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29 octubre 2026

"Los adioses" de Juan Carlos Onetti: Cuando dejé de buscarla, ella me encontró

Morirse
no morirse
y estarse triste repartiendo adioses
moviendo
adiós
apenas
el pobre corazón como un pañuelo.

 Idea Vilariño
"Los adioses", en "Nocturnos" (1955)


Empiezo con este poema que comparte título con la novela de 1954 de Juan Carlos Onetti sobre la que voy a escribir hoy. Novela corta que Onetti dedicó a Vilariño, con quien tuvo una turbulenta historia de amor durante mucho tiempo, aunque nunca se casaron. De hecho, en medio de su relación con ella, él se casó con otra -la tercera de sus cuatro mujeres, las dos primeras, sus primas, hermanas entre ellas. Qué puedo decir: soy del equipo Idea, ya desde que leí por primera vez su famoso poema "Ya no" -dedicado a Onetti- y que aquí podéis escuchar recitado por la autora. 


De Onetti solo había leído "El astillero", y releyendo aquel divague en preparación de este, algo que había olvidado: resulta que yo había leído/escuchado en algún sitio que "Los adioses" era la obra maestra de Onetti y una de sus preferidas. Antonio Muñoz Molina, que hizo el prólogo de la edición de Seix Barral de 2003, opina que es "una de las dos o tres mejores novelas cortas que se han escrito en español". También le hizo el obituario cuando murió, tras pasar muchos años recluido en su cama de la avenida de América 31 en Madrid. Se había exiliado aquí con su última mujer 19 años antes desde Uruguay, país al que no volvió, incluso cuando terminó la dictadura. Hay mucha información sobre su vida en el podcast de "Grandes infelices".

Así que con cierta obsesión de encontrar "Los adioses" me lancé a las calles en Barcelona en su búsqueda hace cuatro años y medio -una época marcada por una felicidad luminosa, acababa de nacer Roc. Tras placentero peregrinaje por esas maravillosas librerías de Barna, me dijeron que estaba descatalogada, y así es como terminé comprando "El astillero". Sin embargo, oh destino: el 31 de agosto -lo recuerdo muy bien porque era el cumple de mi madre y luego iríamos a la floristería- en una librería de segunda mano en Donosti, el libro me encontró a mí. Como digo, me había olvidado de mi obsesión de hace años -tanta obsesión no sería, pensará el divagante- pero al verlo algo me sonaba que no lograba identificar y lo compré. Tal vez el soufflé se había bajado por la complejidad de "El astillero", tanto que aquel divague -haciendo un guiño a que Onetti fue uno de los pocos existencialistas sudamericanos-, se titulaba "El astillero me pudo llevar a una crisis existencial".

La edición que compré es de 1978, de Barral Editores [Carlos Barral se separó de la familia Seix en 1969, pero fueron absorbidos por Planeta en 1982 y Seix-Barral funciona como sello editorial de mayor calidad dentro del macrogrupo] y difiere de la de 2003, no solo en que naturalmente no tiene el prólogo del autor de "Plenilunio", sino que el epílogo de Wolfgang A. Luchting titulado "El lector como protagonista de la novela" está como prólogo, luego sigue media página de Onetti agradeciendo a Luchting su pieza (y esta media página se titula "Media vuelta de tuerca", novela que Luchting ha citado), y por fin comienza la novela, que solo tiene 89 páginas. 

Yo nunca leo los prólogos hasta que no haya terminado las novelas, y menos mal, porque aquí la destripa por completo. Comienza con una frase que me espanta, pero doblemente porque viene de mi admirado Cortázar (*)
"esta novela que, de un modo casi asombroso, anticipa muy temprano todas aquellas tendencias recientes que exigen al lector, con los términos de Julio Cortázar, que sea, en vez de un «lector hembra», que se deja entretener, «un lector macho», uno que crea junto con el autor, el mundo ficticio de éste. que sea un «lector cómplice»".
(*) Cortázar se disculpó por esto [Señor, en las que nos tenemos que ver las mujeres]. El Gran Cronopio es uno de los grandes en eso de incluir al lector en el proceso de creación, pero también lo es Onetti según Luchting: ya lo hace en "El astillero", cuando ofrece dos finales de la novela, o en "La vida breve" cuando Luchting dice que "le da la impresión de que los personajes están inventando al autor". También dice que la técnica que usa Onetti en esta novela para implicar al lector es la del "punto de vista".

