an

28 marzo 2020

"Mothering Sunday " ("El domingo de las madres") de Graham Swift: Irás al baile!

El "Mothering Sunday" que da título a la novela de 2016 de Graham Swift, es una festividad que viene del Siglo XVI, cuando la gente volvía en ese día (el cuarto domingo de cuaresma, llamado Laetare) a su "iglesia madre", en la que les bautizaron. En este día, los criados (muchos de ellos niños - los mandaban "a servir" a edades tan tempranas como 10 años) tenían libre para poder ir a visitar a su familia, y cogían flores en el camino para sus madres: esta imagen me rompe el corazón. Pero aún lo rompe más el imaginar qué sería un "Mothering Sunday" para alguno de estos niños, los huérfanos, sin madre ni casa donde ir este día, un "domingo de las madres sin madre". De esa emoción parte Swift en esta preciosa novela.

A nuestra protagonista le dan en el orfanato un nombre sencillo, impersonal, Jane, y también una fecha de nacimiento inventada, una que les parece bonita, el Primero de Mayo. Del orfanato, pasa "a servir" - qué palabra: "porque aquellos que servían, servían, y los que eran servidos, vivían" - en una casa donde bullicio y las risas habían desaparecido. Es 1924 y los dos hijos de los señores han dejado sus vidas en la Gran Guerra. Hasta las familias de bien han mandado lo más preciado, lo que más quieren, lo único que de verdad importa, a morir. También los vecinos han perdido a dos hijos, pero aún les queda Paul.

Paul es un señorito que, pese al trauma familiar, no ha cambiado nada: prometido a una niña rica y esperando a vivir de las rentas, tiene la seguridad típica de los de su clase. Los objetos de plata sobre su cómoda (gemelos, cajitas, peines) son limpiados por otras sirvientas sin moverlos un centímetro. Jane también limpia las habitaciones de los dos hijos muertos de su familia, cuidando que todo se quede "justo como estaba". Pero Jane no es como las otras criadas: limpiando la biblioteca de la casa, donde sospecha que el señor va a llorar, descubre libros de aventuras para chicos, "La isla del tesoro" y "Moby Dick"; así comienza su historia de amor con la literatura, que es la mayor historia de amor de la novela.

El tema de clase en la literatura inglesa está muchas veces presente: los de arriba, esos seres de "humor y capricho", que un día están de buenas y otro día ladran a los de abajo. Esta es una de esas novelas donde lo social está presente de una manera aún más dolorosa, porque los lazos sentimentales establecidos entre los dos mundos, aún hacen lo injusto del arriba-abajo más palpable. Pero hay una re-escritura de la vieja la historia del señorito durmiendo con la criada, esa manida relación de poder y abuso de las que aún se ven a día de hoy en todos los estratos del mundo laboral, desde el jefezuelo con la secretaria hasta el productor de cine con las estrellas de Hollywood. Lo que hace distinta a la relación entre Jane y Paul es la fuerza de Jane, que transforma por completo esa relación de arriba-abajo, en el sexo. Es la magia, la política de la desnudez, la que despoja a la interacción de su calidad de señor-criada, aunque cuando todo termina, al vestirse, Jane se transforma de nuevo en la sirvienta, la carroza es de nuevo una calabaza y ella, Cenicienta. No es casual que la novela comience como en los cuentos de hadas: "érase una vez" ("Once upon a time before the boys were killed and there were more horses than cars"), y que su epígrafe sea "You shall go to the ball!" ("Irás al baile!"), directo del hada madrina.

