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19 octubre 2023

Leyendo “Los anillos de Saturno” de W.G. Sebald en el “Cornish Riviera Express” y de lo que allí aconteció

Miércoles, 18 de Octubre de 2023
El imperio romano cayó, según la monja de historia, por los excesos: ya se sabe, bacanales, orgías y gladiadores que echan tripa. El imperio británico cayó -a los remoaners nos gusta creer- por el Brexit, pero su decadencia había empezado mucho antes: aquí nada funciona y como ejemplo ilustrativo usaremos hoy la red ferroviaria, a la que afortunadamente no tengo que exponerme con frecuencia. Hasta el otro día.

Contexto
Idílico Cornualles
Como Mini se iba esta semana a Sicilia con su clase de Latín, el Peda y la que firma aprovechamos para hacer ese perpetuo “must” de las islas británicas que es Cornualles (Cornwall). Nota: Lo sé, este blog mejoraría bastante si la que escribiera sus crónicas de viaje fuera Mini, a juzgar por los “snaps” (snapchat, ese whatsapp para quinceañeros que mi curro ha decidido bloquear por, qué cosas, no ser fundamental en el ejercicio de mi trabajo) que le mandaba a su aitá. Parece que ha sido una especie de “viaje iniciático” en el que ha sufrido que te pongan “literalmente” tres tortellinis a 13.50 euros (“casi cinco euros por tortellini!”, ha calculado), en el que se han ido a dormir a las 4 am -teniendo que levantarse para ver Siracusa o lo que fuere a las 7 am-, en el que ha probado el vodka (“los italianos te sirven alcohol sin pedir identificación de edad” y, socorro, “era rico”) y quién sabe qué más que no ha contado. 

Comienza la aventura: se decide ir en tren
Total que nosotros, ilusos de la vida, decidimos viajar en  tren porque según nuestro mecánico, "con el pobre Wolfy hubiera sido una aventura” ya que St. Ives, nuestro objetivo, está a  492 kms -aunque recordemos cómo respondió en la Isla de Wight, que le mereció el título de beato del divlog. No importa: nos encanta(ba) viajar en tren y son cinco horas y media, desde Londinium Paddington hasta St Erth, y allí cambiar a un toco-toco de trece minutos que termina en St. Ives. 

"Si todo va bien" son cinco horas y media

Qué maravilla, fantaseábamos: esparcir nuestros juguetes -libros, ordenador, teléfonos- por la mesa (donde nadie más se sentaría, dos asientos para cada uno), en un punto sacaría el bocata de paleta (sobres al vacío que manda mi suegra), en otro me haría una con el bonito paisaje, meditando. Recordaba aquellos trenes japoneses con los que nos recorrimos el país, máquinas ultraeficientes que cerraban su puerta un minuto antes de la exacta hora de salida (aunque te vieran ahí, no te abrían), animales mitológicos en los que escribí divagues como este, leí cuentos a Mini y libros, me hice (también) una con el paisaje, creí en la humanidad. Tan bien lo pasabas dentro que siempre llegabas demasiado pronto a destino, había hasta un tren preparado para los niños, el Aso Boy! -algo que hoy me parecería atroz, pero en su día Mini tenía esa edad.  Pero hay que bajar de las ensoñaciones a la realidad: ay, esto es Inglaterra y remito al primer párrafo. El país colapsa si hace mucho calor, mucho frío y también por…lluvia! Sí, también por lluvia. 

Nuestro tren debe ser mítico en la isla, el “Cornish Riviera Express”, que comenzó en 1904 y que hoy en día lleva GWR (Great Western Railways). Sale a las doce del mediodía y en teoría, a las cinco y media de la tarde estaríamos ya en St Ives. Pero al llegar a Paddington comienza la “verdadera aventura”, en las pantallas (la revolución no será televisada, pero la aventura sí): “tren retrasado hasta las 12:25”. Bueno, cosas que pasan, no nos pongamos nerviosos porque, además, en la estación hay un Pret. 


Tenemos que hablar de Pret
No sé si he hablado de la cadena de cafés llamada Pret-a-manger y su “suscripción”, que comenzó en la pandemia: merecería un divague en sí misma, pero lo voy a meter aquí. Los londinenses nos dividimos entre los que tienen o no tienen suscripción - en mi casa esta estadística se replica perfectamente: el Peda tiene, y yo no (Mini es menor, aunque en Italia, debatible). La suscripción consiste en que, pagando £30 al mes puedes tomarte cinco cafés y sus variantes al día, separados por 30 minutos. Ellos confían en que la mayor parte de las personas sean normales y tomen un par de cafés al día, pero con que tomes uno, ya sale a cuenta [los tés son como £3.45 y un café strong vale £4.10]. Pero están las personas normales y luego los españoles: el amigo G. también pertenece al club y el Peda y él se pasan los QRs de manera que entre todos nos pimplamos fácilmente los 10 tés/cafés diarios. Me encantaría explicar en detalle cómo funciona, pero temo irme de tema y sé que este párrafo parece no tener relación con el declive del imperio británico (de hecho, Pret es de lo poco civilizado que hay, si descontamos sus ultraprocesados), los trenes, la aventura, Cornwall, y el libro del que hablaré en un minuto. Pero nunca se ha ocultado que estas crónicas de viaje son disfraces: 
en realidad son más bien “musings” (me encanta esta palabra, no hace falta traducirla) de la vida diaria, observaciones random, desvaríos sugeridos por el cambio de paisaje. Total que sí, que Paddington tiene Pret y nos tomamos dos cada uno, gracias a G. y al retraso - claro que mientras esperábamos al segundo ya llega el tren y hay que correr al andén. Me vi perdiéndolo. 

Este divague es dos por uno

Nos sentamos todos ufanos en una mesa (tristemente, con un señor delante que come patatas fritas con sabor a sal y vinagre, qué hay más británico) y saco el portátil y mi libro. Acabo de decidir que este divague de viajes se va a combinar con divague de libro, porque su lectura siempre la voy a asociar con este día. Se trata de “Los anillos de Saturno” de W.G. Sebald. 

Sebald era alemán, nació en 1944 y se asentó en Inglaterra en 1970. Fue catedrático de literatura alemana hasta que murió en un accidente de tráfico en 2001. Escribía en alemán y su traductor al inglés, Michael Hulse, es muy reconocido como tal, además de poeta. En principio debería ser mi tipo de libro: el autor hace un viaje a pie por la costa de East Anglia y va divagando según lo que le sugieren los lugares que visita y el paisaje que ve. Por ejemplo, al principio va a un museo donde está el cráneo de un médico llamado Thomas Browne y de contar su historia pasa a “La lección de anatomía” de Rembrandt y curiosidades sobre él: me encanta, todo me interesa. 

Pero a medida que el libro avanza no todas las partes en las que se detiene y divaga me interesan por igual (como al divagante que ha sufrido el párrafo de Pret, por ejemplo). Además, formalmente el libro no me iba aportando mucho, y eso que ha sido elogiado por su lenguaje, y "la belleza de su prosa" que, entiéndanme, me ha parecido perfectamente correcta, pero no es para mí el concepto belleza. “Un libro genial, extraño, que conmueve” dice un crítico en la portada de mi edición. No sé si es extraño el divagar, a mí no me lo parece, y lo que más me ha conmovido ha sido más la sensación final (sigan leyendo) que muchas de las historias particulares.

Tal vez esta es la razón por la que lo empecé el 18 de septiembre, pero entre medio me encontró Angela Carter, y a la vez he ido entrando y saliendo de Despentes. Parecería que al ir contando historias más o menos independientes, el de Sebald es también un libro en el que puedes entrar y salir. Sin embargo, tal vez por haberlo leído así o porque mi cabeza no ha estado este mes donde debería, no ha funcionado. Sebald: no eres tú, soy yo.  

