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23 mayo 2022

Uso, tal vez abuso, de la grabadora. Es tu cumple y no hay wifi. Au-revoir París; hello historias (P5)

 Martes, 3 de Mayo de 2022
Esto es de Patricia Bolaños,
citando a Nora Ephron, 
quién lo suscribe?
Y se acaba París: hoy volvemos a casa. Hay "mucho que decir, poco que contar", pero este divague va a incluir un par de ideas que pertenecen a otros días, por 
una "innovación", que diría Mini, algo que no he hecho nunca, pero hey. A saber: los escritores de pro parece llevan un cuaderno, o incluso una grabadora donde anotan ideas. Hoy he re-descubierto en mi teléfono tres notas de voz de París (y dos totalmente olvidadas de Isle of Wight). Si pudiera insertarlas fácilmente (nada es fácil con blogger), lo haría al menos con una, lo que me he reído: estoy yo hablando, Mini de fondo cantando y terminamos las dos desvariando con el "no no no" de "Rehab" de Amy Whinehouse.  Pero irán al final. 

Ahora, centrémonos: hoy es un día especial, y por ello me dejan hacer lo que quiero, que consiste básicamente en callejear por la ciudad, hacer fotos, parar en cafés y poco más. Toda esta magnanimidad ocurre porque.. ta-dá!... es mi cumple y por fin, esa entente formada por mis compas de viaje permite que yo tenga voto, no solo voz (ignorada), como suele ocurrir. Mientras estamos en el apartamento recibo llamadas y mensajes pero al salir, vuelvo a mi estado de "indigente digital" (sin datos) y no puedo estar comunicada de nuevo hasta que encuentre un wifi. Esta situación, que vivo siempre que salgo del UK (mi teléfono es del trabajo, y al salir de la isla solo funciona en wifi), puede llegar a ser inconveniente e incluso molesta, pero también tiene cierto encanto: me recuerda cómo era la vida antes, cómo podría ser y, cuando te conectas, es una especie de Mañana de Reyes, sobre todo en días señalados, en los que tienes todos los regalos ahí de golpe. 

Parar en cafés soleados
como estos dos

Típicas sillas de cafés soleados
 (y lluviosos, supongo, que esto es París)


De nuestro largo paseo hasta la Gare du Nord, donde sale el Eurostar a media tarde recuerdo pasar por la Plaza de la Bastilla, tiendas con el género en la calle, Mini comprando sandía en un vaso de plástico, gente en los cafés, hombres con túnica, y uno trajeado que se cae de la bici, con gran estrépito. Esto lo veo mientras espero fuera: Mini se mete en una tienda "vintage" (lo que viene siendo, segunda mano) y aquí encuentra algo que le gusta: una especie de hoodie sin mangas que por supuesto no vale lo que pagamos, pero yo-qué-sé. 

Tomemos la Bastilla también

Fruterías que me hacen sentir Amélie

...voy a hacer el bien!

Nos hacemos la foto doisneauana del Hotel de Ville, para horror de Mini y paramos en Pompidou, donde la veo hablar con dos personas que le han pedido que les haga una foto (me ilusiono pensando que tal vez esté practicando su francés, pero son ellos los que están aprovechando para practicar su inglés, grump). 

El prohibido-el-paso / beso del Hotel de Ville

Mini  logrando que todo el 4th arrondissement 
hable
 inglés antes que ella francés

Más Centro Pompidou

En uno de los cafés al lado de Rambuteau, una mujer sola a nuestro lado pide un steak tartar, con su huevo crudo encima y todo. Por lo visto no está muy allá porque, valiente, reclama al camarero, que esta vez sí es parisino-malhumorado, que a mí nunca me ha traído los hielos extra.

