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14 abril 2026

«El movimiento del cuerpo a través del espacio» de Lionel Shriver: ¿cuál es el problema de "nunca"?

Personalmente, creo que el título no le hace favores a esta novela de 2020 de Lionel Shriver: "The Motion of the Body Through Space" [en castellano la ha editado Anagrama y no mejora: «El movimiento del cuerpo a través del espacio»], pero igual solo me lo parece a mí. Llegué a esta novela de una manera no convencional: en un restaurante pijo de Mayfair, donde un amigo celebraba su cumpleaños,  una mujer que no conozco mucho me la recomendó, creo que porque salió el tema del Peda que sale a correr todas las ma
ñanas como un reloj a las 6:00. Fiarme de una casi desconocida no es algo que suela hacer tras algún fracaso de juventud, pero aquí hablábamos de Shriver, de la que he leído artículos, entrevistas y sobre todo, Kevin.

Kevin, me refiero a "Tenemos que hablar de Kevin", que ha leído todo el mundo, así que no hará falta que me explaye. Además hay un divague, qué digo, dos: del libro y de la película. Mira que la peli es buena -y no podrían haber encontrado a nadie mejor que Tilda para protagonista-, pero el libro es espectacular. No por la historia que cuenta, sino por todas las reflexiones laterales que Shriver hace sobre el tema de la maternidad y el debate nature-nurture, del que hemos divagado aquí ad nauseam

Exactamente, eso pasa con «El movimiento del cuerpo a través del espacio»: la historia no importa demasiado, y sus giros como siempre no los voy a contar, pero lo fascinante son todas las reflexiones que hace la autora sobre los grandes temas que aborda. Y aunque mi recomendadora lo hizo tal vez porque salió el tema del ejercicio en tu pareja, lo cierto es que la aproximación del ejercicio en el que se embarca el marido de la protagonista nada tiene que ver con la de mi compa de piso. 

Serenata es una mujer de 60 años casada con Remington, un hombre de 65 que un buen día, tras haber sido jubilado prematuramente, le dice eso de "voy a correr una maratón". Esto provoca un shock en la homeostasis del matrimonio porque Remington, como yo, no había hecho ejercicio en serio en su vida. Sin embargo, Serenata había comenzado a correr, a nadar y a ir en bici (esto último como desplazamiento mas que deporte per se) desde su adolescencia. Eso sí, siempre por su cuenta y nunca con un grupo, o entrando en carreras populares o en deportes de equipo. Sin embargo, ha tenido que dejarlo porque tiene las rodillas fatal y lo que viene luego es la artroplastia (reemplazo) de rodilla. La pobre está fastidiada porque se tiene que limitar a tablas de gimnasia en casa, con lo que ella ha sido. En un punto dice, "cumplir 60 la había subido a una colina en el sentido panorámico: había hecho cima y podía ver desde ahí el declive que tenía por delante".

Al leer la descripción psicológica de Serenata -Shriver es una maestra en esto, me pasa como con Franzen: me pregunto si han estudiado psicología o algo-, tengo la impresión de estar en el fondo leyendo una autodescripción de la autora misma. Conozco a una persona que conoce a una tercera que la conocía -la autora vivía en Borough, un barrio interesante al sur del río en Londinium- y me dijo que "era una tía muy rara". En este artículo en The Guardian contó su ruta de correr diaria por la orilla del Támesis de noche y lo tituló "Reluctant urban runner" ["reticente corredora urbana"]: Shriver disfrutaba del espectáculo que era su ruta nocturna (ciertamente, una chulada) y de la soledad ("del corredor de fondo"), pero no del ejercicio en sí. Lo único que le gustaba de correr era precisamente "haber corrido": el Peda cuenta que para él, es lo mismo. Y, como ella, no está particularmente interesado en correr maratones (aunque entra en el sorteo de la de Londinium, por razones sentimentales), ni correr con amigos, ni que nadie le felicite por haber corrido tanto. En el fondo, es lo mismo que me pasa a mí con  la bici: a veces me gustaría saber cuántos kms he hecho en un día, pero no lo suficiente como para aprender a poner aquel cacharro que medía distancias y la velocidad (se lo devolví al kuñado que me lo regaló]). 

Ideológicamente, Shriver es una autora difícil de encasillar. Pese a que gran parte de su planteamiento de este tema y otros los comparto, ella misma dijo que "perdió gran parte de sus lectores liberales cuando se declaró pro-Brexit". Escuché una entrevista que le hizo la hermana periodista de Boris Johnson en su podcast "Difficult women" en el que lo explicaba.  También se declara en contra de "todo esto del género" y del concepto de "apropiación cultural" - le he leído por ahí decir que si no se va a poder escribir desde ningún otro punto de vista que el tuyo, ya solo quedará la autoficción. 

Esta visión se deja ver en la novela por ejemplo cuando describe las razones por las que hacen prejubilarse a su marido: -una chica negra a la que hacen jefa del departamento e instaura una serie de normas "woke", como el uso de artículos neutros- o la de por qué ella cada vez recibe menos trabajos -pone su voz para audiolibros, videojuegos,- porque "imitar acentos" de grupos desfavorecidos ya no es aceptable. Cuando la jefa acusa a Remington de misógino, él le contesta que "un misógino no se casa con una mujer más lista que él" (que es lo que él considera a Serenata). También opina que "el que tú te sientas de una manera no significa que eso sea la verdad. Yo me siento perseguido por ti, ¿significa que me estás persiguiendo?". Como digo, estoy de acuerdo en mucho de lo que piensa, pero también en desacuerdo con algunos de sus planteamientos, y esto me parece refrescante. No es una persona que puedas categorizar y eso, si va acompañado de inteligencia, suele ser bueno. 

Y tras esta breve introducción, vamos con los temas:


Hacerse mayores, envejecer

Como Serenata tiene problemas de rodilla, a veces se "atasca" en un movimiento, y lo peor es que sabe que si no se opera, todo va a ir cuesta abajo.

"La transición para levantarse fue un éxito. Madre mía, qué logros miserables pasarán como un triunfo en el futuro. Recordar la palabra batidora". 

Me he reído con eso. De hecho, he puesto tantas caritas sonrientes en los márgenes: Shriver es muy divertida. Otro tema que menciona y que nos toca muy de cerca a los emigrantes es dónde vamos a envejecer: en nuestro país de acogida, de vuelta a donde nacimos, o en un sitio totalmente diferente? Serenata y una de sus grandes reflexiones:
"A Serenata nunca le importó demasiado dónde estaba: ella era su propio lugar. Pero cualquiera que terminara exactamente donde había empezado no podía evitar sino temer que, durante el tiempo que estuvo fuera, no había llegado a ninguna parte". "Serenata never cared too much about where she was: she was her own location. But anyone ending up precisely where he started could not help but fear that in the interim they had gone nowhere"
De eutanasia no se habla, solo deja una frase, que incluyo. Es un debate obsoleto, aunque los-de-siempre, con más fuerza que nunca, lo quieran mantener "conectado":
«¡Cuánto más compasivo habría sido apagarlo, como un electrodoméstico. Estar atrapado en un cuerpo que se va corrompiendo gradual y prolongadamente era una tortura digna de Guantánamo o Bergen-Belsen. Cada vejez era un cuento de Edgar Allan Poe.» How much kinder it would have been, to turn off, like an appliance. The gradual, drawn-out corruption of the body while its host was still trapped inside was a torture of a sort they would have contrived at Guantanamo, or Bergen-Belsen. Every old age was an Edgar Allan Poe story.”
También muy de acuerdo es en eso de que lo mejor de hacerse viejo es dejarse arrullar por el "me importa una mierda":
“The very best thing about getting old was basking in this great big not-giving-a-shit.”
Solo puedo decir: estamos trabajando en ello. Me pregunto lo que será este blog en unos años: ¿un panfleto ácrata que anima a ir en pijama por la calle? Watch this space

Al final, aceptar la vejez supongo que pasa por darse cuenta, como lo hace la protagonista, de que ya pasó tu momento, y no pasa nada. Serenata ya vivió la época en la que todos la miraban -dicen que envejecer es más pérdida para quienes fueron bell@s-. Aunque ahora había pasado, igual era decepcionante, pero no era trágico, y estaba bien. Tenía suerte de haber tenido siquiera ese momento. Ahora, era el momento de otras y otros. Supongo que eso es saber envejecer.

