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23 septiembre 2022

Anarquía (histeria colectiva) en el UK

"A major design flaw of the human body is its tendency to bend at the knee"
(Un fallo  mayor en el diseño del cuerpo humano es su tendencia a doblar la rodilla)

Terry Pratchett


 

 Antes de empezar este divague, tomar aire y un poco de Sex Pistols - esta vez "Anarchy in the UK" porque el "God save the queen" ya lo puse en los comienzos del divlog (sugiero dejar la canción puesta durante la lectura). Pero me temo que lo de la anarquía es solo wishful thinking (ilusiones): aquí lo que tenemos es un caso claro de patéticos servilismos, de panem-et-circensis y de histeria colectiva.

Cuando hacía segundo de BUP me compré mis primeros dos Freuds (locuras de juventuz, culparé a las monjas que los desaconsejaron), que los editaba como churros Alianza: el famosísimo "Introducción al psicoanálisis" y "Psicología de las masas". Afortunadamente no recuerdo nada (el primero, un tocho, no lo terminé), pero el segundo puede dar una idea del título del divague: ?hemos sufrido un caso de histeria colectiva en el UK con la muerte de una señora de 96 años que lleva 70 teniendo todo tipo de privilegios sinsentido y que es una figura representativa de todo lo que no me gusta? Es mi hipótesis. 

Nota: Si a alguien le interesara o interesase mi visión  sobre la monarquía le emplazo a cualquiera de mis escritos sobre los distintos fkin jubileos que nos hemos tragado los que llevamos unos añitos ya en la isla. Hubo uno reciente, pero no olvidemos 2012. Hoy no entraré: solo pretendo ser la enviada especial del divlog en la ciudad. Vamos.

~~~

Ha sido horrible. 

Podría terminar aquí, pero sigo.

El pulso del país
No veo la tele y estos días no he escuchado la radio. Solo he abierto The Guardian, el periódico menos rancio de este país y allí, buscando mucho, he encontrado varios artículos de opinión interesantes sobre los republicanos en este país (haylos!), sobre la imposibilidad de disentir (te arrestan si gritas "disgusting" al asqueroso hijo abusador de menores), sobre la ilusoria unión de este país por la ya difunta, sobre la gente pobre que no puede permitirse no trabajar el día festivo,  y suma y sigue. 

He hablado con gente, en general no-simpatizantes, que se han tomado a risa esta parafernalia, pero tengo dos representantes de lo contrario. Una compa irlandesa dijo estar "gutted" (curioso que una católica irlandesa diga que está hecha polvo: recordemos todas las movidas , todas de origen religioso, que ha tenido Irlanda con Inglaterra). Otra conocida fue con su nieta a poner flores y "vió pasar el coche con el ataud": estábamos en la reunicón tres disidentes y tuvimos que hacer esfuerzos para no hacer bromas. 

Mi visita a Westminster Hall
Sé que como reportera destacada del divlog en la City se estaba esperando que, si no invitada a los fastos, por lo menos habría hecho la cola para ver un trozo de tela. Dicen que se alcanzaron las 17 horas de espera pero no sé si creerlo: la distancia se hace en dos horas (es un trecho grande, sí), pero iba bastante fluido, por lo menos el rato que pasé por ahí (más de esto abajo). 

Decía, que si bien os he defraudado no yendo a la cola, tengo un sustitutivo que igual os ilusione: justo la semana anterior había estado yo pispa en la House of Commons por motivo de trabajo (en el MI5, por eso no salgo en el blog). Era mi segunda vez, pero volví a hacer fotos hasta donde dejan, entre ellas en el Westminster Hall, que os habréis cansado de ver con el catafalco y supuestamente la caja arriba. Así que aquí van algunas fotos sin la pompa y circunstancia de estos días:

Westminster Hall una semana antes


Quiero enfatizar lo precioso que es el techo de madera (estos días he aprovechado para "racionalizar" el desván de mi casa y es igualmente de madera, igual un poco menos ornamentado). 


Están obsesionados
con las regulaciones de incendios
por buenas razones

Debajo incluyo la placa (lo siento, no la puedo enderezar)  que está al pie de las escaleras y en el trocito de suelo donde juzgaron a Charles I y condenaron a muerte en 1649. Luego vino Charles II, que se tuvo que esconder en un roble de los enemigos en 1660 y ahora llega Charles III que, el pobre, pasará a la historia por haber querido ser un Tampax.

No sé girarla, sorry

La siguientes son del pasillo a la izquierda del Hall






Luego se pasa a otra zona muy enmoquetada donde no se pueden hacer fotos, pero antes de terminar incluyo dos que igual sean de interés:

Esta es la ventana del banio.
En serio, enfrente están los cubículos

Esta es la canteen. San Pellegrino de limón.


Teorías de la conspiración
Yo, de ser influencer, me dedicaría a la agit-prop habitual, pero en circuntancias como esta me gustaría crear y difundir una teoría de la conspiración tipo: imaginen que no hay nada en la caja bajo la tela. Imaginen que la venerable anciana estaba en un frigorífico y toda esa panda de enloquecidos hubieran hecho esa fila para un Kinder sin sorpresa dentro. 

"God save the queue"
Sospecho que a muchos les habría dado igual. Unos psicólogos sociales se fueron a estudiar las motivaciones de la gente en la fila y llegaron a la conclusión que, aparte de los monárquicos fervientes, también había gente que iba por aquello del FOMO ("fear of missing out"), miedo a perderse algo bueno, por ser parte de un evento histórico, por ser actores de un espectáculo que otros (paso al frente) iban a mirar, por estar en el salseo. Un segundo artículo posterior del mismo equipo reveló que la gente había salido "transformada por la experiencia". Esto hay que entenderlo: has devastado horas de tu vida en una pantomima, tienes que justificarlo a ti misma. Es un proceso psicológico conocido, similar al que ha pasado con el Brexit.  "God save the queue" era el buenísimo titular. 

