El problema conmigo es, me gusta cuando alguien divaga. Es más interestante y todo eso (Holden Caufield)
Si no las escribo, las cosas no han llegado a término, solo las he vivido (A Ernaux)
La vida real no está a la altura de escribir sobre ella (J Eugenides)
Escribir es persuadir a un extraño de que se quede (R Cusk)
El camino del exceso conduce a la sabiduría (W Blake)
Lunes, 27.07.26 - San Agustinillo, Playa Mermejita, Punta Cometa, atardecer en Zipolite
Anoche cuando llegamos estaban los chicos gays en la piscina iluminada dándose claras muestras de cariño. No supimos si estaban en bolas, pero Mini dejó claro que ya no podía más con Cocos. A mí, por supuesto, esto me daba igual —quién no se ha dado besos en piscinas en la noche—, pero bueno, por la mañana, tras un cónclave pedalista, se decide buscar otro lugar.
Así que cuando vuelve el Peda de correr -yo he estado todo ese rato bañándome sola, Mini duerme seguro que con pesadillas de lo de ayer- salimos hacia Mazunte, que era de todas formas nuestro destino de turisteo de hoy, con la idea de mirar un par de hoteles localizados por internet.
El primero es "mi lugar en el mundo" - como la peli, pero sin la conciencia social . Yo siempre he dicho que mi chamizo en la playa no estará en primera línea, justo delante: estará arriba, en la montaña, y desde allí se verá el mar. Esto será influencia de las vacaciones griegas porque casi siempre, para bajar a las playas que has visto desde lo alto has de ir por carreteras tortuosas que zigzaguean hasta el mar. Vamos, yo lo que quiero es una adaptación de lo de Virginia Woolf: una terraza con vistas -y ya si nos ponemos una piscina infinita. Ambas cosas tiene Zazil , que es un retiro de yoga en un lugar mágico -e incluyo el enlace al video de promoción aquí para volver a él en algún martes oscuro y lluvioso de finales de enero.
Pero, ay, Zazil tiene dos problemas: le falta aire acondicionado -que con mi neurosis del dengue es un innegociable- y la cuesta. El callejón de acceso da verdadero pavor, tanto que ellos mismos lo confiesan en su web. Dicen que la calle más empinada del mundo es Baldwin Street en Nueva Zelanda [35% gradiente], y la he mirado y esta es peor. No tengo demasiado vértigo, pero esto da vértigo. En fin, sería un sitio genial si tuviera un tren de cremallera, aire acondicionado y ningún hippie haciendo posturas de yoga imposibles que me recuerden mi terrible flexibilidad.
Pero sí, atención a la piscina: esto era el paraíso. Programa: baño, lectura, baño, lectura...
Cautivo y desarmado, el ejército pedalista se dirige a la playa de Mazunte por el Dragón Khan [de bajada da tal vez menos miedo] ahora a desayunar en un local en la playa. Este mar es impresionante de ver, de escuchar: no me canso de sus olas.
Haciéndome la milenial, pido una tostada de aguacate...
Las olas de Mazunte son menos fuertes que en Zipolite. Su nombre proviene de la frase en náhuatl "maxotetia" o "maxontetia", que significa "por favor deposita huevos aquí" o "déjame verte desovar", en referencia a la llegada de tortugas golfinas para criar aquí. Hay un museo de las tortugas con un acuario con tortugas enormes y un centro de investigación de las tortugas, pero está cerrado.
Pasado Mazunte, vamos a Playa Mermejita y allí vemos otro hotel. Este está en primera línea de playa, y el acceso es otra pesadilla: en ese caso, el callejón de acceso es el gran cañón del Colorado -temo que se nos encaje ahí una rueda y no podamos salir. Cuando le pregunto al del hotel qué pasó en el callejón, dice que a veces baja por ahí un río y que entonces quedan incomunicados varios días. Miro a los guiris que toman el sol en silencio tranquilos alrededor de la piscina: ¿tendrán esta información? Antes de irnos, nos saluda una iguana:
Punta Cometatambién conocida como el "Cerro Sagrado" es un parque natural en una península rocosa, y el el punto más saliente en el Pacífico de México -el Finisterre mexicano, vamos. Parece que hay que ir al atardecer, claro, pero en nuestra línea estamos por allí a las 15:00, en plena canícula y, ¿desde cuándo las horas intempestivas han sido óbice para que los pedalistas suban a un castillo, vean un anfiteatro o hagan una caminata? Pues eso: el caminito mientras hay árboles y es de bajada se tolera. ¿Positivos? Hay poca gente, las vistas son espectaculares y nadie acaba en el hospital. ¿Negativos? Nuestra hija nos odia [y seguimos sin sustituto de Cocos].
