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09 junio 2026

Jóvenes que vais a ver al papa: Tranquis, de esto también se sale

 Estoy horrorizada -y no de manera positiva- con las imágenes publicadas en un periódico de tirada nacional sobre la visita del papa a Madrid. No salgo de mi apoteosis de tanta idea delirante junta: políticos, famosos, los royals, gente de a pie, periodistas, jóvenes-cristianos-comprometidos (JCC a partir de ahora)... es una plaga. Veo el despliegue y me viene a la memoria el desfile de Cleopatra en la peli de Mankiewicz de 1963 - no sé en concreto por qué este desfile cuando tenemos miles de ejemplos en real de personas elevadas por el resto a un rango superior y a la que le rinden pleitesía. Tal vez porque los gastos están siendo faraónicos. 


Hay que leer y escuchar que este señor es tan guay porque no se alinea con el boniato de la gorra, aunque esté en contra de derechos humanos como los de los LGTBIQ+, del aborto o de la muerte digna. Aunque pase de puntillas sobre los abusos de La-Mayor-Organización-de-Pedófilos-de-la-Historia (en una de las fotos aparecía "bendiciendo" -whatever- a un niño: pero, pero pero: ¿este hombre no tiene un equipo de comunicación? ¿Hace falta echar sal en la herida?). Hay que estar contentos porque dice cosas que hubiera dicho su amado líder, Jesucristo: los inmigrantes son nuestros hermanos, digo "nuestros queridos herbados". 

Y no solo eso: en medio de todo esto, trágicamente, he descubierto la existencia de "Hakuna Musical Group", que me ha dejado con fibrilaciones en el párpado. Se trata de un grupo de JCC típico: ellas con el pelo largo y liso (¿habéis visto "Los domingos"? -así), ellos con guitarras eléctricas y camisa de plana (aunque, calla, se les ha colado uno con pendiente!), y el cura colegui con alzacuellos en la batería. En otra época, esto es algo de lo que la gente normal se descojonaba [recordemos el "Amo a Laura -pero esperaré hasta el matrimonio" de mediados de los 2000]. Ahhh, qué tiempos: ahora es más bien risa nerviosa por lo que viene, aunque he de admitir que al verlos con los ojos cerrados entonando he soltado una risa de las buenas. Lo que viene es que los JCC de Hakuna y similar están aquí para quedarse: el Pus Dei está por ahí metido, luego se reproducirán como locos, recordemos aquel gráfico del Financial Times, mientras que los izquierdosos cada vez tenemos menos hijos.  

Pero ahora llega la parte confesional: divagantes, esta entrada pasa directamente a la sección "tengo un pasado oscuro" porque yo, aquí donde me veis, fui una de ellas: Di, azote marxista-leninista-anticlerical del éter de blogger, era una de esas lánguidas de pelo largo liso [OMG, con lo del pelo -que no languidez- lo sigo siendo], con guitarra incluida, a saber:

Primero, no hay nada nuevo bajo el sol y el rollo guitarra eléctrica -indicativo de "semos modernos"- ya existía a finales de los 80 en mi colegio en COU. Tras toda la vida en un colegio segregado, en COU las chicas y los chicos de la congregación nos juntábamos a estudiar este último año (qué liberales eh, las MM. y los PP. Escolapios, que nos llevan de excursión). Había un par de chicos que tocaban la eléctrica y nos parecía lo más, incluso hacían los maravillosos primeros acordes de "Héroe de Leyenda" hasta que empezaba la misa. 


Luego, los cantitos: "esta es la juventud del papa". Que sí, es cierto, igual hago tanta mala leche porque no estoy haciendo otra cosa que proyectar: yo fui una de los alienados que gritaban "Juan Pablo -Segundo- Tequieretodoelmundo!". Y no una, DOS veces. 

Puedo explicarlo todo. Corría 1982: yo tenía 11 años y todo mi ardor guerrero actual lo tenía entonces intacto, qué digo, peor. Y cuando Wojtyła -ese reaccionario- vino a Vetusta hice levantar a mis pobres padres a las 5 am para verlo pasar en su papamóvil de un punto de la plaza a otro. Creo que entonces aún me lo creía. También compré a las monjas unas postales conmemorativas en las que salían las catedrales españolas y una fotito del papa en una esquina. Lo que se hizo luego con las postales se contó en un divague titulado "Pisa este crucifijo" allá por 2010 -nunca se os ha ocultado nada. 



Pasaron siete años y en 1989 se celebraba la IV Jornada Mundial de la Juventud en Santiago de Compostela, congregando a más de 400.000 JCC. Pues bien: quién fue una de esos? Voilá. En mi defensa, diré que ahí estaba ya en plena "crisis de fe" y que fui por la fiesta y porque me encanta Galicia. Lo pasé bien en medio de todos aquellos JCC -el Ribeiro en tazones ayudó. Recuerdo bailar en la Plaza del Obradoiro con un grupo  que, con la distancia, tengo claro que era una secta. Recuerdo re-encontrarnos con gente que habíamos conocido en el "Monte del Gozo" donde se hizo una misa masiva de la que solo recuerdo el polvo (el del suelo), y que tropecientos curas salieron con paraguas abiertos (hacía sol) como si fueran guías turísticos a dar las hostias -por una vez no fue la madera [oi, fácil juego de palabras, disculpas]. Recuerdo ducharme en bolas con otras JCC extranjeras a cielo descubierto en una improvisada sala de duchas. Recuerdo que uno de mis colegas se perdió y ofreció su reloj a un camarero para que le diera un bocadillo, de hambre que tenía. 

