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16 junio 2024

Hoy es Bloomsday en Dublín y el 15 de agosto es "El día del Watusi" en Barcelona [Buscando "Ws" de la mano de Francisco Casavella]

Hacía tiempo que no hablaba de libros: aquí están (casi) todas las razones, se
ñoría.

Buenísimas intenciones

Este divague, de una novela de 881 páginas, va a ser corto. Tiene que serlo porque no puedo hacer el desmenuzado de siempre, que suele acabar en 3000 palabras para novelas de 300 páginas. A ver, poder se puede, hasta podría salir una serie, ya que el libro es una trilogía, pero me espera un mes calentito en la vida 2.0, así que no. Hasta aquí mis buenas intenciones. 


Los múltiples caminos que te llevan a un libro

A "El día del Watusi" (el Watusi a partir de ahora) llegué yo sola en "La Central" de la calle Mallorca en Barcelona, ese pequeño paraíso urbano, hace unos años, cuando los Jekes aún vivían por allí. Me llamó la atención por su portada -una especie de groupie de los Beatles en plena acción- y sobre todo por su tamaño. Pasó el tiempo, y un "clásico moderno de culto", dijeron un día en la radio:  el empujón necesario para regalárselo al Peda en Navidad. Luego le veía reírse al otro lado de la cama, menos mal, y yo: "qué?" y él "este tío está loco". Y yo: "pero un ejemplo" y él: "no, no, has de leerlo". 

“De inmediato, o entrabas, o te quedabas fuera”

Casi dos meses me ha costado y sí, también me he reído en la cama: sin duda, lo que me atrapó desde el principio es su sentido del humor. Pero, a ver, no se lleven a engaño, no es una novela de humor... es una manera de ver la vida que, ocasionalmente se trasluce como algo que a mí me hace gracia, tal vez a otr@s no. Descripciones, observaciones: "en un estado (de colocón, aclaro) no registrado por la ciencia médica", "cincuentones asexuados de anacrónica indumentaria y dudosa higiene", "follar a las 3 am sin ser atleta", "el onanismo ese ridículo monólogo", “más que aplausos, parecen llamadas flamencas a los camareros”.  Una noche me poseyó un ataque de risa de esos que empieza como si nada y termina con lágrimas, y con ese cosquilleo tan chulo que se pone detrás del esternón. Supongo que había sido un mal día, o un día surrealista, o un día perfecto, no tengo ni idea, pero algo debía de ser, porque ahora he releído la página de autos y, aunque graciosa -describe el talante de dos altos cargos de un banco-, no ha sido para tanto. Tal vez no era para tanto: momentos vitales, yo-qué-sé. 


NáN

Otra cosa chula que me ha pasado es que la novela me ha recordado mucho NáN. Por contexto, NáN era un antiguo divagante, con el que aprendimos tod@s los de este rincón de la blogosfera un montón de literatura y de la vida. Fue el inventor de los conceptos literarios de los "ochomiles" o las "fulguraciones", la clase de persona que le decías "he visto un libraco en una peli con una tapa con nubes de un autor que se suicidó" y te decía "Infinite Jest". Bueno, pues ha estado presente porque Mo me dijo que a ella se lo había recomendado NáN, y mientras leía podía ver por qué y al terminarlo busqué sus comentarios en el blog de Mo. No es la primera vez, ni será la última que leo los comentarios que NáN fue dejando en los blogs -en particular en este, claro, y es siempre una gozada leerle. Nota: se quejaba de mis hiperenlaces - por las razones adecuadas.


“La gran novela de la transición”

El argumento del Watusi se resume en una frase: la vida de un tipo de Barcelona, Fernando Atienza, desde la infancia hasta la mediana edad con el trasfondo de la (santa) transición. Esto último es lo más importante ["la gran novela de la transición", dicen] y se puede considerar una metáfora de lo que pasó en este país, de dónde venimos, quién sabe si a dónde vamos. Yo la transición siempre me la he imaginado así: gente con ropa terrible, crestas punkies, seat 131 supermirafiori, heroína, noches de alcohol, Almodóvar, un apartamento en Torrevieja, Alicante, Alaska, Sabina... una generación por encima de la mía que cerraban los bares en un país, como dicen por ahí "adolescente", que despertaba después del criminal parón literal y cultural que sufrió la piel de toro durante tantas décadas. Casavella te va a contar eso, y mucho más.


