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01 junio 2026

"The corner that held them" de Sylvia Townsend Warner: Marxismo, feminismo y risas en un convento de monjas del SXIV

 Me lancé a leer "The corner that held them" ("La esquina del mundo que las guardaba", traducción libérrima mía -parece que la sacó del Libro de Salomón del Antiguo Testamento-  creo que no ha sido traducido al castellano) tras la recomendación de uno de mis críticos literarios británicos. La novela habla de la vida diaria de monjas en Oby, un convento benedictino perdido ("la esquina") en Norfolk, en el SXIV. Es una novela histórica bastante especial, porque quién podría imaginar que en ese contexto iba a haber feminismo, marxismo y humor - y antes de empezar, un ejemplo de esto último: las monjas consideran su aislamiento como algo beneficioso porque así tenían "menos peregrinos, pedigüeños y además podían ir andrajosas". 


El crítico admitió que gente de su club de lectura la había encontrado durilla, pero la idea de monjas encerradas en el final del medievo me parecía irresistible: ¡una novela de campus con monjas! Dame gente encerrada en cualquier sitio [convento, abadía, universidad, internado, hospital psiquiátrico...] y ahí estaré. Y lo que me convenció del todo fue leer un poco sobre su autora, Sylvia Townsend Warner: necesitaba saber más de una mujer con una vida como la suya - ¿y qué mejor manera de conocer a una persona que leyendo su ficción?



Sylvia: una vida de novela
Merecería un divague aparte, pero me arriesgaré a reproches de mi suegra por la extensión y lo meteré todo aquí. Sylvia Townsend Warner nació en 1893, hija única de un profesor de historia de la prestigiosa Harrow School. Fue educada en casa por su padre y otros profes del colegio. Su pasión adolescente era la música e iba a estudiar composición en el extranjero cuando estalló la Primera Guerra Mundial: como Vera Brittain, perteneció a esa "generación perdida", a la que Brittain tanto lloró en su "Testamento de juventud". Durante la guerra trabajó en una fábrica de municiones, pero cuando murió su padre se vino a vivir a Londinium sola, y trabajó en un proyecto académico de música eclesiástica de la época de los Tudores. Allí conoció a un tipo casado y con cinco hijos con el que tuvo un affair.



Vivía en Bayswater -barrio al noroeste de Hyde Park- y un amigo de Harrow la introdujo en el grupo de Bloomsbury. Warner escribía poesía y en 1925 publicó su primera novela, "Lolly Willowes", calificada como "subversiva" -se publicó dos años antes que el voto femenino, tres antes que "Una habitación propia"). Me encanta el tema: una "spinster" (solterona, que decían antes) que se da a la brujería tras la guerra como la única manera de ser independiente. Tuvo tanto éxito que Warner se pudo dedicar a la literatura y al periodismo -escribió relatos para el New Yorker. En 1927 publicó "Mr Fortune’s Maggot", la historia de un misionero "sodomita" [sic] que en lugar de convertir a un grupo de isleños de los mares del sur, pierde él mismo la fe - probablemente Unamuno no había leído a Warner cuando publicó "San Manuel Bueno Mártir" en 1931; mi teoría es que el espíritu de una época es lo que genera ideas en paralelo, incluso en lugares lejanos. 


En 1930 se compró un cottage en East Chaldon, Dorset, para huir del jaleo de Londinium, pero cuando conoció y se enamoró de la poeta Valentine Ackland se fueron a vivir allí. Se referían a su relación como "matrimonio" y escribían poesía abiertamente lesbiana. 

No solo eran outsiders por eso: en 1935 se unieron al Partido Comunista, escribiendo propaganda y recaudando fondos, lo que les ganó la etiqueta de "subversivas peligrosas" y fueron espiadas por el MI5 durante 20 años. Me encantaría que algún día alguien me considerase la mitad de eso. Solo he leído este libro, pero veo por ahí que los temas de su literatura eran rechazo a la Iglesia, empoderamiento femenino, y subversión de las normas sociales. 
"La gente más feliz que conozco son los que han tirado la toalla en lo de ser respetables"
Viajaron a España dos veces durante la Guerra Civil: en 1936 a Barcelona a trabajar con la Cruz Roja y en 1937 como delegadas en la Conferencia de Escritores Internacionales, donde hizo amigos izquierdosos que mantuvo toda su vida. Cuando cayó la República, volvieron a Dorset. Ella, como en mi opinión debería ser la izquierda, mantuvo siempre una posición internacionalista. "After the Death of Don Juan" ("Tras la muerte de Don Juan"), publicada en 1938, es una alegoría del surgimiento del fascismo en España. De rabiosa actualidad: me tendré que hacer con ella. 


Como es de la generación de Brittain, vivió las dos grandes guerras. A veces me pregunto si nosotros nos escandalizamos de lo que está pasando en el mundo actualmente, que no lo vivimos de primera mano, qué tuvo que ser para esa gente: ser testigos de la repetición de la misma barbarie. Trabajó como voluntaria, alojando a refugiados del Blitz y en esa época empezó a escribir la novela de la que vengo a divagar hoy. 


La relación con su pareja atravesó épocas tormentosas ya que Valentine tuvo un largo affair con una escritora rica americana, Elizabeth Wade White, y en 1950 dejó el Partido y se hizo católica. Pobre Warner: pese a todo, cuando Valentine murió de cáncer, sufrió un duelo terrible y en 1998 se publicó un libro con la larga correspondencia entre ambas titulada "I'll stand by you", como la canción: qué bonito. Warner murió en 1978. No he estado en Dorchester pero leo que hay una estatua en la que Warner está sentada en un banco con su gato: también hay una igual en Richmond de Virginia Woolf, y con esa sí que tengo foto:

Virginia Woolf en Richmond

Virginia me da secretos de escritura
(que tenga una habitación propia, por ejemplo)


No hay trama en "The corner..."
O de eso avisó Warner y eso dice la gente en el podcast de Backlisted; o sea, la novela es un río que fluye a través de las décadas -de 1349 a 1392- y la autora es como si hubiera hecho un "corte longitudinal" en una línea del tiempo y simplemente nos hubiera contado lo que en ese espacio pasa. La novela no termina, simplemente, para, dijeron los críticos, aunque no sé si estoy totalmente de acuerdo: yo sí que le he encontrado un final. Pero tal vez sea cierto que ha habido muchos finales durante la narrativa: de hecho, muchos de los capítulos se titulan con el nombre de la abadesa de turno, y asistimos a los complots para elegirlas, a sus visiones de cómo liderar el convento, a sus muertes.  

Leí un rato en este columpio de Hilly Fields,
un parque con vistas que no conocía

Cosas de monjas medievales que igual no sabías
Las monjas de esta novela tienen todas el título de "Dame" (sería el equivalente de "Madre" o "Hermana" o "Sor" en órdenes contemplativas como las cistercienses o las benedictinas). Es a ratos complicado distinguir a Dame Sybilla de Dame Eleanor de Dame Isabel, y todas las demás -aconsejo hacerse un dramatis personae, que yo no hice, pero no ha sido un problema, se puede leer. 

Las monjas terminan en el convento por diversas razones -la de entregarse al Señor no me ha parecido una de peso- algunas por pobres. Otras son ricas -de familias de toda la vida de la zona- y traen dote [una de ellas, provisión de un año de vino!], y estas reciben un trato especial: ¡hasta criadas tenían!  Hay incluso facciones según los apellidos, e.g."no queremos a otra Stapleton de abadesa".  

