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01 marzo 2024

Un finde de emociones fuertes te deja agujetas hasta el miércoles


Les Pyrénées:
poca nieve para un febrero
Me duraron las agujetas hasta el miércoles. Podría culpar a Roc; vamos, de hecho lo haré (sí, este es el "querido diario" bimensual de Roc: pueden irse los jóvenes, los modernos -o sea, nadie aquí- y los no interesados en leer el diario de gente anónima y anodina, a los que entiendo). Decía: agujetas porque el domingo por la noche corrí como las personas normales solo corren en aeropuertos, pues a las 23:39 aterrizaba y a las 23:56 salía el último tren para Londinium. Perderlo significaba -pensaba en el vuelo- una fila interminable para encontrar un taxi, e incluso me visualizaba desesperada abandonando la espera y la esperanza 
a las 2:30 am, volviendo a la terminal a esperar el día, siendo un zombie por el duty free probando cremas y perfumes y eyeliners, vagando por los pasillos (oliendo fenomenal) en busca de un Pret abierto inexistente a esas horas y cuando por fin me sentaba en uno de esos bancos a mirar el blog ("nunca viajo sin mi diario, bla-bla" gracias Oscar), un tipo guapísimo a mi lado -que casualmente era editor-in-chief de Eland Books (editorial de viajes) y había estado leyendo por encima del hombro- me decía que cuándo podía dejar mi trabajo para dedicarme de lleno a la escritura de viajes para su editorial. El había pensado que mi primer destino fuera Kalymnos, la isla griega donde transcurre el libro que ve en mis manos, que yo podría escribir una suerte de "Kalymnos y el Dodecaneso, 50 años después", desde el porche de una coqueta vivienda rústica en la montaña con el mar entrando por mis ventanas y la sandía a espuertas y entonces algún aguafiestas le daba a ese molesto timbre del avión y me despertaba en la terrible realidad. Que no era otra más que el punto de partida: para evitar la fila de los taxis había que correr como alma que lleva al diablo al expreso de la medianoche como una Cenicienta cualquiera porque los príncipes, si existen, no nos interesan: semos republicanas y cargamos todos esos otros fardos terminados en -ista como buenas mujeres jóvenes y modernas que escribimos diarios que solo interesan a gente con algún tipo de patología. Total que lo del domingo fue épico a muchos niveles, pero no nos adelantemos. 

Pantalón camuflaje con colcha
Volvamos al jueves cuando, para empezar un finde de emociones fuertes, es Fashion quien me viene a recoger al aeropuerto (Roc, en la siesta). No la puedo criticar en lo de la conducción porque a mí tampoco me gusta ir por vías con igual o más de tres carriles cuando no conozco el camino, pero por lo menos yo sé aparcar en cordón - Fashion (no rían) solo trabaja la batería. Al salir, esos momentos de confusión por el móvil (dónde estás, dónde es arriba, respecto a qué es abajo: un infierno encontrarse) y en un punto le digo: "eres la persona azorada vestida color camel?" (y cómo no: no tiene pérdida). Volver a casa es el segundo cachondeo porque tanto hablar pierde la ronda que nos lleva a casa en cómodos 15 minutos y terminamos enmedio de la ciudad - un poco más y saludamos a Colón. Por lo visto, este trayecto le dio más tarde boca seca y dolor de cabeza. 

Menos mal que en la puerta de casa estaba Roc con su padre esperándome con esa sonrisa por la que yo, mato. De entrada, así como tú mandas a tu hija a un intensivo de inglés, Roc había tenido esa semana un intensivo de "tía"  en prepación para mi visita y este finde ha sido la apoteosis. Se despertaba, y lo primero que decía era "tía". Veía mi taza, y  "tía". Ahora que me he ido, "tía" señalando a la tetera y supongo que pronto con todas las cosas que me he olvidado allí, como una pulsera, las gafas de sol, el cepillo de dientes (diría Freud que quiero volver pronto). Como le gusta mucho ver esos albumes familiares también dice con toda claridad "tata" cuando ve a Mini y el nombre familiar del Peda. Y por supuesto, abuelos varios y otros tíos de otras ramas que son buena gente pero ni de lejos se acercan a la simpatía y glamour de la familia pedalista. 

Además de un cuñado, 
 JAL es el (no tan)  "Joven Artista Local"
Así que como se ve, los mojones del desarrollo del lenguaje van avanzando, aunque mucho más en comprensión que en expresión. Entender, lo entiende todo y muchas cosas en inglés (siempre pensé que lo de las "guarderías bilingues" es una chorrada), pero yo creo que es por "The very hungry caterpillar". Este es un cuento clásico inglés que le pasé de Mini en el que un gusanito se va comiendo toda suerte de frutas. Así que el otro día jugábamos a que nos trajese una fruta o verdura de juguete de su famosa cocina y se las sabía todas, incluso la berenjena (esta no sale en el gusano, pero se la dibuja su padre). Como JAL debió ser marinero en otra vida, le nombra todos los peces en cuentos de motivo marítimo  ("Sharing a shell" o "The singing mermaid", también de Mini) y ya conoce las barracudas, el pez globo, las medusas y otras variedades que yo nunca seré capaz de reconocer: siempre me ha admirado gente de mi edad -o sea, no una madre- que vaya a la pescadería y sepa nombrar algo más allá del besugo. Una vez vi un poster en un restaurante con imágenes del orden de 40-50 peces que se comen con sus nombres y casi me mareo. Tal vez mis problemas estén relacionados con que vine joven a este país y en inglés solo he logrado aprender dos o tres pescados y no sé su equivalencia al castellano [que en todo caso, da igual porque como digo, no sabría identificar en la tienda]. Vale, cod es bacalao pero, qué pinta tiene un bacalao fresco? No sé: Roc sabrá. 