Swift describe con enorme sensualidad las horas que Jane y Paul pasan en la cama. También lo precario del momento, la sensación de urgencia, de que nunca había habido un día como ese, y que nunca lo habría de nuevo. Está en la habitación de su amante, un escenario que nunca fue destinado a ella, lejos de los establos, los recodos del campo, los escondrijos habituales. Un "Mothering Sunday" sin madre en el que esta Cenicienta poderosa puede por una vez demostrar que el estatus no lo compra todo, Al terminar, para no romper el hechizo, Jane sigue desnuda todo lo que puede - su cuerpo es todo lo que tiene, el cuerpo al final lo único que tienen los pobres - desde la cama mirándole mientras él se viste lentamente, "poniéndose de nuevo la vida que era la suya", preparándose para ir a ver su prometida. Pero Jane no es nunca un ratoncito del que apenarse, ella sigue desafiando con su cuerpo frágil y fuerte, y con su desnudez, mientras piensa en algo tan prosaico como el semen que se está escurriendo entre sus piernas a las sábanas, que las criadas de esta casa, a las que conoce bien, van a tener que limpiar cuando vengan de visitar a sus madres, porque ellas sí que tenían madres. Bien entrenadas como están, verán y callarán: "all the emissions... all the omissions". Ser invisibles y estar a mano, esas son ellas.

Es un placer volver a encontrarnos con Jane al final de su vida: de cuentacuentos nata que se hizo a través de la lectura, a autora que entendió que escribir es encontrar tu lenguaje. Por eso esta novela es un romance con las palabras. Jane fue al baile y, con estas palabras mías, un deseo: que un día, todas las Janes del mundo, puedan por fin ir al baile.

24 marzo 2020

(Sin) novedad en el frente

Leí este clásico del antimilitarismo de Erich Maria Remarque en la adolescencia.  Los horrores de la guerra desde el punto de vista de un soldado, publicada en 1929.  El otro día terminé otro libro muy antibelicista, "El día de las madres" (Graham Swift), que iba a ser mi siguiente divague, pero algo me urge en las yemas de los dedos, que me piden teclado. 

Desde el anuncio del gobierno de este país de la "inmunidad de grupo", y "habrá que asumir que perderemos a seres queridos" ha habido cambios, tras un artículo de Imperial creo, que demostraba con modelos lo que podía pasar aquí con el experimento de la inmunidad. Maniana, parece, entramos en encierro, o lockdown, aquí. 

Pero todavía no ha llegado a la gente, la gravedad del tema. Por mi relación con Espania, he vivido la situación, más bien la esquizofrenia, de lo que estaba pasando allí, y lo que veía que venía hacia aquí. Cuando les hablaba en el trabajo de "distancia social", me miraban raro. La semana pasada, lunes y martes, tuvimos clientes (ahora se les llama así) que venían de Devon. Les había llamado el viernes anterior, para tentativamente cancelar: pero no quisieron, "ya tenían billetes, y hotel". Los del lunes nos contaron encantados que llevaban desde el domingo, y "habían estado en el Museo de Historia Natural", viendo los dinosaurios.  Hordas siempre en esos dinosaurios. Y perfecto, el lunes venían a vernos (a mí, que llevaba todo el finde metida en casa, solo salir para el Tesco). Cuando les dije que no dábamos las manos, les extranió. 

El primer día de "compra para el sitio" (Los sitios de Zaragoza) gasto más de £60 en tema variado. Hay una oferta de las famosas baked beans inglesas que todos habréis visto en el desayuno inglés de los B&B. Inexplicablemente, tengo una hija (cambiada en maternidad) a la que le gustan. La oferta son 4 latas por una libra. Pillo 8. Al ir a pagar, me dicen que solo puedo llevar 3 (están racionando). Entonces por qué ponen 4 de oferta? Publicidad enganiosa! Pero no voy a liarla ahí parda con la penia impaciente en la fila. 

Lo de los grupos de whatsapp ha sido curioso: tengo algún grupo que solo mandan chistes. En el de la facultad, tema profesional (para qué ver pelis de miedo, teniendo esto). Anoche me fui de otro, sin explicaciones: un miembro me estaba exasperando, y una gota colmó el vaso. 

A veces no tengo paciencia. El otro día una de esas llamadas que dicen "sabemos que tuvo un accidente del que no tuvo la culpa". Salté: "CÓMO PUEDEN HACER ESTA MENTIRA CON LO QUE ESTÁ PASANDO?". Y contesta: "Qué día pasó su accidente?". Y yo: "FUCK OFF", y colgué, sintiéndome inmediatamente mejor, lo que libera mandar a tomar por ahí a veces. Pero luego en casa el Peda me dice: "sabes que eso es un robot, no?". Mi gozo en un pozo. 