Hacia Exeter, me empapo de colonialismo
Miro por la ventana, el tren para en Reading (“Si estás aburrido de Londinium, prueba con Reading” decía alguien). Seguimos progresando, gente sube, gente baja. Taunton. Una mujer se une a nuestra mesa, hay que apretarse. Tengo el ordenador abierto pero el wifi, pese al paraguas completo, no funciona. Estoy en el que creo es el mejor capítulo del libro, el cinco, en el que narra la vida que terminó en ejecución de Roger Casement en una cárcel londinense en 1916 por “alta traición”. Hay una foto del personaje (hay bastantes fotos en blanco y negro de mala calidad en todo el libro, verdaderamente como si fuera un blog). 

Todo está enlazado, como en los buenos divagues: Sebald ve un docu en la BBC una noche: Casement estaba de cónsul británico en Congo y allí conoce a Joseph Conrad. Gran parte del capítulo describe la vida de Conrad -incluyendo su historia de amor con una “legitimista española”- que en un punto cae en Lowestoft (allí está Sebald), donde aprende bastante inglés -de hecho escribió en este idioma. Como todo el mundo sabe, Conrad consigue allí un trabajo de capitán del barco de vapor en la “Société Anonyme Belge pour le Commerce du Haut-Congo”. No fue para él disuasivo que el anterior capitán “hubiera sido asesinado por los nativos”, claro que luego, producto del trauma de lo que allí vio escribió “El corazón de las tinieblas”. Este es uno de esos libros pre-blog (luego no hay crónica) del que solo recuerdo precisamente eso: la oscuridad. Siempre lo lío en mi cabeza con otro libro de similar vacío existencial y negrura: “Viaje al centro de la noche” de Céline. 

Pero Sebald nos habla de la figura de Casement, una totalmente luminosa: él denunció los horrores del tal Leopold de Bélgica con los pobres nativos, a los que se trataba peor que a mano de obra esclava (por lo menos en las plantaciones se preocupaban un mínimo porque un esclavo enfermo suponía pérdidas). Describe horrores que, al igual que el día de hoy al leer la prensa, te hace dudar del género humano (dónde quedaron los trenes japoneses). 

Los legendarios beneficios de esta compañía y su expresión en monumentos y edificios en Bélgica le lleva a Sebald a escribir que “hasta el día de hoy, Bélgica tiene una fealdad distintiva, y viene de la época en que el Congo era una colonia explotada sin control y se manifiesta en la macabra atmósfera de ciertos salones (...) en mi primera visita a Bruselas en 1964, me encontré con más jorobados y lunáticos que normalmente en un año”. En Waterloo, continúa, observó el epítome de lo feo en un monumento con león conmemorativo de la batalla, y hay foto: verdaderamente un asco.

Pero no siempre los excesos coloniales dejan como evidencia estos horrores arquitectónicos: la propia maravillosa Barcelona modernista está construida sobre los hombros de esclavos -como anotó Malvada Colau-, y qué decir de la increíble Londinium. Cada vez que paseo y admiro sus casas de época tengo que recordarme de dónde vienen. Y sobre todo, que esto no ha acabado. Precisamente esta semana el British Medical Journal tiene en portada: “Decolonisation: Why medicine needs to be rebuilt”. Empieza hablando de la “London School of Hygiene and Tropical Diseases”, una de las muchas instituciones británicas cuya historia está basada en la esclavitud y el colonialismo. La investigación, la enseñanza, los discursos, las publicaciones ocurrían en paralelo con los objetivos coloniales. Otras famosas instituciones apoyadas por fondos que vienen del esclavismo son, por ejemplo, la Tate Gallery, el National Trust y prensa como el mismo The Guardian. Este periódico progresista está estudiando su propio pasado (se fundó en 1821 como "The Manchester Guardian") y ha lanzado una serie de artículos y podcasts titulados “Cotton Capital”: Manchester fue la primera ciudad industrial del mundo gracias a la esclavitud en los campos de algodón. Desde hace unos años todo esto está saliendo a la luz, no hay más que ir para atrás unas pocas generaciones para encontrar sin dificultad que su privilegio, su “old money” (dinero de familia, de toda la vida) viene de la explotación sistemática de personas cuyos descendientes son hoy los que siguen sirviendo a los descendientes de los esclavistas. 

Así que Casement denunció todo esto que estaba pasando en el Congo, lo mismo que “Conrad llevaba tanto tiempo intentando olvidar”. Leopold, ese amigo de los niños, lo llamó a una charlita a palacio y lo de que “cualquier que no esté ciego por la avaricia hará suya la agonía de toda una raza” de Casement parece no gustó a Leopold. Perlas como “el trabajo hecho por los negros es una alternativa legítima para no tener que pagar impuestos” y “parece que el clima tropical causa una “demencia” en cerebros de algunos blancos, hete ahí los abusitos” dan una idea del cerebro del blanco monarca. 

Para quitarse a Casement de enmedio, el gobierno británico usó diversas técnicas: primero lo pasaron a Sudamérica, donde tampoco se quedó callado, claro; luego le dieron una “knighthood” por sus “servicios por los oprimidos del mundo” (una manera muy británica de manejar situaciones), pero nada: el pesado de Casement seguía preocupado por la naturaleza del poder y la mentalidad imperialista que derivaba de él. Era cuestión de tiempo que se metiera de lleno en la cuestión irlandesa y eso fue lo que le llevó a la horca: eso a los ingleses, no. 

Anuncios por megafonía. Severe weather
Entiendan: vamos solo con dos máquinas
Apasionada por fin con mi lectura -será esto el principio de mi sintonía con Sebald?-  oigo un anuncio por megafonía. Debemos estar por Tiverton Parkway. La maquinista se disculpa profusamente por el retraso: es que resulta que vamos con “dos máquinas, no tres” (luego no le puede pisar tanto, infiero). Sigo con Sebald, pero a las 15:20, otro anuncio: “este tren ha sido cancelado, bajen todos en la siguiente estación, Exeter St Davids”. A ver, a ver: ¿un tren cancelado y tú estás dentro? En el imaginario de todos está la pantalla que te indica retrasos y cancelaciones, pero en uno en el que viajas? Pues sí, está cancelado y todos abajo, sin saber qué pasa. 

La estación de Exeter St Davids tiene como seis andenes y bajamos por el 4. Nadie sabe qué hacer y el personal con chalecos naranjas tampoco. De repente, se va todo el mundo, les seguimos. Subimos, bajamos a otro andén, las pantallas indican que todos los trenes están cancelados. Hago de un chaleco naranja mi “lugar seguro”: un hombre amable que contesta mirando a los ojos, aparentando calma.  Resulta que ayer hubo “severe weather” (tirando a temporal-incluyo foto que me gustaría atribuirme desde la ventana del Cornish Express, pero es del Guardian) y se rompieron un par de trenes. Más tarde entenderemos cómo: las olas se metían en la vía de una parte del trayecto más hacia el oeste. En algún punto, los trenes habían encallado y ellos intentando moverlos. Y nosotros esperando a que eso ocurriera, sin saber si llevaría 4 horas o 4 días.  

Lo que viene siendo "severe weather"

Varados en Exeter
Divagante:
Please keep left
Con esta incertidumbre me meto a leer en la sala de espera del andén 5. Sebald habla ahora de los “country estates”, las casas de campo inmensas en las que invirtieron su dinero los ingleses (hace el paralelismo con las inversiones en las ciudades de los holandeses- otros cuyos antepasados los bóer, como los belgas, causaron horror en Sudáfrica. Hay que leer “Mi corazón traidor” de Malan para entender). Habla de la ostentosa acumulación de riqueza que hicieron algunas familias a costa del azúcar: muchos de los museos más famosos, como la Tate Gallery o el Mauritshuis de La Haya vienen de las dinastías del azúcar o estaban conectados de alguna manera con el comercio del mismo (azúcar, algodón, historia del capitalismo). Sebald sostiene que “el capital amasado durante los siglos XVIII y XIX a través de distintas formas de esclavismo aún está en circulación, aún dando interés, multiplicado por mucho y en expansión y una de las maneras más frecuentes de legitimar este tipo de dinero ha sido siendo patrón de las artes". Me cae bien Sebald, diciendo esto en 1995, cuando criticar al capitalismo no estaba de moda como ahora. 

