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26 agosto 2026

Centro Histórico: el Zócalo, la Torre, sobredosis de Art Déco, los mariachis y el pobre violinista [Méx5]

16.07.26: El Centro Histórico: 

Como su nombre indica, hoy vamos al centro. Histórico. Salimos a las 11:00 porque según el itacalog del Peda, yo "duermo mal". No recuerdo exactamente esta noche, pero sí que en varias me despierto a las 2:00 am y, como puedo, me tomo media melatonina y rezo cuatro-angelitos-tiene-mi-cama, parece que hoy con poco éxito. En fin, que tomamos el metro al Zócalo, esa plaza monumental donde está la catedral y que nos impactó tanto por sus dimensiones la otra vez. 


Sin embargo, ay, esta vez el Zócalo está parcialmente cerrado porque tienen que montar las pantallas del Mundial, con lo cual no tenemos esa visión impresionante de antaño con ese banderón que, qué necesidad. Atención a los cactus de esta foto:


Alrededor de la Catedral hay vendedores ambulantes y gente que persigue a los turistas con una carta para que subas a comer a su terraza con vistas, sea la hora que sea. También hay hechiceros con plumas y todo, haciendo unos rituales a base de echarles humo a sus clientes amenizado con una danza. Algo me dice que igual tirar fotos interfiera con el sortilegio, así que me comedo. Esta de abajo sin el paciente/cliente es lo mejor que os pude conseguir. 


Cuando entramos a la catedral hay misa en la parte anterior, luego tampoco se pueden hacer fotos durante esta otra hechicería - la que incluyo abajo es de la parte posterior. En un lateral hay una tienda llena de todo tipo de parafernalia religiosa, que ríete del hechicero de fuera o de Banksy y su documental "Exit through the gift shop" ["salga por la tienda de regalos"]. Ya se sabe que no me gusta comprar en general y ya no traigo nada de los viajes más que a Roc y cuatro magnetos a mis jardineras que me riegan las plantas, pero esto de vender en los museos y ahora en las iglesias se ha ido de la mano. 


En el Zócalo está también el Palacio Nacional, donde hay murales de Diego Rivera, pero que ahora no se puede visitar porque Claudia Sheinbaum, la presidenta de la República, "ha puesto su residencia allí" [un taxista dixit, no parecía fan]. También está en esta plaza el Monte de Piedad, que fue parte del palacio donde Moctezuma tuvo como huéspedes a Hernán Cortés & Co. Ese al que Ayuso, esa marciana, reivindicó aquí mismo y a la que Sheinbaum contestó tan bien. Moctezuma creía que Cortés era una deidad pálida con barba, y esta actitud le ha ganado no ser honrado [al igual que la traductora, la Malinche] en el país, en contraposición a Cuauhtémoc, su sucesor, que opuso resistencia. En fin, el Monte de Piedad, que en su día era el mercado de empeños más enloquecido, hoy está también cerrado, en ruinas. 

Hacia el norte del Zócalo hay algunas plazas coloniales encantadoras, con sus iglesias: la de Santo Domingo y la de Loreto, pero no recuerdo cuál es cuál, ni siquiera si estas fotos son del norte, porque luego hacia el este, la Calle Moneda y al sur quién sabe. Solo puedo decir que la cantidad de museos es ingente:  he buscado y dicen que es, junto con Londinium, la ciudad del mundo que más museos tiene. Pero seguramente no es verdad, también he encontrado otros datos, como que la primera es Moscú. En México no pagas en muchos si eres mexicano; en Londinium hay un montón gratis -no es que quiera hacer efecto llamada, pero es así. 

 
Como en el diario de 2004 yo repetía mucho que íbamos a desayunar a "La Vasconia" o a "El Popular", decidimos ir a buscar estos centros de culto del pasado. Están cerca del Hotel Juárez, donde nos alojábamos, y la primera en la frente: el Juárez, en Cinco de Mayo, es una obra. "Que están haciendo un hotel", me dicen. No entiendo, porque en cierta página de reservar hoteles sale -eso sí, renovado-, así que, quien sabe. Lo que todavía está allí es "El Popular" y "La Vasconia" (calle Tacuba), donde vamos a comer un snack. 