Si alguien quiere conocer esta península mejor, he descubierto un doc de 20 minutos, "La esquina del mundo" en el que además hablan de las nefastas consecuencias de las matanzas de tortugas y de dejar a un perro suelto por los acantilados.
Haciendo de Leo y Kate...
La calle principal de Zipolite está bastante animada cuando volvemos hacia Cocos: compramos unos bollos, Mini pregunta precios de manicura y tomamos unos helados en la playa.
En la piscina de Cocos están la pareja mexicana del primer día y la mujer, con esa gracia mexicana, describe la jugada nocturna en la piscina como "un puterío". Les contamos nuestro fracaso con los hoteles en la zona, y que mañana por la mañana nos vamos a Puerto Escondido, a la aventura, porque la pequeña victoriana no quiere bajar ya a la piscina.
La convencemos para ir a ver la puesta de sol a la playa, y subimos por una montaña que da a la cala de arriba -que descubro ahora se llama "Playa del Amor" [¿qué cabía esperar, aquí en Zipolite?]-, pero decidimos ir a ver el atardecer a la playa grande.
En la primera parte, pegados al montículo del que bajamos, hay gente y pelícanos pescando: se tiran en vertical, qué feos son. Seguimos caminando y aunque no hay mucha gente, sí que hay algunos hombres en bolas. En la Rough, ya en el 2004 decían que "su reputación como la playa más relajada se ha hecho legendaria, no solo para el nudismo, sino también por las drogas: es fácil acceder a alucinógenos, marihuana, ácido, aunque no es legal, pero más prevalentes que en ninguna parte de México". Qué buen ejemplo para una hija.
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Mini y su padre se quieren meter al agua y les insisto en que desistan: hay corrientes de resaca muy bestias y los ahogamientos son muy comunes. Nadie me hace caso, se meten un poco pero enseguida oyen un silbato: salgan.
Me doy la vuelta y es un hombre mayor, con un silbato viejísimo colgado de una cuerda que se cae a trozos. Me pongo a hablar con él y me dice que es un "voluntario" que sale impedir que la gente se meta al agua en días como hoy. Se presenta como "Pepe El Perro" y le elogio por su enorme misión. Mis compas salen fastidiados y dicen que ese hombre ha sido pagado por mí. Whatever.
Ya de noche, nos metemos de despedida los tres en la piscina de Cocos. Igual tendríamos que habernos ido de Zipolite aunque solo fuera porque ya hemos cubierto toda la oferta de restaurantes a los que se puede ir caminando: hoy, un japonés -ramen, crab sushi y yo me planto y unas papas fritas con bacon y queso. Hoy, a la vuelta, no hay puterío.
No podía tener una lectura más radicalmente distinta a los tres últimos libros mexicanos, llenos de drama, abandono, pobreza, desolación, atrocidades, que este libro. No es solo cambiar las coordenadas espacio-tiempo de un país a otro, de una época a otra: es salirse de este planeta y de esta dimensión. "The Code of the Woosters" ["El código de los Woosters"] fue publicado en el Reino Unido en 1938 y es, según la crítica, el mejor de la saga de Wooster, un aristócrata chorlito y bobo, y Jeeves, su mayordomo -no exactamente, luego lo explico-, un hombre culto e inteligente. El autor escribió un total de quince libros con estos dos personajes -de ellos, 4 de relatos. Yo no había leído nada, pero Elena Rius es una gran fan y lo tenía en mi "pendientes". Cuando vi que había un podcast titulado "El código de los Woosters: ¿el libro más divertido nunca escrito?", decidí que iba a empezar por él. Esto ocurrió nada más llegar de México, a principios de agosto, para asegurar el shock cultural.
