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22 agosto 2026

Coyoacán es un bodegón de sandía: Viva la vida! [Méx4]

 15.07.26: Coyoacán

Como ya ayer tomamos posesión del piso, hoy por la mañana antes de salir tocaba hacer la colada. Y no cualquier colada en un mal lavabo: cómo está preparado este lugar para este tema: cada piso tiene un pequeño trastero en el terrado con la lavadora [enorme, de carga superior] y un espacio exterior enjaulado para tender. También hay lavaderos de lado a lado con el número del apartamento —cada cual pagará su agua—, pero supongo que casi nadie usa ya (o por lo menos no JA y E, a juzgar por su grifo condenado). Subo armada de nuestra ropa interior andando, por aquello de no esperar el ascensor y son solo cinco pisos, y cuando voy por el tercero recuerdo que esto es la CDMX, a 2300 metros snm: esto no lo diré suficiente, el mal de altura está bien presente. Por el tema del grifo en desuso, lavo en otro lavadero furtivamente, con cierta tensión por si suben y me encuentran con las manos en la masa, digo en la ropa. Nada pasa, así que lavo y luego tiendo. Así lavaba así así...




Hoy vamos a visitar Coyoacán, que está a unos 45 minutos caminando de Copilco, hacia el noroeste. Al subir las entradas de mi diario de 2004 al blog y buscar fotos para ellos vi que el día que entonces fuimos a Coyoacán llevaba una especie de bandana hecha de una tela naranja en la cabeza y a ratos un fular amarillo, así que hoy me pongo ambas cosas, que conservo -sí, lo guardo todo-, con la idea de hacer fotos exactamente en los mismos lugares, 22 años después. 

Bueno, exactamente quién sabe, porque hay miles de ventanas enrejadas con geranios y piedras circulares con agujero para atar los caballos en muchas casas, en particular en la avenida Francisco de Sosa, que va de Coyoacán a San Ángel (el barrio del primer día), que es espectacular. Es difícil elegir fotos porque hay muchísimas, así que aquí van algunas al azar...










Esta avenida icónica termina en la Plaza de Coyoacán, donde está la fuente de los Coyotes


y la iglesia de San Juan Bautista con su claustro y su señora anciana indígena vendiendo alebrijes. LLevo mal el tema de personas pobres pidiendo en las calles de los países pobres pero niños y ancianos son lo peor, no puedo con la idea de que el estado no los proteja. 





A su lado está el Parque Jardín Higaldo donde han instalado unas pantallas gigantes para ver luego el partido del mundial: hoy toca el Inglaterra-Argentina, y Mini está nerviosa. Tenemos hora para las 13:00 para el Museo Frida Kahlo, pero decidimos ir paseando hasta allí para ver si tuvieran huecos para entrar antes: ingenuos. Al llegar a la manzana anterior de la Casa Azul ya vemos la fila, con sus carteles que indican la hora que le toca a cada grupo, así que ni lo intentamos. 


Nos acercamos a rendir tributo, unas calles más allá, a León Trotsky, que tras vivir un tiempo en la Casa Azul se instaló no muy lejos. Retrocedemos sobre nuestros pasos para encontrar un restaurante recomendado por la chelista. Después de comer y ya a nuestra hora del museo, volvemos a pasar por la plaza y el partido ya ha empezado: de momento van 0-0 y Mini se sube por las paredes. Creo que es hoy el día que más abiertamente declara su odio por Argentina: son racistas, juegan sucio. En pasados mundiales a mí siempre me ha gustado, no porque entienda nada de su juego, sino por la misma razón que Brasil: son latinoamericanos de países que me encantan, eso es todo. Sin embargo, este año, entre las arengas de Mini, que la FIFA y Trump y Netanyahu y todos los amigos de los niños y enemigos públicos quieren que gane, me han perdido. Hoy voy con Inglaterra, pese a las Malvinas y todo. 

