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20 agosto 2026

"La plenitud de la señorita Brodie" de Muriel Spark: Un clásico de la literatura escocesa que leí en sus antípodas

Hace más de un mes que terminé "The prime of Miss Jean Brodie" ["La plenitud de la señorita Brodie"] en Ciudad de México y desde entonces he leído otros tres libros y estoy a medias con el cuarto. O sea: el lío es monumental. Al terminarlo tenía probablemente grandes ideas para este divague, pero ahora solo me queda una impresión muy difusa que no sé si podré levantar con la página de notas que tomé mientras lo leía.
 

A él llegué por la última de esas listas del Guardian de las "100 mejores novelas de todos los tiempos" de la que ya hablé en mayo porque la primera había quedado "Middlemarch". Esta novela corta -son 127 páginas- que la escocesa Muriel Spark publicó en 1961 estaba en la 31, justo detrás de "Frankenstein" y por delante de libros como "Drácula" y "La montaña mágica". Al loro.

Todos hemos tenido un profesor que nos ha marcado, dice la sabiduría popular pero, ¿es esto cierto? Yo podría nombrar profes que me cayeron mejor o peor, pero no recuerdo ese [más bien esa] profe que volviera mi vida patas arriba como ocurre en las pelis -o en este libro. Vicariamente viví la experiencia de Fashion con Antonio Aramayona, el profe de filosofía y ética de su instituto, del que entonces nos hicimos amigos y del que hablé aquí, a propósito de "La mirada de los peces" de Sergio del Molino. Aramayona era ese profesor que te da alas, y hay que leerse ese divague para entenderlo. En mi colegio de monjas nadie se salía de la raya y en la facultad, todo era enterrarnos en datos; imagino que ese objetivo de la universidad, "crear ciudadanos libres", debía ser solo para los de "Filosofía y Letras". Seguro que el divagante tiene durante todo este párrafo en mente a Robin Williams increpando a Ethan Hawke y al resto de adolescentes a que se suban a los pupitres para ver el mundo desde allá arriba. Yo pensaba en él cuando decidí que el planteamiento de este libro me atraía , pero no hay que olvidar que Muriel Spark lo hizo primero —lo del profe inspiracional—, no el guionista de "El club de los poetas muertos".


Este es un libro que gira en torno a un personaje principal monumental, así como lo son Ignatius Reily o Alonso Quijano: la señorita Jean Brodie es una profesora de secundaria en un colegio de chicas en Edimburgo en los años 30. Y aunque ella es un personaje "larger than life", Spark también nos sitúa en el contexto histórico de la Escocia de entreguerras, con el auge del fascismo, que ahora se lee con los pelos de punta. Ah, y tantos años después, con eventos como el Brexit a nuestra espalda, leer que les dice a sus alumnas que los "escoceses son eminentemente europeos" también resulta muy curioso.