Pasaron las navidades:
da igual
Otra pequeña (gran) traición de Roc es que le encantan los pajarrakos (culpemos a sus padres que ponen miguitas de pan para que vengan "petirrojos" -dijo Fashion, que se destapa ahora como conocedora del tema?-  a la terraza). El divagante que no me conozca en la vida 2.0. no sabrá que yo detesto a las aves porque no es algo que yo valga divulgando, no vaya a ser que en el futuro cada vez más próximo de una sociedad totalitaria me hagan lo que al pobre Winston en la Habitación 101. Pero Roc los llama "tetés", y su amor se extiende a todo lo que tenga un apéndice enmedio de la cara de buen tamaño, e.g. le encanta un peluche que es un muneco de nieve porque la nariz es una zanahoria y le parece un teté, y también muerde narices (aseguro).

Escuela de sirenas,
con bikini prestado

También fui a la clase de natación. Alguien recuerda la última vez que me tuve que salir porque a mitad de sesión vio a su madre en observadores y se puso a llorar? Ahora totalmente feliz y tirando a kamikaze: salta al agua como un loco, bucea, coge ranas de velcro y las pega en otro sitio.... lo único que no le gusta es la "relajación" del final con unos espejos. A saber a qué reflejo condicionado responde, voy pensando, a la vez que estudio el perfil sociodemográfico de los "papis de Penguins". Según Fashion, son todos ex-pats, porque los catalanes de esa zona están todos en sus casas de la Cerdanya el fin de semana. Eso sí, todos vuelven el domingo por la mañana porque petan la parroquia, venga a salir familia numerosa tras familia numerosa de la Santa Misa, los niños con sus chaquetas con cenefas y vestidos de nido de abeja, y los papis con una estética de cazador austriaco. Tal vez no llevan a los críos a nadar porque son del opus y enseñar las carnes es pecado. 

Cuatro días no dan para mucho, pero aún así algo me han sacado los padres de la criatura, incluyendo "recados" en aquel infame centro comercial (por cierto, a alguien más le parece un atraco 26 euros por cambiarte la pila del reloj? No sería más normal 6? En Londinium me pidieron £35 y casi les abofeteo, pero igual la equivocada era yo?) o hasta un rato me dejaron suelta para ver a mis amigos Dp y Xavi solo "para el aperitivo". Sí, la cosa comenzó bien y civilizada, quedando en una librería como acostumbramos, pero me terminaron liando para comer. Siempre se tocan ciertos temas rituales, libros, viajes pasados y futuros (Xavi se va a Australia y Nueva Zelanda y no entiende que no me llame ir a ver tribus-intenté explicarle), nuestro ryad comunitario, el transiberiano, gente común... En un punto, por razones que no vienen al caso -o vendrían, pero luego decís que me extiendo-  subimos a uno de esos maravillosos pisos del Eixample de pasillos inmensos habilitado a co-working (y por lo que sea, había estado en otro por la mañana) donde Dp me presentó a un diseñador gráfico y me describió como otra "letraferida", que es una palabra que me encanta, para que me explicara cómo se hace el diseño de libros. Miró el mío (en inglés) y el de Dp ("Maniac" de Labatut, en castellano) y nos explicó esas cosas de los guiones que separan párrafos y habló de "gramajes" y otras cosas de interés. 

Co-working 1 en Eixample

Co-working 2 más sencillo

Y ahora descanso, divagantes, con sección fotográfica porque los jekes y sus amigos me llevaron a tomar algo al "Jazz Bar "de Casa Fuster, un hotel modernista maravilloso donde me hubiera quedado horas y horas con mi libro (la próxima espero que me lleven a la piscina de la terraza).

La entrada, hacia el otro lado estaban los lacayos,
vestidos como tal (como a las tribus, no les fotografío)

Cómodas no parecen, pero la estética me puede


En pleno Jazz Bar



Explorando

Sencilla columna


El sofá de Cruella de Ville






Y también hubo parque infantil con su antropología asociada, y chocolate a la taza y lecturas de cuentos, y de repente, tenía que volver a Londinium. Lo que me lleva, full circle,  al principio del divague cuando llegué al aeropuerto, pensando que volaba a las 21:20 pero, oh destino:  enseguida la pantalla, con gran indiferencia avisa de retraso de 80 minutos. En esas circunstancias, lo mejor es sentarse a hacer tu propia admin (o sea, hablar con las amigas) mientras el teléfono carga, nunca se sabe lo que puede durar la noche. Nota: tal vez algún divagante empiece a sospechar que estos retrasos se acumulan ya en mi reciente historial (recordemos el mensis horribilis octubre: las cuatro horas hacia Barna cuando fui milenial o las nosecuántas a St. Ives) y que no sós vos, shoy sho. Whatever.