Hablando de género, cuando leí "Vanity Fair" [null es el nuevo hiperenlace, cuando blogger se pone tonto-debe ser una maldición de Nán] me encantó el que algún crítico listo había calificado a Becky Sharp como un ejemplo de la picaresca - nunca se me hubiera ocurrido, en una novela con vestidos de época. Con el watusi era mucho más predecible: Atienza es claramente otro de los muchos pícaros de la literatura española que narra en primera persona su azarosa vida, cuyos avatares son lo de menos, y el escenario lo de más. 



Empieza la trilogía: “Los juegos feroces”

El primer libro tiene un gran título, "Los juegos feroces" y a mí es el que más me ha gustado. Me ha trasladado a Juan Marsé (sí, soy muy original), con esa descripción de la Barcelona del pijoaparte, el chabolismo de Montjuic, con el parque de atracciones de fondo, donde “las sirenas de la noria  y de los autos de choque marcarían el paso del tiempo, extraño relevo de las campanadas de una iglesia”, de las infancias de esa época sin supervisión -entre otras cosas porque su madre viuda está fregando oficinas, de las madres aspiracionales que continuamente dicen "estudia!", la única vía de movilidad social que ella y la mayor parte de la gente trabajadora concebía para el progreso. Tan equivocados, pobres, porque hay otras más efectivas, como la que le ocurre a Fernando de carambola: estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, y hacer contactos. Pero “en las chabolas nunca se habló de política”. 

El 15 de agosto del año que nací yo, 1971, dos críos de 13, Atienza y su amigo, Pepito el Yeyé - un personaje entrañable, un gitano fantasioso y con bota ortopédica-, están pescando en una zona que antes era un vertedero, pero donde hoy se erige el famoso hotel "W" (vueltas da la vida, o tal vez metáfora del whitewashing de la ciudad). De repente, un cadáver flotando boca abajo que no es un cadáver cualquiera: lleva una cazadora con la W cosida, tiene que ser el Watusi. Quién y por qué lo mataron lo vamos a averiguar durante la trilogía, porque lo que ambos niños descubren en ese día tal vez no sea la realidad de ese ser mitológico que se dibuja en la mente de Atienza con la ayuda de Pepito, que seguro exagera, fantasea, mitifica. 


-¿Sabes quién es el Watusi?
-No -yo pensaba en mis cosas: un yate, circular con mi deportivo bajo la luna llena, mujeres sofisticadas…
-Pues yo lo conozco, chaval. Un montón.

La primera novela transcurre solo en ese día, que será el hilo conductor, el leitmotiv de Atienza a lo largo de su vida, el que le ha marcado, de esos tras los cuales la gente comienza las pelis con una voz en off que dice "ya nada fue igual desde aquel verano". Es un bildungsroman”, [null, otra vez el amigo blogger] una novela de formación, que te lleva a plantearte cuál fue tu día del Watusi, si pudieras delimitar cuándo cambió todo, perdiste la inocencia y diste ese paso de la infancia a la adolescencia, y ya todo fue una cuesta abajo y sin frenos. 

A partir de ese día, Atienza empieza a encontrar pintadas de la W por toda Barcelona, que él relaciona con el Watusi, un mito en el barrio de las chabolas, un tipo que hoy llamaríamos "cool" que "tenía ritmo, caminaba como si bailara, era radiante", pero sumamente elusivo: un Banksy setentero y charnego, una especie de mago que viaja en la noche con su estarcido y bote de spray negro. 



“Viento y joyas”

La carambola del progreso ocurre en el segundo libro (el  título, convendrán conmigo que es  mucho menor), cuando Fernando empieza de botones en un banco, con “untuosos empleados” y “padres de familia cargados de problemas venerables” pero cae en gracia a uno de los jefecillos y ahí se mete en un mundo surrealista para ti y para mí, pero que así debe ser la política, la formación de partidos -el "Partido Liberal Ciudadano"-, los tejemanejes para llegar al poder, las puñaladas por la espalda, las farras, los clubs que son “capas de anatomía en distintos estados de auge y decadencia”, la cocaína, esas cosas del día a día. Los que fueron franquistas y presidentes de banco, luego se suben al caballo de la democracia -otro blanqueo, como el del puerto- montan un partido, y siguen de dueños del banco. “No hay fortuna que pueda presentarse limpia a una auditoría moral”. 



Y el tercero

En el tercero (ya ni me acuerdo del título, lo miro: "El idioma imposible"), Atienza vive más o menos de incógnito -asustado por las represalias de los de "Viento y joyas"-,  se relaciona con la burguesía catalana, pasando su vida laboral de traficante de medio pelo a escritor de guiones para el manga japonés y aquí y allá, siempre con la banda sonora de los martillos demoledores de fondo: es la Barcelona pre-olímpica, donde se está dando el blanqueo del “Barrio Chino al Raval” - y esa limpieza que es siempre de personas. 