Nota: la magia de internet, metes cuatro conceptos y, voilá, una cuenta llamada "FASCINADO POR EL MISTERIO" ha colgado aquella misa en-te-ra. Casi tres horas ininterrumpidas de diversión a la que podéis acceder aquí y hacer un "dónde está Wally", pero con Di. A mí me ha venido muy bien para sacar la foto de los paraguas, porque verdaderamente sonaba a inventada. Prueba: 



A la vuelta, empecé la uni, dejé de ir a misa, y ya no he mirado atrás. Como digo, ya estaba en el precipicio del ateísmo cuando fui al Monte del Gozo a gozar nada, aunque el auto-engaño con el agnosticismo tuvo su momento.  Cuando eras niña o adolescente en un colegio de monjas y la razón te asaltaba, al principio daba mucho miedo. Lo planteabas en convivencias, pequeños grupos y otros comecocos y te contestaban chorradas como [todas verídicas]  "en la confirmación, el espíritu santo te dará mucha fuerza" [en forma de lengua de fuego?, me preguntaba yo], "no te preocupes, solo reza que saldrás más fuerte", "Dios os quiere más a los que dudáis". Los razonamientos de la peña eran siempre de este nivel, y dudo que se hayan puesto al día para los nuevos JCC. Nota: no puedo acabar este párrafo sin contar otra anécdota ilustrativa, esta vez con el cura de religión de BUP. Un día afirmó (qué sentido tiene que un viejo soltero explique esto a unas chicas de 16, pero dejemos eso de lado) que "hay algunas parejas que se dan cuenta de que no son compatibles sexualmente en la misma noche de bodas". Ni corta ni perezosa, levanté la mano y pregunté cómo casaba esto con el mandato de no tener relaciones sexuales antes del matrimonio. Y el fulano, con todo su papo contestó -es que es como si lo estuviera viendo-: "Veo que no vas con mala intención, lo veo, y te lo voy a decir, Vagando:  eso se sabe, eso lo sabrás". Fk me. 

Pero qué van a explicar, ni entonces ni ahora, si es todo una mentira montada a través de siglos para controlar al populacho con vidas de mierda ante la promesa de que habrá otra vida maravillosa en el más allá. Cuanta más incultura, más religión. Que los jóvenes ahora necesitan espiritualidad, que están desnortados, que necesitan un sentido: a ver, los jóvenes lo que necesitan es poder meterse en un piso. Y luego volver a darse cuenta de que cantar al Creador con los ojos cerrados da vergüenza ajena y el descojono del resto es máximo. Volvamos a reírnos de ellos y de toda la gente que me ha traumatizado en esas imágenes como con "Amo a Laura", que sigue haciéndome la misma gracia que en 2006. 

Hola, soy Di y un día estuve viendo al Papa: Jóvenes que vais a ver al papa, de esto también se sale. 

01 junio 2026

"The corner that held them" de Sylvia Townsend Warner: Marxismo, feminismo y risas en un convento de monjas del SXIV

 Me lancé a leer "The corner that held them" ("La esquina del mundo que las guardaba", traducción libérrima mía -parece que la sacó del Libro de Salomón del Antiguo Testamento-  creo que no ha sido traducido al castellano) tras la recomendación de uno de mis críticos literarios británicos. La novela habla de la vida diaria de monjas en Oby, un convento benedictino perdido ("la esquina") en Norfolk, en el SXIV. Es una novela histórica bastante especial, porque quién podría imaginar que en ese contexto iba a haber feminismo, marxismo y humor - y antes de empezar, un ejemplo de esto último: las monjas consideran su aislamiento como algo beneficioso porque así tenían "menos peregrinos, pedigüeños y además podían ir andrajosas". 


El crítico admitió que gente de su club de lectura la había encontrado durilla, pero la idea de monjas encerradas en el final del medievo me parecía irresistible: ¡una novela de campus con monjas! Dame gente encerrada en cualquier sitio [convento, abadía, universidad, internado, hospital psiquiátrico...] y ahí estaré. Y lo que me convenció del todo fue leer un poco sobre su autora, Sylvia Townsend Warner: necesitaba saber más de una mujer con una vida como la suya - ¿y qué mejor manera de conocer a una persona que leyendo su ficción?



Sylvia: una vida de novela
Merecería un divague aparte, pero me arriesgaré a reproches de mi suegra por la extensión y lo meteré todo aquí. Sylvia Townsend Warner nació en 1893, hija única de un profesor de historia de la prestigiosa Harrow School. Fue educada en casa por su padre y otros profes del colegio. Su pasión adolescente era la música e iba a estudiar composición en el extranjero cuando estalló la Primera Guerra Mundial: como Vera Brittain, perteneció a esa "generación perdida", a la que Brittain tanto lloró en su "Testamento de juventud". Durante la guerra trabajó en una fábrica de municiones, pero cuando murió su padre se vino a vivir a Londinium sola, y trabajó en un proyecto académico de música eclesiástica de la época de los Tudores. Allí conoció a un tipo casado y con cinco hijos con el que tuvo un affair.



Vivía en Bayswater -barrio al noroeste de Hyde Park- y un amigo de Harrow la introdujo en el grupo de Bloomsbury. Warner escribía poesía y en 1925 publicó su primera novela, "Lolly Willowes", calificada como "subversiva" -se publicó dos años antes que el voto femenino, tres antes que "Una habitación propia"). Me encanta el tema: una "spinster" (solterona, que decían antes) que se da a la brujería tras la guerra como la única manera de ser independiente. Tuvo tanto éxito que Warner se pudo dedicar a la literatura y al periodismo -escribió relatos para el New Yorker. En 1927 publicó "Mr Fortune’s Maggot", la historia de un misionero "sodomita" [sic] que en lugar de convertir a un grupo de isleños de los mares del sur, pierde él mismo la fe - probablemente Unamuno no había leído a Warner cuando publicó "San Manuel Bueno Mártir" en 1931; mi teoría es que el espíritu de una época es lo que genera ideas en paralelo, incluso en lugares lejanos. 


En 1930 se compró un cottage en East Chaldon, Dorset, para huir del jaleo de Londinium, pero cuando conoció y se enamoró de la poeta Valentine Ackland se fueron a vivir allí. Se referían a su relación como "matrimonio" y escribían poesía abiertamente lesbiana. 

No solo eran outsiders por eso: en 1935 se unieron al Partido Comunista, escribiendo propaganda y recaudando fondos, lo que les ganó la etiqueta de "subversivas peligrosas" y fueron espiadas por el MI5 durante 20 años. Me encantaría que algún día alguien me considerase la mitad de eso. Solo he leído este libro, pero veo por ahí que los temas de su literatura eran rechazo a la Iglesia, empoderamiento femenino, y subversión de las normas sociales. 
"La gente más feliz que conozco son los que han tirado la toalla en lo de ser respetables"
Viajaron a España dos veces durante la Guerra Civil: en 1936 a Barcelona a trabajar con la Cruz Roja y en 1937 como delegadas en la Conferencia de Escritores Internacionales, donde hizo amigos izquierdosos que mantuvo toda su vida. Cuando cayó la República, volvieron a Dorset. Ella, como en mi opinión debería ser la izquierda, mantuvo siempre una posición internacionalista. "After the Death of Don Juan" ("Tras la muerte de Don Juan"), publicada en 1938, es una alegoría del surgimiento del fascismo en España. De rabiosa actualidad: me tendré que hacer con ella. 


