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18 julio 2015

Epidaurus y el Santuario de Asclepio, dios de la medicina (P2)

Hace ya más de una semana que dejé Grecia, en concreto el sur del Peloponeso y, ante mí, la inmensa tarea de intentar reflejar en estos divagues los momentos allí vividos.

Por qué Peloponeso? Ya he contado alguna vez que esta ha sido mi tercera visita a Grecia: la primera en 2008 a las Cíclades y Atenas, y la segunda en 2011 a Creta. Soy reincidente, por qué? Alguna gente dice que lo que está pasando en Grecia nos está afectando tanto porque no es solo un país, sino un símbolo. Grecia es nuestra civilización: casi nada se puede entender sin ella. Pero paseando por ella, una no se sorprende de que tal civilización naciera precisamente allí: la belleza natural es bestial y salvaje. En ciertas partes una tiene la impresión de estar en terreno inexplorado. 

El Peloponeso, la península al sur del país (técnicamente una isla desde el canal de Corinto) tiene, según la guía "lo mejor de todo lo griego" y es tal vez el secreto mejor guardado. Porque son las islas donde se concentra el turismo, y esta zona, bastante remota, tiene comparativamente poca gente de vacaciones. Eso es para mí uno de sus puntos fuertes, y particularmente que la mayoría de los turistas eran griegos, y extranjeros en su mayoría franceses. Casi no hemos encontrado británicos (raro, porque están everywhere!), y solo dos espanioles.

Peloponeso tiene restos arqueológicos de esos que estudiamos en latín en 2BUP: Micenas, Esparta, Corinto, Olimpia. Resto medivales (mis favoritos) como Nafplio, Méthoni y bizantinos como Mystra y Monemvasia. Pero lo que lo hace mágico es los enclaves naturales donde se encuentran: no me cansaré de hablar del color del mar en Grecia; tiene algo que no se encuentra en ningun otro sitio. La imagen es de la maniana tras la noche de la boda comunista griega, el el Hotel Cokkinis. Bajabas unas escaleras y allí estaba el mismo mar, esperándonos. 

Aquel primer día hicimos todo el turismo "restos arqueológicos de la antigua Grecia" de todo el viaje. Sé que los amantes se nos echaran encima, pero con el calor de Julio es simplemente inhumano. Pero aquel día, ya pasado el canal de Corinto y de camino a Nafplio, donde dormimos, paramos en Epidaurus, el teatro de la antigua Grecia, construíddo sbre el 330-320 AC. Está en un enclave natural entre colinas y fue descubierto en el SXIX... me imaginaba la emoción de ser arqueóloga y, de repente, encontrar una piedra, luego otra... así hasta quitar la maleza de los siglos para encontrar un teatro de, nada menos, 14.000 plazas distribuidas en 54 filas. Dicen que tiene acústica perfecta, y que se puede oír la caída de una moneda en el escenario desde arriba. No es, eso si, para los que tiene vértigo.



Tambien está en el mismo sitio el Templo de Asclepio (en griego Ἀσκληπιός, Esculapio para los romanos), dios de la medicina. Su mujer, Epíone, calmaba el dolor, su hija Higea era el símbolo de la prevención, su hija Panacea, del tratamiento, su hijo Telesforo, de la convalecencia y sus hijos Macaón y Podalirio eran dioses protectores de los cirujanos y los médicos. El dios curativo tomaba la forma de serpiente enrollada en una vara. El santuario fue le mayor centro terapeúticos de la anitguedad, y se creía que Hipócrates era descendiente del dios Asclepio. De ahi que el juramento hipocrático comience:

"Juro por Apolo, médico, por Esculapio, por Higea y Panacea y por todos los dioses y diosas"

Por la noche llegamos a Nafplio. De eso, más maniana...

17 julio 2015

Londinium-Athenis (Peloponeso 1): "My big fat greek wedding"

Parece ser que hay "una tormenta sobre Europa", una tormenta de rayos, truenos y centellas -aparte de la metafórica, que es la que el lector está pensando- así que el avión que nos llevará de Londinium a Atenas no puede volar hasta que claree. Total que salimos con más de hora y media de retraso. 

A ello hay que sumarle no solo que era un vuelo de vespertino, que en Grecia llevan dos horas menos que en el centro dle mundo (Greenwich), sino lo del alquiler de coches, famosa multinacional. El caso es que al llegar a la que pensábamos era la "oficina" lo que hay es un sufrido trabajador con una furgoneta para llevar a los clientes prresuntamente a la oficina. Nos lleva lo que parece una eternidad, digamos 10 minutos, por unos andurriales de aquellos de afueras de ciudad: alguna pequneia nave, una caseta de techo de uralita... solo falta una gallina cruzándose por el camino de tierra. Pero de repente, allí está, la marca brillante y el coche flamante. Aclarar que esta vez mi compa de viaje se ha estirado y ya no estamos en la gama "chincue", sino que hemos ascendido: un peugueot 308 que solo tiene 15 kms, y que tiene un sistema de sonido, aircon, etc que... aún estoy a bolos.Podré escribir el blog en él?

Así que salimos de Atenas a las mil, y a las mil y una llegamos a nuesro hotel, a 68 kms de la capital hacia el Peloponeso, destino vacacional pedalístico 2015.

Mini fantasea con que el hotel sea otro inefable "todo incluído" , de esos que hicieorn sus delicias en Lanzarote. Le vamos acalrando que no, que se vaya olvidando del tema barra libre de fritanga y búhos sueltos cuando, oh, qué es esa música? -mientras descargamos. Una boda griega!!! Y es tan tarde que están ya todos medio bolinga bailando sirtaki (imagenes). Especial fascnación por el hombre a la izquierda de blanco de la primera foto... ese hombre de mediana edad que existe en toda cultura mediterránea, por loq ue parece. Quién no lo ha sufrido en alguna boda, fiestas de pueblo, sanfremines? Es un prototipo a proteger?

