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29 agosto 2026

"Temporada de huracanes" de Fernada Melchor: Brutal, salvaje, bestial, feroz, cruel, atroz

 El título, "Temporada de huracanes", estaba en mi "pasivo" desde hacía un tiempo: lo que hizo que saltara a mi consciente fue que nos íbamos a México. Lo compré en "La Central" de la calle Mallorca en mi última visita a la Condal en junio. Y sí, voy tarde: fue publicado en 2017 y la autora, Fernanda Melchor, ha ganado un montón de premios, incluida la nominación al Booker Prize Internacional. Aun así, tenía la sensación de estar leyendo una novedad. Las fotos son desde la terraza en el tejado del apartamento de Oaxaca, donde lo terminé. 
 

El argumento es lo de menos: una chica inglesa de 17 que está interesada en México, cuando le conté el planteamiento dijo, "ah, es novela negra, de las de saber quién-lo-hizo". Y no, no es eso, aunque sí que hay un asesinato del que culpan al principio a un grupo de chavales que solían frecuentar la compañía de la mujer asesinada ("La Bruja"), pero no es eso: lo que es, es cómo está contado, la estructura y la belleza formal de las frases -aunque hay muchas palabras mexicanas que he de buscar, el nivel es muy alto-, y... y entonces me paro y me doy cuenta de que mejor que guarde la referencia y espere unos años, que todavía no es para ella. 

Porque la novela es brutal, no solo en el sentido "excelente" como se usa ahora, sino en el sentido salvaje, bestial, feroz, cruel, atroz [¿Qué dice de mí que me encanta la sonoridad de todas estas palabras? Una vez titulé un divague "Atroz", mi favorita]. El asesinato es lo de menos, lo que más impacta es la miseria, que es la madre de todas las demás calamidades. 

El escenario es un pueblo imaginario -probablemente en el estado de Veracruz, de donde es Melchor- llamado "La Matosa". Está narrada en tercera persona y usando un estilo indirecto libre: o sea, la voz del narrador omnisciente intercalada con pensamientos de los personajes sin guiones ni comillas ni cursivas, ni nada que te pueda indicar que habla o piensa o se duele un personaje, así que el tono y las emociones de ambos, personajes y autora, están mezclados.  Esto, junto con la fragmentación del texto -las distintas voces aparecen como hachazos en la maleza-, el único claro de este bosque son los distintos capítulos: cada uno es un párrafo.


El Peda me avisó, hazte un dramatis personae -literal-, pero no encontraba un folio (un folio! estábamos viajando) para hacer los árboles genealógicos: aún así, se sigue muy bien. Es un rompecabezas en el que, al final, las piezas encajan: solo hay que dejarse llevar, porque es también un libro muy sensual: cómo no, siendo México lo que está de fondo es todo ocre y árido y encarnado y picante y luminoso y salado y azul  Klein y adobe y sudor. Y su descripción del sexo, tan impactante, y las mujeres del pueblo se santiguaban porque podían imaginarla desnuda, montando al diablo y hundiéndose en su verga grotesca hasta la empuñadura, el semen del diablo escurriéndole por los muslos, rojo como la lava, o verde y espeso como los mejurjes (...) o negro como el chapopote, negro como las pupilas inmensa y el cabello enmarañado de la criatura .
  
Y tal vez será gozoso el sexo que describe Melchor en el aquí y ahora, porque nomás me le siento en la cara y no me paro hasta que me vengo por lo menos cinco veces seguidas, pero uno de sus temas -que empiezo a pensar en uno de los grandes temas en México- es que las relaciones no perduran. Y es culpa de ellos: los varones son todos unos borrachos y unos huevones, unos pinches perros revolcados, unos puercos infames.


Después de esta novela, he leído otros dos libros mexicanos y en ambos, la ausencia del padre está, o bien presente, o es El Tema. Pero, ¿no empieza "Pedro Páramo" con un «Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo»?  ¿No es la maravillosa "Coco" de Pixar -que introduje a Roc cuando estuvo a principios de mes- una peli sobre padres ausentes? ¿No se va el padre de la película "Roma" de Cuarón, dejando a su mujer al borde de un ataque de nervios - y no se desentiende el que deja embarazada a Cleo? La sensación que me he quedado tras estas lecturas -y en uno de los libros daré datos- es el porcentaje bochornoso de mujeres que sacan adelante a sus familias solas en este país, mujeres que eligieron a los borrachos y huevones y puercos que no quieren saber nada. Y esos no son los peores, los que se quedan que viven a su costa,  los huevones mantenidos que comen a sus costillas son los peores. Aunque haya algunas que, desde un mal entendido feminismo, se pavoneen de que se dan el lujo de mantener a su marido. Ay qué escándalo mamacita, pero cambiemos el género: hay gente que nos rodea que piensa que el que el hombre pueda mantener a la mujer es un lujo. Todo mal.