Los que iban a mirar a los de la fila
Ahí entro yo, por mi compromiso ciego con este blog, y porque me pillaba de paso en mi paseo ciclista del sábado. Cuando llegué al puente de Vauxhall: nada. Tiré hacia el parlamento por Millbank -la calle de la Tate Britain- y allí ya había algo de marcha: una ambulancia y algo de policía. En el siguiente puente, el de Lambeth, era el que cruzaba desde el sur del río la fila. O sea, si una se cree lo de que esperaron 17 horas, quiere decir que esa gente que no parecían tan mal, entre nosotros, llevaban ahí toda la noche? Vivir para ver. Aquí van mis fotos de la cola:

Mi reportaje empezó en la Tate Britain: aún nada

10.0000 polis pagados por mí y otros contribuyentes


Otrso-esta la pongo por el London Eye
y el hospi donde nació Mini, imagen recurrrente del divlog


Monumento a la resistencia francesa, y la cola


Así me hubiera gustado retransmitir a mí

Westminster bridge: aquí crucé al norte


Cielo ominoso sobre Blackfriar's Bridge:
fans de "El padrino" os sonará,
aquí se "suicidó"  el "banquero de Dios"



Cosas que una se encuentra por ahí
y son reales, quiero decir, verdadera
s

Como han adivinado,
ya cerquita del Shakespeare's Globe
Romeo, where the fk are you!?


No sé si se aprecia, pero sigue la cola pasado Tower Bridge
(foto desde London Bridge)



Lo de las abejas
No quiero terminar sin mención a una de las muchas cosas enloquecidas que hemos vivido estos días. Resulta que "hay que informar a las abejas de la muerte de la reina". What the fuck?  Estoy hasta arriba de escuchar lo mismo una y otra vez, como discos rayados idiotas "es TRADICIÓN". Resulta que en tiempos pasados se empezó a informarlas porque si no, no hacían miel, y hay que seguir. Todo muy lógico y natural. Esto es como cuando se ponían plumajes en los taparrabos para invocar la lluvia. Como nota de esperanza, Mini, gran fan de la reina tras el comecocos en la escuela primaria, esta vez, ya en tercer anio de secundaria, cuando les hicieron escribir un párrafo de condolencia, se fue sin entregar el folio: "no tenía nada que decir". Go Mini!

"El funerario"
Tengo una amiga francesa que insiste en hablarme en castellano y a veces usa palabras graciosas. Escribe: "lo que más me gustó del funerario" (de ahí que la use, me gusta), decía, "lo que más le gustó fueron los gaiteros con sus faldas". Según ella, entiende donde se inspiró Jean Paul Gaultier. Bueno, querida amiga, los hombres con faldas siempre han sido un SÍ en este blog, nos ponen mucho. Descubrí Utilikilts en Seattle hace mucho tiempo y, sinceramente, no sé por qué esto no se ha hecho viral. 

Más sobre el tema funeral-funerario, del que me han mantenido informada la familia y amigos de la península (los pobres, contactaban esperando que yo iba a ser fuente de noticias!). Los dos highlights han sido: 1. mi madre ("qué bonito ha sido"), y yo, "mamá, la yaya siempre decía "no hay boda pobre ni entierro rico":  pues esto ha sido una excepción. Y 2. Fashion, que quería comentar "estilismos de Kate y Meghan" y he tenido que buscar. Ya que se interesan por mi análisis como influencer de la moda que soy: ambas muy bien, en particular Kate. Ahora,  no entiendo lo de los zapatos estilettos caminado por el pavés, a mí me da una urticaria feminista.

Así que no les pude contar porque el día del funerario me lo pasé por la maniana en la "optimización del desván" y por la tarde perdiéndome -literalmente- en Wimbledon y tomando algo con amigos en un pub. No oí caniones ni salvas, no vi nada. Entonces cayó en mis manos la Time Out del otro día, en la que dibujaron la cara de la reina con símbolos de Londinium (pendientes con el símbolo del metro!), ella que era puro símbolo de un proceso por el que enormes cantidades de riqueza y poder han sido acumuladas y pasadas de generación en generación.  God has not saved the Queen, nos salvaremos nosotros de nuestra propia estupidez? 







17 septiembre 2022

Invitación a una fiesta: "Disfrázate de lo que querrías ser" (Y tú, de qué irías?) Relatos de John Cheevers y ese anuncio de Levi's

Hace unos días, cuando aún se podía andar
cerca de Westminster Abbey
"A vision of the world"
es el título de una recopilación de relatos del americano John Cheevers -recomendación de una gran fan suya, Elena Rius-, autor al que yo no había leído. Esta selección la ha hecho Julian Barnes, autor amigo (e.g.
"The sense of an ending", "Levels of life"), y en su introducción nos cuenta la vida y dilemas de este autor, junto con sus temas: la familia de la clase media americana de mitad de siglo XX (con su casa con piscina, perro, niños, esposa con falda de vuelo y el pelo-laca, que le dan al pimple nivel leyenda y que se ponen los cuernos) es en realidad una fachada que intenta esconder su corrupción interior de un tipo u otro.

Y resulta que Cheevers nos está contando su vida. Nació en Massachusetts en 1912 y según Barnes,  era un hombre que detrás de su foto de familia ideal en casita de la costa este, mujer amantísima y tres hijos perfectos, escondía un problema serio con el alcohol -más que evidente en sus relatos- y una bisexualidad que no llevaba nada bien. Vivía atormentado por ello y tenía sexo fuera del matrimonio tanto con hombres como con mujeres - como dice un personaje de uno de sus relatos, "si no tonteara por ahí, no sería fiel a mí mismo". Si uno escribe siempre desde su biografía -vivida en primera persona o bien en tu cabeza, Cheevers parece ser un ejemplo de lo primero.

Escribió cinco novelas pero sobre todo, su terreno eran los relatos, que publicaba en el New Yorker. Me río cuando al comienzo de uno de ellos ("El brigadier y la viuda del golf") el narrador dice: "no quiero comenzar cada mañana como aquellos escritores que dicen oh Gogol, oh Chejov, oh Dickens , qué hubierais hecho con..." (aquí se puede poner cualquier material sobre el que tú quieres escribir y sabes que ellos habrían hecho maravillas). Me suena. 

La fiestuki no se acaba nunca
Los personajes de sus historias están continuamente de fiesta en fiesta- y qué fiestas: "todos sabemos cómo es una fiesta después de medianoche cuando la gente empieza a saltar a la piscina", dice (yo quiero, aunque estoy pensando en "El Gran Gatsby"), o incluso sin piscina, aquellas en las que al final siempre quedan esos 10-12 incombustibles (die-hards, me encanta la palabra en inglés) que "se sienten incapaces de poder terminarla".

