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19 julio 2020

Juan Marsé: rescatando mis conversaciones contigo en los márgenes de tus libros

Hace diez años, cuando murió Delibes, colgué un escrito de Julio Cortázar sobre cómo se siente una cuando sus ídolos de la literatura, cine, música van muriendo: se titulaba "Burla burlando, ya van seis delante". Cuando hace un par murió Philip Roth, simplemente le di las gracias por haber vivido más a través de él. 

Hoy ha muerto Juan Marsé. La noticia me ha encontrado en la cama, leyendo. Lo primero que he hecho ha sido ponerme de pie (en la propia cama, porque detrás están las estanterías con la "narrativa en castellano") para ver qué tenemos de Marsé en casa (hay cosas que están en las Vetustas). Entre tres o cuatro libros, estaba "Teresa". He tenido que soplarle el polvo y a continuación, he pasado por uno de esos ratos chulos de volver a un libro leído y vivido, que me confirma la importancia de subrayar y anotarlos.

Parece que yo leí esta novela en un viaje a Egipto, en su última página en blanco hay tres emails de gente que no reconozco (quién será manolitoamigo?), entradas de cine (la peli, "Match point" de Woody Allen), billetes de tren de cercanías, papelito de fragancias de esos que te dan en los aeropuertos-que obviamente ya solo huele a papel viejo, mucho mejor. Todo esto me lleva a lo que estaba haciendo yo, quién era yo cuando leí ese libro (siempre digo que leer "La montaña mágica" cuando tienes 23 años como Hans Castorp o "La regenta" a los 30, como Ana Ozores, coincidencias mías, quiso decir algo, pero igual es solo literatura).

Lo mejor, claro, son los subrayados y anotaciones que hice, la conversación que yo entablé con Marsé. Tengo tantos subrayados que sería imposible leerlos todos y seleccionar uno, así que el que incluyo es uno más de un libro que hay que leer. Tod@s. Es una pena que no hubiera divlog por aquella época, porque aunque había crónicas para mí en docus de word, he encontrado una de "Rabos de Lagartija", pero no de "Teresa".

"Porque !qué se yo de los efectos rarísimos que ejerce al pobreza sobre la mente! Qué sé yo del frío, del hambre, de los verdaderos horrores de la opresión que debe sufrir un chico como él si aún ni siquiera le he preguntado qué jornal gana, si nos empeñamos siempre en no querer hablar del jornal de un hombre, solo de su conducta (pues bien, compañeros, yo afirmo que la conducta de un hombre depende de su jornal)".

Página 377 de mi edición de "Ultimas tardes con Teresa"

Ah, y la portada! Es que la primera portada de la novela, de 1965, tiene también su propia historia. La modelo (rubia, estilosa, cool, rica, como todos imaginamos a Teresa Serrat) era una danesa llamada Susan Holmquist. Sus padres vivían en "La Pedrera" y la foto fue tomada desde allí por Oriol Maspons, el coche aparcado en el paseo de Gracia. Una perspectiva muy chula, un contrapicado que me sugiere un "venga, baja, que vamos a la playa!" de la chica moderna e "independiente" -la independencia que da el dinero de papá-  de la época, mientras el señorito de turno baja de la torre a toda prisa peleándose con el polo Lacoste.  Ah y sí, se podía vivir en "La Pedrera" y aún se puede: yo sigo hipnotizada la cuenta de Instagram de Ana Viladomiu, y no sé qué daría yo por vivir allí, en un permanente cuento de hadas.  Qué escribiría yo mirando el mundo a través de las ventanas, pasando por esas puertas? Oh, el modernismo. Pero divago: parece que la princesa Susan, que acabó casándose con un fotógrafo italiano, tuvo una historia con otro Serrat, Joan Manuel, que le compuso "Conillet de vellut", en el que acaba dando el teléfono de casa de sus padres (el iluso si cambias de opinión, "ya sabes donde me encontrarás,  203 82 82"-y los pobres padres se tuvieron que cambiar el número: es lo que tiene enviar mensajes cifrados en canciones, poemas o novelas de mil páginas).

Y eso es lo que pasa cuando lees una buena novela: que encuentras mensajes que podrían haber sido escrito especialmente para ti, en cada esquina. Así me he sentido yo con Marsé y por haberme permitido abarcar más vidas que la mía, escribo estas líneas. 


05 enero 2016

Tras las elecciones generales, el "Common People" de Pulp meets "Últimas tardes con Teresa" de Marsé

"Últimas tardes con Teresa, el libro de 1966 de Juan Marsé es una de mis novelas favoritas. Yo lo leí en 2005 y lo regalé luego a Fashion y JAL, que hacía poco se habían mudado a Barcelona y allí es un libro fundamental. "Teresa" habla de las clases sociales, del abismo cultural entre ellas, más fuerte que nacionalidades y lenguas y colores de piel, y de lo que pasa cuando sus limites se atraviesan. Marsé lo hace vía una historia de amor: el Pijoaparte es un murciano de clase trabajadora sin ideología alguna-hasta para eso has de tener alguna influencia cultural. Teresa es lo que viene siendo "un cachorro de la alta burguesía catalana", que se siente atraída por el chico de barrio y al que le adjudica una fuerte conciencia social. Quiere vivir el sueño de ser la novia de un revolucionario. A su vez, Marsé, en esta entrevista del 40 aniversario de la novela cuenta que él tenía fantasías erotico-sexuales con las pijas guapas de clase alta, rubias y de ojos azules a ser posible. Esto me recuerda las risas con un amigo mío, conocido por su autobombo de Casanova y terror de las calles de South Londinium, que habla del "revenge sex": sexo con las pijas con el que se vengaba de la opresión secular de la clase obrera. 

Pero divago. Sobre "Teresa" divagué brevemente aquí hace unos años y solo lo traigo con motivo de la cancion de Pulp que voy a colgar hoy. Se llama "Common People", y su historia -vista por Ruben Díaz- de inesperado éxito en Glastonbury en 1995 como el "himno de desprecio eterno a los pijos" lo podéis leer aquí. Díaz habla, como los Pulp, de los privilegiados del mundo que "quieren probar la experiencia de cómo viven los pobres, porque es cool", como quien va a Disneyland. Pulp termina la canción aludiendo al colchón: cuando te aburras, (pobrecita) princesa de los ojos azules de turno, papá superman estará allí, para que vuelva a sus oros, a sus tules. Y además, ya nos enseña la parábola de que los hijos pródigos son los que más se quieren. 