En "Los adioses" lo vemos todo desde los ojos de un hombre que regenta un almacén (entiéndase: un colmado de lugar remoto que hace también de bar y correos) en un pueblo de montaña donde hay un sanatorio para tuberculosos -el mismo almacenero fue uno de ellos [«hace quince años que vivo aquí y doce que me arreglo con tres cuartos de pulmón»]. Aquí llega nuestro protagonista, un hombre de unos 40 años que se aloja en el hotel, no en el sanatorio, y en la primera conversación entre el almacenero y el enfermero ya conocemos su pronóstico: parece que el almacenero no necesita "nada más que verlos llegar almacén con sus valijas, con sus porciones diversas de vergüenza y de esperanza, de disimulo y de reto" para saber si se van a salvar. A él le hubieran bastado "aquellos movimientos sobre la madera para saber que no iba a curarse, que no conocía nada de dónde sacar voluntad para curarse".  Y por si alguien aún dudaba del existencialismo en Onetti, sigue: "una desesperación a la que está ya acostumbrado, que conoce de memoria. No es que crea imposible curarse, sino que no cree en el valor, en la trascendencia de curarse".

Es imposible que un sanatorio para tuberculosos no te lleve a la maravillosa [así la recuerdo tras más de 30 años -no hay divague, era preblog-, quién sabe si la releyera] "La montaña mágica" o a la para mí decepcionante "Tierra de empusas" de Olga Tokarczuk. El subir a cualquier montaña en un estado de enfermedad sin saber si vas a bajar es de nuevo existencialismo básico, pero mucho más si eras, como el hombre, el mejor jugador de "básquetbol" y llevas el último año poco a poco asumiendo tu pérdida de salud, que el almacenero describe:
"Sin alegría, pero excitado pude explicarme la anchura de los hombros y el exceso de humillación con que ahora los doblaba, aquel amansado rencor que llevaba en los ojos y que había nacido, no solo de la pérdida de la salud, de un tipo de vida, de una mujer, sino, sobre todo, de la pérdida de una convicción del derecho a un orgullo. Había vivido apoyado en su cuerpo; había sido, en cierta manera, su cuerpo.  Acepté una nueva forma de la lástima, lo supuse más débil, más despojado, más joven".
Este hombre va regularment al almacén a coger correspondencia que le llega de dos mujeres, con sobres muy diferenciados: unos a máquina, otros manuscritos. Ambas llegarán en un punto al pueblo de montaña y de sus circunstancias y de la relación que parece que tienen con el hombre empieza a especular el pueblo entero y nosotros, a través del almacenero que opina, "lo que le estaba dejando a la otra no era el cadáver del hombre, sino el privilegio de ayudarlo a morir, la totalidad y la clave de la vida del tipo". Y aquí lo dejo, o me va a quedar el divague más largo que la novela- como se me ha achacado antes.

Onetti afirmaba que no corregía lo que escribía: “Yo no corrijo, porque no sé escribir mal”, y madre mía, cómo escribir con su densidad, que es la de la poesía, sin volver y volver y volver.  Tenerlo todo en la cabeza, como un freak de las matemáticas que haga cálculos imposibles sin papel y boli - bueno, hoy en día, hoja de cálculo. Pero esta no es una obra de hoy en día: tan alien la deben considerar los editores que, con suerte, solo podrás dejar que la propia novela te encuentre -en una librería de viejo, la estantería de una amiga, un montón de libros de intercambio- a ti.