Lo que menos me ha gustado del libro es su tratamiento de las mujeres: desde su publicación en 2002-3 ha llovido y afortunadamente ya a muchos nos chirrían misoginias que se aceptaban entonces. Mi mayor pero es que hasta esta tercera novela, en el elenco de personajes, la única mujer que no es prostituta es su madre. Desde la francesa que le hace una felación de niño en la famosa noche del Watusi hasta la "de lujo" del dueño del banco en el segundo, es terrible. Tal vez los estudiosos encuentren metáforas o simbolismos, me da igual (la de lujo, como los franquistas, se blanquea al final en empresaria de nosequé). Pero en la tercera parte, aunque siguen las prostitutas, el resto tampoco sale muy bien parada: su enamorada, Elsa, es una chica enganchada a la heroína, una especie de Maga cortazariana yonqui, de la que supongo que los tipos que no se han dado cuenta del tema género que anoto en los dos primeros se habrán enamorado también. Por último, hay una pija galerista de la burguesía catalana que ofrece una mirilla para ver de qué va este grupo que políticamente están al sol que más calienta, fachas o indepes, la pela es la pela. Esa novia que en conversaciones grupales “le pasaba pelotas fáciles para que se luciera” y que le presenta a un yanqui que viene a invertir en arte y Casavella dice una de esas frases suyas por las que merece la pena seguir con el tocho: “venía a explotar el complejo de inferioridad de los nativos y su auténtica inferioridad”.


Casavella, calavera

Una se pregunta todo el rato cuánto de autobiográfico tiene la novela. Porque el autor, Francisco Casavella también empezó de botones en "La Entitat", y también era un crápula de la noche como Atienza; alguien "que no confundía la literatura con la vida literaria", según dijo de él Marsé. El pobre murió en 2008 de un infarto a los 45 -alguno dirá que se ha convertido en autor de culto por este giro de guión, pero no estoy de acuerdo. En el epílogo de mi edición escribe Miqui Otero sobre la placa de Petri de la societat civil catalana que apareció en su funeral. He intentado averiguar más de su vida, porque siempre me fascinan las trayectorias personales de los escritores, pero he encontrado muy poco. 


Intentando transmitir su voz

No me está gustando este divague, porque no creo que esté logrando transmitir bien la novela. Siempre critico a los críticos que resumen las obras y, vive Dios, que esto no es un resumen, pero se siente como uno. Por tanto voy a incluir algunos de mis subrayados, por si alguien ha llegado hasta aquí -sin autolesionarse o recurrir a estimulantes- y sigue sin saber de lo que hablo. La primera es un párrafo sobre el temor. Las siguientes son frases sueltas, fuera de contexto, pero que darán más idea de lo que es Casavella que todo este texto mío…


"Y me asusto. Me asusto. Andrónico de Rodas clasificó trece tipos de temor. A mí, sin pensarlo mucho, me salen más: temor a la libertad, temor a estar siendo otro, temor a estar siendo demasiado uno mismo (y estar vacío), temor a la locura de los demás, temor a la propia locura, temor a la carne, temor a la paranoia, temor al temor, temor a la falta de temor (el mal presagio), temor al temor de los demás, temor al dolor ajeno que pudiera volverse propio, temor de que la vida no se parezca a nada (porque es todo, y lo idéntico que es todo a ese todo), miedo a ser, miedo a dejar de ser, temor al pasado agotado y, aún mayor, temor al pasado inagotable, a los secretos de familia, a los propios secretos, a lo que puede dar de sí un día. Son dieciséis."


“ese tedio sublime que llamamos felicidad”


“la torpe imitación de normalidad”


“una luz venenosa a la que nombran el día”


Congo, “lo pintoresco y musical de esa palabra”


“la mecánica del cuerpo dominó donde el fracaso del deseo era evidente”


“modos de vivir que basan su aceleración en no pedir ni dar explicaciones”


“cuando me dormí, ya hacía rato que fingía dormir”


“desde la tolerancia de una úlcera incipiente”


“soportar tanto presente” 


“tanta juventud me está matando (se cierra el mercadillo filosófico)”


“las arañas de cristal de la lámpara ocultan verdaderos arácnidos”


“contagiado del espíritu “emociones a flor de piel””


“furor por la simetría pero también por el caos”


Celebremos el día del watusi

Como digo, no es un libro para todo el mundo, y lo explican mejor que yo el del prólogo y el del epílogo.  Zanón escribe a propósito de ese "conectar" que yo hice vía el humor: "De inmediato, o entrabas, o te quedabas fuera. Y si optabas por lo primero lo hacías porque habías conectado con su dial -verborreico, inteligente, callejero, divertido, melancólico, personal e intransferible- y ya, allí mismo, todo urgencia, le hacías capo, honda de David, ídolo de cócteles y futbolines, para siempre, nen" . Y Otero, en el epílogo, nos recuerda que Elsa, cuando sube a la azotea con los vecinos del edificio a ver los fuegos artificiales de la Noche de San Juan "mira cómo esos espumillones luminosos cambian a las personas que los miran" (así como Amélie se daba la vuelta en el cine para ver la cara de la gente): como Casevella, ella mira lo que los demás no miran. Qué más se le puede pedir a la lectura?