Lo de que todos los hombres son iguales en su irresponsabilidad recorre la novela: me pregunto qué se debe sentir siendo un pinche huevón de esos, unos de esos cabrones culeros que hablan mucho y nunca cumplen, si leen esta novela. Verse reflejados en que ellas saben que todos quieren lo mismo, enseñarte su pitito y que les digas huy, qué animalón tiene papacito, y qué rica te sabe. Todos una trailera de gordos y apestosos

No es un libro para aquellos que creen que el feminismo ha llegado demasiado lejos, o los que reivindican "el día del hombre", o los que reptan por los fangos de la manosfera: sí, el sexo XY heterosexual no sale bien parado. Y su desinterés y crueldad no solo se extiende a las mujeres y los niños, sino también a la comunidad LGTB+. 



Y no es de extrañar que las mujeres no puedan más: que da igual la edad o la aspiración o los sueños, todas acaban asqueadas vendiendo su cuerpo o su mente, que tras seis horas no sabían qué era más cansado, si pajear al pelmazo de turno o pretender que te interesaba su conversación, borrachas de cumbia y cania, que ya no querían reinventarse si total, para qué, hasta debe haber un límite numérico para esas cosas. A todas estas, tan pobres que no eran dueñas ni siquiera de las toallas con las que se limpiaban los humores de los machos con los que cogían, decidió ayudar La Bruja.  Tambores lejanos de una sororidad remota: pongo mi oído en el suelo para escuchar. 

Uno de los personajes que más me han tocado de ese enloquecido manojo de personajes dignos de la compasión del bienpensante es una niña de 12 años, Norma. El término "grooming" no tiene traducción exacta en castellano, pero es el proceso mediante el cual un adulto crea una conexión emocional, dando confianza a un niño o adolescente para manipularlo, controlarlo y explotarlo, generalmente sexualmente. Es doloroso leer cómo el nuevo marido de su madre comienza este ataque a la niña, que está tan falta de atención que esta mierda hace que se sienta importante, hasta querida. Es una novela, pero esto es de libro de texto: empieza con las cosquillas viendo la tele -la madre, está, sorpresa, trabajando- y luego que si caricias como no le había hecho ni siquiera su madre, ni en los buenos tiempos, cuando estaban solas las dos, y mimos que la dejaban temblorosa, pegajosa por dentro, avergonzada, que terminaban cuando él se aburría de ella y se iba, y luego volvía, y esto es solo todo lo que te quiero, incluso más que al bebé que era su hijo, y luego tú me hiciste hacerlo, me tientas, no puedo resistirme, la vieja historia de nosotras como seductoras y qué pueden hacer ellos si llevamos minifalda, dice el juez, que andáis provocando y mientras la madre no salgas a los bares que solo están esos que quieren meter mano a las chamacas, teniendo la peste en su misma casa. Y lo peor, al final y como siempre, Norma termina sintiendo un asco terrible por sí misma, un odio recalcitrante por estar arruinando la última oportunidad de su madre de tener un hombre a su lado. Y entre tanto asco y tanto placer y tanta vergüenza y  tanto dolor... otra vida arruinada. 



He descrito muchas violencias, pero aún hay más: Melchor ha dicho que tuvo que escribir una ficción porque hacer periodismo tradicional, describiendo la realidad de la zona de Veracruz era demasiado arriesgado por el crimen organizado del narco. Uno de los epígrafes de la novela es una frase de "Las muertas" de Jorge Ibargüengoitia -curiosamente el siguiente libro que leí y del que divagaré: "Algunos de los acontecimientos que aquí se narran son reales. Todos los personajes son imaginarios"Cuando viajas a México, hay zonas seguras, pero hay otras que el gobierno de tu país describe como "solo ir por causas de fuerza mayor" y Veracruz -donde nosotros estuvimos en 2004- es una de esas zonas, algunas inaccesibles por la hegemonía de los narcos. Esto es una sombra que permea todas las demás violencias: la de género, la violencia de la exclusión y la marginación social, de la pobreza, del abuso de poder, violencia sistémica en un pueblo que no ha podido acceder a la cultura y que se refugia en la superstición y la religión para tirar para adelante.


