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05 febrero 2026

Writer´s block -Tercera parte

Esto del bloqueo bloguero me ha pasado un par de veces antes.  Lo sé porque si meto la palabra "block" en la búsqueda salen dos entradas, casualmente el mismo día (17 de marzo), el primero en 2013 y el segundo en 2019. Seis años exactos de diferencia. Esta vez no ha sido  el día de San Patricio, pero también seis años - por no hacer trampas, casi siete. En lo cíclico, esto tal vez sea como en las relaciones. En inglés llaman el "seven year itch" a la insatisfacción que ocurre en las parejas a los siete años. ¿Será este el "picor de seis años" bloguero? Y no será por falta de anécdotas, ideas, crisis varias sobre las que escribir, pero al leer los otros divagues percibo el mismo proceso subyacente: una inquietud, una agitación, un revuelo, que me lleva a descartar todos los temas que se postulan como potenciales. 


Vale, libros no tengo: estoy con uno de 600 páginas con el que a ratos me estoy aburriendo y un par de veces he estado a punto de abandonar. Luego, tras resistir me he felicitado: "ves, Di, como era mejor seguir? Te hubieras perdido esto" (muestra de una de la conversaciones que ocurren en mi cabeza en la que la persistente intenta justificar la decisión a la que bosteza). 

Pero pelis tengo por un tubo, y no solo las que estamos viendo todo el mundo- ya se sabe, estamos en temporada- sino también algunas tirando a rarunas. Solo comentaré un par - ambas recomendadas por unos amigos que querían hacer cineforum. Primera bizarrez: una road movie en la que una mujer disfrazada de mono salva a un suicida que luego desentierra a su padre para sacar su valioso reloj. Se titula "Sunlight" y la dirige la ventrilocua Nina Conti que a mí ya me atrapó hace años con sus sesiones de terapia improvisada, también con mono:"In therapy". Es muy ruda y el humor crudísimo. Y la peli, que parece loca, lo es, pero si lo crudo es lo tuyo, ahí la dejo. Segunda extrañeza: una relación gay de "doms y subs", extremadamente incómoda de ver, titulada "Pillion" (Harry Lighton, 2025). Alucino que en la crítica la describieran como "comedy drama", cuando a nosotros nos pareció de terror. No por el sexo de dominadores y esclavos, que eso es el pan nuestro de cada día (guiño para  mi suegra), sino porque se extiende a toda la vida de los personajes y hay matices complejos. Da, desde luego, para mucho debate. Si alguien la ha visto -anónimos, no!-, que se manifieste. 


Y cositas han pasado por Londinium también: desde una escalera maravillosa pintada por Hogarth en un hospital de 1123 (Barts Hospital), hasta un colegio victoriano abandonado espectacular (¡qué torretas!) que fue también hospital en la Primera Guerra Mundial y sale en el libro con el que dormito, pasando por un paseo nuevo que han abierto por el río que los turistas no conocerán y que solo blogueras oscuras os podemos contar, porque sois cuatro - "D&D: donde los secretos mejores guardados se mantienen". Oh, y será por saraos: en planetarios donde hacía tanto frío que me sentí en Marte, en la House of Commons -con mi amiga Laeti, frente a St Thomas, donde nos conocimos dando a luz hará 18 años el Primero de Mayo- en la que tal vez no nos deberíamos haber tomado la tercera copa de cava. O por compras fallidas: mi preciosa tetera Smeg que no hierve el agua. O por ofrendas votivas de aprendices de brujos que quedaron contentos. 



Y porque no escribo nunca de mi trabajo -aunque sé que me llevaría al estrellato-, esto me daría para divague diario. Nota: para mí el blog es precisamente desconectar de esa parte de mi vida que es un vampiro al que permito que me chupe la sangre solo de día, generalmente. Pero últimamente he pensado en escribir cosas que estoy viendo solo por no olvidarlas. Son dignas de ver: tan increíbles, enloquecidas y reveladoras del mundo en el que vivimos que no puedo permitir que dentro de diez años se hayan disipado de mi mente. No es solo mi profesión la que toma así el pulso del momento actual, porque hay mucha gente que entra en las casas de otros y se encuentran con otros planetas (¿quién necesita planetarios?), desde los fontaneros hasta los trabajadores sociales, pasando por los que desinfectan las camas de bedbugs (hay muchos en el metro, tanto de Londinium como de París). Decía, llevo unos meses metiéndome en casas de la gente por videollamada, y lo que deciden enseñarte es a veces preocupante, otras terrorífico, y casi siempre, hilarante (o no sobreviviríamos). Ha habido gente que ha decidido unirse a la llamada con el papel de aluminio que te ponen para las transparencias en la peluquería - desde la pelu, claro. Otra desde la pedicura. Un par de personas se unieron con lo que claramente era el cabezal de la cama a sus espaldas. He visto a gente decir que la persona de al lado come insaludable mientras se llenaba la boca de chips de la tienda de la esquina -casi las podía oler remotamente. He visto gente con la capucha puesta y otros a los que "nunca les va la cámara". He visto uñas a lo Rosalía tralalá, he visto gente en pijama de ositos -no estoy juzgando, no queráis saber lo que llevo yo de cintura para abajo. He visto, en fin, cosas que no creeríais.


Es así: estoy bloqueada pero hoy he decidido compartirlo a modo confesional, creo que más que nada para retrasar el momento de lectura de mi libro. Dadme una semana que me lo termino y posiblemente eso acabe con esta dura temporada de sequía intelectual, ahora que llueve tanto por todos los sitios. 



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