De la visita al museo no quiero decir cosas que se pueden encontrar en su web o en wikipedia, pero aconsejo mirar este video de dos minutos para situar mis impresiones. No me extraña que Tiovin viniera cinco veces en los tres meses que pasó en CDMX: es un lugar muy especial. El jardín, explosión de color, está ahora lleno de gente, incluidas varias personas pintando lo que ven en el lago, pero qué debía ser ese lugar con solo los habitantes de la casa: me imagino la paz al cruzarlo para ir a otra estancia -como buena casa mexicana, todo rodea al patio central-, los pájaros cantando, el ruido del agua, las sombras de los árboles. Mi habitación favorita es, sin duda el estudio de la primera planta: siempre me han encantado las habitaciones con ventanas en dos paredes perpendiculares, cosa que es difícil de conseguir en una vivienda normal, pero esta las tiene, claro. Pienso en Frida pintando aquí, pienso en ella recuperándose de sus operaciones, con dolor, con angustia. Al lado hay un cuarto con una cama y sus cenizas: también me impresiona. O la cocina, toda simplicidad, como para amasar y hacerlo todo de cero. O sus vestidos, o sus corsés: están metidos tras escaparates, con poca luz, con temperatura adecuada, son todos tan Frida y tan México. Algunos de sus cuadros están aquí —qué coincidencia, hay una exposición en la Tate Modern mientras la visitamos, supongo que intentando replicar el boom que supuso la primera, cuando hacía poco que había llegado yo a Londinium: salí andando sobre algodones con el libro de la exposición bajo el brazo. Aquí está uno de mis bodegones favoritos: "Viva la vida", porque son sandías y porque, viniendo de una persona que sufrió tanto, ese mensaje me recuerda que, eso, viva la vida y vive la vida, tú que tienes tanta suerte.













 



Mientras estamos en el jardín viendo la colección de estatuas precolombinas, nos enteramos de que Inglaterra ha marcado gol. El fútbol se ha metido en este espacio de paz, pero no nos importa hasta que luego empata Argentina. La cosa se complica. Cuando salimos y vamos caminando de nuevo hacia el centro de Coyoacán, oímos gritos que salen de los bares y eso solo puede significar una cosa: Argentina ha metido el segundo. Mini se viene abajo. No hay nada que hacer: Inglaterra está fuera. Para animarnos, nos compramos unos churros rellenos y el mío es un error:

"empalaga"

 demasiado dulce y empalaga; pero la avenida Francisco Sosa no empalaga nunca y por ella avanzamos hasta la Plaza de Santa Catarina, que tiene una iglesia ocre que está gritando "Viva México!", 



y una Casa de Cultura, a la que entramos a curiosear. Con el recuerdo que me voy a quedar de este lugar -gran jardín central, edificios a su alrededor- es de la música. En una sala hay una orquesta de viento amateur ensayando "Amor de hombre" de Mocedades, una y otra vez. Miro por la ventana y les saludo. Mientras paseo, me dan ganas terribles de cantar la canción a pleno pulmón -es muy cantable. ¿Se imaginan? Mis compas me matan. 






Seguimos por esta avenida, pero empiezan a notarse los kilómetros. Giramos a la izquierda por la calle Zaragoza (por qué recordaré este dato?) que es también bastante chula y cuando llegamos al cruce con Miguel Ángel de Quevedo nos da una bajona severa y cogemos un taxi a casa. No estábamos tan lejos pero, como decía el Peda en viajes anteriores, "los Pedalistas han jugado la segunda parte en taxi".



Son las 17:00 y me quedo frita, el resto lee o busca algo por esas macropantallas. A las 19:00 salimos a cenar al sitio que JA & E van "cuando hacen la compra semanal en Walmart". Como tenemos que ir a por los clásicos [sandía, yogur y fruta], vamos a este lugar, Toks, que es una cadena y donde yo vuelvo a decir, cuando el camarero trae los platos, "que las raciones son enormes, que si nos lo podrán poner para llevar", a lo que el camarero, "por supuesto, señorita" y cuando se da la vuelta, mis compas me abuchean. Pero, por supuesto, divagantes, con las dos hienas con las que viajo, nada de esto es necesario y cuando el sufrido trabajador recoge los platos brillantes he de poner cara de "yo no he tenido nada que ver". Viva la vida. 