Normalmente dejo claro en los divagues cuáles son las citas de los autores usando cursivas y metiendo las frases entre comillas. Así empecé este divague hasta que, en un punto, me planteé cómo quedaría esto si usara el estilo indirecto libre, el que usó Melchor. Así que aquí dejo este experimento en el que se mezclan su magnífica voz con la mía - una en mexicano, otra en castellano; una, gran escritora, otra bloguera tirando a panfletista del tres al cuarto. Ojalá escribir con su estilo salvaje, atroz, cruel, brutal, feroz, bestial. 

28 agosto 2026

No alcanzo a comprender, con las fotos de esta caminata, la necesidad de casco - pero tranquis, hay cinco mil más que veremos a su debido tiempo [Interrail Mini 13]

  Viernes, 28 de agosto de 2026: Lago Bled






Nota breve: Se pausa momentáneamente esta serie, a no ser que sea capaz de publicar desde el teléfono desde Donosti, ese lugar al que no se va por la calidad del wifi. 

26 agosto 2026

Centro Histórico: el Zócalo, la Torre, sobredosis de Art Déco, los mariachis y el pobre violinista [Méx5]

16.07.26: El Centro Histórico: 

Como su nombre indica, hoy vamos al centro. Histórico. Salimos a las 11:00 porque según el itacalog del Peda, yo "duermo mal". No recuerdo exactamente esta noche, pero sí que en varias me despierto a las 2:00 am y, como puedo, me tomo media melatonina y rezo cuatro-angelitos-tiene-mi-cama, parece que hoy con poco éxito. En fin, que tomamos el metro al Zócalo, esa plaza monumental donde está la catedral y que nos impactó tanto por sus dimensiones la otra vez. 


Sin embargo, ay, esta vez el Zócalo está parcialmente cerrado porque tienen que montar las pantallas del Mundial, con lo cual no tenemos esa visión impresionante de antaño con ese banderón que, qué necesidad. Atención a los cactus de esta foto:


Alrededor de la Catedral hay vendedores ambulantes y gente que persigue a los turistas con una carta para que subas a comer a su terraza con vistas, sea la hora que sea. También hay hechiceros con plumas y todo, haciendo unos rituales a base de echarles humo a sus clientes amenizado con una danza. Algo me dice que igual tirar fotos interfiera con el sortilegio, así que me comedo. Esta de abajo sin el paciente/cliente es lo mejor que os pude conseguir. 


Cuando entramos a la catedral hay misa en la parte anterior, luego tampoco se pueden hacer fotos durante esta otra hechicería - la que incluyo abajo es de la parte posterior. En un lateral hay una tienda llena de todo tipo de parafernalia religiosa, que ríete del hechicero de fuera o de Banksy y su documental "Exit through the gift shop" ["salga por la tienda de regalos"]. Ya se sabe que no me gusta comprar en general y ya no traigo nada de los viajes más que a Roc y cuatro magnetos a mis jardineras que me riegan las plantas, pero esto de vender en los museos y ahora en las iglesias se ha ido de la mano. 


En el Zócalo está también el Palacio Nacional, donde hay murales de Diego Rivera, pero que ahora no se puede visitar porque Claudia Sheinbaum, la presidenta de la República, "ha puesto su residencia allí" [un taxista dixit, no parecía fan]. También está en esta plaza el Monte de Piedad, que fue parte del palacio donde Moctezuma tuvo como huéspedes a Hernán Cortés & Co. Ese al que Ayuso, esa marciana, reivindicó aquí mismo y a la que Sheinbaum contestó tan bien. Moctezuma creía que Cortés era una deidad pálida con barba, y esta actitud le ha ganado no ser honrado [al igual que la traductora, la Malinche] en el país, en contraposición a Cuauhtémoc, su sucesor, que opuso resistencia. En fin, el Monte de Piedad, que en su día era el mercado de empeños más enloquecido, hoy está también cerrado, en ruinas. 

Hacia el norte del Zócalo hay algunas plazas coloniales encantadoras, con sus iglesias: la de Santo Domingo y la de Loreto, pero no recuerdo cuál es cuál, ni siquiera si estas fotos son del norte, porque luego hacia el este, la Calle Moneda y al sur quién sabe. Solo puedo decir que la cantidad de museos es ingente:  he buscado y dicen que es, junto con Londinium, la ciudad del mundo que más museos tiene. Pero seguramente no es verdad, también he encontrado otros datos, como que la primera es Moscú. En México no pagas en muchos si eres mexicano; en Londinium hay un montón gratis -no es que quiera hacer efecto llamada, pero es así. 

