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14 octubre 2026

Nuestra road movie intentando llegar a las Bahías de Huatulco no es "Y tu mamá también" [Méx15]

 Domingo, 26.07.26:  Playa Zipolite, Bahías de Huatulco

Amanece en Cocos y por primera vez en México el Peda va a correr [su diario= "7 km, por carretera, bien"]. ¿Alguien aprecia lo que se ahorra el divagante con que yo no corra? Porque deambulando se piensa —hola, peripatéticos— y se me ocurrirían aún más cosas que escribir aquí. Y, ¿alguien aprecia lo que se ahorría el divagante si fuera el Peda el bloguero? Con su conceptismo vital, en un par de párrafos tenía el día hecho. En fin, que yo me bajo sigilosamente -Mini duerme- a la piscina, donde no hay nadie. Me encanta, está perfectamente integrada con el ambiente, al igual que el hotel. Me recuerda a los Jameos del Agua de Manrique en Lanzarote. 


Pero claro, la cabra tira al monte y lo que tenía que pasar, pasó. Nadie en la piscina, casi nadie en el hotel -recordemos, es temporada baja aquí- y la felicidad de nadar en bolas: irresistible.  Al rato viene el Peda de correr y se mete también - él con bañador.


Porque claro, nadie estaba mirando, pero de regreso a la habitación hay evidencia de lo contrario: la pequeña victoriana está negando con la cabeza y murmurando "esto ya lo sabía yo" en inglés decimonónico. Mis aclaraciones de que no había nadie no funcionan. 



Bajamos a la Playa de Zipolite con el Peda para dar un paseo. No se sabe exactamente de dónde viene el nombre, se 
cree que en náhuatl quiere decir "playa de los muertos". Y no sé si será por eso, pero tiene el dudoso honor de ser una de las diez playas más mortíferas del mundo. Mundo. 
Me da rabia porque en ninguna foto se van a captar las olas tal como eran: monstruos. 

No se ve, pero estas olas hacen el "Tubo mexicano" muy bonito, y luego cuando rompen, parece que nada:

A lo largo de la playa hay edificaciones que parecen mantenerse de milagro, porque cuántas veces les entrarán esas olas por las puertas y ventanas y los techos de los porches de palapa (hojas de palmera seca). Han de protegerse como en la guerra. 

Después de ducharnos, vamos a desayunar a un sitio descrito por el Peda como "pijo y caro" -en realidad son cuatro mesas en la calle y sacan la comida por la ventana de una casa.



Hemos de salir a explorar, pero imposible decir no a un baño en la piscina - vestidos. Hoy están dos de un grupo de 4-5 chicos españoles gays, también vestidos. Por fin cogemos el coche hacia las Bahías de Huatulco, que están hacia el oeste, dirección opuesta a Puerto Escondido.

De camino paramos en Estacahuite en plan "baño rápido" pero hay mucha gente.

Pasamos y seguimos hacia Huatulco, pero enseguida nos encontramos con la carretera en obras. Hay muchos tramos en los que está de tierra y se va muy lento, cosa que no importaría si a la derecha se pudiera ver el mar -menuda rutaza escénica sería esa- , pero se interpone la jungla exuberante, como diría el autor de cualquier Rough Guide. Volvemos al asfalto, nos animamos, pero a los pocos kilómetros, vuelta al "ripio" (camino de tierra, sin asfaltar). Esta palabra la rescato de los diarios de 2004: cuánto ripio chupamos en aquel viaje, a veces noches enteras en bus. Bajo en una de esas Bety Abarrotes de carretera -mismo género polvoriento y /o caducado- a preguntar si es todo el camino así, y la mujer dice vaguedades. Tras un desvío que nos hace rodear mucho rato nos damos cuenta de que no vamos a llegar. Es duro tirar la toalla, pero decidimos volver, no por donde hemos venido, sino por los pueblos  de arriba. 
 

En fin, un día fallido, pero a veces estas cosas pasan. No es fácil, ni siquiera con la carretera bien -el día que se termine- visitar esta zona. Me explico: las Bahías de Huatulco son nueve, con nombres tan chulos como Chachacual, Chahué, Tangolunda, Maguey o Cacaluta, y tienen un total de 36 playas. Muchas de ellas son vírgenes y solo se puede acceder con lancha, porque están rodeadas por la selva del Parque Nacional Huatulco. Hay algunas que están ya sobreexplotadas, con hoteles de las grandes cadenas que no tienen interés para mí -para eso no llegas hasta aquí, que no es precisamente fácil. Llegar a las playas que a mí me gustan es complicado. 

A la que queríamos llegar nosotros, Cacaluta, se accede caminando 20 minutos por un sendero tras bastante conducción por la selva - a la que habríamos llegado 3 días después por la carretera de ripio.  ¿Por qué Cacaluta?  La culpa la tiene como siempre el boogie, digo Mini, que llegó ella solita a la peli de Alfonso Cuarón de 2001 "Y tu mamá también", y le encanta. Nosotros no la habíamos visto desde su estreno allá por Nottingham [a veces mido la vida por lugares] y la vimos otra vez en el proyector [¿he dicho que tengo un proyector y una pared blanca? ¡Me encanta!] hace unos días. Le propusimos a Mini verla juntos, antes de irse a Mánchester, pero nanai, que hay mucho sexo [pobre, la entiendo, quién quiere ver eso con sus padres]. Nota para el futuro divagante que lea esto con fecha de julio: aunque esta entrada esté publicada el día que ocurrió, esto lo escribo en octubre.