Relaciones de pareja

Serenata y Remington tienen una relación muy chula: los dos son muy dialécticos y toda su vida han tenido conversaciones descritas como "banter" (toma y daca ingenioso) "entre dos personajes de Noël Coward". Se dicen, "la hipérbole es la señal de alerta de un argumento débil" y cosas así. Retóricamente, estaban empatados, y el otro es la persona del mundo con la que mejor practican este "ping-pong verbal" -lo cual es para mí la medida de una gran relación. Ahora, cuando sus hijos son adultos, Serenata se da cuenta de que esa muestra de rapidez e inteligencia no les entretuvo; es más, fue una causa de antipatía en ambos hijos.
"Si acaso, en nuestra casa se ha sufrido un exceso de ironía; es una enfermedad común entre los que tienen mucha formación académica". "If anything, our household has suffered from an excess of irony, it's a common disease of the overaducated".
Aunque ella piensa que Remington puede a veces tomar las cosas demasiado literalmente ["the literalism had precedents"], en general su relación sigue fuerte e incluso se da cuenta de que él ha sido siempre físicamente atractivo, y sin gimnasio ni otras zarandajas se ha mantenido tío-bueno. Ahora, con 64, recuerda las distintas edades de su cuerpo y puede imaginar cómo será dentro de unos años, de anciano frágil. Me gusta esta reflexión: Serenata considera su trabajo el seguir viendo en él al tío de 27 del que se enamoró y más cuando él sea un anciano y el resto le vea como un viejo palizas. Es también su trabajo mirarlo con amabilidad, sin juzgar el michelín, la arruga, los ojos caídos. Y se supone que esto es bidireccional: él lo hará con ella. Es una parte del contrato de pareja de larga distancia ["Lo único bueno de envejecer era el permiso mutuo para ser imperfectos” “the only good things about getting old was mutual permission to be imperfect”]. Ella dice que "la medida de un buen matrimonio es militar: es una buena alianza" aunque a veces, cuando observas a algunas parejas mayores, más bien parece la "operación furia épica", pero en pasivo-agresivo. Esperemos no llegar ahí, a una de esas parejas que siguen juntas por "pasividad o por falta de imaginación". Este trato no escrito de las relaciones de larga duración que se quieren y se apoyan me parece muy bonito.

En fin, que hasta que empieza el nudo de la narrativa, son una pareja feliz y que se quiere, que no tienen problemas con los silencios, que eran fieles sexualmente pero se permitían "window-shop" [que es el equivalente de mirar escaparates, o sea, mirar] pero que cuando las cosas van mal, escuece: "igual es buena señal que aún me pueda doler".

Los hijos

Como he dicho, Shriver es una virtuosa de la descripción psicológica. Lo demostró con Kevin, y lo ha vuelto a hacer con los hijos adultos de esta pareja. Son ambos un desastre y a ratos me preguntaba si crea siempre estos hijos-pesadilla para tranquilizarse por no haberlos tenido ella. Ciertamente, tener un hijo es hacer una apuesta que puede desde superar tus expectativas hasta arruinarte y en medio, una innumerable gama de grises.


Y luego está la ciencia: el impacto de los padres sobre los hijos es negligible. Aunque esta gran verdad no se ha filtrado a la sociedad y la gente sigue poniéndose medallas por los éxitos de sus hijos, y a los que "les salen [diversos grados de] rana", quedan perplejos rumiando "qué hicimos mal".


Esta es la situación de estos padres: hay un párrafo de Remington en el que explica de dónde vienen ambos (él, de clase trabajadora que vía la educación llegó a un buen puesto en el ayuntamiento y ella de clase media-alta con un buen trabajo) y lo que son sus hijos: "white trash" (basura blanca, un término que describe a pobres blancos en EE. UU.). Los pobres no saben qué podrían haber hecho para que sus hijos hubieran sido medio "normales":
"La gente siempre está con lo de la responsabilidad parental; pero poco se habla de la impotencia parental". "People are always harping on parental responsibility; too little was made of parental impotence"
La hija era una niña débil, sin carisma. Nada le interesaba, no tenía pasión ni interés por nada:
"Se les podía dar a los niños oportunidades, pero no forma (...). Si fuera posible comprarle a una hija pasión, intención, dirección y especificidad, Serenata habría corrido a la Tienda de La Identidad antes de que Valeria cumpliera diez años". "You could give children opportunity, but you could not give them form (...). Were it possible to purchase for a daughter passion, intention, direction and specificity, Serenta would have rushed to the Identity Store before Valeria turned ten"
En su adolescencia, ve la luz y se hace fanática religiosa (recordemos que el libro es previo a esta fiebre reciente por el tema). Sin oficio ni beneficio, se queda embarazada de uno de la iglesia y se mete en una carrera procreadora - al final del libro, ya van por seis. Les da instrucciones sin parar y, alucina, los críos la obedecen, y Serenata -cómo no voy a amarla- piensa:
"La compensación estándard de la madre que se queda en casa a cambio de exigir tan poco en cualquier otro ámbito". "The stay-at home parents' standard compensation for commanding so little elsewhere"
El hijo, por el contrario, era un no popular y carismático en el cole, nada seguidista y un cabrón. Era totalmente "hip"- dice Shriver: "si necesitas que te expliquen la textura de esta palabra, es que no lo eras. Y si no lo eras, no es algo que puedas ir a comprar o aprender". El ser cool viene de serie. Con todo ese encanto e hijoputez, no es difícil ver aquí un trasunto de Kevin, pero sin el arco y las flechas. De adulto, tiene una vida itinerante y se sospecha que es traficante de drogas. Es perezoso, astuto y no tiene brújula moral. Al final del libro, vuelve a casa un tiempo, y he de reconocer que me acaba cayendo bien de esa manera que los "charming psychopaths" te pueden hipnotizar: es gracioso, no se corta de decir lo que piensa, y tiene un punto ácrata que a su madre siempre le ha secretamente gustado, que sirve muy bien de contrapunto con otros personajes de los que hablaré luego.
"Lo de su hijo era desdén crónico, aunque no había logrado nada en la vida según los parámetros de la mayoría, así que resultaba un enigma de dónde provenía esa superioridad. Su madre había concluido que se trataba del desdén del que no-participa. No se había manchado deseando algo ni intentando conseguirlo, lo que lo protegía de cualquier sentimiento de fracaso o decepción". "Their son was chronically contemptuous, yet he had accomplished nothing in most people's terms, so it was a puzzle where this superiority was sourced. It was, his mother had concluded, the scorn of the non-participant. He hadn't sullied himself with wanting something and trying to get it, which protected him from any sense of failure or disappointment". 
No es difícil imaginarse a este personaje. En un punto su madre se refiere a él como "Mr. Who gives a shit" (el Sr. A quién le importa una mierda"). Me encanta.