Hay monjas ciegas o que se están quedando por el humo de las velas [una descripción de un ahogamiento la hace ella], monjas sordas o que se están quedando, monjas jóvenes tontas a las que se les da trabajos manuales, monjas que regentan la enfermería, monjas que se arrodillan para despedirse de otra haciendo un ejercicio de odio mutuo y autocontrol, monjas que tienen hijos, monjas viejas y poco agraciadas: "de nadie se podía esperar que mantuviera su belleza en Oby; como mucho, una expresión agradable"... y estoy usando el plural porque generaciones de monjas se van sustituyendo y estos rasgos se repiten. 

También hay algunas con sus rarezas particulares: Dame Lilia se quiere hacer anacoreta, o como se diga, aspira a que el obispo le dé permiso para meterse en una celda y ya no hablar el resto de su vida [pienso que esta debía ser una salida para las personas con autismo de la época]. Hay una monja tan mala que "hasta la muerte no quería llevársela y la tierra darle entierro" y su maldad venía de "excesivo aprendizaje: todo el día leyendo libros" y "a veces ladrando porque sabía tanto de gramática que podía transformarse en un perro". De verdad, me parto.  

No son las de Oby monjas buenas, sino que pecan todo el rato: hablan en las comidas, comen dulces en sus dormitorios, cotillean, toman el nombre de Dios en vano, y tienen mascotas. Por no hablar de comer y beber, que recordemos que les dejan como dote un año de vino.

Son un grupo de mujeres que, pese a vivir juntas y saber que les espera la muerte en ese mismo recinto, entre ellas, no se conocen, porque como dice Warner "para que haya intimidad debe haber antes libertad, la de elegir si te acercas o te alejas"-cosa que estas monjas obviamente no tienen. 


No solo monjas en el convento
También hay "corrodians", una de las palabras medievales que no venía en el diccionario: se trata de ancianas ricas que se iban a pasar los últimos años de su vida en el convento (yo conozco a unas monjas que tienen una "casa" en un barrio muy pijo de Londinium que también tienen a señoras ancianas de posibles: había una que se trajo hasta el piano a su habitación). Y una viuda que se trinca al cura, mejor dicho, al falso cura. 

Me explico: al principio de la novela aparece un tipo itinerante, Sir Ralph, que se hace pasar por cura y como el anterior se ha ido por la Peste Negra (detalles abajo), las monjas le dejan vivir allí pretendiendo -o lo creen de verdad? - que es cura. Sir Ralph se pasa con ellas el resto de la novela, sobreviviendo a varias abadesas y muriendo solo al final.  En un par de momentos de la narrativa, el cura se vuelve loco, y como método curativo bien establecido de la época le ponen "un gallo negro en la cabeza" -hasta que se corrompe y ponen uno nuevo y sucesivos- sin mucho cambio en su condición. El cura loco se convierte en una rutina de la casa, en una molestia a la que se han acostumbrado.

La Peste Negra
Es una novela histórica porque, pese a estar en una esquina a la que es difícil que llegue el mundo, la historia se filtra por sus muros. Cuando comienza la Peste Negra - que había empezado en Asia Central en 1338-9 y llegó a la isla en junio de 1340 vía un barco en Dorset- el cura anterior, el verdadero, les anuncia, "con calma, como se habla cuando no hay esperanza", que se va. Un par de monjas han muerto de "la pestilencia" (me encanta esta palabra) y él dice que tiene que abandonarlas porque ahí afuera la gente está cayendo en la herejía, "¡se están confesando o bendiciendo unos a otros!" (a falta de curas que o bien se han muerto, o han huido). Al cura no le importan las almas que van a morir sin sus bendiciones, sino que se extienda la herejía: de esta manera, perderían el control sobre la gente. Las monjas se agobian: ¿quién les va a dar a ellas la extrema unción? 

Marxismo
No es esto el único ejemplo de anticlericalismo en una novela sobre monjas: ya hemos dicho que Warner era subversiva y comunista y, de hecho, esta obra ha sido calificada de "marxista" por los académicos. Esto es así porque, en contraste con las novelas burguesas cuyo motor es la vida interna emocional de los personajes, aquí el personaje principal es una comunidad que vive en un mismo edificio, y su vida diaria nos da un atisbo de lo que era la sociedad en la Inglaterra del SXIV, donde los braceros o los jornaleros tenían que vivir itinerantes en busca de trabajo porque total, sin un techo sobre la cabeza "te puedes ir sin pena. Si no tienes tierras, no tienes que quedarte". 

Y una de las principales preocupaciones de las monjas es, por supuesto, las finanzas: lo que entra y sale para mantener el convento. Vamos, que los modos de producción de lo material determinan la vida social, política e intelectual. ¿Hay algo más marxista que eso? Se habla mucho de las dotes que traen las monjas y hay una crítica a algunos de fuera del convento que piensan que las monjas han de vivir en pobreza: qué tontería es esa? De hecho, a una de las abadesas se le mete en la cabeza la construcción de una torre, y siguen adelante con ese proyecto con el dinero que podían haber compartido con los pobres del pueblo, afectados por la Peste Negra. La imagen popular era que las pobres monjitas vivían "de avena y rocío", cuando en realidad, como he dicho, las monjas tenían sirvientes y "las monjas y los sirvientes se hicieron al lujo que hubo que contratar a más sirvientes para las monjas, y más para servir a los sirvientes"  Espero que con estos ejemplos esté logrando transmitir el tono y el humor de Warner, pero el mensaje es claro: las monjas no eran mejores que los curas, "impostoras, timadoras, avariciosas, opresoras del pueblo", se dice en algún punto.

Y por último, el momento histórico que elige Warner para cortar la historia es la Revuelta de los Campesinos de 1381, causada por una combinación de factores como la Peste Negra que venían arrastrando por décadas, los altos impuestos por la Guerra de los Cien Años, y el sistema feudal de servidumbre. Dicen que esta revuelta ha sido usada como símbolo de la izquierda y en la literatura socialista -incluyendo por William Morris, que además de sus diseños de textiles era uno de los nuestros. 

Feminismo
Con las credenciales de la autora, una lesbiana marxista leninista, no hace falta que explique que la novela es profundamente feminista. Un grupo de mujeres que se autoorganizan, aunque la sociedad les obligue a pretender que obedecen a curas, custodios y obispos. Ahí van unas citas:
"El obispo se había enfadado con nosotras porque mostramos demasiada independencia rechazando a Dame Emily. No nos queremos hacer un nombre por tener demasiada independencia".
"Sin duda, al obispo le molestaban las monjas estudiosas". 

"La viuda era una mujer sin hijos y con suficiente riqueza y buen humor como para no querer otro marido

"No tenía ninguno de los instintos de las mujeres que no viven en conventos de obedecer a los hombres"

La muerte
Y como con ella termina la vida, con ella intentaré terminar el divague. Como hemos seguido de cerca lo que pasa en Oby, un punto geográfico, a través de los años, los personajes vienen y se van o, más frecuentemente, mueren, con lo cual hay bastantes reflexiones sobre la de la guadaña. Una cosa que me impactó de la película "Camino" (Fesser, 2007) sobre una niña del Opus Dei con cáncer es que toda su familia decía que estaba feliz porque al morir iba a estar enseguida en el cielo, qué suerte, y en la escena de la muerte, familia y personal sanitario aplauden. Me dio muchísimo miedo esa película y sobre todo esa gente, los fanáticos religiosos, por sus ideas delirantes y su capacidad de autoengaño. 

Pues bien: aquí hay una monja de solo 23 años que se está muriendo pero que piensa que, después de todo, "le daba pena cambiar la ambigüedad de este mundo por las certezas del siguiente". La abadesa también había lanzado loas a la muerte con los mismos argumentos que los del Opus, pero esta monja moribunda sabía que era por los problemas económicos del convento -hay un momento en el que una de las abadesas piensa que la muerte de dos monjas jóvenes que han traído buena dote al convento es un gran beneficio: buen balance entre beneficio y pérdida.