Fantasía

Nadie daba dos duros porque ese vuelo saliera finalmente -no se puede aterrizar demasiado tarde, me vi de vuelta chez jekes- pero ya en el aire, cuando empecé a hacer mis cálculos de hora-de-llegada me di cuenta de que, estando el la fila 25 no tenía ninguna chance de coger ese último tren de las 23:56. Pero, quién es una mujer de recursos? Tras pedir el combinado "humus con picos camperos" (festival del ultraprocesado ese carrito de avión), les pregunté a los azafatos si había "finger" o escalera para salir. Los pobres, aún recuperándose de que alguien, por fin, tras sus catorce anios en la compania hubiera pedido "humus con picos camperos", me informaron que no lo sabían aún pero que "a ver si me parecía bien" pasar a primera fila.  Parecerme bien, dicen: mi júbilo no alcanzó al de cuando llegó el anestesista de la epidural en el parto, pero por ahí. Y no es que Vueling tenga primera clase tipo Emirates, pero esos asientos son lo más parecido en una Low Cost, y además solo había una persona dormida en ventanilla, vs la pareja que veía una peli terrible a mi lado en la 25. Antes de sentarme, me di la vuelta como Amelie en el cine, y aparte de la mía, no había una sola luz de lectura: todo el pasaje iba o dormido o en sus pantallas.  Esa oscuridad de avión siempre me da buen rollo, es para mí vuelos transcontinentales en los que vas a la aventura, así que ese rato tuvo algo de mágico, a la vez que de cierta trepidation. 

El combo que les quitan de las manos

Y el resto es épica: cuando abrieron la puerta, había finger y salí volando, pero el empleado del aeropuerto que las abrió me dijo que por mucho que corriera, él me tenía que abrir las siguientes, y algo exclamé que el hombre echó a correr como mi liebre y me las abrió, y partir de ahí comenzó a sonar Vangelis, y quemé pasillos, pasé las puertas, bajé rampas, llevando la respiración como cuando hacía resistencia en el cole, puse el pasaporte del lado equivocado en la máquina un par de veces, y a la tercera se abrió el sésamo, y seguí corriendo, y por fin llegué a la estación donde aún me sobraron dos minutos.  Dos minutos para establecer si me estaba infartando, o solo que no sentía el corazón por el dolor tras el esternón de los no-entrenados. Cuando llegué a casa, aún me quedaban cinco páginas de mi libro que tuve que acabar circa las 2 am, todavía con cosquillas detrás del esternón, y la certeza de que al día siguiente, me dolería hasta el aura. Porque un finde de emociones fuertes te deja agujetas hasta el miécoles.

El expreso de la medianoche

18 febrero 2024

La British Library o tener tan cerca *esos* manuscritos

El otro día estuve en la British Library: un festival. 
   
La entrada que da a la "piazza"
 
Nada más entrar en la piazza de la biblio te encuentras con esta estatua en bronce de Eduardo Paolozzi de 1995:  "Newton after Blake". Paolozzi fue uno de los padres del pop-art, un escocés de origen italiano que se inspiró en el famoso cuadro de William Blake de 1795: "Personification of Man Limited by Reason" que podéis ver en este divague titulado "El camino del exceso conduce a la sabiduría"Me encanta esta lámina con Isaac Newton desnudo sentado en una roca con musgo midiendo algo con unos compases. 

Pensaba que Isaac Newton tenía peluca,

Por dentro es una biblioteca moderna, con salas y salas y hasta escaleras mecánicas. Alguien pensará que es un gran almacén. [Sí: tiene tienda de recuerdos, tristemente y por supuesto. Recordemos que estamos en el país de los tenderos y del "Exit through the gift shop"]

A la dcha la cafetería, a la izda, la tienda
[pero se puede vivir sin esa tote bag]

Hay una exposición temporal de "Fantasía". Aparte de lo que leíamos todos en la adolescencia ("La historia interminable", "Momo"...), nunca he sido de libros de elfos, no me atrapó el mundo de Tolkien, ni el de C.S. Lewis ni el de Harry Potter. Hace poco lo intenté con un libro de relatos de ciencia ficción ("Exhalation" de Ted Chiang), leí unos cuantos, me aburría y lo dejé. No hay ni divague. 

