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30 septiembre 2020

"Vanity Fair" ("La feria de las vanidades") de William Thackeray: Novela picaresca con sombreritos y corsés

8 divagues
Si Flaubert decía aquello de "Madame Bovary C'est moi", creo que William Makepeace Thackeray podría haber dicho "Becky Sharp C'est moi". Que tampoco se entienda que es una identificación demasiado clara -no como el protagonista neurótico de las últimas pelis de Woody Allen, que todos sabemos es siempre Woody Allen- pero algo hay entre Thackeray y Becky, y lo intentaré explicar en este divague.

Para empezar, una confesión, yo también: no fue otra cosa que Becky Sharp lo que me animó a meterme en este novelón de 657 páginas. Sharp y su reputación de malvada (el tema de la psicopatía tiene hasta un distintivo propio en el divlog) y porque el ver cómo nos han reflejado a las mujeres esta panda de hombres decimonónicos (no solo Flaubert, que pasen Tolstoi, Clarín, Henry James et al) siempre me ha parecido una curiosidad a estudiar.  

También tenía otro interés oculto: como muchos escritores de la época (el mismo Dickens), "La feria de las vanidades" (a partir de aquí, "Vanity Fair", que es más corto) apareció publicada mensualmente en la revista satírica "Punch" a modo de serial. Como tal, tiene todos los tics propios del género, como dejar el capítulo en un "cliffhanger", en un momento culminante, para que el lector quiera volver. Como aspirante a serialista, tengo mucho que aprender. 


Norman Mailer decía que un escritor debe de ir más allá de la simple narración y ser un "filósofo amateur",  porque si no, se queda en un mero "cuenta-cuentos", en un "entretenedor". Yo siempre digo que un divague de libros debe también ir más allá, ser un ejercicio de análisis -para los académicos- o bien algo personal -en el caso de los blogueros narcisos-. A tenor de esto, el otro día me encontré por internet con un iceberg sobre los distintos niveles de entrar en una novela que no había visto nunca así representado (tal es mi falta de formación en esto de la escritura, y casi en la lectura, recordemos que para alguien que escogía "ciencias puras" la última literatura que se estudia formalmente es en Segundo de BUP). Es a lo que aspiro en mis divagues sobre libros: evitar hablar del "plot", la trama, lo que pasa, ("entonces llega fulanito y..."; me pone mala cuando hacen esto los críticos de cine, por ejemplo), y como mucho aludir a la "historia universal que hay por debajo de la trama". En  lo que sí me meto es en los "themes", los temas subyacentes, que aún son mucho más universales. O por lo menos los que son relevantes para mí, aunque en "Vanity Fair" hay tantos que seguro que no podré cubrirlos en un divague. Pasen y lean. 

"Vanity Fair" está subtitulada "Una novela sin héroe", no solo para indicar que se trata de una historia coral, sino para dejar claro que aquí pocos héroes vamos a encontrar: tras todas esas páginas será difícil no concluir que la perfección es algo utópico. Si hay una heroína -oscura- esa es Becky.  Entrando en el tema de género, existe el concepto de héroe byroniano, héroe atormentado (aquí ya hemos hablado de la atracción que nos causan algunos personajes terribles en el cine y la literatura, y más de andar por casa, los malotes de tres al cuarto), pero sería cuestión de estudio ver cuántas de esas malas de la literatura ejercen similar atracción o son un modelo a seguir. En general son simplemente brujas malvadas que dan mucha vida a la misoginia rampante (pero aún quedamos algunas que siempre quisimos ser la mala, por lo menos en la obra de teatro escolar). Aún hay much@s que llaman a sus hijas "Penélopes" pero no conozco a ninguna "Circe"-por poner un ejemplo con las mujeres de uno de los  héroes clásicos, el que va por ahí de viaje follando mientras la otra espera (eso sí, en un lugar muy bonito).

En "Vanity Fair", Thackeray usa el paralelismo de la madre vs. la puta para hablar de las mujeres. Nos introduce al contrapunto de Becky Sharp, Amelia Sedley, ya en el colegio pijo para "señoritas", donde Amelia se está educando gracias al dinero de su familia para perpetuar roles (casarse con el hijo del rico de turno), mientras que Becky está allí gracias a las clases de música y francés que da a las niñas, ahorrandole un salario a la directora. Becky es huérfana, y se comenta que viene de "mala familia", su padre era "artista" y su madre no solo francesa, sino cantante de opereta, ambos de profesiones de muy mala reputación, como no olvida recalcar cada uno de los que se cruza con Becky- a su espalda. Me encanta la observación del autor cuando dice que Becky es pequeña en estatura pero que tiene "la precocidad de la pobreza". La falta de buena comida que le ha impedido crecer, la carencia de todo que la ha hecho negativamente precoz.

Lo que está claro y es sofocante es que en esta sociedad no hay piedad ninguna con las mujeres: están en el mercado como si fueran trozos de carne, y las madres son las encargadas de poner las piezas sobre el mostrador.  Hay muchos tipos de explotación evidentes en la novela, pero la del género femenino es particularmente dolorosa. Becky se da cuenta desde el primer momento: ella no tiene una madre o similar que la "ayude" a estar en la feria de ganado, que la ponga a la venta, así que se va a tener que espabilar ella. Y así comienza su carrera. Cómo no empatizar con ella?

