Nuestra ventana hora-de-entrada en los halls [para saber lo que es esto, me temo que hay que leer aquí] es entre las 4 y las 5: menos mal porque si hubiera sido por la mañana habríamos tenido que salir al alba. Entramos en la ciudad -obviamente- por el sur: está gris y lloviendo. Se confirma: aquí es invierno. Atravesamos calles y calles de casas que exudan pobreza y solo se ven por ellas minorías étnicas. Los halls están a 15-20 minutos a pie de la universidad, que es preciosa [la foto de abajo nos la envió unos días después] y parece increíble que alrededor de los halls la cosa no mejore: tiendas de pollo frito para llevar, cadenas de supermercados baratas, un Wetherspoons ("Spoons" para los amigos, cadena de pubs que boicoteamos porque el dueño era brexitero) y así todo.
Hay un pequeño aparcamiento en el recinto de los halls, al lado de la casita de bicis. Mini y yo vamos al edificio central donde está la recepción, y en la planta de arriba la cantina, el bar, la sala comunitaria. Por estas escaleras se sube y como aún es de día, no están todavía encendidas las luces de colores tipo discoteca de los 80 que vi de lejos cuando nos íbamos. Ahora (varios días después) nos escribe diciendo que esta en el equivalente de esa sala de otro hall jugando al "drag bingo". Parece que hay muchísimas drag queens en Mánchester.
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Cuando nos dan la llave de su habitación, oigo a una madre hablar con su hija en castellano. Por supuesto, yo me habría presentado y la la la, pero con Mini hemos topado. Volvemos hacia el edificio donde está su habitación, mientras que a la derecha dejas este patio encantador. Una de las nuevas amigas de MIni está allí y dice que las habitaciones son muy chulas, con chimenea antigua [que no funciona] y todo:
El edificio de Mini es, sin embargo, el de abajo. Las habitaciones las dan por sorteo y según Mini, este es "el peor posible" porque a algunas de sus amigas en otras unis, les ha tocado una habitación con baño en-suite. La de Mini tiene un lavabo, pero el resto lo comparte con otras cuatro. También mal -y estoy de acuerdo en esto- que le ha tocado en la planta baja.
Podría ahora contar cómo descargamos el coche y empezamos a ayudarla a colocar cosas, pero de lo que de verdad quiero hablar es del shock que sufro al ver estos halls: han supuesto un flashback bestial a mi llegada a este país, cuando vivimos un año en "alojamiento de hospital". Esos pisos para médic@s eran prácticamente iguales: las mismas moquetas, el mismo estilo de muebles, las mismas pegatinas de "Fire Door" (puerta de fuego, cierren!). La única diferencia es que hoy en día hay muchos enchufes más, porque hay mucha pantalla que cargar. Por lo demás, el tiempo se ha parado: estoy de vuelta en Grimsby, donde también teníamos que lavar y secar en una habitación de lavandería [claro que allí era gratis, aquí son £6!], también había praderas muy verdes que la separaban del hospital, también hacía frío. Algo más de detalle de aquel alojamiento está hacia la mitad de este divague.
A las 17:30 comienza la cena y Mini se va con una chica que conoció en un grupo de whastapp de los halls ["hola, eres Isadora?"]. Así es la vida moderna. A nosotros nos manda a un infame gran almacén barato donde venden absolutamente todo [de nuevo, imposible no tener flashbacks de IC-Discounts en Nottingham] a comprar cosas que hemos olvidado, gracias a la buena planificación a saber: sábana bajera, platos, cubiertos, tazas, chinchetas, fairy.
A la vuelta ya está anocheciendo (por los dioses, ¿qué latitud es esta?), le pasamos el material y nos vamos al centro a nuestro hotel desde el que -planta décima- se ve Shanghái o Los Ángeles de Blade Runner.
El viernes por la mañana la cosa es claramente menos glamurosa, pero el desayuno es espectacular. Una siempre se pregunta quién es esa gente en la mesa de al lado, y qué hacen ahí un jueves por la noche. El Peda se va a Liverpool en el tren a una reunión. Tal vez lo planeó todo para recrear al "Ferrocarril de Liverpool y Mánchester" ("Liverpool and Manchester Railway; L&MR) que fue el primer tren interurbano del mundo, y el primero en muchas cosas más: en depender exclusivamente de locomotoras impulsadas por máquinas de vapor [nunca tracción animal], en ser íntegramente de vía doble, en tener un verdadero sistema de señalización, en publicar horarios del servicio y en llevar correo postal. Se inauguró el 15 de septiembre de 1830. Vale, me he quedado atrapada por wikipedia y lo tenía que compartir.
Nos despedimos, subo a ducharme y enseguida aparece Mini que ha venido caminando. El plan hoy es turistear por el centro de Mánchester, y hablar, porque ya hay muchas historias. Mini me cuenta que anoche cenó chino y el desayuno es el típico inglés con huevos, salchichas y "baked beans" (esas alubias blancas que los españoles odian- por supuesto mi hija es inglesa, también para eso). Ya mezclo todos los días (escribo esto el martes y miércoles de la semana siguiente), pero todos los días hay el mismo desayuno y las cenas, el viernes "fish & chips" muy mejorable. También puedo confirmar que todas las noches se sale, primero en la sala comunal de los halls, o doce en una habitación y de ahí al Spoons -donde un Smirnoff con frambuesa vale £2.10!- o a la disco, o a una "rave", o lo que surja.
