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17 agosto 2026

San Ángel, Chimalistec, Tlalpan. Literatura mexicana, haciendas con pajarracos, capsaicina y "la panza".

Lunes, 13/07/26: San Ángel, Tlalpan [CDMX]

Esta edad es lo que tiene, aunque duermas en una cama tamaño XXXL y con sábanas de hilo, te despiertas cuando aún está oscuro y te has de tomar una melatonina, gentileza del jet lag. Mini, que duerme en el sofá del salón, no parece sufrir ninguno de estos problemas. Desayunamos yogur, restos del avión y té, que como la reina* (que soy) siempre llevo conmigo. (*) Dicen que Isabel II llevaba incluso el agua allá donde fuera para su perfecta cuppa, cosa que me hubiera encantado.

Ay, el agua: me explico.  En México no se puede beber agua del grifo porque por los tubos navegan toda suerte de bichos malvados (hola, ciclospora), metales pesados y su prima. Por ello, yo solo tomaré agua embotellada en las tres semanas e incluso me lavaré los dientes con ella. En esta casa (y luego en la de JA) hay un filtro instalado bajo la fregadera, pero no me he fiado de beber del filtro ni de comer ensaladas o frutas no peladas [E., el marido de JA, me enseña el día que se van un botecito de desinfectante con el que remojar la lechuga, pero paso]. Este párrafo puede carecer de interés pero es relevante porque ponerme malita de "la panza" como dicen por aquí, ha sido una de mis ansiedades en este país. Y no, no está todo en mi cabeza, veo anuncios que sugieren que los locales también enferman. Mis compas de viaje en general hacen lo mismo pero son más relajados-claro que he comprobado que el tracto  gastrointestinal de ambos es menos sensible que el mío (evidencia al final del divague). Terminar el párrafo con esta idea: familiaricémonos con el concepto "garrafón". 

A las 10:00 hemos quedado con JA y "las chelistas" en el Parque de la Bombilla. Vamos en taxi, pero el metro de CDMX está muy bien [si no es "hora pico"] y debe ser el más barato del mundo [5 pesos ~ más o menos 20 céntimos de euro]. Con el taxi vamos por una especie de ronda con escalextric y distintos niveles y me gusta que los pilares están cubiertos de plantas, como un jardín vertical. En la imagen de abajo no se ve esto último pero sí un cartel amarillo de la cadena de librerías Ghandi, con la siguiente frase: "Tu ex ya inició un nuevo capítulo". Siempre usan frases ingeniosas como campañas, dicen. 




Ahora una nota sobre "las chelistas": las dos primeras noches no nos podemos quedar con JA y E porque coincide que está una amiga suya chelista, Esther, su hija de 18 también chelista que venía a  a dar unos conciertos, y el hijo de 15, percusionista. La madre es mexicana, pero todos viven en Polonia, donde Esther tiene una academia con su marido para enseñar violonchelo de manera "natural" [era un tanto pedrada pero no se lo ahorro por eso, sino porque me he olvidado]. Así que nos vamos a encontrar con JA y las chelistas en este parque para ir luego a hacer una ruta por el barrio de San Ángel. E, el marido de JA no viene porque está enfermo "de la panza" (?no dije?).

Como llegamos primero, esperamos un poco y parece que están preparando una fiesta: hay una bandera de México gigantesca -pereza- y un hombre subido en una grúa pintando el mástil, a la vez que haciendo un Jackson Pollock en el suelo, de todo lo que salpica en el proceso: se masca la tragedia.  Como hay una fuente y un pequeño mercado de flores, me voy a hacer fotos: mal, la foto estaba donde la bandera. 



Cuando vuelvo, aparte de un grupo de ciclistas portando banderas [algo del mundial], me encuentro con el siguiente cuadro: JA de rodillas en la fuente frotando una camiseta. Exacto: el splatter -técnica muy seguida por el Peda en su etapa pintora- le ha caído encima. Nada estaba señalizado, claro: bienvenidos a México. Esto, en un país anglosajón, habría envuelto conos fosforitos y varios agentes del orden y en EE.UU., abogados para demandar al ayuntamiento. Qué quieren: prefiero esto.  Así que nos tenemos que presentar a las chelistas nosotros mismos, pero enseguida llega JA al que hace tiempo que no vemos- solemos coincidir en Navidades en Vetusta- y que nos tiene preparado un día intenso porque al siguiente, se van a la península a pasar un mes. 

El paseo matinal es en un barrio colonial llamado San Ángel, unos 12 kms al suroeste del Centro Histórico, a la misma altura y justo al oeste de Coyoacán. Es una zona muy cara; hay comercios "exclusivos" -de esos que no me interesan nada-, pequeños restaurantes -tampoco mucho- y cafés -bueno-, placitas llenas de encanto, y otros lugares comunes de la burguesía, que se parece mucho en cualquier lugar del mundo. JA se viene de paseo muchos domingos y se para a leer por aquí [nota="pararse" en México significa "quedarse de pie", pero en castellano, detenerse — y esto me recuerda que tengo que ir actualizando mi diccionario de 2004 con nuevas palabras, aunque esta ya estaba]. 

Del Parque de la Bombilla, cruzamos Insurgentes Sur [la calle larguísima que cruza toda la ciudad) y luego la de la Revolución y llegamos a la Plaza del Carmen, donde está esta biblioteca...

De allí vamos a la Plaza de San Jacinto, seguimos por Benito Juárez y entramos al jardín de la Parroquia de San Jacinto, preciosa:


No puedo decir más en cuanto a calles, ni reconocer en el mapa por dónde vamos. Solo sé que nos encanta y aquí van algunas fotos:









En un punto, volvemos a cruzar Insurgentes Sur y terminamos en la Parroquia de San Sebastián Mártir, en el barrio de Chimalistac. Justo la están cerrando porque es la hora de comer del anciano sacristán: JA le pide que nos deje cinco minutos "que venimos de Polonia e Inglaterra", pero ni tras la pequeña confrontación el anciano cede.  JA nos dice que la mayoría de los mexicanos no son así [cosa que confirmamos durante el viaje, son súper amables] y entonces se mete en la conversación otro ciudadano mayor ocioso, al que se le nota la buena familia que repite, mientras niega "es una pena, es una pena". Me hace terminar apoyando al equipo sacristán, la verdad: le pagarán  los curas una miseria por ese trabajo y por qué perder unos minutos de su comida para que una panda de guiris vea la iglesia. San Sebastián sería mártir [e icono gay, con las saetas ahí clavadas], pero él no. 