Reflexiones [360 grados] sobre el ejercicio


~~ Eres lo que te mueves: el deporte como tu identidad~~

Serenata nunca se consideró una corredora ("runner", dicen que en castellano también usan el anglicismo), ciclista o nadadora. Ella corría, nadaba, iba en bici. Esto de la identidad es muy evidente con los ciclistas: llevan un uniforme. Yo, como Shriver, voy en bici y no soy ciclista: no me veréis con licras, aunque sí que me pongo un chaleco amarillo fosforito horroroso.


No sé qué conductista decía que asumir la identidad del comportamiento te ayuda a repetirlo, a hacerlo tuyo. Quién sabe: yo llevo 16 años con este blog y siempre pienso "que escribo", no que "soy escritora". No necesitas ese tipo de empujones si te gusta lo que haces. 


~~Dudas existenciales~~
Todos podemos tener este tipo de dudas sobre comportamientos que adoptamos en una fase más o menos dilatada de nuestra vida, o sobre las personas con las que [mal]gastábamos el tiempo [o de cómo perdí aquellosmaravillososaños con ese plasta]. Serenata lo piensa sobre este tema, claro:
"Se preguntó qué porcentaje de su vida hasta ahora había dedicado a este tipo de monotonía. Se acordó de la frase apócrifa de Jackie Kennedy en su lecho de muerte: por qué narices hice todas esas flexiones?"
El caso es que Serenata se siente así porque no le gustaba correr: en concreto, a nadie le gusta correr, cosa que me creo a pies juntillas porque es imposible.
No me gustaba correr. Y un secreto: a nadie le gusta. Lo fingen, pero mienten. Lo único bueno es haber corrido. En el momento, es aburrido y duro, en el sentido de que requiere esfuerzo, pero no en el de que sea un arte difícil de dominar. Es repetitivo. No tendrás ninguna revelación”. “I did not love running. Here's a pointer for you: no one does. They pretend to, but they are lying. The only good part is having run. In the moment, it's dull and hard as in effortful, but not as in difficult to master. It's repetitive. It does not open the floodgates of revelation.”
Es imposible por todo lo que dice mejor que yo. Ir en bici es divertido, el paisaje pasa rápido, puede ser emocionante, pero ¿correr? Además, esto me lo han confesado corredores, lo de que lo mejor de correr es "haber corrido". Yo a esto lo llamo "viaje a la India": ya he explicado otras veces que me alegro mucho de haber estado por los recuerdos, las fotos coloristas y poder hablar con indios ahora de partes de su país. Ahora, fue un viaje duro [algo conté aquí] y me gusta "haber estado", pero no volver a ir. 

~~El maldito capitalismo~~
Lo mejor del atletismo era lo de que era gratis. Pero claro: hasta esto han fastidiado. Ahora equiparse vale pasta (parece que hay que cambiarse las deportivas tras X kms), por no hablar de las maratones:
"En el pasado solía ocurrir que si querías poner un lugar en el mapa, organizabas un festival literario. Hoy en día, organizas una maratón". Serenata alucina de que cierren media ciudad al tráfico por ese "pasatiempo de la clase media que se mira el ombligo".
~~Corredores geriátricos~~
De verdad? No me lo había planteado, pero hay gente en la ochentena que sigue metida en este "cult" [secta] del correr. Los que van a las maratones están "todos disecados, amojamados "(a partir de los 40 o te ajamonas o te amojamas"), muy morenos, con relojes sicodélicos, con misión en la mirada".  Qué pereza.

Es que es "ahora o nunca. Vale, pero ¿cuál es el problema de nunca?" "It is now or never. So, what is wrong with never? " Me ha encantado esta frase, es de camiseta. Y me gusta porque me aplica, pienso esa frase muchas veces: por ejemplo, ahora estoy debatiéndome sobre si hacer la Londinium a Brighton (carrera ciclista). Unos amigos se han apuntado y me puedo unir a su grupo, pero la realidad es que no quiero entrenar para eso: irme a Richmond Park a hacer "loops" (dar vueltas como un pirulo junto con otros tropecientos ciclistas a los 11-12 kms de su perímetro). Me gusta ir en bici a ver lugares y, aunque Richmond es genial y voy de vez en cuando, ir y dar las mismas vueltas para prepararme para los 88 kms no me apetece. Pero entonces llega la frase: "es ahora o nunca". Igual he de aceptar que no hay nada malo con nunca.

~~Los gurús~~
No podía faltar este concepto que me ha recordado un poco al gurú del libro de Nick Hornby "How to be good" ["Cómo ser buenos"] que se llamaba "Goodnews". Nota: una pena, no hay hiperenlace, leído en Uruguay. Aquí se llama Bambi y es una gurú del deporte, por supuesto. Es tal vez el personaje más odioso de toda la novela:
"sabía cómo lucir su cuerpo. Porque eso era lo que llevaba puesto, su cuerpo. El vestido era algo secundario. Si acaso, era el vestido quien la llevaba a ella."(..) she knew how to wear her body. Because that's what she was wearing, her body. The dress was an afterthought. If anything, it was wearing her".
Bambi es la típica narcisista que cree que todo se refiere a ella, o acaba haciendo que todo termine en ella misma: incluso cuando alguien que ella ha entrenado pierde, lo transforma en su propio triunfo [¿una versión del "pide que parece que da"? ☺]. Crea un grupito de pánfilos como Remington a los que entrena para el siguiente reto -la triatlón- y todo parece que tiene mucho en común con una secta religiosa. Por ejemplo, así como Serenata hace las pocas migajas de ejercicio que le dejan sus doloridas rodillas en una habitación en casa, Remington se va al gimnasio a "adorar con su congregación". Estos feligreses amantes del deporte en en fondo se adoran a sí mismos, lo que Serenata considera el mejor bromuro para ella: "una no quiere follarse a un hombre que se desea a sí mismo".
«El rechazo de la carne era una constante en todas las religiones, cuyas corrientes fundamentalistas fomentaban el ayuno, la flagelación, el celibato y la abnegación. Durante la Cuaresma, se renunciaba a algo que se disfruta especialmente. La religión siempre ha sido hostil al placer. Al igual que muchas teologías antiguas este triatlón exaltaba el sufrimiento, el sacrificio y la conquista del espíritu». "Repudiation of the flesh was a near constant across faiths, whose fundamentalist strains encourage fasting, flagellation, celibacy and self-denial. During Lent, you renounced something you especially liked. Religion has always been hostile to pleasure. Like many former theologies (this triathlon) elevated suffering, sacrifice and the conquest of the spirit".
En esos grupos los "jóvenes buscan estatus, y los viejos buscaban sentido". Está lleno el libro de ideas como esta, o de crítica de la sociedad aborregada en la que estamos: gente que va por la vida de moda en moda (el deporte, el ozempic, la religión, el que las mujeres vuelvan a ser tradicionales, etc etc) sin darse cuenta de "las grandes fuerzas sociales que se esconden detrás". De un mundo donde la "narrativa" ha sustituido a la "historia".


