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08 septiembre 2021

Serial 34. Gratificación aplazada y estoicismo. Murales eróticos y el primer email.

Son las 4 am: fuck. Ya ha amanecido. Fuck, joder, ya pienso en inglés y encima medio en sueños: vamos bien. Me cubro la cabeza con la almohada, pero está claro: no me voy a dormir. Mi grado de alerta es como de 11 de la mañana y las cortinas semitransparentes no ayudan. ¿Así voy a pasar todo el verano? Pero no nos engañemos, ya sabía que aquí arriba las noches no duran ni cinco horas: esto es el pico de cortisol, la maldita hormona del estrés. Pensando en bucle, mi mente a mil, casi puedo sentir las ideas rebotando en mi cabeza. Qué rollo es a veces saber estas cosas, con lo fácil que sería vivir sin buscar explicaciones a todo.

Hace ya dos semanas que llegué de Londres (¿todo aquello ocurrió?). Estoy en un remolino del que todavía no he salido. Primero volver a Marcé, la planta de perinatal, y estar como siempre sola - Steen por supuesto en algún congreso o importante actividad, nunca a sus pacientes. Pero mucho mejor: enfermería confía en mí, y ya sé cómo manejar esto. La sensación de empezar a dominar un tema, de poder decidir sola. Varias guardias agotadoras, no pegar ojo; tener que pretender que no eres un zombie al día siguiente en la planta. En la de Whitby apareció el mismo que tiró una silla por la ventana. Sin pestañear le mandé a casa. ¿Y-si-se-mata? Este histriónico no se mata, claro que siempre existe el riesgo y conlleva cierta habilidad poderse dormir cuando firmas el alta. Pero según la enfermera jefa de urgencias, he ganado en presencia, ¿dónde está la niña asustada de hace unos meses? La hubiera abrazado, pero solo carraspeé un gracias, y pensé "means a lot" - significa mucho para mí.

Si miro atrás en estas dos semanas solo veo trabajo, nadar algunas tardes y hablar por teléfono con Wences. Cruzarme con mis compañeros de casa en la cocina y con el resto en la fila del restaurante, prometiéndoles ir a Serotonina la primera noche que pudiera. Y entonces, lo de Marcé. Que no quería contarles -aunque enseguida se enterarían-, para evitar preguntas. O quién sabe, como siempre, quizás todos cambiarían de conversación. Hay algunos temas que no se tocan en Banderley: el problema es que aún no sé cuales.

A Wences le conté mi precipitada salida -en realidad, expulsión- de Marcé enseguida. Pero no toda la verdad - no le dije que el residente que se fue no había vuelto, y que con mi salida tenían que contratar a un interino. A Wences le hablaba del estrés de estas semanas, de lo poco que dormía. Le acabé confesando la noche con Jack, porque lo había adivinado: cabrona, te odio. A Wences le dije que volvía con Cook, pero no le pude explicar lo que hice porque no estuvo bien,  las razones por las que lo hice, menos: me hubiera dicho que por eso te montan un disciplinario, que me jugaba mi carrera: todo verdad. Con Wences siempre terminábamos las conversaciones con su solución para todos mis problemas: bájate a Londres este finde, y luego para siempre.

Hoy es la última noche de guardia en un tiempo, estoy sola en el mess, la sala común de residentes en Banderley-C. Mientras le doy a la tetera con el cansancio del mundo sobre mis párpados, me planteo: lo que he hecho estas dos semanas no se puede hacer con 50 años. Vamos, seguro. Son las 2am, acabo de llegar de un ingreso. ¿Hace cuántas horas me he duchado? Pronto hará 24, diosss: ¿este olor soy yo? Un truco para cambiar un comportamiento es eliminar todo lo que se interpone entre tú y ese comportamiento, lo que se llama "fricción"- así algunos corredores duermen con el equipo para saltar tras el despertador. Aquí la mayoría -aparte de Sandip- hacemos las guardias en pijama verde de hospital por esa misma razón: saltar de la cama cuando suena el bleep. ¿Este pijama -con la inscripción "Propiedad del Hospital de Banderley", no se nos vaya a olvidar- es lo que apesta? Levanto el brazo, meto la cara en mi axila y se oye la puerta: en esa edificante posición me encuentra Mark: bravo. No dice nada, me imagino que los tíos no se plantean estos pequeños actos indignos como tal. Mark está de guardia en las otras plantas, lleva una noche fatal: han tenido que meter a uno en confinamiento supervisado, con el consiguiente cocktail de antipsicóticos intramusculares. Esto lo hace enfermería, nosotros solo firmamos, pero a Mark le gusta meterse en el barro, para él será como un tackle de rugby, a medianoche. Mientras me cuenta toda la acción, abre uno de los armarios y saca un frasco con unos polvos de proteínas (miro sus brazos: ¿no es eso hacer trampas?). Se hace un batido.

- ¿Qué tal por allá abajo? – pregunta que me esperaba.

- Buf, muy bien, genial… a ver, el curso aburrido pero la ciudad… la he visto de otra manera que antes, siempre de paso – me siento en uno de los sofás, enfrente de una mesa baja.

- Ya, Londres tiene ese efecto en la gente… No te fíes... estudié allí. -se sienta en el sofá de enfrente- Estás mejor aquí.

- Em, sí, bueno, no me había planteado irme de Banderley todavía. ¿Quieres una? -Le ofrezco una barra de kitkat.

- No gracias. ¿Sabes la cantidad de azúcar que tiene eso? – da un trago al batido.

- Sí. Básicamente -hago como que miro la composición- es todo azúcar. Pero estamos de guardia, ¿no?

- ¿Qué importa estar de guardia? Eso suena a excusa.- Y se echa para atrás en el sofá.

- Tranqui, no es obligatorio – le digo mientras muerdo.

- Vale, veo que de peque no habrías aguantado ni un minuto en el test del marshmallow.

Tengo el resto del kitkat en la mesa, en medio de los dos. No doy crédito: ¿en serio me está preguntando cómo va mi "gratificación aplazada"? El experimento de Walter Mischel en la década de los 60 en la universidad de Stamford con los famosos marshmallows (conocidos como "jamones" en mi época, aunque ahora creo que los llaman “nubes”). Dejaban a niños de 3-6 años en una habitación con un marshmallow y la instrucción de "si no te lo comes, cuando vuelva te daré otro". El investigador se iba durante 15 minutos y mientras tanto, los críos usaban todo tipo de técnicas para no comerlo. Algunos intentaban la distracción (cubrían sus ojos, o escondían el marshmallow), otros lo olían, lo tocaban, le daban un besito. El hacerles pensar lo dulce y rico que estaría ("ideación caliente") destruía la autodisciplina. La "ideación fría" (por ejemplo, pensar ¿de qué forma es?) o  ideaciones calientes alternativas (“piensa en un caramelo”), aumentaba la resistencia. Los niños mayores resistían más y usaban ya técnicas de reevaluación ("esto no va de marshmallows, esto va de la clase de persona que soy"). Para completar el estudio, Mischel siguió a los niños y, sorpresa, los que más resistencia mostraron tenían de media mejores notas en los exámenes, mayor éxito social, mayor resiliencia y eran menos agresivos. Y aún hay más: cuarenta años tras el test, eran los mejores en funciones del lóbulo frontal y también tenían menos obesidad. A ver, ¿qué me ha preguntado? ¿Qué si tengo un problema de autocontrol porque me estoy comiendo esta chocolatina?

- Perdona ¿me estás preguntando cuán estoica soy? - Señorrr: qué conversación de madrugada.

- Bueno, la maduración de la fuerza de voluntad va más de técnicas de distracción y reevaluación que de estoicismo -contesta

- Sí, yo también me sé el experimento de Mischel. Sé usar esas técnicas, o de lo contrario no estaría aquí...

- Vale, vale… no sé, es que he estado pensando – se para un momento, me planteo que este lugar hace que todos pensemos demasiado - ¿Se te ha ocurrido que, de todo lo que haces en la vida, siempre hay una última vez? Hubo una última vez que te bajaste de un columpio de peque, habrá una última que vayas a una discoteca, la última que le leas una historia a tu hijo cuando lo tengas y le pongas a dormir…

- Emm, no... creo que nunca me lo había planteado. Tengo 25 años, no 50.