P. G. Wodehouse nació en 1881 en Guildford, al sur de Inglaterra, un poco de rebote porque sus padres, que vivían en Hong Kong -entonces colonia británica-, pasaban por allí de visita. Tras sus primeros dos años en HK, criado por una canguro china, mandaron a los tres hijos de vuelta a UK, quedándose los padres en las colonias -costumbre arraigada en esta gente de clase alta. Aún quedan vestigios de esto hoy en día: los ricos en este país aún mandan a sus hijos a internados a la campiña tan pronto como pueden -una me dijo: "ellos mismos te lo piden"-, y también he conocido enviar a la hija con anorexia a una unidad en Sudáfrica. Cosas veredes. Pues bien, no sé si los hermanos Wodehouse lo pidieron, pero el análisis -psicología de sillón, tal vez- que leo por ahí es que esta situación dejó "cicatrices" evidentes en él y otros escritores que vivieron esta situación, comoThackeray, Saki, Kipling y Walpole. Pero ya en Londinium, los años más felices de su vida fueron los que pasó en Dulwich College, al que dejo a la derecha cuando me dirijo al curro -maldiciendo a los todoterrenos que van a dejar a los futuros dirigentes de este país, atascando mientras la South Circular. He escrito otras veces sobre este colegio, en general para mal, porque uno de sus exalumnos es Nigel Farage, el tipo que nos llevó al Brexit con mentiras, que ha recibido financiación ilegal de millonarios y que ahora aspira a presidir el país desde la ultraderecha más rancia, o porque podía ser parte de la "cultura de la violación". Pero también tiene positivos, como su arquitectura -es precioso, pero no me pregunten de dónde vino ese dinero-, o como que dio a otras figuras literarias como a Raymond Chandler y Graham Swift(con beca), entre otros.
Antes de empezar, un punto contextual importante es entender el rol de Jeeves, al que he descrito como mayordomo porque no conozco la palabra en castellano, pero no era exactamente eso. Si alguien recuerda el divague de la biblioteca de John Rylands, la fundadora Enriqueta era la "companion" de la segunda mujer del potentado. Lo de "lady's companion" era un legado de las antiguas "damas de compañía" de la corte: mujeres de buena familia que acompañaban a las ricas. Pues bien, Jeeves es el equivalente masculino [en inglés llamado "valet"], un sirviente que es un "caballero" ("a gentleman's gentleman") que está al tanto de las necesidades solo de su empleador, no de toda la casa, como lo estaría un mayordomo. Como las "lady's companion", esto es un legado de los "valets de chambre" de la corte. Hoy se les llama PAs (asistentes personales) y yo tengo a algunos colegas que llaman así a su secretari@ [yo prefiero "team admin", administrador del equipo], pero es erróneo, son sus "asistentes laborales", no "personales". Los muy ricos son los que se permiten tener esto último, alguien que te reserva el teatro, controla si hay que ir a la lavandería, o manda flores a tu amante [esto me suena de alguna peli que no localizo]. De nuevo: misma cosa con distinto envoltorio.
Antes de empezar, aquí tenéis a esos dos grandes monstruos de la interpretación británica en la serie que hizo sobre esta saga la BBC de 1990 a 1993: Hugh Laurie y Stephen Fry. ¿Quién pega más para el papel del aristócrata y quién para el "gentleman's gentleman"? Yo lo he tenido que buscar porque me parece complicado: los dos tienen un acento tan posh (pijo, fresa ;)) en inglés que eso lo complica aún más. Hagan sus apuestas y la respuesta, al final del divague (si pudiera, boca abajo).
Por fin, ahí vamos. Empezaré con lo malo: no suelo describir las tramas -salvo en contadas ocasiones, y aviso- y en este caso, tranquis, no va a haber spoilers. Es una típica comedia de enredo [si fuera visual sería "slapstick"] en la que un señorito se mete en líos despatarrantes y su mayordomo -en realidad no, pero- le saca del apuro. La historia, grosso modo, va de cómo una jarrita de leche con forma de vaca ("cow creamer" se llama, e incluyo foto abajo por si alguien, como yo, no visualiza que tamaño despropósito pudiera existir) que muchos codician desaparece y hay que encontrarla. Pero hablamos de 300 páginas, luego hay que darle vueltas y vueltas, y la historia, que al principio me parecía un poco boba, al final, de TAN boba me llegó a irritar. Terminé aburrida y con la firme decisión de "una y no más, Santo Tomás".
