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10 julio 2026

Diccionario mexicano-castellano, digo español!

Nota de 2026: Durante el viaje por Latinoamérica, hicimos un diccionario por país, pero creo que ninguno es tan largo como el de México. La manera cómo aprendimos alguna palabra tiene anécdota incluida. Se lo voy a hacer estudiar a Mini y al Peda para estar preparados para este viaje. A ver si lo ampliamos!

 Diccionario mexicano-castellano
 
Abarrotes: Colmado

Aeromoza: Azafata

Ahorita: Los mexicanos creo que no usan el "ahora" (o yo aún no lo he oído). Julieta, la argentina, nos contó que hace 30 años, cuando llegó a México, su marido le dijo a mediodía “ahorita voy a casa” y solo horas y horas más tarde, cuando apareció, Julieta por fin entendió lo que significa “ahorita”.

Alberca: Piscina.

Alto: Stop

Amigo, compadre: Para preguntar algo por la calle. I dice que debo dejar de decir “disculpe” porque todos me miran extrañados. Aún no me sale lo de compadre, lo admito. Ya reportaré cuando me integre así…

Ándale, ándale (yo pensaba que esto era como lo de que los españoles vamos vestidos de faralaes por la calle, pero no, esto es cierto, lo dicen).

Antojitos: Tapa

Bigotes: Bollycao (Una se plantea por qué la metáfora ochentera por todos conocida “está como un bollycao” no se ha forjado aquí).

Boletos: Billetes.

Bueno: Es lo que se dice al contestar el teléfono.

Buga: Heterosexual

Bye-bye: Se usa comúnmente para despedirse (el inglés ha hecho muchos estragos por aquí).

Cabrón: Mucho más amistosamente usada que en España

Cachabolero: Raúl…

Cajeta: Dulce de leche.

Cajuela: Capó del coche (“La cajuela está abierta”)

Camarista: Quien hace la habitación.

Camión: Autobús. Uno de los primeros dias aquí, pregunté por la estacion de autobuses y al ver q no me entendían, apliqué mi versatilidad con el spanish (no se dice castellano aquí, es español!) y con un movimiento de caderas perfecto cambié de registro: “la estación de guaguas, por favor”, a lo que el pobre hombre le dice al del lado: “ah, quieren saber donde esta la central caminonera, las guaguas que dicen ellos”. Ridículo más espantoso.

Camionera: Está claro, no? Es el precioso Rodoviária en brasileño.

Carro: coche

Chabacano: Albaricoque.

Chaparrito/a: Delgado/a.

Chicharrón: Una especie de cortezas que se comen aquí, por supuesto con chile extra.

Chido: Cool, wicked, genial, padre, de puta madre…

Chilango: Natural de la Ciudad de México.

Chilaquiles: Especie de nachos que comimos para merendar con JA.

Chingada: Veánse los 10 primeros minutos de "Amores perros".

Chocar: Enfadar, molestar.

Cilantro: Perejil (la Isla del Cilantro) Evidentemente, se pronuncia silantro. Estas son las cosas que pasan cuando una aprende un idioma de oído. En la cena de los españoles de Monterrey me dicen que se escribe con “C”, así que yo digo “zócalo” en lugar de “sócalo” pero “silantro” en lugar de “cilantro”. Un poco de consistencia, por favor! Sin embargo, qué difícil resulta hacer el seseo si no es así como te sale: una lo sabe, pero es incapaz de decir “grasias” o “saragosa” como dice JA, el camaleón por excelencia.

Clutch: Embrague (directamente del inglés)

Cobija: Manta

Coger: Follar.

Cruda: Resaca.

Culo: Palabra que no debe usarse en Mexico porque se escandalizan. Se puede usar cualquier sinónimo tipo trasero, etc. Imagino que es el equivalente al “cunt” inglés. Sin embargo, en Guanajuato, cuando el sobrepesado se compra una especie de rosquilla con mala pinta y el hombre me insiste en q coja yo otra, lo primero que se me ocurre es “es malo para el culo”. Oh dear.

Durazno: Melocotón.

Entronque peligroso:

Estar empalmado: Llevar mucha ropa puesta (por frío).

Expendio de pan: Panaderia.

Extinguidor: Extintor.

Horas pico: Hora punta (Peak time).