- ¿No haces "visualización negativa", verte a ti misma perdiendo algo que tienes que te importa mucho?

- Mark, en serio, ¿qué te pasa? ¿Lo siguiente es que te vas a tatuar "memento mori" en la muñeca para recordar que vas a morir?

Se queda pensativo, ¿le habré dado una idea? Me imagino que todos los deportistas tienen algo de estoicos. Ya los filósofos estoicos hicireron paralelismos entre el atleta y el filósofo, diciendo que la mente y el cuerpo son uno y que la disposición mental es crucial para el rendimiento. El estoicismo como filosofía no es seguir una ética o unos principios, sino aprender a manejar las emociones problemáticas. Va todo sobre el juego mental: estar preparado para poderte encontrar con cosas inesperadas, a veces desagradables. Ahora me va a preguntar si he leído a Marco Aurelio.

- ¿Has leído a Marco Aurelio?

Lo sabía.

- No, de hecho, no... He leído alguna meditación suelta - No le digo que me está recordando a Aníbal diciéndole a Clarice "Lea a Marco Aurelio. Primeros principios" – Me impactó la de que somos "un alma que lleva un cadáver a cuestas", o algo así…

- Ah sí...  mi favorita es "piensa que estás muerto. Ya has vivido tu vida. Ahora aprovecha lo que te queda de ella y vívela como se debería. Lo que no transmite luz, crea su propia oscuridad".

- Es su manera de impactar, metiendo la muerte, pero en el fondo es el viejo “Carpe Diem” – en esto sí que creo firmemente, y continúo: Lo que sí que pienso a veces es cuando decimos "oh, eso eran los buenos tiempos", y en que un día pensaremos que los buenos tiempos son justamente estos que vivimos ahora.  Vivir el momento. Entonces pensaremos, cómo podíamos sobrellevar esas guardias mortales y luego ir a trabajar al día siguiente, pero estoy convencida que miraremos atrás con añoranza. 

- Porque somos jóvenes... esas noches de juerga hasta que amanece: me han contado que no se aguanta el tipo igual pasadas las décadas - y nos reímos. Y yo siento ya añoranza de Koko.

Se oye un ruido y los dos miramos nuestro bleep, como un acto reflejo. Es Duncan, el de forense: está de guardia en la zona D. Le saludamos. Coge un yogur del frigo, se sienta con nosotros.

- Qué mala iluminación hay aquí ¿no?- dice mirando a los lados. Solo hay un par de luces laterales.

- La verdad es que los fluorescentes del techo dan una luz depresiva, Duncan. Son las 3 am, con esta lámpara de mesa y aquel flexo girado es suficiente- le explico, como si hiciera falta explicar esto.

- Este cuarto comunal es de los peores que he estado. -dice Duncan- Yo creo que nos iría bien tener aquí lo de los mess de los hospitales franceses. ¿Conocéis la historia de los murales en el equivalente de esta sala no?

- No, ni idea – decimos los dos a la vez.

- Bueno, pues con la excusa de que los médicos franceses trabajan con mucho estrés, todo el día entre la vida y la muerte, tienen murales con escenas de orgías entre los residentes y demás personal.

- ¿En serio?

- ¿Os imagináis eso aquí?

- No, eso es muy francés…

- Y su justificación, el eros y el tánatos, muy freudiano - dice Mark.

- Nosotros no es que veamos demasiada muerte – Duncan se levanta.

- No digas eso, a la pobre Mariona le tocó hace poco certificar a una de psicogeriatría...

- Ah, bueno, esos... pero en general vemos menos muerte. Claro que miramos a los ojos a la locura: eso sí que es vértigo y no sé qué es más estresante…
 
-Exacto nos harían bien esos murales: Yolanda follando con Cook, Isabel haciendo tocamientos a Sandip, Will comiéndose a Morgana, Richard con Suchandra... - dice Mark con una carcajada.

-Es alucinante: y los franceses siguen en esas salas descansando y discutiendo casos como si nada -Duncan trae galletas, que obviamente Mark declina; yo acepto- ... siempre han sido muy raros estos franceses.

- ¿Mariona, con quién te ponemos en el mural…?

Entonces, oh loado: me suena el bleep. Salvada por la campana. Marco la extensión y solo es para dar el OK para una Zopiclona. Pretendo que me tengo que ir. Dejo a estos dos hablando de lo mal follados que van, encubierto con oscuras teorías psicoanalíticas.

No quiero volver a casa: sé que al entrar en la cama me llamarán. Recorro el pasillo con el mismo eco y baldosines sueltos que el día que llegué. Me veo a mí misma, con mi mochila, siguiendo a Sister Harding. Parece una eternidad. Llego a la sala de ordenadores, el código para entrar era… voilá. Solo se oye el ruido de fondo de algún ordenador encendido, únicamente entra luz de luna por las ventanas. Huele a fotocopiadora y a moqueta nueva.

No he pensado en "últimas veces" como le dije a Mark, pero esta es  la primera vez que voy a hacer esto. A Wences no le sorprendió que aún no tuviéramos aquella cosa llamada correo electrónico en Banderley. De momento, solo tenían en las universidades. El me copió el suyo en la última página de “La Regenta” (wlinares@kcl.ac.uk) y lo que no le dije, para darle una sorpresa, es que por fin esta semana tenía el mío, de la universidad de York (mcalleja@york.ac.uk), a la que estaba asociada Banderley. A oscuras, con la luz azul en la cara, comienzo a escribir mi primer correo electrónico.

Hola Wences,

Sorpresa! Este es mi primer email, ya estoy conectada! Cuando lo leas (¿mañana? No sé si irás a la uni), verás que son las 3 am. Estoy de guardia. No sé si está permitido estar aquí de noche... pero me está encantando.

No he podido contarte lo que pasó realmente en Marcé porque me es imposible por teléfono darte todo el contexto. Ya te he dicho que tenemos el teléfono en la sala común de la Casa y siempre hay gente entrando, saliendo, cocinando, loquesea. Igual también porque me resulta más fácil escribir las cosas, porque así también las pienso. Y porque supongo que no aprobarás. Y ya sé que tu respuesta va a ser no solo el clásico -vente a Londres este finde-, sino deja Banderley para siempre, porque está afectando a mi cabeza. Pero no lo hagas, por favor: aquí no puedo hablar con nadie, todos miran para otro lado y no puede ser que tú hagas lo mismo. Por favor: intenta estar ahí conmigo y no hagas bromas tipo "necesitas aripiprazole".

En Marcé encontré las notas de una paciente con trastorno de la personalidad límite en las que escribía una residente llamada Sylvia Lannister. Me quedé completamente colgada de su manera de escribir, que era muy poética y atormentada, aunque inapropriada para unas notas clínicas.  Cómo no le habían parado los pies: no lo entendía. Cada vez que preguntaba por ella me contestaban vaguedades. Un día descubrí que el jefe de planta, el tal Steen que no está nunca, también había escrito en esas notas, con un estilo similar al de Lannister, e igualmente fuera de lugar. Tendrías que leerles, era pasional y desgarrador... descubrí que usaban citas de Plath y seguro de otros poetas que se me escapan porque no leo poesía en inglés- aparte de Plath, porque me la dejó un tal Will - ahora empiezas a atar cabos de por qué Parliament Hill Fields, no? Si te digo la verdad, me parecía que se estaban comunicando.

Las entradas de Lannister tenían como dos años, así que, una vez que me leí y extraje todo del ingreso de esa paciente, empecé a obsesionarme con la idea de buscar más notas de la época para intentar ... no sé, entender. ¿Entender el qué? te preguntarás. Yo tampoco lo sé. Y también porque me había enganchado a leerla, necesitaba leer más. Al volver de Londres, estaba como poseída como por una  fuerza extraña y decidí arriesgarme a encontrar esas notas. No fue fácil pero en los archivos de enfermería había listados de pacientes por año y localización de sus historias clínicas. Imagina cómo son las salas de archivos cerrados en Banderley: sótanos polvorientos, hileras e hileras de estanterías con puertas de tornos. Te digo que imagines porque así me los he imaginado yo: no he estado, allí no se puede bajar más que a buscar notas con una justificación clínica. ¿Qué iba a decir yo, que quería leer todo lo que hubiera escrito Lannister por una supuesta addición literaria?

