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19 enero 2022

Serial 40. Pertenecer a La Noche. Escritores suicidas. Cintas TDK.

Toda una experiencia el jaleo en la cocina un lunes a las 8:30. Jaleo que yo no disfruto normalmente por una de las mil manías de Cook: estar en la planta a las 8 de la mañana. Pero hoy, primer día de mi semana de estudio, no hay Cook ni reglas ni horarios: se irá a la biblioteca como la gente normal, se comerá cuanto se tenga hambre (versus cuando se desfallezca, y si hay hueco), y se irá una a casa cuando la última neurona diga basta, no cuando Cook decida terminar su chapa sobre la larga vida media de la fluoxetina. Alrededor de la mesa, una estampa costumbrista: todos desayunando juntos - aparte de Sandip que está, en cámara lenta, metiendo un cuchillo dentro de la tostadora-,  compartiendo muesli, fresas, esquivando las garrafas de leche en el centro para pretender contacto visual. Repasemos unos cuantos clichés, porque esto es un serial y la gente se pierde:  Morgana lleva ya el pelo en un moño italiano y perfecto eyeliner (en mi lista,  próxima visita a Whitby), Duncan sigue sin lavarse el pelo (estaría feo en psiquiatra forense ir decente) y, Richard van con camiseta blanca y camisa de leñador abierta (que se cambiará para ir a la planta, los enloquecidos formalismos británicos). Y para elevar el dedo corazón a estos y decirle al mundo que no estoy trabajando, hoy voy con vaqueros y una camiseta de manga larga que pone “Nantucket”. No, tristemente nunca he ido a Nantucket, pero algún día. Y me compraré otra, esta sí, con historia. 

En un extremo de la mesa hay una pila de periódicos. Que va creciendo, junto con folletos, notas, papeles, y se acerca peligrosamente a nosotros: algún día comeremos los cinco apelotonados en la otra esquina, aceptando nuestra derrota. Miro por encima los titulares del de ayer. Desde hace un mes, monotema:  Lady Di. La princesa del pueblo. Una nación en shock, paralizada. El día que ocurrió, domingo, cómo olvidarlo: desconcierto total, sin entender qué pasaba. Pensaba que este idioma de bárbaros ya no se me resistía -al menos con acento de la BBC4, otra cosa son los regionales, o las pelis yanquis de cowboys modernos atormentados. Pero esa mañana, mientras me duchaba: qué silencios, qué voces graves,  qué música tristísima de órgano en la radio. No entendía nada: no era la hora de "Dessert Island Discs"? Al salir, alguien me aclaró el drama nacional y luego, los únicos que sin pudor pudieraon hablar de esta pérdida de un símbolo fueron los pacientes. Recuerdo su boda, le dije a aquella mujer con trastorno de ansiedad generalizado, y el vestido, que parecía un merengue. No entendí que esa chica se casara con ese viejo: qué pareja extraña. La mujer del trastorno de ansiedad generalizado asintió: no se identifica la gran mayoría con Carlos, en su planeta del conservacionismo: demasiado posh. La mujer del trastorno de ansiedad generalizado asegura que tiene lacayos que le ponen la pasta en el cepillo de dientes, tal cual, nada de leyenda urbana. Le comento la mirada de corderito degollado de la princesa triste, que por fin dio un portazo. La mujer del trastorno de ansiedad generalizado llora, realmente afectada.  Los compañeros casi no han hablado de esto y ni siquiera Cook en supervisión se ha metido en lo que hubiera sido lo suyo: un análisis sociológico de los sueños que hay que dar con cuchara a una población adormecida, otro viejo opio del pueblo, panem et circenses, un nuevo insulto a la razón. Pero tampoco se habla de la avalancha de Labour el pasado mayo, con Tony Blair. Muy entre líneas, tengo la corazonada de que aquí se simpatiza con el laborismo, o por lo menos ya se estaba hasta arriba de tanto tory. Pero es una impresión basada en gestos, en miradas, en suspiros al cerrar un periódico, no en conversaciones, ni datos duros - aparte de que la Seguridad Social es un nido de Labour, y el norte del país también. Pero hay que seguir con la ficción de que Banderley es una isla dentro de una isla, que nada del exterior nos afecta, y que si un día esto se desmorona, será por nuestra propia negligencia o activa parte en su destrucción, no por un cambio de gobierno, o cosas racionales así. . 

Nadie en la biblioteca y menos mal: he extendido libros, notas, rotuladores, atlas en una de las mesas para seis. Toda la mesa. "Síntomas en la mente: introducción a psicopatología descriptiva", de Andrew Sims: probablemente el libro de texto más complicado con el que he batallado en mi vida. Miro la cubierta: no puede representar mejor el contenido, lo complicado que lo hace todo el autor. Parece un William Blake actual, debe ser obra de un esquizofrénico. Tener la mente partida así, voces que hablan de ti, gestos que significan cosas, gente que te persigue. Entonces, “el archivo”. (Guau, Mariona, observa el proceso: esta es una idea intrusiva de libro). Bajar-al-archivo. (Lo que parecía una línea de pensamiento en la dirección adecuada, del cuadro de la cubierta a la enfermedad, invitando a pasar amablemente al estudio que nos ocupa, psicopatología pura y dura, sin adornos, se ha visto hackeada). Pero las hileras de estantes del archivo (Hackeo ya adornado con imágenes). Podría bajar al archivo solo para ver si la contraseña que cogí de Foster funciona. (Qué trucos, qué juegos, a mí me vas a engañar: claro que funciona).  Pero para bajar al archivo debería tener el listado de las pacientes de Marcé ingresadas durante el periodo que estuvo Lannister en la planta. (Debería estudiar pero mi mente, incansable, en piloto automático. Y sigue:) Primero tengo que volver a Marcé, con cualquier excusa, y mirar el libro de ingresos de hace un par de años. ¿Por qué no lo hice cuando estaba allí? (Venga, déjalo ya: mira qué bonitos los rotuladores) Obviamente, no sabía lo que sé ahora. Y me echaron de ahí precisamente por investigar. (El rotulador verde hace particularmente buenos subrayados) ¿Lo sabrá alguien más? (Abre ya las notas) No sé qué razón habrá dado Steen al resto sobre mi salida de allí. (Tiro la toalla: mente dispersa, estás ganando) Podría ir en un turno de noche, cuando hay menos enfermeras, enterarme cuándo están aquellas que solo hacen sustituciones, que no conocen el sistema. Es muy arriesgado: pero cómo podría hacerlo.