Huarache: Sandalia (Puerto Morelos. Una mujer de Tijuana me pregunta en el embarcadero donde compre “mis huaraches,” porque le gustan mucho. Cuando le digo que no entiendo, me señala a las sandalias. Le digo que en Marrakech, y la pobre señora lo siente mucho. En Campeche otra madre de familia me para a preguntarme dónde compré mis pantalones tailandeses. Una nueva decepción).

Jale: Estire (de jalar, estirar).

Jitomate: Tomate.

Jugo: Zumo.

Lana: Dinero.

Manejar: Conducir.

Mesera: Camarera.

Nieve: Helado (¿Les gusta la nieve? En Campeche, esperando al espectáculo aquel).

No manches!: No jodas!

¡Órale!: Expresión del niño del anuncio de buses ADO, ¿qué significa, tal vez ándele!?

Oreja: Palmera (comestible)

Ostiones: Todavía no tenemos claro qué tipo de crustáceo es esto.

Ostionería: Donde se venden ostiones.

Padre: Algo es “padre” cuando esta muy bien, “padrísimo”, pues nuestro equivalente a “de puta madre”.

Pantalla Chica: TV.

Papas: Patatas (JA nos reprende porque al menos esta hay que decirla!).

Pararse: Estar de pie. (tenerla parada=llevar “mucha ropa” -véase abajo).

Pásele: Cruza!

Pecho: Braza. Como en 100 metros pecho.

Pena: Vergüenza.

Picoso: Picante.

Pollo rostizado: Pollo asado.

Ponte abusado: Esto aún no sabemos lo que es. Lo vimos como anuncio de un KFC, y solo se nos ocurre que sea una traducción literal del inglés “get abused” (?)

Popotes: Pajitas.

Prender: Encender.

Pulmón, puñal, joto: Homosexual. En aquellos tiempos en que la homosexualidad estaba perseguida y penada incluso con cárcel, en el penal de México DF (que hoy creo que es Archivo Nacional, lo que daría para otra digresión sobre el avance de la humanidad que convierte cárceles en archivos) los pabellones se distinguían por letras, y en el pabellón Jota estaban los homosexuales. De ahí lo de “jotos”.
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Qué tan?: ¿Cuánto? (supongo que una vez más, traducción literal del "how much" inglés)

Rebasar: Adelantar.

Recámara: Habitación.

Refacciones: Reparaciones.

Reprobar: Suspender.

Saborines: Flash helados.

Sanitarios: baños.

Sidral: Pese a que en Pamplona no existe, aquí sí.

Tantito: Un poquito.

Timbre: Sello. Vamos a un quiosco a pedir sellos, y el hombre me manda a una tienda. Repito la operación y mi compa intenta arreglarlo con “estampas” (supongo que del inglés, “stamps”). El hombre está dispuesto a sacarnos un sello de esos de caucho tras mi petición, o vete a saber si una estampa de la Virgen de Guadalupe tras la intervención del pedalista lingüista. Cuando el tendero ve los sobres que llevo (viva el lenguaje corporal), me envía a Correos, aclarándome que no pidamos más sellos ni estampas, sino timbres.

Tomar: Beber.

Toronja: Pomelo.

Varonil y Femenil: como en la Selección Nacional Varonil o Femenil de Fútbol.

Vaspajo: Aquellos antiguos bolsos llamados -qué horror- "mariconeras". (Véase Joto. Originalmente viene de “vas-pa-joto”).

Vidrio: Ventanilla

09 julio 2026

Picante. Malita. Olimpiadas. Torre Latinoamericana. Día tranqui.


Martes, 24.08.04 Hotel Juárez (México DF)

Picante
La mesera de un café en el DF nos dijo que “ni a nosotros nos va bien el chile, así que imagínense a ustedes”, cuando I le dijo que no le pusiera leche en el té porque estaba malito. Sin embargo, él persiste en ponerse de todas las salsas, optativas ellas, que hay en cada mesa de cada restaurante en este país. El otro día le echó el ojo a una especie de pimientos pequeños verdes y hasta que no se comió uno (con el que le saltaron las lágrimas, y su nivel de resistencia es bastante alto) no paró. (k, 15 ag)