Por dónde empezar con la peli. Primero, yo recordaba que me había gustado, pero no tanto como esta segunda vez. Fenómenos rarísimo a día de hoy, que muchas pelis me dejan fría y hasta me da miedo revisitar viejas favoritas, por si acaso. Como por aquel entonces no existía el divlog, no sé exactamente lo que pensé, tal vez, por tener yo 30 años, no pude entender todos los ángulos a los que se accede 25 años después.  Porque en mi caso a esa edad todavía no había entrado en la edad adulta, seguía como los chicos luchando esos estadios finales -claro que 10 años mayor que ellos. Ahora pienso que no di ese paso hasta que volví del viaje del 2004 y la vida empezó a ir super rápido. Y no es que entonces no apreciara que en una road movie lo importante es el trayecto, no dónde llegas: ya había entonces descubierto a Kavafis, ya era entonces Ítaca mi poema favorito. Y supongo que sabría apreciar la voz en off del narrador, que ahora desde el principio me engancha.  Me encanta- le pongo un whastapp a Mini con esto, y está de acuerdo. 

Luego, imágenes como esta; uno de los moteles donde se quedan una noche [¿he dicho que es una road movie?]. 

No me puede gustar más la piscina llena de hojas, la sensación de lo inacabado con la hormigonera ahí, la sospecha de que un asesino en serie ha pasado por alguna de sus habitaciones… la escena me gusta -sí, hay baño entre las hojas- y de ella se pueden sacar varias fotos como esta. 


Luego, el contenido. Quizás la primera vez me quedé con que era el coming-of-age [bildungsroman!] de dos niñatos a los que se les sale el semen por las orejas, a los que una chica [me niego a decir mujer, Verdú tendrá 30 años] les intenta enseñar lo que han de hacer para que las futuras chicas con las que estén lo pasen bien, que el sexo no es únicamente una liberación de entropía, por ponerlo de una manera sutil. 



Pero además, la peli es mucho más que eso y Cuarón deja que la cámara se separe de sus protagonistas y se vaya a enseñarte la realidad: a los lados de la carretera hay cruces, hay policía tomando los datos a campesinos, hay indígenas de mirada triste. Y por supuesto el más abiertamente frontal comentario político por parte del narrador: pasan por el pueblo de la criada-niñera de Tenoch, el chico rico y él piensa y no dice nada [de nuevo, la mala conciencia de Cuarón y las criadas], o la historia de la nieta de una mujer que vende alebrijes en un puesto: murió de insolación en el desierto de Arizona, cuando sus padres buscaban un futuro mejor. Y luego está la mejor, la de lo que le pasa al pescador que ocasionalmente lleva a gente con su lancha a esas playas vírgenes cuando llega la multinacional que construye hotelazos en la bahía a la que no vamos a ir. Mini, también tocada por este trozo, me manda esto:



Porque la peli también habla de gentrificación, de quitar a las personas su manera de vida, de cuánto se puede mantener en el tiempo una amistad de chavales de distinta clase social, de la [mala] educación sexual de los chavales en los 90, de la importancia de las pequeñas cosas -no sabemos cuánto tiempo dura esto que llamamos vida-, de que en las franjas hay otros que malviven. 

Para terminar, confesar que durante todo el divague he tenido pegada una canción: la del baile del trío hacia el final de la película. Hay muchas escenas de baile de pelis que nunca olvidaremos: la de Pulp Fiction, la de La La Land, la de Band a parte, la de Dirty Dancing, y la de "Y tu mamá también" es, también,  una de esas. 

No llegamos a Huatulco, pero no olvidemos: lo importante, es el viaje.


12 octubre 2026

Solo hay una playa oficialmente nudista en todo México: Zipolite [Méx14]

 Sábado, 25.07.26:  De Oaxaca a Zipolite

Hoy dejamos la mágica Oaxaca y termino con este fun fact: Hernán Cortés, atraído por la belleza de la zona -no por otra cosa, era de poco interés para los españoles, porque no tenía riqueza mineral-, se puso a sí mismo el título de "Marqués del Valle de Oaxaca" [hala, venga, ¿por qué no?] y hasta la revolución sus descendientes eran los "grandes tenedores" -como se dice ahora- del terreno allí.  Nihil novum sub sole. Vengo diciendo que algunas instituciones británicas -se incluyen universidades y la Iglesia!!!- están publicando documentos reconociendo que se financiaron gracias a la explotación de otr@s e incluso ofreciendo "reparación" (la Iglesia £100m, no sin controversia). Sería interesante un ejercicio similar por parte de los actuales herederos de las "buenas familias", a los que se les llena la boca con lo del "esfuerzo" y el "mérito". Ya lo dejo, pero ya estaba hablando de la meritocracia hará un año aquí. 