Es importante localizar la novela temporalmente. Thackeray la escribió en 1847, pero está ambientada unas décadas antes, a principio del SXIX, durante el reinado de George IV (un rey "campechano" al que le gustaba el comer, beber, la fiesta) y la segunda invasión napoleónica.   Recordemos que en 1837 es cuando comienza su reinado la seta Victoria, hasta 1901: una época caracterizada por represión sexual, y conservadurismo. Ambientando la novela al principio de siglo, Thackeray retrata una especie de "belle epoque" donde la vida era más libertina que bajo el corsé victoriano. 

Becky comienza de la única manera posible, como institutriz de la aristocracia, burda y analfabeta. El otro día viendo la versión de Hitchcock de "Rebecca" un personaje decía a otro que una persona debía tener las tres "Bs": "Breeding, Beauty and Brains" (abolengo/clase, belleza e inteligencia). Estos tres parámetros, o sus permutaciones aparecen constantemente en los personajes de "Vanity Fair" (me recuerda a aquel meme que iba por internet en el que te decían, con respecto a una potencial pareja: "elige dos: belleza, inteligencia, sentido del humor". Difícil eh?  Parece que hemos cambiado la clase por el sentido del humor, aunque no me lo creo: la clase social -aunque algunos nieguen su existencia- sigue siendo primordial tristemente en las relaciones, pero es el elefante en la habitación. 

Seguiríamos amando a Becky si solo se la fuera metiendo doblada a los ricos. Pero no es tan sencillo: una de las maneras que usa el autor para indicar lo frío que es su corazón es su total indiferencia hacia su hijo. Hay algo nuevo bajo el sol?  Qué hay peor en una mujer , incluso en 2020, que ser una malamadre, una "madre desnaturalizada"? Esto, de nuevo, contrasta con la devoción de Amelia hacia el suyo, que es un auténtico mocoso malcriado (combinación de genes de su patético padre y la actitud de su madre). Malamadre vs. Madonna, pero no queda todo ahí, como en otras novelas, con su tratamiento la maternidad, sino que aquí Thackeray introduce algo novedoso, la paternidad: por cómo se relacionan los padres o padrinos de estos dos ninos, les conoceréis. Así que en esto Thackeray es también distinto y en hacer que la dama pasiva y dependiente -que habría sido la heroína de muchas de las otras novelas de la época- sea el personaje a evitar. Durante la lectura una tiene claro con quién pasaría una tarde: Amelia es tan buena que aburre, tan santurrona que es tonta; es un personaje profundamente irritante. "La madre" es la vida hacia dentro, mientras que Becky, la villana, es todo lo que sale afuera. Y no solo son ellas: Thackeray habla continuamente y con cierta conmiseración sobre todas las mujeres, como si nos hubiera tocado un mal papel, un rol de segunda, en la obra de teatro, de la que él es el maestro marionetista. 

Pero creo que no estoy dejando claro que el tono de Thackeray es eminentemente irónico: se ríe de todos y todo en la aristocracia y las clases medias-altas. Nos describe una sociedad como el título sugiere, llena de superficialidad, manipulación, avaricia y vanidad. "Omnia Vanitas" que decía la piedra en un cementerio de Yorkshire el pasado verano.  "Ah Vanitas Vanitatum", la frase con la que termina la novela.

En el análisis de  los catedráticos Jones & Knowles, que precede a mi versión, clasifican a "Vanity Fair" como una sátira perteneciente al género de la picaresca, algo que, con nuestro pasado literario español, de entrada yo no hubiera asociado. Estas novelas comienzan con un personaje que es o bien un niño o joven (el pícaro) que busca "un lugar en el mundo". El autor entonces lleva a este personaje por todo tipo de situaciones o personajes que quiere ridiculizar. Y es precisamente lo que hace aquí, llevarnos por la vida de la pícara Becky Sharp desde ese colegio de pijas a través de aristócratas con faltas de ortografía, ladies solteras con fortuna y muchas manías de las que todos esperan heredar, soldados gordos y cobardes y suma y sigue. 

El caso es que, recordemos al Lazarillo de Tormes timando al ciego: todos queremos que tenga éxito, y nuestro corazón está con él, porque pasa hambre cuando no debiera. Como dicen Jones & Knowles, "el pícaro no puede permitirse las beldades de tener conciencia, el pícaro es amoral más que inmoral, y esa amoralidad es una victoria sobre la sociedad terrible y cínica a la que sirve".  No es tan fácil con Becky como con Lázaro: la complejidad con la que nos enfrenta Thackeray es que Becky hace cosas realmente terribles, que como lectora me han horrorizado (personalmente, que intente timar a los ricos no me ofende, pero sí que lo haga con los pobres, unos sirvientes), pero a su vez celebra sus continuas reinvenciones a lo largo de la vida, como una Houdini que se escapa de sus cadenas y vuelve al terreno de juego, con una energía que cruza el papel, y los siglos. 