Paremos en café con decoración floral:
Porque hay que quitarse
poco a poco del local-instagrameable


Rambuteau: siempre me gustó este nombre de calle

Ya entrando de lleno en mis audios-nota-de-autor-serio (lo pongo en masculino porque veo mucho a un senior haciendo esto). Ahora que lo pienso, Ber, un amigo periodista, tenía una pequenia grabadora (con cinta, de esas que dictábamos los informes cuando yo empecé a currar, allá por el Pleistoceno) a la que, delante de mí, le dijo algo. Decía que grabé unas pocas notas en París: la primera del Louvre en la que narro mi perplejidad por el cartel que advertía sobre la presencia de "carteristas". En serio: hay gente que paga su entrada de 17 euros para robar carteras? Me pareció una fantasía tremenda y me recordó a la Yaya que contaba historias (que me hacían mucha gracia, hoy las llamaríamos falsas leyendas urbanas) tipo "para aprender a robar, entrenan con cascabeles" (o sea, un malo va lleno de cascabeles y el otro entrena, y se turnan?). 

Todo así...

Nota 2 del Louvre, esta sobre "tendencias" (y que yo observe tendencias es ya de por sí noticia):  hay un montón de "chicas jóvenes" (no sé cómo decir esto sin sonar como un notario de Cuenca) prácticamente enseñando las tetas: tal vez homenaje a los vestidos tipo imperio de los cuadros,  ninguna de talla A o B (qué presión). Luego no lo he vuelto a ver (phew).

Nota 3, por las calles: las boinas, hay muchas, no son un mito. Y no solo las que venden como souvenirs, sino que la gente las lleva por la calle. Yo he sido mucho de boina en el pasado (cuando salía de casa, quiero decir), pero en invierno, para abrigar. Aquí es más un statement tipo Carmen Martín Gaite. 


Nota 4: sufro por el pequenio comercio, que me encanta, y hay mucho, pero... cómo sobreviven? Hay tienditas de cualquier cosa, altamente especializadas: de pomos de puerta, de botones, de cerraduras, y ateliers, pequenios talleres. Encantador y espero que nunca tengan que cerrar.  


Pasar seguridad en la Gare du Nord es nivel aeroportuario y no hay fuentes para rellenar tu botella. 

Gare du Nord: un wifi para los hambrientos!!!


El viaje en tren no tiene mucho interés, aunque la gente pregunta si se "siente" que vas debajo del agua. La respuesta es no, no hay claustrofobia si no la tienes en un túnel normal (este mide 50.45 kms), y para los amantes de los datos, la mayor velocidad que alcanza es de 334.7 kms/h y la profundidad mayor es de 75 metros bajo el nivel del mar. Lo que  más me interesa de todo es que tiene también wifi (la mendiga digital calma un poco su síndrome de abstinencia) y hasta consigo hablar con un par de amigos - aunque no muy bien. De la primera vez que hice este viaje, de la isla al continente (llevábamos un mes en el país, e impulsivamente sin billetes nos cogimos un tren del norte donde estábamos a Londinium, allí compramos los billetes a París en ventanilla, y allí a Hendaya,  una histeria, algún día debería contarlo), recuerdo una cosa: los diferentes tonos de verde de antes de entrar y al salir del túnel. Esta vez me fijé y no lo vi: eso sí, había campos de colza preciosos en la parte francesa y restos de unas galletas espectaculares de la boulangerie de Marachiers. 

Campos de colza movidos

El Eurostar llega a King's Cross-Saint Pancras. El edificio de esta estación es maravilloso y hoy es un hotel, de esos de no salir. Siempre creo que lo mejor es que esos hoteles te pasen en ciudades feas o que ya conoces, y este es el caso, así que espero alguna noche poderla pasar en el Renaissance.


Estación de St. Pancras


Y uno de mis edificios favoritos de Londinium, 
de donde nunca debió salir Maléfica


Aquí terminan las crónicas de este mini-break, 
las que más fácil me resulta escribir y las que más justicia hacen al espíritu de este blog, al "divagar". Malas entradas serían si no lo hicieran, si fueran una guía de viajes o una lista de lugares visitados que no se para en las historias. Total que igual da París que Tombuctú, el corral de tu abuela o el salón de tu casa: lo único importante son las historias. 

Hasta las próximas, yours, 

La dilettante Di. 