Not looking good
Hay toda una fauna en la sala de espera: unas ancianitas adorables, unos jóvenes que hablan muy alto, hombres sin cara que cargan sus móviles, una mujer bajo los carteles turísticos que promueven la zona. Si supiera que tenemos tres horas de retraso, pero al final viene el tren, dejaría la maleta en consigna y me iría a ver la catedral de Exeter y a buscar un Pret - o incluso, volverme loca y pagar por un té para animar al comercio independiente, porque las cadenas son lo peor, la la. Salgo al andén, ahí está mi víctima (digo, mi hombre) que, ante mi momento existencial frente a la pantalla en que todos los trenes en nuestra dirección están cancelados y solo uno aparece en activo (el que vuelve a Londinium Paddington) dictamina: yo me volvería a Londinium. Pero, hay una probabilidad, por pequeña que sea, de dormir aquí tirados? Y él: noooo,  alguna solución habrá: “tengo 1200 personas en esta estación, algo tendrán que hacer” y por ese “tendrán” se refiere al jefe de estación, en el andén uno. 

Sala de espera en la que sopesamos
pasar las vacaciones

La oficina del jefe de estación me recuerda, en otro estilo -paneles de madera y bonito reloj de época- el espíritu de cierta estación en la India (gente por el suelo, resignados). Aquí todos están en sillas, pero igualmente resignados, tal vez desesperados. El jefe de estación me dice que “ha sido una situación excepcional, que están trabajando en quitar los trenes, que en algún punto algo llegará”. Salimos caminando como perritos mojados a la sala de espera de la cinco (por qué dejan los trenes enchufados cuando no van a ningún sitio, el ruido es infernal) y mientras cruzamos el puente: ha llegado un tren a la 4!!!, nos anuncia mi hombre, que está ayudando a las ancianitas por las escaleras.  Embarcamos. 

De Exeter a Plymouth
Foto que tomé desde mi ventana,
doloroso contraste con la que tomó
el periodista del Guardian
Son las 16:55, y lo sé porque he ido anotando esta odisea en los márgenes de mi libro. Está petado, alguna gente tiene que ir de pie. A la izquierda vemos el mar aquel que causó todos los problemas, de un extraño color marrón, como si el temporal hubiera revuelto el fondo para siempre. 

Sigo leyendo: Sebald habla de un yate llamado Scandal, de alguien que ya “no está entre los vivos” -para indicar que está muerto-, o más sobre cómo el ocio de los ricos de cierta época -criaban miles de faisanes para soltarlos y así ellos creer que “cazaban”- terminó devastando el terreno que antes era agricultura y los habitantes, expropiados de lo que era su forma de vida, tuvieron que emigrar a Australia.  Estos ricos vivían en “manor houses” que con tras la Primera Guerra Mundial cayeron en desuso y terminaron siendo internados, manicomios… La melancolía por el horror de nuestra historia lo impregna todo. 

Y sigue la aventura: ahora, la pregunta más temida
Son las 18:38 y de nuevo una anotación en el margen de mi libro: “en la estación de Plymouth” porque, otra vez, sin saberlo viajábamos en otro tren cancelado. Todo el tren abajo y al andén que dicen por altavoces, que es distinto del que dice la pantalla. Sube, baja escaleras, con maletas. También las ancianitas, que son otras, pero igualmente frágiles. Cambio de andén, aquí hay unas canarias que nos saludan con su bonito acento tras oírnos hablar: viven en Falmouth. Es noche cerrada, llega un tren. Hasta arriba, caminamos de un vagón a otro, hay gente que le dice a otra “ahora habrá que esperar que venga un conductor, que dicen que no hay”, y se ríen. Admiro el sentido del humor de los ingleses. Llegamos al final, nos sentamos separados. ¿Hay o no conductor? Sí!: el tren se mueve unos metros, la gente grita, da hurrahs, una dice “¡hay Dios!”. Pero entonces, tras bufidos y chaca-chacas cual máquina de vapor de esas que llevaba Conrad, para. Se confirma: hay Dios y es un desagradable. 

Pero las cosas siempre pueden empeorar. Megafonía anuncia mi peor pesadilla (aún peor que “este tren ha sido cancelado tras diez metros”) que es: “si hay un profesional de la medicina en el tren, que se persone rápidamente en nosedonde por emergencia médica”. WTF. La gente suspira y yo sufro un ataque de pánico interior pero -aún teniendo claro que será mejor para esa persona que yo no intervenga-, comienzo a avanzar por el pasillo. Me toca renovar mi curso anual de resucitación, ¿cómo eran los números? Había que cantar “stayin alive, ah ah ah ah”. Pero, oh, loado, cuando estoy pasando al siguiente vagón, por fin, una luz: una colega vuelve diciendo que ha estado allí y “hay tropecientos”. Menos mal. Crisis superada: Dios aprieta pero no ahoga. 

No se vayan todavía, aún hay más: Truro
Por fin, salimos de Plymouth. Es tardísimo, me he comido casi todo, las nueces, el yogur, la paleta ibérica. El Peda, estoico, se mantiene a base de Smints. Inasequible al desaliento, sigo con Sebald, ahora visionario del cambio climático: la especie humana es como un Atila que quema todo lugar por el que pasa. “La combustión, dice él, es el principio escondido que está tras cualquier artefacto que creamos (...) Como nuestros cuerpos y nuestros deseos, las máquinas que hemos creado tienen un corazón que reducimos a cenizas”. Y, en un libro escrito en 1995, habla de los fuegos de verano que asolan a Italia, Francia, España, Canadá, California, Grecia… si supiera del verano de 2023, por ejemplo.

Un nuevo anuncio por megafonía, con el ya familiar “We are sorry to announce”, con el subsiguiente revuelo en el vagón.  Son las 20:55  y estamos desembarcando el tren en Truro, la capital de Cornwall. Tercer cambio. Inútil pensar que “si todo hubiera funcionado”, deberíamos haber estado en St Ives a las 17:30. Son las nueve y estamos en medio de la nada, en el corazón de las tinieblas, en el viaje al centro de la noche. Truro tiene una estación pequeña, llueve, hay un veinteañero con un ramo de flores, que ya lo he visto en otro de los cambios. 

No está todo perdido: la gente compra flores y otro tren vendrá a rescatarnos. No puedo enfadarme, quejarme: estoy agotada pero continuamente pienso en Palestina. Casa vez que abro las noticias (y las llevo abriendo obsesivamente estos días), una noticia más horrible que la otra, que me lleva a un viaje al centro de la noche metafórico, pero mucho más negro, terriblemente más oscuro que estar en una estación perdida en un país en paz. Un país que no funciona, pese a haber tenido y seguir teniendo todos los beneficios de la sangre de esos esclavos. Estoy más melancólica por estas reflexiones de Sebald y por la primera página del Guardian que enfadada por este día agotador. 

Finale
Parece increíble, pero otro tren llega a Truro y, tras parar por todos los pueblos, nos deja a las nueve y pico en St Erth. Esta era la única parada en la que se suponía que teníamos que cambiar, porque el tren termina en Penzance. Un pequeño tren chuchú une cada media hora St. Earth y St. Ives. 

Son las 22:30: St Ives. Felices: lo logramos. Llovizna. Nuestro apartamento está arriba en la colina pero primero hemos de pasar por el único super abierto para comprar leche y algo de desayuno. Cuando comenzamos a subir la cuesta, ya llueve oficialmente. Por supuesto no llevamos paraguas, eso es de cobardes.

Y no han acabado las diversiones ni la aventura: ahora hay que encontrar la cajita con código donde está la llave, y no va a ser fácil. Seguimos las instrucciones -francamente mejorables- bajo la lluvia, con las linternas del móvil, repasando las paredes en las que asegura encontraremos la cajita. Tras diez minutos con flashbacks de nuestra última entrada estelar en París, logramos entrar. 