Como análisis de la naturaleza humana, el personaje es muy interesante porque nos enfrenta al tema de: se puede ser bondadoso cuando te han dado malas cartas en la vida? Solo los ricos, protegidos por su riqueza, pueden permitirse ser morales? Hay elección cuando lo que se juega es la supervivencia? En la novela, casi todos los personajes que actúan vilmente no reciben ninguna consecuencia negativa, de ahí que la novela sea una sátira muy oscura. El mundo es un lugar sin principios ni moralidad.

Así que, "Becky Sharp C'est moi"? Para ello hay que leerlo y al final recordar, si se tienen remilgos con esta escaladora psicópata de salón, que, al final de "El silencio de los corderos" todos queremos que Aníbal se cene al Doctor Chilton. 

25 septiembre 2020

Serial 19. De fantasmas, jinetes sin cabeza, ladrones de cadáveres y tacitas florales

4 divagues

 No tardó demasiado tiempo en que los días que pasamos atrapados por la nieve tomaran la textura de lo onírico; ahora tras tantos años para mí están ya en sepia, como una película del Hollywood clásico. Fueron unos días tan estupendos que además, a fuerza de contarlos y re-contarlos, quien sabe si embellecerlos-toda narrativa es re-elaboración-, y pasaron a poseer como dije, el aura de leyenda entre la comunidad de la "Institución Total".  

Por supuesto, la primera noche de vuelta a nadie le importó el cansancio y tuvimos que someternos a un interrogatorio por parte de los demás en Serotonina, el pub o metafórico diván de los residentes. Cuando terminamos, los de York no se fueron de rositas, y contra-atacamos. Remolonearon: bueno, lo habían pasado solo "mediocre", el punto álgido un medio-pedo en un pub por lo visto famoso, "The House of the Trembling Madness" (traduce algo así como "La casa de la temblante locura"). Ah, cómo resistirse a entrar -y triunfar, añadieron-viniendo de Banderley, la casa de locos de los páramos. El pub era un caserón georgiano, con un montón de habitaciones, algunas truculentas -hablamos de taxidermia colgada sobre las chimeneas- que hizo las delicias de esta panda de morbosos, atraídos por la quintaesencia de ciudad medieval, toda callejones oscuros y faroles de luz amarillenta. 

No, a Sandip casi ni le vieron el pelo, seguía con su innumerable familia extensa, y no, Morgana no logró comprar ropa: eso como mejor se hace es sola, a quién interesa la opinión de nadie sobre lo que le queda bien a una? Yolanda tampoco había sacado tiempo para ir a tomar el té a Betty's: ella era muy irlandesa pero gran fan de la reina y del té de las cinco, esto incluye los sándwiches de pepino con mantequilla. Elogió su horrible presentación de tacitas florales con dorado en el borde a juego con platos de juguete y como colofón,  una especie de bandeja vertical de tres platos en pisos -mismas delicadas flores- que nunca había visto yo antes de llegar a este país. Lo de las tacitas finolis lo tenía yo en un trastero de la memoria, como algo muy antiguo de tediosas meriendas en casa de la cuñada de mi abuela, que eran ricos. Tomaban ellas el té, claro; yo colacao caliente directo del cazo al vaso de duralex. Pero ahora parece que esta decandencia de a florecilla volvía: Morgana aseguraba que ella, cuando tuviera una casa, se haría con un juego de nosequé marca. Marla sin embargo, que mientras crecía pensaba que su vida, sus objetos, serían como los de su madre, había llegado a la conclusión de que "hoy, ya sé que nunca será así". Todo el mundo tenía opinión sobre el tema. 

Mark no habló de rugby en todo el fin de semana, aseguraron, nos habíamos llevado nosotros a Richard, agradecieron. Por ese lado bien, pero fastidiado porque no lograron unirse a ningún paseo de fantasmas. Por qué era York una ciudad tan de fantasmas, se me ocurrió preguntar. En mal momento, pero disculpen: era nueva. Aquella noche fue mi bautizo en fantasmas, y no importa cuánto hayas leído, ni si tienes una camiseta de Poe, nada te prepara para mantener una conversación con gente en apariencia normal que "creen en los fantasmas". Con el tiempo conocería a muchos ingleses que iban de este palo. Y dirán, pero eres psiquiatra, pero no: señoras que hornean galletas para actos sociales, vendedores de coches de segunda mano, abogados que asisten a cursos de lenguaje cinematográfico. Todos estos y más, han descrito -y no en consulta-, sin un solo atisbo de ironía el fantasma que tenían en su casa, o en la de su prima. Al principio creía que iban de broma; pronto te das cuenta de tu error, y que si sigues riéndote en su cara igual parten la tuya. Así que has de adoptar una actitud así como con los creyentes de cualquier religión, pretender respeto intelectual, asentir seria, y tal vez algún ahá. Y te están hablando del fantasma del cuarto de la lavadora, porque los espectros no solo están en los castillos escoceses, ni entre las abadías deshabitadas. Un lugar favorito son los pubs, y hay miles con su fantasma residente: hay hasta listados por código postal, donde se describen sus síntomas (a falta de mejor palabra),  "arrastrar cadenas y suspiros", por ejemplo. 