Pego un salto del portazo. Alguien acaba de entrar, estiro el cuello: no veo a nadie. Unos pasos por la escalerita de caracol que sube a la mezzanine. Cuando llega arriba, los pasos se han parado en la sección de gestión y son él:  Derek, el enfermero nocturno de la voz encantadora. Se apoya en la barandilla, mira un libro. Hace siglos que no le veo cuando estoy de guardia: nunca está ya por las noches. Siempre me ha caído bien este hombre: no le debe quedar mucho para jubilarse, pero tiene un talante juvenil. Lo veo de bares, cerrándolos, me refiero. Buen conversador, siempre con ganas de hablar. Esos ratos tras haber corrido a la planta a recetar tranquilización rápida: esto es lo que dice el vademecum, love, esta dosis a este toro le hace cosquillas, ni le toca, sube más. Los médicos aprendemos tanto de los enfermeros, y él siempre sabía qué hacer. Tenía una risa cascada que terminaba en tos muchas veces, y bromeaba todo el rato. Subo a saludarle. 


Se vuelve cuando oye el ruido metálico de la escalera. Se alegra de verme, pero cómo es posible, cuántos meses, sigues igual de guapa. Derek, darling: eres tú el que me ha abandonado, yo no he salido de aquí. Comienza el “banter”, el tira-y-afloja: yo esto solo lo hago con los tipos como él. Me confiesa que me ha sido infiel con un curso de gestión hospitalaria, que se pasa al lado oscuro. Me rompes el corazón, Derek. Y él que va a echar de menos La Noche. La planta solo iluminada por los flexos de la estación de enfermería. Las crisis. Las charlas con algunos pacientes, los más lúcidos, a medianoche. Los ingresos traídos a las 3 am por la policía, las tazas de té compartidas. Las conversaciones con los residentes, como yo, de madrugada: contamos cosas que no se cuentan de día, y eso que no hay alcohol por enmedio. El sexo salvaje en el cuarto de la lavadora, recuerdas? Carcajada: cómo olvidarlo. Los dos nos reímos con la broma, pero no es descabellado: Derek habrá tenido sexo con otras residentes, o policías, o tal vez con compañeras suyas en la noche, cuando todos duermen. Después de la crisis, con toda la adrenalina a tope. Tiene que haber pasado. Creo que me lee la mente, y le divierte.   


Sigue con que está buscando un libro para su disertación de fin de máster. Ya le han ofrecido un trabajo de gestor de departamento del hospital de Whitby. Su mujer estaba harta de dormir sola -me guiña un ojo-, y la pasta es mejor. Admiro que se haya metido en esto al final de su carrera profesional.


-¿Al final de mi carrera? ¿Qué quieres decir?- hace una mueca pretendiendo enfado. 

 

No sé dónde meterme, pero me rescata antes de que me hunda más: tiene 55 años y yo la típica miopía del veinteañero, para quien cualquiera mayor de 40 es un viejo. Convencida de que Derek tendría 65: igual debe ser la mala vida, no solo mi despiste. Soy fatal con edades, le da igual, él tuvo la delicadeza de no preguntarme si yo era mayor de edad cuando llegué, y vuelve a reírse. 


-Pero estaré en la planta unas semanas haciendo unos cuantos turnos... tengo que desengancharme, empiezo hoy… -dice- Ven a  verme una noche de guardia, aunque no haya crisis. 


-Siempre hay- me río- Traeré bombones de los que te gustan.


Se me ha hecho tarde para comer. De camino a la cantina, en el salón de actos al lado de la biblioteca han terminado la presentación del fármaco de turno por parte del fenicio de turno.  Aún no se han llevado el carrito de los sandwiches, patrocinados por la farmacéutica: míseras migajas con que comprar a profesionales hambrientos. Es patético si lo piensas: todo el mundo sale con bolis, post-it e incluso despertadores con una marca encima del genérico que se podría comprar por una décima parte. Cuando llegué ni me lo planteaba, pero qué casualidad que la medicación que primero me sale recetar es la del boli con el que estoy escribiendo. Nada es gratis, y si lo parece, tú eres el producto. Tu alma. La mayoría vive en negación, los más viejos particularmente: Cook no quiso ni oír hablar del tema, a él le han pagado congresos al Caribe. Suena a mito, a frase hecha, pero fue literalmente en el Caribe -cuenta la leyenda negra. Pero, joder, si vendes tu alma, véndela bien, no por un par de bolis. He dejado de ir a estas presentaciones, tampoco es viniera mucho, no hay tiempo para los juniors - ni Caribe. Viene el de la cantina, que se va a llevar el carro, que coja un sandwich, que los van a tirar. 


En aras del “tengo que airearme” (ni que hubiera hecho mucho esta mañana), decido caminar al bosque, a comer al sitio de las vistas. Llevo bajo el brazo la novela que escribió la poeta Sylvia Plath, publicada bajo seudónimo en 1963, "La campana de cristal". Subo un poco por el camino, hay un sol tenue. Al llegar abro el sándwich, de gambas y mayonesa. Curiosas combinaciones a las que me ha acostumbrado este país. Pepino y atún. Queso Cheddar y chutney. Pollo Coronación. Puag. Me encanta esta vista, tengo que venir más y no olvidarme el walkman. Aunque solo me traje unas pocas cintas y en este año en Banderley, nadie me ha grabado más. ¿Un mal juvenil, esto de grabarse cintas entre amigos? Muchas de las mías cuentan historias, encerradas en las TDK: aquel chico bien que me grababa clásica-su favorito Rachmaninoff; aquel noviete que hablaba entre las canciones y por el que conocí a Serrat ,"No hago otra cosa que pensar en ti"; los del norte de clase, Barricada, Kortatu, La Polla; mi amiga que lo tenía todo de Dire Straits, y aquel concierto en el que nos sabíamos todas la canciones. Ahora me pondría el "Going home", que pega todo con este sitio, las gaitas escocesas que suenan de fondo, Escocia a doscientos kilómetros. 


En la biblioteca hay una sección de literatura y salud mental, y de ahí saqué este libro y miré una biografía y detalles de Plath. Su foto en blanco y negro, con ese flequillo, me persigue. Tenía solo unos pocos años más que yo cuando se suicidó: treinta. Depresión durante toda su vida adulta, de una severidad tal -"las garras de un búho exprimiendo mi corazón"- que recibió terapia electro-convulsiva. Su matrimonio con Ted Hugues supongo que tampoco ayudó, pero no fue lo único: eso se lleva dentro. Él, también poeta, todo belleza clásica, mandíbula cuadrada y testosterona en exceso, "un cantante, un cuentacuentos, león y trotamundos, con una voz como el trueno de Dios", se conocieron en una fiesta, se escribían poemas el uno al otro, se casaron en cuatro meses. ¿Qué tiene que ser enamorarte de un poeta? Ida y vuelta de los Estados Unidos. Dos hijos. El piso de Primrose Hill. Y Ted que por supuesto se enamora de aquella belleza exótica Assia Wevill. Y entonces Sylvia, sola, escribe compulsivamente algunos de sus mejores poemas, alquila el piso de Yeats, mete la cabeza en el horno de gas.