Siguiendo con contexto, no era la única soltera ["spinster" se dice en inglés, palabra que me encanta por su origen: el spin es la rueca y a las mujeres que hilaban se les llamaba spinsters, que luego se extendió a soltera porque eran mujeres que tenían que trabajar para tener independencia económica] en Edimburgo en esta época:
Durante la década de 1930, existieron muchísimas mujeres como ella, mujeres de treinta años en adelante, que, tras la soltería marcada por la guerra, se embarcaron en viajes de descubrimiento de nuevas ideas y prácticas energéticas en los campos del arte y el bienestar social, la educación o la religión.” “There were legions of her kind during the nineteen-thirties, women from the age of thirty and upward, who crowded into their war-bereaved spinsterhood with voyages of discovery into new ideas and energetic practices in art and social welfare, education or religion.”
Miss Brodie va por libre. Cada año elige a un grupo de niñas de 12 años para, esencialmente, manipularlas con su manera de ver la vida. "Dame una chica en una edad impresionable, y es mía de por vida" [“Give me a girl at an impressionable age and she is mine for life”]. Este grupo será, según ella repite, la “crème de la crème” porque por algo han sido elegidas y aleccionadas a vivir fuera del rebaño. Su filosofía de la educación es para enmarcarla:
“La palabra ‘educación’ proviene de la raíz e, de ex, "fuera", y duco, "te guío". Significa guiar hacia afuera. Para mí, la educación es guiar hacia afuera lo que ya está presente en el alma del alumno. Para la señorita Mackay, es introducir algo que no está ahí, y a eso no lo llamo educación,  lo llamo intrusión, del prefijo latino in, que significa "dentro", y de la raíz trudo, "empujo.” “The word 'education' comes from the root e from ex, "out", and duco, "I lead". It means a leading out. To me education is a leading out of what is already there in the pupil's soul. To Miss Mackay it is a putting in of something that is not there, and that is not what I call education, I call it intrusion, from the Latin root prefix in meaning in and the stem trudo, I thrust.”
Es imposible no derretirse cuando Miss Brodie se opone a lugares comunes como el "espíritu de equipo" [ni Cleopatra ni Florence NIghtingale ni Helena de Troya sabían lo que era eso] o arremete en contra de la educación moderna vs. la clásica. Las chicas han de elegir entre estudiar alemán o latín y griego, y Miss Brodie comienza diciendo que ambas cosas son "iguales y necesarias", y que deben elegir libremente, pero continúa: "No todo el mundo es capaz de acometer la educación clásica" ("Not eveybody is capable of Classical education"), así que cuando salen de su oficina a las niñas les ha quedado cristalino el desprecio de su mentora por la educación moderna. 

Este es un ejemplo de su faceta de librepensadora y su manera descarada de influir en sus niñas. O cuando les dice que no se molesten con las ciencias, que "el arte es más importante que la ciencia" [me recuerda aquel triste "¡que inventen ellos!" unamuniano]. Les recita poesía con los ojos medio cerrados y la cabeza hacia atrás antes de ir a casa para elevar sus mentes.  Hay muchos trozos como este que hacen la novela muy divertida: repite una y otra vez que está en su "prime" (plenitud) [alguien se imagina de sí misma diciendo, "hola, soy Di Vagando y estoy en mi plenitud"] en una total desconexión de la realidad, o tal vez "I dont give a fuck". También muchas risas, por la identificación plena esta frase: "Había llovido y el suelo estaba demasiado húmedo para seguir cavando el agujero a Australia". Mi historia de sección "tengo un pasado oscuro" a este respecto es la siguiente: cuando hacíamos parvulitas, nosotras también cavábamos en el patio del colegio, pero el objetivo era otro: encontrar al diablo y matarlo,como suena. Así solucionaríamos los males del mundo, que en aquella época se resumían en dos palabras: "Ayatolá Jomeini".  Recuerdo claramente encontrar tierra tirando a roja y decir "¡es un cuerno del demonio, ya lo tenemos!". Una niña un día escamoteó de su casa una caja de cerillas para "quemarlo cuando lo encontrásemos". No es gratuitamente que digo que la educación religiosa debería abolirse — viví estas locuras en mi propia carne, a la vez que temíamos a Joemini. 

Pero divago: volvamos al texto. Tras las vacaciones de verano de 1931, Miss Brodie vuelve llena de bronceado e ideas: ha estado en Italia y ha conocido de primera mano lo que Mussolini y los fascistas están haciendo, y está muy positivamente impresionada -parece que habían hecho mucho en contra del desempleo. Para escribir con conocimiento de causa tendría que leer más sobre esto; me pregunto a qué personas del perfil de Brodie les atraería el fascismo en esa época — es fácil verlo como una monstruosidad ahora (para algunos parece que no), pero ¿quiénes eran esas mujeres de la época atraídas por esas ideas? Espero que Mini, que en breve estará en primero de Literatura Inglesa, me pueda clarificar estos detalles. Mussolini fue educado en el catolicismo, pero luego fue ateo, y la propia Miss Brodie desprecia a esta religión abiertamente, en plena Escocia: "la Iglesia católica era una iglesia de supersticiones; solo la gente que no quería pensar por sí misma era católica" o "Los Fulanitos eran católicos y por ello les obligaban a tener hijos a la fuerza". Ahora que el PP viene con estupideces de los derechos de los no-nacidos, me aterra pensar que impongan esto a los demás. 

