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08 septiembre 2021

Serial 34. Gratificación aplazada y estoicismo. Murales eróticos y el primer email.

Son las 4 am: fuck. Ya ha amanecido. Fuck, joder, ya pienso en inglés y encima medio en sueños: vamos bien. Me cubro la cabeza con la almohada, pero está claro: no me voy a dormir. Mi grado de alerta es como de 11 de la mañana y las cortinas semitransparentes no ayudan. ¿Así voy a pasar todo el verano? Pero no nos engañemos, ya sabía que aquí arriba las noches no duran ni cinco horas: esto es el pico de cortisol, la maldita hormona del estrés. Pensando en bucle, mi mente a mil, casi puedo sentir las ideas rebotando en mi cabeza. Qué rollo es a veces saber estas cosas, con lo fácil que sería vivir sin buscar explicaciones a todo.

Hace ya dos semanas que llegué de Londres (¿todo aquello ocurrió?). Estoy en un remolino del que todavía no he salido. Primero volver a Marcé, la planta de perinatal, y estar como siempre sola - Steen por supuesto en algún congreso o importante actividad, nunca a sus pacientes. Pero mucho mejor: enfermería confía en mí, y ya sé cómo manejar esto. La sensación de empezar a dominar un tema, de poder decidir sola. Varias guardias agotadoras, no pegar ojo; tener que pretender que no eres un zombie al día siguiente en la planta. En la de Whitby apareció el mismo que tiró una silla por la ventana. Sin pestañear le mandé a casa. ¿Y-si-se-mata? Este histriónico no se mata, claro que siempre existe el riesgo y conlleva cierta habilidad poderse dormir cuando firmas el alta. Pero según la enfermera jefa de urgencias, he ganado en presencia, ¿dónde está la niña asustada de hace unos meses? La hubiera abrazado, pero solo carraspeé un gracias, y pensé "means a lot" - significa mucho para mí.

Si miro atrás en estas dos semanas solo veo trabajo, nadar algunas tardes y hablar por teléfono con Wences. Cruzarme con mis compañeros de casa en la cocina y con el resto en la fila del restaurante, prometiéndoles ir a Serotonina la primera noche que pudiera. Y entonces, lo de Marcé. Que no quería contarles -aunque enseguida se enterarían-, para evitar preguntas. O quién sabe, como siempre, quizás todos cambiarían de conversación. Hay algunos temas que no se tocan en Banderley: el problema es que aún no sé cuales.

A Wences le conté mi precipitada salida -en realidad, expulsión- de Marcé enseguida. Pero no toda la verdad - no le dije que el residente que se fue no había vuelto, y que con mi salida tenían que contratar a un interino. A Wences le hablaba del estrés de estas semanas, de lo poco que dormía. Le acabé confesando la noche con Jack, porque lo había adivinado: cabrona, te odio. A Wences le dije que volvía con Cook, pero no le pude explicar lo que hice porque no estuvo bien,  las razones por las que lo hice, menos: me hubiera dicho que por eso te montan un disciplinario, que me jugaba mi carrera: todo verdad. Con Wences siempre terminábamos las conversaciones con su solución para todos mis problemas: bájate a Londres este finde, y luego para siempre.

Hoy es la última noche de guardia en un tiempo, estoy sola en el mess, la sala común de residentes en Banderley-C. Mientras le doy a la tetera con el cansancio del mundo sobre mis párpados, me planteo: lo que he hecho estas dos semanas no se puede hacer con 50 años. Vamos, seguro. Son las 2am, acabo de llegar de un ingreso. ¿Hace cuántas horas me he duchado? Pronto hará 24, diosss: ¿este olor soy yo? Un truco para cambiar un comportamiento es eliminar todo lo que se interpone entre tú y ese comportamiento, lo que se llama "fricción"- así algunos corredores duermen con el equipo para saltar tras el despertador. Aquí la mayoría -aparte de Sandip- hacemos las guardias en pijama verde de hospital por esa misma razón: saltar de la cama cuando suena el bleep. ¿Este pijama -con la inscripción "Propiedad del Hospital de Banderley", no se nos vaya a olvidar- es lo que apesta? Levanto el brazo, meto la cara en mi axila y se oye la puerta: en esa edificante posición me encuentra Mark: bravo. No dice nada, me imagino que los tíos no se plantean estos pequeños actos indignos como tal. Mark está de guardia en las otras plantas, lleva una noche fatal: han tenido que meter a uno en confinamiento supervisado, con el consiguiente cocktail de antipsicóticos intramusculares. Esto lo hace enfermería, nosotros solo firmamos, pero a Mark le gusta meterse en el barro, para él será como un tackle de rugby, a medianoche. Mientras me cuenta toda la acción, abre uno de los armarios y saca un frasco con unos polvos de proteínas (miro sus brazos: ¿no es eso hacer trampas?). Se hace un batido.