Miro al horizonte. Imposible disipar la imagen de Sylvia preparando la escena de su muerte mientras leo "La campana de cristal". Sylvia que había empezado antidepresivos hacía unos días para este nuevo episodio de su depresión recurrente, Sylvia poniendo toallas en las rendijas de las puertas, que los niños dormían ahí fuera. Sylvia preparándoles el desayuno. Sylvia enferma, débil tras el invierno más frío en los anales, fuera y dentro, en sus venas la sangre helada por meses, por años. Sylvia que por toda nota de suicidio escribe "por favor llamen al doctor Horder", y su teléfono. Sylvia, en cuya tumba Hughes hizo escribir: "Incluso en medio de llamas feroces se puede plantar el lotus dorado"

Me persigue la idea de que la angustia existencial de Esther, la protagonista de esta novela, es la de Sylvia. Un roman à clef, una novela que narra hechos reales con nombres de personajes ficticios: hasta la madre de Sylvia intentó bloquear su publicación. Cierro el libro y vuelvo sobre mis pasos hacia Banderley. Aún tengo el suyo de poesía que me prestó Will, he de devolvérselo, pero todavía no. No es que esto lo piense así: "en Plath tengo pistas para entender cosas de Banderley", pero busco en la biblioteca si está “Ariel” o “El coloso”, y no los encuentro. Al final esta es una biblioteca de salud mental y sus ramas, no tienen por qué tener todas las obras literarias en las que se habla de locura lateralmente. 

Me acerco a la bibliotecaria, una mujer joven que parece vieja: esa falda floral, esa camisa de seda falsa color crema y esa rebequita rosa. Le pregunto por Plath como si nada y, un momento, que va a mirar. La sigo a un cuartucho donde, seguro, va a sacar tarjetas amarillentas individuales de préstamo, llenas de polvo, pero no: me sorprende con un ordenador, solo algo más viejo que los de la sala donde vamos a escribir emails. Empieza a teclear, con uñas de mujer, rojas y con forma de almendra, dedica mucho tiempo a esas uñas, pienso con horror. Mete datos y datos (tanto es necesario para localizar un libro?) y la pantalla es negra, como de programación, por fin parece que oigo a la caja del ordenador pensar y ella encoge los ojos y se sube las gafas (de esas montadas al aire, esas que lleva la gente que no le gusta llevar gafas y cree así disimularlas). Sin mirarme, con su índice sobre la pantalla, lee: sí, qué raro, tenían un par de libros de poesía de Sylvia Plath, que nunca fueron devueltos. El corazón me da un pequeño vuelco, porque sé hace cuánto, y sé a nombre de quién. Que pase la señorita Marple:

-Conociendo su sistema de multas con los pequeños retrasos, me sorprende que alguien se libre de devolver un libro aquí- intento un tono jocoso.

-Estos libros se tomaron prestados hace más de dos años, yo todavía no estaba aquí- y ahora sí que me mira. Mi broma claramente no ha encontrado receptor.

-No, no se lo tome como una crítica, discúlpeme - le digo. A ver cómo levanto esto. Pero ella sigue, mirando la pantalla:

-No, a mí me extraña también... a ver, un momento, se sacaron el 14 de abril de 1995, a nombre de ... S. Lannister. ¿Conoce a S. Lannister?

Lo sabía.

-No personalmente, he oído hablar de ella. Ya no está en Banderley, creo.

-O sea ¿que se escapó con los libros? Ja! Esto no pasaría ahora -y suelta una risita, así como de conejo- Lo que voy a hacer es comprarlos de nuevo: no albergamos esperanza de que los devuelva no?

-No parece - y risa forzada- pero, vale, gracias. Como vengo mucho por aquí, ya me dirá cuando los reciba.

-Descuide -y suena el teléfono- perdone.

Vuelvo a la sección de literatura. Definitivamente, quien organizó esto merece mis respetos. Novelas donde hay personajes aquejados de salud mental. Autores que sufrían o sufren enfermedad mental. Autores que se suicidaron: por supuesto Sylvia Plath, pero además… guau, tienen aquí desde los clásicos, Petronio, Séneca hasta los más conocidos Virgina Woolf, Hemingway, John Kennedy Toole,·Yukio Mishima, Sándor Márai, Emilio Salgari, Stefan Zweig, Cesar Pavese, Malcolm Lowry, Walter Benjamin, Anne Sexton, Primo Levi. Recuerdos de muchos de sus libros leídos, algunos no, otros me sorprende verlos en la lista. No tienen a nadie que escribiera en castellano, se lo podría decir a la bibliotecaria, aunque tampoco conozco tantos: Larra, esto lo aprendíamos en el colegio; Alejandra Pizarnik, a la que conocí después. Y aquel poema suyo que podría estar de titular de esta sección…

ante la lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra Alejandra no lo niegues.

hoy te miraste en el espejo
y te fuiste triste estabas sola
y la luz rugía el aire cantaba

(...)

te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!



 Si uno de los ensayos del examen fuera “literatura y suicidio”, después de esta tarde, lo bordaría. Pero no: me van a preguntar precisamente de la cara menos romántica y glamourosa del mismo: epidemiología, factores de riesgo, prevención, comorbilidad, intervenciones, legalidades. Estaré hecha yo para esta carrera? Ya me pregunté lo mismo en COU cuando, en un descanso de física estaba memorizando el monólogo de Segismundo (ay mísero de mí, ay infelice). No sé qué hora es.

Recojo todo y camino hacia casa. Igual alguien ha cocinado algo, si no me echaré muesli en un yogur. No hay luz en las ventanas, va a ser lo segundo.  Lannister cogió los libros de Plath, era esperable: por qué no los devolvió? Le doy a la tetera y vaya, no hay yogur. Meto un par de trozos de pan en la tostadora, ahogo en leche un weetabix. Ahora vuelvo: llevo todo el día pensando en hacer esto. Busco mis walkman y me echo en la cama. Play. La canción ya está empezada: “When you're sure you've had enough / Of this life, well hang on / Don't let yourself go /'Cause everybody cries / Everybody hurts sometimes” y qué apropiada, el “Everybody hurts” de REM. A cuánta gente habrá parado de matarse, cuánta gente la habrá escuchado que ya han tenido demasiado, que iban a decir vale, y que han oído que todo el mundo se duele alguna vez, y que todo el mundo llora. No lo sé.

Cuando oigo que salta la tetera, salto yo de la cama y vuelvo a la cocina. Dentro de una hora entra de turno Derek, y esta noche iré a verle: tengo un favor que pedirle. Y no me había dado cuenta: alguien ha dejado aquí el correo. Un recibo del Colegio de Psiquiatras y anda, un paquetito, que no es de casa. Ese tamaño: exacto, es una cinta, TDK Chrome para más señas. Nada escrito en el lateral. Miro el sobre: matasellado en Londres. La abro con tanta fuerza que la desmonto. Dentro tiene una nota: “Para Mariona. Un beso, Jack”.