Corolario
Al final hay una reflexión sobre la Inteligencia Artificial (el libro fue escrito en 2020, cuando no estaba ni de lejos tan presente como ahora): los ordenadores pueden hacer nuestros trabajos, tomar decisiones, escribir... les meterán todos los clásicos y podrán imitar (cosa que a ella le achacaban en su trabajo, "apropiarse de otros acentos") todas las voces y todos los estilos. A su vez, las calles están llenas de gimnasios, y los matados sufren allí para volverse robocops. Sereneta concluye:
"ahora que las máquinas se están convirtiendo en mejores humanos, lo siguiente es que los humanos nos convirtamos en mejores máquinas"
En este divague he seleccionado algunas de sus ideas, pero hay muchas más. Es un libro de ideas, porque la historia -"la narrativa"- realmente no es nada especial. Pero siempre nos ha dado igual que pase mucho en la trama de los libros, lo que queremos es que nos hagan pensar. Y desde luego, con Lionel Shriver -yo, de mayor, quiero ser así de lista- eso está garantizado. Un gran libro que tras mi divague espero corras (ji) a leer, pero si decides lo contrario también me parecerá fenomenal porque recuerda...
¿cuál es el problema de nunca?"






26 marzo 2026

‘Pequeñas desgracias sin importancia’ ("All my puny sorrows") de Miriam Toews: No te vayas dolor, última forma de amar

 "All my puny sorrows", la frase que da título a esta novela autobiográfica de la canadiense Miriam Toews es un verso de un poema de Coleridge titulado “To A Friend, With An Unfinished Poem” ("Para un amigo con un poema inacabado"):

“I too a sister had, an only Sister— 
She lov’d me dearly, and I doted on her! 
To her I pour’d forth all my puny sorrows”

"Yo también tuve una hermana, solo una-
me quería mucho, y yo la adoraba!
Con ella desahogué todas mis insignificantes penas".


La elección de estos versos no es casual: esta es una novela de hermanas. Es lo único que recuerdo de cuando me la recomendó la divaganta Marisa: ambas tenemos hermanas a las que queremos y con las que desahogamos nuestras insignificantes penas. Claro que las de Toews no son "sin importancia", ni las desgracias "pequeñas", pero usar el verso es una manera más de comunicar uno de los puntos claves de esta novela: su sentido del humor. Sin él, el libro hubiera sido otra cosa, un libro más de los que hablan de este drama, del que debe ser complejísimo escribir con el tono que ha logrado Toews.
"Tengo un sexto dedo en el pie; venga, vale, es un juanete" ["I have a sixth toe; ok, it's a bunion"]
Cuando escribo bajo el distintivo "pepsiquiatría" siempre insisto en que la enfermedad mental no se explica solo por genética y otros factores biológicos, ni solo por el ambiente y otros factores sociales. Siempre repito que es entre esos factores y en particular, en su interacción, donde podemos empezar a atisbar algo de aquello tan fascinante, la naturaleza humana. Eso sí, hay ciertos desórdenes que tienen más componente biológico que social y viceversa. ¿A dónde quiero llegar? A las pequeñas desgracias sin importancia de las que va a hablar Toews: el suicidio de varios miembros de su familia. En este caso, queda claro que la depresión severa y las conductas autolesivas y autodestructivas que culminan en el suicidio tienen mucho de mala suerte en la lotería genética — porque hay miembros que no sufren esta combinación terrible que lleva a otros a estados depresivos tan crueles que no ven otra salida que quitarse la vida.
“Busqué en Google ‘gen del suicidio’, pero cancelé la búsqueda en el último segundo. No quería saberlo. Además, ya lo sabía.” [“I googled 'suicide gene' but cancelled the search at the last second. I didn't want to know. Plus, I already knew]. 
Y da igual tener objetivamente todo lo que puedas desear en la vida: una carrera exitosa, una pareja que te quiere, belleza, inteligencia, ingenio… que es lo que tiene Elf, la hermana mayor de la Yolandi, la narradora —trasunto de la autora—, que no puede evitar pensar que quizás es porque "ha logrado la vida perfecta que está ahora lista para dejarla atrás". Al igual que su padre [que se tiró al tren, pero la clase de persona que preguntaba a un extraño en un restaurante, "hey, ¿cuál es tu historia?"; me recuerda a David, un amigo que también lo hace] y su prima [no recuerdo el modus operandi], no quiere vivir. Padre y hermana, personas interesantísimas y con mucho por vivir que respondían ante sus lágrimas cuando era niñita con un "escríbelo todo" (padre) o "lee esto" (hermana). Si va acompañado de un abrazo, para mí no hay mejores consejos. 

Pese a todo, Elf está en una encrucijada similar a esa parte tocada por el gen oscuro de la familia, y también intenta acabar con su vida: vaya si lo intenta.  La frase más desoladora de toda la novela es "how do you go on?" (¿Cómo sigues para adelante?) que le pregunta en un punto a Yolandi.  Y eso que la pobre narradora carece del aura de luz que rodeaba tanto a su padre como a su hermana:  es una escritora con dos hijos cada uno de un padre, divorciándose, sintiendo que su ex está
"devolviéndome al agua como a uno de esos peces que se pescan por deporte y no para quedártelos" ["throwing me back like one of those fish caught for sport and not for keeping"].
siempre mal de pasta, acostándose con tipos a los que no conoce, pagando mil dólares para quitarse un tatu que le costó "veinte y una bolsa de costo", "aprendiendo a ser una buena perdedora", intentando simultáneamente "apuntar alto" y "bajar sus espectativas".  Por algo su hermana, seis años mayor, le puso varios apodos en la infancia; mi favorito: "mayhem" (alboroto, algo salvaje: "Project Mayhem" se llamaba lo de Tyler Durden en "Fight Club"). [Nota: también me gusta el nombre del perro, "Lefty" (izquierdoso).] Yolande está hecha un desastre, pero tiene una cosa: ganas de vivir y de que su hermana viva.

Cuando iba por el principio de la novela y ante este planteamiento - Yolandi luchando contra la voluntad autodestructiva de Elf- me sentía como trabajando. Esas descripciones del vacío, de la desesperanza, de la impotencia, de la autovaloración paupérrima... tan familiares. La partida que se juega con las personas que te cuentan eso, quién llegará hasta el final si no les quitamos (el sistema de salud) su libertad. Todo eso era la novela.

Sin embargo, en un punto deja de ser esta mera descripción para ponerse interesante y pasar a meterse en la cabeza de Yolandi y sus dudas, trasladándome a aquella película tan fuerte de Michael Haneke, "Amour". Es difícil tolerar ver sufrir físicamente a la persona que quieres, pero el sufrimiento mental extremo es incluso otro nivel —claro que mucho peor entendido.  Tan duro es verlo que, por mucho que la narradora quiera a su hermana con locura, se rompe y duda cuando esta le enseña un papel donde ha escrito la palabra "Suiza"y "no quiero morir sola". ¿Qué significa querer a alguien en ese momento? ¿Darle la mano y decir, aguanta por mí, por la familia? Las reflexiones que hace Yolandi ("maximizar la autonomía individual y minimizar el sufrimiento humano") sobre el suicidio asistido terminan a veces en búsquedas en internet en las que aparecen palabras como Nembutal y lugares donde conseguirlo. Es imposible: un rompecabezas entre la mente y el corazón. Hay gente que califica a los suicidas de "egoístas" o incluso "cobardes" por no afrontar la vida: lo que no tiene ni idea esa gente -ni les interesa-, es saber de cómo se siente en el pozo en el que llevan tanto tiempo con un sufrimiento continuo y tremendo. Hay algunos pacientes que son "resistentes al tratamiento" y nada funciona, o no funciona por mucho tiempo. Entonces las recaídas son cada vez más brutales y el futuro delante de sus ojos más insoportable. Tal vez por eso, confrontar a un suicida con chantaje emocional, con el dolor de los otros si tuviera éxito no funciona. La propia Yolandi usa esa técnica y luego se siente devastada. 