Ahora, habiendo sacado la bilis de mi cuerpo -y admitiendo que debo estar equivocada porque la crítica la pone por las nubes- voy a empezar con la forma. Este es un libro en el que, desde la primera página, me empecé a reír a carcajadas. Literal [bro]. Está escrito con ese inglés repipi que tanto nos gusta ["he took our entrance in the wrong spirit"], y en el que me encantaría ser fluida, que es una delicia de leer tan grande ["so I should be disposed to imagine, sir" o "it unquestionably takes the eye, sir"] que le perdonas toda la tontería que te está contando. Como sé que al Peda le gustan esas frases tanto como a mí, se lo recomendé pese a la historia bobalicona, y le gustó. Ahora, no sé si lo recomendaría en traducción, porque no sé si funcionará [si alguien lo ha leído, por favor, comenten!], o a alguien que lea por el contenido. Yo siempre digo que solo leo por la forma, que me da igual lo que me cuenten, pero aquí he tenido momentos de debilidad: la historia es tan terrible.
Como he dicho, no tiene ninguna reflexión social, no pone nada en su contexto histórico, más que en una ocasión: hay un personaje -de los malos- que es el líder de un grupo llamado "Los Salvadores de Inglaterra", una agrupación fascista (dice la palabra, no es cosa mía) mejor conocida como los "Black Shorts". Esto se traduciría literalmente como los "Pantalones cortos negros", pero hace el juego de palabras con los "Black Shirts" que eran los "Camisas negras", milicias fascistas italianas [un ejemplo de su humor finísimo y de la desolación de que estos salvadores de la patria existen en todo momento y lugar]. Bueno, igual soy injusta: también se mete con la poli "el policía no tenía nada en su cabeza aparte del casco", y con los curas gordos: "tanta mantequilla local y la vida fácil de estos curas... me parece que uno los tiene que pillar en Cuaresma". Pero también la inevitable misoginia, el ruido de fondo de la vida en los años 40, a los que volvemos: "hay ciertas mujeres que uno respeta, admira, reverencia, pero solo en la distancia", "la tendencia de no poder distinguir entre el bien y el mal de las mujeres es notoria" o incluso "no le he levantado nunca la mano a una mujer". Guau: gracias Wooster.
Me encanta el continuo "banter" (toma y daca) entre Wooster y Jeeves, en el que queda claro que Jeeves es el hombre de alta cultura y el solucionador de problemas, mientras que Wooster es el aristócrata sin intereses "high brow" (cultura elitista), básico por demás. Venga, un par de ejemplos: "¿Sabes a quién me refiero, Jeeves, el tipo del gato?", "Macbeth, señor, un personaje de una obra del difunto William Shakespeare". Y al rato, "Eureka! - como dijo Arquímedes" "Oh, fue Arquímedes el que dijo eureka? Pensaba que era Shakespeare". También me he reído mucho cuando a Wooster no le sale la palabra "es un recluso confirmado; así es como lo llamarías si por casualidad supieras la palabra" y a menudo, Jeeves sale en su auxilio. Pero pese a todas las referencias high-brow en la novela -había que tener un cierto capital cultural para entender todas ellas- Wodehouse era publicado en revistas por capítulos a modo de folletines y se consideraba a sí mismo un escritor "middle-brow".
Es un maestro de la descripción, sobre todo de Jeeves, que es la quintaesencia del mayordomo inglés imperturbable: "No diría que sonrió -prácticamente nunca lo hace-, pero un músculo sobre la boca pareció temblar un poco por un instante" ["I wouldn't say he smiled—he practically never does—but a muscle abaft the mouth did seem to quiver slightly for an instant"].
Y la voz que consigue para Wooster es también genial: usa expresiones de slang de la clase alta urbana ["if he had seen anything of old So-and-so lately or knew what had become of old What's-his name", "mens sana in corpore whatnot"]y abreviaturas que a mí me parecen hilarantes: "the gravity of the situash" ("la gravedad de la situash"). O palabras que últimamente se han puesto de moda como el "¿estás cucut?" ["have you gone cuckoo?"] o el delulu ["do you agree with me the situation is a lulu?"].