Como es de la generación de Brittain, vivió las dos grandes guerras. A veces me pregunto si nosotros nos escandalizamos de lo que está pasando en el mundo actualmente, que no lo vivimos de primera mano, qué tuvo que ser para esa gente: ser testigos de la repetición de la misma barbarie. Trabajó como voluntaria, alojando a refugiados del Blitz y en esa época empezó a escribir la novela de la que vengo a divagar hoy. 


La relación con su pareja atravesó épocas tormentosas ya que Valentine tuvo un largo affair con una escritora rica americana, Elizabeth Wade White, y en 1950 dejó el Partido y se hizo católica. Pobre Warner: pese a todo, cuando Valentine murió de cáncer, sufrió un duelo terrible y en 1998 se publicó un libro con la larga correspondencia entre ambas titulada "I'll stand by you", como la canción: qué bonito. Warner murió en 1978. No he estado en Dorchester pero leo que hay una estatua en la que Warner está sentada en un banco con su gato: también hay una igual en Richmond de Virginia Woolf, y con esa sí que tengo foto:

Virginia Woolf en Richmond

Virginia me da secretos de escritura
(que tenga una habitación propia, por ejemplo)


No hay trama en "The corner..."
O de eso avisó Warner y eso dice la gente en el podcast de Backlisted; o sea, la novela es un río que fluye a través de las décadas -de 1349 a 1392- y la autora es como si hubiera hecho un "corte longitudinal" en una línea del tiempo y simplemente nos hubiera contado lo que en ese espacio pasa. La novela no termina, simplemente, para, dijeron los críticos, aunque no sé si estoy totalmente de acuerdo: yo sí que le he encontrado un final. Pero tal vez sea cierto que ha habido muchos finales durante la narrativa: de hecho, muchos de los capítulos se titulan con el nombre de la abadesa de turno, y asistimos a los complots para elegirlas, a sus visiones de cómo liderar el convento, a sus muertes.  

Leí un rato en este columpio de Hilly Fields,
un parque con vistas que no conocía

Cosas de monjas medievales que igual no sabías
Las monjas de esta novela tienen todas el título de "Dame" (sería el equivalente de "Madre" o "Hermana" o "Sor" en órdenes contemplativas como las cistercienses o las benedictinas). Es a ratos complicado distinguir a Dame Sybilla de Dame Eleanor de Dame Isabel, y todas las demás -aconsejo hacerse un dramatis personae, que yo no hice, pero no ha sido un problema, se puede leer. 

Las monjas terminan en el convento por diversas razones -la de entregarse al Señor no me ha parecido una de peso- algunas por pobres. Otras son ricas -de familias de toda la vida de la zona- y traen dote [una de ellas, provisión de un año de vino!], y estas reciben un trato especial: ¡hasta criadas tenían!  Hay incluso facciones según los apellidos, e.g."no queremos a otra Stapleton de abadesa".  

Hay monjas ciegas o que se están quedando por el humo de las velas [una descripción de un ahogamiento la hace ella], monjas sordas o que se están quedando, monjas jóvenes tontas a las que se les da trabajos manuales, monjas que regentan la enfermería, monjas que se arrodillan para despedirse de otra haciendo un ejercicio de odio mutuo y autocontrol, monjas que tienen hijos, monjas viejas y poco agraciadas: "de nadie se podía esperar que mantuviera su belleza en Oby; como mucho, una expresión agradable"... y estoy usando el plural porque generaciones de monjas se van sustituyendo y estos rasgos se repiten. 

También hay algunas con sus rarezas particulares: Dame Lilia se quiere hacer anacoreta, o como se diga, aspira a que el obispo le dé permiso para meterse en una celda y ya no hablar el resto de su vida [pienso que esta debía ser una salida para las personas con autismo de la época]. Hay una monja tan mala que "hasta la muerte no quería llevársela y la tierra darle entierro" y su maldad venía de "excesivo aprendizaje: todo el día leyendo libros" y "a veces ladrando porque sabía tanto de gramática que podía transformarse en un perro". De verdad, me parto.  

No son las de Oby monjas buenas, sino que pecan todo el rato: hablan en las comidas, comen dulces en sus dormitorios, cotillean, toman el nombre de Dios en vano, y tienen mascotas. Por no hablar de comer y beber, que recordemos que les dejan como dote un año de vino.

Son un grupo de mujeres que, pese a vivir juntas y saber que les espera la muerte en ese mismo recinto, entre ellas, no se conocen, porque como dice Warner "para que haya intimidad debe haber antes libertad, la de elegir si te acercas o te alejas"-cosa que estas monjas obviamente no tienen. 


No solo monjas en el convento
También hay "corrodians", una de las palabras medievales que no venía en el diccionario: se trata de ancianas ricas que se iban a pasar los últimos años de su vida en el convento (yo conozco a unas monjas que tienen una "casa" en un barrio muy pijo de Londinium que también tienen a señoras ancianas de posibles: había una que se trajo hasta el piano a su habitación). Y una viuda que se trinca al cura, mejor dicho, al falso cura. 

Me explico: al principio de la novela aparece un tipo itinerante, Sir Ralph, que se hace pasar por cura y como el anterior se ha ido por la Peste Negra (detalles abajo), las monjas le dejan vivir allí pretendiendo -o lo creen de verdad? - que es cura. Sir Ralph se pasa con ellas el resto de la novela, sobreviviendo a varias abadesas y muriendo solo al final.  En un par de momentos de la narrativa, el cura se vuelve loco, y como método curativo bien establecido de la época le ponen "un gallo negro en la cabeza" -hasta que se corrompe y ponen uno nuevo y sucesivos- sin mucho cambio en su condición. El cura loco se convierte en una rutina de la casa, en una molestia a la que se han acostumbrado.

