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26 abril 2026

"Tiempo de cerezas" de Montserrat Roig: Sonidos, olores, textura del Eixample

"Le temps des cerises" es un poema y canción francesa de 1866 que está muy asociada a la Comuna de París de 1871 [Jean-Baptiste Clément, el autor, luchó durante ella] y ha sido desde entonces un símbolo de la izquierda, una metáfora del sueño de lo que será la sociedad cuando ciertos principios imperen: será el tiempo de las cerezas. Montserrat Roig tomó el título para la novela central de su trilogía sobre una saga familiar barcelonesa en el siglo pasado -el primero "Ramona, adiós" (1972)  y el tercero "La hora violeta" (1980). Con "El tiempo de las cerezas" ganó el premio Sant Jordi de 1976, 


Llegué a esta novela por "Amiga date cuenta", un podcast de periodismo cultural que siempre escucho -como buena vampira de referencias- en el que la recomendaban, doliéndose de haber descubierto a Roig demasiado tarde. Tanto se volvió para las locutoras un icono que llegaron a decir que si no hubiera fallecido de cáncer a los 45 y fuera francesa, le hubieran dado el Nobel - no es que el Nobel de literatura me parezca medida segura de calidad literaria, pero a mí me parece igual es un poco exagerado. Lo que sí lograron fue contagiarme simpatía y admiración por la autora, de esas de "¿qué he hecho yo con mi vida si Roig consiguió todo eso en 45?". Por supuesto, mi suegra la tenía en su biblioteca y me he leído su libro, todo amarillito que me encanta- ojalá hubiera subrayado o hecho anotaciones al margen porque de esa manera se dialoga con la autora y con la anterior lectora. 

No voy a hacer aquí una wiki pero brevemente, Montserrat Roig nació en una familia de la burguesía progresista catalana -ya su madre era feminista- en 1946 en el Eixample, mi barrio favorito de Barcelona, por razones sentimentales. Fue lectora de español en Bristol, periodista, novelista, ensayista [investigó sobre los catalanes presos en los campos de concentración nazis], activista, militó un tiempo en el PSUC, y muy feminista. En "La aguja dorada" escribió una especie de blog-de-viajes con sus impresiones de una estadía de dos meses en Leningrado - con todo lo que hace chulo a una bitácora de viajes, que consiste en incluir historia, sociología, observaciones y crónica personal. Tuvo dos hijos y la lista de sus amigos da mucha envidia- Vázquez Montalbán, entre otros-, pero con la que me voy a quedar hoy es con Pilar Aymerich, fotógrafa.

Ex-deportados catalanes de los campos de
concentración nazis, 1972, Pilar Aymerich

El otro día hablé de Cristina García Rodero y esto me ha recordado a otras fotógrafas como Dorothea Lange o Dora Maar de cuyo trabajo también hemos divagado. Total que me he puesto a buscar y me ha salido un nuevo distintivo al que he llamado originalmente "fotografía" [ya hay uno llamado "fotos", pero esas son mías]. Y todo este párrafo -que es divagando en gerundio, o sea, en acción- viene por Pilar Aymerich, la amiga de Roig que es una fotógrafa también muy interesante, y cuya foto de Roig embarazada en su casa me  encantó. 

El resto de fotos del divague son también de ella, que retrató la transición -la época de la que habla "Tiempo de cerezas"- desde una mirada personal y política [todo lo es, en realidad... si fotografías abejitas también estás tomando una opción]. Esta primera de niños reivindicando servicios de guardería estatales: sin palabras. 



Tal vez al divagante le parezca esta introducción el usual irnos por las ramas, tal vez apropiado para un blog que se titula como se titula, pero tal vez lo que está pasando (¿psiconalisis o pequeño ejercicio metaliterario?) es que estoy evitando la crónica pura de la novela. Y esto podría ser porque hay momentos formales de ella que no solo no me han gustado, sino que me han indignado. Muchos tienen que ver con la escatología: hay diarreas, sobacos, granos purulentos a los que se vuelve varias veces en una escena, y otros ejemplos que se sentiría incapaz de transcribir aquí por aquello de la vergüenza ajena, y que no aportan nada.  Hay repeticiones que entiendo son buscadas y una se podría excusar con que es técnica literaria, pero cuando ya la primera vez no te gusta lo de "se reía como un pájaro", el que lo repita cada una de las veces que se habla de esa persona, me dan ganas de disparar al pájaro. Hay preadjetivaciones que son ese timbre grave que ponen en los concursos cuando se falla la pregunta; juzguen por ustedes mismos: "blancos bigotes". Luego hay caracterizaciones que ni siquiera en esos años me parecen creíbles: para ilustrar los problemas de conducta de la protagonista en la infancia nos cuenta que ella y su hermano "sacaron todos los peces del agua a ver cuánto tiempo les costaba morir". Lo admito: esta escena me ha dejado tocada. Si leer sobre un niño sin empatía que pega a un perro es duro, la idea de quedarse mirando a peces boqueando me parece horrible. Me ha recordado a una escena en el peor de la trilogía de John Fante (el segundo) en el que hay crueldad con cangrejos. Lo siento, no puedo. En fin, este párrafo igual les lleve a estar de acuerdo con mi hija que me califica de "book snob".

Pero no lo soy, ni todo es malo en "Tiempo de cerezas": la historia que cuenta me interesa mucho, tiene política y feminismo en esa época convulsa [frase hecha: check].  Natalia es una hija de la burguesía que se tiene que exiliar a Londinium tras unos años locos del tardofranquismo en los que no es que se meta en política activamente -no es una "Teresa" que idealiza a su pijoaparte-, una de sus autocríticas más duras es que ella ha sido, en realidad, espectadora de todo pero no se ha involucrado con nada, pero sí que le salpica vía un novio comunista [las páginas en las que describe las cargas policiales y posterior detención son para leer con el corazón encogido] del que aprende cosas como estaPaul Lafargue y Laura Marx, yerno e hija de Karl Marx se inyectaron ácido cianhídrico cuando cumplieron 70 años, justo antes de la Primera Guerra Mundial. Él dejó esta nota: "sano de cuerpo y espíritu, me mato antes de que la cruel vejez me quite uno a uno los placeres y las alegrías de la existencia y me despoje de mis fuerzas físicas e intelectuales. ¡Viva el comunismo y el socialismo internacional!". Debería ser obligado para tod@s tener una novia o novio comunista.