La caminata sigue por el Camino del Río y por fin terminamos en la icónica Librería Gandhi de la avenida Miguel Ángel de Quevedo, que es enorme pero donde el segurata que nos pone unas pegatinas en los códigos de barras de nuestros libros [recuerden: nunca salga sin su libro] nos dice que está prohibido hacer fotos, luego no hay. Soy una ciudadana ejemplar, claramente. Allí me compro "La cabeza de mi padre" de Alma Delia Murillo, recomendado por el Náufrago Ro (próximamente divague en su quiosco) y "Temporada de Huracanes" de Fernanda Melchor (también en su quiosco cuando sea) para JA. Él nos ha regalado "El ejército ciego" de David Toscana (este no creo que lo vean en su quiosco porque lo leyó el Peda y sufrió "muchísima dentera" con las enucleaciones [les sacaban los ojos], y yo, que aprobé oftalmología en inconfesable convocatoria en parte porque odiaba mirar el atlas, me siento incapaz). En resumen: párrafo de literatura mexicana contemporánea de calidad para ustedes. 

 Allí se nos une E, el marido de JA, que ya está mejor de "la panza" y se va a unir a la comida. Vamos todos a Copilco en metro (una parada, a casa de JA & E, y allí nos distribuimos en su coche y taxi para ir al restaurante. Un par de fotos de Mini del edificio donde viven y donde nos vamos a quedar nosotros a partir de mañana.  




A JA le hacía mucha ilusión llevarnos a cenar al barrio de Tlalpan, al restaurante donde celebraron su boda, la "Antigua Hacienda de Tlalpan". Parece que la construyeron en 1837, cuando eso era aún las afueras de CDMX y propiedad de un antiguo presidente de México ("El Manco" González). Tiene la típica arquitectura colonial: la casa rodea una zona central y tiene porches con arcos. Ocupamos una mesa en uno de esos porches, yo mirando a la pradera central donde hay... pavos reales y otras aves. A un lado hay un laguito con cisnes. Vamos, yo en mi ambiente, porque los putos pavos a veces salen de ahí y se acercan. Socorro. 



No seré yo quien fastidie la segunda boda de nuestros amigos, así que intento concentrarme en la carta de la que no entiendo nada. En una semana ya soy una experta en comidas mexicanas, pero el primer día no me saques de tacos y burritos, que claro no hay en este restaurante de postín. Lo que sí que hay son tropecientos camareros con corbata, de esos que están esperando con  una mano delante de otra a que tengas el menor requerimiento: no me gusta. Además, te quitan el plato antes de que hayas terminado (algo que nos ha pasado alguna otra vez, será cultural), sin esperar a que uses el "lenguaje de los cubiertos", que es como el de los abanicos menos lo romántico. 



Esto de arriba es un "Chile en nogada", que es lo que acabo pidiendo porque bien es sabido que odio elegir y JA me dice que esto es el plato nacional mexicano, y por ello tiene los colores de la bandera: verde (del chile poblano), blanco (de la nogada, salsa de nuez) y rojo (de la granada). Está relleno de carne picada con, atención lo que pone en la wiki: " fruta (plátano macho, manzana panochera, pera de San Juan, durazno, pasas, almendras, piñones, etcétera), entre otros ingredientes". Yo insisto mucho a los señores esos que nos rodean sobre "si es picoso"; no es capricho, no tolero el picante y lo noto enseguida, no así mis compas de viaje. Me dicen que el chile poblano es un pimiento grande, y que no suelen ser picantes. Vale.

Es cierto: no pica y está muy bueno, claro que es bastante grande  y cuando he comido como 2/3 se lo paso al Peda. Terminamos la comida, recorremos la hacienda haciendo [juego de palabras] fotos y tras la sobremesa nos vamos de paseo al centro de Tlalpan, pero se pone a llover [temporada de lluvias, y suele hacerlo cada tarde], así que volvemos a la hacienda, donde JA ha dejado el coche. 


A medida que nos acercamos, me empieza a doler la tripa. No es insoportable, pero mientras esperamos a que nos traigan el coche un mayordomo de coches o llámalo hache -según JA eso es común en muchos sitios en México- la cosa ya empieza a alarmar. Cuando estamos en el coche, comienzan unos retortijones salvajes que incluyen sudores, ganas de desmayarme (me echo sobre las piernas del Peda) y la sensación de que el fin del mundo está cerca. Todo esto en medio de una tormenta tropical bestial que descarga sobre el techo del coche, pensamientos intrusivos tipo "mis amigos van a pensar que no me ha gustado el restaurante de su boda", junto con otros más prosaicos tipo "será dantesco si mis esfínteres me abandonan". Son los 20 minutos más largos de los últimos años y es imposible no tener flashbacks de "la laguna colorada" (algún día contaré esto). En fin, que llegamos a casa, me arrastro al baño y...

La culpa fue del boggie o del cha-cha-chá, en aquel momento no lo sabía, pero hoy sé lo que es la capsaicina y la escala Scoville. La primera es una molécula presente en los frutos de algunas especies del género Capsicum —llamados guindillas en España, ajíes o chiles picantes en Latinoamérica que "estimula el receptor térmico en la piel, especialmente las membranas mucosas". La segunda es "una medida del picor o pungencia en los chiles del género Capsicum, y el número de unidades Scoville indica la cantidad presente de capsaicina. De verdad que, aunque no se hagan un máster como yo, es interesante ver la escala aquí: el pimiento verde normal tiene 0 unidades Scoville, mientras que hay algunos que tienen las unidades por millones.  Los pimientos del Padrón tienen 2500-5000 y el que nos "ocupa", el chile poblano, se encuentra en 1000-1500. 

No era para tanto, pero una búsqueda rápida me presenta a montones de damnificados del chile en nogada, con mis mismos síntomas: la combinación de la capsaicina con la grasa de la carne y la salsa, la fibra de las frutas... en fin, un cóctel molotov del que no les daré más detalles ni seguiré con las metáforas. La chelista se va con el Peda y me traen unos electrolitos, y me echo en el sofá mientras intento mantener la conversación a la vez que me presentan al vecino Ricardo en ese estado. Son todos muy majos, pero mientras yo pretendo también serlo, lo que pasa por mi cabeza es cómo-voy-a-sobrevivir-tres-semanas-aquí con "estas aguas". En esos momentos yo no sabía nada de la capsaicina y el Peda, por supuesto, está como una rosa, luego culpo a "las aguas".

Volvemos en taxi al apartamento de lujo de Polanco, donde mis compas aún cenan algo del 7-eleven y yo caigo en la cama de reina como un harapo. Reina que no viajó con sus garrafones de agua y por eso, tiene mal la panza. 

(Pub=17.08.26)


Más Amsterdam (Interrail Mini 2)

 Lunes,  17 de agosto de 2026: Más Ámsterdam




16 agosto 2026

Proyecto una foto al día del Interrail de Mini: Hoy, Amsterdam

Mini se fue anoche con sus amigos a hacer el Interrail. Cogieron un autobus nocturno en Victoria Coach Station -ese sitio- y doce horas después llegaron a Ámsterdam. Las dos primeras noches se quedan en la casa donde viven los padres de uno de los chicos, así que el reloj de Interrail empezará cuando salgan de allí. 