Pensaba que se me habría olvidado, pero no hay como subrayar y anotar los libros para que, poco a poco, las ideas vayan volviendo. Tendría aún para mucho más, porque también hay mucho sexo, traición, virtuosismo formal y, como ya he dicho, muchas risas. Un gran librito que podría parecer desubicado en el metro de CDMX -donde leí parte-, pero en realidad, los clásicos lo son por su universalidad. No hay antípodas en la buena literatura. 

"Praga es mi ciudad favorita de interrail de momento" [Interrail Mini 5]

  Jueves,  20 de agosto de 2026: Berlín-Praga 





Praga: ?por qué un tipo de 40 va a un hostel? [Interrail Mini 6]

   Viernes,  21 de agosto de 2026: Praga 



19 agosto 2026

Bosque de Chapultepec, voladores, mis vacaciones en librerías, conversaciones futboleras y nos instalamos en Copilco [Méx3]

Martes, 14/08/2026-Txapultepec, Copilco

La pasada ha sido nuestra última noche en este apartamento de "mayores". O sea, no de personas mayores/ancianos, sino de lo que yo pensaba de niña que eran "los mayores", o la vida adulta. Una amiga francesa decía que ella de peque pensaba que un día tendría una batería de cocina y una vajilla a juego, pero ya sabe que nunca sucederá. Pues bien, yo nunca tendré un piso así ni una cocina de isla (la verdad, me disgustan y qué haría yo ahí, me vendría grande), pero sería una impostora en él, una actriz. Incluyo una foto de la terraza, donde no salimos a desayunar porque hace fresco (sí, llorad). En la cocina hay una mesa alta, como si fuera una barra de bar (tampoco lo entiendo) y allí,  como pájaros, tomamos nuestros yogures. 


Recogemos todo y dejamos las maletas listas para volver a la una, que hemos quedado con la Sra Mari para devolverle las llaves. El objetivo de la mañana es llegar al Bosque de Chapultepec, pero antes he de dar los nombres de calles de Polanco: Plinio, Sófocles, Sócrates, Platón, Séneca, Horacio y luego otra manzana con Ibsen, Edgar Allan Poe, Calderón, Lafontaine... Claro, nos tenía que encontrar en Alejandro Dumas la "Cafebrería El Péndulo" que es una cadena -en ese momento no lo sabíamos- y nos quedamos maravillados:
 


Pasamos un rato muy chulo entre libros; en las mesas donde las selecciones observo que hay muchos libros españoles. La cafetería es el lugar donde yo quedaría con gente de vivir aquí. Me habría quedado el resto de la mañana, pero nadie dijo que la vida del turista fuera fácil.  

El Bosque de Chapultepec es el mayor parque de CDMX y en él hay un montón de museos, el más famoso e icónico, el Museo Nacional de Antropología al que esta vez, imperdonable, no entramos. El haber estado en 2004  supongo que no cuenta como excusa (claro que el Peda escribió "bien, pero no llega a las expectativas"), así que culparé al poco tiempo. 


¿Los voladores están ahí actuando todo el rato? Porque también los vimos en 2004. Es un rito ancestral que tiene que ver con la fertilidad y al principio bailan abajo al son de unas flautitas que suenan como lo que ponen de música de fondo en esos centros de yoga, por fin empiezan a subir sin ninguna seguridad por ese palo, luego pasan un tiempo que se hace eterno arriba atándose, y por fin se dejan caer colgados de un pie, amarrados solo por una mala cuerda. No entienden de arneses ni seguridades occidentales, ni se les debe subir la sangre a la cabeza, por no comentar lo del  mareo. Muy impresionante. 