El 15 de agosto se celebra, aparte de las fiestas patronales de la mitad de los pueblos de Ejpaña, el día del Watusi. Como Bloomsday en Dublín [más carambolas: hoy es Bloomsday, divagantes!] es ya una fiesta de guardar literaria en la condal: no sé exactamente qué se hace, pero seguro que no se comen riñones como en Irlanda - tal vez pan'tumaka. Claro, algún año me gustaría ser una de las peregrinas del watusi, con hombreras y pendientes de aros, pero de momento me conformaré, el finde que viene, con ir buscando "W"s grafiteadas por las paredes o los contenedores. Larga vida al watusi, que camina como si bailase.

Mientras tanto, también ha pasado
el Watusi cerca de casa...


08 junio 2024

75 años de la publicación de "1984": No les dejemos que pasen

 El 8 de junio de 1949 -o sea hoy hace 75 años- se publicaba por primera vez una de las grandes novelas del Siglo XX: "1984". Me enteré porque hay un artista en Escocia que, para conmemorarlo, ha pedido que la gente le envíe su ejemplar y se ha juntado con 1200 copias en 20 idiomas y va a hacer una "instalación" en la isla de Jura (en las Hébridas Interiores). Aunque no llegaré para esta exposición que se titula "The Winston Smith Library Of Victory and Truth" ("La biblioteca de la victoria y la verdad de Winston Smith"), desde ya, quiero visitar Jura: podéis hacer una búsqueda de imágenes y me entenderéis.



Orwell vivió en esa isla, en concreto en Barnhill, en un cottage sin electricidad ni agua, de 1946 a 1948 y allí escribió "1984" [la casa sigue siendo de la misma familia que se la alquiló a Orwell, y parece que aún la puedes alquilar]. Envió el manuscrito a su editor, Secker and Warburg, el 4 de diciembre del 1948 y en seis meses se lo publicaron. En 1949 se fue de allí enfermo de tuberculosis y murió en el "Cruciform building" de University College Hospital en Londinium en  1950, con 46 años

El cottage donde Orwell escribió "1984"

Por qué se le llamará "cruciform"?
(otro precioso ejemplo de arquitectura gótica en la city)


Orwell se inspiró en sus experiencias en la Guerra Civil espaniola [ya se sabe que luchó con el POUM trotskista en lugar de las Brigadas Internacionales Marxistas- hay que revisitar, "Tierra & Libertad" de Ken Loach], o en el Blitz de Londinium, y a su vez inspiró a otros clásicos como "El cuento de la criada" de Atwood, o "V de Vendetta de Alan Moore. Y su influencia ha sido enorme en nuestra cultura, hay muchos conceptos que están en la conversación del día-a-día: "el Gran Hermano" (que te está observando) ya era algo antes del reality, la "policía del pensamiento", el "doublethink" o el "newspeak". Leo por ahí que cuando ganó Trump las elecciones, las ventas de la novela aumentaron un 9500%.  

Orwell describió esa sociedad distópica de un estado totalitario que en su día a todas nos alucinó y que hoy seguro que se lee de distinta forma que en el pasado, cuando nos parecía solo prácticamente ciencia ficción (el mismo Orwell dijo que la novela era un "aviso", no una "profecía"). El hecho de que existan las "fake news" (la mentira como arma) o que mañana, en las elecciones europeas, vaya a subir tanto como suponen la extrema derecha, me indica que mucha gente no ha leído este libro.

Yo leí "1984" después de "Animal Farm" pero todavía en Vetusta (serían los finales 80, primeros 90) y ya en la isla -pero aún pre-divlog- "Homenaje a Cataluña" (enlace aquí: n). Por tanto, no puedo acceder a mis subrayados para poner alguna cita y celebrar a mi manera este aniversario. Así que he recurrido a internet, y la búsqueda me ha llevado a unas cuantas reflexiones, a cual de más rabiosa actualidad. 