Estamos hablando de casi la 1 am, hora local. Los Pedalistas mueren de hambre, pero hey, esto es Grecia, iba a estar aquí "cerrada a cocina", como en anglosaxlandia? (encontrareis muchas comparaciones tipo esta en esta serie de divagues, sospecho... la Tomato Europe vs. la Potatoe Europe) . Seguro que la Mamma griega del hotel se pone el delantal y... a rebozar calabacines para los espanioulus. 

La cantidad de cena, desquiciante... el Peda pide cerveza y la música sigue sonando. Cuando he terminado y estoy muriendo mientras juro nunca volver a comer, Mini insiste que la acompanie cerca de la pista de baile.  En ese punto ya ha cesado la música tradicional y tenemo pop y demás. De repente: qué es esto? 

Es castellano? 

Pero, un momento, es ska?

Pero... es Skape??? EL VALS DEL OBRERO???????

Un espíritu me posee:  lo que estáis imaginando, "me colé en una boda griega", bailando ska en medio de los griegos que alucinaban de que me supiera la letra. Luego vino la "Mala vida" de Manu Chao, "Avanti Popolo, Bandera Rossa"... son ahora así todas las bodas griegas? Alguien se anima a una boda reivindicativa en el Peloponeso? Yo pongo (con pogo)  la animación!

 



22 julio 2015

Monemvasiá. Playa con olas o piscina natural? (P6)

"La Roca" desde tierra fime
Monemvasiá - también conocida localmente como "La Roca"- fue el mayor puerto y centro comercial del Peloponeso medieval, y la secular contraparte de Mystra en esto del poderío. Su nombre viene de "Moni Emvasis" (entrada única), porque se trata de una pequeña península que está unida a la tierra por un itsmo estrecho de un kilómetro- que hoy se usa para aparcar en hilera todos los coches, que no pueden entrar en la ciudad amurallada. Afortunadamente. Semejante localización estratégica y el hecho de estar totalmente fortificada hacía que fuera el último punto del Peoloponeso en caer bajo los invasores: solo acababan rindiéndose cuando era sitiada.

Fue fundada en el SVI por los bizantinos. Tuvo una época dorada en el SXIII  y cuando otras zonas cayeron ante los turcos en 1460, Monemvasiá resistió para caer casi 100 anios después. Esta ocupación la llevó la decadencia, para resugir en la época de control veneciano del Peloponeso ((1690-1715). Co la apertura del Canal de Corinto, las rutas del mar cambiaron y Monemvasiá pasó a ser un pueblito, y la mayor parte de los edificios cayeron en ruinas (muchos de ellos están aún así). Para la Segunda Guerra Mundial, solo quedaban ocho familias... hoy aún hay menos viviendo permanentemente. 

Desde Yéfira (el pueblo de tierra firme) no se ve nada más que "La roca", como en la foto. la ciudad da toda al mar, así que mientras caminas por el itsmo ni se te ocurre lo que vas a encontrar. De repente, ves una entrada como de castillo, pasas un túnel en "Z" (estratégico, claro) y te metes en una especie de "callejuela con encanto". Tiendecitas de recuerdos, chillouts pijos, heladerías perfectamente enmarcadas... en ese momento piensas que podrías estar de nuevo en Disneyland, donde se montan tanto su calle del oeste como el pueblo franés de la Bella. Sin embargo, una vez terminada esa calle, llegas a una plaza y... venga, piérdete si te atreves: porque lo que tienes ante ti es un verdadero laberinto de calles, casas en ruinas tomadas por la maleza, casas perfectamente restauradas transformadas en pequeños hotelitos monísimos que por estar en "La roca" valen un ojo de la cara, callejones, gatos, maceteros con geranios, empedrados, flores salvajes, iglesias bizantinas, hormigoneras, pomos preciosos, escalones que suben que bajan todo todo el rato... Elevas la mirada hacia la "parte alta" (que tristemente está ahora cerrada por restauración) y de fondo, la pared vertical de "la roca". Miras para abajo y ese mar que lo tiñe todo, en el que hasta hay un velero-de atrezzo, tiene que ser.

Monemvasia recuerda mucho a otras ciudades amuralladas del mediterráneo: Split, Dubrovnik... sin embargo, pese a que el turismo ha llegado a la calle principal, ni de lejos ha tocado aún el resto. Y es mágico separarse de los chillouts con estilo y empezar a incubar las agujetas del día siguiente (ahora que nos empezábamos a recobrar de las de las 998 escaleras de Nafplio), trepando por esa calle que gira bajo un arco, tentivamente poniendo el pie en los adoquines brillantísimos que llevan hacia lo que parece... el mar?

Total que menudo lío llevo, porque el día lo he empezado a escribir del revés: es al atardecer cuando fuimos a "La Roca" (me recuerda a Alcatraz, ha ha) y seguimos la exploración que habíamos empezado ayer. Durante el día teníamos ganas de playa y comenzamos a conducir en busca de una. Aquel baño fue "el de las olas". El Peda -que solo considera una playa de sus estándares si tiene olas tipo Donosti; iba a decir Califormia, pero esas eran palabras mayores- y Mini se bañaron como locos mientras que yo hacía mi papel de niña con trauma de infancia (nnuca he contado que a eso de los 12 años tuve un incidente con inmenso oleaje y tuvo que rescatarme la Cruz Roja?) diciéndoles que salieran de una vez (acepto se me visualice, por aquello del estereotipo, como esa señora gorda con bata en playa, rulos y brazos en jarra). Mientras pasaban de mí, llegó La Olaka Definitiva que les dio un revolcón y en la que Mini perdió MIS magníficas gafas de bucear (bua), a saber en qué punto del Mare Nostrum  (di) vagan ahora...

En el itsmo entrando a "La Roca" hay una piscina natural, de esas que les ponen incluso escaleras y te puedes meter y ser Jacques Cousteau porque cubre bastante y allí están todos los peces haciendo "Debajo del mar". Y sin olas. Este fue nuestro verdadero baño del día, seguido de un picoteo en una terraza donde el mar estaba de este Azul Nostrum del que no me canso de hablar...