La Peste Negra
Es una novela histórica porque, pese a estar en una esquina a la que es difícil que llegue el mundo, la historia se filtra por sus muros. Cuando comienza la Peste Negra - que había empezado en Asia Central en 1338-9 y llegó a la isla en junio de 1340 vía un barco en Dorset- el cura anterior, el verdadero, les anuncia, "con calma, como se habla cuando no hay esperanza", que se va. Un par de monjas han muerto de "la pestilencia" (me encanta esta palabra) y él dice que tiene que abandonarlas porque ahí afuera la gente está cayendo en la herejía, "¡se están confesando o bendiciendo unos a otros!" (a falta de curas que o bien se han muerto, o han huido). Al cura no le importan las almas que van a morir sin sus bendiciones, sino que se extienda la herejía: de esta manera, perderían el control sobre la gente. Las monjas se agobian: ¿quién les va a dar a ellas la extrema unción? 

Marxismo
No es esto el único ejemplo de anticlericalismo en una novela sobre monjas: ya hemos dicho que Warner era subversiva y comunista y, de hecho, esta obra ha sido calificada de "marxista" por los académicos. Esto es así porque, en contraste con las novelas burguesas cuyo motor es la vida interna emocional de los personajes, aquí el personaje principal es una comunidad que vive en un mismo edificio, y su vida diaria nos da un atisbo de lo que era la sociedad en la Inglaterra del SXIV, donde los braceros o los jornaleros tenían que vivir itinerantes en busca de trabajo porque total, sin un techo sobre la cabeza "te puedes ir sin pena. Si no tienes tierras, no tienes que quedarte". 

Y una de las principales preocupaciones de las monjas es, por supuesto, las finanzas: lo que entra y sale para mantener el convento. Vamos, que los modos de producción de lo material determinan la vida social, política e intelectual. ¿Hay algo más marxista que eso? Se habla mucho de las dotes que traen las monjas y hay una crítica a algunos de fuera del convento que piensan que las monjas han de vivir en pobreza: qué tontería es esa? De hecho, a una de las abadesas se le mete en la cabeza la construcción de una torre, y siguen adelante con ese proyecto con el dinero que podían haber compartido con los pobres del pueblo, afectados por la Peste Negra. La imagen popular era que las pobres monjitas vivían "de avena y rocío", cuando en realidad, como he dicho, las monjas tenían sirvientes y "las monjas y los sirvientes se hicieron al lujo que hubo que contratar a más sirvientes para las monjas, y más para servir a los sirvientes"  Espero que con estos ejemplos esté logrando transmitir el tono y el humor de Warner, pero el mensaje es claro: las monjas no eran mejores que los curas, "impostoras, timadoras, avariciosas, opresoras del pueblo", se dice en algún punto.

Y por último, el momento histórico que elige Warner para cortar la historia es la Revuelta de los Campesinos de 1381, causada por una combinación de factores como la Peste Negra que venían arrastrando por décadas, los altos impuestos por la Guerra de los Cien Años, y el sistema feudal de servidumbre. Dicen que esta revuelta ha sido usada como símbolo de la izquierda y en la literatura socialista -incluyendo por William Morris, que además de sus diseños de textiles era uno de los nuestros. 

Feminismo
Con las credenciales de la autora, una lesbiana marxista leninista, no hace falta que explique que la novela es profundamente feminista. Un grupo de mujeres que se autoorganizan, aunque la sociedad les obligue a pretender que obedecen a curas, custodios y obispos. Ahí van unas citas:
"El obispo se había enfadado con nosotras porque mostramos demasiada independencia rechazando a Dame Emily. No nos queremos hacer un nombre por tener demasiada independencia".
"Sin duda, al obispo le molestaban las monjas estudiosas". 

"La viuda era una mujer sin hijos y con suficiente riqueza y buen humor como para no querer otro marido

"No tenía ninguno de los instintos de las mujeres que no viven en conventos de obedecer a los hombres"

La muerte
Y como con ella termina la vida, con ella intentaré terminar el divague. Como hemos seguido de cerca lo que pasa en Oby, un punto geográfico, a través de los años, los personajes vienen y se van o, más frecuentemente, mueren, con lo cual hay bastantes reflexiones sobre la de la guadaña. Una cosa que me impactó de la película "Camino" (Fesser, 2007) sobre una niña del Opus Dei con cáncer es que toda su familia decía que estaba feliz porque al morir iba a estar enseguida en el cielo, qué suerte, y en la escena de la muerte, familia y personal sanitario aplauden. Me dio muchísimo miedo esa película y sobre todo esa gente, los fanáticos religiosos, por sus ideas delirantes y su capacidad de autoengaño. 

Pues bien: aquí hay una monja de solo 23 años que se está muriendo pero que piensa que, después de todo, "le daba pena cambiar la ambigüedad de este mundo por las certezas del siguiente". La abadesa también había lanzado loas a la muerte con los mismos argumentos que los del Opus, pero esta monja moribunda sabía que era por los problemas económicos del convento -hay un momento en el que una de las abadesas piensa que la muerte de dos monjas jóvenes que han traído buena dote al convento es un gran beneficio: buen balance entre beneficio y pérdida.

Pero además, la monja joven reflexiona sobre la vida que ya no tendrá, y me ha encantado porque ese mismo sentimiento tuve yo en un hospital mugriento hace ahora... 16 años: "se dio cuenta de los años que se perderá, de los eventos que pasarán que no verá, de los muchos pensamientos que podría tener -y que nadie los pensará. El mundo era profundamente interesante y un convento el lugar ideal para meditar sobre él". Me encanta que una mujer a principios del SXX ponga estas ideas en un personaje del SXIV y sea algo tan actual hoy, en el SXXI: al fin y al cabo, es una de las magias de la literatura.

Y luego está el otro lado: el cuidado de una monja a la que le cuesta mucho morirse y las pobres terminan agotadas y desilusionadas de tanto velarla, porque "desilusiona constatar que la compasión, estirada demasiado, se materializa en nada más que en una carrera de resistencia". Esto es terrible, pero es así.

Corolario
Así se mueve la novela,  entre reflexiones de gran profundidad como las de arriba e ideas graciosas ["la frecuente calamidad de los encamados, ser visitados por gente aburrida"], Warner te acaba metiendo en el día a día de una comunidad cerrada en la que no pasa nada [sí, hay un asesinato al que no se le da ninguna importancia, no es esto "El nombre de la rosa"] y pasa todo. Porque es en las relaciones de los personajes donde los autores de novelas de campus te muestran su cosmovisión, su manera de ver la vida. Y quién iba a decir que convento medieval, marxismo, feminismo y risas iban a entrar en la misma frase.