22 mayo 2022

Existencialismo en los cafés. Escribir es borrar es ser antisocial. Andábamos sin buscarnos. Piedras a los cristales. Poseídos por la Nintendo. Simone en Marachiers (P4)


Lunes, 2 de Mayo de 2022
La primera foto es un ritual bloguero como cualquier otro -pero solo ocurre en los divagues de viajes, tranquis- y el breve contexto es: covendremos que, cuando una viaja 15-20 días con muy poco equipaje, no se va a llevar 20 prendas de ropa interior; con 3-4 vale, y vas lavando.  Este viaje era solo 4 noches, pero igualmente se cumplió el ritual (dedicación no es solo fotografiar las cuatro plantas de Pink Mamma). Pues bien, esto se hace esta mañana, en la que tengo agujetas, y se desayuna en casa: por algo este barrio (en realidad, París) es el paraíso  de la boulangerie

Una habitación sin vistas

Hoy es un día tranquilo del que no recuerdo mucho (lo que, en relectura, noto no ha sido óbice para que escriba otro "A la reserche du temps perdu", por qué le pondrían "divagando"?). Creo que nuestro primer objetivo es Saint-Germain-des-Prés, una de las zonas culturetas de París - la historia de sus cafés es impresionante. ?Alguien recuerda a Diderot y d'Alembert ? Bueno, pues dicen que planearon la Enciclopedia aquí, en el Café Procope y el Café Landelle. Como había múltiples imprentas y editoriales, esta zona se convirtió también en epicentro de la Revolución Francesa y en el SXIX se estableció aquí la École des Beaux-Arts, que dio a los más importantes arquitectos y artistas franceses del SXIX: Degas, Moreau, Seurat, Ingres. Delacroix (tomemos la ciudad) y Wagner (invadamos Polonia) también vivieron aquí y aquí, no lo sabía, murió mi querido Oscar Wilde, en concreto en la Rue des Beaux-Arts. Tras los terribles años de cárcel (la famosa es Reading, pero antes había estado en Wandsworth, aquí cerca de casa) se exilió a Francia. Estaba enfermo por las condiciones de su encierro y su dirección final fue la Habitación 16 del Hôtel d'Alsace, un sitio terrible: maravillosa su famosa frase "I am dying beyond my means", en absoluta pobreza. Eso sí, hoy el antro es de 5 estrellas, se llama L'Hôtel y se han alojado aquí desde Marlon Brando a JL Borges (este en plan fetichista porque había traducido a Wilde con 9 años y quería también morir aquí, cosa que no consiguió). Me han dado ganas de leer "De profundis" que me está mirando ahí en la estantería.

St-Germain-des-Prés,
aquí está enterrado Descartes
(no hablamos hace poco 
de su dualidad cuerpo-mente?)

Por lo que es más famosa esta zona es por su vibrante vida cultural en los cafés después de la Segunda Guerra Mundial. Tenía todos los ingredientes para ello: muchas librerías y editoriales, y filósofos, escritores, músicos, actores y otra gente de mal vivir como habitantes, ya que en aquella época no era la zona elegante que es ahora (gentrificación, que le llaman, aunque a la baja por las hordas de turistas). Todos ellos se reunían en cafés superbonitos, decoración art decó y espejos y tal: de ahí no podía nacer otra cosa que el Existencialismo. Justo al bajar del metro está Les Deux Magots, la Brasserie Lipp y un poco para adelante el Café de Flore. Estos eran territorios de Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre. Esto me recuerda que hace siglos que no leo nada de esta gente; en concreto, "hace siglos" empieza a significar "antes del blog". Siempre me queda ir a buscar en las carpetas amarillas a ver si tengo algún docu de word con "Las manos sucias" o "La mujer rota", pero no creo, a estos los leí en la zona de "pre-ordenadores-en-casa", supongo que durante la universidad. De todos esos libros no hay nada, no escribí nada (aunque ordenando papeles en mi covid las pasadas navidades encontré en Vetusta un par de folios manuscritos, embrión de divague sobre nosequé libro). Me suele pasar lo de la perplejidad ante esa joven extraña de 20 años, que quería escribir y aún no sabía que ocurriría bajo la capa con capucha de "Di". 