Monemvasiá, no crezcas nunca...








08 noviembre 2019

"Mani: Viajes por el sur del Peloponeso", de Patrick Leigh Fermor: No eres tú, soy yo.


Cuando pasas una temporada horrible, pero además no puedes leer, tocas fondo. Un libro suele ser la cala en la que refugiarse en esos ratos malos, pero qué pasa cuando no encuentras puerto donde evitar la marejada?  En mi caso, este pasado odioso mes de Octubre me pilló empezando un libro que en principio iba a ser la evasión que una necesita cuando empieza el otoño. El libro en cuestión me iba a devolver a uno de mis "lugares del mundo", y ya me veía tirándome de cabeza al agua de sus playas desiertas, trepando montanas para ver la costa como desde googlemaps y visitando monasterios donde comprar miel a dudosas monjas-o monjes, de ahí la duda. 

Sin embargo, en lugar de esto, lo que he hecho este mes ha sido pasar una cantidad ridícula de tiempo con el libro entre mis manos, mirando al infinito, en la parte de arriba del autobús (me recuerda a mi embarazo, en el que dejé tres libros seguidos; imagen: yo, en la parte de arriba de un bus 169, en pleno Brixton, mirando fijamente al no-horizonte). Otras veces he pasado pequeñas eternidades con los ojos absortos en una página, siempre la misma, y cuando me daba cuenta de que estaba en ese extraño estado mental, semi-disociativo, me tenía que hacer releer el párrafo anterior, y el anterior, y el otro, para descubrir que seguía sin saber de qué me habían hablado en toda la página. Y lo que es peor: no importándome una porra.

Yo no tengo ningún problema en abandonar libros: he dejado bastantes en mi vida, y no me siento mal. Los más fáciles en este aspecto son los que no me gustan, o los que creo malos. No considero que "un libro ha podido conmigo", simplemente no era para mí. Leer es dialogar de alguna manera, y si no ocurre, pues bueno, yo me lo pierdo. Ya sé que Borges escribe bien, y he leído un par de libros de relatos, pero no dialogo con él. Con los libros es un "No eres tú, soy yo". Sin acritud. Sin embargo, tengo más problemas si sé que un libro es bueno, si disfruto de partes de él, si sé que en teoría es "un libro para mí", pero que de alguna manera mi cuerpo (qué es la mente, sino cuerpo) me aleja de él: pasa a ser una imposibilidad física. La vida se cuela por entre los márgenes, y las personas del día-a-día, tornados personajes, son los que dominan. 

Pero... si es Mani! Si es uno de los viajes de mi vida! Qué me está pasando? Así un mes.


Patrick Leigh Fermor era un inglés de los de principio de siglo (nacido en 1915) que se dedicó, entre otras cosas, a viajar y a escribir crónicas de sus periplos, el maldito. Exactamente la vida que yo querría, por si no ha quedado claro. Y mejor no entro en la casa que tenía en Kardamyli, pueblo de ensueño donde yo me conformaría con un chamizo. Parece que hoy en día se puede alquilar su casa para escribir tu novela, mientras disfrutas de la playa privada y tal. Igual es el empujón que necesita Serial, lo veo: tal vez montar un crowdfunding, divagantes? 

Pero centrémonos, que divago: el libro con el que he jugado al gato y al ratón un mes es "Mani. Viajes por el sur del Peloponeso" de Leigh Fermor, claro. El me encontró a mí en el velero de F., en una edición en castellano-a la derecha- mucho más bonita que la que compré nada más volver a la isla, que por ello no cuelgo-con un ojo mal dibujado del "mal de ojo griego" ahí, a toda página. Además, el autor había sido muy recomendado por las popes Elena Rius y Mo, así que el libro tenía todos los números para ser ese compañero con el que quieres pasar unos ratos cada día. Pero no fue así, y la culpa es mía, o de mi momento vital, sin duda. 

El libro -que no es una novela, sino más bien un blog erudito de viajes- comienza muy bien. Está el autor en un punto del sur de Esparta, y se dirige hacia la península de Mani, el "dedo" central de los tres del Peloponeso. Para ello, ha de cruzar el Taygetus, unos montes muy complicados, y en aquella época (el libro fue publicado en 1958) la única manera de hacerlo es a lomos de burros. Esta anécdota es suficiente para atrapar la imaginación de una aspirante a escritora de viajes (en realidad,  alguien que inconscientemente cuelga en la red sus enloquecidos diarios). Aquella época en la que solo viajaban cuatro privilegiados-que debían encontrar fácilmente lo que hoy todos ansían, "lo auténtico"-, la tenemos todos mitificada. En estos días de Ryanair, calles que tal vez sean un decorado y "cene/duerma/baile un sirtaki con una familia local".

Una vez en Mani, Leigh Fermor comienza por el noroeste, en la maravillosa Kardamyli (donde se rodó la tercera de la saga de "Before" de Linklater) y baja hasta Aeropolis y su espectacular puerto, Limeni. Estos lugares están a fuego en mi memoria y es imposible no emocionarse pero... un momento, por qué me exalto, aparte de porque he estado, son estupendos y en ellos fui feliz? Es por lo que me cuenta el autor?

Leigh Fermor viaja en un pequeño grupo: un amigo también escritor, su mujer Joan, y a ratos con diversos locales que les dirigen las mulas, pongamos, pero casi no habla nada de sus compañeros. No hay anécdotas personales, aparte de algunas conversaciones con gente del lugar, siempre, para mi gusto escasas. Para quien quiera saber historia, mitos, geografía, loquesea de Mani, este libro es una pequeña enciclopedia para obtener datos e información. Pero no sé si esto es lo que yo busco en un libro de viajes. Yo hubiera querido más de lo siguiente.