- ¿Qué tal por allá abajo? – pregunta que me esperaba.

- Buf, muy bien, genial… a ver, el curso aburrido pero la ciudad… la he visto de otra manera que antes, siempre de paso – me siento en uno de los sofás, enfrente de una mesa baja.

- Ya, Londres tiene ese efecto en la gente… No te fíes... estudié allí. -se sienta en el sofá de enfrente- Estás mejor aquí.

- Em, sí, bueno, no me había planteado irme de Banderley todavía. ¿Quieres una? -Le ofrezco una barra de kitkat.

- No gracias. ¿Sabes la cantidad de azúcar que tiene eso? – da un trago al batido.

- Sí. Básicamente -hago como que miro la composición- es todo azúcar. Pero estamos de guardia, ¿no?

- ¿Qué importa estar de guardia? Eso suena a excusa.- Y se echa para atrás en el sofá.

- Tranqui, no es obligatorio – le digo mientras muerdo.

- Vale, veo que de peque no habrías aguantado ni un minuto en el test del marshmallow.

Tengo el resto del kitkat en la mesa, en medio de los dos. No doy crédito: ¿en serio me está preguntando cómo va mi "gratificación aplazada"? El experimento de Walter Mischel en la década de los 60 en la universidad de Stamford con los famosos marshmallows (conocidos como "jamones" en mi época, aunque ahora creo que los llaman “nubes”). Dejaban a niños de 3-6 años en una habitación con un marshmallow y la instrucción de "si no te lo comes, cuando vuelva te daré otro". El investigador se iba durante 15 minutos y mientras tanto, los críos usaban todo tipo de técnicas para no comerlo. Algunos intentaban la distracción (cubrían sus ojos, o escondían el marshmallow), otros lo olían, lo tocaban, le daban un besito. El hacerles pensar lo dulce y rico que estaría ("ideación caliente") destruía la autodisciplina. La "ideación fría" (por ejemplo, pensar ¿de qué forma es?) o  ideaciones calientes alternativas (“piensa en un caramelo”), aumentaba la resistencia. Los niños mayores resistían más y usaban ya técnicas de reevaluación ("esto no va de marshmallows, esto va de la clase de persona que soy"). Para completar el estudio, Mischel siguió a los niños y, sorpresa, los que más resistencia mostraron tenían de media mejores notas en los exámenes, mayor éxito social, mayor resiliencia y eran menos agresivos. Y aún hay más: cuarenta años tras el test, eran los mejores en funciones del lóbulo frontal y también tenían menos obesidad. A ver, ¿qué me ha preguntado? ¿Qué si tengo un problema de autocontrol porque me estoy comiendo esta chocolatina?

- Perdona ¿me estás preguntando cuán estoica soy? - Señorrr: qué conversación de madrugada.

- Bueno, la maduración de la fuerza de voluntad va más de técnicas de distracción y reevaluación que de estoicismo -contesta

- Sí, yo también me sé el experimento de Mischel. Sé usar esas técnicas, o de lo contrario no estaría aquí...

- Vale, vale… no sé, es que he estado pensando – se para un momento, me planteo que este lugar hace que todos pensemos demasiado - ¿Se te ha ocurrido que, de todo lo que haces en la vida, siempre hay una última vez? Hubo una última vez que te bajaste de un columpio de peque, habrá una última que vayas a una discoteca, la última que le leas una historia a tu hijo cuando lo tengas y le pongas a dormir…

- Emm, no... creo que nunca me lo había planteado. Tengo 25 años, no 50.

- ¿No haces "visualización negativa", verte a ti misma perdiendo algo que tienes que te importa mucho?

