Jueves, 20 de agosto de 2026: Berlín-Praga
divagando, divagando...
El problema conmigo es, me gusta cuando alguien divaga. Es más interestante y todo eso (Holden Caufield) Si no las escribo, las cosas no han llegado a término, solo las he vivido (A Ernaux) La vida real no está a la altura de escribir sobre ella (J Eugenides) Escribir es persuadir a un extraño de que se quede (R Cusk) El camino del exceso conduce a la sabiduría (W Blake)
an
20 agosto 2026
19 agosto 2026
Bosque de Chapultepec, voladores, mis vacaciones en librerías, conversaciones futboleras y nos instalamos en Copilco [Méx3]
Martes, 14/08/2026-Txapultepec, Copilco
La pasada ha sido nuestra última noche en este apartamento de "mayores". O sea, no de personas mayores/ancianos, sino de lo que yo pensaba de niña que eran "los mayores", o la vida adulta. Una amiga francesa decía que ella de peque pensaba que un día tendría una batería de cocina y una vajilla a juego, pero ya sabe que nunca sucederá. Pues bien, yo nunca tendré un piso así ni una cocina de isla (la verdad, me disgustan y qué haría yo ahí, me vendría grande), pero sería una impostora en él, una actriz. Incluyo una foto de la terraza, donde no salimos a desayunar porque hace fresco (sí, llorad). En la cocina hay una mesa alta, como si fuera una barra de bar (tampoco lo entiendo) y allí, como pájaros, tomamos nuestros yogures.
![]() |
Recogemos todo y dejamos las maletas listas para volver a la una, que hemos quedado con la Sra Mari para devolverle las llaves. El objetivo de la mañana es llegar al Bosque de Chapultepec, pero antes he de dar los nombres de calles de Polanco: Plinio, Sófocles, Sócrates, Platón, Séneca, Horacio y luego otra manzana con Ibsen, Edgar Allan Poe, Calderón, Lafontaine... Claro, nos tenía que encontrar en Alejandro Dumas la "Cafebrería El Péndulo" que es una cadena -en ese momento no lo sabíamos- y nos quedamos maravillados:
Pasamos un rato muy chulo entre libros; en las mesas donde las selecciones observo que hay muchos libros españoles. La cafetería es el lugar donde yo quedaría con gente de vivir aquí. Me habría quedado el resto de la mañana, pero nadie dijo que la vida del turista fuera fácil.
El Bosque de Chapultepec es el mayor parque de CDMX y en él hay un montón de museos, el más famoso e icónico, el Museo Nacional de Antropología al que esta vez, imperdonable, no entramos. El haber estado en 2004 supongo que no cuenta como excusa (claro que el Peda escribió "bien, pero no llega a las expectativas"), así que culparé al poco tiempo.
¿Los voladores están ahí actuando todo el rato? Porque también los vimos en 2004. Es un rito ancestral que tiene que ver con la fertilidad y al principio bailan abajo al son de unas flautitas que suenan como lo que ponen de música de fondo en esos centros de yoga, por fin empiezan a subir sin ninguna seguridad por ese palo, luego pasan un tiempo que se hace eterno arriba atándose, y por fin se dejan caer colgados de un pie, amarrados solo por una mala cuerda. No entienden de arneses ni seguridades occidentales, ni se les debe subir la sangre a la cabeza, por no comentar lo del mareo. Muy impresionante.
Al cruzar el Paseo de la Reforma, a la orilla del lago está una de las sucursales de la librería Porrúa. Este es un sitio que no se olvida: hace 22 años que estuve aquí y sabía que quería volver. Está abierta completamente al bosque, por delante cruzan las barquitas y además han puesto unas alas hechas de libros -con el eslogan "conalasdelectura"- en las que Mini y yo nos hacemos prácticamente un book de fotos. Creo que cuando me jubile y tenga mucho tiempo para viajar lo que voy a hacer es irme a estas librerías y pasarme allí el día: miraré libros, tomaré té, leeré mi libro y hasta -oh perfección- el portátil para divagar desde allí. Watch this space.
