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01 noviembre 2026

"La gran fortuna" de Olivia Manning: Quien desconoce su pasado, está condenado a repetirlo.

"The great fortune" ("La gran fortuna") (1960) es la primera novela de una serie de seis titulada "Fortunes of war" ("Los azares de la guerra"), que se compone de dos trilogías: "La trilogía balcánica"  y  "La trilogía levantina", que concluyó su autora, Olivia Manning, en 1980. Cuando veo lo que me ha costado a mí terminar las crónicas de México, puedo entender que a la autora le costara veinte años completar los años de su experiencia personal viajando por Europa durante la Segunda Guerra Mundial. 

Antes de empezar, decir que me ha costado varios meses terminar la primera novela, porque compré una edición con los tres libros de la trilogía balcánica -ladrillo de casi mil páginas-, que no era buena compañera de viaje. Así que lo empecé antes del verano y lo retomé en septiembre, siendo luego una lectura lentísima porque este pasado mes he escrito mucho. A esta autora llegué por el mismo crítico literario que me llevó a la novela de las monjas del SXIV de la maravillosa marxista Sylvia Townsend Warner  ["The corner that held them"]. Las monjas no están traducidas al castellano, pero he descubierto que la trilogía balcánica sí y editada por Libros del Asteroide. 

Si una se fija en los personajes de la tapa... ¿quiénes son? Igual se ve un poco más claro abajo. ¡Sí, Emma Thompson y Kenneth Branagh! Ambos se conocieron en el rodaje en el que interpretaron a la pareja protagonista en la serie de la BBC 4 en 1987. Yo creo que los vi juntos por primera vez en "Los amigos de Peter" (1992), dirigida por Branagh, y al año siguiente en su adaptación del bardo "Much Ado About Nothing" ("Mucho ruido y pocas nueces") y me colgué de su interpretación y de la química entre esa Beatrice y ese Benedick. No me acordaba, pero hice un breve divague sobre esta peli en 2012, en el que colgué la maravillosa escena final ["Sigh no more"] y conté que la fui a ver al cine Sagasta con Fashion y la Yaya, que salió comentando "qué grandes enseñanzas se pueden sacar de esta película". O sea, más o menos como yo cuando, según Mini, intento hacer de todo "algo educacional": claro que en 2012 Mini aún no me debía decir esto porque no tenía ni 4 años, y la Yaya aún estaba por aquí compartiendo tanta sabiduría.  


En fin, no se quejen: que esto se llama divagando por algo. Volviendo a las novelas, narran la vida de una pareja joven, los Pringle, que acaban de llegar a Bucarest, y luego seguirán por Grecia, Egipto y Palestina, y son lo que hoy llaman "autoficción", prácticamente autobiográficas. Harriett y Guy llegan a Bucarest en tren justo el día antes de que el Reino Unido declare la guerra a Alemania tras su invasión de Polonia el 3 de septiembre de 1939. Harriett tiene solo 21 años y se ha casado hace poco con Guy, que va a ser profesor de inglés en la universidad, financiado por el British Council. Guy Pringle es la típica personalidad "A", carismático, confiado, más grande que la vida, y profundamente de izquierdas: él no aspira a ser directivo de ninguna empresa ni a forrarse, él usa toda esa energía que le sobra en "el bien". Es uno de esos personajes perfectos sobre el papel, pero que acaban cargando: viene a ser el Viktor László de Casablanca, pero con quien tú quieres que se quede Ilsa es con el perdedor Rick. 

Además, es que lo vemos todo a través de la mirada de Harriett, que tiene que sufrir en sus carnes toda esa bondad: que le dé su dinero a un refugiado que conoce en el tren, que aloje en su casa a uno que se dice expríncipe ruso con mucho morro, que, por muy tarde que ella llegue a una cita, él siempre va a llegar más tarde, eufórico con algo nuevo. Harriet se da cuenta enseguida de que él "está interesado en las ideas, mientras que ella está interesada en las personas; para él las relaciones personales eran algo menor, a él lo que le llenaba era el mundo de puertas para afuera". Su marido le daba la ilusión de seguridad, pero "empezaba a creer que tal no era nada más que una ilusión". Guy era uno de “esos puertos que terminan siendo demasiado poco profundos: no había manera de entrar en él”.

Y lo peor de estar con alguien así es que no puedes abrir las pequeñas ruindades del corazón que todos -menos tipos como Guy- tenemos. Harriett desprecia a los campesinos, porque los había visto maltratar a sus mujeres y a los animales, o a los mendigos. Los describe como un “purgatorio de mendigos profesionales”, que piden con teatralidad, como plañideras, que la frustran con su insistencia. Mendigos que cuando cae el invierno no sobreviven a las noches de nieve. El capitán invierno. 

El tema de los mendigos es terrible, reflejando la pobreza del país -siento que Harriet los deshumaniza-, pero no es solo con ellos: en general, los británicos viven muy separados del común de los rumanos, a los que miran por encima del hombro [“pueden absorber hechos, pero no pueden hacer nada con ellos”], los tachan de poco creativos. La novela describe muy bien al grupo de británicos expatriados en Bucarest durante la guerra, que se reúnen en el bar de la legación británica, un montón de personajes extraños: periodistas, académicos, diplomáticos, judíos banqueros, timadores. Gente que dice cosas como "Fulanita no se casó hasta que tenía 30 años - parece que esto ocurre con las mujeres con carrera profesional". Pero claro, era 1939 y Rumanía, hay que entender, amigas, que el machismo era una manera de entender la vida y aún no existía el concepto de mansplaining,  pero es que los hombres en este libro no paran de "instruir" a las mujeres. En fin, que vamos para atrás, pero yo de verdad no creo que podamos como sociedad retornar a ese agujero. 

Mientras tanto, "The great fortune" cubre un montón de acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, que ocurren de fondo: la descrita caída de Polonia, el asesinato del primer ministro rumano Călinescu [por la Guardia de Hierro, el movimiento fascista rumano], la guerra ruso-finlandesa, la invasión de Dinamarca y Noruega y luego los Países Bajos por Alemania, el golpe de Estado que reemplazó al primer ministro Gheorghe Argeșanu por Constantin Argetoianu, la caída de Francia y la evacuación de las tropas británicas de Dunkerque y la entrada de Italia en la guerra del lado de Alemania.

Volver a todo esto fue una de las razones para leer esta novela: sé muy poco de historia y me cuesta la literatura bélica, por eso me aproximo desde la visión de las mujeres, por ejemplo con "Testamento de Juventud" o "Una y otra vez". La segunda razón sigue siendo mi intento de entender qué debe ser vivir la vida diaria cuando hay una guerra - especialmente ahora que ya nos han dado instrucciones de supervivencia aquí en UK también "por lo que pueda pasar". Prefiero no pensar en ello;  quedé muy impresionada por el refugio antiaéreo ese que hay cerca de casa, y estoy en negación ante la idea de bajar ahí, bailar foxtrot y salir por la mañana a ver si aún está mi casa.