En estos saraos, los personajes se encuentran con sus amigos, los que han mantenido a lo largo de los años. Entre ellos hay gente brillante, pero también la tira de aburridos y sin luces. El momento que todos hemos vivido en esa fiesta en el que piensas “¿qué hago aquí?” y que comienza a limitar tu asistencia a las mismas (con esa bajada de tolerancia para los estufas se nota tu edad). Cheevers: "él había cometido el error de escucharles a todos con la misma atención. Había confundido falta de discriminación con amor cristiano". A partir de los 50 nos va quedando menos amor cristiano.

En una de disfraces el tema es "ven de lo que querrías ser": ese dilema. La mujer del narrador va con su vestido de novia y él de futbolista ("esto ponía en evidencia que las luces de nuestra juventud se habían apagado y nosotros, incapaces de encontrar otras luces que nos guiaran; y así sin fe ni principios, habíamos terminado idiotas y tristes"). Mientras leía recordaba, por contraposición, algunas de mis aburridas fiestas temáticas de hawaianos, años 60, halloween o de-la-toga-sin-nada-debajo (esta última, bueno). Me están dando ganas de dar una fiesta solo para bucear en lo más recóndito de mi círculo, pero no nos precipitemos (aunque daría para un divague, termómetro de algunas de mis actividades), no hace falta ir tan lejos: la pregunta puede funcionar incluso como escondida “dinámica” en una cena con amigos, tal vez hacia el final, cuando alguien dice abrimos otra botella y la mayoría asiente. Puede resultar intrusivo, a juzgar por algunas de las respuestas (sí, ya lo he probado), aunque muchas son predecibles (la de los que escribimos un blog, obviamente: ¿no es esto un desnudo cuasi-integral semanal?) Es a mí a quien le gustaría saber de lo que irían los divagantes, esos seres (optimista, tal vez ser) en la sombra...

Esto no es de Cheevers, pero sigue el tema existencialista del párrafo anterior y ahí va - ya que el divague me está quedando sucinto. En una carta al director del Daily Telegraph (Torigraph) de hace unos años, un hombre cuenta que su mujer mandó un whatsapp a su hija: "What do you want from life?" (¿Qué quieres de la vida?). Padre e hija se maravillaron de la pregunta inesperada y profunda y llegaron a varias conclusiones juntos: “amor, plenitud, riqueza, las tres…” Cinco minutos después recibieron otro mensaje de la madre, disculpándose y culpando al corrector predictivo, la pregunta era: "What do you want from Lidl?" (¿Quieres algo del Lidl?). Ahhhh.

Las parejas de Cheevers: mátame camión
Pero divago. El primer relato ("La radio enorme") comienza con la descripción de una de esas parejas de suburbia [nota=sé que esta palabra no existe en castellano en femenino y que en masculino alude a un barrio más bien poco afluente, pero en inglés "suburbia" simplemente es un barrio residencial de la periferia y me gusta, supongo, por la canción -que, sí, delata mi edad- de los "Pet Shop Boys"]. Llamaban a Cheevers "el Chéjov de los barrios", y qué fino ojo para las observaciones, de las que es imposible no colgarse: "es una pareja justo en la media de ingresos, actitud y respetabilidad de las estadísticas de los boletines de ex-alumnos", "que van al teatro 10.3 veces al año y que esperan, un día, vivir en ... " (cada uno que anote aquí la suburbia prometedora de su ciudad). Del marido, "sus maneras eran vehementes, era serio e intencionalmente ingenuo" pero no hay que "confundir circunspección con carácter". Habla de "matrimonios intactos y productivos". Maremía, si ya dicen los más amables que un matrimonio es una empresa (los soeces osan a llamarlo “institución”), queda claro lo que es uno "productivo".

Parejas que están, comprensiblemente, aburridas hasta el rigor mortis (stiff-bored, otra palabra del inglés difícil de traducir) uno del otro. El marido que cuando llega de su jornada laboral jura en hebreo porque la cena no está lista, broncas y re-encuentros sexuales que animan la cosa por unos nanosegundos. Broncas: lo único que no parece perder interés pese a la repetición. Si una de esas amas de casa le ha dado por leer las páginas de psicoanálisis de su revista ligera, le dice al marido "dejas tu ropa sucia tirada por ahí para expresar tu subconsciente odio por mí", y cuando amenaza con irse (Di, tía, reconócelo: ?igual no todo el psicoanálisis ha sido malo?) el marido opina: "no entiendes lo que es la vida ahí afuera, las largas horas que tienen que hacer las mujeres que trabajan, que todas sus amistades lo eran por su marido, que se iba a encontrar sola. Julia: no entiendes que te has convertido en alguien totalmente dependiente de mí". Lo sé: es horrible, es una historia de terror, sin cadáveres ni sangre, disfrazada de historia de colores pastel.

A veces leemos para tranquilizarnos al constatar que no somos el mundo que describen en las novelas. ¿Eres tú acaso esa pareja? Nooo, pero ¿aquella otra? "El tiempo, maleducadamente, nos quita los privilegios del que solo mira, y al final, aquella pareja hablando tan alto en francés en el lobby de aquel hotel de Atenas acabas siendo tú". Cabrón eres, Cheevers: "De cuando Martina-Valentina acabas siendo tú" (solo para los sufridos divagantes del diario vacacional).

Tema político social: cómo está el servicio
Dice Barnes que Cheevers no entra en actualidad ni en crítica sociopolítica. Yo no le he leído como para hablar con conocimiento de causa, pero cómo con este material no hacer, aunque no quieras, política (recordemos, todo es política, también cuando pretendes no hacerla).

Hay un relato ("The sorrows of gin"), en el que habla desde el punto de vista de una sirvienta, que mientras piensa en su hermana, que también estaba “sirviendo” (odio esta palabra), reflexiona, "es un trabajo solitario. Estás rodeada de una familia pero no eres parte de ella. Tu orgullo a menudo se duele. Las señoras son condescendientes y poco consideradas. No las culpo: es la naturaleza de la relación". [lloré con “The help”, y eso que solo está narrada desde el punto de una de las blancas]. Pero me encanta cuando al final se rebela ante el señorito de turno que la acusa de beberse la ginebra y le dice "no tengo por qué estar aquí siendo insultada por un borracho". Go girl!