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PS.  El Náufrago exazerbayano en su comentario ha hablado del convento de Santa Catalina de Siena en Arequipa, y aquí está el divague donde pueden ver unas fotos. Gracias al Náufrago R!

18 mayo 2026

"Los inmigrantes hacen al Reino Unido genial": Gracias, una vez más, Led-by-donkeys

 Tengo un libro titulado "100 acts of minor dissent" ("100 actos de disidencia/rebeldía menor") en el que el autor, Mark Thomas,  cuenta distintas acciones que realizó para llamar la atención sobre una situación problemática, o incluso para cambiarla. Uno que me encanta es este: cuando, tras descubrir que los ricos podían librarse de pagar el impuesto de sucesiones declarando "arte, muebles o tierra" abiertos al público, consiguió que la gente pidiera cita en masa para visitar un mueble antiguo de un diputado conservador. El diputado acabó pagando los impuestos y al final cambiaron la ley. Aquí hay un video con otras de sus acciones. 

Thomas me recuerda a Banksy -que lo hace con stencils y ahora hasta estatuas- o a otro activista del que también he hablado llamado Darren Cullen, el que montó el Museo del Neoliberalismo (lo conté aquí) y que tiene una web con  un gran nombre: "spellingmistakescostlives" (las faltas de ortografía cuestan vidas). Visitadla. 

También he divagado otras veces sobre "Led by donkeys" (Guiados por burros), otro grupo de activistas que comenzaron con el Brexit y que han evolucionado a un "proyecto de rendición de cuentas", organizando actos a cual mejor.  Desde proyectar un video sobre Epstein en las paredes del Castillo de Windsor en la visita del Narciso Naranja, poner en vallas de publicidad tuits de Johnson en contra del Brexit o proyectar en una fábrica de Tesla un docu sobre el apoyo de Musk a la extrema derecha. También dibujaron la cara de Carlos en la arena en la playa y esperaron a que las olas se la llevaran, o protestaron por la guerra de Ucrania en su primer aniversario. 

Este sábado hubo otras manifestaciones en Londinium, cada una con un recorrido y con una manera de ver la vida. Los de "Led by Monkeys" lograron meter una pantalla gigante en el recorrido de la mani de la ultraderecha ("Unite the Kingdom"), en la que marchaban todos esos "thugs". No hay palabra que les describa mejor, la traduciría personalmente como "tarugos" [aunque el diccionario dice matón, gamberro, mafioso... se hacen a la idea] o zoquetes, porque solo hay que verlos: envueltos en la Union Jack o en la Cruz de San Jorge... una panda de impresentables que se estaban haciendo fotos con la bandera [yuk] cuando era lo proyectado en la pantalla, y que debieron cortocircuitar cuando vieron esto:

Primero la frase: "Los inmigrantes hacen al Reino Unido genial". George Michael, de origen griego, comienza a cantar el "Wake me up before you go-go" y después, imágenes de cantantes, deportistas, actores, escritores... todos inmigrantes.  Y siguen: "si vas lo suficientemente para atrás, todos somos inmigrantes" (y ahí encontraréis también fotos de la la monarquía). 

"Los inmigrantes hacen (hacemos!) a cualquier país genial". 



12 mayo 2026

Al final de la tormenta, nos esperan numerosas mañanas de verano: Feliz Cumpleaños, Peda

 Hoy cumple años mi compa de piso -esa persona que siempre es el más madrugador a la hora de felicitar a todo el mundo, el primero en los grupos de whatsapp, o en llamadas a un grupo reducido de víctimas, pero que no le gusta que le feliciten a él. No todos los años hay divague para esta efeméride [la última vez, hace cinco! ¿Yaaaa? Total que las divfelicitaciones han acabado siendo Planes -dijo Ejercicios- Quinquenales- seguro que le parece fenomenal.

Antes de nada, admitir que volver a colgar una canción es tirando a refrito: cuando cumplió 50 le colgué también una. Es una apuesta segura porque sé que le gusta -me pasó el video él, desde Kneecap hasta el rap mola- , pero creo que no ha visto el principio, que es un poco "El club de los poetas muertos" se encuentra con "La naranja mecánica",  "The secret history""Trainspotting", "Los que se quedan" y "School of rock". El divagante sin tiempo -con una vida- puede pasarlo hasta a partir del minuto 4:33 en el que hay la coreografía bien chula que es lo que me pasó él [¿Se han puesto de moda ese tipo de coreografías? He visto dos en el último mes]. 


Otra cosa: igual esto ya ha sido viral y lo ha visto todo el mundo, pero por si acaso hay alguna despistada como yo, el rapero es sueco y se llama Yung Lean y GENER8ION deben ser el resto- que podrían ser los "Crazy 88" de Kill Bill. Nota salud pública: me sobra que se vuelva a fumar para, sin duda, indicar rebeldía, que se es un malote, como usaron las empresas tabaqueras durante décadas, atrayendo así a los jóvenes. Ahora, como la ciencia no importa, se vuelve a fumar en las pelis como modelo de lo cool. Nunca sospeché el retroceso que estamos viviendo. Pero esa es otra historia.

Pienso en esta fotografía escolar distópica del video y es imposible no retrotraerme a la graduación de Mini el otro día, precisamente el de su cumple. Distópica de otra manera: carpa blanca como de boda pija, con flores y tickets de entrada -dos máximo por hije- que tuvimos que pagar por separado [había que alquilar la carpa! y luego el prosecco!], que no nos sangran lo suficiente durante todo el año. Yo ahí sentada pensando cosas prosaicas como el morbo de que, como en internet, saliera un globo encima de cada persona para indicar los ingresos anuales por casa [recordemos que hay peña que tiene ahí cuatro hijos, y la madre se dedica a ir al gimnasio]. Hubo muchos discursos en los que, tristemente otra vez, por un rato deseé haber nacido británica: cómo lo consiguen, hablar tan bien y con tantas bromas, no falla ni uno. Bueno, tal vez los chavales (head boys/head girls) que entiendo que estuvieran acojonados —digo, acongojados— y para bromear ahí hacen falta tablas, pero les queda aún la uni: en tres años ya se habrán convertido en los profesores. El discurso externo lo dio el padre de un exalumno que fue corresponsal de la BBC y hoy tiene un podcast: creo que fue el peor y mis prejuicios me dicen que tal vez es porque no era 100% British.