Un día, cuando se acababan de ir las enfermeras del turno de la tarde, mientras escribía notas de una manera profesional y seria -cuando en realidad quería lanzarme a jugar con las palabras y soltarme el corsé este con el que hemos de escribir tanto en academia como en la clínica, como hizo ella- se me ocurrió una idea. Igual había algunas notas de la época de Lannister en la oficina de Steen.  Lo sé, me vas a matar, pero cogí la llave que está donde las enfermeras tienen todas las llaves y me colé en el cuarto de mi supervisor. No te puedo explicar el subidón de adrenalina mientras intentaba encontrar algún archivador abierto -que no, claro- y cuando me dirigía a un cajón a ver si estaban allí las llaves... Exacto, se abrió la puerta y allí estaba Steen. No sé qué hacía a esa hora en la planta, él que no está nunca. No me molesté en balbucear nada porque, el qué? Él mantuvo la calma perfectamente. Es curioso como el cuerpo reacciona casi igual ante la ira y el terror, pero el suyo no mostró lo primero. Yo sin embargo por dentro estaba temblando. Me libró de su ironía -podía haber preguntado, qué, trabajando tarde?- pero creo que los dos entendimos qué hacía yo allí. Con mucha tranquilidad me dijo que tal vez mi tiempo en Marcé había terminado y - aquí vi que estaba furioso conmigo- que no me quería volver a ver nunca más por allí.

Esta es la verdad de mi salida de Marcé. Sé que te estás poniendo las manos en la cabeza, que piensas que me podrían haber echado de la carrera profesional por mirar en informes confidenciales que no son relevantes clínicamente para mí. Tienes razón. Pero aún hay más: voy a seguir. Me quedan los archivos de los sótanos, a los que no sé cómo voy a entrar. Y quiero seguir leyendo. 

Un abrazo,


Mariona

02 septiembre 2021

Daunt Books o el oasis para escapar del ruido que me rodea.

 Siguiendo con el distintivo "Bibliofilia", recién estrenado en el divlog (ergo, tengo una misión, sorry), este finde estuve en Daunt Books, en Marylebone High Street. Es una librería independiente -tienen unas nueve en Londinium-, pero la de Marylebone fue la primera, fundada en 1912. Parece que era antes una librería de anticuario llamada "Francis Edwards" y que fue la primera del mundo "creada a medida" (sea lo que sea eso). Se especializa en libros de viajes, desde guías, hasta crónicas de viaje, pasando por historia o ficción de esa país.  Es encantadora...


No tengo una de sus tote bags, tranquis, pero a la izda hay una

Libros por país! 










Este es uno de los pocos días que logramos engañar a Mini para que venga a hacer algo con nosotros -  con incentivos tipo pizza e "ir de tiendas". Por las calles, tras esquivar una mani de negacionistas en Hyde Park, tenemos conversaciones "intentar-el-golpe-de-efecto", como yo las llamo. "Mummy, ¿por qué no puedes ser como las otras madres que hacen del ir de tiendas con sus hijas una "bonding experience"?" (Por dónde empezar a explicarle). O "Matar a un ruiseñor" y "La guerra de los mundos" (lecturas de verano del cole) me han parecido un rollo, mummy" (No entro). Y sigue: "¿Sabéis la novedad de Daisy de este verano? Ha salido del armario: es bisexual". Y yo: "¿a los 13 años?" Y Mini: "Mummy: eso es homofóbico" . Y yo: Que no! No sé, entiendo que alguien sepa que es gay a los 13, pero ¿bisexual? Y ella: "Pues ha estado pensando mucho este verano en una chica guapa del cole y ha llegado esta conclusión, es bisexual". Me mira así moviendo la cabeza muy rápido como diciendo "doh! evidente!". Yo miro a su padre en busca de ayuda, no la obtengo. Sigue Mini: "La hemos felicitado". Y yo, intentando la ironía: "¿Por qué? ¿Porque amplía sus posibilidades de ligue un 50%?" Y Mini: "Solo a ti te hace gracia esa frase- la hemos felicitado porque hace falta mucho valor para salir del armario". Buen punto. 

Esto es un ejemplo de las conversaciones que tenemos últimamente en casa, otras incluyen "quiero ponerme pendientes" o "quiero color en el pelo, mis amigas llevan highlights" o "Fulanita, la popular, tiene hickies"  (yo los llamaba "lovebites" o en el Pleistoceno en Vetusta "chupones", ahora son hickies). También habla de gente que bebe desde "Monster" (algo hasta arriba de taurina) hasta shots de tequila-con 13 años. No me creo nada. 

Ahora te vas a enterar, pienso -delante de la pizza- , ahora va mi -golpe-de-efecto, que además es una historia totalmente verídica, no como las tuyas niñata. Tengo una cuenta de correo electrónico en la que apenas entro, donde solo llegan publicidad del trabajo, cursos, alertas y demás. El otro día me meto a echar un ojo tras varios meses y, oh, qué es esto? Tengo como 15 emails de Match.com, una página de ligue. El primero: "Bienvenida a Match.com, Decentlady. Empecemos". ¿Empecemos? ¿Decentlady?  Ese bot no me conoce nada: ¿entrar en una página de ligue como Decentlady? No queda ahí la cosa: Me invitan a que cuelgue una foto, mis hobbies y eso.  Ahí está claramente mi nombre, mi email, y que soy "Mujer que busca Hombres". Todos los siguientes emails son fotos de tíos tipo: "Jeff (44), de Cincinatti está esperándote Decentlady". "Mark (36) de New Albany te está esperando Decentlady" , "Tony (38) de Louiseville te está esperando Decentlady". Y muchos más, no sé porqué he tenido bastante éxito con Louisville. Mini me mira con cara de resignación:

-"Mummy, no finjas, eso lo has abierto tú". 

Las reglas del juego hoy en día son: mi pulso no se eleva aunque mi madre se abra una cuenta de ligue, ante todo: hay que ser cool. Me pregunto si verdaderamente mi golpe de fecto no ha sido tal. Nota (que a MIni no ha interesado):  La resolución del tema ha sido bastante divertida -"no le podemos dar información por tema de confidencialidad": en serio? confidencialidad??? me mandan 20 tíos a mi inbox por día hasta que me doy cuenta y hay que respetar la confidencialidad de quien se ha hecho con mi email?  Guay. 

Pero yo estaba escribiendo de Daunt Books y oh, menos mal que nos quedan las librerías para escapar -al menos un rato- de todo este ruido a nuestro alrededor. Como apps de ligue-no-solicitadas (vosotros me creéis, divagantes), como el maldito Brexit de las pequeñas cosas: no hay personal en las tiendas o en el aeropuerto o en los hospitales porque tanta gente se ha ido. No hay cierta comida en Tesco porque no hay conductores de camión. No hay tubos de extracción de sangre- tenemos que ahorrar el 25% nos dicen en circulares. Y no entremos en las variantes y en Afghanistán. Pero no todo iba a ser terrible: hoy he leído una noticia relacionada con los libros -y por tanto con Daunt y todos los oasis de papel del mundo- que me ha hecho creer por un breve instante en el género humano. Un estudiante de Lincoln que bajó 70,000 artículos supremacistas blancos y que había sido identificado como potencial ameneza terrorista ha sido condenado por el juez a "leer a los clásicos" . Dentro de cuatro meses tendrá que volver al juzgado, donde se le preguntará la lección. Los libros incluyen a Dickens ("Historia de dos ciudades"), Austen ("Orgullo y prejuicio", Shakespeare ("Noche de Reyes"). "Piense en Tropolle y en Hardy". Genial.  ¿No se los podían también recetar a los negacionistas? Y a los brexiteros? Y a las niñas díscolas de 13?

28 agosto 2021

"Canto yo y la montaña baila" de Irene Solá: El New Age no es para mí

Érase una vez... La Cerdanya. Bueno, en realidad no, en realidad "Canto yo y la montaña baila" está ambientada hacia el este de los Pirineos catalanes, en concreto entre Camprodón y Prats de Molló, pero en mi cabeza yo la he localizado en La Cerdanya, donde pasé los veranos de mi infancia.