Porque algunas de las historias son  maravillosas, y eso es lo que me ha mantenido leyendo. Mani es la península que logró resistirse a los turcos por su orografía agreste, la valentía de los maniotas, y las torres. Cuando una viaja por Mani, solo ve monte bajo, y de repente, tres o cuatro casitas de piedra, con su torre, construida en su día para defensa. Nosotros nos quedamos en distintos lugares, entre ellos lo que decían era un castillo, pero estos viajeros de otra época se quedaban en casas con torre, con griegos. Hay una escena en la que están cenando y los griegos dicen, "oh, hace demasiado calor aquí, subamos a cenar a lo alto de la torre". Y todos cogen lo sea, de alguna manera se producen una mesa, sillas y mantel en el equivalente al terrado, y allí acaban cenando todos, bajo las estrellas. Leigh Fermor lo describe perfectamente y, quedo en shock porque no pronuncia una sola vez la palabra que yo habría repetido varias veces en el mismo párrafo: magia. A mí eso es lo que una noche bajo las estrellas en lo alto de una torre en Mani me sugiere: un momento mágico. Igual lo que hoy entendemos por magia no era un concepto d ela época, o bien yo soy my brasas.  No sé si el lector que no haya estado en Mani podrá entender, solo con la información y los datos, de lo remota que es esta península. Yo lo tengo muy fresco, recuerdo perfectamente las negras noches sin luna (orilla mar salado/y un chispear de estrellas/ de un cielo negro y bajo), las noches de verano de Mani. Y aunque no tuve la suerte de cenar en el terrado de una torre, he estado con Leigh Fermor ahí.  Y también cuando ven pasar un crucero lleno de luz y música (imágenes de "El Gran Gatsby", para mí), y se preguntan qué gentes irán en él, y qué pensarán de los habitantes de la península mientras pasan hacia Estambul. Por esto solo merecería la pena leer el libro. O por volver a esa sensación de pereza de los veranos larguísimos de la infancia:

   "Las noches de verano son cortas. Irse a la cama antes de medianoche es impensable, y las charlas, el vino, la luz de la luna y el aire cálido se alían para retrasarla una, dos o tres horas más. Parece que hace solo un momento que te has dormido, ahí fuera, cuando el sol te toca amablemente en los hombros, y entonces vuelves al interior o a la sombra para dormir otro par de horas. La tarde es el verdadero momento para dormir aquí."

Otra cosa envidiable para los viajeros de hoy en día es la desconexión de la época. Os imagináis? Leigh Fermor en un punto dice que "desde Aeropolis no han visto una radio". Por no hablar de teléfonos y otros elementos que hoy nos van muy bien, para tener a la familia tranquila (pavor de pensar que dentro de poco seremos nosotros esa familia, que Mini ya tiene 11), pero que no es lo mismo que viajar (o salir de casa, ya que estamos) sin ellos, con la libertad de no estar localizados. Yo esa es una de las cosas que recuerdo con nostalgia: de niñas, en Vetustilla de la Torre, irnos con bicis a otros pueblos, al pantano... fuera de casa horas y horas, como salvajes. Oh. 

El autor, con su conocimiento enciclopédico de Grecia, nos habla de górgonas y centauros (cómo olvidar la maravillosa Pelion, a la que cita a propósito de estos animales mitológicos),  las nereidas... Dedica un capítulo a hablar de la muerte y sus rituales en la península. Pondera sobre la mayor apertura a aceptar nuevos dioses de las religiones politeístas, como la griega clásica, sobre las monoteístas. De cómo cambiaron sus traviesos dioses del Olimpo en aburridos (esto es mío) santones cristianos (por ejemplo, Dionisos, dios del vino, en San Dionisio, que suena a rollo patatero). Hace antropología sin quererlo, cuando nos habla de la hospitalidad griega, de cómo tratan el extranjero, de que nunca quieren que te vayas.  Filosofa con la frecuencia con que usan los maniotas la expresión "pasaremos el tiempo" que, anota "plantea la cuestión de como pasar el largo agujero desde ahora hasta la tumba". Llama al sueño, "la hermana de la muerte". Inevitablemente, hay etimología: qué bonito que la palabra griega anemos, viento, haya producido la latina ánima,  alma. O que pneuma y spiritus signifique  espíritu y respiración en ambos idiomas. 

A medida que avanzo en el divague, crece mi confusión. He vuelto a Mani pero no era mi momento. Sueño con volver de verdad a sus noches estrelladas algún día, lejos de este otoño cuyas nubes no me han dejado ver ni el sol. 

08 septiembre 2016

Mi oficinista fetiche en el Festival of Love

Se ha terminado Agosto, el mes que nos hemos pasado Living Londinium desde el solterismo, mientras Mini disfrutaba del mar en distintos puntos de la península con distintos abuelos. Para que no me ocurriera lo que el año pasado (seguir con la bitácora del Peloponeso en Noviembre), este me propuse no divagar sobre la agostidad hasta que no terminara el diario. Y aquí estoy.

 El Festival del Amor (Festival of Love) es un ídem que organiza el south bank de la ciudad (la cara sur del río, donde hay un paseo que une -para que se sitúe el que no nos haya visitado-, el London Eye (noria) y la tate Modern. Es muy animado porque está sembrado de miguitas culturales: el Royal Festival Hall (donde fuimos hace unos meses a la lectura de Moby-Dick, el divagante bueno recordará), el British Film Institute, el National Theatre, la Tate, el Globe de Shakespeare... El Festival of Love tiene todo tipo de actividades, como el "Hotel de los corazones rotos" (una exposición sobre el tema, aquí estuvimos el año pasado), el Túnel del Amor, unas ferias, performances, conciertos... todo con el tema L'Amourrr!!!

Y como todos los años, se casa gente multitudinariamente en el Royal Festival Hall. Este año, en concreto 100 parejas. Y la fiestuki posterior estaba abierta "a todo londiunemse que quisiera unirse a la celebración". Bien.