Bueno, centrémonos: esta es la estación de autobuses de Oaxaca, con sus creativos asientos, y donde nos despedimos de la ciudad con un último Choco Mío. Salimos sobre las 10:55 (10’ tarde). 


Yo tenía muchas ganas de hacer esta carretera porque -sí, nueva aparición de la que ya no es más estrella invitada, sino Cuarta Pedalista- la Rough del 2004, la ponía por las nubes ya que "se atravesaban bosques de pinos en la montaña mientras se descendía a un exuberante bosque tropical" [obviamente, sic]. En aquella época había una carretera en la que te hacías una con el asiento, y pasabas por un pueblo llamado San José del Pacífico, a más de 2,300 msnm: o sea, subías de los 1550 de Oaxaca y volvías a bajar. Hoy hay una autovía que te baja en 3 horas y media por otra zona, así que no pasas ni por San José, ni por otro llamado "Las Nubes":  precioso, no?, ver desde allí ver el valle por debajo de cúmulos gordotes. 



En esta vía alternativa, el paisaje está bien y entra en la categoría "rutas escénicas" de mi vida, solo como guiño a la Cuarta Pedalista, no por mérito propio -habrá que volver por "Las Nubes" en la jubi. Y cómo olvidar lo que la compañía de transportes decide poner a todo gas en este trayecto: "Pretty Woman" (!!!) en mexicano. Peli que pese a que nos repiten que cada vez que la ponen en la tele, nadie ve otra cosa, yo no había vuelto a ver desde el estreno en el Cine Don Quijote de Vetusta en una edad geológica anterior. Solo el doblaje la hace tolerable para las risas, porque maremía las caritas de Richard Gere. Otro despropósito noventero con el que hacemos de tripas corazón pero con la siguiente, una tal "Are You There God? It’s Me, Margaret", ya imposible. 


Al llegar a Puerto Escondido nos da una bofetada, casi por primera vez en todo el viaje, el calor. Llevamos semanas oyendo el horror que está siendo Europa este verano, y esto solo me ha confirmado que 1. necesito aire acondicionado en el salón de Londinium y 2. no hay que viajar en verano. 

Comemos en el porche de un restaurante tipo palapa [con hojas secas de palmera en el techo], mientras que la Cuarta Pedalista asegura que "Puerto Escondido ya no es el lugar de hippies de hace treinta años". Hagamos las sumas: 22 + 30 = 50 años, bro. El conocido del Peda, que no contestó más a los emails cuando el Peda le confirmó que sí, que nos quedábamos en su hotel boutique, aparece finalmente para decir que han decidido "cerrarlo esos días por mantenimiento"- le llegó inteligencia de que no éramos target. Hacemos cónclave los cuatro para encontrar un lugar para dentro de un par de horas. Por fin acordamos el "Hotel Cocos" en Playa Zipolite, a casi dos horas de Puerto Escondido. 

En taxi al aeropuerto, donde hemos alquilado un coche y qué sería del proceso sin el pequeño incidente-timo de turno. Hoy: nos cobran el seguro, pese a que tenemos uno anual internacional. Las diversiones del viaje que nadie te cuenta. 


Cogemos la carretera de la costa, dejando a un lado Zicatela y otros pueblos (máster en marketing, el que bautizó al suyo "Escobilla"). 

El mar, el mar («¡Thalassa! ¡Thalassa!») a la derecha es todo lo que habíamos leído y más. Furia no empieza a describir sus olas; obviamente, estas playas -en particular Zicatela- son palabras mayores, capital mundial del surf por algo. He escrito bastante en este diblog sobre surf [una de las cosas que se quedarán pendientes en mi "por hacer" vital], pero no puedo encontrar si escribí -y me suena que sí- sobre la famosa "Mexican Pipeline o Mexpipe" ("Tubo Mexicano"] Volveremos a Zicatela y este tema unos días más adelante. 



Se hace de noche, por fin llegamos a Zipolite, y aún nos cuesta encontrar el Cocos, que está al final del todo, atravesando un bosquecillo de palmeras.  El recepcionista es muy simpático, aunque cuando le pregunto por la incidencia del dengue allí [nota: mi susto por sismos y txunamis tenía que encontrar una nueva espita] dice que "ahora no hay dengue". Ah, y cómo lo sabes? Porque no se han reportado casos. O sea, no es que haya complejos aparatos, sino que va así, a bolo. Entonces remata: "yo lo he tenido ya dos veces". Pero que estemos tranquilos, que tenemos una crema de citronela en la habitación. Crema de citronela???? Yo llevo ya mi DEET hasta en el carnet de identidad, y he pasado a ser "our woman in Havana"  [véase atuendo Vietnam]. 

Las últimas indicaciones del hombre son, así como quien no quiere la cosa, que el hotel es nudista, “pero es opcional”. A ver, sabíamos que Zipolite era una playa nudista -aunque no que la única de toda la fkn República, y el nombre "Cocos" nos debería haber hecho sospechar, pero ni con esas. La verdad es que cuando reservamos, un par de horas antes y a la desesperada, solo miramos fotos de la piscina y poco más, quién estaba para leer la letra pequeña. En esos pensamientos estoy cuando veo el semblante de la pequeña victoriana: no le hace ninguna gracia. Pero bueno, Mini, míralo por este lado: no es obligatorio. Mini teme, conociendo a sus padres, lo peor.