Claramente, divago. Volvamos a Hemingway, que también era asiduo de Les Deux Magots, igual que Boris Vian ("Escupiré sobre vuestra tumba", de este creo que hay doc de word, y como siempre que pienso en este título, ya se me ha pegado Siniestro), Truffaut, Godard, Giacometti and so on and so forth. Aunque siempre sospecho un poco de esta "cultura de cafés": estoy convencida que, sí, esta gente pasaría allí sus buenos ratos, pero no toda su vida como actualmente parece que hace alguna gente en ciertas terrazas. Para crear (sea escritura o lo demás), has de pasar mucho tiempo sola, leyendo a otros, escribiendo, y sobre todo, borrando. Del fino balance entre el terracerío y el ser antisocial hablamos con Elena Rius hace poco, precisamente en una de esas terrazas.


Donde antes tomaba notas
Simone para definir el feminismo,
hoy se sienta una turista de Wisconsin


La verdad es que no recuerdo cómo salimos de este arrondissement (el sexto) ni en qué dirección, solo que las calles son todas encantadoras, y por algo la gente dice de otras ciudades que son "parisinas". Un ejemplo es Buenos Aires, a todos los latinoamericanos les encanta y antes de llegar te avisan de que "es muy europea". BA y París están también muy unidas literariamente y es imposible no pensar en Cortázar cuando paseas por aquí. Tal vez lo viví más intensamente en mi primer viaje de adolescente, porque fue gracias a Elena, la otra chica del grupo del "campo-de-trabajo", que empecé a leer al Gran Cronopio. Elena era 
Perfume personalizado
una nerd cuando aún no conocíamos este concepto: una de esas adolescentes "poco populares" que por ello se pasan esos a
ños metidas en su cuarto leyendo (terminó estudiando Filosofía en Salamanca, ya apuntaba maneras) en lugar de bebiendo y enrollándose con chicos en "Oh! de bailar". Recuerdo la situación y la frase perfectamente: estábamos hablando de libros tras la cena y ella mencionó Rayuela. Ooops, ninguno lo habíamos leído y ella: "Cómo se puede no haber leído a Cortázar?" (le faltaba decir "con 18 recién cumplidos"). Lo primero que hice al volver a Vetusta fue comprarme "Rayuela" y bueno, qué puedo decir: "cómo se ha podido no leer a Cortázar hasta los 18?", lo suscribo. Pero románticamente pienso que Julio et moi andábamos sin buscarnos sabiendo que andábamos para encontrarnos: de alguna manera, indirectamente, nos encontramos gracias a París. 

Total que no sé cómo salimos del barrio y no sé tampoco cómo he acabado aquí, enmedio de otro flashback parisino de mis 18.  En aquel verano - recordemos el principio de esta serie, los del "campo de trabajo" terminamos en casa de los uruguayos Aída y su marido- conocí varios ejemplos de expatriados de sudamérica en París y, aparte de nuestros anfitriones encantadores, una tarde organizaron un paseo con otro amigo de Montevideo, que se podía llamar Warren o Pucho, quién sabe, que apareció con una mochila de la que parecía que iba a sacar juegos de magia, y nos fue llevando por esquinas nada turísticas - el suenio de todo turista-, explicándonos historias. Yo aún no sabía ahí que Latinoamérica iba a ser mi continente favorito, tantas cosas no sabía, como que hay que escribirlo todo: seguro que este paseo fue genial pero nunca pasó porque no lo escribí ("lo que no has escrito, no ha ocurrido"). Lo que sí pasó es que nos llevó a cenar a un restaurante pequeñito, monísimo -donde seguro que comí carne poco hecha á la pimienta-, del que no recuerdo el nombre, pero al que sabía llegar desde el Centro Pompidou. De hecho, llevé al Peda posteriormente pero la última vez que fuimos ya no estaba, y esto es siempre una razón para intentar vengar la memoria tirando pedradas a los cristales: que al volver, en lugar de tu bar, haya una sucursal del Banco Hispano-Americano. En fin, que Pucho o Warren luego nos llevó a su casa, a conocer a su mujer, que daba la mano muy flojito, que parecía que se iba a romper, y el recuerdo de esa sensación (volvemos a las magdalenas de Proust), sí que lo tengo. 


"Una calle de París...