20 agosto 2026

"La plenitud de la señorita Brodie" de Muriel Spark: Un clásico de la literatura escocesa que leí en sus antípodas

Hace más de un mes que terminé "The prime of Miss Jean Brodie" ["La plenitud de la señorita Brodie"] en Ciudad de México y desde entonces he leído otros tres libros y estoy a medias con el cuarto. O sea: el lío es monumental. Al terminarlo tenía probablemente grandes ideas para este divague, pero ahora solo me queda una impresión muy difusa que no sé si podré levantar con la página de notas que tomé mientras lo leía.
 

A él llegué por la última de esas listas del Guardian de las "100 mejores novelas de todos los tiempos" de la que ya hablé en mayo porque la primera había quedado "Middlemarch". Esta novela corta -son 127 páginas- que la escocesa Muriel Spark publicó en 1961 estaba en la 31, justo detrás de "Frankenstein" y por delante de libros como "Drácula" y "La montaña mágica". Al loro.

Todos hemos tenido un profesor que nos ha marcado, dice la sabiduría popular pero, ¿es esto cierto? Yo podría nombrar profes que me cayeron mejor o peor, pero no recuerdo ese [más bien esa] profe que volviera mi vida patas arriba como ocurre en las pelis -o en este libro. Vicariamente viví la experiencia de Fashion con Antonio Aramayona, el profe de filosofía y ética de su instituto, del que entonces nos hicimos amigos y del que hablé aquí, a propósito de "La mirada de los peces" de Sergio del Molino. Aramayona era ese profesor que te da alas, y hay que leerse ese divague para entenderlo. En mi colegio de monjas nadie se salía de la raya y en la facultad, todo era enterrarnos en datos; imagino que ese objetivo de la universidad, "crear ciudadanos libres", debía ser solo para los de "Filosofía y Letras". Seguro que el divagante tiene durante todo este párrafo en mente a Robin Williams increpando a Ethan Hawke y al resto de adolescentes a que se suban a los pupitres para ver el mundo desde allá arriba. Yo pensaba en él cuando decidí que el planteamiento de este libro me atraía , pero no hay que olvidar que Muriel Spark lo hizo primero —lo del profe inspiracional—, no el guionista de "El club de los poetas muertos".


Este es un libro que gira en torno a un personaje principal monumental, así como lo son Ignatius Reily o Alonso Quijano: la señorita Jean Brodie es una profesora de secundaria en un colegio de chicas en Edimburgo en los años 30. Y aunque ella es un personaje "larger than life", Spark también nos sitúa en el contexto histórico de la Escocia de entreguerras, con el auge del fascismo, que ahora se lee con los pelos de punta. Ah, y tantos años después, con eventos como el Brexit a nuestra espalda, leer que les dice a sus alumnas que los "escoceses son eminentemente europeos" también resulta muy curioso.

Siguiendo con contexto, no era la única soltera ["spinster" se dice en inglés, palabra que me encanta por su origen: el spin es la rueca y a las mujeres que hilaban se les llamaba spinsters, que luego se extendió a soltera porque eran mujeres que tenían que trabajar para tener independencia económica] en Edimburgo en esta época:
Durante la década de 1930, existieron muchísimas mujeres como ella, mujeres de treinta años en adelante, que, tras la soltería marcada por la guerra, se embarcaron en viajes de descubrimiento de nuevas ideas y prácticas energéticas en los campos del arte y el bienestar social, la educación o la religión.” “There were legions of her kind during the nineteen-thirties, women from the age of thirty and upward, who crowded into their war-bereaved spinsterhood with voyages of discovery into new ideas and energetic practices in art and social welfare, education or religion.”
Miss Brodie va por libre. Cada año elige a un grupo de niñas de 12 años para, esencialmente, manipularlas con su manera de ver la vida. "Dame una chica en una edad impresionable, y es mía de por vida" [“Give me a girl at an impressionable age and she is mine for life”]. Este grupo será, según ella repite, la “crème de la crème” porque por algo han sido elegidas y aleccionadas a vivir fuera del rebaño. Su filosofía de la educación es para enmarcarla:
“La palabra ‘educación’ proviene de la raíz e, de ex, "fuera", y duco, "te guío". Significa guiar hacia afuera. Para mí, la educación es guiar hacia afuera lo que ya está presente en el alma del alumno. Para la señorita Mackay, es introducir algo que no está ahí, y a eso no lo llamo educación,  lo llamo intrusión, del prefijo latino in, que significa "dentro", y de la raíz trudo, "empujo.” “The word 'education' comes from the root e from ex, "out", and duco, "I lead". It means a leading out. To me education is a leading out of what is already there in the pupil's soul. To Miss Mackay it is a putting in of something that is not there, and that is not what I call education, I call it intrusion, from the Latin root prefix in meaning in and the stem trudo, I thrust.”
Es imposible no derretirse cuando Miss Brodie se opone a lugares comunes como el "espíritu de equipo" [ni Cleopatra ni Florence NIghtingale ni Helena de Troya sabían lo que era eso] o arremete en contra de la educación moderna vs. la clásica. Las chicas han de elegir entre estudiar alemán o latín y griego, y Miss Brodie comienza diciendo que ambas cosas son "iguales y necesarias", y que deben elegir libremente, pero continúa: "No todo el mundo es capaz de acometer la educación clásica" ("Not eveybody is capable of Classical education"), así que cuando salen de su oficina a las niñas les ha quedado cristalino el desprecio de su mentora por la educación moderna. 

