Como llevo una etapa "el norte de Irlanda" desde que leí "No digas nada" de Patrick Radden Keefe, Elena Rius me recomendó "Milkman", la novela de Anna Burns que ganó el Booker Prize en 2018. Después de haber pasado las Navidades en Belfast y paseado por la costa hasta la "Calzada del Gigante", o haber visto "Kneecap", algunos episodios de "Derry Girls" y uno de "Cómo ir al cielo desde Belfast", estaréis conmigo en que soy una pequeña autoridad en el tema. Pero ninguna de estas lecturas, visitas, audiovisuales... me han acercado tanto al tema de los "Troubles" en los 70 en el norte de Irlanda como "Milkman".
Nota: No hay spoilers en el divague. En la novela hay bastante trama de la que no cuento nada.
Empecemos con aspectos formales
Porque he leído varias veces que la novela es de difícil acceso. "La vista cuando tocas la cima no me compensó el duro trekking", dice James Marriott, un crítico admirado por escribir metáforas como esa. ¿A qué se refieren?
Burns no da nombre a ningún personaje y se les describe según las relaciones entre ellos; por ejemplo, la narradora es la "middle sister" (la hermana mediana), su noviete el "maybe boyfriend" (el quizás novio), su cuñado con el que va a correr, el "second brother-in-law" (el segundo cuñado), y así todo. La autora contó que lo intentó con nombres varias veces y no le funcionaba. También usa códigos para hablar del ejército británico o más generalmente de los protestantes ("defenders of the state"= los defensores del estado) y a los miembros del IRA o simpatizantes católicos ("renouncers of the state"= los que renuncian al estado impuesto por los británicos). O toponímicos especiales: el país "over the water" ("al otro lado del agua"= Gran Bretaña), el país "over the border" ("al otro lado de la frontera"= el resto de Irlanda).
Pero enseguida se entra en esa nomenclatura; la potencial dificultad es el estilo de monólogo interior, con larguísimos párrafos que a veces duran páginas enteras y prácticamente pocos puntos y aparte. Pero a mí el estilo y la voz de la narradora me han gustado mucho.
Los dos milkman
Para quien no entiende inglés, el "milkman" es el lechero, esa institución que no sé si aún existe, pero que estaba muy viva y coleando en Grimsby en 1997: doy fe. Nos suscribimos a sus servicios durante un tiempo y cada mañana teníamos en la puerta de casa una botellita de cristal con nata en el cuello, tan directa de la vaca venía. Lo dejamos porque en poco tiempo nos engordamos unos kilos: verídico. Pero en "Milkman" hay un lechero real, un hombre que fue lechero que protagoniza una de las historias para mí menos interesantes de la novela, y luego el falso lechero al que todos llaman Milkman - la razón se desvela al final.
La hermana mediana
Milkman es un capo del IRA que se interesa por una chica normal, la narradora o hermana mediana. O no tan normal: lee literatura del siglo XIX -porque no le gusta el siglo XX en el que vive- mientras camina al trabajo en el centro de Belfast, y vuelve a casa en el barrio obrero del oeste sobre el que escribí en el divague de Boxing Day, el de los muros que aún hoy separan la zona protestante de la católica. Sugiero volver para ver las fotos de los muros y recordar que en el norte de Irlanda (vs. Irlanda del Norte, llamarlo así -"north of Ireland" - indica que erea católico y "Northern Ireland", protestante) cada una de tus elecciones más banales no lo son porque te definen: tu equipo de fútbol, la cerveza y los licores que bebes, la marca de tu coche, los pubs donde vas, por supuesto, tu colegio.
La hermana mediana tiene 18 años, vive con su familia numerosa (diez hijos: algunas hermanas mayores casadas, cuatro hermanos -uno muerto, otro "on the run" (fugitivo), otro en el extranjero- y tres hermanas pequeñas), y tiene un noviete no formal. Ella le da bastantes vueltas a esa relación -sobre si comprometerse más, o tal vez no- hasta que un día su vida cambia cuando Milkman para por primera vez su coche para decirle lo que le viene diciendo todo el mundo desde hace tiempo, que es rara por leer caminando en plena calle, y ofrecerse a acercarla a casa. La narradora describe esa presión que sentimos todas las chicas cuando un tipo cruza un límite, pero no es claramente algo terrible y nos preguntamos si seremos nosotras las locas:
"No parecía grosero, así que no podía ser grosera y seguir corriendo. Así que dejé que ese hombre que no quería cerca de mí me hiciera caminar más despacio. "He didnt seem rude, so I couldn't be rude and keep on running. Instead, I let him slow me, this man I did not want near me".