A la salida, hay una exposición de fotografía en las vallas entre el lago y el paseo de la Reforma titulada "Fragmentos de una ciudad infinita". No puedo explicar las fotos maravillosas de la ciudad que vemos; a algunas les hago foto pero tengo la esperanza de que esto tendrá su página web para poderlo ver tranquilamente desde casa y no: la página del gobierno no me lleva a nada. Incluyo una cualquiera: como siempre digo que me encantan las montañas nevadas (soy de la generación de Heidi), aquí tenéis una con la ciudad en sombra debajo y la montaña de fondo.
Es un exceso lo de los museos en este parque, al Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec tampoco entramos, muchísima fila,
y por el MAM [Museo de Arte Moderno] -que sí estuvimos en 2004 y en el que sigue la exposición de Remedios Varo según nos dijo la chelista- ni pasamos. Atravesamos un bosquecillo de cactus y llegamos al Monumento de los Niños Héroes, un mausoleo bastante feo [odio el mármol] conmemorativo de seis adolescentes cadetes que defendieron el Castillo de Chapultepec de los yankis. Vean por ustedes mismas, no se le encuentra un ángulo bueno:
Un pequeño recuerdo a mi duelo personal por no haber podido entrar al mausoleo de Lenin en Moscú y al de Ho Chi Minh en Hanoi. En fin, que intentamos tomar un café ya en una de las calles de alrededor, sin éxito, así que nos metemos en el metro para volver a Polanco.
Hay mucha gente [claro que nada como la hora-pico aquella de 2004] y por fin al salir encontramos un sitios donde nos tomamos un frappé cada uno, que yo creo que bien pero que leo en el itacalog del Peda que califica de "uneventful" [ya veis, que si el Museo de Antropología decepciona, que si uneventful...]. En casa nos despedimos de la Sra. Mari y de nuestra impostura y vamos a buscar un sitio para ver la semifinal del Mundial España-Francia.
Esta es la terraza con tele donde Mini come arroz negro, el Peda una birra [capítulo aparte lo buena que es la cerveza mexicana, y eso que a mí no me gusta demasiado: Indio, Bohemia... ] y yo agua porque aún estoy con miedo por "la panza". Gana España 2-0, y no puedo evitar ser un poco demasiado expresiva cuando metemos gol. La camarera nos felicita, y esto no ha hecho más que empezar. En el taxi a casa de E y JA en Copilco tenemos una conversación muy animada de fútbol con el taxista. Hemos tenido tantas conversaciones futboleras con taxistas que no recuerdo el contenido de esta, pero en todas me lo he pasado muy bien: viene a ser como la cerveza, no soy una connossieur, pero como amateur lo he disfrutado.
Llegamos sobre las 16:15 y nuestros amigos están ya todos ansiosos con sus maletones porque van a volar en tres horas. Últimas instrucciones sobre el piso: que si el desinfectante para la lechuga [ya he decidido que no comeré lechuga], que si cómo se tiende en el terrado, que si cómo se apaga la electricidad, cómo se pone la tele -E. es un "gamer" y tienen dos teles gigantes-, las cosas que hemos de comernos y todo eso. Cuando se van, nos armamos de valor y vamos a un supermercado Walmart gigante que hay a diez minutos de casa: por supuesto, compramos sandía, porque esto no será Grecia, pero es verano, y verano sin sandía es menos verano.
Tras cenar, mis compas ponen una de las macroteles: es siempre una experiencia ver los canales en otros países y aquí hay asesinatos reales del cártel [preferiría pensar de los bandidos bang bang!] en, no sé, Zacatecas, predicciones del tiempo y declaraciones de los políticos, todo con un acento muy mono que lo hace parecer una película. Yo todavía estoy leyendo una novela escocesa de 1961 ["La plenitud de la señorita Brodie"], que me parece del todo incongruente con el escenario en el que estamos, y eso que todavía no es inmersión total en el México profundo. Aun así, hay que terminar cuanto antes porque un colegio de señoritas en Edimburgo en el periodo de entreguerras y los voladores, los niños héroes y los bandidos de Zacatecas me van a cortocircuitar.