"Los que controlan el pasado, controlan el futuro. Los que controlan el presente, controlan el pasado" (“Who controls the past controls the future. Who controls the present controls the past”).
"Le sorprendía que lo más característico de la vida moderna no fuera su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido. La vida no se parecía, no sólo a las mentiras lanzadas por las telepantallas, sino ni siquiera a los ideales que el Partido trataba de lograr".
"Era un hábito adquirido por instinto ocultar los sentimientos, y además cuando ocurrió aquello se hallaban exactamente delante de una telepantalla".
“La ignorancia es fuerza" (Ignorance is strength)
"La guerra contra un país extranjero solo sirve para mantener el poder dentro del propio país (...) La guerra no es para ganarla, es para que sea continuada (...) Casi con toda seguridad, las bombas cohete que caían diariamente sobre Londres eran lanzadas por el mismo Gobierno de Oceanía sólo para que la gente estuviera siempre asustada".
"Si quieres una imagen del futuro, imagina una bota aplastando un rostro humano, para siempre" (“If you want a picture of the future, imagine a boot stamping on a human face—for ever”).

 Orwell vivió en muchas casas de la ciudad, así que hay múltiples "placas azules" distribuídas por ahí -yo siempre acabo haciendo fotos a la que hay justo a la subida de Hampstead Heath-, pero hoy termino el divague con un par de edificios de Londinium que le inspiraron para dos iconos de la novela: el "Ministerio de la Verdad" (lo que es hoy "Senate House", parte de la universidad) y la terrorífica "Habitación 101" (en 55 Portland Place). 

"El Ministerio de la Verdad"
(Senate House)


La puerta parece del todo inofensivamente burguesa, es bonita y amigable, y esa idea me recuerda a la frase del poeta Michael Rosen que ya colgamos aquí: cuidado, porque "el fascismo llega como tu amigo (...) restaurará tu honor, te hará sentir orgulloso, protegerá tu casa, te dará un trabajo, limpiará el vecindario, te recordará lo magníficos que un día fuimos, terminará con lo sobornable y corrupto, quitará todo lo que parece que no es como tú."


No les dejemos que pasen. 
La Habitación 101 te observa
(55 Portland Place)



01 junio 2024

Así vio Turner Londinium desde el parque de Greenwich, y así lo vi yo (subidones que ríete de las sustancias)

Joseph Mallord William Turner (1775 – 1851) es el Sorolla británico (le llaman "el pintor de la luz"). Me gusta muchísimo y tal vez por esto no es la primera vez que pasa por el divlog. Las anteriores fueron hace -madre mía, cuánto tiempo hace de todo- casi diez años: una a propósito de mi favorito, la tormenta de nieve ["Snowstorm"] donde conté la leyenda -tal vez apócrifa- de este cuadro, aunque sale en "Mr Turner" la peli de Mike Leigh - la rodaron no en el mar, sino en el Astillero de Chatam, en el río Medway. La segunda, es otro muy famoso y también sensacional, "The figthing temeraire" 

Pero divago, yo venía aquí a colgar otro Turner que me encontré no en la Tate Britain, sino que él me encontró a mí en el ciclismo dominical hace unos días (en realidad, lunesino, porque fue el pasado lunes festivo). Como el sábado había estado en el meandro del río en el norte, el lunes me fui a ver Canary Wharf desde el lado sur. Ya he dicho mil veces que una de las cosas que me encantan de Londinium es que es mil ciudades, y ese seguir el río hacia el este -lado sur- es otro planeta, no tanto del norte, sino de mi habitual hacia el oeste (donde querría tener un pied-a-térre e irme a pasar los findes leyendo en una terraza mirando el lento discurrir del agua, las esporádicas traineras...). 

Una imagen a veces vale más que mil palabras:
para que se vea lo del meandro de la "Isle of Dogs"


El lunes me perdí por un pasado industrial, por un paseo entre edificios de ladrillo rojo, de repente metiéndome por una "reserva ecológica" desierta enmedio de la ciudad (y, por los dioses que se sentía así, y más a las 7 de la mañana!), por unos embarcaderos llamados "Surrey Quays" donde una se preguntaba si estaba en Mónaco, siempre con las moles de la City ahí al fondo, vigilando (con los jueguecitos del río con sus curvas es todo siempre muy confuso: no sabes lo que está al norte, o en tu lado; quién lo iba a decir, el O2 está al sur!). Al final se llega al barrio de Greenwich -donde el meridiano- que es una zona muy chic, y siempre petada de turistas que van a  ver el Cutty Sark y otras glorias navales de los british (a estas horas, justo empezaban a  montar el mercado). Hay un túnel antiguo bajo el río por el que se puede caminar a Canary Wharf (el marido de una amiga dice que en los días de labor hay cola). Al fondo,  hay un parque maravilloso porque además está sobre una colina, y cuando llegas arriba ves toda la ciudad. Los parques que más me gustan son estos, los que puedes subir y sentirte poderosa - ya he hablado mil veces de mi otro favorito, Hampstead Heath en el norte. 