Esta foto de la piscina no le hace justicia, pero no puedo poner una de día porque no se ajustaría a la narrativa. Pero vamos, que es chulísima y el hotel también está muy bien. Es tipo rústico, con habitaciones sencillas con terrazas con hamacas colgadas que dan a la piscina, en medio de mucha vegetación y a varias alturas.  No tiene restaurante, así que la pregunta de "si en el desayuno hay gente en bolas" se contesta sola. La crema de citronela huele fenomenal y, muy positiva -exultante si no fuera por el mosquito anófeles o como se llame- bajamos a la piscina -con bañador. El agua está muy caliente y solo hay una pareja de mexicanos que también acaban de llegar, como de 60. Intercambiamos experiencias viajeras y ellos tampoco habían leído la letra pequeña.

Al salir hacia la carretera con la linterna del móvil, lo primero con lo que te encuentras es Abarrotes Bety, una de esas tiendas tristes en las que sospechas que todo está caducado. Para cenar tampoco hay mucha oferta, pero entramos en el primero que vemos, y ahora es cuando he de robarle al Peda: "es bastante cutre, con la carta escrita en un cuaderno a mano y sin precios, ni agua embotellada y con gatos, pero la comida está muy bien". Ha nacido el A.A. Gill del divlog.



Por supuesto, a la vuelta se compra algo en bolsa cubierta de polvo, probablemente caducado en Bety. En el último tramo hacia Cocos, los haces de las linternas iluminan la arena del suelo y los troncos de las palmeras. El mar ruge de fondo, muy fuerte: soy feliz. 

Pub=12.10.26


11 octubre 2026

La hija pródiga vuelve el finde: "A Tale of Manchester Life" ["Una historia de la vida en Mánchester"].

 Este fin de semana ha vuelto Mini de Mánchester por primera vez desde que la dejamos allí el 17-18 de septiembre. Mi curva de aprendizaje sobre el mundo universitario británico está en lo más alto: cada día hay nuevos sintagmas del inglés que desconocía, impregnados de sociología barata y antropología de garrafón que no puedo esperar a compartir aquí.  

"Y el sexto día,
Dios creó MANchester"

A los estudiantes de primer año se les llama "freshers" y viven en los "halls" que describí en aquel divague. El segundo año ya pasan a vivir en pisos, pero este primero les sirve para hacer amigos, sobre todo en su hall. Ya conté que tienen una sala comunal y un bar -además del comedor- donde un equipo llamado ResLife organiza actividades a diario: una noche, karaoke, otra Abba, y suma y sigue. Nunca me han gustado las cartas, y a saber a qué juegan, pero es otra actividad del salón comunal ese. 

Aparte, como es una ciudad muy universitaria, estas primeras semanas han tenido ofertas para entrar en los clubs (discos), o para comprar ciertas cosas.  Las fotos que incluyo las he sacado de su IG, no me las ha compartido. En esta primera ya hay calabazas, y parece que la semana de Halloween en cuestión va a ser de fiesta diaria. 


En su grupo de amigas hay inglesas, pero también australianas y yankis. En su planta hay muchos estudiantes de China. Tienen fama de retraídos, empollones y, en general, de no hablar inglés.  Todos estudian ingenierías, cosas aeroespaciales, ciencia hardcore. En su clase [recordemos, Literatura Inglesa], con casi todos blancos. Hay una chica china de su pasillo que tiene a sus padres viviendo con ella en la habitación -y sospechan que también a un hermano. Cuando entran a la cocina y han estado ellos, el olor de lo que sea que han cocinado es terrible. Detecto un pelín de incoherencia cuando tuvimos que escuchar las loas a un piii Chow Mein en una estación de buses mexicana. Le recordamos que, aunque sean chinos, también es racismo. 



Un clásico -que todo el mundo en el curro me está preguntando- es si ya ha tenido la "freshers flu" -la gripe de los freshers. Al principio, mientras sus amigas iban cayendo una tras otra, se creía inmunizada porque recientemente pasó la "Interrail Flu". Pero claro, acabó con el susodicho catarro, y verla tan mal en la distancia fue de lo peor de estas semanas. "Toma paracetamol, bebe agua, cuánta fiebre tienes". Pero en cuanto se le acabó el poco paracetamol del botiquín que le dejé, por supuesto no iba a comprar más, ni a comprar un termómetro, que se me había olvidado meter. Nota: este fin de semana se ha llevado uno nuevo, y paracetamol. Esta imagen de abajo me recuerda a aquella escena de "Trainspotting": "el baño más sucio de Escocia".


Es curioso que aunque empieza a conocer a gente de su clase, las mayores amistades son con la gente de su hall. El Peda y yo le contamos que, como ambos estábamos en casa de nuestros padres, los amigos que hicimos en la uni eran casi exclusivamente de nuestra carrera- aparte de algún amigo de un amigo. El Peda rememora cómo con este grupo de clase -todo chicos, son vasconavarros- quedaban en la biblio por las tardes y así "se animaban estudiar". En mi carrera era todo mucho más individualista, y yo en la biblio solo conocí al Náufrago Ro que era todo menos un animador para el ídem. En la imagen de abajo vemos un civilizado café que se tomó con una compa de la carrera en un receso. Nota: ha conocido allí a dos andaluzas de intercambio [no sé si con el pii Brexit, se le puede llamar Orgasmus todavía]. ¿De qué ciudad, querida hija? Y ella, "Andalucía, no es eso una ciudad?" Lloro. 