18 agosto 2026
17 agosto 2026
San Ángel, Chimalistec, Tlalpan. Literatura mexicana, haciendas con pajarracos, capsaicina y "la panza". [Méx2]
Lunes, 13/07/26: San Ángel, Tlalpan [CDMX]
Esta edad es lo que tiene, aunque duermas en una cama tamaño XXXL y con sábanas de hilo, te despiertas cuando aún está oscuro y te has de tomar una melatonina, gentileza del jet lag. Mini, que duerme en el sofá del salón, no parece sufrir ninguno de estos problemas. Desayunamos yogur, restos del avión y té, que como la reina* (que soy) siempre llevo conmigo. (*) Dicen que Isabel II llevaba incluso el agua allá donde fuera para su perfecta cuppa, cosa que me hubiera encantado.
Ay, el agua: me explico. En México no se puede beber agua del grifo porque por los tubos navegan toda suerte de bichos malvados (hola, ciclospora), metales pesados y su prima. Por ello, yo solo tomaré agua embotellada en las tres semanas e incluso me lavaré los dientes con ella. En esta casa (y luego en la de JA) hay un filtro instalado bajo la fregadera, pero no me he fiado de beber del filtro ni de comer ensaladas o frutas no peladas [E., el marido de JA, me enseña el día que se van un botecito de desinfectante con el que remojar la lechuga, pero paso]. Este párrafo puede carecer de interés pero es relevante porque ponerme malita de "la panza" como dicen por aquí, ha sido una de mis ansiedades en este país. Y no, no está todo en mi cabeza, veo anuncios que sugieren que los locales también enferman. Mis compas de viaje en general hacen lo mismo pero son más relajados-claro que he comprobado que el tracto gastrointestinal de ambos es menos sensible que el mío (evidencia al final del divague). Terminar el párrafo con esta idea: familiaricémonos con el concepto "garrafón".
A las 10:00 hemos quedado con JA y "las chelistas" en el Parque de la Bombilla. Vamos en taxi, pero el metro de CDMX está muy bien [si no es "hora pico"] y debe ser el más barato del mundo [5 pesos ~ más o menos 20 céntimos de euro]. Con el taxi vamos por una especie de ronda con escalextric y distintos niveles y me gusta que los pilares están cubiertos de plantas, como un jardín vertical.
En la imagen de abajo el cartel amarillo es de la cadena de librerías Ghandi, con la siguiente frase: "Tu ex ya inició un nuevo capítulo". Siempre usan frases ingeniosas como campañas, dicen.
Ahora una nota sobre "las chelistas": las dos primeras noches no nos podemos quedar con JA y E porque coincide que está una amiga suya chelista, Esther, su hija de 18 también chelista que venía a a dar unos conciertos, y el hijo de 15, percusionista. La madre es mexicana, pero todos viven en Polonia, donde Esther tiene una academia con su marido para enseñar violonchelo de manera "natural" [era un tanto pedrada pero no se lo ahorro por eso, sino porque me he olvidado]. Así que nos vamos a encontrar con JA y las chelistas en este parque para ir luego a hacer una ruta por el barrio de San Ángel. E, el marido de JA no viene porque está enfermo "de la panza" (?no dije?).
Como llegamos primero, esperamos un poco y parece que están preparando una fiesta: hay una bandera de México gigantesca -pereza- y un hombre subido en una grúa pintando el mástil, a la vez que haciendo un Jackson Pollock en el suelo, de todo lo que salpica en el proceso: se masca la tragedia. Como hay una fuente y un pequeño mercado de flores, me voy a hacer fotos: mal, la foto estaba donde la bandera.