En este caso, te puedes hacer una idea de lo que es observar la guerra desde una esquina, con el temor de que la invasión te llegue a ti. Me han chocado cosas como que ¿hay
 gente que aún esquía? Porque los Pringle se van un fin de semana a la montaña donde "los hoteles estaban vaciándose porque los esquiadores se iban a los Alpes": o sea, ¿los ricos siguen con su programa de festejos intacto? Eso y que parece que los no tan ricos también se olvidaron de la guerra y la amenaza de invasión durante las primeras Navidades de la guerra. 
 
Otra cosa curiosa es cómo se informaban, porque avanzo que no había Tiktok (sorry Gen-Z): Harriet describe que en el escaparate del buró de información alemana había un mapa de Europa y la gente se agolpaba ahí para ver cómo avanzaba la guerra: comienza con Polonia repartida entre Alemania y Rusia, con una esvástica encima de Varsovia. Poco a poco, las flechitas rojas van avanzando y al final de esta primera novela, es desolador ver la esvástica encima de París.

Otra era en el cine, donde proyectaban películas informativas de la guerra: un día llegaron noticias del bombardeo de París y una película francesa mostraba refugiados caminando destrozados por una carretera. Pedían que se les tuviera compasión. Pero la película alemana que le siguió despreciaba la compasión - me la imagino como aquellas bellas imágenes de "Olimpia" de Leni Riefenstahl. Luego mostraba la toma de algunas ciudades francesas sin resistencia y Manning describe a los nazis:
“los jóvenes rubios, de pie sobre los tanques, riéndose desde las ruinas. Mantenían sus cabezas hacia el sol y cantaban «qué importa si destruimos el mundo, cuando sea nuestro, lo construiremos de nuevo». (...) Los miles de tanques parecían monstruosos desde esos ángulos de la cámara. La audiencia, que todavía pensaba en guerra de caballería, los miraba en silencio. Al salir, Harriet escuchó una conversación de tres chicas: «Qué guapos estos jóvenes, parecían los reyes de la guerra». A Harriet se le hizo extraño al salir a las calles, ver los edificios todavía ahí, de pie". 
Este párrafo me ha impactado por la banalidad con la que esas chicas de hace no llega un siglo hablan del fascismo -que en nada tendrán a las puertas- y el terrible paralelismo con el momento actual. Porque hoy estamos muchos asustados, pero luego hay una gran parte de la población que está asumiendo ciertos discursos como válidos. Los derechos actuales les han venido dados y no tienen ni idea de lo que es vivir bajo los ideales de esa gente, eso los jóvenes; los mayores, no sé qué pensar. 

El notar esa infiltración de ideas en lo que leo -afortunadamente, no la vivo en primera persona porque trabajo en un "nido laborista", como dice el Peda- me recuerda a cómo avanza todo esto: imposible no recordar al gran poema de Michael Rosen: "el fascismo llega como tu amigo". En la novela, el avance es también gradual, los alemanes "ocupan" el bar de los británicos, y nadie reta ese gesto: "al final, los alemanes tenían la ventaja de sus agresivos malos modales y los ingleses, la desventaja de su aversión a  hacer una escena". Gradual, pero agresivo: 
“la atmósfera política iba cambiando: un día aparecieron folletos debajo de los cristales de las mesas de los café indicando que estaba prohibido, bajo la amenaza de arresto, hablar de política. Se podría terminar en uno a de los nuevos campos de concentración organizados siguiendo el modelo alemán en algún sitio en los Cárpatos remotos”.
Cuando termino el libro ocurre una de esas serendipias de la literatura:  estoy divagando sobre el último de Rachel Cusk  ["Kudos" ] con casi dos meses de retraso, y me doy cuenta de que ha sido justamente Cusk la que ha hecho el prólogo de la última edición de "The great fortune" - no está en mi edición que es de 1981 pero veo que sí en la de Asteroide. Cusk me gusta y aprendo de ella, pero cada vez noto más que se tira demasiado al monte del psicoanálisis. Pues bien, en este divague suyo del libro ha perdido totalmente el oremus: atención a su tesis. Hay un momento en la novela en el que Harriett le dice a otro personaje que sus padres no la quisieron. Según Cusk, este es el eje central de toda la saga, y que "el conflicto central es entre la necesidad de Harriett por apego, amor y comprensión y el compromiso de su marido con ideales sociales más amplios"

"El mundo se derrumba, y nosotros nos enamoramos", como le dice Ilsa a Rick. Pero es una peli de 90 minutos. Reducir esta novela -no he leído las cinco que quedan- al conflicto emocional de una testigo me deja perpleja. Igual hace 30 años me hubiera preguntado si me había perdido algo, ahora ya sé cómo se las gastan quienes usan ese marco mental para explicarlo todo. 

Si me hacen resumir el eje central en una frase, para mí sería el clásico de Santayana: 
"Aquellos que no pueden recordar el pasado, están condenados a repetirlo". 

29 octubre 2026

"Los adioses" de Juan Carlos Onetti: Cuando dejé de buscarla, ella me encontró

Morirse
no morirse
y estarse triste repartiendo adioses
moviendo
adiós
apenas
el pobre corazón como un pañuelo.

 Idea Vilariño
"Los adioses", en "Nocturnos" (1955)


Empiezo con este poema que comparte título con la novela de 1954 de Juan Carlos Onetti sobre la que voy a escribir hoy. Novela corta que Onetti dedicó a Vilariño, con quien tuvo una turbulenta historia de amor durante mucho tiempo, aunque nunca se casaron. De hecho, en medio de su relación con ella, él se casó con otra -la tercera de sus cuatro mujeres, las dos primeras, sus primas, hermanas entre ellas. Qué puedo decir: soy del equipo Idea, ya desde que leí por primera vez su famoso poema "Ya no" -dedicado a Onetti- y que aquí podéis escuchar recitado por la autora. 


De Onetti solo había leído "El astillero", y releyendo aquel divague en preparación de este, algo que había olvidado: resulta que yo había leído/escuchado en algún sitio que "Los adioses" era la obra maestra de Onetti y una de sus preferidas. Antonio Muñoz Molina, que hizo el prólogo de la edición de Seix Barral de 2003, opina que es "una de las dos o tres mejores novelas cortas que se han escrito en español". También le hizo el obituario cuando murió, tras pasar muchos años recluido en su cama de la avenida de América 31 en Madrid. Se había exiliado aquí con su última mujer 19 años antes desde Uruguay, país al que no volvió, incluso cuando terminó la dictadura. Hay mucha información sobre su vida en el podcast de "Grandes infelices".