Tengo unas reuniones virtuales cada día a las 9 am, con todos mis colegas. El Big Brother ha estado en otra reunión y nos da las malas noticias. Cada día. Yo hace ya unos días que dejé de leer la prensa (y eso que los primeros días estaba literalmente adicta). Decidí dejarlo porque ya me llegan las noticias que no puedo evitar leer. Por ejemplo, la "Ley de covid-19" que tiene, entre sus múltiples apartados reconstituyentes "almacenamiento y disposición de cadáveres". Por ejemplo, el sindicato (BMA) que mandan beldades como "algunos de nosotros moriremos en servicio,  es importante pensar en tu pensión que bla bla". O del General Medical Council (la policía del gremio): "tenemos en cuenta que muchos trabajareis fuera de vuestra área de experiencia, así que seremos luego menos duros al juzgaros" (o equivalente, recordemos que son ingleses, el eufemismo es su don). Gracias. Parece que vamos a estar todos intubando por los pasillos, y yo hace 25 anios que terminé la carrera (de ahí el grupo de whastapp). Lo siento por los surlondinenses. 

Los supermercados abren una hora antes para personal de la Seguridad Social (NHS). Por una vez, tenemos privilegios. El domingo, además día de la madre, me lanzo con mi identificación colgada al cuello, fondo azul y NHS blanco, un símbolo que, por alguna razón oscura, nos da seguridad. Hay mucha fila, me siento como en el racionamiento. Pillo el mayor carro para que me haga él la distancia social, porque la penia sigue sin enterarse. Al pagar, la supervisora le dice a un senior delante mía que me deje pasar, que soy "personal esencial". Le digo al hombre que no hace falta, y él, un gentleman, "I insist".

No son tan amables al norte del río. Hoy nos avisan que han asaltado a punta de cuchillo a personal no por dinero, sino por sus identificaciones. Será por la hora del personal, o porque en algunos restaurantes y cafés había reducciones y café gratis? La gente está fatal. Pero hoy ya va a estar todo cerrado.

Pero hay gente maja: un restaurante tras mi casa se transforma en tienda para gente vulnerable. Otros se están organizando en voluntariados para llevar comida a los ancianos. He firmado ya unas cuantas peticiones para que el gobierno proteja a gente desfavorecida. 

Salgo con una compra ridícula, si nos lo planteamos: 24 rollos de papel higiénico (había!), una hortensia, que siempre me recuerdan a Donosti, y la imagen representa estos días extranios: Bread and roses. Porque no solo de pan vive la mujer.  El resto del surrealismo incluye palomitas (sal y azúcar, adictivas), unas gominolas alargadas de cocacola rebozadas de sidral (picapica para nos no vetústicos). Por lo menos no he comprado más chocolate, que el Peda lleva ya como 6 tabletas. Dice que se ha engordado 2 kgs: quién le cree a Alonso Quijano. 

No sabemos nada de Rose, la ancianita de las Ladykillers, como la llamaba el Sr Snoid, de abajo. Le dejamos una nota ofreciendo ayuda (que seguro desinfecta), y nos devuelve otra apreciando. Pero sigue sin salir, y no veo que esté cultivando su jardín, como prometía que haría cuando el Brexit nos dejara sin hortalizas. El tarado hace meses que no se oye. 

Hoy he ido a trabajar y aún había mucha gente por la calle. El Peda ha dicho que me pusieran "una bufanda", y me puesto un panuelo a modo de burka. Enseguida me lo he quitado. Como tardaba, me ha preguntado si me he vuelto musulmana. En el curro, aún me he cruzado con varios por los pasillos. La paranoia de lavarme las manos allí llega a límites psicopatológicos: este puto virus nos va a hacer desarrollar TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) a todos. 