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Yo me despierto a las ocho pero K sigue con sus shits y debilidades. Desayunamos, internet donde bajamos fotos, pilas, jugo, agua y sobres. Vuelta al hotel, cambio de habitación, vemos a Ana Gabriela Guevara hacer plata en los 400 metros femeniles (Olimpiadas en Atenas) y a leer y escribir. Hoy es día de relax. Salimos por la tarde a preguntar qué pasa con la visa, a Correos y a Garibaldi, a meternos unos cuantos platos de pochas entre pecho y espalda. Luego vamos a la Torre Latinoamericana, que nos gusta mucho, a por un jugo y cuando íbamos para el Zócalo hay que correr a casa porque K no llega. Luego hasta las doce y pico escribiendo y leyendo (i, 24.08.04)












08 julio 2026

Coyoacán es más que Frida

 Lunes, 23.08.04 Hotel Juárez (México DF)


Coyoacán 
Cuando un narrador enfatiza repetidas veces cualquier cosa, por definición, pierde impacto y credibilidad. Así que mejor no releo lo que he escrito sobre el DF o Morelia, porque entonces estoy segura de que me repetiré y que el lector se acostumbrará a mi estilo, pensando que tal vez soy así, y todo me parece de una belleza arrebatadora. Pero es que Coyoacán… 

En Coyoacán nació mi ídolo feminista-marxista-artista Frida Kahlo. Nacer en un barrio con un color como este, tener un padre fotógrafo (de ahí la gran cantidad de retratos buenísimos que han quedado de ella) y pertenecer a una familia de clase media son un buen caldo de cultivo para la artista que sería. Solo al pasear por las calles de Coyoacán (que tal vez a principios de siglo no sería un barrio del DF sino un pueblo cercano) se puede entender una parte del arte de Frida. 



Su casa, de un azul añil que deslumbra -"La casa azul"-; la de al lado, de un amarillo girasol, la de enfrente, de un burdeos cruzado por líneas blancas. Las ventanas, todas ellas enormes con rejas a lo barrio de Santa Cruz sevillano, algunas hasta con sus macetas de geranios. 


Caminamos durante horas, y cada calle impacta más que la anterior; 


La principal se llama avenida Francisco Sosa...





...cada plazuela es más perfecta que la otra (por ejemplo, la de Plaza de Santa Catarina, con la iglesia en un ocre brillante). 








Comemos una ensalada de esas posh, que quiere decir en un plato muy grande con cosas como nuez, manzana, queso de cabra, queso de camembert, olivas (o aceitunas?), lechuga y "jitomate" (así llaman aquí a nuestro tomate) y seguimos nuestro camino. 

Al final de la tarde, vemos una concentración de BMWs y demás en una plazoleta preciosa. Todas las mujeres van con pantalón negro, muy elegantes, e inferimos que es un funeral de alto standing. 

Hay tormenta, y nos mojamos, pero antes pasamos por una mansión en la calle Rafael Checa (que nos dijo JA) que parecía sacada de los planos del mismo Gaudí. Un tipo está saliendo de su Jaguar. Cuando se va, vemos que lleva detrás una bandera…. británica. God save the Queen. (k, 24 ag)

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Despertamos a las nueve. Desayunamos en El Popular, internet, rollos de fotos, vuelta por “el barrio” y a Coyoacán. Nos encanta, palizón paseando, museos cerrados aunque las casas merecen mucho la pena.


Comemos en un sitio posh -El Jilguero-, bien, una ensalada (y cerveza con sangrita, hielo, sal, jugo de tomate y naranja: sauzalito picoso).


Entramos en la famosa librería Gandhi. Al final llueve, cansados volvemos al hotel. Cenamos en el Gili Pollo cebolla con papas. A dormir pronto.



07 julio 2026

De Pátzcuaro al DF. Casa de los once patios. Exceso de paisaje. Tacos hawaianos.

 

Domingo, 22.08.04 Hotel Juárez (México DF)


Nota de 2026: Estuvimos en el DF, subimos al norte, bajamos. Así que esta segunda tanda de divagues pertenece a la secuela. Hoy parece que K no divagó, así que os dejo enteramente en manos del Peda, artista antes conocido como I, y fotos, pero no del DF sino de Pátzcuaro, que llegamos bastante tarde.

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Despertamos [en Pátzcuaro] sobre las nueve, salimos a desayunar y a ver la Casa de los Once Patios, muy bonita, y a callejear. Hay mucha gente, todos vendiendo algo, mucho puesto, mucho mercado. Compramos algo de comer en el súper, nos metemos en internet y al hotel a por las mochilas.