Cuando vuelvo, aparte de un grupo de ciclistas portando banderas [algo del mundial], me encuentro con el siguiente cuadro: JA de rodillas en la fuente frotando una camiseta. Exacto: el splatter -técnica muy seguida por el Peda en su etapa pintora- le ha caído encima. Nada estaba señalizado, claro: bienvenidos a México. Esto, en un país anglosajón, habría envuelto conos fosforitos y varios agentes del orden y en EE.UU., abogados para demandar al ayuntamiento. Qué quieren: prefiero esto. Así que nos tenemos que presentar a las chelistas nosotros mismos, pero enseguida llega JA al que hace tiempo que no vemos- solemos coincidir en Navidades en Vetusta- y que nos tiene preparado un día intenso porque al siguiente, se van a la península a pasar un mes.
El paseo matinal es en un barrio colonial llamado San Ángel, unos 12 kms al suroeste del Centro Histórico, a la misma altura y justo al oeste de Coyoacán. Es una zona muy cara; hay comercios "exclusivos" -de esos que no me interesan nada-, pequeños restaurantes -tampoco mucho- y cafés -bueno-, placitas llenas de encanto, y otros lugares comunes de la burguesía, que se parece mucho en cualquier lugar del mundo. JA se viene de paseo muchos domingos y se para a leer por aquí [nota="pararse" en México significa "quedarse de pie", pero en castellano, detenerse — y esto me recuerda que tengo que ir actualizando mi diccionario de 2004 con nuevas palabras, aunque esta ya estaba].
Del Parque de la Bombilla, cruzamos Insurgentes Sur [la calle larguísima que cruza toda la ciudad) y luego la de la Revolución y llegamos a la Plaza del Carmen, donde está esta biblioteca...
De allí vamos a la Plaza de San Jacinto, seguimos por Benito Juárez y entramos al jardín de la Parroquia de San Jacinto, preciosa:
No puedo decir más en cuanto a calles, ni reconocer en el mapa por dónde vamos. Solo sé que nos encanta y aquí van algunas fotos:
En un punto, volvemos a cruzar Insurgentes Sur y terminamos en la Parroquia de San Sebastián Mártir, en el barrio de Chimalistac. Justo la están cerrando porque es la hora de comer del anciano sacristán: JA le pide que nos deje cinco minutos "que venimos de Polonia e Inglaterra", pero ni tras la pequeña confrontación el anciano cede. JA nos dice que la mayoría de los mexicanos no son así [cosa que confirmamos durante el viaje, son súper amables] y entonces se mete en la conversación otro ciudadano mayor ocioso, al que se le nota la buena familia que repite, mientras niega "es una pena, es una pena". Me hace terminar apoyando al equipo sacristán, la verdad: le pagarán los curas una miseria por ese trabajo y por qué perder unos minutos de su comida para que una panda de guiris vea la iglesia. San Sebastián sería mártir [e icono gay, con las saetas ahí clavadas], pero él no.
La caminata sigue por el Camino del Río y por fin terminamos en la icónica Librería Gandhi de la avenida Miguel Ángel de Quevedo, que es enorme pero donde el segurata que nos pone unas pegatinas en los códigos de barras de nuestros libros [recuerden: nunca salga sin su libro] nos dice que está prohibido hacer fotos, luego no hay. Soy una ciudadana ejemplar, claramente. Allí me compro "La cabeza de mi padre" de Alma Delia Murillo, recomendado por el Náufrago Ro (próximamente divague en su quiosco) y "Temporada de Huracanes" de Fernanda Melchor (también en su quiosco cuando sea) para JA. Él nos ha regalado "El ejército ciego" de David Toscana (este no creo que lo vean en su quiosco porque lo leyó el Peda y sufrió "muchísima dentera" con las enucleaciones [les sacaban los ojos], y yo, que aprobé oftalmología en inconfesable convocatoria en parte porque odiaba mirar el atlas, me siento incapaz). En resumen: párrafo de literatura mexicana contemporánea de calidad para ustedes.