Así empecé el divague cuando pensaba que iba a escribir sobre la novela de Irene Solá, y ya sabemos cómo terminó. Aquí va un nuevo intento, aunque ya adelanto que me lo pasé mucho mejor escribiendo el otro y, como dicen los Johns en "The way to write", "si no disfrutas escribriendo algo, no esperes que el lector lo haga". Pero tengo que hacerlo para aclararme porque, como decíamos ayer, si yo no hubiera ido en mi cabeza a ese "locus amoenus", a ese "lugar idílico donde pasan cosas bonitas en un entorno natural" que es para mí La Cerdanya, la lectura no habría sido ni de lejos lo mismo. Eso sí, supongo que habrá gente que, aunque no tenga la carga sentimental que yo tengo hacia esa zona, podrá disfrutar de esta novela, a juzgar por las críticas enfebrecidas que he visto por ahí  ("poética en extremo", "increíblemente original") o por la recomendación de Dp ("simplemente tienes que leerlo, no te puedo explicar el tema").

Antes de nada: ¿cómo he terminado leyendo un libro 1. de actualidad, 2. traducido (del catalán al castellano) y 3. con ese título (que ya anuncia "New Age")? No sabría explicarlo: ¿exaltación de la amistad? ¿holiday mood? ¿"sal de tu zona de confort"? ¿no había tomado la medicación?  En Laie ponderé sobre el punto 2: lo tuve en mis manos en catalán (¿lo entendería?: negatifo). Y, por supuesto, con esto ha habido algún problema típico de las traducciones: algunas cosas me "sonaban" extrañas: ¿"el heredero"? (por "el hereu"-Joan: ¿cuándo tendremos el hereu? - para esto hay que leer el divague de ayer, sorry), ¿"quitar el polvo" en lugar de "sacar el polvo", ¿"campesino" por "payés"? (campesino evoca "Germinal" de Zola, "Novencento" de Bertolucci, no un payés de La Cerdanya con sus Range Rovers y tractores última generación).

Cuando leí "La amiga estupenda" de Elena Ferrante no me quedaron ganas de seguir con la saga, pero me quedé con una cosa: la ambientación, cómo la autora logra llevarte al Nápoles de la época vía los ruidos, los olores, la colada blanca tendida. En "Canto yo y la montaña baila" me ha pasado lo mismo: Solá te lleva a un territorio mágico, para mí ha sido como volver a esos pocos días que pasé en el Pirineo hace no llega a un mes. Sin embargo, al terminar la novela, estaba tan perpleja que tuve que leer comentarios en un web de libros para ver cómo se había quedado el personal. Todo eran cinco estrellas, menos alguna ocasional una: estaba claro que es un libro que no deja indiferente. Los de las cinco estrellas repetían, una y otra vez lo del lenguaje poético y el lirismo de la narración. Yo me preguntaba (y ya hace unos días que lo terminé, lo he dejado reposar) en qué lado iba a estar yo, porque algún rato desde luego me sentí como los de una, pero he llegado a la conclusión que ni de unos ni de otros, pero tampoco de enmedio. Creo que tendría que desmenuzarlo y empezar a dar estrellas a sus partes, y aún así no explicaría lo confusa que estoy. Eso sí: lo que tengo claro es que no quiero releerlo para aclararme.


Dp no me quiso contar los temas que recorren la novela - que no son la trama. Supongo que me lo habría vendido igual si en lugar del misterio "tienes-que-leerlo", me hubiera dicho que habla, de una manera diferente, de las relaciones personales entre los habitantes de esa zona y con su entorno. Que habla de amor, de muerte, del duelo, de la poesía que es melancolía, de secretos, de deseo, de vivir el momento "porque estamos vivos esta noche", de los rayos y de gente guapa. Nota: igual que en "Los errantes" todo el mundo tenía 50, aquí todos son guapos - no me queda claro de qué manera, pero lo son: "Fulanita era muy guapa".  También habla de la belleza del lugar, este Síndrome de Stendhal que es imposible no te atrape cuando subes allí: hay un barcelonés que sube de turismo y se maravilla de ver "estas montañas, tan hermosas que duele el alma" o "Dios mío qué paisajes y qué montañas" y este sentimiento sí que es mío, el quedarse una ahí plantada intentando asumir tanta belleza. De todas las historias que cuenta, la parte que más me ha gustado es la que habla de la Guerra Civil, de los republicanos que huían por la montaña en busca de la frontera, de cómo los niños seguían coleccionando balas, pistolas, granadas que se van encontrando por el bosque. Ya no recuerdo nada de "Luna de lobos" de Julio Llamazares, solo la oscuridad de la novela y que me pareció en su día una maravilla. Hay un capítulo narrado por Eva, "la niña republicana", que se volvió a los bosques y que dice: "en la montaña no hay guerra, que las guerras se terminan pero la montaña no". 

Formalmente, entiendo que hayan definido la escritura de Solá como poética, hay muchas frases bonitas que he subrayado, pero yo personalmente he sufrido con las dosis de escatología. (¿Qué les pasa a los catalanes con los escatológico? ¿Por qué les encanta este tema, desde el personajes del pesebre navideño hasta el tronco ese de los regalos?) Yo, no puedo.  Pero, superado esto: cada uno de los capítulos está narrado por distintos personajes, y usa la personificación (o prosopopeya, recordemos EGB) de animales, fenómenos de la naturaleza, El-bosque-animado, esas cosas. Cuando las narradoras son las nubes y la primera frase del libro es "Llegamos con las tripas llenas. Doloridas. El vientre negro, cargado de agua oscura y fría, y de rayos y ruenos", dices, bien, me gusta - sobre todo porque cuando lo lees tienes que descubrir que son las nubes (oh dear: ¿es este el primer spoiler de la historia de este blog?). Parece que también narran las setas -esto o no me enteré, o ya se me ha olvidado- y en otro punto narran las montañas y un bebé corzo (sí, vale, tuve que hacer un google imágenes). Pero para mí, el problema es que no he podido diferencias las voces, todas son la misma (y parto de que cambiar de voz es dificilísimo, para mí imposible) y da igual que hablen adultos, que montes: todo suena como si el narrador fuera una niña o un niño travieso. Y entonces, cuando vas por los tres cuartos del libro, atención: una perra llamada Lluna,  narradora del capítulo, acomete la descripción detallada de sexo entre humanos. Aquí, lo siento, aquí me pierde. Escribir sobre sexo es lo más difícil que hay, y no suele acabar bien. Es una parte de la vida, así que ignorarlo y crear personajes asexuados tampoco es la solución, pero por lo que sea, las observaciones de perro no han funcionado para mí. Le escribo un whatsapp a Dp: "acabo de leer lo del perro" y el emoji de la carita con ojos como platos. Contesta: "ya me dirás, se va cerrando la historia".

¿¿¿Se va cerrando la historia???? El mal ya está hecho, ¿quién quita ahora esa imagen de mi retina? Entonces recuerdo dos libros del pasado: hace muchos años, todavía en Vetusta, una amiga me recomendó encarecidamente el libro de su vida, "La mujer habitada" de Gioconda Belli y no me gustó nada: solo recuerdo una mujer-árbol. Años más tarde, ya en UK, una compa de trabajo con la que hablábamos de feminismo me regaló "Mujeres que corren con los lobos" de Clarissa Pinkola Estés: este directamente no lo terminé. Contaba leyendas desde un punto de vista psicoanalítico, o algo así. Una sola palabra me viene a la cabeza: pedrada. Y tengan en cuenta que ya había leído el famoso "Psicoanálisis de los cuentos de hadas" de Bruno Bettelheim, así que tengo callo. ¿Igual es que lo mío no es el rollo New Age? Admirado Marvin Harris: ¿fuiste tú el culpable?

Dicen en la faja de mi edición que Solá tiene "una pasión desmesurada por escribir" y en eso estoy de acuerdo, se transmite. En contraposición conmigo y este divague, dicen acusadoramente los Johns: igual debería no publicar lo que escribo solo para aclararme yo.  Cierro el libro pensando que tal vez las leyendas de la zona de las que se ha nutrido Solá no son material crudo con tantas posibilidades como las concas de Bellver montándose un Airbnb.









27 agosto 2021

Leyendas de Bellver: De Gustavo Adolfo Bécquer a la Niña Di

 Esto es más o menos cómo ocurrió (o, de nuevo,  "puedo explicarlo todo").