Otro concepto similar al de la "freshers' flu es el "flatcest" y viene de la combinación de "flat" (piso, halls en este caso) e "incest" (incesto). O sea, tener sexo con alguien que vive en tu edificio o piso. Es algo a evitar porque luego vives innumerables situaciones "awkward", incómodas, loquesea. Cuando se le pregunta disimuladamente por los chicos, la respuesta es "meh" y "no me gustan los cortos y los altos son feos".  Mini, no se dice "cortos", se dije "bajos"; en castellano ser corto significa otra cosa. Ah vale, probablemente me olvide. Nota: esta niña necesita un año de inmersión en la península, ¿o no? 

Aquí un par más de ejemplos de la "vida en los halls": desde Alfie, uno que puso un cartel en su puerta con teléfono y todo -ya es amigo- hasta una "tía muy rara", que envía mensajes al grupo quejándose del robo de su zumo de mango, que le paguen las £3 que costó porque "lo necesita para tomar su medicación". A Mini también le quitaron unas latas de bebida carbonatada que le habían regalado en un evento de freshers: es la jungla ahí fuera, amigos: no sé si apelar a la fibra sensible de la medicación ablandará al ladrón.  



Aún me estoy riendo con esto: según Mini, cuando se oyen petardos en Mánchester, son camellos que indican la localización a sus clientes para que vayan a comprar drogas. ¿Qué sentido tiene esto? ¿No irá también la policía? Mini desconoce los detalles, pero todo el mundo en su barrio sabe que ese es el código.  Le pregunto a la IA de turno, que asegura es una "leyenda urbana", no solo de Mánchester, sino de otros países anglosajones. Una posible explicación, me digo, es que pronto es Bonfire Night y empiezan con los petardos un mes antes- habrá que observar si siguen tras el 5 de noviembre. También me río cuando pone un WhatsApp desde el cuarto de la lavadora toda fastidiada porque acaba de pagar las £3.10 y se ha olvidado de poner el jabón - no creo que se le olvide más. La lavadora suele ser una fuente de noticias: la lucha por ella es complicada porque si llegas tarde a recoger la tuya "el de detrás tira tu ropa al suelo". Salvajes.  

De sus cuatro asignaturas, el Peda y yo hemos convenido cuáles nos gustaría cursar, a saber: "Literatura e Historia" (el Peda), "Leyendo Literatura" (ambos), "Teoría y Texto" (ambos) y "Mapeando el Medievo" (ninguno). Me da mucha pena que tenga que leer y trabajar "Beowulf", que viene a ser el "Cantar de Mio Cid" anglosajón. Se trata de un "poema épico anónimo en inglés antiguo en verso aliterativo". Se desconoce su fecha, aunque se cree que del siglo VIII al XII -cuatro siglos arriba o abajo, qué más da: no os pilléis los dedos. La obra se conserva en el Códice Nowell o Cotton MS Vitellius A XV y está aquí online y en vivo en la British Library, por donde he pasado justo hoy, ya que está al lado de Euston, la estación desde donde se coge el tren de vuelta. Y ya pasé por allí y divagué hace tiempo sobre otros manuscritos que me emocionaron [de George Eliot, de Oscar Wilde, de las sufragettes, pero ni mencioné este: ¡imperdonable!].



De "Leyendo literatura" están con el de abajo, novela que no conocía, pero si es lectura elegida por popes de la academia mancuniana, habrá que mirársela.

 Una noche que tenía que leer 30 páginas de "Beowulf" para el día siguiente y yo estaba sola en casa me propuso que nos conectásemos en videollamada, y trabajásemos en paralelo: ella leía y yo escribía este blog. Funcionó! Fue un rato muy chulo. 


Hoy, como digo, la he acompañado a Euston y luego me he ido a Coal Drops Yard a mirar unas deportivas. De allí he bajado a pasear por el Regent's Canal, donde está aquella librería en un barco de la que ya hablé aquí: "Words on the Water".  Hoy había una mujer tocando el saxo en la cubierta:


Me he puesto a mirar en unas cajas de segunda mano y ahí estaba esperándome Elizabeth Gaskell, la autora decimonónica que escribió sobre las tensiones en la sociedad industrial que se estaba desarrollando en Mánchester. Pensaba empezar por "North & South", una de las más famosas, pero la que estaba allí era "Mary Barton", su primera. Me ha encantado la tapa y cuando la he abierto, su epígrafe: "A tale of Manchester life". 


Como decía Sábato, "las casualidades no existen". Acabo de dejar a mi hija camino a Mánchester y me encuentro a Gaskell aquí, así que lo he comprado. Y me han puesto el sello del barco. Enseguida escribiré un par de líneas en esta misma página con este "así llegué a ti", para que Mini algún día del futuro, cuando haya olvidado esta anécdota -o sea, el nanosegundo tras habérsela contado hoy por teléfono al llegar-, pueda saber cuándo y dónde este libro y yo nos encontramos. Hasta la siguiente entrega de "A Tale of Manchester Life".