Pedalear la colina del parque hasta la cima no es precisamente fácil -no ayuda que hacia la mitad empiezas a ver críos bostezantes que se encaminan con sus cole hacia la visita al observatorio, o al planetario (ambos muy recomendables sin críos). Por fin, cuando llegas arriba, quieres encontrar el punto donde están las majores vistas y, siendo yo, me pierdo varias veces. Por fín llego a One Tree Hill (que no es la ladera en la que he estado otras veces, pero qué le vamos a hacer) y allí descubro (allí me encuentra) Turner. 

El cuadro de abajo lo pintó en 1808 o 1809, y en él se pueden ver, aparte de los ciervos en primer plano, el "Old Royal Naval College" y al fondo, Londinium, con la torre de la catedral de St. Paul en el centro. 

"London from Greenwich Park" (Turner, c. 1808-9)


Cuánto ha cambiado la ciudad en dos siglos? Aquí tenéis mi versión del "Londinium desde el Parque de Greenwich", desde el mismo punto en el que estuvo Turner. No hay ciervos, pero sigue estando el colegio naval y, por supuesto, las nubes (nota: Mini me informa que se avecina "el verano más lluvioso desde 1912": Dios me odia). 

"London from Greenwich Park" (Di, 2024)


Estoy leyendo un libro en el que los personajes se meten anfetaminas para subir y benzos para bajar a las primeras: estados mentales patrocinados por la industria farmaceútica o el quimicefa.  Yo salgo del embrujo que también sufrió Turner con un subidón que no hace sino devenir en épico cuando por fin me tiro con la bici por la ladera que antes costó tanto subir (oh, metáforas de la vida). No quiero benzos para bajar -ya vendrá el verano lluvioso- así que mientras tanto, carpe diem, carpe solis, carpe artem.

26 mayo 2024

"Freedom for Palestine", "Invictus" y esculturas callejeras: Todo cabe en un meandro

Más Henry Moore: "Draped
seated woman" (1950's)
Esta mañana, cuando aún no habían puesto las calles, una chica con chaleco reflectante ha salido siligosamente de su casa. Fashion ya había llegado a Doha y estaba esperando su vuelo enlace. En casa, todos dormían, y al salir se ha confirmado: casi toda la ciudad dormía. 
Había algún coche por la calle principal -esa que es una arteria que sigue exactamente a la línea negra de metro hacia el centro-, pero pocos, con lo que la chica (o sea, yo, dejemos la farsa de la tercera persona) se ha aventurado con su bici por esta vía que normalmente evita. Aún ni rastro de los de los perros, ni los que corren, esa gente.  Un grupo cruza la calle, lentejuelas cansadas, rímel corrido, aún para ellas viernes noche.  

La carrera en bici de hoy ha sido tirando a apoteósica: cruzar el Tower Bridge semidesierto, un solazo maravilloso sobre la City (todos los rascacielos icónicos ahí, sonriéndome), luego una "superautopista" (superhighway, las llaman así) de bici hacia el este, hacia el nuevo distrito financiero, Canary Wharf. Casi nadie. El otro día escuché un programa sobre ir en bici y al "qué te da" -tod@s contestamos "libertad"-, uno decía que es un deporte como ningún otro -cuánta razón- porque te permite estar fuera, ir a sitios y es una sensación chulísima (él decía "con respeto a otros deportes, pero el lanzamiento de jabalina no puede ser lo mismo"). 

En el meandro, a la derecha, Canary Wharf
(flecha indicativa, de nada)

Merece la pena venir a Canary Wharf (otro secreto para divagantes: no hay turistas-en el camino de vuelta me he vuelto a encontrar con las hordas en la Torre de Londinium y en el Big Ben y me han dado mucha cosita). Está es un meandro del Támesis que he recorrido por la orilla de un lado a otro. De repente tenía enfrente el O2 (el Millenium Dome), luego el observatorio de Greenwich, el Cutty Shark, y por fin me he metido por el centro porque quería hacerle fotos a la estatua de Henry Moore que incluyo (en breve, divague con todos los Moores a los que he perseguido con mi bici).

El O2 arena (tenéis a "The killers" en julio)

Al fondo, Greenwich, donde el meridiano

El chiste "Halloween: te dije que vinieras de gotica
pero con tilde" solo se entiende en Vetusta?