Todo comenzó como un inocente divague de libro que va de historias y de leyendas en una determinada zona del Pirineo, pero terminó conmigo escribiendo demasiado rato, demasiado largo (esto es nuevo), demasiado divagando, sobre historias y leyendas de otra zona cercana de la misma cordillera. Pero estas son en realidad leyendas de mi familia -no de ninfas de los ríos, aunque tal vez sí que haya alguna bruja- con el mismo fondo, esas montañas.  Y como no me gusta abusar (lol), los he separado: quien quiera leer sobre "Canto yo y la montaña baila" de Irene Solá, el libro en cuestión, podrá hacerlo mañana sin tener que pasar por este divague, la precuela de Maléfica: "la Niña Di, que al principio solo quería ser Heidi". 

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Erase una vez... La Cerdanya. Bueno, en realidad no, en realidad "Canto yo y la montaña baila" está ambientada hacia el este de los Pirineos catalanes, en concreto entre Camprodón y Prats de Molló, pero en mi cabeza yo la he localizado en La Cerdanya, donde pasé los veranos de mi infancia. Así que podría comenzar con un "érase una vez en los Pirineos" y sería más verdad. Pero está bien salir del armario: yo he tenido a Bellver y Talló y Pi y Bor y Das y Prulláns en mi mente mientras leía, y eso ha salvado para mí la novela.  Novela de historias de amor, de guerra, de éxtasis ante la belleza del entorno, en la que he aprendido por ejemplo, la leyenda mitológica del origen del nombre de los Pirineos: parece que viene de "Pirene", hija un rey, que sufre diversos percances amorosos (según si sigues la mitología griega o la local) y al final muere en un incendio. Su amante le hace un monumento funerario con unas piedras, y son los Pirineos. Pero sobre el libro, mañana.

La Cerdanya es una zona tocada por una varita mágica: un valle horizontal, orientado de este a oeste (en contraposición a la mayoría de los valles del Pirineo, que van en vertical, de norte a sur), por eso tiene más horas de luz que otros. El Pirineo aragonés es mucho más dramático, claro, y en Broto y Ordesa pasé bastantes veranos de campamentos, pero donde de verdad recuerdo los veranos de mis pocos años es en Bellver de Cerdanya, de donde era la familia de La Yaya. Y por tanto, mis leyendas no son de duendes del agua y osos, como los de la novela, sino familiares y de ese territorio salvaje que es la niñez. Allí se aprende a mirar o se cimienta la manera de mirar que una trae de serie.  Nota: las fotos son mías, así es como lo vió, por lo menos, mi cámara.


La primera y más repetida leyenda familiar es "la vez que no reconocí a mis padres". A ellos les encanta contar esta historia, los pobres aún no han superado el trauma. Cuando tenía poco más de un año empezaron mis largos veranos en la Cerdanya. Los Yayos subían a Bellver para un par de meses, con parafernalia similar a quien se cambia de casa, y mis padres de debían quedar de rodriguez,  viviendo-la-vetusta-loca, subiendo a vernos los findes. Yo iba a la guardería allí, esto me lo contó mi madre el otro día, a la vez que la debida mención a la anécdota que nos ocupa: tras un breve lapso, bajaron ilusionados del coche, y no les conocía. Me imagino a mí misma escondida detrás de la Yaya, quién es esta gente. Para ser justos, ellos casi no me reconocen a mí tampoco: la Yaya me había rapado. Una de sus múltiples teorías era que eso "fortalecía el pelo" (lo confirmo), así que hasta que pude opinar me llevaban con el pelo corto, como un chico y Fashion, años después, también pasó por ese proceso. Y esta historia enlaza con otro viejo favorito que también les encanta: lo de que "no me gustaba dar besos a extraños". ¿Hello? ¿Tengo que pasar por niña arisca por esto? ¿A quién le gusta dar besos a la tía del pueblo? Esto alcanzó la cumbre cuando una vecina que siempre me insistía me preguntó el porqué de esa actitud (imaginen) y parece  que solté un "porque huele mal". Por eso nunca les doy besos a niños que no sean Mini, y cuando llegué a UK me di cuenta que esa es una costumbre que no existe aquí (¿quién está equivocado, eh?) ¿Aún se sigue persiguiendo a los niños por besos en la península? 



Otra leyenda top del lugar, más que familiar, es que en Bellver había una alta incidencia de "concas" - aunque no lo he oído en ningún sitio, internet asegura que la palabra existe. Allí llamaban "concas" a las mujeres solteras (lo que en esa época se remataba con el sufijo -ona con todas sus connotaciones). Las concas -entre ellas Ignasieta una prima de la Yaya y Carmeta, la que le hacía la comida a Joan, que aparecerá en breve - salían de paseo en grupo por las tardes hacia Talló. Hoy en día existe el concepto "tieta", me cuenta Fashion, que es una versión moderna, viajera, independiente, de la conca. A veces nos hemos planteado que la Yaya, pese a haberse casado, tenía en realidad alma de tieta -así como la mujer de Vázquez Montalbán decía que ella se había casado con un soltero. Pero esas son otras historias y lo que me pregunto es si la palabra existe en masculino, "conco". Desde luego el concepto sí, y nosotros la usábamos, porque le alquilábamos la casa a Joan, un conco, en una especie de cosa premonitoria de Airbnb.

Los Airbnb que alquilas con bicho son los que luego dan para mejores historias: cómo olvidar algunas aventuras de los Pedalistas, con Doña Concha en Pelion, o con Nishimoto y su armadura de samurai en Fukuyama. Aquí el bicho era Joan, un anciano a mis ojos de entonces que hablaba principalmente en catalán y conmigo se lanzaba al castellano con muchos problemas (según la Yaya, yo hablaba catalán de peque, puede ser otra leyenda). Tenía cara de hombre de montaña, toda roja, con los ojos muy pequeños, tal vez azules y una gorra como de chulapón. Las manos eran enormes y vestía como de tweed verde. Trabajaba en algo de acequias o canales -tenía unas botas de agua que le cubrían todas las piernas- y se iba al alba y llegaba siempre al anochecer. Cuando llegaba se metía en su habitación tras un saludo y no le veíamos más.

Cal Joan me encantaba porque era ser Heidi, mi máxima aspiración de la época. Tenía escaleras de madera y se hacía mucho ruido subiendo y caminando por la planta de arriba, donde había tres habitaciones. Abajo, un salón con una mesa de madera y creo que la lavadora era de carga superior, otra novedad. Los primeros años no había tele, y cuando llegó, no me dejaban verla cuando había tormenta -muy frecuentemente-, porque parece que los rayos podían ir a la antena (otra teoría de la Yaya). Así me perdí el último capítulo de la serie de Los Cinco, lo recuerdo perfectamente y creo que lloré, pero de nada sirvió. Al lado de la casa, Joan tenía una huerta con lechugas y una zona con jaulas con conejos. Cuando venían mis padres, Joan le preguntaba a mi padre para cuándo iban a tener "el hereu", cosa que les hacía mucha gracia. Cuando nació Fashion, siempre decepcionando: el pobre Joan debió pensar "siguen sin hereu en esta familia" y quién sabe si por pena, aquel año nos esperaba con una cuna. Resultó que la fallida hereu ya no cabía y esta es otra de las historias repetidas hasta la saciedad en esta familia.  

Pero todo en Bellver era Heidi: las vacas en los prados, las montañas e ir a buscar la leche por las tardes a la lechería. En las tiendas había leche normal, en botella - claro que mucho peor- y creo que la comprábamos por el ritual de la lechera, que me encantaba, luego había que hervirla y todo eso. El otro día pasé por el local donde ponían en hilera un montón de lecheras metálicas gigantes y aunque ahora no sé qué venden, esa esquina me llevó a esas filas, esperando que se acabara la lechera gigante en la persona de delante para ver el proceso de abrir otra, y sobre todo al olor.

Cerca de la lechería, en una calle de atrás, estaba el refugio donde se metían durante la guerra. Según la Yaya, a veces venía un avión al que llamaban "La Pava" (ya hablé de aquello aquí) y todos se iban a esconder, menos su padre. Hay muchas leyendas de la guerra de Bellver, de los que cruzaban la frontera y de una me salió un cuento que la Yaya tituló "Si por Dios y por España" porque así es como ella contaba esta historia. Esta parte de la zona como frontera en la guerra y posguerra es la que más me interesado de la novela de la que se suponía iba a escribir hoy....