En fin, que la dinámica del mayordomo siendo mucho más listo que el aristócrata me encanta [Wodehouse ya sabía entonces que el humor siempre ha de disparar hacia arriba], y ahora toca ver si el divagante ha adivinado quién representa mejor al más agudo del tándem Laurie-Fry. Está claro, ¿no? Fry es Jeeves. Y tal vez seguiría leyendo estas tramas tontolinas si Wodehouse me diera más Jeeves y menos Wooster. Es mi héroe: parece que le puedo oír diciendo cosas como "Recuerdo el incidente vívidamente, señor" ["I recall the incident vividly, Sir"] o "Estoy contento si le di satisfacción" ["I am glad if I gave you satisfaction"].
No sé si he dado mucha satisfacción con este divague, dando pistas de si este libro es o no para el divagante. Quedo a la escucha.
Domingo, 26.07.26: Playa Zipolite, Bahías de Huatulco
Amanece en Cocos y por primera vez en México el Peda va a correr [su diario= "7 km, por carretera, bien"]. ¿Alguien aprecia lo que se ahorra el divagante con que yo no corra? Porque deambulando se piensa —hola, peripatéticos— y se me ocurrirían aún más cosas que escribir aquí. Y, ¿alguien aprecia lo que se ahorría el divagante si fuera el Peda el bloguero? Con su conceptismo vital, en un par de párrafos tenía el día hecho. En fin, que yo me bajo sigilosamente -Mini duerme- a la piscina, donde no hay nadie. Me encanta, está perfectamente integrada con el ambiente, al igual que el hotel. Me recuerda a losJameos del Agua de Manrique en Lanzarote.
Pero claro, la cabra tira al monte y lo que tenía que pasar, pasó. Nadie en la piscina, casi nadie en el hotel -recordemos, es temporada baja aquí- y la felicidad de nadar en bolas: irresistible. Al rato viene el Peda de correr y se mete también - él con bañador.
Porque claro, nadie estaba mirando, pero de regreso a la habitación hay evidencia de lo contrario: la pequeña victoriana está negando con la cabeza y murmurando "esto ya lo sabía yo" en inglés decimonónico. Mis aclaraciones de que no había nadie no funcionan.
Bajamos a la Playa de Zipolite con el Peda para dar un paseo. No se sabe exactamente de dónde viene el nombre, se cree que en náhuatl quiere decir "playa de los muertos". Y no sé si será por eso, pero tiene el dudoso honor de ser una de las diez playas más mortíferas del mundo. Mundo.
Me da rabia porque en ninguna foto se van a captar las olas tal como eran: monstruos.
No se ve, pero estas olas hacen el "Tubo mexicano" muy bonito, y luego cuando rompen, parece que nada:
A lo largo de la playa hay edificaciones que parecen mantenerse de milagro, porque cuántas veces les entrarán esas olas por las puertas y ventanas y los techos de los porches de palapa (hojas de palmera seca). Han de protegerse como en la guerra.
Después de ducharnos, vamos a desayunar a un sitio descrito por el Peda como "pijo y caro" -en realidad son cuatro mesas en la calle y sacan la comida por la ventana de una casa.
Hemos de salir a explorar, pero imposible decir no a un baño en la piscina - vestidos. Hoy están dos de un grupo de 4-5 chicos españoles gays, también vestidos. Por fin cogemos el coche hacia las Bahías de Huatulco, que están hacia el oeste, dirección opuesta a Puerto Escondido.
De camino paramos en Estacahuite en plan "baño rápido" pero hay mucha gente.
Pasamos y seguimos hacia Huatulco, pero enseguida nos encontramos con la carretera en obras. Hay muchos tramos en los que está de tierra y se va muy lento, cosa que no importaría si a la derecha se pudiera ver el mar -menuda rutaza escénica sería esa- , pero se interpone la jungla exuberante, como diría el autor de cualquier Rough Guide. Volvemos al asfalto, nos animamos, pero a los pocos kilómetros, vuelta al "ripio" (camino de tierra, sin asfaltar). Esta palabra la rescato de los diarios de 2004: cuánto ripio chupamos en aquel viaje, a veces noches enteras en bus. Bajo en una de esas Bety Abarrotes de carretera -mismo género polvoriento y /o caducado- a preguntar si es todo el camino así, y la mujer dice vaguedades. Tras un desvío que nos hace rodear mucho rato nos damos cuenta de que no vamos a llegar. Es duro tirar la toalla, pero decidimos volver, no por donde hemos venido, sino por los pueblos de arriba.