Como dice en la bolsa, "La Vasconia" es, "sin pretensión, la mejor bizcochería de la capital". Aseguran que fue la primera panadería de México, fundada claro por un vasco llamado Marcelino Zurragamurdi en 1870. Me gustaría saber más de su historia, pero no la encuentro.  Yo pido unos tacos al pastor y mis compas no recuerdo, pero sí que Mini bebe una "malteada" de chocolate (un batido) que hace historia y que nos hará volver varias veces.

A la salida, tiramos hacia el oeste del Zócalo donde están las calles "más elegantes de la ciudad", según la guía: han transformado antiguas mansiones o palacios en bancos, cafés y tiendas. Aparte de Tacuba, hacia el sur está Cinco de Mayo, Francisco Madero, 16 de Septiembre. Madero es peatonal, con mucho comercio, y al final está la Torre Latinoamericana, donde habíamos subido ya en 2004, pero hemos de repetir con Mini.  


Te ponen una pulsera que dura todo el día y hay ascensorista. No es solo que las vistas son impresionantes -al fondo, los volcanes Popocatépetl e Ixtaccíhuatl no se ven bien por la polución-, es que la exposición dentro es muy chula, aunque de fondo suena "La cucaracha" y se nos acaba pegando - disculpas si a alguien se la he pegado yo ahora. En la exposición cuentan la historia de esta ciudad, que se está hundiendo [es palpable en algunas bocas de metro], porque en realidad fue fundada por los Mexicas [así se autollamaban los Aztecas] sobre un lago que estaba surcado por calzadas elevadas. Así que si juntamos esto, con los volcanes y con que es zona sísmica [divagantes de cierta edad recordarán el terrible sismo de 1985], la CDMX no es lugar para pusilánimes ni hipocondríacos. 


 Esta foto hacia otro lado no es en sepia, es que hay unos filtros -reales, nothe IG- en ciertas ventanas y te salen las fotos de colores. El edificio blanco en la parte inferior izquierda es el Palacio de Bellas Artes y la calle que pasa a su lado, cómo no, Insurgentes, la más larga de CDMX: de norte a sur son 28.8 kms de nada [aprendo que la más del mundo está en Toronto con 56 kms, nunca lo hbuera diccho]. 


Y claro, al salir hay que pasar por el Palacio de Bellas Artes, un edificio combiación de Art Nouveau y Déco preciosísimo. De entrada, atención a las grafías de cualquier cosa... hasta los baños! 


Justo cuando entramos, hay una visita guiada sobre la arquitectura del edificio: costó 32 años construirlo y está sobre el antiguo Teatro Nacional, que fue demolido. El exterior es Art Nouveau, que se diferencia del Art Déco del interior en la época: el Nouveau fue popular de 1890 a 1914, y el Déco de 1920 a 1930 y en que el Nouveau se inspira en la naturaleza, con líneas curvas y serpenteantes, asimetría y los motivos de plantas y demás mientras que el Art Déco se inspira en la tecnología, la maquinaria y culturas antiguas como la egipcia o la mesoamericana y en él predominan las líneas rectas, la simetría, los zigzags y las formas geométricas puras.
Cuando terminamos la visita, vamos por las salas disfrutando del contenido, pero sobre todo del continente, hasta que llegamos a los murales. En la primera planta, al fondo, tenemos el famoso "El hombre controlador del universo" (1934) de Diego Rivera.

 
Ya se sabe la historia de este mural: fue pintado originariamente para el Rockefeller Center de Nueva York, pero cuando el susodicho ricachón se dio cuenta de que salía el Tío Karl dijo que nanai, que no estaba precisamente él para comunismos -pese a que bien conocía las veleidades de Rivera cuando le contrató. Esa es la copia de Rivera para sí mismo que hizo en 1934. Pero vamos, no solo está Marx, también Lenin, Trotsky y otros malvados commies. 