- Mark, en serio, ¿qué te pasa? ¿Lo siguiente es que te vas a tatuar "memento mori" en la muñeca para recordar que vas a morir?

Se queda pensativo, ¿le habré dado una idea? Me imagino que todos los deportistas tienen algo de estoicos. Ya los filósofos estoicos hicireron paralelismos entre el atleta y el filósofo, diciendo que la mente y el cuerpo son uno y que la disposición mental es crucial para el rendimiento. El estoicismo como filosofía no es seguir una ética o unos principios, sino aprender a manejar las emociones problemáticas. Va todo sobre el juego mental: estar preparado para poderte encontrar con cosas inesperadas, a veces desagradables. Ahora me va a preguntar si he leído a Marco Aurelio.

- ¿Has leído a Marco Aurelio?

Lo sabía.

- No, de hecho, no... He leído alguna meditación suelta - No le digo que me está recordando a Aníbal diciéndole a Clarice "Lea a Marco Aurelio. Primeros principios" – Me impactó la de que somos "un alma que lleva un cadáver a cuestas", o algo así…

- Ah sí...  mi favorita es "piensa que estás muerto. Ya has vivido tu vida. Ahora aprovecha lo que te queda de ella y vívela como se debería. Lo que no transmite luz, crea su propia oscuridad".

- Es su manera de impactar, metiendo la muerte, pero en el fondo es el viejo “Carpe Diem” – en esto sí que creo firmemente, y continúo: Lo que sí que pienso a veces es cuando decimos "oh, eso eran los buenos tiempos", y en que un día pensaremos que los buenos tiempos son justamente estos que vivimos ahora.  Vivir el momento. Entonces pensaremos, cómo podíamos sobrellevar esas guardias mortales y luego ir a trabajar al día siguiente, pero estoy convencida que miraremos atrás con añoranza. 

- Porque somos jóvenes... esas noches de juerga hasta que amanece: me han contado que no se aguanta el tipo igual pasadas las décadas - y nos reímos. Y yo siento ya añoranza de Koko.

Se oye un ruido y los dos miramos nuestro bleep, como un acto reflejo. Es Duncan, el de forense: está de guardia en la zona D. Le saludamos. Coge un yogur del frigo, se sienta con nosotros.

- Qué mala iluminación hay aquí ¿no?- dice mirando a los lados. Solo hay un par de luces laterales.

- La verdad es que los fluorescentes del techo dan una luz depresiva, Duncan. Son las 3 am, con esta lámpara de mesa y aquel flexo girado es suficiente- le explico, como si hiciera falta explicar esto.

- Este cuarto comunal es de los peores que he estado. -dice Duncan- Yo creo que nos iría bien tener aquí lo de los mess de los hospitales franceses. ¿Conocéis la historia de los murales en el equivalente de esta sala no?

- No, ni idea – decimos los dos a la vez.

- Bueno, pues con la excusa de que los médicos franceses trabajan con mucho estrés, todo el día entre la vida y la muerte, tienen murales con escenas de orgías entre los residentes y demás personal.

- ¿En serio?

- ¿Os imagináis eso aquí?

- No, eso es muy francés…

- Y su justificación, el eros y el tánatos, muy freudiano - dice Mark.

- Nosotros no es que veamos demasiada muerte – Duncan se levanta.

- No digas eso, a la pobre Mariona le tocó hace poco certificar a una de psicogeriatría...

- Ah, bueno, esos... pero en general vemos menos muerte. Claro que miramos a los ojos a la locura: eso sí que es vértigo y no sé qué es más estresante…
 
-Exacto nos harían bien esos murales: Yolanda follando con Cook, Isabel haciendo tocamientos a Sandip, Will comiéndose a Morgana, Richard con Suchandra... - dice Mark con una carcajada.

-Es alucinante: y los franceses siguen en esas salas descansando y discutiendo casos como si nada -Duncan trae galletas, que obviamente Mark declina; yo acepto- ... siempre han sido muy raros estos franceses.

- ¿Mariona, con quién te ponemos en el mural…?

Entonces, oh loado: me suena el bleep. Salvada por la campana. Marco la extensión y solo es para dar el OK para una Zopiclona. Pretendo que me tengo que ir. Dejo a estos dos hablando de lo mal follados que van, encubierto con oscuras teorías psicoanalíticas.