Pero luego está el caso reverso, del que también habla Díaz: los pobres que reniegan de su clase social y pretenden ser de otra. Pánfila de la Torre de la Esquina estudiaba en la uni conmigo, y ya conté su historia aquí en "Eligiendo enemigos", cuando su marido me contactó hace mil años en Facebook-cuando yo aun tenía aquello. A mí me daba medio pena Panfila, pero lo que no le pude perdonar es que olvidase sus raíces de madre limpiadora y actuase como si Formigal fuera lo cotidiano en su barrio tras liarse con un pijo que vivía del cuento. 

El caso es que estas Navidades muchas de las conversaciones que he mantenido sobre política me han llevado tanto a Pulp como a Pánfila: los privilegiados no votan a la izquierda, por mucho que haya algunas chicas que "quieren dormir con la Common People" o "Teresas" aisladas que quieran vivir una aventura. Ellos votan siempre, en bloque y a los que favorecen a sus intereses. Parece lo normal. 

Pero es que luego hay un montón de Pánfilas, miles, millones tal vez, -porque me niego a creer que hay 10 millones de privilegiados en España-, que han votado a la derecha. Los trabajadores que se han creído que todos somos "clase media" (empezó Thatcher con "la sociedad no existe", siguió Blair con la aspiración a ser todos middle class) y más preocupante, que ya "no existen izquierdas ni derechas"-estos son conceptos tan antiguos que ahora se tienen que inventar otros nuevos pues aquello suena a "que viene el lobo". 

Y en todas esas conversaciones he defendido que el día que la mayoría de mirase al espejo y tuviera la valentía de ver que la mayoría somos "Common People", y que somos más, y que tenemos razón, ese día sería el que de verdad todo cambiaría. 

Mientras tanto, todo lo que la common people puede hacer es comprarse un coche, irse de viaje y probar cuatro vinos: igual que las Teresas, a la common people le dejan tener "aventuras", "experiencias" en el campo enemigo. Y a algunos, con esto les basta para olvidar ya quien son ellos, sus padres, sus abuelos.

You'll never live like common people
You'll never do what common people do
You'll never fail like common people





"Common People"

She came from Greece
she had a thirst for knowledge
She studied sculpture at Saint Martin's College, 
that's where I caught her eye.
 
She told me that her Dad was loaded
I said in that case I'll have a rum and coke-cola.
She said fine and in thirty seconds time she said,
I want to live like common people
I want to do whatever common people do, 
I want to sleep with common people
I want to sleep with common people like you.
Well what else could I do - I said I'll see what I can do.
 
I took her to a supermarket
I don't know why but I had to start it somewhere, 
so it started there.
I said pretend you've got no money, 
she just laughed and said oh you're so funny.
I said yeah? Well I can't see anyone else smiling in here.
 
Are you sure you want to live like common people
You want to see whatever common people see
You want to sleep with common people,
you want to sleep with common people like me.  
But she didn't understand, 
she just smiled and held my hand. 

Rent a flat above a shop, 
cut your hair and get a job.
Smoke some fags and play some pool, 
pretend you never went to school.
But still you'll never get it right
'cos when you're laid in bed at night 
watching roaches climb the wall
If you call your Dad he could stop it all.
 
You'll never live like common people
You'll never do what common people do
You'll never fail like common people
You'll never watch your life slide out of view, 
and dance and drink and screw
Because there's nothing else to do. 

Sing along with the common people, 
sing along and it might just get you thru'
Laugh along with the common people
Laugh along even though they're laughing at you 
and the stupid things that you do.
Because you think that poor is cool. 

I want to live with common people, 
I want to live with common people [etc..]

13 enero 2022

"La oscura historia de la prima Montse" de Juan Marsé: El discreto asco por la burguesía

 Juan Marsé me mira desde la contracubierta de mi libro con esa cara de boxeador perdedor, que tanto juego ha dado en el cine y en la literatura (ya no me acuerdo del "Torito" del Gran Cronopio, he de releer). En mi foto parece que quiere hasta sonreír, pero no es lo normal si buscas en imágenes en la red-como la de la izquierda. Y es que cuando estoy leyendo un libro suelo mirar mucho la foto de la autora/autor, y ahí comienzan mis conversaciones con ell@s: aparte del típico "cómo has podido describir tan bien esto que siento o que sueño" (cabrona/cabrón), también está el "qué te pasó, qué miraste, de dónde vienes, qué te hizo escribir esto" -de esas conversaciones con Marsé escribí cuando murió. Pero con él, además de todo eso, cuando le miro, no puedo dejar de maravillarme porque un hombre con ese físico, sin ninguna formación académica para la literatura, que estaba arreglando pendientes en un taller, pueda tener ese Don de cuentacuentos tan bestia - y la mayúscula no es una errata. 

Aparte de las fotos, también me intereso por su biografía -esto debe ser deformación profesional- y la de Marsé es simplemente una mina. Explica todos los temas subyacentes de su literatura, sus valores, sus obsesiones... por ejemplo, el no pertenecer, la orfandad. Leo en una entrevista: "No tengo ningún empacho en decir que yo no soy nacionalista. Ni de Cataluña, ni de España, ni de China, ni de Andorra. No tengo ningún problema identitario. ¿Qué problema identitario voy a tener si además soy adoptivo? (...) En boca de los políticos, las patrias no son otra cosa que carroña sentimental".  Su adopción ocurrió de una manera curiosa: su madre falleció en el parto y su padre, taxista, le contó esta historia en lo que duró una carrera al hombre sin hijos que adoptaría a Juan, hombre que terminó en la cárcel por antifranquista. Por ello, el niño Juan tuvo que ponerse a trabajar a los 13 años en un taller de joyería.  Pero la escritura es ese "noble pero implacable amo"  (gracias, Capote), y  comenzó a escribir. 

Juan Marsé pertenece a "La escuela de Barcelona", un grupo de escritores de la generación de los 50 entre los que se encontraba su amigo "como todos los jóvenes yo vine / a llevarme la vida por delante"  Jaime Gil de Biedma ("los inseparables", les llamaban), Jose María Castellet, José Agustín Goytisolo y Carlos Barral. Parece que este último necesitaba a un "escritor obrero" para dar color a su editorial, a su grupo de gauche divine de privilegiados de izquierdas con alto "capital cultural", del que Marsé carecía. Y vaya si lo dió. Crítica social en toda la boca, desde la ironía y  nunca el panfleto, simplemente exponiendo la manera de pensar y comportarse de la burguesía, cuyo discreto encanto ni existía ni se le esperaba, como se dice ahora. 