14 octubre 2016

Dylan: me llevaste al Lado Oscuro


Durante estos años de divagues, he colgado alguna canción de Bob Dylan: "Like a rolling stone", o "Masters of War", con motivos nostálgicos-aquellas cintas TDK- o seudoactivistas-Fallujah. No todas las que debería.
Hoy, con el motivo de su Nobel todavía calentito, voy a tener una idea innovadora en el mundo del bloguerío: voy a colgar una canción suya! Pero, divagantes, me siento justificada: Dylan es una de los culpables de la sección "tengo un pasado oscuro" de este blog. Porque aquellos maravillosos años sin una guitarra dando la brasa con "Blowing in the wind" no hubieran sido tanto el Dark Side. 


 
La decisión es dura: cual? Hay tantas! Una de las modernas que cantaba en dúo me gustaba mucho, pero no recuerdo el título. Sigo pensando. Por fin: lo veo claro. "Who killed Davey Moore", sobre un boxeador que muere tras una lucha. La razón es de peso y se lama "Verano del 2016":  estaba en el shuffle del iphone en nuestras vacaciones en el Jónico y de vez en cuando sonaba en el coche. Hasta Mini repetía el estribillo que es como una cantinela: "Who killed Davey Moore?"

La letra, para los que lean en inglés puede explicarlo todo. Me refiero al Nobel.  Dylan toma prestada la estructura de una canción infantil, Cock Robin y, mientras tras la muerte del boxeador el mundo se debatía sobre el sentido de este "deporte", Dylan abre el zoom y se pregunta por el sistema que ha creado a los Davey Moores, y que los mantienen: quién mató a Davey Moore? No fui yo, dicen el árbitro, el público, el manager, el apostador, el periodista de boxeo, el boxeador que lo tumbó. No fui yo.

Who killed Davey Moore
Who killed Davey Moore,
Why an' what's the reason for?


"Not I, " says the referee,
"Don't point your finger at me.
I could've stopped it in the eighth
An' maybe kept him from his fate,
But the crowd would've booed, I'm sure,
At not gettin' their money's worth.
It's too bad he had to go,
But there was a pressure on me too, you know.
It wasn't me that made him fall.
No, you can't blame me at all."

Who killed Davey Moore,
Why an' what's the reason for?

"Not us, " says the angry crowd,
Whose screams filled the arena loud.
"It's too bad he died that night
But we just like to see a fight.
We didn't mean for him t' meet his death,
We just meant to see some sweat,
There ain't nothing wrong in that.
It wasn't us that made him fall.
No, you can't blame us at all."

Who killed Davey Moore,
Why an' what's the reason for?

"Not me, " says his manager,
Puffing on a big cigar.
"It's hard to say, it's hard to tell,
I always thought that he was well.
It's too bad for his wife an' kids he's dead,
But if he was sick, he should've said.
It wasn't me that made him fall.
No, you can't blame me at all."

Who killed Davey Moore,
Why an' what's the reason for?

"Not me, " says the gambling man,
With his ticket stub still in his hand.
"It wasn't me that knocked him down,
My hands never touched him none.
I didn't commit no ugly sin,
Anyway, I put money on him to win.
It wasn't me that made him fall.
No, you can't blame me at all."

Who killed Davey Moore,
Why an' what's the reason for?

"Not me, " says the boxing writer,
Pounding print on his old typewriter,
Sayin', "Boxing ain't to blame,
There's just as much danger in a football game."
Sayin', "Fist fighting is here to stay,
It's just the old American way.
It wasn't me that made him fall.
No, you can't blame me at all."

Who killed Davey Moore,
Why an' what's the reason for?

"Not me, " says the man whose fists
Laid him low in a cloud of mist,
Who came here from Cuba's door
Where boxing ain't allowed no more.
"I hit him, yes, it's true,
But that's what I am paid to do.
Don't say 'murder, ' don't say 'kill.'
It was destiny, it was God's will."

Who killed Davey Moore,
Why an' what's the reason for?






26 febrero 2017

El aburrimiento se llama Patrick Bateman (Notas sobre "American Psycho" de Bret Easton Ellis)

Lo intenté en 2012: imposible. Sería un "modern classic", una novela que había adquirido el estatus de "libro de culto", pero ni con esas. Debió ser por el principio: la conversación de unos tipos abominables (los llamados "yuppies" de Wall Street), en la que te aburres soberanamente, simplemente no quieres pasar tiempo con esa gente. Así que lo dejé.

Pasaron cinco años y en 2016 "American Psycho" celebraba 25 años desde su publicación, con amantes y detractores. Y en 2017 yo me encuentro embarcada en el proyecto "ponga un psicópata a su mesa" (modo ironía-en realidad, intentar entender un poco más las mentes de este grupo), decido que debo leer todos los clásicos con psicópata incluido. Y ahora que "American Psycho" es incluso debatido en el club de lectura del Guardian por catedráticos y Guardian-Readers, me pongo manos a la obra. 

Citando al clásico, "no ha sido fácil; se lo diré de otra manera: ha sido difícil" llegar hasta aquí, a escribir este divague. He vuelto a estar a punto de abandonar varias veces, siempre por la misma razón. No por cabreo por el racismo, machismo, consumismo de su protagonista, Patric Bateman, sino por puro y duro aburrimiento. 

Bateman tiene 27 años y no necesitaría trabajar: es de buena familia, y ya violaba a las criadas con 14 años. Luego fue a Harvard y ahora "trabaja" en Wall Street, aunque realmente no sabemos bien lo que hace: sus rutinas de ocio, por las que nos lleva Ellis hasta la saciedad, son las que le definen. A él y a un grupo de amigos, colegas, chicas-florero con los que navega la Nueva York de los 80. 

Porque los 80 son también los protagonistas de esta novela. Alguien recuerda los teléfonos inalámbricos a los que había que sacarles una antena? O las rolodex? O el Walkman de Sony, donde metías una cinta TDK? O las "cadenas de alta fidelidad" Aiwa o similar? O las cintas de vídeo que había que ir a devolver al videoclub? ("Tengo que ir a devolver unas películas" es uno de los mantras del libro). Sí, un aura vintage recorre la narración y te lleva a la época en que si salías de casa y habías quedado mal, te tenías que volver, colgadísima: aquella era sin móviles (que añoro en muchos aspectos). Muchas veces has de reír, porque unos yuppies entren en competición por qué teléfono tiene más líneas para poner a otros en espera, o su "ultraslim" Walkman. 

Pero no solo por los anacronismos que describo: la novela supura humor negro, por increíble que parezca. Bateman, el psicópata mayor (estoy convencida que muchos de los otros brokers también tienen rasgos, va con la descripción del trabajo) tiene un montón de frases ingeniosas. Así que, o te ríes con él o él, de su superficialidad e inseguridad, siempre preocupado por su peinado,  sus "tratados" musicales (pop ochentero la banda sonora de la novela, junto con mi amada "Los Miserables", cuyo póster está en cada esquina y lateral de bus). Ellis dedica nada menos que un capítulo entero a Genesis, otro a Whitney Houston, y un tercero a Huey Lewis & The News (arghhh los de "Power of Love", no os lleva a los 14 años cuando estrenaron "Regreso al futuro"?). Bateman divagando sobre estos y de vez en cuando sobre "Like a Prayer" de Madonna... los 80 en vena. 