Ahora entramos al DF por el norte y el paisaje es igualmente montañoso y verde.

Autobús de tercera a Morelia y allí cambiamos al DF (aquí cogemos primera, dicen que tarda dos horas menos y nos dan Coke y sándwich). El viaje se hace largo, quizá porque tarda más de una hora de lo previsto, pero México sigue sorprendiendo por su paisaje.



Al llegar es de noche, cogemos el metro hasta Zócalo, hablamos un poco con un mallorquín, y dejamos las cosas en el Hotel Juárez, donde por supuesto no tienen habitación sencilla y nos dan doble (cincuenta pesos más). Salimos a por unos tacos y volvemos a escribir, colada y leer. A dormir tarde (i, 22.08.04)




06 julio 2026

Nos vamos del DF... pero volveremos. The shits, Rosa Venus y aventura en el Museo de la Medicina

Martes, 10.08.04 Autobús DF-Monterrey


Ahora que nos vamos hacia el norte, México DF: impresiones
Miedo, sucio, ruido, barato, caos, sorprendente, gente, rápido, zócalo, grande. (I) 

El DF es un lugar de altas pasiones y presiones. Pasiones por lo que me ha gustado, presiones por los casi 2500 metros de altitud, que se notan en las escaleras, en las mantas de los hoteles por la noche y en los oídos cuando pasas en una noche de 2500 a 500 (Monterrey). 

El DF tiene dejes de ciudad colonial de esas que hemos visitado, pero a lo bestia. Tiene palacios como no los hay en Madrid, museos en edificios con patio interior con una grandiosidad que no tendrán los de Salamanca, y cafés y restaurantes cuyo viejo glamour se escurre por las columnas. 

La plaza del Zócalo te deja clavada en el suelo la primera vez que entras por su enormidad (la segunda más grande del mundo, tras la Plaza Roja de Moscú), por magnífica, por desolada, por ecos a vieja plaza comunista, por la impresentable bandera que ondea a todo trapo, por la arquitectura bellísima de todo lo que la rodea. No es una plaza que te entre por su vida, no es el Fnaa, sino más bien por la perplejidad que causa semejante plaza cuando está medio vacía, porque en el fondo spr lo está: es imposible llenarla. (k, 12 ag)




"The shits"
En la fila de inmigración para entrar en la India (abro paréntesis, primer apunte, de todas las filas que había escogimos por supuesto la más lenta y pasamos los últimos después de casi dos horas de espera, [abro nuevo paréntesis, primera reflexión, ¿por qué estos países se empeñan en tener esos controles de inmigración tan estrictos? Como si la gente se pegara por emigrar a la India… ¿Qué delirios de grandeza son estos? Cierro paréntesis, dos]), decía que en aquella fila conocimos a una inglesa que iba a la India por segunda vez, entonces por apenas tres meses, creo recordar, y fue ella la que nos introdujo por primera vez el concepto “the shits”, que en traducción libre sería “diarrea”. Nos avisó que todo el mundo las pilla y que simplemente es cuestión de tiempo, más aún, que una semana con otra te podías pegar los tres meses con las famosas shits.

Pues eso que, en aquel momento, se reducía a la India puede ser perfectamente extrapolable a cualquier país, por ejemplo, México. Y hoy toca The Shits, y aquí estoy, en la habitación escribiendo y escuchando la radio (el petróleo ya ha tocado los $45), y precisamente tomándome una solución salina que compramos en la India, mientras K se ha ido a mirar los mensajes del correo electrónico y a desayunar. De vez en cuando hago alguna excursión al baño. (I, 10 ag)

En México (por lo menos) hay una marca de jabones de mano llamada Rosa Venus. En la Posada Amor, en Puerto Morelos, recién aterrizados de Europa, teníamos Rosa Venus (dos pastillas) en el baño. Con una de las pastillas te da para cuatro duchas y lavarte las manos durante un par de días, encima huele bien y saca mucha espuma. 