No quiero volver a casa: sé que al entrar en la cama me llamarán. Recorro el pasillo con el mismo eco y baldosines sueltos que el día que llegué. Me veo a mí misma, con mi mochila, siguiendo a Sister Harding. Parece una eternidad. Llego a la sala de ordenadores, el código para entrar era… voilá. Solo se oye el ruido de fondo de algún ordenador encendido, únicamente entra luz de luna por las ventanas. Huele a fotocopiadora y a moqueta nueva.

No he pensado en "últimas veces" como le dije a Mark, pero esta es  la primera vez que voy a hacer esto. A Wences no le sorprendió que aún no tuviéramos aquella cosa llamada correo electrónico en Banderley. De momento, solo tenían en las universidades. El me copió el suyo en la última página de “La Regenta” (wlinares@kcl.ac.uk) y lo que no le dije, para darle una sorpresa, es que por fin esta semana tenía el mío, de la universidad de York (mcalleja@york.ac.uk), a la que estaba asociada Banderley. A oscuras, con la luz azul en la cara, comienzo a escribir mi primer correo electrónico.

Hola Wences,

Sorpresa! Este es mi primer email, ya estoy conectada! Cuando lo leas (¿mañana? No sé si irás a la uni), verás que son las 3 am. Estoy de guardia. No sé si está permitido estar aquí de noche... pero me está encantando.

No he podido contarte lo que pasó realmente en Marcé porque me es imposible por teléfono darte todo el contexto. Ya te he dicho que tenemos el teléfono en la sala común de la Casa y siempre hay gente entrando, saliendo, cocinando, loquesea. Igual también porque me resulta más fácil escribir las cosas, porque así también las pienso. Y porque supongo que no aprobarás. Y ya sé que tu respuesta va a ser no solo el clásico -vente a Londres este finde-, sino deja Banderley para siempre, porque está afectando a mi cabeza. Pero no lo hagas, por favor: aquí no puedo hablar con nadie, todos miran para otro lado y no puede ser que tú hagas lo mismo. Por favor: intenta estar ahí conmigo y no hagas bromas tipo "necesitas aripiprazole".

En Marcé encontré las notas de una paciente con trastorno de la personalidad límite en las que escribía una residente llamada Sylvia Lannister. Me quedé completamente colgada de su manera de escribir, que era muy poética y atormentada, aunque inapropriada para unas notas clínicas.  Cómo no le habían parado los pies: no lo entendía. Cada vez que preguntaba por ella me contestaban vaguedades. Un día descubrí que el jefe de planta, el tal Steen que no está nunca, también había escrito en esas notas, con un estilo similar al de Lannister, e igualmente fuera de lugar. Tendrías que leerles, era pasional y desgarrador... descubrí que usaban citas de Plath y seguro de otros poetas que se me escapan porque no leo poesía en inglés- aparte de Plath, porque me la dejó un tal Will - ahora empiezas a atar cabos de por qué Parliament Hill Fields, no? Si te digo la verdad, me parecía que se estaban comunicando.

Las entradas de Lannister tenían como dos años, así que, una vez que me leí y extraje todo del ingreso de esa paciente, empecé a obsesionarme con la idea de buscar más notas de la época para intentar ... no sé, entender. ¿Entender el qué? te preguntarás. Yo tampoco lo sé. Y también porque me había enganchado a leerla, necesitaba leer más. Al volver de Londres, estaba como poseída como por una  fuerza extraña y decidí arriesgarme a encontrar esas notas. No fue fácil pero en los archivos de enfermería había listados de pacientes por año y localización de sus historias clínicas. Imagina cómo son las salas de archivos cerrados en Banderley: sótanos polvorientos, hileras e hileras de estanterías con puertas de tornos. Te digo que imagines porque así me los he imaginado yo: no he estado, allí no se puede bajar más que a buscar notas con una justificación clínica. ¿Qué iba a decir yo, que quería leer todo lo que hubiera escrito Lannister por una supuesta addición literaria?