Luego hubo canapés -no memorables- y variedad de vinos y licores en la parte de abajo del edificio de la Sixth Form [el edificio de los mayores, donde en la última planta tienen cafetería y sala común] que se abría a uno de los campos de rugby. Al fondo está uno de los edificios que más me gustan de la zona: un revival neogótico que fue en su día un orfanato de niñas [hoy, por supuesto, "luxury apartments"]. El orfanato de niños luego fue este colegio [aún no han llegado los promotores]. 

En este colegio hemos conocido a muchos menos madres y padres que en el de primaria, por razones obvias. Aquello de las "playdates" y las "sleepovers" (ir a jugar o a dormir a casa de otros niños) ya se autogestiona, ya no se depende de otros si un día te surge una emergencia en el trabajo y llegas tarde, ya no hay que llevar y recoger de los cumpleaños. Aún así, ahí están Pete y Mel, y otros padres de una de las compas de Interrail -con los que supongo que estaré en estrecho contacto este verano. Ah, y los profesores, algunos de ellos míticos como Mr A. el de historia, que siempre nos pregunta "cómo conseguimos que nuestra hija duerma sin móvil", porque él no lo consigue con la suya [en el "libro del curso", donde los chavales se han escrito comentarios entre ellos, llama la atención uno de Mini en la sección "persona más probable que..." en la que uno de sus amigos ha escrito "...sus padres le quiten el móvil por la noche a los 30 años". Hasta parece que somos unos padres ejemplares]. En fin, tras un par de proseccos, la cosa fluye con cualquiera, incluso con uno de los "gobernadores" que es un ex-alumno que nos cuenta su labor voluntaria llevando esta empresa que es el cole ya que está jubilado [tendrá nuestra edad] de la banca. Entregar tu tiempo a este voluntariado me alucina. 

Veo que, como con Roc, me ha quedado una felicitación que también es "recuerdo en una botella": la última tarde que pasamos en un evento del cole de nuestra hija [hace nada escribí el divague "eligiendo cole" cuando Mini tenía 2!!!] No sé si siento nostalgia, pero este final de la etapa escolar se siente como "el final de una era": será casual que el título de la canción del video es "Storm" [tormenta]?

Esperando que sepamos navegar la tormenta del fin de una etapa, que la que empieza sea tan chula como estos pasados 18 años, y que...

numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas.

  Felicidades, Pato: lo mejor está por venir. 

04 mayo 2026

El último Banksy, dolor de cuello, divagando-en-flor

 Lleva una época sin aparecer la estrella invitada del divlog, la sección "diarios de bicicleta".  Pero hoy, buenas noticias: ¡la espera ha terminado! No sé por cuánto tiempo, porque la razón que me ha tenido en el dique seco ha sido un dolor de cuello de esos que no dejan girar la cabeza, muy refractario a todas las medidas con las que lo he atacado [frío, calor, antiinflamatorios en gel o pastillas, masajes, danzas en bolas bajo la luna]. Pero por fin, el domingo, tras una leve mejoría -que no demos por definitiva-, me lancé a esas calles para darlo casi todo, esternocleidomastoideo mediante. 

Fashion vía IG y mi madre, vía la tele, se enteran mucho antes de lo que se cuece en la City que yo pispa, y así fue cómo me avisó mi hermanita de que no me podía perder la última actuación del "elusivo artista" [siempre este sintagma, basta!] Banksy en pleno Waterloo Place, una zona muy cerca de Buckingham Palace donde están todos los clubs de senioros que se apuestan si van a dar la vuelta al mundo en 80 días y cosas así. También hay estatuas ecuestres de eminentes próhombres y una de Florence Nightingale, la madre de la enfermería en este país tras la guerra de Crimea. Era el entorno adecuado para plantar esta estatua que soy consciente el divagante habrá visto ya treinta veces en las susodichas redes sociales o en el telediario, pero ya que aún no ha llegado nadie que me diga "nena, tú vales mucho" y me paguen por esto en lugar de por diezmar a los menores de Luisan, espero me disculpen por no estar al filo de la noticia.




Si como yo os preguntáis  cómo han montado eso ahí en pleno Westminster, ha colgado el elusivo artista un vídeo explicativo, pero me gustaría más detalle [en realidad, me gustaría haber estado allí, como un anciano mirando obras, dirigiendo la operación]. He leído que tiene un equipo de esos que montan macroconciertos y que eran esas "small hours" en las que los senioros de los clubs ya se han retirado hace rato. 


Para localización, estas dos fotos: al fondo de la de arriba tenéis Piccadilly y por el otro lado, St. James' Park.

Ya he escrito en el pasado sobre Banksy, y lo que me gusta [la última vez, la exposición aquella], pero aquí se ha salido. Estupendo comentario del mundo al que nos han abocado, con su crítica y sentido del humor. Espero que dejen que se quede: nunca pensé que diría esto, pero es que en ese espacio parecía que faltaba una estatua. 

Atención al mini clásico monísimo que también pasaba por ahí a verlo. Creo que no he estado nunca dentro de uno y es aún más pequeño de lo que parece.

Este edificio me lo encontré de camino a mi siguiente destino, muy cerca de la estación de Victoria. 
Elizabeth St. es una calle de Belgravia que dicen se usa como localización de pelis y series [no aguanté más que un rato de The Crown, pero aseguran que sale ahí] y que está llena de tiendas pijas que por tanto desconozco. Para mí, una marca que yo conozca ya es signo de desprestigio para ellos, pobres: viene a ser como lo de Groutxo, lo de no querer pertenecer a un club que me aceptara. Yo he descubierto marcas que en su día me parecían esotéricas simplemente paseando por estas zonas: por ejemplo, una vez vi una zapatería llamada "Jimmy Choo" y dije, quién será este, y ahora Chimi [en mi cabeza le llamo Chimichú, Chimi para las amigas] está por todos los sitios. O al lado una tal Bottega Venetta, con ese nombre, qué moral. Muchas de estas tiendas tienen un hombre de negro -a menudo negro también- cuya única función es abrirte la puerta [o será también la de duplicarse como portero de discoteca por si hay jarana?]. En serio: la vida en estos barrios posh es tirando a loca: he visto pararse un coche negro -diría la marca si tuviera la más remota idea- en la puerta de una peluquería interrumpiendo el tráfico con todo su papo moreno, bajarse el chófer, dar la vuelta al coche y abrirle la puerta a la cretina que va a hacerse el "lavar y marcar". 