Nos acaba de llamar y me voy a tener que contener para no hacer yo la crónica vicaria de su viaje — que bastante tengo con el mío que aún ni he empezado. Le he dicho que si cada día me manda una foto, la colgaré en el blog. Así que aquí va la primera. 

Domingo,  16 de agosto de 2026: Ámsterdam




Ahora se iban clubbing [discoteca, qué ochentero suena]. ¡Pero, ay, que he dicho que iba a ser solo foto! 

Disfruta, Mini. 

13 agosto 2026

13 de agosto de 2026: Hoy es "A levels day"

 Dos años secuestrados por los exámenes llamados "A Levels". El 13 de agosto era la meta: a las 8 de la mañana salían las notas. O sea, hoy; o sea, esta mañana.

Este primer párrafo lo he copiado, literalmente, [literal, como dicen los críos], de mi entrada del divlog hace casi exactamente dos años, cuando salía la nota de los GCSEs. En aquel divague el drama era, aparte de las notas, si Mini se iba a quedar en el mismo colegio. Ya había elegido las asignaturas que cursaría para los "A Levels" (no me he renovado, para mí son 3BUP y COU) y al final se quedó en su cole. Hoy el drama era si habría tenido las notas para entrar en las universidades que había solicitado, cada una en una ciudad. En todas ellas había solicitado la misma carrera: "English Lit" (Literatura inglesa).


El sistema de acceso a la universidad es aquí curioso: se basa en predicciones, que luego has de corroborar con las notas en mayo y junio. Según las predicciones que te dan tus profes de cómo lo has hecho en el año anterior, tú solicitas a cinco universidades en otoño. Si tus predicciones no son muy buenas, puedes decidir solicitar en universidades que pidan mejores notas, pero te arriesgas a quedarte sin nada. En primavera has de decidir cual de tus cinco opciones es tu preferida (la "firm") y cual por si acaso ("Insurance"). Hasta el día de hoy, todos los chavales que van a ir a la uni dentro de unas semanas no saben a qué ciudad irán, o si tendrán que ir a "clearing", el proceso para los que no entran en su "firm" o en su "insurance" en el que van a la "repesca" de plazas en otras universidades peores. El día que salen las notas, van al colegio porque los profesores pueden ayudarte en este proceso, sugerirte otras universidades ya que no has entrado en la tuya, otras carreras (aquí los llaman "cursos"),etc. 

Mini tenía claro que se quería ir de Londinium "para vivir la experiencia". Culturalmente, para los británicos es muy extraño quedarse en casa: conozco casos de gente cuyos hijos se han quedado en Londinium y se han ido a vivir a los "residence halls" (como colegios mayores) de la universidad. Hay un grupo de universidades llamadas el "Russell Group" que viene a ser como la "Ivy league" en los EE.UU: las más prestigiosas.  Todas las que solicitó MIni era del Russell y por eso, muchas de la sveces que su aitá la mandaba a estudiar le decía: "vas a acabar en Cumbria" -una zona muy bonita, pero queriendo indicar que no entraría en ninguna de las que había escrito en su solicitud. Manchester, Liverpool, Newcastle, Leeds y Bristol. 



Conociendo a Mini, la excelencia académica no era la principal de sus motivaciones: quería una ciudad más o menos grande, con fiesta nocturna y que ya "nadie le dijera que se hiciera la cama". De hecho, su argumento para estudiar English Lit es que no tiene ni idea de lo que quiere hacer en la vida y es un grado lo suficientemente amplio para poder luego pasarse a hacer otras cosas. Yo creo que debería hacer algo audiovisual, de cine, o fotografía porque siempre digo que es muy buena, pero su argumento es que si lo tiene que estudiar, dejará de ser un hobby. A ratos dice que lo único que tiene claro que quiere es pasta, luego igual hace derecho -aquí los abogados se forran. En fin, quién sabe.



Hoy era el día y tenía un plan: a las 8:00 am íbamos a estar en la puerta del colegio con el ordenador y el teléfono para ver en la web si tenía plaza en sus opciones y si no, entraba al cole a que la ayudaran los profes a entrar en Cumbria [metáfora de donde-sea]. Sin tráfico, el cole está a unos 15 minutos en coche. Hay un tramo final, "el cementerio" [a un lado hay el típico cementerio gótico de tumbas antiguas cubiertas de hiedra] en el que a menudo se acumula una fila con el semáforo. Hoy, claro, había una fila como hacía tiempo que no veía: duraba toda la calle del cementerio. Iban pasando los minutos y, finalmente, han dado las ocho.

Entonces, Mini, que estaba detrás como si dirigiera un centro de datos, con todas las pantallas abiertas, ha gritado: "He entrado en Manchester". Impotencia total porque no hemos podido abrazarla - nosotros delante. Entonces, se ha abierto el semáforo y en lugar de ir a la izquierda -el cole-, hemos girado a la derecha para volver a casa.




Ahí nos esperaban Roc y Fashion —que están de visita viviendo todo tipo de aventuras con dinosaurios— y luego ha venido la irati pequeña que nos visita también estos días y nos ha horneado galletas y brownies para celebrarlo, y el Peda que está haciendo carbonara y parece que hasta vamos a abrir algún espumoso.




Así que disculpen las prisas y las incoherencias de este divague: con los okupas no puedo escribir. Volveré un día con México, el verano de Mini y el otoño que nos espera... con "síndrome del nido vacío"? Qui lo sá. De momento, vamos a celebrar lo de Manchester, desde donde también espero divagar en breve.

FELICIDADES MINI! Al final, no ha sido necesario ir a Cumbria...




06 agosto 2026

Tras poco domir, mírate 4 pelis en las 12 horas de avión y termina en la cama esponjosa de un apartamento de expat [Méx 1]

Sábado, 12/07/26: Londinium-Frankfurt-CDMX

Primer día de viaje y como tal, no tengo ninguna foto. Menos mal que Mini sale a rescatarme: ella sí tiene algunas de este día de aeropuertos, esos no-lugares. Y lo hará muchas veces durante esta serie porque, aparte de que un iphone hace fotos mucho mejor que mi réflex, Mini -y no es pasión de madre-  tiene un ojo fotográfico que me encanta: tras una visita o un paseo, sus fotos siempre me dan varias vueltas.  

Antes de nada, y por si a alguien se le ha olvidado (esto será publicado en algún punto de agosto), en julio estamos en pleno mundial y voy a hablar mucho de ello. Sí, no me gusta el fútbol pero por algún pecado de una vida previa se me ha castigado con que a mis compas de viaje sí [Mini es una forofa en concreto de los mundiales y los "euros" como los llama ella] y luego, cuando -spoiler alert- Ejpein se hace con los laureles, recibimos continuas felicitaciones por parte de casi todo el que se nos cruza (un poema la cara del Peda aceptando los parabéms).  Así que la noche antes de nuestro vuelo era el Inglaterra-Noruega en el que además llegaron a la prórroga [2-1] y mis compas se van a la cama a la 01:00, sin importarles que el despertador iba a ser implacable a las 04:15.