En otro relato (“Goodbye, my brother”), la familia se lleva a la cocinera de vacaciones y también va el hijo oveja negra que no suele. Ellos van a nadar y a tomar martinis en la playa diciendo cosas como "tengamos una mañana fabulosa", ese tipo de gente. El descastado sin embargo se va a los bajos a hablar con la cocinera y de paso meterle ideas revolucionarias como que debe sindicarse para tener vacaciones y que le paguen más. Ella, la pobre, se siente mal porque cree que eso es compasión y no le gusta dar pena. Veo que la confusión de algunos miembros de la clase trabajadora sigue intacta. Caridad vs. justicia. Limonsa vs. impuestos. Luego votan a la derecha. La perplejidad del pródigo no mejora cuando su familia vuelve de la playa y se sientan a jugar a las cartas con dinero de por medio. Ganar o perder pasta, ¿qué importa? Lo que se pierde es tiempo: con este personaje es de los pocos que me he identificado de todo el libro.

Durante un affair se es mejor persona

El protagonista de “The brigadier and the golf widow” tiene un affair con una mujer rellenita: "esta grasa no tiene función reproductiva, pero él habría dado su alma por estar con una mujer un poco rellena" (se puso de moda decir que a los tíos no les gustan las delgadas sino las curvies: es evidente que a las mujeres se la suda lo que opinen ellos porque si pueden elegir, prefieren ser flacas, es así. ¿Alguien se ha cambiado el pelo por lo que opine su novio? Pues eso). Ella le dice: "esto no lo he hecho en mi vida" (lo del affair). Y él, con sensación de dejá-vu, porque: "en barcos en el mar, en los trenes, en hoteles de verano con vistas a la montaña, ellas siempre dicen, no he hecho esto antes".

Me río mucho con su cinismo, con su cachondeo cuando cuenta el estado mental del prota: "Una nueva conquista siempre tenía un efecto maravilloso en Charlie. Se convertía de la noche a la mañana en un ser generoso, amistoso, comprensivo, de inacabable buen humor, relajado, amable con gatos, perros y extraños, expansivo y compasivo". No solo la primera vez, ahora traduciéndola para el divague me estoy riendo, es que veo al tío bailando con las farolas á la Gene Kelly: nadie ha descrito mejor los efectos distales de la dopamina.

Y para auto-justificarse, lean a Charlie: "Hay tan pocas maneras verdaderas de olvidar en esta vida que, ¿Por qué debería justo él evitar la medicina, incluso cuando esta parecía, y lo era, un poco cruda?" Es cruel pero divertidísimo presenciar la disonancia cognitiva de otra gente (o como Cheevers dice mucho mejor: "nadábamos en la tumba de la coherencia social").

Cheevers: feminista, sin saberlo?
Si bien dicen que no es político, no se menciona en la intro de Barnes el feminismo. Me imagino que tal vez conscientemente tampoco estaba Cheevers -imaginemos la época en la que escribe- intentando avanzar la causa del feminismo, pero es que nosotras vemos cositas donde sea. Porque lo que sí que describe son muchísimas mujeres desesperadas, mujeres que de repente se quedan con la mirada disociada en el infinito y que "no contestan si se les habla".

Mujeres a las que los hombres eligen, tal vez inconscientemente, por su falta de confianza en sí mismas. "Su timidez, su falta de punto de vista, era la promesa de que él no tendría ninguna consecuencia por sus actos". Hay hombres que no se atreven con mujeres con ideas propias y hacen lo posible por ridiculizarlas. Esto no es suburbia yanqui de los 50, esto es rabiosa actualidad. Nos da igual.

Mujeres que eligen -siempre desde la óptica de el narrador “mostrar los aspectos más ásperos de su personalidad cuando estaban juntos”, y el narrador concluye: “si esto eran maneras indirectas de mostrar decepción, era una decepción que ya no lograban tocarle a él". Se ha tocado fondo, porque lo opuesto del amor no es el cabreo, es el que todo te resbale. La única mujer enamorada que describe Cheevers “como cualquier amante, es inmoderada” es una madre por su hijo.

The swimmer
Su relato más famoso es “El nadador”, del que se hizo una peli con Burt Lancaster en 1968. El relato toca algunos de los típicos temas de Cheevers pero en él, el existencialismo que los impregna a todos es igual más salvaje. A mí al leerlo me recordó inmediatamente a uno de mis anuncios favoritos de la adolescencia. ¿Alguien se acuerda de los anuncios de Levi's 501? ¿Eran ellos la razón por las que íbamos todos los jóvenes de los 80-90 uniformados con estos pantalones? (llegué a tener 11, de distintos colores). ¿Por eso nos compramos el disco de “Lo mejor de Dinah Washington”? (soy culpable). No lo sé, solo que he vuelto a verlo para colgarlo aquí y me sigue gustando lo mismo…

Yo por ejemplo, iría a una fiesta disfrazada de ese tío…

13 septiembre 2022

Serial: Mirada (des)apasionada semanas después

En Septiembre de 2018 -hace 4 años- comencé a escribir ficción. No era la primera vez que lo hacía, he escrito unos cuantos relatos tanto en el blog como fuera de él, pero nunca me había planteado escribir "una novela". Y va entrecomillado porque me da pudor llamar así a “Serial” (tengo tentaciones de robarle el "nivola" a Unamuno, aunque por estas otras razones-él lo usó para distanciarse del estilo de novela imperante -realismo- a finales del siglo XIX). Al principio, en casa, se reían y es la forma como mejor he llevado esto: "cómo va tu novela", decían con retintín, o "no me puedo creer que hayamos venido a Yorkshire porque aquí performa la novela de la amá" (esta fue Mini en aquellas maravillosas vacaciones pandémicas que subimos a los páramos donde transcurre Serial).

Mi familia



Enmedio de todo, la pandemia
Ah sí, pandemia: esto es uno de los pequeños eventos que tuvieron lugar desde que empecé con esto. Crisis que se podía también ver como oportunidad: corría la primavera de 2020, cuando creíamos que íbamos a hacer todas esas cosas pendientes tipo ordenar fotos o volver a aquel instrumento. Pero nada, no ocurrió -tampoco el instrumento o el hornear (bien). Varias razones, pero una clara es que seguí escribiendo el blog (lo que pasaba tenía tal urgencia que no podía dejarlo de lado para contar una historia ambientada hace 25 años) e iba intercalando Serial. Tampoco ocurrió en la primavera de 2021. Por fin, a finales de la de 2022, el 27 de Junio en concreto, le di al último “publicar”. Casi 4 años y 130.000 palabras después (más de esto luego).