En fin, un día fallido, pero a veces estas cosas pasan. No es fácil, ni siquiera con la carretera bien -el día que se termine- visitar esta zona. Me explico: las Bahías de Huatulco son nueve, con nombres tan chulos como Chachacual, Chahué, Tangolunda, Maguey o Cacaluta, y tienen un total de 36 playas. Muchas de ellas son vírgenes y solo se puede acceder con lancha, porque están rodeadas por la selva del Parque Nacional Huatulco. Hay algunas que están ya sobreexplotadas, con hoteles de las grandes cadenas que no tienen interés para mí -para eso no llegas hasta aquí, que no es precisamente fácil. Llegar a las playas que a mí me gustan es complicado.
A la que queríamos llegar nosotros, Cacaluta, se accede caminando 20 minutos por un sendero tras bastante conducción por la selva - a la que habríamos llegado 3 días después por la carretera de ripio. ¿Por qué Cacaluta? La culpa la tiene como siempre el boogie, digo Mini, que llegó ella solita a la peli de Alfonso Cuarón de 2001 "Y tu mamá también", y le encanta. Nosotros no la habíamos visto desde su estreno allá por Nottingham [a veces mido la vida por lugares] y la vimos otra vez en el proyector [¿he dicho que tengo un proyector y una pared blanca? ¡Me encanta!] hace unos días. Le propusimos a Mini verla juntos, antes de irse a Mánchester, pero nanai, que hay mucho sexo [pobre, la entiendo, quién quiere ver eso con sus padres]. Nota para el futuro divagante que lea esto con fecha de julio: aunque esta entrada esté publicada el día que ocurrió, esto lo escribo en octubre.
Por dónde empezar con la peli. Primero, yo recordaba que me había gustado, pero no tanto como esta segunda vez. Fenómenos rarísimo a día de hoy, que muchas pelis me dejan fría y hasta me da miedo revisitar viejas favoritas, por si acaso. Como por aquel entonces no existía el divlog, no sé exactamente lo que pensé, tal vez, por tener yo 30 años, no pude entender todos los ángulos a los que se accede 25 años después. Porque en mi caso a esa edad todavía no había entrado en la edad adulta, seguía como los chicos luchando esos estadios finales -claro que 10 años mayor que ellos. Ahora pienso que no di ese paso hasta que volví del viaje del 2004 y la vida empezó a ir super rápido. Y no es que entonces no apreciara que en una road movie lo importante es el trayecto, no dónde llegas: ya había entonces descubierto a Kavafis, ya era entonces Ítaca mi poema favorito. Y supongo que sabría apreciar la voz en off del narrador, que ahora desde el principio me engancha. Me encanta- le pongo un whastapp a Mini con esto, y está de acuerdo.
Luego, imágenes como esta; uno de los moteles donde se quedan una noche [¿he dicho que es una road movie?].
No me puede gustar más la piscina llena de hojas, la sensación de lo inacabado con la hormigonera ahí, la sospecha de que un asesino en serie ha pasado por alguna de sus habitaciones… la escena me gusta -sí, hay baño entre las hojas- y de ella se pueden sacar varias fotos como esta.
Luego, el contenido. Quizás la primera vez me quedé con que era el coming-of-age [bildungsroman!] de dos niñatos a los que se les sale el semen por las orejas, a los que una chica [me niego a decir mujer, Verdú tendrá 30 años] les intenta enseñar lo que han de hacer para que las futuras chicas con las que estén lo pasen bien, que el sexo no es únicamente una liberación de entropía, por ponerlo de una manera sutil.
Pero además, la peli es mucho más que eso y Cuarón deja que la cámara se separe de sus protagonistas y se vaya a enseñarte la realidad: a los lados de la carretera hay cruces, hay policía tomando los datos a campesinos, hay indígenas de mirada triste. Y por supuesto el más abiertamente frontal comentario político por parte del narrador: pasan por el pueblo de la criada-niñera de Tenoch, el chico rico y él piensa y no dice nada [de nuevo, la mala conciencia de Cuarón y las criadas], o la historia de la nieta de una mujer que vende alebrijes en un puesto: murió de insolación en el desierto de Arizona, cuando sus padres buscaban un futuro mejor. Y luego está la mejor, la de lo que le pasa al pescador que ocasionalmente lleva a gente con su lancha a esas playas vírgenes cuando llega la multinacional que construye hotelazos en la bahía a la que no vamos a ir. Mini, también tocada por este trozo, me manda esto:
Porque la peli también habla de gentrificación, de quitar a las personas su manera de vida, de cuánto se puede mantener en el tiempo una amistad de chavales de distinta clase social, de la [mala] educación sexual de los chavales en los 90, de la importancia de las pequeñas cosas -no sabemos cuánto tiempo dura esto que llamamos vida-, de que en las franjas hay otros que malviven.