Este es un ejemplo de su faceta de librepensadora y su manera descarada de influir en sus niñas. O cuando les dice que no se molesten con las ciencias, que "el arte es más importante que la ciencia" [me recuerda aquel triste "¡que inventen ellos!" unamuniano]. Les recita poesía con los ojos medio cerrados y la cabeza hacia atrás antes de ir a casa para elevar sus mentes.  Hay muchos trozos como este que hacen la novela muy divertida: repite una y otra vez que está en su "prime" (plenitud) [alguien se imagina de sí misma diciendo, "hola, soy Di Vagando y estoy en mi plenitud"] en una total desconexión de la realidad, o tal vez "I dont give a fuck". También muchas risas, por la identificación plena esta frase: "Había llovido y el suelo estaba demasiado húmedo para seguir cavando el agujero a Australia". Mi historia de sección "tengo un pasado oscuro" a este respecto es la siguiente: cuando hacíamos parvulitas, nosotras también cavábamos en el patio del colegio, pero el objetivo era otro: encontrar al diablo y matarlo,como suena. Así solucionaríamos los males del mundo, que en aquella época se resumían en dos palabras: "Ayatolá Jomeini".  Recuerdo claramente encontrar tierra tirando a roja y decir "¡es un cuerno del demonio, ya lo tenemos!". Una niña un día escamoteó de su casa una caja de cerillas para "quemarlo cuando lo encontrásemos". No es gratuitamente que digo que la educación religiosa debería abolirse — viví estas locuras en mi propia carne, a la vez que temíamos a Joemini. 

Pero divago: volvamos al texto. Tras las vacaciones de verano de 1931, Miss Brodie vuelve llena de bronceado e ideas: ha estado en Italia y ha conocido de primera mano lo que Mussolini y los fascistas están haciendo, y está muy positivamente impresionada -parece que habían hecho mucho en contra del desempleo. Para escribir con conocimiento de causa tendría que leer más sobre esto; me pregunto a qué personas del perfil de Brodie les atraería el fascismo en esa época — es fácil verlo como una monstruosidad ahora (para algunos parece que no), pero ¿quiénes eran esas mujeres de la época atraídas por esas ideas? Espero que Mini, que en breve estará en primero de Literatura Inglesa, me pueda clarificar estos detalles. Mussolini fue educado en el catolicismo, pero luego fue ateo, y la propia Miss Brodie desprecia a esta religión abiertamente, en plena Escocia: "la Iglesia católica era una iglesia de supersticiones; solo la gente que no quería pensar por sí misma era católica" o "Los Fulanitos eran católicos y por ello les obligaban a tener hijos a la fuerza". Ahora que el PP viene con estupideces de los derechos de los no-nacidos, me aterra pensar que impongan esto a los demás. 