Así que con cierta obsesión de encontrar "Los adioses" me lancé a las calles en Barcelona en su búsqueda hace cuatro años y medio -una época marcada por una felicidad luminosa, acababa de nacer Roc. Tras placentero peregrinaje por esas maravillosas librerías de Barna, me dijeron que estaba descatalogada, y así es como terminé comprando "El astillero". Sin embargo, oh destino: el 31 de agosto -lo recuerdo muy bien porque era el cumple de mi madre y luego iríamos a la floristería- en una librería de segunda mano en Donosti, el libro me encontró a mí. Como digo, me había olvidado de mi obsesión de hace años -tanta obsesión no sería, pensará el divagante- pero al verlo algo me sonaba que no lograba identificar y lo compré. Tal vez el soufflé se había bajado por la complejidad de "El astillero", tanto que aquel divague -haciendo un guiño a que Onetti fue uno de los pocos existencialistas sudamericanos-, se titulaba "El astillero me pudo llevar a una crisis existencial".

La edición que compré es de 1978, de Barral Editores [Carlos Barral se separó de la familia Seix en 1969, pero fueron absorbidos por Planeta en 1982 y Seix-Barral funciona como sello editorial de mayor calidad dentro del macrogrupo] y difiere de la de 2003, no solo en que naturalmente no tiene el prólogo del autor de "Plenilunio", sino que el epílogo de Wolfgang A. Luchting titulado "El lector como protagonista de la novela" está como prólogo, luego sigue media página de Onetti agradeciendo a Luchting su pieza (y esta media página se titula "Media vuelta de tuerca", novela que Luchting ha citado), y por fin comienza la novela, que solo tiene 89 páginas. 

Yo nunca leo los prólogos hasta que no haya terminado las novelas, y menos mal, porque aquí la destripa por completo. Comienza con una frase que me espanta, pero doblemente porque viene de mi admirado Cortázar (*)
"esta novela que, de un modo casi asombroso, anticipa muy temprano todas aquellas tendencias recientes que exigen al lector, con los términos de Julio Cortázar, que sea, en vez de un «lector hembra», que se deja entretener, «un lector macho», uno que crea junto con el autor, el mundo ficticio de éste. que sea un «lector cómplice»".
(*) Cortázar se disculpó por esto [Señor, en las que nos tenemos que ver las mujeres]. El Gran Cronopio es uno de los grandes en eso de incluir al lector en el proceso de creación, pero también lo es Onetti según Luchting: ya lo hace en "El astillero", cuando ofrece dos finales de la novela, o en "La vida breve" cuando Luchting dice que "le da la impresión de que los personajes están inventando al autor". También dice que la técnica que usa Onetti en esta novela para implicar al lector es la del "punto de vista".

En "Los adioses" lo vemos todo desde los ojos de un hombre que regenta un almacén (entiéndase: un colmado de lugar remoto que hace también de bar y correos) en un pueblo de montaña donde hay un sanatorio para tuberculosos -el mismo almacenero fue uno de ellos [«hace quince años que vivo aquí y doce que me arreglo con tres cuartos de pulmón»]. Aquí llega nuestro protagonista, un hombre de unos 40 años que se aloja en el hotel, no en el sanatorio, y en la primera conversación entre el almacenero y el enfermero ya conocemos su pronóstico: parece que el almacenero no necesita "nada más que verlos llegar almacén con sus valijas, con sus porciones diversas de vergüenza y de esperanza, de disimulo y de reto" para saber si se van a salvar. A él le hubieran bastado "aquellos movimientos sobre la madera para saber que no iba a curarse, que no conocía nada de dónde sacar voluntad para curarse".  Y por si alguien aún dudaba del existencialismo en Onetti, sigue: "una desesperación a la que está ya acostumbrado, que conoce de memoria. No es que crea imposible curarse, sino que no cree en el valor, en la trascendencia de curarse".

Es imposible que un sanatorio para tuberculosos no te lleve a la maravillosa [así la recuerdo tras más de 30 años -no hay divague, era preblog-, quién sabe si la releyera] "La montaña mágica" o a la para mí decepcionante "Tierra de empusas" de Olga Tokarczuk. El subir a cualquier montaña en un estado de enfermedad sin saber si vas a bajar es de nuevo existencialismo básico, pero mucho más si eras, como el hombre, el mejor jugador de "básquetbol" y llevas el último año poco a poco asumiendo tu pérdida de salud, que el almacenero describe:
"Sin alegría, pero excitado pude explicarme la anchura de los hombros y el exceso de humillación con que ahora los doblaba, aquel amansado rencor que llevaba en los ojos y que había nacido, no solo de la pérdida de la salud, de un tipo de vida, de una mujer, sino, sobre todo, de la pérdida de una convicción del derecho a un orgullo. Había vivido apoyado en su cuerpo; había sido, en cierta manera, su cuerpo.  Acepté una nueva forma de la lástima, lo supuse más débil, más despojado, más joven".
Este hombre va regularment al almacén a coger correspondencia que le llega de dos mujeres, con sobres muy diferenciados: unos a máquina, otros manuscritos. Ambas llegarán en un punto al pueblo de montaña y de sus circunstancias y de la relación que parece que tienen con el hombre empieza a especular el pueblo entero y nosotros, a través del almacenero que opina, "lo que le estaba dejando a la otra no era el cadáver del hombre, sino el privilegio de ayudarlo a morir, la totalidad y la clave de la vida del tipo". Y aquí lo dejo, o me va a quedar el divague más largo que la novela- como se me ha achacado antes.

Onetti afirmaba que no corregía lo que escribía: “Yo no corrijo, porque no sé escribir mal”, y madre mía, cómo escribir con su densidad, que es la de la poesía, sin volver y volver y volver.  Tenerlo todo en la cabeza, como un freak de las matemáticas que haga cálculos imposibles sin papel y boli - bueno, hoy en día, hoja de cálculo. Pero esta no es una obra de hoy en día: tan alien la deben considerar los editores que, con suerte, solo podrás dejar que la propia novela te encuentre -en una librería de viejo, la estantería de una amiga, un montón de libros de intercambio- a ti.

27 octubre 2026

Feliz cumple, Fashion!

 Entre pitos y flautas, desde el 2022 no le escribo nada a Fashion para su cumple. Madre mía: cuatro años. Roc tenía unos meses y ya sé que no seré capaz de superar aquel divague porque -afortunadamente- la locura del bebé ["el palacio del bebé/ lo pasaremos bien"] ya terminó y la mayoría de mis quejas por "hermana abducida" se han ido poco a poco diluyendo. A ver, no diremos que Fashion ha vuelto completamente: Roc aún sigue vistiendo de beige como si fuera una pija del barrio de Salamanca, siguen viviendo en una zona "buena para los coles" -que no apruebo porque está demasiado lejos de "La Central" y, alguna vez, alguna rara vez, he visto dar al niño magdalenas para merendar. Pero se ve luz al final del túnel. 