Mini está ya sin cole, y aprendiendo remotamente. Aprenderán remotamente algo? Está por ver. A partir de maniana estaremos los tres en casa, a jornada completa, y hic sunt dracones. 

No puedo esperar a salir a hacer karaoke por las ventanas. Aquí también en eso van tarde. 

22 marzo 2020

Has de estar en cierto lugar mental para disfrutar de los "Diarios" de Inaki Uriarte

Este divague,  di-crónica de un libro (unos diarios de un tal Inaki Uriarte), el primero de una trilogía, va ser curioso. Resulta que cuando leí el primero, todavía no teníamos en nuestra cara el "pequenio evento" que está agitando al mundo. Lo terminé, escribí lo de abajo, y lo dejé "en cuarentena" (perdón) porque pensaba seguir por el segundo para publicar el conjunto. Luego la vida se metió por en medio, leí alguna otra cosa (que divagaré), y tuve mucho trabajo del de Dr Jeckyll, que siempre le roba divagues a Mr Hyde.

Hace dos noches comencé la segunda parte, y está resultando una experiencia muy distinta que la lectura del primero: a menudo me irrita, me impacienta. El sigue siendo el mismo, supongo (aunque un periodista donostiarra que le conoce me dice que él piensa que van declinando desde el primero), pero he cambiado yo... me planteo que quizás, cuando estos días grises escampen, igual podré volver a leer ciertos cosas que escribe con tranquilidad, pero ahora no es posible. Así que me he decidido a publicar lo que escribí del primer libro, cuando el mundo aún era el que conocíamos hasta hace un mes, y tal vez un párrafo final sobre porqué me siento así ahora.

Diarios (1999-2003)
La sensación más cercana de blog que he tenido al leer un libro ha sido con "El cuaderno gris" de Josep Pla (que tengo en mi mesilla, algún día por terminar) y estos "Diarios" de Iñaki Uriarte. Pero los Hypomnemata eran cuadernos de notas de la época de Platón, la cosa viene de largo. Acabo de terminar el primer tomo, que cubre los años 1999-2003, y he comenzado el segundo. No tengo el tercero porque el Peda no lo encontró en su peregrinación librera en el último viaje a la península. El pobre, temeroso de que le echase de casa si aparecía con un libro de tapas duras (las odio), no trajo esta edición donde están los tres libros juntos. Igual sea mejor así, y no sé si compraré el tercero. 

No porque no me esté gustando, me está entreteniendo mucho y a menudo me digo, "ves Di, deberías escribir divagues-haiku, así como este entrada de Uriarte, de cuatro líneas" (aunque no tenga yo ingenio ni su particular visión del mundo, que es lo que llama de este autor). Pero igual es algo como lo de Pla: igual no necesito leerlo todo.

La razón principal es la culpabilidad. Me siento mal de estármelo pasando bien con un cantamañanas que no hay dado un palo al agua en su vida. Y que además, busca justificaciones todo el rato para explicar su vaguerío y ociosidad, explicaciones con las que me he reído frecuentemente, mientras negaba con la cabeza y pensaba "menudo cabrón".  Pero hasta esas observaciones son ocurrentes ("el aburrimiento me despertó"), y tienes la sensación de "me iría de copas con este tipo".

Dice Uriarte que, aparte de él mismo, no ha conocido a nadie más que viva como él, pero yo conozco de entrada a dos que, por tener dinero de familia, no han trabajado en la vida. Son gente que han podido vivir del cuento, pero que lo han hecho austeramente, no sé si porque para vivir a tope tampoco daba, o porque realmente les iba el rollo espartano como principio.  Para este último estilo de vida, todos mis respetos. Gente que está dispuesta a vivir con menos. Me aburren (ojalá, en realidad, me enervan) la gente que vive de aparentar, de obtener así su validación. 