Pensaba que se me habría olvidado, pero no hay como subrayar y anotar los libros para que, poco a poco, las ideas vayan volviendo. Tendría aún para mucho más, porque también hay mucho sexo, traición, virtuosismo formal y, como ya he dicho, muchas risas. Un gran librito que podría parecer desubicado en el metro de CDMX -donde leí parte-, pero en realidad, los clásicos lo son por su universalidad. No hay antípodas en la buena literatura. 

Praga: ?por qué un tipo de 40 va a un hostel? [Interrail Mini 6]

   Viernes,  21 de agosto de 2026: Praga 



"Praga es mi ciudad favorita de interrail de momento" [Interrail Mini 5]

  Jueves,  20 de agosto de 2026: Berlín-Praga 





19 agosto 2026

Bosque de Chapultepec, voladores, mis vacaciones en librerías, conversaciones futboleras y nos instalamos en Copilco [Méx3]

Martes, 14/08/2026-Txapultepec, Copilco

La pasada ha sido nuestra última noche en este apartamento de "mayores". O sea, no de personas mayores/ancianos, sino de lo que yo pensaba de niña que eran "los mayores", o la vida adulta. Una amiga francesa decía que ella de peque pensaba que un día tendría una batería de cocina y una vajilla a juego, pero ya sabe que nunca sucederá. Pues bien, yo nunca tendré un piso así ni una cocina de isla (la verdad, me disgustan y qué haría yo ahí, me vendría grande), pero sería una impostora en él, una actriz. Incluyo una foto de la terraza, donde no salimos a desayunar porque hace fresco (sí, llorad). En la cocina hay una mesa alta, como si fuera una barra de bar (tampoco lo entiendo) y allí,  como pájaros, tomamos nuestros yogures. 


Recogemos todo y dejamos las maletas listas para volver a la una, que hemos quedado con la Sra Mari para devolverle las llaves. El objetivo de la mañana es llegar al Bosque de Chapultepec, pero antes he de dar los nombres de calles de Polanco: Plinio, Sófocles, Sócrates, Platón, Séneca, Horacio y luego otra manzana con Ibsen, Edgar Allan Poe, Calderón, Lafontaine... Claro, nos tenía que encontrar en Alejandro Dumas la "Cafebrería El Péndulo" que es una cadena -en ese momento no lo sabíamos- y nos quedamos maravillados:
 


Pasamos un rato muy chulo entre libros; en las mesas donde las selecciones observo que hay muchos libros españoles. La cafetería es el lugar donde yo quedaría con gente de vivir aquí. Me habría quedado el resto de la mañana, pero nadie dijo que la vida del turista fuera fácil.  

El Bosque de Chapultepec es el mayor parque de CDMX y en él hay un montón de museos, el más famoso e icónico, el Museo Nacional de Antropología al que esta vez, imperdonable, no entramos. El haber estado en 2004  supongo que no cuenta como excusa (claro que el Peda escribió "bien, pero no llega a las expectativas"), así que culparé al poco tiempo. 


¿Los voladores están ahí actuando todo el rato? Porque también los vimos en 2004. Es un rito ancestral que tiene que ver con la fertilidad y al principio bailan abajo al son de unas flautitas que suenan como lo que ponen de música de fondo en esos centros de yoga, por fin empiezan a subir sin ninguna seguridad por ese palo, luego pasan un tiempo que se hace eterno arriba atándose, y por fin se dejan caer colgados de un pie, amarrados solo por una mala cuerda. No entienden de arneses ni seguridades occidentales, ni se les debe subir la sangre a la cabeza, por no comentar lo del  mareo. Muy impresionante. 






Al cruzar el Paseo de la Reforma, a la orilla del lago está una de las sucursales de la librería Porrúa. Este es un sitio que no se olvida: hace 22 años que estuve aquí y sabía que quería volver. Está abierta completamente al bosque, por delante cruzan las barquitas y además han puesto unas alas hechas de libros -con el eslogan "conalasdelectura"- en las que Mini y yo nos hacemos prácticamente un book de fotos.  Creo que cuando me jubile y tenga mucho tiempo para viajar lo que voy a hacer es irme a estas librerías y pasarme allí el día: miraré libros, tomaré té, leeré mi libro y hasta -oh perfección- el portátil para divagar desde allí. Watch this space. 