Lo que comienza así -una conversación con un tipo que te habla de la manera como hablan los stalkers (*), en primera del plural en lugar de la del singular desde un coche en el que ni subes-, pasa enseguida a ser para la comunidad una relación romántica, porque absolutamente todo lo que haces es observado por mil ojos e inmediatamente repetido en mil orejas, tal vez corregido y aumentado en mil mentes, todo de manera exponencial.
(*) Stalker es una palabra de difícil traducción: el diccionario dice "acosador", pero por concretar es alguien que te sigue y te observa de una manera obsesiva durante un periodo de tiempo.
La comunidad, el contexto político
No es solo la descripción del stalker lo que hace de esta novela una experiencia increíble; es que Burns te hace sentir la opresión, la asfixia, el agobio de vivir en una sociedad cerrada donde todo el mundo sabe todo y es interpretado en clave política.
El IRA sabía que su supervivencia como guerrilla armada en un ambiente anti-estado con una comunidad súper unida dependía del apoyo local en ese ambiente. Ellos eran además las instituciones de esa comunidad: la justicia, la policía, los que hacían las leyes no escritas. Si había miembros del grupo cuya vida estuviera de alguna manera en contra de su filosofía, ellos se "encargaban". Para establecer su poder, por ejemplo, entraban en discotecas y pubs cubiertos con pasamontañas y con armas para inspeccionar a los "indeseables y los menores de edad". Era una simulación, porque nunca se llevaban a nadie, pero era una muestra semanal de su fuerza. Al rato, se repetía la misma operación con soldados del "ejército ocupador", estos vestidos de kaki, que entraban en busca de los del IRA. Y la gente en la discoteca bailando a Queen o Bon Jovi, teniendo que parar un rato para presenciar esta exhibición de músculo idiota. A todo te acostumbras, pero qué curioso (y ole por ellos) que siguieran con la fiesta.
Otro ejemplo de su control de la comunidad es que en las tiendas les dejaban irse sin pagar por miedo a represalias - y nuestra protagonista lo vive una vez en un "fish & chips". Me recuerda al bullying (a falta de una palabra en castellano) que tuvieron que sufrir los perdedores de la Guerra Civil Española en los pueblos, por ejemplo. Mi padre me contó que mi abuelo que era manitas se hizo un gallinero y uno de los fachas le dijo, qué bonito gallinero, lo quiero para mí. Insoportable.
Otro tema es que si tienes cualquier problema en ese contexto (como nuestra protagonista, un stalker, pero también puede ser una violación, un atraco, lo que sea) no puedes ir a la policía, igual que si tienes un problema de salud no puedes ir al hospital porque si sacas un problema de la comunidad, te tomarán por "informador" y te acabarán matando. Es su propia ley.
Así que nuestra hermana mediana no podía denunciar el acoso no solo porque se hubiera convertido en informadora, sino que además las implicaciones de algo tan banal como que un tipo veinte años mayor ponga sus ojos en ti son de vida o muerte. Ya es desagradable que a una chica de 18 le entre un tipo de 40 y pico casado y con familia pero si no hay relación de poder, tal vez te lo puedas quitar de encima de una manera más o menos aséptica. Pero rechazar a un miembro del IRA podría salpicarle no solo a ella, sino también a todos los que quiere y a quienes se cruzan por su camino. Es aterrador.
Por supuesto cosas serias como esta, o más banales como tener que comprobar tu teléfono antes de llamar por si estaba pinchado afectarían a la salud mental cualquiera y también para nuestra protagonista. Incluyo este párrafo para ilustrar el estilo tan seco, áspero y para mí bonito de Burns:
“Se refería a depresiones, porque papá las había tenido: grandes, masivas, veloces, enormes, como nubes negras, infecciosas, como cuervos, cornejas, grajos, ataúdes sobre ataúdes, catacumbas sobre catacumbas, esqueletos sobre cráneos sobre huesos arrastrándose por el suelo hasta la tumba, ese tipo de depresiones.”“She meant depressions, for da had had them: big, massive, scudding, whopping, black-cloud, infectious, crow, raven, jackdaw, coffin-upon-coffin, catacomb-upon-catacomb, skeletons-upon-skulls-upon-bones crawling along the ground to the grave type of depressions.”