Aparte de su sentido del humor —a ratos tirando a negro: usan el dinero que encuentran en el bolsillo de su prima tras el suicidio en comida a domicilio—, Yolandi (Toews) está rodeada de algunos personajes "más grandes que la vida", mi favorito, su madre. Me encanta su energía. Juega al Scrabble online con extraños y lee a Raymond Chandler, al final "The Long Goodbye". Cuando se entera de que el cura ha ido a visitar a Elf en su paseo salvador-de-almas por la planta, quería que lo "redujera a pedazos" con su verborrea (la narradora le dice "deberías haber gritado "me violan"!-me parto- pero Elf le recita un poema de Larkin). También opina que 
"tener ambición es lo más bajo en lo que una persona puede caer" ["to be ambitious is the lowest a person can sink"].
Otra parte que me ha tocado mucho es la crítica muy justificada al sistema de salud mental canadiense; imaginemos lo que será esto en EE.UU. donde no hay sanidad pública.  El psiquiatra no está jamás en la planta, es más difícil verle que a una celebridad; cuando por fin lo consigue, es un personaje insensible y sin empatía, supongo por lo sobrepasado de trabajo. 
"Imagina a un psiquiatra sentado junto a una persona rota diciéndole: «Estoy aquí para ti, me comprometo a cuidarte. Quiero que te sientas mejor, quiero devolverte la alegría. No sé cómo lo haré, pero lo averiguaré y entonces pondré todo mi empeño, mi formación, mi compasión y mi curiosidad al servicio de tu salud, de yu bienestar, de tu alegría. Estoy aquí para ti y me esforzaré al máximo para ayudarte. Te lo prometo. Si fracaso, será mi fracaso, no el tuyo». "Imagine a psychiatrist sitting down with a broken human being saying, I am here for you, I am committed to your care. I want to make you feel better, I want to return your joy to you, I don't know how I will do it, but I will find out and then I will apply one hundred percent of my abilities, my training, my compassion and my curiosity to your health–to your well-being, to your joy. I am here for you and I will work very hard to help you. I promise. If I fail it will be my failure, not yours".
El equipo de enfermería sigue los protocolos: hay normas informadas por teorías basadas en la evidencia como que "no se le pasan las llamadas si ella no sale de la habitación", "no se le lleva comida de casa si ella no sale a comer". Yolandi se pregunta si "la cooperación es un signo de salud mental, qué tiene que ver con que Elf mejore". Se entiende la base científica y el tipo de paciente con el que eso funciona, pero no con Elf. Ella no parece tener un trastorno de la personalidad, pero sí una depresión de caballo.

Y eso que, desde pequeña, Elf era alguien especial y un psiquiatra infantil podría haber visto indicios de futura enfermedad mental. Odiaba el camping y las Navidades: se pegaba con la cabeza en la pared cuando llegaban. Amaba la lectura. 
¿Pero cuál es la base de una sociedad civilizada? Las bibliotecas”, dijo Elf. [“But what is the bedrock of civilized society? Libraries, said Elf.”]
Organizaba campañas, recogía firmas, pensaba en la Revolución ("you put the fist in pacifist"). Corría riesgos, era impulsiva. Dejaba de hablar durante periodos. Tocaba el piano, supongo que obsesivamente, porque así lo tocan los que acaban siendo pianistas internacionales de primera fila, que era lo que terminó siendo ella. Un día que llamó llorando desde un hotel italiano tras un recital me recordó a la chelista Jacqueline du Pré: oh aquella película.

Una persona con una sensibilidad especial, como esas otras con este atributo, las poetas, entre las que encontramos tristemente también una alta prevalencia de suicidio: Safo, las norteamericanas Sylvia Plath (1932-1963) y Anne Sexton (1928-1974), las argentinas Alfonsina Storni (1892-1938) y Alejandra Pizarnik (1936-1972), la chilena Violeta Parra (1917-1967), la portuguesa Florbela Espanca (1894-1930), la rusa Marina Tvetáeva (1892-1941), la japonesa Misuzu Kaneko (1903-1930)... y ya paro, pero hay más. ¿Todas ellas eran seres egoístas y cobardes? 

Cuando algo terrible como un intento de suicidio o un suicidio pasa, choca que "la vida sigue". Es como ahora, que el mundo está ardiendo, y la gente se sigue haciendo fotos en alfombras rojas, o planeando quedadas para bailar y en general preocupándose más por la subida de los precios que por lo que debe ser para toda la gente afectada quedarse sin nada, o morir o lo peor, sin hijos, hermanos, padres, amigos. Pero como dice un personaje, "hay que seguir comiendo" o cuando Yolandi insiste que su madre o el marido de Elf vayan a unos viajes preplaneados, pese al ingreso: "es el mismo principio que en los aviones cuando te dicen que te pongas la máscara del oxígeno antes que a los niños". Tienes que cuidarte para cuidar, algo de lo que nos olvidamos. 

Me quedan muchas cosas en el teclado, pero ya termino con tres ideas fuerza. Porque no sería un divague si no incluyera frases bonitas, solo porque lo son. 
"Enfréntate a las cosas difíciles enseguida y con entusiasmo; luego retírate. Es lo mismo con pensar, escribir  y la vida".“Go into hard things quickly, eagerly, then retreat. It’s the same for thinking, writing, and life.”
Nunca des explicaciones, nunca te retractes, nunca pidas disculpas. Simplemente hazlo y que se quejen.” [“Never explain, never retract, never apologize. Just get the thing done and let them howl.”] (citando a Nellie McClung, la sufragista más prominente de Canadá)
"El dolor cuando se acaba el duelo hace el mismo danio, o más, que el duelo en sí. Significa decir adiós" [“The pain of letting go of grief is just as painful or even more painful than the grief itself. It means goodbye.”]
No sé si Toews habrá leído a Salinas, o que los sentimientos que nos hacen humanos son universales, pero esta última me lleva a su maravilloso poema: "No quiero que te vayas dolor, última forma de amar".  Cuánto dolor en este libro, pero cuánta humanidad, pasión, compasión, risa y celebración de la vida, pese a todo. 

28 diciembre 2025

Desmontando a Holden: Una visión psiquiátrica del prota de "El guardián entre el centeno"

Querida Mini,


"Nunca voy a leer las cartas que os escribíais con el aitá, ya tendré bastante con pasar cinco años leyendo tu blog", dijiste el otro día hablando de nuestra correspondencia cuando nos conocimos, así que no sé si algún día leerás esto. Pero da igual, voy a escribir este divague como si fuera una carta para ti. Porque resulta que, cuando leía el monólogo interior de Holden Caulfield, el adolescente que quiere ser "El guardián entre el centeno", muchas veces te veía a ti. Tu rebeldía, tus frustraciones, tu buen corazón, tu tristeza por dejar la infancia que terminará en cuatro meses.  