08 octubre 2026

"La cabeza de mi padre" de Alma Delia Murillo: Que el malismo se pase de moda

 "La cabeza de mi padre" de Alma Delia Murillo ha sido el último libro mexicano de este verano, lo terminé a principios de agosto, justo al llegar a Londinium. Fue recomendación del Náufrago Ro antes de que supiéramos que veníamos a México, y cada vez que lo intentaba encontrar en una librería española, estaba agotado. Por fin, lo compré en la librería Ghandi de Coyoacán. Vengo diciendo que el tema de los hombres como pinches pendejos ha sido generalizado en mis lecturas sobre este país, y el de Alma Delia Murillo no va a ser menos. La otra noche, viendo la peli de Sorogoyen, "El ser querido", en la que Javier Bardem hace de un padre ausente y Victoria Luengo de su hija tremendamente enfadada, recordé el libro de Murillo: padres ausentes los hay en todos los sitios pero en el caso de México, la cifra de estos pinches pendejos es escalofriante. El 50% de los mexicanos vive sin padre.  


Murillo estudió Literatura Dramática y Teatro y después de múltiples trabajos en empresas, ahora se dedica a escribir. Empresas en las que pronto aprende que, como mujer, "no has de ser ambiciosa, ni pedir cambios, sonreír, complacer y hablar en plural de lo que hagas, aunque lo hayas hecho tú sola". A los 40 años, tras soñar que se iba a morir, decide salir a buscar a su padre, que había abandonado a su madre con nada menos que ocho hijos pequeños y se había largado a Lázaro Cárdenas, sin dejar rastro. La autobiografía comienza muy fuerte, con "las siete cosas que hacer en esa zona". 
"La primera es sobrevivir a la pobreza, la segunda es sobrevivir al hambre, la tercera es sobrevivir a la falta de servicios de salud, la cuarta es sobrevivir a la falta de oportunidades, la quinta es sobrevivir a la guerra criminal por el control del aguacate, la sexta es sobrevivir a la falta de educación, la séptima es sobrevivir al narco". 

Aunque justo antes ha dicho algo que me ha robado el corazón: "en este país todos somos hijos de Pedro Páramo". La lectura de este clásico fue una de las razones por las que quise volver a México: 
"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo". 
Y es verdad, Pedro Páramo es el hijo de todos los padres ausentes del mundo. Es Alma Delia Murillo, que no se queda en Rulfo, sino que usa muchas referencias en la novela, desde el  "King Lear"  de  Shakespeare, el "Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé! Golpes como el odio de Dios" de César Vallejo, hasta "La invención de la soledad" de Paul Auster, pasando por "Ordesa" de Manuel Vilas. 

Buah, las referencias le encantan a La Vampira de Referencias, pero hay algo que me gusta aún más, la metaliteratura, y de eso, este libro está lleno. En la primera página ya confiesa que escribe sin mapa ni guía en estrategia narrativa [escritura brújula, también la mía], y plantea el contar cómo empezó todo, que no el principio: "el principio no puedes escribirlo; quién sabe si alguien lo puede escribir". No descubre nada cuando reflexiona que todos escribimos la novela de nosotros mismos, más o menos encubierta, y que para controlar el pánico "hice lo que suelo hacer para controlarlo, me senté a escribir".  Porque "escribe, dice la voz del inquilino que me habita y que me regala la distancia para mirar a través de ella". Y la mirada, cómo la historia puede ser la misma, pero si mueves el lugar desde donde la ves, te das cuenta de que el verdadero milagro es cambiar el punto de vista (?es el destino maldito por quitarnos el padre, o maldito el padre por irse?). Y frases dramáticas de las que me gustan, como que "escribir es un acto mucho más cercano al abismo que al proyector de luces", o algo que me representa: que escribiendo aprendemos a mirar la condición humana. 



Pero, ¿cómo se siente una niña sin padre?  "No te conozco, pero he pasado tanto tiempo contigo, y lo primero fue la vergüenza". Desde las miradas en el colegio hasta cuando se echa un noviete y le pregunta aquello de "qué hace tu papá, qué hace tu mamá". Y, "no tengo papá". Y, el tipo desaparece: parece que a su familia no le gustó que la de Murillo no fuera "normativa", eufemismo actual de "normal".

Tal vez por la endémica ausencia de padres en México, existe veneración por las madres . El Día de la Madre es "un carnaval frenético del fanatismo que no conoce límites", pero  el problema de eso es, como siempre, quien se queda fuera [cómo no recordar el maravilloso "El domingo de las madres" de Swift aquí]. Una amiga suya sin madre vivía aterrorizada con ese día y Murillo compara: aunque a ella le incomodaba el Día del Padre, no tenía la carga demoledora de lo que le caía a su amiga. Antes, esto ni nos lo planteábamos; hoy en día, los almacenes envían mensajes a los clientes unos días antes, por si alguien quiere "quedarse fuera de los emails de promoción —al final, son eso: ocasiones para el consumo— del Día de la madre/padre/lo que sea".  Todo se va al garete, pero la sociedad es más empática, se plantea estas cosas, o no reírse de los gangosos, los cojos, los gordos. Y sigamos adelante con esto: no dejemos que el malismo gane.