Mark comenzó su disertación con que algunos decían que York era "la ciudad más encantada del mundo", pero él estaba convencido de que era Londres. Si en York se jactaban de tener -atención "140 fantasmas y 500 apariciones grabadas", según Mark, Londres le da mil vueltas, aunque solo fuera por el tamaño. Por supuesto, Mark había asistido a las manifestaciones del fantasma de la "Spaniards' Inn" (la taberna de los españoles) -me guiñó un ojo- cuando estudiaba la carrera en Kings, al sur del río-me volvió a mirar, (hizo la aclaración por mí?) Cuando pasados los años me adentré por fin en esa taberna, era más o menos como Mark la había descrito: un edifico listado que databa de 1585, habitación oscura tras habitación oscura, jardín con mesas de madera llenas de vasos de pinta (vacíos). Parece ser que uno de los dueños en el Siglo XVIII fue el padre de Dick Turpin, el asaltador de caminos, pero el fantasma ya estaba entonces allí. Parece que en el Siglo XVII los dueños eran dos hermanos españoles, Juan y Francisco Porero que se enfrentaron por el amor de una mujer -así sois los españoles, añadió (y, ojitos, o mi imaginación?), hasta que tuvieron que dirimir el tema de la única manera posible para caballeros de la época: el duelo. 

En el punto más interesante, parece que estaba orquestado, alguien sacó otra ronda, y ese cambio de acto, telón abajo, los actores se reorganizan, me dio para hacer desvanecer el hechizo: Mark estaba flirteando conmigo, porque era la nueva, pero los papeles estaban aquí ya repartidos. Recordé la norma no escrita de Banderley: no estaba permitido que el personal entablara relaciones personales. No había noviazgos entre los residentes, porque parece que eso distraía del foco de tu aprendizaje: aquello parecía un sacerdocio. Hace unos anyos, hubo una pareja de alemanes que llegaron pretendiendo que no se conocían, y cuando se destapó que ya estaban juntos, les "tuvieron que dejar marchar" (uno de mis eufemismos favoritos de este país). Volviendo a Mark, tenía un par de puntos para que yo quisiera algo con él: era un armario de dos puertas (pero qué cuello! era eso real?) y tenía el carisma de los que les viene todo regalado (físico, dinero, educación) de la cuna. O tal vez porque admitámoslo, físicamente me recordaba a Germán. De todas maneras, sospechaba que, con prohibición o sin ella, algo debía estar ocurriendo entre él y Morgana. El Macho Alfa con la Abeja Reina. 

-Así que Juan fue el malparado y desde entonces,-ya volvíamos los actores cada uno a nuestro punto del escenario- recorre la taberna cuando la cierran. Y le han visto algunos de los últimos en irse. 

-Y tú, te encontraste con Juan?

-No, aunque siempre era de los últimos, eso seguro. 

Coro de risas. Y entonces Sandip, que estaba allí, siempre con esa actitud de me-voy-ahora, dijo que él quería ir a Londres para pasar por "The ten bells" en Spitafields, antes llamada "Jack El Destripador", por donde se pasea el fantasma de Annie Chapman, una de las víctimas del asesino en 1988. Will le preguntó si había leído "From Hell", la novela gráfica de Alan Moore, y Sandip no tenía ni idea, pero quedó en cogerla prestada, porque le interesaba el tema de Jack. Por supuesto, alguien sugirió ir todos un finde a Londres a hacer uno de los paseos por Whitechapel, esa zona que me sigue dando escalofríos porque siempre es niebla en los huesos, pasos en el pavés y sombras en las esquinas. 

 -Y otro tema que te interesaría -siguió Richard, mirando a Sandip- con tu fijación con los trenes sería visitar la estación de Waterloo. Por lo visto, hubo una vez una línea de tren llamada "Necrópolis" que servía para transportar cadáveres desde la ciudad hasta el cementerio de Brookwood, en Surrey, al sur. Una bomba en Waterloo en 1941 dañó la línea y cerró, pero aún queda un fantasma que da portazos.

Y aún más risas. Yo no sabía sin estaban tomándole el pelo al pobre Sandip, o si la línea Necrópolis existió. Pero ahí seguía a la carga Mark, con sus apariciones chulas en pubs:

-Yo tenía una novia que vivía en Highgate y como todos conocéis, 'The Flask'...-murmullo medio afirmativo, yo ni idea, que Isabel capta, y aclara para mí: 

-El pub que regentaban Keats, Byron y Shelley, enfrente vivía Coleridge y su opio...

-Ese, pues, tiene dos apariciones oficiales. Una es el espectro de un caballero en uniforme, otra el de la camarera, otra vez española, en serio -más sonrisas, y todos uuuuuuuuuuuuuuuuu- que se suicidó después de que el tabernero le rompiera el corazón. 

(Yo ya pensando: qué mal rollo, chaval, ahí lo dejas? Pero no, sigue a la carga:)

-Además, no olvidemos por lo que es famoso Highgate...

-Por su cementerio? -me salió del alma, es lo único que sabía yo de la zona, que en su cementerio estaban los restos de mis tótems George Elliott y Karl Marx.

-Wow, Mariona, en serio que acabas de llegar a este país?

(Qué cara poner cuando te sientes como un delfín al que le han tirado una sardinita). 

-Nooo, ahora vas a contar otra vez lo de que la primera autopsia de la historia ocurrió en la Sala del Comité del Flask?-esta era Marla.

-Alguien habrá que no lo ha oído. -Barullo general. Y se vuelve hacia mí- Mariona: has oído hablar de los ladrones de cadáveres del Siglo XIX?

