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21 septiembre 2026

Final del mundial [soy una loca] en Puebla [Méx8]

  Domingo, 19.07.29: De CDMX a Puebla

El vecino Ricardo -al que conocí yacente en sofá mientras apuraba sales de rehidratación tras mi desencuentro con el "Chile ennogada", plato nacional- es el receptor de lo que queda en el frigo de nuestros amigos, cuyo piso hemos okupado. Él actúa como si nada cuando le bajo el mogollón de huevos y la ensalada que no hemos comido. A las 09:30 cogemos un Uber a la estación Taxqueña: el bus, que es tirando a lujo asiático, sale a las 10:10, y vamos siete pasajeros nomás. Yo recordaba del 2004 que ponían pelis a todo volumen en los buses mexicanos pero imaginaba que era cosa del pasado: qué va. Seguro que creen que la peli de dinosaurios que pasan es del interés de todos los pasajeros, así que si no quieres oírla, has de ponerte tus cascos.

Espero que la siguiente foto sirva para ilustrar el tema excalestric a la salida de CDMX, pero sobre todo para dar una breve lección geográfica: esa montaña del fondo no es otro que el volcán Popocatépetl (Popo para los amigos), que está en el Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl.


En el mapa se aprecia cómo el Popo se ve desde CDMX y Puebla, y el paisaje del trayecto es muy chulo porque se pasa por el parque nacional.  


Aquí unas fotos desde el bus: qué bonito es Popo, con su fumarola en todo lo alto (por algo significa "montaña que humea"). Tiene forma cónica y con 5413 m, es el segundo volcán más alto de México, solo después del Citlaltépetl (5636 m). Es un volcán aún activo, y aquí he encontrado una erupción de ceniza de hace 20 días.





Llegamos a Puebla (nombre completo "Heroica Puebla de Zaragoza", no digo nada) a las 12:25. Está a 2160 msnm; o sea, hemos bajado solo 100 metros con respecto a CDMX, con lo cual nos sorprende que haga calor, pese a los solo 25 grados. Vamos en Uber al hotel, que está cerca del centro: moderno y correcto, sin más.

Mini estaba preocupada por lo de llegar a tiempo para ver la final del mundial, pero lo conseguimos y vemos la primera parte en la habitación. En el descanso nos lanzamos a las calles para encontrar un bar. Pasamos por un par y ninguno le hace gracia a Mini. Estamos a punto de entrar en uno en el que se ve a un par con la camiseta de Argentina y Mini se cierra en banda. Su argumento es que "la amá va a gritar". No entiendo que esté tan ansiosa por algo así; me recuerda a Nick Hornby en "Fever Pitch" cuando explicaba la agonía de su fanatismo por el Arsenal, o incluso el Peda, estando triste y amargado si perdía la Real cuando era adolescente. Me alegro de no ser víctima de esa particular superstición pero, la verdad, no me apetece estar viéndolo sabiendo que no puedo reaccionar, porque mi hija piensa que soy una histérica. Hace calor, estamos hipoglucémicos, necesitamos un refresco de cola (yo) y acabamos enfadados, con Mini volviéndose al hotel.

El Peda y yo nos quedamos en el antro donde están las de la camiseta argentina, que al final están en una mesa con mexicanos que van con Ejpein. Este es el bar, que es como si unos cutres hubieran habilitado una casa señorial del pasado:


Esta es la parte de arriba: no hay nadie. Cuatro botellas moribundas, paredes desconchadas, pero bonitos azulejos en la barra. Del baño, ni hablamos. 



Por si alguien no lo sabe, España mete gol en “el alargue”. Mini tenía razón: soy una histérica. Quiero decir, un resorte me hace saltar de la silla, no sé qué me pasa, porque el Peda permanece en la suya. Me importa tres pimientos el fútbol, y sé que en media hora habré olvidado si han ganado o han perdido, pero en el momento me emociono, algo me posee para lo de la expresión corporal, en fin, soy una loca, como bien diagnostica mi vástaga. Y sí, me importa un bledo, aunque he de reconocer que esta vez quería que perdiese Argentina porque era el equipo de Milei, de Trump, de Netanyahu y del gilipollas ese cuyo nombre suena como dijeron los ingleses a "bebé gigante" (Gianni Infantino), y es que además lo parece: un bebé que en lugar de chupete, chupa la polla a Trump. Y perdonen lo rudo de esta frase, un gatito ha muerto en algún punto de internet. 