Para terminar, confesar que durante todo el divague he tenido pegada una canción: la del baile del trío hacia el final de la película. Hay muchas escenas de baile de pelis que nunca olvidaremos: la de Pulp Fiction, la de La La Land, la de Band a parte, la de Dirty Dancing, y la de "Y tu mamá también" es, también, una de esas.
No llegamos a Huatulco, pero no olvidemos: lo importante, es el viaje.
Hoy dejamos la mágica Oaxaca y termino con este fun fact: Hernán Cortés, atraído por la belleza de la zona -no por otra cosa, era de poco interés para los españoles, porque no tenía riqueza mineral-, se puso a sí mismo el título de "Marqués del Valle de Oaxaca" [hala, venga, ¿por qué no?] y hasta la revolución sus descendientes eran los "grandes tenedores" -como se dice ahora- del terreno allí. Nihil novum sub sole. Vengo diciendo que algunas instituciones británicas -se incluyen universidades y la Iglesia!!!- están publicando documentos reconociendo que se financiaron gracias a la explotación de otr@s e incluso ofreciendo "reparación" (la Iglesia £100m, no sin controversia). Sería interesante un ejercicio similar por parte de los actuales herederos de las "buenas familias", a los que se les llena la boca con lo del "esfuerzo" y el "mérito". Ya lo dejo, pero ya estaba hablando de la meritocracia hará un año aquí.
Bueno, centrémonos: esta es la estación de autobuses de Oaxaca, con sus creativos asientos, y donde nos despedimos de la ciudad con un último Choco Mío. Salimos sobre las 10:55 (10’ tarde).
Yo tenía muchas ganas de hacer esta carretera porque -sí, nueva aparición de la que ya no es más estrella invitada, sino Cuarta Pedalista- la Rough del 2004, la ponía por las nubes ya que "se atravesaban bosques de pinos en la montaña mientras se descendía a un exuberante bosque tropical" [obviamente, sic]. En aquella época había una carretera en la que te hacías una con el asiento, y pasabas por un pueblo llamado San José del Pacífico, a más de 2,300 msnm: o sea, subías de los 1550 de Oaxaca y volvías a bajar. Hoy hay una autovía que te baja en 3 horas y media por otra zona, así que no pasas ni por San José, ni por otro llamado "Las Nubes": precioso, no?, ver desde allí ver el valle por debajo de cúmulos gordotes.
En esta vía alternativa, el paisaje está bien y entra en la categoría "rutas escénicas" de mi vida, solo como guiño a la Cuarta Pedalista, no por mérito propio -habrá que volver por "Las Nubes" en la jubi. Y cómo olvidar lo que la compañía de transportes decide poner a todo gas en este trayecto: "Pretty Woman" (!!!) en mexicano. Peli que pese a que nos repiten que cada vez que la ponen en la tele, nadie ve otra cosa, yo no había vuelto a ver desde el estreno en el Cine Don Quijote de Vetusta en una edad geológica anterior. Solo el doblaje la hace tolerable para las risas, porque maremía las caritas de Richard Gere. Otro despropósito noventero con el que hacemos de tripas corazón pero con la siguiente, una tal "Are You There God? It’s Me, Margaret", ya imposible.
Al llegar a Puerto Escondido nos da una bofetada, casi por primera vez en todo el viaje, el calor. Llevamos semanas oyendo el horror que está siendo Europa este verano, y esto solo me ha confirmado que 1. necesito aire acondicionado en el salón de Londinium y 2. no hay que viajar en verano.
Comemos en el porche de un restaurante tipo palapa [con hojas secas de palmera en el techo], mientras que la Cuarta Pedalista asegura que "Puerto Escondido ya no es el lugar de hippies de hace treinta años". Hagamos las sumas: 22 + 30 = 50 años, bro. El conocido del Peda, que no contestó más a los emails cuando el Peda le confirmó que sí, que nos quedábamos en su hotel boutique, aparece finalmente para decir que han decidido "cerrarlo esos días por mantenimiento"- le llegó inteligencia de que no éramos target. Hacemos cónclave los cuatro para encontrar un lugar para dentro de un par de horas. Por fin acordamos el "Hotel Cocos" en Playa Zipolite, a casi dos horas de Puerto Escondido.