-Sí, eso se estudia en historia de la medicina... el famoso cirujano de la que era entonces capital mundial de la anatomía, Edimburgo... cómo se llamaba?

-Robert Knox- saltó Richard-, imaginad la situación de los cirujanos entonces. Cada vez se estaba desarrollando más, pero no había cadáveres sobre los que estudiar! En Escocia solo dejaban diseccionar a los que habían sido condenados a muerte, a los suicidas, a algún huérfano... y cuando hay demanda, comienza la oferta...

-Y así surgió el oficio de ladrón de cadáveres... parece que les pagaban unas £10 en invierno, £2 más que en verano, que los cuerpos se conservaban peor...

-Qué mórbido... no quiero ni pensarlo. Os imagináis el terror de las familias? 

-Por eso desarrollaron los "mortsafes"...

-Qué eran?

-Sistemas para proteger a los muertos. Depende de tu situación económica, como todo, podían poner una piedra enorme encima de la tumba, o una especie de jaula de hierro que la cubría... 

-Tenemos que ir a Edimburgo a verlos!

-En algunos cementerios también hay unas torrecitas para observatorio, y hacían guardias.

-Qué espanto...

-Pero todo cambió con los asesinatos de Burke y Hare en Edimburgo... empezaron consiguiendo algún cadáver para Knox, pero al final debieron pensar, para qué desenterrarlos? Saltémonos ese paso: total que acabaron asesinando a 16 personas... 

-Madre mía... asesinos en serie! Como Jack...

-Sí, pero a estos les pillaron, condenaron a muerte, y en un ejercicio de justicia poética, Burke fue diseccionado y al final, su esqueleto donado al Museo Anatómico de la Facultad de Medicina de Edimburgo. Sigue allí.

-Como consecuencia, se aprobó la Ley de Anatomía de 1832, y ya se permitió diseccionar cuerpos donados para ello... 

-Toda nube tiene su línea plateada (o no hay mal que por bien no venga, por si la metáfora literal no traduce bien). Y carcajada general.

-Pero no me habéis dejado terminar, -Mark de vuelta a la carga- yo decía que en The Flask la autopsia había sido de un cuerpo robado del cementerio de Highgate... y así cerramos el círculo, y pedimos otra ronda?

En la confusión de la siguiente ronda tuve un flashback,una imagen que no me ha abandonado nunca, de aquel día en el que unos cuantos de la facultad, allá en la ciudad de provincias, íbamos al cementerio local el día que habían abierto las tumbas de los que ya iban a pasar a la fosa común a buscar "material" para la sala de anatomía. "Parecía una ciudad de muertos", dijo alguien. Pasar por las calles que hemos recorrido algunas veces para el Día de los Difuntos, tal vez con algún ramo, salpicadas de ataúdes antiguos, desvencijados, podridos por los lados, con las tapas abiertas. Luego hubo que llevar todo en sacos, y lavar los cráneos, y yo ya no pude dormir bien en semanas. 

-Por qué os gusta tanto lo grotesco, lo terrorífico, lo bizarro aquí en Banderley? -se me ocurrió preguntar entonces, como para alejar aquella ciudad de muertos particular mía.

-Por qué dices eso? Totalmente injustificado!-y más risas

-Erais todos así, o una se vuelve?

-Podemos hacer el experimento contigo, tú eras así? 

-Bueno, siempre me gustó la novela gótica, pero aquí las Bronte quedan en meras aprendizas! -risas- hey, que yo pasé miedo con la mano blanca en la ventana en "Cumbres"!... pero es que aquí, psicópatas asesinos, ladrones de cadáveres, fantasmas... 

-Jinetes sin cabeza!

-Solo faltan los jinetes sin cabeza! No os lo apropiéis, ya tenéis bastante gótico en este país... la peli esta de Tim Burton, "Sleepy Hollow" está basada en un relato de Washington Irving, precisamente en un pueblo de Nueva York! O también tenéis por aquí cerca un jinete descabezado?

-Querida Marion -por primera vez hablaba Will, que había estado observando todo detrás de su pinta-.Todas las culturas tienen su jinete fantasma. Por supuesto tenemos una aquí, pero no en York, donde han ido estos pelagatos a ver fantasmas Disney. 

(Por primera vez observé que daba a mi nombre un toque anglosajón. Y no me quedó claro si todos conocían de sobra estas historias, y las estaban repitiendo -tal vez representando-solo para mí).

-En el folklore inglés -continúa-tenemos una historia en Camelot, en el imaginario del rey Arturo. Se trata del "Caballero Verde", una figura gigante, sin armadura,  que entra en la sala en su caballo -también verde- retando a cualquiera de los caballeros de la Mesa Redonda que le golpeen con su hacha. Eso sí, han de aceptar ser golpeados con el hacha en un año y un día. Gawain, el más joven de los caballeros acepta el reto, y le corta la cabeza. El Caballero Verde se levanta, recoge su cabeza y le recuerda la cita que tendrán al año que viene. Que por supuesto Gawain va a cumplir, demostrando caballería, lealtad, honor y esas cosas tan anticuadas...