Hay dos variedades, blanca y rosa, y si nos ponemos puristas, la blanca es la mejor. Así, los hoteles donde vamos se pueden dividir en “Hoteles Rosa Venus” y “Hoteles No Rosa Venus”. El Principal en Xalapa (pronúnciese Jalapa, no se me vayan a enojar los mexicanos) era Hotel Rosa Venus; el Buenos Aires del DF era Hotel No Rosa Venus. Y con este simple detalle ya se sabe si el lugar de pernocta que esa noche nos ha caído en gracia aprobará o pasará a luchar por entrar en la lista de los “Top Five”. Aunque dado el trote que llevamos y la economía de guerra que se ha apoderado de nosotros, igual hay que ampliar la lista hasta “Los 40 Principales”…

Habrá gente que lea esto y piense que somos unos ratas y unos cutres, que para viajar así es mejor quedarse en casa, etc, etc, etc. y puede que tengan razón, pero nuestro razonamiento es el siguiente. Nosotros no hemos venido aquí en un viaje de lujo a no privarnos de nada, hemos venido a conocer otras gentes y otros paisajes con un presupuesto limitado; cuanto menos gastemos por día más podremos viajar (son inversamente proporcionales). Yo como en mi cama no duermo en ninguna parte, e incluyo ahí a cualquier Intercontinental que queráis, así que ¿por qué pagar cinco veces más por una habitación que al final sólo voy a utilizar para dormir y ducharme? Tenemos nuestro criterio, no os penséis, queremos un mínimo de limpieza y baño en la habitación, y de hecho hemos visto habitaciones que no hemos cogido, aunque os cueste creerlo. Y por supuesto, a sufrir no hemos venido… (I, 10 ag)


La biblioteca del museo de la medicina del DF
Por alguna razón, decidimos entrar en el museo de la medicina del DF, un edificio precioso que está herido por un terremoto, y se ve su fractura que recorre columnas y suelo con claridad radiográfica. 

Hay una exposición cruel de fetos en distintos estadios de desarrollo, junto con terribles instrumentos ginecológicos. Aquellos pobres fetos embalsamados me recuerdan aquellos que había en la facultad en el cuarto al lado de la cámara. No sé por qué los recuerdo llenísimos de polvo y el cuarto en penumbras: seguro que es mi memoria y mi imaginación jugando como suelen. Para aquellos fuera del gremio, una nota para apuntar que el estudio de los embriones y fetos no se realiza sobre cadáveres (como con los adultos), y básicamente usábamos técnicas poco sofisticadas como recortables y dibujos (algo así como el “pinta y colorea” de la infancia, y aquello de poner vestidos recortados a las muñecas —que aquí he visto venden en los museos con Frida Kahlo y sus típicas ropas mexicanas—). Esta es la razón por la que normalmente no accedíamos a aquella sala donde estaban los fetos. 

Yo entré una tarde con otros dos o tres que habíamos ido a hacer, supongo, algún tipo de repaso (ya se sabe, los alumnos aventajados siempre queriendo saber más). El bedel que guardaba la sala de disección era un macarra de playa con bata blanca que vacilaba hasta a los muertos. Aquella tarde que estábamos tan pocos, nos dejó pasar a la famosa sala tétrica, encantado de su pequeño momento de gloria, en el que 4 o 5 estudiantes le preguntaban maravillados por los entresijos del lugar. Y el pequeño sicópata que llevaba seguro dentro jugó con nosotros un rato, y luego se lo debió contar a sus colegas en el bar, como yo lo estoy contando aquí pero con muchas más jotas (“ej que han venido loj ejtudiantej y m’an preguntao q q había dentro de aquella puertaj”). 

El jovencito Frankenstein nos hizo entrar para ver qué había dentro de aquella puerta de cámara que salía de la sala, y luego intentó encerrarnos. Bueno, historias de primero de medicina, cuando una es tan totalmente gilipollas como para dejar de comer carne, especialmente salchichón unas semanas tras la primera disección (¡pero cómo se parece el formol al salchichón!) y de meterse en una cámara porque te lo dice el bedel de turno. Voy a empezar a hacer como Torrente Ballester que dice “el lector que vaya mal de tiempo que se salte de aquí a la página tal”, porque menudo meandro….

Al final del museo de la medicina llegamos a la biblioteca, que no está abierta al público. Preguntamos y en un principio nos dicen que no, pero luego el señor nos busca y dice que vale, que pasemos con el que nos va a hacer un tour. Así que nos lleva por toda la biblio junto con su ayudante, en un periplo surrealista de esoterismo y ciencia. Primero, el ayudante trata de llevarme a los más antiguos libros de psiquiatría, luego nos enseñan los Galenos y los Avicenas, y la tesis más antigua que tienen es del año 1820. 