Un día, cuando se acababan de ir las enfermeras del turno de la tarde, mientras escribía notas de una manera profesional y seria -cuando en realidad quería lanzarme a jugar con las palabras y soltarme el corsé este con el que hemos de escribir tanto en academia como en la clínica, como hizo ella- se me ocurrió una idea. Igual había algunas notas de la época de Lannister en la oficina de Steen.  Lo sé, me vas a matar, pero cogí la llave que está donde las enfermeras tienen todas las llaves y me colé en el cuarto de mi supervisor. No te puedo explicar el subidón de adrenalina mientras intentaba encontrar algún archivador abierto -que no, claro- y cuando me dirigía a un cajón a ver si estaban allí las llaves... Exacto, se abrió la puerta y allí estaba Steen. No sé qué hacía a esa hora en la planta, él que no está nunca. No me molesté en balbucear nada porque, el qué? Él mantuvo la calma perfectamente. Es curioso como el cuerpo reacciona casi igual ante la ira y el terror, pero el suyo no mostró lo primero. Yo sin embargo por dentro estaba temblando. Me libró de su ironía -podía haber preguntado, qué, trabajando tarde?- pero creo que los dos entendimos qué hacía yo allí. Con mucha tranquilidad me dijo que tal vez mi tiempo en Marcé había terminado y - aquí vi que estaba furioso conmigo- que no me quería volver a ver nunca más por allí.

Esta es la verdad de mi salida de Marcé. Sé que te estás poniendo las manos en la cabeza, que piensas que me podrían haber echado de la carrera profesional por mirar en informes confidenciales que no son relevantes clínicamente para mí. Tienes razón. Pero aún hay más: voy a seguir. Me quedan los archivos de los sótanos, a los que no sé cómo voy a entrar. Y quiero seguir leyendo. 

Un abrazo,


Mariona

6 comentarios:

Anónimo dijo...

De nuevo otra maravilla. Gracias Mariona

Di Vagando dijo...

Anónim@ 17:06: te digo lo mismo q piensa ella (pero no dice) a la enfermera de urgencias: IT MEANS A LOT. Gracias de verdad :)

mua

di

Anónimo dijo...

vaya, otro serial, ya se me había olvidado que existía esta bestia, pensé que había muerto de inanición. (deberías hacer una entradilla recordando el último capítulo, algo así como de un par de líneas,....jijijiji)

No cuela que el poster de la bacanal te lo hayas inventado. Es muy fuerte, se ven tetas en serial y coitos y columpios sexuales,....qué te pasa Di?. Esto es un desenfreno difícil de resistir, de aquí a la sonrisa vertical.

Violaciones de expedientes médicos por pretensiones literarias, jugadores de rugby hormonados o vitaminados a solas con la dra en una sala de espera y en pijama,.....

No lo has podido resistir, en este caso has mentado a ....tachánnnnn; Marco Aurelio. Va, pero sólo una vez y sólo la puntita.

Podrías decir: el test de marshamallow (síiiii, el de los niños, la habitación cerrada y la chuche,...y serías como más humana )

Por lo demás bastante bien, no he contado subordinadas, ....pero aún estoy a tiempo.

Di Vagando dijo...

Hola Anónimo 17:38.. solo ha costado un mes: bien os tenía q contar las vacaciones y alguna novela ligera no?

En el pasado publiqué unas entradas llamadas "Fuera de Serial" q son la guía para recordar yo misma (sí, imagina, la cosa esta así de mal). Luego las dejé de subir pq, pobrecitos, bordea el abuso. Pero me ha gustado tu sugerencia de: "...anteriormente... en Serial...". Y se podría terminar con un avance: "Próximanete, en Serial..." (claro q esto último, hay q admitir q a día de hoy es un reto)

El póster no me lo he inventado!!! Esa historia es cierta y si clicas en un enlace q hay (funciona) verás la web de los hospitales franceses. La web es horrible, lo menos user-friendly q existe. Los murales, pffff...

Muchas risas con la puntita de Marco Aurelio.. estás dolido pq "no ha habido fluídos" como en Parliament Hill... Se os da la mano...

Muchas gracias darling y no me tengas en cuenta las subordinadas, estamos trabajando en ello...

HUgs

di
cyborg serialista 5874-B

andandos dijo...

Creo que ya está dicho todo, para cuando llego yo.

Un abrazo

Di Vagando dijo...

Què va ANDANDOS... recuerda q tù introdujiste el concepto "divulgaciòn en Serial" :)...

Como spr, gracias por leer y saludos por vetusta!

Hugs

Di