"La oscura historia de la prima Montse" fue publicada en 1970, y Marsé cuenta que la empezó a escribir inmediatamente después de "Últimas tardes con Teresa" (1966) - por ahí se habla de cierta continuación temática. En ambas Marsé hace un retrato al óleo de la burguesía catalana, principalmente a través de las mujeres: Teresa, la joven progre universitaria que se enamora de Pijoaparte, el semidelincuente al que adscribe inexistente ideario político; y Montse, la joven devota de Acción Católica o Hijas de María o la parroquia, yo no sé, aspirando a cambiar la vida a "su vasto y palpitante mundo de necesitados", que hace proselitismo con un presidiario - y atención a la descripción del mismo, quién escribiera así: "un joven apuesto en su indigencia, distante y felino, (...) mostraba un pesimismo púdico y respetuoso, despojado de arrogancia, desesperanzado y a la vez- eso era lo inquietante-lleno de poder"

Ambas son idealistas y soñadoras, y se supone que hay un cierto inconsciente malestar de clase en ellas, aunque Montse no lo llamaría así porque las catequistas han sido educadas en la idea de que el mundo de hoy no está dividido en clases ("noción blasfema y de una rencorosa falsedad"). Vía Teresa, Marsé critica la falta de autenticidad de la juventud universitaria burguesa de izquierdas, para los que el izquierdismo es una postura solo estética, y vía Montse, los "repliegues de nuestra benefactora y limosnera burguesía, esas blandas cavidades de la caridad". En contraposición a ellas, ambos chicos están muchos pisos abajo en la Pirámide de Maslow: están en lo de sobrevivir. No hay tiempo ni energía para leer a Marx, Engels y Gramsci (Teresa), o la hoja parroquial (Montse) cuando tienes que llenar el estómago. Y ambos son guapos - siguiendo mi teoría del "trasvase de capitales" ya esbozada en el divague de "Normal People": los ricos, si se salen de su círculo en esto del amor, tontos no son.

Aunque la pobre Montse sí que es considerada más o menos imbécil por su familia: vamos a ver, una cosa es lo de la caridad (limosna) cristiana, quitarte un poco de lo que te sobra para compartirlo con "los necesitados" y otra cosa es ir toda Teología-de-la-Liberación, seguir al pie de la letra al amado líder y "dejarlo todo y seguirle". Esto no, Montse, no has entendido nada. Montse, que así "muestra un desprecio para con la propiedad privada  que obedece no a caprichosas leyes económicas dictadas por la ciega maquinaria liberal, sino a insondables designios divinos".  Montse, que no sabe distinguir "el mal del mundo de la maldad humana". Montse, la santurrona tipo Viridiana de los barrios altos de Barcelona de la que esos maleantes del Carmelo se van a aprovechar. Porque por algo serán pobres. 

La novela está narrada en primera persona por Paco Bodegas, el primo medio xarnego (atención al origen de esta palabra, viene de "lucharniego", y esta de "nocharniego": "el que anda de noche" - "surgirá de las sombras del barrio, de su transpiración nocturna y maloliente, de su misma secreción estival y promiscua") de la familia Claramunt, dueños de esa típica empresa familiar textil "asentada sobre la miseria obrera, hecho no ajeno a ellos por razones postconciliares". Su madre, hija pródiga y hermana de la madre de Montse y Nuria, se enamoró y huyó al sur con un cordobés, todo ojos nazarenos y fantasía y encanto, y tuvo a Paco, que cuando a vuelve a Barcelona, los Claramunt insisten en llamar Fransecs. Paco, o "el perro asalariado" como se refiere a él mismo, es otro de los alter-egos de Marsé: personaje que no pertenece, medio huérfano, que se da cuenta de su soledad en contrastre con "las extensas familias ricocatólicas con tanta progenie, que le ayuda a uno a sentirse menos desvalido en el mundo, todos bien situados en la vida, con influencias e introducidísimos", pero muy cercano a esta burguesía a la que observa desde ese ángulo de "pariente pobre", y que luego, pasados los años, recuerda ("la memoria lo es todo para mí; tanto recuerdas, tanto vales"). Porque la novela está narrada en dos tiempos narrativos, el presente, cuando Paco ya ha vuelto de París ("que nos poetiza, politiza y erotiza a los españoles"), ya admitiendo que no puede entender a su país (a alguien le suena?) y hace unos diez años, cuando llegó a Barcelona del sur y ocurrió la "oscura historia". Con gran maestría el autor nos lleva a saltos de un tiempo a otro, haciendo a la vez una reflexión sobre la naturaleza de la construcción de la memoria, reconociendo que no siempre "se acude a la cita de los recuerdos cabales, esos que podrían arrojar alguna luz sobre la naturaleza de nuestros sueños"

Pero no solo está el eje clase presente en la novela, hablando de estas chicas de familia bien, Marsé nos presenta claramente su opresión de género.  Un ejemplo ocurre en el capítulo sobre la puesta de largo de "las debutantes", lo que viene siendo la puesta en el mercado del matrimonio, como ganado que va al matadero de "relaciones formales muertas antes de nacer". Me cuentan que en la burguesía catalana esto aún ocurre y no me lo podría creer si no fuera porque un día, buscando inocentemente un Airbnb, me encontré con uno recomendado para el tema (voy a reservar con tiempo para Mini). Me siento mal al reírme cuando dice que algunas de estas pijas-de-la-puesta-de-largo son bien feas "esa mezcla de cara fea y piernas bonitas que en las ricas resulta tan excitante" (quién no ha conocido una pija fea pero que se saben arreglar tan bien que hasta dan el pego? Los chicos, si feos, hay que decirlo: no hay  manera, por mucho que se arreglen o muchas iniciales que se borden). Este capítulo está narrado con el estilo de crónica de revista del corazón con acento de narrador del Nodo. 

Otro de los personajes clave de la novela, arquetipo de otro tipo humano, es un tal Salvador Villela. Actúa de contrapunto de Paco pues es el típico arribista que, si bien viene "de lo oscuro" -otro de esos jóvenes pobres de la parroquia "rescatados" por las visitadoras (todas ellas ociosas de casa rica)-,  termina convirtiéndose en un "intelectual". Villela es usado por Marsé para su crítica implacable de estos, que además se han agarrado a "la lengua vernácula" porque van en la dirección del viento que corre:  hay que subirse al tranvía que nos lleve a sitios. Es de esos dialogantes, tibios, que "detestan la violencia venga de donde venga" y que sonríe desde sus altas convicciones. Pero como le dice Paco, nuestro perro asalariado:

"A qué violencia os referís, los católicos? Por qué insitís en acusar de violentos a los pueblos subdesarrollados y oprimidos que intentan rebelarse? Acaso no era una forma de violencia el poder que ejercen sobre ellos las minorías privilegiadas? No es una forma de violenca la ignorancia, el hambre, la miseria, la emigración laboral, los salarios insuficientes, la prostitución organizada, la discriminación intelectual, etc?"