Pasa doce años en esta isla, en la que aprende precisamente fotografía [su mentor le dice "te enseñaré a argumentar una fotografía": como siempre me decían en los cursos que hice, "una foto tiene que contarte una historia"]. Como esta de abajo, también de Aymerich, de las "Jornades catalanas de la dona" de 1976 en las que en primer plano están sonrientes y sentadas las feministas probablemente de la burguesía como la propia Roig y arrodillada fregando a una mujer pobre. Es brutal: hoy a esto se le llama interseccionalidad y me recuerda al libro "Por qué no soy feminista" de Jessa Crispin en el que la autora reniega del feminismo que busca solo romper el techo de cristal y no duda en oprimir a otras mujeres en ese empeño: no se puede ser feminista y de derechas [les refiero al divague en el que esto se desarrolla].


Y entonces, vuelve. Se había ido de "todo lo que le parecía apolillado y ahora, vuelta a empezar". A menudo hablamos de "volver" o no hacerlo los que nos hemos ido, así que su experiencia, su mirada extrañada de ese nuevo país ahora que el dictador está muerto, es tan interesante como lo suelen ser las observaciones de un outsider. En un punto hacia el final le dice a su sobrino, que sí, que este país da asco pero que ella ha vuelto, porque "la ciudad se lleva dentro". Justo entonces Franco ha asesinado a Puig-Antich, el anarquista de 25 años, aunque su amiga Harmonía dice que lo han matado "los comunistas", que no se preocuparon de esta muerte -los eternos conflictos de la izquierda, y aún quedan en flashbacks coletados de las rencillas, venganzas y humilaciones de la Guerra Civil. 

Por supuesto, se encuentra con una sociedad que huele a naftalina en la que los futuros suegros preguntan al novio de la hija "¿y usted con qué cuenta, joven?" [bueno, cierta burguesía catalana aún hace esa "puesta de largo" de la nena para ponerla en el mercado en pleno siglo dieci.. veinte], maridos que no dejan trabajar a sus mujeres, grupos del Tupperware [yo esto no lo recuerdo, pero sí la "seniora Avón"]. Pero ya se intuye cierta rebeldía en algunas de estas "trad wives" que se llaman ahora: hay una que confiesa que a ella sí que le gustaría trabajar y otra que le dice que van a envejecer de distinta manera, porque la prota ha vivido en el extranjero, ha abortado [la escena del aborto ilegal es dantesca, de verdad hay gente que quiere volver a eso?] cuando decidió que no quería al hijo y ahora tiene una cámara colgada al cuello que va a ser su medio de vida. 

La propia familia de Natalia sirve para muchas reflexiones: el padre era arquitecto y se enriqueció a costa de la vida de los obreros, racaneando en materiales, dimensiones de las viviendas para los pobres porque "esto es lo que pide el mercado, yo qué quieres que te diga". Por lo menos, los trabajadores llevan ahora casco obligatorio, ley que no existía cuando ella se exilió. Cuando va a la boda de una criada de la familia, tiene la misma sensación que tenía cuando de joven iba con su novio revolucionario por los barrios, y describe el olor de la pobreza de una manera acertada, impactante: 
"el mismo olor de miseria, la fetidez de aire caliente, la humedad que rezumaba de las paredes, el vaho de vino barato, el aliento de ajos... El olor de los pobres, siempre el mismo, pensaba Natalia, no me acostumbraré nunca (...) fuera solo había conocido desarraigados como ella, gente perdida que huía de las ciudades n hundidas, gente que no aceptaba, que no penetraba dentro del olor de los pobres, que les olfateaban a través de unos cristales desinfectados y que esgrimían  teorías para sacar a los hijos de los pobres de aquel olor, olor de siglos".
 Hay muchas descripciones de olores en la novela y también de sonidos. Cuando habla de los patios interiores de manzanas del Eixample se sale: te hace sentir ahí, con el tenedor batiendo un huevo, con el llanto de un bebé, los grifos abiertos, los chasquidos de la carne cayendo en la sartén, el zumbido de un lavavajillas, voces apagadas, las canerías, el silbido de una olla exprés, el zum-zum de aceite que saltaba,  y claro luego el olor a pescado frito, a coliflor hervida. Así en todos los patios de la ciudad. Y en las tascas, olor de sardinas fritas y de vino almacenado en barriles. El olor es un sentido tan evocador que directamente entras en esos lugares oscuros, con sus barriles viejos.  Es una maravilla. 

Una novela para mí con bastantes problemas, pero también interesante, de una mujer que lo fue aún mucho más: Montserrat Roig.

14 abril 2026

«El movimiento del cuerpo a través del espacio» de Lionel Shriver: ¿cuál es el problema de "nunca"?

Personalmente, creo que el título no le hace favores a esta novela de 2020 de Lionel Shriver: "The Motion of the Body Through Space" [en castellano la ha editado Anagrama y no mejora: «El movimiento del cuerpo a través del espacio»], pero igual solo me lo parece a mí. Llegué a esta novela de una manera no convencional: en un restaurante pijo de Mayfair, donde un amigo celebraba su cumpleaños,  una mujer que no conozco mucho me la recomendó, creo que porque salió el tema del Peda que sale a correr todas las ma
ñanas como un reloj a las 6:00. Fiarme de una casi desconocida no es algo que suela hacer tras algún fracaso de juventud, pero aquí hablábamos de Shriver, de la que he leído artículos, entrevistas y sobre todo, Kevin.

Kevin, me refiero a "Tenemos que hablar de Kevin", que ha leído todo el mundo, así que no hará falta que me explaye. Además hay un divague, qué digo, dos: del libro y de la película. Mira que la peli es buena -y no podrían haber encontrado a nadie mejor que Tilda para protagonista-, pero el libro es espectacular. No por la historia que cuenta, sino por todas las reflexiones laterales que Shriver hace sobre el tema de la maternidad y el debate nature-nurture, del que hemos divagado aquí ad nauseam

Exactamente, eso pasa con «El movimiento del cuerpo a través del espacio»: la historia no importa demasiado, y sus giros como siempre no los voy a contar, pero lo fascinante son todas las reflexiones que hace la autora sobre los grandes temas que aborda. Y aunque mi recomendadora lo hizo tal vez porque salió el tema del ejercicio en tu pareja, lo cierto es que la aproximación del ejercicio en el que se embarca el marido de la protagonista nada tiene que ver con la de mi compa de piso. 