Fantasía: el reino de la imaginación


Detrás de los pasillos de arriba, hay un atrio enorme con un bloque central lleno de libros antiguos. Alrededor hay mesas y gente estudiando, leyendo




La sala de "los tesoros de la British Library" es una gozada: tienen desde la Carta Magna, hasta textos orientales de hace siglos, pasando por biblias antiquísimas y el "Diamond Sutra" (sí, solo me sonaba el Kama Sutra, pero este enseña la práctica del desapego -la abstención del apego mental- y de la no-permanencia, y por lo visto es el libro impreso más antiguo que se conoce -la impresión estaba fechada el 11 de mayo de 868).​ También letras de los Beatles (a estas no se les puede hacer fotos)  y manuscritos de Jane Austen. Incluyo debajo mis favoritos:

Este es el volumen tres (de cuatro en total) de los borradores a mano de "Middlemarch" de George Elliot. Muchísima emoción.


Confound you handsome young fellows! You think of having it all your own way in the world. You don't understand women. They don't admire you half so much as you admire yourselves.”


“Explain! Tell a man to explain how he dropped into hell! Explain my preference! I never had a preference for her, any more than I have a preference for breathing. No other woman exists by the side of her. I would rather touch her hand if it were dead, than I would touch any other woman's living.”




Y el siguiente, unas páginas de mi admirado Oscar Wilde: "The importance of being Earnest". Con él, hay siempre tantas citas subrayadas que es complicado elegir...

I hope you have not been leading a double life, pretending to be wicked and being good all the time. That would be hypocrisy.”

“I really don't see anything romantic in proposing. It is very romantic to be in love. But there is nothing romantic about a definite proposal. Why, one may be accepted. One usually is, I believe. Then the excitement is all over. The very essence of romance is uncertainty. If ever I get married, I'll certainly try to forget the fact.”

"The truth is rarely pure and never simple.”

“I never travel without my diary. One should always have something sensational to read in the train.”

Estos dos siguientes son Sylvia Plath (mecanografiado) y Ted Hughes. Parece ser que re-usaban el papel escribiendo detrás de lo que había escrito el otro. Así la British Library obtuvo borradores de los dos de una vez. 



Born green we were
to this flawed garden,
but in speckled thickets, warted as a toad,
spitefully skulks our warden,
fixing his snare
which hauls down buck, cock, trout, till all most fair
is tricked to faulter in split blood.

Now our whole task's to hack
some angel-shape worth wearing
from his crabbed midden where all's wrought so awry
that no straight inquiring
could unlock
shrewd catch silting our each bright act back
to unmade mud cloaked by sour sky.

Sweet salts warped stem
of weeds we tackle towards way's rank ending;
scorched by red sun
we heft globed flint, racked in veins' barbed bindings;
brave love, dream
not of staunching such strict flame, but come,
lean to my wound; burn on, burn on.

(Firesong, Sylvia Plath, 19566)



Hay mucho más, pero termino con una debilidad mía: las sufragettes, y esto es una carta de 11 páginas de una de ellas, Annie Kennedy, al Primer Ministro de la época explicándole su trabajo y cómo creía que el voto mejoraría la vida las mujeres trabajadoras. 



Y, en serio, el último guilty pleasure que no me puedo resistir a poner por enésima vez: la estación de St. Pancras, que está justo al lado de la British Library. Para empezar bien la semana, divagantes....


16 febrero 2024

"How to have sex" (Cómo NO tener sexo)

"How to have sex" es la ópera prima de la directora Molly Manning Walker que ganó el "Un certain regard" -para películas con diferentes tipos de visiones y estilos- en el Festival de Cannes. No sé si se ha estrenado en España, ni cómo habrán traducido el título: ¿"Cómo tener relaciones sexuales"?. Tal vez sería más adecuado titularla  "cómo no tenerlas".

Si eres madre o padre de adolescentes, tienes que ver esta peli. Si eres adolescente, más (le han puesto "certificado 15" precisamente, según dice la directora, para que la vean los chavales también). Nosotros no conseguimos persuadir a Mini para que la viera con nosotros: ¿estamos locos o qué, cómo iba a ver una peli con el sustantivo "sexo" en el título con sus padres? Fair enough, lo pillo, pero no es lo que ella creía: su padre y yo terminamos ambos la peli hechos polvo, tirando a en shock. Después me puse a leer obsesivamente sobre la directora, la peli, las críticas,  todo -así sobrellevo el desasosiego. No sé si ahora tengo algo más claro, por eso necesito escribirlo. [Nota: el otro día escuché a un entendido que decía que un truco para manejar el estrés es "tener un diario". Totalmente, y no hace falta darle el "publicar", se puede quedar en borradores]

Creta es una isla maravillosa, pero hay que quedarse en el oeste. Malia es uno de esos resorts espantosos para británicos en el este, que es la zona a evitar, divagante. A menos que tengas 16 y sea el verano que has terminado tus GCSEs (los exámenes nacionales que tiene Mini este mayo-junio) y vayas con tus amigas para celebrarlo. Esta es la situación de tres chicas que van a pasar "las vacaciones de su vida" y allí... les pasan cosas. 

Vemos todo desde los ojos de una de ellas, Tara, que es la menos lanzada y todavía sin experiencia sexual. Luego hay una que es gay y lista, y la tercera tirando a cabronceta. Hay cierta presión en forma de broma por parte de sus amigas, rollo "de esta semana no pasa", presión que se pone Tara en ella misma por pasar al club de los experimentados, porque esto la hará más aceptada, más -esa palabra- popular. 

