez desde que la dejamos allí el 17-18 de septiembre. Mi curva de aprendizaje sobre el mundo universitario británico está en lo más alto: cada día hay nuevos sintagmas del inglés que desconocía, impregnados de sociología barata y antropología de garrafón que no puedo esperar a compartir aquí.  

"Y el sexto día,
Dios creó MANchester"

A los estudiantes de primer año se les llama "freshers" y viven en los "halls" que describí en aquel divague. El segundo año ya pasan a vivir en pisos, pero este primero les sirve para hacer amigos, sobre todo en su hall. Ya conté que tienen una sala comunal y un bar -además del comedor- donde un equipo llamado ResLife organiza actividades a diario: una noche, karaoke, otra Abba, y suma y sigue. Nunca me han gustado las cartas, y a saber a qué juegan, pero es otra actividad del salón comunal ese. 

Aparte, como es una ciudad muy universitaria, estas primeras semanas han tenido ofertas para entrar en los clubs (discos), o para comprar ciertas cosas.  Las fotos que incluyo las he sacado de su IG, no me las ha compartido. En esta primera ya hay calabazas, y parece que la semana de Halloween en cuestión va a ser de fiesta diaria. 


En su grupo de amigas hay inglesas, pero también australianas y yankis. En su planta hay muchos estudiantes de China. Tienen fama de retraídos, empollones y, en general, de no hablar inglés.  Todos estudian ingenierías, cosas aeroespaciales, ciencia hardcore. En su clase [recordemos, Literatura Inglesa], con casi todos blancos. Hay una chica china de su pasillo que tiene a sus padres viviendo con ella en la habitación -y sospechan que también a un hermano. Cuando entran a la cocina y han estado ellos, el olor de lo que sea que han cocinado es terrible. Detecto un pelín de incoherencia cuando tuvimos que escuchar las loas a un piii Chow Mein en una estación de buses mexicana. Le recordamos que, aunque sean chinos, también es racismo. 



Un clásico -que todo el mundo en el curro me está preguntando- es si ya ha tenido la "freshers flu" -la gripe de los freshers. Al principio, mientras sus amigas iban cayendo una tras otra, se creía inmunizada porque recientemente pasó la "Interrail Flu". Pero claro, acabó con el susodicho catarro, y verla tan mal en la distancia fue de lo peor de estas semanas. "Toma paracetamol, bebe agua, cuánta fiebre tienes". Pero en cuanto se le acabó el poco paracetamol del botiquín que le dejé, por supuesto no iba a comprar más, ni a comprar un termómetro, que se me había olvidado meter. Nota: este fin de semana se ha llevado uno nuevo, y paracetamol. Esta imagen de abajo me recuerda a aquella escena de "Trainspotting": "el baño más sucio de Escocia".


Es curioso que aunque empieza a conocer a gente de su clase, las mayores amistades son con la gente de su hall. El Peda y yo le contamos que, como ambos estábamos en casa de nuestros padres, los amigos que hicimos en la uni eran casi exclusivamente de nuestra carrera- aparte de algún amigo de un amigo. El Peda rememora cómo con este grupo de clase -todo chicos, son vasconavarros- quedaban en la biblio por las tardes y así "se animaban estudiar". En mi carrera era todo mucho más individualista, y yo en la biblio solo conocí al Náufrago Ro que era todo menos un animador para el ídem. En la imagen de abajo vemos un civilizado café que se tomó con una compa de la carrera en un receso. Nota: ha conocido allí a dos andaluzas de intercambio [no sé si con el pii Brexit, se le puede llamar Orgasmus todavía]. ¿De qué ciudad, querida hija? Y ella, "Andalucía, no es eso una ciudad?" Lloro. 


Otro concepto similar al de la "freshers' flu es el "flatcest" y viene de la combinación de "flat" (piso, halls en este caso) e "incest" (incesto). O sea, tener sexo con alguien que vive en tu edificio o piso. Es algo a evitar porque luego vives innumerables situaciones "awkward", incómodas, loquesea. Cuando se le pregunta disimuladamente por los chicos, la respuesta es "meh" y "no me gustan los cortos y los altos son feos".  Mini, no se dice "cortos", se dije "bajos"; en castellano ser corto significa otra cosa. Ah vale, probablemente me olvide. Nota: esta niña necesita un año de inmersión en la península, ¿o no? 