Pero además, la monja joven reflexiona sobre la vida que ya no tendrá, y me ha encantado porque ese mismo sentimiento tuve yo en un hospital mugriento hace ahora... 16 años: "se dio cuenta de los años que se perderá, de los eventos que pasarán que no verá, de los muchos pensamientos que podría tener -y que nadie los pensará. El mundo era profundamente interesante y un convento el lugar ideal para meditar sobre él". Me encanta que una mujer a principios del SXX ponga estas ideas en un personaje del SXIV y sea algo tan actual hoy, en el SXXI: al fin y al cabo, es una de las magias de la literatura.

Y luego está el otro lado: el cuidado de una monja a la que le cuesta mucho morirse y las pobres terminan agotadas y desilusionadas de tanto velarla, porque "desilusiona constatar que la compasión, estirada demasiado, se materializa en nada más que en una carrera de resistencia". Esto es terrible, pero es así.

Corolario
Así se mueve la novela,  entre reflexiones de gran profundidad como las de arriba e ideas graciosas ["la frecuente calamidad de los encamados, ser visitados por gente aburrida"], Warner te acaba metiendo en el día a día de una comunidad cerrada en la que no pasa nada [sí, hay un asesinato al que no se le da ninguna importancia, no es esto "El nombre de la rosa"] y pasa todo. Porque es en las relaciones de los personajes donde los autores de novelas de campus te muestran su cosmovisión, su manera de ver la vida. Y quién iba a decir que convento medieval, marxismo, feminismo y risas iban a entrar en la misma frase.

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PS.  El Náufrago exazerbayano en su comentario ha hablado del convento de Santa Catalina de Siena en Arequipa, y aquí está el divague donde pueden ver unas fotos. Gracias al Náufrago R!

23 mayo 2026

Middlemarch, el mejor libro de la literatura en inglés [Proyecto relectura en un lugar remoto]

"The Guardian" acaba de publicar otra de esas listas de "los mejores 100 libros de la historia de la literatura" [y las posteriores respuestas del pueblo].  Qué tontería: siempre respondo de una manera emocional a estas listas. Quiero decir que me alegro por demás cuando reconozco a alguno de mis sweethearts y me enfado por la inclusión de ciertas obras, o por el orden, o porque falte algo que yo considero un imprescindible. Iba a decir que esto es un secreto, pero creo que lo he dicho otras veces: este tema emocional me ha pasado también con desacuerdos en cuanto a libros con personas de carne y hueso o del éter. Lo sé, pero es totalmente irracional, sobre todo porque me doy cuenta de que cada libro activa en los lectores distintos resortes y los tuyos no son los míos. Hoy, por ejemplo, escuchaba un podcast de libros en el que analizaban "Normal People", la novela de Sally Rooney, en la que el presentador ha dicho que "no empatizó con los personajes" (la presentadora sí) y me ha caído mal: ¿cómo es posible, con una novela con la que lloré con ruido en la última página?

Pero divago, volvamos a esta lista, a la que le perdono muchas de las cosas que me enfurecen de ella [¿qué? ¿La Ballena puesto quince??] porque la primera es "Middlemarch" . Yo leí esta novela en 2004 porque me fié de una señora llamada Penny que entonces me parecía muy mayor -tendría mi edad actual- con la que pasaba un día a la semana encerrada en un despacho de un departamento de universidad, pretendiendo hacer investigación que iba a cambiar el curso de la ciencia. Ella supervisaba mi estudio y, mucho más importante, me dijo un día algo así como que la novela de Eliot era la que más acertadamente, irónicamente y con corazón captaba la naturaleza humana. Penny  era psicóloga -está jubilada- y como dato diré que, para mi desasosiego en la época (se iba mi luz y guía!) se fue durante cuarenta días a un cottage al final de Escocia sin teléfono sola a desconectar del mundanal ruido. Cuando volvió, su pareja del momento le propuso matrimonio. 

La semana pasada, en una de mis aventuras de bici, me fui hasta una casa donde había vivido Eliot -y que, de hecho, fue la primera placa azul del sur de Londinium. De 1859 a 1860 vivió en Holly Lodge, 31 Wimbledon Park Road en Wandsworth y aquí escribió la mayor parte de "The Mill on the Floss" y "Silas Marner". Luego cruzó el río y estuvo en Regent's Park y al final de su vida en la calle con más placas azules de la ciudad: Cheyne Walk, en Chelsea. Las fotos que incluyo son de la casa en Wandsworth porque las de Chelsea Walk, a saber dónde las tengo. 




Me he perdido un rato en el libro buscando subrayados para que el divagante se haga idea del estilo de Eliot pero, pese a que está muy anotado, es difícil encontrar una frase que tenga sentido así, sin contexto. Aún así, ahí van unas cuantas:
“¿Qué soledad es más solitaria que la desconfianza?” [“What loneliness is more lonely than distrust?”]

"Si la juventud es la época de la esperanza, a menudo lo es solo en el sentido de que nuestros mayores tienen esperanza en nosotros; pues ninguna edad es tan propensa como la juventud a pensar que sus emociones, despedidas y resoluciones son las últimas. Cada crisis parece definitiva, simplemente porque es nueva." [“If youth is the season of hope, it is often so only in the sense that our elders are hopeful about us; for no age is so apt as youth to think its emotions, partings, and resolves are the last of their kind. Each crisis seems final, simply because it is new"].

“El carácter no está esculpido en mármol; no es algo sólido e inalterable. Es algo vivo y cambiante, y puede enfermar como los cuerpos.” [“Character is not cut in marble - it is not something solid and unalterable. It is something living and changing, and may become diseased as our bodies do.”]

Pero lo que llamamos desesperación no es más que el doloroso afán de una esperanza no alimentada.”[“But what we call our despair is often only the painful eagerness of unfed hope.”]

Habrá que conformarse con esto, porque leí "Middlemarch" mucho antes del divlog, y no escribí tampoco en mis docus de word del Pleistoceno -pero no todo son malas noticias: el divague es breve [mi suegra aplaude]. Solo recuerdo que me identifiqué plenamente con Dorothea, uno de los personajes, y también me gustó el doctor Lydgate. No puedo esperar a irme al equivalente a un cottage escocés durante cuarenta días para releerla y divagarlo luego -lo del matrimonio a la vuelta no hace falta. 

04 mayo 2026

El último Banksy, dolor de cuello, divagando-en-flor

 Lleva una época sin aparecer la estrella invitada del divlog, la sección "diarios de bicicleta".  Pero hoy, buenas noticias: ¡la espera ha terminado! No sé por cuánto tiempo, porque la razón que me ha tenido en el dique seco ha sido un dolor de cuello de esos que no dejan girar la cabeza, muy refractario a todas las medidas con las que lo he atacado [frío, calor, antiinflamatorios en gel o pastillas, masajes, danzas en bolas bajo la luna]. Pero por fin, el domingo, tras una leve mejoría -que no demos por definitiva-, me lancé a esas calles para darlo casi todo, esternocleidomastoideo mediante. 

Fashion vía IG y mi madre, vía la tele, se enteran mucho antes de lo que se cuece en la City que yo pispa, y así fue cómo me avisó mi hermanita de que no me podía perder la última actuación del "elusivo artista" [siempre este sintagma, basta!] Banksy en pleno Waterloo Place, una zona muy cerca de Buckingham Palace donde están todos los clubs de senioros que se apuestan si van a dar la vuelta al mundo en 80 días y cosas así. También hay estatuas ecuestres de eminentes próhombres y una de Florence Nightingale, la madre de la enfermería en este país tras la guerra de Crimea. Era el entorno adecuado para plantar esta estatua que soy consciente el divagante habrá visto ya treinta veces en las susodichas redes sociales o en el telediario, pero ya que aún no ha llegado nadie que me diga "nena, tú vales mucho" y me paguen por esto en lugar de por diezmar a los menores de Luisan, espero me disculpen por no estar al filo de la noticia.