Pero divago, en qué estaba yo: ah sí, Elizabeth St. es la calle donde no conozco a ninguna marca [olvídate de Armani, Prada... demasiado mainstream] y donde hay desde una sombrerería que le han hecho sombreros a los royals, Lady Gaga, Madonna, Beyoncé y la Posh Spice, hasta una panadería francesa que lleva ahí desde 1932 pasando por un perfumista que hace "fragance tapas" -sea lo que sea eso, y no suena bien.



La farmacia vintage me encanta...


A finales de mayo, cuando el Chelsea Flower Show, las tiendas de la zona se decoran con flores y es un espectáculo -gratuito!- de ver. Se llama "Chelsea in the Bloom" ["Chelsea en flor"] y he descubierto que esta calle también lo hace y se llama "Belgravia in the Bloom". Si me acuerdo, me pasaré, pero mientras tanto, hay algunas tiendas que están ya calentando motores:




Como veis, la primavera ha llegado no solo a ese gran almacén sino también a Londinium y espero poder seguir reportando. Como dijo TS Eliot en "The Waste Land"...

"April is the cruellest month" 

y ya se ha acabado.

26 abril 2026

"Tiempo de cerezas" de Montserrat Roig: Sonidos, olores, textura del Eixample

"Le temps des cerises" es un poema y canción francesa de 1866 que está muy asociada a la Comuna de París de 1871 [Jean-Baptiste Clément, el autor, luchó durante ella] y ha sido desde entonces un símbolo de la izquierda, una metáfora del sueño de lo que será la sociedad cuando ciertos principios imperen: será el tiempo de las cerezas. Montserrat Roig tomó el título para la novela central de su trilogía sobre una saga familiar barcelonesa en el siglo pasado -el primero "Ramona, adiós" (1972)  y el tercero "La hora violeta" (1980). Con "El tiempo de las cerezas" ganó el premio Sant Jordi de 1976, 


Llegué a esta novela por "Amiga date cuenta", un podcast de periodismo cultural que siempre escucho -como buena vampira de referencias- en el que la recomendaban, doliéndose de haber descubierto a Roig demasiado tarde. Tanto se volvió para las locutoras un icono que llegaron a decir que si no hubiera fallecido de cáncer a los 45 y fuera francesa, le hubieran dado el Nobel - no es que el Nobel de literatura me parezca medida segura de calidad literaria, pero igual se han dejado llevar un poco por el entusiasmo. Lo que sí lograron fue contagiarme simpatía y admiración por la autora, de esas de "¿qué he hecho yo con mi vida si Roig consiguió todo eso en 45?". Por supuesto, mi suegra la tenía en su biblioteca y me he leído su libro, todo amarillito que me encanta- ojalá hubiera subrayado o hecho anotaciones al margen porque de esa manera se dialoga con la autora y con la anterior lectora. 

No voy a hacer aquí una wiki pero brevemente, Montserrat Roig nació en una familia de la burguesía progresista catalana -ya su madre era feminista- en 1946 en el Eixample, mi barrio favorito de Barcelona, por razones sentimentales. Fue lectora de español en Bristol, periodista, novelista, ensayista [investigó sobre los catalanes presos en los campos de concentración nazis], activista, militó un tiempo en el PSUC, y muy feminista. En "La aguja dorada" escribió una especie de blog-de-viajes con sus impresiones de una estadía de dos meses en Leningrado - con todo lo que hace chulo a una bitácora de viajes, que consiste en incluir historia, sociología, observaciones y crónica personal. Tuvo dos hijos y la lista de sus amigos da mucha envidia- Vázquez Montalbán, entre otros-, pero con la que me voy a quedar hoy es con Pilar Aymerich, fotógrafa.

Ex-deportados catalanes de los campos de
concentración nazis, 1972, Pilar Aymerich

El otro día hablé de Cristina García Rodero y esto me ha recordado a otras fotógrafas como Dorothea Lange o Dora Maar de cuyo trabajo también hemos divagado. Total que me he puesto a buscar y me ha salido un nuevo distintivo al que he llamado originalmente "fotografía" [ya hay uno llamado "fotos", pero esas son mías]. Y todo este párrafo -que es divagando en gerundio, o sea, en acción- viene por Pilar Aymerich, la amiga de Roig que es una fotógrafa también muy interesante, y cuya foto de Roig embarazada en su casa me  encantó. 

El resto de fotos del divague son también de ella, que retrató la transición -la época de la que habla "Tiempo de cerezas"- desde una mirada personal y política [todo lo es, en realidad... si fotografías abejitas también estás tomando una opción]. Esta primera de niños reivindicando servicios de guardería estatales: sin palabras. 



Tal vez al divagante le parezca esta introducción el usual irnos por las ramas, tal vez apropiado para un blog que se titula como se titula, pero tal vez lo que está pasando (¿psiconalisis o pequeño ejercicio metaliterario?) es que estoy evitando la crónica pura de la novela. Y esto podría ser porque hay momentos formales de ella que no solo no me han gustado, sino que me han indignado. Muchos tienen que ver con la escatología: hay diarreas, sobacos, granos purulentos a los que se vuelve varias veces en una escena, y otros ejemplos que se sentiría incapaz de transcribir aquí por aquello de la vergüenza ajena, y que no aportan nada.  Hay repeticiones que entiendo son buscadas y una se podría excusar con que es técnica literaria, pero cuando ya la primera vez no te gusta lo de "se reía como un pájaro", el que lo repita cada una de las veces que se habla de esa persona, me dan ganas de disparar al pájaro. Hay preadjetivaciones que son ese timbre grave que ponen en los concursos cuando se falla la pregunta; juzguen por ustedes mismos: "blancos bigotes". Luego hay caracterizaciones que ni siquiera en esos años me parecen creíbles: para ilustrar los problemas de conducta de la protagonista en la infancia nos cuenta que ella y su hermano "sacaron todos los peces del agua a ver cuánto tiempo les costaba morir". Lo admito: esta escena me ha dejado tocada. Si leer sobre un niño sin empatía que pega a un perro es duro, la idea de quedarse mirando a peces boqueando me parece horrible. Me ha recordado a una escena en el peor de la trilogía de John Fante (el segundo) en el que hay crueldad con cangrejos. Lo siento, no puedo. En fin, este párrafo igual les lleve a estar de acuerdo con mi hija que me califica de "book snob".

