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04 agosto 2026

"Calypso" de David Sedaris: Meh

David Sedaris es un escritor cómico americano que vive en un pueblo en el sur de Inglaterra. Es gay, woke, de baja estatura, neurótico y tiene una gran familia. Escribe en el New Yorker y en el Guardian artículos como este sobre lo guarros que son los chinos - sospecho que no le han hecho ganar precisamente muchos amigos allá. 


"Calypso" fue recomendado decididamente por unos amigos y me animé por lo del humor. No sabía nada de él antes y ahora siento que sé mucho de su vida. Vida que repite ahí por donde va: me bajé un par de podcast donde le entrevistaban, o incluso él llevó uno durante un tiempo, y enseguida lo dejé porque me quedó claro que iba a ser más de lo mismo. No quiero ser injusta: al final, con todo el mundo es todo siempre "más de lo mismo", pero… ¿por qué con algunas personas no podemos parar de querer saber de su vida y de sus ideas y de otras con una dosis ya quedamos conformes? Ah, y luego están aquellos que cerramos el libro, o cambiamos la canción o la peli a los tres minutos. Esto se puede extrapolar también a la vida "real". 

No ha sido Sedaris para no terminarlo, pero hacia el final me he aburrido: tenía ganas de acabar un libro de solo 250 páginas. Es gracioso y su sentido del humor, muy anglosajón, o sea, lleno de autoescarnio, pero como no hay nada tan serio como el humor, entre confesión y confesión, hay algunas que me han llevado a la conclusión de que igual no me iría con él a su casa de la playa. 

Porque este libro te cuenta que se compró una segunda residencia en Carolina del Norte, en primera línea del mar, con la idea de reunir allí a su extensa familia -tres hermanas, un hermano, marido y padre- y pasar tiempo juntos. [Nota: no es que yo me plantee regularmente con qué escritores o famosos me iría unos días a una casa, pero vi trozos de una entrevista que le hizo hace poco Marc Giró a Gabriel Rufián y pensé, con estos dos me lo iba a pasar genial. Con Sedaris, no creo]. A la casa de la playa la bautiza "Sea Section", que suena como "C Section": o sea la "Sección del mar" en inglés puede sonar a cesárea (C-section es caesarean section). Cualquiera que haya tenido una cesárea seguramente no llamaría así a su casa. Este es un ejemplo de algunas partes de su humor que a mí no me han hecho clic; especialmente viniendo de alguien que nunca sufrirá una. 

El libro comienza con una introducción a su familia: su madre murió de cáncer y él pronto va a superar la edad con la que murió ella, lo cual le parece un poco anti-natura. Su padre se va normalmente de la habitación dejando a la gente a media frase. Sedaris nota que, cuando los invitados se van, él y su marido se convierten en unas "versiones menores de sí mismos", como si estuvieran interpretando la persona que quisieran ser todo el rato.  Una de sus hermanas se suicidó, y a ello dedica el segundo capítulo que me recordó vagamente a "Pequeñas desgracias sin importancia" de Miriam Toews, ambos intentando poner humor en una situación imposible. No hay que ser psiquiatra para darse cuenta de que su hermana tenía un trastorno de la personalidad, eso tan cruel y tan poco entendido. Lo mismo me ha parecido su padre, tal vez no de la misma severidad, pero el tipo de persona que, en uno de los espectáculos que Sedaris da por el país donde hay 2200 personas, se fija en los pocos asientos que quedan vacíos - y que insiste.  Sedaris intenta gustar a su padre, pero no hay manera. Me encanta esta metáfora de su desconexión: "Somos como un par de trapecistas malos, intentando agarrar la mano del otro cada vez, y fallando cada vez. Mientras tanto, los de seguridad del circo han empezado ya a enrollar la red"La madre, idealizada como suele pasar con los progenitores que fallecen prematuramente, tenía problemas con el alcohol. En resumen: todas las familias son disfuncionales a su manera. 