... me recuerda todo aquello que no fui"
(has de tener cierta edad o estar muy mal
para entender  esto) 

Tengo un serio problema, está claro: este divague iba a ser solo fotográfico, porque no recuerdo nada y yo-qué-sé, que de repente estamos en Galerías Lafayette donde Mini ayer no pudo comprar su regalo pero hoy sí que sí. La cúpula es una maravilla y yo me planteo si estos son los grandes almacenes más bonitos que he visto en mi vida: mejor que Selfridges, y bueno, distinto de Liberty's, que tiene el encanto de lo Tudor (seguro que equivoco la época, pero parece un teatro elizabethan). Tiene una azotea llena de españoles viajando en grupos haciéndose fotos con París de fondo, pero hay una que no quiere salir porque "no me gusto nada" (está embarazada, y me recuerda a la lovely Fashion que en estos momentos estará en Barcelona con su tripita esperando a Roc). Pienso que será un recuerdo para su hijo decirle "mira, estuviste en París antes de nacer" y por fin la persuaden con un argumento similar. Nos vamos a comer algo a la cafetería, y sigo pensando en estos grupos de tres o cuatro parejas españolas que viajan juntos: cómo se pondrán de acuerdo con las complejidades logísticas de un viaje? Ayer me reí porque escuché en Montmartre a dos críos de uno de estos grupos, con un acento monísimo andaluz diciendo: "ahora nos vamos al hotel a jugar a la Nintendo como posesos". Pobres críos: por qué les hacemos esto. Por fin Mini no encuentra nada que le guste en Lafayette, pero conseguimos comprar dos cosas para Roc en el corner de "Petit Bateau": un pijama y un conjunto marinero picassiano (que luego dice Fashion son demasiado grandes. Pero no hay siempre mucho al nacer, y se les queda pequenio?). 


Ohhhh


Sobredosis de macarons

Ahhh



uuuuhh



Desde terraza de Lafayette



Tengo otra zona localizada para el final de la tarde, pero Mini, desangelada por no haber encontrado nada, tira la toalla y pide que la dejemos en casa (en el equivalente de "jugando a la Nintendo como posesa") y que sigamos solos nuestro aburrido -hoy sí- programa de festejos. Así que volvemos a Marachiers, nuestro étnico barrio y, en lugar de ir al quinto infierno que había planeado yo (apreciese cómo mis sugerencias son tomadas en serio por este grupo), acabamos caminando hasta la Plaza de la Nación por callecitas que se van poniendo más bonitas y parisinas a medida que avanzamos hacia el centro. 

Esta la he puesto por el perro-
disculpas pq las fotos de mi teléfono
son "beyond horrible" según Mini

Estación de metro parisina

Marachiers vibrante

Marachiers fotogénico
(si fuera con teléfono no propiedad del NHS)

Granadas de Marachiers,
más caras que en Londinium,
ahí ahí con Barna

Marachiers: atención al café lleno de maromos-only
Como Mini está en casa, he logrado persuadir al resto del grupo de llevar un kebab y queso (oferta impressionant ici, darlings) y vino (no sé si he dicho que soy una "natural", una superdotada sin necesidad de formación: este... meh) y cenar donde Char et Jul . Hay uno cerca que tiene una cola inmensa, y esto suele ser garantía. Cuando la fila entra en el restaurante, decidimos que con uno que se tenga que lavar el pelo vale, así que me quedo esperando fuera. Este rato es surrealista: tal vez sea la única mujer en la calle en todo el arrondissement. Espero con una baguette y una cámara colgada del cuello enfrente de un café: ahí están todos, mirando con sospecha, con sus ínfimas tacitas de café, no sé si debatiendo existencialismo ("Hice un examen de existencialismo: dejé todas las respuestas en blanco y tuve un 10"), pero feminismo me da la impresión de que no, así que terminaré con un poco de Beauvoir, que me hubiera gustado decirles:

"Una libertad a la que sólo le interesa negar la libertad debe ser negada. Y no es cierto que el reconocimiento de la libertad de los demás limite mi propia libertad: ser libre es no tener el poder de hacer lo que quieras; es poder superar lo dado hacia un futuro abierto; la existencia de los demás como libertad define mi situación y es incluso la condición de mi propia libertad”.

Si levantaras la cabeza, Simone...