El Peda y la que firma estaban, el día del macrobodorrio, en un pub infecto (auténtico, dirán algunos) en Mornington Crescent (cerca de Candem, bien al norte: cómo os oriento) con un grupo de la Vetusta del Peda viendo nosequé partido (llegue cuando estaba terminado, a la abuelika con pistolikas de agua...). Un rato agradable de conversación, que si Shakespeare no existió y era un grupo, que si Malcolm Gladwell, que si. Cuando ya avanzada la evening el grupo se dispersó, los Pedalistas, libres en la city con la hija probablamente leyendo la historia de antes de ir a la cama con su amona, se plantean: ?vamos al Festival of Love, a ver que pasa? Dicho y hecho. 

Cruzar el Golden Jubilee Bridge, el puente peatonal que termina en el Royal Festival Hall es siempre una gozada, y por la noche toda una experiencia. Música, luces, el London Eye a la derecha (que esta noche viste de rojo). Al llegar al RFH, en la terraza que da al río hay gente bailando pero dentro, en la gran sala donde hemos visto teatro, expos de fotografía, workshops de reciclaje, o donde leyeron Moby-Dick, allí hay un baile como de fiestas de pueblo liderado por una DJ que va vestida a lo chica Almodóvar y sudada como un pollo: cómo baila! Muy entregada. 

Visto el percal, nos vamos a comer algo a uno de los chiringuitos (ahora se llaman pop-ups, ya sabéis, furgonetas, caravanas, todo eso) y terminamos en el feriado, donde hay un tiovivo de esos que le gustan a Mini, que tienen unos columpios en los laterales y te sientes tirando a cerca de volar. Pues bien, el tiovivo es aquí gigante, y los "columpios" son en pareja y medio cápsulas. Una vez que te metes sube un montón y cuando empieza a dar vueltas entiendes la belleza del concepto cabina: los pies que están colgando son el termostato de la ventolera que hace allá afuera. En todo caso, nos dan unos voltios (qué vintage estoy) sobre la noche veraniega de Londinium, o la ciudad gira a nuestro alrededor, quién sabe: el rojo London Eye, el edificio de la Shell (que está siendo remodelado en, guess what? "pisos de lujo"), el Shard allá el fondo, el río, vuelta al London Eye... 

Al bajar (y culparé a la confusión por las vueltas): Nos pasamos a ver qué tal van los del baile post-bodorrio? Pues sí, allí siguen: dándolo todo. De repente te cruzas con una novia, un presunto novio, o bien la siempre exótica fauna que supone un inglés (o inglesa) vestido para boda. Miedo. Yo podría ser una novia porque casualmente, voy con mi vestido blanco ibicenco, infinitamente más digno que algún atuendo que llevan algunas que tendrán esas fotos en el aparador para el resto de sus días.  Ahí al fondo esta la DJ, ya con una charco a su alreddor, pero idéntica energía. Y os digo: si con la música que pone no sales a la bailar, es que no tienes corazón. Así que nos lanzamos a al pista. 

Ahora espero que ningún divagante haya sido impulsivo y visto el video que incluyo, porque sin esta necesaria introducción, puede ser muy nocivo. Necesito un flashback: hace un par de años, la noche de Halloween me disfracé de colegiala asesina japonesa de "Battle Royale" y acabé con una bruja, que daba menos miedo que yo, en "The Clapham Grand", una discoteca que fue un teatro muy chulo en su día. Superábamos la media de edad con holgura (sobre todo yo), pero todos los gatos eran más o menso pardos. Menos él. 

El era el tipo oficinista: con sus gafas, sus pantalones chinos, su-atención-camisa de manga corta (más atención, pregunta: alguien ha visto a un tío de menos de 75 años con camisa de manga corta, con bolsillo lateral en los últimos dieciveinte años? Yo sí: en The Grand, y aún me queman las retinas). Pues el oficista estaba vestido exactamente igual que el lunes a las 9 am, enmedio de una jungla de veinteañeros dráculas, freddies, frankensteins, y bailando COMO UN POSESO en uno de esos altillos que a veces encontraba una en una disco en los 90 y se subía, pensando que alguien iba a mirar. El oficinista era el go-gó del Grand; y mirábamos. La única persona no disfrazada, la única persona-conmigo-que superaba los 40, la única persona-en el hemisferio norte-, con una camisa de manga corta. Y su estilo bailando.

La otra noche, en el Festival del Amor, enmedio de Eurythimics, Queen, Lady Gaga y otros éxitos de ayer, de hoy y de siempre... quién estaba allí, solo, justo delante de la DJ, dándolo todo y, sí, con camisa de manga corta? El oficinista. 

Yo no solo no podía dejar de mirarle: es que le hice este video en sus narices.



01 agosto 2015

... hasta pronto, Grecia! (P16 & P17)


Lo primero, mil gracias a Lux por este maravilloso collage de David Hockney, Gregory in the Swimming Pool (Los Ángeles, 1982). Parece un punto final perfecto para estas vacaciones griegas que han sido muchas cosas, entre ellas un azul verdoso tan transparente como este azul hockneiano. 

Del 1 de Agosto de 2015 tengo pocas fotos: baño en la pisicna de Thanos Village, empacar y autopista por el ecuador del Peloponeso hacia Atenas. Nada que ver con las carreteritas de la costa que hemos bordeado estas dos semanas, aunque igualmente hay puestos ambulantes vendiendo fruta y miel.

Llegamos a Atenas por la tarde, y cruzarla es el caos esperable: buscamos el hotel cercano al aeropuerto que hemos reservado porque volamos el domingo por la mañana, y hay que devolver el coche y esas comedias. Tras perdernos entre el tráfico, el ruido, lo excesivo de la capital, llegamos al hotel que está junto al mar, pero que es uno de esos horribles resorts llenos de franceses, donde la gente va a toque de corneta: Toca piscina! Toca desayuno! Toca cena! El shock de encontrar a toda esa gente "divirtiéndose" es considerable. Tras un chapuzón  y comprobar que el "talaso-spa" que tiene por nombre es solo pagando adicionalmente lo que ya nos parece una barbaridad (para nuestros estándares peloponesinos), nos vamos a cenar a una taberna típica a la que se llega por una camino oscuro. El lugar se acaba llenando, pese a estar en a mitad de la nada. Para elegir pescado, nos llevan a un frigorífico y nos los enseñan allí, tiesos. Yo no soy una madre, nunca he sabido ir a la pescadería y mirar a los ojos a los pobres bichos. 