Y lo es, tras tres horas de sueño. Al salir de casa, empiezan a pasar cosas: tres zombies sonríen forzadamente ante el símbolo del metro de nuestra parada (fotos de rigor), nos encontramos con otros zombies con la camiseta de Argentina que dormitan en sus asientos [nota: retengan esta imagen porque el tema Argentina va a dar para mucho, pero aún no lo sabíamos] y no podemos disfrutar de una de las ventajas de volar desde London Heathrow (LHR), que es que se puede llegar directamente en metro [en el resto hay tren]. Hoy, por aquel lugar común británico conocido como "engineering works" (trabajos de ingeniería) hemos de bajarnos en Hammersmith y allí nos ponen en el segundo lugar común, "bus replacement service" (servicio sustitutivo de bus). Nada es fácil pero, por fin ahí está, la Queen's Terminal... no por el grupo musical, sino porque somos queens... :)

No aburriré con las rutinas de aeropuerto: Pret (mis compas toman cafés), comprar regalos para la gente en cuyas casas vamos a acampar (ver abajo), y por fin embarcar. Viajamos cada uno con mochila de mano y una pequeña maleta de cabina, pero la del Peda les parece sospechosa, la pesan, y ante semejante monstruo, le obligan a facturar. Ay, está camino de Bangkok, suspira a ratos.

Esto de abajo es el aeropuerto de Frankfurt al que llegamos tras una hora y media de vuelo y una chocolatina Lindt, gentileza de Lufthansa. Cogemos una de la cestita a la salida, pero el Peda se hace ya con dos y, a partir de este vuelo, nosotras nos haremos con dos y él con tres. Somos así de delincuentes.


Esta foto de abajo no sé qué es, pero no se lleven a engaño si creen que semejante nudo de comunicaciones es futurista: el aeropuerto de Frankfurt no tiene cafés en condiciones [acabamos en un Starbucks] y es uno de esos reductos del primer mundo donde aún hay salas para fumadores, que consiguen que todos los pasillos huelan a tabaco: ¿Alguien recuerda los coloquios de "La Clave"? Ese es el ambiente que se "respira", imagino, ahí dentro. Nota: este giro de guión de vuelta del tabaco en pelis y tal, como lo de la religión, no lo vi venir. Tenemos que esperar un par de horas hasta pasadas las 13:00 que es cuando volamos hacia la Ciudad de México (CDMX).


El vuelo dura unas doce horas y, al ser de día, no duermo nada y veo cuatro películas, a saber:
  • "Mi amiga Eva" (Cesc Gay, 2025)
  • "Wuthering Heights" (Emerald Fennell, 2026)
  • "Mamma Mía" (Phyllida Lloyd, 2008)
  • "Michael" (Antoine Fuqua, 2026)
Antes de juzgarme, puedo explicarlo todo. La de Gay, porque un día vi "En la ciudad" y me enganché a su estilo Woody Allen barcelonés y a sus buenos diálogos - en esta además colaboraba Eduard Sola [el del maravilloso discurso de "orgullosamente charnegos"] como guionista. En este caso, me dejó algo fría y las interpretaciones no me las creí nada. 

La de Fennell es uno de esos placeres culpables por los que no se va al cine pero te dices, "ya la veré en algún avión". En fin, terrible. Ya conocemos los trucos de Fennell y sus impactos cada veinte minutos, pero así como disfruté con "Saltburn" o "Promising Young Woman", esta no hay por dónde cogerla, en particular el rollo sadomaso de Heathcliff con Isabella. Sí, soy vainilla.

"Mamma Mía" tiene aún más explicación: como viene Fashion a Londinium en agosto y planeamos ir a Abba Voyagedecidí "entrenar". Como dice uno de mis críticos de cabecera, Mark Kermode, por mala que sea, ninguna película podría aniquilar el poder de las canciones de Abba. En fin, que disfruto como una enana viéndola tras todos estos años y además, me lleva directa a Skopelos, isla maravillosa, donde me planteo que igual debería estar yendo en estos momentos. Mini me había hablado de una escena que no puede ver porque siempre llora [ "Slipping through my fingers"] y yo no recordaba cuál es el tema de la canción. Si vi la peli cuando ella era bebé puedo entender que ni me lo planteara, pero hoy, cuando falta menos de un mes para que Mini se vaya a la universidad, la madre pensando en que su hija se va... buf. Lloré mucho, ahí a oscuras, en medio del Atlántico, pero no me agarré al brazo del desconocido de mi derecha [a la izquierda el Peda, que dormía con la boca abierta tras sus 3 horas].

Por último, "Michael" el biopic de Michael Jackson. Creo que nunca he contado en el blog que lo mío con el Jackson de la época de Thriller fue lo más parecido al fenómeno fan que he tenido en mi vida. Se me pasó enseguida, pero en Séptimo de EGB me escuché ese LP mil veces y me aprendí todas las letras que nos fotocopió la profe de inglés. En aquella época en la que no teníamos todo a demanda, como ahora, era mucha la emoción cuando te llamaban tus padres porque salía el larguísimo video de los zombies por la tele. La peli, bueno, un lavado de cara pero cuando bailan Thriller los zombies, buá... tuve ganas de salir a hacer los pasos por el pasillo, supongo que ya sobrevolando el Golfo de México. 


Esto de arriba es el aeropuerto de CDMX que estaba todo de mundiales, también. Hay gente monísima esperando con globos, flores y pancartas de bienvenida. Los Uber no pueden entrar al aeropuerto y salimos a encontrarnos con él en uno de los hoteles. Nota: estoy en contra de Uber o cualquier broma de esas de "economía colaborativa" que no pagan impuestos, pero entono un mea culpa: en este viaje los hemos usado, dada la facilidad de la aplicación. En nuestro camino al alojamiento, se pone a llover, y es algo que pasará casi todas las tardes en CDMX porque es temporada de lluvias.

En CDMX nos vamos a quedar en casa de unos amigos, JA y E. A JA le conocí en la uni en 1992 vía un amigo común y tiene una vida muy interesante, además de dos tesis doctorales sobre Historia de la Ciencia (aunque estudió Físicas). Ha vivido en China, Nueva York y distintos lugares de México. Merece la pena clicar aquí para conocer su historia -y la de nuestra amistad- y leer parte de nuestra visita en el itacalog de 2004, cuando él vivía en el norte, en Monterrey. Allí conoció a E. el que es ahora su marido, que es precisamente de esa ciudad. Sin embargo, las dos primeras noches tienen visita [esto lo contaré mañana, o me alargo] y nos vamos a quedar en casa de J., en Polanco.