Sí, aún queda mucho por hacer con Fashion hasta "el Micra" -cuando seamos ancianitas adorables, ambas con pelo corto y blanco como Sofía de "Las chicas de oro", Fashion y yo recorreremos el mundo en un Nissan Micra color azul glacial-, pero de momento hay que darle un voto de confianza porque vamos en la dirección adecuada. Tanta positividad es porque escribo esto el día en el que la extrema derecha ha sido frenada en Brasil, así que estoy contenta pese a que estoy sufriendo un proceso viral o fresher's flu de viejos que me lleva tocando los piiii más de una semana. Nota: proceso viral contagiado por el simpático compa de piso, que el sábado pasado -cambio de hora- adaptó la famosa "qué bien, tendremos una hora más para dormir" a "qué bien, tendremos una hora más para toser". 

Nuestros nuevos mejores amigos

Fashion: he intentado felicitarte con lo que más alegría te iba a dar: La Bruja. Y para que veas mi compromiso con tu cumple, me he puesto un abrigo por encima del pijama [en Londinium no eres nadie si no has salido al menos una vez a la calle en pijama] y he bajado a hacerle una foto, para que le enseñes a mi ínclito sobri, con la promesa de que bajaré la noche de Halloween a hacer una videoconferencia con él desde aquí. Sin embargo, oh destino, no solo no había casi ninguna casa decorada sino que: 

La bruja [quien quiera verla para saber al terror al que nos referimos, aquí] no está en el lugar: desolador. Así que termino con una foto que robé el otro día en la Frieze, la feria del arte moderno y en general el tortazo y la tontería a la que fui el otro día:


La foto es del chileno Alfredo Jaar de 1981 (casi el año en que naciste), de su serie "Estudios sobre la felicidad" (1979-1981), y la siguiente es mía. Esperando con todo mi coração que tengas un feliz cumpleaños -este año separadas, maldición- y que seas siempre muy feliz. 💓



23 octubre 2026

"Kudos" ["Prestigio"] de Rachel Cusk: mi conversación sobre sus conversaciones

 "Kudos" es la última novela de la trilogía que Rachel Cusk escribió entre 2014 y 2018, protagonizada por Faye, una escritora que viaja y cuenta conversaciones con gente que se va encontrando. La primera es "Outline" ("A contraluz") y la segunda "Transit" . Los leí en 2021 y 2022 respectivamente, y me había guardado "Kudos" ("Prestigio") un poco a modo de "libro de emergencia": apuesta segura para llevarte a un viaje corto sin otro de reserva -de hecho, tras años en mi balda, me lo llevé a la semana de Donosti a principios de septiembre. Pero quien crea en los Hados tal vez considere que lo dejé estos años para coincidir con el momento vital de la narradora cuyo hijo "se va este otoño a la universidad a estudiar Historia del Arte". Este otoño se ha ido mi hija a la universidad, a estudiar un grado similar. 

Antes de nada, una línea de fetichismo: me encanta la edición, la fuente de esta trilogía, pero especialmente la portada de esta. Y esta foto facilona la llevaba un tiempo pensando y ocurrió en el vuelo a Bilbao: 


Me he tenido que releer los dos divagues anteriores para enfocar este: “Outline” estaba estructurado como diez conversaciones que empieza Faye en el avión y continúa en Atenas, donde va a dar un curso de escritura creativa. En "Tránsito", Faye se muda con sus dos hijos a Londinium tras su divorcio, habla con albañiles del este, se enamora. En "Kudos", Faye comienza también sus conversaciones en un avión: esta vez va a una ciudad indeterminada del sur de Europa -yo imaginaba Lisboa- a promocionar su último libro, son también diez personas: su vecino de asiento en el avión - como en "Outline"-, la que le hace la entrevista, el guía turístico, la de la editorial... A todos ellos les pregunta mucho, interesada en sus historias, dándome una fuerte impresión de psicoanalista -o simplemente de escritora haciéndose con contenido. A propósito de esto, tal vez el divagante haya seguido la movida literaria del verano: en su último libro "La vida de M.",  parece que habla -y no bien- de Natalie Portman, de la que era amiga. Parece que su primera novela tuvo que ser retirada porque alguna persona de su círculo al que había convertido en personaje la llevó a juicio por difamación. No recuerdo ahora quién dijo aquello de "si tengo que elegir entre mis amigos y la literatura, me quedo con la literatura": pues eso.  Aquí tenemos no solo una trilogía en la que no pasa nada, sino que además, no importa quién dice qué. Cusk ha dicho  “No creo que el personaje exista ya [en la literatura]”. Y es así: terminarla es quedarte con ideas  que te han movido, intrigado, dejado pensando, vomitadas por un coro griego todos con la misma máscara.

Faye entabla conversaciones y yo voy a hacer lo mismo con Faye, o con Cusk, o con las múltiples máscaras. Da igual. Si la lectura es entablar una conversación silenciosa con la autora, el autor, que algunos anotamos en los márgenes, la lectura de este divague va a ser rizar el rizo, va a ser conversar conmigo mientras yo converso con los demás. No sé qué saldrá. 

Para empezar, no es solo que Faye pregunte como una psicoanalista, sino que siempre tiene una idea que parece tomada del psicoanálisis y que, por tanto, a mí no se me había ocurrido: por ejemplo, alguien está de viaje y se siente "sin amarras y a la deriva" ["unmoored and adrift"] y llama por teléfono a su pareja. Y la reflexión es: "quizás llamándole pierdes la oportunidad de aprender algo”. ¿De aprender de ti misma, de la relación?  ¿Hay que ser valiente para no llamar? Pero "ninguno de nosotros sabemos hoy en día el grado de nuestro valor o cobardía porque estas cualidades raramente se ponen a prueba". Difiero: supongo que hay menos situaciones donde tu integridad física está en juego, pero hay muchas que requieren valor. Hay gente todos los días exponiéndose: desde Sally Rooney, que ya no puede vender más libros en UK por su apoyo a "Palestine Action" hasta toda esa gente, muchos jubilados, a los que arrestaron por defender a este grupo [todos claramente terroristas, se entiende]. Y aún hay mucho de exponer tu cuerpo: lo saben quienes ejercen su derecho a manifestarse,  arriesgando que la poli les saque un ojo con una pelota de goma (ah, eso lo prohibieron, ¿no?) o que les den candela sin guantes, que sabe mucho mejor. 

Sobre la identidad y el cambio de perspectiva de esta durante la vida. Por ejemplo, en el colegio, un chico que es malo en deporte pero es "bookish" (lector, siempre con un libro bajo el brazo) probablemente sea poco popular. Pero pasan los años y entonces todos nos damos cuenta de que el cerebro cuenta más que darle bien a una pelota. Es "la venganza de los nerdos", el nuevo cuento del patito feo, pero sin lo físico. Aún así, una presentadora de TV dice que ella necesita ser guapa mientras que el tipo que sale con ella no, "pero no estoy en absoluto interesada en ese ejemplo de desigualdad. En lo que estoy interesada es en el poder, y el poder de la belleza es un arma útil que a menudo las mujeres usan mal o menosprecian”. Tampoco me convence: sigo sin entender por qué Wyoming sale con una chica mona al lado (la segunda, antes había otra). No me gusta usar el poder de la belleza para cosas en las que ser bello no importa. 