Una noche sin novedad, y una mañana (P17), con los nervios típicos del día de devolver el coche (sorprendentemente no nos penalizan por su estado lamentable de polvo, ramas, patatas fritas, arena), esquivar a los secretas y volar. Esta vez el grupo se escinde en dos, con dos destinos: el Peda a Londinium, Mini y la que escribe a Barcelona, donde... la aventura continua. 

Gracias Grecia, por no fallarnos nunca y por estos días. Gracias divagantes por haberlo leído, o mirado las fotos- meses después. Una vez en el avión comienzo a intuir que tal vez, puede ser posible, quién sabe si la memoria me falla, quizás sea mucho decir... pero, sumándolo todo,  este ha sido el mejor viaje de nuestra vida. 


23 junio 2013

"Before midnight": Delpy y Hawke nos persiguen a los de mi generación

Cuando yo tenía unos 20, ellos tenían la misma edad: estaban haciendo el interrail y se conocieron una noche en Viena. Una noche que se la pasaron hablando mientras paseaban por la ciudad. Esa primera película de Richard Linklater, "Before sunrise" (Antes del amanecer), protagonizada por Julie Delpy y Ethan Hawke cuenta lo que mucha gente de mi edad vivió en esa época en la que no había tecnología, y nos podíamos pasar la noche sin dormir hablando  de lo divino y de lo humano, decir adiós, y no tener al tostón del whatsup a los 10 minutos. Sin sonar "cualquiertimepopasadofuemejor", pero aquella parte del "sin fotos que publicar en la estupidez del Facebook para que nos vean un grupo al que les interesamos un pepino" en las noches de juerga... ah, eso sí que era mejor.

Una década después vino el re-encuentro: a los 30 ya todos empezábamos a tener una vida profesional, relaciones más o menos estables, algunos hasta se habían reproducido. En aquella época sin redes sociales, el verse de nuevo para los protas fue una bomba, y esta vez pasearon hablando sin parar todo un día, esta vez en París: "Before sunset" (Antes del anochecer). Para mí, ambos estaban más guapos (siempre creo que la gente está más guapa en la treintena que en la veintena) y las conversaciones las recuerdo como aún más interesantes (quizás me enganie la memoria). El final de la peli es genial, y ya lo colgué hace tiempo en el primer aquí verde del primer párrafo de este otro divague sobre otra peli, "Like Crazy".


  Hoy he visto "Before midnight" (Antes de la medianoche), la tercera peli del trío Delpy-Hawke-Linklater (de la que son, no solo actores y director, sino también los tres guionistas). Queda claro (y esto no es un spolier, sale en la primera escena) que lo que pasó después del baile de Nina Simone en "Sunset" fue sexo salvaje, y que la pareja ha estado junta estos últimos 10 anios: tienen gemelas y que los temas de conversación ya no van a ser ese enseniar las plumas,  las ganas de cambiar el mundo, el definir nuestra identidad como a los 20, ni la emoción de encontrar un amor mitificado durante 10 anios de los 30. Ahora tienen 40 y pocos (caramba, qué coincidencia), y sus temas de conversación van desde las complejidades de una familia a los dos lados de un océano, hasta feminismo, pasando por sexo (quién folla como Henry Miller?), amorllama-amorrescoldo, y muchas cosas más.


Es imposible que las mujeres inteligentes no se sientan a menudo identificadas con el discurso de Delpy, y eso que de quien es fácil enamorarse es de Hawke, que con su sentido del humor intenta salvar situaciones imposibles. Entre los dos actores hay una química espectcular: esta es la razón por la que siguen haciendo las películas, evidentemente. Pero además, "Before midnight" ha sido rodada en el que es uno de mis lugares del mundo: Grecia, en concreto Messinía, en el Peloponeso. Pasear por las callejuelas empedradas con el mar de fondo hablando sin parar con alguien con quien haya esa magia, esa inyección de sorpresa y curiosidad, y con quien te puedas reír de ti y del mundo... eso es un regalo de los dioses. 

Que por algo eligieron Grecia para perseguirse y encontrarse entre los olivos, antes de la medianoche... 

24 julio 2015

Agárrense al asiento: comienza Mani (P8)



Lo rojo es la Península de Mani
Aunque tenga el diario griego muy dejado, siempre amanezco con la ilusión de escribirlo cuando anochezca (before midnight): me devuelve de alguna manera a esas semanas de hace ya más de dos meses. Con el divague de hoy (y de los siguientes dos días) estoy particularmente emocionada, porque se trata de la península de Mani, el dedito central de Peloponeso sur. Yo pensaba en este viaje que el plato fuerte iba a ser Messinia (el tercer dedito) y no sabía mucho de Mani, aparte de lo que contaba la guía. Sin embargo, nada más empezar a descender por el lado este del dedito nos dimos cuenta que Mani era un lugar muy especial. Lo que más rabia da es que blogger sea tan malo para las fotos. Las voy colgado en un googlefotos y está genial para verlas en mosaico: aquí, sin embargo, queda una hilera con fotos pequeñas que ni de lejos hacen justicia a la enormidad de los siguientes tres días de viaje. Pero aún así lo intentaré: que vayáis a Mani, me refiero. 
Mani comienza con Yithio, en su noreste, donde recordaréis habíamos dormido en en superbásico pero absolutamente encantador Kalypso Studios. El límite noroeste es la fantástica Kardhamily, el pueblo de "Before midnight", pero eso lo contaré en su día, cuando salgamos de Mani. Y por el sur, el famoso Cabo Ténaro (o Mapatán), la entrada mítica al Infierno (cuenta la leyenda que por ella pasó Hércules para secuestrar a Cerberus, el mostruoso perro de tres cabezas). 