19 mayo 2022

Me llamo Di y estuve en el-otro-Disneyland-París (Gracias Di por tu valiente testimonio) (P3)

Domingo, Primero de Mayo de 2022
Primero de Mayo, Día del Trabajador, Labour Day: tal día como hoy, hace 14 años estuve yo de labour (parto) - se dirá que soy literal, vale-, ergo es el cumple de Mini. Y toca pasar el mejor día del año  en Francia, donde se toman esto -lo del trabajo- de verdad en serio: fueron los primeros que celebraron esta fecha y la ciudad está cortada por una mani masiva. Como se sabe, esta celebración conmemora a los "Mártires de Chicago", sindicalistas ejecutados en EE.UU. por participar en la lucha para la consecución de la jornada laboral de 8 horas y se estableció en el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional de París en 1889; La rosa roja era su símbolo desde 1891, pero años después se cambió por el muguet (o "lirio del valle"), flor que se regalan los franceses en este día. La historia se remonta a la Edad Media, cuando no tenía obviamente ninguna significación política, y nosequién se la regaló a un rey y él a las damiselas en apuros y tal.  Luego llegó Dior, que tiene el muguet de emblema.  Es bonito ver a toda la gente por la calle con la flor para regalar, como en Sant Jordi con la rosa. 

Muguet,
que la rosa era demasiado roja


Mañanitas de París

Lo del muguet lo desconocía, pero nos lo cuenta una mujer en el metro mientras pasamos por "Voltaire" hacia el centro (nuestra línea es la 9 y qué grandes nombres de paradas: en la otra dirección está "Robespierre" a la que quiero ir, pero no encontramos tiempo). Nos oye hablar en castellano y nos explica que hay un montón de paradas cerradas por la mani, y ya de paso le pregunto por esa flor que todo el mundo lleva. Las paradas de metro cerradas no nos afectan porque nosotros vamos a Notre-Dame, para empezar nuestra maratón particular de solo-se-cumple-14-una-vez.




El desayuno ocurre en "La créme de Paris", una creperie con vistas a la catedral y con carteles iluminados con su nombre para los instagramers. Desayunar crepes o cualquiera de las variedades que ofrece este sitio me parece, divagante (clicke una) a) un exceso,  b) una gran idea o c) ambas. Exacto. Pondero con la carta si pedir una granola, el Peda pide una crepe de "frutos rojos", Mini de "nutella" y yo... ahí me estoy debatiendo cuando se van las jóvenes de al lado y entran unos ancianos venerables, que desentonan aún más que nosotros. El hombre se pide una copa que resulta ser de frappé abajo, nata encima y gofre encasquetado. Qué hostias, yolo, hago un Náufrago Ro: "qué tiene eso por abajo... ahá... lo quiero". Total que sí, es excesivo, claro q para qué llevo dos hienas como animales de compañía, siempre dispuestas a ayudar. Menos mal que no ofrecen sus servicios al anciano, que se va sin apenas haber probado el suyo. Alguna gente...


Notre Dame desde "La creme"

Los frutos rojos:
cuándo los retiraraón
por subversivo mensaje político

Avanzando un poco por La Seine, giras a la izquierda y en una de esas callejuelas hacia el sur por el Barrio Latino descubrimos la Iglesia de San Severino, una preciosidad. Quiero anotar cómo la Iglesia se esfuerza por ponerse al día con la sociedad: lo primero, los precios de las velas (10 euros, no puede ser una, debe ser un pack, más efectivo supongo), luego unas máquinas (en Montmartre) expendedoras de algo (estampitas? llaveros? indulgencias? menores?) y atención al nuevo modelo de confesionario: algo entre oficina portable de obra y banio público de conciertos. Ya no hay respeto: dónde ha quedado el arrodillarse detrás de la celosía con el Padre Bonifacio? (este es el anciano cura que venía a confesar a mi colegio, podría hacer solo un divague de mis charlas con él, pobre).

San Severino, con monja y todo 
Y lo mejor... algo en París vacío


No me puedo tomar en serio
confesar mis múltiples pecados
en esta oficina portable de obra


Perderse por las calles es lo mejor: te encuentras con librerías con nombre tan chulo como "Le dilettante", tal vez la ideóloga de este divlog Diva debería habernos llamado así: qué soy yo sino esta definición? Alguien que "cultiva un arte o una disciplina como aficionada, no como profesional, generalmente por no tener capacidad para ello". Bueno, hay otra en Barna llamada "La Impossible"... tantos potenciales nombres de blog...