Henry Moore, aquí entera



Banderas palestinas por todo el camino: 
 "From the river to the sea, Palestine will be free" 
Iba escuchando podcasts, uno tras otro. A ratos me pongo música, pero su combinación con las endorfinas de la bici me pueden llevar a abrazar a quien me pregunte por una calle. Y, la verdad, no estamos para euforias: todos esos programas me han recordado, como los periódicos, el mundo tan horrible en el que vivimos. Como hay que atravesar una zona muy musulmana para llegar allí (Tower Hamlets), también la sucesión de banderas palestinas me traían a la realidad (parece que hay ciudades en Europa donde no se puede colgar esta bandera, o siquiera llevar una camiseta con sandías, porque te tachan de "antisemita"). He escuchado con horror la que va a caer en la elecciones europeas (solo cien años y no hemos aprendido nada), me he ilusionado con dar la patada a los tories en un mes, me he horrorizado con las declaraciones de Felipe González en un programa infantil facha, he escuchado cinco habilidades que incluir en tu conversación con alguien en desacuerdo para salir del inmovilismo y promover conversaciones constructivas [1) respirar profundamente para facilitar el pensamiento racional, 2) establecer deliberadamente puntos en común, 3) preguntar con interés real sobre la perspectiva de la otra persona, 4) escuchar activamente para aprender en lugar de "ganar y tener razón", y 5) fomentar un mayor diálogo preguntando “Cuéntame más”], he oído a Lisa Feldman-Barrett resumir su libro sobre emociones que ya divagué aquí, me han dado ganas de releer "Middlemarch" (gran programa sobre sus temas y los paralelismos con el mundo actual: el ferrocarril /la revolución digital, el cólera / la pandemia), he aprendido cosas de Alice Munro y de la inflamación. 

Mágicamente, justo cuando pedaleaba entre las torres de Canary Wharf, estaba oyendo una entrevista a Gary Stevenson, un tipo que ha contado en un libro titulado "El juego del dinero. Un intruso en la cima del mundo" su experiencia como trader (corredor de bolsa). Y ha sido mágico porque él creció en la zona pobre por la que he pasado -donde las banderas- y su sueño era terminar de broker precisamente en ese meandro de cristal y acero en el que yo buscaba un Pret. Cuando lo consiguió y se hizo rico, se dio cuenta que lo era a costa de la desigualdad. [Nota: esto ha sido en un Carnecruda genial, podcast que os recomiendo encarecidamente, y además también salía Yago @EconoCabreado, al que conozco personalmente del pasado, pero él no se acordará de mí].

 
 Y con todos estos ingredientes, hoy, o tomo la Bastilla o cuelgo otra poesía -y dado el éxito de crítica y público de la anterior me decanto de momento por lo segundo. El autor de hoy es un inglés llamado William Ernest Henley, y la escribió en 1888 pero la hizo célebre uno de nuestros mitos, una persona que precisamente se caracterizaba por hacer esos cinco puntos del diálogo constructivo muy bien: Nelson Mandela. Como el poema se tituló la peli de 2009 de Clint Eastwood: resulta que Nelson lo tenía escrito en un trozo arrugado de papel y lo recitaba, y le dio fuerza para soportar los 27 anios que pasó en aquella prisión en la isla de Robben. No estoy sugiriendo que todas las personas que sufren puedan sacar sacar fuerza de ahí: ojalá. 

Ojalá el mundo estuviera lleno de gente que aplica los cinco principios de arriba, que busca establecer puntos en común como Madiba, o que lucha contra de la desigualdad, como Stevenson; ojalá días soleados de bici con el viento en la cara para tod@s; ojalá todas las personas pudiéramos ser capitanas de nuestro destino. 


Invictus

Out of the night that covers me,
    Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
    For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
    I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
    My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
    Looms but the horror of the shade,
And yet the menace of the years
    Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
    How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate,
    I am the captain of my soul.

William Ernest Henley (1888)


Invencible
En la noche que me envuelve,
    Negra como el pozo más profundo, en el centro de la tierra
Doy gracias a quien sea de todos esos dioses
    Por mi alma insumisa.

Cuando la vida ha sido feroz conmigo
    no me he dolido, no he sollozado.
Y cuando me ha apaleado el azar,
    mi cabeza habrá sangrado, pero jamás la he inclinado.

Más allá de este lugar de ira y lágrimas
    no acecha otra cosa más que el horror de la muerte.
Y sin embargo la amenaza de los años 
    me encuentra y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecha la entrada
    Ni cuán cargada de castigos la ley:
Soy el ama de mi destino,
    Soy la capitana de mi alma.

