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17 octubre 2026

"El código de los Woosters" de P.G.Wodehouse: Qué historia más tonta, qué manera de reír

 No podía tener una lectura más radicalmente distinta a los tres últimos libros mexicanos, llenos de drama, abandono, pobreza, desolación, atrocidades, que este libro. No es solo cambiar las coordenadas espacio-tiempo de un país a otro, de una época a otra: es salirse de este planeta y de esta dimensión. "The Code of the Woosters" ["El código de los Woosters"] fue publicado en el Reino Unido en 1938 y es, según la crítica, el mejor de la saga de Wooster, un aristócrata chorlito y bobo, y Jeeves, su mayordomo -no exactamente, luego lo explico-, un hombre culto e inteligente. El autor escribió un total de quince libros con estos dos personajes -de ellos, 4 de relatos. Yo no había leído nada, pero Elena Rius es una gran fan y lo tenía en mi "pendientes". Cuando vi que había un podcast titulado "El código de los Woosters: ¿el libro más divertido nunca escrito?", decidí que iba a empezar por él. Esto ocurrió nada más llegar de México, a principios de agosto, para asegurar el shock cultural. 

De "Temporada de huracanes" a
temporada de geranios

P. G. Wodehouse nació en 1881 en Guildford, al sur de Inglaterra, un poco de rebote porque sus padres, que vivían en Hong Kong -entonces colonia británica-, pasaban por allí de visita. Tras sus primeros dos años en HK, criado por una canguro china, mandaron a los tres hijos de vuelta a UK, quedándose los padres en las colonias -costumbre arraigada en esta gente de clase alta. Aún quedan vestigios de esto hoy en día: los ricos en este país aún mandan a sus hijos a internados a la campiña tan pronto como pueden -una me dijo: "ellos mismos te lo piden"-, y también he conocido enviar a la hija con anorexia a una unidad en Sudáfrica. Cosas veredes. Pues bien, no sé si los hermanos Wodehouse lo pidieron, pero el análisis -psicología de sillón, tal vez- que leo por ahí es que esta situación dejó "cicatrices" evidentes en él y otros escritores que vivieron esta situación, como Thackeray, Saki, Kipling y Walpole. Pero ya en Londinium, los años más felices de su vida fueron los que pasó en Dulwich College, al que dejo a la derecha cuando me dirijo al curro -maldiciendo a los todoterrenos que van a dejar a los futuros dirigentes de este país, atascando mientras la South Circular. He escrito otras veces sobre este colegio, en general para mal, porque uno de sus exalumnos es Nigel Farage, el tipo que nos llevó al Brexit con mentiras, que ha recibido financiación ilegal de millonarios y que ahora aspira a presidir el país desde la ultraderecha más rancia, o porque podía ser parte de la "cultura de la violación".  Pero también tiene positivos, como su arquitectura -es precioso, pero no me pregunten de dónde vino ese dinero-, o como que dio a otras figuras literarias como a Raymond Chandler y Graham Swift (con beca), entre otros. 

Antes de empezar, un punto contextual importante es entender el rol de Jeeves, al que he descrito como mayordomo porque no conozco la palabra en castellano, pero no era exactamente eso. Si alguien recuerda el divague de la biblioteca de John Rylands, la fundadora Enriqueta era la "companion" de la segunda mujer del potentado. Lo de "lady's companion" era un legado de las antiguas "damas de compañía" de la corte: mujeres de buena familia que acompañaban a las ricas. Pues bien, Jeeves es el equivalente masculino [en inglés llamado "valet"], un sirviente que es un "caballero" ("a gentleman's gentleman") que está al tanto de las necesidades solo de su empleador, no de toda la casa, como lo estaría un mayordomo. Como las "lady's companion", esto es un legado de los "valets de chambre" de la corte. Hoy se les llama PAs (asistentes personales) y yo tengo a algunos colegas que llaman así a su secretari@ [yo prefiero "team admin", administrador del equipo], pero es erróneo, son sus "asistentes laborales", no "personales". Los muy ricos son los que se permiten tener esto último, alguien que te reserva el teatro, controla si hay que ir a la lavandería, o manda flores a tu amante [esto me suena de alguna peli que no localizo]. De nuevo: misma cosa con distinto envoltorio. 


Antes de empezar, aquí tenéis a esos dos grandes monstruos de la interpretación británica en la serie que hizo sobre esta saga la BBC de 1990 a 1993: Hugh Laurie y Stephen Fry.  ¿Quién pega más para el papel del arist
ócrata y quién para el "gentleman's gentleman"? Yo lo he tenido que buscar porque me parece complicado: los dos tienen un acento tan posh (pijo, fresa ;)) en inglés que eso lo complica aún más. Hagan sus apuestas y la respuesta, al final del divague (si pudiera, boca abajo).

Por fin, ahí vamos. Empezaré con lo malo: no suelo describir las tramas -salvo en contadas ocasiones, y aviso- y en este caso, tranquis, no va a haber spoilers. Es una típica comedia de enredo [si fuera visual sería "slapstick"] en la que un señorito se mete en líos despatarrantes y su mayordomo -en realidad no, pero- le saca del apuro. La historia, grosso modo, va de cómo una jarrita de leche con forma de vaca ("cow creamer" se llama, e incluyo foto abajo por si alguien, como yo, no visualiza que tamaño despropósito pudiera existir) que muchos codician desaparece y hay que encontrarla. Pero hablamos de 300 páginas, luego hay que darle vueltas y vueltas, y la historia, que al principio me parecía un poco boba, al final, de TAN boba me llegó a irritar. Terminé aburrida y con la firme decisión de "una y no más, Santo Tomás".