Vuelve el Peda al hotel a buscar a Mini —que sigue mosqueada— y yo me quedo viendo las celebraciones en el bar cutre —seguro que si hubiera estado en la península habría acabado abrazando a extraños. Por fin, nos reunificamos, salimos los tres al centro y, oh divagantes, estáis de suerte: como solo es un paseo un poco a la deriva, no recuerdo mucho, aunque el Peda en su diario asegura que pasamos por el "Callejón del Sapo", la [maravillosa] Biblioteca Palafoxiana (por fuera, volveremos), la Catedral (están en misa, muy chula), Museo Amparo (por fuera, volveremos). Las fotos, desordenadas, pueden explicar por qué nos quedamos colgados de esta ciudad










































Por la calle termino hablando con una pareja mayor mexicana que están sentados en un banco y que “le iba a España” [o sea, que iban con España]. Siempre me siento con ganas de disculparme con los latinoamericanos, y este hombre dice que ni hablar, que mire todo lo que hay alrededor, qué belleza de edificios, todo lo hicieron los españoles. Sonrío y asiento, pensando en que Nils Bejerot tal vez estaría de acuerdo en extender el síndrome de Estocolmo a este caso, y lo mismo el psicoanalista que sea con su "identificación con el agresor". Concluyen que la mejor comida del mundo es la mexicana [¿no creemos todos que lo es la de nuestro país?] y nos recomiendan un sitio para cenar en el Zócalo llamado "Tortas Meche".

El mole poblano es una salsa espesa típica de Puebla, y se hace con chocolate, chiles secos, especias, semillas y demás. Solo le gusta al Peda, es así. Como estamos en una terraza bajo los arcos, el cantante que se ha apostado ahí nos da la cena. Mucha gente se acerca ofreciendo de todo para que lo compremos. Es de noche, pero la ciudad sigue siendo un hervidero: mucha gente y mucho puesto callejero, mucha vida. Pese al día de emociones montaña rusa -Mini dice que es normal enfadarse de viaje-, Puebla nos gusta a los tres.





17 septiembre 2026

"Las Muertas" de Jorge Ibargüengoitia: "Un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento"

 
"Algunos de los acontecimientos que aquí se narran son reales. Todos los personajes son imaginarios".

Este es el epígrafe de "Las Muertas" de Jorge Ibargüengoitia, que tomó prestado Fernanda Melchor para su "Temporada de Huracanes" y que tal vez sea la mejor frase de toda la novela. Porque de alguna manera el autor nos está avisando de que, aunque va a novelar unos terribles hechos reales, aparte del manido la objetividad es imposible, el unreliable narrator y lalala, esto no va a ser una crónica periodística. 

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Y sí, es lo que parece: estamos en un nuevo receso en las retrasadísimas crónicas de México para insertar un divague literario -o me tacharán de cruel-, también tardísimo, porque lo empecé en Oaxaca y lo terminé en Puerto Escondido, hará más de dos meses.  Este retraso en divagar de los libros es otro problema -así como con las crónicas se puede agradecer el olvido, con los libros solo se salva con las anotaciones y subrayados, pero hoy ni con esto voy a poder rescatar al divague ni al libro, que por lo menos, loado,  es corto -183 páginas-, pero solo tengo doce notas, y no demasiados subrayados.

Compré "Las Muertas" en la Carfebrería "El Péndulo" de Condesa y le tenía muchas ganas porque había leído hace tiempo "Revolución en el jardín", un compendio de sus artículos con el que me había partido de risa [nota: curiosamente ya en 2019 en este divague hablo también -lo había olvidado- de la peli de Cuarón "Roma", en términos muy parecidos a los del otro día cuando conté que visitamos la casa]. Entiendo que sería complicado hacer humor con este tema, porque al final, Ibargüengoitia  escribió un "True crime" cuando seguro que no se le llamaba ni así, en 1977, sobre una historia súper sórdida y extremadamente desagradable. 