Mientras intento mirar todo aquel material, el ayudante está en mi oreja con temas apasionantes, como si no sé qué, en campos de trigo de Inglaterra se están encontrando mensajes que vienen del espacio y que les han contestado, y ahora ha llegado un mensaje azteca, y yo le digo que no, que nunca había oído eso, pero qué interesante. El jefe no entiende por qué eso no está abierto, que ellos nos lo han enseñado para que cuando volvamos a nuestro país podamos decir todo lo que hay en México, y el ayudante me dice que él ha leído que las personas que peor están de la cabeza son primero los psiquiatras, seguidos de los psicólogos y por último los maestros. Le digo que no ha hablado más verdad en toda su vida. (k, 12 ag)

Metro del DF en "hora pico" (divagando a posteriori)
Es tan barato (2 pesos por trayecto, vayas donde vayas, intenta no pensar en las 2 libras londinenses) que casi se le perdona todo, a este metro. Todo menos dejar la vida en el trayecto, víctima de un aplastamiento, se entiende. Por lo menos “Vivir para contarla”, que dice García Márquez. Yo pensaba que más apretado de lo que he ido alguna vez en hora punta en Londres hacia el centro no se podía ir: el año que viene disfrutaré de todos esos cms que en realidad quedan entre mi espacio corporal y el del vecino. Porque aquí no existe. El otro día, en hora punta ("hora pico" que dicen aquí), ese metro fue dantesco. La gente aquí se empuja (en UK se ganarían un “excuse me!!” por muchísimo menos), pero se empuja a lo bestia. Luego, una vez dentro, cuando no cabe un alfiler, aún intentan entrar, y lo consiguen. Una ha oído hablar del "froating" y se pregunta si en esos momentos algo así está ocurriendo por su hemisferio sur. Pero es imposible saberlo (pedalista-guardaespaldas asegura q no porque "él controlaba"), porque hay presión a babor y a estribor, barlovento, y sotavento. Lo de las pobres pituitarias se lo cuento otro día… (k, 12 ag)

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itacalog i
Despierto con gran diarrea, K se va a internet sola y yo me quedo escribiendo y tomando sales. Vuelve, hablamos, discutimos lo que se acabará convirtiendo en la “gran crisis de Monterrey”, recogemos y nos vamos. 

Palacio de Bellas Artes (exposición sobre Frida Kahlo, sin más; murales de Orozco, Rivera y Siqueiros, bien). 

Callejeando por el centro, Museo de la Medicina, vemos su biblioteca, impresionante, y a La Vasconia a comer y coger provisiones para el viaje. 

Al hotel a por las mochilas, experiencia metro-DF-en-hora-punta y finalmente, a la estación del Norte. Pillamos billete y salimos rumbo a la ciudad maldita en medio del huracán Monterrey. Ponen en el bus una vez más "Somebody’s gotta give", nos paran innumerables veces la poli o los militares, y finalmente, medio dormidos o medio despiertos llegamos -14 horas después- a las 6.30 am a Monterrey. (i, 10.08.04)

05 julio 2026

Barra libre de frilojes en la Plaza Garibaldi

 Lunes, 09.08.04 Hotel Juárez (México DF)


Ponga un pobre en su mesa y dele frijoles
Los pedalistas han decidido ir a cenar a la Plaza Garibaldi, donde están todos los mariachis. Ellos quieren ver a estos graciosos ejemplos del folklor mexicano cantando serenatas a otros, claro; no puedo imaginar mayor tortura que aquella de ser mariachiada por una banda de rancheras.


Al llegar a la plaza, descubren con estupor que hay más mariachis que gente “de calle.” ¿Será porque ha llovido o porque es lunes? Se acercan diversos hombres armados de sus guitarras y la que firma les mira con cara de pena de esas de “no me hagan esto”, aunque si se les dice que no tal cual también se van (en general los mexicanos son mucho más conformistas con los noes del turista que, por ejemplo, los indios de la India, se entiende).


