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24 septiembre 2026

Bienvenid@s a Mánchester

 

Nuestra ventana hora-de-entrada en los halls [para saber lo que es esto, me temo que hay que leer aquí] es entre las 4 y las 5: menos mal porque si hubiera sido por la mañana habríamos tenido que salir al alba. Entramos en la ciudad -obviamente- por el sur: está gris y lloviendo. Se confirma: aquí es invierno. Atravesamos calles y calles de casas que exudan pobreza y solo se ven por ellas minorías étnicas. Los halls están a 15-20 minutos a pie de la universidad, que es preciosa [la foto de abajo nos la envió unos días después] y parece increíble que alrededor de los halls la cosa no mejore: tiendas de pollo frito para llevar, cadenas de supermercados baratas, un Wetherspoons ("Spoons" para los amigos, cadena de pubs que boicoteamos porque el dueño era brexitero) y así todo.


Hay un pequeño aparcamiento en el recinto de los halls, al lado de la casita de bicis. Mini y yo vamos al edificio central donde está la recepción, y en la planta de arriba la cantina, el bar, la sala comunitaria. Por estas escaleras se sube y como aún es de día, no están todavía encendidas las luces de colores tipo discoteca de los 80 que vi de lejos cuando nos íbamos. Ahora (varios días después) nos escribe diciendo que esta en el equivalente de esa sala de otro hall jugando al "drag bingo". Parece que hay muchísimas drag queens en Mánchester. 


En la cantina (abajo) hay unas señoras que te preguntan si tienes alergias, te hacen una foto y te dan un carnet, para que no vayas varias veces. Parece que no puedes sacar comida más que "dos piezas de fruta". 


Cuando nos dan la llave de su habitación, oigo a una madre hablar con su hija en castellano. Por supuesto, yo me habría presentado y la la la, pero con Mini hemos topado. Volvemos hacia el edificio donde está su habitación, mientras que a la derecha dejas este patio encantador. Una de las nuevas amigas de MIni está allí y dice que las habitaciones son muy chulas, con chimenea antigua [que no funciona] y todo:




El edificio de Mini es, sin embargo, el de abajo. Las habitaciones las dan por sorteo y según Mini, este es "el peor posible" porque a algunas de sus amigas en otras unis, les ha tocado una habitación con baño en-suite. La de Mini tiene un lavabo, pero el resto lo comparte con otras cuatro. También mal -y estoy de acuerdo en esto- que le ha tocado en la planta baja.


Podría ahora contar cómo descargamos el coche y empezamos a ayudarla a colocar cosas, pero de lo que de verdad quiero hablar es del shock que sufro al ver estos halls: han supuesto un flashback bestial a mi llegada a este país, cuando vivimos un año en "alojamiento de hospital". Esos pisos para médic@s eran prácticamente iguales: las mismas moquetas, el mismo estilo de muebles, las mismas pegatinas de "Fire Door" (puerta de fuego, cierren!). La única diferencia es que hoy en día hay muchos enchufes más, porque hay mucha pantalla que cargar. Por lo demás, el tiempo se ha parado: estoy de vuelta en Grimsby, donde también teníamos que lavar y secar en una habitación de lavandería [claro que allí era gratis, aquí son £6!], también había praderas muy verdes que la separaban del hospital, también hacía frío. Algo más de detalle de aquel alojamiento está hacia la mitad de este divague

A las 17:30 comienza la cena y Mini se va con una chica que conoció en un grupo de whastapp de los halls ["hola, eres Isadora?"]. Así es la vida moderna. A nosotros nos manda a un infame gran almacén barato donde venden absolutamente todo [de nuevo, imposible no tener flashbacks de IC-Discounts en Nottingham] a comprar cosas que hemos olvidado, gracias a la buena planificación a saber: sábana bajera, platos, cubiertos, tazas, chinchetas, fairy. 

A la vuelta ya está anocheciendo (por los dioses, ¿qué latitud es esta?), le pasamos el material y nos vamos al centro a nuestro hotel desde el que -planta décima- se ve Shanghái o Los Ángeles de Blade Runner. 