Nos lo explican con detalle, aunque os remito a la wiki o a HA!, la página de Rivera, aunque no le dedican sección en concreto a este mural. Vale, no me enrollo, pero tengo que poner el trocito donde está Darwin:


Además de Rivera, tenemos de los otros dos del Triunvirato de muralistas mexicanos: Siqueiro y Orozco, todos geniales. 

A la izquierda del Palacio de Bellas Artes está la Alameda, un parque no muy grande que parece que estaba ahí ya desde que era un mercado azteca [mexica]  y luego un centro para quemar herejes de la Inquisición [qué guay ser ejpaniola]. Hoy es un rectángulo con cuatro árboles, y en la calle de enfrente venden slushys, que Mini por supuesto, degusta y en otra hay gente con un altavoz bailando algún ritmo latino. Aquí en Londinium, en Battersea Park, al lado de la Pagoda también los he visto. Por supuesto, un feligrés nos quiere sacar a bailar a las chicas, pero vamos, hija victoriana no se va a meter en eso y yo, claro, no los voy a dejar esperando.


Porque nuestro siguiente destino es la Plaza Garibaldi, donde están los mariachis, armados con sus guitarras que tanto ponían a la fundadora de este divlog, Diva. Yo, eso de que me canten, lo tengo grabado a fuego de una vez en Brasil, que un familiar [cura] nos llevó a un espectáculo y el de la guitarra, tras haber tenido antes como víctimas a todo el Cono Sur con su canción tradicional, Gardel o lo que sea, vino a cantarnos "Que viva España". El tío cura lo disfrutó muchísimo, yo como digo aún tengo estrés postraumático, y el Peda, ni entro. Así que entramos a Garibaldi de puntillas, disimulamos mucho al cruzar la plaza, y tristemente no recordamos el antro aquel de la sobredosis de frijoles de 2004. 





Prueba conseguida: no hemos sido serenateados y volvemos por la calle Allende, donde tiro algunas fotos aleatorias a las tiendas "auténticas" [qué pesados somos los que aún nos emocionamos con esas cosas], la Cámara de Diputados con la bandera gay, y la de La Palestina es un poco trampa porque no está ahí. 







Lo que no se nos va a escapar es volver a cenar en la Casa de los Azulejos, que nos gustó tanto hace todos estos años. Era un palacio barroco del SXVIII, como casi todo aquí, que como su nombre indica tiene azulejos de Talavera, cerca de Puebla, por sus paredes exteriores.



Se cena en el patio central, aunque también tiene muchas salas arriba. El pobre violinista pesadísimo y que hayan instalado plasmas para ver yoquesé no logra empañar su belleza, pero a fe mía que lo intenta muy duro. Ah, y las meseras van también vestidas tradicionales: o sea, imaginemos un palacio de esos del casco viejo de Vetusta -también los hay, y preciosos- con baturras trayendo el cordero, teles de plasma y el violinista intentando tocar "Gigantes y cabezudos".



Pero hay hambre y no estamos críticos; además, fíjense, hasta en la puerta de los baños hay el mural "Omnisciencia" (1925) de Orozco. Un despipote. 


Yo no cuento mis pasos; soy un ave libre, pero mis compas cuchichean -ya debemos llegar a los míticos 30k- pero nada nos arredra: como aún podemos subir de nuevo a la Torre Latinoamericana con la pulsera multidiversión, nos metemos de cabeza al ascensor, con la resignada misma ascensorista. Como en  todas nuestras experiencias de subir a estos sitios de noche, nos encanta. Allí hablamos un rato con unos mexicanos de fútbol, que apoyan a España, oe oe oe. 






Derrotado y humillado, el ejército Pedalista se arrastra al metro de Bellas Artes para llegar a Copilco. No hay tregua: esta estación de metro es también una ocasión para el turisteo y las obsesas de las grafías y del Art Déco.




Exceso de ciudad. 