Enmedio de la novela hay unos capítulos que Marsé describe como "una novela corta dentro de la novela, tanto por su temática como por su estructura y estilo" que son con los que más me he divertido. Narran los días de Retiro Espiritual ("una moderna experiencia religiosa") en Vich que Montse le organiza al presidiario cuando sale de la cárcel, como parte de su proceso para reinserción en la sociedad. En Vich se lucha contra  "los ateos hundidos en el concubinato y el marxismo". No miro a nadie. 

Me he reído mucho con todo en esta parte, empezando por los personajes: los curas, los "profesores", los cursillistas a los que llama "colorines" porque el curso se llama "Colores"  (son tan modernos y postconciliares que admiten todos los colores y todas las tendencias, dicen). Las canciones ("Juventudes católicas de España, galardón del ibérico solar").  Jesucristo en mono azul, y sus valores ("el Obrero Ejemplar que no se mete en política ni huelgas ni manifestaciones de protesta (...) un Cristo moderno, fuerte, animoso, paciente, cumplidor en la fábrica y respetuoso con sus superiores! El que esgrime la llave inglesa para construir, no destruir, pero también, cuidado! el que tiene sus ideas sobre el capitalismo"). La mujer como pecado,  misoginia abierta ("El firme propósito de no pensar en ellas, todas unas marranas").  Las emotivas confesiones públicas, el lacrimógeno acto final.


Quien no conozca ese mundo (Marsé claramente lo vivió en su juventud), tal vez pueda pensar que es una hipérbole enloquecida, una caricatura febril, una mofa tipo "El sendero de Warren Sánchez" de Les Luthiers ("Yo era un desgraciado!"), pero ya os digo yo que no (por algo hay una etiqueta en este blog llamada "tengo un pasado oscuro"). Y me tenéis que creer: cuando era peque, iba de campamentos con las monjas, una mera extensión del colegio (véase "Las niñas" de Pilar Palomero), así que ahí no noté nada. Pero pasados unos años, cuando tenía como 12, ya estaba lista para un cambio y una amiga de mi madre sugirió este lugar. Aún no sé quién estaba detrás, pero empezaré diciendo que se cantaba precisamente "Juventudes católicas de Ejpaña" mientras se izaba la bandera del campamento (no la ejpañola, phew) cada mañana. Ya en aquella época me sonaba a marcha militar y la cantábamos de risa -me debí juntar con lo mejor de cada casa, pero os aseguro que me la sé aún entera y que la letra no hace sino mejorar ("ser apóstol o mártir acaso"). Había misa y rosario diario, opcional (liberales eh?). Yo hacía propósito de ir, pero nunca lo conseguía, aparte de un día porque le tocaba rezar el rosario a Luis Enrique  Echevarría, el monitor que me gustaba, que tenía 17. Porque por primera vez iba a un campamento (o a algo) mixto, aunque el precio que hubo que pagar fue elevado: a saber a qué facción del nacionalcatolicismo pertenecían sus líderes, y podría yo ser ahora una monja en antidepresivos?. Lo terrible es que reincidí (ni toda esa propaganda lo consiguió): es que era tan bonito Broto, lo pasábamos tan bien, caminábamos a Ordesa, moríamos de miedo con las historias de terror de las noches, tirábamos con arco (muy dificil) cuando aún no existían los "Juegos del Hambre",  y Luis Enrique Echevarría seguía allí, cada vez más guapo, arbitrándonos partidos de basket, ajeno a mi existencia prepuberal. Este fue mi mes de inmersión en lo que seguro era un Cult, y yo sin enterarme.

Pero no se vayan todavía, aún hay más: pasados los años, ya en pleno BUP hormonal y efervescente, estuve en un par de "convivencias" con las monjas del cole (tristemente unisex, no había monitores con silbato aquí). Tenían una casona en un pueblo llamado "El Frasno" y todo lo que recuerdo es el chocolate espectacular que hizo Madre Caridubi (una monja mala mala, daba mates) y luego la sesión de lloros por la noche en una sala en la buhardilla. Ahora que lo pienso, era un poco un embrión de una terapia grupal (no nudista, como la de California) en la que se sacaban los demonios a pasear. A las monjas también les encantaba que se llorase, como en los retiros de Vich, en los que acababan todos  con "una tendencia ya enfermiza al enternecimiento, al esponjamiento cordial y a la llantina, flojo el lagrimal" : aquí una contaba que era la menor de varios hermanos, todos chicos, y se la ignoraba, otra que la obligaban con el piano, no valorando su opinión (siempre eran cosas así, nunca abusos sexuales, padres divorciados, problemas de la abuela con el alcohol). Una suerte de lo que cuenta Marsé cuando habla de la "autoconfesión", "la minuciosa exposición de horrores por los que pasó antes de ser tocados por la luz" cuando uno a uno todos los participantes salían y se golpeaban el pecho con el puño y compartían sus pecados con "alta emoción expresada". 

Gracias, herbada Di, por tu valiente testimonio. 

Disculpas, me he ido. Yo estaba hablando de la novela de Marsé, pero por algo la ideóloga y creadora de este blog, que nos abandonó, lo llamó divagandoalcuadrado. Pero qué mejor oportunidad para terminar en un punto alto: logré escapar de las sectas, aunque me quedé así de rarita,  ejerciendo "la minuciosa exposición de horrores o autoconfesión bloguera", y colgada demasiado rato de fotos de escritores que me miran desde la contracubierta como Juan Marsé.

06 abril 2015

Arrecife y alrededores (LZ2)

Arrecife es la capital de Lanzarote, un lugar de edificios bajos en blanco que, como buenos espanioles, han logrado fastidiar con un hotel verde de ocho plantas. Estas casitas cuadradas no tienen el encanto de los pueblos blancos andaluces o las islas griegas. La playa de delante del hotel es una tira de arena y luego rocas. Hace viento y el agua está helada. Está claro que hay un miembro del grupo que no se va a baniar en todas las vacaciones.  No sé si el Atlántico mejora en Agosto... sé que me he baniado en el Mediterráneo a finales de Octubre (Menorca, recuerden la serie) y en el Cantábrico en Julio, pero lo dudo. Así que estas serán unas vacaciones a lo Dorset (recuerdan la serie de hace precisamente dos anios), con jersey en la playa disfrutando del paisaje. 