El viernes por la mañana la cosa es claramente menos glamurosa, pero el desayuno es espectacular. Una siempre se pregunta quién es esa gente en la mesa de al lado, y qué hacen ahí un jueves por la noche. El Peda se va a Liverpool en el tren a una reunión. Tal vez lo planeó todo para recrear al "Ferrocarril de Liverpool y Mánchester" ("Liverpool and Manchester Railway; L&MR) que fue el primer tren interurbano del mundo, y el primero en muchas cosas más:  en depender exclusivamente de locomotoras impulsadas por máquinas de vapor [nunca tracción animal], en ser íntegramente de vía doble, en tener un verdadero sistema de señalización, en publicar horarios del servicio y en llevar correo postal. Se inauguró el 15 de septiembre de 1830.  Vale, me he quedado atrapada por wikipedia y lo tenía que compartir. 


Nos despedimos, subo a ducharme y enseguida aparece Mini que ha venido caminando.  El plan hoy es turistear por el centro de Mánchester, y hablar, porque ya hay muchas historias. Mini me cuenta que anoche cenó chino y el desayuno es el típico inglés con huevos, salchichas y "baked beans" (esas alubias blancas que los españoles odian- por supuesto mi hija es inglesa, también para eso). Ya mezclo todos los días (escribo esto el martes y miércoles de la semana siguiente), pero todos los días hay el mismo desayuno y las cenas, el viernes "fish &  chips" muy mejorable. También puedo confirmar que todas las noches se sale, primero en la sala comunal de los halls, o doce en una habitación y de ahí al Spoons -donde un Smirnoff con frambuesa vale £2.10!- o a la disco, o a una "rave", o lo que surja. 

Esto es el ayuntamiento en Albert Square. Está de obras, así que solo se ve la torre. Aquí vendría a trabajar desde el 2017 hasta ahora nuestro flamante Primer Ministro, Andy Burnham, que fue alcalde del "Gran Mánchester" y que parece que le ha caído mejor que Starmer a la Zanahoria. Por cierto, los de "Stop Trump Coalition" me enviaron ayer su newsletter anunciando que el 27.11.27 hay mani: el Boniato visita Mánchester el año que viene. 

En la plaza hay una boda de chavs. Odio usar esta palabra, pero me va bien para contar otra cosa: Mini ha conocido ya a estudiantes de todo el mundo. Hay muchísimos chinos, algún australiano, americanos: una de las yankis dijo "tengo ganas de conocer a mi primer chav", como si se tratara de animales en una reserva. Le digo a Mini que eso está mal, y le doy un poco la chapa sobre el libro de Owen Jones "Chavs, la demonización de la clase obrera" y algo más de lo que seguro desconecta. Pero divago: decía que hay una boda de gente de clase trabajadora: no sé si se apreciará en la foto a la novia - el vestido y en particular los zapatos. Los invitados igual: han hecho mucho esfuerzo por ir bien, pero las telas son brillantes y baratas, niños con traje dos tallas más grandes para que les dure un par de años, señoras con tocados cutres. Me da todo mucha pena, porque conozco la mirada desde arriba a esa gente, que por otro lado, ríen cacareando (el verbo "cackle" no tiene traducción) y se lo están pasando chimenea. Además, oh, tienen a un cámara de televisión y a un hombre con un micrófono entrevistándoles. Tristemente y por supuesto, Mini no me deja quedarme de mirona más rato.

Yo ahora lo que querría es hablar un poco de la historia industrial de la ciudad para meter mi pequeño momento agit-prop: los movimientos de los trabajadores fueron importantes en Mánchester, y el mejor periódico de este país que tira hacia la izquierda claro, The Guardian, nació aquí, el "Manchester Guardian". 


La ciudad comenzó a expandirse con el auge de la fabricación de textiles durante la Revolución Industrial y se convirtió en la primera ciudad industrializada del mundo. Me encanta su ladrillo rojo, y paseando por las calles me recordaba mucho a Belfast: una ciudad que tuvo una época de mucha riqueza y cuya prosperidad decayó después de la Segunda Guerra Mundial por la desindustrialización: hay muchos contrastes. 

 Yo no me acordaba del terrible atentado del IRA en 1996  en Corporation St, en pleno centro de la ciudad: la mayor bomba en este país tras la Segunda Guerra Mundial, que causó inmensa destrucción. Esto impulsó luego una amplia inversión y regeneración. 