Yo leí este libro cuando tenía tu edad, más o menos, y lo único que recordaba era que me caía bien ese chaval de 16, con el que supongo me identifiqué, y que me encantó su voz narrativa. Ahora, más de treinta años después, me sigue pareciendo que la voz que usa Salinger para escribir a Holden es lo mejor de la novela [hay palabras que hoy no impactan nada pero en 1951 eran escandalosas, pero también hay un ritmo, una cadencia que “se oye”, un estilo maravilloso], y además, me sigue cayendo bien Holden.


Y antes de empezar, una nota sobre releer: no lo hago mucho (el año pasado, por ejemplo, "El nombre de la rosa"), lo que releo es siempre muy seleccionado (como ya tenemos una edad, ¿debería abrir un distintivo?). Pero una idea interesante: el otro día alguien dijo que al releer “estás juzgando a la lectora que fuiste”. Y es que no hay como volver a un texto que no ha cambiado para darte cuenta de cuánto has cambiado tú. Casi nada.

El mantra

Ya he dicho que la voz es lo más hipnotizante de esta novela, y sobre lo que se ha escrito mucho: por ejemplo, que Salinger usa las repeticiones para darle esa sensación de coloquialidad, de verdad. Yo, al poco de empezar a notarlas, las empecé a anotar, sobre todo porque me recordaba al primer consejo de escritura que daba Chuck Palahniuk, en su libro "Consider this": inserta un coro (griego) que repite una máxima durante el libro, acorde al personaje, que marca el fin de la escena [e.g. “La primera regla de Fight Club es que no se habla de Fight Club]. Nota: como te dije el otro día cuando vimos la peli de Fincher, de la que te gustó sus "politics", has de leer el libro.

Aquí son frases, latiguillos, muletillas que usa Holden todo el rato: "and all", "she really was", "that kills me", "I swear to God", "or anything", "I'm not kidding", "I'm not crazy about", "old + name", "that's all", "that sort of stuff drives me crazy". No puedo traducirlas porque muchas de ellas cambiarán según contexto. Hay algunas, como el "he/she/it really was" para rematar una frase, que es constante.

Otra técnica de Palahniuk: Salinger se dirige al lector todo el rato (como a veces las blogueras hacemos con los divagantes): "if you know what I mean", "that I told you about", "if you really want to know the truth". Te increpa: es más que un blog,  parece que te está escribiendo una carta. 



El chaval de clase media-alta

Una de las críticas que a veces he oído de esta novela es que cuenta la angustia vital (la alemana "angst" me gusta más, tal vez por onomatopéyica) de un niño de clase bien, al que echan de su enésimo internado pijo, y pasa tres días gastando dinero en Nueva York. Sin embargo, hay observaciones sociopolíticas, de las que daré ejemplos. Siempre se escribe desde la biografía, o vivida en primera persona o vicariamente: JD Salinger era hijo de un importador de comida judío que había hecho muchísimo dinero y que vivía en Park Avenue en Nueva York. Desde pequeño no se conformaba y quería llevar otra vida que la que le había preparado su familia. Rebedía, no pertenecer: Holden.  


Cuando llegó la Segunda Guerra Mundial, Salinger se alistó, marchó a Europa y fue testigo de lo peor de lo que el ser humano es capaz. Y hay quien dice que "El guardián" es una novela de guerra, de alguien traumatizado que derrama sus fantasmas. Por ello tal vez en mi lectura pensaba mucho en Kurt Vonnegut y su "Matadero 5": otro hombre tocado por el horror y que también usa latiguillos: “So it goes” : "Es lo que hay" o “Y así todo”). Aunque no te estalle en la cara, como en “Matadero 5”), hay antimilitarismo en “El guardián: “Mi hermano odiaba al ejército más que a la guerra. (...) Todo lo que hacía era ser el chófer de un general cowboy (...) Nos dijo que el ejército estaba lleno de cabrones, como los nazis”. Por dar un primer trazo de la manera de estar en el mundo de Holden: “Me alegro de que hayan inventado la bomba atómica y esas cosas. Si viene otra guerra, me sentaré justo encima de ella”.

Pero volvamos al internado donde arranca la novela. Holden no encaja en ese lugar que dice modela a chavales en "hombres espléndidos": pero él no conoció allí a ninguno de esos, "quizás a un par, pero que ya debían ser así antes". Piensa que "cuanto más pijo el colegio, más ladrones hay" y en general, odia la falta de autenticidad de todo el mundo.

Holden hace observaciones personales de los chicos muy acertadas: aquel que pasa por tu habitación como por error, que nunca quiere que parezca que ha venido a visitarte. Aquel que pega con su toalla en el culo de la gente, intentando hacer daño: "ese tipo no es solo una rata de crío; será una rata toda su vida". Estos chicos que terminarían en una universidad de la Ivy League: "todos esos cabrones estaban cortados por el mismo patrón: traje de franela gris, chaleco Tasersall tirando a mariquita. No iría a esas facultades ni muerto, por Dios". O el chico introvertido, que nunca sale a la pizarra, que sufre bullying, y que un día se tira por la ventana: todo muy poetas muertos, solo que Salinger lo hizo antes. 

¿Es el despertar de una conciencia de izquierdas otro tema, o soy yo?

Por un lado, a Holden no le gustan los pijos (me dicen que ahora se les llama cayetanos) de la Ivy League, pero cuando está en Nueva York y conoce a unas monjas dice: "Esto suena horrible de decir, pero puedo odiar a alguien solo porque lleve maletas baratas". En el internado, uno de los chicos le acusa de burgués 

"Al principio solo bromeaba cuando decía burgués, y a mí me daba igual; era bastante gracioso, de hecho. Luego, después de un tiempo, se notaba que ya no bromeaba. La cuestión es que es muy difícil compartir habitación con gente si tus maletas son mucho mejores que las suyas; si las tuyas son realmente buenas y las de ellos no. Uno piensa que si la otra persona es inteligente y tiene sentido del humor, le dará igual de quién sea la mejor maleta, pero no es así. De verdad que no." [At first, he only used to be kidding when he was saying bourgeois, and I didn't give a damn—it was sort of funny, in fact. Then, after a while, you could tell he wasn't kidding anymore. The thing is, it's really hard to be roommates with people if your suitcases are much better than theirs--if yours are really good ones and theirs aren't. You think if they're intelligent and all, the other person, and have a good sense of humour, that they don't give a damn whose suitcases are better, but they do. They really do.”]


O sea, el principio es gracioso, pero enseguida se empieza a sentir incómodo y ya en Nueva York comenta que le molesta estar en una cafetería desayunando café y huevos con bacon, y el tipo de al lado solo tome café con tostada. En el fondo, le molesta la desigualdad y me pregunto: ¿es un tema del libro un chico privilegiado que desarrolla ideas socialistas? No es lo que se asocia con este clásico del SXX, pero tengo varios ejemplos (con las monjas, con las mujeres ricas que hacen caridad con sus visones y barras de labios). 





Metaliteratura

Holden pertenece a una familia en la que la escritura es importante: su hermana pequeña es buena escribiendo y su hermano mayor se ha ido a Hollywood a trabajar como guionista. Holden lo califica como “prostitución", porque le parece que eso es venderse, en lugar de escribir por el arte. Salinger escribió relatos para el New Yorker, y parece que para que te publiquen allí, has de escribir como "un escritor de relatos del New Yorker", a lo que él se negó, y aún así le publicaron. No “se prostituyó”.