A las doce y media de la noche hago mi última entrada en el margen del libro: estoy en la cama en St. Ives, y voy a leer aunque sea una paginita antes de dormir. Y ahí sigue Sebald, que me persigue: “Merton no está a más de 60 millas de Woodbridge pero viajar ahí por la retorcida línea ferroviaria llevaba consigo cinco cambios y costaba todo el día”.

Buenas noches.



17 octubre 2023

"La cámara sangrienta" de Angela Carter: "No abras esa puerta" y tú, no solo la abres, sino que entras.

Como sin duda recordará el divagante de pro, hace unas semanas asistí a unas charlas en el colegio de Mini. Allí tuve varias epifanías, una de ellas constatar que aún no había leído nada de Angela Carter [se hablaba de comparar la sexualidad en el libro de relatos que da título a este divague con "El cuento de la criada" de Margaret Atwood]. Nada más llegar a casa y tras encontrar el cuento en la red, me quedé tan atrapada por las primeras páginas que decidí comprarlo para leerlo en condiciones, y también el resto. A Carter no le gustaba que se dijera que eran "reinterpretación feminista de cuentos de hadas clásicos", y voy a intentar explicarlo aquí.

Angela Carter

Antes de meterme, un poco de contexto [nota: esta es una de las cosas más chulas de leer, introducirte en el mundo de la escritora y empezar a abrir puertas por las que querrías pasar y así descubrir otro mundo, que indefectiblemente tiene a su vez más puertas. En este caso, en mis investigaciones he descubierto un documental de una hora de la BBC de 2018 sobre Carter que recomiendo: "Of wolves and women" y sale Atwood, Winterton y más]. Carter nació en Eastbourne (me encantan sus acantilados) y tuvo una infancia asfixiante con una madre ultraprotectora que la sobrealimentaba. Durante la Segunda Guerra Mundial fue evacuada con su abuela a Yorkshire (mi parte favorita de esta isla, fotos aquí durante aquella semana pandémica) y de adolescente estudió becada en "Streatham & Clapham High School for Girls" (cole que fuimos a visitar para Mini pero era, quién lo iba a decir, solo de chicas). Para escapar de su casa se casó a los 20 con un químico al que conoció en protestas antinucleares. Se fue a Japón para seis semanas, pero acabó enamorada de un gañán y se quedó dos años. En ese país observó con estupor el papel de las mujeres, reducidas a muñecas, un lugar donde hasta en el teatro (kabuki) los hombres interpretan el papel de mujeres. Allí se radicalizó como feminista. Volvió a la isla, se divorció y conoció a un albañil guapo que estaba trabajando enfrente de su casa. Se lió con él, tuvo un hijo a los 43. 



Curiosamente, los últimos años de su vida -desde 1976 hasta que en 1992 falleció tristemente de cáncer con solo 51 años- vivió en mi barrio [otra nota para lit-fetichists, JK Rowling empezó a escribir en 1990 su saga no en un café de Edimburgo, como se decía, sino también en este barrio, en concreto en un piso en el 94 de St. John's Road, no muy lejos de la casa de Carter]. Como reportera entregada a este divlog que soy, un día que, como Aute, pasaba por allí, hice las fotos de arriba, en el 107 de The Chase, unas de las calles con mejores casas de la zona. Es un momento especial cuando estás frente a una de esas casas con "placa azul" y te planteas que por esa puerta (otra vez las puertas) ha entrado y salido muchas veces algunos de tus héroes (la de Melville, oj). En este caso, parece que Carter recibía a aprendices de escritores aquí, como Kazio Ishiguro o Salman Rushdie. Nadie salió el otro día a increparme por estar merodeando, pero debe ser el precio que tienes que pagar por vivir en una casa con historia (tampoco salió nadie de la de Graham Greene, también en la zona y que también tiene su divague a cuenta de "The end of the affair").  

"Si fuera una señora, le pellizcarían el culo"
"Si esta señora fuera un coche, te atropellaría"
En 1973 la editora Carmen Calill funda Virago Press, la editorial feminista (Carmen y Virago tendrían otro divague). En la página dos de sus ediciones se encontraba el siguiente manifiesto: "solo cuando las mujeres nos empezamos a organizar y somos muchas nos convertimos en una fuerza política y comenzamos a movernos hacia la posibilidad de una verdadera sociedad democrática (...)". En Virago se publicó a George Eliot, Pat Barker, Edith Wharton, Margaret Atwood entre otras, y Angela Carter publicó su primera no-ficción "The sadeian woman & the ideology of pornography". La foto de la derecha me la he encontrado precisamente en la página de Virago, al lado del manifiesto, y he tenido que colgarla, por si alguien se pregunta para qué sirvió o sirve el feminismo. Me ha llevado a esa época en que no íbamos con cámaras en el bolsillo por la vida, pero tengo  igualmente la imagen grabada a fuego: 1982, una calle de Vetusta, cerca de su Vetusto-río, una valla publicitaria, de esas enormes: "Toda tú eres un culito" y una chica en bolas boca abajo aspiraba a vender nosequé crema corporal. Con el mismo espíritu que la foto, alguien había hecho una pintada por encima "SOMOS MUJERES, NO CULOS". El publicista puede estar contento, nadie se acuerda de la marca, pero seguro que creó unas cuantas feministas: yo, con 11-12 a
ños, una de ellas.

Si salen, yo:
"puedo explicarlo todo"

Pero divago. En 1976 Victor Gollanzc (tendría otro divague: 
¿veis como me contengo?) encargó a Carter que tradujera los cuentos de Perrault. Curiosamente, ese es el año que Bruno Bettelheim publicó "The uses of enchanment" ("Psicoanálisis de los cuentos de hadas"), un libro despatarrante del que yo hablaba al principio de los tiempos de este divlog. Su premisa es que los cuentos ayudan a los niños a enfrentarse a temas como la muerte, el sexo, etc a través de símbolos. Y a enseñarles que no deben hablar con extraños en el bosque, no vayan a ser lobos con piel de cordero. Pero Carter decide darles la vuelta y mostrar que... puedes tirarte al lobo y taparos luego los dos con la piel. Nota: Carmen Martín Gaite también tradujo a Perrault y a Bettelheim. 

Como digo, el feminismo le había picado fuerte y estos relatos están llenos de símbolos de liberación de la mujer. Parece que le influyó mucho el tío Sigmund, ese gran feminista -por algo inventó conceptos como "la envidia del pene", "el superego más débil de las mujeres" y "la histeria viene del útero", por citar solo unos pocos de sus grandes hits. Yo antiguamente decía que Freud había jodido (disculpen el verbo, no hay otro) a la psiquiatría, pero que igual tenía sus usos en la literatura. De esto hace mucho, porque ahora cada vez que leo crítica literaria desde el ángulo psiconalista me cabreo. En mis "abrir puertas" desde este libro, he caído en una tesis que alguien hizo en Edimburgo sobre "cómo el proceso de individuación de Jung es mostrado en los cuentos de hadas de Martín Gaite". Ahí es nada.

Pero centrémonos. Yo quería hablar de algunos de los relatos, en particular del más largo que da título al libro y del que me quedé colgada desde la página uno por su lenguaje, que es denso, exuberante, rico, oscuro, sexy, travieso, lo opuesto a reprimido, "The bloody chamber" ("La cámara sangrienta").
"And we drove towards the widening dawn, that now streaked half the sky with a wintry bouquet of pink of roses, orange of tigerlilies, as if my husband had ordered me a sky from a florist. The day broke around me like a cool dream."