Pub: 26.08.26

Hoy, complicadas conexiones ferroviarias [Interrail Mini 11]

  Miércoles, 26 de agosto de 2026: Budapest-Viena-Lago Bled




22 agosto 2026

Coyoacán es un bodegón de sandía: Viva la vida! [Méx4]

 15.07.26: Coyoacán

Como ya ayer tomamos posesión del piso, hoy por la mañana antes de salir tocaba hacer la colada. Y no cualquier colada en un mal lavabo: ¡cómo está preparado este lugar para este tema! Cada piso tiene un pequeño trastero en el terrado con la lavadora [enorme, de carga superior] y un espacio exterior enjaulado para tender. También hay lavaderos de lado a lado con el número del apartamento —cada cual pagará su agua—, pero que casi nadie usa ya (o por lo menos no JA y E, a juzgar por su grifo condenado). Subo armada de nuestra ropa interior y un par de camisetas andando, por aquello de no esperar el ascensor y son solo cinco pisos, y cuando voy por el tercero recuerdo que esto es la CDMX, a 2300 metros snm: el mal de altura me recuerda que existe, aunque a ratos se me olvide. Por el tema del grifo en desuso, lavo en otro lavadero furtivamente, con cierta tensión por si suben y me encuentran con las manos en la masa, digo, en la ropa. Tranquilidad, aquí no sube nadie. Así lavaba así así...




Hoy vamos a visitar Coyoacán, que está a unos 45 minutos caminando de Copilco, hacia el noroeste. Al subir las entradas de mi diario de 2004 al blog vi que el día que entonces fuimos a Coyoacán llevaba una especie de bandana hecha de una tela naranja en la cabeza y a ratos un fular amarillo, así que hoy me pongo ambas cosas, que conservo -sí, lo guardo todo-, con la idea de hacer fotos exactamente en los mismos lugares, 22 años después. 


Bueno, exactamente quién sabe, porque hay miles de ventanas enrejadas con geranios y piedras circulares con agujero para atar los caballos en muchas casas, en particular en la avenida Francisco de Sosa, que va de Coyoacán a San Ángel (el barrio del primer día), que es espectacular. Es difícil elegir fotos porque hay muchísimas, así que aquí van algunas al azar...










Esta avenida icónica termina en la Plaza de Coyoacán, donde está la fuente de los Coyotes


y la iglesia de San Juan Bautista con su claustro y su señora anciana indígena vendiendo alebrijes. LLevo mal el tema de personas pobres pidiendo en las calles de los países pobres pero niños y ancianos son lo peor, no puedo con la idea de que el estado no proteja. 





A su lado está el Parque Jardín Higaldo donde han instalado unas pantallas gigantes para ver el partido del mundial: hoy toca el Inglaterra-Argentina, y Mini está nerviosa. Tenemos hora a las 13:00 para el Museo Frida Kahlo, pero decidimos ir paseando hasta allí para ver si tuvieran huecos para entrar antes: ingenuos. Al llegar a la manzana anterior de la Casa Azul ya vemos la fila, con sus carteles que indican la hora que le toca a cada grupo, así que ni lo intentamos. 


Nos acercamos a rendir tributo, unas calles más allá, a León Trotsky, que tras vivir un tiempo en la Casa Azul se instaló no muy lejos. Retrocedemos sobre nuestros pasos para encontrar un restaurante recomendado por la chelista. Después de comer y ya a nuestra hora del museo, volvemos a pasar por la plaza y el partido ya ha empezado: de momento van 0-0 y Mini se sube por las paredes. Creo que es hoy el día que más abiertamente declara su odio por Argentina: "son racistas, juegan sucio", dice. En pasados mundiales a mí siempre me ha gustado, no porque entienda nada de su juego, sino por la misma razón que Brasil: son latinoamericanos de países que me encantan, eso es todo. Sin embargo, este año, entre las arengas de Mini, que la FIFA y Trump y Netanyahu y todos los amigos de los niños y enemigos públicos quieren que gane, me han perdido. Hoy voy con Inglaterra, pese a las Malvinas y todo. 