Si como yo os preguntáis  cómo han montado eso ahí en pleno Westminster, ha colgado el elusivo artista un vídeo explicativo, pero me gustaría más detalle [en realidad, me gustaría haber estado allí, como un anciano mirando obras, dirigiendo la operación]. He leído que tiene un equipo de esos que montan macroconciertos y que eran esas "small hours" en las que los senioros de los clubs ya se han retirado hace rato. 


Para localización, estas dos fotos: al fondo de la de arriba tenéis Piccadilly y por el otro lado, St. James' Park.

Ya he escrito en el pasado sobre Banksy, y lo que me gusta [la última vez, la exposición aquella], pero aquí se ha salido. Estupendo comentario del mundo al que nos han abocado, con su crítica y sentido del humor. Espero que dejen que se quede: nunca pensé que diría esto, pero es que en ese espacio parecía que faltaba una estatua. 

Atención al mini clásico monísimo que también pasaba por ahí a verlo. Creo que no he estado nunca dentro de uno y es aún más pequeño de lo que parece.

Este edificio me lo encontré de camino a mi siguiente destino, muy cerca de la estación de Victoria. 
Elizabeth St. es una calle de Belgravia que dicen se usa como localización de pelis y series [no aguanté más que un rato de The Crown, pero aseguran que sale ahí] y que está llena de tiendas pijas que por tanto desconozco. Para mí, una marca que yo conozca ya es signo de desprestigio para ellos, pobres: viene a ser como lo de Groutxo, lo de no querer pertenecer a un club que me aceptara. Yo he descubierto marcas que en su día me parecían esotéricas simplemente paseando por estas zonas: por ejemplo, una vez vi una zapatería llamada "Jimmy Choo" y dije, quién será este, y ahora Chimi [en mi cabeza le llamo Chimichú, Chimi para las amigas] está por todos los sitios. O al lado una tal Bottega Venetta, con ese nombre, qué moral. Muchas de estas tiendas tienen un hombre de negro -a menudo negro también- cuya única función es abrirte la puerta [o será también la de duplicarse como portero de discoteca por si hay jarana?]. En serio: la vida en estos barrios posh es tirando a loca: he visto pararse un coche negro -diría la marca si tuviera la más remota idea- en la puerta de una peluquería interrumpiendo el tráfico con todo su papo moreno, bajarse el chófer, dar la vuelta al coche y abrirle la puerta a la cretina que va a hacerse el "lavar y marcar". 

Pero divago, en qué estaba yo: ah sí, Elizabeth St. es la calle donde no conozco a ninguna marca [olvídate de Armani, Prada... demasiado mainstream] y donde hay desde una sombrerería que le han hecho sombreros a los royals, Lady Gaga, Madonna, Beyoncé y la Posh Spice, hasta una panadería francesa que lleva ahí desde 1932 pasando por un perfumista que hace "fragance tapas" -sea lo que sea eso, y no suena bien.



La farmacia vintage me encanta...


A finales de mayo, cuando el Chelsea Flower Show, las tiendas de la zona se decoran con flores y es un espectáculo -gratuito!- de ver. Se llama "Chelsea in the Bloom" ["Chelsea en flor"] y he descubierto que esta calle también lo hace y se llama "Belgravia in the Bloom". Si me acuerdo, me pasaré, pero mientras tanto, hay algunas tiendas que están ya calentando motores:




Como veis, la primavera ha llegado no solo a ese gran almacén sino también a Londinium y espero poder seguir reportando. Como dijo TS Eliot en "The Waste Land"...

"April is the cruellest month" 

y ya se ha acabado.

10 abril 2026

"España Oculta", de cómo la lectura nos hace nosotr@s, boicotea a los malos y otros flecos de la Semana de Pasión

 Se me ha hecho tarde: decidí romper el divague de Easter en dos y el mundo va tan rápido que ya nadie se acuerda de esos días; ni siquiera los que estuvieron en Lanzarote (¿por qué todo el mundo ha ido allí estos días?). Yo sin embargo aún me acuerdo de ese puente de cuatro días que al final fue hasta soleado y, como consecuencia, el martes me costó horrores volver a trabajar: un par de noches antes ya soñaba con excels y con FP10s, todos verdes como ambos son. Verde que te quiero. Verde. 

Pero las cuatro cosas que quería contar siguen en mi cabeza -y eso que también está el libro que terminé en un atracón ayer y del que tengo muchas ganas de escribir. 

Cristina García Rodero: "España Oculta"
Escuchar la voz de esta fotógrafa enorme es como escuchar la de una jovencita a la que quieres dar un abrazo. Cada vez que la he oído en entrevistas me ha dado mucha ternura, tanto en la forma como en el fondo. La primera edición de su clásico "España Oculta" salió en 1989 y se convirtió en un libro de culto. Si lo buscabas por internet, alcanzaba precios como £1600. Pero el 2024 ha sido reeditado y ahí lo he comprado yo, claro.




No todas son de penitentes, pero sí que recoge una España rural entre 1974 y 1989, en la que vía sus fiestas y rituales nos recuerda de dónde venimos. Personalmente, quería hacerme con este libro sobre todo para verlo con Mini, porque para ella esto iba a ser (como de hecho ha sido) descubrir otro planeta.  Ya se encuentra con otro país cada vez que vamos por la península de vacaciones -otro país que le gusta-, pero estas fotos hablan de una sociedad pobre, inculta, supersticiosa, gente que tiene miedo a la vez que disfruta mucho. El otro día le dimos una pasada juntas y jugué a mi test diagnóstico de lo que hace buena a una foto: el tiempo que te paras a mirarla. Y Mini, impaciente en casi todo, pasaba las páginas despacio: García Rodero, un triunfo.  Para más, aquí. 

Cómo la lectura nos ha hecho quienes somos [How reading made us]
James Marriott, periodista de The Times, ha escrito un libro que se publicará en junio titulado "The New Dark Ages. The End of Reading and the Dawn of a Post-Literate Society" ["Los nuevos Años Oscuros*. El fin de la lectura y el advenimiento de una sociedad posalfabetizada"] y lo que puede significar eso es tan deprimente. 

(*) La Era/Años Oscuros no es una expresión que se use mucho en castellano -que yo sepa- pero las Dark Ages sí que se usa en inglés, y se refiere a esa época tras la caída del Imperio romano entre el SV y el SX, otros dicen el SXV. 

Marriott acaba de grabar un podcast con la BBC sobre el tema que recomiendo mucho. Es espeluznante lo que se nos viene si dejamos de leer como sociedad. Según Marriott, cada vez lee menos gente [¿pero no proliferaron las librerías en la pandemia?]. Incluso en las universidades, los alumnos no pueden leer clásicos que se consideraban obligatorios y los profesores han tirado la toalla, porque incluso ellos notan que no leen igual. Nos han cambiado el cerebro.

Anécdota [sin la que pueden vivir perfectamente]: yo leo en la cama un ratito por la mañana con el teléfono al lado y por la noche sin él. Ambas lecturas tienen beneficios y problemas: con el teléfono busco palabras que generalmente entiendo pero quiero el matiz o saber cómo se dirían en castellano porque no me salen, o algunas que directamente no entiendo. Por la noche, sin él, sigo adelante sin buscarlas porque sigo entendiendo el texto. Con el teléfono, enriquezco la lectura con "hiperenlaces" (busco localizaciones o lo que surja); sin él, leo como siempre se ha leído. 