Mani tiene muy pocas carreteras, se puede decir que hay un par de paralelas, una por cada costa, porque en el centro es muy montañosa, paisaje seco y salvaje donde los haya. Los ingleses de la Rough Guide, tan monos, la describen como "las highlands escocesas mediterráneas"... Soy muy fan de escocia y de ese verde que hace daño a los ojos, pero el contraste de la aridez rocosa de la montaña y la caída en picado a esas aguas transparentes tan griegas, eso es otra cosa. La experiencia de conducir por estas carreteras (en particular el lado este -también llamada la "sunward coast" vs, la "shadow coast" que es la del otro lado, por razones obvias) con nadie alrededor es única. Y esta orografía tan particular ha sido la que ha dictado lahistoria de Mani: como dice la guía "en ningún sitio en toda Grecia se ve tan cercano su pasado medieval violento" y es que su situación permitió defenderse de los invasores turcos y demás y que aún presumen de que "Mani siempre fue libre". Hoy dicen que por esto, junto con Creta, es una de las zonas más hospitalarias de toda Grecia.

Tras esta intro, volvamos a los Pedalistas. Así que nos despedimos de Ythio por la mañana dándole una ducha al coche con al manguera de la amable Petra. Ese pobre coche, una bola de polvo tras el día que se nos acabó la carretera y nos las vimos con las cabras, daba miedo. Miedo de la multa de la compañía de alquiler, claro: este no es nuestro coche!

Comenzamos a bajar y paramos en una primera playa muy civilizada para el primer chapuzón del día en Skourati.  No quiero andar repitiendo "casi sin gente" porque es una constante en todas las playas de esta zona.. cuando piensas en las playas españolas dan ganas de llorar. Aquí al fondo había un cañaveral que nos hizo de sombrilla mientras nos comíamos esas empanadas que venden en las famosas panaderías griegas. Generalmente suelen ser de espinacas y feta, saladísimas. Digamos que la panadería no es su fuerte: no saben hacer pan (es tan difícil hacer pan? en ningún lugar hemos comido pan crujiente rico) y hacen unas pastas-galletas que bueno, para la desesperación del coche vale, pero cuando piensas en los mostachos o las tortas harinosas o dobladas de los pueblos de Vetusta... El baño, perfecto, eso sí. 
Si pillaran estas fotos las monjas de mi colegio
Seguimos avanzando por la costa bordeando el mar con vistas espectaculares, y paramos en algún otro sitio, pero por alguna casuliad del destino, nos metemos por carreteruchas y acabamos en Alipa. Yo sé que voy a ser la brasa eterna con las fotos de este pueblito de pescadores, pero no puedo evitarlo. Alipa está en una calita perfecta, casi cerrada, de piedras blancas y de aguas de ensueño. Entre los bañistas hay un tipo montando un equipo impresionante de pesca submarina: le intentamos seguir un rato, a su boya, quiero decir, pero se va muy adentro. Nunca vimos si pescó algo- o fue pescado.

Harían pósters tipo "Pescadores de hombres"
Hay una especie de chiringuito que parece el centro neurálgico del lugar, donde hay una mesa llena de rusos? (no localizamos el idioma). En un punto los niños/adolescentes rusos se ponen a darle a un juego de cartas que lleva consigo dar palmadas a la mesa. Muchas. Cuando nos estamos planteando si hay servicios sociales en Rusia, unas chicas griegas que estan ahí hinchando unos flotadores gigantes les dicen "oye, hemos venido aqui a relajarnos". Vivan las griegas! Dejo al Peda y Mini esperando los calamares y la sandía y me voy a hacer fotos por las casas de pescadores. Y alguien va a tener que pagar por eso: vosotros.



O postales para el Domund



Os he dicho que fui cabuyera? Sabía hacer el margarita, el as de guía..

Esta les encantaría, porque invita a la metáfora







He dicho alguna vez que odio a blogguer y sus fotos? Sigamos.

Casas-torre maniotas
Está ya cayendo la tarde y agradecido el divagante que no incluyo otra serie religiosa -esta de atardecer en el mar. El caso es que nos empezamos a encaminar hacia Stavri donde está el hotel donde vamos a dormir, el Castillo Tsitsiris. A ver, negando la mayor: el Tsitsiris no es un castillo, sino una antigua típica "towerhouse" (casa-torre) maniota reformada y glorificada. Las casas-torre son gran parte del encanto de Mani. Debido a la continua amenaza turca, las construcciones se limitaban a dos o tres casitas de piedra alrededor de una torre (véase en imagen). A mi me enamoraron: forman parte del paisaje, en pocos sitios he visto una simbiosis tal, arquitectónicamente hablando. 

Cuando reservamos la noche anterior en el Tsitsiris, el consejo de Booking era "ultima habitación de este tipo! reserve ya!". Cuando llegamos, un hombre triste de unos 70 años nos estaba esperando... nos llevó por el maravilloso jardín-patio central hasta nuestra habitación, rústica al estilo de una celda de convento... y ahi fue cuando Mini soltó la fatídica pregunta:

???ESTAMOS SOLOS EN EL CASTILLO???

*******Continuará*****



Misterio en el castillo

Cena en la playa en Gerolimenas



27 julio 2023

Lluvia, solomillo, cambio climático, Barbie, Rodas: tres días en Donosti

Playas del norte
 
El calor de Barcelona me hizo olvidar mis principios y abrazar todo lo que es anatema en mi imaginario de vacaciones estivales: nublado, (dame más), lluvia, (la quiero), dormir con manta, (sueño dorado). Volamos un lunes hacia mediodía (nueva crisis aeroportuaria en Barna, esta vez relacionada con que las máquinas no me quieren y no hay personas) y en el aeropuerto de Bilbao -qué bonito, pese a que pretende ser un pájaro-, era otoño. 