Al cruzar el Paseo de la Reforma, a la orilla del lago está una de las sucursales de la librería Porrúa. Este es un sitio que no se olvida: hace 22 años que estuve aquí y sabía que quería volver. Está abierta completamente al bosque, por delante cruzan las barquitas y además han puesto unas alas hechas de libros -con el eslogan "conalasdelectura"- en las que Mini y yo nos hacemos prácticamente un book de fotos.  Creo que cuando me jubile y tenga mucho tiempo para viajar lo que voy a hacer es irme a estas librerías y pasarme allí el día: miraré libros, tomaré té, leeré mi libro y hasta -oh perfección- el portátil para divagar desde allí. Watch this space. 




A la salida, hay una exposición de fotografía en las vallas entre el lago y el paseo de la Reforma  titulada "Fragmentos de una ciudad infinita". No puedo explicar las fotos maravillosas de la ciudad que vemos; a algunas les hago foto pero tengo la esperanza de que esto tendrá su página web para poderlo ver tranquilamente desde casa y no: la página del gobierno no me lleva a nada. Incluyo una cualquiera: como siempre digo que me encantan las montañas nevadas (soy de la generación de Heidi), aquí tenéis una con la ciudad en sombra debajo y la montaña de fondo. 

Es un exceso lo de los museos en este parque, al Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec tampoco entramos, muchísima fila, 

y por el MAM [Museo de Arte Moderno]  -que sí estuvimos en 2004 y en el que sigue la exposición de Remedios Varo según nos dijo la chelista- ni pasamos.  Atravesamos un bosquecillo de cactus y llegamos al Monumento de los Niños Héroes, un mausoleo bastante feo [odio el mármol] conmemorativo de seis adolescentes cadetes que defendieron el Castillo de Chapultepec de los yankis. Vean por ustedes mismas, no se le encuentra un ángulo bueno:

Un pequeño recuerdo a mi duelo personal por no haber podido entrar al mausoleo de Lenin en Moscú y al de Ho Chi Minh en Hanoi.  En fin, que intentamos tomar un café ya en una de las calles de alrededor, sin éxito,  así que nos metemos en el metro para volver a Polanco. 


Hay mucha gente [claro que nada como la hora-pico aquella de 2004] y por fin al salir encontramos un sitios donde nos tomamos un frappé cada uno, que yo creo que bien pero que leo en el itacalog del Peda que califica de "uneventful" [ya veis, que si el Museo de Antropología decepciona, que si uneventful...]. En casa nos despedimos de la Sra. Mari y de nuestra impostura y vamos a buscar un sitio para ver la semifinal del Mundial España-Francia. 



Esta es la terraza con tele donde Mini come arroz negro, el Peda una birra [capítulo aparte lo buena que es la cerveza mexicana, y eso que a mí no me gusta demasiado: Indio, Bohemia... ] y yo agua porque aún estoy con miedo por "la panza".   Gana España 2-0, y no puedo evitar ser un poco demasiado expresiva cuando metemos gol. La camarera nos felicita, y esto no ha hecho más que empezar. En el taxi a casa de E y JA en Copilco tenemos una conversación muy animada de fútbol con el taxista. Hemos tenido tantas conversaciones futboleras con taxistas que no recuerdo el contenido de esta, pero en todas me lo he pasado muy bien: viene a ser como la cerveza, no soy una connossieur, pero como amateur lo he disfrutado.  