Cusk es buena describiendo el tic de un personaje que te abre su personalidad entera: "Le costaba tanto tiempo formular la pregunta que cuando terminaba, descubría que él tenía la mejor respuesta a esa pregunta". Están esas personas, o luego mis némesis personales:  las que siempre preguntan, aunque no tengan duda- cuando lo hacían al final de clase sin importarles que el resto se quería ir y ahora se han reencarnado en los que han de hablar siempre en las reuniones. Los sospechosos habituales a los que les encanta oírse. Por eso evito los comités, las reuniones y otras ocasiones para la ducha del ego de cuatro. Demasiadas reuniones y demasiados pocos emails: porque escribir requiere un esfuerzo mayor de argumentación para concluir un plan - en una intervención oral muchos se van de rositas sin haber aportado nada. Cuántas reuniones de las que sales pensando, ¿qué hemos sacado en claro hoy?  

"Dar el sol por hecho" y toda la felicidad que te da verlo desde tu ventana, eso los que viven en países mediterráneos, ni se lo plantean. Cuando vives en UK, te das cuenta cuando hace sol -no como hoy, que llueve, que no hay luz-, y lo celebras exageradamente: en tu interior, aunque sea. Y si está gris, a veces por semanas, has de ignorarlo y tomar las riendas de tu felicidad [y tomar Vitamina D], porque no te viene dada. Esta es mi lectura de la frase, "las personas que viven bajo el sol no toman responsabilidad de su felicidad". 

"Es paciencia, resistencia y lealtad lo que trae resultados, no la ambición y el deseo", mmmmm: define resultados.  Lo que parece estar claro, por entrevistas con ancianos, es que todos se arrepienten de haber trabajado demasiado. Si lo sabemos, ¿por qué no paramos? ¿O lo dicen por quedar bien? Hay un tipo de los que aquí se llama "high flier", con trabajo de altos vuelos, que tiene un Excel llamado "Libertad" para saber en qué día, cuando los números cuadren, se podrá jubilar. Ya no son los veleros los que se llaman así, ahora son las hojas de Excel. Corolario: su 1st Class, sus 5 estrellas, sus 5 tenedores, su esclavitud. Pero de la rueda de ratón es difícil bajar. Si Di no hubiera tomado las riendas por la noche de la profesional de día, esta última tendría ahora más publicaciones profesionales. Pero, ¿para qué? ¿Reconocimiento de quién necesito? 

Y por supuesto, mucha literatura. Resulta que el santo grial de las editoriales son los autores que escriben libros que se venden bien, a la vez que mantienen una conexión con "los valores de la literatura". Libros que la gente disfruta leyendo sin sentirse menospreciada porque los vean leyéndolos. Claro, hay gente pa tó,  gente que leía las "50 sombras de Gray" en el metro sin rubor, que no se enteran de que lo que están leyendo es menospreciable por los snobs de los libros. Pero todos somos menospreciables por otros en otras facetas de la vida: seguro que estoy cometiendo infracciones en el vestir, en la decoración de mi casa, con la música que me gusta.  ¿A alguien le importa un pimiento? A mí me la suda [¿será la edad?], como a los que disfrutan de "libros de aeropuerto" se la tiene que sudar lo que pensemos los booksnobs de lo que tienen entre manos. 

Me encanta este párrafo sobre la imaginación, lo pongo entero:
"Esos escritores que no planean, escritura brújula vs. escritor mapa (que lo planea todo), de qué van: su obra no es el resultado de pensar cuidadosamente, de un esfuerzo artístico o simplemente del trabajo duro.. lo suyo viene de inspiración divina, o peor, de la imaginación. (...) El que había leído a la narradora sabía  que, si tenía imaginación, tenía el sentido común de mantenerla escondida. "Y no hay lugar mejor para esconder lo que sea que lo más cercano posible a la verdad, como todos los mentirosos saben"
No sé si aquí Cusk se está autoflagelando por su faceta de sanguijuela -o vampira, siempre es más elegante- literaria. Está claro que todos escribimos desde la biografía -también la soñada-, pero hay gente que aún puede inventar una situación, crear un personaje a modo de Frankenstein, con piezas de muchas personas que ha conocido, o de rasgos psiquiátricos que has leído en el CIE-11. Y me fascina lo de que el mejor lugar para esconder una mentira sea cerca de la verdad. Y no me sale ningún ejemplo ahora, pero me sigue encantando.

"A un escritor solo se le da poder por el acto de que alguien lea sus libros", y supongo que esto será verdad para quienes viven de ello. Pero, ¿somos escritores los inéditos? Yo no digo que soy escritora, solo que escribo, y el que alguien lea mis escritos no me da ningún poder en absoluto. Tendré que esperar a que me descubra un magnate, pero dados los años que llevo aquí, no pinta bien.  

Y por supuesto que hay feminismo: las mujeres escritoras: "pocas son reconocidas, o por lo menos no hasta que se les ha juzgado como ya no un peligro porque se han convertido en viejas, feas o muertas". Me río con lo de muertas. Aunque hace poco leí que las editoriales querían escritoras jóvenes y monas, para vender sus libros en IG. ¿Alguien ha visto a Zadie Smith o a Annie Ernaux vendiendo sus libros así? 

"Ya no estoy interesada en tener un hombre. Mi cuerpo está buscando privacidad, se esconde bajo estas ropas holgadas." ¿Será la menopausia la gran liberadora? [el bajón de estrógenos, otra venganza del altísimo por lo de Eva] O será el momento cultural? Aprendo mucho con Mini, que me explica que hay que sentirse mal y no alegrarse si un chico te dice algo positivo: es "como necesitar la validación de un tío". Estoy muy mayor. Pero no tanto como para ponerme ropas holgadas.

Sobre los niños, tantas cosas: la mujer rica que se queda en casa a cuidar de sus hijos y los trata como “activos”. El hombre que "estaba muy domesticado y parecía el padre ideal"  ( ¿ser buen padre es estar domesticado?) Otro, inseguro del valor de la paternidad, pero "el rato que pasamos en el café fue uno de esos momentos de estado de gracia". El mismo hombre que pega al perro para educarle, porque "no entrenas a un perro enfadándote y no hablándole una semana", como se supone entrenas a las personas. No deberían los adultos hacer el "silent treatment" a los niños, pobres. "Los niños toman los cambios de humor de sus padres personalmente y creen que tienen la culpa": a veces, la tienen. 

¿Qué es la historia más que recuerdos sin el dolor? Porque hoy todos queremos vivir sin ninguna de las incomodidades del pasado. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Ah, pero con anestesia. Y con antibióticos. Y con divorcio. Y sin curas. Fuck los nostálgicos.