Oxford Street es, como en Londinium, una calle muy importante: une el centro con la universidad y llega a los halls de Mini. 


También me encantaría aburrir a las moscas ahora con el Canal de Navegación de Mánchester, que se inauguró en 1894, creando el Puerto de Mánchester y conectando la ciudad con el Mar de Irlanda, a 58 km al oeste.  De verdad que la wiki es fascinante, yo no me la perdía. 





Lo sé, han salido feas las fotos: sin luz hay poco que hacer - la divaganta Annapetons las tiene mucho mejores porque a ella, maldita, le tocó soleado. 


Esto es ya del camino al hotel. Antes, hemos parado en la biblioteca John Rylands y a comer en un tailandés. Es tal el stendhalazo que sufro en la biblio que le tengo que hacer entrada propia mañana. Mini me va contado cosas de sus nuevos conocidos: "todo el mundo es mayor", uno o varios años (recordemos a su amigo que ha retrasado la uni un año porque estaba harto de ser siempre el menor). El mundo ha cambiado: en mi facultad estaban "los repetidores", en general malotes a los que había que respetar y daban miedo, y luego gente ya muyyyy mayor [pongamos 25] que siempre habían querido estudiar esto. Muchos tienen tatuajes y piercings y Mini es la única sin ellos. Esto es algo que yo odio pero que ya me anunció que algún día, cuando no esté yo cerca, va a hacer. Aquí contraataco con "no vas a sucumbir a la presión de grupo no?". No creo que funcione-seguiremos informando. 


Los sofás del lobby del hotel son un lugar como cualquier otro para echarse la siesta: yo me pongo a mirar emails del curro y al nanosegundo la tengo a mi lado frita. Enseguida llega el Peda de su tren de máquina de vapor y vamos todos en el coche a hacer una compra de comida -objetivo: dejarle el frigo lleno- y luego a los halls donde se hacen ya las 18:00. Está casi oscuro y, ya no hay vuelta atrás, tenemos que despedirnos. Los flashbacks de Grimsby vuelven con fuerza: cómo pudimos aguantar allí un año? Nos parecía genial entonces, pero ahora, abandonarla aquí, con esas moquetas, esa ducha comunal, esa cocina con mil instrucciones por las paredes, ese aún casi no conocer a nadie, esa lluvia, se nos hace muy difícil. A ella también: nos abrazamos y, como decía la canción de Tennessee, "ahora llueve en mi corazón, oh oh oh". 



Mientras volvemos a recorrer las calles llenas de minorías étnicas hacia la carretera, ambos en silencio, con la lluvia en los cristales, vemos una de las tiendas más maravillosas que he visto jamás: miles de granadas por todos los sitios y una máquina para exprimirlas. No he probado el zumo nunca, pero seguro que está riquísimo. La granada forma parte de mi desayuno desde hace tiempo y es, como oí una vez, "la golosina de la fruta". Me encanta.
-"Mini!!! -le pongo un whastapp con las fotos- Mira qué tienda tienes a dos manzanas de casa". 
Pero solo contesta: "Drive safely" ("conducid con cuidado"). 

Nos ponemos el "Nadie" para intentar reírnos un rato. Y otro de libros. Y cuando estamos llegando a Oxford, nos llega por fin el  WhatsApp que estábamos esperando: desde Spoons, un montón de manos y una baraja.  

Todo va a ir bien. 

22 septiembre 2026

Irse a la uni ["Off to uni"]: reflexiones y contexto, bolsas gigantes y sabáticos, colegios mayores y "halls of residence"

El jueves de la semana pasada alquilamos un coche, lo llenamos hasta arriba y subimos a Manchester para dejar a Mini en la uni. Comienza otra etapa de nuestras vidas. 

Pensaba contarlo en un divague, pero lo de siempre: no podía cortar a tiempo las cabezas de la hidra. Así que he decidido dosificarlo: este primero me ha quedado como un cóctel de sociología amateur, de antropología cultural comparada de chicha-y-nabo, y de historias de abuela cebolleta que no fue a colegio mayor. El siguiente, ya será sobre el terreno. Como decía Mini de peque, vamos p'allá.