Estos tres días en Donosti se pueden resumir en tres verbos: hablar, comer, dormir. Hablar con mis suegros (con Mini de fondo quejándose porque el wifi es "temperamental"), que son grandes conversadores y siempre les interesa todo lo que tenemos que decir. Comer por encima de nuestras posibilidades (allí siempre igual) y dormir siestas épicas, de esas de tontuna comatosa que duran dos horas, de las que sales mareada y recordando sueños grotescos. Como dije, parte de la culpa es de Roc, estoy de resaca y ya temo mi siguiente visita en diez días al pequeño Damien, en mi segunda tanda de Plómez. 

La Zurriola

El martes no paró de llover, pero miraba por la ventana y no me importaba nada: llevaba chaqueta!  Eso sí, estos días estuve muy agobiada por los fuegos de Rodas. Miraba el blog y, justo hacía un a
ño estábamos en Arcángelos, en la zona donde ocurrió lo peor del fuego. Me preocupaba por la yayá que regentaba nuestro apartamento: ¿estarán bien? ¿Se les habrá quemado el sitio? Abría The Guardian y siempre en primera página -es un destino muy british-, noticias de Grecia: gente caminando en bañador por la carretera enmedio de la noche, huyendo del fuego.  Y luego se extendieron a Corfu, al Peloponeso (cerca de Epidaurus, no!) y me ponía en la situación de tener un vuelo hacia allí, y qué hacer (tonto ejercicio, no tenía un vuelo para allí). Y otras ridículas tesituras del primer mundo, replanteando mi vida: qué hacer, dónde ir cuando algún día tenga tiempo, esa cosa. Mi lugar en el mundo se está quemando, no quiero pasar calor, no quiero pasar frío, yoquesé.

Día de playa, Donosty-style

El miércoles "sale día de playa".  Leo "The sea The sea", y le hago fotos sobre la arena para un futuro divague. Entonces aún me gustaba (lo he dejado tras 300 páginas), y mucho. E
El concepto vasco de "helado pequenio"
n un punto hay que ponerse la chaqueta: así, encima del bikini. Esto de llevar jersey siempre nos hace reír de la playa en Donosti y siempre me recuerda a Aberdeen donde pasé un verano de estudiante (allí íbamos con el Kahru).
 Por la tarde, más rituales donostiarras: ir de pintxos y de helados. Según los connossieurs (Mini y el Peda), aquí está la mejor heladería del mundo (e incluye Nardulli's en mi barrio) que se llama "el Boulevard". Hay que pedir el cono pequeño y aún así se derrite porque no das abasto. A mí no me gusta comer helados sola, me aburro, pero esta vez tengo que pedir uno para mí porque no está el Peda, que es el único que se deja. Es un poco como beber tequila, hay que hacerlo con el ritual y amigos ya a ciertas horas. Bueno, no es como el tequila, yo qué sé, que me lo termino como puedo.

El boulevard
Nadie necesita más fotos de pies,
pero hey, unos en el Paseo Nuevo

Vemos Barbie en versión original en unos multicines: idea de Mini y nos unimos P. mi suegra y yo. Hay muchas chicas jóvenes vestidas de rosa, "experiencia grupal". Me recuerda el día del concierto de Harry Styles, cuando fui a llevar a Mini, y podías distinguir a las asistentes ya en el metro con sus sombreros de cowboys y la brillantina.  Es "el día del espectador" -por favor, hace cuánto que no iba un miércoles en la península al cine-, baratísimo (creo -porque invita P.- que 4.5 euros por persona), en Londinium habría sido -en el cine de mi barrio, no entremos en el centro- £15.30 por persona. No es que tenga grandes esperanzas sobre la peli, producto comercial para vender más muñecas, pero me gusta la directora, Greta Gerwig (y su coming-of-age "Ladybird", por ejemplo) y ya he hablado de mi woman-crush con Margot Robbie (que por cierto vivió en mi barrio cuando no era famosa y admitió en la premiere que iba al mítico "Inferno's"-más de este antro tal vez otro día). En la peli hay momentos de arenga feminista que no se suelen escuchar en "la peli más taquillera del verano" y por ese lado, bienvenida: hay que seguir mandando mensajes, subliminales o en-tu-cara, a ver si alguien que pasa por ahí los pilla. Tiene un principio con referencias a 2001 y muchas otras que ninguna niña pillará. Tiene trozos de sátira que están bien, tiene trozos aburridos de persecuciones, tiene momentos de carcajada, tiene partes que tu mente divaga, tiene una relación de madre con hija-teen-tocapelotas que, las que estamos en este momento sufriendo a una nos tocará, valga la redundancia. En el cine-forum posterior, la hija-teen-tocapelotas que me ocupa me hizo saber que yo "no había entendido nada de la peli" y que por supuesto ella me la iba a explicar. Eso sí, no le gustó que le recordara que no pilló la referencia del principio, por ejemplo - porque no ha visto,  no será por falta de ofertas, "2001, Una odisea en ekl espacio". Nota: anoche la inicié a Kubrick con "El resplandor" ( teen ama el género terror-check), y le intenté vender 2001 como "también de miedo, un ordenador que mata". Veremos cuánto dura con los valses... 

Lo del clima es todo menos ideal

El jueves de vuelta a Londinium, donde todo sigue en orden: el Peda con su pata-de-palo haciendo progresos (ya puede pisar el acelerador, o sea, buscarnos a la estación). Mini le pica con detalles de su ciudad natal que tanto le gusta, con especial hincapié (saña) en la variedad y calidad de los helados del Boulevard. Similar temperatura que en Donosti, similar lluvia. Chicas vestidas de rosa a ver Barbie. Siguen los fuegos y sigue el agobio climático por el futuro. Leo que el 23% de las emisiones de CO2 las hace el 1% de la población con su consumo exagerado: es ya imposible no politizar esto, al 99% nos va la vida en ello. Siguen las huelgas de los médicos, de los transportes. En realidad, nada está en orden. 


Mientras tanto, en Londinium...