Serenata es una mujer de 60 años casada con Remington, un hombre de 65 que un buen día, tras haber sido jubilado prematuramente, le dice eso de "voy a correr una maratón". Esto provoca un shock en la homeostasis del matrimonio porque Remington, como yo, no había hecho ejercicio en serio en su vida. Sin embargo, Serenata había comenzado a correr, a nadar y a ir en bici (esto último como desplazamiento mas que deporte per se) desde su adolescencia. Eso sí, siempre por su cuenta y nunca con un grupo, o entrando en carreras populares o en deportes de equipo. Sin embargo, ha tenido que dejarlo porque tiene las rodillas fatal y lo que viene luego es la artroplastia (reemplazo) de rodilla. La pobre está fastidiada porque se tiene que limitar a tablas de gimnasia en casa, con lo que ella ha sido. En un punto dice, "cumplir 60 la había subido a una colina en el sentido panorámico: había hecho cima y podía ver desde ahí el declive que tenía por delante".

Al leer la descripción psicológica de Serenata -Shriver es una maestra en esto, me pasa como con Franzen: me pregunto si han estudiado psicología o algo-, tengo la impresión de estar en el fondo leyendo una autodescripción de la autora misma. Conozco a una persona que conoce a una tercera que la conocía -la autora vivía en Borough, un barrio interesante al sur del río en Londinium- y me dijo que "era una tía muy rara". En este artículo en The Guardian contó su ruta de correr diaria por la orilla del Támesis de noche y lo tituló "Reluctant urban runner" ["reticente corredora urbana"]: Shriver disfrutaba del espectáculo que era su ruta nocturna (ciertamente, una chulada) y de la soledad ("del corredor de fondo"), pero no del ejercicio en sí. Lo único que le gustaba de correr era precisamente "haber corrido": el Peda cuenta que para él, es lo mismo. Y, como ella, no está particularmente interesado en correr maratones (aunque entra en el sorteo de la de Londinium, por razones sentimentales), ni correr con amigos, ni que nadie le felicite por haber corrido tanto. En el fondo, es lo mismo que me pasa a mí con  la bici: a veces me gustaría saber cuántos kms he hecho en un día, pero no lo suficiente como para aprender a poner aquel cacharro que medía distancias y la velocidad (se lo devolví al kuñado que me lo regaló]). 

Ideológicamente, Shriver es una autora difícil de encasillar. Pese a que gran parte de su planteamiento de este tema y otros los comparto, ella misma dijo que "perdió gran parte de sus lectores liberales cuando se declaró pro-Brexit". Escuché una entrevista que le hizo la hermana periodista de Boris Johnson en su podcast "Difficult women" en el que lo explicaba.  También se declara en contra de "todo esto del género" y del concepto de "apropiación cultural" - le he leído por ahí decir que si no se va a poder escribir desde ningún otro punto de vista que el tuyo, ya solo quedará la autoficción. 

Esta visión se deja ver en la novela por ejemplo cuando describe las razones por las que hacen prejubilarse a su marido: -una chica negra a la que hacen jefa del departamento e instaura una serie de normas "woke", como el uso de artículos neutros- o la de por qué ella cada vez recibe menos trabajos -pone su voz para audiolibros, videojuegos,- porque "imitar acentos" de grupos desfavorecidos ya no es aceptable. Cuando la jefa acusa a Remington de misógino, él le contesta que "un misógino no se casa con una mujer más lista que él" (que es lo que él considera a Serenata). También opina que "el que tú te sientas de una manera no significa que eso sea la verdad. Yo me siento perseguido por ti, ¿significa que me estás persiguiendo?". Como digo, estoy de acuerdo en mucho de lo que piensa, pero también en desacuerdo con algunos de sus planteamientos, y esto me parece refrescante. No es una persona que puedas categorizar y eso, si va acompañado de inteligencia, suele ser bueno. 

Y tras esta breve introducción, vamos con los temas:


Hacerse mayores, envejecer

Como Serenata tiene problemas de rodilla, a veces se "atasca" en un movimiento, y lo peor es que sabe que si no se opera, todo va a ir cuesta abajo.

"La transición para levantarse fue un éxito. Madre mía, qué logros miserables pasarán como un triunfo en el futuro. Recordar la palabra batidora". 

Me he reído con eso. De hecho, he puesto tantas caritas sonrientes en los márgenes: Shriver es muy divertida. Otro tema que menciona y que nos toca muy de cerca a los emigrantes es dónde vamos a envejecer: en nuestro país de acogida, de vuelta a donde nacimos, o en un sitio totalmente diferente? Serenata y una de sus grandes reflexiones:
"A Serenata nunca le importó demasiado dónde estaba: ella era su propio lugar. Pero cualquiera que terminara exactamente donde había empezado no podía evitar sino temer que, durante el tiempo que estuvo fuera, no había llegado a ninguna parte". "Serenata never cared too much about where she was: she was her own location. But anyone ending up precisely where he started could not help but fear that in the interim they had gone nowhere"
De eutanasia no se habla, solo deja una frase, que incluyo. Es un debate obsoleto, aunque los-de-siempre, con más fuerza que nunca, lo quieran mantener "conectado":
«¡Cuánto más compasivo habría sido apagarlo, como un electrodoméstico. Estar atrapado en un cuerpo que se va corrompiendo gradual y prolongadamente era una tortura digna de Guantánamo o Bergen-Belsen. Cada vejez era un cuento de Edgar Allan Poe.» How much kinder it would have been, to turn off, like an appliance. The gradual, drawn-out corruption of the body while its host was still trapped inside was a torture of a sort they would have contrived at Guantanamo, or Bergen-Belsen. Every old age was an Edgar Allan Poe story.”
También muy de acuerdo es en eso de que lo mejor de hacerse viejo es dejarse arrullar por el "me importa una mierda":
“The very best thing about getting old was basking in this great big not-giving-a-shit.”
Solo puedo decir: estamos trabajando en ello. Me pregunto lo que será este blog en unos años: ¿un panfleto ácrata que anima a ir en pijama por la calle? Watch this space

Al final, aceptar la vejez supongo que pasa por darse cuenta, como lo hace la protagonista, de que ya pasó tu momento, y no pasa nada. Serenata ya vivió la época en la que todos la miraban -dicen que envejecer es más pérdida para quienes fueron bell@s-. Aunque ahora había pasado, igual era decepcionante, pero no era trágico, y estaba bien. Tenía suerte de haber tenido siquiera ese momento. Ahora, era el momento de otras y otros. Supongo que eso es saber envejecer.