 
Como en el diario de 2004 yo repetía mucho que íbamos a desayunar a "La Vasconia" o a "El Popular", decidimos ir a buscar estos centros de culto del pasado. Están cerca del Hotel Juárez, donde nos alojábamos, y la primera en la frente: el Juárez, en Cinco de Mayo, es una obra. "Que están haciendo un hotel", me dicen. No entiendo, porque en cierta página de reservar hoteles sale -eso sí, renovado-, así que, quien sabe. Lo que todavía está allí es "El Popular" y "La Vasconia" (calle Tacuba), donde vamos a comer un snack. 






Como dice en la bolsa, "La Vasconia" es, "sin pretensión, la mejor bizcochería de la capital". Aseguran que fue la primera panadería de México, fundada claro por un vasco llamado Marcelino Zurragamurdi en 1870. Me gustaría saber más de su historia, pero no la encuentro.  Yo pido unos tacos al pastor y mis compas no recuerdo, pero sí que Mini bebe una "malteada" de chocolate (un batido) que hace historia y que nos hará volver varias veces.

A la salida, tiramos hacia el oeste del Zócalo donde están las calles "más elegantes de la ciudad", según la guía: han transformado antiguas mansiones o palacios en bancos, cafés y tiendas. Aparte de Tacuba, hacia el sur está Cinco de Mayo, Francisco Madero, 16 de Septiembre. Madero es peatonal, con mucho comercio, y al final está la Torre Latinoamericana, donde habíamos subido ya en 2004, pero hemos de repetir con Mini.  


Te ponen una pulsera que dura todo el día y hay ascensorista. No es solo que las vistas son impresionantes -al fondo, los volcanes Popocatépetl e Ixtaccíhuatl no se ven bien por la polución-, es que la exposición dentro es muy chula, aunque de fondo suena "La cucaracha" y se nos acaba pegando - disculpas si a alguien se la he pegado yo ahora. En la exposición cuentan la historia de esta ciudad, que se está hundiendo [es palpable en algunas bocas de metro], porque en realidad fue fundada por los Mexicas [así se autollamaban los Aztecas] sobre un lago que estaba surcado por calzadas elevadas. Así que si juntamos esto, con los volcanes y con que es zona sísmica [divagantes de cierta edad recordarán el terrible sismo de 1985], la CDMX no es lugar para pusilánimes ni hipocondríacos. 


 Esta foto hacia otro lado no es en sepia, es que hay unos filtros -reales, nothe IG- en ciertas ventanas y te salen las fotos de colores. El edificio blanco en la parte inferior izquierda es el Palacio de Bellas Artes y la calle que pasa a su lado, cómo no, Insurgentes, la más larga de CDMX: de norte a sur son 28.8 kms de nada [aprendo que la más del mundo está en Toronto con 56 kms, nunca lo hbuera diccho]. 


Y claro, al salir hay que pasar por el Palacio de Bellas Artes, un edificio combiación de Art Nouveau y Déco preciosísimo. De entrada, atención a las grafías de cualquier cosa... hasta los baños! 


Justo cuando entramos, hay una visita guiada sobre la arquitectura del edificio: costó 32 años construirlo y está sobre el antiguo Teatro Nacional, que fue demolido. El exterior es Art Nouveau, que se diferencia del Art Déco del interior en la época: el Nouveau fue popular de 1890 a 1914, y el Déco de 1920 a 1930 y en que el Nouveau se inspira en la naturaleza, con líneas curvas y serpenteantes, asimetría y los motivos de plantas y demás mientras que el Art Déco se inspira en la tecnología, la maquinaria y culturas antiguas como la egipcia o la mesoamericana y en él predominan las líneas rectas, la simetría, los zigzags y las formas geométricas puras.
Cuando terminamos la visita, vamos por las salas disfrutando del contenido, pero sobre todo del continente, hasta que llegamos a los murales. En la primera planta, al fondo, tenemos el famoso "El hombre controlador del universo" (1934) de Diego Rivera.