La siguiente prueba consiste en ir a un sitio que parece un mercado, pero que está lleno de pequeños restaurantes para cenar (“no comáis nada de la calle”, esta frase de la Yaya resuena en mi memoria). "Prueba" porque aquí sí que se lanzan sin red para que vayas a cenar con ellos. Hay un hombre que nos grita, entre otras cosas, “sopa, sopa.” Mi compañero el pedalista-Knorr tiene la etapa sopil (y no sé por qué, aquí también hace calor), así que nos sentamos allí. Cuando sale la mesera (camarera) y el pedalista pide -evidentemente, sopa- la mesera dice que no hay. Nos da mucha risa porque, ¿no es la sopa la razón por la que entramos en el lugar? El hombre que gritaba sopa es confrontado por la mesera de mala manera (“¿Pero a qué les dices sopa si no hay?”), y él: “No se preocupen, yo se las consigo.” A ver, buen hombre, no se trata de que la “consiga” (se quería ir al restaurante de al lado a por ella). Entonces dice: “Pues les doy frijoles, y son gratis”. ¿Gratis? No entendemos. Pedimos además 2 quesadillas y la mesera trae un plato de frijoles a I, pero tan buenos que hasta a mí me gustan. Así que me trae otro a mí: pero ¡qué buenos, mesera! Ella insiste en traerle otro plato al pedalista-Knorr. Le pedimos que los cobre. No, ni hablar. Esto se saca gratis con la carne. Ya, pero es que no hemos pedido carne. Da igual. A la mujer le da gusto vernos comer, y la noche se salda con 3 platos de frijoles más 2 platos de frijoles. Ah! ¿Alguien se acuerda de las famosas potxas del viejo de Trinidad, Cuba? (k, 12 ag)


itacalog i
Despertamos pronto, hacemos un poco de colada y a desayunar a El Popular, un sitio donde siempre hay fila de gente. Bien. Internet y al Hospital Infantil de México en metro, donde hemos quedado con un tal Barragán. El hospital tiene una seguridad impresionante. Allí K está un rato en el departamento de psiquiatría. Yo intento hablar con Toño pero no lo consigo.

Volvemos al hotel a cambiarnos, salimos al Palacio Nacional y a callejear: muy bien y muy caótico. Sobre las seis empieza a llover y volvemos al hotel, a escribir y leer.






Luego salimos a la Plaza Garibaldi a ver los mariachis, a llamar a Toño y a cenar. Grandísima cena en Tepatitlán donde nos sacaron frijoles (alubias rojas) hasta hartarnos (cinco platos entre los dos) y no nos los cobraron.

Vuelta a casa y escribir y leer hasta la una (i, 09.08.04)


04 julio 2026

Llegada a México DF, la ciudad más peligrosa del mundo

Nota por si alguien se está preguntando si el divlog ha sido hackeado. Este divague fue escrito por una tal K en 2004: Di todavía no había nacido. De viaje sabático por Latinoamérica, K no sabía de la existencia de Blogger -fue Diva quien lo introdujo unos años después, en 2009. De hecho, Di existe gracias a ese protoblog que K escribía en unos documentos de Word y compartía por un sistema arcaico (msn groups o algo así) con sufrientes amigos y familia. Diva leía esas entradas y así comenzó nuestra relación epistolar. Cinco años después, me propuso empezar D&D y hasta aquí. Aquel protoblog se llamaba Itacalog, y en él también escribe el Peda (el artista entonces conocido como I) que resume los duros días y rutinas del mochilero -algunas veces con demasiado realismo- y K, que eminentemente divaga. Uno de mis proyectos es irlo colgando aquí poco a poco, pero nunca hay tiempo. Sin embargo, estos días, en preparación de un futuro viaje, voy a colgar unos cuantos —no sin cierto sonrojo. Ándele, ahí vamos.

Sábado, 07.08.04 Hotel Buenos Aires (México DF)

Llegada a México DF, la ciudad más peligrosa del mundo

Veinte millones de habitantes, mil emigrantes que llegan por día y una reputación como para andar con el ojo occipital bien graduado. A la gran urbe llegan a las 6:20 pm nuestros héroes, cargados con sus mochilas y ya sin su bigote, que el sobrepesado pensaba que lo hacía invisible en esta población (entre nosotros, más se aproximaba a actor porno holandés que a mexicano). En la ínclita Rough Guide avisan por activa, pasiva y neutra en contra de tomar un taxi así como así. Hay que ir a por un boleto de los “taxis autorizados”, que hacen una fila inmensa (¿40, 50 taxis?) como aves de rapiña. Los pedalistas: !lejos de ellos tomar un taxi! Si son secuestrados, que sea en un callejón oscuro, pero no en un taxi. Así que salen en busca de una camioneta (bus) que lleve al Zócalo, cerca del cual se alojan. Pero no es tan fácil.