En resumen, dos hermanas dueñas de unos burdeles - en mexicano se les llama "madrotas"- van matando a algunas de las pobres mujeres a las que explotan, torturan y tienen en situación de esclavitud, aparte de la física, se incluye la compra y venta, como si fueran ganado [la de una niña de 14 años es particularmente dolorosa].  Supongo que una de las razones que hace a esta historia especial es que sean mujeres las victimarias, porque hombres que explotan y matan a las mujeres están a la orden del día -ayer en los comentarios volvió a salir "2666", pero no hay más que abrir los periódicos. Y ya que estamos de epígrafes, el de la novela de Bolanio es una frase de Baudelaire: "Un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento", y creo que va muy bien para describir a "Las muertas". 

Pocas notas he tomado, pero desde luego algunas sobre el tema del que vengo hablando todo el verano: el hombre mexicano no sale muy bien parado. Aquí por ocioso, vago y mantenido de las mujeres -en este caso, la madrota mala. O el recurrente, la pobreza, el analfabetismo, la miseria, gente que no se comunica por carta porque no sabe una leer ni la otra escribir. O el también repetitivo, la corrupción, el capitán que cobra comisión a todo dios, y luego reparte con los notables del pueblo, incluido el notario- la red es digna de leer. O el que compra testigos, compra juez y les da dinero a la familia para que retiren los cargos, porque le tocó en suerte tratar con  gente "pobre y razonable".

Formalmente me parecía como que Ibarguengoitia estaba dormitando en una esquina, un ocioso mexicano más con el sombrero cubriéndole medio cuerpo, pero en algún momento la bestia se desperezaba y mostraba su múculo, que lo tiene. 


Así describe sonidos: "Se oyen coyotes, bandas de música, sinfonolas, mariachis, voces, gritos de alegría ranchera, aullidos de perros". O a los que quedan petrificados con la visión de un cadáver: "No se mueven más que los que se acomodan para ver mejor".

Pero pese a estos destellos, es imposible olvidar -aunque hayan pasando dos meses- lo que me aburrí leyendo esta truculencias, a la vez que recordaba otros libros del género muy bien escritos, desde el famoso Capote "A sangre fría", hasta "La ciudad de los vivos" de Lagioia, pasando por mi libro de 2025, "La canción del verdugo" de Mailer. Todos estos libros tienen en común -pero Mailer se sale- el hacer un retrato psicológico soberbio de los asesinos. Ibarguengoitia nos describe a dos mujeres zafias y sicópatas, aceleradas e inmisericordes, imbéciles y malas: o sea, sigue dormitando bajo su sombrero. Y da pena en un autor que puede hacer mucho más. 

"Algunos de los aburrimientos que aquí se narran son reales. Ojalá la decepción fuera imaginaria."

09 septiembre 2026

Biblioteca Vasconcelos: uno de los momentos más chulos del viaje [Méx7]

 Sábado, 18.07.29: Biblioteca Vasconcelos, Monumento a la Revolución, 
Art Déco, Centro histórico

Habrá gente que no entenderá ir de viaje y meterse en librerías y bibliotecas, pero esos no leen este blog. Bueno, las entradas de viaje no las leen ni quienes leen este blog, yo lo entiendo, pero a veces me gustaría alertarles y decirles: hoy entrad a ver las fotos porque descubrí un lugar espectacular. Y hoy es uno de esos días, aunque no puedo decir que este lugar lo descubriera yo: llevamos aún la guía de viaje de 2004 y esta biblio la abrieron en 2006. Es Mini quien nos lleva aquí, y ella no lo había visto en ningún libro [cuando le pregunté cómo iba a hacer el Interrail sin guías, me miró como si de un paramecio en un microscopio se tratara, y citó a la amiga interneta] sino en Tiktok o algunos de esos lugares algorítmicos nocivos, pero que hoy han tenido su utilidad. 

La estación de metro es Guerrero en el barrio de Cuauhtémoc y hay que andar unos diez minutos hasta la Biblioteca Vasconcelos por un mercado callejero en el que hay góticos, chicas con el pelo de colores, señores que venden gorros, lugares donde hacen barbacoa... y nosotros los únicos guiris. 

Por fuera, la biblio es un edificio imponente, pero al entrar, buah: es Matrix, es Inception, es una ecuación de química orgánica en 3D, es Hal 9000,  es un panal de abejas cuadriculadas. Me rindo: las imágenes van a explicar mejor lo que es imposible de describir - y también aquí un video.