Uriarte dice que tomar notas le ayuda, por eso escribe su diario, por eso escribimos los blogs. Que es narcisista (como se nos recrimina a los blogueros, con razón supongo). "Escribo para intentar circunscribir un mundo que, con la edad, cada vez se me va haciendo mayor": esta me encanta, y totalmente la suscribo. Dice que cuando estás ocupado viviendo, no escribes. No sé si lo tengo tan claro: cuando una quiere escribir, cuando hay voluntad, se escribe. Lo prueban los viajes, que los escribes a la vuelta. Cita a Coetzee, que opina que "el habla no es una fuente de verdad, sino una expresión pálida de la escritura" y su amigo, al hablar, se siente un impostor. Pero digo yo, también hay raconteurs, gente que te envuelve con su manera de narrar, te venden motos o lo que sea. Encantadores de serpientes. A mí me gustan ambas cosas: escribir y hablar, con cierto teatro. No hay para transmitir cualquier idea, como que te brillen los ojos al explicarlo.

Me ha gustado la cantidad de metaliteratura que hay en este volumen: él piensa que no es escritor, que no tiene el arsenal necesario para ir a la guerra de componer una novela. Qué es ser escritor? El que escribe. Hay gente que escribe muy bien, pero no tienen nada que decir. Yo nunca me definiría como escritora, pero ayer vi a un colega que firmaba con nuestra común profesión "y escritor" y me pregunté, habrá escrito este hombre, más que yo, mejor que yo? O simplemente es un tío, y ya, escritor, aunque le conozcan, como a mí, en mi casa, y las tres divagantas. Pero estoy totalmente con él en lo de "la guerra de escribir una novela". Yo empecé hace más de un anio una, que escribo por entregas aquí en el blog. Serial. No sé absolutamente nada de estructurar novelas, no sé qué va a pasar. Elena Rius me dijo que mal, y obviamente tenía razón :). Un día me senté a hacer un "mind-map" para ver dónde iba. Me aclaré unos cuantos capítulos, pero en general, seguí aspirando a que se escriba sola. Así que sí, entiendo lo que dice de que una cosa es escribir un blog, un diario, y otra cosa una novela. Aunque tantos los hacen, y son basura. Luego igual lo de escribir una novela coherente está sobre-valorado?

Hablando de basura, cita al adorado Philip Roth, cuando dice que para escribir hay que "coger basura, echarle gasolina, más basura, y luego prenderle fuego. Si la basura es tuya, prende bien, has de ser honesto con tu basura". Siempre supe que "El mal de Portnoy" era su propia basura.

De los malos dicen que son divertidos.  No sé si todos los son, pero yo conozco gente no sé si mala, pero malota, con los que te ríes. Y luego hay alguna persona tan llena de bondad, que te aburres. O más bien, sin malicia. El mundo es injusto, nadie dijo que no.

Le gusta Benidorm: me parece incomprensible, pero esto sí que me gusta que lo diga, sin complejos. Olé tú. Ya está bien de cacarear lo que "te tiene que gustar": "música de calidad", "Birdman", el vino tal,  el sushi, Brighton.

Ir al médico y que tenga una imagen del Ninio Jesús. La persona en cuestión sale escandalizada. Yo me eduqué hasta la uni en clases con crucifijo.  Bajo él explicaban la teoría de la evolución, la relatividad y a Sartre y Marx (bendito programa obligatorio, aunque unos amigos que iban a cole del Opus contaron que no leían "San Manuel Bueno Mártir", lectura obligada de COU letras).

Me río: "está fresca la merluza?" y contesta el camarero: "sí, no te jode!", o "la mayor parte de la gente tiene mejor apariencia vestidos que desnudos. Algunos solo se salvan disfrazados".

Hubo una "semana de la purrusalda" entre nosotros, me refiero en la casa Pedalista. Mi suegra introdujo el concepto en mi vida en otonio. Luego compramos nosequé sopa tailandesa tum-tum o así, y le dije al Peda: "podemos a la tum-tum aniadirle una purrusalda". Parece que sobre-usé la palabra. Solo me lo dijo luego: eso, y que le daba verguenza ajena "purrusalda". Vale. Total que al día siguiente, leo que Uriarte opina que la palabra "sublime" es inaceptable, a no ser para decir "esta purrusalda está sublime". El Peda me odia cuando se lo anoto. Justo en esa misma página, habla Uriarte de la telepatía lectora (con otro ejemplo) y pienso que, con la purusalda, hemos cerrado el círculo.