Definición de di-letante

Cerrada, pq era festivo

Abajo la iglesia de Saint Sulpice que pilla de camino, a través de calles encantadoras con paredes escritas,  hacia los Jardines de Luxemburgo. Entramos al parque por un lateral y terminamos frente al palacio. Hay el típico ambiente festivo de parque soleado que solemos tener aquí por el norte. Si hace bueno, se toma la ciudad (estilo Delacroix opcional) y aquí está todo el mundo jugando al tenis, tomando el sol, paseando y, sobre todo, leyendo. Libros de papel, no mirando su teléfono: libros de papel, divagantes! (me saltan las lágrimas). Cuando te preguntan por imágenes o momentos felices de tu vida, uno ha de ser nesesariamente "leyendo tirada en un parque soleado" (Coronita opcional), y eso es lo que pasa aquí. Una diferencia con Londinium es que no dejan pisar el césped (hay solo una zona que sí, y están ahí todos hacinados) pero hay muchísimas sillas metálicas. Una maravilla. 


Saint Sulpice es un suplicio


Je ne sais pas porquoi,
que decía Kylie 

Franceses leyendo libros


Pero la magia no podía durar: hay que seguir con el programa de festejos de cumpleaños, siguiente actividad comprar un regalo en Galerías Lafayette de los Campos Elíseos (previa breve parada en el Arc de Triomphe), que tiene escritas en sus columnas múltiples ciudades de renombre, entre ellas por supuesto Vetusta. Desde aquí se ve al fondo, muy lejos, el gran arco de la Défense donde estuvimos ayer. Obviamente, como habíamos avisado a Mini, este es un país civilizado -no como el suyo- y el Día del Trabajador incluso Lafayette estará cerrado (solo están abiertas las iglesias, como hemos podido comprobar y ni del todo: no cura en la sección confesión), pero seguimos paseando por la Avenida de los Campos Elíseos hacia la Plaza de la Concordia, todo trés magnificient. Nos metemos hacia el palacio del Elíseo, pero no vemos a Macron. Breve nota: ayer me pareció cruzarme en la bici con el infame Boris Johnson en Hyde Park -dicen que ya no va más en bici, cosa que hacía de alcalde; nota 2, a Sadiq, actual alcalde, sí que lo vi una vez en Tooting Common (name-dropping, anybody?). Por la noche lo corregí y amplié con un sueño en el que yo estaba en 10 Downing Street -que parecía en realidad Buckimgham Palace- que no cuento porque no terminaré esta serie nunca. 



El siguiente destino es Montmartre: que no pare la fiesta (alguien ahí afuera sintiendo un poco de conmiseración para con los podres Pedalistas, padres añosos y anticapis?) Yo pensaba que nada había tan cansado como Disneyland y tras mis dos penitencias allí (me mandaron sendos curas tras confesiones de verdad), aseguré que nunca mais. Bien, esto está resultando otro Disney y no soy original, ya dicen que si "Venecia se ha convertido en Disneyland", ahora lo entiendo. Total que en Montmartre hay que tomar nosequé chocolate en café con decoración floral y espejos falsamente envejecidos. El padre del camarero tiene un apartamento en Castelldefells y por supuesto quiere mudarse a Barcelona, como todos los guiris, entre los que me incluyo. 

Sacrificios que hacemos las influencers


Pretendido vintage cookie

Las vistas de París desde arriba de Montmartre vienen a ser un poco las de Hamsptead Heath sobre Londinium, pero peor. Objetivamente. La basílica o lo que sea del Sacre Coeur nunca me ha gustado, pero nos sentamos en las escaleras que están llenas de los mismos figurantes de los Campos de Marte de ayer: "jóvenes-que-están-empezando" [es un concepto en nuestra vida, así empezamos a llamar irónicamente a los Je-ques hace años y Mini, con la creatividad con el castellano que nos tiene acostumbrados, dice una mañana al salir del baño de Charlotte: "hasta estos empezadores tienen mejor ducha que nosotros"]. Cuando en cenas de amigos sale el tema de "cual es la mejor época de la vida" yo siempre digo, queriendo mucho a Mini, que aquella entre cuando terminas los exámenes, opos, tesis o similar-reto-profesional-que-te-come-la-vida y los hijos. Bueno, pues en esa fase está esta panda, los muy cabrones. Están también los mismos figurantes indios o argelinos vendiendo Heineken en cubos de hielo, los pobres. Y un tipo que hace filigranas con un balón de fútbol sobre un pedestal. 