"La mayor parte de las preguntas son solo un intento de determinar que hay conformidad". Donde todos piensan igual, nadie piensa mucho. Aunque la confrontación no es que dé miedo, es que aburre: según con quién, ya conces el punto final. No merece la pena: esto es hacerse vieja, me digo. 

La impostura.  No creo que la mayoría imposte: la gente se lo cree, los he visto. La madre abnegada, el profesional ocupadísimo, la moderna enterada. O aquí, "La conversación nunca era real: era la conversación de gente imitando a escritores teniendo una conversación". Se creen escritores y hablan así. 

Del segundo libro de la trilogía, "Tránsito" saqué una frase que me gustó tanto que la puse de epígrafe en el blog ["Escribir es persuadir a un extraño de que se quede"]. Voy a terminar con la que más me ha gustado de "Kudos" en la que Cusk cita a Píndaro, el poeta de la Grecia clásica, que escribió en sus Odas Píticas (Pítica II.72), «conviértete en lo que eres» [«γένοι᾿, οἷος ἐσσὶ μαθών»]. A veces cuesta encontrarlo.

Termino el divague y con él mi conversación con Cusk y la trilogía. Voy a la estantería a encontrar los otros para hacer una foto final.  No tiene la luz ni la expectación de la primera; es el adiós a una gran trilogía que se ha terminado.







17 octubre 2026

"El código de los Woosters" de P.G.Wodehouse: Qué historia más tonta, qué manera de reír

 No podía tener una lectura más radicalmente distinta a los tres últimos libros mexicanos, llenos de drama, abandono, pobreza, desolación, atrocidades, que este libro. No es solo cambiar las coordenadas espacio-tiempo de un país a otro, de una época a otra: es salirse de este planeta y de esta dimensión. "The Code of the Woosters" ["El código de los Woosters"] fue publicado en el Reino Unido en 1938 y es, según la crítica, el mejor de la saga de Wooster, un aristócrata chorlito y bobo, y Jeeves, su mayordomo -no exactamente, luego lo explico-, un hombre culto e inteligente. El autor escribió un total de quince libros con estos dos personajes -de ellos, 4 de relatos. Yo no había leído nada, pero Elena Rius es una gran fan y lo tenía en mi "pendientes". Cuando vi que había un podcast titulado "El código de los Woosters: ¿el libro más divertido nunca escrito?", decidí que iba a empezar por él. Esto ocurrió nada más llegar de México, a principios de agosto, para asegurar el shock cultural. 

De "Temporada de huracanes" a
temporada de geranios

P. G. Wodehouse nació en 1881 en Guildford, al sur de Inglaterra, un poco de rebote porque sus padres, que vivían en Hong Kong -entonces colonia británica-, pasaban por allí de visita. Tras sus primeros dos años en HK, criado por una canguro china, mandaron a los tres hijos de vuelta a UK, quedándose los padres en las colonias -costumbre arraigada en esta gente de clase alta. Aún quedan vestigios de esto hoy en día: los ricos en este país aún mandan a sus hijos a internados a la campiña tan pronto como pueden -una me dijo: "ellos mismos te lo piden"-, y también he conocido enviar a la hija con anorexia a una unidad en Sudáfrica. Cosas veredes. Pues bien, no sé si los hermanos Wodehouse lo pidieron, pero el análisis -psicología de sillón, tal vez- que leo por ahí es que esta situación dejó "cicatrices" evidentes en él y otros escritores que vivieron esta situación, como Thackeray, Saki, Kipling y Walpole. Pero ya en Londinium, los años más felices de su vida fueron los que pasó en Dulwich College, al que dejo a la derecha cuando me dirijo al curro -maldiciendo a los todoterrenos que van a dejar a los futuros dirigentes de este país, atascando mientras la South Circular. He escrito otras veces sobre este colegio, en general para mal, porque uno de sus exalumnos es Nigel Farage, el tipo que nos llevó al Brexit con mentiras, que ha recibido financiación ilegal de millonarios y que ahora aspira a presidir el país desde la ultraderecha más rancia, o porque podía ser parte de la "cultura de la violación".  Pero también tiene positivos, como su arquitectura -es precioso, pero no me pregunten de dónde vino ese dinero-, o como que dio a otras figuras literarias como a Raymond Chandler y Graham Swift (con beca), entre otros. 

Antes de empezar, un punto contextual importante es entender el rol de Jeeves, al que he descrito como mayordomo porque no conozco la palabra en castellano, pero no era exactamente eso. Si alguien recuerda el divague de la biblioteca de John Rylands, la fundadora Enriqueta era la "companion" de la segunda mujer del potentado. Lo de "lady's companion" era un legado de las antiguas "damas de compañía" de la corte: mujeres de buena familia que acompañaban a las ricas. Pues bien, Jeeves es el equivalente masculino [en inglés llamado "valet"], un sirviente que es un "caballero" ("a gentleman's gentleman") que está al tanto de las necesidades solo de su empleador, no de toda la casa, como lo estaría un mayordomo. Como las "lady's companion", esto es un legado de los "valets de chambre" de la corte. Hoy se les llama PAs (asistentes personales) y yo tengo a algunos colegas que llaman así a su secretari@ [yo prefiero "team admin", administrador del equipo], pero es erróneo, son sus "asistentes laborales", no "personales". Los muy ricos son los que se permiten tener esto último, alguien que te reserva el teatro, controla si hay que ir a la lavandería, o manda flores a tu amante [esto me suena de alguna peli que no localizo]. De nuevo: misma cosa con distinto envoltorio. 


Antes de empezar, aquí tenéis a esos dos grandes monstruos de la interpretación británica en la serie que hizo sobre esta saga la BBC de 1990 a 1993: Hugh Laurie y Stephen Fry.  ¿Quién pega más para el papel del arist
ócrata y quién para el "gentleman's gentleman"? Yo lo he tenido que buscar porque me parece complicado: los dos tienen un acento tan posh (pijo, fresa ;)) en inglés que eso lo complica aún más. Hagan sus apuestas y la respuesta, al final del divague (si pudiera, boca abajo).

Por fin, ahí vamos. Empezaré con lo malo: no suelo describir las tramas -salvo en contadas ocasiones, y aviso- y en este caso, tranquis, no va a haber spoilers. Es una típica comedia de enredo [si fuera visual sería "slapstick"] en la que un señorito se mete en líos despatarrantes y su mayordomo -en realidad no, pero- le saca del apuro. La historia, grosso modo, va de cómo una jarrita de leche con forma de vaca ("cow creamer" se llama, e incluyo foto abajo por si alguien, como yo, no visualiza que tamaño despropósito pudiera existir) que muchos codician desaparece y hay que encontrarla. Pero hablamos de 300 páginas, luego hay que darle vueltas y vueltas, y la historia, que al principio me parecía un poco boba, al final, de TAN boba me llegó a irritar. Terminé aburrida y con la firme decisión de "una y no más, Santo Tomás".