Por qué te has aburrido? pensará el divagante- no suena tan mal. Creo que simplemente he seguido los planes de Ellis, que buscaba que el lector de "Am Psych" sufriera en su propia carne lo que es compartir una cena con los tediosos yuppies (por no hablar del proceso de reserva, help!), encontrarse sentada en esa mesa, desesperada, comatosa, terminal. Pero, al final, es la misma técnica que usó Cohen en "Bella del Señor" o el recientemente divagado Bolaño en "2666" cuando nos describe hasta la saciedad 107 asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez: no sería lo mismo leer "107 mujeres fueron violadas, torturadas y asesinadas", que enfrentarse, uno por uno, espaciados por infructuosas investigaciones, los 107 asesinatos, encadenados, y casi todos terminando con la frase "no se llegó a ninguna conclusión y el caso se cerró" (?se nota que aún "2666" me persigue en sueños?). En resumen:  Ellis nos hace pasarnos incontables cenas con esa panda de majaderos para que descubramos, ad nauseaum, lo nauseabundos que son. 

Otro punto para hastiarse (y expresión inequívoca del consumo desaforado de los 80) son las innumerables descripciones de lo que la gente lleva puesto, con marcas que no había oído en mi vida, códigos, para mí indescifrables (parece que "Emporio" no es lo mismo que "Armani", chicos), sus aparatos de música y demás gagdets (y eso que entonces no había ni la cuarta parte de las posibilidades para la tontería que tenemos ahora). Por no hablar de lo cansinas que resultan las lecturas de lo que comen en aquellos restaurantes de postín donde es dificilísimo hacerse con una mesa: menús llenos de pavadas pretenciosas, aunque un punto al Ellis-visionario, porque la memez a la que se ha llegado con la comida tal vez no era predecible en los 80. 

Y hablando de predicciones, quién iba  aventurar que el ídolo de Bateman, cuyo libro "The art of the deal" recomienda y a cuyas fiestas intenta acudir iba a ser hoy el Presidente de los EE.UU.? Volviendo a "Regreso al futuro" es como cuando Marti le dice a Doc que el presidente es Reagan, y Doc incrédudo grita: "Quien, el actor?"). Pues sí, Donald Trump, omnipresente en la novela, es el ídolo de uno de los sicópatas más emblemáticos de la cultura popular de los último 30 años. Well done, The Donald. 

Cuando llevas ya lo que parecen un montón de páginas con esta panda, languideciendo como una florecita, comienza el sexo. Porque Bateman tiene una medio novia oficial, pero luego pasan por su habitación una procesión de pobres mujeres, en su mayoría pagadas. Una de las primeras escenas que recuerdo es un trío que se monta con dos chicas. Los detalles son extremadamente gráficos (en Nueva Zelanda la novela solo se puede vender con precinto) y claramente inspirados en porno hard-core . El esfuerzo que ha de hacer aquí el lector es  extenuante: tantos dedos, lenguas, agujeros en activo a la vez, que una casi tiene que hacerse un esquema, o concentrarse muy duro, porque no paran. Ellis no deja tregua.

Pero como buen sicópata, Bateman necesita progresar: ya ha desarrollado tolerancia a sórdidas escenas coreografiadas de humillación sexual y necesita algo más. Como por definición es incapaz de sentir ninguna empatía por el otro, o culpa por lo que ha hecho, asistimos a su carrera de asesino y torturador en serie, que a saber cuándo empezó, o si empezó-al final de la novela quedamos con la duda de si estas atrocidades-o parte de ellas-solo pasaron en la mente de Bateman. 

No me interesan los asesinatos (que dice Ellis se inspiró en casos reales, documentos del FBI, costándole mucho escribirlos, dada su bestialidad). Nota: otra coincidencia con "2666", las mujeres importan un pimiento: la única vez que aparece de lateral un detective es cuando se carga a un hombre. Lo admito: estos párrafos (y los de las marcas, o los menús) los he leído como Superman (con similares ojos láser con que se leía un libro en unos segundos). Lo que me ha llevado a continuar la novela es ver lo que pasa por la mente de este broker de pacotilla y a ese respecto creo que Bret Easton Ellis hace un buen trabajo. 

Primero nos ha puesto en mil situaciones en las que hemos comido con Bateman, le hemos visto  humillar a múltiples mendigos, le hemos visto tomar pastillas sin parar, hemos asistido a su fascinación diaria por unos de esos shows matutinos  televisivos, tremendistas y carroñeros.  Luego nos ha contado alguna tarde de agitación extrema, probablemente inducida por la cocaína, y el cóctel de Xanax, Valium y lo que le echen: y se nota que Ellis tuvo problemas con las sustancias, sabe de lo que habla. En algún otro momento, parece que Bateman se está volviendo psicótico, está perdiendo contacto con la realidad. Por último, asistimos a su "tren de pensamiento" cuando deja a su novia que le pide compromiso firme y, mientras él asiente, sin seguir realmente, Ellis nos lleva  la hiperactividad frenética que es su mente, ideas intrusivas desordenadas: valores bursátiles,  Yves Sant Laurent, cuerpos mutilados, Aspen. Fucked up.

En la contratapa alguien habla del libro como "una sátira sobre el terrible poder del dinero", y yo lo veo particularmente ilustrado con respecto a las mujeres (a las que Bateman se refiere como "hardbodies"), que son todas "modelos de tetas grandes", que gravitan alrededor de estos tíos por su pasta, y que soportan desplantes y humillaciones, entiendo que solo por las AmEx de los impresentables. Ellis salió del armario hace unos años y, aunque las feministas se le echaron encima en su día, el libro solo hace reflejar la realidad: el mundo, y en particular su segmento social, es machista y racista y homófobo. Ellis refleja-supongo que para agitar- una realidad que a cualquiera con dos dedos de frente le inspiraría a la independencia. Pero mucho me temo que, con respecto a hacer 25 años, en ese aspecto no hemos hecho otra cosa que retroceder. 

Avaricia, corrupción, machismo, racismo: hace 25 años. Y además, el ídolo del psicopata es hoy el presidente de los Estados Unidos. We are all fucked. 

26 septiembre 2010

Cuatro en tres metros cuadrados

Cuatro amigos en un coche alquilado. El Pedalista conduce. Suena la radio de fondo, y la locutora le pregunta a una invitada "cual es la canción que más le gusta o le ha marcado". La ponen.