De la visita al museo no quiero decir cosas que se pueden encontrar en su web o en wikipedia, pero aconsejo mirar este video de dos minutos para situar mis impresiones. No me extraña que Tiovin viniera cinco veces en los tres meses que pasó en CDMX: es un lugar muy chulo. El jardín, explosión de color, está ahora lleno de gente, incluidas varias personas pintando lo que ven en el lago, pero qué debía ser ese lugar con solo los habitantes de la casa: me imagino la paz al cruzarlo para ir a otra estancia -como buena casa mexicana, todo rodea al patio central-, los pájaros cantando, el ruido del agua, las sombras de los árboles. Mi habitación favorita es, sin duda, el estudio de la primera planta: siempre me han encantado las habitaciones con ventanas en dos paredes perpendiculares, algo difícil de conseguir en una vivienda normal, pero esta las tiene, claro. Pienso en Frida pintando aquí, pienso en ella recuperándose de sus operaciones, con dolor, con angustia. Al lado hay un cuarto con una cama y sus cenizas: también me impresiona. O la cocina, toda simplicidad, como para amasar y hacerlo todo desde cero. O sus vestidos, o sus corsés para la espalda: están metidos tras escaparates, con poca luz, con temperatura adecuada, son todos tan Frida y tan México. Algunos de sus cuadros están aquí —qué coincidencia, hay una exposición en la Tate Modern mientras la visitamos, supongo que intentando replicar el boom que supuso la primera en 2005, cuando llevaba yo solo cuatro años en Londinium: salí andando sobre algodones con el libro de la exposición bajo el brazo. Aquí está uno de mis bodegones favoritos: "Viva la vida", porque son sandías y porque, viniendo de una persona que sufrió tanto, ese mensaje me recuerda que, eso, viva la vida y vive la vida, tú que tienes tanta suerte.













 


Mientras estamos en el jardín viendo la colección de estatuas precolombinas, nos enteramos de que Inglaterra ha marcado gol. El fútbol se ha metido en este espacio de paz, pero no nos importa hasta que luego empata Argentina. La cosa se complica. Cuando salimos y vamos caminando de nuevo hacia el centro de Coyoacán, oímos gritos que salen de los bares y eso solo puede significar una cosa: Argentina ha metido el segundo. Mini se viene abajo. No hay nada que hacer: Inglaterra está fuera. Para animarnos, nos compramos unos churros rellenos y el mío es un error:

"empalaga"

 demasiado dulce y empalagoso; pero la avenida Francisco Sosa no empalaga nunca y por ella avanzamos hasta la Plaza de Santa Catarina, que tiene una iglesia ocre que está gritando "Viva México!", 



y una Casa de Cultura, a la que entramos a curiosear. Con el recuerdo que me voy a quedar de este lugar -gran jardín central, edificios a su alrededor- es de la música. En una sala hay una orquesta de viento amateur ensayando "Amor de hombre" de Mocedades, una y otra vez. Miro por la ventana y les saludo. Mientras paseo, me dan ganas terribles de cantar la canción a pleno pulmón -es muy cantable. ¿Se imaginan?




Seguimos por esta avenida, pero empiezan a notarse los kilómetros. Giramos a la izquierda por la calle Zaragoza (por qué recordaré este dato?) que es también bastante chula y cuando llegamos al cruce con Miguel Ángel de Quevedo nos da una bajona severa y cogemos un taxi a casa. No estábamos tan lejos pero, como decía el Peda en viajes anteriores, "los Pedalistas han jugado la segunda parte en taxi".



Son las 17:00 y me quedo frita, el resto lee o busca algo por esas macropantallas. A las 19:00 salimos a cenar al restaurante al que JA & E van "cuando hacen la compra semanal en Walmart". Como tenemos que ir a por los clásicos [sandía, yogur y fruta], vamos a este lugar, Toks, que es una cadena y donde yo vuelvo a decir, cuando el camarero trae los platos, "que las raciones son enormes, que si nos lo podrán poner para llevar", a lo que el camarero, "por supuesto, señorita" y cuando se da la vuelta, mis compas me abuchean. Pero, por supuesto, divagantes, con las dos hienas con las que viajo, nada de esto es necesario y cuando el sufrido trabajador recoge los platos brillantes he de poner cara de "yo no he tenido nada que ver". Viva la vida. 

Pub=22.08.26