Relaciones de pareja

Serenata y Remington tienen una relación muy chula: los dos son muy dialécticos y toda su vida han tenido conversaciones descritas como "banter" (toma y daca ingenioso) "entre dos personajes de Noël Coward". Se dicen, "la hipérbole es la señal de alerta de un argumento débil" y cosas así. Retóricamente, estaban empatados, y el otro es la persona del mundo con la que mejor practican este "ping-pong verbal" -lo cual es para mí la medida de una gran relación. Ahora, cuando sus hijos son adultos, Serenata se da cuenta de que esa muestra de rapidez e inteligencia no les entretuvo; es más, fue una causa de antipatía en ambos hijos.
"Si acaso, en nuestra casa se ha sufrido un exceso de ironía; es una enfermedad común entre los que tienen mucha formación académica". "If anything, our household has suffered from an excess of irony, it's a common disease of the overaducated".
Aunque ella piensa que Remington puede a veces tomar las cosas demasiado literalmente ["the literalism had precedents"], en general su relación sigue fuerte e incluso se da cuenta de que él ha sido siempre físicamente atractivo, y sin gimnasio ni otras zarandajas se ha mantenido tío-bueno. Ahora, con 64, recuerda las distintas edades de su cuerpo y puede imaginar cómo será dentro de unos años, de anciano frágil. Me gusta esta reflexión: Serenata considera su trabajo el seguir viendo en él al tío de 27 del que se enamoró y más cuando él sea un anciano y el resto le vea como un viejo palizas. Es también su trabajo mirarlo con amabilidad, sin juzgar el michelín, la arruga, los ojos caídos. Y se supone que esto es bidireccional: él lo hará con ella. Es una parte del contrato de pareja de larga distancia ["Lo único bueno de envejecer era el permiso mutuo para ser imperfectos” “the only good things about getting old was mutual permission to be imperfect”]. Ella dice que "la medida de un buen matrimonio es militar: es una buena alianza" aunque a veces, cuando observas a algunas parejas mayores, más bien parece la "operación furia épica", pero en pasivo-agresivo. Esperemos no llegar ahí, a una de esas parejas que siguen juntas por "pasividad o por falta de imaginación". Este trato no escrito de las relaciones de larga duración que se quieren y se apoyan me parece muy bonito.

En fin, que hasta que empieza el nudo de la narrativa, son una pareja feliz y que se quiere, que no tienen problemas con los silencios, que eran fieles sexualmente pero se permitían "window-shop" [que es el equivalente de mirar escaparates, o sea, mirar] pero que cuando las cosas van mal, escuece: "igual es buena señal que aún me pueda doler".

Los hijos

Como he dicho, Shriver es una virtuosa de la descripción psicológica. Lo demostró con Kevin, y lo ha vuelto a hacer con los hijos adultos de esta pareja. Son ambos un desastre y a ratos me preguntaba si crea siempre estos hijos-pesadilla para tranquilizarse por no haberlos tenido ella. Ciertamente, tener un hijo es hacer una apuesta que puede desde superar tus expectativas hasta arruinarte y en medio, una innumerable gama de grises.


Y luego está la ciencia: el impacto de los padres sobre los hijos es negligible. Aunque esta gran verdad no se ha filtrado a la sociedad y la gente sigue poniéndose medallas por los éxitos de sus hijos, y a los que "les salen [diversos grados de] rana", quedan perplejos rumiando "qué hicimos mal".


Esta es la situación de estos padres: hay un párrafo de Remington en el que explica de dónde vienen ambos (él, de clase trabajadora que vía la educación llegó a un buen puesto en el ayuntamiento y ella de clase media-alta con un buen trabajo) y lo que son sus hijos: "white trash" (basura blanca, un término que describe a pobres blancos en EE. UU.). Los pobres no saben qué podrían haber hecho para que sus hijos hubieran sido medio "normales":
"La gente siempre está con lo de la responsabilidad parental; pero poco se habla de la impotencia parental". "People are always harping on parental responsibility; too little was made of parental impotence"
La hija era una niña débil, sin carisma. Nada le interesaba, no tenía pasión ni interés por nada:
"Se les podía dar a los niños oportunidades, pero no forma (...). Si fuera posible comprarle a una hija pasión, intención, dirección y especificidad, Serenata habría corrido a la Tienda de La Identidad antes de que Valeria cumpliera diez años". "You could give children opportunity, but you could not give them form (...). Were it possible to purchase for a daughter passion, intention, direction and specificity, Serenta would have rushed to the Identity Store before Valeria turned ten"
En su adolescencia, ve la luz y se hace fanática religiosa (recordemos que el libro es previo a esta fiebre reciente por el tema). Sin oficio ni beneficio, se queda embarazada de uno de la iglesia y se mete en una carrera procreadora - al final del libro, ya van por seis. Les da instrucciones sin parar y, alucina, los críos la obedecen, y Serenata -cómo no voy a amarla- piensa:
"La compensación estándard de la madre que se queda en casa a cambio de exigir tan poco en cualquier otro ámbito". "The stay-at home parents' standard compensation for commanding so little elsewhere"
El hijo, por el contrario, era un no popular y carismático en el cole, nada seguidista y un cabrón. Era totalmente "hip"- dice Shriver: "si necesitas que te expliquen la textura de esta palabra, es que no lo eras. Y si no lo eras, no es algo que puedas ir a comprar o aprender". El ser cool viene de serie. Con todo ese encanto e hijoputez, no es difícil ver aquí un trasunto de Kevin, pero sin el arco y las flechas. De adulto, tiene una vida itinerante y se sospecha que es traficante de drogas. Es perezoso, astuto y no tiene brújula moral. Al final del libro, vuelve a casa un tiempo, y he de reconocer que me acaba cayendo bien de esa manera que los "charming psychopaths" te pueden hipnotizar: es gracioso, no se corta de decir lo que piensa, y tiene un punto ácrata que a su madre siempre le ha secretamente gustado, que sirve muy bien de contrapunto con otros personajes de los que hablaré luego.
"Lo de su hijo era desdén crónico, aunque no había logrado nada en la vida según los parámetros de la mayoría, así que resultaba un enigma de dónde provenía esa superioridad. Su madre había concluido que se trataba del desdén del que no-participa. No se había manchado deseando algo ni intentando conseguirlo, lo que lo protegía de cualquier sentimiento de fracaso o decepción". "Their son was chronically contemptuous, yet he had accomplished nothing in most people's terms, so it was a puzzle where this superiority was sourced. It was, his mother had concluded, the scorn of the non-participant. He hadn't sullied himself with wanting something and trying to get it, which protected him from any sense of failure or disappointment". 
No es difícil imaginarse a este personaje. En un punto su madre se refiere a él como "Mr. Who gives a shit" (el Sr. A quién le importa una mierda"). Me encanta.