Políticamente, Sedaris es por supuesto anti-MAGA y anti-Trump, y eso que el libro fue publicado en 2018: el pobre aún no sabía lo que estaba por venir. Me gusta cuando chequea sus propios prejuicios de clase, porque encuentro que esto es algo que raramente ocurre - la gente desprecia a los menos inteligentes de la sociedad que por ello no han podido acceder a los mejores trabajos. En un enfrentamiento en seguridad del aeropuerto, cuando le hacen quitarse un chaleco y se resiste, tiene ganas de decirle a la agente: "¿Cómo se siente teniendo una posición de tanta importancia?", pero entonces se da cuenta de que eso sería su ira: "Es increíble lo que puede salir de una cuando está enfadada", intentando atacar su trabajo, o sea, su clase.  Tiene también una parte surrealista sobre posesión de armas, y otra donde anota cómo los dependientes le dicen "Have a blessed day" (algo así como que Dios bendiga tu día) en lugar de adiós, o pasa un buen día. Repito: 2018, me pregunto qué dirán en 2026, tal vez tengan el hisopo bajo el mostrador y te rocían a la salida. 

Su neurosis es entraniable y tan familiar. El capítulo en el que cuenta su adicción a contar pasos con el fitbit es genial, y eso que, por una vez, es una de las obsesiones que no comparto, pero sí que veo continuamente a mi alrededor. La combinación de recoger basura por el campo alrededor de su casa: decir "alrededor" no es exactamente el caso, porque alguien que camina 20 (?) km al día se aleja sustancialmente de su base. Ante esta manera de llevar una obsesión a un acto de civismo, me quito el sombrero: la mía sería, si no fuera porque me pillarían en cámara y tratarían como a un weirdo, ordenar las estanterías de los supermercados. 

Sedaris lleva toda una vida con su pareja, un tal Hugh que es pintor, y aparece continuamente - un sufrido Peda-en-el-divlog más. Se casaron en secreto en 2016 por la única razón que yo respeto para hacerlo: porque los estados se empeñan en discriminar en muchos aspectos -fundamentalmente, la pela- a los solteros. Él dice que le disgusta la palabra "marido" [a mí me pasa igual, me siento como otra persona si la digo] y perjura que su boda "no tuvo nada que ver con lo romántico". En estos días en que ha sido imposible no enterarse de que se ha casado la cantante y traidora Taylor Swift, sigo en mi estado continuo de perplejidad sobre que la gente se quiera someter a eso y se lo inflija al resto. Como dice Sedaris, "por lo menos antes los gays no hacíamos sentir culpables a la familia y a los amigos si no entregaban sus fines de semana para sentarse en sillas plegables en medio de agosto en nuestras ceremonias".  Hay algunas otras cosas gays que me han hecho reír, como que Jesucristo "siempre tiene un cuerpo fantástico, mostrado en su mejor versión en la cruz porque, admitámoslo, fue creada para hacer que la tripa y los hombros de un hombre se vean muy bien". Tal vez aunque solo sea por esto, merece la pena leer este libro: nunca se me había ocurrido ver a JC como potencial mito erótico; esto ha sido un poco como alguien nos abrió los ojos al potencial del abuelo de Heidi.  Ah, esto y que los fantasmas también viajan en antigüedades: no hace falta vivir en un viejo castillo escocés - si has comprado una cómoda vintage, igual además de carcoma, te metas a esa ancianita con cofia victoriana en casa. 

Metaliterariamente, totalmente de acuerdo con él cuando dice que "lo negativo siempre hace mejores historias". Nadie escribe una novela para hablar de felicidad sin aristas, nadie escribe un blog para contar lo fenomenal que es todo - porque no lo es, basta con abrir los ojos. Bueno, ahora pienso en esos influencers de IG o Tiktok que enseñan la parte bonita de un paraje, ocultando el gentío en otro, o que te enseñan su último éxito gastronómico (no, no envidio), o su cottage con cocina Aga sin rubor. Pero eso no interesa nada a la gente sensata, por eso no lo miramos; supongo que es una fase de la adolescencia, o de los que mentalmente permanecen anclados ahí. Este mundo extraño al que hemos llegado los chavales de los 80, lo describe Sedaris con una frase perfecta: "fotos que haces con tu teléfono para mandar a gente con la que ya no te comunicas hablando". Qué acertado, cuántos tenemos así. 

Tal vez he sido injusta con Sedaris al principio, tal vez es porque en muchas cosas nos parecemos, y siempre es duro observar tus fallos en otro. Igual si tú no eres neurótico, ni con familia disfuncional, ni has tenido una cesárea de emergencia, ni sufres con cada ascenso de la (ultra)derecha, pueda ser un libro para ti. 

~~

Nota: Entrada escrita el 10 de julio. El 12 cuando aún no habían puesto las calles nos íbamos de viaje, así que la dejé en el congelador. 




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