J. es un conocido del Peda del trabajo que, al saber que venimos a CDMX le insiste en que nos quedemos en su piso porque él no está. Es lo que se conoce como "expat", o sea, alguien a quien la empresa le ha enviado aquí y su piso es... de expat, en el barrio más caro de la ciudad. Polanco es el equivalente de La Moraleja o Pedralbes, y cuando JA se entera de que nos vamos a quedar allí, nos insulta como un mexicano: "son ustedes unos fresa", vamos unos pijos. Como viene a encontrarse con nosotros allí, cuando entramos en el apartamento -tras haber saludado al guarda de seguridad 24 horas- vía el ascensor que se abre directamente a la cocina, nos quedamos todos alucinados. Vamos, como en las películas [no sé si tengo fotos, si encuentro, las cuelgo mañana]. JA dice: "yo solo había visto esto en el cine"- "esto" es un vestidor entre el dormitorio y el baño. En fin, a todo plan, y nos está esperando la Sra. Mari, que es la limpiadora, y nos lo enseña todo. Cuando al final del viaje recordamos el apartamento de J. y todo el resto de los alojamientos que hemos tenido -hay que llegar al final porque prometo risas- nos damos cuenta de la "variedad" inusitada de noches que hemos pasado en México.



Salimos a cenar con JA en un local llamado "La Casa del Pastor", donde calentamos la cabeza al camarero -que se llama también JA- preguntando qué es cada cosa: diferencia entre tacos, gringas, alambres, tortas, costras, volcanes... y todo esto puede estar relleno de "pastor", chorizo, longaniza, suadero... y mil cosas más. De todo esto nos haremos expertos en unos días. Anotar que el mito del picante es real, pero solo si lo añades tú misma (las salsas van separadas) y que no recordaba que tienen en todos los sitios "agua de frutas" y tomo de hortacha - aquí comienzan las comedias de "¿es agua embotellada?", pero esto para más adelante.

Son las 22:00 del sábado en México pero las 5:00 am del domingo para nuestros cuerpitos europeos, así que tras comprar un yogur para el desayuno y despedirnos de JA, nos arrastramos al apartamento donde no pertenecemos.


Pub: 06.08.26

04 agosto 2026

"Calypso" de David Sedaris: Meh

David Sedaris es un escritor cómico americano que vive en un pueblo en el sur de Inglaterra. Es gay, woke, de baja estatura, neurótico y tiene una gran familia. Escribe en el New Yorker y en el Guardian artículos como este sobre lo guarros que son los chinos - sospecho que no le han hecho ganar precisamente muchos amigos allá. 


"Calypso" fue recomendado decididamente por unos amigos y me animé por lo del humor. No sabía nada de él antes y ahora siento que sé mucho de su vida. Vida que repite ahí por donde va: me bajé un par de podcast donde le entrevistaban, o incluso él llevó uno durante un tiempo, y enseguida lo dejé porque me quedó claro que iba a ser más de lo mismo. No quiero ser injusta: al final, con todo el mundo es todo siempre "más de lo mismo", pero… ¿por qué con algunas personas no podemos parar de querer saber de su vida y de sus ideas y de otras con una dosis ya quedamos conformes? Ah, y luego están aquellos que cerramos el libro, o cambiamos la canción o la peli a los tres minutos. Esto se puede extrapolar también a la vida "real". 

No ha sido Sedaris para no terminarlo, pero hacia el final me he aburrido: tenía ganas de acabar un libro de solo 250 páginas. Es gracioso y su sentido del humor, muy anglosajón, o sea, lleno de autoescarnio, pero como no hay nada tan serio como el humor, entre confesión y confesión, hay algunas que me han llevado a la conclusión de que igual no me iría con él a su casa de la playa. 

Porque este libro te cuenta que se compró una segunda residencia en Carolina del Norte, en primera línea del mar, con la idea de reunir allí a su extensa familia -tres hermanas, un hermano, marido y padre- y pasar tiempo juntos. [Nota: no es que yo me plantee regularmente con qué escritores o famosos me iría unos días a una casa, pero vi trozos de una entrevista que le hizo hace poco Marc Giró a Gabriel Rufián y pensé, con estos dos me lo iba a pasar genial. Con Sedaris, no creo]. A la casa de la playa la bautiza "Sea Section", que suena como "C Section": o sea la "Sección del mar" en inglés puede sonar a cesárea (C-section es caesarean section). Cualquiera que haya tenido una cesárea seguramente no llamaría así a su casa. Este es un ejemplo de algunas partes de su humor que a mí no me han hecho clic; especialmente viniendo de alguien que nunca sufrirá una. 

El libro comienza con una introducción a su familia: su madre murió de cáncer y él pronto va a superar la edad con la que murió ella, lo cual le parece un poco anti-natura. Su padre se va normalmente de la habitación dejando a la gente a media frase. Sedaris nota que, cuando los invitados se van, él y su marido se convierten en unas "versiones menores de sí mismos", como si estuvieran interpretando la persona que quisieran ser todo el rato.  Una de sus hermanas se suicidó, y a ello dedica el segundo capítulo que me recordó vagamente a "Pequeñas desgracias sin importancia" de Miriam Toews, ambos intentando poner humor en una situación imposible. No hay que ser psiquiatra para darse cuenta de que su hermana tenía un trastorno de la personalidad, eso tan cruel y tan poco entendido. Lo mismo me ha parecido su padre, tal vez no de la misma severidad, pero el tipo de persona que, en uno de los espectáculos que Sedaris da por el país donde hay 2200 personas, se fija en los pocos asientos que quedan vacíos - y que insiste.  Sedaris intenta gustar a su padre, pero no hay manera. Me encanta esta metáfora de su desconexión: "Somos como un par de trapecistas malos, intentando agarrar la mano del otro cada vez, y fallando cada vez. Mientras tanto, los de seguridad del circo han empezado ya a enrollar la red"La madre, idealizada como suele pasar con los progenitores que fallecen prematuramente, tenía problemas con el alcohol. En resumen: todas las familias son disfuncionales a su manera. 

Políticamente, Sedaris es por supuesto anti-MAGA y anti-Trump, y eso que el libro fue publicado en 2018: el pobre aún no sabía lo que estaba por venir. Me gusta cuando chequea sus propios prejuicios de clase, porque encuentro que esto es algo que raramente ocurre - la gente desprecia a los menos inteligentes de la sociedad que por ello no han podido acceder a los mejores trabajos. En un enfrentamiento en seguridad del aeropuerto, cuando le hacen quitarse un chaleco y se resiste, tiene ganas de decirle a la agente: "¿Cómo se siente teniendo una posición de tanta importancia?", pero entonces se da cuenta de que eso sería su ira: "Es increíble lo que puede salir de una cuando está enfadada", intentando atacar su trabajo, o sea, su clase.  Tiene también una parte surrealista sobre posesión de armas, y otra donde anota cómo los dependientes le dicen "Have a blessed day" (algo así como que Dios bendiga tu día) en lugar de adiós, o pasa un buen día. Repito: 2018, me pregunto qué dirán en 2026, tal vez tengan el hisopo bajo el mostrador y te rocían a la salida. 