"No se busca ver mundo si no es para ser visto". Y eso que entonces aún no existía Instagram. Y tiene en favoritos una página sobre métodos de suicido, pero no entró porque había que pagar.  Kant consideraba la masturbación peor que el suicidio.  Ahora entiendo porqué le gustaba tanto a Madre Elisa, la monja de filosofía de Tercero de BUP. También decía "los cerdos de la grey de Epicuro" y "los socialistos" (era la época de González).

Cuando Uriarte vio una boda saliendo de una parroquia con 12 anios aseguró: "yo eso no lo pienso hacer en mi vida". En muchas cosas coincidimos. "Haz ejercicio, pasea, pero me aburro, cómo se pasea?", dice. Totalmente: no hay nada peor que dejarme a sola con mis pensamientos.

Diarios, Segundo Volumen (2004-2007)
Y aquí llegamos a tiempo real. Y aquí es donde empiezo a cortocircuitar, porque toda la península está encerrada, y en mi grupo de la facultad, creado para cena aniversario, empiezan a colgar situaciones en los hospitales en primera persona, a tiempo real. Con la desazón de tener a algunas de las personas que más quiero lejos, algunos mayores, metidos en casa, todos bien, gracias. Y oyendo allá en el horizonte como un trotar de caballos de una legión que aún no veo, pero que se acerca, y aquí se empezó por no hacer nada, y ahora se sigue sin hacer los suficiente. Pensar que algunos vamos a tener que salir a la guerra, y que no va a haber suficientes escudos, ni lanzas, y que traeremos la guerra a casa. No estoy de humor para cosas como el continuo elogio de la pereza y la interina.

Porque ya quedó claro en el tomo uno que la interina, la chacha, le desordena los libros sin criterio, "como coloca los cacharros en la cocina". Fijaté. Veo la situación, el problema es escribirla en un diario, y el mayor problema es, cuando estás editando los diarios para publicación, que no se caiga.  En este tomo habla de que su "aitita siempre tuvo chófer", y que él no ha conducido en su vida, porque total ya sabe su mujer. Que trabaja: ha pasado por varias relaciones y ellas siempre trabajan. El espera en casa, porque tiene su "rentita", tras la fiesta, porque "en los bajos fondos de la noche fermenta la verdadera vida". Curioso.

Hace muchos amigos en estos diarios, Chillida es un farsante, de Prada un reaccionario, una especie de viejo en el cuerpo de un ninio gordo, eso sí a otros los llama "X". Por lo menos tiene a bien no poner el apellido de una tal Amaia en la siguiente anécdota: él y un tal Ezquerra eran en los 80 los encargados de entretener a los autores que pasaban a presentar libro en Bilbao. Siempre llevaban a alguna amiga guapa que indefectiblemente acababa en el hotel del autor. Se autoconsideraban proxenetas del mundo académico o algo.  Yo, de verdad, que me digan lo que quieran aquellas que piensan que "qué pena que se haya perdido el piropo", yo creo que el mundo pre #MeToo era un lugar aún peor para las mujeres. De nuevo, un buen editor igual podría haberle ahorrado el bochorno. "En un relato, quitar líneas es avivar el fuego", que dice citando a Kipling.

El volumen Uno está lleno de caritas risuenias en los márgenes (así dialogo con el libro, anotando). En este segundo, veo menos ("no sos vos, soy yo?"). Sigue teniendo muy buenas observaciones, aunque algunas son de los autores que va leyendo (e.g. "los animales son prisioneros de una guerra que perdieron hace unos pocos siglos, cuando los humanos inventaron las armas", de Coetzee). Pero por ejemplo: "si preguntas a un grupo de gente el número aproximado de aceitunas en un tarro, la media de sus respuestas se acerca siempre más a la verdad que la suma de respuestas individuales". Le gustan las demostraciones científicas como esta a Uriarte, y cuenta de un científico del pasado que se dedicó a negar estadísticamente que rezar fuera eficaz. Esto me recuerda a una aplicación de teléfono que tiene una monja cercana "Pray as you go", me parto. Pero lo de las aceitunas me lleva a mí a pensar que lograríamos mucho más con la cooperación que con la competición. Sobre todo en momentos como este, que es cuando un sistema se examina de verdad.