Otros personajes
>>Las wee sisters
Mis personajes favoritos de la novela han sido las "wee sisters". [Nota de la traductora: "wee" es una palabra que los irlandeses ponen delante de casi todo y sirve para hacer el diminutivo, luego se traduciría como "las hermanitas"]. La narradora tiene tres hermanas de 7, 8 y 9 años que son como unas chispitas de luz en medio de tanta oscuridad: les interesa la ciencia, la geopolítica, la hermana mediana les lee Kafka por la noche, ellas leen periódicos ingleses tiradas por el suelo, sin darse cuenta de que esto o alguno de sus hobbies puede ser interpretado como "traición" dentro de esa comunidad. Una profesora intentó explicarle a la madre, viuda, que esas niñas eran muy listas, que se les quedaba pequeño ese cole, esa sociedad. Están llenas de energía, de alegría: representan la esperanza. Me encanta que por las tardes se van a la calle "a correr aventuras" igual que los perros. Hubo una época en la que los niños y los perros éramos libres: yo lo recuerdo. Como vivía en una calle de casitas, en verano de pequeña me dejaban salir a jugar con otros niños y teníamos un perro que también salía de paseo por su cuenta y siempre volvía. Ahora esa vida parece increíble: era la época de los pañuelos de tela, que también salen en la novela.
>>Los perros
El caso es que los perros de esta zona también salían "a correr aventuras", pero además con sus ladridos avisaban cuando venía la policía británica. Hay una escena terrible en la que los británicos matan a casi todos los perros de la zona y hacen una montaña con ellos: expresión más gráfica de la crueldad y la atrocidad que era el día a día es difícil imaginar; aunque ya no, con lo que estamos viendo hoy en día.
>>El verdadero ex-lechero
Aunque he dicho al principio que la historia del final del verdadero milkman no me ha llegado, él, sin embargo, es interesante porque representa la voz de la disidencia con respecto a la situación de su país, pero desde una izquierda crítica:
"Habló sobre la tragedia en general, el malgasto, la falta de visión, de prevención, de todas las ramificaciones derivadas de la pobreza y de estos tercos y persistentes problemas políticos. Continuó, mencionando el abandono, la pobreza , la injusticia y la pérdida de oportunidades, y por un momento pareció perderse en sus pensamientos". "He spoke of tragedy in general, its waste, the lack of foresight, of prevention, of all the ramifications stemming from poverty and these stubborn, entrenched political problems. He went on, mentioning neglect and disadvantage and disfavour and the loss of good opportunities and for a while seemed to go away in his thoughts".
Feminismo y los grupos de mujeres que recorren la novela
También sabe el ex-lechero encontrar el potencial de las wee sisters y es que la novela es profundamente feminista: por eso, por la personalidad de la protagonista, por la importancia que tienen ciertos grupos de mujeres:
>>Las "issue women" (o mujeres problemáticas)
Me encantan: son un grupito que se empieza a reunir para hablar de los derechos de las mujeres en un cobertizo, donde tienen colgados pósters de mujeres que nos inspiran al resto, supermujeres como las Pankhurst, Millicent Fawcett, Emily Davidson, Ida Bell Wells, Florence Nightingale, Eleanor Roosevelt, Harriet Tubman, Mariana Pineda, Marie Curie, Lucy Stone, Dolly Parton. Por cierto, los curas les dejan salas de la iglesia para que se reúnan los del IRA, pero no las mujeres problemáticas.
Toda la comunidad se preocupa por lo que hacen estas mujeres y es muy gracioso: "podrían estar haciendo actos homosexuales o abortos allí". No he comentado que la novela tiene mucho sentido del humor para un tema tan duro como este, por ejemplo, aún me estoy riendo cuando dicen que "usan terminología como 'terminología', sistémico, transhistórico, institucional, etc."
Las issue women logran crear lazos con organizaciones feministas fuera de la zona e incluso consiguen que venga una mujer de la central a dar una charla. Pero no se libran: todo esto es observado, analizado y censurado por el IRA y sus múltiples ojos, así que esa conferenciante no puede volver.