Su neurosis es entraniable y tan familiar. El capítulo en el que cuenta su adicción a contar pasos con el fitbit es genial, y eso que, por una vez, es una de las obsesiones que no comparto, pero sí que veo continuamente a mi alrededor. La combinación de recoger basura por el campo alrededor de su casa: decir "alrededor" no es exactamente el caso, porque alguien que camina 20 (?) km al día se aleja sustancialmente de su base. Ante esta manera de llevar una obsesión a un acto de civismo, me quito el sombrero: la mía sería, si no fuera porque me pillarían en cámara y tratarían como a un weirdo, ordenar las estanterías de los supermercados. 

Sedaris lleva toda una vida con su pareja, un tal Hugh que es pintor, y aparece continuamente - un sufrido Peda-en-el-divlog más. Se casaron en secreto en 2016 por la única razón que yo respeto para hacerlo: porque los estados se empeñan en discriminar en muchos aspectos -fundamentalmente, la pela- a los solteros. Él dice que le disgusta la palabra "marido" [a mí me pasa igual, me siento como otra persona si la digo] y perjura que su boda "no tuvo nada que ver con lo romántico". En estos días en que ha sido imposible no enterarse de que se ha casado la cantante y traidora Taylor Swift, sigo en mi estado continuo de perplejidad sobre que la gente se quiera someter a eso y se lo inflija al resto. Como dice Sedaris, "por lo menos antes los gays no hacíamos sentir culpables a la familia y a los amigos si no entregaban sus fines de semana para sentarse en sillas plegables en medio de agosto en nuestras ceremonias".  Hay algunas otras cosas gays que me han hecho reír, como que Jesucristo "siempre tiene un cuerpo fantástico, mostrado en su mejor versión en la cruz porque, admitámoslo, fue creada para hacer que la tripa y los hombros de un hombre se vean muy bien". Tal vez aunque solo sea por esto, merece la pena leer este libro: nunca se me había ocurrido ver a JC como potencial mito erótico; esto ha sido un poco como alguien nos abrió los ojos al potencial del abuelo de Heidi.  Ah, esto y que los fantasmas también viajan en antigüedades: no hace falta vivir en un viejo castillo escocés - si has comprado una cómoda vintage, igual además de carcoma, te metas a esa ancianita con cofia victoriana en casa. 

Metaliterariamente, totalmente de acuerdo con él cuando dice que "lo negativo siempre hace mejores historias". Nadie escribe una novela para hablar de felicidad sin aristas, nadie escribe un blog para contar lo fenomenal que es todo - porque no lo es, basta con abrir los ojos. Bueno, ahora pienso en esos influencers de IG o Tiktok que enseñan la parte bonita de un paraje, ocultando el gentío en otro, o que te enseñan su último éxito gastronómico (no, no envidio), o su cottage con cocina Aga sin rubor. Pero eso no interesa nada a la gente sensata, por eso no lo miramos; supongo que es una fase de la adolescencia, o de los que mentalmente permanecen anclados ahí. Este mundo extraño al que hemos llegado los chavales de los 80, lo describe Sedaris con una frase perfecta: "fotos que haces con tu teléfono para mandar a gente con la que ya no te comunicas hablando". Qué acertado, cuántos tenemos así. 

Tal vez he sido injusta con Sedaris al principio, tal vez es porque en muchas cosas nos parecemos, y siempre es duro observar tus fallos en otro. Igual si tú no eres neurótico, ni con familia disfuncional, ni has tenido una cesárea de emergencia, ni sufres con cada ascenso de la (ultra)derecha, pueda ser un libro para ti. 

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Nota: Entrada escrita el 10 de julio. El 12 cuando aún no habían puesto las calles nos íbamos de viaje, así que la dejé en el congelador. 




02 agosto 2026

México lindo y querido, si muero lejos de ti... [México 0]

Todo empezó hace varios años: un día cayó en mi pantalla uno de esos maravillosos hoteles coloniales de México y me dije, "tenemos que volver". Luego, en otoño de 2024 leí "Los recuerdos del porvenir" de Elena Garro y me maravilló; y de nuevo, la llamada de México. En diciembre vino "Emilia Pérez" y en primavera de 2025 salté a "Pedro Páramo", a las fotos de Juan Rulfo y a "El llano en llamas". Esta última entrada la titulé "México en vena": ya era demasiado tarde para dar marcha atrás.  Aquel verano aún no era su momento (fue el de Montenegro + Albania) pero enseguida empezó a contraatacar Mini, que había descubierto una esquinita del cine mexicano: "Y tu mamá también" (Alfonso Cuarón, 2001), "Amores perros" (González Iñárritu, 2000) y unos días antes del viaje revisitamos "Roma" (2018) [Mini por primera vez], también de Cuarón.  Total que este verano ha sido el de México. 


 Así que un año más, aquí estoy de vuelta de un viaje, escribiendo el "divague 0", o introductorio de una serie que no sé cuánto me costará escribir. Han pasado un montón de cosas en estas tres semanas: me he maravillado una vez más con uno de mis países favoritos (de hecho, uno de los pocos que hemos repetido,  he tenido miedo en diversas de sus fases (desde la "Venganza de Moctezuma" hasta el dengue, pasando por terremotos), he disfrutado hablando con la gente como en ningún otro sitio, me ha encantado enseñárselo a Mini y ver sus reacciones (resumen= flechazo) y me queman las yemas de los dedos por escribirlo todo. Porque como dice Annie Ernaux, "si no las escribo, las cosas no han llegado a término, solo las he vivido".

Como sabrá el divagante de pro, en junio empecé a releer mi diario de viaje por Latinoamérica de 2004 y colgué las entradas de los lugares de México a los que íbamos a volver. Haré referencia a ellas, claro, y las enlazaré: ahora las he movido todas a la fecha en que fueron escritas: si entras en la sección "Diario" y bajas hasta el 2004, ahí están todas. Ya dije que uno de mis proyectos es ir subiendo todo aquel diario poco a poco, cuando tenga tiempo. Creo que ya lo he dicho antes, pero lo repetiré: aquel diario fue probablemente la razón de este blog. Lo colgábamos en un rudimentario sistema de "msn groups" en documentos de word solo para amigos y familiares y una de las sufridas lectoras fue Diva, una amiga de la carrera del Peda. A partir de ahí, nosotras nos empezamos a mailear y un día de diciembre de 2009 ella me dijo, "montamos un blog?", y hasta aquí. 

En cuanto a mis lecturas, por supuesto, he leído a mexican@s, y mis di-squisiciones las iré colgando entre medio:
  • "La plenitud de la señorita Brodie" de Muriel Spark (1961). Autora escocesa porque me lo llevé empezado, sorry.
  • "Temporada de huracanes" de Fernanda Melchor (2023)
  • "Las muertas"  de Jorge Ibargüengoitia (1977)
  • "La cabeza de mi padre" de Alma Delia Murillo (2022)
  • "Nueva historia mínima de México" de Gonzalba et al (2004). Antes de que el Náufrago Ro dé uno de sus saltitos de susto, aclarar que este lo compró allí el Peda y él se lo esta leyendo. Lo añado aquí para poner presión porque le he pedido un divague-resumen (de momento, se niega). 
Justo antes de irme había terminado "Calypso" (David Sedaris, 2018) y escrito su divague, pero no lo colgué porque no iba a poder responder a los comentarios, así que será el siguiente que veréis aquí. Disculpas por el trasiego temporal, esto parece una de esas novelas o pelis con flashbacks, ffwds y necesidad de tomar notas. 