Ni una pandemia pudo acortar el proceso


Parones: pedir demasiado al lector
A veces hubo épocas de parón... creo que incluso una de varios meses. No fue nunca por bloqueo o similar, simplemente no me sentaba: la vida se imponía y no encontraba momento. Retomarlo tras los paréntesis largos era duro, yo misma no me acordaba y era mucho pedir que alguien lo hiciera, me hago cargo. Si siempre Serial tuvo menos lectores que las entradas del día-a-día del blog (que ya es decir), cada vez fue quedándose con menos. Esto me pareció del todo comprensible, pero yo no solo disfrutaba escribiendo, es que creía en esta historia - o mejor dicho, en esta no-historia, porque hasta el final no pasa mucho. Entonces pensaba que esos capítulos casi solo de "ideas" o pacientes puntuales tal vez se podrían leer como entradas independientes, porque la trama era lo de menos. Lo de más era mostrar un ambiente y que en él se propiciaran ideas: no me interesa la acción, aunque al final hubo bastante-para mi gusto.

Serial: Pura adrenalina


Las musas
Creo que ya he contado alguna vez qué me dio la idea de Serial: leí "The secret history" de Donna Tartt, una historia de estudiantes de clásicas en un campus universitario. Siempre me han gustado las "novelas de campus" como género- aquí hay una lista-, un grupo de gente que vive en una institución apartada de la sociedad -generalmente una universidad-, y lo que allí pasa. Pero esta era muy mejorable: demasiada acción y muy poco "mundo clásico". Para mí, hubiera mejorado si en lugar de describir el tiempo que pasaban subiendo y bajando a la cabina (era esa época) hubiera incluido largas conversaciones entre los estudiantes y algún profesor sobre literatura y filosofía de Grecia y Roma.  

Las obsesiones propias
Entonces surgió la idea: yo en una novela de otros querría leer sobre el mundo clásico, pero si yo pusiera a hablar a personajes míos, de qué temas hablarían? Dicen que todos llevamos al menos una novela /nivola dentro, y la mía tendríá personajes que hablan de la mente y del comportamiento, de literatura, de qué es naturaleza y qué es adquirido, de la experiencia de salir de tu casa a un país extranjero, del género humano, de qué significa la maldad, de cómo hemos de abrirnos paso las mujeres. Mis temas. 
Sus temas

El lugar: Banderley, otro personaje
Luego, dónde estarían mis personajes? En un sitio que me gustase, donde quisiera yo pasar muchas horas. Ese lugar podría ser Yorkshire, en concreto un edificio victoriano fantasmagórico al que podría llamar Banderley (homenaje espero obvio a Manderley), que sería un personaje más de la nivola. Había vuelto al principio: iba a ser una novela de campus -en la que el campus era un hospital enmedio de la nada. 



Escritura de mapa o de brújula?
Así que con esas mimbres, me lancé. Sin saber nada de lo que iba a ocurrir ni siquiera en el siguiente capítulo, sin conocer a la prota -ni saber al principio su nombre- ni que iba a evolucionar como lo hizo.  O sea, hice una "escritura de brújula", partiendo solo de las ideas de arriba, sin conocer la historia. 




Me encanta escribir el blog pero esto era aún mejor - aunque más duro. Al no haber escrito nunca ficción de cierta extensión, lo que no sabía es lo que me iba a divertir no saber cómo iba a terminar el capítulo (en este caso, la entrada).  Que me sentaba al teclado sin saber qué, y partía de una imagen, o una canción, o una idea, y de repente, me salía todo de corrido. Por ejemplo, a veces estaba leyendo un ensayo o un artículo y aprendía cosas, y en lugar de hacer una entrada fría de blog, lo digería y convertía en una conversación entre dos personajes. 

¿Ha funcionado eso? No lo sé: para mí sí, porque he leído el ensayo y me apasiona el tema, pero no sé cómo funciona con los potenciales lectores para los que los neurotransmisores no sea su interés especial. También he tenido que cuidar con las dis-cronías, porque hay cosas que se saben hoy que a finales de los 90, no. 

De todas formas, tal vez no sea objetiva, pero lo que firmemente creo es que no hay otra disciplina más apasionante que el intentar entendernos y entender al otro, luego mientras escribía, tenía claro que a mucha gente eso le iba a interesar. No sé si lo he transmitido bien, pero espero que se haya sentido con la vehemencia que creo esto. Siempre he pensado que, en las manos de un@ gran escritor@, el potencial de Serial hubiera sido enorme.



El gran tema: la voz
No le di vueltas a encontrar una voz, eso sí que sabía que iba a ser la mía, la del blog, tal vez un poco más cuidada. A ratos con humor, a ratos intensa, a ratos didáctica. Iba a ser en primera persona porque me resultaba más fácil, aunque sabía que corría el riego de que se me identificara con la protagonista. Si Madame Bovary c'est moi, que decía aquel, era yo Mariona Calleja? Evidentemente, todo lo que le pasa a ella no me ha pasado a mí, pero su voz, sí, c'est moi. 

Cómo manejar el río de montaña loco que son mis ideas
Mi técnica para escribir es diferente de esos escritores que dicen que "no ponen la palabra adecuada hasta que la encuentran". Yo escribo la entrada super rápidamente, de corrido, sin tener en cuenta el estilo. Las ideas me vienen todas de repente, y las tengo que atrapar, que no se me escapen. Después de esa versión, la empiezo a trabajar, una y otra vez. Es terrible pero la versión final siempre tiene más palabras, porque se han extendido ideas como con tentáculos. Soy así, una rollera.

Habrá que ir terminando, que esta gente se querrá ir
Mientas escribía, iba pegando las entradas en un docu de word. Cuando llegué a las 80.000 palabras pensé que tal vez debería pensar en ir terminando (se aconseja que una primera novela debe tener entre 80 y 120 mil palabras). Entonces no estaba ni de lejos cerca del final porque, no olvidemos, tenía que "resolver un misterio", que había dejado sugerido por ahí y que ni yo misma sabía exactamente cual iba a ser. 