Y sí, en el centro hay colgado el esqueleto de una ballena. #maravilla.

Las fotos son mucho mejores aquí

El arquitecto es el mexicano Alberto Kalach, y he disfrutado muchísimo mirando su IG or su página web. Con la biblioteca ganó un premio de diseño internacional y no me extraña. Paseando por este espacio me siento maravillada, todo el rato, sin parar, ahí donde mire. No solo el continente es majestuoso, es que hasta las sillas y los sillones, las lámparas, los flexos, las mesas, todo está pensado para transmitir estilo y belleza. ¿Qué debe ser pasar el día entero leyendo aquí? Navegar por sus estanterías como un navegar por internet activo: en lugar de hacer clic en el hipervínculo, subir por la mezzanine y encontrar la obra, mirarla y volver a bajar. Y repetir. Porque cada vez que sales de tu escritorio o de tu sillón bajo, te encuentras con todos esos metros cúbicos de aire rellenos de libros, que son ideas, que representan la creatividad, la libertad, la diversión, la sabiduría. 

De vuelta a la calle, el rastro y sus habitantes siguen ahí. El Peda se compra una gorra así como de Fidel Castro y yo pierdo el pivote de la cuerda de mi sombrero mugriento, que lleva conmigo desde mi primer viaje a Grecia (nota de la traductora=2008). Es un pequeño trauma, porque hace tiempo que llevo buscando otro que lo sustituya y no lo encuentro. Ahora hay que ponerse más activamente en búsqueda, y este parece el país de los sombreros: voy bien. 




Seguimos caminando hacia el centro histórico -ese imán- y pasamos por el Monumento a la Revolución.





Por supuesto, no olvidar la dosis de art déco diaria.






En la península se quejan los de siempre contra la Memoria Histórica. Aquí, no olvidan a sus desaparecidos. 

Hace calor, llegamos a la Alameda, ya casi en el centro, con sus mariachis y su vista de la Latinoamericana con la cúpula del Bellas Artes...




Vamos a comer a La Vasconia, donde ponen el Inglaterra-Francia. Es un festival, gana[mos] los ingleses (6-4) y Mini está feliz. 


Dice el Peda que "comemos mexicano, muy bien y muy barato". No recuerdo, pero a la salida compramos bollería en la parte que hace de pastelería - incluyo fotos porque verlas en principio no engorda, pero seguro que sube los niveles de glucosa, o bilirrubinacuandotemiroynomemiras o lo que sea. Cae una tormenta grandísima de esas de CDMX en verano: ahora entiendo lo de "Esta tarde vi llover", yo pensaba que era de Los Panchos pero no -claro que el autor también era mexicano. 





Dice el diario del Peda que vamos a la Plaza Loreto, una plaza antigua elegante, con iglesia que no recuerdo si es esta, pero si cuela, cuela...[no creo que me lea ningún chilango]


 a un lado de la catedral está la zona  donde solía estar el Templo Mayor. Sé que la foto es horrorosa, y ni siquiera se puede decir que "no le haga justicia": son las ruinas de los cimientos donde estaba un gran templo, sobre el cual se construía uno nuevo cada 52 años, quedando como un juego de muñecas rusas, uno dentro de otro, pero con templos. 


Justo por detrás hay otra sucursal de la librería Porrúa, donde pasamos otro rato



Seguimos callejeando, está todo lleno de puestos de comida y demás. 



Esta vez cogemos el metro en Allende. Nos reímos mucho con los mexicanos, por ejemplo, este anuncio para que no se pise la línea amarilla. ¿Cómo no comparar el nasal y neutro "Mind the gap" del metro de Londinium con el "SOY INCORRUPTIBLE!!"? [Satán, ofréceme lo que quieras, no caeré]. O cómo no recordar la anécdota de la pequeña Di: "Pisa este crucifijo".


 Murales en la estación de casa y, a la salida, las tiendas callejeras de comida que anuncian que,por fin, "YA tenemos alitas". Yo me sigo riendo. 


Parece que cenamos pasta [qué haría yo sin el diario del Peda] y preparamos la maleta para mañana: nos vamos a Puebla!