Enseguida conocen a los vecinos de habitación en el hotel con los que se hacen panda para salir por la noche, hacer el burro en la piscina durante el día y, sobre todo, en ambas situaciones beber como maníacos, como yo solo he visto hacer a los británicos. La idea de esas vacaciones agota ya solo de pensarlo a alguien de mi edad (o el ir al "festival de Reading" que es otro rito-de-paso para los que terminan GCSEs y con el que adivinen quien lleva dando la brasa unas semanas). 

Molly Manning Walker, la dire
La directora, que tiene 30, pasó un montón de veranos a esa edad recorriendo distintos resorts del desfase por el Mediterráneo. En una entrevista cuenta que en Magaluf presenció algo que sale en la película y en ese momento yo creía que era ficción. Me averguenza pensar que esto ocurrió en Baleares, pero allí una discoteca prometió "a holiday" (unas vacaciones) a la chica que subiera al escenario a hacer más felaciones. Hubo una, por supuesto borracha bordeando lo comatosa que se metió 24 penes en la boca ante el público para, como si esta humillación no fuera suficiente, después escuchar la "broma" de que "a holiday" era un cocktail, que pasara por barra. Esto ocurrió en 2014.  En la peli, Tara observa al chico que "le gusta" de la habitación de al lado subir al escenario a que se la chupen. 

Tara se va de la disco aturdida y confusa, vaga por las calles, se encuentra con otro de los chicos de la habitación de al lado y termina teniendo su primera relación sexual en la playa con él. Por explicar el contexto,  él insiste en bañarse juntos y pese a que ella dice que no, él la coge en brazos y se meten, ella tiene frío, no está a gusto. Una vez fuera, se besan en una hamaca y él le dice "Sí?" y ella contesta "sí". Hasta ahí todo bien, pensará el lector, pero quien ve la peli, sabe que no es así y va a ser imposible explicar con palabras cómo esta actriz -Mia McKenna-Bruce- consigue con su lenguaje corporal y su actitud dejar claro que está más que ambivalente. Cualquiera con un mínimo de sensibilidad ante esta escena lo verá claramente. La vulnerabilidad de Tara atraviesa la pantalla y una quiere, como si fuera tu hija, protegerla, darle un abrazo. 

He contado dos escenas en las que se está hablando de consentimiento: la primera no es complicada, es evidente que personas bajo los efectos de sustancias no pueden dar su consentimiento ni en el escenario ni fuera de él. Pero tal vez esté más borroso que cuando alguien no está a gusto, ni siquiera "sí es sí". Esto último particularmente es rompedor porque hay gente a la que incluso el "solo sí es sí" les parece demasiado: aquí Manning Walker te está diciendo que hacer el tick-box del "sí/quieres/te apetece", y obtener un sí cuando la otra persona claramente no te está dando ninguna otra señal de que quiere estar ahí no sirve. Básicamente, una relación sexual solo debería ocurrir cuando no podéis quitaros las manos uno del otro. La peli -cuyo gran tema es las sutilezas y claro-oscuros del consentimiento- es presisamente sutil y compleja. A Tara no la viola un extraño en un callejón oscuro: la mayoría de las violaciones no ocurren con extraños en callejones oscuros. 

Hay una cosa que esta directora hace muy bien: juega con el sonido, con la jauría de las discos o de los chavales gritando en colchonetas en la piscina, que de repente se comienza a oír distorsionada, con mucho menor volumen, como si estuviera bajo el agua, y todo parece raro. Ese es el punto de vista de Tara y hay bastantes partes de la peli en la que Tara está en ese estado de semi-disociación, y el sonido te arrastra con ella.

Y temes por ella: en ese momento quieres decirle, Tara, no tienes que hacer nada que no te apetezca, no has de hacer lo que ves en el porno o lo que ha visto el tipo con el que estás. No eres un rollo por ello, ni siquiera por no meterte en la playa de noche (curiosamente, en las primeras escenas de la peli Tara se mete de noche con sus amigas): tienes que poder decirle al tipo "no quiero meterme contigo". Y luego, aunque te estés besando en la hamaca, puedes en cualquier momento decir que no, y que te dejen en paz sin acusaciones, sin reproches. Sobre lo de parar una relación sexual, hace a
ños debatimos en el divlog sobre el famoso relato del Newyorker publicado en 2017, en plena ebullición el concepto del consentimiento sexual. Se titulaba "Cat person" y si el otro día dije que terminé una novela de Highsmith con taquicardia, eso no fue nada con lo que experimenté leyendo "Cat Person". Ahí se entendía muy bien cómo a veces es difícil parar una relación sexual que te había apetecido hasta ese justo momento. Pero además, en "how to have sex", está claro que la mayoría de las chicas de 16 no tienen los recursos ni siquiera el vocabulario para decir lo evidente, "mira, lo siento, es que no quiero seguir", y no sentirse aguafiestas, uncool, un rollo, una estrecha, una cobarde. Solo es pasado el rato, cuando el tío camina solo varios pasos delante de Tara, como si se hubiera quitado de encima una necesidad fisiológica más, cuando Tara se da cuenta de que no quería eso. El sexo no es una necesidad como mear o vomitar: implica a otro, ding-dong. 