28 octubre 2026

¡Ahí nos vidrios, México! [Méx20]

 Viernes, 31.07.26: Último día en CDMX

Hoy es nuestro último día de viaje. Como tenemos vuelo de noche, aprovechamos todo el día en la ciudad. Sí, sí, primero desayunar en la terraza de este descubrimiento de hotel y quedarnos un rato leyendo. Tristemente, no tenemos espacio ya en el estómago para más tortas ni palomitas hoy. 


Hacemos el check-out, dejamos las maletas en recepción y nos vamos de turisteo porque sí, quedaban cosas: CDMX no te la acabas nunca. 

La Biblioteca de la Cámara de Diputados está en la calle Tacuba y nos la encontramos por casualidad. Incluyo el artículo 3 constitucional que estaba en la pared sobre que la educación que impartiría el Estado sería "socialista, excluyendo toda doctrina religiosa, fanatismo...". 



Seguimos por Tacuba [me encanta este nombre] que está llena de perfumerías.  Parece que durante la Revolución Mexicana, como se interrumpió la llegada de perfumes de Europa, los perfumistas locales comenzaron a fabricar sus propios productos, de nombres tan atractivos como "Siete Machos" o "Añeja Lavanda". La calle se llenó de "boticas" que elaboraban perfumes y lociones y hay negocios familiares como la Perfumería Cuba XI (fundada en 1930 en el No. 13) se han mantenido por casi un siglo. Aquí está también el Museo del Perfume, pero me imagino que no será de oler montones porque tras unos pocos, te bloqueas. 




En el que sí entramos es en el Museo Nacional de Arte (MUNAL), también en Tacuba. Está desde 1982 en lo que fue el Palacio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas: un edificio monumental de estilo ecléctico y la verdad, muy chulo. La colección permanente cubre arte mexicano desde mediados del SXVI hasta mediados del SXX. Un breve paseo por el edificio:



De arte nos centramos en el SXX, con varios cuadros de grandes muralistas y otros de gente que no conocemos. También vemos arte sacro de la época colonial. 


Y ya para terminar nuestro recorrido por Tacuba, visitamos el Palacio Postal, otra obra de arquitectura ecléctica que fue construida a comienzos del siglo XX -se terminó en 1908- como uno de los símbolos del Porfiriato. 



Por dentro, te sientes en una película de época, con vestido de talle bajo y sombrero cloché. Es precioso, lleno de detalles, y hay una exposición de mundiales de fútbol arriba. Compramos papel de carta y Mini escribe una al Náufrago Ro [que le cuesta mucho llegar, aunque no tanto como la postal de Sudáfrica]. También juegan al futbolín, el Peda anota: Mini 3-Peda 10. 







De allí al Café Popular del que éramos regulares en 2004. La comida decepciona, pero la decoración art deco vivida me encanta:


Rodeando el Zócalo al antiguo Colegio de San Ildefonso, donde solo vemos el patio porque ya no tenemos tiempo. 


Librerías de viejo



Y ya se acaba esto. Pasamos por La Vasconia a por bollos para el viaje, malteada y tacos pero tardan mucho y nos vamos sin los tacos. Se ha nublado y está todo oscuro en nuestro camino al hotel. Comienza a llover. 



Es lo último que quieres cuando llamas un Uber para el aeropuerto, que llueva: es un 100% más caro que el día anterior, pero lo peor son los atascos. Estamos en el cogollo de la ciudad y no se mueve. Cuando tienes que coger un vuelo transatlántico, estar en un atasco en una macrourbe nunca es una buena sensación. Menos mal que el taxista nos cuenta su vida como distracción. Es soldador de profesión y estuvo trabajando en Houston durante 10 años [de 2008 a 2018] sin salir por estar en situación irregular. Su familia estaba en CDMX: ¿alguien imagina lo que es eso?  ¿Dejar a tus hijos pequeños y verlos 10 años después? Dijo que ganaba 3.000 $ a la semana, pero que al final se volvió. Hemos llegado al final con dos horas y media antes de volar, y salimos con una hora de retraso, lo que hace el transbordo al día siguiente -tras un vuelo nocturno aburrido y con mala comida- en Frankfurt un poco de infarto.