Cómo terminar este divague, con frases que no sean de perogrullo, o que no haya escrito yo aquí ya mil veces (por algo hay un distintivo llamado "sanidad pública"). Que el sistema se está examinando, o más bien testando para el futuro, para la clase de mundo que queremos cuando esto vuelva a pasar de nuevo. 



15 marzo 2020

Algún problemilla derivado de ser gobernados por psicópatas

Ayer vi "Stoker”, la peli de 2013 de Park Chan-wook, el director surcoreano. El título evoca misterio y terror: claro, por Bram, dirán. Y no sé si es casual, pero aquí uno de los protagonistas se apellida Stoker -como su hermano fallecido en circunstancias extrañas- y no sé si técnicamente es un vampiro, pero sí un psicópata en toda regla. Yo disfruté de la peli por el estilo tan preciosista de este director (cómo olvidar la maravillosa “The Handmaiden” con esas escenas lésbicas del dedal), por la inspiración hitckcockiana (“Sombra de una duda”, a la que homenajea hasta en el nombre del tío, Charlie) y por su final, tan de Chan-wook (cómo olvidar la terrible y perfecta “Old Boy”). Y claro, por supuesto, como todo divagante de pro sabrá, porque hay en ella psicópatas, y lo que pasa en su cabeza (no el gore, que no es lo mío, aunque aquí algunas flores recibiendo el spray de la sangre de un pobre hombre tenían su allá), sigue siendo uno de mis “intereses especiales”- y por ello tiene un distintivo en el divlog. 





El psicópata de Stoker lo interpreta Mathew Goode, uno de esos ingleses que da tan bien en las pelis de época (Brideshead Revisited, Downton Abbey), haciendo de señorito que con su auto-confianza y maneras, parece estar siempre perdonando la vida. Su psicópata en “Stoker” es realmente desagradable, ya desde el primer momento se le ve venir. De sobras es conocido el mantra del “psicópata encantador”, pero para mí este da yu-yu desde la primera escena. 

El mismo yu-yu da Boris Johnson y su panda. Hablamos de un gobierno que hace tiempo ya dijo que “estaban hartos de expertos”, que miente como si tal (no he hecho en el blog distintivo de “Brexit” por asco puro, pero anda que no hay entradas sobre el tema…) y que se comporta, en efecto, de una manera psicopática, demostrando una falta de empatía con los más débiles que nos deja espeluznados al resto. Un gobierno formando por niñatos cuya familia ha asistido a Eaton durante generaciones y luego han estudiado PPE (Philosophy, Politics & Economics) en Oxford, preparándolos de facto para seguir manteniendo sus privilegios seculares en un país que poco tiene que ver con esto, pero que les sigue votando. Qué podríamos esperar de esta gente? 

Sí, están explicando que el 80% de la población se va infectar, se haga lo q sea haga. Quieren que se infecten los que tienen buenas defensas (jóvenes, gente sin enfermedades) porque estos serán inmunes y no podrán infectar a otros. La gente vulnerable que se infecte, irá al hospital y aún habrá camas. Idealmente, el número de gente que ingresa será el mismo que las altas. Cuando vean que el sistema hospitalario se empieza a saturar, por ejemplo, cierran los coles. Pero dónde quedan las personas de riesgo? Bueno, ya lo dijo el payaso de Johnson: “prepárense para perder a algunos seres queridos antes de su hora”. Y se queda tan ancho. El sistema italiano/español de cuarentenas/aislamiento, según ellos, hasta cuánto durará? Tras relajarlo, tendrán que introducirlo otra vez cuando la tasa de infección vuelva a subir? No es un “modelo” que se pueda sostener, dicen. De entrada, en China y Surcorea están controlando la infección. No tenemos “modelos” testados de cómo manejar este tema, solo datos de los países que están pasando por este infierno. Les da igual. 