"Las pantallas" se lo están comiendo todo. Personalmente [oh dear, disculpas, otra anécdota!], cuando me di cuenta de lo que hacían ciertas redes sociales -las algorítmicas- en mi cabeza, me las quité: nunca tuve Tiktok pero ya he dicho otras veces que Instagram, aquello que empecé para mirar fotos, se ha convertido en Lo Peor. Si alguna vez alguien me envía un enlace a IG, tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no "scrolear" o me quedo 20 minutos. Tiempo que se pasa volando, en el que crees que aprendes cosas importantes, pero que luego te das cuenta de que solo ha hecho "entretenerte". Imagino lo que será esto para los chavales, su cerebro, que está frito ya, como lo está el nuestro. Este tipo de redes sociales están diseñadas con el único objetivo de  secuestrar nuestra atención [recordemos el mantra: "cuando algo es gratis, tú eres el producto"] y con ella nuestro tiempo y por ello las hacen adictivas. El punto final es, como siempre, que compremos algo [sea objeto o "experiencia"] o tenernos adormecidos. 

Volvamos a Marriott [sin esto sí que no pueden vivir]: la lectura fue esencial para crear la democracia y lo será para mantenerlas: los ciudadanos necesitan entender conceptos complejos en profundidad para no dejarse dominar por tiranos. Nos estamos arriesgando a caer en el tribalismo y el caos de las sociedades pre-lectura. En el podcast, Marriott entrevista a Stephen Pinker, el psicólogo y psicolinguista canadiense y he aprendido cosas muy interesantes:

1. La lectura como artilugio de la empatía
Nuestros antepasados llevaban a los niños a la plaza pública a disfrutar espectáculos tipo cómo se evisceraba a reos, o les machacaban los miembros hasta que morían de hemorragia. ¿Qué era diferente en las mentes de esas personas de las nuestras de las que nos separa unos siglos? 

Pinker habla de la segunda mitad del SXVIII, con la Ilustración, en la que algunas de esas costumbres atroces -e.g. formas sádicas de castigo y pena capital, la esclavitud- fueron abolidas. Esta todavía no es la época en la que dejó de haber enorme pobreza -que llegó en la segunda mitad del SXIX con la Revolución Industrial- , así que solo la [relativa] abundancia no puede ser la explicación. Sabemos que la imprenta se inventó en el SXV, pero la tecnología que permitió que el papel y el imprimir fueran más baratos y por tanto accesibles no llegó hasta esa segunda mitad del SXVIII, junto con un incremento de la alfabetización que en algunos países occidentales llegó al 50%. La teoría de Pinker es que es muy plausible que el hecho de que mucha gente comenzó a consumir novelas en esa época tuvo un impacto en su empatía porque, al final, ¿qué es leer sino meterte en la cabeza del otro? La lectura es un "artilugio para la empatía". 

2. La empatía de la lectura vs. la de las imágenes
Y aunque también nos emocionamos con las películas, y puedan funcionar como otro artilugio pro-empatía, nunca te vas a meter en la cabeza del personaje como en un libro que va únicamente de eso. Ves sus comportamientos, no tus pensamientos.

3. Manipular con imágenes es mucho más fácil
Las imágenes nos llegan muy bien, pero si me vieras hablando de todo esto en un video, establecerías un montón de conclusiones sobre mí por mi imagen, la manera cómo me expreso, lo que tengo detrás [elegiría una estantería forrada de libros para hacerte creer que soy intelestuá, claro] y suma y sigue. Aquí, en el blog, únicamente tienes mis ideas. Algunas te tocarán, otras no, con algunas estarás de acuerdo, con otras nada, con las de más allá, parcialmente. Pero hay que hacer un esfuerzo extra para entrar en algo escrito.  Por escrito, tienes que exponer tus argumentos, desarrollar ideas y persuadir al lector de lo que sea. 

Las pantallas son un vehículo perfecto para mostrar tu personalidad. Por eso un influencer carismático puede arrastrar a gente menos sofisticada en poco tiempo; en esos casos ocurre aquello del "culto a la personalidad". Las imágenes son muy poderosas sin falta de profundizar: recordemos el documental de propaganda nazi de Leni Riefenstahl (El triunfo de la voluntad, 1935), críticos dicen que el "mejor de la historia en su género", que hizo seguro mucho más por el nazismo que el "Mein Kampf". 

El medio es el mensaje, como dijo McLuhan y sigue aplicándose hoy en día: el medio da forma a nuestra percepción más que el contenido. Un artículo —o entrada de blog— de 4000 palabras es otra cosa que un video de unos segundos. Y parece que todo está terminando en eso: videos cortos son todo lo que mira la gente en el metro obnubilada. ¿Alguien recuerda la premisa de "Infinite Jest" de DFW? La gente moría sentada frente a la tele viendo un video que no podían dejar. Menudo visionario David. 

Dejar de usar ChatGPT [QuitGPT]
Y ya que estoy con esto del boicot a las redes algorítmicas, dos por el precio de uno, os voy a intentar vender el boicot a ChatGPT. Hay otras IAs, simplemente usa otras. Que sí, que también tendrán sus manos manchadas de sangre, pero por algo hay que empezar y está demostradísimo que las campañas de boicot enfocadas contra una empresa particular tienen un poder increíble.

Todo esto te lo cuenta Rutger Bregman, que ya ha salido varias veces en el divlog en este artículo de The Guardian o en este podcast. Cuatro millones de personas nos hemos unido al boicot. ¿Algunas de las razones? El presidente de OpenAI donó 25m de dólares a la campaña del Boniato que grita "crazy bastards", su compañía está ayudando con las deportaciones de inmigrantes, y mucho más. Deja de usarlo. Ya.

Y, en serio, ya debo dar por finalizado el puente de Easter, por lo que me despido con algunas fotos tomadas en algunos de mis paseos con bici por la city. 

1. Esto es Crystal Palace, un barrio donde pusieron el ídem tras la Expo Universal de 1851, pero que se quemó en 1936 [ya se sabe, el UK y el fuego]. Está en una de las colinas de Londinium y fui la Presidenta de la República [que no Reina] de la Montaña ese día. #hardwork.



2. Esto es Redcross Gardens, unos jardines secretos ya veis cerca de dónde, que descubrí gracias a un libro que le robé a la divaganta R. un día que fui a su casa, titulado "Quiet Londinium". 


3. Y esto es Chumleigh Garden, lo que fueron almhouses del SXIX en las que vivían ancianas solteras. Son delightful y también lo descubrí gracias a mi robo. [R, lo devolveré, pero tengo que recorrerlo casi todo]. Están en pleno Burgess Park que yo no tenía ni idea de las dimensiones de su lago. Ahora sí, me voy, en serio.






23 febrero 2026

"Testamento de Juventud" de Vera Brittain: Lectura obligada para el votante de quienes defienden el belicismo

"Testament of youth" ("Testamento de Juventud") es la novela autobiográfica de Vera Brittain sobre su experiencia como voluntaria en hospitales (VAD, Voluntary Aid Detachment ) en la Primera Guerra Mundial. Hace mucho que la recomendó Elena Rius, y ahí estaba, esperándome en una tienda de segunda mano de Oxfam - ya decía Borges que "la casualidad es una cita largamente acordada". 


Nota:  Que haya títulos en un divague suele ser un indicador de que, en un punto -o varios- se me ha ido de las manos. Que empecé a escribir un día, me fui, la vida fue la que se fue de las manos, volví, nada tenía sentido, y para intentar encauzarlo puse títulos para mí misma, que al final decidí dejar por afecto a los divagantes. Hay zonas de divagando-fuera-de-tiesto severas, instigadas casi siempre por la "topoliteratura" (cuando cosas pasan en sitios que conozco y lo cuento y en concreto, las fotos del divague son el resultado de una mañana muy fría de enero en que me subí en la bici y fui a fotografiar uno de los escenarios). También hay zonas que van por las partes del libro,  hay "grandes temas" y al final, una "performance" emocionante. 