Y cuando digo que yo me debí identificar con él, sería por cosas como "los mejores libros son aquellos en los que querrías que el autor fuera tu amigo y le pudieras llamar por teléfono cuando quisieras". Holden llamaría a Isak Dinesen, pero no a Somerset Maugham. Claro que en aquella época yo no había todavía leído "On human bondage", pero pienso como él: Maugham no es el primer escritor al que elegiría para llamar precisamente -tampoco a Salinger, que le dio luego por todo tipo de movidas chungas, desde religiones y espiritualismos tántricos hasta liarse con mujeres de las que podría ser padre, o abuelo.

¿Existencialismo en vena o depresión clínica?

Una cosa que me ha pasado por encima como una apisonadora desde mi primera lectura es una carrera profesional. Esto me impide evaluar a los personajes como antes: ahora está siempre ahí "el ojo clínico".  Lo que antes me parecía un chico que se planteaba los grandes temas universales, el sentido de la vida y esas cosas, ahora me parece un chaval que igual está deprimido. 


No exactamente por preguntarse ante un viejo "¿por qué hostias sigue vivo?" -la juventud es así de inconsciente- sino porque ya en la superficie, hay varios factores que pueden contribuir a un trastorno del estado de ánimo en el pobre Holden: no solo se ha suicidado un compañero de internado delante de sus narices, sino que Allie, su hermano pequeño, falleció de leucemia. Cuando nos dice que "yo tenía solo 13 y me iban a psicoanalizar y todo porque rompí todas las ventanas del garaje", suena exactamente como una presentación depresiva en un chaval: no tienen por qué llorar y estar abatidos, como haría un adulto. Cuando oigo a representantes de ciertas tendencias decir que alguien que hace eso, sin pararnos a entender, necesita "mano dura", me subo por las paredes.

Cuando está hecho polvo, habla en alto con Allie. Su hermana pequeña le dice en un punto: “Holden, Allie está muerto”. Pero nada ilustrará el dolor de este adolescente como la escena en la van a visitar la tumba en el cementerio. Es un párrafo tristísimo, desolador y maravilloso a la vez, precisamente por ese tono casual de adolescente perdido. Es imposible meterte más en la cabeza de alguien:

“Llovió sobre su miserable lápida y sobre la hierba que tenía sobre la tripa. Llovió por todas partes. Todos los visitantes del cementerio corrieron a toda prisa a sus coches. Eso fue lo que casi me volvió loco. Todos podían subirse a sus coches, encender la radio y todo eso, e ir a cenar a algún sitio chulo; todos menos Allie. No lo podía soportar. Sé que solo es su cuerpo y todo eso lo que está en el cementerio, y que su alma está en el cielo y todas esas mierdas, pero de todas formas no podía soportarlo. Ojalá no estuviera allí. No lo conocías. Si lo hubieras conocido, sabrías a qué me refiero. No es tan malo cuando sale el sol, pero el sol solo sale cuando le apetece”. [“It rained on his lousy tombstone, and it rained on the grass on his stomach. It rained all over the place. All the visitors that were visiting the cemetery started running like hell over to their cars. That's what nearly drove me crazy. All the visitors could get in their cars and turn on their radios and all and then go someplace nice for dinner- everybody except Allie. I couldn't stand it. I know it's only his body and all that's in the cemetery, and his soul's in Heaven and all that crap, but I couldn't stand it anyway. I just wish he wasn't there. You didn't know him. If you'd known him, you'd know what I mean. It's not too bad when the sun's out, but the sun only comes out when it feels like coming out.”]

Muerte y más adelante, suicidio. Y la razón por la que Holden no lo lleva a cabo, es por no molestar a quien le encontrara: he leído esto antes -no recuerdo la fuente-, pero seguramente Salinger lo dijo también primero:


"Lo que realmente me apetecía era suicidarme, saltar por la ventana. Probablemente lo habría hecho si hubiera estado seguro de que alguien me cubriría al caer. No quería que un montón de curiosos idiotas me miraran mientras estaba todo con sangre". [“What I really felt like, though, was committing suicide. I felt like jumping out the window. I probably would've done it, too, if I'd been sure somebody'd cover me up as soon as I landed. I didn't want a bunch of stupid rubbernecks looking at me when I was all gory.”]

La irritabilidad puede también ser un signo de depresión (o puede ocurrir más frecuentemente en gente con TDAH, ver abajo), pero este enfado con todo y con todos es algo muy evidente en Holden, y la razón que alega la gente que no lo soporta. Holden piensa que está "rodeado de gilipollas" (Holden, me representas). Mil cosas le cabrean, pero la principal, sin ninguna duda, y que se repite durante toda la novela es la falsedad, la hipocresía (el famoso "phony"). Ya su colegio está lleno de falsos, y luego se los va encontrando en su huida hacia adelante en Nueva York. Esto es también muy adolescente y me enternece: yo era tal que así. Cuando tenía 19, estrenaron Cyrano de Bergerac y yo creía que tenía que ir por la vida con capa y espada desfaciendo entuertos, como él. Tenía que hablarlo todo con todo el mundo porque, seguro, lograríamos llegar a una conclusión amigable. Con los años, descubres que con la mayoría de la gente no merece la pena molestarse, así que, en ese sentido, me he convertido en una falsa a los ojos de Holden. Lo siento darling [Holden 1, Di 0].

Y frecuentemente de la mano de la depresión viene su hermana la ansiedad: "cuando de verdad me preocupo por algo, no hago el tonto. Incluso tengo que ir al baño si estoy preocupado por algo. Solo que no voy, estoy demasiado preocupado para ir. No quiero interrumpir mi preocupación para ir". Salinger: maldito genio, cómo lo sabes todo?




¿Y tal vez Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)?

Seguimos con mi catarsis, o dejémoslo en "con otra de mis deformaciones profesionales". Me diréis, hoy en día todos tenemos TDAH, con las pantallas "and all". Pero es que en 1951 leer la experiencia de problemas de concentración e impulsividad en Holden cuando nadie hablaba del tema, me hace sentir un poco menos impostora: "empecé a bailar ese claqué, solo porque me apetecía", "dijo que yo era salvaje y que no tenía dirección en la vida", "nunca me importa demasiado cuando pierdo algo", "casi nunca escucho", "soy demasiado ruidoso", “algunas veces, es duro concentrarse”, “asentí porque me estaba mirando y eso, pero no estaba seguro de lo que estaba hablando” (no hace falta tener TDAH para esta última, con ser teen vale). Me encanta el hecho de que grandes descripciones clínicas se han dado en la literatura antes de entrar en los manuales médicos - igual tengo ahí un divague.

Nota: sobre el tema diagnósticos, el Peda dice: “hoy, todos son psicópatas, autistas, trastornos de la personalidad, lo que sea… antiguamente, eran solo hijos de puta”. Holden ya dijo una versión de esto mucho antes de que naciera el Peda:

“Cada vez que hablas de un tipo que es un cabrón, muy malo o muy creído, y se lo comentas a una chica, te dirá que tiene complejo de inferioridad. Puede que lo tenga, pero eso no le impide ser un cabrón, en mi opinión.” [“Every time you mention some guy that's strictly a bastard— very mean, or very conceited and all— and when you mention it to the girl, she'll tell you he has an inferiority complex. Maybe he has, but that still doesn't keep him from being a bastard, in my opinion.”]