Ejpein: Quién se iba de casa para la universidad en los 80-90
Cuando los de mi generación fuimos a la universidad [llevo demasiados años fuera de la península, luego no sé si esto habrá cambiado], solo se iban de casa los que querían estudiar algo que no había en el campus de su universidad [una de mis amigas del cole se fue porque en Vetusta no había Farmacia-vía ella y un amigo interpuesto nos conocimos el Peda y yo] o si tus padres tenían mucha pasta y pensaban que era mejor que fueras a Deusto a hacer Económicas, o a Icade a hacer Derecho [como fue el caso de mis otras amigas del cole]. 

El resto nos quedábamos en casa de nuestros padres como si una extensión del bachillerato fuera la cosa. En la facultad conocías a gente que era la imagen especular de mis amigas: algunos en cuya ciudad —o pueblo— no existía esa titulación y otros que no querían estudiar en la universidad privada de turno [del Pus Dei, para más señas]. 

UK: Qué pasaba [y pasa]
En UK, la cultura es diferente: lo atípico es quedarte en casa de tus padres y hasta he conocido a gente cuyos hijos se han ido a vivir a los "halls [of residence]" a otra zona de Londinium. O sea, en su mayoría todos* se "van a la universidad" ["off to uni"], que hasta con el lait motif tienen los grandes almacenes su campaña de marketing- como la "vuelta al cole", pero con sartenes y sábanas. 

(*) Esto de que se vayan todos está cambiando poco a poco con las crisis económicas. Aunque hay préstamos para estudiantes a muy bajo interés -que devolverán solo cuando tengan trabajo-,  hay gente de peor nivel adquisitivo/clase trabajadora/pobres que se está teniendo que quedar en casa. En este artículo lo llaman "quedarse de manera forzosa" y enfatizan la sensación de "estarse perdiendo algo". Podría divagar aquí y me saldría una entrada de política. 



Halls of residence vs. Colegio mayor
Cuando me pregunta la familia dónde vivirá Mini digo en un "colegio mayor", pero los halls no son exactamente la imagen que yo tengo de un colegio mayor.  Mis amigas fueron el primer año a horribles ídems regentados por monjas -parecían internados, reformatorios para chicas díscolas, lo que debía ser el franquista Patronato de "Protección" a la Mujer, pisos con olor a monja para numerarias del Pus. 

En Vetusta había colegios mayores públicos:  el Cerbuna, para chicos, y el Santa Isabel, para chicas; luego los juntaron. Hacían buen cine-club en el Cerbuna en mi época. Allí conocimos a un compañero que vivió meses a base de lentejas porque no tenía dinero; alguna gente de fuera tenía que trabajar los findes. Seguimos con la política: no todos partimos del mismo punto de partida, y creo que dejamos clara la mentira de la meritocracia aquí el año pasado. 

Preparativos
Mini siendo Mini, la planificación nunca iba a pasar como yo hubiera querido. Saqué una maleta enorme, de esas que ya no se usan desde que facturar es un rollo, y sugerí que fuera metiendo ropa para irnos haciendo a la idea. Nunca pasó. "La idea" que yo albergaba era lograr meter todo en tres maletas y tres mochilas y poder subir en tren. Tampoco, nunca pasó.

El fin de semana antes llegó el momento más temido: visita a Ikea. Parece que en los halls que le han tocado proveen desayuno y cena, cosa que no le hizo gracia al principio porque quería la "full experience", la experiencia completa de "aprender a vivir sola". Aun así, compramos un colador y un rallador de queso por si había que hacer "pasta de emergencia". Nos hicimos también con unos estantes para poner el maquillaje/aseo, una especie de bolsa gigante para la ropa sucia, lucecitas decorativas en un cable que tiene ahora la gente todo el año, no solo en Navidad, unas bolsas gigantes y cosas así. Cada una de esas bolsas fue luego temática: "cocina", "escritorio", "ropa de cama" (incluye edredón nórdico y almohada, y los cojines de Harry Styles y Cucurella- por lo que sea, no se llevó una almohada de avión de Doraemon). Y la maleta de cabina, y varias bolsas más. Vale: ella gana, no se podía llevar eso en el tren sin espectáculo asociado tipo, la cabra sube por la escalera.  


Despedidas
De lunes a miércoles se dedicó a despedirse de sus amigos, los que quedaban: había un par que ya se habían ido a sus respectivos campus (Leeds y no sé dónde). Otros esperaban aún su "día de mudanza" y el resto se iba a tomar un "gap year" (año sabático*). 