¿Se puede apuntar a los chicos en este caso? Son educados en una sociedad donde han de ser los que inician, los que insisten, los machotes, los que creen que "no" es "has de insisitir más". Eso, hace 30 años. Hoy, además de todo esto, está el porno: hay que actuar esos escenarios que, ya os lo digo, a la mayoría de las chicas no gustan. Nos da asco, nos duele, nos humilla. Habrá excepciones, claro, hay mujeres que ha comprado tanto la moto que se hacen creer que están liberadas por comerse 24 pollas en un escenario, pero eso no es liberación ni empoderamiento. La única liberación y el único empoderamiento es la que te da tu nónima a fin de mes.

A los que sí podemos apuntar sin ninguna duda es a tod@s aquell@s que rechazan que a sus hij@s se les "adoctrine" en el colegio con temas como la educación sexual que incluye las complejidades del consentimiento - claro que muchos de ellos entregan a sus hijos a la Iglesia Católica, la mayor Organización de Pedófilos del Planeta. Educación y más educación, tal vez un día, pero no vienen buenos tiempos. 

El consentimiento es algo escurridizo y complicado en teoría y más en la práctica. Requiere estar atento a lo que siente la otra persona -y que te importe- y no asumir que por haber pasado el ritual del "sí?" ya está todo bien. En esta peli se ve claramente cómo salir de una situación de esas no es fácil, igual que se entendió, por fin, que alguien puede entrar en shock en situaciones como las de "la manada". Creíamos que se había avanzado porque el "con esa minifalda se lo ha buscado" ya no sirve en un juicio, ni siquiera en la conversación de un bar, pero hay mucho que hacer. Y eso se hace en casa, en la escuela, con libros y con pelis como esta. 



12 febrero 2024

Tom Ripley (Patricia Highsmith, c'est toi?), el glamour del viaje en 1950 (sulla Costiera Amalfitana) y caracoles en el sujetador

 Nunca hasta ahora había leído a Patricia Highsmith: en mi mente era una escritora "de género", pertenecía a la sección thrillers de los aeropuertos. Sí, había visto "Extraños en un tren" y las versiones de "El talentoso Mr Ripley" de René Clément en 1960 ("A plein soleil") y de Anthony Minghella en 1999. Pero ni siquiera sabiendo que el protagonista, Tom Ripley, era un psicópata -no solo un interés profesional mío, el concepto tiene hasta distintivo en el divlog- me dió por leer a Highmisth. Hasta ahora. El denotante fue "Saltburn" , la peli de Emeral Fennel, de la que hice un divague cuyo mayor -tal vez único- mérito consistió en evitar el título del 99% de las críticas: ("Saltburn: Ripley se encuentra con Retorno a Brideshead"). Así fue como empecé con "The talented Mr. Ripley". 

Y, wow: hace tiempo que no terminaba un libro con palpitaciones -físicas, no metafóricas. Las dos últimas páginas las hice como si fuera yo, en lugar de Ripley, la que tiene que enfrentarse a la poli en la frontera. Esto me interesó mucho porque aseguro que durante toda la novela no sabía -y sigo sin saber- si quería que Ripley "ganara" o que le pillasen. No es inusual que una se identifique con los antihéroes (¿quién no quiere que Aníbal se coma al Dr. Chilton tras a escena final de "El silencio de los corderos"?): claro que sí, a veces vamos con el malo. Pero en el caso de Ripley, ¿con quién he ido? 

Mid-century glam en Amalfi:
qué puede ir mal?
Atención, el párrafo que sigue es un spoiler del final, pero no de la trama (no resumo novelas pero en este caso además sería particularmente aburrido por razones que se verán luego). Intento explicar mis elevadas pulsaciones: cuando leía no recordaba el final de la peli de Minghella (que es el del libro); de ella, solo recordaba a los actores, que se puso de moda aquel verano la ropa de los 1950s (como dictan las revistas de moda periódicamente cuando sale una peli - hasta de la "María Antonieta" de Coppola y todes nos compramos una peluca) y la maravillosa Costiera Amalfitana, donde fuí con Fashion dos años depués (no duden: con similar nivel de glamour, con ella ya se sabe). Sin embargo, recordaba perfectamente el final de "A pleno sol" que vi de niña o adolescente tal vez en "Sábado Cine": aquí a Ripley le pillan. Es interpretado por el guapérrimo Alain Delon y, aunque igual que en el libro mata a su amigo rico Dickie en un barco, aquí el cuerpo se enreda con la hélice y sale al final. Sé que me impactó porque aún recuerdo la imagen, la escena, tengo el fotograma del bulto envuelto bajo el barco aún en mi cabeza. Durante mi lectura no sabía que el director francés no quiso dejar la peli con un final tan sin enseñanza como hizo Highsmith, pero sí que hay más novelas de Ripley, luego se pueden sacar conclusiones. Será por estos recuerdos o por mi ambivalencia con Ripley, el final fue para mí algo de montaña rusa. 