Aquí un par más de ejemplos de la "vida en los halls": desde Alfie, uno que puso un cartel en su puerta con teléfono y todo -ya es amigo- hasta una "tía muy rara", que envía mensajes al grupo quejándose del robo de su zumo de mango, que le paguen las £3 que costó porque "lo necesita para tomar su medicación". A Mini también le quitaron unas latas de bebida carbonatada que le habían regalado en un evento de freshers: es la jungla ahí fuera, amigos: no sé si apelar a la fibra sensible de la medicación ablandará al ladrón.  



Aún me estoy riendo con esto: según Mini, cuando se oyen petardos en Mánchester, son camellos que indican la localización a sus clientes para que vayan a comprar drogas. ¿Qué sentido tiene esto? ¿No irá también la policía? Mini desconoce los detalles, pero todo el mundo en su barrio sabe que ese es el código.  Le pregunto a la IA de turno, que asegura es una "leyenda urbana", no solo de Mánchester, sino de otros países anglosajones. Una posible explicación, me digo, es que pronto es Bonfire Night y empiezan con los petardos un mes antes- habrá que observar si siguen tras el 5 de noviembre. También me río cuando pone un WhatsApp desde el cuarto de la lavadora toda fastidiada porque acaba de pagar las £3.10 y se ha olvidado de poner el jabón - no creo que se le olvide más. La lavadora suele ser una fuente de noticias: la lucha por ella es complicada porque si llegas tarde a recoger la tuya "el de detrás tira tu ropa al suelo". Salvajes.  

De sus cuatro asignaturas, el Peda y yo hemos convenido cuáles nos gustaría cursar, a saber: "Literatura e Historia" (el Peda), "Leyendo Literatura" (ambos), "Teoría y Texto" (ambos) y "Mapeando el Medievo" (ninguno). Me da mucha pena que tenga que leer y trabajar "Beowulf", que viene a ser el "Cantar de Mio Cid" anglosajón. Se trata de un "poema épico anónimo en inglés antiguo en verso aliterativo". Se desconoce su fecha, aunque se cree que del siglo VIII al XII -cuatro siglos arriba o abajo, qué más da: no os pilléis los dedos. La obra se conserva en el Códice Nowell o Cotton MS Vitellius A XV y está aquí online y en vivo en la British Library, por donde he pasado justo hoy, ya que está al lado de Euston, la estación desde donde se coge el tren de vuelta. Y ya pasé por allí y divagué hace tiempo sobre otros manuscritos que me emocionaron [de George Eliot, de Oscar Wilde, de las sufragettes, pero ni mencioné este: ¡imperdonable!].



De "Leyendo literatura" están con el de abajo, novela que no conocía, pero si es lectura elegida por popes de la academia mancuniana, habrá que mirársela.

 Una noche que tenía que leer 30 páginas de "Beowulf" para el día siguiente y yo estaba sola en casa me propuso que nos conectásemos en videollamada, y trabajásemos en paralelo: ella leía y yo escribía este blog. Funcionó! Fue un rato muy chulo. 


Hoy, como digo, la he acompañado a Euston y luego me he ido a Coal Drops Yard a mirar unas deportivas. De allí he bajado a pasear por el Regent's Canal, donde está aquella librería en un barco de la que ya hablé aquí: "Words on the Water".  Hoy había una mujer tocando el saxo en la cubierta:


Me he puesto a mirar en unas cajas de segunda mano y ahí estaba esperándome Elizabeth Gaskell, la autora decimonónica que escribió sobre las tensiones en la sociedad industrial que se estaba desarrollando en Mánchester. Pensaba empezar por "North & South", una de las más famosas, pero la que estaba allí era "Mary Barton", su primera. Me ha encantado la tapa y cuando la he abierto, su epígrafe: "A tale of Manchester life". 


Como decía Sábato, "las casualidades no existen". Acabo de dejar a mi hija camino a Mánchester y me encuentro a Gaskell aquí, así que lo he comprado. Y me han puesto el sello del barco. Enseguida escribiré un par de líneas en esta misma página con este "así llegué a ti", para que Mini algún día del futuro, cuando haya olvidado esta anécdota -o sea, el nanosegundo tras habérsela contado hoy por teléfono al llegar-, pueda saber cuándo y dónde este libro y yo nos encontramos. Hasta la siguiente entrega de "A Tale of Manchester Life".