Me vuelvo y les planteo a mis compas de viaje el siguiente juego: "Tenemos 30 segundos para contestar a esa misma pregunta. Ya!" Tic Toc Tic Toc.


Este es el Naúfrago Ro. Ro es un melómano popero ochentero, que vivió la movida vetustiana (si esta hubiera existido) desde su epicentro. Música extranjera "sólo de calidad", tipos The Smiths y tal. Ah, y vale: el juego era una canción, pero él abre la veda de extranjera y espanis, así que todos nos lanzamos a dos. Es que es terrible la decisión.


Esta es No, la más joven de todos con diferencia, rocker todavía de corasao, y en el pasado de las de canesú.


Quién iba a ser este: el Pedalista. No he hecho concurso sobre hipótesis porque lo gana Diva.


Y esta soy yo (help, no sé quitar este background!) ?Por qué me marcaron? La de Oldfield porque solo se vive el verano de los 12 años una vez, el verano en el que estás dejando para siempre la infancia y te empiezas a interesar por otra música, otros libros y a hacer otras preguntas. Si encima, tu verano de los 12 tiene "Moonlight shadow" como uno de los éxitos que todos tus amigos se pasan en las cacareadas TDK, estás de suerte.

La de Loquillo, ya lo divagué una vez aquí.
Si hay alguien ahí un domingo... cuén-tamé cual es tu canción / y si has conocido la felicidad!

06 enero 2010

Soy un camaleón o La Conexión Barricada-Brixton.


Como suena: esta foto la tomó la intrépida Di, reportera musical destacada de DD el pasado 26 de Noviembre. Quiero que apreciéis todas sus implicaciones: la principal, a la distancia que estaba de El Drogas (en segunda estoo...“fila”). Pero vayamos por partes.

Cuando el Pedalista se enteró de que Barricada venía a la “mítica” Sala Jamm de Brixton (lo de mítica será porque aquí han tocado el “London Calling” los mismísimos The Clash) y se hizo con las entradas, ambos recibimos todo tipo de abuso por parte de los así-llamados amigos y familiares. “Van a tocar sus hologramas, no ellos” fue lo más amable que los Pedalistas soportaron estoicos.

Las semanas-qué digo semanas-meses antes del concierto supusieron un arduo repaso de los grande éxitos y estudio de los nuevos. Recurrentes flashbacks de las cintas que me grababa el Pedalista hace años (¿alguien ha leído “Alta Fidelidad” de Nick Hornby?) mientras buscaba la siguiente en el ipod (con un par de clicks solventó esta vez el tema, ah! Qué fácil debe ser ligar hoy en día!). Al llegar al trabajo por las mañanas me costaba bajar de ese “estado Rock & Roll” (¿qué hay de malo en ir cantando “Blanco y negro” en pleno Camberwell? Aquí todo el mundo va con cascos o están acostumbrados a los psicóticos hablando solos por la calle, así que no llamas la atención), y de hecho, un par de compañeros acabaron conociendo-dada mi euforia matinal- al Drogas y sus secuaces, a los que calificaron de “metal”. Insistí, salté, reivindiqué, pero nada logró que Corey o Paula se movieran de su posición: era metal.

Y no fue el de las cintas TDK el único flashback: de hecho, todo lo relacionado con el concierto, y el concierto mismo, fue en el fondo una vuelta a la adolescencia. Claro que la adolescencia realmente no se limita a unos años específicos: es más bien de un ciclo vital que en la península se suele extender más allá de los “teens”. En el Reino Unido, a los 18 te coges la puerta y adiós. Sin mal rollo, es cultural. Así como por ahí abajo mucha gente busca una carrera que esté en su ciudad para ahorrar costes, en UK se busca precisamente otra ciudad, porque ir a la uni tiene mucho que ver con aprender no sólo datos, sino lo que es la “vida adulta” ("la vida adulta era esto?, me pregunto muchas veces). Algunos hablan del “complejo de Peter Pan”, que supongo no hace falta que os describa. Cada vez hay más gente que lo padece o disfruta (para gustos…), y es que algunos tienen miedo a envejecer. O a crecer, que da más miedo. Y no entro en este tema porque acabo de ver hoy una peli titulada “Up” que os contaré otro día, y que precisamente tiene como héroe a un viejo, con lo poco de moda que está eso. Mientras escribo la crónica, si no la habéis visto, haceros con ella: es maravillosa.

Me pregunto porqué este blog se llama Divagandoalcuadrado, Divagandoqueesgerundio. Barricada, Brixton, centrémonos. Intentaba describiros la foto. Primero, el atuendo: el Pedalista rescata una de sus viejas camisetas de “Insumisión”, truco fácil para que me sienta botando con el chico aquel tan guay que había conocido en Vetusta sub Y. Segundo, la fila para entrar: en UK se hace fila para todo, y yo, a estas edades ya paso. O sea, que no espero helada en la calle para entrar en ningún bar modelno: nos vamos a un pub de viejos, que lo que cuenta es los amigos con los que estás (o sea, los viejos). Pero como está mandado que hacemos fila, observando con estupor como somos de los más longevos de la misma. Eso sí, con nuestra camiseta de Insumisión. Tercero: localización. Apostados en la segunda fila antes de empezar, conocemos a todo tipo de fauna y flora: gente que ha venido desde Sevilla sólo para el concierto (tuvieron que poner hasta la señal para el baño en castellano), un inglés (este sí, de nuestra quinta) que tiene una banda punky y que había conocido a su novia en un concierto de “La Polla Records”, otro que dice que “le encantan estos momentos antes del concierto”. Todos ellos parecen razonables e incluso inofensivos en ese punto. Pero resultaron muy nocivos.

Primer acorde de “Sean bienvenidos”, y estos amables colegas se transforman en una masa enfebrecida. Comienzan a saltar, haciendo uso de todas sus extremidades, como poseídos. Me giro, y el Pedalista es uno de ellos. ¡No me sueltes! De verdad que no soy ninguna finolis, y que me gusta saltar >(“pogo”, se llama este baile), pero lo de estos energúmenos era lucha libre. En un punto, le di con todas mis fuerzas (patadas, tortas, codazos) a uno que me había aplastado, y el tipo ni se enteró. A la tercera canción tuve que tirarme encima del Pedalista, para sacar de su cuerpo lo que tenía dentro (un gremlin gigante?): “Vamos para atrássssss”, debí gritar. Derrota absoluta, estaréis pensando, pero no pisásteis como yo cadáveres en nuestra retirada. Resumiendo: “Salida de caballo andaluz, llegada de burro manchego”.