-Oh sí, y en Irlanda tenemos el "Dullahan", otro descabezado sobre caballo negro, cabeza en brazo. -sigue Yolanda-. Suele ser un tío, pero también tenemos versión femenina. Dullahan conduce "la diligencia de la muerte" (Cóiste Bodhar, decimos en Irlanda)... es todo muy lúgubre: tiene una espina dorsal humana como látigo para su caballo y la diligencia... cuando para, alguien muere. Dullahan llama su nombre y... fulminante. Eso sí, igual a los vampiros no les molan las balas de plata, este con oro desaparece. 

Miré por la ventana y decir que estaba oscuro no aportaría nada, porque en Diciembre aún se está avanzando hacia lo oscuro -no sólo metafóricamente. Entonces recordé el día que me esperaba: tenía que volver a la planta, enfrentarme a Cook después de tantos días fuera y por la noche bajar a Whitby porque me tocaba la primera guardia en urgencias, fuera de Banderley. No sé si el día o la noche me daban más miedo. Cuando volví a la realidad ya habían dejado los temas truculentos-si eso es posible en este lugar-y era Isabel Archer la que estaba corroborando que si todos habían vuelto con una asignatura pendiente de York, la suya había sido la visita a la casa de WH Auden. 

-No entiendo tu obsesión por Auden-decía Will mientras se levantaba-. Está muy lejos de ser un Keats o un Elliott.

-Tengo debilidad por él... su ironía, su...

-Una vez más, tal vez me disculpéis por aquello de la extranjeridad, pero no he leído a Auden. Miré a Isabel-podrías algún día pasarme algo?. Cuando empezaba a asentir, terminé: solo conozco el poema tan triste del funeral de... "Cuatro bodas y un funeral"... "Parad todos los relojes, cortad el teléfono..."

El estrépito de una silla cayéndose me cortó. Isabel, con la cara descompuesta, salió corriendo. Las chicas fueron detrás. Los que quedaron, se miraron entre ellos, incómoda no empieza a describir la atmósfera que nos envolvió. 

Dejé mi vaso en la barra y me fui, arrastrando los pies, hacia mi casa. Ya había tirado la toalla de preguntar, de intentar que alguien, incluso los que creía mis amigos me explicasen nada en aquel sitio, donde todo eran sobreentendidos y donde por la mañana nada había pasado. En la cama, me mecí para dormirme, aunque lo que de verdad quería hacer era llorar, mientras recitaba en mi cabeza los versos más bonitos del poema...

El era mi Norte, mi Sur, mi Este y Oeste,
Mi semana de trabajo y mi descanso del domingo
Mi mediodía, mi medianoche, mi charla, mi canción;
Pensaba que el amor duraría siempre: estaba en un error. 







13 septiembre 2020

Serial 18. "La filosofía está muerta. El humanismo, otra religión. El progreso no existe. Y demás". Manual de supervivencia cuando sabes que no estás a la altura.

18 divagues
A estos cuatros residentes de psiquiatría lo de Hannah Arendt no nos parecía de recibo. O sea: una filósofa de políticas se va a observar un juicio, se lee 3500 folios de sumario y con eso llega a la conclusión de que aquel nazi Eichmann no era un psicópata? Que solo recibía órdenes? Qué sabe ella de psicopatología?  Lo que lleva a la gente a sus distintos comportamientos, lo que les inhibe de hacer cosas terribles, lo que les anima a ser altruistas... es complicado. Y si alguien podrá algún día explicarlo (o si tenemos alguna pequeña explicación a día de hoy), serán aquellos que usen el método científico. O esa era mi narrativa al principio de aquella primera noche.

Cuando llegamos a este punto era ya pasada la medianoche, seguíamos alrededor de la chimenea y fuera debía seguir cayendo la nevada universal que nos dejaría varados en Lincoln nada menos que cinco días. Que dieron para mucho: para leer, escribir, sentir la paz del río inmóvil a través de la ventana, ayudar a la dueña con palas a abrir caminitos a través del jardín, hacer algún muñeco de nieve, darme largos baños aromáticos (con un poutpourrí de canela y frutas del bosque que hacía la dueña) en aquella bañera con patas de metal rococó y, sobre todo, hablar. Por las mañana a veces me sentaba en la ventana semicircular del salón, una barriga que le salía a la casa, y cuya curvatura habían aprovechado para encajar una madera con cojines. Allí me pasaba las horas leyendo y mirando lo blanco a través de los cristalitos Tudor de la ventana. Tanto me gustaba aquel rincón del salón que la dueña me hizo una foto y prometió enmarcarla con un "Mariona's corner", y colgarla ahí al lado.  

Las noches fueron todas larguísimas: empezaban muy pronto-a las 4 de la tarde-, y terminaban de madrugada. Todas las pasamos frente a la chimenea discutiendo temas que podrían parecer pretenciosos o impostadamente intelectuales, o eso habrían dicho los amigos que había dejado en la península, gente normal. Pero aquí creí descubrir que la única impostura era la mí, que no había leído tanto como pensaba ni tenía la mitad de la labia de estos tres defendiendo mis ideas. Por buscar culpables, pensé que la formación de estos ingleses difería mucho de la mía: a ellos les habían enseñado no solo a pensar, sino a vender su idea. Tenían clases de retórica en el colegio desde muy pronto, en las que les adjudicaban un grupo para defender un principio, independientemente de lo que pensaran: argumentos en pro y en contra, defiéndelos como si te fuera la vida en ellos. Casi como en los colegios españoles, en los que la mayor parte de cada clase se la pasaban sacándote a la tarima a comprobar si habías memorizado la taxonomía de los invertebrados. 