Ahora, habiendo sacado la bilis de mi cuerpo -y admitiendo que debo estar equivocada porque la crítica la pone por las nubes- voy a empezar con la forma. Este es un libro en el que, desde la primera página, me empecé a reír a carcajadas. Literal [bro]. Está escrito con ese inglés repipi que tanto nos gusta ["he took our entrance in the wrong spirit"], y en el que me encantaría ser fluida, que es una delicia de leer tan grande ["so I should be disposed to imagine, sir" o "it unquestionably takes the eye, sir"] que le perdonas toda la tontería que te está contando. Como sé que al Peda le gustan esas frases tanto como a mí, se lo recomendé pese a la historia bobalicona, y le gustó. Ahora, no sé si lo recomendaría en traducción, porque no sé si funcionará [si alguien lo ha leído, por favor, comenten!], o a alguien que lea por el contenido. Yo siempre digo que solo leo por la forma, que me da igual lo que me cuenten, pero aquí he tenido momentos de debilidad: la historia es tan terrible.

Como he dicho, no tiene ninguna reflexión social, no pone nada en su contexto histórico, más que en una ocasión: hay un personaje -de los malos- que es el líder de un grupo llamado "Los Salvadores de Inglaterra", una agrupación fascista (dice la palabra, no es cosa mía) mejor conocida como los "Black Shorts". Esto se traduciría literalmente como los "Pantalones cortos negros", pero hace el juego de palabras con los "Black Shirts" que eran los "Camisas negras", milicias fascistas italianas [un ejemplo de su humor finísimo y de la desolación de que estos salvadores de la patria existen en todo momento y lugar]. Bueno, igual soy injusta: también se mete con la poli "el policía no tenía nada en su cabeza aparte del casco", y con los curas gordos: "tanta mantequilla local y la vida fácil de estos curas... me parece que uno los tiene que pillar en Cuaresma". Pero también la inevitable misoginia, el ruido de fondo de la vida en los años 40, a los que volvemos: "hay ciertas mujeres que uno respeta, admira, reverencia, pero solo en la distancia", "la tendencia de no poder distinguir entre el bien y el mal de las mujeres es notoria" o incluso "no le he levantado nunca la mano a una mujer". Guau: gracias Wooster. 


Me encanta el continuo "banter" (toma y daca) entre Wooster y Jeeves, en el que queda claro que Jeeves es el hombre de alta cultura y el solucionador de problemas, mientras que Wooster es el aristócrata sin intereses "high brow" (cultura elitista), básico por demás. Venga, un par de ejemplos: "¿Sabes a quién me refiero, Jeeves, el tipo del gato?", "Macbeth, señor, un personaje de una obra del difunto William Shakespeare". Y al rato, "Eureka! - como dijo Arquímedes" "Oh, fue Arquímedes el que dijo eureka? Pensaba que era Shakespeare". También me he reído mucho cuando a Wooster no le sale la palabra "es un recluso confirmado; así es como lo llamarías si  por casualidad supieras la palabra" y a menudo, Jeeves sale en su  auxilio. Pero pese a todas las referencias high-brow en la novela -había que tener un cierto capital cultural para entender todas ellas- Wodehouse era publicado en revistas por capítulos a modo de folletines y se consideraba a sí mismo un escritor "middle-brow". 

Es un maestro de la descripción, sobre todo de Jeeves, que es la quintaesencia del mayordomo inglés imperturbable: "No diría que sonrió -prácticamente nunca lo hace-, pero un músculo sobre la boca pareció temblar un poco por un instante" ["I wouldn't say he smiled—he practically never does—but a muscle abaft the mouth did seem to quiver slightly for an instant"].

Y la voz que consigue para Wooster es también genial: usa expresiones de slang de la clase alta urbana ["if he had seen anything of old So-and-so lately or knew what had become of old What's-his name", "mens sana in corpore whatnot"] y abreviaturas que a mí me parecen hilarantes: "the gravity of the situash" ("la gravedad de la situash"). O palabras que últimamente se han puesto de moda como el "¿estás cucut?" ["have you gone cuckoo?"] o el delulu ["do you agree with me the situation is a lulu?"]. 


En fin, que la dinámica del mayordomo siendo mucho más listo que el aristócrata me encanta [Wodehouse ya sabía entonces que el humor siempre ha de disparar hacia arriba], y ahora toca ver si el divagante ha adivinado quién representa mejor al más agudo del tándem Laurie-Fry. Está claro, ¿no? Fry es Jeeves. Y tal vez seguiría leyendo estas tramas tontolinas si Wodehouse me diera más Jeeves y menos Wooster. Es mi héroe: parece que le puedo oír diciendo cosas como "Recuerdo el incidente vívidamente, señor" ["I recall the incident vividly, Sir"] o "Estoy contento si le di satisfacción" ["I am glad if I gave you satisfaction"].

No sé si he dado mucha satisfacción con este divague, dando pistas de si este libro es o no para el divagante. Quedo a la escucha.

11 octubre 2026

La hija pródiga vuelve el finde: "A Tale of Manchester Life" ["Una historia de la vida en Mánchester"].

 Este fin de semana ha vuelto Mini de Mánchester por primera vez desde que la dejamos allí el 17-18 de septiembre. Mi curva de aprendizaje sobre el mundo universitario británico está en lo más alto: cada día hay nuevos sintagmas del inglés que desconocía, impregnados de sociología barata y antropología de garrafón que no puedo esperar a compartir aquí.  

"Y el sexto día,
Dios creó MANchester"

A los estudiantes de primer año se les llama "freshers" y viven en los "halls" que describí en aquel divague. El segundo año ya pasan a vivir en pisos, pero este primero les sirve para hacer amigos, sobre todo en su hall. Ya conté que tienen una sala comunal y un bar -además del comedor- donde un equipo llamado ResLife organiza actividades a diario: una noche, karaoke, otra Abba, y suma y sigue. Nunca me han gustado las cartas, y a saber a qué juegan, pero es otra actividad del salón comunal ese. 

Aparte, como es una ciudad muy universitaria, estas primeras semanas han tenido ofertas para entrar en los clubs (discos), o para comprar ciertas cosas.  Las fotos que incluyo las he sacado de su IG, no me las ha compartido. En esta primera ya hay calabazas, y parece que la semana de Halloween en cuestión va a ser de fiesta diaria. 


En su grupo de amigas hay inglesas, pero también australianas y yankis. En su planta hay muchos estudiantes de China. Tienen fama de retraídos, empollones y, en general, de no hablar inglés.  Todos estudian ingenierías, cosas aeroespaciales, ciencia hardcore. En su clase [recordemos, Literatura Inglesa], con casi todos blancos. Hay una chica china de su pasillo que tiene a sus padres viviendo con ella en la habitación -y sospechan que también a un hermano. Cuando entran a la cocina y han estado ellos, el olor de lo que sea que han cocinado es terrible. Detecto un pelín de incoherencia cuando tuvimos que escuchar las loas a un piii Chow Mein en una estación de buses mexicana. Le recordamos que, aunque sean chinos, también es racismo. 