Este primer relato parte de la misma premisa que "Barba Azul", una historia que siempre me ha fascinado: te dicen, este es tu castillo y puedes descubrirlo todo, aquí tienes las llaves querida. Pero. [Silencio dramático]. Siempre hay un pero: hay una habitación que no puedes abrir, y esa es precisamente la única habitación que quieres abrir. Siempre deseas atravesar las puertas (otra vez, las puertas) o leer precisamente lo que otros han decidido es prohibido. Y con la habitación, es lo mismo: no ha estado nadie de vacaciones en una casa en la que hay una habitación, un armario cerrado? La curiosidad mató al gato, y te puede matar a ti, sugiere este cuento -una vez más, no necesitábamos al Tío Sigmund para esto.

Pero cuando empiezas, desconoces cómo Carter le va a dar la vuelta, solo te quedas colgada por, por ejemplo, su descripción -oh, tan gótica- del castillo junto al mar:

"that castle, at home neither on the land nor on the water, a mysterious, amphibious place, contravening the materiality of both earth and the waves, with the melancholy of a mermaiden who perches on her rock and waits, endlessly, for a lover who had drowned far away, long ago. That lovely, sad, sea-siren of a place!"
Esto no es un castillo frente al mar, 
sino un antiguo almacén de Harrod's en el río

Y en este borde "salga bajo su propio riesgo", salgo a leer
cuando vengo por aquí. Uno de sus riesgos -certificco- es que
se te caiga el lápiz con el que anotas al río

Anda que no me gusta a mí un castillo encantado: a partir de aquí, ya sé  que en ese lugar quiero pasar yo tiempo, y miedo. Además la ambientación de la Francia de finales del SXIX es maravillosa. Luego viene el marido, un ser oscuro y sensual, que ya antes de verlo es anunciado por su olor a "cuero ruso". Sus labios son "extrañamente rojos y desnudos".  Es un sátiro y pornógrafo -por algo se llama el Marquis, con claras salusiones al de Sade- y tiene doce espejos en su habitación matrimonial, que reflejan a la narradora multiplicada por doce. "Me he comprado un harén" le dice él, cuando a ella le miran todas esas chicas que es ella. "A dozen husbands impaled a dozen brides while the mewing gulls swung on invisible trapezes in the empty air outside". Doce maridos empalaron a doce novias: el solo verbo "empalar" deja al moderno "empotrar" en tierno aprendiz. Frases como "Y mi comprador desenvolvió su adquisión" me ponen la carne de gallina, y sigue:

"I found that I was trembling. My breath came thickly. I could not meet his eye and turned my head away, out of pride, out of shyness, and watched a dozen husbands approach me in a dozen mirrors and slowly, methodically, teasingly, unfasten the buttons of my jacket and slip it from my shoulders (...) Not yet. Later. Anticipation is the greater part of pleasure, my little love".
Hacia el otro lado, hoy marea baja
(un día haré un divague sonbre hasta dónde sube la marea en el Támesis)

Pero él luego se va "a atender sus negocios" y ella se queda: sola, en el castillo. Y con todas esas llaves. La escena cuando abre La Habitación es verdaderamente terrorífica y el tener que enfrentarse al olor-a-cuero-ruso, cuando él que se había ido a sus negocios, decide darse la vuelta, ni lo cuento. Porque, al final, de lo que va esto es de poder y control, y de quién se atreve a hacer lo impensable. Es una mujer encerrada, como lo son tantas en estos relatos. 

Otro de mis relatos favoritos de esta colección es el de vampiros, "The lady of the house of love" ("La dama de la casa del amor") tal vez porque de los personajes del terror, son mis favoritos. Pero aquí Carter -que era fan de Anne Rice, la de "Entrevista con el vampiro"-  invierte los papeles y  la vampira es la condesa que vive en Rumanía en un castillo rodeado de un muro de rosas con espinas (todo me encanta). Lleva un vestido de novia antiguo - cómo no pensar en la clásica Miss Hawisham, sin embargo ella:
"She is so beautiful, she is unnatural; her beauty is an abnormality, a deformity, for none of her features exhibit any of those touching human imperfections that reconcile us to the imperfection of the human condition. Her beauty is a symptom of her disorder, her soullessness."
 Vive sola con un pájaro enjaulado y una sirvienta muda que le trae desafortunados jóvenes que pasan por el pueblo y los pobres paran a beber en una fuente. Ella es aquí la depredadora, hasta que llega un soldado rubio inglés y... pasan cosas. Muchos de estos cuentos tienen como tema subyacente la transformación. En uno de esos sesudos análisis he leído algo que me ha gustado: este relato va de cómo la belleza inamovible se transforma en horror. Las cosas bellas no pueden, ni deben, durar; deben ser efímeras. 
"You are beautiful", visto no en el castillo de
la Condesa sino en Regent's Park

Hay en total diez historias: dos más me recuerdan a "La bella y la bestia" (de nuevo, mujeres encerradas), hay otras de gatos y por fin, unas cuantas de lobos. Ahí tenemos a Caperucita Roja, y no es que "esos ojos son para verte mejor", es que "hay algunos ojos que pueden comerte". En el relato de Perrault, Caperucita es devorada porque, qué puedes esperar si hablas con extranios, si te metes en la cama con el lobo? Pero aquí, Carter no le deja tener miedo, y el final es distinto. Por cierto, acabo de mirar "Caperucita en Manhattan", la re-escritura de Martín Gaite de este mismo cuento y me aburrí: lo dejé a mitad, en 2010. Con lo que me gusta esta autora. 

Parece que la influencia de Carter ha sido enorme: desde las citadas Atwood, Winterton, Rushdie hasta AS Byatt, Ali Smith, pasando por cultura popular como "Frozen", "The hunger games" y "Twilight". Aunque haya alguien que despoje de su contenido y significación política a estos relatos (Carter se indignaba, diciendo que era era una escritora ante todo política), podrá disfrutar de las historias como ejercicio formal. Pero será como tener la llave, abrir la puerta y no entrar. Pasa, que se abrirán muchas más. 

14 octubre 2023

"Polvo de estrellas" en la radio y "Astro-magic" en el techo: eran los 80.

Eran los últimos 80 y Fashion y yo compartíamos habitación. Teníamos unas pegatinas fosforescentes en el techo que pusimos intentando imitar las constelaciones al principio (esa imagen: agarrada a la escalera siguiendo las instrucciones) y terminamos tirando la toalla, esparcièndolas anárquicamente. Se llamaba "Astro magic" y te hacía la ilusión de dormir bajo un cielo estrellado.  Fashion aún no era Fashion (hubo de pasar por diversas terribles etapas, incluyendo heavy, grunge, pija, madrebeige), aún no tenía diez años. Yo estudiaba BUP, llevaba hombreras los findes, me había cortado la melena por encima del hombro y tocaba la guitarra en misa. Me acostaba muy tarde, por los horarios escolares terribles de la época y la Escuela de Idiomas, o lo que fuera. Siempre quería hacer cosas, me apuntaba a todo, y me encantaba la radio. No solo música también voz. Y sobre todo de noche, ahí va el cliché: la magia de la radio de noche. 

Cuando esta magia ocurría, nuestros padres dormían: mi padre todavía con la suya encendida, que yo apagaba. Cuando llegaba a nuestro cuarto, Fashion aún no se había dormido, y yo ponía la radio bajita en una "minicadena" Sony plateada que no tenía doble pletina-eso llegó después. Si lo pienso ahora, tenía a una niña pequeña al lado,que necesita sus horas de sueño, y yo no solo le seguía la conversación, sino que ponía la radio. Pero claro, yo era la equivalente de Mini, nadie esperaría ese tipo de responsabilidad en una quinceaniera..

Aparte de nuestros padres, parece: nos dejaban mucho a nuestra bola, nada que ver con la brasa a la que sometemos a la pobre Mini. El otro día me reí mucho cuando, hablando de cómo supervisaban las pantallas a sus amigas (ese ir mirando casualmente no les vaya a entrar un pedófilo) me dijo, resignada: "no, mummy, mis amigas no tienen el reciclaje en su habitación". [El contexto de esta historia es que la zona-reciclaje está en un armario de su habitación -así son los pisos en Londinium- y entramos y salimos frecuentemente. Sus amigas, que viven en casas grandes, tienen la habitación en un último piso donde según ella "no pasa nunca nadie"]. Más o menos como en nuestro castillo esmeralda de los 80, donde nos dejaban bastante en paz. No se daban cuenta de lo que de verdad pasaba en las madrugadas.