Por un lado tenemos a Johnson flanqueado por esos dos consejeros (científico y médico), que en teoría son independientes del gobierno, pero que están siendo criticados por gran parte de los científicos de este país, y de Harvard. Y por otro, tenemos al que está manejando los hilos de la marioneta Johnson, el maquiavélico Dominic Cummings, del que hablé tras ver la peli “Brexit: la guerra incivil”. No hay que ablandarse porque lo interprete el carismático Benedict Cumberbach, el tal Cummings es un tipo de armas tomar. Quien tenga ánimo, se puede leer este artículo: "Dentro de la mente de Dominic Cummings". Para el resto (cómo les entiendo), ya he hecho yo el trabajo sucio, y les cuento mi análisis clínico: Cummings es un hombre con un Trastorno del Espectro Autista y claras tendencias psicopáticas: se la suda todo, con tal de conseguir su objetivo. Ya lo demostró con la campaña del Brexit (“Take Back Control”). Estudió historia en Oxford, pero un día vio la luz y descubrió Los Números. Desde entonces, tiene claro que la sociedad ha de ser guiada por una élite de matemáticos/científicos de alto coeficiente intelectual, y que el grupo intermedio de periodistas, diputados, etc, pueda más o menos seguir las estadísticas y la ciencia dura para transmitirlo a una socidad mediocre, que es lo que somos. No le interesan las ciencias sociales (para qué nada social, piensa el autista?), el arte, la literatura, el artela música, la filosofía… todo eso es “ruido” que aleja de lo verdaderamente importante para él. Ni el derecho: para qué normas si estás en el poder? Las humanidades producen mentes críticas y él lo que quiere es “que se hagan cosas”. A ver, en esto último le apoyo, yo también estoy harta de reuniones donde la gente habla y habla y no se hace nada, pero la política en sociedades democráticas necesita de ambos: críticos y “los que hacen”. Todo lo que bloquee la innovación (sindicatos, derechos, las emociones, por ejemplo) le molesta. Está más interesado en ideas abstractas que los tecnócratas, pero más interesado en resultados, que se hagan cosas, que los intelectuales. En el artículo de The Guardian explican que en su blog queda claro que tiene una “habilidad alarmante de enfocarse en un objetivo, ignorando, sin importarle un pepino ninguna cantidad de daño colateral”. Justamente lo que esta pasando en esta crisis: objetivos, pasando del daño colateral, que aquí son vidas y muertes. 

William James, el padre de la psicología estadounidense, decía: “When superior intellect and a psychopathic temperament coalesce … we have the best possible conditions for the kind of effective genius that gets into the biographical dictionaries.” (“Cuando un intelecto superior y un temperamento psicopático van juntos, tenemos las mejores posibles condiciones para la clase de genio efectivo que entra en los diccionarios biográficos”). Grandes ideas sin importar los otros: receta para qué mundo?

A diferencia del clásico, el Mago de Oz, aquí tenemos un hombre de hojalata que no busca un corazón, y un espantapájaros que no busca un cerebro. Nos dejan a la ciudadanía el papel de leones en busca de coraje. Que lo vamos a necesitar. 


08 marzo 2020

Feliz día, compañeras: la lucha continúa

De la ilustradora Zoë van Dijk, una imagen que lo dice todo. Aunque dé la impresión de que otro tipo de esas distopías del cine y la literatura -la pandémica- esté aquí, hay otras mucho peores, y que dan mucho más miedo. Este dicen es el año de las mujeres latinoamericanas: hay que leer 2666. Y también en el que se acabó con el hijoputa de Wenstein gracias al movimiento #metoo. No dejes que los cabrones te machaquen. Ni un paso atrás que no sea para coger impulso. 

Feliz día compañeras.