Escribo esto el 2 de agosto, mi primer día de vuelta en el que me he despertado, por primera vez en décadas, al mediodía, tras haber dormido 13 horas.  Un día lleno de coladas, bajar fotos, llamadas telefónicas, olla exprés, podcasts sobre la Odisea de Nolan, y evitación de cualquier pista que me pudiera recordar que mañana vuelvo al trabajo de día más cuatro noches de guardia nocturna; si no quieres taza, taza y media. 

Pero aún me queda tu luz y color, México, para darme energía durante un tiempo. A ver si os lo puedo contar bien, divagantes.


28 junio 2026

Gazpacho tirando a salmorejo

 Este era un post gazpacho normal, pero ahora que termino, veo que ha quedado un poco espeso: ¡hay tantos frentes abiertos! Vamos, que me ha quedado un salmorejo. 

Hace [ola de] calor
En mi descargo, culparé a la ola de calor en Londinium, que parece que hoy remite, pero que el viernes fue colérica.  Resolvamos la siguiente ecuación: en mi casa, 32 grados + humedad amazónica + moqueta - aire acondicionado = cerebro en ondas delta (explicación aquí). Si le sumas tristes ventiladores + mi viejo truco de meter la cabeza bajo el agua fría [mientras dura el pelo mojado, dura la "alegría", qué poco pedimos] =  cerebro en ondas theta.

Así que  no se espere mucho de mí hoy, pese a que han pasado cosas absurdas que hay que necesariamente documentar, como que me crucé a Darth Vader por la calle [solo la cabeza, no llevaba la capa, hasta él sufre los rigores estos], que parece que ahora están de moda las pelucas ["ya no saben qué hacer para vender", frase anticapi de la Yaya, pero en invierno igual tendrían su allá, un test para mí que nunca he llevado el pelo corto]. Y lo de los helados: en el curro -que pese a ser una pecera sin aircon es descrita sin rubor como "edificio inteligente"- las jefecillas traen helados para animar al personal: el jueves me comí dos y el finde pasado uno y medio en Delacreme (el mío y la mitad de Roc que tras dos chupadas se aburrió). 

Afonía del cortisol
Ah sí, que he pasado unos días en Barcelona visitando a la familia. No he llegado a lo de sanfermines, pero en algunos puntos, de tanto hablar, me notaba la voz tirando a afónica. O tal vez fuera la freudiana afonía histérica por lo que supone vivir en la constante cuerda floja cuando se es copilota de Fashion. No, no es que conduzca mal -aunque alguna línea continua hemos cruzado- sino por su actitud extremadamente liberal a la hora de aparcar frente a uno de estos símbolos, de los que Barna está repleta:


No recordamos de dónde vino el concepto "di pagar", pero es usado continuamente entre nosotras. Un ejemplo: "Queremos di pagar, pero ni aun así hay sitio. ¿Qué quieren que hagamos?". Esta es ella, claro, a la vez que aparca en un carga-y-descarga al que le quedan 20 minutos para ser legal, o sobre un dudoso badén al lado del carril bici en medio de Enric Granados.  Por supuesto, yo estoy en las antípodas de esa actitud: nunca aparco ilegalmente  y si me ponen multas son siempre por acciones sin alevosía ni nocturnidad. Claro que las dos últimas veces que he apelado escribiendo un panfleto que ríete de los divagues, han pasado de mí con un argumentario -lo que más me fastidia- que no responde a mi recherse-du-temps-perdú, sino con una narrativa que suena a corta y pega.  


Y vuelve el papa
Se infringió la ley también en Montjuïc, donde subimos a la Fundación Joan Miró. La foto de arriba muestra la ciudad con La Sagrada Familia ahí en el centro. A la gente de Barna, que ya tuvieron suficiente exposición al mundo con los Olímpicos y se les llenó esto de guiris, les hace mucha ilusión lo de la retransmisión internacional del papa inaugurando (para ellos, bendiciendo), que asegura nuevo tipo de turista -a añadir a los del brunch de aguacate en tostada-: el peregrino religioso. Pero volviendo a la basílica, a mí me gustaba más inacabada -en particular la portada de Subirach-, este añadido fálico me parece innecesario

Miró: meh
En la Fundación Miró disfruté más del edificio en sí -tiene un aire como ibicenco o "manrique", opinó Fashion- que de las obras, nunca ha sido santo de mi devoción. No es la primera vez que me pasa esto con un museo, que prefiero el continente al contenido. 



Roc aguantó allí 20 nanosegundos en un cuentacuentos en catalán, pero luego dibujó durante bastante rato bajo un olivo, donde podías dejar tu obra con unas semillas. Me perdí el simbolismo porque me abanicaba furiosamente en una sombra. Menos mal que a la salida dimos con una terraza muy agradable -de nuevo, con vistas- a la que llegamos en un estado lamentable, pero nada que no pudiera resolver una coca-cola con muchísimo hielo [tiene todo el sentido que el zumo yanki fuera concebido como medicina]. Y logré no pensar en nuestra última infracción vial durante todo el rato, un punto pa'mí. 



Modernismo, ciencia, Total Institutions
Y siguen las visitas culturales: esta vez a Cosmocaixa, un museo de la ciencia que por fuera es así de chulo. Era un antiguo asilo para ciegos, l’Empar de Santa Llúcia, del arquitecto Josep Domènech i Estapà y estuvo abierto hasta 1979. Cómo eran en el pasado institucionalizando a todo el mundo con problemas en lugar de ayudar a su integración en sociedad. 


El modernismo en Barcelona es maravilloso: así como disfruto de la arquitectura de Londinium todo el rato, en Barna hay edificios y palacetes para alucinar. Igual que aquí, construido sobre las espaldas de esclavos de las colonias: si logras que esta idea no pase por tu cabeza mientras ves toda esta opulencia, eres de esa gente que me cae mal. Si no, es 
otra oportunidad para educar políticamente a tus hijes y sobrines. 

Por dentro es también una chulada. Se baja por unas escaleras de caracol que rodean un árbol y abajo hay un acuario espectacular....



"El bosque hundido" lo llaman y esto es solo un ángulo... luego sigue y sigue por otros pasillos... El tamaño de los peces, de preocupar: más grandes que Roc! Recordaba algunos momentos buceando entre bancos de pececitos, pero esto es otro nivel.



 Y esto es una capibara... parece que hemos tenido muchísima suerte de verla o verlo, whatever.