Y eso que la relación con su madre es compleja, nada inusual en mujeres en las que ha habido un cambio cultural grande entre sus generaciones. Dice que de adolescente la odiaba, pero algo cambió cuando comprendió, con el viaje de los años, que no solo era su madre, sino que era una mujer. Cuando su madre se enamoró, Murillo fue testigo de su transformación en "fiera amorosa" y lo que le alegró verla vivir eso. Porque el enamoramiento -agotador como es- es el mejor estado de los seres humanos. Curioso lo de enamorarse como una bestia, cuando hacemos tantas cosas para no sentir, para habitar paraísos anestesiados. "No queremos experimentar emociones indomesticanas (...) pero solo en el amor somos depredador y presa, solo en el amor queremos matar y al mismo tiempo mostramos el cuello como lobo rendidos al alcance de un te amo que podría ser más letal que un disparo". Aquí enseña la patita su generación: nos enseñaron a vivir el amor como enfermedad, obsesión, descontrol, como "cuando no muere mata", y creo que los Z que vienen ahora verán esto un poco marciano.


La infancia de Murillo está recorrida por la pobreza -imaginemos, madre soltera con ocho hijos- y la describe como quien no ha estado ahí de turismo. La dentadura es un gran indicador de pobreza, y ella la tiene destrozada. Y hay que ser "bravo" porque no se sobrevive a la pobreza siendo "mansos y suavecitos", y ella vaya que si lo es. Odio la palabra "manso", casi tanto como cuando usan "humilde" para indicar pobreza. Ahora hay un nuevo eufemismo: vulnerable.

Los pobres salen de casa a las 4 de la mañana y vuelven, reventados, a las 10 de la noche: al horario laboral hay que sumarle seis horas al día en el metro para llegar al centro desde la periferia inmunda donde vivan; jornadas que acaban por enfermar a cualquiera. Murillo, tiene ansiedad -la combate con correr, "el más poderoso ansiolítico"- habla del miedo a que descarrile o lo que sea, y eso que aún no había ocurrido la tragedia de Tlahuác en la que un tramo del metro de la Ciudad de México colapsó y mató a 26 personas en 2021. Pero igual da que se hunda: a esos mismos millones de pobres no les queda otra que meterse en la ratonera, a veces solo para poder pagar el pasaje del día siguiente. 

También conoce el hambre, y lo motivador para la acción que es. Por ello, dice, "las clases altas heredan generaciones de abúlicos, de huevones hipotiroideos, de desgano y atonía muscular, convertida en depresión". Se me dibuja el personaje claramente: los he visto, los conozco, les daría un tortazo. Tenemos muchas cosas en común, Murillo y yo: ella también se cabrea antes ciertas cosas, pero yo aún no me he roto la mano contra la pared o he pegado ese tortazo. "Confundía el enojo con un alto sentido justicia; pero el enojo también es un gran activo, puedes resultar inspirador y mover montañas". Totalmente, en este momento hay mucha gente acampando en Sol por rabia, por cabreo, por enojo que dirían en México. 

Y es que es imposible no cabrearse ante actitudes que encima te juzgan por tu pobreza: algo  habrás hecho, mira lo bien que me ha ido a mí, tú no te esfuerzas. Los patrones, las empleadoras y los maestros sermonean a los pobres por ser pobres, les insultan por haber osado traer al mundo tantos hijos: cómo se atrevieron. No puedo ni imaginar la rabia acumulada durante  toda una infancia, escuchando a los bienpensantes de siempre reprocharle a su madre que haber tenido tantos hijos es motivo de vergüenza. 



Pero salir de la pobreza, cambiar de clase social en México es casi imposible, si no has ido a universidades privadas casi no tienes posibilidades: las define como el robo más flagrante, donde pagan para obtener conocimientos sesgados y aceptación social, pero también es muy crítica con la educación pública: "la real y pontificia universidad virreinal determinó que la educación era un privilegio monárquico y condenó al analfabetismo a más de la mitad de la población, que sigue siendo la mayor tragedia de este país". Así que hacerte un hueco es difícil y no hablemos de si no tienes padre, o de si admites que
 "tu mamá trabaja aseando casas, vendiendo ropa, inyectando y limpiando el culo de viejecitas moribundas a las que su familia mezquina no quiso pagarles una enfermera de verdad y el trabajo recayó sobre la señora de la limpieza, tan linda, tan generosa, tan como de la familia, a la que siempre compensan con ropitas y zapatos usados".
Esta frase me lleva a las pelis de Cuarón: ya hablamos de "Roma" aquí, y en unos cuantos divagues, cuando cuente nuestro intento por llegar a las Bahías de Huatulco, "Y tu mamá también", aunque en esta solo se cita de pasada. Ay, las criadas de Cuarón, que le dejaron suficiente mala conciencia como para hacer esas pelis. Pero es tan verdad, y tan dura. 