Que yo sea una wimp no quita para que viaje con dos "del norte". Por supuesto, por la tarde salimos a unas playas hacia el norte de Arrecife y Mini se bania con una ninia inglesa que conoce por allí. Su principal prevencion son los puntitos, ya secándose, de la varicela. No te preocupes, nadie te va a preguntar, además pueden ser mosquitos.

Estoy tirada en la playa cuando llegan unos adolescentes que se empujan al agua unos a otros... eso y la varicela me llevan en flashback a un mito de mi adolescencia primera: "las fiestas del tenis".

Cuando comenzamos Primero de BUP, un día vino mi amiga toda emocionada: habían organizado una fiesta en "el tenis" (un club elitista lleno de pijos de Vetusta, imaginen), del que su familia eran miembros. Así que podíamos ir las dos allí por la noche y luego quedarnos a dormir en su casa. Qué emoción!!! Todo bajo tremendo control: sus padres nos llevaron en coche, y al rato nos pasaron a recoger. Nosotras en aquella época bebíamos Kas naranja y llevábamos media melena. Cuando salimos, el padre de mi amiga, un farmaceútico navarro de los de toda la vida nos preguntó, para hacerse el colega: "Qué tal pues? Habéis ligado?"

Claro que a él no le contamos nada, pero algo "ligamos" (póngase en el contexto Kas). Mi amiga ya tenía el ojo echado a un tal Vitallo, y yo descubrí a un pelirrojo que se parecía bastante a John McEnroe. Sí, lo sé... pero en mono. Total que hubo miraditas y esas cosas pero nunca hablé con el tenista. Mi amiga, que ya se controlaba a Vitallo de hace un tiempo, acabó en uno de esos paseos de esa edad, y yo acabé paseando con un tal Félix. Por qué recuerdo el nombre es otra historia, pero ahí termina mi memoria: creo que tocamos esas cosas que se hablan con 14 anios. Era un chico rubito y mono, el típico que gusta a las madres. O sea, a mí no. 

Se acercaba Naviades y... habría nueva fiesta del tenis!! Pasamos semanas hablando del tema, estaría Vitallo? el tenista? nueva sesión de paseo nocturno! nuevas miraditas! Pero, oh destino, principios de diciembre: Teresa S, una santita de clase no puede venir a los exámenes porque tiene varicela. La monja nos lo dice y le escribimos una carta de grupo, pobre Teresa S. Unos días más trade, la ninia Di descubre su primer puntito. Por alguna razón tampoco he olvidado el nombre de la médica de guardia que vino a casa y me diagnosticó: Anacleta. Y métete en la cama y no vuelvas al cole hasta después de Navidad. En serio? Qué guay!

Tenemos múltiple anécdotas familiares sobre mi convalescencia varicelosa ("las pajuelas", como la bautizamos). Mi  hermanita Fashion, por entonces de 5 anios, resistió como una jabata y, pese a meterse conmigo en la cama no sufrió de "las pajuelas". Tampoco contagié a nuestro perro que nunca subía arriba y esta vez se aventuró para saludarme. Y sobre tod, mi varicela poco tuvo que ver con la de Mini, que afortunadamente ha sido un paseíto: mis virus eran de Intensidad Alfa y me puse con una erupción que ríete del Timanfaya. Y cómo picaban! Mi padre decía, menos mal que esto no pasa en un nino de 2 anios, porque cómo les dices a esos que no se rasquen? Anacleta lo dijo claro, cuando le ensenie una vesícula que me había rascado: "marca de por vida", con su voz nasal. 

Pero, ah, finales de diciembre y ya totalmente recuperado: no había fiebre, olvidado el picor...simplemente todas las pústulas que habían ya cicatrizado y que me daban un aspecto de paella valenciana. Entonces llegó el gran momento: la fiesta dle tenis!!!! 
-Mamá, fiesta del tenis!!! 
-Y? 
-Pues que ya estoy bien, quiero ir. 
-Pero cómo vas a ir con esa cara? Imposible! 
-Pero no importa...

-Pero papá, en serio, que a mí me da igual, que estoy bien..
-Ve a  mirarte al espejo...
-Pero que ya no contagio....
-Espejo 
-Jooo, es injusto!!

Así que sí, divagantes: sé cómo se sintió Cenicienta. Pero lo que más me gusta de esta historia es que yo estaba determinada a ir. Qué me importaba que hicieran corro a mi alrededor? Yo quería ir!!! Luego llegaron otras fiestas del tenis, de primavera, de verano y de todo, y mi amiga y yo seguimos yendo a pasear con chicos de jersery anudado en el cuello sobre polo de Lacoste. En mi caso, imprescindible educación sentimental: para  establecer qué es lo que no querría para mí en el futuro.

Uno de los paseos que más recuerdo fue aquel con un nuevo amigo de Vitallo, que me echó la bronca por "mi actitud ante la vida". Y aniadió: "Sí, ya nos dijo Félix que te pidió salir y le diste calabazas!". 

En serio? Si va ser que le tenía que haber dicho al farmaceútico, "sí, senior, parece que ligué, pero me enteré meses después!"

11 diciembre 2010

Mike Leigh: Para mis 5 divagantes

Total que, NAN, TORO, TERESA, PETER, ANI y DIVA (que no cuenta como Divagante porque es Diva y le va en el sueldo), he vuelto a estar missing del mundo pantallil un par de días (?cuándo me descubrirá un magnate del petróleo y financiará una vida entregada al divagar?) y cuando por fín me he puesto a seguir divagando sobre vuestros subdivagues (qué complicado), en el post anterior ("El cine de Mike Leigh") he pensado: "si esto me da para un divague sucinto". Hete aquí el divague de hoy.

La improvisación sin guión
Por ello de la brevedad (y la vida paralela que, como dice mi amigo Santi "por aquello del comer" una se ve obligada a llevar), el otro día no conté la técnica que usa Leigh para rodar. Es curiosa y única, y supongo que de ahí le salen este tipo de películas. No escribe guión. Leigh tiene una vaga idea de lo que va a ir la peli, tiene cuatro trazos gruesos en su cabeza de unos cuantos personajes y, así, sin historia, llama a los actores les pregunta "si estan interesados en trabajar en su siguiente proyecto". Todos a los que yo les he leído/oído entrevistas dicen que de cabeaza y se aventuran en una peli que cuesta rodar más de 18 meses. Leigh se mete con cada uno de los personajes y juntos escriben su pasado, paso por paso. Visitan el colegio al que asistió, hornean las galletas que el personaje horneó con su abuela a los 7 años, pasa con ellos por sus primeros trabajos, fracasos amorosos, todo. Estas cosas no salen en la peli, pero le sirve al actor para lanzarse a improvisar. Porque entonces ya conoce al personaje: ha crecido con él. Los actores lo encuentran muy estimulante y distinto a nada que hayan hecho antes. Comprensiblemente.