Allí se nos une E, el marido de JA, que ya está mejor de "la panza" y se va a unir a la comida. Vamos todos a Copilco en metro (una parada, a casa de JA & E, y allí nos distribuimos en su coche y taxi para ir al restaurante. Un par de fotos de Mini del edificio donde viven y donde nos vamos a quedar nosotros a partir de mañana.
A JA le hacía mucha ilusión llevarnos a cenar al barrio de Tlalpan, al restaurante donde celebraron su boda, la "Antigua Hacienda de Tlalpan". Parece que la construyeron en 1837, cuando eso era aún las afueras de CDMX y propiedad de un antiguo presidente de México ("El Manco" González). Tiene la típica arquitectura colonial: la casa rodea una zona central y tiene porches con arcos. Ocupamos una mesa en uno de esos porches, yo mirando a la pradera central donde hay... pavos reales y otras aves. A un lado hay un laguito con cisnes. Vamos, yo en mi ambiente, porque los putos pavos a veces salen de ahí y se acercan. Socorro.
No seré yo quien fastidie la segunda boda de nuestros amigos, así que intento concentrarme en la carta de la que no entiendo nada. En una semana ya soy una experta en comidas mexicanas, pero el primer día no me saques de tacos y burritos, que claro no hay en este restaurante de postín. Lo que sí que hay son tropecientos camareros con corbata, de esos que están esperando con una mano delante de otra a que tengas el menor requerimiento: no me gusta. Además, te quitan el plato antes de que hayas terminado (algo que nos ha pasado alguna otra vez, será cultural), sin esperar a que uses el "lenguaje de los cubiertos", que es como el de los abanicos menos lo romántico.
Esto de arriba es un "Chile en nogada", que es lo que acabo pidiendo porque bien es sabido que odio elegir y JA me dice que esto es el plato nacional mexicano, y por ello tiene los colores de la bandera: verde (del chile poblano), blanco (de la nogada, salsa de nuez) y rojo (de la granada). Está relleno de carne picada con, atención lo que pone en la wiki: " fruta (plátano macho, manzana panochera, pera de San Juan, durazno, pasas, almendras, piñones, etcétera), entre otros ingredientes". Yo insisto mucho a los señores esos que nos rodean sobre "si es picoso"; no es capricho, no tolero el picante y lo noto enseguida, no así mis compas de viaje. Me dicen que el chile poblano es un pimiento grande, y que no suelen ser picantes. Vale.
Es cierto: no pica y está muy bueno, claro que es bastante grande y cuando he comido como 2/3 se lo paso al Peda. Terminamos la comida, recorremos la hacienda haciendo [juego de palabras] fotos y tras la sobremesa nos vamos de paseo al centro de Tlalpan, pero se pone a llover [temporada de lluvias, y suele hacerlo cada tarde], así que volvemos a la hacienda, donde JA ha dejado el coche.
A medida que nos acercamos, me empieza a doler la tripa. No es insoportable, pero mientras esperamos a que nos traigan el coche un mayordomo de coches o llámalo hache -según JA eso es común en muchos sitios en México- la cosa ya empieza a alarmar. Cuando estamos en el coche, comienzan unos retortijones salvajes que incluyen sudores, ganas de desmayarme (me echo sobre las piernas del Peda) y la sensación de que el fin del mundo está cerca. Todo esto en medio de una tormenta tropical bestial que descarga sobre el techo del coche, pensamientos intrusivos tipo "mis amigos van a pensar que no me ha gustado el restaurante de su boda", junto con otros más prosaicos tipo "será dantesco si mis esfínteres me abandonan". Son los 20 minutos más largos de los últimos años y es imposible no tener flashbacks de "la laguna colorada" (algún día contaré esto). En fin, que llegamos a casa, me arrastro al baño y...