Reflexiones [360 grados] sobre el ejercicio


~~ Eres lo que te mueves: el deporte como tu identidad~~

Serenata nunca se consideró una corredora ("runner", dicen que en castellano también usan el anglicismo), ciclista o nadadora. Ella corría, nadaba, iba en bici. Esto de la identidad es muy evidente con los ciclistas: llevan un uniforme. Yo, como Shriver, voy en bici y no soy ciclista: no me veréis con licras, aunque sí que me pongo un chaleco amarillo fosforito horroroso.


No sé qué conductista decía que asumir la identidad del comportamiento te ayuda a repetirlo, a hacerlo tuyo. Quién sabe: yo llevo 16 años con este blog y siempre pienso "que escribo", no que "soy escritora". No necesitas ese tipo de empujones si te gusta lo que haces. 


~~Dudas existenciales~~
Todos podemos tener este tipo de dudas sobre comportamientos que adoptamos en una fase más o menos dilatada de nuestra vida, o sobre las personas con las que [mal]gastábamos el tiempo [o de cómo perdí aquellosmaravillososaños con ese plasta]. Serenata lo piensa sobre este tema, claro:
"Se preguntó qué porcentaje de su vida hasta ahora había dedicado a este tipo de monotonía. Se acordó de la frase apócrifa de Jackie Kennedy en su lecho de muerte: por qué narices hice todas esas flexiones?"
El caso es que Serenata se siente así porque no le gustaba correr: en concreto, a nadie le gusta correr, cosa que me creo a pies juntillas porque es imposible.
No me gustaba correr. Y un secreto: a nadie le gusta. Lo fingen, pero mienten. Lo único bueno es haber corrido. En el momento, es aburrido y duro, en el sentido de que requiere esfuerzo, pero no en el de que sea un arte difícil de dominar. Es repetitivo. No tendrás ninguna revelación”. “I did not love running. Here's a pointer for you: no one does. They pretend to, but they are lying. The only good part is having run. In the moment, it's dull and hard as in effortful, but not as in difficult to master. It's repetitive. It does not open the floodgates of revelation.”
Es imposible por todo lo que dice mejor que yo. Ir en bici es divertido, el paisaje pasa rápido, puede ser emocionante, pero ¿correr? Además, esto me lo han confesado corredores, lo de que lo mejor de correr es "haber corrido". Yo a esto lo llamo "viaje a la India": ya he explicado otras veces que me alegro mucho de haber estado por los recuerdos, las fotos coloristas y poder hablar con indios ahora de partes de su país. Ahora, fue un viaje duro [algo conté aquí] y me gusta "haber estado", pero no volver a ir. 

~~El maldito capitalismo~~
Lo mejor del atletismo era lo de que era gratis. Pero claro: hasta esto han fastidiado. Ahora equiparse vale pasta (parece que hay que cambiarse las deportivas tras X kms), por no hablar de las maratones:
"En el pasado solía ocurrir que si querías poner un lugar en el mapa, organizabas un festival literario. Hoy en día, organizas una maratón". Serenata alucina de que cierren media ciudad al tráfico por ese "pasatiempo de la clase media que se mira el ombligo".
~~Corredores geriátricos~~
De verdad? No me lo había planteado, pero hay gente en la ochentena que sigue metida en este "cult" [secta] del correr. Los que van a las maratones están "todos disecados, amojamados "(a partir de los 40 o te ajamonas o te amojamas"), muy morenos, con relojes sicodélicos, con misión en la mirada".  Qué pereza.

Es que es "ahora o nunca. Vale, pero ¿cuál es el problema de nunca?" "It is now or never. So, what is wrong with never? " Me ha encantado esta frase, es de camiseta. Y me gusta porque me aplica, pienso esa frase muchas veces: por ejemplo, ahora estoy debatiéndome sobre si hacer la Londinium a Brighton (carrera ciclista). Unos amigos se han apuntado y me puedo unir a su grupo, pero la realidad es que no quiero entrenar para eso: irme a Richmond Park a hacer "loops" (dar vueltas como un pirulo junto con otros tropecientos ciclistas a los 11-12 kms de su perímetro). Me gusta ir en bici a ver lugares y, aunque Richmond es genial y voy de vez en cuando, ir y dar las mismas vueltas para prepararme para los 88 kms no me apetece. Pero entonces llega la frase: "es ahora o nunca". Igual he de aceptar que no hay nada malo con nunca.

~~Los gurús~~
No podía faltar este concepto que me ha recordado un poco al gurú del libro de Nick Hornby "How to be good" ["Cómo ser buenos"] que se llamaba "Goodnews". Nota: una pena, no hay hiperenlace, leído en Uruguay. Aquí se llama Bambi y es una gurú del deporte, por supuesto. Es tal vez el personaje más odioso de toda la novela:
"sabía cómo lucir su cuerpo. Porque eso era lo que llevaba puesto, su cuerpo. El vestido era algo secundario. Si acaso, era el vestido quien la llevaba a ella."(..) she knew how to wear her body. Because that's what she was wearing, her body. The dress was an afterthought. If anything, it was wearing her".
Bambi es la típica narcisista que cree que todo se refiere a ella, o acaba haciendo que todo termine en ella misma: incluso cuando alguien que ella ha entrenado pierde, lo transforma en su propio triunfo [¿una versión del "pide que parece que da"? ☺]. Crea un grupito de pánfilos como Remington a los que entrena para el siguiente reto -la triatlón- y todo parece que tiene mucho en común con una secta religiosa. Por ejemplo, así como Serenata hace las pocas migajas de ejercicio que le dejan sus doloridas rodillas en una habitación en casa, Remington se va al gimnasio a "adorar con su congregación". Estos feligreses amantes del deporte en en fondo se adoran a sí mismos, lo que Serenata considera el mejor bromuro para ella: "una no quiere follarse a un hombre que se desea a sí mismo".
«El rechazo de la carne era una constante en todas las religiones, cuyas corrientes fundamentalistas fomentaban el ayuno, la flagelación, el celibato y la abnegación. Durante la Cuaresma, se renunciaba a algo que se disfruta especialmente. La religión siempre ha sido hostil al placer. Al igual que muchas teologías antiguas este triatlón exaltaba el sufrimiento, el sacrificio y la conquista del espíritu». "Repudiation of the flesh was a near constant across faiths, whose fundamentalist strains encourage fasting, flagellation, celibacy and self-denial. During Lent, you renounced something you especially liked. Religion has always been hostile to pleasure. Like many former theologies (this triathlon) elevated suffering, sacrifice and the conquest of the spirit".
En esos grupos los "jóvenes buscan estatus, y los viejos buscaban sentido". Está lleno el libro de ideas como esta, o de crítica de la sociedad aborregada en la que estamos: gente que va por la vida de moda en moda (el deporte, el ozempic, la religión, el que las mujeres vuelvan a ser tradicionales, etc etc) sin darse cuenta de "las grandes fuerzas sociales que se esconden detrás". De un mundo donde la "narrativa" ha sustituido a la "historia".