William Ernest Henley (1888)

20 mayo 2024

Poemoterapia para la Ansiedad Vicaria

Esta es la maravilla de arco de
Henry Moore en Hyde Park 
de mi matiné ciclista
Mini sigue con los GCSEs y puedo confirmar que la Ansiedad Vicaria existe. Aunque lo de mi despertar a inenarrables horas de la madrugada puede ser cualquier cosa (¿el pico de cortisol, la edad, la maldita primavera?), un problema que me persigue de tanto en tanto. La semana pasada Mini tuvo nueve exámenes (un día tres, animalito) y su cansancio ha tomado la casa.

El lunes tuve que hacer el paripé aquel de ir a buscarla: nos metieron en una sala donde había una madre que tricotaba, el resto miraba su teléfono y un par hacían "small talk". Yo intentaba leer el Watusi. Cuando me "entregaron" a mi hija -que tuvo que dejar el móvil en el cole por la noche- sabía que le iba a encantar la historia de que a una amiga de mi júnior -que también tuvo que hacer este paripé de la supervisión nocturna por coincidencia de exámenes- tuvo que ir a dormir a casa de un profesor. Eran otros tiempos. Pero cuando se lo iba a contar, por el pasillo nos encontramos con la directora del departamento de castellano (Spanish, lo llaman aquí) que nos dijo que convendría que Mini leyera "La casa de Bernarda Alba" y viera "Volver" este verano si va a hacer "A" level extra de este idioma. Y siguió hablando, mucho, como siempre: pagaría por una cámara oculta para mostraros cómo nos íbamos moviendo poco a poco subrepticiamente hacia la puerta, pero ella sin cortarse, acorralándonos. Por la noche no hizo falta supervisarla -más papista que el papa- y a la mañana siguiente, mismo proceso, sin encuentro con la de castellano. 

Pero no venía yo a hablar de castellano sino de inglés, porque esta semana tuvieron el "Paper 2" de la mejor asignatura ever. Creo que ya conté que analizan hasta la saciedad una obra de teatro ("Un tranvía llamado deseo"), una novela ("Rebecca") y diversos poemas. De "Rebecca" hablaré otro día porque me voy a leer el libro totalmente anotado y lleno de post-its que ha dejado mi hija, y luego le pediré que me corrija el divague porque ya lo sabe todo en cuanto a themes y esas cosas de las que me gusta escribir a mí -obviamente, pasará. 

Ayer cogí los apuntes y me dediqué a leer los poemas que les entraban, todos para mí desconocidos salvo el maravilloso "Funeral Blues" de WH Auden, que todos escuchamos por primera vez cuando vimos "Cuatro bodas y un funeral". Cuando me vio leyendo sus notas vino a preguntarme qué me parecían, cual me gustaba más, por qué. Me encanta escucharla hablar con pasión de muchos de estos poemas, y explicarme las técnicas que han machacado en clase, lo que el autor quiso decir, y cosas suyas como "los que más me gustan son los tristes". Me recordó cuando era peque, que siempre le gustaba mucho la poesía - hasta le compré un par en castellano para niños. Ayer le hice leer uno de mis favoritos de Cernuda, y no sé si entendió mucho (¿va de sexo? me preguntó), es complicado leer poesía en otro idioma que no sea tu lengua materna.

Su favorito es justamente el que les cayó (se podía elegir entre dos) y lo incluyo aquí abajo, todo anotado y vivido. Luego, mi traducción como siempre macarrónica del texto, que espero transmita un poco la emoción que Tony Harrison, el poeta de Leeds, ha logrado plasmar en inglés. Fallaré, pero es que nunca se es más traidora que cuando traductora. 

Poema anotado:
nivel "tengo un examen"

Larga distancia
Aunque mi madre ya llevaba 
dos años muerta
papá seguía dejando sus zapatillas al lado de la estufa,
ponía la bolsa de agua caliente en su lado de la cama
y aún iba a renovarle el bono-bus.

No podías presentarte allí sin más. Tenías que llamar primero.
Siempre insistía en que le dieses una hora, para tener tiempo
de recoger sus cosas -las de mi madre- y así dar la apariencia de estar solo
como si su amor, todavía en carne viva, fuese un crimen.

No podía arriesgarse a la maldición de mi incredulidad
aunque seguro que él enseguida oiría su llave
entrar en la cerradura oxidada y así terminaría su dolor.
Papá sabía que ella sólo había salido a comprar algo para la cena.

Creo que la vida termina con la muerte, y que eso es todo.
O sea, los dos no estáis haciendo la compra, lo sé; pero da igual:
en mi nueva agenda de cuero negro están vuestros nombres
y el número desconectado al que todavía llamo.

Tony Harrison (1981)