La culpa fue del boggie o del cha-cha-chá, en aquel momento no lo sabía, pero hoy sé lo que es la capsaicina y la escala Scoville. La primera es una molécula presente en los frutos de algunas especies del género Capsicum —llamados guindillas en España, ajíes o chiles picantes en Latinoamérica que "estimula el receptor térmico en la piel, especialmente las membranas mucosas". La segunda es "una medida del picor o pungencia en los chiles del género Capsicum, y el número de unidades Scoville indica la cantidad presente de capsaicina. De verdad que, aunque no se hagan un máster como yo, es interesante ver la escala aquí: el pimiento verde normal tiene 0 unidades Scoville, mientras que hay algunos que tienen las unidades por millones. Los pimientos del Padrón tienen 2500-5000 y el que nos "ocupa", el chile poblano, se encuentra en 1000-1500.
No era para tanto, pero una búsqueda rápida me presenta a montones de damnificados del chile en nogada, con mis mismos síntomas: la combinación de la capsaicina con la grasa de la carne y la salsa, la fibra de las frutas... en fin, un cóctel molotov del que no les daré más detalles ni seguiré con las metáforas. La chelista se va con el Peda y me traen unos electrolitos, y me echo en el sofá mientras intento mantener la conversación a la vez que me presentan al vecino Ricardo en ese estado. Son todos muy majos, pero mientras yo pretendo también serlo, lo que pasa por mi cabeza es cómo-voy-a-sobrevivir-tres-semanas-aquí con "estas aguas". En esos momentos yo no sabía nada de la capsaicina y el Peda, por supuesto, está como una rosa, luego culpo a "las aguas".
Volvemos en taxi al apartamento de lujo de Polanco, donde mis compas aún cenan algo del 7-eleven y yo caigo en la cama de reina como un harapo. Reina que no viajó con sus garrafones de agua y por eso, tiene mal la panza.
(Pub=17.08.26)
16 agosto 2026
Proyecto una foto al día del Interrail de Mini: Hoy, Amsterdam
Mini se fue anoche con sus amigos a hacer el Interrail. Cogieron un autobus nocturno en Victoria Coach Station -ese sitio- y doce horas después llegaron a Ámsterdam. Las dos primeras noches se quedan en la casa donde viven los padres de uno de los chicos, así que el reloj de Interrail empezará cuando salgan de allí.
Nos acaba de llamar y me voy a tener que contener para no hacer yo la crónica vicaria de su viaje — que bastante tengo con el mío que aún ni he empezado. Le he dicho que si cada día me manda una foto, la colgaré en el blog. Así que aquí va la primera.
Domingo, 16 de agosto de 2026: Ámsterdam
![]() |
Ahora se iban clubbing [discoteca, qué ochentero suena]. ¡Pero, ay, que he dicho que iba a ser solo foto!
Disfruta, Mini.
13 agosto 2026
13 de agosto de 2026: Hoy es "A levels day"
Dos años secuestrados por los exámenes llamados "A Levels". El 13 de agosto era la meta: a las 8 de la mañana salían las notas. O sea, hoy; o sea, esta mañana.
Este primer párrafo lo he copiado, literalmente, [literal, como dicen los críos], de mi entrada del divlog hace casi exactamente dos años, cuando salía la nota de los GCSEs. En aquel divague el drama era, aparte de las notas, si Mini se iba a quedar en el mismo colegio. Ya había elegido las asignaturas que cursaría para los "A Levels" (no me he renovado, para mí son 3BUP y COU) y al final se quedó en su cole. Hoy el drama era si habría tenido las notas para entrar en las universidades que había solicitado, cada una en una ciudad. En todas ellas había solicitado la misma carrera: "English Lit" (Literatura inglesa).