Pero no lo soy, ni todo es malo en "Tiempo de cerezas": la historia que cuenta me interesa mucho, tiene política y feminismo en esa época convulsa [frase hecha: check].  Natalia es una hija de la burguesía que se tiene que exiliar a Londinium tras unos años locos del tardofranquismo en los que no es que se meta en política activamente -no es una "Teresa" que idealiza a su pijoaparte-, una de sus autocríticas más duras es que ella ha sido, en realidad, espectadora de todo pero no se ha involucrado con nada, pero sí que le salpica vía un novio comunista [las páginas en las que describe las cargas policiales y posterior detención son para leer con el corazón encogido] del que aprende cosas como estaPaul Lafargue y Laura Marx, yerno e hija de Karl Marx se inyectaron ácido cianhídrico cuando cumplieron 70 años, justo antes de la Primera Guerra Mundial. Él dejó esta nota: "sano de cuerpo y espíritu, me mato antes de que la cruel vejez me quite uno a uno los placeres y las alegrías de la existencia y me despoje de mis fuerzas físicas e intelectuales. ¡Viva el comunismo y el socialismo internacional!". Debería ser obligado para tod@s tener una novia o novio comunista.

Pasa doce años en esta isla, en la que aprende precisamente fotografía [su mentor le dice "te enseñaré a argumentar una fotografía": como siempre me decían en los cursos que hice, "una foto tiene que contarte una historia"]. Como esta de abajo, también de Aymerich, de las "Jornades catalanas de la dona" de 1976 en las que en primer plano están sonrientes y sentadas las feministas probablemente de la burguesía como la propia Roig y arrodillada fregando a una mujer pobre. Es brutal: hoy a esto se le llama interseccionalidad y me recuerda al libro "Por qué no soy feminista" de Jessa Crispin en el que la autora reniega del feminismo que busca solo romper el techo de cristal y no duda en oprimir a otras mujeres en ese empeño: no se puede ser feminista y de derechas [les refiero al divague en el que esto se desarrolla].


Y entonces, vuelve. Se había ido de "todo lo que le parecía apolillado y ahora, vuelta a empezar". A menudo hablamos de "volver" o no hacerlo los que nos hemos ido, así que su experiencia, su mirada extrañada de ese nuevo país ahora que el dictador está muerto, es tan interesante como lo suelen ser las observaciones de un outsider. En un punto hacia el final le dice a su sobrino, que sí, que este país da asco pero que ella ha vuelto, porque "la ciudad se lleva dentro". Justo entonces Franco ha asesinado a Puig-Antich, el anarquista de 25 años, aunque su amiga Harmonía dice que lo han matado "los comunistas", que no se preocuparon de esta muerte -los eternos conflictos de la izquierda, y aún quedan en flashbacks coletados de las rencillas, venganzas y humilaciones de la Guerra Civil. 

Por supuesto, se encuentra con una sociedad que huele a naftalina en la que los futuros suegros preguntan al novio de la hija "¿y usted con qué cuenta, joven?" [bueno, cierta burguesía catalana aún hace esa "puesta de largo" de la nena para ponerla en el mercado en pleno siglo dieci.. veinte], maridos que no dejan trabajar a sus mujeres, grupos del Tupperware [yo esto no lo recuerdo, pero sí la "seniora Avón"]. Pero ya se intuye cierta rebeldía en algunas de estas "trad wives" que se llaman ahora: hay una que confiesa que a ella sí que le gustaría trabajar y otra que le dice que van a envejecer de distinta manera, porque la prota ha vivido en el extranjero, ha abortado [la escena del aborto ilegal es dantesca, de verdad hay gente que quiere volver a eso?] cuando decidió que no quería al hijo y ahora tiene una cámara colgada al cuello que va a ser su medio de vida. 

La propia familia de Natalia sirve para muchas reflexiones: el padre era arquitecto y se enriqueció a costa de la vida de los obreros, racaneando en materiales, dimensiones de las viviendas para los pobres porque "esto es lo que pide el mercado, yo qué quieres que te diga". Por lo menos, los trabajadores llevan ahora casco obligatorio, ley que no existía cuando ella se exilió. Cuando va a la boda de una criada de la familia, tiene la misma sensación que tenía cuando de joven iba con su novio revolucionario por los barrios, y describe el olor de la pobreza de una manera acertada, impactante: 
"el mismo olor de miseria, la fetidez de aire caliente, la humedad que rezumaba de las paredes, el vaho de vino barato, el aliento de ajos... El olor de los pobres, siempre el mismo, pensaba Natalia, no me acostumbraré nunca (...) fuera solo había conocido desarraigados como ella, gente perdida que huía de las ciudades n hundidas, gente que no aceptaba, que no penetraba dentro del olor de los pobres, que les olfateaban a través de unos cristales desinfectados y que esgrimían  teorías para sacar a los hijos de los pobres de aquel olor, olor de siglos".
 Hay muchas descripciones de olores en la novela y también de sonidos. Cuando habla de los patios interiores de manzanas del Eixample se sale: te hace sentir ahí, con el tenedor batiendo un huevo, con el llanto de un bebé, los grifos abiertos, los chasquidos de la carne cayendo en la sartén, el zumbido de un lavavajillas, voces apagadas, las canerías, el silbido de una olla exprés, el zum-zum de aceite que saltaba,  y claro luego el olor a pescado frito, a coliflor hervida. Así en todos los patios de la ciudad. Y en las tascas, olor de sardinas fritas y de vino almacenado en barriles. El olor es un sentido tan evocador que directamente entras en esos lugares oscuros, con sus barriles viejos.  Es una maravilla. 

Una novela para mí con bastantes problemas, pero también interesante, de una mujer que lo fue aún mucho más: Montserrat Roig.