Llegamos sobre las 16:15 y nuestros amigos están ya todos ansiosos con sus maletones porque van a volar en tres horas. Últimas instrucciones sobre el piso: que si el desinfectante para la lechuga [ya he decidido que no comeré lechuga], que si cómo se tiende en el terrado, que si cómo se apaga la electricidad, cómo se pone la tele -E. es un "gamer" y tienen dos teles gigantes-,  las cosas que hemos de comernos y todo eso. Cuando se van, nos armamos de valor y vamos a un supermercado Walmart gigante que hay a diez minutos de casa: por supuesto, compramos sandía, porque esto no será Grecia, pero es verano, y verano sin sandía es menos verano.

Tras cenar, mis compas ponen una de las macroteles: es siempre una experiencia ver los canales en otros países y aquí hay asesinatos reales del cártel [preferiría pensar de los bandidos bang bang!] en, no sé, Zacatecas,  predicciones del tiempo y declaraciones de los políticos, todo con un acento muy mono que lo hace parecer una película. Yo todavía estoy leyendo una novela escocesa de 1961 ["La plenitud de la señorita Brodie"], que me parece del todo incongruente con el escenario en el que estamos, y eso que todavía no es inmersión total en el México profundo. Aun así, hay que terminar cuanto antes porque un colegio de señoritas en Edimburgo en el periodo de entreguerras y los voladores, los niños héroes y los bandidos de Zacatecas me van a cortocircuitar. 


Llueve en Berlín [Interrail Mini 4]

 Miércoles,  19 de agosto de 2026: Berlín 



17 agosto 2026

San Ángel, Chimalistec, Tlalpan. Literatura mexicana, haciendas con pajarracos, capsaicina y "la panza". [Méx2]

Lunes, 13/07/26: San Ángel, Tlalpan [CDMX]

Esta edad es lo que tiene, aunque duermas en una cama tamaño XXXL y con sábanas de hilo, te despiertas cuando aún está oscuro y te has de tomar una melatonina, gentileza del jet lag. Mini, que duerme en el sofá del salón, no parece sufrir ninguno de estos problemas. Desayunamos yogur, restos del avión y té, que como la reina* (que soy) siempre llevo conmigo. (*) Dicen que Isabel II llevaba incluso el agua allá donde fuera para su perfecta cuppa, cosa que me hubiera encantado.

Ay, el agua: me explico.  En México no se puede beber agua del grifo porque por los tubos navegan toda suerte de bichos malvados (hola, ciclospora), metales pesados y su prima. Por ello, yo solo tomaré agua embotellada en las tres semanas e incluso me lavaré los dientes con ella. En esta casa (y luego en la de JA) hay un filtro instalado bajo la fregadera, pero no me he fiado de beber del filtro ni de comer ensaladas o frutas no peladas [E., el marido de JA, me enseña el día que se van un botecito de desinfectante con el que remojar la lechuga, pero paso]. Este párrafo puede carecer de interés pero es relevante porque ponerme malita de "la panza" como dicen por aquí, ha sido una de mis ansiedades en este país. Y no, no está todo en mi cabeza, veo anuncios que sugieren que los locales también enferman. Mis compas de viaje en general hacen lo mismo pero son más relajados-claro que he comprobado que el tracto  gastrointestinal de ambos es menos sensible que el mío (evidencia al final del divague). Terminar el párrafo con esta idea: familiaricémonos con el concepto "garrafón". 

A las 10:00 hemos quedado con JA y "las chelistas" en el Parque de la Bombilla. Vamos en taxi, pero el metro de CDMX está muy bien [si no es "hora pico"] y debe ser el más barato del mundo [5 pesos ~ más o menos 20 céntimos de euro]. Con el taxi vamos por una especie de ronda con escalextric y distintos niveles y me gusta que los pilares están cubiertos de plantas, como un jardín vertical. 





En la imagen de abajo el cartel amarillo es de la cadena de librerías Ghandi, con la siguiente frase: "Tu ex ya inició un nuevo capítulo". Siempre usan frases ingeniosas como campañas, dicen. 