Todos los buitres les llaman en inglés para que suban en sus vehículos (muchos de ellos viejos Volkswagen Beetles muy monos pintados de blanco y verde, sin asiento del copiloto para que los pasajeros pasen a la parte de atrás) cuando ellos caminan en busca de la parada de camiones. Llegan a un punto donde hay un escalextric que me río yo de los de Los Ángeles, así que han de retroceder, y cuando empiezan a preguntar por buses los dirigen hacia la otra dirección. Tras cruzar la equivalente de la Avenida das Américas de Río (una vía de miles de carriles y el consabido frenesí, perseguidos por unos malos con coleta y, por supuesto, bigote***), le hemos preguntado a un conductor de bus si iba al zócalo y nos ha negado que los buses fueran hasta este lugar (¡después de que nos lo han indicado varios antes!)



En ese momento pasa un bus vacío con “Zócalo” escrito al frente. Le gritamos, y para (no hemos visto en este país paradas de bus, la gente se para donde le parece y el bus los recoge, es como un taxi colectivo). El viaje con este hombre ha sido impagable, y de lo más surrealista. Nos ha llevado por calles intrincadas del centro de la ciudad, calles llenas de gente, tal como me imaginaba yo la Ciudad de México. En su mayor parte, estaban recogiendo el mercado ambulante que ha estado allí durante todo el día (como una especie de rastro por todas las calles, todos los días). El camión se iba llenando; la música que entraba de los distintos puestos de la calle se peleaba con la que llevaba nuestro conductor. Alguna gente desde la calle me saludaba, mandaba besos. El conductor de repente para en un puesto de venta de DVDs ilegales, escoge uno, hace que el vendedor se lo pruebe para ver que funciona, le da unos pesos, y se lo lleva. Todo esto con el bus lleno, sin bajarse y creando el subsecuente atasco detrás. Para otro par de veces, se saluda con lo que supongo son dos mafiosos (a estos no les cobra), y sube una mujer que se sienta a su lado y a la que tampoco cobra. Al llegar a un punto a dos “cuadras del zócalo”, nos indica por señas que nos bajemos; pese a que le hablamos en castellano, insiste en comunicarse solo por señas con los brazos. (7 ag)




***Nota para las madres, yaya y pi: Todo esto son recursos estilísticos, hipérboles desaforadas que en ningún caso son reales. No quiero decir que me las invente: este hombre de la coleta ha existido, con sus dos amigos, y han cruzado con nosotros, y de hecho hemos comentado al verlos “secuestradores, cuidado” y nos hemos reído, pero los pobres ni nos han mirado. Así que tranquilidad. (k, 7.08.04)


itacalog i

Lo primero que hacemos es ir a arreglar el cable del ordenador que se nos ha fastidiado. Nos cuesta un poco pero al final muy bien. Compramos El País y recogemos la ropa que habíamos dejado para lavar. A las doce nos vamos de Xalapa, en la camionera ADO compramos tres hojaldras, agua y el cortauñas más buscado de occidente.


Luego, cinco horas de autobús con un par de pelis a cada cual más insoportable. Dormimos un poco, el autobús es de auténtico lujo y el paisaje, precioso. Llegamos al DF a las 18.20, nos cuesta encontrar el bus adecuado, pero el trayecto hasta el Zócalo es impagable, y el mismo Zócalo impresionante. El hotel no está muy bien (no Rosa Venus) y encima no saben si tendrán habitación para el día siguiente. Salimos a cenar, K se pone mala, igual por la altura, igual por el antimalariano que ha tomado en ayunas. Luego miramos habitación en otro hotel, paseo por el Zócalo, chocolate caliente en un puesto de Chiapas y al hotel a escribir y ver la TV, pq dan "Traffic" (gran imagen desde helicóptero del Zócalo DF y gran Benicio) (i, 07.08.04)