La Yaya tenía familia por todo el valle: su padre era de un pueblo llamado Cavá y su madre de Santa Eugènia. Una de las mejores leyendas familiares es que la bicicleta del padre de la Yaya (que aún conservamos) "fue la primera bici que hubo en la Cerdanya". Tristemente no recuerdo o nunca me contó la Yaya cómo llegó allí. Solo sé que su padre tenía una herrería y que fue a hacer la mili a Marruecos. Me pregunto si estaría en la Guerra del Rif, donde Arturo Barea en "La ruta", el libro que justo estoy leyendo ahora.

Toda esta familia ingente significaba múltiples visitas, en las que la niña Di se desesperaba, muerta de aburrimiento. Se ponían a hablar durante horas y si preguntabas "cuánto falta", te echaban la bronca. La Yaya me compraba Zipi & Zape o libros de Los Cinco en una tienda que se llamaba "La botiga nova", creo. Terminé con toda la colección. Las únicas visitas interesantes para mí eran las de Francia, porque también hay Cerdanya francesa ("Meitat de França, meitat d'Espanya, no hi ha altra terra com la Cerdanya" estos versos también me los decía la Yaya- no creo que hoy sean bienvenidos en todas esas casas de la zona con esteladas en las ventanas). Las primas de la Yaya vivían en Bourg-Madame y en Ur y estas fueron mis primeras salidas del país (aparte de ahí, no salí de la península hasta los 17): me parecía el exotismo puro, estaba en el extranjero! Todo me parecía lo más: tenían el baño separado del toilet (cosa que tuve al llegar a UK y es un rollo) y cada año me daban una bebida terrible, un concentrado muy dulce de fresa que se mezclaba con agua. A ratos me dejaban salir a explorar por los jardines y hablaban en un catalán más difícil que en el otro lado de la frontera.

A veces nos quedábamos unos días en casa de otra prima, en Puigcerdá, que tenía dos hijos adolescentes. El pobre Jordi jugaba con la niña al escondite. Un día se escondió tan bien que tuve que pedir ayuda a los adultos para encontrarle, y ni ellos pudieron: se había subido a un armario. En Puigcerdá le dio a la Yaya lo que ella llamó "una punta de infarto" por no seguir las recomendaciones de mi madre: la Yaya ya había tenido un infarto de miocardio y según mi madre, la altitud de Puigcerdá no le iba bien. Cada uno en esta familia tiene sus teorías, como puede verse, pero era yo la única a la que cortaban el pelo a lo chico o no le dejaban ver Los Cinco.

Otros primos de Bellver me dejaban una bici, rosa y con cesta (pero qué iba a hacer, rechazarla?) y me iba por ahí a explorar. La niña Di tenía una vena artística - que tristemente no ha sido explotada- y me iba a dibujar iglesias a carboncillo. La de Talló, desde todos los ángulos. A veces me pillaba la tormenta y llegaba calada a casa. Era la época de la libertad con mayúsculas: tenías 11 años y te ibas sola, sin posibilidad de ser localizada. Si caía una tormenta, esperarían que te hubieras metido en algún sitio, porque total, el peligro de los rayos solo aplicaba a las antenas. Nuestros pobres hijos no vivirán eso. Y más leyendas de bici: un día, cuando Fashion tenía como dos años, insistí en llevarla en el soporte. Tras alguna resistencia aceptaron y la pobre metió el pie donde no debía. Fue un drama: al bajar, no podía ponerlo en el suelo y la Yaya dictaminó: tal vez esté roto. Recuerdo claramente el mundo cayendo sobre mí. Entonces hice lo que hacía en aquella época cuando perdía el control: rezar y rezar y rezar. Y como siempre he sido pragmática, también un pacto con Dios: si por fin no era nada, llevaría mis ahorros a San Antonio, en la iglesia de Vetusta donde se casaron mis padres. Por supuesto, Fashion no tenía nada roto, pero había que cumplir el trato -más bien soborno: entra flashback de mí misma de puntillas metiendo la pasta por una ranura detrás de la estatua del santo. Si algún día lee esta historia Mini, le parecerá de lo más alien: no reconocerá ese mundo extraño en el que se hacen tratos con alguien que no existe, y sobre todo no reconocerá a su madre. Hola Mini, si estás ahí.