"Hola hijo: somos nosotros, mamá y papá, recuerdas?
Las figuras borrosas en la periferia de tu vida.
Solo paramos un momento para decir buenas noches"

En otros divagues ya conté que en una de esas noches escuchando la radio descubrimos a Juanito Comején que nos abrió las puertas de las ondas piratas vetústicas. Su sintonía de los Stones está siempre asociada para mí a la medianoche y nosotras juntas, cada una en nuestra cama (cuando no "podemos juntar las camas?"). Y otra sintonía muy asociada a esas noches, pero incluso anterior es ese "Stardust" de Bing Crosby, que era el comienzo de "Polvo de Estrellas", el programa de cine de Carlos Pumares. Te acuerdas? le he preguntado hoy a Fashion. Sinceramente, sin saber si le llegaría la memoria tan atrás. Y ella "Cómo no... recuerdo que gritaba a la gente".



Hoy ha muerto Carlos Pumares, aquel crítico de cine con el que nos reíamos tanto por su sentido del humor, estilo pitufito gruñón. Gritaba a los oyentes y tenía lo que a mí a los 16 me parecía un saber saber enciclopédico de cine (pese a que había estudiado físicas-me encantan esos pequeños leonardos de la vida). Un noviete mío de la época lo denostaba y me decía que se fiaba mucho más de su amigo, un tal Miguel Angel Lamata, al que un día random gugleé y parece que hoy es director de cine [quien no ha estudiado con una directora de cine Vetústica no es nadie, eh Fashion?]. 

Pero volviendo a Pumares, uno de esos oyentes a los que gritó en los 80 es hoy humorista, y lo que me he podido reír cuando cuenta lo que pasó cuando le llamó a los 14 años para pedir consejo sobre su futuro en el cine, y aún mucho más cuando entra Pumares en antena días después a contestarle. Los programas eran tal cual: el crítico abusando a los oyentes y hablando del monolito de 2001 (una generación entera, ya lo conté aquí, estamos traumados por ese monolito) durante las cuatro horas que duraba su programa (tal vez eso es lo que nos traumó). 

Escuchar la radio por la noche es algo que se acaba cuando empiezas a dormir con tu pareja (a las hermanas claramente no es que no se las respete, es que ellas lo disfrutan), y ahora Mini ha tomado el relevo escuchando el equivalente, su podcast. No es un viejo gruñón que habla de pelis clásicas, sino una influencer yanqui que habla de "creer en ti misma" y patochadas del estilo - no entraré porque hace poco dediqué un divague al "mí no entender cierta música -ni la vida- moderna". 

Hoy he creado una nueva etiqueta en el divlog llamada "Burla burlando", en referencia a lo que escribió Cortázar sobre lo que te pasa cuando van muriendo tus héroes de juventud, o gente que han contribuido a tu viaje vital. Tal vez haya más, pero así solo de memoria me han salido diez divagues: Delibes, Marsé, Roth, Didion, Krahe, Amis, Saramago... He pensado que había ya tantos que justificaba una etiqueta, y "obituarios" sería una muy fea. Mejor "burla burlando"  porque -gracias Gran Cronopio- "más allá de los cincuenta años empezamos a morirnos poco a poco en otras muertes". Gracias Pumares, por lo que aprendimos, y por las risas. Y gracias Fashion, por las noches de "aquellos maravillosos años" escuchando "Polvo de estrellas" bajo las estrellas fake fosforescentes. Y por las risas, que esas continúan. 

08 octubre 2023

"No ahora, que estoy divagando" [Esto no es desfase generacional]

 El título de hoy es un homenaje (la manera moderna de admitir que lo has copiado) de un viejo programa de la BB4 (radio) que se titulaba "Not now, I am listening". O sea: no me interrumpáis, que estoy en Lodedi. La razón es porque esta debe ser La Actitud al elegir activamente meterse aquí, pero además porque esto es un divague aún más caballo-de-ajedrez de lo normal.   

Empieza con el otro día, escuchando en Carne Cruda una entrevista a Virginie Despentes, otra de esas francesas feminazis enloquecidas testimoniales, pero esta mucho más radical que Annie Ernaux. He tenido su "King Kong Theory" en la mano varias veces, y tras esta entrevista, por fin lo he empezado. Escribiré sobre él cuando pueda, porque es una de esas épocas en las que me he metido en tres libros sin saber muy bien cómo (bueno, en realidad, sí "puedo explicarlo todo"), luego me costará más de lo habitual terminalos. Pero como aperitivo, así empieza Despentes:

Virginie Despentes, 
proletaria de la feminidad
"Escribo desde las feas, para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las chifladas, todas las excluidas de la gran feria de las que están buenas. (...) Me parece maravilloso que también haya mujeres a las que les gusta seducir, que sepan seducir, otras que busquen casarse, algunas que huelan a sexo y otras a la merienda de los niños a la salida de la escuela. (...) Sinceramente, estoy muy contenta por todas las que están conformes con las cosas tales como son. Lo digo sin ironía alguna.  Simplemente no soy una de ellas (...) Hablo como proletaria de la feminidad".

No sé cómo seguirá, pero solo por esa última frase, "proletaria de la feminidad" ya habrá merecido la pena.  Mi amiga francesa L, que es traductora, ha leído todo (incluso el último -"Cher connard" o "Querido capullo"-, por el que iba a ser entrevistada en Carne Cruda) y dice que su fuerza formal en francés es bestial, que no cree que ninguna traducción le pueda hacer justicia. Tendré que desempolvar mi francés. 

Total que, al final de la entrevista le dicen que pida una canción para terminarla y ella elige "Linda", de Rosalía y una tal Tokischa. Antes de nada, enseñaré mis colores: yo a esta cantante Rosalía -que "los entendidos" ponen por las nubes musicalmente- precisamente no la entiendo nada. Como con el reggaetón: no puedo. Me planteo si estamos ante el común fenómeno de "ya eres de otra generación" (o sea, vieja). Pero no me pasa con todo, no estoy anclada en Oasis: afortunadamente, Mini y yo tenemos una intersección en nuestros diagramas de Venn musicales, en la que están éxitos indiscutibles ochenteros/noventeros y alguna cosa suya que negaré a menos que en un futuro distópico se me torture. 

De vuelta al programa, se va Despentes y ponen la canción. A ver: no me caigo de la bici porque soy una pro, pero debería haberlo hecho a modo performance o protesta si hubiera sonado con altavoces. Una vez más constato que no entiendo nada, empezando por la letra [Sí, que la tal Tokischa es de República Dominicana y son giros de allá, vale]. Atención: "Tú ere' linda y yo estoy rulin / Nos besamo', pero somo' homie". Como en un punto dice "Las amigas que se besan son la mejor compañía" me planteo si homie viene de homosexual, pero compruebo que quiere decir "colega" (viene del slang inglés americano, aquí en UK no se usa, dice Mini que tampoco entre los jóvenes-yo ya no soy termómetro de nada). Ah, y "rulin" es estar relajada.

Al llegar a casa me pongo el vídeo, porque en el programa dicen que "no es lo que querrías ver en la cena de Navidad". Y sí: oh-my-god, de nuevo. Me hace sentir no un desfase de una generación, sino de decenas, como una vampira que sale por la noche a morder un par de yugulares, y vuelve a su catafalco pensando que todo era mejor en 1124. Por resumir, se trata de un grupo de delincuentes en un garaje o tal vez habitación de una favela en convulsión tónico-clónica de zona gluteal directamente en la cara de otra, sacando como pueden la lengua -y digo como pueden porque han de vérselas con piercings y dientes forrados de distintos materiales- y lo peor, moviendo las manos frente a cámara con unas uñas postizas de medio metro que me harían tirar de omeprazol si no lo paro (de este barco, no como el de Dénia, te puedes bajar). 