El sistema de acceso a la universidad es aquí curioso: se basa en predicciones, que luego has de corroborar con las notas en mayo y junio. Según las predicciones que te dan tus profes de cómo lo has hecho en el año anterior, tú solicitas a cinco universidades en otoño. Si tus predicciones no son muy buenas, puedes decidir solicitar en universidades que pidan mejores notas, pero te arriesgas a quedarte sin nada. En primavera has de decidir cual de tus cinco opciones es tu preferida (la "firm") y cual por si acaso ("Insurance"). Hasta el día de hoy, todos los chavales que van a ir a la uni dentro de unas semanas no saben a qué ciudad irán, o si tendrán que ir a "clearing", el proceso para los que no entran en su "firm" o en su "insurance" en el que van a la "repesca" de plazas en otras universidades peores. El día que salen las notas, van al colegio porque los profesores pueden ayudarte en este proceso, sugerirte otras universidades ya que no has entrado en la tuya, otras carreras (aquí los llaman "cursos"),etc.
Mini tenía claro que se quería ir de Londinium "para vivir la experiencia". Culturalmente, para los británicos es muy extraño quedarse en casa: conozco casos de gente cuyos hijos se han quedado en Londinium y se han ido a vivir a los "residence halls" (como colegios mayores) de la universidad. Hay un grupo de universidades llamadas el "Russell Group" que viene a ser como la "Ivy league" en los EE.UU: las más prestigiosas. Todas las que solicitó MIni era del Russell y por eso, muchas de la sveces que su aitá la mandaba a estudiar le decía: "vas a acabar en Cumbria" -una zona muy bonita, pero queriendo indicar que no entraría en ninguna de las que había escrito en su solicitud. Manchester, Liverpool, Newcastle, Leeds y Bristol.
Conociendo a Mini, la excelencia académica no era la principal de sus motivaciones: quería una ciudad más o menos grande, con fiesta nocturna y que ya "nadie le dijera que se hiciera la cama". De hecho, su argumento para estudiar English Lit es que no tiene ni idea de lo que quiere hacer en la vida y es un grado lo suficientemente amplio para poder luego pasarse a hacer otras cosas. Yo creo que debería hacer algo audiovisual, de cine, o fotografía porque siempre digo que es muy buena, pero su argumento es que si lo tiene que estudiar, dejará de ser un hobby. A ratos dice que lo único que tiene claro que quiere es pasta, luego igual hace derecho -aquí los abogados se forran. En fin, quién sabe.
Hoy era el día y tenía un plan: a las 8:00 am íbamos a estar en la puerta del colegio con el ordenador y el teléfono para ver en la web si tenía plaza en sus opciones y si no, entraba al cole a que la ayudaran los profes a entrar en Cumbria [metáfora de donde-sea]. Sin tráfico, el cole está a unos 15 minutos en coche. Hay un tramo final, "el cementerio" [a un lado hay el típico cementerio gótico de tumbas antiguas cubiertas de hiedra] en el que a menudo se acumula una fila con el semáforo. Hoy, claro, había una fila como hacía tiempo que no veía: duraba toda la calle del cementerio. Iban pasando los minutos y, finalmente, han dado las ocho.
Entonces, Mini, que estaba detrás como si dirigiera un centro de datos, con todas las pantallas abiertas, ha gritado: "He entrado en Manchester". Impotencia total porque no hemos podido abrazarla - nosotros delante. Entonces, se ha abierto el semáforo y en lugar de ir a la izquierda -el cole-, hemos girado a la derecha para volver a casa.
Ahí nos esperaban Roc y Fashion —que están de visita viviendo todo tipo de aventuras con dinosaurios— y luego ha venido la irati pequeña que nos visita también estos días y nos ha horneado galletas y brownies para celebrarlo, y el Peda que está haciendo carbonara y parece que hasta vamos a abrir algún espumoso.
Así que disculpen las prisas y las incoherencias de este divague: con los okupas no puedo escribir. Volveré un día con México, el verano de Mini y el otoño que nos espera... con "síndrome del nido vacío"? Qui lo sá. De momento, vamos a celebrar lo de Manchester, desde donde también espero divagar en breve.
FELICIDADES MINI! Al final, no ha sido necesario ir a Cumbria...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)