En taxi al aeropuerto, donde hemos alquilado un coche y qué sería del proceso sin el pequeño incidente-timo de turno. Hoy: nos cobran el seguro, pese a que tenemos uno anual internacional. Las diversiones del viaje que nadie te cuenta.
Cogemos la carretera de la costa, dejando a un lado Zicatela y otros pueblos (máster en marketing, el que bautizó al suyo "Escobilla").
El mar, el mar («¡Thalassa! ¡Thalassa!») a la derecha es todo lo que habíamos leído y más. Furia no empieza a describir sus olas; obviamente, estas playas -en particular Zicatela- son palabras mayores, capital mundial del surf por algo. He escrito bastante en este diblog sobre surf [una de las cosas que se quedarán pendientes en mi "por hacer" vital], pero no puedo encontrar si escribí -y me suena que sí- sobre la famosa "Mexican Pipeline o Mexpipe" ("Tubo Mexicano"] Volveremos a Zicatela y este tema unos días más adelante.
Se hace de noche, por fin llegamos a Zipolite, y aún nos cuesta encontrar el Cocos, que está al final del todo, atravesando un bosquecillo de palmeras. El recepcionista es muy simpático, aunque cuando le pregunto por la incidencia del dengue allí [nota: mi susto por sismos y txunamis tenía que encontrar una nueva espita] dice que "ahora no hay dengue". Ah, y cómo lo sabes? Porque no se han reportado casos. O sea, no es que haya complejos aparatos, sino que va así, a bolo. Entonces remata: "yo lo he tenido ya dos veces". Pero que estemos tranquilos, que tenemos una crema de citronela en la habitación. Crema de citronela???? Yo llevo ya mi DEET hasta en el carnet de identidad, y he pasado a ser "our woman in Havana" [véase atuendo Vietnam].
Las últimas indicaciones del hombre son, así como quien no quiere la cosa, que el hotel es nudista, “pero es opcional”. A ver, sabíamos que Zipolite era una playa nudista -aunque no que la única de toda la fkn República, y el nombre "Cocos" nos debería haber hecho sospechar, pero ni con esas. La verdad es que cuando reservamos, un par de horas antes y a la desesperada, solo miramos fotos de la piscina y poco más, quién estaba para leer la letra pequeña. En esos pensamientos estoy cuando veo el semblante de la pequeña victoriana: no le hace ninguna gracia. Pero bueno, Mini, míralo por este lado: no es obligatorio. Mini teme, conociendo a sus padres, lo peor.
Esta foto de la piscina no le hace justicia, pero no puedo poner una de día porque no se ajustaría a la narrativa. Pero vamos, que es chulísima y el hotel también está muy bien. Es tipo rústico, con habitaciones sencillas con terrazas con hamacas colgadas que dan a la piscina, en medio de mucha vegetación y a varias alturas. No tiene restaurante, así que la pregunta de "si en el desayuno hay gente en bolas" se contesta sola. La crema de citronela huele fenomenal y, muy positiva -exultante si no fuera por el mosquito anófeles o como se llame- bajamos a la piscina -con bañador. El agua está muy caliente y solo hay una pareja de mexicanos que también acaban de llegar, como de 60. Intercambiamos experiencias viajeras y ellos tampoco habían leído la letra pequeña.
Al salir hacia la carretera con la linterna del móvil, lo primero con lo que te encuentras es Abarrotes Bety, una de esas tiendas tristes en las que sospechas que todo está caducado. Para cenar tampoco hay mucha oferta, pero entramos en el primero que vemos, y ahora es cuando he de robarle al Peda: "es bastante cutre, con la carta escrita en un cuaderno a mano y sin precios, ni agua embotellada y con gatos, pero la comida está muy bien". Ha nacido el A.A. Gill del divlog.
Por supuesto, a la vuelta se compra algo en bolsa cubierta de polvo, probablemente caducado en Bety. En el último tramo hacia Cocos, los haces de las linternas iluminan la arena del suelo y los troncos de las palmeras. El mar ruge de fondo, muy fuerte: soy feliz.