Psicópata y guapo=
desaconsejo

Como digo, lo que más me ha atrapado del libro no es su trama, que en muchos momentos me ha parecido "maletines" ("entonces Fulanito va a nosedónde y le dice algo a nosequién y el pasaporte y el salvoconducto nosequé pasa con ellos"):  una serie de hechos encadenados (cine de acción) que a mí personalmente me aburren, aunque me hago cargo que son el esqueleto de la novela, la percha donde se cuelga algo más. Si ese algo más no me interesa o es inexistente, entonces la novela no es para mí. Prefiero una novela en la que no pase absolutamente nada, pero que formalmente me atrape, o bien que esos temas de fondo me toquen, antes que una que me cuente una series de hechos, una historia, sin más. El otro día leí un trozo de una carta de Evelyn Waugh a su mujer -tirando a brutal, pero qué cierta- que resume este principio: 

"Darling (...), do try to write me better letters. Your last, dated 19 December received today, so eagerly expected, was a bitter disappointment. Do realise that a letter need not be a bald chronicle of events; I know you lead a dull life now, my heart bleeds for it, though I believe you could make it more interesting if you had the will. But that is no reason to make your letters as dull as your life. I simply am not interested in Bridget’s children. Do grasp that.

Pero divago. Decía que esta novela tiene algún punto "maletines", pero se ha salvado por observaciones como estas: los contrastes entre Europa y América, porque según Highsmith, en el viejo continente el que haga frío en las casas se considera chic, no nos preocupa que el tapizado del sofá esté devorado por los gatos y nadie te ayuda por la calle. La panoràmica de la vida de los expatriados allì, el evidente servilismo y deferencia para con los americanos, los ingleses qe vestìan con ropa italiana mientras que los italianos presumìan de tweed inglés (que Ripley sospecha aún fabrican en la isla solo para vender a los extranjeros). Mientras avanzo en la lectura me planteo, ¿qué debía ser no ya solo viajar, sino irte a vivir a Italia en los 50? (o aún mejor, a una isla del Dodecaneso, como el libro que estoy leyendo ahora- divague próximamente en su quiosco). Hoy está todo masificado de gente molesta, chusma en el fondo como nosotras, porque de haber nacido en los 50 no habríamos tenido dinero para viajar. Tal vez por eso, los que lo hacían exudaban glamour, eran la élite. Hoy, con todo democratizado, nada tiene interés. 

(Una escena de la peli de Minghella, porque me encanta esta canción 
-aún más la versión de Yolanda-be-cool-, y porque me encanta la vida de estos tres)

Decía que se ha salvado por lo de arriba, por hacerme viajar a la Costiera Amalfinata de la época -que ya me pareció de las más bonitas del mundo en 2001, pero sobre todo por las descripciones de cómo opera un psicópata vintage. No he podido evitar leer la novela como si fuera una historia clínica y es en la psicología de Ripley donde mejor me lo he pasado. Tal vez esto no sea normal, pero es así: yo iba poniendo una "p" dentro de un círculo en los márgenes cada vez que me encontraba con la descripción de un rasgo o un comportamiento psicopático en Ripley. Tengo infinidad de ejemplos y es un tributo para Highsmith porque este libro se publicó en 1955, cuando vale, Hervey Cleckley ya había publicado su clásico "La máscara de la cordura" ("The mask of sanity: An Attempt to Clarify Some Issues About the So-Called Psychopathic Personality") en 1941, pero el conocimiento que se tiene hoy en día del comportamiento psicopático está años luz de aquella época -sobre todo si eres divagante y groupie de la sección con el distintivo "psicopatía"

Highsmith describe muy bien la naturaleza "errante" del psicópata en Ripley, su oportunismo ("Mr Greenleaf was such a decent fellow himself, he took it for granted that everybody else in the world was decent, too. Tom had almost forgotten such people existed") a la vez que casi patológicamente optimista ("algo saldrá, siempre surge algo"), su aburrimiento vital ("todo tan simple que le aburría"), su habilidad para mentir y fabular (y se obliga a representar la mentira para que creyéndosela él mismo, se haga más verosímil), el hecho de que no puede relacionarse profundamente con nadie, la continua búqueda de excitación (la anticipación mejor que la experiencia), su encanto superficial que usa para divertir a los demás. Hay un déficit de los psicópatas que se ve muy claro: en contraposición al resto de los mortales, no se arrepienten, no se lamentan por decisiones equivocadas. La mayoría tomamos decisiones basadas en el "anticipated regret" (o sea, anticipamos las consecuencias emocionales a futuro de una decisión que tomamos ahora, por tanto solemos tomar las decisiones de menor riesgo). Pero los psicópatas son incapaces de simular potentiales futuros y cómo se pueden sentir en esos futuros, por eso Ripley toma esas decisiones tan locas y en apariencia "valientes". En un punto dice "el riesgo es lo que lo hace divertido". Describe también muy bien un síntoma que los psiquiatras conocen bien, la desperzonalización ("se vio a él mismo como si estuviera fuera de sí mismo, viendo la escena") o un principio que la neurociencia está hoy en día demostrando con sus experimentos (eso de que si sonríes te sientes mejor): "If you wanted to be cheerful, or melancholic, or wistful , or thoughtful, or courteous, you simply had to act those things with every gesture". 