Pero qué… en el fondo la vida se veía de otro color. Ehem, la foto de los perdedores:

Se bailaba, se podía sujetar un kalimotxo sin mucha dificultad (esta vuelta a los teens no fue mía), y se podía una enrollar con su novio cuando sonaba aquello de “como animal caliente/su lengua violenta mi boca”, todo como en los viejos tiempos. Sonó “Barrio Conflictivo”, “Lentejuelas”, “No hay tregua”, en fín, todas. Fuimos camaleones una noche más, como hace años cuando éramos modélicos trabajadores de rancias instituciones de día y presidiarios de noche, encorbatados impolutos en invierno y mochileros tirados en verano. Esta vez, ejemplares padres de familia a las 6 pm, adolescentes disfuncionales cuatro horas más tarde, gritando “Esta es una noche de Rock & Roll”.


17 febrero 2016

Sin tu latido

Sin ninguna razón en particular, aquí va "Sin tu latido", una canción de Aute que me encanta. Siembre la asocio a México, donde en los bares por la noche la cantaban en directo. Ya la colgué hace mil anios en el divlog, a propósito de la aventura en la Posada Condesa, cuando aún funcionaba goear. 

Ningún enlace de entonces funciona ya. Pero hoy el Peda ha puesto una... CINTA!!!!!... de esas TDK que se trajo en su maleta de emigrante, y ha sonado Aute. Solo me falta estar en una terraza de Guanajuato tapados con mantas...



Hay algunos que dicen
que todos los caminos conducen a roma
y es verdad porque el mío
me lleva cada noche al hueco que te nombra
y le hablo y le suelto
una sonrisa, una blasfemia y dos derrotas;
luego apago tus ojos
y duermo con tu nombre besando mi boca.
 

Ay, amor mío,
qué terriblemente absurdo
es estar vivo
sin el alma de tu cuerpo,
sin tu latido.


Que el final de esta historia,
enésima autobiografía de un fracaso,
no te sirva de ejemplo,
hay quien afirma que el amor es un milagro
que no hay mal que no cure
pero tampoco bien que le dure cien años;
eso casi lo salva,
lo malo son las noches que mojan mi mano.
 

Aunque todo ya es nada,
no sé por qué te escondes y huyes de mi encuentro.
por saber de tu vida
no creo que vulnere ningún mandamiento;
tan terrible es el odio
que ni te atreves a mostrarme tu desprecio,
pero no me hagas caso,
lo que me pasa es que este mundo no lo entiendo.



10 febrero 2015

"Groenlandia" de los Zombies: Canción fetiche

Desde que emigré a la isla, hace ya un rato, solo algún amigo y Fashion tienen a bien ponerme al tanto de la música (también lo intenta Mini pero intento resistirme: hablamos de One Direction). Pero, créanme,  yo fui un día la proveedora de música de Fashion, su fuente de saber. 

La Di adolescente tenía una "minicadena" donde grababa canciones de la radio y demás. Lo bueno de la minicadena es que se podía hablar por encima y no se grababa: antes tuve un SANYO al que hábía que poner al lado del transistor y eran como psicofonías con toses, timbres, la tele de fondo. Así que Fashion, nueve anios menor, fue expuesta desde su tierna infancia, a los excesos teen de la que firma. 

Hace unas semanas me llama: "Di, he visto un programa en la tele... iba de grupos que solo habían tenido un éxito en los 80 y me las sabía todas!!!" (Fashion nació en 1980). Todas estaban en mis cintas TDK: di o no una gran educación a mi pequenia hermana?

Me meto en gúgel y el programa se llama algo así como "Trocitos de hierro y cromo" y es impagable. Me lo trago entero, esta vez con Mini. De la locura vital de aquello anios me quedo con esta canción, y en particular con el video que no había visto... 





Yo, divagantes,  tengo muchas preguntas: primero me pregunto si los Zombies lo hacían en serio (lo del baile, los planos voladores, la camisa azul y lila, los shorts de la chica) o era todo irónico? A ver, yo sobreviví los 80, y ahora que lo pienso teníá no un mono-short!! Tampoco me pondré estupenda, porque de ropa me lo creo todo, pero en serio que no recuerdo la época como para saber si el baile y las caras solemnes eran ya conia o que en aquel momento se iba en serio. Si alguien tiene la respuesta, la necesito. 

Mientras tanto...

Y yo te buscaré en Groenlandia, 
en Perú, en el Tibet
en Japón, en la isla de Pascua...
Y yo te buscaré en las selvas 
de Borneo, en los cráteres
de Marte, en los anillos de Saturno..

05 marzo 2026

De cómo "Aitormena", himno del rock radikal vasco, volvió a nuestras vidas de Gen X



Normalmente, cuando pongo una canción, termina el divague. Hoy la pongo al principio porque me gustaría venderos un "divague-experiencia", que lo leáis con la canción de fondo. Apretad el triángulo, no tiene video. Es de Hertzainak, banda de Rock Radikal Vasco de los 80 -aunque esta versión esté en las antípodas de ese género musical  

“Aitormena" (“Confesión”) fue publicada en el disco "Amets prefabrikatuak", en 1990 y se convirtió en un himno de la música en euskera. Yo tengo una historia con esta canción: muchísimas veces hemos hablado en este blog de las cintas TDK que nos grabábamos los adolescentes de los 80 (hoy se nos llama "Gen X") entre nosotros, con amigos y novietes. Pues esta canción estaba en una de esas cintas. La letra va de dejar de ser esclavos de la rutina, de huir de ese lugar en el que te has convertido en el resto. Pero da igual no entenderla, la música lleva toda la emoción ella sola. 

Y esa emoción me cayó toda de golpe el otro día al ver "Los domingos" de Alauda Ruiz de Azúa. Al final de la película, durante la resolución con una escena que va encajando la acción en dos planos, comienza a sonar "Aitormena" y ahí me vine abajo. Intento explicarme. 

Como en el comienzo de Anna Karenina ["todas las familias felices se parecen y cada familia infeliz lo es a su manera"], "Los domingos" habla en realidad de una familia en crisis (¿cuál no lo está? ¿Hay familias funcionales?) y el drama de la adolescente que quiere irse monja es la punta del iceberg —metáfora manida donde las haya, pero lo veo así. Lo que hay por debajo, que es la parte de hielo más grande y con la que se chocan los barcos, es lo más interesante para mí de la narrativa. 

No entraré en ello, porque como digo, es la parte mayor; solo haré un comentario sobre la montania de hielo que vemos sobre el mar -el tema de irse monja-, porque lo que me ha parecido curioso ha sido las diferentes interpretaciones: algunos pensaron que era reaccionaria, la directora dijo en una entrevista en Carne Cruda que ella, aunque no creyente, no había querido tomar parte, sino simplemente exponer los hechos de una manera neutral (ay, si esto existiera), y luego estamos el Peda y yo, a los que nos pareció claro activismo, mostrándonos la vulnerabilidad de una adolescente a la que sobrevuelan unos buitres que ahí se llaman la Madre tal o el Padre cual, esperando a que caiga porque "si Jesús llama" y otras zarandajas por el estilo. 