Intrahistoria, o cómo llegué
En realidad, compré "Testament of youth" con la esperanza de que fuera Mini quien la leyera, porque uno de los temas de su "A" level de inglés es los poetas de la "Gran Guerra" (como se la llamaba antes de que ocurriera la Segunda). Aparte del examen, les piden unos ensayos críticos sobre los libros del temario, con temas propuestos por los alumnos, que luego serán corregidos por examinadores externos (lo llaman "coursework"). Mini propuso: "Con referencia a factores contextuales relevantes y su lectura crítica más amplia, ¿hasta qué punto la "Poesía de la Primera Guerra Mundial" (una antología de poetas como Edward ThomasRobert Frost, Wilfred Owen, Siegfried Sassoon y Robert Graves entre otros) de Tim Kendall y "Regeneración" de Pat Barker presentan a los soldados como cómplices de la violencia o como víctimas del deber y las circunstancias?" Vera Brittain seguro tenía una opinión muy clara al respecto;  para mí ha sido toda una experiencia leer el trabajo de Mini a la vez que terminaba el libro. 


Pero quién debería leerla
Como no me gusta nada la cultura bélica -me aburren las pelis y los libros de este tema-, el meterme en 600 páginas de Primera Guerra Mundial se podría calificar de masoquismo clásico. Pero tenía que hacerlo: en el momento actual, en el que todo el mundo se está preparando (odio la famosa frase «Si vis pacem, para bellum»potencialmente para esos "eventos de destrucción masiva", la guerra, quería entender algo del proceso, aunque ya imaginaba que iba a terminar reafirmándome en el horror que es toda -y en particular- esa guerra, tal vez la más cruel - si puede haber competiciones en esto. 

Claro que no es que tenga que ser yo -que tengo un distintivo en mi blog llamado "antimilitarismo"- quien lea estas cosas, sino los votantes de aquellos que tienen poder para elegir o no este camino. Pero tal vez esos no lo lean nunca, cada uno leemos o escuchamos lo que no nos causa convulsiones con el té matinal: desde el periódico, hasta los podcast, pasando por libros y pelis. Yo a veces, siguiendo con el masoquismo, me paso por "el otro lado", y he de admitir que el cabreo y la desesperación me invaden. Y así seguimos, cada uno en nuestros silos y yo, a punto de divagar sobre una biografía de una mujer que terminó siendo pacifista convencida el resto de su vida. Aunque fuera una evolución, porque al principio también habla de aquellos "propagandistas antibelicistas" que calificaban al estado mental de la nación como "exaltación histérica" o "histeria idealista quasi-mística".

La vida diaria en una guerra
Esta no es una biografía para entender lo que es la vida de la gente de a pie cuando hay guerra, porque la autora se alistó como voluntaria y vivió la misma casi en primera línea.  Sería el equivalente de "Sin novedad en el frente" (1928) de Erich Maria Remarque -que leí en mi época de apoyo a ese gran movimiento. la "insumisión"- que cuenta los horrores desde el punto de vista de un soldado; pues esta novela es desde el punto de vista de una asistente de enfermería. 

He de decir que siempre me ha intrigado lo que es la vida diaria durante una guerra: conjuro imágenes de bombas cayendo del cielo que se ha tornado infierno sin interrupción, sirenas, gente corriendo, Dresden, Guernica, Gaza. Parece increíble que la vida "normal" pueda seguir, pero lo hace. Mi primer contacto con esto fue la Yaya, que tenía 16 cuando estalló la Guerra Civil y estaba en Bellver. Era un pueblo en medio de los Pirineos donde la vida parecía "normal", aparte de que cuando venía "la pava" se metían casi todos al refugio, cuya boca me enseñó. Y digo "casi" porque su padre, por ejemplo, no iba, se quedaba trabajando fuera en su herrería. Esto siempre me fascinó: alguien que decide seguir con su vida pese a que igual le caiga una bomba, no me entra en la cabeza. 

Aquí, en Londinium, también he atisbado lo que era vivir durante el Blitz, el bombardeo de la ciudad por la Luftwaffe en la Segunda Guerra Mundial, tanto por literatura ["The end of the affair" , "El final del affaire" de Graham Greene o "Life after life", "Una y otra vez" de Kate Atkinson] como por  tener los ojos abiertos: dos calles arriba de la mía hay unos cuantos edificios cuya arquitectura no es la victoriana típica de la zona: son casas feas de los años 60, construidas en el solar que dejó una bomba. He escrito bastante de esto, recientemente en un divague sobre Du Cane Court, un edificio en Balham que tiene mucha leyenda del Blitz, o en otro sobre el refugio que hay en la parada de metro cercana - allí se ve cómo gente como yo salía de su casa por la tarde-noche, cerraba la puerta, bajaba las nueve plantas hacia el centro de la tierra, y allí tenían literas donde dormir, pero antes, incluso organizaban bailes!! A la mañana siguiente, subir las nueve plantas, ir a ver si tu casa aún está ahí y supongo que irte al trabajo, o al colegio, los pocos que quedaron; aquí hay una foto increíble de una clase (scroll hasta el punto 7). 


Vida pre-guerra
Pero como digo, esto no es el caso aquí -aunque a veces se deje ver algo por la correspondencia de la protagonista con su familia. Esta biografía está dividida en tres partes y doce capítulos. Los primeros, casi cien páginas, los dedica a contarnos cómo era la vida en Inglaterra, en concreto en un pueblo balneario de Derbyshire llamado Buxton, donde ella vivió una "provincial young ladyhood" (juventud de señorita provinciana).  He visto por ahí comentarios sobre el exceso de detalle de esta parte, pero es importante para entender cómo se sintió esta generación después, a los que luego se llamó la "Lost Generation", la generación perdida, aquellos que llegaron a la edad adulta justo antes o durante la guerra. Hemingway usó el concepto en su novela de 1926 "Fiesta", para indicar el espíritu desorientado, sin dirección, vagante (¡yeah!) de los supervivientes en el periodo de entreguerras.  

Brittain venía de una familia de clase media alta -su padre tenía una fábrica de papel- con solo dos hijos, ella y su hermano menor, Edward, que amaba la música y era "inteligente en lugar de intelectual".  En la correspondencia con sus padres durante la guerra queda muy claro el tema de clase: continuamente se dice que su madre lo está pasando mal dado que "solo tienen a una mujer de servicio". ¡El peso de llevar ella sola el piso de Kensington! Esta situación de "servantless" la llevaron fatal los ricos durante la guerra y, de hecho, hay una vez que Brittain tiene que pedir permiso para volver a casa para ayudar por esto. Cada vez que sale ese tema, quiero gritar, pero ilustra de una manera inesperada para mí lo de "la vida diaria en una guerra".

La autora fue al internado donde daba clases su tía y decidió -en contra de la opinión de su padre- prepararse para entrar en Oxford a estudiar English (Literatura Inglesa). Me encanta la frase con la que comienza el libro:
"When the Great War broke out, it came to me not as a superlative tragedy, but as an interruption of the most exasperating kind to my personal plans". ["Cuando estalló la Gran Guerra, no fue para mí una tragedia enorme, sino una interrupción exasperante de mis planes personales"].
No está sola, es famosa la entrada en el diario de Kafka del 2 de agosto de 1914: "Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Nadar por la tarde"Me gusta porque resume perfectamente la falta de conciencia de lo que se venía encima por gran parte de la población, pero, sobre todo, porque a la gente no nos interesan esas decisiones que se toman en despachos, frecuentemente movidas por la necesidad de alguien de vender bombas y carros de combate. No estoy diciendo que esas sean las únicas causas de la Primera Guerra Mundial -aunque la misma Brittain confiesa que era ingenuos y que no se dieron cuenta de que había "explotación cínica de los jóvenes por mayores que se movían por su propio interés"-  pero sí que a la gente lo que le importa es tener un techo sobre su cabeza, poder ver a su novia, que su equipo gane la liga y, en el caso de Brittain, poder ir a Oxford, para lo que se estaba preparando. De repente, estalla la guerra y sus planes de vida se rompen. 