Con lo cual, todo se quedó para los últimos días, ergo nos olvidamos muchas cosas -y no hay nada que me dé más rabia que tener que duplicar cosas que tenemos demasiadas en casa, como tazas. 

El año sabático
Esto es otro tema cultural. Para nosotros [y sigo hablando de mi generación  porque estoy desconectada de lo que pasa hoy], esto hubiera sido "perder un año". En UK y ahora, los chavales encuentran miles de razones: que si te vas a viajar unos meses tras haber trabajado hasta diciembre [una de las amigas de Mini de camarera y luego a Australia], que si naciste en agosto [el equivalente de diciembre en Ejpein] y "estás harto de ser siempre el pequeño de la clase" [este amigo que va a estudiar geografía, una carrera noto popular en UK, se va a Kenia creo], que si no has entrado en la uni que querías y lo vas a intentar el año que viene, que si no había sitio en los halls y te esperas porque te perderías la experiencia [verídico]. 


El coche alquilado
Nuestro "día de mudanza" era el jueves 17 de 4 a 5 de la tarde. Descartado el tren, subir con mi Mini Cooper no era una opción -y menos ahora que dijo el mecánico que tiene un problema con el embrague cuyo arreglo vale más que el coche.  Se puede decir que todo nuestro contacto con el mundo de la automoción de los últimos 25 años es vía coches alquilados en vacaciones y creo que este es el primero que tiene un pantallón de esos que parecen teles. ¿Sueno viejuna? Pues atención a esto: ¿alguien se acuerda de cuando se sacaba el frontal del radiocasete y te lo llevabas?


Nos dan un Audi tipo "coche de papá" que llenamos hasta las trancas. Salimos mucho más tarde de la hora que nos habíamos fijado de salida y, maldito tráfico en ese país, con una sola parada llegamos a las 16:30. Se hace larguísimo, y eso que ya cerca nos da la bienvenida el arco iris-muy LGTBI+, Manchester.


 Manchester: maniana os la ensenio.

21 septiembre 2026

Final del mundial [soy una loca] en Puebla [Méx8]

  Domingo, 19.07.29: De CDMX a Puebla

El vecino Ricardo -al que conocí yacente en sofá mientras apuraba sales de rehidratación tras mi desencuentro con el "Chile ennogada", plato nacional- es el receptor de lo que queda en el frigo de nuestros amigos, cuyo piso hemos okupado. Él actúa como si nada cuando le bajo el mogollón de huevos y la ensalada que no hemos comido. A las 09:30 cogemos un Uber a la estación Taxqueña: el bus, que es tirando a lujo asiático, sale a las 10:10, y vamos siete pasajeros nomás. Yo recordaba del 2004 que ponían pelis a todo volumen en los buses mexicanos pero imaginaba que era cosa del pasado: qué va. Seguro que creen que la peli de dinosaurios que pasan es del interés de todos los pasajeros, así que si no quieres oírla, has de ponerte tus cascos.

Espero que la siguiente foto sirva para ilustrar el tema excalestric a la salida de CDMX, pero sobre todo para dar una breve lección geográfica: esa montaña del fondo no es otro que el volcán Popocatépetl (Popo para los amigos), que está en el Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl.


En el mapa se aprecia cómo el Popo se ve desde CDMX y Puebla, y el paisaje del trayecto es muy chulo porque se pasa por el parque nacional.  


Aquí unas fotos desde el bus: qué bonito es Popo, con su fumarola en todo lo alto (por algo significa "montaña que humea"). Tiene forma cónica y con 5413 m, es el segundo volcán más alto de México, solo después del Citlaltépetl (5636 m). Es un volcán aún activo, y aquí he encontrado una erupción de ceniza de hace 20 días.





Llegamos a Puebla (nombre completo "Heroica Puebla de Zaragoza", no digo nada) a las 12:25. Está a 2160 msnm; o sea, hemos bajado solo 100 metros con respecto a CDMX, con lo cual nos sorprende que haga calor, pese a los solo 25 grados. Vamos en Uber al hotel, que está cerca del centro: moderno y correcto, sin más.