Conste que tenemos nuestras credenciales para opinar: el Peda estuvo en un retiro de esos en los que no se podía hablar en todo el fin de semana, y yo -como todas las chicas de la generación X educadas en colegios de monjas- al ver la peli podía oler el comedor, la sala de espera de las monjas, sentir su voz untuosa hablando de Cristo como un amante (vamos, flashbacks en toda regla). En fin, que sabemos demasiado como para siquiera plantearnos lo de "es su decisión". Yo soy la tía de la prota, perdiendo los papeles, gritándole que Dios no existe, sintiendo la impotencia del fanatismo. 

Me quedo con la mejor frase de peli que ocurre en una misa progre -o por lo menos no de clausura-, con la que aún me estoy riendo: "Porque los inspectores de hacienda hagan bien su trabajo, roguemos al Señor, te rogamos, óyenos". 

Y por supuesto me quedo con "Aitormena"...

Maitia lehen baino lehen aska gaitezan
Mi amor, seamos libres cuanto antes

"Monk by the Sea"
Caspar David Friedrich


06 octubre 2010

Amistad chico-chica: leyenda urbana?

En Vetustilla de la Torre, pueblecito-todo-menos-idílico donde empecé a interesarme por los "tipos humanos", observé un fenómeno digno de estudio cuasi-antropológico casi sin quererlo, que abarcó mi infancia, adolescencia y primera juventud. La niña Di tenía allí un grupo de amigas con las que iba en bici, cogía moras, buscaba renacuajos. Hasta ahí, todo como en el colegio de Vetusta, unisex hasta el COU.



De repente, el grupo de chicos que jugaba a fútbol, iba en bici y disparaba a botellas  se empezó a poner interesante (por favor, entrecomillen interesante). Empezamos a hablar con ellos y, cuando alguien nos dejó una casa vieja para las siguientes fiestas, hicimos la "peña" juntos. A Fulanito le gustaba Menganita, a Zutanita, Perikito. La "peña" era un potencial antro de perversión pues contaba con un montón de sofás destartalados en círculo en una habitación, pero nunca pasaba nada. O lo que pasaba, pasaba sobre la hierba, o incluso en un carro de alfalfa, pero esa es otra historia. La adolescente Di no estaba envuelta en estos experimentos, recordemos su pasado oscuro. En lo que estaba era en mantener conversaciones y risas con el grupo de los que no se habían "enrollado". En las noches eternas de Vetustilla, los sin-rollo encontraban momentos de "Blowing in the wind" y "Al alba" (pese al danio que hizo "Baja Dios de las nubes", Di también le daba al filón Grandes Éxitos-una pena que aún no conocía al Innombrable), irnos a mirar las estrellas (los del rollo estaban también por ahí,  mirando otras estrellas), partidas de Trivial y demás. Todo hasta las mil: eran veranos de vivir a lo vampiro, y aún quedaba un grupo mixto de criaturas de la noche.



Pero, casi sin darnos cuenta,  llegó la época en la que Fulanito empezó a salir con Menganita, y Zutanita, que nunca acabó con Perikito, trajo a su novio de un pueblo vecino. La gente se emparejó, algunos traían la novia de la propia Vetusta, y poco a poco ocurrió la escisión: regresamos a la infancia. Así que las chicas se sentaban a jugar a las cartas por un lado (nunca he podido con las cartas, fui una inadaptada) y ellos por otro, ellas se iban a pasear por la carretera hablando de sus cosas (me aburren solo "sus cosas", fui una inadaptada) y ellos a pescar al pantano... y suma y sigue. E insisto en enfatizar la tercera del plural porque, aunque me costó un poco reaccionar, empecé a correr y aún sigo en sprint en la dirección opuesta a Vetustilla.



Esa separación de chicos y chicas la he visto luego repetida en otros ambientes y no la entiendo, no me gusta. Hay personas con las que te llevas mejor por personalidad, afinidades, manera de ver el mundo, y esta persona puede ser chico o chica. Pero hay gente que lo ve distinto, sobre todo si estás en pareja.

Un estudio reciente de alguna uni de por aquí ha dictaminado que, cuando uno se enamora, pierde una media de dos amigos. Está claro que, al principio, en esa encantadora fase nadando en endorfinas del vivo-sin-vivir-en-mí a todos nos trae al pairo el amigo de turno. A ver, sigues en contacto, pero lo que realmente quieres es 1. estar mirando a los ojos al productor de tus endorfinas, o 2. quedar con tu amig@ para hablar del productor de tus endorfinas.

Cuando superas esta fase, y recuerdas que tal vez deberías seguir comiendo, andando (versus flotando) y haciendo algo con los folios que tienes delante aparte de mirar a través de ellos a una inmensidad azul donde nadáis juntos, con delfines, se plantea un problema. El generador de endorfinas ha de conocer a tus amigos.

Si esto funciona, está genial. Pero puede no funcionar por diversas causas, por ejemplo que tu amig@ del mismo género le odie furiosamente (e.g. amiga odia novio, amigo odia novia) o que quiera mantener su relación contigo como es, sin querer introducir a otr@. O puede ser que tu amig@ sea del otro género (si eres hetero, del mismo si eres homo): aquí se abre una caja de Pandora para alguna gente.

Hagamos un diavague interactivo. D&D presenta su primer test, atrévanse, queridos divagantes!

Pueden un hombre y una mujer ser buenos amigos? (o el equivalente en gays y lesbianas).
a. Ni hablar, si la amiga está buena, el tipo está pensando en lo único, aunque no pase a la acción.
b. Sí, si no hay atracción sexual (o sea, si son más feos que Picio)
c. Sí, y la tensión sexual ayuda a mantener un tipo de amistad descrita por Zeldin como la "amitié amoureuse"
d. Sí y aunque te tires a tu amigo, no significa nada. El sexo es como ir a tomarse un café.

Dónde están los límites de esa amistad?
a. Si el marido/mujer conoce al amigo/a, entonces no hay límites
b. Tres son multitud.
c. Irse a cenar semanalmente con tu amig@ es un poco intenso.
d. Al marido le pone el amigo.

Qué actividades no aceptará tu pareja que realices con tu amig@ del otro género y sí del mismo?
a. Compartir habitación de hotel (la que se montó con William Hague, Ministro de Asuntos Exteriores, porque compartió habitación en un hotel durante trabajo con un asistente, que tuvo que dimitir)
b. Irse juntos al cine.
c. Irse juntos a mirar las estrellas.
e. Irse juntos de paseo en bici.
f. Largos debates sobre Karl Popper.
g. Guardar las TDK que le grabó el otro en la uni como oro en panio.
h. Irse juntos de karaoke y cantarse el "more than this" mirándose a los ojos.

Podría seguir enlazando pero al final todo se reduce a una Verdad Máxima: el amigo del otro género no es una leyenda urbana si se tiene confianza en la relación con tu pareja.

Y confianza no quiere decir SABER que no van a tener un escarceo, sino saber que ni un escarceo, ni la mayor amistad pueden, en ese momento, mover la relación.