Entiendo ahora a los escritores que hacen trilogías o sagas, o cuyos personajes salen en varias de sus novelas porque yo podría haber seguido escribiendo sobre la vida en Banderley indefinidamente: simplemente integraba en la vida de ese grupo de personas -a los que cada vez iba conociendo más yo misma- cosas que me interesaban a mí, lo que yo escuchaba, leía o veía. 

A partir de ese momento, perdí la libertad del principio, en el que me ponía a escribir y a ver qué salía. Sé que es lo que dicen todos pero (atención, esto tiene un tortazo, pero es que fue así), entonces las historias se empezaron a cerrar casi ellas solas.  

También sentí cierta preocupación sobre la sensación de vacío que iba a tener al terminar: ya no iba a pasar más tiempo con esos personajes y en Banderley (esto me ha pasado alguna vez con libros leídos). 

La poda: ese dolorosísimo proceso
Serial tiene 129,000 palabras. Según Stephen King en "On writing", hay que quitarle 12.900 (10%). Ese es mi trabajo ahora, y me va a costar un dolor. No sé bien para qué. Y aquí enlazo con el futuro de Serial, que tampoco sé cual es. De momento, que lo tengo que leer del tirón, a ver si se sostiene. En esa lectura, tendré que "podar" y encarar algunos temas como los tiempos verbales que desde hace mucho sé he cambiado (de escribir en al pasado pasé sin darme cuenta al presente, y me gusta más). Dejar pasar un tiempo y luego... no sé. 

"Voluntarios"
Aparte del par de divagantes que han ido leyendo (os quiero), tengo a algunos amigos que "se ofrecieron". Dos de ellos no me han dicho nada. Otro es psicólogo y está leyendo una traducción informática al inglés (pobre): la parte "ensayo" de Serial es su profesión, luego no es un buen termómetro sobre si esa parte es aburrida para lector de fuera del ramo.  Hace poco empezó un amigo del Peda que tiene tres novelas publicadas y cuando llegan sus emails los abro con la emoción de una niña a la que le dan las notas. 

Serial: solo para iniciados?


Y al final... donde empieza todo
La sensación de vacío no llegó tal vez porque desde que le di a "publicar" al Serial 50, he tenido un largo verano de por medio con mucho que escribir. Pero antes de irme comencé esta entrada, para aclararme yo misma sobre qué era eso que me había ocupado tanto tiempo físico y mental. Hoy la termino, más de dos meses después sin haber llegado yo a una respuesta racional clara -como me gustan a mí las cosas. 

La respuesta -nada racional, pero muy clara- me encontró a mí una noche de agosto. Por la huelga de trenes tuvimos que coger un autobus desde el aeropuerto. Cuando llegamos a Londres me di cuenta de que el bus paraba allí, en Victoria Coach Station, el lugar donde llega Mariona Calleja al comienzo de Serial. Esta estación es también a la que llegué yo hace 25 años, y he pasado muchas veces sin ni siquiera considerarlo. Esa noche al ver el rótulo y salir por el pasillo hacia la calle descubrí que la idea de mí misma allí, recién llegada, nunca me causó -ni ahora tampoco, claro- ni una fracción de la emoción que me estaba provocando pensar en Mariona con sus maletas en Victoria Coach Station donde, como siempre, llovía. 

Victoria Coach Station: Aquí empezó todo


26 agosto 2022

John Barrie y Phileas Fogg. Absténganse de "expresiones románticas". Masaje de pies á la Pulp fiction. Culpemos al champán.

Yo en otra vida pude haber sido una versión de Hans Castorp, señorita decimonónica rica que languidecía en un balneario, por mi gusto desmedido por aquello de "tomar las aguas". Me debe venir de familia porque la Yaya siempre iba unos días con su padre a los "Baños de San Vicenc" al lado de Bellver y aunque yo nunca estuve, siempre nos hacía parar allí el coche para beber de una fuente de agua caliente maloliente (ya se sabe, las sales minerales) porque le tenía mucha fe - las fes de la Yaya eran curiosas, otra ya divagada era el "Agua del Carmen" -56 grados- de los monjes carmelitanos, que insistía en darnos para los nervios antes de los exámenes. Con el paso de los años he estado muchas veces en spas y diversas versiones de termas, algunas incluso han sido contadas en el divlog, en realidad como excusa de otra historia - una para demostrar mis habilidades como Sr. Lobo ("soluciono problemas"), otra diario de viaje,  otra para hacer una de mis arengas fáciles tipo proletarios-del-mundo-uníos. 

Hoy voy a contar solo la "experiencia" -así la llaman-, porque sí, porque yo lo valgo.  O así sales de este lugar en pleno centro de Londinium (ya había estado en The Sanctuary con Fashion casi al lado), unos "Baños Romanos" de una empresa española llamados Aire. Por lo que sea, teníamos unos vales de invitación- el par de horas que se pasan volando no es barato- y si yo fuera influencer de algún tipo por este divague me deberían dar otro. 

En los bajos fondos... están los baños romanos
Si le dijeran a John Barrie...

Aire tiene baños en distintas ciudades del mundo, y el chico de la puerta que inicia el tour nos comenta que "todos los edificios son elegidos por algo": en el que nos encontramos (en imagen) fue una antigua mansión donde vivieron varios artistas famosos y John Barrie, el autor de Peter Pan. Yo no he leído este libro -otra laguna, aunque sus frases sueltas me dan ganas- pero de peque tenía un comic con las imágenes de la peli de Disney, que me encantaba. Creo que esas imágenes -cuando los padres de Wendy están preparándose para ir a una fiesta, y cuando llega volando Peter-, tal vez sean mi primera imagen de Londinium. Cuando ahora pienso en ellas me doy cuenta de lo acertadas que son: esas calles son esta ciudad (aunque todo el mundo recuerde el vuelo por el Big Ben, St. Paul's, Tower Bridge). Breve nota confesional: otra de las razones por las que le tengo cariño a Peter Pan es porque fue la obra de San José de Calasanz -santo patrón- en 4EGB y tuve en ella un papel estelar: fui el Capitán Garfio. Me pega, lo sé: siempre quise ser la mala - y si no era posible, el malo.