La religión en México da consuelo a muchas de estas personas: es un verdadero drama. Los llama "cristianos tropicales", manipuladores del dolor ajeno, cuyo activo más valioso religioso es el miedo - "el escote, el leer cualquier texto que no fuera cristiano, la filosofía, la ciencia, todo lo que te quite el miedo no les gusta". Pero lo que los hace directamente unos sinvergüenzas -y de nuevo me (nos) hace hervir la sangre- es que les exigen el diezmo de lo ganado en esas jornadas inhumanas que he descrito arriba. De verdad que no se echan suficientes bombas. 

Nuestro mayor punto de desencuentro ha sido que ella haya sido abducida por la secta del psicoanálisis.  Escribe cosas como "construyendo la psique", "no se me escapa la relación de los arquetipos, pues el padre por antonomasia es Dios Padre, el más chingón de todos los padres" y hace interpretaciones psicoanalíticas que la confortan - e.g. "la esencia del amor de su padre era un amor que esquivaba, la manifestación más alta de su amor por su ausencia". Envuélvelo y ponle lazos, pero no. Tristemente, el psicoanálisis es como la religión: pura superstición y si los otros cobran el diezmo, los psicoanalistas no se quedan atrás. 


Y para terminar con otro de los grandes temas, cómo no, el feminismo, porque en México debería ser obligatorio: ser mujer y crecer en un país donde asesinan a 11 mujeres cada día es sobrevivir. Bolaño necesitó mil páginas para que aquello no se nos olvide jamás y Murillo, con muchas menos, logra también hundirme en un pozo negro, profundo, con su historia de abuso sexual. 

Lo sufrió por primera vez en manos de un vecino- claro, este abuso infantil lo cometen casi siempre personas del entorno. 
"Odié a Mariano, con el odio de una legión entera. Odié a mi madre por estar trabajando. Me odié a mí misma por ser capaz de entender lo que había ocurrido. Odié a mi padre, porque no estuvo ahí para cuidarme. Odio profundo, odio ácido, odio gigante en mi alma de 6 años. Odio y miedo. Rabia, resentimiento descomunal, pero ni una palabra. Aprendí a proteger con el silencio. Intui que hablar lo dinamitaría todo".
Ahí empezó todo, pero enseguida sigue la aventura de ser mujer en México. Elige tu propia aventura: en el metro, tipos masturbándose delante de ella o que la tocan de soslayo, o incluso uno que le mete la mano entre las piernas, y los agentes de la patrulla la tratan de disuadir de denunciar "porque es muy engorroso". Si pese a todo, decides seguir con la aventura de la denuncia, uno de los policías que te toma declaración, te llamará por la noche para invitarla a salir. 

Puedes pasar a la pantalla del abuso del médico, cuando tenía unos 20 años y el tipo unos 55. Ahí vive lo que está ya tan bien descrito no solo por otras mujeres, sino en los libros: no puede moverse. "Cuando me empezó a tocar, ya sabía que tenía que levantarme. Pero estaba paralizada en un estado de animal acorralado por la ansiedad. Por el miedo".

Cuando publica su historia, recibe mensajes con centenares de experiencias similares de otras mujeres: primero el padre, luego los tíos, los hermanos mayores, violan a la hija, sobrina, hermana, con la impunidad de un sistema que protege al abusador. Leyendo esto, nos cuenta, terminó de derrumbarse aquella fantasía suya del padre protector.

No sorprende pues, que las mujeres mexicanas tengan asumido que cada día en cada espacio público, en muchos privados y en cada intercambio profesional, habrá un hombre que las acose. Eso sí, cuando en 2019 distintos grupos de mujeres se manifestaron en CDMX desde el "por qué tan solita" de la calle hasta los feminicidios gritando consignas y grafiteando reclamos, la respuesta del gobierno fue violenta. Pero no solo ellos, sino también un sector importante de la sociedad, alarmados por paredes y monumentos manchados y cubiertos con diamantina rosa. Los de siempre. 

El libro es también México, "el impío barrio de Polanco", "las librerías de viejo por el centro histórico, donde me robaba libros" y algunas frases chulas "pero para que haya cicatriz se necesita una herida", "aquello era el más feroz de mis presentes" y muchas cosas más que -por increíble que parezca- no caben en un divague. Es un libro para cabrearse y desesperarse, y revolverse contra la injusticia y contra los que se ofenden porque nos rebelemos, porque el grafiti en una fuente no es plan, chica. Es un libro para identificar al enemigo: todos esos babosos hipotiroides de toda la vida y los que ahora, se han subido a la moda del malismo que no vamos a aceptar.



Y por terminar en una nota alta, aquí va una frase en la que Murillo hace referencia a su diario de viaje cuando se lanzó, como en una Road Movie, a buscar a su padre. 
"Hoy lo evoco todo como un sueño, y lo que sé con precisión no es porque me lo devuelva la memoria, sino porque tuve cuidado de anotarlo en el libro aquel que se convirtió en mi bitácora del viaje".
Hay que escribirlo, o no lo has vivido del todo (gracias, Annie): así que hasta la siguiente entrega de "Los Pedalistas en México", que ya quedan pocas.