Estás mayor, Di, me digo. Pero aún no ha acabado todo. El terror sigue con las recomendaciones de internet, porque al lado me sugiere otro vídeo de Tokischa, esta vez con... Madonna!  La canción es "Hung Up on Tokischa", y es una versión -de estas que el ente de otro siglo sigue sin entender- del clásico discotequero "Hung up" de Madonna. Como me gusta hacerme daño, le doy al play y recibo mi merecido: señorrrr. Vamos a ver, Madonna, tiene deudas de juego? o what-the-fuck, que con 114 años tenga necesidad de ponerse a hacer eso con esta chica que, o bien va o vuelve de cometer su último delito. 

No estoy preparada para la vida moderna
En resumen: Madonna, con su nueva cara y terribles chándals (aunque sigue fiel a algunos de sus iconos religiosos y también llevó dientes de oro en el pasado, recordemos), intenta pretender unas ganas locas de follar con la dominicana a base de, de nuevo, sacar la lengua, fingir gestos postcoitales, y movimientos de cadera que el espectador siente cansados. No quiero pecar de edadista ni haré bromas de cirugías de "reemplazo de cadera", pero esta hipersexualización de la música que aburre siempre, aquí es patético.  Busco y una simple resta me revela que Madonna tenía 47 años cuando salió su "Hung up" original -recordarán el vídeo, en el que ella iba de Eva Nasarre con calentadores- y mis amigos decían "qué buena está Madonna, a su edad" (éramos early 30s, así es la juventuz). Ahora, no sé si este último vídeo demuestra que Madonna es una moderna (o como digo, que está tiesa) o que yo debería volver a Transilvania, de donde nunca debí salir. 

Intento sacar algo positivo: en estos vídeos lo que no salen es apenas tíos y me congratulo. Ya está bien de pelis que no pasan el Test de Bechdel, de cumbres llenas de señores -algunos señoros-, y de gente que dice "he visto a la médico". Ya falta menos para el Gineceo (le debo a Fashion este concepto) Global, el Matriarcado Planetario o la Dominación del Universo. Todo son señales: casualmente estos findes, intentando arrastrar a Mini a que vea pelis con nosotros, he caído en tres en las que prácticamente reinan las mujeres. Las dos primeras son terror clásico: "Les diaboliques" (Henri-Georges Clouzot, 1955) y "Carrie" (Brian de Palma, 1976); y la tercera, otro tipo de terror, un docu sobre el mundo de la moda, en concreto sobre la tiránica editora de Vogue Anna Wintour ("The September Issue", RJ Cutler, 2009). Las tres tienen también sus peros desde el punto de vista feminista: pero mira, el guión de la peli francesa está basado en un libro de un... tío, claro (Jules-Amédée Barbey d'Aurevilly) y no sé si las hostias como panes y se-sigue-como-si-aquí-no-ha pasado-nada de un tipo -interpretado por John Travolta- a su novia en "Carrie" es cosa de Stephen King (del que dicen es feminista) pero lo que es impresentable es la mirada del director sobre los cuerpos desnudos de las adolescentes al principio en una escena totalmente innecesaria y larguísima. 

Había mucho por hacer hace unas décadas nos dicen estas pelis pero con estos vídeos y estas letras, veo que aún nos queda tela. Y si decir esto es quedarse atrás del carro del tiempo, sea. Me vuelvo al castillo, y ya saldré por las noches al olor de la sangre. 


04 octubre 2023

Seguimos de huelga: Conservemos al personal para que sobreviva el NHS


Ayer, en Manchester

Seguimos de huelga, esta vez de lunes a miércoles, tanto séniors como júniors. Ayer hubo una concentración en Manchester, a las puertas de la conferencia de los tories. Hay por supuesto servicios mínimos (lo que se llama nivel "Día de Navidad"): solo emergencias.

Como siempre, es terrible leer la prensa de derechas, la que se quiere cargar la Seguridad Social: que esto es solo por una subida de sueldo, que ya se nos paga suficiente, que quien quiera hacer pasta, que se vaya a la privada. Again.

Sin embargo, esto no va de subida de sueldo, sino de "restauración de sueldo" (hemos perdido el 35% de salario real desde 2008, y esto es sin contar la inflación de este año: estamos trabajando gratis cuatro meses al año). Si £14 a la hora (que es lo que se paga a un júnior, £12 es el salario mínimo en Londinium) es que "se paga suficiente", difiero. Lo de que podríamos irnos a la privada: claro, es que para eso estamos luchando, para que más compañeros no se vayan a la privada, a Nueva Zelanda, a hacer origami. Porque de esta manera se está desangrando a la Seguridad Social. No hay personal (obviamente el Brexit también implicado), pero además, ya nadie va a querer trabajar aquí. Hay una necesidad no solo de conservar al personal, también de emplear a nuevo personal. Otra manera de destruir el sistema. ¿Quién va a cuidar de la gente que no puede pagarse un seguro privado, columnista de The Telegraph?

El DDRB (Review Body Doctors & Dentists' Remuneration), una organización independiente que tras diferentes estudios cada anio aconseja al gobierno sobre los salarios para evitar disputas ya no es independiente del gobierno y esto tiene que cambiar. El gobierno sigue sin querer hablar con el BMA (sindicato médico), llevan 191 días rechazando reunirse, el lunes envió una nueva carta el Chair pidiendo nuevas reuniones. Viene el invierno, a nadie le gusta esta situación. Ni sus mentiras: las enormes listas de espera no son culpa de esta huelga, sino de años de falta de inversión en la Sanidad Pública. Que no les importa nada, porque ellos ya usan su libertad para irse a una clínica privada -como su séquito de columnistas- donde se encargarán de que vaya todo bien, hasta que va todo vaya mal: entonces a la Seguridad Social. Por ella, seguimos de huelga. 

Restauren nuestro salario
Conservemos a l@s médic@s 
Protejamos al NHS



01 octubre 2023

¿Qué diría Freud de las opciones de secundaria de tu hij@?

El sistema educativo británico es muy diferente del que yo viví en Vetusta allá por la segunda glaciación - es posible que haya cambiado mucho, pero no lo he seguido. Solo sé que los estudios de medicina han mejorado algo en el tema práctico (empeorar no podía), según me cuenta mi informante, una de las iratis, que los últimos años se los pasó en hospital (no en el radiador del pasillo de la biblioteca, como otras). Pero hoy vengo a escribir sobre los de secundaria en UK, que es donde estamos. 

Últimamente se repite la siguiente conversación ritual cuando me preguntan los ingleses por Mini:
- ¿Cómo está tu hija?
- Pues en Mayo tiene los GCSEs(*)
- ¿Quéééé? ¿Esa niña adorable YA tiene los GCSEs??
- Sí, darling... Gritemos juntas. 

(*)General Certificate of Secondary Education=examen estatal al final de la educación obligatoria, una especie de selectividad que les dará ideas de qué asignaturas cursarás en los dos últimos años antes de la uni (que se llaman los A Levels) y también les servirá a las universidades para hacer ofertas [aquí no se tienen los resultados de los A Levels antes de que te acepten en las unis, porque se pasan meses haciendo entrevistas personales]. 

Aquí en el divlog podríamos tener un equivalente a esa conversación si entrara alguno de aquellos divagantes del pasado que se quedaron anclados en la Mini-niña (que como sabe el divagante actual, tiene 15 años y me pasa en altura - hete aquí el verdadero drama). Cuando empezó el blog Mini tenía un año y hay divagues de sus pinitos en la guardería, nuestros sufrimientos eligiendo cole, las estupideces del cole de primaria que les hacían ir con sombrerito y su aterrizaje en nuevo cole de secundaria, donde está estudiando para los GCSEs. Todo lo que usted quiso saber sobre Mini y no se atrevió a preguntar está en el di-stintivo "polluelos" (que inventó Diva, aquel ente co-fundacional del divlog).