Ahora una nota sobre "las chelistas": las dos primeras noches no nos podemos quedar con JA y E porque coincide que está una amiga suya chelista, Esther, su hija de 18 también chelista que venía a  a dar unos conciertos, y el hijo de 15, percusionista. La madre es mexicana, pero todos viven en Polonia, donde Esther tiene una academia con su marido para enseñar violonchelo de manera "natural" [era un tanto pedrada pero no se lo ahorro por eso, sino porque me he olvidado]. Así que nos vamos a encontrar con JA y las chelistas en este parque para ir luego a hacer una ruta por el barrio de San Ángel. E, el marido de JA no viene porque está enfermo "de la panza" (?no dije?).

Como llegamos primero, esperamos un poco y parece que están preparando una fiesta: hay una bandera de México gigantesca -pereza- y un hombre subido en una grúa pintando el mástil, a la vez que haciendo un Jackson Pollock en el suelo, de todo lo que salpica en el proceso: se masca la tragedia.  Como hay una fuente y un pequeño mercado de flores, me voy a hacer fotos: mal, la foto estaba donde la bandera. 



Cuando vuelvo, aparte de un grupo de ciclistas portando banderas [algo del mundial], me encuentro con el siguiente cuadro: JA de rodillas en la fuente frotando una camiseta. Exacto: el splatter -técnica muy seguida por el Peda en su etapa pintora- le ha caído encima. Nada estaba señalizado, claro: bienvenidos a México. Esto, en un país anglosajón, habría envuelto conos fosforitos y varios agentes del orden y en EE.UU., abogados para demandar al ayuntamiento. Qué quieren: prefiero esto.  Así que nos tenemos que presentar a las chelistas nosotros mismos, pero enseguida llega JA al que hace tiempo que no vemos- solemos coincidir en Navidades en Vetusta- y que nos tiene preparado un día intenso porque al siguiente, se van a la península a pasar un mes. 

El paseo matinal es en un barrio colonial llamado San Ángel, unos 12 kms al suroeste del Centro Histórico, a la misma altura y justo al oeste de Coyoacán. Es una zona muy cara; hay comercios "exclusivos" -de esos que no me interesan nada-, pequeños restaurantes -tampoco mucho- y cafés -bueno-, placitas llenas de encanto, y otros lugares comunes de la burguesía, que se parece mucho en cualquier lugar del mundo. JA se viene de paseo muchos domingos y se para a leer por aquí [nota="pararse" en México significa "quedarse de pie", pero en castellano, detenerse — y esto me recuerda que tengo que ir actualizando mi diccionario de 2004 con nuevas palabras, aunque esta ya estaba]. 

Del Parque de la Bombilla, cruzamos Insurgentes Sur [la calle larguísima que cruza toda la ciudad) y luego la de la Revolución y llegamos a la Plaza del Carmen, donde está esta biblioteca...

De allí vamos a la Plaza de San Jacinto, seguimos por Benito Juárez y entramos al jardín de la Parroquia de San Jacinto, preciosa:


No puedo decir más en cuanto a calles, ni reconocer en el mapa por dónde vamos. Solo sé que nos encanta y aquí van algunas fotos:









En un punto, volvemos a cruzar Insurgentes Sur y terminamos en la Parroquia de San Sebastián Mártir, en el barrio de Chimalistac. Justo la están cerrando porque es la hora de comer del anciano sacristán: JA le pide que nos deje cinco minutos "que venimos de Polonia e Inglaterra", pero ni tras la pequeña confrontación el anciano cede.  JA nos dice que la mayoría de los mexicanos no son así [cosa que confirmamos durante el viaje, son súper amables] y entonces se mete en la conversación otro ciudadano mayor ocioso, al que se le nota la buena familia que repite, mientras niega "es una pena, es una pena". Me hace terminar apoyando al equipo sacristán, la verdad: le pagarán  los curas una miseria por ese trabajo y por qué perder unos minutos de su comida para que una panda de guiris vea la iglesia. San Sebastián sería mártir [e icono gay, con las saetas ahí clavadas], pero él no. 