Aterrizamos en Londinium hacia las 16:30 del 1 de agosto, a saber qué hora "de los cuerpos mexicanos". Es sábado, nos queda el domingo para intentar poner los relojes biológicos en orden. Ha costado tanto escribir esta serie, hoy es 27 de octubre, tres meses más tarde, que ya no recuerdo lo duro que fue ese día. Y ahora tengo esa sensación tristona de que se ha acabado verdaderamente el viaje: aquí digo adiós -o hasta luego- a México, uno de mis países favoritos. 

Y me despido con una frase y con una canción. La frase es de Mark Twain, de su libro de viajes "The Innocents Abroad" ["Guía para viajeros inocentes"] que ya está en mi lista para los siguientes meses y que espero refine mi habilidad como cronista viajera. Esta frase resume una de las razones por las que creo que ciertos viajes nos pueden hacer a algun@s mejores. He dicho ciertos y a algun@s. También me doy cuenta de la suerte que hemos tenido en la vida los que hemos podido viajar así:
«Viajar es fatal para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de miras, y muchos de los nuestros lo necesitan urgentemente por estas razones. Una visión amplia, sana y caritativa de los hombres y las cosas no se puede adquirir vegetando en un pequeño rincón del mundo durante toda la vida.» ["Travel is fatal to prejudice, bigotry and narrow-mindedness, and many of our people need it sorely on these accounts. Broad, wholesome, charitable views of men and things can not be acquired by vegetating in one little corner of the earth all one’s lifetime.”]

Y la canción no es mexicana, sino de un grupo español "de mi época", pero sale en la banda sonora de una película mexicana y, como a Mini le gusta mucho, ha estado presente durante todo el viaje, y en mi cabeza mientras escribía esta serie. Hasta el siguiente, divagante. 

En un mundo descomunal
Siento mi fragilidad
(...)
Me da miedo la enormidad
Donde nadie oye mi voz
(...)
Y en mis tonterías
Para hacer tu risa estallar

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27 octubre 2026

Feliz cumple, Fashion!

 Entre pitos y flautas, desde el 2022 no le escribo nada a Fashion para su cumple. Madre mía: cuatro años. Roc tenía unos meses y ya sé que no seré capaz de superar aquel divague porque -afortunadamente- la locura del bebé ["el palacio del bebé/ lo pasaremos bien"] ya terminó y la mayoría de mis quejas por "hermana abducida" se han ido poco a poco diluyendo. A ver, no diremos que Fashion ha vuelto completamente: Roc aún sigue vistiendo de beige como si fuera una pija del barrio de Salamanca, siguen viviendo en una zona "buena para los coles" -que no apruebo porque está demasiado lejos de "La Central" y, alguna vez, alguna rara vez, he visto dar al niño magdalenas para merendar. Pero se ve luz al final del túnel. 

Sí, aún queda mucho por hacer con Fashion hasta "el Micra" -cuando seamos ancianitas adorables, ambas con pelo corto y blanco como Sofía de "Las chicas de oro", Fashion y yo recorreremos el mundo en un Nissan Micra color azul glacial-, pero de momento hay que darle un voto de confianza porque vamos en la dirección adecuada. Tanta positividad es porque escribo esto el día en el que la extrema derecha ha sido frenada en Brasil, así que estoy contenta pese a que estoy sufriendo un proceso viral o fresher's flu de viejos que me lleva tocando los piiii más de una semana. Nota: proceso viral contagiado por el simpático compa de piso, que el sábado pasado -cambio de hora- adaptó la famosa "qué bien, tendremos una hora más para dormir" a "qué bien, tendremos una hora más para toser". 