Mini, hoy

En general, en estos GCSEs tienen unas 12 asignaturas (aunque me dice Mini que "hay críos que hacen menos") : son obligatorias Inglés, Literatura, Matemáticas, Física, Química, Biología y como optativas Mini hace Drama, Latín, Historia, Económicas, Español, Mates avanzadas. Pobre. Sin embargo, cuando termine, para A Levels tienen que elegir TRES asignaturas (y un proyecto, que Mini dice que va a hacer un corto, watch this space). ¿Solo tres, no hicimos nosotros SIETE en COU? Por lo visto, habrá "mucha profundización" (para mí que ya se profundizó en exceso en Física de COU), con diez horas semanales de cada asignatura y varios exámenes.

Toda esta introducción para contar que la otra tarde estuve con Mini en un "taster" que consistía en asistir a talleres de 20 minutos de diversas asignaturas para decidir "si era para ti". Cuando salimos, yo decidí que casi todas "eran para mí" ("of course, you would, mummy!").

Psicología
Este es el primer taller, que ya nos avisaron que era de los más populares. Puedo entender su atractivo, yo me veo reflejada en esas adolescentes interesadas en entenderse y entender al mundo. Ingenuas. 

La profe explica las teorías que se estudiarán (algunas basura - visualicen a Di moviendose incómoda en la silla, subiendo las orejitas a la defensiva cuando menta a Freud como si nada). Luego nos hace un ejercicicio de memorizar listas de palabras con truco, porque al final nos había metido una memoria falsa y nosequé. Un golpe bajo para lospadres que estamos en una batalla entre el Alzheimer incipiente y los retos de la Vida Moderna.

¿La clase de alumno para psicología? Te tiene que gustar hacer test online sobre tu propia personalidad sin ninguna validez (muy de Generación Narciso) y ser "sensible, receptivo, que te guste escuchar". Si no, hazte psiquiatra. 

Business
Aquí un chico que no sé si es profe o alumno (otro de los problemas de envejecer: tus júnior son cada vez más jóvenes y te parece increíble que esos críos estén en el mundo laboral) y un se
ñor malhumorado (este de mi edad, ya burnout de la vida como tiene que ser) que da vueltas por detrás nos describen a un líder del momento y tenemos que adivinar quién es (spolier: Jezz Bezos) .

Breve charla sobre los distintos tipos de liderazgo (autocrático, democrático y laissez-faire) y aplicarlo a Bezos, y cosas positivas y negativas de ese estilo. Mini participa: en su opinión a Bezos le ha ido bien con la autocracia porque está forrado (querido Dios: ¿en qué he fallado?) y luego farfulla algunos de sus potenciales problemas (que se resume en una de sus frases tótem- generalmente dirigida a nosotros: "no one likes you"). Pero, ¿a quién le importa caer mal si estás forrado?). 

Por el pasillo hacia el siguiente seminario comento casualmente que mi estilo de liderazgo en el trabajo es "democrático". No la impresiono: "Whatever, en casa eres autocrática", concluye. Claramente "no one likes me".

Politics
El profe que da este taller es muy mono pero el cordel del que lleva colgada su identificación es de la bandera gay. Suspiro. 

Propaganda del covid 
aplicada a los tories
Nos habla de los distintos tipos de ideología política ("conservadurismo, liberalismo, socialismo, anarquía") y nos da una hoja con noticias recientes de política y tenemos que debatir si los conservadores ganarán las próximas elecciones.  Los chavales no dicen nada pero hay una madre, la típica con melena blanca y ropa auto-tricotada que dice que "espera que no" y comienza a dar razones como el giro de Sunak en su política climática. Y suma y sigue, pienso complacida. Sonrío a la mujer como queriéndole decir "soy de las tuyas" claro que, no sè si lo pilla porque por un día que salgo, voy con tacones, eyeliner y solo un nivel por debajo de vestida-para-una-boda. 

El profe -cada vez más carismático- nos pregunta si creemos que hay un "votante tipo" (madremía si lo hay, solo que algunos nos disfrazamos) y él nos da datos de cómo ha cambiado esto con las décadas: el votante de Labour ya no es el obrero industrial (la famosa "red wall" del norte de Inglaterra) sino el profesional que vive en ciudades, tiene más nivel de educación y es... joven (si hay algo que separa votar izquierda o derecha en el UK es la edad). Claro, ese perfil me describe totalmente, me digo: cosmopolita, arty, moderna y ...joven!

English literature
Estos comics de hoy son de Edith Pritchard,
una milenial con mucho talento
La profesora, OMG, es aún más entusiasta que el de políticas y quiero ser su amiga -pero Aguafiestas Mini me hace sentar en la última fila. Empieza a contarnos la asignatura y yo sigo insalivando  con cada detalle. No se leen simplemente libros y se resumen (exacto, darling, nunca entenderé las críticas literarias o de cine que simplemente resumen), no se empolla una la vida de los autores (vidas de santos, so last century). Esto se trata de analizar críticamente en su contexto histórico y desde distintas perspectivas las obras. 

El ejercicio práctico que sugiere había ocurrido curiosamente en el divlog hace mucho anios (2015): "Propongo un juego: Qué/quién es el tigre? (o deja la obra de ser del autor para pasar a ser del lector)".  [Oh, 54 comentarios, era esa época dorada de los blogs, incluso este vivió un embrión de eso]. Nos da en un folio el clásico infantil de Judith Kerr "El tigre que vino a tomar el té" y unas notas plastificadas: cada grupo tiene que analizarlo desde una perspectiva: o "feminista",  o "de clase", o "post-colonial" o lo que sea. Sigo en éxtasis. 

Luego nos pone ejemplos de libros que se analizarán comparativamente: "Lo sobrenatural en el Drácula de Stoker y en el Beloved de Toni Morrison", o "Sexualidad y feminismo en El cuento de la criada de Atwood y La cámara sangrienta de Angela Carter" [este último que no conocía me lo fui a comprar al día siguiente, más en breve]. 

El ángel -digo, la profe- continua: "esta asignatura es para gente que le gusta leer- si no, ni os molestéis-. También os tiene que gustar participar, debatir, generar ideas nuevas, criticar". Aplaudo mentalmente. Cuando nos vamos de la clase, le digo a la profe: que quiero hacer esta asignatura ("course" como dicen ellos), manera velada de declararle mi amor. Ella contesta algo amable: no es recíproco. 

Conversación posterior con Mini, ya volviendo a casa
- Crees que literatura "es para ti"?  Ya no lees.
- Claro que leo
- Ya, pero no he visto ningún libro de Coleen Hoover* en pantalla. 
- Por qué criticas a Coleen Hoover cuando no la has leído?
- Ya leí "Los siete maridos de nosequién Hugo". Pero todos esos libros de los que habla la profe están en casa!
- Están en casa, están en casa! Por supuesto están en casa... (gruñido).

(*) Coleen Hoover es en estos momentos la autora más vendida del mundo (lloro). El otro día -más que nada para ver dónde he fallado- me tragué un artículo enterito y verdadero sobre una autora de novelas de romance de gran éxito llamada Elena Armas. Es española y escribe en inglés (será eso? mira que cambio de idioma) y su gran éxito "The spanish love deception" está en mi casa y no lo pudo terminar ni Mini: "muy aburrido", dictaminó una lectora de Coleen Hoover. 

Del resto de los talleres que no podemos ir, hay varios interesantes: Cine, Arte, Clásicas, entre otros. De estos cuatro talleres de hoy, Mini tiene que elegir dos (el tercero es mates). Al llegar a casa dice "no sé, si cojo Business y Politics es el aitá; si Literatura y Psicología es tú". ¿Qué cogerá? ¿Matará a la madre o al padre? Que entre la de Psicología: Freud tendría, seguro, mucho que decir...