Corolario
Al final hay una reflexión sobre la Inteligencia Artificial (el libro fue escrito en 2020, cuando no estaba ni de lejos tan presente como ahora): los ordenadores pueden hacer nuestros trabajos, tomar decisiones, escribir... les meterán todos los clásicos y podrán imitar (cosa que a ella le achacaban en su trabajo, "apropiarse de otros acentos") todas las voces y todos los estilos. A su vez, las calles están llenas de gimnasios, y los matados sufren allí para volverse robocops. Sereneta concluye:
"ahora que las máquinas se están convirtiendo en mejores humanos, lo siguiente es que los humanos nos convirtamos en mejores máquinas"
En este divague he seleccionado algunas de sus ideas, pero hay muchas más. Es un libro de ideas, porque la historia -"la narrativa"- realmente no es nada especial. Pero siempre nos ha dado igual que pase mucho en la trama de los libros, lo que queremos es que nos hagan pensar. Y desde luego, con Lionel Shriver -yo, de mayor, quiero ser así de lista- eso está garantizado. Un gran libro que tras mi divague espero corras (ji) a leer, pero si decides lo contrario también me parecerá fenomenal porque recuerda...
¿cuál es el problema de nunca?"






10 abril 2026

"España Oculta", de cómo la lectura nos hace nosotr@s, boicotea a los malos y otros flecos de la Semana de Pasión

 Se me ha hecho tarde: decidí romper el divague de Easter en dos y el mundo va tan rápido que ya nadie se acuerda de esos días; ni siquiera los que estuvieron en Lanzarote (¿por qué todo el mundo ha ido allí estos días?). Yo sin embargo aún me acuerdo de ese puente de cuatro días que al final fue hasta soleado y, como consecuencia, el martes me costó horrores volver a trabajar: un par de noches antes ya soñaba con excels y con FP10s, todos verdes como ambos son. Verde que te quiero. Verde. 

Pero las cuatro cosas que quería contar siguen en mi cabeza -y eso que también está el libro que terminé en un atracón ayer y del que tengo muchas ganas de escribir. 

Cristina García Rodero: "España Oculta"
Escuchar la voz de esta fotógrafa enorme es como escuchar la de una jovencita a la que quieres dar un abrazo. Cada vez que la he oído en entrevistas me ha dado mucha ternura, tanto en la forma como en el fondo. La primera edición de su clásico "España Oculta" salió en 1989 y se convirtió en un libro de culto. Si lo buscabas por internet, alcanzaba precios como £1600. Pero el 2024 ha sido reeditado y ahí lo he comprado yo, claro.




No todas son de penitentes, pero sí que recoge una España rural entre 1974 y 1989, en la que vía sus fiestas y rituales nos recuerda de dónde venimos. Personalmente, quería hacerme con este libro sobre todo para verlo con Mini, porque para ella esto iba a ser (como de hecho ha sido) descubrir otro planeta.  Ya se encuentra con otro país cada vez que vamos por la península de vacaciones -otro país que le gusta-, pero estas fotos hablan de una sociedad pobre, inculta, supersticiosa, gente que tiene miedo a la vez que disfruta mucho. El otro día le dimos una pasada juntas y jugué a mi test diagnóstico de lo que hace buena a una foto: el tiempo que te paras a mirarla. Y Mini, impaciente en casi todo, pasaba las páginas despacio: García Rodero, un triunfo.  Para más, aquí. 

Cómo la lectura nos ha hecho quienes somos [How reading made us]
James Marriott, periodista de The Times, ha escrito un libro que se publicará en junio titulado "The New Dark Ages. The End of Reading and the Dawn of a Post-Literate Society" ["Los nuevos Años Oscuros*. El fin de la lectura y el advenimiento de una sociedad posalfabetizada"] y lo que puede significar eso es tan deprimente. 

(*) La Era/Años Oscuros no es una expresión que se use mucho en castellano -que yo sepa- pero las Dark Ages sí que se usa en inglés, y se refiere a esa época tras la caída del Imperio romano entre el SV y el SX, otros dicen el SXV. 

Marriott acaba de grabar un podcast con la BBC sobre el tema que recomiendo mucho. Es espeluznante lo que se nos viene si dejamos de leer como sociedad. Según Marriott, cada vez lee menos gente [¿pero no proliferaron las librerías en la pandemia?]. Incluso en las universidades, los alumnos no pueden leer clásicos que se consideraban obligatorios y los profesores han tirado la toalla, porque incluso ellos notan que no leen igual. Nos han cambiado el cerebro.

Anécdota [sin la que pueden vivir perfectamente]: yo leo en la cama un ratito por la mañana con el teléfono al lado y por la noche sin él. Ambas lecturas tienen beneficios y problemas: con el teléfono busco palabras que generalmente entiendo pero quiero el matiz o saber cómo se dirían en castellano porque no me salen, o algunas que directamente no entiendo. Por la noche, sin él, sigo adelante sin buscarlas porque sigo entendiendo el texto. Con el teléfono, enriquezco la lectura con "hiperenlaces" (busco localizaciones o lo que surja); sin él, leo como siempre se ha leído. 

"Las pantallas" se lo están comiendo todo. Personalmente [oh dear, disculpas, otra anécdota!], cuando me di cuenta de lo que hacían ciertas redes sociales -las algorítmicas- en mi cabeza, me las quité: nunca tuve Tiktok pero ya he dicho otras veces que Instagram, aquello que empecé para mirar fotos, se ha convertido en Lo Peor. Si alguna vez alguien me envía un enlace a IG, tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no "scrolear" o me quedo 20 minutos. Tiempo que se pasa volando, en el que crees que aprendes cosas importantes, pero que luego te das cuenta de que solo ha hecho "entretenerte". Imagino lo que será esto para los chavales, su cerebro, que está frito ya, como lo está el nuestro. Este tipo de redes sociales están diseñadas con el único objetivo de  secuestrar nuestra atención [recordemos el mantra: "cuando algo es gratis, tú eres el producto"] y con ella nuestro tiempo y por ello las hacen adictivas. El punto final es, como siempre, que compremos algo [sea objeto o "experiencia"] o tenernos adormecidos. 