Nuestros nuevos mejores amigos

Fashion: he intentado felicitarte con lo que más alegría te iba a dar: La Bruja. Y para que veas mi compromiso con tu cumple, me he puesto un abrigo por encima del pijama [en Londinium no eres nadie si no has salido al menos una vez a la calle en pijama] y he bajado a hacerle una foto, para que le enseñes a mi ínclito sobri, con la promesa de que bajaré la noche de Halloween a hacer una videoconferencia con él desde aquí. Sin embargo, oh destino, no solo no había casi ninguna casa decorada sino que: 

La bruja [quien quiera verla para saber al terror al que nos referimos, aquí] no está en el lugar: desolador. Así que termino con una foto que robé el otro día en la Frieze, la feria del arte moderno y en general el tortazo y la tontería a la que fui el otro día:


La foto es del chileno Alfredo Jaar de 1981 (casi el año en que naciste), de su serie "Estudios sobre la felicidad" (1979-1981), y la siguiente es mía. Esperando con todo mi coração que tengas un feliz cumpleaños -este año separadas, maldición- y que seas siempre muy feliz. 💓



26 octubre 2026

Yísus nunca aparece en Zicatela. Palomitas con cerveza en esa terraza de CDMX. Spiderman en mi ascensor [Méx19]

Jueves, 30.07.26: CDMX

A las 8:00 [insisto: los seniors no duermen], el Peda y yo [Mini obviamente duerme a pierna suelta] nos vamos a dar un último paseo hacia la parte izquierda de la playa de Zicatela. He echado de menos estas vacaciones bañarme en el mar, aunque ya sabía a lo que veníamos: incluso en la Rough del 2004 ya explican que en todos los hoteles hay piscina porque este es un mar para tenerle respeto. Las olas son de 4 metros "y ocasionalmente hay monstruos de 7-8 que se originan por las tormentas del sur del Pacífico entre agosto y noviembre" y hay "una corriente letal en la que incluso la arena se va de debajo de los pies y esto hace difícil salir. Ocasionalmente incluso los experimentados se ahogan". 


Ayer enlacé al documental de surf de esta playa, y me acabo de acordar de que hace algo más de tres años incluí el tráiler de otro documental titulado "A fistful of barrells" : podéis ver resumido en 3 minutos lo que es la "MexPipe". Esta está en Barra de la Cruz, en las Bahías de Huatulco.


De camino hacia el final de la playa, hablamos con un tipo que dice ser vice-regidor de Piedras Negras, en la frontera con EE.UU. y su pareja: solo les hacemos la foto que piden, no entramos a preguntarle de qué partido es. Cuando llegamos a la zona donde están los surfistas, nos quedamos un rato: es un espectáculo. El Peda escribe en su diario: "el paseo muy bien, la playa genial, las olas impresionantes".  No podría describirlo mejor. 



Caminamos de vuelta al hotel y mi conclusión es que, aunque se quejan de la gentrificación, el sitio no tiene nada que ver con la sobreexplotación que vemos en el Mediterráneo: está todo aún a medio hacer y vale, igual hace 50 años solo había cuatro cabañas, pero ahora tampoco parece que los torneos de surf internacionales a finales de agosto y de noviembre hayan hecho desarrollar esto masivamente. Bueno, recordemos que estos surfistas van en camper-van. En fin, que volvemos a despedirnos de la secta, confirmando que vale, Yísus caminó sobre las aguas sin tabla, pero aquí no ha aparecido...


Un baño y terminar el melón con granola y nos vamos...



Al devolver el coche en el aeropuerto, nos dicen que una de las ruedas tiene una rajita y de churro nos libramos porque grabamos un vídeo donde ya se veía la raja incipiente. El aeropuerto necesita claramente una ampliación. El trayecto a CDMX es de una hora. 




Y de repente estamos de vuelta -por 24 horas solo- en la vibrante CDMX. Vamos en Uber al hotel, que está en el Centro Histórico. De esto no sabíamos nada, pero al llegar nos informan de que tenemos "café incluido" en la reserva, servido 24 horas en la terraza del hotel. Así que, antes de salir, subimos a explorar y café, qué café: incluye cerveza, refrescos y agua [té no, mira tú]. Y luego snacks, y nos enseñan una carta y ahí hay de todo: toasties, tortas... vamos, para salir cenados. Y la terraza está espectacular, con todas las vistas del centro maravillosas. 