Sexual politics
Hay libros, pelis, series, que envejecen peor que otras. La semana antes de Navidad nos vimos parte de la filmografía de Tarantino contigo y, dentro de que siempre han sido políticamente incorrectas, con el tema de las mujeres no han envejecido mal [larga vida Beatrix Kiddo]. La visión de Holden de las chicas y las relaciones es contradictoria a ratos —no hay que olvidar que estamos en 1951—, pero tiene muchas cosas que me gustan.

  1. Consentimiento, cuando eso ni existía
Holden describe al guaperas del internado y su técnica para meter mano -o quién sabe, culminar- con las chicas: básicamente hacerse el pesado, comenzar con una voz muy sincera y pasar de ella pese a que repita, “no, por favor, no". Esto, como sabemos, ha seguido a la orden del día y todos asumiendo que era lo normal hasta #Metoo: lo del consentimiento no es algo que pensaran en general los tíos que importaba.  Pero mirad a Holden: 

"O sea, ella te sigue diciendo que pares. El problema conmigo es que yo paro. La mayoría de los tíos no lo hacen. Yo no puedo evitarlo. Nunca sabes si de verdad quieren que pares, o si solo están muertas de miedo, o si solo te dicen que pares para que, si sigues adelante, la culpa sea tuya, no de ellas. En fin, que paro". [“I mean – she keeps telling you to stop. The trouble with me is, I stop. Most guys don't. I can't help it. You never know whether they really want you to stop, or whether they're just scared as hell, or whether they're just telling you to stop so that if you do go through with it, the blame'll be on you, not them. Anyway, I keep stopping.”]


  1. Hacer manitas

Monísimo cómo describe eso tan encantador de hacer manitas (y en esta cita se puede ver algo del sentido del humor de la novela, del que aún no he hablado, pero hay mucho):


"Hacíamos manitas todo el tiempo, por ejemplo. No parece mucho, lo sé, pero ella era genial para hacerlo. A la mayoría de las chicas, o se les queda muerta o creen que tienen que estar moviéndola constantemente, como si temieran aburrirte o algo así. (...) Con Jane, ni siquiera te preocupaba si te sudaba la mano. Lo único que sabías era que eras feliz. De verdad que lo eras. [“I held hands with her all the time, for instance. That doesn't sound like much, I realize, but she was terrific to hold hands with. Most girls if you hold hands with them, their goddamn hand dies on you, or else they think they have to keep moving their hand all the time, as if they were afraid they'd bore you or something. (...) You never even worried, with Jane, whether your hand was sweaty or not. All you knew was, you were happy. You really were.”


  1. Algunas de sus observaciones sobre las chicas
Holden sabe que las chicas feas "lo tienen muy duro en la vida". Así es Holden: las feas, porque lo son, y las guapas, porque deben ser tontas, y las que llegan arriba, porque son ambiciosas y trepas y suma y sigue. Ser chica, 80 años después, sigue siendo duro.

Con otra chica se da cuenta que con la gente que sabe mucho de teatro y literatura cuesta más tiempo saber si son inteligentes o no. Esto sigue siendo así: hay gente que confunde el ser culto con la inteligencia. Generalmente, la gente que se interesa por la cultura suele ser más avispada, pero no siempre. 

  1. Dejarse llevar por el momento
“Le dije que la quería. Era mentira. Pero lo sentía cuando se lo dije. Soy un loco”. Ay Holden, quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Eso es dejarse llevar, y eso pasa: eres tan real. Luego ya lo cantó Britney: “Ooops I did it again, I played with your heart/ Got lost in the game”

  1. Rrrraro rrrraro

Pero en una de sus noches en el hotel de Nueva York, cuando el ascensorista le trae una prostituta, no piensa decir no de entrada: ¿en serio? Sin embargo, cuando la tiene ahí, es incapaz de hacer nada. Dice "me sentí más deprimido que con ganas de sexo" (en otro punto había dicho "el sexo es algo que no entiendo, lo juro"). Pero lo más interesante de esa escena es su observación sobre la chica, que no le dice gracias cuando le ofrece algo: "no es su culpa, simplemente no sabe qué es lo que hay que hacer" ("she did not know any better"). Para que luego digan que no hay política. Todo es política.

Unreliable narrator

Pero... ¿quién describiría a un adolescente hoy en día con una prostituta? Hay muchas cosas que hace Holden en esos tres días prenavideños (me ha gustado leerlo justamente en las mismas fechas) en la Gran Manzana (me gustaría haberlo leído en NY: nota mental de releerlo en futuras visitas) que me parecen inverosímiles para un adolescente: ¿qué adolescente viaja en taxi, pide el desayuno a la habitación del hotel, se olvida de coger las vueltas? La conclusión es que Holden, en realidad, es el unreliable narrator (el narrador del que no se puede confiar) por excelencia: a saber qué fue o qué fue solo en su mente hiperactiva. 


El título, la leyenda

No he empezado explicando el título porque tenía que refrescaros quién es Holden para que se entienda. Hay una canción popular escocesa de Robert Burns que Holden no recuerda exactamente, pero en su interpretación dice que él lo que querría ser en el futuro (aquella terrible pregunta, "qué quieres ser de mayor") es el que está en medio de los campos de centeno, que terminan en un precipicio, atrapando a los niños que allí juegan, librándoles de la caída. Una vez que has comprado el buen corazón de Holden, su historia, su desnortamiento vital, es fácil de entender por qué querría dedicarse a eso en la vida.  


A saber qué leyó entre líneas de esa novela el tipo que mató a John Lennon (ya contamos aquí que tenía un ejemplar en el bolsillo), igual que el que mató a la actriz Rebecca Schaeffer o al que intentó asesinar a Ronald Reagan. Si Salinger se había recluido y no quería saber nada del mundo (ni de sus editores: me hace gracia que uno le dijo: “tú no quieres que te publique, tú quieres que te imprima” ; el p. amo), después de estos desastres aún se metió más en su mundo, y una de sus fotos, ya de mayor, gritándole a un periodista, es de las más reproducidas en internet. Nunca quiso que saliera ninguna imagen de Holden en la portada -le había prestado su físico-, ni vender los derechos para el cine. Total, ¿para qué? Si es un libro que no para de vender -lleva ya 80 millones de copias vendidas. 

Corolario
Cuando hacia el final Holden habla del olor del museo, “como si hubiera estado lloviendo fuera, y era el único lugar acogedor en el mundo”, me queda claro que otro de los grandes temas de este libro es la nostalgia por la infancia que está a punto de perder su protagonista. Holden piensa que “hay cosas que deberían quedarse de la manera como son, por ejemplo, los esquimales y los indios del museo, que cada vez que los visitas están igual, pero tú cambias cada vez que los visitas”. Volvemos, y cerramos el círculo con la relectura, es reencontrarte con quien eras la última vez que viniste al museo o cuando leíste ese libro por primera vez. 

Esta relectura no me ha hecho entrar en conflicto con la Di adolescente: me he reencontrado con alguien a quien no me importaría llamar por teléfono para hablar un rato -solo un rato. Quizás leer “El guardián entre el centeno” pueda ser una aproximación a conocerme a tu edad, Mini, ya que siempre expresas curiosidad por conocer a esos extraños, tus padres de adolescentes.

Para darte el último empujón, anotar que leerlo no te costará cinco años, como este blog de entradas larguísimas. Y es que como diría Salinger, que todo lo dijo antes, en boca de nuestro héroe de hoy, Holden Caulfield:
“El problema conmigo es, me gusta cuando alguien divaga. Es más interesante y todo eso”. [The trouble with me is, I like it when somebody digresses. It's more interesting and all.]