La caminata sigue por el Camino del Río y por fin terminamos en la icónica Librería Gandhi de la avenida Miguel Ángel de Quevedo, que es enorme pero donde el segurata que nos pone unas pegatinas en los códigos de barras de nuestros libros [recuerden: nunca salga sin su libro] nos dice que está prohibido hacer fotos, luego no hay. Soy una ciudadana ejemplar, claramente. Allí me compro "La cabeza de mi padre" de Alma Delia Murillo, recomendado por el Náufrago Ro (próximamente divague en su quiosco) y "Temporada de Huracanes" de Fernanda Melchor (también en su quiosco cuando sea) para JA. Él nos ha regalado "El ejército ciego" de David Toscana (este no creo que lo vean en su quiosco porque lo leyó el Peda y sufrió "muchísima dentera" con las enucleaciones [les sacaban los ojos], y yo, que aprobé oftalmología en inconfesable convocatoria en parte porque odiaba mirar el atlas, me siento incapaz). En resumen: párrafo de literatura mexicana contemporánea de calidad para ustedes. 

 Allí se nos une E, el marido de JA, que ya está mejor de "la panza" y se va a unir a la comida. Vamos todos a Copilco en metro (una parada, a casa de JA & E, y allí nos distribuimos en su coche y taxi para ir al restaurante. Un par de fotos de Mini del edificio donde viven y donde nos vamos a quedar nosotros a partir de mañana.  




A JA le hacía mucha ilusión llevarnos a cenar al barrio de Tlalpan, al restaurante donde celebraron su boda, la "Antigua Hacienda de Tlalpan". Parece que la construyeron en 1837, cuando eso era aún las afueras de CDMX y propiedad de un antiguo presidente de México ("El Manco" González). Tiene la típica arquitectura colonial: la casa rodea una zona central y tiene porches con arcos. Ocupamos una mesa en uno de esos porches, yo mirando a la pradera central donde hay... pavos reales y otras aves. A un lado hay un laguito con cisnes. Vamos, yo en mi ambiente, porque los putos pavos a veces salen de ahí y se acercan. Socorro. 



No seré yo quien fastidie la segunda boda de nuestros amigos, así que intento concentrarme en la carta de la que no entiendo nada. En una semana ya soy una experta en comidas mexicanas, pero el primer día no me saques de tacos y burritos, que claro no hay en este restaurante de postín. Lo que sí que hay son tropecientos camareros con corbata, de esos que están esperando con  una mano delante de otra a que tengas el menor requerimiento: no me gusta. Además, te quitan el plato antes de que hayas terminado (algo que nos ha pasado alguna otra vez, será cultural), sin esperar a que uses el "lenguaje de los cubiertos", que es como el de los abanicos menos lo romántico. 



Esto de arriba es un "Chile en nogada", que es lo que acabo pidiendo porque bien es sabido que odio elegir y JA me dice que esto es el plato nacional mexicano, y por ello tiene los colores de la bandera: verde (del chile poblano), blanco (de la nogada, salsa de nuez) y rojo (de la granada). Está relleno de carne picada con, atención lo que pone en la wiki: " fruta (plátano macho, manzana panochera, pera de San Juan, durazno, pasas, almendras, piñones, etcétera), entre otros ingredientes". Yo insisto mucho a los señores esos que nos rodean sobre "si es picoso"; no es capricho, no tolero el picante y lo noto enseguida, no así mis compas de viaje. Me dicen que el chile poblano es un pimiento grande, y que no suelen ser picantes. Vale.

Es cierto: no pica y está muy bueno, claro que es bastante grande  y cuando he comido como 2/3 se lo paso al Peda. Terminamos la comida, recorremos la hacienda haciendo [juego de palabras] fotos y tras la sobremesa nos vamos de paseo al centro de Tlalpan, pero se pone a llover [temporada de lluvias, y suele hacerlo cada tarde], así que volvemos a la hacienda, donde JA ha dejado el coche. 