Ahora, habiendo sacado la bilis de mi cuerpo -y admitiendo que debo estar equivocada porque la crítica la pone por las nubes- voy a empezar con la forma. Este es un libro en el que, desde la primera página, me empecé a reír a carcajadas. Literal [bro]. Está escrito con ese inglés repipi que tanto nos gusta ["he took our entrance in the wrong spirit"], y en el que me encantaría ser fluida, que es una delicia de leer tan grande ["so I should be disposed to imagine, sir" o "it unquestionably takes the eye, sir"] que le perdonas toda la tontería que te está contando. Como sé que al Peda le gustan esas frases tanto como a mí, se lo recomendé pese a la historia bobalicona, y le gustó. Ahora, no sé si lo recomendaría en traducción, porque no sé si funcionará [si alguien lo ha leído, por favor, comenten!], o a alguien que lea por el contenido. Yo siempre digo que solo leo por la forma, que me da igual lo que me cuenten, pero aquí he tenido momentos de debilidad: la historia es tan terrible.

Como he dicho, no tiene ninguna reflexión social, no pone nada en su contexto histórico, más que en una ocasión: hay un personaje -de los malos- que es el líder de un grupo llamado "Los Salvadores de Inglaterra", una agrupación fascista (dice la palabra, no es cosa mía) mejor conocida como los "Black Shorts". Esto se traduciría literalmente como los "Pantalones cortos negros", pero hace el juego de palabras con los "Black Shirts" que eran los "Camisas negras", milicias fascistas italianas [un ejemplo de su humor finísimo y de la desolación de que estos salvadores de la patria existen en todo momento y lugar]. Bueno, igual soy injusta: también se mete con la poli "el policía no tenía nada en su cabeza aparte del casco", y con los curas gordos: "tanta mantequilla local y la vida fácil de estos curas... me parece que uno los tiene que pillar en Cuaresma". Pero también la inevitable misoginia, el ruido de fondo de la vida en los años 40, a los que volvemos: "hay ciertas mujeres que uno respeta, admira, reverencia, pero solo en la distancia", "la tendencia de no poder distinguir entre el bien y el mal de las mujeres es notoria" o incluso "no le he levantado nunca la mano a una mujer". Guau: gracias Wooster. 


Me encanta el continuo "banter" (toma y daca) entre Wooster y Jeeves, en el que queda claro que Jeeves es el hombre de alta cultura y el solucionador de problemas, mientras que Wooster es el aristócrata sin intereses "high brow" (cultura elitista), básico por demás. Venga, un par de ejemplos: "¿Sabes a quién me refiero, Jeeves, el tipo del gato?", "Macbeth, señor, un personaje de una obra del difunto William Shakespeare". Y al rato, "Eureka! - como dijo Arquímedes" "Oh, fue Arquímedes el que dijo eureka? Pensaba que era Shakespeare". También me he reído mucho cuando a Wooster no le sale la palabra "es un recluso confirmado; así es como lo llamarías si  por casualidad supieras la palabra" y a menudo, Jeeves sale en su  auxilio. Pero pese a todas las referencias high-brow en la novela -había que tener un cierto capital cultural para entender todas ellas- Wodehouse era publicado en revistas por capítulos a modo de folletines y se consideraba a sí mismo un escritor "middle-brow". 

Es un maestro de la descripción, sobre todo de Jeeves, que es la quintaesencia del mayordomo inglés imperturbable: "No diría que sonrió -prácticamente nunca lo hace-, pero un músculo sobre la boca pareció temblar un poco por un instante" ["I wouldn't say he smiled—he practically never does—but a muscle abaft the mouth did seem to quiver slightly for an instant"].

Y la voz que consigue para Wooster es también genial: usa expresiones de slang de la clase alta urbana ["if he had seen anything of old So-and-so lately or knew what had become of old What's-his name", "mens sana in corpore whatnot"] y abreviaturas que a mí me parecen hilarantes: "the gravity of the situash" ("la gravedad de la situash"). O palabras que últimamente se han puesto de moda como el "¿estás cucut?" ["have you gone cuckoo?"] o el delulu ["do you agree with me the situation is a lulu?"]. 


En fin, que la dinámica del mayordomo siendo mucho más listo que el aristócrata me encanta [Wodehouse ya sabía entonces que el humor siempre ha de disparar hacia arriba], y ahora toca ver si el divagante ha adivinado quién representa mejor al más agudo del tándem Laurie-Fry. Está claro, ¿no? Fry es Jeeves. Y tal vez seguiría leyendo estas tramas tontolinas si Wodehouse me diera más Jeeves y menos Wooster. Es mi héroe: parece que le puedo oír diciendo cosas como "Recuerdo el incidente vívidamente, señor" ["I recall the incident vividly, Sir"] o "Estoy contento si le di satisfacción" ["I am glad if I gave you satisfaction"].

No sé si he dado mucha satisfacción con este divague, dando pistas de si este libro es o no para el divagante. Quedo a la escucha.

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