Volvamos a Marriott [sin esto sí que no pueden vivir]: la lectura fue esencial para crear la democracia y lo será para mantenerlas: los ciudadanos necesitan entender conceptos complejos en profundidad para no dejarse dominar por tiranos. Nos estamos arriesgando a caer en el tribalismo y el caos de las sociedades pre-lectura. En el podcast, Marriott entrevista a Stephen Pinker, el psicólogo y psicolinguista canadiense y he aprendido cosas muy interesantes:

1. La lectura como artilugio de la empatía
Nuestros antepasados llevaban a los niños a la plaza pública a disfrutar espectáculos tipo cómo se evisceraba a reos, o les machacaban los miembros hasta que morían de hemorragia. ¿Qué era diferente en las mentes de esas personas de las nuestras de las que nos separa unos siglos? 

Pinker habla de la segunda mitad del SXVIII, con la Ilustración, en la que algunas de esas costumbres atroces -e.g. formas sádicas de castigo y pena capital, la esclavitud- fueron abolidas. Esta todavía no es la época en la que dejó de haber enorme pobreza -que llegó en la segunda mitad del SXIX con la Revolución Industrial- , así que solo la [relativa] abundancia no puede ser la explicación. Sabemos que la imprenta se inventó en el SXV, pero la tecnología que permitió que el papel y el imprimir fueran más baratos y por tanto accesibles no llegó hasta esa segunda mitad del SXVIII, junto con un incremento de la alfabetización que en algunos países occidentales llegó al 50%. La teoría de Pinker es que es muy plausible que el hecho de que mucha gente comenzó a consumir novelas en esa época tuvo un impacto en su empatía porque, al final, ¿qué es leer sino meterte en la cabeza del otro? La lectura es un "artilugio para la empatía". 

2. La empatía de la lectura vs. la de las imágenes
Y aunque también nos emocionamos con las películas, y puedan funcionar como otro artilugio pro-empatía, nunca te vas a meter en la cabeza del personaje como en un libro que va únicamente de eso. Ves sus comportamientos, no tus pensamientos.

3. Manipular con imágenes es mucho más fácil
Las imágenes nos llegan muy bien, pero si me vieras hablando de todo esto en un video, establecerías un montón de conclusiones sobre mí por mi imagen, la manera cómo me expreso, lo que tengo detrás [elegiría una estantería forrada de libros para hacerte creer que soy intelestuá, claro] y suma y sigue. Aquí, en el blog, únicamente tienes mis ideas. Algunas te tocarán, otras no, con algunas estarás de acuerdo, con otras nada, con las de más allá, parcialmente. Pero hay que hacer un esfuerzo extra para entrar en algo escrito.  Por escrito, tienes que exponer tus argumentos, desarrollar ideas y persuadir al lector de lo que sea. 

Las pantallas son un vehículo perfecto para mostrar tu personalidad. Por eso un influencer carismático puede arrastrar a gente menos sofisticada en poco tiempo; en esos casos ocurre aquello del "culto a la personalidad". Las imágenes son muy poderosas sin falta de profundizar: recordemos el documental de propaganda nazi de Leni Riefenstahl (El triunfo de la voluntad, 1935), críticos dicen que el "mejor de la historia en su género", que hizo seguro mucho más por el nazismo que el "Mein Kampf". 

El medio es el mensaje, como dijo McLuhan y sigue aplicándose hoy en día: el medio da forma a nuestra percepción más que el contenido. Un artículo —o entrada de blog— de 4000 palabras es otra cosa que un video de unos segundos. Y parece que todo está terminando en eso: videos cortos son todo lo que mira la gente en el metro obnubilada. ¿Alguien recuerda la premisa de "Infinite Jest" de DFW? La gente moría sentada frente a la tele viendo un video que no podían dejar. Menudo visionario David. 

Dejar de usar ChatGPT [QuitGPT]
Y ya que estoy con esto del boicot a las redes algorítmicas, dos por el precio de uno, os voy a intentar vender el boicot a ChatGPT. Hay otras IAs, simplemente usa otras. Que sí, que también tendrán sus manos manchadas de sangre, pero por algo hay que empezar y está demostradísimo que las campañas de boicot enfocadas contra una empresa particular tienen un poder increíble.

Todo esto te lo cuenta Rutger Bregman, que ya ha salido varias veces en el divlog en este artículo de The Guardian o en este podcast. Cuatro millones de personas nos hemos unido al boicot. ¿Algunas de las razones? El presidente de OpenAI donó 25m de dólares a la campaña del Boniato que grita "crazy bastards", su compañía está ayudando con las deportaciones de inmigrantes, y mucho más. Deja de usarlo. Ya.

Y, en serio, ya debo dar por finalizado el puente de Easter, por lo que me despido con algunas fotos tomadas en algunos de mis paseos con bici por la city. 

1. Esto es Crystal Palace, un barrio donde pusieron el ídem tras la Expo Universal de 1851, pero que se quemó en 1936 [ya se sabe, el UK y el fuego]. Está en una de las colinas de Londinium y fui la Presidenta de la República [que no Reina] de la Montaña ese día. #hardwork.



2. Esto es Redcross Gardens, unos jardines secretos ya veis cerca de dónde, que descubrí gracias a un libro que le robé a la divaganta R. un día que fui a su casa, titulado "Quiet Londinium". 


3. Y esto es Chumleigh Garden, lo que fueron almhouses del SXIX en las que vivían ancianas solteras. Son delightful y también lo descubrí gracias a mi robo. [R, lo devolveré, pero tengo que recorrerlo casi todo]. Están en pleno Burgess Park que yo no tenía ni idea de las dimensiones de su lago. Ahora sí, me voy, en serio.






05 abril 2026

Londinium: Semana de Pasión y otros lugares comunes sin aparente conexión (Parte I)

Si viajo al Easter -permítanme el anglicismo, Semana Tonta es demasiado largo y tal vez ofensivo dado el actual zeitgeist- del año pasado (mi manera de viajar es darle aquí), estaba exteriormente en una situación similar a la de ahora: sin salir de Londinium porque en unos días Mini empezaba los "mocks" o "exámenes predictivos". Este año, ou mama, es ya "The Real Thing", en mayo comienza los finales, que durarán un mes, así que aquí seguimos. No que nos importe, porque aunque fans de cierto tipo de viaje [cada vez "cierto tipo" se acota más, nos hacemos mayores, disminuye la paciencia], lo  nuestro es viajar desde nuestro sofá. Y pedalearnos la-ciudad-que-nunca-te-terminas. Claro que Dios es de derechas y mala gente, y siempre manda tiempo regulero para que penemos todos la muerte de su Hijo y blabla.