Un clásico -que todo el mundo en el curro me está preguntando- es si ya ha tenido la "freshers flu" -la gripe de los freshers. Al principio, mientras sus amigas iban cayendo una tras otra, se creía inmunizada porque recientemente pasó la "Interrail Flu". Pero claro, acabó con el susodicho catarro, y verla tan mal en la distancia fue de lo peor de estas semanas. "Toma paracetamol, bebe agua, cuánta fiebre tienes". Pero en cuanto se le acabó el poco paracetamol del botiquín que le dejé, por supuesto no iba a comprar más, ni a comprar un termómetro, que se me había olvidado meter. Nota: este fin de semana se ha llevado uno nuevo, y paracetamol. Esta imagen de abajo me recuerda a aquella escena de "Trainspotting": "el baño más sucio de Escocia".


Es curioso que aunque empieza a conocer a gente de su clase, las mayores amistades son con la gente de su hall. El Peda y yo le contamos que, como ambos estábamos en casa de nuestros padres, los amigos que hicimos en la uni eran casi exclusivamente de nuestra carrera- aparte de algún amigo de un amigo. El Peda rememora cómo con este grupo de clase -todo chicos, son vasconavarros- quedaban en la biblio por las tardes y así "se animaban estudiar". En mi carrera era todo mucho más individualista, y yo en la biblio solo conocí al Náufrago Ro que era todo menos un animador para el ídem. En la imagen de abajo vemos un civilizado café que se tomó con una compa de la carrera en un receso. Nota: ha conocido allí a dos andaluzas de intercambio [no sé si con el pii Brexit, se le puede llamar Orgasmus todavía]. ¿De qué ciudad, querida hija? Y ella, "Andalucía, no es eso una ciudad?" Lloro. 


Otro concepto similar al de la "freshers' flu es el "flatcest" y viene de la combinación de "flat" (piso, halls en este caso) e "incest" (incesto). O sea, tener sexo con alguien que vive en tu edificio o piso. Es algo a evitar porque luego vives innumerables situaciones "awkward", incómodas, loquesea. Cuando se le pregunta disimuladamente por los chicos, la respuesta es "meh" y "no me gustan los cortos y los altos son feos".  Mini, no se dice "cortos", se dije "bajos"; en castellano ser corto significa otra cosa. Ah vale, probablemente me olvide. Nota: esta niña necesita un año de inmersión en la península, ¿o no? 

Aquí un par más de ejemplos de la "vida en los halls": desde Alfie, uno que puso un cartel en su puerta con teléfono y todo -ya es amigo- hasta una "tía muy rara", que envía mensajes al grupo quejándose del robo de su zumo de mango, que le paguen las £3 que costó porque "lo necesita para tomar su medicación". A Mini también le quitaron unas latas de bebida carbonatada que le habían regalado en un evento de freshers: es la jungla ahí fuera, amigos: no sé si apelar a la fibra sensible de la medicación ablandará al ladrón.  



Aún me estoy riendo con esto: según Mini, cuando se oyen petardos en Mánchester, son camellos que indican la localización a sus clientes para que vayan a comprar drogas. ¿Qué sentido tiene esto? ¿No irá también la policía? Mini desconoce los detalles, pero todo el mundo en su barrio sabe que ese es el código.  Le pregunto a la IA de turno, que asegura es una "leyenda urbana", no solo de Mánchester, sino de otros países anglosajones. Una posible explicación, me digo, es que pronto es Bonfire Night y empiezan con los petardos un mes antes- habrá que observar si siguen tras el 5 de noviembre. También me río cuando pone un WhatsApp desde el cuarto de la lavadora toda fastidiada porque acaba de pagar las £3.10 y se ha olvidado de poner el jabón - no creo que se le olvide más. La lavadora suele ser una fuente de noticias: la lucha por ella es complicada porque si llegas tarde a recoger la tuya "el de detrás tira tu ropa al suelo". Salvajes.  

De sus cuatro asignaturas, el Peda y yo hemos convenido cuáles nos gustaría cursar, a saber: "Literatura e Historia" (el Peda), "Leyendo Literatura" (ambos), "Teoría y Texto" (ambos) y "Mapeando el Medievo" (ninguno). Me da mucha pena que tenga que leer y trabajar "Beowulf", que viene a ser el "Cantar de Mio Cid" anglosajón. Se trata de un "poema épico anónimo en inglés antiguo en verso aliterativo". Se desconoce su fecha, aunque se cree que del siglo VIII al XII -cuatro siglos arriba o abajo, qué más da: no os pilléis los dedos. La obra se conserva en el Códice Nowell o Cotton MS Vitellius A XV y está aquí online y en vivo en la British Library, por donde he pasado justo hoy, ya que está al lado de Euston, la estación desde donde se coge el tren de vuelta. Y ya pasé por allí y divagué hace tiempo sobre otros manuscritos que me emocionaron [de George Eliot, de Oscar Wilde, de las sufragettes, pero ni mencioné este: ¡imperdonable!].



De "Leyendo literatura" están con el de abajo, novela que no conocía, pero si es lectura elegida por popes de la academia mancuniana, habrá que mirársela.

 Una noche que tenía que leer 30 páginas de "Beowulf" para el día siguiente y yo estaba sola en casa me propuso que nos conectásemos en videollamada, y trabajásemos en paralelo: ella leía y yo escribía este blog. Funcionó! Fue un rato muy chulo. 


Hoy, como digo, la he acompañado a Euston y luego me he ido a Coal Drops Yard a mirar unas deportivas. De allí he bajado a pasear por el Regent's Canal, donde está aquella librería en un barco de la que ya hablé aquí: "Words on the Water".  Hoy había una mujer tocando el saxo en la cubierta:


Me he puesto a mirar en unas cajas de segunda mano y ahí estaba esperándome Elizabeth Gaskell, la autora decimonónica que escribió sobre las tensiones en la sociedad industrial que se estaba desarrollando en Mánchester. Pensaba empezar por "North & South", una de las más famosas, pero la que estaba allí era "Mary Barton", su primera. Me ha encantado la tapa y cuando la he abierto, su epígrafe: "A tale of Manchester life". 


Como decía Sábato, "las casualidades no existen". Acabo de dejar a mi hija camino a Mánchester y me encuentro a Gaskell aquí, así que lo he comprado. Y me han puesto el sello del barco. Enseguida escribiré un par de líneas en esta misma página con este "así llegué a ti", para que Mini algún día del futuro, cuando haya olvidado esta anécdota -o sea, el nanosegundo tras habérsela contado hoy por teléfono al llegar-, pueda saber cuándo y dónde este libro y yo nos encontramos. Hasta la siguiente entrega de "A Tale of Manchester Life".