Esto es  la casa de Wendy en Bloomsbury
según Disney: la ciudad sigue igual

Pero divago. Volviendo a este balneario urbano, se llaman "romano" supongo porque intentan reproducir lo que podría ser una catacumba romana. Has de bajar dos pisos y una vez en el subterráneo, todo son estancias bajo arcos de ladrillo cuidadosamente envejecido, con ángulos estudiadamente rotos y ánforas aparentemente recién sacadas de un yacimiento. Las luces están muy bajas, hay carteles iluminados que pone silencio y de fondo una música de esa que cierras los ojos y te lleva a un templo budista en las profundidades del Himalaya. Nota: No se permite ningún tipo de fotografía, así que las de hoy las he sacado de internet, aparte de las de la sala de espera. 

Sala de espera tipo
"The Reform Club" de Phileas Fogg


Chester, orquídeas:
sospechosos habituales

Si no tenemos todos ya pegada
la canción
"son 80 días son, 80 nada más",
he fallado

Al llegar te da la bienvenida una chica que enseguida te pasa a un chico guapo de pelo inmenso, que te invita a esperar bebiendo té verde en una sala que imita uno de esos clubs londinenses ("The Reform Club", entra Phileas Fogg) con sus chester y pared biblioteca donde todos los libros parecen antiguos y están en castellano -una enciclopedia Salvat, por ejemplo. Dentro de la chimenea también hay una montaña de libros a los que les han arrancado las cubiertas. Uno tiene el familiar dibujo de las espalda de unos niños corriendo con su perro y es "Los cinco y el tesoro de la isla", el primero de esa colección, que me leí varias veces.

Se han traído todo esto de la península...


Atención colección Salvat

Entonces comienza el baile del personal: el chico guapo nos recoge y nos baja unas escaleras explicando cosas (nos pone tres pulseras de colores). Cada uno nos metemos en una zona de cambio con un par de chicas que explican el procedimiento, las taquillas, el albornoz. Sales a esperar a otra estancia donde viene aún otro tipo cuya función es únicamente bajar contigo otro tramo de escaleras. Todos van vestidos de negro. Cuando por fin llegas a lo que son los baños, hay más de negro para darte un tour, para explicarte nosequé, para anotar tu nombre: en resumen, hay más personal que asistentes, se mueven sigilosos por ahí y te tratan de esa manera servil que les debe gustar a los ricos. 

Esto último es algo que vengo observando las escasas veces que me salgo de la vida normal. Tenía una amiga a la que le encantaba ese rollo, ese trato: que la llamasen "madam", que le moviesen la silla y que le hablasen como mayordomos sacados de una serie inglesa. Yo lo odio y tengo claro que es una "performance" para elevar el ego de los idiotas. Siempre me dan ganas de decirles, mira, háblame normal, soy una de vosotros, a las barricadas (cuando podemos estar en un contexto de "a las mariscadas"). Estos chavales se quitan los autendos negros (me he contenido lo de preadjetivar, aquí llamaba. De nada) y se van al pub, y hablan y se comportan como tú y yo. Qué tortazo tienen los ricos. 

Dejando la sección Agitación y Propaganda y volviendo a las aguas, hay distintas piscinas con nombre sugerentes: el "Tepidarium", a 36 grados, es una que recorre varias salas y que suele estar vacía. Por su simplicidad, creo que es mi favorita: me echo a hacer el muerto mirando las bóvedas y voy recorriéndola en esa posición. No hay nadie.

Tepidarium



Hay tres mini-piscinas iluminadas llamadas "Frigidarium", para frígidos. No hagas chistes fáciles, Di (nota: en las instrucciones pone algo así como "se abstengan de expresiones románticas en el balneario": a buen entendedor etc). Volvamos a los frigidarium, son de agua fría, dos a 14 grados y la otra a 10. Según el Peda "no habrá mucha diferencia en 4 grados": os aseguro que la hay. Mucha. Recuerdo cuando nadé en Whitby que decían que ese agua estaba a 14 y se me bloqueaban los bronquios del frío, y aquí no, así que tal vez Whitby estaba a -14. También recordamos los baños en el Salt del Molí en la Cerdanya, que deben estar a -24. Total que sí, que el agua está fría pero como me dice uno de los hombres de negro: "trabaja la respiración, haz meditación", y la verdad es que enseguida "no hay dolor". 

No soy mucho de saunas, me agobian. Siempre me queda la duda de cual odio menos, si la húmeda o la seca (creo que la húmeda) y aquí solo hay húmeda, con olor a menta y una niebla tan espesa que no se ve nada. Se llama "Vaporium" y tiene un frigidorium dentro, que con el calor ambiental es juego de niños. Aguanto muy poco en el vaporium. 

En una piscina grande que se llama el "Caldarium"  dicen que el agua está a 40 grados. De nuevo,  comparaciones: hace menos de un mes estuvimos en las termas naturales de Kos, donde decían que el agua salía a esta misma temperatura, y nos pareció mucho más caliente. Me pregunto si "en la vida real" todo parece más extremo y aquí está todo amortiguado por el entorno y los de negro. En esta no se aguanta mucho rato, y la alternamos con las frías. Al salir el alma está ya dejando el cuerpo, perdiendo esos 21 grs (entra, Iñárritu): lo noto mientras me tomo otro té verde. 

"Thermae" es una piscina jacuzzi, con esas típicas camas donde te echas y de nuevo miras la bóveda o piensas en la lista de la compra, que no es mi caso. 



Me encanta el "Flotarium", esta piscina con mucha sal en la que, como su nombre indica y como en el Mar Muerto, flotas. Si metes la cabeza, en esta se oye la música. Muy bien, Di, que te has lavado el pelo por la mañana: ale, peloplaya otra vez. 

Flotarium

Hablando del tortazo de los ricos, hay una experiencia que se llama "el baño de vino", en la que te bañas, literalmente, en tempranillo. Cuesta £900. 

Solo para ingleses
y sus problemas de alcoholemia 

Nos vienen a buscar para el masaje de 45 minutos, y nuevamente nos pasan de mano en mano, que para ello tienen al ejército de los de negro. En el ascensor está el misterioso hombre que antes nos ha bajado por las escaleras. Yo pensaba que tal vez era un error, pero no: la función de este empleado es únicamente subir y bajar a los bañistas de un nivel a otro. No doy crédito.  Creo que es el único que no es guapo y de mayor edad. Sonríe todo el rato: bueno, todos sonríen todo el rato. 