Vistas desde el Sacre Coeur: meh


Alguien se imagina ir al cole
todos los días con el lema
"Liberté, Egalité, Fraternité"
en la puerta?
Claro q luego votan a Le Pen.


Es la hora de cenar, ya llevábamos unos minutos sin hacer algo "moderno". Vamos caminando hasta un antro llamado "Pink Mama"es una de esas situaciones de "haced conmigo lo que queráis". Eso sí, al entrar creo que nos hemos equivocado: Mini, esto no es un restaurante, esto es un cocktail bar y tú tienes 14. Pero no adelantemos: cuando llegamos hay una cola enorme, pero justo hay una persona en la puerta preguntando "si hay algún grupo de tres". Ei! Nosotros! Me siento un poco mal por las parejitas o grupos que llevan esperando eones, pero el caso es que pasamos y no hay represalias. Eso sí, estamos en la planta de abajo, y la más bonita es la de arriba, con el techo de cristal y las plantas colgantes. Aún así, la planta que nos toca (hay 4) es muy chula -como digo, parece un bar currado-, y temo que la comida será mediocre, pero no está mal. Subo a hacer fotos al resto de las estancias (dedicación la mía a este blog) y pese a bajar el nivel de estilo y glamour del local por muchos enteros, lo pasamos bien. 

Tenemos una pareja de españoles al lado (por qué todo el mundo habla castellano aquí?), cosa que desconocemos hasta el final cuando les traen una botella de vino tras los postres. Ella se levanta con su copa y Mini nos dice "se lleva la copa?". A lo que ella contesta: "sí, me la llevo, y feliz cumpleaños". La pobre Mini queda horrorizada: lo de confiar en que nadie te entiende cuando viajas es claramente un error, habla la voz de la experiencia. Ahora sesión de Pink Mama:

Tiene 4 plantas, todas a tope







No sé si comenté que vinimos a París sin entrada a la Torre Eiffel: cuando los organizadores se pusieron a mirarlo, ya no había. Esto fue un pequeño drama para Mini, ya que era uno de los puntos culminantes de su Disneyaniversario. Parece que dejan unas cuantas cada día para vender in situ, así que la idea era presentarnos allí a una hora tardía, a ver si quedaban. Pero antes de esto hubo que pasar por una heladería y bajar caminando por el distrito del la luz roja, terminando en el Moulin Rouge, con autobuses vomitando turistas a la puerta. Mini pregunta qué pasa ahí dentro e intentamos explicar, aunque no tenemos ni idea. Yo no he estado ni siquiera en "El Plata" en Vetusta, ni en las peores noches de desfase. 

Las otras veces que he subido a la torre siempre ha sido caminando hasta que se puede (la primera plataforma). Mi primera vez seguro que porque era más barato (me gustaría decir que nos colamos, pero creo que no) y la otra porque es más chulo. Eso sí, siempre había subido de día. Al salir de la estación de metro la vemos de noche y Mini nos cuenta que cuando da la hora, le salen estrellitas (cuánto se aprende en TikTok). Son las 22:55, y esperamos a las 23:00 y voilá! lluvia de estrellas. Vamos a la ventanilla y... hay entradas! Eso sí, ascensor desde abajo. Hay muy poca gente, y es una gozada: nunca me había gustado tanto. Las vistas son espectaculares, tienes toda la primera fila todo el rato para ti, no hace frío ni tanto viento como pensaba. A medianoche cierran, hay que empezar a bajar. Mini está feliz, aunque -loado- ya se ha acabado su cumpleaños. 

Menos mal, o habría que llamar al samur para los padres. A la 1:40 am nos metemos en la cama. De verdad que la gente con muguets y las crepes ha pasado hoy?