Esto es el ayuntamiento en Albert Square. Está de obras, así que solo se ve la torre. Aquí vendría a trabajar desde el 2017 hasta ahora nuestro flamante Primer Ministro, Andy Burnham, que fue alcalde del "Gran Mánchester" y que parece que le ha caído mejor que Starmer a la Zanahoria. Por cierto, los de "Stop Trump Coalition" me enviaron ayer su newsletter anunciando que el 27.11.27 hay mani: el Boniato visita Mánchester el año que viene.
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En la plaza hay una boda de chavs. Odio usar esta palabra, pero me va bien para contar otra cosa: Mini ha conocido ya a estudiantes de todo el mundo. Hay muchísimos chinos, algún australiano, americanos: una de las yankis dijo "tengo ganas de conocer a mi primer chav", como si se tratara de animales en una reserva. Le digo a Mini que eso está mal, y le doy un poco la chapa sobre el libro de Owen Jones "Chavs, la demonización de la clase obrera" y algo más de lo que seguro desconecta. Pero divago: decía que hay una boda de gente de clase trabajadora: no sé si se apreciará en la foto a la novia - el vestido y en particular los zapatos. Los invitados igual: han hecho mucho esfuerzo por ir bien, pero las telas son brillantes y baratas, niños con traje dos tallas más grandes para que les dure un par de años, señoras con tocados cutres. Me da todo mucha pena, porque conozco la mirada desde arriba a esa gente, que por otro lado, ríen cacareando (el verbo "cackle" no tiene traducción) y se lo están pasando chimenea. Además, oh, tienen a un cámara de televisión y a un hombre con un micrófono entrevistándoles. Tristemente y por supuesto, Mini no me deja quedarme de mirona más rato.
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Yo ahora lo que querría es hablar un poco de la historia industrial de la ciudad para meter mi pequeño momento agit-prop: los movimientos de los trabajadores fueron importantes en Mánchester, y el mejor periódico de este país que tira hacia la izquierda claro, The Guardian, nació aquí, el "Manchester Guardian".
La ciudad comenzó a expandirse con el auge de la fabricación de textiles durante la Revolución Industrial y se convirtió en la primera ciudad industrializada del mundo. Me encanta su ladrillo rojo, y paseando por las calles me recordaba mucho a Belfast: una ciudad que tuvo una época de mucha riqueza y cuya prosperidad decayó después de la Segunda Guerra Mundial por la desindustrialización: hay muchos contrastes.
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Oxford Street es, como en Londinium, una calle muy importante: une el centro con la universidad y llega a los halls de Mini.
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También me encantaría aburrir a las moscas ahora con el Canal de Navegación de Mánchester, que se inauguró en 1894, creando el Puerto de Mánchester y conectando la ciudad con el Mar de Irlanda, a 58 km al oeste. De verdad que la wiki es fascinante, yo no me la perdía.
Esto es ya del camino al hotel. Antes, hemos parado en la biblioteca John Rylands y a comer en un tailandés. Es tal el stendhalazo que sufro en la biblio que le tengo que hacer entrada propia mañana. Mini me va contado cosas de sus nuevos conocidos: "todo el mundo es mayor", uno o varios años (recordemos a su amigo que ha retrasado la uni un año porque estaba harto de ser siempre el menor). El mundo ha cambiado: en mi facultad estaban "los repetidores", en general malotes a los que había que respetar y daban miedo, y luego gente ya muyyyy mayor [pongamos 25] que siempre habían querido estudiar esto. Muchos tienen tatuajes y piercings y Mini es la única sin ellos. Esto es algo que yo odio pero que ya me anunció que algún día, cuando no esté yo cerca, va a hacer. Aquí contraataco con "no vas a sucumbir a la presión de grupo no?". No creo que funcione-seguiremos informando.
Los sofás del lobby del hotel son un lugar como cualquier otro para echarse la siesta: yo me pongo a mirar emails del curro y al nanosegundo la tengo a mi lado frita. Enseguida llega el Peda de su tren de máquina de vapor y vamos todos en el coche a hacer una compra de comida -objetivo: dejarle el frigo lleno- y luego a los halls donde se hacen ya las 18:00. Está casi oscuro y, ya no hay vuelta atrás, tenemos que despedirnos. Los flashbacks de Grimsby vuelven con fuerza: cómo pudimos aguantar allí un año? Nos parecía genial entonces, pero ahora, abandonarla aquí, con esas moquetas, esa ducha comunal, esa cocina con mil instrucciones por las paredes, ese aún casi no conocer a nadie, esa lluvia, se nos hace muy difícil. A ella también: nos abrazamos y, como decía la canción de Tennessee, "ahora llueve en mi corazón, oh oh oh".
Mientras volvemos a recorrer las calles llenas de minorías étnicas hacia la carretera, ambos en silencio, con la lluvia en los cristales, vemos una de las tiendas más maravillosas que he visto jamás: miles de granadas por todos los sitios y una máquina para exprimirlas. No he probado el zumo nunca, pero seguro que está riquísimo. La granada forma parte de mi desayuno desde hace tiempo y es, como oí una vez, "la golosina de la fruta". Me encanta.
-"Mini!!! -le pongo un whastapp con las fotos- Mira qué tienda tienes a dos manzanas de casa".
Pero solo contesta: "Drive safely" ("conducid con cuidado").
Nos ponemos el "Nadie" para intentar reírnos un rato. Y otro de libros. Y cuando estamos llegando a Oxford, nos llega por fin el WhatsApp que estábamos esperando: desde Spoons, un montón de manos y una baraja.
Todo va a ir bien.
