A la salida, hay una exposición de fotografía en las vallas entre el lago y el paseo de la Reforma  titulada "Fragmentos de una ciudad infinita". No puedo explicar las fotos maravillosas de la ciudad que vemos; a algunas les hago foto pero tengo la esperanza de que esto tendrá su página web para poderlo ver tranquilamente desde casa y no: la página del gobierno no me lleva a nada. Incluyo una cualquiera: como siempre digo que me encantan las montañas nevadas (soy de la generación de Heidi), aquí tenéis una con la ciudad en sombra debajo y la montaña de fondo. 

Es un exceso lo de los museos en este parque, al Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec tampoco entramos, muchísima fila, 

y por el MAM [Museo de Arte Moderno]  -que sí estuvimos en 2004 y en el que sigue la exposición de Remedios Varo según nos dijo la chelista- ni pasamos.  Atravesamos un bosquecillo de cactus y llegamos al Monumento de los Niños Héroes, un mausoleo bastante feo [odio el mármol] conmemorativo de seis adolescentes cadetes que defendieron el Castillo de Chapultepec de los yankis. Vean por ustedes mismas, no se le encuentra un ángulo bueno:

Un pequeño recuerdo a mi duelo personal por no haber podido entrar al mausoleo de Lenin en Moscú y al de Ho Chi Minh en Hanoi.  En fin, que intentamos tomar un café ya en una de las calles de alrededor, sin éxito,  así que nos metemos en el metro para volver a Polanco. 


Hay mucha gente [claro que nada como la hora-pico aquella de 2004] y por fin al salir encontramos un sitios donde nos tomamos un frappé cada uno, que yo creo que bien pero que leo en el itacalog del Peda que califica de "uneventful" [ya veis, que si el Museo de Antropología decepciona, que si uneventful...]. En casa nos despedimos de la Sra. Mari y de nuestra impostura y vamos a buscar un sitio para ver la semifinal del Mundial España-Francia. 



Esta es la terraza con tele donde Mini come arroz negro, el Peda una birra [capítulo aparte lo buena que es la cerveza mexicana, y eso que a mí no me gusta demasiado: Indio, Bohemia... ] y yo agua porque aún estoy con miedo por "la panza".   Gana España 2-0, y no puedo evitar ser un poco demasiado expresiva cuando metemos gol. La camarera nos felicita, y esto no ha hecho más que empezar. En el taxi a casa de E y JA en Copilco tenemos una conversación muy animada de fútbol con el taxista. Hemos tenido tantas conversaciones futboleras con taxistas que no recuerdo el contenido de esta, pero en todas me lo he pasado muy bien: viene a ser como la cerveza, no soy una connossieur, pero como amateur lo he disfrutado.  

Llegamos sobre las 16:15 y nuestros amigos están ya todos ansiosos con sus maletones porque van a volar en tres horas. Últimas instrucciones sobre el piso: que si el desinfectante para la lechuga [ya he decidido que no comeré lechuga], que si cómo se tiende en el terrado, que si cómo se apaga la electricidad, cómo se pone la tele -E. es un "gamer" y tienen dos teles gigantes-,  las cosas que hemos de comernos y todo eso. Cuando se van, nos armamos de valor y vamos a un supermercado Walmart gigante que hay a diez minutos de casa: por supuesto, compramos sandía, porque esto no será Grecia, pero es verano, y verano sin sandía es menos verano.

Tras cenar, mis compas ponen una de las macroteles: es siempre una experiencia ver los canales en otros países y aquí hay asesinatos reales del cártel [preferiría pensar de los bandidos bang bang!] en, no sé, Zacatecas,  predicciones del tiempo y declaraciones de los políticos, todo con un acento muy mono que lo hace parecer una película. Yo todavía estoy leyendo una novela escocesa de 1961 ["La plenitud de la señorita Brodie"], que me parece del todo incongruente con el escenario en el que estamos, y eso que todavía no es inmersión total en el México profundo. Aun así, hay que terminar cuanto antes porque un colegio de señoritas en Edimburgo en el periodo de entreguerras y los voladores, los niños héroes y los bandidos de Zacatecas me van a cortocircuitar.