Una de las conversaciones que recuerdo más claramente fue la de la filosofía. Marla planteó algo así como "si había algún punto en la filosofía hoy en día", y de entrada lo que me pareció anatema cobró sentido con sus argumentaciones. Ya habíamos establecido que lo de Arendt se podía considerar prácticamente intrusismo profesional no? Pues Marla además pensaba que lo de la filosofía en general, era pura especulación. Según ella,  qué se preguntaban los primeros filósofos del mundo antiguo? Tales de Mileto observó, por ejemplo, que ciertas condiciones meteorológicas conducen a buena cosecha, no las ofrendas a los dioses. Qué es eso? Pues método científico! Pitágoras: el universo tiene una estructura que se puede definir con matemáticas. Heráclito:  todo fluye. Demócrito: los átomos. Todo esto se ha respondido con ciencia. Luego vino Andrónico de Rodas, que catalogó la obra de Aristóteles y, ordenándola en estanterías, como los libros que trataban sobre el alma y la personalidad no tenían título, los puso tras los ocho libros de física, y se referían a ellos como «los que están después de los libros de física», que en griego (de forma muy sintética) vendría a ser (τὰ) μετὰ τὰ φυσικά [metatapʰysi⁠ˈ⁠ka]. Metafísica. 

Marla concluyó con alguien muy potente para apoyar su punto, Stephen Hawking, que hacía poco había asegurado que "la filosofía estaba muerta" y que el futuro era de los físicos. Marla se sabía la cita casi de memoria: "Cada uno de nosotros existe por poco tiempo, y en ese tiempo exploramos solo una pequeña parte del universo. Pero los humanos somos una especie llena de curiosidad: nos preguntamos cosas y buscamos respuestas. Al mirar al cielo, preguntas tipo ¿Cómo se comporta el universo? ¿Cuál es la naturaleza de la realidad? ¿De dónde vino todo esto? ¿El universo necesitaba un creador? son inevitables. Tradicionalmente, estas son preguntas para la filosofía, pero la filosofía está muerta. La filosofía no se ha mantenido al día con respecto a la ciencia, particularmente la física. Los científicos llevan la antorcha del descubrimiento en la búsqueda del conocimiento".

Will se iba enrojeciendo a medida que Marla avanzaba en su discurso, y al final explotó: no podía admitir que sus mentores intelectuales fueran redundantes, aunque admitió que nuestro concepto de la naturaleza humana iría cambiando a medida que la ciencia avanzase y nos diera más datos, más que por las reflexiones de ningún filósofo. Terminaron concluyendo que la filosofía es "lo que se hace antes de pasarle la cuestión a la ciencia". Las preguntas... y recordé una frase de un científico de mi país, Jorge Wagensberg, "Cambiar de respuesta es evolución. Cambiar de pregunta es revolución", igual es esto último lo que debería hacer la buena filosofía, cambiar las preguntas, y la ciencia todo lo que puede hacer es lo primero, cambiar las respuestas, prueba tras prueba.  Pero no me atreví a comentarlo, y me limité a observarme desde fuera, como una actriz en un escenario: quién era esa tía?  Dónde estaba la estudiante de medicina llena de ideas, que  editaba una revista de literatura local, y participaba en coloquios políticos en el ateneo universitario. Quién era esa nueva mosquita muerta? Esta perplejidad está clínicamente descrita, se llama depersonalización, pero en mi caso no era síntoma de ningún desorden. 

Las conversaciones de las dos noches siguientes no ayudaron a mi autoestima. Ya no era no reconocerme, sino auto-flagelarme con pensamientos negativos del orden, "una paleta entre la clase alta británica".  Richard atacó con otro pensador, John Gray-del que por supuesto yo no sabía nada.  Una de las muchas cosas que me dio Banderley fueron lecturas que yo nunca habría conocido si no hubiera salido de mi "zona de confort".  Y pese a los pensamientos negativos, una especie de ebullición feliz ocurría detrás de mi esternón: qué suerte estar allí. En aquellos momentos todo el miedo que estaba pasando, haber visto la cara de la muerte a media noche, las frases a medias, el matonismo de Cook no me importaban. Y claro que leí después a Gray, y me cabreé mucho, aquello era ciencia ficción, pero en la última re-lectura de "Perros de paja", hace no mucho, me di cuenta de cuánto había cambiado el mundo, y también yo. 