A la gente todo esto no nos va bien, y por ello los que nos llevan a eso han de organizar una campaña importante de comecocos (digo, propaganda) para persuadir a las masas de que entregar a sus hijos a la muerte en un barrizal merece la pena por valores tan irrisorios, para mí, como Dios, patria, rey, o lo que se diga ahora. Esto también lo he visto en el ensayo de Mini, en el que queda clarísimo que todos esos poetas creen, una vez que han pasado por allí, que todo ha sido en vano. Brittain nos cuenta cómo la prensa era cómplice de esta propaganda: por ejemplo, los titulares de un día eran "la grandiosa victoria de nuestros soldados en la batalla de Ypres", y a los dos días, de forma escalonada, las listas de muertos en combate.  Parece que, cuando informaban a las familias, todos habían muerto "de un disparo en la cabeza": claro, claro. 



Brittain se prepara mucho para poder entrar en Oxford pero en un punto siente que tiene que arrimar el hombro y se alista como voluntaria. Tengo opiniones encontradas sobre el tema: por una parte, me parece de una generosidad extrema, me quito el sombrero: ¿quién le exigía dejar una vida cómoda para enfrentarse con ese horror? [Aún así, en un punto dice que "un número de antepasados neuróticos me deprivaron de la virtud del coraje"]". Por otro lado, los primeros que fueron a la guerra fueron voluntarios (luego ya se hizo conscripción o reclutamiento obligatorio en 1916, la primera vez en la historia moderna de este país) porque creían que debían hacerlo por las razones arriba citadas o por las pegatinas que les ponen, como en la guardería (aquí las llaman "cruces militares") después de supuestas heroicidades. Si la mayoría no lo hubiera hecho, ¿qué habría pasado? Deberíamos recordar que somos siempre más que ellos, y nuestro poder juntos es inmenso; pero se nos olvida. 

Primer puesto: Camberwell
El segundo hospital donde trabajó Brittain (el primero fue en su pueblo de Derbyshire, pero era un poco como de la Señorita Pepis), fue en uno que se habilitó a partir de dos colegios en Camberwell, que entonces se llamó el "First London General Hospital". El personal venía del Bart's Hospital (del que hablé el otro día, a tenor de su maravillosa y hogarthiana North Wing (Ala Norte)


Fui a visitar lo que fue el hospital hace unos findes (como digo, de ahí son las fotos): está frente a Myatt's Fields, un parquecito muy victoriano, con su quiosco de la música y todo, donde Brittain cuenta que sacaban a los pacientes para que les diera el sol. Imaginarlos allí...


El College era San Gabriel's College, construido en 1900 -muchos de sus chicos se alistaron para ir a la guerra- con su capilla a la derecha, pero el más bonito era Charles Edward Brooke Girls' School. Yo iba por el parque sin saber lo que me iba a encontrar y de lejos vi las torretas. Cuando me acerqué, me encontré con que está todo el edificio cubierto de lonas verdes porque se está cayendo a trozos. 


Al lado del cole está la casita del caretaker (guarda), que sí está habitada: como me pilló mirando entre las rejas de la puerta, salió un chico que me contó que el edificio es del ayuntamiento, pero que no tienen dinero para arreglarlo (me extraña que no hayan recurrido al manido concepto "luxury apartments" en el que reconvierten todo en esta ciudad). 

A él le alquilan las casita del guarda (arriba), de la que funciona el buzón e incluso el timbre. Atención a esta monada:


Mientras Brittain trabaja en este hospital, vive en Denmark Hill y explica con detalle las penosas condiciones en el alojamiento que compartía con otras voluntarias y el viaje de tranvía con el que va al hospital -que a veces no podían coger porque iba lleno de trabajadores que viajaban al centro. Leer esta parte de la novela me ha tocado muy de cerca porque durante muchos años trabajé en esa calle, y de repente ponerla en sepia y ver durante tu lectura a tus personajes en un tranvía que hoy no existe -en su lugar hay un montón de líneas de bus-, es curioso. También me ha encantado saber que los números de las líneas de los buses de Londinium no han cambiado: ¡ahí está nuestro querido 88!


Puesto 2: La Valeta
El siguiente destino,  tras el hospital de Camberwell, es La Valeta, en Malta. El viaje en barco -el Britannic- que describe bordeando nuestra península por el Atlántico y lo que queda de travesía por el Mediterráneo es épico.  
"Empezamos el viaje hacia el oeste y cuando pasamos las Needles parecía que navegábamos directos el corazón de un atardecer dorado y lila (...) la emoción de pasar esas tierra lejanas y encnatadas (...) la costa rojo-ladrillo de Portugal (...) la noche que Gibraltar se alzó frente a nosotros, una sombra negra engarzada de luces, y a la maniana siguiente, los picos arrogantes de Sierra Nevada inclinados sobre las escarpadas cimas de las Alpujarras (...) las rocas lilas y grises de Cerdenia (...) el gigante Vesubio, cubierto de nubes. Messina, ese estrecho trágico perpetuamente guardado por el centinela azul, el Etna, se deslizó cuando lo pasábamos".
No entiendo por qué luego pasan por el "peligroso Egeo" y habla de algunas islas griegas como Lemnos antes de terminar en Malta: me parece un rodeo, aunque tal vez tenía que ver con la guerra. Porque aunque este viaje y su descripción (tal vez seré injusta luego cuando diga que el libro no es literario) me dejaron hipnotizada, no hay que olvidar que la travesía tuvo lugar con la continua amenaza de ser bombardeados;  suerte que de hecho sufrieron otros navíos.  

Una vez que llega a Malta, Brittain disfruta muchísimo simplemente con todo lo sensorial que tiene para ofrecer una isla mediterránea, como sabemos los fans. Esta parte de la novela me ha llevado a aquel viaje en esta isla y su compañera, Gozo, hace unos años, a sus colores, a su luz, y a la felicidad de simplemente estar ahí fuera, en cualquiera de sus acantilados. Curioso -volvemos a "la vida diaria de la guerra"- que Brittain cuenta cómo en La Valeta aún estaba en funcionamiento la ópera.

Puesto 3: Francia
La vuelta al continente es en tren y nada tiene que ver con Malta su último destino, un hospital en Francia cubriendo el frente. Lo que me ha quedado de esta parte se puede describir con  una palabra: barro, tanto real como metafórico es esta guerra de trincheras, la más cruel que ha existido, donde además, describe la vida como "aburrida" (de verdad que no logro imaginarme esa parte de la guerra). Y si pensamos en los números que cayeron o fueron heridos [la batalla de Somme, un millón de soldados!!!], ya te vienes abajo. He escrito "soldados" pero querría decir hijos de sus padres, hermanos de sus hermanas, novios de sus novias. Cada una de estas personas tenía una historia y dejó detrás, una familia destrozada. ¿Para qué?


Esto es algo que se pregunta Vera Brittain durante toda la biografía. ¿Por qué? ¿En nombre de qué? Lo que vio en todos los hospitales fue horrendo (mutilados, enceguecidos, sufridores de dolores terribles, muertos), en un punto describe ayudar a vestirse a un recién amputado como "un espectáculo que dé más pena no existe a este lado de la muerte", heridas tan monstruosas que solo se podrían solucionar con "la misericordia de la muerte". 