Leo ese divague titulado "Fragmentos en el páramo de Easter", que es una versión de mi género "gazpacho" y constato que es una forma que cuenta con cierta aceptación entre divagantes y extraños y, dando muestra de una empatía con quienes aún magnanimamente pasan por aquí -hay gente que cobra por esto, yo a veces pienso que tendría que pagar-, hoy comenzamos con unas cuantas ideas deslavazadas que ni siquiera tienen la excusa del año pasado, que era homenajear a "Pedro Páramo", el libro que estaba leyendo. 

Cosas del comer
Ya el año pasado hablé de la carencia de mona o huevos de Pascua en esta casa, aunque Easter sea únicamente un festival del chocolate en este país, al que preocupa tan poco Yísus (aunque cómo olvidar aquel año que fuimos a la Isla de Wight y vimos a un penitente haciendo trampas: arrastrando la cruz con rueda!).

Pero el otro finde, de camino a la mani anti-todo [me estoy dejando en lo del activismo, no he hecho divague], pasé por Marchesi, una pastelería italiana fundada en 1824 que solo tiene establecimientos en Milán y aquí, cerca de Berkeley Square. Aquí se puede apreciar -aparte de la maravillosa arquitectura en el reflejo- que los huevos a la venta son "de arte y ensayo", y que, pese a las £1,300 del ala de uno de ellos, están agotadísimos, al menos en la web. Padrin@s, ya sabéis: siempre podéis alegar que no había existencias. 






Los italianos, unos guarros
Disculpas, es el sintagma que me viene a la cabeza de seguido cuando se habla de los habitantes de ese país desde que mi padre explicó que en fútbol, "los italianos son unos guarros".  Es solo metafórico: según Doña Concha de Pélion, los guarros-literal son los franceses. Pero divago. 
 
Quería hablar de los italianos -unos guarros- y su capacidad para el marketing — creo que lo escribí en un comentario: todo lo que tocan lo convierten en oro. Lo último es la "Colomba di Pasqua", de la que nunca oí hasta hace unas semanas en Barcelona, donde me di de bruces con un estante lleno de colombas en un supermercado orgánico a los que me hacen ir los Jekes. 



En Marchesi me las encontré de nuevo, y eso ya me obligó a hacer una búsqueda y resulta que la colomba es la semanatonta equivalente del navideño panettone. Enfurecida, iba ya a hacer una arenga sobre el capitalsmo y la creación de cada vez más mierdas para comprar, pero según dice la www, esto viene de lejos. Parece que ya está también en supermercados estándar. Será tan mazacote como el panetone, cuyo sabor está bien pero no puede competir con la masa del roscón? Nacionalismo de la pattisserie. Maremía como descubra este post Vox, me hacen una oferta. 

Y por terminar con L'Italia, el otro día vi la última de Sorrentino, "La grazia". Nada como "La grande bellezza", pero me sigue encantando Toni Servilo, el actor-gurú del director, y me encanta su uso de la música tecno en una peli de un tema tan sobrio. De repente, sonaban unos acordes de club de esos que has de entrar con gafas de sol, tapones y anfetaminas, y yo quería responder con un "I've got the power!". Supongo que escucharlo sin la peli no tiene el mismo efecto, pero a mí me dan muchas ganas de bailar, algo así como en el final de la actuación de Rosalía en los Brit. Pasen al minuto 2:44, y no cometan el error de saber qué dice la letra [I'll fuck you till you love me"="Te follaré hasta que me quieras": WHAT THE FUCK?, la confusión es máxima, pobres zetas].

Aquí, certezas
Y siguiendo con confusiones, una cosa hay cierta: podrán arrancar las flores pero cada año está aquí la primavera. Londinium in the bloom, Sakura en Londinium. Las fotos son de mis jardines favoritos de la ciudad, que es top secret luego no pondré sus coordenadas en un blog tan viral. La descubrí en mi año de baja maternal con Mini en el que me dediqué a descubrirlo todo armada de un carrito y mapas de papel. Era esa época. 



También era esa época en la que pretender que tienes La Verdad (el Cheeto narcisista llama a su red social "Truth Social") o que lo sabes todo ("Aquí, certezas", eslogan de la campaña del PP en Castilla) hubiera hecho reír mucho.  En nuestro mundo, dinamitado de incertidumbres, aún hay gente con tan poco respeto intelectual por su electorado que pretende que tiene todas las respuestas, todas las certezas. ¿Os imagináis mi cara mientras tecleo esto?




Los actores no envejecen, pero yo tampoco
Voy a recoger mis nuevas gafas y paso por una casa donde vivió un tiempo Jimi Hendrix, y 200 años antes, al lado, George Frédéric Haendel. Os aseguro: no es mala plaza (Brook Street). Los han juntado y puedes visitar ambos en la "HandelHendrixHouse". Hendrix es la de la izquierda, el taxi era por lo de la composición. 


Paso por otra donde vivió Audrey Hepburn, que me recuerda a Katherine (Hepburn, claro), aunque no estuvieran relacionadas. El otro día vi "Suddenly, last summer" ("De repente, el pasado verano", la peli de 1959 de Mankiewicz, basada en una obra de Tennessee Williams en la que Hepburn interpretaba a una rica sureña que hace maldades. Miro su edad en la peli en la internet: 52 años. Me parece mayor que yo, lo cual puede tener un pase, pero también me lo parece Montgomery Cliff y la guapísima Elizabeth Taylor, pese a que tendrían como  30. ¿Qué pasa aquí? Pues que esos actores clásicos o los de mi infancia siempre me van a parecer mayores: iba a decir es curioso, pero no lo debe ser porque al Peda también. Lo es porque no es que ellos no envejezcan en el celuloide, es que los que nos quedamos parados en edad al ver esas películas somos nosotras. 



Demasiadas más ideas sueltas, así que se quede este como el primero de una serie de divagar-proper.  Y en la búsqueda de fotos de huevos de chocolate, flores y placas azules, me han salido al encuentro las de la mani, así que termino con un par. Nota: aunque el tema principal era "en contra de la extrema derecha", fue tan multi-todo que cada uno llevaba su cartel-woke a medida: que si Fuck Trump, pro-Palestina, inmigración, feminismo, Irán, no-a-la-guerra, refugiados bienvenidos, los gays y del género, en contra del fascismo... en particular me enterneció algunos que reciclaron las banderas europeas anti-brexit y los que siguen -seguimos- con el mantra de la Seguridad Social pública.

Una mani un poco gazpacho, como este divague. Vamos a por el otro...