Aquella noche en la que la nieve seguía cayendo sin parar, Richard nos contó cómo Gray rechazaba el humanismo como medida de todas las cosas: el humanismo era la nueva religión. Que el cristianismo entendía la historia como un cuento de "pecado y redención", pero su Dios tenía un equivalente en la religión humanista: se llamaba "Progreso". Su doctrina de salvación: el hombre puede tomar las riendas de su destino. Los debates fueron acalorados, porque se estaban tocando temas sagrados, la ciencia y el conocimiento. Porque la idea de progreso se asienta en la base de que el aumento de conocimiento y el avance de nuestra especie van juntos. Sin embargo, aunque el saber científico aumenta nuestro poder, también hace mayores nuestros deficits -sobre todo si los estados ceden el control sobre las nuevas tecnologías al mercado-y nos permite hacer destrucción a gran escala, como nunca vista antes.  Pero la naturaleza humana sigue siendo igual de frágil, -eso lo sabíamos bien como psiquiatras- y el progreso ético y moral no ha seguido al tecnológico, porque la mente humana es sirvienta de la evolución, no  de la verdad-la verdad no tiene ninguna ventaja evolutiva sobre el error.

Creo que tal vez intervine para decir alguna obviedad, como que pensaba que el humanismo (casi lo escribo con mayúsculas) era lo mejor que teníamos. Que Sócrates había sentado las bases del pensamiento europeo, le había pasado el testigo a Platón, él a la cristiandad. Lo que yo no me había dado cuenta es que esta se lo había pasado al humanismo.  

Sí- dijo Richard- y ahora algún cristiano se preocupa de que ese humanismo suyo, que pone al hombre en el centro de todas la cosas, porque así lo ha estipulado Dios, está amenazado. En serio, se preocupan por Darwin?  El darwinismo ha puesto al hombre de nuevo en su pedestal!!!

Si te lo planteas-esta era Marla-, la religión promete otra vida donde todo será perfecto. El humanismo promete algo todavía más increíble: que en el futuro todo el mundo podrá ser feliz en este mundo. 

Bueno, ambos venden felicidad-continuó Will- que es lo que quiere la gente. Pero para la mayor parte,  esta felicidad no se alcanza sino escapando su día a día. Si ya lo decía Wilde, si se considera vida la suma de los momentos felices de un hombre, se encontrará que ha vivido.. cuánto era? unos  minutos?

Era Wilde? -siguió Marla, cara incrédula-. En mi opinión, tenemos trabajo asegurado por mucho tiempo los psiquiatras en esta sociedad. En Europa y Norteamérica, la agricultura y la industria ya no son los motores de nada. Sin producción, que hemos enviado a países "en desarrollo",  lo que importa es no aburrirnos. Cuando hay riqueza, la principal amenaza es la pérdida de deseo: anhedonia, os suena de algo? Continuamente preguntamos por su capacidad de disfrutar a nuestros pacientes.  

Yo creo que el problema es que se desarrolla tolerancia, -Richard estaba rotando por la sub-especialidad de adicciones, se notaba- el deseo cada vez necesita darle una vuelta más a la tuerca para hacernos "tic". Ya no queremos "cosas", queremos "experiencias", y convertimos todo en objeto de mercado, así que la economía pasa a depender de crear cada vez necesidades más exóticas. Antídotos del aburrimiento, más que potenciadores del placer.  

Y al final, -este era Will, con un larguísimo silencio efectista-, solo la excitación de lo prohibido puede aligerar el fardo de una vida de ocio....  Y sí, estoy con Marla, -y levantó la copa- la mayor parte del trabajo del futuro será entretener a otros, y distraer y... curar a una población que sospecha que es inútil. Ahí entramos nosotros: no nos faltará trabajo nunca.

Cuando dejó de nevar y llegaron las primeras noticias de que las carreteras estaban transitables, llegó el momento de decir adiós a la dueña, a la chimenea, y a mi rincón de lectura en la ventana. En el viaje de vuelta, la belleza  de los campos nevados nos dejó sin habla. Marla y Richard se durmieron detrás, y cuando cruzábamos aquel estuario del Humber, ruptura simbólica de la realidad a la que volvíamos y los días que habíamos pasado, me pregunté si habían sido un sueño. 

-Un sueño? -y soltó una carcajada. Parece que hice la pregunta en alto- No todavía, pero pronto lo serán. 

(Este Will solo hablaba en frases de libro de motivación?)-Qué quieres decir? -y aquí debió notar mi tono impaciente. 

-Que la memoria es traicionera,  que si no quieres que algo se olvide, o lo escribes, o desaparece. (No, no ha notado mi tono impaciente)

-Y tú escribes? 

-Muchos escribimos. 

-Diarios?

-mm... O no. Algunas verdades no se pueden contar aparte de en la ficción...

El rollo enigmático me estaba exasperando. Volvíamos al norte, regresábamos a Banderley y aquella sensación de seguridad de los últimos días se empezaba a desvanecer, como la nieve en Lincoln, donde me hice creer que todo el desasosiego de las semanas en el asylum habían merecido la pena, pese a sentirme como una cateta. Al final, lo que los otros pensaran de mí no me importaba, sino lo que yo me llevaría de allí. Así que partiendo de esa premisa, le solté:

-Y es una ficción también que caminamos por unos túneles la noche de Halloween?  Y has leído o no a Cortázar? 

Desvió la mirada de la carretera por un segundo hacia mí, no supe leer si era solo sorpresa o también terror. 

-"Andábamos sin buscarnos sabiendo que andábamos para encontrarnos", te suena o no esa puta frase?-yo ya estaba crecida. 

- Por dónde vamos? -Marla se acababa de despertar- Qué pasa, de qué habláis, chicos? 

Will siguió mirando fijo a la carretera. Salvado por la campana.