Hay gente que nunca lo supera y tal vez ella fue de ellos. En la introducción escrita por su hija Shirley Williams (que fue en los 70 miembro del parlamento por los Laboristas pero en los 80 se pasó a los Liberales Demócratas) dice lo difícil que era para su madre reírse a carcajadas, que "estaban esas hileras de cruces clavadas en su ser para siempre".  Y es que ya al principio de la guerra, alguien le dice que todos los soldados son otras personas: "todos han cambiado, después de dos o tres meses allí, ya no son los mismos". Ese es el tema: los que sobreviven quedan con cicatrices para siempre, la misma Brittain habla de unos sueños recurrentes que le duraron diez años después de terminar la guerra, y la culpa del superviviente ("¿por qué no he muerto yo? Soy un naufragio de la guerra"): trastorno de estrés postraumático en toda regla. 


Brittain pierde en las trincheras primero a su novio Roland, luego a dos amigos [que por cierto, le envían flores durante una convalescencia de ella: en la guerra se mandan flores!] y por fin, casi al final de la guerra, a su hermano pequeño Edward, un chico que solo quería tocar el violín- porque por lo menos Roland estaba muy interesado en "la gloria" pero, el pobre Edward? Al principio de la guerra, ante una tumba de un soldado cualquiera piensa la autora: "Y aún así, un día alguien amó al soldado que yace aquí". Años después viaja a la desolada montaña italiana donde yace su hermano y es ella la que se enfrenta a la soledad de su tumba, a tenerlo que dejar ahí solo: para mí este es el momento más desolador de la novela - y eso que hay muchos. Brittain piensa que le han robado su pasado, todos esos recuerdos de infancia que solo compartía con él y ya con nadie nunca más; y su futuro, todas esas encrucijadas de la vida en las que hablaría con él y ya no podrá. 

Tenemos las imágenes de la Guerra de Vietnam, en la que los cadáveres de los soldados americanos se repatriaban en bolsas, pero en la Primera Guerra Mundial se quedaban allí para siempre. La gente, los colegios, viajan a Francia a visitar estos cementerios de cruces blancas. Mini estuvo con el suyo y rindieron tributo -coronas de laurel y esas cosas- a los muertos británicos, entre los que estaba el bisabuelo o tatarabuelo de un compañero. 

El caso es que no fue hasta que leí esa escena de Vera Brittain frente a la tumba perdida de su hermano Edward,  que me puse como nunca antes en primera persona del drama:  lo que debía ser que te lo notificaran, o luego leer la lista de muertos en el periódico y ahí se acababa todo, con suerte tener un lugar donde ir cuando se acabara la guerra a ver si lo encontrabas. También me ha ayudado a ver aún más claro el "tema cunetas" de los desaparecidos de la Guerra Civil Española. No hay nada como la literatura para hacernos entender y sentir estas cosas.


Historia del SXX
Al terminar la guerra, Brittain decide centrar todos sus esfuerzos en la paz. Vuelve a Oxford pero cambia la carrera: en lugar de Literatura decide estudiar Historia, porque necesita entender qué ha pasado en Europa, para poder seguir su campaña pacifista. La universidad no espera a esta "generación perdida" precisamente con los brazos abiertos: Brittain se siente una alienígena que no pertenece a ningún sitio, está deprimida, a ratos parece psicótica. Cuando termina, se dedica a viajar por Europa dando charlas, en la Liga de Naciones ("ese experimento internacional para la búsqueda y mantenimiento de la paz") y observando los efectos de la guerra. 

En uno de sus viajes a Italia oye por primera vez la palabra "fascismo" y en uno a Alemania describe cómo se vivió la guerra en Berlín ("sin velas, sin calefacción, sin nada que comer") y cómo, en esos momentos, en Alemania la "amargura y el estrés eran más psicológicos que económicos". Desconocían que Inglaterra y Francia hubieran sufrido en absoluto y expresaron un odio hacia Francia "con un cinismo frío más terrorífico que si hubiera sido apasionado". "Un día, nos vengaremos" dijo un alemán y Brittain escribió: "este país me asusta". Hoy sabemos que tenía razones. 


Feminismo
Cuando tomo notas de los libros, lo suelo hacer por páginas, pero en este libro enseguida comprendí que tenía que hacer dos grandes temas que iban a salir constantemente: pacifismo y feminismo.  Tengo tantísimas notas sobre ambos temas que sería imposible incluir todo lo que hace a Brittain una mujer excepcional en ambos. Sobre pacifismo he ido dejando miguitas durante todo el divague así que solo dejaré una frase ["Que estemos en esta época de teléfonos, aviones, coches y no hayamos superado la fase de matarnos unos a otros"] y una performance que explicaré al final.

De feminismo, desde el principio, como adolescente se resiste a su padre que quería que fuera una joven "enteramente ornamental". Cuando está en Malta, envía a casa dos acuarelas y le dice a su madre que son para "su estudio en Oxford", si logra sobrevivir. Piensa que no concibe una vida sin un estudio, que lo prefiere incluso a un dormitorio. Aún no había publicado Virginia Woolf su clásico "Una habitación propia" (lo hizo en 1929). No me puede gustar más esta idea, pensada por estas mujeres hace más o menos 100 años, tan actual. Por fin, cuando se casa, mantiene el apellido de su familia (no adoptar el del marido debió ser anatema en esa época) y siempre dijo que la "libertad en el matrimonio era incompatible con dependencia económica del marido". 




Aspectos formales. El estilo
Más de seis semanas me ha costado leer este libro y un par de veces he estado a punto de abandonar. En ambas ocasiones me he alegrado luego de haber continuado, porque he seguido aprendiendo y pensando. Pero el estilo de Brittain, correctísimo, no es literario en el sentido que a mí me gusta. ¿Qué quiero decir? Pues por ejemplo para mí es literario  "Matadero 5" de Kurt Vonnegut, otro libro bélico antibelicista completamente distinto en la forma en que está contado cosas parecidas. Brittain te cuenta los hechos muy bien, no hay página sin un subrayado y varias páginas de notas, mayoritariamente de hechos que desconocía o de ideas con las que sintonizo en todo. También sintonicé con Vonnegut, pero le admiré la forma más que a Brittain. Es la diferencia entre ver un documental muy bueno, o ver una peli de autor con una visión que te gusta. 


Y ya termino con la prometida performance pacifista que tuvo lugar en varias ciudades británicas como conmemoración del centenario de la Batalla del Somme. Alrededor de 1500  voluntarios vestidos con uniformes de la Primera Guerra Mundial que representaban cada uno a un soldado individual que murió el  1 de julio de 1916 aparecieron inesperadamente en lugares de todo el Reino Unido de 7 am a 7 pm, visitando centros comerciales, estaciones de tren, playas,  y calles principales para servir como recordatorio de los 19,240 hombres que murieron hacía 100 años el mismo día, el primer día de la Batalla del Somme. Encargado por 14-18 NOW (el programa de arte del Reino Unido para el centenario de la Primera Guerra Mundial), la obra se inspiró en parte en relatos de avistamientos durante y después de la Primera Guerra Mundial por parte de personas que creían haber visto a un ser querido muerto. Cantaban una versión irónica del mítico "Auld Lang Syne" (la que cantan los anglosajones en Nochevieja) que decía "Estamos aquí porque estamos aquí" ("We're here because we're here"), indicando que, como los amigos de Vera Brittain, sus pacientes, y ella misma, no sabían por qué estaban o habían luchado en esa guerra. 

Somos más, siempre: no aupemos al poder a los que nos pueden llevar a todo ese horror.