Es todo muy interactivo en la sala "Universo"  hay desde física y química...



... hasta la doble hélix del ADN...



... pasando por el cerebro...


... la microbiota y muchísimo más. 



Cuando me jubile, he de empezar otro blog ligero con estos temitas. De momento, convento cisterciense a la salida...




Libros
También he pasado por La Central, claro (ni que decir tiene que para ello el coche tuvo que de nuevo infringir la ley sobre alguna línea amarilla) y sigo sin encontrar el de Alma Delia Murillo que recomendó el náufrago Ro pero me compré "Temporada de Huracanes" de Fernanda Melchor.  Aquí empieza "Temporada de ropa interior tendida"... un aperitivo.


Me dan ganas de leer el libro de Pierre Bayard titulado "Cómo hablar de libros que no has leído", porque me parece un título provocador (en el divlog hay su divague de las sombras de Grey por ej, sin haberlo tocado ni con un palo de 12 metros), pero luego leo que el autor, además de catedrático de literatura, es psicoanalista: pongo la mano en la pistola. Sin embargo voy a incluir esta frase:
"Los libros que amamos ofrecen un esbozo de todo un universo que habitamos en secreto y en el que deseamos que la otra persona asuma un papel. Una de las condiciones para una relación romántica feliz es, si no haber leído los mismos libros, al menos haber leído algunos en común; lo que implica, además, no haber leído los mismos libros. Desde el inicio de la relación, por lo tanto, es crucial demostrar que podemos estar a la altura de las expectativas de nuestra pareja, haciéndole sentir la cercanía de nuestras bibliotecas interiores".
Piromanía institucionalizada
Ah, la noche de San Juan. Pienso en los pirómanos, pero no los de los chistes, sino las personas con este desorden de control de los impulsos, que no ganan nada con ello aparte de liberar cierta tensión interior. Imagino que esta noche es un "field day" para ellos. A mí no me gusta nada el ruido y nunca he podido entender los petardos, tracas, mascletás, así que se puede imaginar mi estupor cuando veo que hay unas tiendas efímeras que expenden este tipo de material, previa firma con DNI. Porque sí, los padres de Roc le compran unas "bombetas", que es lo que parece que los niños de 4 años hacen aquí. No tengo palabras y expreso mi horror, pero ¿quién hace caso a la tía, por mucho que sea la de América? En la plaza de detrás de casa, hay seniores hechos y derechos con náuticos y camisa de plana en plena cremá de distintas variaciones del tema. 

Menos quejas: ya expliqué aquí lo que sería una noche ideal de solsticio de verano pero, al final, esta casi lo parece. Salimos a cenar a la terraza y, de lado a lado del cielo, la gente está satisfaciendo su tensión interior con fuegos artificiales. Los vecinos del edificio de enfrente, como son ricos, han echado el resto y parecen fuegos organizados por el ayuntamiento. La foto no hace justicia, pero fue un ratito mágico: me recordó a Nochevieja en mi balconete en Londinium, y ver los fuegos muy lejanos en los distintos barrios de la ciudad. 


La manguera, diversión del pobre
Creo que ya he dicho alguna vez -el qué no habré dicho tras todos estos años- que el jugar con una manguera en verano me parece la diversión máxima del pobre en verano. ¿No tienes piscina pero sí un puntito de sadismo? La manguera es para ti. Ahora, además, las hay con difusión y lluvia primaveral y tal; ya no hay que meter el dedo para apuntar como en el Pleistoceno. 

Se preguntará el divagante la razón de la foto siguiente: es el sistema, ciertamente de otra época geológica, para lavar coches con manguera. Además, no se han molestado en cambiar el precio: por dos euros, lavado, aclarado y abrillantado. Fascinante también la sociología del lugar: tomado por los señoros amantes del motor, de esos que llevan su automóvil como un pincel -un poco mis antípodas, recordemos que a Wolfy hay que sacarle el musgo de vez en cuando. Como éramos las únicas chicas, pareció mal empezar a enfocarnos con la manguera -sección aclarado, ni que decir tiene-, no vaya a ser que terminásemos haciendo una fiesta de camisetas mojadas ahí con nuestros linos.  


Vamos a la playa, o-o-o-o-o, todos sin sombrero
A la salida terminamos en este parque ya autorizado para semejante cosa y mi principal observación es que a la península no ha llegado la religión de "un rayo de sol implica niño con  sombrero". Sería impensable en el UK tener a mediodía a esa panda de menores en plena solera descubiertos y este parque hubiera sido otro Field Day, esta vez para servicios sociales. Tampoco vi niños con bañadores enormes con protección solar. 


Pero en estas que, de repente, veo a una chica cuya cara me sonaba persiguiendo a un crío de la edad de Roc. Dudo porque, si es ella, no la veo desde 2019, cuando ella era una joven aprendiza de bruja que rotó por mi equipo. "Hola, eres S?", me lanzo, y ella me mira perpleja y entonces me doy cuenta que llevo gafas de sol y mi sombrero -yo sí- de viajes mugriento, así que me lo quito todo para que me reconozca. Qué ilusión: ahora trabaja de bruja ya titulada y recordamos batallitas. 

Brexit, lawfare, nuestra amada Latinoamérica
No voy a entrar en este tema, pero no sería fiel a la realidad de estos días si no contase que he estado escuchando podcasts o leyendo la prensa obsesivamente en ambos países donde no paran de pasar cosas en el ámbito político. El UK, ese país ingobernable tras el Brexit: a por el séptimo Primer Ministro en 10 años, y además miles de artículos para conmiserarnos de la década del maldito Brexit. Que el tipo que mintió descaradamente en aquella campaña tenga ahora posibilidades de ser nuestro siguiente PM es sobrecogedor. Mientras tanto, en Ejpaña, es como un thriller con tintes gore. En Latinoamérica, ni me meto. Es que no hay dónde huir. 

¿Por qué lleva esa señora una galleta en la cabeza?
Llega el día que me tengo que ir, y me da mucha pena porque Roc hace preguntas como este título frente a una botella de aceite "La Española". No he podido encontrarla online, pero en su botella, el clavel era amarillo, así que lo de la galleta es aún más plausible. 



La conversación es tan animada con Fashion en el camino al aeropuerto que no se me ocurre mirar la terminal hasta que estamos en una zona que no me suena de nada: ah, que voy a la T2, no a la T1. Nos hemos pasado la salida y, de repente, nos encontramos en medio del desierto de Atacama a las tres de la tarde. Sugiero que me deje en la T1 y "ya caminaré" pero se echa las manos a la cabeza, por lo visto no hay un amable pasillo refrigerado, sino gran distancia y peligro de golpe de calor, hasta con sombrero, en el intento. Tras horas de "la diligencia", llegamos, nos metemos en un parking innecesario y supongo que también ilegal, o Fashion no obtendría su dosis de subidón. 

Metemos todo esto a la procesadora, le damos al "on"... y a ver qué sale.