Tom y Gerri, las antípodas del perro y el gato
(Teresa): Entono un mea culpa por lo de "Tom y Jerry", claro que es Gerri. Pero como se pronuncia igual, es una broma presente durante toda la película (cuando se presentan, la gente echa unas risitas). Si existiera, podría culpar al subconsciente. :)

Hablar de uno pispo: mal vetustiano?
(Diva): Tú crees que lo de hablar de sí mismo es cosa de Vetusta? Yo noto mucha diferencia entre el UK y la península, pero no había caído que particularmente en V. Que nos lo digan los doctores tiene Vetusta del divlog. Me parece simplemente de buena educación el mostrar interés por la otra persona, preguntarle más sobre lo que te está contando. El "pues yo más" al final es egocéntricamente infantil.
Pero, metabloguepensando, a veces tengo dudas, porque en los comentarios no puedes seguir esa regla de urbanidad que seguirías in situ, donde hay una conversación de ida-y-vuelta. Cuando comentas en un blog, puedes mostrar interés por lo que cuenta pero luego también se cuentan puntos de conexión, opinión... no sé, se puede ser egocéntricamente infantil con los comentarios, o, si me apuras, con los propios divagues? Mmm

Divixi & Dixi
(Peter): Me encantó lo de Dipi y Dape del otro día (mejor no entramos en quién es cada una) y hoy al leer Pixie y Dixie pensaba que era otra de tus adaptaciones: "Divixi y Dixi", la mardita roedoraaaaa

Poesía en celuloide
(Toro): Sin contarte nada, fíjate cuando la veas en al escena en la que Tom (el gato, ja ja, no venga, en serio), en la que Tom dobla unas camisas. Es pura poesía, te dará para una, desoladora y salvaje de las tuyas.

A vueltas con Maslow
NáN: Me apunto "La mejor juventud", que no he visto pero la sinopsis parece apasionante. No sé si en el caso de esta pareja les hace quedar como frívolos el hecho de "no sufrir" como sus amigos-desastre, como sugieres. Me parece que todo el mundo debería tener derecho a lo que esta pareja tiene: una vida con sus necesidades básicas cubiertas (otro día hablamos de Maslow, lo prometo), y las que no son tan básicas son todas de las que valen poco dinero (no voy a ser tan ingenua como para decir que no valen dinero, porque los libros y el ordenador se paga). La grandeza de Leigh consiste en presentarte a estos personajes con los que preferirías no hacer una cena de amigos, porque dicen cosas inconvenientes, no son ingeniosos, son patéticos, y hacerte entender, tras dos horas, de porqué son así. Y acabar sintiendo una enorme ternura y una confusión tremenda.

Voy mejorando con esto de la sucintez no? Besos de sábado.

23 abril 2010

Códigos a priori indescifrables

De todos es sabido que el requisito fundamental para que se establezca comunicación entre un emisor y su víctima (o receptor) es que ambos tengan un mundo (o submundo) en común. Si uno no sabe leer ciertos códigos, lo que quiera que el otro aspirase a decirnos, se pierde. En ocasiones, se puede recuperar esa comunicación más tarde. En otras, los dioses son magnánimos, y no.

Ocupemos este seminario de semiótica antropológica en el estudio de dos ejemplos de comunicación retardada (o para retardados, pensará algún ácido divagante). ¡Ah, la barata anécdota! Pero así somos: baratas e impostoras.

Comencemos con el ejemplo de no-comunicación no-verbal. Hace un par de años tomaba un té con un (des)conocido cuyo bolsillo frontal de cazadora me señalaba y me llevó a una de esas flight-of-ideas o lluviasdeideasencadenadas. "Qué etiqueta más aparente mmm quépone mmm G-star mmm nombre más cutre mmm será de Tesco" (supermercado donde hasta los geeks saben que es uncool comprarse ropa). No habría desenlace a esta historia, luego comunicación, si no es porque, dándole al fast forward, nos encontramos unos días después con una conversación telefónica con La Fashion (mi piedra rosetta de la vida), que se acaba de comprar "unos G-Star" (pantalones vaqueros, para aquellos que no tengan una Fashion al otro lado del hilo telefónico). Plink! Una luz se hace en mi cabeza: "Espera, espera, dale al rewind que creo que es la marca de la etiqueta de Tesco del otro día con Fulano". La Fashion, subida por las paredes me indica que la tal "G-Star no es marca Tesco, que parece que vives anclada o varada en cualquier playa sin circulación". Que para estas cosas es para las que una necesita una hermana, para que le abra los ojos a ésta y otras verdades máximas como "no te pongas ese top" o "ese blog no hay quien lo lea, y menos quien lo comente". Volviendo a la ropa, tampoco iré de Diva: si me gusta algo de marca, por su diseño o tela, o porque me gusta, lo compro, pero condición sine quanon es que no se vea la susodicha marca. Todo lo contrario que mi conocido del té.

Nuestro siguiente ejemplo es de no-comunicación verbal. Con dos historias, que ocurren con dos grupos de gente muy diferente. El sábado pasado fuimos al Horniman Museum (no, no es de té), que tiene vistas increíbles (ah, cómo me gusta ver Londres-Londinium desde la altura) con un grupo de "gente artista" (pintor, escultora, fotógrafo, de todo...) Mientras comíamos en la terraza, uno de ellos, fotógrafo de arquitectura e interiores, comentó que era de Móstoles. No habiendo nunca vivido en la capi, sólo me suenan Malasaña ("Me gusta Malasaña, me gustas tú"), Torrelodones ("ayer el portero me echó del casino de Torrelones"), La Moraleja (donde los pijos) y, vive Dios, Móstoles. La empanadilla. Tras esta conversación, sé mucho más de este Croydon madrileño, aunque seguirá siendo La Empanadilla.

El domingo tocó picnic en Hampstead Heath. Este es mi parque favorito de Londinium, y mira que es difícil elegir. Al llegar a Hampstead ya me invade cierto ambiente keatsiano, y eso antes de ver Bright Star (Jane Campion, 2009). Oh, "Bright star, would I were stedfast as thou art", me dan ganas de recitar. Y eso sólo de pasear por sus calles, antes de iniciar la subida a la Heath. Y es que desde esta colina vemos la Londinium especular del día anterior, desde el sur de la ciudad. Cuando vas subiendo, esperando encontrar a señoras antiguas con bonnets, ya se empiezan a ver las cometas y, al final, cuando llegas arriba, da ganas de extender los brazos y gritar. Como los niños en los acantilados.