Una nunca sabe con esto de los masajes, pero este es "en pareja": quiere decir que estamos en la misma habitación. Al entrar hay dos camillas y una chica delgada de origen no sé, tal vez india o de oriente medio y un chico negro cuadrado. Miro al Peda y en un nanosegundo lo entiendo: no parece apropiado ponernos a elegir, y obviamente a él le toca el cuadrado. Nos dicen que nos quedemos en pelota picada menos una braga de usar y tirar que nos dan y que nos metamos entre las sábanas. Nos quitan una de las tres pulseras. 

Cuando vuelven a entrar, estamos ahí boca abajo y empieza el proceso: pierna derecha y así todo el cuerpo. Qué estoy pensando en todo ese rato? Primero decir que yo, que no tengo aptitudes para la mentalización, para dejar la mente en blanco, para centrarme en la respiración, esas cosas, soy menos mala en estas circunstancias. Puedo enfocarme bastante rato en lo que me están haciendo, imaginándolo, a veces incluso pensando en grupos musculares, tendones. A ratos, también pienso en lo que me aburriría a mí ese trabajo, o cualquiera que no supusiera una actividad mental. En qué pensarán todo el día? O en especial un trabajo que supusiera solo servir y hacer la vida más fácil a los ricos, pero tranquilidad que la sección agit-prop ya la he hecho. 


Al final puedes elegir que los últimos 15 minutos sean o de piernas o cuello y espalda. Elijo lo segundo y lo que más me gusta es cuando llega a la cabeza. No sé si he contado alguna vez que cuando me lavan el pelo en la peluquería me dan unos masajes tan espectaculares que tengo que contenerme para no gru
ñir (la sola imagen). No sé si es lo que le hace Robert a Meryl en "Memorias de Africa", pero  que te hagan eso en la cabeza es... descarto la metáfora "orgiástico" por si hay alguien literal entre los divagantes que ha llegado hasta aquí-improbable. De la cabeza paso a los pies, que me ha hecho hace un rato y también es la pera. Pienso en el masaje de pies de Mia Wallace en Pulp Fiction y la enmarcable conversación entre Travolta y Jackson (me sigue entrando la risa) sobre si Marcellus había sido poco razonable rompiendo las piernas o similar al que le hizo un foot massage a su mujer:  "Don't be tellin' me about foot massages - I'm the foot fuckin' master".

Bueno, que me voy de tema y ahora de vuelta a las piscinas nos lleva el hombre de sube-y-baja. Como estoy con la endorfina toda para arriba, debo ser demasiado efusiva sobre cuánto nos ha gustado el masaje. El sonríe asintiendo con los ojos cerrados: qué trabajo el de este hombre. 

El rato que nos queda en las piscinas intentamos aprovecharlo lo más posible: el jacuzzi, el flotar, un poquito de frigideces, y el muerto por los recovecos del Tepidarium. No quiero que se acabe pero entonces viene una de las de negro a decirme que tenemos una bebida en la sala de relajación, qué quiero, zumo orgánico o champán con chocolate? El Peda comenta: se cree que somos tontos? Yo sé que una copa de champán a esas horas, -no importan las dos trufas que lo acompania-, se me va a subir un poco, pero ellos lo han querido. Nos quitan la segunda pulsera. 


Zona de relajación,
champán y desfase (mental)

En esta sala de relajación con mármoles calientes (aún recuerdo otra vez que hablé de otro spa aquí en el divlog: causó furor el concepto "camas calientes") hay una persona que lleva ahí un montón de rato, sin hacer uso de las aguas (perdedor) y luego hay otra pareja. Observo bastante minoría étnica aquí:  le pregunto al Peda si cree que son extras puestos por el establecimiento y -ya tras tres cuartos de la copa- que ahora viene la sala de swinging couples (espero que mi suegra no haya llegado hasta aquí-saludos P, por si acaso). Ya con la copa vacía, dictamino: yo me pido a alguno de los de la minoría étnica. El Peda ya no me ríe estas gracias manidas (por eso tengo un blog) y yo sigo con la copla de Pulp Fiction:

Jules: Whoa, whoa, whoa. Stop right there. Eating a bitch out and giving a bitch a foot massage ain't even the same ****ing thing.

Vincent: It's not, it's the same ballpark.

Jules: It ain't no ****ing ball park neither! Now look, maybe your method of massage differs from mine, but you know touching his wife's feet and sticking your tongue in the holiest of holies ain't the same ****ing ball park. It ain't the same league. It ain't even the same ****ing sport! Look, foot massages don't mean shit!

Vincent: Have you ever given a foot massage?

Jules: Don't be telling me about foot massages, I'm the foot ****in' master.

Vincent: Given a lot of them?

Jules: Shit, yeah. I got my technique down and everything, I don't be tickling or nothing.

Vincent: Would you give a guy a foot massage?

Jules: **** you.

Así que si tocar los pies no es lo mismo que meter la lengua in the holiest of the holies, esto me lleva, full circle, al Gran Tema, siguiente debate: qué diferencia hay entre un masaje de cuerpo completo como este, o tener sexo con el masajista? Bueno, más que debate, es mi monólogo, en realidad son las burbujas hablando. ¿Será el champán/ será el color/ de tus ojos verdes/ de ciencia ficción? (ya nadie me sigue aquí, lo sé). Blame in on the boogie. 

Tristemente hay que irse, y es una pena que no den champán también a la entrada (tal vez se complicaría la prohibición de las "expresiones románticas"). En la ducha, todos los productos son de L'Occitane, una maravilla. Salimos como en el Flotarium, caminando no sobre las aguas, sino unos cms por encima del suelo. El chico guapo de la entrada nos pide la última pulsera multidiversión. Hasta la vista, babies. 

Al salir me tomo un smoothie de frutas tropicales en Pret. Me huele el pelo a acondicionador de Citrus Verbena y el cuerpo a Cherry Blosson con notas de almendra.  Llevo un moño bajo que parezco un anuncio de Armani. Solo me falta el turbante: emano paz. 

Ya de vuelta a casa -en las borisbikes se va sin casco-,  en un semáforo me suelto el pelo para que se me seque recordando aquel anuncio de la versión descapotable de cierto coche de pijos de mi juventud que como eslogan tenía: "el secador más caro del mundo". Porque yo lo valgo. 

Di saliendo del spa circa hace 30 años