Salimos a dar una vuelta, miramos tiendas, 




Se me olvidó comentar que en la oferta de los snacks del hotel, también estaban las bolsas de palomitas [¡qué gran asesor el de ese hotel!], así que a la vuelta, el Peda y yo subimos con la idea de hacer más fotos y apalancarnos allí a leer y darle a la cerveza con palomitas, Mini se queda cargando su batería física y social. En el ascensor de subida nos encontramos con una pareja en la que él, que parece un adulto, lleva una máscara de Spider-Man [sin boca, ya se sabe] y la pareja va toda seria, sin hacernos un guiño ni nada. ¿La neurodiversidad ha llegado demasiado lejos? Cuando se bajan, nos da un ataque de risa y sí: esto era en el de subida, pre-birras. 

Al rato se une Mini y OMG cuando le contamos lo de Spider-Man y jugamos a un juego que no recuerdo, y seguimos comiendo tortas y más bebidas hasta, supongo, llevar al hotel a la quiebra. Había que celebrar que han sido unas grandes vacaciones, sin dengue, terremotos ni asaltos, y que ¡Viva México Cabrones!


24 octubre 2026

La "Mexican Pipeline": las olas especiales de Zicatela [Méx18]

Miércoles, 29.07.26:  Brisas de Zicatela

Después de las emociones de la tarde-noche de ayer, una persona menos comprometida con este divlog no habría asistido a la sesión incluida de yoga. Pero -"con conversiones a mí" o citando al Náufrago Ro, "al abuelico con pistolicas de agua"- creo que este sitio es un filón que no se puede desaprovechar. Así que mientras el Peda está corriendo, me subo a la sala de yoga donde hay dos asistentes, y ya han empezado. De esa sesión, qué puedo decir: no hay intento de conversión alguno, pero tal vez debería yo haberme encomendado a Yísus por lo de las contorsiones. Que no soy buena en yoga ya era sabido: hice un curso aquí en Londinium [era pre-Mini ] en el que el profe nos hacía CBT barata en el momento de la relajación [el único bueno, por qué no se callaba]  y las "señoras mayores" que tendrían mi edad actual me daban mil vueltas. Luego algo se debió de hacer online al principio de la pandemia, y no olvidemos en Vietnam: yoga con indepes en el culo del mundo. Pues bien: aquí se corroboran todos mis problemas, pero cuando noto que me empiezo a marear y que las contorsiones de la monitora siciliana pueden matarme, decido, simplemente, echarme en decúbito supino [boca arriba, disculpen, me gusta la expresión] y solo relajarme pensando en todo lo que no voy a hacer. Ella insiste en que cada uno "llegue a donde puede", todo el rato, así que cuando acaba la sesión le digo que disculpe, pero es que me empezaba a marear, y ella, simpatiquísima, que lo entiende, que por eso no me ha dicho nada y que le encanta mi acento de Madrid- donde vivió un tiempo. Paz y amor: ya os digo que esto es un Lugar de Luz.


 Para quien esté negando con la cabeza tras lo de ayer [entra flashback: cogiéndonos las manos con los ojos cerrados, surfistas cristianos, chile con carne] y se pregunte cómo no salimos por pies pronto por la mañana, incluyo unas fotos, porque el sitio estaba muy bien




Este es el porche de nuestra habitación, una monada. Lo miro ahora y parece un lugar boutique: os aseguro, no lo era, y el precio, muy "rango pedalista". 


Tras el resto de la mañana vegetando en la piscina, salimos a la playa de Zicatela, al lado del hotel. Su nombre proviene del náhuatl y significa "lugar de grandes espinas", y de ahí viene el título del documental de 40 minutos que  recomiendo encarecidamente titulado "Place of Thorns: The story of Puerto Escondido" ["Lugar de espinas: La historia de Puerto Escondido"]

En el docu cuentan la transformación de Puerto Escondido, de tranquilo puerto pesquero en la década de 1970 a meca mundial del surf. En el divague del día que llegamos de Oaxaca ya hablé por encima de la "Mexican Pipeline" y hoy voy a contar un poco más - ya he dicho muchas veces que me hubiera encantado en otra vida surfear y como sucedáneo me gusta ver a otr@s hacerlo, o leer y escribir del tema. Hasta hay -desde hoy- un distintivo en el divlog.