A medida que nos acercamos, me empieza a doler la tripa. No es insoportable, pero mientras esperamos a que nos traigan el coche un mayordomo de coches o llámalo hache -según JA eso es común en muchos sitios en México- la cosa ya empieza a alarmar. Cuando estamos en el coche, comienzan unos retortijones salvajes que incluyen sudores, ganas de desmayarme (me echo sobre las piernas del Peda) y la sensación de que el fin del mundo está cerca. Todo esto en medio de una tormenta tropical bestial que descarga sobre el techo del coche, pensamientos intrusivos tipo "mis amigos van a pensar que no me ha gustado el restaurante de su boda", junto con otros más prosaicos tipo "será dantesco si mis esfínteres me abandonan". Son los 20 minutos más largos de los últimos años y es imposible no tener flashbacks de "la laguna colorada" (algún día contaré esto). En fin, que llegamos a casa, me arrastro al baño y...

La culpa fue del boggie o del cha-cha-chá, en aquel momento no lo sabía, pero hoy sé lo que es la capsaicina y la escala Scoville. La primera es una molécula presente en los frutos de algunas especies del género Capsicum —llamados guindillas en España, ajíes o chiles picantes en Latinoamérica que "estimula el receptor térmico en la piel, especialmente las membranas mucosas". La segunda es "una medida del picor o pungencia en los chiles del género Capsicum, y el número de unidades Scoville indica la cantidad presente de capsaicina. De verdad que, aunque no se hagan un máster como yo, es interesante ver la escala aquí: el pimiento verde normal tiene 0 unidades Scoville, mientras que hay algunos que tienen las unidades por millones.  Los pimientos del Padrón tienen 2500-5000 y el que nos "ocupa", el chile poblano, se encuentra en 1000-1500. 

No era para tanto, pero una búsqueda rápida me presenta a montones de damnificados del chile en nogada, con mis mismos síntomas: la combinación de la capsaicina con la grasa de la carne y la salsa, la fibra de las frutas... en fin, un cóctel molotov del que no les daré más detalles ni seguiré con las metáforas. La chelista se va con el Peda y me traen unos electrolitos, y me echo en el sofá mientras intento mantener la conversación a la vez que me presentan al vecino Ricardo en ese estado. Son todos muy majos, pero mientras yo pretendo también serlo, lo que pasa por mi cabeza es cómo-voy-a-sobrevivir-tres-semanas-aquí con "estas aguas". En esos momentos yo no sabía nada de la capsaicina y el Peda, por supuesto, está como una rosa, luego culpo a "las aguas".

Volvemos en taxi al apartamento de lujo de Polanco, donde mis compas aún cenan algo del 7-eleven y yo caigo en la cama de reina como un harapo. Reina que no viajó con sus garrafones de agua y por eso, tiene mal la panza. 

(Pub=17.08.26)


Más Amsterdam (Interrail Mini 2)

 Lunes,  17 de agosto de 2026: Más Ámsterdam




16 agosto 2026

Proyecto una foto al día del Interrail de Mini: Hoy, Amsterdam

Mini se fue anoche con sus amigos a hacer el Interrail. Cogieron un autobus nocturno en Victoria Coach Station -ese sitio- y doce horas después llegaron a Ámsterdam. Las dos primeras noches se quedan en la casa donde viven los padres de uno de los chicos, así que el reloj de Interrail empezará cuando salgan de allí. 

Nos acaba de llamar y me voy a tener que contener para no hacer yo la crónica vicaria de su viaje — que bastante tengo con el mío que aún ni he empezado. Le he dicho que si cada día me manda una foto, la colgaré en el blog. Así que aquí va la primera. 

Domingo,  16 de agosto de 2026: Ámsterdam




Ahora se iban clubbing [discoteca, qué ochentero suena]. ¡Pero, ay, que he dicho que iba a ser solo foto! 

Disfruta, Mini.