Gustavo Adolfo Bécquer subió a Bellver para curar su tuberculosis y allí, en el Carrer de la Amargura, escribió una de sus leyendas, "La cruz del diablo". A ratos, las de la niña Di dan casi tanto miedo.

~~~~~Continuará con la crónica del libro, en serio....~~~~

22 agosto 2021

Metadivagando a propósito de "La pesquisa", de Juan José Saer

Empezando "La pesquisa"
 Este verano, como parte del proyecto "leer-más-literatura-en-castellano", me he hecho con "La pesquisa" (2012) del argentino Juan José Saer, recomendación del Náufrago Ro. En la contratapa, dos avisos para navegantes (que no divagantes): dice Le Monde, "Un libro para leer varias veces" y dice el editor, "obra laberíntica". Vamos: entre bajo su propio riesgo. 

A mí la palabra "laberíntica" me sugiere Borges, autor que en el divague de las librerías escherianas dije iba a intentar releer a mi provecta edad, porque en mi década de los 20 "no conectamos". No tengo mucha esperanza de todas maneras: creo que una resonancia magnética cerebral revelaría sin duda distintas estructuras en sus fans (pienso en un compa de trabajo, lo leía traducido, y Dp, con sus obras completas ahí en la estantería) y en mí misma. ¿Merece la pena auto-retarme o sigo con mi secular incompatibilidad con Jorge Luis? Estoy dispuesta a asumir eso de "no sós vos, soy shó". 

Pero divago, céntrate Di: ¿lo de laberinto podría también ir por su "novela dentro de una novela"? (herramienta estirada tal vez demasiado por Margaret Atwood en "El asesino ciego"). En "La pesquisa", hay un grupo de amigos en la Argentina que están intentando resolver un misterio literario (quién es el autor de un dactilograma, como lo llaman) y uno de ellos, Pichón, que acaba de llegar de París, les cuenta otro misterio: una investigación policial en busca de un asesino en serie que ha terminado con la vida de 27 ancianas en un muy pequeño radio de acción, cada vez más cercano a la propia comisaría que realiza la pesquisa. 

Pero no sabes aún quién es el narrador en el primer capítulo -cuando aún crees, inocente, que va a haber capítulos. Aquí Saer nos introduce a dos polis, cada uno contrapunto del otro, que llevan la investigación de los asesinatos en París: Morvan y Lautret. El primero es el introvertido, tirando a autista, observador de patrones y trabajador en la sombra, mientras que el segundo es la extraversión, desinteresado en el detalle, el que va a la tele a hacer declaraciones, el que ama los focos. Todos conocemos ambos tipos en el ámbito laboral, "auditores" y "vendedores"; los que sacan los proyectos adelante suelen ser los primeros, los segundos de vez en cuando tienen golpes de suerte ("el azar puede ser devastador, pero nunca es metódico ni meticuloso"). Ya bastante entrada la narración hay una página que marca el contraste entre ambos, pero a la vez su similitud, de una manera magistral: "los matices temperamentales no eran más definitorios de cada uno que las diferentes formas que puede asumir el follaje en plantas de una misma variedad". Para mí, la descripción de ambos polis, en especial de Morvan, que es más protagonista, ha sido de lo mejor de la novela. Morvan es uno de esos seres atormentados ("ha tenido de nuevo la esperanza de que algo dentro de sí mismo, nostalgia, pena, memoria, compasión, se pondría en movimiento, pero, de nuevo, las capas pegoteadas de su ser, como si fuesen un solo bloque compacto, no han querido desplegarse, ni siquiera entreabrirse" ) que no fastidian a nadie con su tormento, y que el resto, aunque adivinan su desdicha, que en ningún momento les traspasa, "se sienten más imperfectos que él, igual que esas marionetas que son todavía más patéticas cuando se entrevén los hilos que las dirigen". 

Juan José Saer
Como he dicho, solo descubres que es Pichón el que está narrando en el siguiente capítulo. Y, aunque no hace falta tener formación literaria para enseguida darte cuenta que la novela juega con la realidad y la ficción, hay otra cosa que descubrí por casualidad. Intentando entender algo de técnica literaria -herramientas que los que nos fuimos por ciencias o no asistimos a cursos de escritura creativa (mea culpa) desconocemos- caí en un artículo en el que hablaban de los procedimientos antimiméticos, a saber: "recursos por medio de los cuales la obra literaria desenmascara su índole ficticia, artificial y lingüística (e.g., instancias narrativas irresueltas; metalepsis o cruces de niveles narrativos; momentos auto-reflexivos) y que producen un repliegue de la sustancia verbal sobre sí misma (e.g., descripciones excesivamente morosas; repeticiones discursivas; tematización de la escritura y del acto de lectura)". Ahá, esto es precisamente lo que hace Saer: desenmascararse (y ahora tengo nombre para ello, "antimimetismo"). Y todo lo demás, porque "repeticiones discursivas" que cumplen su función aunque no conozcas la técnica hay unas cuantas:  "como se dice" o "el hombre, o lo que fuese"; la morosidad me recordaba a la maravillosa "Bella del Señor"  y la tematización (covertir algo en el tema central de un texto) de la escritura y lectura, no es otra cosa que metaliteratura, una obra auto-referencial, que se mira a sí misma o a las convenciones de su género. 

Pero nada más empezar, para que tengamos clara su posición en esto de la realidad/ficción, el autor nos planta: "por el solo hecho de existir, todo relato es verídico". Qué maravilla, me podría enganchar en esta frase todo el divague (tranquis, que no), pero enlazando con el párrafo anterior me da que esto me va a quedar muy metaliterario / metabloguero: los que escribimos blogs personales vivimos en este barro. Puedes escribir un relato de ficción que tenga más hechos "así-llamados-verídicos" que una entrada "así-llamada-diario", y viceversa. Al final, la entrada-diario es cómo lo viste tú, la jugada desde tu lado. Si la contara otra persona que estuvo allí, sería necesariamente una historia diferente. Si además ha pasado mucho tiempo, los trucos de la memoria son ya escandalosos (¿no hablábamos de autoengaño el otro día?). Como considera un momento un personaje de "La pesquisa", cuando se plantea y duda de su versión, el problema "no va a ser demostar su inocencia al mundo, sino probársela a sí mismo".

Y un paso más: ¿Es "verídico" el momento de felicidad vivido, o lo es más su anticipación? Hay una conversación siempre interesante, siempre recurrente, inagotable: ¿qué momento es mejor para ti, el preciso en el que estás disfrutando de algo, lo que sea, o los anteriores, cuando planeas? ¿Pueden los objetos, los hechos, las sensaciones, el placer, alguna vez superar a las ideas? Es Itaca, otra vez. Dime lo que piensas, y me abrirás una ventanita a tu filosofía de vida. Saer lo cuenta así, y escuece: "la imagen de Tomatis recibiéndola en sus manos ha sido como una especie de recuerdo anticipado y placentero, una experiencia vivida con intensidad antes de que las garras mortales de lo que efectivamente ocurre la atrapen, la banalicen y la arrojen después, sin culpa ni sania, al basural del olvido". Queda claro en qué equipo está el autor, pero ¿hacía falta rompernos el corazón con el "basural del olvido"? A veces el autoengaño es útil. 

Hacia el final de ;a novela hay una parte que, lo reconozco, ha sido mi debilidad: el pequeño alegato arrasando al psicoanálisis, aunque él lo llama "psiquiatría". Hay todavía confusión entre psiquiatría y psicología, y con psicoanálisis ni te cuento. Será porque la gente cree que el Tio Sigmund era psiquiatra. Pero la situación es mucho más grave que todo eso: el doctor Fraud (digo Freud) era neurólogo. En el SXIX, la neurología y la psiquiatría se separaron, quedándose la primera con los desórdenes del cerebro y la segunda con los de la mente. Han tenido que pasar 100 años para que la ciencia nos demuestre que cerebro y mente son lo mismo. Alejándose los psiquiatras de lo biológico han hecho el ridículo durante décadas. Algunos lo  siguen haciendo, pese a que hoy está clarísimo que los pensamientos, los sentimientos y los comportamientos parten de un complejo imbricado en el que lo biológico y lo social interactúan. Pero divago (disculpas, este tema me pone): Saer lo expresa mucho más bonito y más conciso que yo: "lo abandonaron a los psiquiatras" (y en la novela, los psiquiatras solo usan métodos psicoanalíticos). El verbo abandonar nunca fue usado mejor: como quien deja a alguien en la jaula de las fieras. La formulación de los "profesionales" que nos cuenta Saer es realmente espeluznante (hay unos puntos en los que describe con bastante detalle gore los crímenes del asesino en serie, pero no dan ni la mitad de miedo que los análisis psicoanalíticos que hacen del presunto asesino). Y sobre la jerga: "29 ancianas inocentes, según el término empleado por los psiquiatras quienes, una vez que han probado su capacidad de emplear el vocabulario de la profesión, al que ellos llaman científico, se autorizan siempre algunas licencias oratorias". Saer, en serio: chapeau. Tu ironía con este tema -que yo aún no he logrado-, consigue mucho más que todo mi cabreo junto: "siempre según los psiquiatras había un elemento erótico evidente aunque ni el asesino ni las viejecitas se dieran cuenta (...) Esa ceremonia tenía su lógica, según los psiquiatras, y vistas desde los ojos de la ciencia....(...) demostrarían que, más allá de lo que dice Oscar Wilde, que el informe cita con nombre y apellido, los seres humanos no solo destruyen lo que aman...". Yo al leer esto, río, pero es una risa amarga: es un puto drama para los que están en el otro lado de estos así-llamados-profesionales. Vale, ya lo dejo.