Mini estaba preocupada por lo de llegar a tiempo para ver la final del mundial, pero lo conseguimos y vemos la primera parte en la habitación. En el descanso nos lanzamos a las calles para encontrar un bar. Pasamos por un par y ninguno le hace gracia a Mini. Estamos a punto de entrar en uno en el que se ve a un par con la camiseta de Argentina y Mini se cierra en banda. Su argumento es que "la amá va a gritar". No entiendo que esté tan ansiosa por algo así; me recuerda a Nick Hornby en "Fever Pitch" cuando explicaba la agonía de su fanatismo por el Arsenal, o incluso el Peda, estando triste y amargado si perdía la Real cuando era adolescente. Me alegro de no ser víctima de esa particular superstición pero, la verdad, no me apetece estar viéndolo sabiendo que no puedo reaccionar, porque mi hija piensa que soy una histérica. Hace calor, estamos hipoglucémicos, necesitamos un refresco de cola (yo) y acabamos enfadados, con Mini volviéndose al hotel.

El Peda y yo nos quedamos en el antro donde están las de la camiseta argentina, que al final están en una mesa con mexicanos que van con Ejpein. Este es el bar, que es como si unos cutres hubieran habilitado una casa señorial del pasado:


Esta es la parte de arriba: no hay nadie. Cuatro botellas moribundas, paredes desconchadas, pero bonitos azulejos en la barra. Del baño, ni hablamos. 



Por si alguien no lo sabe, España mete gol en “el alargue”. Mini tenía razón: soy una histérica. Quiero decir, un resorte me hace saltar de la silla, no sé qué me pasa, porque el Peda permanece en la suya. Me importa tres pimientos el fútbol, y sé que en media hora habré olvidado si han ganado o han perdido, pero en el momento me emociono, algo me posee para lo de la expresión corporal, en fin, soy una loca, como bien diagnostica mi vástaga. Y sí, me importa un bledo, aunque he de reconocer que esta vez quería que perdiese Argentina porque era el equipo de Milei, de Trump, de Netanyahu y del gilipollas ese cuyo nombre suena como dijeron los ingleses a "bebé gigante" (Gianni Infantino), y es que además lo parece: un bebé que en lugar de chupete, chupa la polla a Trump. Y perdonen lo rudo de esta frase, un gatito ha muerto en algún punto de internet. 




Vuelve el Peda al hotel a buscar a Mini —que sigue mosqueada— y yo me quedo viendo las celebraciones en el bar cutre —seguro que si hubiera estado en la península habría acabado abrazando a extraños. Por fin, nos reunificamos, salimos los tres al centro y, oh divagantes, estáis de suerte: como solo es un paseo un poco a la deriva, no recuerdo mucho, aunque el Peda en su diario asegura que pasamos por el "Callejón del Sapo", la [maravillosa] Biblioteca Palafoxiana (por fuera, volveremos), la Catedral (están en misa, muy chula), Museo Amparo (por fuera, volveremos). Las fotos, desordenadas, pueden explicar por qué nos quedamos colgados de esta ciudad










































Por la calle termino hablando con una pareja mayor mexicana que están sentados en un banco y que “le iba a España” [o sea, que iban con España]. Siempre me siento con ganas de disculparme con los latinoamericanos, y este hombre dice que ni hablar, que mire todo lo que hay alrededor, qué belleza de edificios, todo lo hicieron los españoles. Sonrío y asiento, pensando en que Nils Bejerot tal vez estaría de acuerdo en extender el síndrome de Estocolmo a este caso, y lo mismo el psicoanalista que sea con su "identificación con el agresor". Concluyen que la mejor comida del mundo es la mexicana [¿no creemos todos que lo es la de nuestro país?] y nos recomiendan un sitio para cenar en el Zócalo llamado "Tortas Meche".

El mole poblano es una salsa espesa típica de Puebla, y se hace con chocolate, chiles secos, especias, semillas y demás. Solo le gusta al Peda, es así. Como estamos en una terraza bajo los arcos, el cantante que se ha apostado ahí nos da la cena. Mucha gente se acerca ofreciendo de todo para que lo compremos. Es de noche, pero la ciudad sigue siendo un hervidero: mucha gente y mucho puesto callejero, mucha vida. Pese al día de emociones montaña rusa -Mini dice que es normal enfadarse de viaje-, Puebla nos gusta a los tres.