Tal vez el último capítulo de la novela no me gustó porque me impliqué mucho con ellas -como con las wee sisters- y hubiera querido que las "mujeres problemáticas" hubieran tomado un rol más central.
>>Las groupies del IRA
Estas son las que están emparejadas con los del IRA. La madre de la protagonista, pese a tener un par de hijos de esa cuerda, le avisa para que nunca se líe con uno de ellos: "nada les para hasta que la muerte les para".
Las llama "las groupies" (como si fueran fans enloquecidas de un grupo musical) y cuando creen que la narradora es una de ellas por su relación con Milkman, le enseñan cómo serlo en el baño de una discoteca: la lideresa la mira en el reflejo del espejo, luego se mira a sí misma, en concreto a su escote, parece satisfecha, se lo recoloca, más satisfacción, y le dice:
"Un hombre peligroso. Masculino. Mucho. Tiene que serlo. Me encanta ese tipo de cosas (...). Ponte guapa. Con clase. Siempre con vestidos. Nada de pantalones. Tacones altos, ah y joyas. Nunca le decepciones. Nunca vayas sola al bar. Nunca salgas a la pista de baile con otro hombre, nunca coquetees con otro. Nunca pienses en otra relación. Hónrale. Haz que se sienta orgulloso". "A dangerous man. Masculine. Very. Has to be. Love that sort of thing (...). Look good. Look classy. Always dresses. No trousers. High heels, mind- and jewellery. Never let him down. Never go to the bar by yourself. Never go to the dancefloor with another fellow, never flirt with another man. Never consider another relationship. Honour him. Do him proud".
Da miedo. Mucha política para liberar a tu estado oprimido, pero sus mismas mujeres siguen siendo más machistas y tradicionales que el Papa.
>>Las mujeres piadosas
Como su nombre indica, son las típicas católicas irlandesas entre las que podría estar la madre de la narradora, que le advierte sobre las muchas plagas de langostas y que usa eufemismos graciosos para referirse a conceptos como quedarse embarazada o abortar. Ellas son las que hacen algunos de los trabajos sucios que no pueden hacer los profesionales del sector sanitario, desarrollando todo tipo de brebajes, operando en quirófanos de bricolaje y así todo.
Las mismas mentiras
Burns describe también las narrativas que se cuentan a sí mismas las gentes que viven en medio de un conflicto como este para sobrevivir: es tan viejo como la humanidad. Si te han matado a un hijo, la historia que te consolará es que "no murió en vano", y eso creen. Este cuento de hadas es el mismo que en estos momentos se estarán contando los padres de los soldados americanos que han muerto en Irán, si es que han comprado la narrativa del narcisista naranja.
Pero es mentira: ya lo escribió Wilfred Owen en su poema: "Dulce et decorum est pro patria mori". Hoy que tanto se habla de "hacerse con el relato", el mío sigue siendo este: si todas las personas de a pie nos paramos y decimos basta [No-a-la-guerra], no continuaría ninguna de ellas. A esta conclusión llegó Vera Brittain (lean el libro o el divague del libro, que es casi tan largo como el ídem) y se hizo pacifista.
Terminando, di que no
Hay una frase que me encanta que resume perfectamente a nuestra heroína, la protagonista: "the privacy of the subtext of my own mind where nobody could witness me being me" ("la intimidad del subtexto de mi propia mente donde nadie podía presenciar yo siendo yo"). Por eso se evade leyendo novelas del siglo XIX por la calle, porque no quiere pertenecer a ese millón de ojos que observan, critican, reportan. No va a coger un fusil que en su caso es "vestidos-maquillaje-tacones-joyería-fidelidad-sexual-mal-entendida". Tampoco por el otro lado: no va a ser informadora y desde luego no apoya a los ocupadores. Simplemente, no ha comprado el relato, no es bonito morir por la así-llamada-patria. Lo que ya la gente quiere es poder ir a buenos hospitales, que las niñas pequeñas tengan oportunidades, bailar sin que un tipo con pasamontañas te ponga una linterna en la cara cada viernes.
Como todas las grandes novelas, "Milkman" usa un punto concreto de la historia en un lugar tal vez muy lejano para ti para tocar temas universales y necesarios: te lleva a un pasado al que no querríamos volver y te deja varada en la playa de un presente en el que hemos de ponernos en pie y decir basta.
