 
Ya se sabe la historia de este mural: fue pintado originariamente para el Rockefeller Center de Nueva York, pero cuando el susodicho ricachón se dio cuenta de que salía el Tío Karl dijo que nanai, que no estaba precisamente él para comunismos -pese a que bien conocía las veleidades de Rivera cuando le contrató. Esa es la copia de Rivera para sí mismo que hizo en 1934. Pero vamos, no solo está Marx, también Lenin, Trotsky y otros malvados commies. 


Nos lo explican con detalle, aunque os remito a la wiki o a HA!, la página de Rivera, aunque no le dedican sección en concreto a este mural. Vale, no me enrollo, pero tengo que poner el trocito donde está Darwin:


Además de Rivera, tenemos de los otros dos del Triunvirato de muralistas mexicanos: Siqueiro y Orozco, todos geniales. 

A la izquierda del Palacio de Bellas Artes está la Alameda, un parque no muy grande que parece que estaba ahí ya desde que era un mercado azteca [mexica]  y luego un centro para quemar herejes de la Inquisición [qué guay ser ejpaniola]. Hoy es un rectángulo con cuatro árboles, y en la calle de enfrente venden slushys, que Mini por supuesto, degusta y en otra hay gente con un altavoz bailando algún ritmo latino. Aquí en Londinium, en Battersea Park, al lado de la Pagoda también los he visto. Por supuesto, un feligrés nos quiere sacar a bailar a las chicas, pero vamos, hija victoriana no se va a meter en eso y yo, claro, no los voy a dejar esperando.


Porque nuestro siguiente destino es la Plaza Garibaldi, donde están los mariachis, armados con sus guitarras que tanto ponían a la fundadora de este divlog, Diva. Yo, eso de que me canten, lo tengo grabado a fuego de una vez en Brasil, que un familiar [cura] nos llevó a un espectáculo y el de la guitarra, tras haber tenido antes como víctimas a todo el Cono Sur con su canción tradicional, Gardel o lo que sea, vino a cantarnos "Que viva España". El tío cura lo disfrutó muchísimo, yo como digo aún tengo estrés postraumático, y el Peda, ni entro. Así que entramos a Garibaldi de puntillas, disimulamos mucho al cruzar la plaza, y tristemente no recordamos el antro aquel de la sobredosis de frijoles de 2004. 





Prueba conseguida: no hemos sido serenateados y volvemos por la calle Allende, donde tiro algunas fotos aleatorias a las tiendas "auténticas" [qué pesados somos los que aún nos emocionamos con esas cosas], la Cámara de Diputados con la bandera gay, y la de La Palestina es un poco trampa porque no está ahí. 







Lo que no se nos va a escapar es volver a cenar en la Casa de los Azulejos, que nos gustó tanto hace todos estos años. Era un palacio barroco del SXVIII, como casi todo aquí, que como su nombre indica tiene azulejos de Talavera, cerca de Puebla, por sus paredes exteriores.



Se cena en el patio central, aunque también tiene muchas salas arriba. El pobre violinista pesadísimo y que hayan instalado plasmas para ver yoquesé no logra empañar su belleza, pero a fe mía que lo intenta muy duro. Ah, y las meseras van también vestidas tradicionales: o sea, imaginemos un palacio de esos del casco viejo de Vetusta -también los hay, y preciosos- con baturras trayendo el cordero, teles de plasma y el violinista intentando tocar "Gigantes y cabezudos".



Pero hay hambre y no estamos críticos; además, fíjense, hasta en la puerta de los baños hay el mural "Omnisciencia" (1925) de Orozco. Un despipote. 


Yo no cuento mis pasos; soy un ave libre, pero mis compas cuchichean -ya debemos llegar a los míticos 30k- pero nada nos arredra: como aún podemos subir de nuevo a la Torre Latinoamericana con la pulsera multidiversión, nos metemos de cabeza al ascensor, con la resignada misma ascensorista. Como en  todas nuestras experiencias de subir a estos sitios de noche, nos encanta. Allí hablamos un rato con unos mexicanos de fútbol, que apoyan a España, oe oe oe. 






Derrotado y humillado, el ejército Pedalista se arrastra al metro de Bellas Artes para llegar a Copilco. No hay tregua: esta estación de metro es también una ocasión para el turisteo y las obsesas de las grafías y del Art Déco.




Exceso de ciudad. 


Pub: 26.08.26

Hoy, complicadas conexiones ferroviarias [Interrail Mini 11]

  Miércoles, 26 de agosto de 2026: Budapest-Viena-Lago Bled