Viernes, 31.07.26: Último día en CDMX
Hoy es nuestro último día de viaje. Como tenemos vuelo de noche, aprovechamos todo el día en la ciudad. Sí, sí, primero desayunar en la terraza de este descubrimiento de hotel y quedarnos un rato leyendo. Tristemente, no tenemos espacio ya en el estómago para más tortas ni palomitas hoy.
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La Biblioteca de la Cámara de Diputados está en la calle Tacuba y nos la encontramos por casualidad. Incluyo el artículo 3 constitucional que estaba en la pared sobre que la educación que impartiría el Estado sería "socialista, excluyendo toda doctrina religiosa, fanatismo...".
Seguimos por Tacuba [me encanta este nombre] que está llena de perfumerías. Parece que durante la Revolución Mexicana, como se interrumpió la llegada de perfumes de Europa, los perfumistas locales comenzaron a fabricar sus propios productos, de nombres tan atractivos como "Siete Machos" o "Añeja Lavanda". La calle se llenó de "boticas" que elaboraban perfumes y lociones y hay negocios familiares como la Perfumería Cuba XI (fundada en 1930 en el No. 13) se han mantenido por casi un siglo. Aquí está también el Museo del Perfume, pero me imagino que no será de oler montones porque tras unos pocos, te bloqueas.
En el que sí entramos es en el Museo Nacional de Arte (MUNAL), también en Tacuba. Está desde 1982 en lo que fue el Palacio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas: un edificio monumental de estilo ecléctico y la verdad, muy chulo. La colección permanente cubre arte mexicano desde mediados del SXVI hasta mediados del SXX. Un breve paseo por el edificio:
De arte nos centramos en el SXX, con varios cuadros de grandes muralistas y otros de gente que no conocemos. También vemos arte sacro de la época colonial.
Y ya para terminar nuestro recorrido por Tacuba, visitamos el Palacio Postal, otra obra de arquitectura ecléctica que fue construida a comienzos del siglo XX -se terminó en 1908- como uno de los símbolos del Porfiriato.
Por dentro, te sientes en una película de época, con vestido de talle bajo y sombrero cloché. Es precioso, lleno de detalles, y hay una exposición de mundiales de fútbol arriba. Compramos papel de carta y Mini escribe una al Náufrago Ro [que le cuesta mucho llegar, aunque no tanto como la postal de Sudáfrica]. También juegan al futbolín, el Peda anota: Mini 3-Peda 10.
De allí al Café Popular del que éramos regulares en 2004. La comida decepciona, pero la decoración art deco vivida me encanta:
Rodeando el Zócalo al antiguo Colegio de San Ildefonso, donde solo vemos el patio porque ya no tenemos tiempo.
Y ya se acaba esto. Pasamos por La Vasconia a por bollos para el viaje, malteada y tacos pero tardan mucho y nos vamos sin los tacos. Se ha nublado y está todo oscuro en nuestro camino al hotel. Comienza a llover.
Es lo último que quieres cuando llamas un Uber para el aeropuerto, que llueva: es un 100% más caro que el día anterior, pero lo peor son los atascos. Estamos en el cogollo de la ciudad y no se mueve. Cuando tienes que coger un vuelo transatlántico, estar en un atasco en una macrourbe nunca es una buena sensación. Menos mal que el taxista nos cuenta su vida como distracción. Es soldador de profesión y estuvo trabajando en Houston durante 10 años [de 2008 a 2018] sin salir por estar en situación irregular. Su familia estaba en CDMX: ¿alguien imagina lo que es eso? ¿Dejar a tus hijos pequeños y verlos 10 años después? Dijo que ganaba 3.000 $ a la semana, pero que al final se volvió. Hemos llegado al final con dos horas y media antes de volar, y salimos con una hora de retraso, lo que hace el transbordo al día siguiente -tras un vuelo nocturno aburrido y con mala comida- en Frankfurt un poco de infarto.
Aterrizamos en Londinium hacia las 16:30 del 1 de agosto, a saber qué hora "de los cuerpos mexicanos". Es sábado, nos queda el domingo para intentar poner los relojes biológicos en orden. Ha costado tanto escribir esta serie, hoy es 27 de octubre, tres meses más tarde, que ya no recuerdo lo duro que fue ese día. Y ahora tengo esa sensación tristona de que se ha acabado verdaderamente el viaje: aquí digo adiós -o hasta luego- a México, uno de mis países favoritos.
Y me despido con una frase y con una canción. La frase es de Mark Twain, de su libro de viajes "The Innocents Abroad" ["Guía para viajeros inocentes"] que ya está en mi lista para los siguientes meses y que espero refine mi habilidad como cronista viajera. Esta frase resume una de las razones por las que creo que ciertos viajes nos pueden hacer a algun@s mejores. He dicho ciertos y a algun@s. También me doy cuenta de la suerte que hemos tenido en la vida los que hemos podido viajar así:
«Viajar es fatal para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de miras, y muchos de los nuestros lo necesitan urgentemente por estas razones. Una visión amplia, sana y caritativa de los hombres y las cosas no se puede adquirir vegetando en un pequeño rincón del mundo durante toda la vida.» ["Travel is fatal to prejudice, bigotry and narrow-mindedness, and many of our people need it sorely on these accounts. Broad, wholesome, charitable views of men and things can not be acquired by vegetating in one little corner of the earth all one’s lifetime.”]
Y la canción no es mexicana, sino de un grupo español "de mi época", pero sale en la banda sonora de una película mexicana y, como a Mini le gusta mucho, ha estado presente durante todo el viaje, y en mi cabeza mientras escribía esta serie. Hasta el siguiente, divagante.
En un mundo descomunalSiento mi fragilidad
(...)
Me da miedo la enormidad
Donde nadie oye mi voz
(...)
Y en mis tonterías
Para hacer tu risa estallar
Pub=28.10.26
