Supongo que al Océano Pacífico le pusieron ese nombre como una estrategia de marketing similar a lo de llamar Greenland en inglés a Groenlandia ("green" es verde), en realidad, un iceberg gigante y maldita masa de hielo, para atraer al personal. Un aparte: Groenlandia, qué gran canción, ya se me ha pegado: por favor, se clique aquí y así estaremos tod@s en la misma onda, nunca mejor dicho. 

Decía, el Pacífico es todo menos eso, y si le dan a este nuevo distintivo surf verán que cuando recorrimos el Big Sur y la costa de California, lo mismo: olas furiosísimas.  Son enormes, peligrosas, rompen en playa y, como su nombre indica (pipeline), huecas.  En 1998 se construyó un espigón para los pescadores locales que alteró la dinámica natural del flujo de arena, acumulando un exceso de esta y transformando la clásica rompiente exterior en una rompiente costera más corta y peligrosa. El auge turístico post-pandemia sin infraestructura acorde ha causado muchos problemas. La "Coalición Salvemos las Olas" y otras luchan para proteger el ecosistema costero.

 Como buena nerda de este tema que soy, lo que más me interesó es cuando explican la mecánica de la "Mexican Pipeline". Resulta que en la mayoría de los lugares de olas grandes, estas rompen sobre arrecifes de coral o roca, pero Zicatela es una anomalía. Justo frente a la costa de Puerto Escondido se encuentra una enorme fosa submarina, con una red de profundos cañones. Un "dedo" de este cañón apunta directamente a la mitad norte de Playa Zicatela. Cuando las marejadas viajan por el Pacífico, la energía que se mueve a través de este cañón, no toca el fondo marino: al evitar la fricción que habría si el fondo no fuera tan profundo, la ola conserva la altura, velocidad y energía de aguas profundas hasta que llega a la costa.

Esto y más te cuentan en el documental, pero la razón por la que hay que verlo es para flipar con  las olas. Nosotros ya nos quedamos boquiabiertos al pasear por la playa, pero al regresar y ver el docu me di cuenta de que no vimos ni la cuarta parte de lo que pueden ser estas olas.


Lo siguiente es buscar un sitio para comer, estas fotos son de la calle principal de Brisas de Zicatela. Hace mucho calor. Como en un sitio de hamburguesas hay que esperar, nos vamos al lado a un sitio de helados de yogur buenísimo y con aire acondicionado. Volvemos a comer a nuestro porche de la secta. 







Entre pitos y flautas, se ha pasado la hora de Aqua-Gym, aunque lo cierto es que ver a los participantes [el octogenario W con unos espaguetis de piscina y a otra persona que no recuerdo] siguiendo a la instructora no me llamó. Y Yísus sigue sin aparecer, pese a pasar el resto de la tarde en la piscina. 

Me ha resultado imposible seleccionar las fotos del atardecer de Zicatela: son tan bonitas. Cuando llegamos, nos damos cuenta de que es "hay una fiesta en la playaaa" como nos dijo hace muchos años Fransesc refiriéndose a la puesta. Bastante gente, olazas, ambiente. No hace falta que escriba más...




Si alguien ha aguantado aquí tras esta selección de pósters monjiles, las que quedan son el paseo hasta el italiano donde vamos a cenar. La camarera es argentina y el cocinero italiano se quedó ahí hace 30 años por amor… Ya dicen que este sitio tiene una reputación de culto entre los italianos por "Puerto Escondido", la película de Gabriel Salvatore - el director italiano que ganó el óscar en 1991 por "Mediterráneo".  O sea que por eso la pasta es casi obligatoria en muchos restaurantes. 




Nos despedimos de  Zicatela porque mañana volamos a CDMX para iniciar el lento regreso... se acaban las vacaciones. 

Y yo te buscaré en Groenlan-dia, 
en Zicatela, en Oaxaca
en Pu-ebla, en la ciudad de México