Pero no es un psicópata de libro: algunas veces experimenta ansiedad (aunque, en contraste con lo que se creía, hay nuevas investigaciones que están demostrando que algunos la sufren), y otras muchas no lo describe con la grandiosidad típica de la personalidad psicopática, sino más bien como un ser acomplejado y con sentimiento de inferioridad, aunque todo el tema de la clase social a la que él intenta aspirar no es utilizado por Highsmith en ningún momento como crítica social - que nadie espere encontrar ningún comentario político en la novela. Al principio, cuando está embarcado cruzando el Atlántico hacia Italia Ripley llora, se siente culpable y con miedo. En otros puntos, Highmisth dice que "se siente inseguro, se odia a sí mismo". De hecho, cuando después de haber hecho el papel de Dickie -su amigo rico al que se ha cargado y ha suplantado- , tiene que volver a hacer de Tom Ripley, lo odia: otra vez ser ese mediocre que no anda erguido y carece la confianza de Dickie, otra vez ese patético arribista. 

Todo esto me ha dado que pensar si a Highsmith, pese a haber intentado un retrato psicológico que es un cuadro al óleo, al final no le ha salido perfecto - o tal vez quería hablar de un tipo que no es psicópata pero que simplemente se quiere poco a él mismo y una cosa lleva a la otra? O un tipo que quiere la buena vida, y mata -sin acritud, no es nada personal- a quien se le pone de delante?
"He hated becoming Thomas Ripley again, hated being nobody, hated putting on his old set of habits again, and feeling that people looked down on him and were bored with him unless he put on an act for them like a clown, feeling incompetent and incapable of doing anything with himself except entertaining people for minutes at a time. He hated going back to himself as he would have hated putting on a shabby suit of clothes that had not been very good even when it was new. His tears fell..."
Esta descripción de Ripley que a ratos se cancelaba a sí misma me ha desconcertado y no solo por sus contradicciones, sino también porque Highsmith en ningún momento trata de reflexionar sobre sus motivos, la etiología de su comportamiento, sus sentimientos más profundos: ella describe lo que hace, y ya. Mientras leo, quiero sucumbir un poco en ese viejo placer culpable  de pensar que la autora se ha inspirado en sí misma para escribir a Ripley. Los psicoanalistas lo llaman "sublimación". 

Ahí donde la veis, Highsmith lleva
 unos cuantos caracoles 
en el sujetador
No he llegado a leerme el volumen de los diarios de Highsmith editado por Anna Von Planta en 2021 [se leyó más de ocho mil páginas y le ha quedado un resumen de más de mil, para que os quejéis de este blog], pero ya había oído anécdotas personales de la autora que involucraban caracoles -sus animales top de companía-, había visto "Carol" de Todd Haynes -basada en un relato suyo autobiográfico titulado "The price of salt". Highsmith era lesbiana, lo tuvo que publicar bajo seudónimo-, y me sonaba que era racista, antisemita, e incluso anti-feminista (que para una mujer gay no deja de ser una broma). 

Von Planta se encontró los diarios y notas en un armario y en ese texto se muestra cómo "la vida se filtró en su ficción". Para muchas de nosotras, leer "cómo se filtra la vida en la ficción" de alguien que te apasiona sería un sueño. Si ya enloquecemos con tener delante -detrás de un cristal de seguridad- un manuscrito de George Elliott... (más de esto otro día). Festival del fetichismo. 

Para muestra de su estado mental, en sus diarios escribe cosas como “I don’t really want perspective, except my own” o en 1954, "me estoy volviendo un poco rara, personalmente". Con esta me identifico plenamente: “One of those days when I made dinner. And I will say here and now: it’s not worth the trouble.”  Durante los años tuvo hordas de amantes [hacía ránkings en una tabla: qué hubiera hecho hoy con excel] pero muchas luego se casaron y odiaba a las mujeres que buscaban marido (se ve claramente su desdén por Marge, una de las protas de esta novela). Tampoco le gustaban los tipos diletantes, hijos de papá como Dickie, pero sentía debilidad por los antihéroes, los que vivían en los márgenes de la sociedad [“People dancing around the fringes of the law, living purely by skulduggery, are my delight!”], los seres confundidos sexualmente (el mar de fondo homosexual en Ripley es un clamor), los solitarios, los outsiders: o sea, ella misma. 

Muy atrapada por el tándem Highsmith-Ripley, caigo en el error que odiamos los que escribimos -que nos pregunten quién es quién-, el de pasar demasiado rato en internet mirando imàgenes de Amalfi y Positano, y el de encontrar algunas fotos de le sorelle sulle costiera de hace tannnto que podían bien ser los 50... 

Fashion et moi en Positano
circa 1954