Total, que lo que pasa: justo me quedo sola con el que no conocía, del gremio marketiniano, unos segundos eternos.
-Di (tratando de romper el hielo): "¿Así que eres de Barcelona?"
-Marketiniano: "Sí, bueno, en concreto de Tres Torres".
-Di (nueva lluvia de ideas encadenadas: "Tres Torres, noloheoídoenmivida" tratando de echar mano de "Últimas tardes con Teresa" (Juan Marsé, 1971), donde aprendí lo poco que sé de barrios barcelonenses) "Ah", digo, y un alma benévola nos rescata.


El examen telefónico con la Fashion se aproxima. Tras el ritual repaso de mi desorientación vital, se me ocurre preguntarle inocentemente por "Tres Torres".
-¿¿¿Tres Torres??? -brama. –Tres Torres es lo más de lo más en Barcelona. Decir Tres Torres es dejar bien claro que tienes pasta, es... (varios minutos).
Di disocia de nuevo y piensa en la conexión Tres Torres-Richmond (algo así como la hermandad entre el Borough Market-La Boquería), a la vez se pasea por Las Ramblas con Pijoaparte y con Teresa, y piensa en lo maravilloso que es ese libro, en el que Marsé escribe cosas tan bellas como “una nueva y extraña conciencia de su cuerpo, constante y temeraria, como ciertos seres viven su juventud: como si nunca tuviera que acabarse”, “con esa fe inquebrantable y conmovedora que algunos analfabetos ponen en las virtudes redentoras de la cultura”o “No le tengas miedo a las palabras”. Un libro que va sobre la clase social, la conciencia de clase, o la falta de ella. La hipocresía, las apariencias, el dinero que lo compra casi todo, empezando por la cultura, y las cosas que el dinero no puede comprar. El abismo entre el Monte Carmelo y las torres de Pedralbes.


Y, en medio de todo esto, reaparece la imagen del marketiniano que se vio con la necesidad de aclararle, precisamente a ella, que no era de cualquier parte de Barcelona. Pero durante el picnic, Di siguió viéndolo como un chico que, tras estudiar X y hablar bien en Y se acabó colocando en la multinacional Z. Tal vez he atribuído demasiado significado a "Tres Torres", y la información que el marketiniano me transmitió es la misma que la del fotógrafo de Móstoles. Inocente, sin connotaciones.

Yo difiero: G-Star y Tres Torres son códigos a priori cifrados, incógnitas a despejar. Y el marketiniano, aunque crea lo contrario, ha salido perdiendo cuando he resuelto la ecuación.

19 julio 2025

Spomeniks, playas fantasma, podcasts políticos, santas psicópatas, ancianos en bici: De Montenegro a Albania [Balk9]

Sábado, 19.07.25: Shkoder
Desayunamos en la terraza y a las 10:00 nos vamos (nuestro coche es hoy el que bloquea a otros!). Antes de dejar Ulcinj pasamos por la escultura de abajo, que sobrevuela la bahía de la "Mala Plaža" (me hace mucha gracia este nombre, me recuerda conversaciones con el Náufrago Ro tipo "en peores plazas hemos toreado" o "no es mala plaza"). Se trata de un "spomenik", uno de los monumentos o lugares de conmemoración histórica que construyó Tito de los años 50 a los 90 -durante la República Socialista Federal de Yugoslavia- dedicados a rendir homenaje a la resistencia del pueblo al fascismo durante la Segunda Guerra Mundial. He descubierto una web con la que me he pasado medida tarde y la recomiendo encarecidamente, es una base de datos de todos los spomeniks, su historia, por qué tienen esas formas tan raras, mapas interactivos y muchísimo más: click aquí. 


Esta se llama "Sloboda" ("Libertad"):


Solo si te gusta el brutalismo, el cemento, si valoras el mazacote. No entra fácil, es un camino: yo ahora lo amo. 


A 5 kms al norte de Ulcinj está la Playa de Valdanos. La separa de la ciudad unos campos de olivos -ni que decir tiene, milenarios - maravillosos y cuando llegas ahí, te encuentras con una cala muy chula, con poquísima gente y no solo sin desarrollar, sino que parece que cuenta una historia que no logramos descifrar. 


Un día hubo un embarcadero que se cae a trozos y está oxidado

las duchas...

Una turista se pregunta qué ha pasado aquí, por qué se ha parado el tiempo en esta playa, cómo no han llegado los Beach Clubs con su música, sus cocktails, sus hamacas y camas...
 
Ah sí, espera, que hay camas en el final de la playa hacia la derecha... pero son como de bricolaje...

Y aquí hay más restos de lo que fue un intento de hacer de esto una playa con ínfulas en el pasado: aquí las escaleras de caracol derruidas que harían las delicias de los urbex:


Exactamente un mes después investigo en internet y encuentro la respuesta. Esta cala fue ocupada por el ejército yugoslavo en la década de 1960 para construir una base naval, pero no ocurrió porque la gente protestó: no podían destrozar los (milenarios) olivos!!! Me encanta esta respuesta popular, y sobre todo que tuviera éxito: a veces deberíamos recordar que la unión hace la fuerza y esas cosas. Estamos ensimismados en nuestros teléfonos, y podrían ser un arma de encuentro de mentes maravillosa, para parar todo lo que a la mayoría no nos gusta. Como que corten olivos. 


Pero divago: aquí no hicieron base militar pero el ejército construyó un resort para los militares con cabañas y caravanas. Los restos que vimos eran de terrazas modernistas de hormigón donde había restaurantes, tiendas y demás oportunidades de consumo. Corría 1983, así que podemos imaginar el estilo, pero para quien quiera más detalles, están aquí (incluso un vídeo que te lleva de cabeza a tu infancia si eres como yo generación X). En 2007, la cosa cerró y afortunadamente a nadie se le ha ocurrido "desarrollarlo". Esta es la playa a la que veníamos ayer, pero que por culpa de un coche bloqueando la salida no pudimos: una pena, claro que a cambio conocimos a los chavales del norte de Macedonia, a su madre y a Kassandra. 


Nos da pena no podernos quedar más rato, pero tenemos que "hacer recados": poner gasolina, buscar una pekara a coger bireks, pasar por un cajero y dejar el coche alquilado, todo eso antes de coger el bus para Shkoder en Albania. 