Además de todo lo anterior, hay en la novela numerosísimos detalles formales y conceptuales de esos de subrayar, y releer: narra la dehumanización de aquellos que un día nacieron para ser personas y ahora son meros compradores, puntos de audiencia, "blanco sociológico y numéricamente caracterizados de las tandas publicitarias" o  "le admiraba y le debía todo, una razón más para sentirle también un poco de odio". Tiene frases, o a veces simples sintagmas que suenan musicales, que me gustaría haber escrito yo: "La lógica del delirio", "la voluptuosidad del riesgo" o "el azar que preside el encuentro de la pulsión y su objeto, en algo semejante a la energia imparcial y neutra del destino". Cuando terminas la novela entiendes por qué Le Monde dice que es un libro para releer: cuando te encuentras releyendo párrafos enteros no es solo por su complejidad, sino porque los quieres re-escuchar en tu cabeza. Recuerdo que nuestro querido NáN decía que se leía el desenlace de los libros antes de empezar su lectura, para quitar así la ansiedad de "lo que pasa" y poder concentrarse en cómo lo dice: esto se podría aplicar exactamente a este libro. Qué importa lo "verídico", el nombre del asesino: quien busque esto, que no se moleste. Este es un libro para releer porque lo que importa es que te muerda la escritura, lo que importa es, como siempre, el viaje, no Itaca. 

Por último, pero es tal vez lo primero que me impactó de "La pesquisa": es imposible no pensar en Cortázar y las dos partes de Rayuela, "del lado de acá" y "del lado de ashá", en esta novela estás todo el rato de ashá para acá. Y no solo eso, sino que el grupo de amigos que buscan a un autor me ha llevado por supuesto a Bolaño: "Los detectives salvajes", "2666"... Volver a esas lecturas es siempre volver a un lugar donde se ha sido feliz-aunque hay gente que diga que eso no debe hacerse. 

Al final de mi edición (rayoverde) hay una conversación entre Saer y Ricardo Piglia (del que me traje también un libro). Es una delicia leerla y allí me entero que varias de las novelas de Saer comparten personajes, así que aparecen más los investigadores literarios del lado de allá. Me encanta cuando Piglia anota: "Se puede ver que -para horror de los críticos- hablamos de los personajes de las novelas como si fueran amigos de los que queremos tener noticias". Y con esta frase se cierra el círculo auto-referencial, el loop meta: hace unos días leí un artículo en el que se decía "era 2008, la época dorada de los blogs" y pensando el declive de este medio, llegué a alguna conclusión. La gente "que se ha pasado a otras plataformas" lo que querían era comunicar, y cuando el medio se agotó, cambiaron. Los que quedamos no tenemos mucho misterio: queríamos comunicar, pero el medio -la escritura- lo era todo. Pero, ¿y los lectores? Gente que vienen y se van, que buscan distintas cosas, que comentan o no... ¿por qué leen? Mi hipótesis, que enlaza con esta frase de Piglia, es que el lector que se queda acaba sintiendo al que escribe y a los personajes que pueblan su mundo como una suerte de grupo vagamente familiar, y entran de vez en cuando "a ver qué hacen": son "amigos de los que queremos tener noticias". Para horror de los críticos, aún quedáis alguna gente de esa y algunas que queremos seguir dando noticias. 

Itaca: Mas no apresures el viaje

19 agosto 2021

Librerías de Barcelona: Porno para bibliófilos

Una vez hice un divague titulado "Farenheit 451": Porno para bibliófilos", así que vale, el título está reciclado. ¿Pero qué vais a hacer? ¿Trolearme? (insalivo: lo de tener un trol es como una fantasía sexual así muy loca, nunca he tenido uno). A lo que íbamos, las librerías.

Primero estuve en Donosti, donde está Elkar, la conozco por Iruña y bien, correcta (aunque allí mi favorita es Katakrak, -haceos socios!- gracias a la divaganta Marisa). Más tarde, en Vetusta, lloré con algunas, aunque me reconcilié al final un poco. Pero luego caí por Barcelona y lloré pero de emoción, además de constatar que las pobres Vetustas son eso: provincias. No se enfaden, nací allí; a mí también me duele.

Con la pandemia han abierto librerías nuevas en Barna y me dediqué a visitar las que me dejaron -recuerden, había que comer sin parar. En este divague se pueden encontrar fotos y básicamente ideas aleatorias, esperemos por el bien de tod@s relacionadas con libros. 

Finestres
La primera, maravillosa, fue una recomendación de Elena Rius (gracias!!!). Finestres significa ventanas y, aunque no tiene ninguna (serán metafóricas, igual!), al final hay un patio encantador para tomarte un té con ruido de agua y verde. Hay una nota muy chula que insta a la gente a leer allí libros, no pantallas.  Yo no tengo libro electrónico ni lo quiero y temo que algún día los libros de papel sean un lujo, quedando solo los formatos electrónicos para el pueblo. Ese día, el mundo será un lugar peor, y tal vez entonces me dedicaré a releer. Por algo compro todos los libros.


Finestres está en el Eixample Esquerra. No sé porqué, tengo que pensar antes de decir la primera palabra o me sale "example" [ig'za:mpl] en inglés. 



En Finestres, además de gran iluminación, hay sofás. Es la felicidad. Son sofás sofisticados, de terciopelo verde o granate, a los que te llevas una montaña de libros de las estanterías y sin darte cuenta, ya quieres descalzarte y subir los pies como harías en tu casa. Pero aún tengo maneras - no tuvieron que echarme. 


También hay clasificaciones geniales: por ejemplo, "utopía". Que las librerías como esta no sean una utopía, porfa. Para ello, hay que comprar en ellas en lugar de contribuir a que Jeff Bezos vaya al espacio. 



Byron
Tirando hacia el mar (a ver, no cerca del mar, pero para orientarme en Barna pienso "hacia el mar o hacia la montaña") está Byron. También está muy chula, y al fondo tienen un café con chimenea; obviamente, hay que venir en invierno. Aquí me hice con otra pila de libros para el sillón del que recuerdo "Tristes trópicos" de Claude Levi-Strauss y la frase de Lucrecio (De rerum natura) con la que comienza, "Nec minus ergo ante hace quam tu cecidere, cadentque", que ese traduce algo así como “Todas las cosas que te precedieron están muertas, de la misma manera que las que vendrán después de ti sucumbirán”. Así son los antropólogos, no os desaniméis.

Y ya que estamos de citas, toca una del propio Byron: "La amistad es el amor, pero sin sus alas". Oh.



Ona 
Esta es una librería toda en catalán, pero estaba cerrada. Hice una foto al remolino de libros de la entrada. Next time. 

No estaba en una librería cuando leí esto, pero en algún sitio lo tengo que meter. !!!!En Otonio saca libro Jonathan Franzen!!!!! Yupi!!!! El problema será que tendré que desconectar de la vida unos días - los que me cuesta leer los novelones-nada-postmodernos de Jonathan. Cuando empiezo algo suyo, no lo puedo dejar: "Las correcciones", con el que se hizo famoso -no he leído los anteriores- fue mi primero (oh, recomendación de NáN; NáN, I miss you). Luego "Libertad" y "Purity". Pero, tragedia: Jonathan ha dicho que esta va a ser su último libro de ficción (aunque es el primero de una trilogía) porque cree que un escritor "lleva dentro como máximo seis novelas". Y ya. Así que después de este, que por supuesto será otra saga familiar americana vista desde su particular prisma, cuelga los bártulos. Yo había oído lo de que todo el mundo lleva en sí aunque sea una novela (nanai: llevamos una vida, pero articularla en una novela? ha!). 

Laie
En Pau Claris, enfrente de Ona. Aquí nos mando Dp: según él, un clásico. Dp es uno de los mayores lectores que conozco  -ahora "enganchado" con las Tragedias Griegas y  no es ningún académico del tema, es teleco. Quedamos con él y familia en su nuevo piso -yo desconocía el mundo de la compra-venta de baldosas modernistas en los pisos del Eixample, pero aquí lo aprendí. Total que sobre ese suelo tan bonito nos recomendó a Piglia y a Solá, y ambos los compré en Laie. 



Que no bibliofilia...





La Impossible
Aquí (¿o fue en Re-read, una de segunda mano?) cayó en mis manos un libro de Bryce Echenique titulado "La amigdalitis de Tarzán". En su día (preblog) leí la trilogía que comienza con "Un mundo para Julius", maravillosa, y no le he vuelto a leer. No lo compré básicamente porque me horrorizó el título, así de claro. El tema, novela epistolar entre dos amigos cuyos tiempos nunca han coincidido para la pasión, puede dar mucho de sí. ¿Cómo de importante es un título? Creo que una vez ya escribí en el blog sobre títulos de novelas que me gustaban mucho (que luego no tiene porqué haber coincidido con que me gustara el libro), pero me siento incapaz de localizarlo. 

Y de esta librería también me gusta el nombre. 





La Central de Mallorca
Hace muchos años, cuando el Náufrago Ro estaba haciendo un master del universo en Barna conocimos La Central del Raval. Tengo un gran recuerdo de aquellos días que pasamos en el piso de Ro (el día que llegamos había hecho garbanzos para ellos, espinacas para mí: de qué cosas me acuerdo) y en general de ir vagando por las calles (cuando aún no existía Di Vagando...), hablando de libros con él y con Dp, y pasando bastantes ratos en La Central. 

Clásicos contemporáneos, yeah!
Esta vez no estuve en la del Raval, pero sí en La Central de la calle Mallorca, que es a la que voy siempre. Es mi favorita de todas porque he pasado momentos chulos allí, especial recuerdo un día con Nara asustando a los clientes. Quiero aquí entonar un mea culpa porque el otro día me preguntaba por qué en esta península los libreros no habían descubierto agrupar a los "Modern Classics". Pues bien, en La Central lo han hecho y los llaman "Clásicos contemporáneos" (en imagen). Me gusta mucho que hagan grupos de libros por temas, o recomendados por los libreros. Aquí había una sección bastante grande de libros en inglés nada más entrar, con muchos de los libros que he divagado yo en el blog. Eché en falta una sección titulada "Di recomienda..." y Maléfica ahí sonriendo.


Y terminaré con otra cita, del gran Charles Bukowski: "Encuentra lo que amas y deja que te mate. Y que devore tus restos". No sé cómo puedo enlazar esto con la bibliofilia, porque el vagar por librerías es dificilmente una práctica de riesgo. Pero muchos, sin libros, no podríamos vivir. 

-Truly yours

Di

                "My Dear,

            Find what you love and let it kill you. Let it drain you of your all. Let it cling onto your back and weigh you down into eventual nothingness. Let it kill you and let it devour your remains. For all things will kill you, both slowly and fastly, but it's much better to  be killed by a lover.

            -Falsely yours
            
            CB"