La devolución del coche no es en una oficina ni nada: ocurre en un aparcamiento y es que el mismo chico del aeropuerto de Tivat se ha cogido un bus y ha bajado a por él. Escribe un mensaje que "va tarde por el tráfico" (recordemos: todas las carreteras de obras) y a nosotros nos sale el bus para Albania a las 13:00. Por fin llega, a tiempo, vamos a tomar algo a un bar, y clarifico con un hombre que hace copias de llaves de dónde sale el bus, porque no se ve ninguna parada. Lo que pasa es que es una furgoneta privada, para 10 personas donde nos metemos 11, luego una va sin cinturón: alegría. Esta no será la última infracción: el conductor va hablando con un tipo que lleva al lado y, mientras que yo entiendo la importancia de las habilidades sociales como el contacto visual, de verdad que no es requerido cuando conduces: céntrate en la carretera!!! También va hablando por el móvil que lleva en la mano todo el rato, y cuando llegamos a la aduana, tenemos una fila de coches enorme delante y el tipo los adelanta todos por el carril contrario sin ningún rubor.  Me siento como en el salvaje oeste. 

En la aduana, nos pide a todos los pasaportes, se va a una oficina, y sale en un plis-plas, mientras el  resto de la fila agoniza. El resto de pasajeros son dos locales (una chica con velo) y seis mochileros que se van contando sus aventuras por el mundo, y Mini escucha preparándose para su interrail del verano que viene, que parece ya vuelve a tomar forma, con nuevos destinos. Al llegar a Albania, nueva espera en un puente donde se forman colas kilométricas: hay gente pidiendo a los de los coches y mucho mercedes-benz. 


En el viaje escucho podcasts (no recuerdo cuales), pero esto es lo que anoto:
  1. La ventana de Overton es un concepto de comunicación política. Hay distintas opiniones que se pueden expresar en el espacio público sin que el individuo o partido político que las expresa sea directamente descalificado. Pero esta ventana cambia con el tiempo: se puede hacer más pequenia, más grande, o moverse. Lo que era impensable en el pasado que está diciendo la extrema derecha (sobre el aborto, los inmigrantes, etc) está entrando en "lo normal" y la gente parece que se está acostumbrando. 
  2. La teoría del atasco en las escaleras mecánicas. Ya se sabe que en el metro de Londinium, la etiqueta dicta que la gente parada se pone a la derecha, y se deja el lado de la izquierda para quien quiera suba andando. El académico de turno cuyo nombre no recuerdo dice que si llega un turista que se planta en la izquierda y monta un atasco detrás, la culpa no es del turista, sino del que está detrás que no le informa de su error. 
Como digo, no recuerdo dónde ni en qué idioma ni a propósito de qué iban estas ideas, pero hoy (20 agosto) he escuchado otro que se podría aplicar prefectamente. Es un "Today in focus" de The Guardian: "How far-right rhetoric on migration went mainstream" ("Cómo la retórica de la inmigración de la extrema derecha se hizo convencional"). Igual los que nos callamos y cambiamos de tema ante esa retórica con un cuniado o en una cena de trabajo somos como los que no dicen nada en la escalera y tenemos parte de culpa.

El cartel de abajo lo pongo como nuestro primer contacto con el idioma albanés, que tiene bastantes palabras parecidas al castellano que nos parecieron graciosas, como "pishina" o "restorant". Más adelante he visto "princesha", "elecktrik", "tualet" (burra=♂ y gra=♀). Me recordaba a Sokol llamándome "madáme". Se explica porque ambas vienen del indoeuropeo, influencias del latín y el griego, y luego del italiano. 



Llegamos a Shkoder, el bus nos deja en la "Plaza de la Democracia", que está a cinco minutos del hotel, que lleva dos meses abierto, se califica de "boutique" y es muy pequeño. Hace mucho calor, son las tres y pico, así que Mini y yo nos echamos la siesta y el Peda, inasequible al termómetro, se va un rato y vuelve con nueva SIM, leks (moneda local) y agua. 

A las 1800 ya salimos todos: paseo por el centro, una escultura que no recuerdo de qué es, pero podría ser una mención a la época comunista, o a los nazis...

De la que no queda duda es de quién es la de esta estatua: Nené Teresa (la Madre Teresa de Calcuta) que nació en lo que hoy es Norte de Macedonia, pero sus padres eran albaneses. Yo no soy ninguna experta -ni tengo ganas de documentarme- sobre esta mujer, pero me cae mal, no solo por todo lo que pensaba por monja, ni por lo que vi en el espectáculo de Mongolia cuando estuvieron aquí en el Clapham Grand hace la tira de anios, sino por escritos desde Martín Caparrós hasta Christopher Hitchens. Parece que era una psicópata de libro, y es Nobel de la paz y santa. Ya nada me sorprende. 


Rruga Kole Idromeno es la arteria principal de la vida social de la ciudad: es peatonal y tiene a los lados cafés, tiendas, museos, galerías de arte (sí, han llegado). Es muy agradable y a ratos me da la impresión de estar en Latinoamérica:



Es también un lugar cuqui de mochileros: debe ser porque es la ciudad fronteriza con Montenegro, pero hay muchos y por supuesto, albergues. Yo intenté persuadir a mis compas de quedarnos en uno por "la experiencia". Los recomendaban hasta en la guía: "mi casa es tu casa", o "the wanderers hostel": click y veréis qué chulos. Ya le dije a Mini que si va a hacer el interrail, mejor que se vaya acostumbrando...


Y otra cosa que me encantó: mucha gente en bici, incluso gente mayor. Hay muchos carriles, y siempre alegra ver a colegas ciclistas por ahí..


Vamos a cenar a un sitio que recomienda la guía  ("Aroma"- cómo estoy, ya enlazando restaurantes!). El camarero habla castellano, y se justifica con que "hay mucho turismo español" (bueno, yo ya he desarrollado mi teoría de que en esta zona tienen mucha facilidad, que no me vengan con Kassandra y con turismo). Sin esperar nada, la cena nos sorprende y es muy barato (menos de €50 los tres, y pedimos un montón de cosas- esto es del Pedalog, obviamente). Aún no sabíamos que la comida albanesa iba a ser una estrella invitada del viaje...

Buena impresión tras nuestra primera tarde en Albania. Y como este país tiene mucha miga, el próximo divague será de un libro escrito por una albanesa que me servirá para dar un repaso a la historia reciente de este país, antes de meterme a recorrerlo. 

Pub 20.08.25 @21:09